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El fascinante mundo de la mala literatura romántica

 

Por Natalí González Villariny/ Especial para En Rojo

Por mucho tiempo me limitaba a leer obras de escritoras y escritores con buenas críticas y excelentes reputaciones en el mundo literario. Nunca me he limitado a las grandes y laureadas autoras y autores, pero solo leía lo que se consideraba como buena literatura o venía bien recomendado.

Todo cambió cuando me vi en un momento de mucho estrés laboral y en una necesidad imperiosa de mantener el inglés. No me daba la cabeza para leer novelas de personajes complejos, profundos y con tramas dignas de recordar y analizar. Necesitaba algo ligero, algo olvidable, que me relajara y me permitiera irme a la cama sin pensar en los problemas diurnos.

Así fue como empezó mi búsqueda en Good Reads. Y como me gusta mucho la historia, empecé por investigar qué novelas históricas ligeras, divertidas y fáciles de leer había disponibles, preferiblemente, en inglés.

Me topé con todo un mundo de novelas históricas románticas que tienen lugar en la era de la Regencia en Inglaterra (finales del siglo XVIII y principios del XIX). Hay un grupo, sobre todo de escritoras, muchas de ellas estadounidenses, que se han inspirado en las novelas de Jane Austen para escribir relatos eróticos basados en los amores de Lizzy Bennet y Mr. Darcy, los protagonistas de Pride and Prejudice.

Unas son de mejor calidad que otras, pero prácticamente todas tienen una trama bastante simplona y finales felices. Las hay muy mal escritas y peor documentadas que tuve que abandonar tras leer las primeras páginas y devolverlas. Hay otras decentemente redactadas, pero las lamentables descripciones de sus mujeres protagonistas como tontas sin remedio o las escenas de sexo que son realmente una violación, me obligaron a suspender la lectura antes acabar el libro.

No obstante, debo decir que hay un buen número de novelas con tramas decentes y bastante bien documentadas. Algunas brindan un trasfondo histórico más completo de la era en que vivió Jane Austen. Por ejemplo, ilustran muy bien el maltrato sistemático que había hacia las mujeres, incluidas las de clase alta.

Un tema habitual es el de la mujer arruinada, que adquiría mala reputación por chismes, besar un pretendiente, ser violada o abandonada en el altar, y cómo ellas eran condenadas al ostracismo y a la pobreza.

También muestran la terrible realidad del matrimonio entre aristócratas y de cómo algunas mujeres eran, en cierto modo, prostituidas una vez alcanzaban la edad para casarse. Así como lo hacían las hermanas Bennet, las mujeres de clase alta de esa época acudían a bailes organizados para para cazar un marido. Daba igual que el hombre objeto de interés tuviese mala reputación. Si su cuenta bancaria y su patrimonio eran considerables o tenía título nobiliario, los padres insistían en que su hija hiciera lo posible por conquistarlo.

Asimismo, algunos de estos libros mencionan eventos históricos reales que desconocía y que me han despertado el interés por saber un poco más sobre la historia de Inglaterra. Por ejemplo, la conspiración de Cato Street, en Londres, en 1820, la masacre de Peterloo en Manchester o la revuelta de los Calton Weavers en Escocia.

Otras novelas van más allá y sacan a relucir realidades de la sociedad británica que no aparecen en las novelas de Jane Austen: la existencia de personas con discapacidad así como la diversidad cultural, racial, étnica, política y sexual de la época.

De hecho, hay un subgrupo novelas históricas románticas queer con subgéneros mixtos: histórica romántica humorística, paranomal, ciencia ficción e incluso sátiras a algunos éxitos comerciales.

Por ejemplo, The Magpie Lord(El señor de las urracas) de la británica KJ Charles, una sátira de Harry Potter que tiene lugar en la era victoriana y también se inspira en la fascinación por la magia en la Inglaterra de esa época. Se trata de una historia humorística de amor gay en la que uno de los protagonistas es un mago y el otro un conde.

Estas novelas de tema queer, no se limitan al amor gay. Algunas tratan sobre relaciones de amor entre personajes transgénero, no binarios o lesbianas durante la Regencia, la era victoriana y la eduardiana.

Como el número de las novelas históricas románticas malas tiene un límite, decidí migrar a la novela romántica contemporánea, de tramas simplonas y finales felices. Al igual que con las anteriores, me he encontrado con muchas muy malas y otras menos malas. Para mi sorpresa, me he topado con una historia de amor entre dos hombres: el típico rubio de ojos azules de Wisconsin jugador profesional de Ice Hockey y un profesor de Sociología, ¡boricua!, bastante bien representado y sin estereotipos, pero este tema es harina de otro costal.

El tocadiscos de aguja

Por José(Pepe) Liboy

 

El tocadiscos compacto acababa de salir al mercado. Era una máquina nueva para nosotros y uno se enteraba de que existía por medio de revistas, ya que no había cable TV ni Internet. Yo me había criado con un primo que siempre estaba pendiente a estas novedades. La película Star Warsla fui a ver con un grupo de la escuela superior, pero mi primo me mostraba algunas escenas en una revista. De la misma manera, me había enseñado el tocadiscos compacto. Cuando empecé a trabajar, me propuse comprar un tocadiscos compacto, pero mi padre me sugirió que comprara mejor un tocadiscos viejo.

            -¿Por qué si dicen que el tocadiscos compacto tiene mejor fidelidad y es más liviano que el tocadiscos de aguja?- le pregunté.

            -No debes pensar en términos de fidelidad- me dijo mi papá. –Debes mejor considerar los sentimientos.

            -¿Sentimientos?- le pregunté.

            -Sí, los sentimientos. Yo te voy a contar ahora una historia para que tengas presente los sentimientos a la hora de escuchar música. A tu abuelo no lo conocimos, aunque vendía radios de onda corta. Una vez, cuando salió el tocadiscos estéreo, yo quise comprar uno. Pero tenía que ver si compraba el tocadiscos o un radio de onda corta que el hermano mayor de tu abuelo salió a venderme cuando empecé a trabajar.

-¿Hay alguien que quiera venderme algo?- le pregunté.

-Exacto- me dijo. –Es una muchacha que sabe que tu abuelo vendía radios de onda corta y a la que le sorprende que estudies en una escuela religiosa. Ella cree que tu abuelo pudo haber sido físico si hubiera podido estudiar. Incluso dice que le robaron inventos de electricidad. Ahora resulta que ella dice que los tocadiscos de aguja son mejores que los nuevos tocadiscos compactos. Yo te aconsejaría que compraras un tocadiscos de aguja primero y que dejes pasar los años.

-¿Es ella la que va a venderme el tocadiscos viejo?- le pregunté.

-No- me dijo. –Espera que alguno de tus amigos salga de uno y se lo compras usado. Yo voy a hacer arreglos con tu tío para que vendas tocadiscos de aguja nuevos, pero tú cómpralo usado. Yo creo que eso le va a agradar a la nena. Según me han dicho, ella quiere poner un negocio de tocadiscos de aguja mejores. Algunos tocadiscos son alemanes y otros son ingleses. Si hablas con su novio, o con alguno de sus amigos, seguramente te diga que la fidelidad del tocadiscos viejo es mejor y que el sonido del compacto es frío y desapegado. La fidelidad es una característica sicológica. Puede ser que la fidelidad del tocadiscos nuevo no sea mala, pero todo el mudo está vinculado sentimentalmente a los tocadiscos viejos.

Hice lo que mi papá me sugirió y esperé a que alguno de mis amigos saliera de un tocadiscos de aguja para comprárselo en segundas manos. Le conecté el tocadiscos usado al viejo amplificador de mi papá. Aunque los discos de vinyl ya eran cosa del pasado para la época en que yo empezaba a trabajar, compré casi toda la música nueva en discos de vinyl. Dio resultados el consejo de mi papá, ya que casi enseguida pude no solamente trabajar con él, sino vender tocadiscos viejos. Había un señor cubano que quería salir de un lote de tocadiscos viejos y me los ofreció al costo para que pudiera obtener algunas ganancias.

Recién comprado el tocadiscos viejo, lo vendí casi enseguida y compré otro con más cosas. Le agradaba a la nena que me los vendía que no comprara los compactos nuevos y esa era nuestra relación sentimental. Ella me presentó algunos amigos que me hicieron demostraciones en sus casas de tocadiscos finos y algo más costosos. Todos deploraban que el tocadiscos compacto se quedara con la industria del disco y constantemente defendían a las personas que vendían tocadiscos viejos. Yo a veces razonaba con ellos. Por ejemplo, les contaba que mi abuelo, que vendía radios de onda corta, se había quedado algo rezagado cuando salió el tocadiscos y que nosotros, los miembros de su familia, estudiábamos en escuelas religiosas y no en escuelas técnicas. Pero los amigos de la nena seguían absortos en la discusión sobre la defensa de los viejos tocadiscos.

La cuestión es que pasaron los años y que mis relaciones con la nena no se dañaron. Como ella defendía mucho los tocadiscos viejos, no nos quiso decir que había empezado a vender los nuevos. Para no dar su brazo a torcer, vendía los nuevos, pero muy caros. Yo me fui olvidando de los tocadiscos y pensé mejor en ser papá, ya que esa meta no tiene nada de novedosa. En los nuevos discos los cantantes exageran que los muchachos de mi época prefieren más estar con sus hijos y menos con sus esposas. Los hay que tienen a sus hijos criados por madres ajenas. Yo le dejé el asunto de los tocadiscos a mis padres, y ellos mismos compraron tocadiscos compactos cuando el tocadiscos viejos ya empezó a ser algo raro muy difícil de conseguir.

Aunque tenía una colección de discos de vinyl bastante gruesa y pesada, cuando nació mi hijo dejé de escuchar música. Ahora me pasaba la mayor parte del tiempo pensando en mi hijo y ya no pensaba en la nena que me vendía los tocadiscos viejos. La había dejado olvidada porque no era mi novia. Me había tratado con cierta distancia porque yo era para ella el nieto del vendedor de radios de su pueblo. Supe que su negocio había crecido y que incluso vendía tocadiscos compactos para carro, algo que yo siquiera lejanamente había pensado poner en mi carro. Más nieta de él parecía ella, que seguía vendiendo tocadiscos, que yo que me había dedicado a escribir cuentos para mi hijo y otros niños de su edad.

Cuando mi papá estaba casi al borde de la otra vida, volvió a hablarme de lo que él quería que hiciera yo con los tocadiscos en los años siguientes a su fallecimiento. La muchacha que me vendía los tocadiscos había tenido una hija, y la traía a la casa de vez en cuando con una de sus nodrizas. Un día en que trajeron a la nena chiquita, mi papá me volvió a hablar de los tocadiscos.

-Estuve en una tienda de descuentos que está liquidando unos tocadiscos de aguja a precios muy módicos. Yo compré uno y lo traje a la casa. Ahora, quisiera que para que durara compraras otro.

Aunque yo hubiera preferido comprar un tocadiscos compacto, le hice caso a mi papá y compré otro tocadiscos viejo para mí. Me puse a pensar menos en mi hijo y otra vez en el asunto de la muchacha que me vendía los tocadiscos.

-No voy a durar mucho- me dijo mi papá. –De manera que yo te aconsejo que le sigas dando el gusto de comprar tocadiscos viejos. Deja que tu mamá se encargue de comprar los tocadiscos nuevos.

Como dos años después de la muerte de mi papá, todavía seguía oyendo música en los tocadiscos viejos y pensando menos en mi hijo. Ahora tenía que tener presente el asunto de los tocadiscos otra vez. Un día en que nadie me estaba mirando, compré un disco compacto de todos los “hits” de un grupo que cantaba muchas canciones sobre los niños y sus padres. Casi no escucho música ahora, pero de vez en cuando escucho a ese grupo en particular. No pienso en la novedad de los nuevos aparatos. El tocadiscos compacto que nunca tuve de joven ya es una cosa vieja, igual que la música que escucho todavía. Pero para oír música me dejo llevar por sentimientos.

La representación del espacio urbano en el cine

 

Por María Cristina/En Rojo

 

Durante la investigación que hice para mi libro What Women Lose: Exile and Construction of Imaginary Homelands in Novels by Caribbean Writers(Peter Lang, 2005; diseño portada Iván Figueroa), la ciudad, el centro urbano, la metrópolis es el destino de ese viaje que comienza en la región caribeña y continúa su trayectoria en Nueva York, París, Madrid o Londres. En el cine proveniente del Caribe, vemos esta experiencia urbana no necesariamente en las «grandes ciudades occidentales» sino en la ciudad/capital de la isla caribeña donde el movimiento migratorio interno tiene su auge. Es el segundo acto de La carreta de René Marqués, el San Juan de Doce horas (Raúl Marchand, 2001), el Kingston de The Harder They Come(Perry Henzell 1973), La Habana de Fresa y chocolate(Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío 1994), el Port-au-Prince de Puerto Príncipe mío(Rigoberto López 2000), el Santo Domingo de Un Pasaje de ida (Agliberto Meléndez 1988), la ciudad afrancesada de Rue Cases-Nègres (Euzhan Palcy 1983). En esta ocasión, al explorar el cine comercial norteamericano y algo del cine europeo, son las capitales occidentales las que vemos mayormente representadas.

Casi siempre cuando un filme incluye en su título la palabra ciudad o nombra algo conocido de ella, lo menos que enfoca es en ese espacio, o si lo hace, resulta en una romantización que poco tiene que ver con la realidad. Mad City(Costa-Gavras 1997), Dark City(Alex Proyas 1998), City Hall(Harold Becker 1996), Wall Street(Oliver Stone 1987), New York, New York(Martin Scorsese 1977), New York Stories(Allen, Coppola, Scorsese 1989) son tan sólo algunos ejemplos. Y ya que estamos en esta ciudad tan celebrada en los filmes de Woody Allen y Spike Lee, veamos algunas de esas imágenes.

El Manhattan de Woody Allen–porque no existen Queens, Bronx, Brooklyn o Staten Island–es la ciudad medio bohemia, llena de exéntricos, acceso a todos los eventos culturales, paseos o conversaciones en el parque, cerca del Puente de Brooklyn, restaurantes, filas para comprar boletos para el cine, apartamentos amplios, aunque no lujosos. Es un Nueva York de espacios abiertos y a la vez otros cerrados, pero suficientemente grandes como para poder moverse mientras los personajes dialogan. Este es el retrato que presentan de ese centro: Annie Hall(1977), Hannah and Her Sisters(1986), Husbands and Wives(1992), Manhattan(1979). Spike Lee intenta darnos los márgenes: los espacios donde conviven los afroamericanos e hispanos (la “latinidad” todavía no me convence como término sombrilla). En algunos filmes como Jungle Fever(1991) y Summer of Sam(1999) también incluye a la comunidad italoamericana. Pero por lo general, el Harlem o las comunidades/ghettos donde habitan casi exclusivamente los negros se presentan con unos ángulos fotográficos muy particulares como escenografías teatrales. Se tiene la impresión de que la «realidad» interior y exterior de estas puestas en escena cambian tras bastidores. En este ghetto, todos los personajes parecen convivir armoniosamente, no hay gran preocupación por las drogas, el desempleo, la subeducación, las gangas, la violencia doméstica y fraterna, la vivienda deteriorada: Crooklyn(1994), Do the Right Thing(1989),She’s Gotta Have It (1986). El filme donde Lee sí trabaja muy bien la problemática de crecer y vivir en un ghetto y estar marcado para que nunca pueda moverse del margen es Clockers(1995), una de las menos celebradas por los críticos y el público. Otros directores que se han acercado a esta ciudad enfocando en un sector en particular–dejando el centro para los visitantes y aquellos que todavía creen los cuentos de la ciudad con calles cubiertas de oro–son producciones por directores independientes como City of Hope (John Sayles 1991),Caught (Robert Young 1996) en el área de pescadería de New Jersey,I Shot Andy Warhol (Mary Harron 1996) en los grupos ultra rebeldes chic de los años de 1960, y por supuesto el excelente filme de Peter Sollett de 2002, Raising Víctor Vargas.

Raising Víctor Vargas

Por lo general en las películas comerciales, las ciudades son sencillamente un fondo decorativo. Por eso, las grandes ciudades son representadas por marcadores sencillos como el Big Ben de Londres, la Torre de Eiffel en París, las letras H O L L Y W O O D en Los Angeles, los casinos en Las Vegas. Estas dos últimas nada tienen de gran ciudad, pero su atractivo como lugares turísticos se debe a su identificación con mesas de juego o la meca del cine. Nueva York por largo rato se conocía por el Empire State Building, el rascacielos más alto del mundo, pero luego fue sustituido por las desaparecidas torres gemelas del World Trade Center. Después del 11 de septiembre del 2001, todos los filmes que iban a ser distribuidos y que usaban este «símbolo» para establecer el lugar de la trama, fueron cuidadosamente alterados.

El Madrid o Barcelona de los filmes de Pedro Almodóvar tienen puntos de contacto con algunos de los filmes de Carlos Saura (Deprisa, deprisa1980) donde ambos exploran las calles de fondo, los poblados lejos del centro, las plazas y lugares donde se reúnen los jóvenes, las viviendas de los que tienen que tomar autobuses para llegar a sus trabajos o ir en busca de algún empleo o ayuda estatal: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984),Ley del deseo(1986), Carne trémula(1997). Al igual que Luis Buñuel hizo en Los olvidados(1950), tanto los veteranos, como los más atrevidos jóvenes realizadores mexicanos, no creen en sofisticar al México actual. Para ellos, es el cruce de la pobreza y la riqueza extrema lo que hace del D.F. una ciudad muy particular. Sin duda Amores perros(2000) de Alejandro González Iñárritu, es el que mejor dramatiza este retrato.

En la ciudad sin límites, del realizador español Antonio Hernández, la ciudad de París es parte esencial de la trama del filme. Así como las calles laberínticas en la Venecia de Don’t Look Now(1973) determinan la conclusión del drama, la ciudad de París con sus direcciones muy específicas–aparte de los espacios más públicos como el hospital o la estación del tren–son necesarios para explicar y entender la agonía y el sentido de culpabilidad que tiene Max y que logra por fin transmitir a Víctor, su hijo menor. Para descubrir los secretos de Max y entender las obsesiones que parecen alejarlo de la realidad, ambos tienen que caminar por las calles de esta «ciudad sin límites» que sirvió de hogar a tantos exiliados españoles durante y después de la Guerra Civil del 1936-39. En 1982, un encantador filme nos llevó por calles, callejones, puentes y recovecos de París de la mano de un joven en motora que estaba enamorado de la voz de una famosa soprano. Diva de Jean-Jacques Beineix nos presentó un París en movimiento que iba de la gran ópera a los barrios marginados sin ninguna dificultad. Robert Altman escogió a París para su parodia del mundo de la moda en Pret-a-Porter(1994). Por supuesto, los parisienses y los grupos que pertenecen a los márgenes–especialmente los argelinos que han rodado excelentes filmes como Salut cousin!de Merzac Allouache de 1996–presentan un París muy personal y no-turístico que la gran mayoría no reconoce como su imaginario de la ciudad francesa. Lo mismo sucede con Londres donde los grupos de West Indians/caribeños, Pakistanis y africanos han logrado unos espacios de producción independiente mayormente dirigido a la televisión pública/estatal y cuya calidad técnica y de contenido está al nivel del mejor cine independiente. Por eso Londres es tantas cosas diferentes para los habitantes del centro y de sus márgenes donde convergen diversos grupos inmigrantes.

 

(publicado originalmente en 2010 y revisado en julio 2020)

Crucigrama Melba Hernández

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

 Horizontales

1. Melba _____ Rodríguez del Rey; combatiente revolucionaria, abogada y Doctora Honoris Causa, del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba.

7. Nota musical.

9. Labre.

10. Época.

11. Existe.

13. En el taoísmo, una de las fuerzas que se encuentran en todas las cosas.

14. Alambre, u otro material, doblado sobre sí mismo, que sirve para sujetar papeles.

15. Ahora.

16. Donad.

17. Volcán siciliano.

18. Uno de los Grandes Lagos entre Canadá y EEUU.

20. Del verbo talar.

24. _____ Castro Ruz; dirigió el ataque al Cuartel Moncada en el cual Hernández formó parte.

25. Consejo Mundial de la _____; Hernández fue miembro del Presidium de dicha organización.

27. _____ Emeterio Betances; Padre de la Patria puertorriqueña.

28. Ninfa que amaba tanto su voz, que fue condenada a repetir las últimas palabras de todo cuanto se le dijera.

31. Altar.

32. Prefijo que denota privación o negación.

33. 20 de _____ de 1954; fecha en que Hernández salió de la prisión luego de ser encarcelada por su participación en la toma del hospital provincial Saturnino Lora durante el Moncada.

36. Divinidad egipcia.

37. Río de Galicia.

39. Francés antiguo.

40. Símbolo de la plata.

42. Contracción gramatical.

43. 28 de _____ de 1921; nacimiento de Hernández en Cruces, antigua provincia de Las Villas, Cuba.

44. Quia, interjección.

46. Angustia o aflicción del ánimo.

48. Tercer Frente _____ Muñoz Monroy; división guerrillera del Ejército Rebelde dirigida por el Juan Almeida Bosque en la cual se integró Hernández. 

49. Cuartel _____; fue atacado por los revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel Castro el 26 de julio de 1953. Entre los combatientes destacaron Abel y Haydée Santamaría y Melba Hernández, entre otros.

53. Campeón.

54. Asistir.

55. Provincia de Canadá cuya capital es Toronto.

56. Última letra del abecedario español.

Verticales

1. _____ Santamaría; destacada dirigente revolucionaria cubana. Fue encarcelada con Melba por participar en el ataque al Moncada.

2. Terreno de gran extensión para labranza.

3. Vencí.

4. Cuarta letra del alfabeto griego.

5. Verde _____; nombre poético dado a Irlanda.

6. Emiliano _____; dirigente de la revolución mexicana.

7. Melba Hernández Rodríguez del _____; integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. En México participó en los preparativos de la expedición del Granma.

8. Pronombre demostrativo, fem.

12. Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, _____ y América Latina (OSPAAAL); Hernández fue Secretaria General de la entidad.

14. Símbolo del cerio.

18. Nombre de la letra f.

19. Adecuadas.

21. Causar aflicción o disgusto.

22. Hospital Saturnino Lora; Melba y Haydée participaron en la toma del hospital para atender a los heridos que resultaran del ataque al Cuartel Moncada.

23. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

26. 26 de _____ de 1933; nacimiento del dirigente Machetero, Filiberto Ojeda Ríos.

29. La historia _____ absolverá; Melba Hernández y Haydée Santamaría fueron las encargadas de editar, imprimir y distribuir clandestinamente el ensayo escrito en prisión por Fidel Castro.

30. Señor, abrev.

34. Antonio _____; pintor y escritor puertorriqueño.

35. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

38. Olfateé.

40. Aquí.

41. La _____; ciudad cubana donde falleció Hernández.

45. Juan Almeida _____; dirigió el Tercer Frente Mario Muñoz Monroy del Ejército Rebelde cubano donde combatió Hernández.

47. Jorge _____; escritor brasileño.

48. 9 de _____ de 2014; fallecimiento de Hernández. Sus cenizas se encuentran en el Cementerio de Santa Ifigenia en el Mausoleo de los Mártires de la Revolución en Santiago de Cuba.

50. Forma de pronombre.

51. Partido Comunista de _____; Hernández fue fundadora y miembro de su Comité Central, así como diputada a la Asamblea Nacional hasta su deceso.

52. Entregué.

 

¡Bolívar, presente!

 

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Esta semana, el 24 de julio, nos recuerda el  nacimiento de Simón Bolívar en Caracas en 1783. El nació en una familia noble y rica de Venezuela. Perdió a sus padres muy pronto y tuvo como tutor a Simón Rodríguez, un filósofo que defendió la importancia de la educación para la liberación de la sociedad y propuso abrir las escuelas a negros e indígenas. Desde muy joven, Bolívar dedicó su vida à la liberación de Sudamérica. Dijo: «Aunque la guerra es la suma de todos los males, la tiranía es la suma de todas las guerras».  «Juro ante el Dios de mis padres que no dejaré que mi brazo descanse, ni que mi alma descanse, hasta que rompa los grilletes que nos oprimen.»  Con la bandera Libertad o Muerte, hizo marchar a 2.400 hombres a través de las selvas del río Orinoco y luego subió a los Andes por sus caminos helados. Quería liberar a todo el continente del colonialismo y de todo tipo de opresión. La marcha de 5.000 kilómetros a través de los Andes, a una altitud de 4.000 metros, se considera uno de los mayores logros militares de la historia. Su sueño era unificar América Latina. De hecho, logró liberar a seis países. Con los generales San Martín, Sucre y O’Higgins, comandó las luchas de liberación de Ecuador, Chile, Bolivia y Argentina.

A finales del siglo XIX, José Martí escribió: «A principios del siglo (XIX), desde las entrañas hasta las más altas cumbres, América se hizo hombre y fue Simón Bolívar. (…) El fue el líder, como un monte más alto que los otros y brilla eternamente. (…) «El tenía una única motivación: nuestra liberación. Su tierra natal era nuestro continente… Un hombre extraordinario. Vivía como si estuviera entre llamas y lo estaba. Lo que amaba y lo que decía ardía como fuego» (Obras Completas, v. 8, Nuestra América, Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 251- 253 y 242 – 243).

En Venezuela, desde el inicio de este siglo, el presidente Hugo Chávez revivió y actualizó el espíritu del bolivarianismo, proponiendo profundizar sus tres propuestas fundamentales: 1 – Integrar todo el continente en una gran patria, con la autonomía de cada país y la solidaridad continental. 2 – Liberar al continente de todo imperialismo y dominación. 3 – Avanzar hacia una justicia socioeconómica y nuevo tipo de socialismo democrático, desde las culturas originales de América Latina.

En los últimos diez años, la guerra y el bloqueo económico promovido por el imperio crea mucho sufrimiento, pero no logra destruir los ideales revolucionarios del pueblo venezolano y la esperanza de todos/as  que luchan pacíficamente por un nuevo mundo posible.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.