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Religiosos rechazan Reforma Electoral

 

Por la Redacción/CLARIDAD

Hasta los sectores religiosos se han manifestado en contra de la recién Reforma Electoral gestada por el presidente del Senado Thomas Rivera Shazt y convertida en ley  por la gobernadora  Wanda Vázquez Garced.

En comunicado de prensa, la Mesa de Diálogo  Martin Luther King, Jr. lanzó un  alerta al pueblo de Puerto Rico sobre las consecuencias a la democracia y al proceso electoral del nuevo código electoral.

“A menos de cuatro meses de las elecciones generales y a escasos días de las primarias partidistas, la Mesa MLK señala la grave preocupación provocada por la aprobación de un nuevo Código Electoral sin contar con el consenso político necesario para asegurar en proceso electoral confiable y transparente” señaló Lester Caleb Santiago, co-coordinador de la Mesa de Diálogo.

La  denuncia radica en dos hechos que señalaron como peligrosos: uno, que el código electoral aprobado está parcializado a favor de un solo partido, el PNP, y dos, que es una amenaza contra la legitimidad del partido que resulte vencedor en las próximas elecciones.

“La Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr. hace un llamado a las comunidades para manifestar su desacuerdo con la aprobación de este nuevo código que implica la deslegitimación de cualquier partido que obtenga la mayoría en las próximas elecciones” reaccionó el licenciado Francisco  Concepción, co-coordinador de la MD.

 “Como cristianos y cristianas rechazamos esta ley electoral porque arriesga la credibilidad de todo el sistema. El proceso democrático de Puerto Rico no puede descansar en manos de quienes han demostrado un desprecio sistemático hacia la voluntad colectiva y al bienestar común de nuestro país”, agregó.

El llamado de alerta de la Mesa de Diálogo  ha sido endosado hasta el momento por 65 pastores y líderes laicos de las diversas iglesias protestantes y evangélicas en Puerto Rico.  “Invitamos a toda persona que desee endosar esta Alerta a comunicarse con nosotros a nuestro correo electrónico mesadedialogomlk@gmail.com”, expresó Santiago.

Editorial: Que el COVID-19 no nos gane la partida

 

Las autoridades del Gobierno y sanitarias en Puerto Rico tienen que acelerar el paso y tomar las medidas contundentes que impidan que nuestro pueblo pierda la partida contra la pandemia del COVID-19. Durante la última semana, los casos confirmados y probables han sostenido aumentos considerables a través del país. Solo durante las últimas 48 horas, las autoridades sanitarias han tenido que intervenir de emergencia en varios lugares-una hospedería en Culebra, dos hogares de adultos mayores en Carolina, un restaurante de cadena en Barceloneta y otro de comida rápida en Cabo Rojo, y un casino de la zona turística de San Juan- luego de que fueron identificados como fuentes de casos positivos o posibles brotes del virus.

Sería una gran tragedia colectiva que después de los logros alcanzados durante la cuarentena inicial, la pandemia se expanda indiscriminadamente y nos gane la partida. Últimamente, la situación ha tomado un giro preocupante, no solo por el aumento en los casos, sino porque cada vez hay diseminados más brotes a través de todo Puerto Rico. En los dos hogares de personas mayores en Carolina se identificó un brote con 23 casos positivos. También hay un brote aun sin controlar de decenas de personas en Yauco, y una familia de Arecibo, con cinco de sus miembros contagiados, de los cuales dos lamentablemente fallecieron. Además, son alarmantes los datos presentados sobre cómo han crecido los contagios de personas entre las edades de 20 y 30 años, y como la flexibilización de restricciones para el uso de las playas, y la reapertura de barras, cafetines, cines y otros lugares donde las personas se aglomeran han atentado contra las medidas de higiene y distanciamiento social requeridas para mantener la pandemia a raya. Es evidente que, en este momento, hay sectores de la población- y también algunos comerciantes- que necesitan un buen sacudión que les recuerde que este coronavirus puede resultar en una enfermedad seria, con un riesgo potencialmente letal para cualquier persona de cualquier edad.

Pero el aumento de casos confirmados en Puerto Rico no se da en el vacío. Tiene un contexto mundial y un trasfondo colonial. El COVID-19 sigue extendiéndose exponencialmente en el mundo entero y Estados Unidos encabeza la lista de los países más afectados. Para tener una idea de la magnitud de la crisis en Estados Unidos solo bastan unos datos. Al cierre de estas líneas, se contaban 13, 238, 448 casos de COVID-19 en el mundo, de los cuales 3, 479, 483 son de Estados Unidos, mucho más de la tercera parte de todos los casos reportados. En fallecimientos, Estados Unidos también encabeza la lista mundial con 138,247.

Estados Unidos es también el país del que Puerto Rico es una colonia desde hace 122 años, y el cual tiene el control y la autoridad sobre el espacio aéreo, las aguas territoriales, y de reglamentar la entrada y salida de viajeros a nuestro país. Por eso, nuestro mayor punto de vulnerabilidad durante la crisis del COVID-19 ha sido el tráfico aéreo de personas que nos llegan desde Estados Unidos.  Ese tráfico aéreo que se ha mantenido ininterrumpido, y que la gobernadora Wanda Vázquez se proponía incrementar esta semana con la reapertura del turismo internacional,  ha sido ampliamente asociado como un factor fundamental en los casos  y brotes de coronavirus confirmados en nuestro país, según los distintos reportes epidemiológicos sobre dichos brotes. También ha trascendido en días recientes que las pruebas para diagnosticar el coronavirus han comenzado a escasear nuevamente en Puerto Rico, por la alta demanda por las mismas en Estados Unidos, particularmente en el estado de Florida.

Esta es la realidad sobre la cual la Gobernadora de Puerto Rico ha sido advertida por el Secretario de Salud, los epidemiólogos y demás profesionales salubristas que atienden la pandemia. La gran mayoría de nuestro pueblo ha demostrado continuamente su voluntad de cooperar con el gobierno y las autoridades sanitarias para contribuir a superar este desafío. Que se gane o se pierda la partida ante el COVID-19 dependerá, entonces, de la sabiduría y firmeza de las decisiones que se tomen desde La Fortaleza y demás instancias del poder gubernamental.

 

La saga de la Gobernadora

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Las imputaciones en contra de la primera ejecutiva, Wanda Vázquez Garced, de que interfirió para que el Departamento de Justicia (DJ) no completara unos referidos al Panel del Fiscal Especial Independiente (PFEI), que la incluyen a ella y a otras figuras cercanas a su administración, son serias y no deben pasar sin una investigación legislativa.

La situación de escándalo en el gobierno del Partido Nuevo Progresista (PNP) inicia su saga tras darse a conocer la renuncia, el viernes 3 de julio, de la secretaria de Justicia, licenciada Denise Longo Quiñones, a petición de Vázquez Garced. Tras la renuncia, surgieron las revelaciones de los referidos al PFEI. Luego de un fin de semana de denuncias de una contra la otra, la gobernadora alegó en conferencia de prensa el lunes que la razón para pedirle la renuncia a Longo Quiñones fue por su interferencia en una investigación federal en el Departamento de Salud de Puerto Rico (DS) en la cual está implicada Concepción Sánchez de Longo, madre de la exsecretaria del DJ, cuando era subsecretaria del DS.

“El Secretario de Justicia es un puesto de gabinete, de confianza del Gobernador; pero esa confianza jamás puede llegar al punto de que un gobernador abuse de los deberes del cargo para que el secretario de Justicia sea instruido a encubrir u obstruir la justicia”, denunció en entrevista el senador Juan Dalmau Ramírez, quien radicó una resolución para que el Senado investigue la conducta de la gobernadora.

Al destacar la seriedad de la conducta atribuida a la gobernadora y la necesidad de una investigación legislativa, el senador por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) trajo a la atención el precedente en Estados Unidos no solo de la investigación contra el entonces presidente Richard Nixon y su renuncia, sino al propio Donald Trump, que ha sido objeto incluso de investigaciones de residenciamiento por obstrucción a la justicia.

“Se trata del delito de mayor severidad que se le pueda atribuir a un mandatario. En el caso de Puerto Rico, el precedente nefasto es el del Cerro Maravilla, con Carlos Romero Barceló, que no solamente produjo al final las convicciones de agentes de la policía, sino además renuncias y salidas de funcionarios de alto nivel de ese gobierno”, recordó con respecto a los resultados de la investigación que condujo en aquel momento el Senado.

Dalmau insistió en que las imputaciones que se le han hecho a la gobernadora se deben tratar con gran seriedad y que el Senado debe de aprobar la resolución que presentó, RS 1376, para que descargue su obligación constitucional con respecto a su obligación de servir de contrapeso fiscalizador a las acciones del ejecutivo. “Aquí se ha dicho mucho en conferencias de prensa, en entrevistas, comunicados, pero quien tiene la facultad constitucional para investigar las acciones del ejecutivo bajo declaraciones juradas y bajo juramento es la Asamblea Legislativa”.

El Senador hizo la distinción de que el proceso de residenciamiento, que es básicamente la radicación de un pliego acusatorio contra un gobernante, se inicia en la Cámara de Representantes; pero un proceso investigativo sobre las acciones de un mandatario o funcionario público puede ser conducida por cualquiera de las dos cámaras. De realizarse en el Senado, el producto y el informe de la investigación se puede referir a la Cámara para que entonces esta investigue, radique los cargos si lo amerita e inicie un proceso de residenciamiento. En términos constitucionales, el Senado tiene autoridad aun sin estar en sesión —como sucede al presente— de autoconvocarse para evaluar resoluciones internas del cuerpo para una investigación. Dalmau Ramírez recalcó que, de inmediato, el presidente del Senado puede hacer lectura de la resolución, aprobarla y comenzar la investigación.

Le preguntamos a Dalmau Ramírez si consideraba que la postura del presidente de la Cámara, de quien se sabe que es partidario de Pedro Pierluisi, de no pretender llevar a cabo una investigación contra la gobernadora es por entender que la situación perjudica al PNP, independiente de quién sea el candidato a la gobernación, éste reaccionó: “La responsabilidad constitucional de los presidentes de los cuerpos ante esta situación es irrenunciable y si no actúan debido a las presiones de un contexto electoral, entonces el país tendrá que juzgar si está en las manos de las personas adecuadas para dirigir los destinos de un país o si esto se trata de un tápame tú para que te tape yo. Creo que parte de lo que ha pesado en el ánimo de no investigar es que, después de todo, estamos a meses de las elecciones y en el PNP está muy vivo el recuerdo del verano del 19. Estando ahora en el verano del 20, ellos temen estimular una investigación, aunque sea conducente a saber la verdad que necesita saber el pueblo. Prefieren encubrirla para evitar exacerbar los ánimos de un país que está indignado, frustrado y muy volátil a los temas de los abusos que se han cometido”.

CLARIDADtambién le planteó si consideraba que tanto de parte de la Gobernadora como de la ahora exsecretaria hubo falta de juicio, al nombrar esta a Longo Quiñones secretaria del DJ sabiendo que su madre era subsecretaria del Departamento de Salud y que podría asumir el cargo de secretaria en algún momento.

“Por eso es que yo, cuando las he escuchado a ambas públicamente, a la licenciada a Denise Longo Quiñones y a Wanda Vázquez, aun si uno le diera total credibilidad a ambas, eso lo que exige es que con más urgencia se tiene que llevar a cabo la investigación. Razonablemente, uno puede inferir que sea cierto que la Secretaria de Justicia estuviera interviniendo en una investigación donde su madre fuera de alguna manera una testigo o partícipe.También puede inferir que es cierto que Wanda Vázquez, de alguna manera desde Fortaleza, algunos funcionarios quisieron descarrilar unos referidos sobre personas dentro de su administración”.Reparó en que las dos pueden estar diciendo la verdad la una de la otra y observó que toda esta situación se podría estar dando sin conocimiento público si en el PNP no hubiese primarias.

En cuanto a la actuación de la nominada, y rápidamente renunciada  Wandymar Burgos, de requerir que los referidos al PFEI fuesen devueltos al DJ bajo la excusa de que ella tenía que revisarlos y que se trataba de una gestión de transición, el senador del PIP desmintió que esto fuese necesario debido a que el DJ reserva y retiene copia de los informes que refiere al PFEI y porque los tres fiscales que participaron en las investigaciones siguen siendo fiscales en el DJ. “Bastaba que la licenciada Wandymar Burgos pidiera copia de los expedientes y citara a los fiscales para que la pusieran al tanto de los referidos. No había que detener los referidos, por eso es que todavía hay mucho que responder, y que sea bajo juramento una investigación oficial a la luz del sol”.

Al presente, la actuación de la Legislatura, dominada por el PNP, ha sido que el presidente del Senado y exfiscal Thomas Rivera Shazt y el presidente de la Cámara, Carlos Johnny Méndez, se han limitado a solicitar la renuncia de Burgos.

Entrevista a Cruz María Nazario: “El virus tiene formas de controlarse”

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

A juicio de la epidemióloga Cruz María Nazario, aun cuando los datos diarios que mantiene el Departamento de Salud (DS) no reflejan la realidad de la ocurrencia de los contagios debido a que los datos de cada prueba positiva pueden tardar entre unas horas a unos días en llegar al Departamento, estos pueden estar reflejando bastante cercano en tiempo lo que está pasando en la comunidad.

La epidemóloga señaló que el problema con los datos del DS es que lo que se informa en la página son los casos positivos y no se sabe cuántas pruebas se hicieron. Puso por ejemplo el que, si se hicieran mil pruebas moleculares por día y de esas mil cien dieran positivo, se podría entonces decir, que hay un 100% de tasas positivas. “Pero ahora mismo no sabemos si ese por ciento, si ese número, está reflejando la transmisión del virus a nivel de la comunidad o sencillamente está reflejando el número de pruebas que se hace”.Si en su lugar, por ejemplo, se hacen 200 mil pruebas y 100 resultan positivos, esa medida permitiría saber por lo menos cuántas personas positivas de verdad están en la comunidad.

El dato que presenta Salud solamente dice del número de pruebas que se hicieron, cuántas dieron positivo. Eso representa un problema para los que quieren calcular qué está pasando en el país porque nunca se sabe cuántas pruebas se están haciendo.  “Uno escucha que hay gente haciendo miles de pruebas al día, pero ¿dónde están esos datos?  Sería importante conocer cuántas pruebas se están haciendo”, insistió.

Al planteamiento de que solo tienen la prueba aquellas personas que lo hacen de forma voluntaria, aquellos a los que los patronos se lo están pidiendo y los que se sienten enfermos explicó que eso quiere decir que la mayoría de la población no se ha hecho prueba ninguna. Expuso que, por ejemplo, cuando se habla de las pruebas moleculares, los datos que se están dando son solo los que salen positivos. Sobre esos datos se puede  decir que menos de 1 % de la población ha dado positivo: “Menos de un 1 % lo que implica es que podemos tener la transmisión del coronavirus en la comunidad,  ya que la mayoría de las personas que se infectan no tienen síntomas, y entre un 50 a un 80% puede tener síntomas leves, no tener ningún síntoma o desarrollarlos después. Pues, eso es un por ciento bien grande que está en la comunidad”. Censuró que en el país no estamos haciendo lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es hacer pruebas, aislar a las personas que dan   positivo, hacer rastreo y aislar aquellas personas contacto que también dieron positivo.

Nazario agregó que en la Isla las cosas se hicieron al revés. No se hacen pruebas, se pone en cuarentena al país completo, pero no se hacen las pruebas para saber cuánta enfermedad puede haber caminado por nuestras comunidades o en los espacios donde se comparte. Porque la cuarentena no aguanta mucho tiempo y la economía, tampoco, podría haber un repunte de casos, tal y como ha pasado en muchos estados de Estados Unidos.

“Ahora mismo con la apertura, potencialmente vamos a tener un repunte de casos. Yo esperaba tener un repunte de casos después de Las madres.  Yo creo que los datos todavía no están tan claros como para decirnos si hemos tenido un repunte o no. Me parece que

todavía hay un problema gigantesco de que la mayor parte de las pruebas que se están haciendo, de hecho, el 23% de todos los casos positivos, son  por pruebas molecular.  Quiere decir que la mayoría de estos casos que se llaman positivo son pruebas rápidas, que no son pruebas que  dan un diagnóstico; o sea, que en términos de proporción nosotros lo que deberíamos estar viendo es que el 100% de los casos se vean con pruebas moleculares”.

La doctora Nazario reprueba el que se sigan haciendo pruebas rápidas que no se sabe si se hacen por el exceso de compra que en un principio hicieron los municipios, los planes médicos y el DS, y se vean en la necesidad de usarlas. Al momento de nuestra entrevista, el 2 de julio, 25 de los nuevos contagios eran diagnósticos por prueba molecular y 58 eran por pruebas serológicas. Observó que esta no es la información que se debería estar recogiendo durante una pandemia. “Nosotros deberíamos saber qué está pasando realmente en la comunidad para poder atender las necesidades”.

Dado al hecho de que todavía no hay vacuna contra el virus, la epidemióloga indicó que en algunos lugares las condiciones de propagación del virus son beneficiosas para que continúe el contagio. Según explicó, en otros países han hecho lo que tenían que hacer y ya acabaron con el contagio en su comunidad. Si el virus se mata hasta con agua y jabón, quiere decir que el virus no es tan fuerte; pero hay que seguir las recomendaciones correctas para atajar la transmisión. Países que han sido exitosos, como Taiwán, en menos de dos meses tuvieron el pico. Se terminó el contagio a nivel de comunidad, empezaron hacer pruebas moleculares a la gran mayoría de la población y sobre todo a los que estaban en tipos de trabajo de mayor riesgo. Todo aquel que se encontró positivo se puso en cuarentena supervisada en su casa, se hizo un rastreo de la gran mayoría de los contactos de esas personas y se les dio seguimiento. La otra regla que han usado es que todo el mundo tiene que usar mascarilla. Solo se puso en cuarentena a las personas que estaban enfermas, no al país completo.

La doctora Nazario reiteró la necesidad de mirar los ejemplos de los países que son exitosos y no estar mirando a Estados Unidos. La prueba está en que en Estados Unidos al presente los contagiados se cuentan en 2,085,000 y los muertos en 132 mil, con tasas de contagio diario hasta de 54, 969 casos.

“Entonces tenemos que decir que en realidad el virus tiene formas de controlarse, pero los países deben tener las herramientas y la capacidad para poder tomar las decisiones que controlen la entrada del virus al país. Y nosotros no las tenemos porque aquí en Puerto Rico entró el COVID antes de que entrara el barco con los mil pasajeros. Ya en Puerto Rico había COVID; tuvimos dos personas que murieron antes que la señora italiana”.  La doctora Nazario también censuró la conducta del Gobierno, tanto del DS como de la epidemióloga del Estado, de ignorar el potencial de peligro que representaba la pandemia.

 

Ahora, con la reapertura, le preocupa que las recomendaciones sean un poco extrañas. Cuestiona cuál es el servicio esencial que tiene la reapertura de los cines; quién garantiza o supervisa que los restaurantes guarden las medidas de distanciamiento; cuál es la certeza de las autocertificaciones de los patronos  y con cuántas personas cuenta el Gobierno para verificarlas. “Esa falsa idea de que ya todo está bien es la responsable de ese conglomerado de casos que se han visto recientemente”, declaró.

En particular, sobre la recomendación de que se tome la temperatura, dijo que ha estado leyendo que esas pruebas de la temperatura son peores que las pruebas rápidas. Un estudio llevado a cabo en Australia a un grupo de personas que se conocía quiénes eran positivos y quiénes eran negativos, el 90% de los que sí tenía la enfermedad, como no tenían síntomas, no fueron detectados por la prueba del termómetro. Además, puso en duda la preparación de las personas que aplican la prueba, la calidad del instrumento y reiteró que la prueba de temperatura puede fallar por muchas variables.

Ante la reapertura, la doctora Nazario insistió en la necesidad de que las personas continúen observando las medidas de distanciamiento físico a seis pies o más, evitar las aglomeraciones, mantener las medidas de higiene de lavarse las manos frecuentemente y continuar con el imprescindible uso de la mascarilla en todo momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Será Otra Cosa: La biblioteca dispersa 

 

 

(una historia incompleta para bibliófilos)

Por Sofía I. Cardona/Especial para En Rojo

 

 

1.Cuando éramos jóvenes e insaciables

Nos reconocemos de lejos. Miramos los tentadores libros con la misma voracidad asesina. Puede que nos hayan iniciado temprano en la vida, o que haya sido un vicio adquirido por accidentes de nuestra biografía. Las historias varían. Mis preferidas son las de los convertidos, que suelen ser también los más insaciables. Somos capaces de gastar buena parte de nuestros exiguos fondos quincenales en una visita a la librería y hemos salivado en más de una ocasión ante un hermoseado tomo de obras completas que nunca llegamos a adquirir. Algunos de esos libritos los guardamos con orgullo en nuestra biblioteca y cargamos con ellos el resto de nuestra vida.

Se dice de nosotros que no devolvemos el libro que tomamos prestado. Se dice que es más bobo quien devuelve que quien presta. Esto no es siempre cierto. Conozco el caso de una voraz lectora que los devuelve – a veces años después – junto a otro libro obsequiado, para agradecer el préstamo y compensar la ausencia, pero este es un caso raro.

Tenemos un apego físico a estos objetos. Podemos parecer algo extravagantes cuando examinamos un libro. Ahora que nadie nos mira, lo abrimos y lo acercamos a la nariz, aspiramos con los ojos cerrados. Pasamos los dedos suavemente sobre la hoja, sobre el lomo, por el borde del montón de páginas. Suspiramos y entornamos los ojos en éxtasis. Imagínense, el siglo pasado había también “tomos vírgenes”, libros de pliegos doblados que había que abrir con cuchilla. Y los acuchillábamos para rasgar el filo de las hojas. Hasta eso les hacíamos a los pobrecitos libros, siempre entregados a su destino.

En los viajes, comprábamos libros, cargábamos con libros, y en ocasiones había que distribuir el peso para que no nos cobraran tanto más por la maleta. ¿Recuerdan? Luego, al llegar, los acomodábamos con celo en los estantes – si teníamos. A veces estos montones se convertían en un problema, pero no nos importaba, estaban allí, en nuestras manos. Nos mudábamos de casa, de ciudad, de país, cambiábamos de pareja, de familia, de identidad, y seguíamos cargando con nuestros libros como un caracol con su concha.

Seguíamos acumulando y soñábamos con una biblioteca de verdad. Mientras tanto construíamos simulacros de biblioteca con estantes de herramientas, varetas de metal y tablas de madera, ladrillos o bloques de cristal con tablillas de ferretería, libreros trililí de madera comprimida o PVC, hasta que un día teníamos suficiente para construir la soñada biblioteca.

2. La biblioteca soñada

 

Todos nosotros hemos tenido la ilusión de una linda biblioteca. Cuando vemos entrevistas o documentales sobre gente escribiente nos fijamos más en el fondo de las tomas: esos hermosos anaqueles hasta el techo y la escalerita de metal que rueda de un lado a otro, elegantes estanterías nórdicas distribuidas en una amplia pared junto a una ventana iluminada. Ya saben a qué me refiero. Envidiábamos esas bibliotecas y en nuestro fuero interior reconocíamos que jamás tendríamos una tan hermosa y elegante.

Al paso del tiempo, mi esposo y yo, en más de dos décadas de convivencia, teníamos ya muchísimos tomos y soñábamos también con una biblioteca. Asentados ya en nuestros trabajos, en aquellos años previos al IVU, imagínense (no lo sabíamos pero estábamos entonces en nuestras vacas gordas) emprendimos el proyecto. Bien, ya es hora. Nos lo merecemos. Esto coincidió, afortunadamente, con el encuentro de una magnífica ebanista que completó nuestros sueños y ya hace trece años, justo antes de la crisis económica de Lehman Brothers, invertimos en un enorme mueble que cubrió todas las paredes de la sala.

3. Las calamidades

A pocas horas de que pasara el huracán María, resignada a que los vientos arrancaran las ventanas, me despedí de mis libros. Miré las altas paredes, forradas de estanterías que la ebanista había construido diez años antes, y me dije: no pasa nada, podré contar que perdí mi biblioteca en el huracán del diecisiete.

El huracán pasó y nuestra biblioteca quedó intacta, pero – no lo sabíamos entonces – nosotros incubábamos desastres mayores. Dos años después ambos nos enfrentamos al cáncer y las cenizas de uno de los dos descansa hoy en la mesa entre los libros. Mi madre murió poco después y hubo que cerrar también la casa de mis padres. El orden estaba roto en cantitos y la biblioteca empezó a parecer más una carga que les dejaba a mis hijos que un preciado patrimonio.

Ahora debía disponer yo solita de los libros heredados, de los libros propios, de los libros ajenos, de los libros refugiados. Antes de revisar mi biblioteca, me tocaba bregar con la biblioteca de mi padre. Me fui de viaje en febrero y en el tránsito de vuelta ya empezaba la pandemia que desordenó todavía más mi mundo.

Con la pandemia y el encierro les sucedieron dos cosas a los libros: la gente los echó de menos y buscó de ellos en todas sus formas – virtuales y físicas –, y la gente los encontró de más y, como parte de la demencia doméstica del encierro, se puso a hacer resacas y disponer de los que no leían hace tiempo y se iban convirtiendo en un estorbo. No sabemos qué más hacer con estos preciados objetos que hemos aprendido a cuidar – cuidar del sol, del polvo, de la polilla y otros insectos depredadores de papel, del mal uso, la humedad y otras calamidades domésticas. Yo me senté a mirar las paredes atestadas de libros y recordé la otra biblioteca, la que hacía años nadie había tocado. Ya era hora de disponer de ella.

Empecé por conseguir dos latinistas como mi padre, que recibieran los libros clásicos – la mayor parte adquiridos como libros usados – a manera de relevo, para que siguieran su propia historia en manos jóvenes.

  1. La biblioteca de mi padre

Ellos no lo sabían, pero yo los vi venir por el pasillo embozados y lentos, como los paramédicos llegaron aquella noche a recoger el cadáver de mi padre. En esa ocasión, venían por el cascarón de un individuo que ya no estaba allí. Ahora los bibliotecarios se llevarían algo vivo, o al menos yo así lo sentía, según iban bajando libros del anaquel.

La biblioteca había estado imperturbable desde el 2006, cuando el dueño y lector de todos aquellos libros, murió allí mismo una noche de septiembre. Esa biblioteca era para él, entre otras cosas, la marca de una superación. En su casa campesina de principios de siglo pasado no había habido biblioteca, aunque, según me contaba con cierto orgullo que entendí mucho después, llegaba el periódico y alguna revista que el abuelo agricultor leía religiosamente. La madre, me enteré por una prima, había sido maestra en su juventud y hasta había escrito poesía y cartas de noviazgo, papeles perdidos para siempre con su temprana muerte a los treinta años. Supongo que aquellos estantes representaban la conquista de un territorio letrado, un pequeño edificio levantado poco a poco por mi papá desde que se exiló del campo a la ciudad universitaria en 1939.

La biblioteca, cuando llegué al mundo, ya era parte de la casa. Todavía hoy, sin embargo, es completamente inútil para mí. Varios estantes se dedican a lenguas que no domino y algunas apenas distingo: ruso, alemán, francés, latín, griego clásico, esperanto, japonés, italiano, polaco, rumano; o a temas que no llaman mi atención, como historia antigua y religión.

La biblioteca era, desde siempre, su lugar. Llegaba de la universidad y se iba directamente allí y muy tarde en la noche, cuando nosotras ya estábamos acostadas, subía a dormir a su cama. Muy temprano en la mañana se metía entre sus libros, así que lo recuerdo siempre en esa habitación.  Cuando mis padres se mudaron de la casa de siempre a este edificio, yo no estaba cerca, así que no participé de la mudanza ni vi si habían hecho alguna resaca de libros antes de reinstalar los mismos estantes en el nuevo apartamento.

Cada uno de estos libros debe tener una historia. No me refiero a su contenido, ni siquiera a los trabajos de su creación imaginaria o investigativa, ni a los esfuerzos editoriales. Pienso más en el objeto completo, pasando de mano en mano hasta las manos de mi padre, hasta estos polvorientos anaqueles condenados a la dispersión.

5.Los libros olvidados

Según el joven bibliófilo bajaba los tomos del estante mi corazón se aceleraba. ¿A dónde van? ¿A dónde? Las manos nos picaban por el polvo y sudábamos la gota gorda bajo las mascarillas. La escena era inusual, como el levantamiento de un cadáver, o mejor, como la colecta de un montón de semillas exóticas, valiosas solamente para el sabio botánico. La primera vez le pedí que se llevara una sola caja. No tenía valor para ver vacíos los estantes, pero de eso me di cuenta después que se fue y me reproché no haber aprovechado mejor su visita.

Luego vino la profesora de lenguas clásicas. Ella estaba más pendiente de los textos en griego. Fue examinando los libros uno a uno y echándolos en una cajita con cierta pericia de investigadora: este sí, este no, este me sirve, este me interesa, esto es en verso, esto en prosa.

La tercera vez que recibí a los bibliófilos, me apenó menos desprenderme de aquellos libros que, como quiera, nunca habían sido míos. Su lector no volvería a verlos y en manos de aquellos jóvenes emprenderían un nuevo viaje, a saber a dónde. Me gusta pensar que ni ellos saben la ruta.

Entre todos los libros había varios forrados en plástico. Era una clave para su apreciación. Seguramente eran los libros que más manejaba, los que necesitaban más cuidado. Entre ellos saqué para mí uno porque me pareció bonito: el tomo de la “biblioteca portátil del viajero”, Biblioteca Portatile del Viaggiatore, Volume Primo. Dante, Petrarca, Ariosto, Tasso, publicado en Florencia en 1833. En la primera hoja tiene la firma de mi papá, con buen pulso, en tinta oscura. El precio aparece arriba en lápiz con unas anotaciones que apenas se entienden: 450 ¿francos? ¿liras? ¿pesetas? El libro tiene despegado el lomo, pero el resto se conserva maravillosamente. Es de esos tomos de papel suave, de borde dorado, con la tibieza del algodón. Parece vivo. Tiene varios grabados interesantes, la letra pequeña. Sobre la tapa, tiene grabadas dos letras: C. P. Supongo que este libro lo llevaría Carlos, Carola, Cesare o Claudio en sus viajes de siglo XIX. Me lo llevé a casa y lo puse entre los libros de poesía, en buena compañía, para que continuara su viaje.

  1.  No tengo prisa

Me quedan libros por distribuir, pero no tengo prisa. Ya sé que la muerte puede ser algo lento. Los libros no están excluidos de ese ciclo orgánico de principio y final. Lo supimos después del huracán, cuando sin señal ni corriente eléctrica nos acercamos nuevamente a los estantes a alcanzar esos objetos mudos y discretos, y les metimos el diente, con recuperada voracidad. Lo constaté en las resacas del encierro, cuando empecé la dispersión de un tesoro, como un montón de semillas mágicas que el tiempo se encargará de hacer germinar.