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Mirada al País: Saber y hacer

Por  Francisco A. Catalá Oliveras/Especial para CLARIDAD

Muchas personas y organizaciones sociales saben, tanto en el plano individual como en el colectivo, lo que se debe hacer para enfrentar efectivamente diversos retos. Sin embargo, frecuentemente no lo hacen. Quizás temen hacerlo, o no pueden, o no quieren o, a saber por qué extrañas confusiones o en respuesta a qué poderosos intereses, toman caminos tortuosos. Suelen imperar entonces las racionalizaciones, las excusas, los disimulos… Lo peor es que cuando la acción acertada se pospone indefinidamente los problemas se agudizan y llega un momento crítico en que hay que tomar una decisión rápida, de corto plazo, que probablemente no sea la mejor. Descuidar el proceso que hubiera conducido a soluciones de largo plazo o definitivas se paga caro.

Abundan los ejemplos. Continuamente se reseñan en la prensa numerosos problemas así como sus posibles soluciones. Pero nada se hace. Peor aún, se actúa contraviniendo estudios y  recomendaciones. ¿No ha sido este el patrón de conducta en distintos campos, desde el político hasta el económico y ambiental, desde lo que atañe a los abastos de agua hasta lo que tiene que ver con las fuentes de energía? No debe ser poca la frustración de académicos, profesionales y organizaciones de la sociedad civil cuando sienten que están arando en el mar o aullándole a la luna. Por fortuna, la frustración es pasajera y la esperanza duradera. De lo contrario, se apagaría la llama…

En estos días ha ganado titulares la escasez de agua en un país en que ese recurso vital abunda. ¿Desde cuándo no se hace lo que se sabe que se debe hacer? ¿Hace cuánto tiempo se preparó el Plan de Aguas que todavía aguarda por su ejecución? Mientras tanto, se ha ignorado la necesidad de dragar los embalses. Tampoco parece importar el costoso hecho de que se pierde casi el  sesenta por ciento del agua que produce la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA).  La referencia mundial oscila entre el quince y el veinte por ciento. Mucho menos caso se hace a los buenos ejemplos – reciclaje de aguas, mantenimiento infraestructural, aljibes, reúso para recargar acuíferos, etc. – en otros países y ciudades, desde Singapur, Israel, Madrid y Sidney hasta las vecinas Antillas Menores. Ahora, luego de la vergonzosa inacción durante décadas, no hay otra salida que la reducción del consumo o el racionamiento para lidiar con los efectos inmediatos de la sequía, fenómeno que por su naturaleza recurrente no debe tomar por sorpresa a nadie.

Algo similar – probablemente más enredado – sucede con el servicio que presta la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). ¿Cuántas veces se ha acusado su politización, la disfuncionalidad de la estructura administrativa, la ineptitud de la dirección, el rezago tecnológico, la corrupción y la interminable red de contratos dudosos con entidades privadas que la misma cultiva? ¿Qué han resuelto las costosas aves de paso que se han presentado como poco menos que estrellas capaces de solucionarlo todo? ¿Qué ha pasado con las investigaciones de la Asamblea Legislativa?

Originadas en distintas instancias –  académicas, profesionales, cívicas, políticas —  han desfilado ante el pueblo de Puerto Rico numerosas recomendaciones para enfrentar los retos energéticos. Se ha insistido en el tránsito del uso de recursos caros, no renovables, contaminantes y que Puerto Rico no posee, como el petróleo y el gas, hacia el uso  de recursos renovables y que el país tiene en envidiable abundancia, como la energía solar.  Además, se han planteado modelos organizativos de suerte que la AEE pueda liberarse del lastre político y de las prácticas corruptas que la ahogan. También se ha advertido sobre los costos que conllevan las distintas modalidades de privatización, sobre todo cuando prima el interés privado sobre el público y se debilita el cumplimiento con las metas vinculadas al uso de recursos renovables. Todo, hasta la fecha, en vano. No han faltado luces. Ha faltado poder. Los que lo tienen y los que lo han tenido deambulan por otros caminos.

El gobierno ha optado por el antiquísimo acto de, como Pilatos, lavarse las manos y entregarle la administración de la AEE a un consorcio privado (LUMA) para que se ocupe de la distribución. En el terreno de la generación no se anda por mejores caminos. Prevalece la ideología privatizadora.  No se corrige el escandaloso historial de irregularidades sino que se abulta con contratos cada vez menos transparentes y más torcidos. De LUMA lo único que cabe esperar es que cobre  su renta, vele por su tajada de los fondos federales – la gran carnada —  y juegue con métricas engañosas para luego, con sus maletas bien provistas, marcharse.

Valga recordar la experiencia de hace unos veinte años con el concesionario de la AAA. Fue un desastre. Empeoraron tanto los indicadores financieros como operacionales. Al cabo de varios vaivenes el gobierno tuvo que rescindir el contrato. En palabras sencillas: se desperdició dinero y tiempo. Ahora, por el lado de la AAA, se tiene racionamiento y, por el lado de la AEE, oscuros contratos de privatización. ¡Por favor!

Se sabe lo que hay que hacer. Pero no se hace. Los recursos se desperdician haciendo exactamente lo que no se aconseja. En realidad, el error de fondo es confiarles las lechugas a los cabros. El vicio de pedir – lo que parece definir la política pública en este país – erosiona la voluntad de hacer. ¿Cómo esperar que administraciones gubernamentales rojas y azules, tan empecinadamente sumisas y coloniales  y tan claramente comprometidas con intereses privados, actúen de otra forma? Más allá de cualidades personales, ¿no es buena fragua para la corrupción tal actitud política?

El autor es economista.

 

Será Otra Cosas: Palomero

 

Por Rima Brusi/ Especial para En Rojo

 

Hay un hombre cubierto de palomas en la esquina noreste de la Plaza de Armas.

Parece casi un bailarín, o un mimo. Sus movimientos son lentos, sutiles, gráciles, sobre todo las manos: según las vuelve de adentro hacia afuera, o de afuera hacia adentro, así se van moviendo, en pasitos cortos y sentido contrario, las patitas rosadas.

Las ropas del hombre son andrajos. A su lado, en el suelo, hay una lata de café Crema, un receptáculo para que el turista deposite un peso, una peseta, agradeciendo la visión que, espera el hombre, le parecerá entretenida, incluso exótica.

No sé cuándo empezó a popularizarse esta estrategia de recaudo, heredera del limpia-cristales, el carga-bultos y el cuida-carros, pero recuerdo claramente, y con varios sentidos, esa primera vez que la vi. Recuerdo el sol tibio y la brisa que me esmelenó un poco el blower. Recuerdo un olor a café (fuerte) y a alcantarilla (débil).

Recuerdo la música. Porque cerca del hombre andrajoso había dos instrumentos, cada uno con su músico adherido: un saxo y un tambor. Producían una versión delicada y hermosa de En mi Viejo San Juan. En el suelo, a su lado, un sombrero de paja. Una pavita.

Muchos turistas – inconfundibles, ellos,  con sus caras coloradas, sus piernas blancas, sus camisas floreadas, sus cámaras, y en muchos casos, esa manera de caminar que de alguna manera comunica un estilo de movilidad no tanto de visitante como de dominio imperial– miraban al palomero, sí, pero desviando solo el cuello, no los pasos. Es la peor reacción posible: satisfacen su curiosidad pero no le pagan al que les provee esa satisfacción. El maíz y los guisantes que el palomero (y yo misma, cuando niña, y mis hijos, y mis nietos) usa para atraer palomas, para tenerlas cerca de sí, cuestan un par de pesos. Aunque el pan viejo también sirve. Me pregunté qué habría en esas manos: maíz, guisantes secos, pan, galleta, sobras de alimento mendigado, alguna otra cosa.

Columba livia domestica. Las hay en muchas, muchísimas ciudades y pueblos alrededor del mundo y en todos los continentes. Llegaron al  “Nuevo” Mundo desde Europa. Es la misma especie que sirvió de mensajera a través de los siglos. La especie que los ciudadanos urbanos de pocos medios criaban en los techos de los edificios de Nueva York; una de las especies favoritas de Darwin, famoso por los finches pero mucho más apegado, él y su familia, a las palomas. Me imagino que llegaron a nuestras islas con los españoles que mataron a nuestros indios y se comieron nuestra jutías.

Columba livia domestica. Pensé que descendía del rock dove(a quien, a falta de traducción satisfactoria, he bautizado como “paloma de montaña”), pero una colega ornitóloga me ha explicado que son la misma especie. La única diferencia que les veo es que la una es feral, la otra silvestre. Si se encuentran y se “gustan”, pueden hacer pareja y huevitos. No sé si vivirían en la roca de una o en el agujero colonial del otro. Tendrían que escoger, supongo, porque las palomas suelen ser, aparte de la ocasional chillería, monógamas. Escoger entre una identidad  “feral” y una “silvestre”.

¿Feral? ¿Silvestre? “Feral” se refiere a un animal doméstico que revierte a su estatus silvestre original, aunque supongo que nunca vuelve a ser el mismo, porque si así fuera, lo llamaríamos sencillamente “silvestre”. Yo describiría “feral” como un estado liminal, donde el animal depende de la actividad humana para su sustento y supervivencia al tiempo que retiene un grado considerable de libertad.

Claro que nuestras Columbas no son, y nunca fueron, propiamente domésticas. Sus ancestros próximos tal vez, como mensajeras, alimento, o sencillamente enjauladas como canarios.  Nuestras contemporáneas dependen de nosotros solo parcialmente para obtener sustento, y muchas viven en ese curioso edificio que data del mismo tiempo de la cárcel La Princesa y que reproduce los espacios rocosos donde sus parientes silvestres viven y cuidan sus huevos. Les va bien en esa liminalidad, a juzgar por su número, su expansión más allá del parque que lleva su nombre y su gordura.

El tambor y el saxo entonan ahora Verdeluz. Yo cierro los ojos por un momento. Me hace bien esa juntilla de Verdeluz, sol y brisa. Me propongo ir a la atehache más cercana, a buscar efectivo para la lata y el sombrero.

Ante la pichaera de los turistas y sus bolsillos, el palomero le pone más intensidad a la cosa: se pone maíz, o el alimento que lleve, no lo veo bien desde mi banquillo, en la coronilla. Ahora lleva palomas en las manos, el torso, los brazos y la cabeza. Un círculo de palomas rodea sus pies. Un halo perezoso, o confundido.

Y entonces todo cambia.

Los instrumentos (creo¿quiero?) detectar resignación en la mirada de sus músicos) entonan Despacito, de Luis Fonsi, Daddy Yankee, y un poco, (o al menos así lo creen algunos gringos) Justin Bieber.

Algunos turistas, ya más adelantados en su ruta norte, se detienen y regresan. Otros, llegando ahora, tal vez desde el muelle de los sagrados cruceros, se detienen. Algunos hasta aceleran el paso, para alcanzar y participar de la escena. Casi todos se contonean al ritmo de quién sabe qué cosa, supongo que de su interpretación interna de Despacito.El palomero cambia un poco su cadencia, sin perrear, claro, tal vez para no espantar a las palomas, o tal vez para no espantar a los turistas. Músicos, instrumentos, palomero y palomas son ahora un solo acto.

La pavita de los músicos recibe algunas monedas y billetes. La lata del palomero también.

La canción continúa y se extiende con tres coros de bono. Pero, como dice otra canción, todo tiene su final, y Despacito eventualmente fluye y se transforma, con una naturalidad impresionante, en Olas y Arenas.

Los turistas se van alejando, aunque más lentamente. Las palomas también. Se acabó Despacito, se acabó el maíz.

El deambulante de las palomas se va. Los músicos se quedan. Igual esperan, se me ocurre ahora mientras escribo, al otro deambulante bailarín, al que ví unos meses más tarde, al de la iguana.

 

 

El boxeo boricua ha dado candela durante la pandemia

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

El boxeo ha sido uno de los pocos deportes  que ha podido regresar  de manera exitosa durante la pandemia pues actualmente se están realizando combates de la empresa Top Rank todos los martes y jueves por la cadena ESPN. Esto no quiere decir que no haya tenido que enfrentar obstáculos pues por lo menos tres peleas durante las pasadas seis semanas han tenido que ser  pospuestas por positivos al COVID 19, incluyendo la del  boricua José Pedraza quien tuvo que esperar semana y media adicional para su combate cuando el entrenador de su oponente salió positivo al virus pero finalmente pudo pelear y dio una gran demostración el pasado jueves dominando al ex retador mundial estadounidense Mikkel Les Pierre.

Zurdo y Pitufo también impresionaron

Por su parte otros dos  boricuas que  fueron exitosos en su regreso al cuadrilátero fueron los boricuas Orlando “Zurdo de Oro” González y Christopher “Pitufo” Díaz. En  el caso de Zurdo éste enfrentóal peleador más incómodo de su carrera en el ex olímpico ecuatoriano Luis Porozo, Zurdo logróderribarlo en dos ocasiones para vencerlo por decisión unánime. Y aunque el mismo boricua manifestóno estar del todo satisfecho con su actuación, éste se estáposicionando como uno de los mejores prospectos de  la compañía Top Rank y no sería extraño verlo en el panorama de título mundial en las 126 libras para finales del 2021.

Por otra parte la actuación de Pitufo Díaz es una que dejóa mas de uno sorprendido no por que ganara, ya que después de todo era el favorito y se esperaba una guerra frente al estadounidense Jason Sánchez, sino por la manera que lo hizo.

Pitufo demostróunas destrezas boxísticas que no se habían visto temprano en su carrera y pudo boxear a Sánchez y apuntarse una victoria  mucho mas cómoda de lo que se esperaba. Luciótan impresionante que desde ya se habla de la posibilidad de que baje a 122 libras y rete a uno de los campeones mundiales de ese peso, como los mexicanos Rey Vargas o Emmanuel Navarette.

En turno Jayson, Verdejo, Berlanga y Oquendo

Tras no haber acción significativa de boricuas esta semana, a partir de la semana que viene otro grupo de boricuas tendrásu oportunidad, siendo la más importante la oportunidad titular de Jonathan Oquendo frente al campeón OMB de las 130 libras, el estadounidense Jamel Herring, que está pautada de manera tentativa para el jueves 14 de julio, si la pandemia lo permite. Esta serála primera pelea de título mundial en Estados Unidos televisada desde que comenzóla pandemia. Oquendo de 36 años sabe que esta es probablemente su última oportunidad de convertirse en campeónmundial y pese a ser desfavorecido en las apuestas tiene opciones reales de triunfo. Dos días más tarde se espera sea el regreso de Félix Verdejo quien se enfrentará al estadounidense invicto Will Madera. Pese a que Verdejo debe ganar, un traspié frente a Madera podría significar el fin de su relación contractual con Top Rank, quienes de por sí han quedado decepcionados con sus últimas presentaciones en el ring. Mientras que una convincente victoria lo mantendríacon posibilidades de algún momento retar por un campeonato mundial aunque sea mucho más tarde de lo que originalmente se había proyectado. Cinco días más tarde, el  21 de julio se espera un gran combate entre el mexicano Oscar Valdez y el boricua Jayson Vélez, aunque la pelea no es considerada como una eliminatoria al título mundial, básicamente lo es pues no es secreto para nadie que se espera que el  ganador enfrente al campeón mexicano Miguel Berchelt.  También ese mismo día el prospecto boricua del peso mediano radicado en Nueva York Edgar Berlanga, quien tiene 13 victorias con 13 nocáuts en el primer  asalto, se debe enfrentar al estadounidense Eric Moon. Berlanga por su poder devastador se ha convertido en uno de esos peleadores que cada vez que pelea uno tiene que verlo  y si te mueves un minuto para ir al refrigerador te lo pierdes.

Sin duda mientras cada día se ve mas difícil la reanudación de deportes como el béisbol, baloncesto y el tenis de campo, el boxeo boricua está dando de que hablar y tiene una oportunidad de oro de recuperar su sitial perdido en la preferencia televisiva  del público boricua que se ha visto disminuida  en los últimos años,  ojalá lo logren pues eso podría ayudar de manera significativa  las carteleras locales si finalmente el gobierno de deja de arrastrar los pies en el tema de la reanudación del boxeo puertorriqueño.  Estaremos pendientes.

 

 

Trabajar la causa

Por Néstor Rodríguez/Especial para En Rojo

 

A la memoria de don Pedro Molano Morris

 

Con la habitual fruición del especialista, la profesora de arte caribeño Judith Bettelheim me mostró algunas fotografías de su viaje de investigación a Puerto Rico en 1997. Las imágenes eran de “centros” espiritistas ubicados entre Aguirre, Guayama y Arroyo. De esas fotos que me presentaba con impaciencia, me llamó la atención el abigarramiento de objetos que constituían la parafernalia ritual básica de los centros: la mesa con mantel blanco, el envase de cristal lleno de agua, la Biblia, los libros de Allan Kardek, lápiz, papel, incienso, velas, Agua de Florida, tabaco. Junto a la mesa hay un altar integrado por figuras de yeso en forma de indios norteamericanos; santos, vírgenes, rostros árabes, Buda, Cristo. Todo está adornado cuidadosamente con plumas coloridas, collares de cuentas y flores.

Bettelheim se explayó en explicaciones eruditas de la simbología de cada objeto, pero lo que más me atrajo de todo cuanto dijo fue una peregrina alusión al carácter transformador de esta doctrina que muy pocos entienden como lo que es en realidad: una religión, como el catolicismo, la santería o el vudú.

El espiritismo, tal y como es practicado hoy en día por puertorriqueños desparramados dentro y fuera de la geografía de la isla, se instala en el ámbito de la vivencia diaria para proveer a sus practicantes de un sentido de comunidad ajeno a interpretaciones normalizadas de cómo entender eso que tan gratuitamente denominamos “lo puertorriqueño”. Y es que para muchos el espiritismo funciona como una forma de utopía política, es decir, un espacio religioso desde el cual se imaginan otros modos de asumir esa escurridiza y polivalente identidad de pueblo.

En términos amplios, el espiritismo implica la certidumbre de una existencia que va más allá de lo corpóreo y la posibilidad del individuo de experimentar esa realidad ulterior por medio de la comunicación directa con aparecidos. Para alcanzar esa deseada comunicación se necesita la ayuda de un intermediario o médium que posea “facultades”.

Como todas las religiones del Caribe, el espiritismo es esencialmente sincrético. En el caso del practicado actualmente en Puerto Rico, implica la correspondencia entre elementos de la santería y el espiritismo científico, kardesiano o de “mesa blanca”. Este último deriva de una doctrina de origen europeo establecida en el siglo 19 y que tuvo su desarrollo más significativo en Francia con el pensamiento de Allan Kardek.

La doctrina establecida por Kardek contó con numerosos adeptos y su huella puede verse en la obra de autores como Henry y William James, Pessoa, Rimbaud y Galdós. En el contexto de la literatura puertorriqueña se evidencia en el Alejandro Tapia y Rivera de Póstumo el transmigrado. De hecho, para finales del siglo 19 el espiritismo se había fundido con la masonería para convertirse en un fenómemo pancaribeño directamente vinculado al ideal separatista.

La independencia dominicana fue el resultado directo de conspiraciones fraguadas en el seno de las logias masónicas. Lo mismo acaeció en Cuba, donde ya desde el inicio de la primera revolución criolla: el Grito de Yara de 1868, la masonería y el espiritismo científico apuntalaban el espacio de la sedición. El Puerto Rico del siglo 19 da cuenta de esta corriente político-religiosa subversiva que imperaba en el resto del Caribe, sin embargo, esta es una parcela de la historia insular poco atendida por la investigación erudita.

El otro componente que vertebra el espiritismo puertorriqueño de hoy es la santería, religión afincada en Cuba y que se extiende por el ámbito caribeño y norteamericano con las oleadas migratorias posteriores al 1959. Con la llegada de la santería a Puerto Rico el espiritismo comenzó a identificarse con las clases populares, provocando que el espiritismo en su vertiente ortodoxa se convirtiera en la religión de una minoría caracterizada por su alta posición económica.

La tensión entre estas formas de religiosidad es tal que los practicantes del espiritismo científico procuran diferenciarse a toda costa de quienes practican formas más sincréticas de esta religión. Así lo confirma la siguiente cita de Néstor Rodríguez Escudero, autor de Historia del Espiritismo en Puerto Rico: “El verdadero Espiritismo, esa filosofía fundada por Allan Kardek… ha sido encarnecida por tanto embaucador, tantos impostores han alegado ser espiritistas, tantos ignorantes se han preciado de conocer sus ideas que se ha desacreditado en gran medida”.

Estos “impostores” e “ignorantes” a los que alude Rodríguez Escudero son los practicantes del espiritismo que combina la santería con la doctrina kardesiana y el catolicismo. Es claro que lo que incomoda a Rodríguez Escudero son los elementos raciales y de clase social que entran en juego en el espiritismo de hoy, elementos que subrayan el carácter aperturista de esta religión. El exabrupto de Rodríguez Escudero también puede ser interpretado como una reacción a la importancia que el espiritismo ha adquirido en las últimas tres décadas no solo en la isla, sino entre los puertorriqueños de la diáspora.

Dos influyentes investigaciones provenientes del campo de la psiquiatría en la década del 70 (Allan Harwood, 1977; José Morales-Dorta, 1976) han demostrado cómo el espiritismo contribuye al afianzamiento de los lazos comunitarios y nacionales entre los puertorriqueños de la diáspora. Esta capacidad cohesiva del espiritismo parece basarse en su efecto positivo en cuanto a la constitución de la subjetividad individual, específicamente en la manera en que las personas lidian con los problemas de la vida cotidiana y los procesos de toma de decisiones.

A este respecto, “trabajar la causa” bien podría entenderse como una de las múltiples formas de “la brega” en la acepción política que Arcadio Díaz Quiñones le confiere al término, esto es, como “negociación -acción- espiritual o social”. Solo partiendo de esta interpretación política del espiritismo se puede comprender su dimensión restauradora en la cotidianidad de los puertorriqueños que encuentran en esta fe un marco de referencia con el cual hacer frente a los dilemas de una identidad social fracturada.

 

 

Pueblos indígenas, iglesias y misión

 

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En este tiempo de pandemia, en toda América Latina, los pueblos indígenas son de las categorías sociales más afligidas por la enfermedad y sus consecuencias. En Brasil, la taja de contagio por el Coronavirus en las comunidades indígenas llega a ser 84% más alta de la media nacional. Esas muertes son consecuencia del virus, pero también del racismo y de la indiferencia del gobierno y de la sociedad dominante frente a la realidad de los pueblos originarios. Por eso, muchos se preguntan sobre lo que las Iglesias, principalmente la Iglesia Católica están haciendo en defensa de la vida y para salvar esas comunidades amenazadas en su sobrevivencia.

De hecho, desde casi 50 años, en todo continente, en algunos sectores de la Iglesia (infelizmente no en todos), la misión con los  pueblos originarios asumió la propuesta de diálogo respetuoso, solidaridad con sus luchas por justicia y valoración de las culturas y tradiciones. Eso cambió profundamente el espíritu de la misión tradicional que legitimaba la conquista. Desde los primeros tiempos de la colonia, algunos misioneros, mismo incomprendidos por la jerarquía y perseguidos por el imperio, insistían: la misión cristiana no puede estar vinculada a la  colonización. Ahora y, principalmente, desde el Sínodo de los Obispos para la Amazonia, el papa Francisco y buena parte de la Iglesia han confirmado este modelo de misión como inserción amorosa, diálogo y reconocimiento de la presencia divina en todas las religiones y culturas.

En América Latina, el 17 de julio se recuerda la muerte de la figura más conocida que defendió estas posiciones. Fue Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas, en el sur de México. El defendió la dignidad de los indios contra el sistema de colonización y esclavitud. Venido de España a América en 1530, como propietario de tierras y de indios, cuando vio el sufrimiento de las comunidades originarias, se convirtió en misionero para luchar contra la esclavitud. Defendió la dignidad de los indios y enseñó: en los cuerpos de los indios esclavizados, es el mismo Jesucristo que es explotado por aquellos que se llaman cristianos.

Hasta hoy, en los proyectos misioneros de las Iglesias, sigue existiendo el riesgo de cierto colonialismo cultural. En diálogo con los indios, en Puerto Maldonado, en la Amazonia peruana, en enero de 2018, el papa Francisco pidió a los jefes indígenas que lo ayudaran a formar una Iglesia con rostro amazónico y indio. Que el Espíritu presente en las tradiciones espirituales de los pueblos, la urgencia de una Ecología integral y que la memoria de Bartolomé de las Casas nos ayuden en este camino.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.