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Memorias teatrales: Sobre un libro de Rosa Luisa Márquez

Especial para En Rojo

Rosa Luisa Márquez, una de las figuras más relevantes del teatro puertorriqueño de nuestros días, no cree en la obra terminada: “…no hay producto final, …la obra está en permanente cambio” (p. 185) dice en su nuevo libro: Memorias de una teatrera del Caribe.  Conversación con Miguel Rubio Zapata (San Juan, Ediciones Cuicaloca, 2020).  Esa lección, aclara, la aprendió de uno de sus grandes maestros, Peter Schumann, el fundador del Bread and Puppet Theater.  Aunque Rosa Luisa (Tengo que confesarlo: no la puedo llamar Márquez, como debía en un texto como este.) se refiere a la obra de teatro cuando enuncia estas palabras, las mismas se pueden aplicar a su libro de memorias, libro que queda abierto y tiene una estructura fragmentada como sus piezas dramáticas.  Estas, definitivamente, no son unas memorias a la usanza y hasta se podría argumentar – idea que no comparto – que ni son en verdad memorias.

Por ello mismo hay que describir, aunque sea a grandes trazos, el texto, texto que surgió de conversaciones electrónicas que mantuvo durante el encierro por la pandemia con otro gran teatrero latinoamericano, el peruano Miguel Rubio Zapata, fundador del Grupo Cultural Yuyachkani, otro teórico del teatro que Rosa Luisa reconoce como uno de sus maestros.

Tras una presentación y una introducción, breves ambas, el libro consta de cinco partes compuestas por breves textos.  La primera es la más directamente autobiográfica, pues incluye textos donde se presentan a su familia y a personas que la formaron, entre las que se destacan tres teatreras boricuas: Myrna Casas, Victoria Espinosa y Gilda Navarra.  La segunda parte la forman otros textos donde, también a través de figuras importantes en su vida, presenta su visión del teatro.  La tercera, la cuarta y la quinta son muy parecidas, aunque se pueden diferenciar por las obra que comenta.  En ellas presenta sus visión del teatro a través de personas con quien ha trabajado directamente – Antonio Martorell, Osvaldo Dragún, Augusto Boal, entre otros y otras – y obras que ha presentado – Esperando a Godot, Jardín de pulpos, Abracadabra, por ejemplo –.  En el libro también se recogen breves textos ajenos que sirven perfectamente bien para la construcción de estas inusuales memorias.  Esas apropiaciones le dan al libro un aire de “collage” lo que reafirma su estructura fragmentaria.  Hay que añadir que Miguel Villafañe ilustra muy efectivamente el libro con dibujos de gran elegancia y que dialogan con su contenido.

La primera parte, la más directamente autobiográfica, es un tanto distinta al resto de la obra.  Las otras partes se semejan entre sí, lo que le da al libro una fuerte unidad.  Este en su totalidad puede verse como el intento de definir el concepto del teatro de la autora, explicado a través de la presentación de personas que la han marcado y de obras que ha montado. Unidad.  Los recuerdos y el relato de la vida de la autora sirven siempre para presentar su estética teatral.  Esta es la función principal de estas memorias.

Ya Rosa Luisa había intentado presentar más directamente una definición de su visión del teatro en un manual que surgió de su actividad como profesora de teatro en la Universidad de Puerto Rico, Brincos y saltos: el juego como disciplina teatral (1992), y en una edición (2002) de Historias para ser contadas de Osvaldo Dragún en la que recogía entrevistas al autor, notas de su montaje de la pieza y otros documentos relacionados para darnos así una idea clara de su método de trabajo.  Pero esos dos libros, aunque importantes para entender su visión del teatro, no nos presentaban todas sus ideas sobre el tema.  En Memorias de una teatrera del Caribe se ofrece un cuadro más amplio de estas, aunque se hace de manera a veces indirecta y siempre de forma fragmentada e inconclusa.  Pero, no cabe duda, que este nuevo libro es mucho más ameno y sugerente que los anteriores.

Por razones de tiempo y, sobre todo, por mis propios intereses, no concentraré mi atención en este comentario en la estética dramática que la autora define y defiende, aunque, obviamente, no dejo de valerme de esta para construir mi argumento central que es muy sencillo: la práctica del género de la memoria queda aquí profundamente marcada por su vida en el teatro y su visón de la teatralidad.  Es imposible desentenderse por completo de estos en estas memorias.  Pero, por razones personales, privilegio en esta nota la memoria.

Este prejuicio mío me lleva a valorar sobre todas las partes del libro la primera, donde se presenta lo autobiográfico más directamente.  La memoria domina aquí, donde se agrupan hermosos textos que recuerdan a personajes centrales en la vida de la autora.  En textos recogidos en otras partes – pienso, por ejemplo, en “Cuatro semanas en Machurrucutu” – la memoria y la narración de un momento de la vida de la autora están en función de la explicación de su concepto del teatro a través de una experiencia concreta.  Pero en los textos de la primera parte, aunque pueden haber elementos que también se refieren a la visión de este género – el teatro es el centro absoluto de su libro y de su vida – domina la memoria.

Recalco que para mí esa primera parte es la mejor del libro y me hubiese gustado que los textos que la componen u otros similares estuvieran esparcidos e integrados por todo el libro.  En otras palabras, me hubiera gustado que la memoria y la meditación sobre el teatro hubieran estado más fundidas, aún más de lo que ya están, o, mejor aún, que la autora en todo el libro nos hubiera contado más sobre su vida, dentro y fuera de las tablas.  Rosa Luisa está consciente de ello y juega con sus lectores al abrir y volver a cerrar de inmediato puertas narrativas sabiendo que queremos saber más: “Pero, esas son otras historias”, dice al final de uno de sus texto porque no quiere contarnos más y porque sabe que nos vamos a quedar con las ganas de saber más y más sobre esas “otras historias” que ella coquetamente se calla.

Pero en las que sí relata sus memorias se evidencia su capacidad como narradora.  Esos textos, como he apuntado, son, sobre todo, los que recoge en la primera parte.  Por ejemplo, en “Marcello”, donde cuenta su fortuito y efímero contacto con el gran galán del cine italiano, demuestra que sabe manejar la narración y esta le sirve para presentar a dos personas importantes en su vida, su madre, y su hermana.  Los retratos de personas centrales en su vida pueblan toda esa primera parte donde además de su madre, su padre, su hermana y su esposo aparecen otras personas que marcaron su vida, especialmente figuras del mundo del teatro: Pedrito Santaliz, Miriam Colón, Mari Paz Ballesteros, entre otras.

Para mí, el más conmovedor texto de esa primera parte y de todo el libro es el que retrata a su tío Manolo.  Quizás me conmueva tanto este texto porque fue escrito a raíz de la muerte de este y en él, más que en ningún otro, la autora deja ver directamente su mundo sentimental.  Pero lo hace de manera comedida, aunque con elementos teatrales.  Aquí se ve su capacidad dramática que se manifiesta, sobre todo, con la repetición de una pequeña frase que le decía el tío cuando ella era niña, frase que condensa el espíritu juguetón, cariñoso y radical del Tío Manolo.  Repito porque me importa y porque es mi observación central de este comentario: me hubiera gustado leer más textos como este, textos basados en la memoria, textos entrelazados con los otros, los de teoría del teatro.

También me hubiera gustado saber más sobre las experiencias de Rosa Luisa en un lugar muy concreto – el Pasillo de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, así, con mayúsculas, Pasillo – y en una fecha muy concreta: mayo de 1968.  Es que ambos, ella y yo, somos hijos de un mismo momento y nos formamos en un mismo lugar.  Por ello es que me gustaría saber más sobre cómo ese lugar y esa fecha la marcaron, porque también me marcaron.  Somos hijos del Pasillo de Humanidades y nacimos ideológicamente en un momento que marcó profundamente el mundo: mayo de 1968.

Me quedé con las ganas de saber más y más sobre Rosa Luisa.  Es que Memorias de una teatrera del Caribe, ya lo había dicho, es a propósito, un texto fragmentario e incompleto.  Lo que la autora nos ofrece en el mismo es ya mucho.  Pero como soy un lector que casi nunca queda satisfecho cuando un libro es bueno, pues quiero más, más, más, espero que Rosa Luisa me/nos complazca con otro libro de memorias donde se cuente más y no cierre tantas puertas.  Ya lo espero.

Crónica por Elizam

 

Por Áurea María Sotomayor

Quizá la primera vez que escuché su nombre fue en una casa de Guaynabo rodeada de bosque, poesía y música. Y después fueron las cartas que venían de la cárcel, una de las tantas por las que pasó, en Oklahoma. Eran cartas diferentes, saturadas de dibujos a colores y una letra apretada y elegante donde discutía de todo, aunque principalmente arte y teoría política. Sus ensayos sobre Nietzsche, Marx y estética en Nómada o en Postdata formaron parte de la intensa discusión que en esa época se hacía en torno a los tiempos de la posmodernidad. En ellos, Elizam estampaba su afirmación ética del arte como liberación. Lo explorado a lo largo de su vida fue la potencia simbólica del arte. Precisamente ahora que hace apenas veinticuatro horas de su fallecimiento me viene a la memoria su ensayo “El poder heurístico del arte”: “Uno debe olvidarse de sí mismo, porque la obra será el ser mismo: el ser mismo como la obra, el poder mítico del arte que traspasa todos los obstáculos. Mi existencia cotidiana –el todo– es irrelevante comparada con la nada de la obra de arte, la cual, sin embargo, es el único algo verdaderamente importante de eso que de otro modo no es sino una existencia desperdiciada.” A partir de esa afirmación elaboro en mi ensayo “Lo preso” la figura del cuerpo yacente recurrente en sus auto-figuraciones, porque atañe al retrato que podríamos extraer de quien fuera el artista y patriota que puso en su obra el ser. “En la prisión, como en la soledad, se experimenta el valor a extraer de esa misma soledad, y la necesidad que es asumir el cuidado de sí en una especie de sobrevivencia activa desde donde se cuestionan la postura de víctima y la actitud compasiva que proviene de afuera. Desde la prisión el encarcelado crea un yo transfigurado, probablemente también porque, velado y observado el cuerpo, este deviene un objeto para sí mismo, logrando trascender el ego. Desde ese lugar se construye la resistencia del espíritu y la capacidad del humano, en este caso, un artista que adopta otras formas de la soberanía encarnables en el arte.”

La antepenúltima vez que vi a Elizam Escobar fue para el homenaje que se le hiciera en el Museo de Arte Contemporáneo o antigua Escuela Labra en Santurce, cuando se conmemoraba su cumpleaños. La penúltima fue en su casa antes de la pandemia, a donde acudí varias veces para entrevistarlo, aunque nunca pudimos acordar la fecha perfecta. La enfermedad no daba tregua y siempre fue difícil.  Las últimas veces, aunque no lo sabía, fueron apenas hace unos dos meses a través de varias conversaciones que sostuvimos por teléfono relacionadas con la portada suya que lleva la Antología de Poesía Puertorriqueña de la Biblioteca Ayacucho (el deslumbrante retrato de una joven y desafiante Julia de Burgos) y las fotos que tomó de sus pinturas para que aparecieran en las páginas de mi ensayo “Lo preso”, que se publicará en La Habana muy pronto. Allí interpreto varias de sus pinturas, así como su obra poética y su posición estética. Me entristece que no las haya podido leer, como tampoco pudo leer Adal, otro gran artista y fotógrafo, lo que escribí sobre una de sus series. ¿A dónde se van nuestros muertos más queridos? ¿Será que debemos darnos prisa siempre?

Elizam fue una persona extremadamente generosa, con la sonrisa a flor de piel. Fue de esos seres que se agotan en un presente tan intenso que parecería no existir el tiempo de mañana. Elizam lo hacía todo casi inmediatamente, como si se le fuera a agotar el poco tiempo del que dispone un cuerpo condenado a la muerte. Esa fue mi percepción siempre que le pedía alguna colaboración. Cuando le solicité su dibujo precioso de José María Lima, allí estaba, así como su ensayo y todas las otras cosas, es decir, los mensajes, las colaboraciones. Y una vez Elizam entregaba algo de su belleza, no había preguntas impertinentes; solo existía el envío desprendido. La evidencia lo eran sus poemas, un ensayo sobre Lima, sus pinturas digitalizadas para documentar, no un libro, sino un proceso de vida cuyo emblema fue la solidaridad en la cultura, en la amistad, en las causas justas. Siento que le pedí muchas cosas a Elizam, a pesar de que no nos unía una amistad de todos los días, en el sentido estricto de la palabra. (De hecho, nunca lo escuché cantar, como sí lo disfrutaron muchos amigos y amigas.) Estoy segura, sin embargo, que sabía que trabajábamos con el mismo afán y pasión por algo que no podemos dejar morir y que siempre debe florecer. Es lo que nos une a aquella casita y a las personas que vivían en ella: Juan y Consuelo. Si puede trazarse alguna genealogía, habría que comenzar ahí. Creo que a Elizam le angustiaba el mañana y temía, al final de sus días, no terminar a tiempo. Esa disciplina que lo armaba, pienso, es la marca de la resistencia al espacio carcelario, donde otro nos intenta censurar, destruir y anular, intentando aniquilar nuestro tiempo. Pero si se está alerta, como hizo Elizam, el tiempo solo le pertenece a uno. Y él lo amaestraba a su necesidad, que era un perpetuo trabajo por la patria, en todos los sentidos. La patria del arte, la patria del amor, la patria del trabajo. “Alabanza”, como diría su maestro, a ese arrebato feroz de amor y de trabajo que fue su vida.

 

Editorial Antípoda inaugura como espacio independiente de creación literaria experimental

 

Especial para En Rojo

gortiz@claridadpuertorico.com

Una crónica que mezcla el relato personal y la ficción para contar lo acontecido a través de un road trip en carro por una parte de la costa este de Estados Unidos; otra historia narrada en formato de guión cinematográfico ilustrado. “Sobre un animal muerto” se titula la primera; “Música de tortura”, la segunda. ¿Qué comparten ambos textos? Son las primeras dos propuestas que serán publicadas bajo el sello de la editorial independiente Antípoda, inaugurada durante la pandemia por el periodista y escritor Joel Cintrón Arbasetti. ¿En qué más coinciden? Son creaciones experimentales que combinan varios géneros literarios y que integran el diseño del libro como un objeto que forma parte de la narrativa.

“Antípoda se quiere enfocar en literatura experimental. Quiere fomentar un tipo de escritura que vaya por diferentes géneros y que los mezcle. Me gustaría explotar más (en la editorial) la vía de la literatura híbrida”, sostuvo en entrevista para EN ROJO Cintrón Arbasetti, quien desde 2012 trabaja para el Centro de Periodismo Investigativo y en 2016 publicó su primer libro, la crónica El Local, bajo la serie Literatura Hoy del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Precisamente, esa hibridez literaria se palpa en “Sobre un animal muerto”, libro que ya lanzó la editorial y que está a la venta en la página web del proyecto – www.antipoda.org – en la Librería Laberinto en Viejo San Juan, y pronto en la librería La esquina, en la calle Loíza en Santurce. Expone la sinopsis de esta crónica de la autoría de Cintrón Arbasetti: “Heather y Joel, conductora y copiloto, se reparten los roles de autor, narrador y personajes en un road trip literario que borra las fronteras entre la crónica de viaje, el ensayo, la teoría y la autoficción. Durante el recorrido, lleno de humor, amor, irreverencia y crítica, se palpa la tensión entre la admiración del paisaje natural y cultural estadounidense, y el horror de reconocer la violencia que lo subyace”.

Sobre un animal muerto es una coedición entre Antípoda y La Impresora, taller de experimentación editorial y gráfica especializada en publicaciones independientes. Nicole Delgado y Amanda Hernández, poetas y encargadas de La impresora, hicieron el diseño y el ensamblaje manual del libro, y también fungieron como editoras y correctoras del texto.

No obstante y por otro lado, durante la entrevista, el fundador de la editorial reconoció que Música de tortura, que estará a la venta a partir de febrero de este año, es un libro que representa muy bien el trabajo literario que quiere publicar Antípoda. Según la descripción, esta historia de Sci-Fi Horror escrita por la periodista y productora de cine Janice Mejías junto a Juanchi González, guionista y director cinematográfico, “explora los límites de la técnica y del cuerpo como dispositivo de control. Al estilo de los mejores thrillers de pantalla, en las páginas de este libro se cruzan la violencia, el humor y la venganza”. El arte de “Música de tortura” estará a cargo del diseñador gráfico Josué “Nuno” Oquendo. Esta publicación integrará una versión en inglés y otra español en un mismo ejemplar.

El tercer libro de Antípoda será una publicación en inglés, Thin Skinned, de la artista y escritora Heather Houde, quien reside en Filadelfia. “Este será un libro bello, un collage de ilustraciones y textos en donde hay historias reales mezcladas con invención, fotografía, arte y escenas de películas. Tiene la forma de un scrapbook, pero bajo ese velo de inocencia se esconde mucho horror existencial. De nuevo, un libro difícil de catalogar”, según Cintrón Arbasetti.

A finales de 2021 iniciará una serie de publicaciones que explorará archivos diversos a través de investigaciones creativas que no se limiten a las restricciones de las formas académicas. La primera publicación de esa serie será un libro sobre la historia de la experimentación sonora y la música electrónica en Puerto Rico.

“Ese libro sobre música electrónica explora las bandas sonoras de la División de Educación de la Comunidad (DIVEDCO); los conciertos del Grupo Fluxus San Juan y de los compositores Francis Schwartz y Rafael Aponte Ledée entre los años ‘60 y ‘70; los trabajos experimentales de Nelson Rivera; los cruces entre performance y arte sonoro y la experimentación sonora extrema en el mundo underground durante la era digital”, explicó el autor y fundador de Antípoda.

Es importante destacar que “esta editorial busca escritos que eludan las etiquetas tradicionales, tanto las de géneros como las territoriales. Por eso, no se limitará a publicar escritos puertorriqueños o caribeños y latinoamericanos, el foco principal será la experimentación, asumiendo toda la ambigüedad que implica el término”, dijo Cintrón Arbasetti.

Surge la editorial durante la pandemia

Sin bien es cierto que Joel Cintrón vislumbraba la idea de crear una editorial, lo veía como un plan a largo plazo. El surgimiento de Antípoda ocurre en estos meses de pandemia para cumplir con los requisitos de la beca El Serrucho 2020, ofrecida por la organización sin fines de lucro Beta-Local. Explica Cintrón Arbasetti que originalmente solicitó la beca para terminar una investigación sobre la historia de la experimentación sonora y la música electrónica en Puerto Rico. Pero con la llegada del brote mundial de COVID-19, tuvo que reformular esa idea, pues no podría viajar y visitar bibliotecas. Fue así como, de la culminación de una investigación para un solo libro, pasó a utilizar el fondo económico de la beca para armar la editorial e ir publicando los dos primeros libros.

Los libros que se publiquen después de “Música de tortura”, no estarán cobijados por la beca, por lo que la idea es convertir la editorial en una organización sin fines de lucro que subsidie sus publicaciones con el dinero recaudado de la venta de libros y con fondos otorgados por otras entidades.

El proyecto se ha convertido en algo más inclusivo y colaborativo que lo que supondría el plan original.  La página de Internet y el logo de la editorial, por ejemplo, es producto del diseñador gráfico y fotógrafo Quique Cabanillas. Según contó Cintrón Arbasetti, el logo representa un personaje mítico y es una ilustración medieval que el diseñador adaptó.

Para nombrar la editorial, el fundador jugó con los distintos significados que pueda tener la palabra “antípoda”, pero en la definición que más se basó, incluso para confeccionar el logo, es en la que alude a una persona que habita en un lugar del globo terrestre diametralmente opuesto al lugar en el que habita otra persona.

Las publicaciones de la editorial Antípoda estarán disponibles en inglés, español, en libro electrónico y audiolibro, para facilitar el acceso a la lectura a comunidades con necesidades diversas, explica un comunicado de prensa.

Asimismo, “en un futuro Antípoda se propone publicar libros raros del pasado que por diversas razones se encuentran fuera de circulación, para que no queden en el olvido, pero sobre todo para re descubrirlos a la luz de nuestra realidad actual”, abundó Cintrón Arbasetti.

 

 

 

 

Crucigrama: Elizam Escobar Ortiz

 

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Elizam _____ Ortiz; Héroe de la Patria puertorriqueña, artista plástico, profesor de arte y escritor. Autor de “Poemas nietzscheanos y heurística del laberinto”.

8. Símbolo del cesio.

9. Soasa.

10. Líquido transparente y volátil usado como anestésico.

12. _____ sepultureros; (1985) pintura de Escobar.

14. Pica, arde.

15. Paisajes y pasajes _____ regreso; (2002) libro de la exposición de Escobar en el Museo de Arte de Ponce.

16. Los ensayos del artificiero. _____ allá de lo político-directo y el postmodernismo (1983-1993); (1999) libro de ensayos teóricos de Escobar.

18. El _____; (1991) óleo de Escobar.

24. Primer hombre bíblico.

26. Forma de pronombre.

28. _____ Juan; ciudad donde falleció Escobar. Autor de “La máquina del tiempo”, “Dobles”, “Sujeto muerto con banderita roja”, y “El embalsamador y la viuda”. 

29. Anillo.

31. Fuerzas _____ de Liberación Nacional; Escobar militó en ese movimiento clandestino puertorriqueño en EEUU. Fue arrestado el 4 de abril de 1980 y excarcelado en 1999.

32. Elizam Escobar: _____ poética 1980-2016; poemario de Escobar.

34. Antidiario de prisión. El _____ del pensamiento; (2013) libro de Escobar escrito en la prisión federal de El Reno en Oklahoma·

35. Danza húngara.

37. Río de Cataluña.

39. Organización de las Naciones Unidas, siglas.

41. Heurística _____; (1992) obra de Escobar.

42. Impar.

44. _____; (2002) libro de Escobar.

45. Poemas nietzscheanos _____ heurística del laberinto; (2011) libro de Escobar.

46. _____ Escobar; fue director del Departamento de Pintura de la Escuela de Artes Plásticas de San Juan. Autor de “Cuadernos de cárcel”, “Antidiario de prisión: el beso del pensamiento”, y del mosaico de mármol y granito titulado “Homenaje al Grito de Lares” en la Plaza de la Revolución.

Verticales

1. 24 de _____ de 1948; nacimiento de Escobar.

2. Punto cardinal.

3. Cuadernos de _____; (2006) libro de Escobar.

4. Símbolo del osmio.

5. Disparar balas contra alguien o algo.

6. Nivelé.

7. Sujeto muerto con banderita _____; (1996) óleo de Escobar.

8. Nombre de la letra c.

11. Existe.

13. Lengua provenzal.

17. 15 de _____ de 2021; fallecimiento de Escobar, autor de “El velorio”. 

18. Hueca, falta de solidez.

19. Elizam Escobar o la pérdida de la utopía. Reflexiones _____ torno a un sentimiento plano; libro de Escobar.

20. Distinta.

21. Luna de Júpiter.

22. Te atreves.

23. José Rafael (_____) Charrón; compañero fotoperiodista puertorriqueño. Editó el libro “Claridad tras el lente”. Falleció el 14 de enero de 2021.

24. Carta de la baraja.

25. Regala.

27. _____ máquina del tiempo; (1993) óleo de Escobar.

29. Especie de tiburón, de la misma familia que el cazón y la tintorera.

30. Aversión, antipatía.

33. Contemporáneo.

34. País ubicado al norte de la isla de Borneo. Obtuvo la total independencia del país británico el 1ro. de enero de 1984.

35. Del verbo groar.

36. _____; ciudad natal de Escobar.

38. Preposición.

40. Negación.

43. El embalsamador y _____ viuda; (2001) pintura de Escobar.

 

Año nuevo para la Madre Tierra

Especial para En Rojo

En medio de la pandemia que aflige toda la humanidad, crece una más aguda conciencia de la íntima conexión que existe entre la vida humana, la naturaleza y el planeta Tierra. Todos saben que nuestro organismo es habitado por un inmenso número de virus, bacterias y otros microorganismos. Lo que la mayoría no piensa es que si rompemos el equilibrio ecológico que mantiene esta multitud de virus en su hábitat natural, sufrimos consecuencias terribles, como hacen años tiene ocurrido con virus como Ébola, Sars, Corona y otros que podrán venir si la sociedad capitalista sigue destruyendo el equilibrio de la madre Tierra.

Actualmente, todas las religiones toman la conciencia de que tienen la responsabilidad de ayudar la humanidad a profundizar la dimensión cósmica de la presencia del Espíritu. Para las personas que creen, la Tierra, el Agua, el aire y todo ser vivo son los primeros y más importantes signos de la presencia divina.

Si la tierra es agredida, las aguas envenenadas, el aire contaminado, las florestas destruidas y muchos seres vivos siguen en extinción, no solo eso revela un fracaso de la actual civilización humana, como indica una profunda crisis espiritual. Parece que la religión del dios dinero y el culto del mercado más importante que la vida si imponen à las estructuras sociales y a las conciencias.  

En ese contexto, es urgente volver a la intuición de los caminos espirituales que nos enseñan a proteger la tierra y cuidar de la naturaleza como responsabilidad espiritual. Durante siglos, la teología cristiana parecía dividir el cielo y la tierra, lo natural y lo sobrenatural. El antropocentrismo moderno fue de cierto modo legitimado por una lectura fundamentalista y literal de la Biblia que debe ser superada. La actual reflexión bíblica y la espiritualidad ecuménica han devuelto a los cristianos la conciencia de la sacralidad de cada ser vivo y de todo el universo.

Este año de 2021 empieza por un nuevo Foro Social Mundial que, por causa de la pandemia, aún tendrá de ser virtual. Se realizará de 23 a 31 de enero. Como siempre empezará por una marcha que esta vez será una presentación virtual de tantos grupos, organizaciones y entidades civiles que están en el mismo camino. Y se cerrará en el domingo, 31, con una Ágora del futuro. Todo eso intenta movilizar la sociedad civil internacional en la construcción de un nuevo mundo posible. 

Es importante que todas las personas que aman la vida participen de la búsqueda de nuevos caminos para la humanidad. Las Iglesias cristianas creen que Dios nos da su Espíritu que “llena todo el universo y es principio de vida para toda creatura” (Cf. Gn 6, 17; Ez 37, 10 – 14 y Sb 1, 7). En su más reciente carta-encíclica, el papa Francisco invita toda la humanidad: “Soñemos con una humanidad única, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de la misma tierra que nos abriga a todos y todas; cada cual con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada cual con su misma voz, pero todos y todas como hermanos y hermanas” (Fratelli Tutti, 8).