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Elizam Escobar, alguien diferente

Elizam Escobar, foto Angeles Rodríguez

 

Especial para CLARIDAD

En momentos en que gente querida parte a otro plano, ocurren cosas diversas. Se escribe sobre ellos cuando de algún modo fueron figuras públicas. Se reflexiona sobre su obra, que en el caso de un artista, pensador, filosofo, maestro, bohemio y luchador revolucionario, como lo fue Elizam Escobar, produce abundante material para enfocarlo de diversos modos. No soy quien para analizar el arte de Elizam que me parece creativo, surrealista, con un manejo de las imágenes y de los colores sugestivo y retante.

Cómo hablar entonces de algo que va más allá del amor que se impone como un requisito a cada revolucionario. Me refiero a vivir la vida con el dolor de cuestionarlo todo. De evitar la comodidad, de aceptar el canon establecido, incluso en la lucha por el cambio social, la justicia y la autodeterminación de los pueblos. Asumiendo la posición de que: fijaré postura frente a cada circunstancia y en cada momento histórico, sin un modelo predeterminado. Al que lo hace o la que así actúa en la lucha por la libertad y la justicia social, le ponen etiquetas para no enfrentarlos. Les llaman anarquistas, diferentes, bipolares, esquizofrénicos, iconoclastas e incluso psicóticos, alegando o imputándoles, que están fuera de la realidad. La lucha revolucionaria es muy compleja. Varía de país a país, de momento histórico y cambio de circunstancia, a otros momentos y exigencias materiales, políticas, sociológicas y espirituales. Estar pendiente al cambio de momento histórico y reconocerlo, para adaptar la táctica (a corto plazo) y la estrategia ( a largo plazo), conlleva la mirada escrutadora y vigilante del líder, para asegurar que hace lo que cada momento exige, de manera pragmática y creativa.

Hacerlo, sin renunciar a los principios básicos, que tienen  que ver con lo axiológico, los valores fundamentales de respeto a la verdad, de compasión hacia el vencido, de temeridad al momento de arriesgar hasta la seguridad propia y la de seres queridos, es característica de la escuela del nacionalismo Albizuista y de los revolucionarios(as) que han sido…Por eso, el reformismo es la opción de los que no dan la talla de los revolucionarios. Creo que Elizam, antes de ir a la cárcel por su lucha en defensa de la autodeterminación y la descolonización de Puerto Rico, ya era, metodológicamente hablando, como lo que he descrito. Lo fue también en la cárcel, creando su propia circunstancia y adaptándose para no claudicar, ni renunciar principios. Lo siguió siendo al salir de la cárcel y declarar que respetaba, en las circunstancias de la lucha contra la Marina en Vieques, el método de la desobediencia civil .

Su vida toda fue una lección de amor y de creación, no solo artística, sino como he dicho, de la constancia del revolucionario, hacer lo que hay que hacer en cada momento para salvar la Patria de perecer. Todo eso con la tesitura de una voz suave, sin estridencias. Con algo de ironía crítica, solo para cuestionar la eficacia y el alcance de lo que se hacía. La mejor manera de enseñar es hacer, acompañar el ruido de las palabras con el silencio de los actos valerosos, que significan la entrega total a lo que se defiende como valor y principio. Así vivió y murió Elizam; su vida fue su mejor obra artística…

Poemas de Elizam Escobar

 

 

DISCURSO A LA NOCHE Y SONIA SEMENOVNA, VI

 

La identidad, me preguntas

y yo te pregunto imagen te contesto alucinado

te veo instante

que mata

que despide

al anterior,

te siento mitad

y tercio.

 

Te siento besarnos

una vez

pero no dos veces

(el que te besó

no te besará

ni siquiera

un tercio de labios

o cavernas);

es sólo un  instante

el que pregunta

un instante que contesta:

 

Ser: melancolía de rutinas

— dijo el yo.

 

Comprende

que mi lava no es la misma

ni soy el mismo

— dijo el volcán.

 

La identidad: preguntas.

Y me encuentro en odiseas

entre cuatro esquinas

de almohada,

bajo una lámpara

de dos velocidades

de dos ojicidades.

 

Sólo sé que es noviembre

y no salgo

sino que me hundo más

que sigo siendo labio

o mitad de boca

o caverna;

si veo lo que hago

o veo lo que pasa

es cuando soy,

y pienso,

me hundo, luego soy.

 

¿Identidad? ojicida.

 

Te veo instante

como este fuego

que juega entre cuadernos:

a ser y a no ser,

con este otro instante

que mata al anterior.

 

¿No lo crees hermoso,

que sea místico

y mate con mi ojo?

 

La imagen dice:

me das la vida

y no la quiero

me rebelo

y te la quito.

 

Identidad, me cuestionas

y te digo tal vez

algún día

sin mucha lluvia

sin mucho cielo

sin mucho

sol

tal vez: que no refleje

irrelevante como tu voz

que me pregunta.

 

El ojo dice:

por eso tomo de cada instante

por eso:

quito, y luego soy.

 

¿Ser?: hacer.

Amar, huir, dudar

quitar, volver, tantear

volver a tantear

me tanteas

te tanteo

instante que pregunta

que mata

que despide

al anterior

melancolía que mata

la anterior melancolía.

 

Me preguntas mi nombre

y me encuentro en odiseas.

 

 

DISCURSO A LA NOCHE Y SONIA SEMENOVNA, VIII

 

He errado en el sueño.

 

Difícil no errar

y difícil la canción

la canción

que te quiero

escribir;

un músculo torpe

una interjección

se interpone.

 

Es difícil explicarlo

por eso

Sonia querida

vales más

que cualquier profeta del mal

o del bien

que la engañosa sombra

que los labios

valor de uso

valor de cambio.

Sonia figurada:

para ti

no alcanzan

las monedas.

 

 

DISCURSO A LA NOCHE Y SONIA SEMENOVNA, IX

 

Cuando te busco

algunas veces

también la busco a ella

a ella y su mirada tórrida

a ella y sus ojos.

 

Comprende

que son palabras

una cosmodisea

de labios y cavernas

que cada vez

que te beso

la beso a ella.

 

Los ojos enfurecidos

ante la luna

se parecen a un sol

cuando te busco,

y un rayo de luz

traspasa

mis párpados dormidos

mi sueño-océano-profundo.

 

Una voz

que huele a sal

y a espanto

me está pensando:

¡Silencio

que el Ser

está pasando!

 

¡Qué Sonia Semenovna,

está pasando!

 

Comprende

que es entonces

cuando nadie pasa.

 

 

[Cloaca]

 

A Sylvia Plath

 

Cloaca.

Cloaca del mundo.

 

los peces mueren sin ego

:ergo, no son seres

las ratas mueren sin habitar la risa

:ergo, son animales

los hombres mueren sin ser felices

:ergo, la felicidad no existe.

 

pero ese pez terrible del espejo de Sylvia,

¿quién es?

 

¿quién es esa rata amerikana

que habita la risa?

 

¿quién soy yo, cuando soy feliz?

Cloaca.

Cloaca profunda del mundo.

Que feliz y suicida en su cloaca

está mi ego feliz, mi animal feliz.

¿quién es éste que es feliz?

¿quién eres tú, pez terrible, quién?

 

 

Apuntes sobre un poeta antifascista

 

Especial para En Rojo

I

Déjenlo todo

-André Breton

Cuando George Oppen publicó The Materials (1962), habían pasado veintiocho años desde la publicación de su primer poemario, Discrete Series (1934). El mismo poeta que durante la década del 30 fundó el sello editorial “Objectivist Press” (con mucho más esfuerzo que dinero), y que junto a William Carlos Williams, Louis Zukofsky, Lorine Niedecker, y otrxs, insistió que el poema era un objeto desde el cual percibir el mundo, dejó de escribir por casi tres décadas. ¿Qué provoca que un poeta abandone la poesía? El contexto político de Oppen, un judío de Nueva Rochelle, NY, arroja algunas pistas. Entre un poemario y otro, múltiples crisis se desataron: la Gran Depresión de los Estados Unidos, la Guerra Civil española, el advenimiento del facismo en Europa y la Segunda Guerra Mundial, en la que Oppen participó como soldado. Al ojear algunas fotos de Oppen, no es fácil imaginarlo en uniforme. No porta la imagen clichosa de un intelectual que se sienta a pensar, pero sus pómulos pronunciados, el poco peso que parece atarlo a la tierra, tampoco remiten a la imagen de un soldado o un “hombre de acción”. Resulta difícil imaginar su tamaño eludiendo balas, buscando un tiro al blanco, desplazándose a través de un campo abierto y desconocido, a donde la metáfora apenas llega.

Cuando la identidad de Oppen como poeta comienza a vacilar, todavía Theodor Adorno no había sentenciado que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. Eso vendría después. Pero, en Oppen, la sospecha de que escribir poesía era incompatible con su realidad inmediata, empezaba a cobrar forma. En el invierno del 35, después del VII Congreso de la Internacional Comunista, George Oppen y su esposa, Mary, también escritora y artista, trocaron el arte por la organización política. Se organizaron bajo la insignia comunista y abandonaron la poesía como quien deja atrás un disfraz o un artículo muy poco preciado. Atrás quedaron las colaboraciones con Louis Zukofsky, William Carlos Williams y las memorias de una editorial que buscaba, lo de siempre: una poesía nueva y fresca, capaz de recoger la raíz de una experiencia en el mundo.

II.

La poesía es un arma cargada de futuro

-Gabriel Celaya

Abandonar la poesía fue la contestación de Oppen a su presente, aunque bien es cierto que había otro horizonte de respuestas posibles. Oppen pudo haber optado por la poesía “de armas” que se produjo en el mundo hispano, a partir de César Vallejo y Pablo Neruda. Pudo haber escrito una poesía útil, próxima a la acción como el calor que emana de un fusil. Pero Oppen no comprendía esa convivencia entre lo político y lo poético, o al menos no la consideraba honesta. Por eso no retomaría la escritura hasta después de regresar de la guerra, a finales de los 50. Según cuenta su compañera, Mary, una noche, Oppen tuvo un mal sueño. “Soñaste que no te quieres oxidar”, le dijo su doctor poco tiempo después. Ese mismo día, Oppen llegó a la casa con lápices y una libreta. El miedo a oxidarse, a volverse una tuerca en desuso, lo devolvió a su herramienta original: el poema.

III.

I had miscalculated “we”

-Natasha Lennard

Leer a George Oppen mientras un grupo armado de extrema derecha irrumpe en el Congreso de los Estados Unidos genera su propio sentido del absurdo. Atestiguo un intento golpista en vivo, yuxtapuesto a los últimos versos de Oppen que alcanzo a leer. Dicen así:

There are things

we live among ‘and to see them

Is to know ourselves’

(Of Being Numerous, 1968)

Mareada por la cantidad de banderas que ondean en la televisión, me quedo atorada en cómo Oppen habla de un pronombre que, en este momento, me resulta impensable: “we”. Un judío que sobrevivió el fascismo y que dejó el arte por el activismo durante casi tres décadas, emplea el “nosotrxs”, como si la fragmentación que nos legó el siglo XX no afectara la integridad, la capacidad de congregar, de dicho pronombre. Pese a la sospecha, me hago la pregunta que, según yo, los versos de Oppen dejan abierta: ¿qué autoconocimiento debo ganar si miro las cosas entre las que vivo justo en este instante? Si lo que rodeo es mi espejo, y yo soy lo que veo, entonces, ¿debo abrazar como mías las imágenes del mundo al revés y el sonsonete de la periodista, que repite en la televisión: “We are better than this”?  Estoy en medio de una contienda entre comunidades imaginadas.

El pronombre de la reportera remite a su uso fundacional, aquel “We the People” que los estadounidenses emplean orgullosamente para referenciar la fantasía de unidad y consenso que sirve de base a su imaginario nacional. Su pronombre se nutre de un miedo fundamental a lo otro: no admite como propio lo que no reconoce, aunque la rodee como una evidencia. El “nosotrxs” de Oppen le sirve de contraste. La poesía que Oppen produce después de la guerra supone una larga y concentrada meditación en torno a lo que significa ser unx en relación a lxs otrxs:

The self is no mystery, the mystery is

That there is something for us to stand on.

We want to be here.

The act of being, the act of being

More than oneself

(“World, World—”, 1965)

Sobre todo en su poemario más famoso, Of Being Numerous (1968), Oppen emplea un “nosotrxs” plural e indefinido, pero en constante relación con todo aquello—humano, objeto, animal—que logra atisbar. No deja de sorprender que Oppen sea capaz de usar semejante pronombre después de años de activismo y su participación directa en una guerra. Pese a todo lo visto y vivido, su experiencia con la historia no produjo un rechazo enfático a su capacidad de decir “nosotrxs”. Más bien potenció la necesidad de repensar lo común desde los fragmentos de una realidad polarizada. El pronombre en Oppen es una apuesta a lo numeroso, a la perplejidad de pertenecer a una comunidad que, en el momento decisivo, y de cara a la cifra unívoca y singular, opta por lo mucho, lo plurívoco, lo incontenible. Frente a la desconexión descomunal que percibo entre la televisión y el poema, entre la reportera y Oppen, me dejo llevar por las palabras de quien abandonó la poesía y regresó en números para contarlo:

Obsessed, bewildered

By the shipwreck

of the singular

We have chosen the meaning

Of being numerous.

(Of Being Numerous, 1968)

 

 

¡Estamos en el devenir!: sobre Obra poética (1980-2016) de Elizam Escobar

 

Estamos aquí celebrando la publicación de la Obra Poética (1980-2016) de Elizam Escobar que recoge 36 años de poesía en 5 libros y dos apéndices en edición de Joserramón Melendes para la editorial Qease, con ediciones terminadas en octubre del 2016 para La Campechada, como dice el colofón “con apagones y todo”. Más de treinta años después de que estos poemas comenzaran a ser escritos en prisiones estatales y federales, nos llega este testimonio del exilio involuntario del muy admirado amigo, poeta y pintor ponceño Elizam Escobar.

No es la primera vez que debemos esperar treinta años o más para leer el trabajo de nuestros poetas. Otro caso ineludible en este contexto es el del poeta y profesor de matemáticas nacido en Ceiba José María Lima, cuya obra La sílaba en la piel reunió por primera vez casi cincuenta años de poesía y salió, también por la editorial Qease, en el 1982, cuando Elizam comenzaba a cumplir su condena y a escribir los poemas del primer libro de la serie “El sueñista o El ocaso de las telarañas”.

Se conoce muy poco de la historia literaria de nuestro país, esa que da cuenta no sólo del poema, el libro o la obra, sino del estilo de vida, de lo que comprende un “estado poético”. Che Melendes ha sido el mejor centinela de esta memoria. Una memoria que no sea un “ayes que se gaste”, sino un “ay que madure y vuelva a ser”, como dice el poema de Lima “Estoy unido a la extensión del cielo” del 1963 y que forma parte de La sílaba en la piel.  

Para hablar de la poesía de Elizam, o de la de Lima, me interesa el hallazgo de una voz poética que trae el mensaje, su claridad y guía cuando vence a la desmemoria. El hallazgo de la poesía de Elizam llega casi 20 años después de conocerlo y 38 después de que comenzara a escribir los poemas. Qué escritura estuvo ahí en el lugar de Elizam todos esos años en que Elizam no estuvo, qué efigie de palabras se queda en el nombre del poeta exiliado involuntariamente, qué pasa con el pueblo para el que este poeta escribió.

Esto que estamos celebrando hoy es, como en el verso de Lima, un “ay que maduró y volvió a ser”. Así afirmamos la importancia de una voz poética imprescindible en este momento histórico. Elizam nació el 24 de mayo de 1948, así que faltan apenas unas semanas para su cumpleaños. Elizam creció en la calle Miramar del Barrio Segundo de Ponce, al igual que sus padres. Su tío de parte de madre, Arturo Ortiz, fue asesinado por la policía en la primera confrontación nacionalista en el Barrio Macaná en Peñuelas durante la insurrección Nacionalista del 1950. Esto es, el poeta que es Elizam es cronista, testigo, observador de la experiencia política de este pedazo de la isla desde muy joven.

El 4 de abril de 1980, cuando arrestaron a Elizam junto a otros nueve puertorriqueños de la Fuerzas Armadas de Liberación Nacional en Evaston, Chicago, yo tenía apenas una semana de nacida. En cambio, tenía 19 años cuando regresó Elizam. Dice Elizam en una entrevista con Carlos Gil en 1998, justo antes de obtener su libertad, que tomar el camino de la militancia fue una forma de catarsis necesaria para existir existencial y políticamente. Dijo que era eso o volverse un “férreo bohemio” (hardened bohemian) (236), devenir que de algún modo ha caracterizado su regreso como profesor universitario, pintor y jangueador frecuente del Viejo San Juan y que propicio que nos conociéramos.

Ahora bien, leer la poesía de Elizam y ver el desarrollo de su poética en esos años en que fue prisionero político es acceder a una de las voces que mejor ayuda a pensar la posibilidad de liberación que ofrecen el lenguaje y la creación artística en contextos de encierro. Los versos en esta Obra Completa son testimonio del encierro, del misticismo, del insomnio, de la crisis de la abstracción, de la multiplicidad del ser, del lenguaje, del amor al hijo, a la amada que escucha y -como conjunto- guía, camino a la libertad. Los libros se suceden y van abriéndose en significados

“El sueñista o El ocaso de las telarañas” contiene poemas del 1980 al 1983. En ellos se ve la transformación del amor en melancolía y luego en aceptación, el reconocimiento de los camaradas y de la mística del grupo disgregado por las prisiones del imperio, la fantasía del nosotros/ del pueblo, la oda y la épica, la escritura de las formas bíblicas, como las Once Bienaventuranzas o como “Hay dentro de cada cosa un poema”, que van creando una telaraña de motivos que se irán afinando y que se expandirán en el pensamiento de Escobar a lo largo de los años. Existe en este primer libro el hallazgo de Trilce. La realidad necesita un nuevo lenguaje, que forme nuevos órdenes para la verdadera libertad:

“Hay que piquetear al idioma

a ver si produce una nueva palabra

una nueva invención para ti”(29).

Ya en este libro surgen algunos personajes y situaciones que se verán más adelante, como la obsesión con los personajes de Crimen y Castigo, el dilema moral de Raskolnikof como crisis de espejos, de espejismos, o Sonia Semenovna como testigo de la libertad figurativa, y a Kafka y Nietzsche como interlocutores. La risa del animal, los animales espirituales del poeta –el murciélago y las personificaciones para crear juegos en la percepción y para plantear problemas inherentes de la política, como la escisión entre praxis y teoría como se ve en el poema Madre Praxis: “¡Ay, Praxis, que será de mí!/ teórico vital, heteróclito, con ojos de éter/y anchas sienes errantes”// ¡Apiédate de Mí-y-Tú, Praxis!”. (50)

En “El otro sueñista” (1984-1985) la voz poética da rienda suelta a la fantasía de la conciencia del hijo, de la voz del hijo, la mirada que el hijo arroja sobre el padre. La conciencia del hijo a partir de la experiencia del exilio del padre. La realidad como un exilio. Se me ocurre también que la posibilidad de esta conciencia en el futuro, la potencia del hijo en voz, es la posibilidad de lo cósmico y de la voz de Elizam en nosotros. “Es cierto que soy más cósmico que tú?”, le pregunta la voz del hijo. Esta sección enternece y recoge la que me parece una de las mejores secuencias de su obra poética. La voz poética del hijo niño le habla con una sabiduría ensoñada al padre en la cárcel. En esta sección el poeta apalabra la ausencia de su yo padre, como apología o acaso homenaje al hijo que tenía solo cinco años cuando el padre fue encarcelado. La sección se acompaña por dos imágenes de su hijo Elizer: una recién nacido y otra con su padre, 30 años después en Philadelphia.

En “Discurso a la noche y Sonia Semenovna” (1982-1983) la voz cuestiona los límites espaciales de la libertad, las geometrías. Aquí, entiende el poeta, “Las paredes son de goma”. Y, como en la poesía de Anjelamaría Dávila, aquí hay “textos sintonizados con la hembra”  porque es la humanidad lo que estamos tratando de cuadrar”(Entrevista a Angelamaría Dávila en De Pez Ida, de Irizelma Robles). Así Sonia tampoco será la de Raskolnikof, esta Sonia es Semenovna, no “Semionovna” o como dice un verso: “Y es otra Y”. Esta Sonia será como Penélope, pero será algo más: “Me tortura su amor/ porque es abstracto/ y sus besos son figurativos” (113). Al final del segundo prólogo, se sale de Sonia a través de un homenaje a Klemente Soto Vélez, quien también amó en su tiempo tras las rejas : “¡Qué mucha lluvia hay en mi garganta!// Sólo kráteres, Klemente. Las kamisas de fuerza/ Las kruzadas del hombre” (115).

Los “Poemas Nietzcheanos”, que al igual que “Discurso de la noche”, tuvo una primera edición por editorial Quimera, editada por Néstor Barreto, contiene poemas escritos en el 1984. En esta sección como en “Heurística del Laberinto” se destacan las reflexiones filosóficas del poeta, su búsqueda e impulso a hallar sentido. Se crea un universo paralelo de metáforas. En todos estos libros/capítulos se van redefiniendo las palabras y los signos. . Aquí, estos versos que escojo en referencia a la paloma de la portada:

La paloma universal

está nerviosa en mi país

el sueño está nervioso

el ojo

la angustia

la formar de mirar

el ego colectivo

está nervioso. (129)

Y es que este es también, como su obra plástica, un universo lleno de animales interiores. El pensamiento va organizando su multiplicidad junto a la paloma, el lobo, el sapo, la oruga y un genio nostálgico “niño envejecido atormentado por la inmensidad del mundo/mundo interno [que] quedará inédito/ y sin realidad” (138).

“El antiprofeta” (1986), el último libro compilado, fue escrito como diario cuando le fue prohíbido pintar a raíz del éxito que tuvo la primera exposición que hizo de sus pinturas en prisión. Vemos ahí una toma del espacio de la página, el deseo del lápiz que reorganiza la sensibilidad y las geometrías para deshacer laberintos y calabozos. Es la toma del espiral, del bloque narrativo hemorrágico y que Che Melendes ha respetado como pieza con las impresiones del original, y la escritura a mano de Elizam, como ganancia formal y de contenido. Aquí también vemos que acompaña el autorretrato, recordando las formas cubistas a Lima, las caracolas, la risa, mucha, el poema concreto, el diario, el ensamblaje, la filosofía. El poeta, en su diario, se confronta, como monje, a la caída de su velo. En términos espaciales, este libro está lleno de ganancias y economías, como ha sido el estilo de Qease, y esta juntilla y “En elucubraciones del tiempo y una piquiña” el poeta dice:

Muchas veces no sé ni lo que digo. Es sólo después de mucho tiempo que comienzo a entender mis cosas. Entonces, comienzo a descubrirme. Es un proceso lento,  pero esos descubrimiento me ayudan a sostenerme en el presente. Vivo en el presente solo y solamente. Desconozco lo que es el futuro (186).

El libro no se queda acá. Suceden dos secciones, apéndices, de poemas concretos, anotaciones, poemas sueltos, conversaciones con Julia y con Pietri, numeraciones, conversiones de José Debacle-Oneiros en Santo, que acercan cada vez más a Elizam al presente—“a mí me obsesiona el porvenir” (189)—y que forman el humus de su actual presencia y su sabiduría entre nosotros. Henos aquí, a punto de escuchar más poemas, con la seguridad de que el pueblo se está despertando, con manifestaciones y arrestos a compañeras casi detrás de la casa de Elizam en Baldrich, y con esta Obra Poética, que documenta, celebra y afirma su vida en libertad, como entrega a los lectores del futuro. Un futuro que Elizam no profetizó pero que nunca ha dejado de crear. Y como dice uno de sus versos “¡Estamos en devenir!”.

 

-Texto leído en la presentación de Obra poética (1980-2016) en la Librería El Candil, en Ponce, Puerto Rico, el 04 de mayo del 2017.

El 1er filme de Le Carré y dos series maravillosas

 

En Rojo

Como he señalado en mi 1era columna sobre John Le Carré, la mejor manera de adaptar novelas de este escritor con todos sus detalles tan necesarios, para entender estos personajes tan complejos en un mundo donde las verdades son todas relativas, es a través de las series de varios episodios. Ya destaqué los filmes que logran hacerlo con varios grados de éxito, pero comienzo con esa 1era adaptación riesgosa de The Spy Who Came in from the Cold que fue un éxito total en el mundo cinematográfico con nominaciones y premiaciones en festivales y de prestigiosas academias como los Oscares, Globe, BAFTA, WGA (gremio de escritores), David di Donatello.

The Spy Who Came in from the Cold (Martin Ritt 1965)

Me parece una gran ironía/karma/payback que la 1era novela de John Le Carré que se lleva al cine, The Spy Who Came in from the Cold, fuera dirigida por Martin Ritt, quien estuvo vedado de hacer películas en Hollywood por la cacería de brujas liderada por el Un-American Activities Committee (HUAC) de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos creado en 1947. Ritt fue “blacklisted” en 1952 lo que afectó su carrera de director durante esa década, aunque pudo trabajar esporádicamente gracias a la valentía de ciertos actores y productores. En este filme aparece por 1era vez el espía desilusionado con su trabajo en el servicio de agencias gubernamentales que no confían ni en sus propios agentes. Alec Leamas (Richard Burton en todo su esplendor) aparece en escena como un hombre que sigue las órdenes de sus superiores, pero sin convicción porque su experiencia le dice que él, como tantos otros, son solo marionetas en un juego inventado por los dirigentes que ellos apenas conocen. Cada misión tiene sus consecuencias si no se logra llevarla a cabo en todos sus detalles. Así que la trama se desarrolla a través de órdenes y contraórdenes en un juego donde los jugadores cambian de bando por razones de conveniencia y no de convicción.

Leamas fingirá ser un hombre sin rumbo, insatisfecho con su vida, que esconde sus frustraciones bebiendo casi sin control. Se acercará a una mujer que pertenece al Partido Comunista, Nan Perry (Claire Bloom), la convencerá de ser alguien en busca de redención y así acercarse a los agentes de inteligencia de Alemania Oriental (República Democrática Alemana), con quienes se vende como un agente “occidental” que quiere pasarse al otro lado por dinero. En verdad, la misión de Leamas es plantar evidencia que involucra a uno de los agentes principales alemanes. Todo se complicará precisamente porque la verdad nunca es clara y precisa y cada agencia manipula a sus agentes para su propia ganancia.

“Smiley’s People” (6 episodios, 1982)

Las novelas y adaptaciones al cine de Le Carré parecen empeñados en que lectorxs y espectadorxs se mantengan alertas desde la 1era escena al presentar acciones al parecer inconexas y poblar las escenas con múltiples personajes geográficamente distantes. En esta serie que comienza en París, Madame Ostrakova (Eileen Atkins) es una exiliada soviética que trabaja en una fábrica, vive sola y socializa lo menos posible. Cuando recibe una propuesta de alguien que conoce su pasado, pero en el que ella no confía, le escribe a su contacto de hace muchos años, el General Vladimir (Curt Jurgens), en Londres para asegurarse que la propuesta que le hacen es confiable. Es precisamente por la muerte del General que George Smiley aparece en escena ya que esa deserción la logró él y se mantenían en contacto, aunque no se vieran con frecuencia. Y es por esa anterior relación que los agentes de Mi-6 se ven obligados a contactar a Smiley ahora semi-retirado, aunque a ninguno él le caiga bien. El problema es que Smiley no le ríe los chistes al grupo, no pierde tiempo y sabe de antemano que la información que le van a dar va a ser parcial y por eso se hace cargo de una investigación que a la agencia no le interesa.

Para poder seguir las pistas, Smiley depende de su conocimiento y contactos dentro y fuera de Mi-6 al margen de la oficialidad. Aparte de Londres y París, Smiley viaja a Hamburgo y Bern para completar su investigación y donde puede contar con gente con quien ha trabajado antes como el húngaro Toby Esterhase (Bernard Hepton) que es parte de una de las escenas más conocidas con el también excelente actor Michael Lonsdale como Grigoriev. Estos son “la gente de Smiley” del título. Su personalidad nunca cambia: profesional, enfocado, directo en sus pedidos y órdenes, cuidadoso de no poner a nadie en peligro, amenazante, pero con la razón más que con la fuerza (aunque si tiene que usarla lo hace), calculador de todos los pasos a seguir para conseguir el resultado que quiere. Aunque su apellido es Smiley, nunca se sonríe para asegurar a todxs que cada paso que se toma es en serio, tiene repercusiones que pueden causar la muerte o encerramiento de inocentes. Como luego aparecerá en el filme de Steven Spielberg, Bridge of Spies (2015), la escena final se da en el famoso puente Glienicke que cruza Berlín y divide a la ciudad alemana entre el Oeste monitoreado por los Aliados y el Este como parte de la URSS.

The Night Manager (2016)

Esta historia de corrupción, negocios internacionales despreciables, conexiones con agencias de inteligencia y la posición férrea de un individuo, Jonathan Pine (Tom Hiddleston), de hacer todo lo posible por señalar a los culpables, expone los enlaces existentes en las grandes organizaciones multimillonarias que parecen regir la política regional e internacional. La historia comienza con algo pequeño: Pine es el muy eficiente gerente nocturno del Hotel Nefertiti en Cairo que mantiene una normalidad a pesar de la Revolución de primavera en Egipto en 2011. Comete el error de involucrarse amorosamente con Sophie Alekan (Aure Atika), amante de Freddie Hamid, playboy ricacho e influyente que tiene negocios con la empresa Ironlast Ltd, que será el enlace con los otros cinco episodios. Al recibir documentos sensibles de Sophie, Pine contacta a la International Enforcement Agency en Londres. La oficial de inteligencia, Angela Burr (Olivia Coleman) enseguida ve la importancia del envío, pero al poner en alerta a otros miembros de su agencia, se filtra la información y todo desaparece. Cuatro años más tarde Pine se ha mudado a Suiza donde ahora es el administrador del Hotel Mesiters y donde vuelve a toparse con el nombre de la empresa Ironlast y con su dueño, Richard Roper (Hugh Laurie), y su séquito. Ya aquí se establece el enlace entre Pine y Burr para lograr evidencia que pruebe que la empresa de Roper es un frente para tráfico internacional de todo tipo.

El resto de la serie será precisamente cómo encontrar esa evidencia, infiltrarse en la empresa sin levantar sospechas que Pine trabaja para la inteligencia de Londres y establecer los vínculos de Roper dentro y fuera de las agencias gubernamentales del Reino Unido y otros países. Pine asumirá otras identidades que lo llevarán a Devon en Inglaterra, Madrid y Mallorca en España, Mónaco, Ginebra en Suiza y desarrollará múltiples relaciones basadas mayormente en engaños, pero a la vez tendrá que cuidarse de su vulnerabilidad en situaciones críticas. Cuenta—como suele suceder en todos los filmes basados en las novelas de Le Carré—con un reparto de ensueño. Es precisamente en esta serie donde descubro a Olivia Coleman, súper preñada y más astuta y adelantada que todxs.