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El encanto de ver cine en pantalla gigante-1

 

En Rojo

Este año, cada vez que viajo a Puerto Rico desde Vieques—por avión para no tener que pasar un día entero para ir y otro día para regresar en transporte marítimo—aprovecho los tres días que paso allá para ver de uno a dos filmes en los cines de Montehiedra y Fine Arts de Hato Rey. Voy blindada—y vacunada—escojo asiento de esquina y no me muevo hasta que prenden las luces. Guío a Montehiedra pero voy temprano a la 1era tanda y a Hato Rey voy en Metro con el vagón casi exclusivo para mí. La diferencia entre ver series y filmes en mi computadora de 15 pulgadas o TV de 48 y los cines comerciales es tan enorme que por eso espero el momento en que pueda cumplir con el pedido de Frances McDormand en los Oscar de nunca abandonar la experiencia del cine.

The Mauritanian: Director: Kevin Macdonald; guionistas: Michael Bronner, Rory Haines, Sohrab Noshirvant; autor: Mohamedou Ould Slhi; cinematógrafo: Alwin H. Küchler

Si Luis Buñuel nombró “Los Olvidados” a los pobres que habitaban Ciudad México en 1950 y Frantz Fanon llamó “Los condenados de la tierra” a los argelinos y todos los pueblos colonizados, utilizo ambos términos para los hombres que permanecen en Guantánamo, la base militar de EEUU, encarcelados, sin ser acusados de un crimen y sin tener un juicio donde se pruebe su inocencia o culpabilidad y puedan ser devueltos a sus países de origen. ¿Acaso existe este trato a otros detenidos/prisioneros en los Estados Unidos? The Mauritanian es la historia de Mohamedou Ould Slhi, quien estuvo prisionero por 14 años y después de habérsele violado todos los derechos de cualquier ser humano, de ser torturado con la autorización del gobierno de Bush/Cheney/Rumsfeld, de esconder/falsificar pruebas que contradecían las acusaciones formuladas, logra regresar a su hogar.

La perspectiva es la de Slhi (Tahar Rahim) desde que regresa a Mauritania de Alemania para asistir a una boda familiar y esa misma noche es amistosamente llevado al cuartel local para que ofrezca cierta información de un primo sospechoso (¿de qué? Nunca le dicen). De ese momento en adelante y por muchos años, Slhi parece desaparecer hasta que un grupo de abogados contacta a Nancy Hollander (Jodie Foster), una muy conocida defensora de derechos humanos para que tome el caso de Slhi. Una vez el aparato militar estadounidense ya no puede eludir presentar el caso de Slhi a una corte militar, escogen como fiscal al teniente coronel Stuart Couch (Benedict Cumberbatch) quien por su experiencia militar y sus lazos afectivos con compañeros soldados que murieron en las torres gemelas y en la invasión de Irak y Afganistán, se siente moralmente comprometido a probar su culpabilidad. Tanto Hollander como Couch descubrirán las paredes que el aparato militar ha construido para torturar y encarcelar ‘legalmente’ y hacer desaparecer evidencia que pudiera probar que se han equivocado. Aún con toda esta evidencia—casi siempre negada por las autoridades a cargo—el proceso de excarcelación y repatriación puede tardar años.

Detenido a los 32 años, secuestrado por 14 años y devuelto a su país de donde no puede salir por Estados Unidos haber ordenado al gobierno de Mauritania negarle su pasaporte, Mohamedou Ould Slhi puede sentir satisfacción y orgullo por haber sobrevivido este trato inhumano y haber publicado Guantánamo Diary, sus memorias recogidas en 2005 y convertido en un bestseller en 2015 (después del manuscrito ser desclasificado y censurado) que es la base de este filme. Ganador del Golden Globe por la actuación de reparto de Jodie Foster y nominado a cinco BAFTAs y dos WFCC esta historia seguirá vigente mientras quede un solo hombre en Guantánamo. Apenas este 8 de mayo, Spencer Ackermand del The Daily Beast publica un extenso ensayo de Abu Zubaydah quien sigue encarcelado ya por 20 años en igual situación de Mohamedou Ould Slhi. ¿Qué presión tomará para que el gobierno de EEUU reconozca la humanidad de estos seres y cierre la infame base de Guantánamo y devuelva ese espacio al territorio nacional de Cuba? Los críticos culturales de los EEUU han ignorado el filme o lo han tachado de una historia mal contada. Lo mismo ocurrió con el filme de Gavin Hood, Rendition de 2007 que trata de un arresto, secuestro y entrega en uno de los “black holes” que Estados Unidos mantiene alrededor del mundo precisamente para evitar tener que regirse por las leyes vigentes. Guantánamo sigue existiendo y permanecerá abierta hasta que se cansen de oír nuestras denuncias. The Mauritanian es otra voz, fuerte y necesaria, que señala la realidad que quieren esconder.

 Limbo: Director y guionista: Ben Sharrock; cinematografía: Nick Cooke.

Este es el 2ndo largometraje del director escocés Ben Sharrock y la productora vasca Irune Gurtubai. El 1ero, Pikadero lo filmó en 2015, y Limbo (selecciób del Festival de Cannes 2020) se desarrolla en una de las islas escocesas donde residen temporeramente migrantes que esperan a que su pedido de estadía legal y residencia sea aprobado por las autoridades inglesas. En un estilo muy similar al de Wes Anderson (Moonrise Kingdom, The Grand Budapest Hotel, Isle of Dogs) y una presentación minimalista, el director divide su historia en estampas con personajes estáticos que mayormente observan sus alrededores, mantienen distancia de cada uno de los que habitan la casa de asilo provista por el gobierno y agencias ONG y, especialmente, de los locales quienes los miran con coraje, compasión y suspicacia. Nuestro lente es la mirada de Omar (Amir El-Masry), migrante sirio que ha viajado solo, dejando a su familia exiliada en Turquía o, en el caso de su hermano mayor, peleando con la oposición al gobierno de Bashar al-Assad. Su único contacto con ellos es a través de llamadas en un teléfono público en el medio de la nada. Cada llamada es un eslabón de su pasado que utilizamos para construir al personaje.

Aunque todos conviven en un lugar, se desplazan para ejercitarse (jugando fútbol que es la fantasía de uno de ellos), caminar en los exteriores, aunque todo sea frío y helado y, especialmente, asistir a clases de aculturación: aprender las modalidades de la sociedad a la que aspiran a integrarse. Estas escenas son una joya de comedia, seriedad (lo que en verdad significa para los migrantes) y de sátira social. Mientras tanto reconstruimos la vida de Omar a través de sus conversaciones telefónicas, sus recuerdos de cuando la familia estaba unida y el imaginario de poder hablar con su hermano de tú a tú sin recriminaciones. A través de sus caminatas—acompañado del laúd de su padre—vamos conociendo a los pobladores de este lugar tan remoto y tan frío, tanto los escoceses como los ex migrantes que ahora forman parte de la sociedad. Omar aprende rápidamente cómo cumplir con el imaginario migrante de cada uno de ellos, además de los epítetos inaceptables como “Paki” (el equivalente a Spik). Su compañero más cercano es Farhad, quien tiene más experiencia en esta larga espera y de quien Omar aprende a ser paciente, evitar encontronazos y nunca juzgar a otros ni perder la esperanza.

Limbo es un filme minimalista tanto en sus espacios exteriores e interiores. Por eso la atención de lxs espectadorxs se centra en los refugiados en espera con una cámara detenida y con tomas cercanas para que las expresiones sustituyan las palabras de idiomas conocidos o por conocer.

Pentecostés en el mundo

Especial para En Rojo

En este día, las Iglesias históricas celebran la fiesta de Pentecostés. Procede de una antigua tradición bíblica que celebraba en los campos la cosecha del trigo y cebada. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, después de la Pascua de Jesús, fue durante una fiesta de Pentecostés que el Espíritu Divino descendió sobre los discípulos de Jesús reunidos y desde allí se extendió por todo el universo. Fue como una cosecha de la propia energía del amor que revitalizó a Jesús y viene sobre toda la humanidad y el universo.

Actualmente, muchos estudios atestiguan que el universo parece un superorganismo vivo que se autorregula, con un comportamiento similar al de seres vivos. El científico James Lovelook retomó la teoría de la Tierra como Gaia. El revela la profunda relación entre todos los seres vivos. Es como una energía inteligente que interconecta todo. La espiritualidad de cultura yoruba llama a esta energía vital Axé. Los pueblos andinos la llaman «Pachamama». La tradición judeocristiana lo llama Espíritu Santo.

La teóloga Elizabeth Johnson afirma: «La experiencia del Espíritu tiene lugar en la historia y a través de la historia. Puede ser positivo o incluso negativo, ordenado o caótico, claro y deslumbrante, o al contrario, oscuro y ambiguo. Puede ser ordinario o extraordinario, social o individual.(…) Allí donde aspiramos a algo inefablemente más que lo que aparece, aunque este más esté mediado por la belleza y la alegría, o, por el contrario, en contraste con fuerzas abrumadoras, allí ya rezuma la experiencia del Espíritu» (en el libro «Aquella que es», p. 188).

Para los que creen, es el Espíritu lo que explica la impresionante resistencia de los pueblos originarios durante más de 500 años de colonización. El Espíritu es la fuerza de sobrevivir y el anhelo de liberación por parte de pueblos que, hasta hoy, sufren consecuencias de la conquista y la dominación. ¿Sin eso, cómo explicar la resistencia de las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina? ¿Cómo comprender que todavía después de tantos años, en el desierto de Acatama en Chile, hijos y nietos de personas que la dictadura chilena hizo desaparecer, sigan buscando a sus familiares?

La tradición bíblica llama Ruah Divina la suave brisa que hay en la mirada silenciosa de los enamorados, en el afecto de los cuerpos abrazados, en las sonrisas de los niños y en el sonido de las aguas que recuerdan el vientre materno y rehacen toda energía del universo. El Salmo 104 pide: «Envía, oh Dios Amor, esta brisa de tu amor y todo será creado. Así renuevas la faz de la tierra«.

El autor es monje benedictino y ha escrito mas de 40 libros

Crucigrama: Zoraida Santiago

Especial para En Rojo

Horizontales

3. _____ Santiago Buitrago; cantautora puertorriqueña, además de escritora, poeta, profesora de la UPR-RP y doctora en antropología.

7. Larva de mariposas perjudiciales para la agricultura.

10. Algo más que _____; producción discográfica de 2019 de Zoraida Santiago.

13. Equivocación.

14. Otro nombre para el tejo, árbol de la familia de las taxáceas.

15. Alternativa Nacionalista Canaria; siglas del partido de izquierda fundado en 2006.

16. Del verbo raer.

17. _____ la esperanza; canción de Santiago en «Algo más que rabia».

19. Idolatro.

21. Extrañas.

26. Símbolo del bario.

28. _____; Santiago grabó este disco de canciones a dúo junto a Roy Brown en 2002.

30. _____ hora de cobrar; canción de Santiago contra la imposición de la Junta de Control Fiscal.

32. De ti, _____; composición de Santiago.

34. Barnizar con laca.

37. Escuchaban.

38. _____ Bucaneros; Santiago se unió a este grupo dirigido por Roy Brown y con quien grabó dos discos de larga duración.

42. Tiene que ser la _____; primera producción discográfica de Santiago. Incluye sus composiciones «Alza tu voz, cantor» y «De ti, mujer».

43. Escogerás, elegirás.

45. Mortífero.

47. La _____ es mujer; canción de Santiago compuesta en 2019 para «Habanandando», producción de Roy Brown en saludo al quinto centenario de la ciudad.

49. Terreno entre los brazos de un río en su desembocadura, pl.

51. Fuerza femenina en síntesis con el yang.

52. Fidel Castro _____; líder revolucionario cubano.

53. _____ niña que juega; recital de Santiago con el debutó en 1990 en el Teatro Sylvia Rexach, en el Centro de Bellas Artes.

54. Existe.

55. _____ prisa loca; composición de Santiago grabada con Aires Bucaneros.

56. Sentimiento de afecto.

Verticales

1. Canción para _____; escrita por Santiago 20 años antes de las grandes movilizaciones contra la Marina de EEUU en la Isla Nena. Santiago fue encarcelada en 1999 por su participación en actos de desobediencia civil.

2. Aperitivo iraní a base de yogur y verduras.​​

3. Discusión o debate agresivo y confuso.

4. Labraría la tierra.

5. El violín de mi _____; canción de Santiago que interpretó en 2010 cuando participó junto a Roy Brown, Tito Auger y Antonio Cabán Vale en el concierto «Enamorado de mi tierra» de la Orquesta Filarmónica Arturo Somohano. Otras de sus canciones fueron: «De la tierra en que nací», «Habrá que sembrar» y «Amanecida».

6. _____ sublevada; segunda producción discográfica de Santiago con poemas musicalizados propios y de Julia de Burgos.

8. Señor, abrev.

9. _____ una cuerda de guitarra: Corretjer y la canción puertorriqueña; ensayo de Santiago publicado en 2008 en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

11. En Turquía, persona con un cargo o un mando de importancia, especialmente militar.

12. El número dos en romanos.

18. Interjección usada para manifestar la risa.

20. Luisa Capetillo, pasión _____ justicia; documental de Sonia Fritz. Santiago escribió, interpretó y grabó la música de la filmación. La película fue premiada como Mejor Documental del Festival de la Mujer en Mar del Plata, Argentina en 1994.

21. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

22. Amperio hora, abrev.

23. _____; grabación de 2007 de Santiago premiada internacionalmente.

24. Ante Meridiano.

25. Afirmación.

26. Zoraida Santiago _____; de su autoría son: «Tiene que ser la luna», «Canción sublevada», «Mi poema saldrá», «Como niña que juega», «Del sueño al hecho», «Es hora de cobrar», «La prisa loca» y «El violín de mi abuelo».

27. Estruja.

28. Símbolo del bromo.

29. Una mirada _____ poema desde la música; ponencia de Santiago presentada en el foro «Una mirada interdisciplinaria a Julia de Burgos», el 26 de marzo de 2015 en la UPR-RP.

30. Moneda previa al euro.

31. Zoraida _____ Buitrago; junto a Roy Brown grabó «Bohemia». Autora de: «Elijo la esperanza», «Retratos» y «Con una cuerda de guitarra: Corretjer y la canción puertorriqueña».

32. _____; novela de Marilyn Echeverría Zürcher, conocida como Lara Ríos, escritora costarricense.

33. De la tierra _____ que nací; canción de Santiago.

35. Del sueño _____ hecho; grabación discográfica de Santiago.

36. Dios egipcio.

38. Allane, aplaste.

39. Nombre de un Distrito de Tacna, en Perú.

40. Época.

41. Mi poema _____; recital poético-musical de Santiago donde presentó sus composiciones y poemas musicalizados de Julia de Burgos.

44. 25 de _____ de 1952; nacimiento en Santurce de Zoraida Santiago.

46. _____ tu voz, cantor; canción de Santiago.

48. Conjunción.

50. Símbolo del europio.

Los carros del recuerdo

Llegué a creer que la novela 62 Modelo para armar decía algo sobre los modelos de armar. Pero es una copia de La Chute de Albert Camus, o por lo menos así comienza. Quizá la vida no me dé para saber si es la misma perplejidad de Camus con los retardados mentales. Por lo menos, no dice nada sobre los famosos modelos de armar, que eran la comidilla de mi época. Mi padre me regaló a los tres años uno que él alegaba haber armado, un Triumph verde, que aplasté a esa edad un poco malhumorado. Pero luego de haber armado varios aviones de la Segunda Guerra Mundial, le tomé cariño a esos juguetes y no me molestó que mi padre me regalara varios de carros de nuevo. Rafael Vega Curry, el editor de la Revista Domingo, también armaba ese tipo de modelos hasta bien entrada su vida adulta. Nayda, como era de esperarse, me regaló el último modelo de ese tipo que armé, pintado y todo a mano, poco antes de que naciera nuestro hijo. Esas cosas desaparecieron en esta época. No es sano armar los modelos porque la cola para armarlos es tóxica.

A veces estaba el Sr. Liboy, mi padre adoptivo, que era el caballero que gustaba mucho de los automóviles, pero la tarea de criarme también le tocaba a Gil Boneta, que cuando estaba conmigo se llamaba José Liboy, igual que el cocolo, aunque prefería la literatura de espionaje y todo lo que tuviera que ver con ese tema. Los libros que aún me quedan de Gil lo dicen todo. Una que lei completa y que era de la biblioteca del narrador fue The Holcroft Covenant, que cuenta la vida de un arquitecto que fungía de inversionista. Salvar la vida de setecientos niños hijos de nazis no era cáscara de coco. Muchas hay que no he leído porque hablan de cosas técnicas, como la dichosa guerra nueva del virus en oposición a la guerra de las galaxias, que era la de Ronald Reagan. Pero la guerra nueva es vieja, la trae Burroughs y la gente que lo admiraba. Arriba pueden ver que mis dos papás negociaron la compra de ese juguete, pues hay algo de los carros y algo de los espías. Abajo pueden ver anuncio del carrito que le regalaron a mi hermano Ricardo, que era el de Batman, con la misma idea en mente de negociar lo de los carros con el asunto del tonto policía voluntario que es Batman. Si el asunto parece no importar, hay toda una novela sobre el carro del polizonte voluntario que fue famosa a finales de los setenta, se titula On a Buick V8, y cuenta la historia de un guardia voluntario que le deja un carro a su hijo para que no se le quede con el empleo.

La fábrica del carro de James Bond era inglesa, según he podido averiguar por la red electrónica. Lo más que recuerdo es el carro de James Bond, que según dice el artículo fue el juguete más vendido de sus tiempos.

El Batimovil lo recuerdo porque tenía una sierra de cortar en la parrilla, que se sacaba hacia afuera. La sierra del Batimovil sugiere que Batman operaba en la ruralía, donde todavía pueden caer los árboles cuando llueve y hay que aserrar los escombros para seguir adelante. En realidad estos son los dos juguetes más sobresalientes de mi temprana infancia, antes de que fuera a la escuela. Hay una imagen del Trumph que me hace dudar de si era un carro de armar el que tuve a los tres años.

No sé por qué me decían que el Triumph lo había armado mi padre, cuando me lo regaló a los tres años. Debe ser porque me iban a poner a armar los de pega Testors, que también vendía las pinturas de óxido con las que se pintaban los aviones. Hasta bien entrada mi vida adulta bregué con esas pinturas. Posiblemente mi primo Omar recuerde las pinturas Testors y el pegamento de la misma marca. Con Julio Delgado, que tiene un taller de mecánica ahora y que acaba de entregarnos el Camry, inventé buggys de playa y las barras de seguridad con la carrocería de un carro de armar roto y los sobrantes con los que venían pegadas las piezas, que parecían barras de seguridad como las que se les ponían a los buggys en la playa de Jobos. Como se puede ver, el concepto es el mismo que el del carro del espía Bond, pero mucho más modesto y que es el juguete con el que puede jugar un niño pequeño. Lo destruí porque no se le podían cambiar las ruedas, cosa que veía hacer en la calle con los neumáticos. El Triumph es de una época en la que mi hermano todavía no había nacido. Todo era de plástico y estaba guardado en un cajón de vinil blanco.

Este es igual a un modelo Matchbox que compré en la Farmacia La Cumbre cuando ya era adolescente. Casi no los recuerdo, pero alguno que otro al parecer los recuerda todo el mundo porque aparecen por estos medios. La verdad es que armé muchos carros en la adolescencia, aunque sólo recuerdo algunos. El Porsche 928, por ejemplo, es uno que puedo recordar. Armé también una Blazer y un Chevrolet de los años cincuenta. También un Cadillac Le Sabre. Otros recuerdos son vagos y creo que el ejercicio se lleva a cabo para recordar esas cosas. Me imagino que la red me puede ayudar. De los aviones me acuerdo perfectamente bien, ya que hay libros sobre el asunto. De los carros no hay libros ni historias con ellos, por eso no es tan fácil recordarlos. Abajo otra imagen que encontré en Pinterest del mismo carro de James Bond que tuve antes de cumplir los cinco años.

Aquí se puede ver otra imagen del famoso juguete que tuvimos todos en los años sesenta. Según dicen en Pinterest, este modelo le perteneció a un obrero que trabajaba en la fábrica inglesa, por eso está tan bien conservado y está pintado con óxido de oro. El auto se llama Aston Martin DB4, que es el mismo de la película de James Bond. Se puede ver claramente que es un vehículo inglés porque tiene el asiento del conductor a la derecha. Es una pena que no haya modelos conmemorativos del carro de Meteoro, héroe animado japonés muy parecido a los que ahora se atacan unos a otros con tarjetas. El carro de Meteoro tenía unas planchas de metal que le salían por debajo de las ruedas cuando nevaba en Japón. Si mal no me acuerdo, el carro de Meteoro se llamaba El Melange, y el estribillo de la serie decía ¨el Melange todavía corre¨. Como en el caso de la película de James Bond, el carro maravilloso importaba más que las cualidades del héroe. Un programador de computadoras tuvo la bondad de recordar algo de esto y recuperó una imagen del Melange o carro fantasma.

Las cualidades morales de Meteoro no eran su fuerte. El Melange importaba más que el personaje, que en sí carecía de caracterización. El fuerte de una novela española es el personaje, pero la serie japonesa realmente dejaba en segundo término las bondades del protagonista. Eso es notable ahora en casi todos los juegos de video con héroes y monstruos. Beowulf, el héroe épico inglés por excelencia, carece también de cualidades morales. Es hijo adoptivo de su abuela, lo que desde el principio denota que no se esperaba gran cosa de él cuando llegara a la vida adulta. La mujer le advertía que su cuna no era necesariamente humilde como la de Amadís o la de Merlín, y por ello prefería alejarlo de la corte, pero se jartó de matar monstruos y se le reprocha lo peor, que es matar a la madre de Grendel, otro monstruo quizá inane e inofensivo. No es sorprendente notar que Beowulf esté tan mal traducido.

Batman y James Bond tampoco valían gran cosa como personas, se nos daba a entender que el Batimóvil o el Austin Martin importaban más que los personajes. Claro, a los tres años a quién le puede importar si una persona vale más o menos, si la gente la quiere o la desprecia, quiero decir. Eso viene después. Abajo pueden ver otra característica del carro del espía, que tenía un asiento eyector para que el tripulante pudiera escapar en caso de apuros.

No recuerdo haber visto la película porque era un niño demasiado pequeño para entender la trama de una historia de espionaje, pero ya que han aparecido otras imágenes en Pinterest, aprovecho la oportunidad para comentarlas. Arriba pueden ver el que estaba a la venta de color plateado que es el que yo pude ver en vida. Abajo pueden ver otra imagen del Batimovil en una hoja publicitaria. Me llama la atención que tenga leyendas explicativas de la sierra que llevaba en la parrilla.

Es curioso notar que la fábrica que los hizo era la misma, radicada en la Inglaterra de posguerra. Tengo entendido que los jugueteros eran de nacionalidad alemana. Abajo una imagen más clara del mismo juguete que seguramente está muy bien conservado también. Lleva unos lanzacohetes atrás y al lado derecho se puede ver la rosca con la que se cargaba el lanzacohetes. La vida no me daría para averiguar y recordar los mil y un otros detalles que tenía, pues ese era el que le regalaron a mi hermano.

Abajo se puede ver una imagen del modelo del carro James Bond de la vida real. Data de 1964, el año en que nací. No se puede ver el detalle del arma que lleva el aro para desinflar los neumáticos de un espía enemigo, que pueden ver en el juguete. Esta imagen es mucho más detallada que las que he mostrado en el texto. No recuerdo haber visto la película ya que es del año en que nací, pero se puede ver que la idea de que el carro importaba mas que el héroe no viene necesariamente del guionista Ian Flemming, sino de la oficina de mercadeo. Es una idea feliz que aportó mucho más que una compleja trama de novela de espionaje. Como en mi casa existía la rivalidad de Gil con mi padre, puedo constatar que las tramas de las novelas seguían siendo bastante complejas y las de las películas bien sencillas. Es lógico pensar que un héroe inglés como Beowulf o como los que rodean al Rey Arturo acaben por hartar a los lectores y que sea mucho más sensible la idea de que el carro o la tecnología que usa el héroe importan más, cosa que indirectamente es decir lo mismo que dice la épica inglesa. Es eso que Henry James llamaba darle una vuelta a la rosca.

La película de Ian Flemming debo haberla visto en algún momento y seguramente la olvidé enseguida. Se titulaba Goldfinger, y realmente no puedo recordar la trama. Recuerdo, sin embargo, la canción de la que ví ya cuando tenía conciencia. Esa se titulaba The spy who love me, y llegué a tener un disco de 45 revoluciones con el famoso estribillo que decía: No body does it better. Refiriéndose, como es natural, al poder viril del espía, pues ya en esa época se enfatizaban más las novias de Bond que la tecnología de la que se servía. Ya en los setenta no era un héroe inglés el que íbamos a ver al cine. Ese motivo perduró hasta el último Bond. Abajo pueden ver más publicidad sobre el concepto del héroe y su carro. Había más. El Santo también era un héroe de ese tipo y ahora me entero. No recuerdo que el carro del Santo fuera notable, sí que el actor suscedió a Sean Connery cuando las novias importaron más que los carros del espía. Si se fijan con atención, llama la atención que el carro del Santo era un Volvo, un vehículo de fabricación sueca. Gil Boneta, el sucesor de mi primer padre adoptivo, tuvo uno como veinte años, parece que transaba por el Santo más que por otra imagen de agente o espía. El Santo era más cool.

Si te fijas abajo en la propaganda, son un total de cinco héroes motorizados. John Steed, de la serie televisiva The Avengers, es el cuarto héroe de tipo inglés y tripula un vehículo idiosincrático también que puedes ver abajo. The Avengers parece un sit com, no es seria como El Santo, que acabó mejicano y a pié, con una máscara y más bien luchador como El Invader. Lo esencial es notar que todos, hasta Meteoro, el japonés, valían por el carro más que por sus dotes. Lo que hace pensar en el carro como lo ven los centroamericanos. Un carro es un niño, en los poemas de Centroamérica. Sin son cinco partidos políticos lo que suelen reconocerse internacionalmente y aquí en Puerto Rico igualmente. Los demócratas radicales, los demócratas cristianos, los socialistas, los social demócratas y los ecologistas.

Será Otra Cosa: Hijas de verdad

Jocelyn A. Géliga Vargas

Columnista Invitada

A Diana, Evelyn, Zuly y Mary, por sus maternidades.

A MM y ZN, por la mía.

Éramos cuatro mujeres en la refulgente sala de espera de la oficina del WIC. El frío era demasiado entumecedor y el espacio demasiado amplio para sentirnos como empanadillas, pero no cabe duda que estábamos allí en vitrina. Nos miraban de reojo las “case managers” que parloteaban al otro lado del cristal de la recepción. Unas halagaban los diseños de las uñas de otras; todas, con altibajos en sus timbres de voz, comentaban “el casito de ayer”. Recuerdo escuchar risas, no estridentes, esas no angustian tanto durante la espera. Más bien, eran risitas, bajitas, de esas en las que el sonidito sale menos por la boca que a través de resopliditos intermitentes por la nariz.

También nos miraban entre furtiva y recelosamente los de afuera, a través de tres enormes paredes de cristal, mientras transitaban haciendo diligencias en las oficinas y comercios aledaños. Las tres chicas y yo con nuestras crías, sumidas en una inmensa pecera, cuya lámina decorativa de fondo consistía de un conjunto de afiches con rostros de niños muy blancos tomando leche muy blanca y consumiendo frutos muy frescos que el calorcito tropical fuera del acuario no permitiría cultivar. Los risueños niños le hacían la ronda a un desvaído cuadro de Luis Fortuño con cara de yo-no-fui.

Sospecho que yo era la única que rebasaba los veinticinco en aquella sala. Adjudiqué a ese dato, entre otros, mi impaciencia. La espera era demasiado larga para el minúsculo público. El frío era incuestionablemente insalubre para las no tan blancas crías que esperaban allí a ser medidas y pesadas, comparadas y evaluadas, registradas y reportadas, en fin, apuntadas en una de esas tantas listas a donde van a parar los niños que nacen en la pobreza.

 

Cuando finalmente llegó nuestro turno nos identificaron como “caso nuevo”. Eso implicaba que me atendería la recepcionista de las uñas con trazos dorados que tanto le llamaban la atención a mi cría. Tuvimos suerte porque la de los diamantitos sobre fondo azul PNP que tenía asignadas las reevaluaciones de mis compañeras de sala justo salía a comprarse “un cafecito caliente”. Titiritando pensé yo, “¿quién la culpa?”

Beba de dos años y medio renacida en casa dos semanas antes al hombro, desde mi lado del cristal y por un huequito de un diámetro de ocho pulgadas murmuré, resignada a la posibilidad de tener que seguir esperando: “no sé si es un caso nuevo, entiendo que es un traslado, la niña ha sido reubicada a esta región porque está en pre-adopción.”

Mi interlocutora, que a través del cristal de repente se veía inmensa, como si entre ambas mediara una lupa, no entendió el clue de mi discreción. A voz de jarro:

–Ah, ¿tú no eres la mamá de la nena? Pero si se parecen.

Y su risita ya no era bajita ni nasal. Y al otro lado de la lupa ya no había un solo par de ojos. Lo intenté de nuevo, incorporando toda la nueva jerga que en apenas dos semanas desde “la ubicación” había aprendido del Departamento de la Familia. Murmuré otra vez.

–Sí, yo soy la mamá preadoptiva, pero su caso está abierto en su pueblo natal y entiendo que lo que corresponde es transferir el caso.

–¡Ay bendito, pero y tan linda que es! Pobreciiiiita. ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Ella no tiene mamá?

Y entrecruzó sus dedos de modo tal que aquella urdimbre dorada pudiera sostener su descolgada barbilla y, ahora al nivel de la vista de mi hija a upa, cautivarla.

Según se reproducían los ojos inspectores al otro lado del cristal se caldeaba la sala con los luceros curiosos de mis hasta entonces imperturbables compañeras de espera. Sentí que la sala se encogía. Los niños bien nutridos y blanquitos como Fortuño me respiraban en la nuca. Seguía temblando… pero ya no era de frío.

***

Regresé a las aulas del Edificio Chardón del RUM después de varios años de ausencia entre trabajos administrativos universitarios, licencia por maternidad y una huelga estudiantil que apoyé sin reservas. A mi regreso ya tenía una segunda hija que la mayoría de mis compañeres docentes y no docentes nunca había conocido. Una tardecita de esos agostos opresivamente húmedos de Mayagüez me refugié en la oficina de un departamento vecino a esperar que el aguacero aplacara.

Seguramente más por ritualidad que por genuino interés, una de las secretarias me preguntó por las niñas. Ya cabalmente asimilada a estas prácticas culturales maternales, saqué el celular y procedí a mostrar una foto reciente. Al ver la más pequeña, de unos tres años en aquel momento, su compañera de trabajo no pudo disimular la sorpresa. Tras el ahogado suspiro, la pesquisa fisgona, con actitud de Rosie Pérez en los noventa:

–Pero ¿y cuándo pasó eso? Yo a ti nunca te vi con barriga.

A esas alturas, ya con seis años de calle en la lucha cotidiana de educar sobre las maternidades, así, en plural, ni me inmuté.

–No tuve barriga. Mi hija es adoptada.

–Ay bendito, no sabía. Pobreciiiiita. Pero, ¿tú sí tienes una que es hija tuya de verdad, no?

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En Puerto Rico hay cerca de 2,700 menores bajo la custodia del Estado. De acuerdo a la Secretaria del Departamento de la Familia, poco más de 400 de estos menores están en “plan de adopción” o, en el lingo del Departamento, “liberados”. Las solicitudes en el Registro Estatal Voluntario de Adopción no llegan a 230. En otras palabras, si los datos son correctos (algo que estamos acostumbrados a poner en tela de juicio), actualmente Familia considera “adoptables” a menos del 15% de les menores a su cargo. Les individuos y familias certificadas para adoptarles son poco más de la mitad de les niñes en espera de adopción.

Esa espera, a pesar de las enmiendas a la ley en 1995, 2009, 2018 y 2020, sigue siendo sinuosa para las partes adoptantes que acometen la empresa del REVA. Conozco casos como el primero nuestro en los que desde la radicación de solicitud de ingreso al REVA (proceso que, sin palas, demora meses) a la ubicación de la menor en su hogar pre-adoptivo transcurrió menos de un año. Prácticamente “un embarazo,” suelo bromear con mis amistades. Pero también conozco casos que han demorado dos, tres, cuatro o más años, así como más de un caso en que las partes simplemente se cansaron de esperar por Familia y desistieron. Es una espera agobiante, sometida al hermetismo siempre sospechoso del Estado. Ni llamadas, ni cartas, ni visitas, ni mensajes te dejarán saber cuánto tiempo falta, ni que número haces en la lista de espera, ni cuántos niñes, a su vez, esperan afuera, en ocasiones muy cerquita de los hogares que las familias llevan años preparando para elles.

Esa es la espera que yo conozco, la espera para que el Estado me entregue una hija. Conozco también otra que, en nuestros casos, seguramente por privilegio de clase, estado civil y orientación sexual asumida, fue breve y exitosa: la espera para que el Estado me certifique, irrevocablemente, madre. Esa espera por la adopción legal ha tenido reveses trágicos en nuestro país, donde las cortes, de espaldas a nuestra larga historia cultural de parentescos diversos, han encumbrado lazos de consanguinidad en detrimento del bienestar de decenas de menores.

Sin embargo, la que supongo como la espera más angustiosa de todas la desconozco: el aguante incierto de eses 2,700 menores que tienen al descalabro del ELA como guardián. Si ya cumplieron sus 12 primaveras, aseguran fuentes de la Administración de Familias y Niños, es muy probable que ya nadie les procure. “Inadoptables”, los llamó un trabajador social hace unos años en el comedor de mi casa. Años antes, cuando las partes adoptantes todavía teníamos que tramitar cada etapa del proceso en las oficinas centrales en San Juan, una de sus “jefas grandes” me había advertido mientras yo completaba el formulario FN14: “no te preocupes por esas cajitas, no nos fijamos en lo que marcan, todos nuestros niños tienen limitaciones físicas, mentales y emocionales”. A este horizonte de expectativas se reduce la niñez (des)cobijada por el Estado en nuestro país.

Pobreciiiiita.

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De la mano de los ya conocidos índices de pobreza infantil, deserción escolar, maltrato de menores, carencia de vivienda y, más recientemente, “fracaso académico”, el cotarro de la custodia y “adoptabilidad” de menores es un contundente indicador de negligencia estructural. Me consta que aun los menores en el wish list de las familias del REVA, los infantes de 0-3 años, pasan sus días en letárgica espera de que un tribunal vea su caso, un médico les atienda, un terapista les evalúe, una explotada y malpagada trabajadora social les visite. Sin eso no habrá boleta de lotería para el porvenir antes de que avancen las primaveras.

A principios de este año Familia informó que contaba con 339 hogares temporeros en los que residían poco menos de 700 menores. Los restantes 2,000 deshojan calendarios en instituciones, albergues y centros, si es que todavía les cobija la ilusión de la espera. Queda así nuestra infancia empobrecida a merced de un estado en crisis no sólo económica, sino también política y moral, que es incapaz de garantizar la seguridad y la supervivencia de sus más vulnerables ciudadanes.

El reciente e infame asesinato de la adolescente Ma’Khia Bryant a manos de un policía de Columbus, Ohio reavivó el debate en torno al racismo sistémico y la impunidad con la que opera el sistema de custodia estatal de menores en Estados Unidos. A Ma’Khia la asesinó un policía blanco, pero mucho antes de que las cuatro detonaciones la fulminaran a plena luz del día frente al hogar de crianza donde compartía techo con su hermana, todo un enjambre de inequidades desatendidas la había empujado al límite de la desesperación.

Temo que hacia esa dirección estamos empujando a les nuestres. Como tantas otras responsabilidades (la educación pública, la salud, la seguridad…), el Estado también ha renunciado a su deber y relegado la custodia de nuestros menores, de les hijes de nuestro país. Mientras tanto, nosotres, les de a pie, ensimismades en nuestras propias luchas por encarar el embate, reproducimos el guión de la ley “natural” de la maternidad, nos revestimos de rosa o azul para el gender reveal, nos apenamos por el desmadre y les pasamos de largo a quienes no reconocemos como hijas, hijos e hijes de verdad.