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Será Otra Cosa: Minusculatura

 Especial para En Rojo

Cuando me volví diminuta y los granos de brea fueron peñones que apenas podía sortear, lo vi todo por primera vez. Tan y tan grande. Tan y tan más. Tan y tan profesional.

La desproporción entre mis facultades y la dureza de lo real se había tornado, así, más dramática que nunca. Entonces, se me exigió la misión.

La magnitud de su urgencia me impuso la carrera. Llegué sin aire, desaforada, destrozada a golpes a causa de la proximidad entre mi cuerpecito y el suelo. No sé si el campanario que precisaba mover era el de la catedral, el de la fortaleza o el de la rectoría. (Las direcciones que me dieron tenían serios problemas de redacción.)

Empujé y empujé y empujé. Volví a empujar. Y otra vez.

Nada.

Otra vez.

Nada de nada.

Entonces opté por volcarme a la consigna.

—“Minúsculos del mundo, ¡uníos!”

Grité a boca de jarro. Volví a gritar. Y otra vez.

Nada.

Otra vez.

Nada de nada.

Ya al borde de un ataque de muerte, con mi misión incumplida, arribaron. Vinieron quienes pude ver y quienes no. Un ejército de minúsculos empujaba al pie de aquel campanario. Había que moverlo a como diera lugar. Tan inmensa elegancia, tan grandiosa tradición, tan excelsa sabiduría terminaría aplastándonos, de otra manera.

Salud

Si algo estaba vivo, vivísimo, era el virus, desplazándose en silencio y ¡zas! Sus síntomas podían ser todos y ninguno: los cuerpos comunicando enfermiza novedad por medio de sana repetición. Como es evidente, aún existía la palabra “vida.” Y, por si fuera poco, le endilgábamos adjetivos extravagantes, como “normal” o “cotidiana.”

El tiempo tenía entonces gracia felina. Nadie escuchaba su paso. Nos engañábamos pensando que el encierro era inmóvil. Aunque nada de lo que nos acontecía nos acercaba, la catástrofe, por primera vez, era compartida, o casi.

Sin ponernos exactamente de acuerdo, nosotras acabamos organizando los días, mitad caminando, mitad llorando. Preferimos así no reinventarnos. Nos negamos a aprender nuevos trucos. Los emprendedores insistieron, y cuánto, en nuestra capacidad productiva. Pero ni siquiera nos interesamos por la reproductiva, a no ser que fuera la de nuestra –ante sus ojos– inútil rutina.

En el movimiento de cuerpos aguados de sí, países desconocidos se nos volvieron posibles, nos hicimos compañeras de los animales y los interiores se nos ensancharon. Al fin y al cabo, nosotras no hicimos más que imitar la treta del amenazador, trocando el fulgor de sus efectos y el lenguaje de sus objetos. Nuestra salud fue la delirante repetición que responde al nombre de Amor.

“Eddie Ferraioli: entre haikus y mosaikus”

Especial para En Rojo

“Son mis Mosaikus

caricias mañaneras

para el alma.”

El 2020, fue un año muy difícil para toda la humanidad. Ya es sabido que, en Puerto Rico, inició con un terremoto, y a partir del mes de marzo, nos sorprendió una pandemia llamada COVID-19, que nos confinó a nuestros hogares y tuvimos que adaptarnos a distanciarnos físicamente de los seres amados. Sin embargo, a mí, ese confinamiento me motivó a escribir varios microcuentos donde pude expresar lo que sentía:

Alas rotas

El coronavirus me cortó las alas, me obligó a encerrarme solo por un tiempo.

Como profesora universitaria, dejé de impartir clases presenciales el jueves, 12 de marzo de 2020, y me vi en la obligación de tomar talleres, para aprender a usar la plataforma de la universidad, para así culminar el semestre académico. Por arte de magia, la Universidad de Puerto Rico, trató de convertir a sus docentes, en facilitadores de cursos a distancia. Por medio de certificaciones, nos enseñaron dizque a construir ambientes virtuales de aprendizaje, para cursos en línea, sin contar con que, en este bendito país, no todos tenemos acceso al uso de una red de internet estable. No niego que la tecnología en el siglo XXI es imprescindible, pero en este planeta llamado tierra, también existimos personas que preferimos leer un libro en papel y no por Kindle. Además, soy de la vieja escuela de profesores de Estudios Hispánicos, a quienes le apasiona dictar sus clases mirando a los ojos a sus estudiantes.

Confieso que el proceso fue muy duro, y la presión diaria, porque los famosos módulos empezaron en septiembre y terminaron en el mes de diciembre. En varias ocasiones en los foros, discrepé de los docentes que impartían los cursos, de forma asincrónica, porque no eran preparados pensando en mis estudiantes de nuevo ingreso. Como muchos, ansiaba que terminara este año de tantas vivencias, pero jamás imaginaba, que antes de finalizarlo, recibiría una noticia muy dolorosa. El 31 de diciembre de 2020, no despedí el año como acostumbro y no fue por la pandemia. Aunque quería escuchar las tradicionales campanadas con alegría, mi corazón se ensombrecía, por una situación personal para la que no estaba preparada. Sin embargo, el 8 enero de 2021, por causalidad (no creo en casualidades) mi hermana que es periodista de Primera Hora me prestó un libro de su amigo el famoso artista del cristal, Eddie Ferraioli. Me sorprendió el texto, primero porque es de haikus, y a mí me encanta esta hermosa y sutil expresión poética japonesa. Es sabido que el haiku, se compone de tres versos: el primero y el tercero de cinco sílabas y el segundo de siete. Mi sorpresa consistía en que conocía la faceta de Ferraioli como experto en el arte del mosaico, del cristal, de la orfebrería, pero desconocía que había publicado un libro de haikus.

Escribir un haiku es como tomar una foto instantánea, así se lo explico a mis estudiantes, porque esa foto capta un breve instante. Ese 8 de enero de 2021, comencé a leer Mosaikus: palabras de cristal publicado en el 2013. El formato del libro es de tamaño pequeño, aproximadamente de 6”x 6”. No obstante, los haikus que lo conforman, divididos temáticamente en: mosaikus a la naturaleza, al amor, honor, reflexión y a la conciencia, para mí, fueron molinos de viento gigantes que, con sus anchas aspas, le han dado un sentido más espiritual a mi vida, en este inicio del año chino del buey de metal donde, según el horóscopo chino, tengo que amarme más. En los haikus del mes de septiembre sobre el honor me encontré con el #252 donde el poeta manifiesta: “Muchos gigantes/ nublaron mi cordura, / eran molinos.” Sin saberlo, Ferraioli y yo, estábamos conectados en la misma línea quijotesca, viendo gigantes cuando eran molinos de viento.

La obra de la portada y las que están dentro del texto, son creaciones del autor. En la portada hay un mosaico de tonos alegres, donde predominan el verde y el azul. Los que me conocen saben que el verde es uno de mis colores favoritos. Cuando abrimos el texto, encontramos el primer haiku: “Soy de dos mares/la verdad, la belleza/ambos me nutren.” En un correo electrónico, el autor me explicó que escribió sus haikus en tres semanas que se pasó en España en Los Picos de Europa. Me confesó que: “no tuvo que trabajarlos porque fue una hemorragia creativa, un derroche de palabras que fluyeron en el momento preciso en el ambiente perfecto.” Sus palabras calaron profundamente en mi corazón, porque sus mosaikus me llegaron en el momento preciso en que necesito encontrar mi paz espiritual. Hoy, 13 de enero de 2021, mientras redacto este ensayo de crítica literaria o esta reflexión sobre sus mosaikus, me llevé una grata sorpresa, el mejor regalo que podía recibir en el 2021. En ese momento estaba leyendo el haiku #283 que dice: “Nublados ojos/ de grisácea extensión/ llueve mi dolor” resulta increíble cómo una simple llamada telefónica hace que mis ojos nublados lloren, pero esta vez de alegría. Entonces me inspiré y escribí: “Mis ojos verdes/ lloran de alegría/me siento feliz”

Desde el título, puede observarse el juego de palabras donde se combinan acordemente los términos mosaico y haiku. Otro detalle que me atrapó rápidamente es que el texto, al mismo tiempo, es un calendario donde Eddie divide sus haikus según los meses del año. Por supuesto, busqué el mes de julio y quedé maravillada porque esos haikus están dedicados al tema del amor y son muy sensuales: “Es el corazón/el que lo filtra todo/menos el amor” (haiku #188); “Tu nombre llueve/sobre mi riachuelo/y me desbordas” (haiku #191); “Tus dulces labios/son panal de abejas/delirio de miel” (haiku #195).

Cabe recordar que en un principio este tipo de poesía era una forma de expresión contemplativa de la naturaleza. Precisamente, el leitmotiv de los meses que van de enero a junio, están dedicados a este tema. En el haiku del 1ero de enero, el poeta escribe: “La tierna rosa/tras su suave aroma, /tantas espinas” logrando captar, la dualidad inherente de esta hermosa flor, cuyo aroma es un bálsamo embriagador, pero al mismo tiempo, sus espinas pueden llegar a ser punzantes y hasta desgarradoras. Ferraioli, sencillamente logró plasmar a nivel del lenguaje sensorial, lo sublime y doloroso que encierra una flor tan delicada como son las rosas. Mientras más leía, quería compartir estos poemas con mis alumnos de este semestre. Entonces, tuve que hacerme de valor para escribirle un correo al artista, a quien no veía desde una exposición que hizo en el Museo de Arte de Ponce. ¡Ha llovido mucho! No sabía cómo abordarlo para pedirle autorización y así poder fotocopiar su libro. Pero, como siempre, me encontré con un ser humano sencillo, noble y desprendido que me dijo que podía usar todos los haikus que quisiera. El 26 de enero de 2021, día en que mi hermana Nydia Bauzá cumplía años, estaba explicándole a los estudiantes que íbamos a leer haikus del libro Mosaikus: Palabras de cristal. Su reacción, después de escuchar el mosaiku # 26, que dice: “En aleteo/de pétalos añiles/vuela el iris” fue inesperada. Los estudiantes me pedían que le leyera su haiku y me preguntaban dónde puedo comprar ese hermoso libro.

El texto abre con una introducción escrita por el propio autor, con fecha del 21 de agosto de 2013. Comienza con un mosaiku retrospectivo que dice: “Llueve memoria/mis más tiernos recuerdos/beben su néctar” allí cuenta cómo, para la década de los ’80, le surgió el entusiasmo por este tipo de poema. Mientras él y su esposa Mari estaban de viaje por España, el tío de un amigo hacedor de haikus, le recomendó visitar el Hotel del Oso, en los Picos de Europa en Cantabria. Los que hemos estado en esa región sabemos de sus imponentes paisajes. Y fue allí que de pronto nació: “Una avalancha de poemas – que habían comenzado a formarse sin yo saberlo treinta años atrás, cuando por primera vez puse los pies en Los Picos de Europa – de alguna manera fueron tomando forma sobre el papel.” El poeta emocionado y extasiado con la naturaleza añade: “Durante tres semanas me sentí impelido arrastrado por aquella cautivadora naturaleza que me invitaba a caminar por sus veredas y a observar su majestuosa cordillera hasta quedar inmerso en ella…”

La poeta Elsa Tió “ferviente defensora de la cultura puertorriqueña y de la lengua española” escribió un excelente prólogo, que sirve de entremés para el manjar poético que vamos a degustar. Sobre el autor comenta: “Es imposible separar al poeta del artista porque sus manos y mente las mueven un mismo sentimiento, una misma visión. Sus versos están incrustados en su alma, como el cristal en sus mosaicos; ambos nos irradian luz.” Sucede que el artista del mosaico no puede separarse del artista que crea haikus, por medio del poder de la palabra. Me sumergí en la lectura de estos breves poemas que nos invitan a reflexionar sobre el mundo que nos rodea y las posturas de grandes hombres que filosofaron sobre el existir. Los haikus del mes de septiembre según Eddie Ferraioli: “…reconocen a algunos de los muchos Maestros cuya trayectoria me ha inspirado al enfrentarme al camino de la vida. Posado sobre sus hombros es como único puedo ver el horizonte del pasado, del presente y del futuro.” Es así como encontramos haikus dedicados a Federico García Lorca, Fran Kafka, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Cervantes, José de Diego, Pablo Neruda, Miguel Ángel, Pablo Picasso, Edvard Munch, Saint Exupéry, Emily Brontë, Krihnamurti y muchos más. Como profesora de literatura, estos mosaikus me encantaron porque invitan al lector a un juego lúdico para descubrir a quién se los dedica: “Llamas de dolor/el cielo se derrite, arde el grito.”

Aunque suene a cliché, este libro Mosaikus: palabras de cristal de Eddie Ferraioli, ha sido un remanso de paz ante tanta angustia, dolor, tristeza y frustración. Hay momentos en que la vida duele; en que el país duele, cuando observamos en las noticias imágenes de turistas, que vienen a pisotear nuestra tierra y Eddie Ferraioli lo manifiesta: “Nunca he visto/un árbol de rodillas/a un pueblo sí.” ¿Y qué hacemos? virar la cara, grabar y subir en Facebook la imagen denigrante donde nos faltan el respeto. Pero Ferraioli, con su libro mágico, nos invita a no resignarnos porque: “La resignación/es la alternativa/de un perdedor.” Sus haikus me han devuelto la esperanza, ya que: “De nada sirven/los benditos talentos/sin disciplina” y es por eso, que compartiré con mis estudiantes este exquisito manjar, para que aprendan que, para lograr sus metas, deben ser disciplinados.

Ser profesora en el siglo XXI no es tarea fácil. Dictar cursos apoyados por tecnologías, donde los estudiantes no prenden las cámaras, es mucho peor. Uno siente que le habla a seres inexistentes; que me encuentro en un soliloquio, donde soy la única que escucha lo que digo. Pero, aunque no soy poeta y sé que es un atrevimiento de mi parte, quise manifestar lo que siento:“Me duelen mucho/no tienen intereses/podré salvarlos.”

La autora  es Catedrática de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ponce. Dicta clases en el Departamento de Español. Crítica literaria, ensayista y cuentista. Miembro de la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico. Ha publicado artículos en 80 grados, CLARIDAD/En  Rojo y en revistas académicas nacionales e internacionales.

La Guerra de la Restauración en República Dominicana: entre discursos de identidad y solidaridad

La memoria intenta preservar el pasado sólo para que le sea útil al presente y a los tiempos venideros. Procuremos que la memoria colectiva sirva para la liberación de los hombres y no para su sometimiento.

Jacques Le Goff

La escritura de la historia es necesaria para mantener la existencia de la memoria colectiva. Es por ello que entendemos que la historiografía es mucho más que escritura, obras históricas y sus autores. Hay algo más en ese espacio creado por los estudiosos de la historia. ¿Qué símbolos y significados quedan manifestados? Una mirada a la historiografía sobre el Caribe es un buen ejemplo de ello. A través de la literatura histórica caribeña nos adentramos a discursos de identidad, libertad y solidaridad. Y sí profundizamos en ello es que, en efecto, el despotismo la opresión, y la discriminación han sido parte también del mismo discurso.

¿Qué nos dice la historiografía acerca de la Guerra de la Restauración en República Dominicana? Precisamente esta semana se cumplen 160 años del suceso que la provocó. Fue en el 1861, un 18 de marzo, cuando tuvo lugar la reincorporación del país caribeño a España, por iniciativa del general Pedro Santana. Luego de esta anexión es que inicia la Guerra de la Restauración en el 1863. Esta revolución se extiende hasta el 1865 y la podemos describir como una de “origen popular” –hombres y mujeres con menos recursos económicos fueron protagonistas en este acontecimiento– y en la que se desarrolló un “lenguaje singular”.

Para algunos historiadores, en la Guerra de la Restauración del pueblo dominicano es que se encuentra la independencia real de la nación y la movilización de todo un pueblo que se resistía a volver a la opresión del antiguo amo imperial. El historiador Roberto Cassá sostiene que “la principal diferencia entre la Restauración y la Independencia nacional es la intervención del pueblo como sujeto activo. Además, que el rompimiento se da con respecto a España”. La participación del pueblo le dio un significado distinto a este acontecimiento; y, sin duda alguna, romper una vez más los vínculos con el antiguo opresor fue un acontecimiento memorable. No obstante, no podemos soslayar que los dominicanos de la época también tenían presente en su memoria el imaginario de un gobierno haitiano injusto. El historiador Moya Pons le sigue el rastro a la relación entre haitianos y dominicanos, y nos lleva hasta la presidencia de Jean Pièrre Boyer, iniciada en el 1818. Bajo el mandato de Boyer es que Haití invade a Santo Domingo en el año de 1822; una ocupación que duraría hasta el 1844.

En lo que a la Guerra de la Restauración se refiere, para Juan Bosch, fue el acontecimiento más sobresaliente de la historia de la nación, a la vez que subraya el desconocimiento de este suceso entre los mismos dominicanos. Según Bosch, “se desconoce el esfuerzo colectivo gigantesco, heroico y las hazañas militares que libraron los hombres y mujeres que participaron en ella”. La incursión del pueblo en el escenario revolucionario es hartamente significativa, puesto que permitió el desarrollo de un “lenguaje de resistencia” y de “solidaridad” en el Caribe. El concepto de “lenguaje de resistencia” es utilizado por la historiadora Anne Eller en su investigación, y a través del “escenario de este lenguaje” que ella relata, nos permite conocer personajes y episodios específicos de la Guerra de la Restauración dominicana. En el artículo “Las ramas del árbol de la libertad: La Guerra de la Restauración en la República Dominicana y Haití” (2015), su autora –Anne Eller– relata la existencia de un hombre, conocido con el nombre de Manuel de Frías –quien era de “cierta edad” y jornalero de la ganadería– y destaca el hecho de que es por medio de este personaje que se esparce el “rumor” del restablecimiento de la esclavitud y como, eventualmente, esto desencadenó una serie de sucesos que redundarían en el “efecto revolucionario”. También Eller pone de relieve el rol protagónico de las mujeres dominicanas en este escenario de guerra. En palabras de Eller, “las declaraciones de múltiples juicios revelan que a menudo eran mujeres quienes difundían las noticias de la próxima insurrección; iban de casa en casa […] llamando a sus vecinos a huir al campo”.

La imagen de un pueblo con un rol protagónico en la guerra ha permeado en los discursos de varios historiadores, escenario que ha promovido, a su vez, el desarrollo de relatos dirigidos a la presencia evidente de una identidad propiamente dominicana. Otras interpretaciones que nos interesa poner de relieve son las de los historiadores Emilio Cordero Michel y Francisco Antonio Avelino. El primero se refiere a este suceso como “un verdadero proceso revolucionario de origen popular que marcadamente reunió objetivos de liberación nacional, sociales y raciales en la más hermosa gesta del siglo XIX”. Por su parte, Antonio Avelino argumenta que: “la Guerra de la Restauración fue el inicio del final procesal de la concepción colectiva de la identidad nacional como llegaron a sentirla e imaginaron su onticidad los dominicanos de la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX”.

Más allá del significado que tenga esta Guerra en el territorio dominicano y haitiano mismo, también se ha destacado en la historiografía la importancia de la misma en las islas de Cuba y Puerto Rico. Tanto Emilio Cordero Michel como Francisco Antonio Avelino argumentaron al respecto. Según Antonio Avelino, “la Guerra de la Restauración fue el incentivo psicológico y el modelo de estrategia militar de la guerra de la independencia de Cuba. […] Los puertorriqueños también iniciaron en Lares su primer movimiento independentista”; y, en esa misma línea argumentativa, Cordero Michel arguye que “sirvió de ejemplo a los pueblos colonizados de Cuba y Puerto Rico, en especial al primero, que inició su guerra de independencia en 1868 usando las tácticas restauradoras”. Por su parte, también Anne Eller expresa la “importancia antillana de la época”. En lo que concierne a Cuba y Puerto Rico, la historiadora resalta que, tres años después, la rebelión llegaría a estos territorios que todavía eran colonia de España; y, además, hace mención del origen de la “bandera rebelde” de Lares que, según ella, fue diseñada por el líder dominicano Gregorio Luperón.

Las ideas relacionadas a una unión de las Antillas se encuentran documentada en una parte de la historiografía caribeña. Betances y Hostos se expresaron en torno a este ideario. En lo que a ello respecta, el historiador Cordero Michel propone que este panantillanismo, o plan de la confederación, surge en enero de 1864 de los hombres de la Restauración –entre los que menciona a Pedro Francisco Bonó, Ulises Francisco Espaillat, Gregorio Luperón, y otros–, quienes fueron los que “lanzaron la idea de la unidad insular dominico-haitiana, primero, y de las Antillas, después”.

Por último, en lo que concierne a la idea de unión de las Antillas, entendemos que fue medular en los discursos que se fueron desarrollando en el período de la Guerra Restauradora. A nuestro juicio, el tema del plan de confederación para las Antillas ha sido “metódicamente” trabajado por los historiadores que hemos estudiado. El asunto de que si surge de algún punto en específico del Caribe es, quizá, de escasa relevancia aquí. No obstante, queremos traer al panorama, ya en las postrimerías de este escrito, que estudiosos de la escritura histórica y literaria de Puerto Rico y el Caribe han observado ideas de la confederación antillana, en La peregrinación de Bayoán de Hostos; una obra que se publicó en la Metrópoli en el año 1863, lo que coincide con el año en que estalla la Guerra de la Restauración, y en ella se hace alusión del suceso: “tú también me entristeces, ciudad funesta a América. El tiempo castiga los crímenes que el hombre olvida, y tú estás Santo Domingo, castigada por el tiempo”.

Nuestro escrito es apenas el inicio de una investigación en torno al tema de los discursos de identidad, solidaridad y libertad en el Caribe. Todavía nos queda mucho por investigar. Sin embargo, estos “primeros pasos” nos han permitido acercarnos a una memoria colectiva propiamente caribeña. La Guerra de la Restauración es precisamente eso. Estamos hablando que trasciende al territorio dominicano y une a otros países de la región. Puerto Rico es parte de esas memorias. Esperamos que “la memoria colectiva caribeña” –los discursos de identidad, solidaridad y libertad– permanezcan en el alma de nuestro pueblo, y algún día “procuremos”, como nación, estar alineados al pensamiento de Jacques Le Goff que compartimos al inicio del presente artículo.

Bibliografía:

Acevedo Marrero, Ramón Luis. Antología crítica de la literatura puertorriqueña. San Juan, Puerto Rico: Editorial Cultural, 2007.

Avelino, Francisco A. “Reflexiones sobre la Guerra de la Restauración”, Clío, Año 70. No. 164. Santo Domingo, junio-diciembre 2002. 

Bedia Pulido, José Antonio. Hostos y Martí: Antillanismo Liberador. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos, 2013.

Bosch, Juan. Guerra de la Restauración. Santo Domingo, República Dominicana: Secretaría de Formación Política, 1996.

Cassá, Roberto. Historia social y económica de la República Dominicana, Tomo I. Santo Domingo, República Dominicana, 2003.

Cordero Michel, Emilio. “Características de la Guerra Restauradora, 1863-1865”. Clío, Año 70. No. 164. Santo Domingo, junio-diciembre 2002.

________________. “República Dominicana, cuna del antillanismo”, Clío, Año 71. No. 165. Santo Domingo, enero-junio 2003.

Córdova Iturregui, Félix. “Bayoán frente a Madrid: Reflexiones sobre La Peregrinación”. Memoria: Simposio Pertinencia del Pensamiento de Eugenio María de Hostos en el siglo XXI. Río Piedras, Puerto Rico: Publicaciones Gaviota, 2011.

Eller, Anne. “Las ramas del Árbol de la Libertad: la Guerra de la Restauración en la República Dominicana y Haití”. Caribbean Studies. Vol. 43, No. 1 (enero - junio 2015).

Hoetink, Harry. El pueblo dominicano, 1850-1900: apuntes para su sociología histórica. Santiago, República Dominicana: Universidad Católica Madre y Maestra, 1985.

Hostos y Bonilla, Eugenio María de. La peregrinación de Bayoán. San Juan, Puerto Rico: Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2001.

Moya Pons, Frank. Historia del Caribe: Azúcar y plantaciones en el mundo atlántico. Tercera edición en español. Santo Domingo, República Dominicana: Editora Búho y Librería La Trinitaria, 2017.

San Miguel, Pedro L. La isla imaginada: Historia, identidad y utopía en La Española. Segunda edición revisada. San Juan y Santo Domingo: Editorial Isla Negra y Editora Manatí, 2007.

Crucigrama: Wichie Torres

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Luis _____ (Wichie) Torres Cubillé; reconocido pintor puertorriqueño exponente del movimiento costumbrismo.

4. Celebración pública o solemne.

8. Símbolo del tantalio.

9. 29 de _____ de 1952; nacimiento de Luis Noel (Wichie) Torres.

11. Acción de ondear.

12. Diez más uno.

13. Nota musical.

14. Hermana de una comunidad religiosa.

16. Cubriera de rocío.

19. _____ Torres; autor de “Don Quijote con su libro”, “El caballo blanco”, “Aguacero”, “Flamboyán al atardecer”, y “Fuego bajo la luna en la antigua hacienda”.

24. 11 de _____ de 1839; nacimiento Eugenio María de Hostos, patriota puertorriqueño.

25. Entre la bruma _____ fuego; obra de Torres.

27. Vuelvo a atar.

28. De Rusia, fem.

29. Preposición.

30. Antes de Cristo.

32. Lago o mar interior, de Asia Central, entre Kazajistán, al norte, y Uzbekistán, al sur.

33. Forma de pronombre.

34. Viejo _____; obra de Torres.

36. Artículo neutro.

37. Tela delgada y transparente de seda, algodón o hilo.

39. Depósito natural de agua, generalmente dulce, pl.

40. Sonreí.

42. _____ Quijote meditando; obra de Torres.

43. _____ Juan; ciudad donde falleció Torres.

44. El _____; obra de Torres.

46. Carta de la baraja.

48. _____ ceiba de Ponce; obra de Torres.

49. Va hacia arriba.

50. Cinco en números romanos.

51. Fuego bajo la _____ en la antigua hacienda; obra de Torres.

Verticales

1. Del verbo nanear.

2. Nombre de la letra m.

3. País soberano del Sudeste Asiático.

4. Ave rapaz diurna.

5. Vejigantes _____ plena; obra de Torres.

6. Perteneciente a una familia de árboles o arbustos de flores gamopétalas como el olivo, fem.

7. 7 de febrero de 2020; fallecimiento de Wichie Torres.

8. Wichie _____; en su fructífera vida realizó más de 400 exposiciones y obtuvo más de 250 reconocimientos y premios a nivel internacional y nacional. Autor de “El parrandón”.

10. _____ caballo blanco; obra de Torres.

15. Rece.

17. Cargado, pesado.

18. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

20. Asistir.

21. Lala _____ Dayal; revolucionario y luchador por la libertad de India.

22. País europeo.

23. Según la Odisea, nombre del Señor de los Vientos.

25. _____ Bárbara; novela de Rómulo Gallegos.

26. Costado.

29. Relativo al sol.

31. Del verbo coser.

35. _____; obra de Torres.

38. Algún.

41. Existe.

44. _____; ciudad natal de Torres.

45. Perteneciente a la nariz.

46. Flamboyán _____ atardecer; obra de Torres.

47. Don Quijote con _____ libro; obra de Torres.

Pascua en el mundo y en lo más profundo de cada ser.

Especial para En Rojo

Llegamos a la celebración de la Pascua. Las comunidades judías han empezado la Peshah  este sábado. Desde este domingo, los cristianos viven esto que llaman Semana Santa. En este momento de pandemia, la orientación justa es celebrar en casa y unirnos a nuestra comunidad por televisión o internet. En este contexto, la mejor celebración de la Pascua será la resistencia y solidaridad a todos, pero principalmente, a las personas más frágiles.

Jesús celebró la Pascua como todo judío practicante. En su época, la Pascua propuesta por el libro bíblico del Éxodo se había convertido en gran fiesta comercial, centralizada en el templo. Por eso, Jesús quiso dar a la Pascua un significado nuevo que recogiera la espiritualidad liberadora del Éxodo y la extendiera a toda humanidad.

Celebrar la Pascua es mirar fuera de las Iglesias la cruz que sigue ocurriendo cada día en el mundo. Todo dolor humano merece solidaridad. Sin embargo, la cruz de Jesús se actualiza en los sufrimientos resultantes de la misión de transformar el mundo. Al igual que un artista esculpe o dibuja una cruz en una pared, podemos ver levantados en la cruz a pueblos enteros que desde los años 80, el mártir Ignacio Ellacuría llamó «pueblos crucificados». En casi toda la América Latina y Caribe, se cuentan por miles las víctimas del sistema que, para mantener el privilegio de una pequeña élite, causa dolor y muerte a millones de seres humanos. Este dolor y muerte de la cruz se propaga como pandemia. En muchos países, cada día desaparecen personas, víctimas de milicias policiales y grupos de narcotraficantes. Mujeres son víctimas del feminicidio y de la violencia machista. Pueblos nativos ven amenazada su supervivencia física y sus culturas. En Brasil, aumenta diariamente el número de jóvenes negros asesinados en las periferias. Si celebráramos la memoria de la cruz de Jesús indiferentes a estas crucifixiones actuales, nuestra celebración no sería más que un cínico ejercicio de hipocresía religiosa. En medio del agravamiento de esta pandemia, sintiendo diariamente la fragilidad de la vida, esta Pascua debe ser una profecía que nos dé fuerza de resistencia y claridad sobre nuestra misión en la realidad de hoy. La espiritualidad liberadora nos enseña que nuestra fe será pascual si podemos ver en la propia cruz, e incluso en la muerte de Cristo y del pueblo, los signos del poder divino que vence a la muerte y señala la resurrección como victoria de la vida.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.