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Oda a los domingos perdidos. El ‘Curtis Black Quartet’.

Especial para En Rojo

a los fieles: Ana, José, Medardo, Bastien, Joel, Johanna, Zeynep, Fara

0. John, oriundo de Jamaica, vivió un tiempo en Inglaterra y luego en Chicago. Trabajó como periodista, militó en el National Organization of Black Journalists, conoció a C.L.R. James, a quien correctamente coloca como una de las grandes mentes del siglo XX. Siempre me mencionaba sus estudios sobre Shakespeare y Hamlet.

Pero su pasión era el jazz, y por eso, ahora, retirado, venía todos los domingos a la parte de atrás de “Woodlawn Tap”, conocida en la comunidad como “Jimmy’s”, una barra cualquiera (y querida) en la comunidad de Hyde Park, Chicago, donde semanalmente se reúne el Curtis Black Quartet para tocar estándares de jazz. Curtis Black en la trompeta, Gabe en la guitarra, Jake en el contrabajo, Doug en la batería.

John, además, era de mecha corta. Esta noche, le irritaba particularmente un grupo de jóvenes que vinieron a aquella parte de la barra donde tocaba el cuarteto para hablar. “I can’t believe this attitude. Jazz isn’t background music for conversation”, me dijo, y volvió a hundirse y acomodarse malhumoradamente en su asiento. Pero así mismo, volvió a erguirse, inspirado. “Jazz music is conversation”. Orgulloso de esa frase espontánea, se paró, fue a donde el grupo, y, palabra por palabra, con molestia, repitió exactamente lo que me acababa de decir. Y con esa frase inició mi nueva educación en el mundo del jazz.

1.El Curtis Black Quartet era un grupo curioso. Con la excepción de Gabe, sus integrantes no vivían de la música; eran asalariados cuyo trabajo regular les restaba tiempo de su oficio musical. Hasta cierto punto, eso era parte del encanto y la magia: la música por sobre todo, incluso por encima de las propias obligaciones de la vida.

Tocaban todos los domingos, de 9pm a 12am, con un breve intervalo en el medio. Durante la primera mitad, tocaba solo el cuarteto; en la segunda, se abría la sesión para que cualquier músico pudiera participar. Ahí entraba, ocasionalmente, John.

Aunque solían intercalar alguna canción de bossa nova, de blues o de funk de vez en cuando, eran mayormente tres horas de puro “bebop”. Esto, la primera vez, me tomó por sorpresa. En Chicago, y particularmente en el sur, el bebop seguía siendo muy del presente. Se toca, no por nostalgia, sino por un impulso vital.

El compromiso dominguero para ellos era serio; llueva, truene, nieve, relampaguee, el cuarteto tocaba. Fueran 30 personas o 3, hacían su rutina, tocaban sus tres horas. La seriedad dominical, por otro lado, para nada implicaba mercadeo. En ningún momento los vi hacer ni el más mínimo intento de promocionarse. Como único alguien se podía enterar de estas sesiones era o entrando por accidente alguna noche o si notaba el pequeño afiche que se encontraba en una de las paredes de la misma barra, que parecía más parte de la decoración – del “pasado” de la barra – que algo de la actualidad.

No se promocionaban, pero tampoco se puede decir que era por elitismo o comemierdería. Había más descuido que otra cosa. No les importaba. Su compromiso era llegar y tocar la música que les apasionaba. No se cobraba entrada tampoco; solo repartían una jarra para recoger propina.

Curtis me dijo una vez que prefería que fueran 4 personas en el público a que fueran 20, porque sentía más íntimo el público; le tocaba a personas en concreto. Por poco más de tres años (mis tres años en Chicago), uno de esos cuatro gatos fui yo. En ocasiones, fui el gato solitario. Domingo tras domingo, desde las 9 en punto y sin irme antes de que acabaran, asistí. Así, poco a poco, llegué a conocer a todos los miembros de la banda, pero en particular a quien lideraba el cuarteto, a Curtis Black.

2. La primera vez que hablamos del asunto, Curtis me dijo que debían llevar probablemente 10 años tocando todos los domingos en Jimmy’s. Al par de semanas, cuando una amistad que llevé le preguntó, le contestó que 15 años. Poco después, en una escena similar, contestó 20. Eventualmente le pedí que contara bien y dejara la mierda, y me dijo que más de 30.

Hacia mediados de los 1980, un quinteto, liderado por un saxofonista, decidió que tocaría todos los domingos en aquella barra. Pero el saxofonista solía querer tocar las mismas canciones, y luego de par de domingos, cuando Curtis, parte del quinteto le cuestionó por qué no tocar otras, en un exabrupto renunció. (Parece que está en el aire ser jazzista, tocar en Jimmy’s y tener mecha corta.) El quinteto se convirtió un cuarteto, y desde entonces llevaba el nombre de Curtis Black Quartet.

3. Doug, el mayor del grupo, trabajaba en la editorial de la Universidad de Chicago. Se le encargaban, en particular, los libros extraños: buscar libros extraños, convencer a la editorial de publicar libros extraños y finalmente editar libros extraños.

Era tremendo conversador. Hablaba muchísimo. Escuchaba poco. Tenía dificultades para oír. Quizás por eso la facilidad con que la batería ocupada todo el espacio sonoro cuando llegaba su tiempo para solear. Era, como baterista, excéntrico, siempre interesante; “he plays around the groove”.

Era probablemente el más social del cuarteto, y siempre buscaba hacer conversación durante la pausa. Por él, probablemente, fui conociendo a los demás.

4.Curtis era de Nueva York, pero empezó su bachillerato en la Universidad de Chicago. La universidad históricamente ha tenido un periódico estudiantil, conocido como el Chicago Maroon, aunque nunca ha tenido programa de Comunicaciones. Cuenta Curtis que, en su época, para formar parte del Maroon, dejabas la universidad por un rato para dedicarte al trabajo que implicaba el periódico estudiantil. Luego, volvías y terminabas el bachillerato. Él, sin embargo, nunca reinició sus estudios.

La Universidad de Chicago, en ese sentido, aparte de permitirle fundar el “Popular Jazz Front”, una agrupación de izquierda de jazz, lo inició en el periodismo. (Nunca hablamos mucho del vínculo que veía y vivía entre la política de izquierda y el jazz. Alguna vez me dijo que, en el ambiente en que se movió cuando joven, tocar jazz era como oponerse a la Guerra en Vietnam. En la práctica, creo, buscaba mantener esa relación.)

Trabajó como taxista por algún tiempo, pero fuera de eso siempre se ganó la vida a través del periodismo. Vivía de un artículo semanal de tema político en un periódico local, The Chicago Reporter. Su columna era bastante leída y conocida, particularmente dentro de los círculos progresistas. Todo esto lo vine a saber luego, a través de mis amistades del sindicato de maestros y de los círculos socialistas, o de sus camaradas que venían a verlo de vez en cuando y me hacían los cuentos.

5. Jake, el contrabajista, es el integrante más joven del cuarteto, y el último en llegar. Recuerdo que la primera vez que fui, todavía la banda no tenía bajista regular (se encontraban en transición), y los estaba cubriendo Bob, que también se daba la vuelta una vez cada dos meses. Como suele pasar con los músicos, Jake más o menos se parece a su instrumento: alto, brazos largos, serio, los espejuelos siempre se le bajaban mientras tocaba.

Le tomó unos meses afincar con la intensidad del bebop, pero su entrega fue total. Era psicólogo familiar, me dijo alguna vez, aunque estaba viendo cómo podía dedicarse a la música, idea que – si recuerdo bien – no le gustaba mucho a la esposa.

6. Curtis estuvo en un seminario de El capital una vez, me dijo, en que los tres asistentes leían previamente, se reunían y se emborrachaban sin discutir ni una sola palabra. Cree que, dentro de todo, aprendió bastante.

Sabía de Claridad y del Partido Socialista Puertorriqueño, de los compañeros de la FALN que vivían en tal edificio que me mencionó. No sabía que el PSP se había disuelto. Le alegraba saber que publicaba artículos en En Rojo.

Era de esas personas que intuitivamente eran progresistas, y no se comían los cuentos de los liberales. Mucho de lo poco que aprendí de Chicago fue con él, con sus anécdotas sobre los movimientos políticos de la ciudad y los intentos progresistas poco duraderos, que, a su vez, llevaron a figuras liberales longevas, como el propio Luis Gutiérrez.

7. Gabe siempre fue un misterio para mí. Rumano de origen, llevaba ya mucho tiempo en los Estados Unidos. Es, sin reparos, de los mejores guitarristas que he escuchado, por su técnica y la variedad de estilos que dominaba. Antes de la sesión de jazz, me parece que tocaba piezas clásicas con una cellista en los hoteles. En los recesos los domingos, se mantenía tocando guitarra. Siempre fue bastante reservado. Yo solía pensar que, para que alguien tocara tan bien, tenía que estar algo mal de la cabeza.

8. “Who’s this Papo Lucca guy?”

La educación musical fue bastante unidireccional. Mi amor por Miles Davis, cuya música conocía de antemano, cobró forma y coherencia durante esos años. Llegué por ellos a Sam Rivers (¿habrá canción más hermosamente triste que “Beatrice”?), y así a muchos otros artistas.

Lo único que pude reciprocar en términos pedagógicos vino gracias a la Sonora Ponceña. A través del cuarteto conocí el Horace Silver Quintet. Tocaban, de vez en vez, “Nica’s Dream”, que Horace Silver compuso para cuando todavía estaba con Art Blakey and the Jazz Messengers. Le pregunté alguna vez a Curtis sobre esa canción. “You don’t know Horace Silver? His solos are like architecture”, me respondió. Poco después, llegué a “Song for my Father”, que todavía se me hace difícil apalabrar. En otro momento espero escribir unas páginas para En Rojo sobre esa canción.

Pero en esas búsquedas, descubrí (¿o rememoré?) la versión de la Sonora de Nica’s Dream. Se la envié a Curtis alguna vez, y fue con esa pregunta que me recibió la próxima ocasión en que nos vimos. “Who’s this Papo Lucca guy?” Siguió buscando música de ellos y quedó impresionado. Recuerdo que me enseñó un video que yo desconocía de Papo Lucca soleando en flugelhorn.

9. No suelo celebrar mi cumpleaños (costumbre vieja). Pero en el 2016, mi cumpleaños cayó domingo. Hice la excepción. Digo, hice lo que hubiese hecho de no haber sido mi cumpleaños, solo que invité a amistades a asistir al jazz con la excusa de la celebración. Pensé que resultaría en buena propina para el grupo.

Llegó un buen número de gente. Y llegaron varios músicos. “You’re birthday is on Sunday?”, me preguntó John. John llevaba varios meses sin ir un domingo a Jimmy’s por una disputa que tuvo con Curtis. “Yeah, I’ll go”.

Fue, también, Walter Jones, vendedor de seguros de vida durante el día, pero trombonista durante la noche. (Siempre me gustaba cuando Walter Jones se aparecía, algo que no ocurría tan a menudo. Curtis le había dado una llamada para que viniera ese día.) La segunda sesión estuvo nutrida de mis músicos preferidos de los años que viví en Chicago.

Hacia el final de la sesión, la banda me sorprendió con un obsequio: una tarjeta con sus mensajes y firmas, y una copia de “Ridgewood”, el disco que una encarnación previa del cuarteto había grabado en el 2002. Al regresar a la isla, tocar ese disco los domingos ha sido lo más que se ha acercado a la rutina dominical de Chicago.

Si el protagonista de “El cartero de Neruda” entendía la felicidad celestial como el momento en el que se descubre el poder de la metáfora a través del amor, creo que yo la vería, también, como la comunidad que se crea cuando un grupo de personas escuchan buena música como conjunto. Fue una noche buena.

10. La vez que más hablé con Gabe fue, precisamente, la noche de mi cumpleaños. Fue entonces que noté que estaba completamente equivocado sobre su persona. No era la locura lo que explicaba sus habilidades musicales, sino la cordura. Me habló de lo que significaba la música para él, que amaba tanto el jazz como la música clásica, que la vida quería dedicársela entera a la música. En la borrachera – la mía, no la de él, pues parte de su cordura que equivoqué con locura se debía a su sobriedad constante – me parece que mencioné el budismo. Sonrió – quizás incluso le salió una leve carcajada – y me dijo: “Exactly. Complete concentration”. Me parece que nos entendimos muy bien.

11. Dos veces me he despedido para siempre de Chicago. La primera vez fue para junio 2016, poco después de haber aprobado mis exámenes de grado. Sin embargo, después del Huracán María, el salario y las obligaciones contractuales me llevaron a regresar a la ciudad de los vientos, aunque para despedirme nuevamente en marzo de 2018. En todo caso, cada domingo en la ciudad conllevaba retomar mi tradición de antaño, volver al lugar de siempre y disfrutar de música y amistades por el espacio de tres horas. Qué puedo decir, soy un animal de costumbre.

Mi última visita a Chicago fue en enero del 2020. Llegué, como solía hacer, un domingo. Entro a la parte lateral de la barra y me topo con otra agrupación de jazz. Algunos de los miembros los conozco – frecuentaban, también, los domingos – pero el conjunto era distinto. Había mucho público (cosa sospechosa), y no estaba Curtis Black.

Joel y Johanna, amigos a la vez de la isla y de la ciudad (ese es otro cuento) casualmente entran apenas un minuto después. Son quienes me dan las noticias. Ya hacía varios meses del suceso. Un domingo, Curtis, en uno de sus brotes de humor, terminó la noche y dijo que no quería regresar a tocar, que le dejaba ahora los domingos a Gabe. Ni Joel ni Johanna dijeron entender bien qué ocurrió. Desde entonces, no había regresado.

Le escribí el próximo día, sin decirle que fui la noche anterior, pero nunca me contestó. No hemos vuelto a hablar. No he regresado a Chicago.

12. A los 30 años, he retomado el bajo eléctrico. Desde que me inicié en la literatura, al entrar al bachillerato en Estudios Hispánicos en la UPR Río Piedras, el tiempo que me requería la formación y el estudio detuvieron lo que en un momento fue mi gran pasión en la vida. Llegué a pensar que había abandonado el bajo eléctrico. Pero resulta que al entrar a esta década, hubo una apertura al regreso.

Ya estoy lejos de pensar que le dedicaré mi vida a la música, como llegué a creer. Me conformo con la práctica solitaria en la casa, sin el anhelo de la experiencia pública de la música. Me acerco al instrumento con mayor madurez, aunque, se pudiera decir, con muy poca ambición.

Solo los domingos me permito soñar. En ocasiones, con “Ridgewood”, o escuchando algunas de las canciones preferidas de los domingos de antaño. Otras veces, sin música alguna; no necesito estímulo para estas fantasías. Me imagino, nuevamente, en la parte de atrás del salón, escuchando a Curtis, Gabe, Jake, Doug. No me sueño tocando en la tarima. Solo el estar desde el público, y desde el público pensar que quizás algún día pueda unirme allá arriba, aunque fuera una sola vez.

Poesia: Juan Antonio Corretjer

Consuelo Lee y Juan A. Corretjer. Foto Archivo CLARIDAD

 

La Hamaca

Con pluma de colibríes

tejí yo,  para mi amada,

―doradas todas las plumas―

una suave y linda hamaca.

Y cuando la hube tejido

la colgué bajo las palmas

y me eché a soñar en ella.

(La tejí para mi amada…)

El mundo es de otra manera…

En hojas de yerba bruja

bebí, larga y lentamente,

sorbo a sorbo, aquél rocío

hecho de luna clemente.

El mundo es de otra manera…

(Un sí es no es, realmente.)

¡Ah palma! Por mi quimera,

a orillas de la cascada,

no eres sueño ni palmera:

Eres mujer: india amada,

para el areyto ligera

como de novia ataviada!

Y en honor a tu belleza,

bien hilado en mi poesía,

me sacaré de las venas

un collar de peonías!

1 abril del 1977 en Homenaje a Francisco Matos Paoli

Inrirí Cahuvial

Envuelta en un remolino

de alas, te vi primero.

Vi el resplandor de tus ojos

y vi tu pelo.

Cabellera de noche clara

con tabonucos vueltos luceros,

vueltos cometas;

y ojos en los que arden llanos y cerros

con quemazones alucinantes

de cucubanos revoloteando sobre un espejo.

Borrando todo sobre mi frente

pasó un recuerdo que ya no era sólo recuerdo.

Llevando todo consigo, todo,

pasó una ráfaga que ya no era tan sólo viento.

Bajo tu pelo, bajo tu frente, bajo tus ojos,

que no eran ojos, ni era ya frente, ni aún era pelo,

sino ramaje, sino rocío que me miraba desde las

                                          hojas,

hacia esa forma que era tu tronco siendo tu cuerpo,

se fue volando lo que yo era, lo que yo he sido:

con las dos alas, y con las uñas, y con el pico del

                                          carpintero.

Muerte

Discurso en Jayuya 30 de octubre de 1977

Entraste por el ojo de la bruma

―imperturbable la viril mirada―

adonde está el palacio de la espuma

puesto sobre la estela de la nada

que en otra nada más allá se esfuma

sobre una verde nada ilimitada.

Y mientras vas ganando maravilla,

saciándose tu sed de claridades,

y se te desentrañan las edades,

y un nuevo sol desde tu frente brilla:

presos en esta bruma de la arcilla

en la que quedan nuestras realidades,

te perdemos por vastas soledades

mirándote alejar, desde esta orilla!

En la vida todo es ir

En la vida todo es ir

a lo que el tiempo deshace.

Sabe el hombre donde nace

y no donde va a morir.

El hombre que en la montaña

―por la cruz de algún camino―

oye la voz del destino,

se aleja de su cabaña.

Y prosiguiendo su hazaña

se dirige al porvenir

una esperanza a seguir.

Mas no ha de volver la cara,

pues la vida es senda rara:

en la vida todo es ir.

Miro esa palma que airosa

su corona al sol ostenta

y miro lo que aparenta

la esplendidez de la rosa.

Contemplo la niña hermosa

riendo a lo que le place,

y lo que el viento le hace

a la hoja seca del jobo:

es la vida como un robo

a lo que el tiempo deshace.

Tuve un hermano que dijo:

― “Cuando salí de Collores…”―

Así cantó sus amores

al Valle del que fue hijo.

Una y otra vez maldijo

la gloria que en letras yace,

(en que su nombre renace)

pues que llegó a comprender

lo poco que es el saber:

sabe el hombre donde nace.

No hay más. Un solo camino

que se quisiera tomar,

mas la suerte del andar

maltrata y confunde el tino.

Nadie niegue su destino.

Es que ser hombre es seguir

―y un ideal perseguir―

por la vida hacia adelante,

sabiendo lo que fue enante

y no donde va a morir.

 

 

Mar Caribe

Desde mi verdinegra serranía

hoy vengo a ti, Caribe soñoliento,

ansioso que me bese el pensamiento

tu boca de limón y travesía.

Una aventura de piratería

corre la nube por tu barlovento,

y ya, a bandera desplegada, lento,

borra el sol tu poniente de sandía.

¡Oh, mundo azul de espuma y claridades.

Esa impávida estrella que ha nacido

de tu líquida frente y las edades

de ignorantes ayeres conocido,

Bayoán domador de tempestades,

no sabes de la muerte ni el olvido!

Boricuas exigen fin al colonialismo

CLARIDAD

 Lo mas probable es que el  gobernador Pedro Pierluisi Urrutia, no esperaba encontrarse hoy en su vista a Washington DC con sendos anuncios a página completa en los diarios del establishment estadounidense, el Washington Post y el New York Times, en los cuales se hace un llamado a la acción para que los puertorriqueños de la Isla y los de la diáspora apoyen el proyecto de la Asamblea Constitucional de Estatus que será presentado  por las congresistas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez.

Este llamado es uno contrario a los motivos de la visita del Pierluisi Urrutia, quien acudió al Congreso para participar de la radicación del proyecto de admisión que será sometido por la comisionada residente, Jenniffer González y el congresista Darren Soto. Durante su visita a Washington, el Gobernador tendrá además varias reuniones oficiales con congresistas, según informó la Fortaleza.

El anuncio fue pautado por las organizaciones; Vamos Puerto Rico, Boricuas Unidos en la Diáspora (BUDPR), Diáspora en resistencia y Our Revolution Puerto Rico y dado a conocer  en la Isla mediante comunicado de prensa.

El mensaje va dirigido tanto a los boricuas en la isla, en la diáspora al igual que al pueblo estadounidense, a que se unan a la campaña por la descolonización de Puerto Rico visitando el sitio web letsendcolonialismtogether.com. En esta dirección el público puede contactar a sus representantes electos y a los miembros del Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes para dejarles saber que la Asamblea Constitucional de Estatus que contempla el proyecto de las congresistas Velázquez y Ocasio-Cortez es la mejor manera de resolver el colonialismo en Puerto Rico, postulan las organizaciones.

El llamado a la acción en letsendcolonialismtogether.com le ofrece al público la capacidad para enviar tuits al liderazgo del Comité de Recursos Naturales, a los miembros Demócratas y Republicanos del mismo, a alumnos de los pasados auspiciadores de proyectos pro estadidad, y un ejemplo de correo electrónico que se podrá usar para escribirle a sus representantes y senadores.

“El Partido Nuevo Progresista ha creado una gran farsa alrededor del plebiscito “Estadidad Sí o No”. Hacen esto porque desprecian al pueblo de Puerto Rico entendiendo que nos pueden coger de «tontos» como expresó su pasado presidente Ricardo Rosselló. Crearon un plebiscito amañado, trataron de evitar la participación en la campaña por el NO, mienten sobre una falsa mayoría de 52% en los votos por el sí, e inflaron por miles esos votos. Sólo en el precinto 3 del Municipio de San Juan hay más de 700 papeletas votadas, por encima del número de electores. Ahora llevan su agenda de engaño al Congreso de Estados Unidos,” dijo Justo Méndez Arámburu, Coordinador General de VAMOS Puerto Rico.

Por su parte María J. Torres-López, fundadora y presidenta de Diáspora en Resistencia, resaltó el que: “El pueblo puertorriqueño tiene el derecho a la autodeterminación en un proceso aceptado y respetado de antemano por el gobierno que nos mantiene como colonia. Desde Diáspora en Resistencia nuestro apoyo siempre será con el pueblo trabajador y los pobres ya que son ellas y ellos los que siempre cargan con las consecuencias negativas de las malas decisiones de nuestros gobernantes. El proyecto de ley de las congresistas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez da paso a una clara negociación y proceso de autodeterminación y aunque sabemos que no es perfecto, el mismo crea el espacio necesario para lograr el cambio que buscamos en beneficio al pueblo trabajador y los más desventajado”.

“La lucha por la descolonización de la nación puertorriqueña nos compete a todos los boricuas, no importa donde estemos. En esta campaña titulada “Let’s End Colonialism Together!” buscamos en el pueblo estadounidense un aliado natural para que juntos podamos ponerle fin al colonialismo sobre Puerto Rico, que a fin de cuentas es un crimen contra la humanidad. La meta de esta campaña es unir fuerzas con los que se oponen al colonialismo para que Puerto Rico pueda aspirar a un futuro fuera de la cláusula territorial de la constitución estadounidense,” dijo Luis Ponce Ruiz, uno de los co fundadores de Boricuas Unidos en la Diáspora – BUDPR.

“Nos llegó el momento de descolonizar el archipiélago de Puerto Rico. La plataforma (letsendcolonialismtogether.com) ofrece la oportunidad al puertorriqueño sin importar dónde se encuentre de alzar su voz y abogar por finalizar la incertidumbre de estatus que hemos vivido por ciento veintidos (122) años de atropellos sociales y económicos. Exhortamos a todos los Boricuas a unirse y participar de estos esfuerzos,” añadió Maruxa Cárdenas Surillo, Presidenta de Our Revolution Puerto Rico.

Las organizaciones informaron que el esfuerzo  se mantendrá activo junto a la página https://www.letsendcolonialismtogether.com/ que seguirá creciendo con nuevo contenido en inglés y español para seguir combatiendo el colonialismo estadounidense en Puerto Rico.

Crucigrama: Yvonne Denis Rosario

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Universidad de Puerto _____ (Recinto de Río Piedras); Denis-Rosario es profesora de la Facultad de Estudios Generales en esa institución educativa.

4. _____; (2012) novela de Denis-Rosario, Premio Nacional por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.

9. _____ Luna; (1987) novela de Isabel Allende.

11. _____ Club de Puerto Rico; fue presidido por Denis-Rosario de 2012-2013.

13. _____; título de poema de Denis-Rosario.

14. Reúna.

16. Entregar.

18. 9 de _____ de 1967; nacimiento de la escritora, poeta, conferencista, libretista y profesora Yvonne Denis-Rosario.

20. Punto cardinal.

22. Yvonne _____ Rosario; una de las moderadoras del programa “Negras” de Radio Universidad de Puerto Rico. Su obra ha sido traducida a otros idiomas.

25. Delirio _____; (2015) poemario de Denis-Rosario. Publicado en inglés con el título de “Interlinked Delirium”.

26. De nieve, o semejante a ella.

28. Trasladar, desplazar, remover.

30. Utilicé.

31. Yvonne Denis _____; pertenece al Comité Ejecutivo de Mujeres Escritoras del PEN Club Internacional, Inc. Autora de: “Bufé” y “Sepultados”.

34. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

35. _____ Tavárez; pianista y concertista puertorriqueña.

37. Distraído.

38. Valor.

40. Cansado, falto de fuerzas.

43. V Premio Internacional de Periodismo y Literatura sobre Puerto Rico “José Ramón Piñeiro _____”; fue otorgado en España a Denis-Rosario por su libro “Capá prieto”. Piñeiro, natural de Cayey, fue socio fundador de la Casa de Puerto Rico en España (CAPRE).

44. Del verbo rabosear.

45. Concejal.

48. Criatura imaginaria de Francia y Cataluña, representan al demonio.

50. Ópera de Verdi.

51. Ciudad colombiana.

52. _____ Denis-Rosario; tiene a su haber las conferencias tituladas “El mito de la mujer afroboricua”, “Rebeldía afroamericana en el insurrecto Pedro Albizu Campos”, entre muchísimas otras. Autora de: “Delirio entrelazado” y “Vieja”.

53. Natural de Siam, antigua nación de Asia, hoy Tailandia.

Verticales

1. Del verbo rebuznar.

2. Cuatro en números romanos.

3. Cada una de las dos venas mayores del cuerpo.

5. Aupad.

6. Creencia.

7. Aplicó greda a la cerámica.

8. Rebeldía afroamericana _____ el insurrecto Pedro Albizu Campos; conferencia de Denis-Rosario realizada en Cuba en 2018.

10. _____; (2017) libro de cuentos de Denis-Rosario.

12. El mito _____ la mujer afroboricua; (2012) conferencia de Denis-Rosario, presentada en el Congreso de Africanía, en el Centro de Estudios Avanzados y del Caribe en San Juan, Puerto Rico.

15. Sentirá.

17. Grigory _____; seudónimo literario del escritor de ciencia ficción ruso, Abram Borukhovich Gibs.

18. Certamen de Literatura _____ Joglar Cacho; Denis-Rosario recibió el primer premio del certamen en 2008.

19. Volvéis a ver.

20. Conozco.

21. Símbolo del radio.

23. Referí un suceso con forma o apariencia de novela.

24. Existirían.

27. _____ cerrera; novela de Manuel Méndez Ballester sobre la conquista y colonización de Puerto Rico.

29. _____ Torresola Roura; uno de los dirigentes de la Revolución de Jayuya en 1950. Hermano de Griselio.

32. Afirmación.

33. Decimoséptima letra del alfabeto griego; la r del latino.

36. Rifan.

39. Región cultural, histórica y administrativa francesa en la frontera con Alemania y Suiza.

41. En una iglesia, parte abovedada y semicircular donde se instalaban el altar y el presbiterio.

42. _____; programa que trasmite Radio Universidad de Puerto Rico y del cual Denis-Rosario es una de las moderadoras.

46. Gunga _____; (1892) uno de los poemas más famosos de Rudyard Kipling.

47. Sexta nota musical.

48. Después de Cristo.

49. _____ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

Será Otra Cosa: Viudas imaginarias, viudas verdaderas, verdaderas viudas

Especial para En Rojo

«Parecería como si las viudas hubieran desaparecido del panorama en Puerto Rico», dice Norma Valle Ferrer en un artículo de julio de 2013. Ciertamente, ya no es tan frecuente esa figura solitaria y enlutada que solíamos ver por las calles, tan serias y misteriosas. Fueron esas las primeras viudas que conocí de niña, aunque había escuchado hablar de viudas: una bebida que celebraban los adultos, aunque no la tomaran nunca; la tía viuda de San Sebastián, a quien todo el mundo compadecía; y la viuda alegre que me intrigó desde siempre. En el patio de la escuela hablaban de la viudita de la capital que se quiere casar, o la hija del rey, que era lo mismo, casi como el arroz con leche; y yo pensaba que ser viuda era algo inalcanzable, una categoría de señora respetable guardada solamente para las escogidas. Luego había viudas muy nobles, porque la viuda siempre es de alguien, la viuda de tal, las esposas de muertos célebres. Viudos, por otra parte, había muy pocos y por muy poco tiempo, como mis dos abuelos que, como tantos otros campesinos, se agenciaron compañera antes de cumplir el año de luto.

En estos últimos años, varias amigas se han quedado viudas, cosas de la edad, o de los tiempos. Ninguna se ha quedado viuda por la pandemia, pero me consta que el covid ha dejado muchas, pues la enfermedad ha atacado más a los hombres de cierta edad (la nuestra). Los duelos de estas mujeres (y de algunos hombres, por cierto) han sido duros, sin la posibilidad del funeral multitudinario que consuela (eso me consta) con los abrazos y la reunión de conocidos, amigos cercanos o lejanos, parientes, compañeros de trabajo, vecinos. Los funerales a distancia, como si fueran televisados, hacen lo que pueden.

Y es que la viuda es una imagen de desolación hace mucho tiempo. Tal vez por eso se convierten en personajes (¿nos convertimos?) tan adecuados para las tragedias, o las comedias de enredo, o las leyendas urbanas. Así, pues, esta semana me he puesto a averiguar más sobre este personaje al que me he unido hace poco tiempo, y voy por ahí pensando el mundo desde este otro lado, incorporada también yo a la multitud de mujeres vacías, tratando de llenar ese espacio con una nueva historia.

Viudas en la memoria

Hace unos pocos años, mi madre enviudó de golpe y porrazo. Quedé perpleja al ver su transformación: mi madre de luto riguroso aguantándose las lágrimas frente a la empleada del banco, al día siguiente de la muerte del marido, para poder cerrar la cuenta corriente antes de que se la congelaran. Siguieron días duros, el desconsuelo la transformó en otra persona. Vi en mi madre la viuda que quiere morir con él, la viuda que no aguanta el mundo sin el amado, la viuda de los boleros. Jamás aceptó su muerte, y en la precipitación de su senilidad, se inventó un marido joven, de cuarenta años, que se acostaba a su lado todo engalanado y silencioso. Mi padre estaba muerto, pero su marido, no. Si dices que tu padre está muerto, ¿quién es el hombre que se acuesta todas las noches a mi lado?

Yo miraba a mi madre y la desconocía; me daba cuenta de que ahora era viuda, como la abuela en la única imagen que conservamos de ella, seria y solemne, de negro, sin prendas ni maquillaje. La foto, probablemente de 1940, era un requisito del Departamento de Estado, que llevaba registro de las viudas de los españoles, potencialmente enemigos, durante la Segunda Guerra Mundial. Eso cuentan mis primos, no sé si es cierto. Lo que sí puedo asegurar es que esa mujer tristona, viuda con catorce hijos, se quedó muy pronto sin nada, como tantas viudas de entonces y de ahora.

Por la rama paterna, guardo el recuerdo de la figura amable y siempre de negro de la tía viuda haciendo café en media en una cocina estrecha que tenía una puerta siempre abierta a un barranco. Mis primos tenían una llanta colgada de un árbol del patio y nos mecíamos allí, sobre el mismo abismo al que daba la cocina. Mis recuerdos del hermano de mi padre son muy vagos, un hombre joven que agonizaba en su cuarto, y la tía siempre fue viuda, aún después que se volvió a casar, al menos en mi imaginación.

Hasta la mañana en la que acompañé a mi madre al banco, las viudas eran eso: una foto, una memoria, un personaje de ficción.

Viudas imaginadas

Imposible imaginar una viuda alegre, la discrepancia entre la señora enlutada y la alegría resultaba desconcertante. Entonces escuchábamos aquello de «Yo soy la viudita, la hija del Rey. Me quiero casar y no encuentro con quién». Jugábamos a la ronda con la cancioncita y a mí me parecía raro que la viudita estuviera tan contenta y buscando con quién casarse. Esta viudita que busca marido debía ser joven (de ahí el diminutivo) y bella (escoge con quién), y rica (es hija del Rey). El arroz con leche era otra cosa, porque también busca casarse, pero con una viudita que sepa bordar, que sepa coser y poner la mesa en su justo lugar. Estos fósiles ideológicos – las canciones infantiles tradicionales – son parte de mi memoria sentimental, y llevo la vida entera peleándome con ellos.

«La viuda alegre» era una historia que sufrió varias mutaciones en los albores del siglo XX. La historia, originalmente una comedia de enredos de 1861 titulada L’attaché d’ambassade, de Henri Meilhac, fue adaptada como opereta por el músico Franz Lehár, y pronto pasó a otros idiomas y variantes, entre ellas una película muda de Erich Von Stroheim (en 1925) y una comedia romántica hollywoodense, The Merry Widow, dirigida por Ernst Lubitsch nueve años después. Todavía se representa la opereta, que tiene vistosos números de ballet, en teatros de todo el mundo. La película presenta a una viuda, que después del reglamentario año de luto se muda a París, a vivir la vida loca. La persiguen, preocupados porque con ella se fuga la fortuna del principado de Marshovia, y comisionan a un famoso playboy, el Conde Danilo, para que la conquiste, por el bien de la nación y so pena de muerte. Mientras tanto, la viuda se suelta la trenza y trabaja en un cabaret muy parisino bajo el nombre artístico de Fifí. A mí me da mucha gracia que la viuda se meta a cabaretera y me identifico con sus deseos de transformación jubilosa. Quisiera ser yo también una viuda alegre, pero no sé si tenga la misma suerte de caberetera. Por ahí sigue la historia, pero en nada se parece a los cuentos de viudas de la memoria familiar.

Las viudas pueden ser también personajes siniestros. Cómo no va a serlo una mujer liberada del marido por la mismísima muerte, o acaso resentida por el arrebato de la muerte, y además toda vestida de negro. Ese es el caso del tenebroso fantasma que anda por las carreteras chilenas, según cuentan. La «viuda de negro» (como si hubiera otra opción de color) es, según la imaginación chilena, un poderoso espectro que ataca a los viajantes nocturnos, un alma en pena que enloquece de pena y rabia, y decide, ya que le falta el suyo, vengarse del destino atormentando a cuanto hombre encuentre en su camino. Algunas leyendas son más elaboradas y cuentan que hace un pacto con el diablo para transformarse en espectro endemoniado y andar por ahí, de vengadora. Así que se les aparece a los solitarios, completamente cubierta de telas, bajo una burka siniestra, y los acosa hasta hacerlos despeñarse y morir. A veces se encapricha de algunos varones apuestos y se aprovecha amorosamente de ellos, a quienes abandona al día siguiente, medio turulatos y a medio vestir. En otros lugares hay otras figuras parecidas con las mismas malas mañas, pero no son viudas sino espectrales novias despechadas que andan de noche solas. Que les pregunten a los choferes de carro público que antes atravesaban la sierra de Cayey.

Viudas verdaderas

Paso varios días rebuscando sobre las viudas y encuentro cosas rarísimas: pájaros y flores que se llaman así, títulos de películas de diversos géneros, personajes de historias desastradas, asombrosas referencias en recursos legales y datos sobre la palabra que me dejan perpleja y agobiada.

Viuda viene del latín vidua y quiere decir «vacía». En algunas lenguas se usa el mismo término para viuda y divorciada, y en muchas no existe la palabra viudo. De hecho, hasta la Edad Media en castellano sólo se usaba en femenino. En la Biblia se distingue entre las viudas y las «verdaderas viudas» que quedan solas en el mundo porque, a falta de hijos varones, no tienen ningún familiar que las ampare. En las sociedades polígamas, cuando muere un marido, deja muchas viudas y compiten entre ellas por la herencia. También hay viudas de facto, llamadas «viudas blancas», esposas de hombres ausentes por el trabajo o por obligación (soldados, trabajadores migrantes, marineros, etc), cuando no son verdaderamente abandonadas. La ausencia del varón puede traducirse en amenaza al patrimonio o, en algunas ocasiones, en inusitada libertad para la mujer, ahora sin «protección» o, por fin, sin «dueño». Estas mujeres – como las solteras, las abandonadas (total o parcialmente) y las divorciadas – pueden convertirse un problema o una amenaza al orden patriarcal.

Es tremenda la desconfianza que les tiene San Pablo, sobre todo a las viudas jóvenes, que quieren casarse de nuevo en lugar de dedicarse a la devoción religiosa. Las tilda de perezosas y bochincheras, sin hombre que las proteja y las controle, andan por ahí, «de casa en casa», «metiéndose en todo y diciendo cosas que no convienen.» (I Timoteo, 5.6) Cuando se ponían «al servicio de Dios» les hacían la vida a cuadritos, porque su matrimonio anterior las hacía sospechosas de impureza. En las castas altas de la India el asunto era más tenebroso, porque la esposa acompañaba al marido hasta la muerte, y se practicaba el sati o inmolación de la viuda.

En general, según las referencias bíblicas, la figura de la viuda se asocia desde la antigüedad con el infortunio, y no es para menos. Se les considera desvalidas, tan desamparadas como los huérfanos. Todavía hoy, especialmente en regiones azotadas por la carestía y la guerra, las mujeres llevan la peor parte, y entre ellas, las solas – las que se quedan solas – lo llevan muchísimo peor.

La «buena mujer», en muchas sociedades, es la que se queda para recordar al muerto, en perpetuo luto. Se espera que las viudas sean decorosas y discretas, perpetuamente tristes. Después de todo, cuando la mujer se define esencialmente como madre y esposa, ser viuda es quedarse en el vacío y tener la mira puesta en la vejez y la muerte: seguir al amado a la tumba, pero lentamente. Y es cierto que sucede en muchas ocasiones. También se les vaticina. Hay gente que lo encuentra muy romántico, morir con días de diferencia, o tomados de la mano en la misma cama. Esto a las viudas nos trabaja en las cabezas y ante la muerte del «compañero de vida», de momento pensamos que sobramos en el mundo, que todo está por acabarse. Menos mal que tenemos a la viuda de Clicquot (la champaña), la viudita de la capital que se quiere casar y no encuentra con quién y a Fifí, la viuda alegre, para alimentar nuestra imaginación. En todo caso, siempre podemos escoger transformarnos en viuda de negro, a la chilena, e irnos por esos caminos oscuros a asustar a los solitarios y así vengarnos de las arrebatadas garras de la Muerte.