Por Randy Alonso Falcón
Hace tres meses, el 11 de marzo de 2020, la OMS declaraba a la COVID-19 como una pandemia, y Cuba reportaba sus primeros casos positivos a la enfermedad: tres turistas italianos que habían arribado días antes por el aeropuerto de La Habana y se encontraban alojados en la centrosureña ciudad de Trinidad.
Apenas diez días después, el 21 de marzo, cuando comenzaban a brotar los casos en Cuba y eran visibles en medios internacionales y de la contrarrevolución las dudas sobre el poder del sistema de salud cubano para enfrentar una enfermedad que estaba destrozando a naciones más poderosas y causando una alta letalidad, el Gobierno nacional anunciaba la salida de una brigada de 52 médicos y enfermeros cubanos precisamente hacia Italia, a la región de Lombardía, el epicentro terrible de la epidemia en Europa.
El 22 de marzo, entre aplausos y gestos de agradecimiento, llegaban a Milán, camino a la ciudad de Crema, los internacionalistas cubanos de la salud. Ese día, Cuba reportaba diez nuevos casos de COVID-19, para un acumulado de 35; una cifra de 954 pacientes estaban en vigilancia clínico- epidemiológica en los hospitales y centros de aislamiento creados con este fin; y otras 30 mil 773 personas se vigilaban en sus hogares, desde la Atención Primaria de Salud. Uno de los más renombrados centros de seguimiento al nuevo virus pronosticaba, en un escenario extremo, que el 80% de la población cubana, unos nueve millones de personas, iba a enfermar y que morirían 90 000, como consecuencia de la pandemia.
Comenzaba apenas una batalla por la vida que Cuba desarrollaría en el frente interno y, simultáneamente, brindando ayuda solidaria a decenas de otras naciones en América Latina, el Caribe, Europa, África y Medio Oriente. Un combate que se daba en medio del recrudecimiento del bloqueo estadounidense contra Cuba: el 10 de marzo había entrado en vigor la decisión, tomada previamente por la Casa Blanca, de suspender los vuelos chárter a las ciudades cubanas, con excepción de La Habana; que se sumaba a más de 80 medidas tomadas por la administración Trump contra Cuba entre 2019 y principios de 2020 para atemorizar la inversión extranjera, cortar los flujos financieros y de combustible, la llegada de turistas y la venta de servicios.
Han pasado tres meses de duro enfrentamiento contra la enfermedad. El Gobierno cubano ha sentado pautas de organización, trabajo colectivo y eficiencia en su plan nacional de enfrentamiento. El sistema de salud ha mostrado su fortaleza y poder resolutivo, pese al impacto del cerco estadounidense -que impidió hasta la llegada de ventiladores y mascarillas al país. Las ciencias, sobre todo las biológicas y farmacéuticas, se convirtieron en aliados claves y decisivos en los protocolos de actuación y tratamientos para controlar la epidemia en el país. El pueblo, mayoritariamente, acompañó con disposición y disciplina las medidas adoptadas para el distanciamiento físico y la mayor higiene, como únicos métodos efectivos ante este virus altamente transmisible.
En la noche del pasado 11 de junio, tres meses después de los primeros casos, el Presidente y el Primer Ministro cubanos han anunciado el inicio próximo de la etapa de recuperación del país post Covid-19, en un plan por fases y territorios, con gradualidad y asimetrías, atendiendo siempre al curso epidemiológico. Ha sido una contundente victoria de Cuba frente a la emergencia sanitaria y contra los augurios catastrofistas de sus adversarios.

El país lleva dieciséis días con sólo una muerte que lamentar y una cifra decreciente de nuevos positivos. De aquellas 30 mil personas que estaban en observación en los hogares por posibilidades de contagio el 22 de marzo, hoy hay apenas unas 500. El sistema de salud nunca estuvo siquiera cerca de colapsar, siempre se mantuvo el control de la epidemia y hoy trabaja con más holgura que nunca.
Ha sido también una nueva derrota al bloqueo estadounidense, que no se ha detenido ni en medio de la pandemia, a pesar de los llamados del Secretario General de la ONU y otras personalidades internacionales. Por esto días recientes, Washington anunciaba nuevas medidas contra empresas cubanas, ordenaba el retiro de Cuba de la gigante hotelera estadounidense Marriot y anunciaba multas contra empresas extranjeras en negocios con Cuba.
Mientras a lo interno se daba esta batalla colosal, Cuba enviaba 34 brigadas médicas del Contingente “Henry Reeve” a 27 países, por solicitud de las autoridades de esas naciones. Se trata en total de 3337 profesionales cubanos de la salud, de ellos, 2014 mujeres.
Esos «vencedores del dolor y la muerte» como los calificó Fidel, están dando un ejemplo formidable de los altos valores en que se forman y el espíritu humanista que los impulsa. Hay 1182 de ellos que están atendiendo directamente casos positivos a la COVID-19 en los países donde brindan asistencia. En total han atendido 67 553 pacientes y han salvado 2 091 vidas.
Al aporte solidario de estas brigadas de emergencia se suman los esfuerzos de las 59 brigadas médicas que ya se encontraban desplegadas en igual cantidad de países del mundo, y cuyos integrantes han atendido a otros 39 mil 230 pacientes en estos meses, con 7 189 vidas salvadas.
Este pasado lunes, regresó a La Habana la brigada médica que acudió a Lombardía en medio de la tragedia. Llegó colmada de la admiración, el reconocimiento y el aplauso del pueblo italiano. Y recibió el homenaje emocionado de su pueblo.
En Italia, en la conocida Turín, otra brigada médica cubana sigue trabajando sin descanso por salvar vidas.
Aunque la batalla mundial contra la pandemia no se ha vencido, y en nuestra área geográfica se está lejos aún de ello, estos tres meses convulsos van dejando lecciones a la humanidad. Cuba ha mostrado el valor de un sistema social basado en el ser humano y no en el poder del capital, de un sistema de salud accesible, gratuito y universal -donde no son los precios de los test los que deciden quién puede saber si está enfermo, ni es la edad la que lleva a los médicos a decidir quién vive o quién muere ante la falta de respiradores-, de una ciencia puesta en favor de la salud y el bienestar colectivo y no del lucro y la salvación de unos pocos.
Cuba ha mostrado también que sólo la cooperación y la solidaridad, no el egoísmo ni los bloqueos, pueden ser la respuesta efectiva de la humanidad ante los grandes desafíos que tiene por delante.
Al salvarse, Cuba Salva
Reproducido de : www.cubandebate.cu Publicado originalmente en Al Mayadeen. Versión revisada y actualizada para Cubadebate





Varias experiencias me enlazaron con la historia de la 2nda República Española declarada por votación el 14 de abril de 1931, la sublevación del ejército el 18 de julio de 1936 y el derrocamiento de la República con la toma de Barcelona el 26 de febrero y Madrid el 27 de marzo de 1939. Escuchar de mis profesores de la Universidad de Puerto sus encuentros con los artistas, intelectuales y académicos españoles exiliados que fueron sus profesores, amigos y colegas (las investigaciones de la Dra. Matilde Albert Robatto en Puerto Rico y Consuelo Naranjo Orovio en España), sentó una historia hasta entonces desconocida para mi. Viajar a Europa por primera vez en 1975 como parte de un ‘charter’ a Madrid, lleno de estudiantes y algunos profesores, donde cada unx trazaría su propia ruta hasta su retorno a San Juan nueve semanas después, fue una experiencia que cambió mi visión de la vida.
Fue impresionante llegar un 31 de mayo a un Madrid totalmente armado por tropas que portaban fusiles desde el aeropuerto de Barajas hasta la entrada a la ciudad. En ese momento no sabía que este despliegue era la bienvenida del gobierno de Franco al presidente de E.E.U.U., Gerald Ford. Madrid parecía un carrusel con ferias y multitudes en las plazas, una celebración de ser algo importante. Me escapé del frío—tanto de la gente como de la temperatura—viajando en tren hacia el Sur con mi mágico “EuroPass”. Después de pasar unos días y noches muy divertidos en Benidorm, decidí no regresar a Madrid hasta mi partida y visitar a Barcelona donde residía la familia de mi ex compañero de Nueva York. La entrada del tren a la estación me hizo descubrir la otra España: pintado de prisa con letras rojas y negras (como el Pedro Rojas de César Vallejo) “Abajo la dictadura”. El dictador moriría ese mismo noviembre y España, gracias a su resistencia por casi 40 años, se reinventaría con una nueva constitución (todavía con monarquía) y un empeño de rescatar la historia de todos esos años de mutismo y represión.
Y así llego al siglo XXI—sin haber vuelto a España desde 1975—y encuentro en el Metropolitan Museum of Art una exhibición de Picasso, Gaudí, Dalí y Miró de sus dibujos, carteles y pinturas creados durante la Guerra. En el Museo de la Ciudad de Nueva York logro ver el homenaje a los voluntarios de Nueva York de la Brigada Lincoln con cartas, fotos y todo tipo de recuerdos de los que viajaron a España para ser parte del apoyo internacional a la defensa de la República. Mi colega, Alma Simounet, me facilita un hermoso libro que adquiere en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: Carteles de la Guerra Civil Española. En uno de mis viajes al Festival de Cine de Montreal (Festival des Films du Monde) aproveché mi estadía para ver una exhibición muy especial en la Universidad de Concordia del Dr. Norman Bethune, quien colaboró con el equipo médico durante la guerra llevando al frente de batalla las clínicas movibles para hacer transfusiones de sangre y así los heridos no murieran en camino a los hospitales. Ya unos años antes había visto el filme de Phillip Borsos de 1990, Bethune: The Making of a Hero, con Donald Sutherland y Helen Mirren y quedé fascinada con este médico que luego de España viaja a China y se une al movimiento revolucionario de Mao Zedong. De todos estos encuentros surgen dos proyectos de los que me siento muy orgullosa: el diseño de un curso para el Programa de Honor de la UPR-RP “La cartografía cultural de la Guerra Civil Española: literatura, cine, fotografía y cartel” y “The Interpretation of History through Literature and Film: The Spanish Civil War in European and North American Narrative and Film” para el programa graduado del Depto. de Inglés de la Facultad de Humanidades dentro de mi especialidad de cine y literatura. También tuve la oportunidad de conocer y luego investigar documentos de todo tipo en la biblioteca Tamiment de New York University (NYU) que tiene los archivos de los brigadistas internacionales (alba-valb.org).



