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Retiro UPR: Veto a Resolución Conjunta de la Cámara

 

Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

 

BDO Puerto Rico, una firma de contabilidad involucrada en esquemas de corrupción durante el verano pasado, sigue teniendo credibilidad ante el gobierno insular. Esto no debe asombrar, pero debería molestar o, al menos, incomodar.

La semana pasada, la gobernadora Wanda Vázquez Garced vetó la R. C. de la Cámara 655, una resolución que fue aprobada por la Cámara y el Senado para detener los cambios en el actual Sistema de Retiro de Beneficios Definidos de los empleados de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Los cambios en el Plan Fiscal de la UPR se fundamentan en estudios realizados por BDO, información que, consecuentemente, ha sido suministrada a la gobernadora y sobre la cual se toma esta decisión, catalogada por la Hermandad de Empleados Exentos no Docentes (HEEND) como traición a empleados, profesores y pensionados de la UPR.

El veto fue justificado en el respeto a la autonomía universitaria y la crisis fiscal de la UPR. Una autonomía que, por ejemplo, depende de ese tipo de relaciones como las que ha mantenido la vicepresidenta de la Junta de Gobierno de la UPR, Zoraida Buxó, con la firma de cabilderos World Professional Group. O los contratos dudosos del presidente de la JG-UPR, Walter Alomar, con el Gobierno mediante la compañía DBPR Legal LLC.

Según la HEEND, el análisis sobre la estabilidad del plan de retiro fue acomodaticio porque solo contempló un escenario con un sistema cerrado y no en plena operación, como es al presente mediante el Fideicomiso del Sistema de Retiro.

Eduardo Berríos, presidente de la Junta de Fideicomiso de Retiro de la UPR (Junta de Retiro), ha manifestado en ocasiones anteriores que: “Todos los escenarios actuariales reflejan que el cambio provocará la insolvencia del Fideicomiso del Plan de Pensiones y debilitará las precarias finanzas de la UPR, arriesgando su acreditación y futuro como el primer centro de educación superior en Puerto Rico”.

La Junta de Retiro ha recomendado que se adopte para la deuda actuarial de la UPR el método de amortización cerrada a 30 años para mantener la solvencia del Plan de Pensión de la UPR y evitar la destrucción de su Fideicomiso. Berríos explica en una columna publicada por El Nuevo Día, el 10 de abril de 2020, que: “El Plan de Pensión de la UPR es el único sistema de pensión gubernamental solvente con ganancias millonarias ($141 millones en 2017 y $113 millones en 2018), con un patrimonio sólido logrado por el extraordinario rendimiento de sus inversiones y los múltiples ajustes en beneficios diseñados por la Junta de Retiro de la UPR y avalados por sus participantes”.

La presidenta de la HEEND, Jannell M. Santana Andino, señaló que ante la crisis del COVID-19 los participantes de planes de contribución definida están sacando su dinero por la dependencia directa de estos sistemas a la bolsa de valores. “Aquí el país tiene que empezar a preguntarse cuál es la prisa de la administración en cambiar el sistema de retiro de la UPR en medio de una emergencia mundial, quién saca ventajas de esta acción, a quién o quiénes se beneficia”, apuntó la líder sindical en un comunicado de prensa.

Así como la HEEND, la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) pidió a la legislatura que pase por encima del veto a la R. C. de la Cámara 655. La decisión de la gobernadora sería discutida por la Cámara y el Senado este lunes, 27 de abril.

Sobre la justificación de la gobernadora, el presidente de la APPU, Ángel Rodríguez, expresó que es increíble que la gobernadora hable de autonomía universitaria cuando sigue las recomendaciones de la Junta de Control Fiscal.

“Nos parece cínico, falto de seriedad e insensible con los sectores universitarios que trabajamos todos los días en la Universidad del pueblo de Puerto Rico”, dijo Rodríguez, quien además descartó que la gobernadora tuviese un interés real por la crisis fiscal de la UPR, pues de otra manera no se le seguiría recortando fondos a la institución.

 

 

¿Estamos preparados?

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

¿Está el país en condiciones de reabrir su actividad económica, levantar el toque de queda y regresar a una relativa normalidad?

Mientras varios grupos del sector privado presionan a la gobernadora para una reapertura y el task forcemédico presenta un plan de reapertura de cuatro fases, se alzan voces más precavidas. Entre estas se encuentra la Asociación de Economistas de Puerto Rico (AEPR), quien alertó sobre el peligro de reabrir el comercio y la actividad industrial a principios del mes de mayo y propone anteponer la salud y el bienestar de los ciudadanos para atemperar la crisis del COVID-19.

A juicio de la AEPR la intención de la gobernadora, Wanda Vázquez Garced, de liberar a principios de mayo varias actividades productivas puede provocar un repunte en los contagios de COVID-19 en el país, provocando tener que volver al cierre total de la economía por un tiempo más extenso. Contrario a lo deseado, los economistas señalaron que, tanto a corto como a largo plazo, el resultado podría agravar más aún la contracción en el Producto Nacional Bruto Real (PNBR) de Puerto Rico, el cual ha acumulado una reducción de 19% entre el 2007 al 2017.

“Si, a pesar de los factores adversos señalados, el Gobierno reabre la economía, solo la producción considerada esencial deberá permitirse, a la vez que exigir a los patronos que tomen medidas para proteger la vida de los trabajadores, incluyendo: proveer equipo de seguridad y protección en el trabajo, aportación para un seguro médico, licencia de enfermedad, y salarios cónsonos con el costo de vida. Dichas medidas deben ser para todo el personal, sin importar su situación contractual y jornada laboral. Si las personas deben exponer sus vidas para salir a trabajar, entonces deben tener las protecciones adecuadas. De lo contrario, no deben regresar al trabajo”, declaró Heriberto Martínez Otero, presidente de la AEPR.

El presidente de los economistas reclamó que el gobierno debe garantizar las condiciones materiales y salubristas que les permitan a los ciudadanos quedarse en sus casas durante el tiempo necesario para proteger su salud y satisfacer sus necesidades básicas. Para ello debeadoptar políticas públicas encaminadas a asegurar los ingresos básicos que garanticen la seguridad alimentaria por varios meses.

La AEPR recomendó que se ponga en vigor la ley sobre del Empleador Único, para permitir que profesionales de la salud que no están destacados en la actualidad en hospitales puedan hacer las visitas y administrarlas. Además, activar a empleados públicos para el procesamiento de reclamaciones de los pagos de Seguro por Desempleo que y se aceleren los trámites del subsidio federal a todo beneficiario del Seguro Social. La AEPR también coincidió con la postura de la Junta de Control Fiscal (JCF) de que el Gobierno no ha utilizado todos los fondos asignados para combatir la crisis del COVID-19. La AEPR incluso recomendó que los fondos reservados para el pago de la deuda pública se utilicen para ayudar a las personas y a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y para comprar equipo de salud y otros suministros médicos.

LA AEPR también expresó preocupación por la falta de una estrategia regional para enfrentar la pandemia del coronavirus y recomendó una mayor comunicación y coordinación entre el Gobierno de Puerto Rico y los de Texas, Florida, New York y New Jersey, de donde procede el mayor flujo de vuelos y pasajeros desde Estados Unidos, así como estrechar la comunicación con los gobiernos de la región del Caribe para intercambiar visiones y estrategias de cómo enfrentar la pandemia en un espacio geográfico similar.

Por su parte, Raúl Santiago Bartolomei, director asociado de investigación y Deepak Lamba-Nieves, director de investigación del Centro para una Nueva Economía (CNE), apuntaron que Puerto Rico está entre los países menos preparados para reducir el toque de queda. Los investigadores del CNE analizaron a su vez una investigación del Blavatnik School of Goverment, de la Universidad de Oxford, en la cual se examina la clasificación de qué países cumplen con cuatro de las seis medidas a implementar antes de suspender los toques de queda. Estas medidas son:

 

—La transmisión de COVID-19 se controla, solo si existen casos esporádicos y algunos grupos de casos;

—Hay suficientes trabajadores de salud pública para pasar de detectar y tratar casos graves a detectar y aislar todos los casos;

—Se minimizan los riesgos de brotes en lugares de alta vulnerabilidad;

—Se establecen medidas preventivas en lugares de trabajo;

—Se maneja el riesgo de importar y exportar casos de comunidades de alto riesgo; y

—Las comunidades están totalmente comprometidas y entienden que la transición de las restricciones de movimiento a gran escala y las medidas sociales y de salud pública (desde la detección y el tratamiento de casos graves hasta la detección y aislamiento de todos los casos) son la «nueva normalidad» en la que se mantendrán las medidas de prevención.

 

Según cita el CNE, Puerto Rico se ubica en la mitad inferior de los países listados un poco mejor que Mali y Moldavia, pero peor que Libia y Venezuela. Aunque los autores de la investigación estiman que a Puerto Rico le ha ido bien fomentando que la población entienda la situación, ha tenido un pobre desempeño en el control de casos, en hacer pruebas, en el rastreo y el aislamiento.

Según los investigadores, la gran mayoría de los países del mundo están lejos de cumplir con las recomendaciones de la OMS. Las anotaciones del CNE fueron publicadas en su boletín del viernes 24 de abril.

 

 

 

 

 

Con-textos El Mono y el Organillero

 

 

Por Reinaldo Pérez Ramírez

Especial para CLARIDAD

 en memoria de Jaime Córdova

 

 

En la foto, un mono disfrazado de bufón; un organillero tocado de sombrero con voz ronca de tambor; un organillo con pata de palo y foto de novia y hermana. Mono y amo en la calle desierta, miran en derredor no haynadie …

 ¿Qué pasa?  La caja de música llama: do-si-la-sol-si-la(pausa muy breve)… fa sostenido-sol.

 Nadie sale. Las persianasestán cerradas.  Los póstigos atrabancados.  El vaho seco de la canícula persiste en la plazaun domingo después de misa;  calienta los colores de tierra y cal en la tardevana como doncella almidonada.  Los aspirantes a artistas siguen observando en estupor.

 ¡Eureka!, dice de pronto muy quedo el organillero.  El mono-único personaje presente que puede oírlo- había aprendido a escuchar.  El timbre y la onomatopeya de la palabra presagiaban para el domesticado animal un helado dulce, como pasaba las mañanas frías justo al pie de la fuente donde recordaba las gotas salpicando sus afanes trashumantes de aspirantes a estrellas.

 La tramoya acentuaba la escena: una pata de palo desmontable -la del organillo-; los sombreros de ambos, así como la ilusión de que algún potentado de Californiaamigo de Charlie Chaplin“descubriese» al mono,al organilloy organillero -el de la la voz de tambor- navegando las aguas del fin de la era del cine silente.

 Y a la fuente se dirigieron.  Allí encontraron policíasrodeando la gente. Todos  -oficiales, tenderos, vendedores ambulantes, monjas y vecinos, en su mayoría- ostentaban orondos extrañas máscaras, guantillas azules en las manos y ojos tristes de miradas sesgadas, como los de los orientales que construyeron cientos de miles de millas de rieles para tranvías y que eran culpables de nada.  Gentes y policías les vieron llegar expectantes.  

 Sin siquiera pensarlo, el organillero movió la manivela.  La caja de marca alemana Wagner -o tal vez Levien, o autóctona de Fruty y Co.-, con su única pata de palomarcaba el ritmo como Capitán pirata encubierta.  

 Entonces, las miradas cambiaron; los ojos se abrillantaron; las gentes bailaron y la fuente bramó una  partitura de violines, flautas, trompas y trombones.  En el clímax del concierto, un chorro portentoso empapó a todos con líquido de alegría.  Las notas de la sinfonía del artilugio en caja de madera con foto de novia y hermana, atrajo más gentes del pueblo y las de otros pueblos cercanos.  Juntos cantaron, bailaron y celebraron, y cargaron en hombros al organillero mientras Izur, mojado y jubiloso decía: tengo agua, amo;  ya no tengo sed. El mono había aprendido a hablar.

 Nota del narrador: La hermana del organillero, de nombre Leopoldo, que aparece en la foto de frente en el organillo, se llamaría Carmen, estoy seguro.  Y la novia, Juana -por supuesto. Muchos años después, al nunca llegar a ser contratados por algún magnate de Hollywood, Leopoldo se suicidó.  Como esteta, lo hizo cumpliendo protocolos de elegancia: de smoking en la cama, había llamado a la recepción del hotel de provincias donde llegó solo a rumiar sus penas; la de haber escuchado de su novia joven el adiós definitivo por la delación del secreto, el remordimiento por haber inventado la picana eléctrica para torturar, y el fracaso de su experimento de lograr que un mono aprendiera a hablar. Nada de tiros sangrientos. Whiskey con cianuro, por supuesto, en vaso de cristal.   Izur, el mono parlante, deambuló durantedías cerca de la plaza sin comer los cacahuates que los transeúntes que le encontraban demacrado y lagañoso

-se había quedado sin lágrimas- le ofrecían.  Nunca tampoco volvió a tomar agua. Nadie volvió a escucharle decir palabra alguna.

 Mea culpa del autor, a propósito del Con-textos anterior, Ojos de Caracol. Jaime Córdova, me informan, no fue fundador de la agencia BBDO, aunque laboró allí años después.  Tampoco el creador del personaje de Cantalicio, que fue Gary Hoyt. Se debate aún si lanzaba o no como luego lo haría Kent Tekulve.  Lo de la rosa roja en mi cumpleaños 50 y la foto de la trinitaria color fucsia retratada frente al seto en la casa natal de Miguel Hernández en Orihuela, que Jaime me regaló en un aniversario de su muerte, ocurrió según contado.

Mirada al País: Salchichas, pan sobao y coronavirus

Por Alana V. Álvarez Valle

Especial para CLARIDAD

El despertador sonó a las 6:00 a.m. pero ya llevaba un ratito dando vueltas. Tengo que ir al supermercado y llevo días mentalizándome.

Dejé el desayuno listo para la familia, me atraganté algo y me preparé. Me recogí el cabello, verifiqué los bolsillos y llevaba todo lo esencial: hand sanitizer, guantes y mascarilla. En una carterita cargaba solo las llaves del carro, el wallet, la lista de la compra y un bolígrafo. Me despedí de la hijita cuadrúpeda, me puse la mascarilla, me encomendé al universo y ya antes de las 7:00 a.m. estaba en la calle desierta.

En estos días, ir al supermercado es todo un operativo. Desde que se declaró la cuarentena a mediados de marzo para atajar la propagación del letal virus COVID-19 —mejor conocido como coronavirus—, ir a comprar comestibles y artículos de primera necesidad es bastante complicado. Como boricuas tenemos prioridades diferentes a las de los gringos, así que tenía una lista bien específica. Debido a que recomiendan no salir de tu comunidad, tuve que conformarme con las tiendas del área y no pude ir al supermercado latino,que tiene todos los artículosindispensables.

“Chica, pero ¿por qué no ordenas por Internet?”, me preguntó una amiga hace unos días. “Es que las cosas que requiero solamente las tienen en un supermercado particular que no tiene ese servicio”. “¿Cómo qué cosas”? “Pues salchichas Carme…, habichuelas, calabaza para los guisos, sofrito, cubitos de jamón, y varias cosas más”, expliqué.

Tengo la suerte de que vivo con mi familia inmediata en uno de los estados de los Estados Unidos con mayor población puertorriqueña, y usualmente puedo conseguir casi todo lo que nuestro corazón y paladar anhelan. En tiempos de pandemia, pues… se hace lo que se puede.

Llegué súper temprano. Aunque había poca gente, no encontré todo lo que quería para mi tribu. Ahora me tocaba ir a la mega tienda, a la que odio ir porque se niegan a vender CLARIDAD, pero no había más remedio. También estaba media desierta. Muchos adultos mayores, y —para mi sorpresa– muchos boricuas. Reconocía mi acento por todos lados. Venía de parte de los y las empleadas y de la clientela. Creo que las boricuas vamos tempranito, “pa’ salir de eso”.

Me concentré en la misión y fui de inmediato al pasillo del papel de inodoro. Cogí un paquete y seguí camino. En el pasillo de los tintes de cabello, seleccioné como mejor pude. Porque como buenas boricuas, mi madre santa y yo preferimos tener el pelo ‘más o menos’ que con las canas, restregándonos en la cara que llevamos más de un mes sin ir al biuti. Taché mi lista para recapitular y me di cuenta que cometí el error de no comprar las bolsas de basura cuando estuve en ese pasillo. Tenía que regresar, ¡que mal rato!

Cuando llego, me asomo y veo a una empleada con palo de escoba en mano, parada cual guardia imperial, velando los papeles higiénicos. Me acerqué y entonces la escuché bien parcelera conversado con el empleado del pasillo de al lado. “Lo que pasa es que esta gente no entiende que es solo uno por persona y hay que estar diciéndoles”, exclamó en puro español boricua.

Entonces viró su mirada hacia mí y con cara inquisidora apuntó mi carrito con el palo. “¡Solo tengo uno!”, dije mucho más fuerte de lo que debía. “Pues ahí yo veo dos”, señaló con tono acusador la mujer que parecía sacada del Topeka de la Loíza. “Llevo un papel de inodoro y el otro paquete es de papel toalla. Yo lo que necesito es una caja de bolsas”, supliqué con las manos en alto. “Ah bueno. Pues, las bolsas están en el pasillo de al lado. Buen día, mami”, remató.

Con el corazón acelerao, fui directamente a la fila de las cajas registradoras. En mi camino, casi me tropiezo con un hornito que guardaba pan caliente. Me asomo y había pan de la famosa panadería sanjuanera, cuyo dueño tenía aspiraciones políticas. ¡Era pan sobao de Puerto Rico! Por poco lloro de la emoción. Recordé que no me podía tocar la cara y me espabilé.

Aunque había fila para pagar, no estaba muy larga. Le hablé estrujao a un gringo que estaba a menos de seis pies de distancia, a pesar de las grandes X que los marcaban en el suelo. Quería decirle “No se pegue que no es bolero”, pero me resigné con un: “Please sir keep your distance”(“por favor guarde distancia”).

Por fin es mi turno en la caja registradora y comienzo a descargar mis productos. Le hago un comentario a la cajera y entre la mascarilla y el acento, no me entendía. Me fijo en la plaquita con su nombre: Yomaira. “¿Hablas español”?, pregunté. “Sí, claro”. “Boricua también”, pensé para mí. “Tuve que raspársela así a ese señor porque se seguía acercando”, le comenté. “Ay mija, esta gente no entiende. Y esto se va a poner peor. Dios nos coja confesaos”, manifestó. “Amén y usted cuídese”, contesté sorprendida de mi misma por sonar exactamente como mi abuelita. (Parece que la pandemia saca el “cristianismo cultural” a pasear.)

Llamé a la familia al llegar para que prepararan la cadena humana. Mi esposo y yo con pañitos desinfectantes en mano, limpiamos, pasamos los artículos, el nene los llevaba hasta la cocina y la abuela los acomodaba. Me quité –afuera– los zapatos, (adentro) el abrigo y la mascarilla y los heché en la secadora; me lavé las manos con jabón por 20 segundos.

Terminé de acomodar la compra y me dispuse a hacerme mi desayunito formal. Me senté a la mesa con tremendo sándwich de jamón, queso, y huevo en pan sobao, aplastao en la plancha, como lo hacen en la Borinquen Bakery en New Britain y en las panaderías de mi terruño.

“¿Cómo te fue? ¿Cómo está la calle? ¿Hay mucha gente? ¿La gente está con mascarillas?”, me preguntaron. “Dame un breik plis. Déjenme disfrutarme este manjar y les cuento”, respondí con la boca llena.

XXX

Mirada al País: El Pandemonio

22 de abril de 2020. Puerto Rico: Un nuevo piquete servicarro por parte de un grupo de ciudadanos ocurrió esta mañana a las afueras de las instalaciones del Departamento de Salud para reclamar que se utilicen las pruebas de COVID-19  de manera estratégica en la isla y además que se trace un plan adecuado ante el golpe económico de la pandemia.

 

Por Fermín L. Arraiza Navas

Columnista invitado

             Más allá del COVID-19, el abismo en que se encuentra Puerto Rico comenzó mucho antes que el coronavirus.  Problemas que arrastramos a partir del endeudamiento de nuestro gobierno por décadas y de la intervención de la desacreditada Junta Fiscal bajo PROMESA desde 2016.  Si añadimos la debacle producida por oportunistas allegados al gobierno tras el Huracán María, los terremotos de principios de 2020, y ahora el coronavirus, tenemos un “pandemonio”.

Esperar acusaciones contra ese poder es ilusorio.  Ni estatales ni federales hacen cumplir la ley cuando de ellos se trata. Conflictos de intereses, favoritismos (como el recién escándalo del Depto. De Salud), influencias, cabilderos, empleados fantasmas, nepotismo, donaciones simuladas, negligencia criminal en el suministro de ayuda a damnificados, hijos (as) talentosos (as), interferencias ilegales con oficiales federales; y no pasa absolutamente nada.

Por otro lado, resulta bochornoso seguir evaluando alternativas económicas para pagar billones a compañías multimillonarias, sueldos y honorarios de abogado obscenos, cuando la deuda pertenece al Congreso de EE.UU. El Congreso eliminó la protección de quiebra federal (1984) a las instrumentalidades del ELA, invitando así a especuladores de Wallstreet, para hacer fiesta del estado de indefensión de nuestro sistema fiscal. Ese mismo Congreso, eliminó los créditos contributivos (936) en 1996, privando al territorio de una herramienta de desarrollo económico limitada, dentro del esquema económico impuesto desde la metrópoli. Simultánemente, en virtud de la Cláusula Territorial, Puerto Rico ha sido discriminado, marginado y privado de su capacidad de desarrollo económico, debido a que la soberanía la ostenta el Congreso. Sánchez Valle(2016).

PROMESA, no es otra cosa que una excusa del Congreso para eludir sus responsabilidades fiscales con nuestro Pueblo. PROMESA no solamente viola la Cláusula de Nombramientos federal, sino además, le confiere atributos gubernamentales a un ente no electo (la Junta) menoscabando el Derecho al Voto del Pueblo. PROMESA también viola la Cláusula de Uniformidad al permitir un embargo del presupuesto de Puerto Rico, para pagar una deuda no auditada a especuladores, con el aval de la Corte de Quiebras y de la Junta. Todo ello, perjudicando la educación (400 escuelas cerradas), recortes a la UPR, derechos laborales, la seguridad, derechos civiles lacerados, recorte de pensiones y el desmantelamiento del Sistema de Salud.  Ningún Estado lo permitiría.  Un embargo similar a un Estado federado provocaría una insurrección civil en EE.UU. Tener colonias conlleva unas responsabilidades.  Si EE.UU. considera a Puerto Rico su colonia, dónde están los informes sobre su desarrollo económico que EE.UU. venía obligado a enviar durante los últimos 66 años ante la ONU.  EE.UU. engañó a la ONU en 1953 para evitar rendir estos informes.  De haber cumplido con su obligación (deber de fiducia) la deuda no existiría.

En medio de esta pandemia no necesitamos testaferros de la Junta, sino líderes verticales. Aquellos que defiendan los derechos del Pueblo, exijan rendición de cuentas, combatan la corrupción y señalen a los responsables de la deuda. El dinero lo necesitamos para reconstruir un sistema de salud adecuado, a la altura de lo que exigen las circunstancias; exijamos transparencia gubernamental; rechacemos medidas autoritarias como la Ley Marcial y los ataques a nuestra constitución; seamos conscientes de la necesidad del distanciamiento individual, pero a través de la solidaridad; unirnos para salvar vidas, exigir reparación de agravios al Congreso y utilizar nuestros recursos para enfrentar este nuevo reto. Enfrentemos el estado de emergencia protegiendo nuestros derechoshumanos.

El autor es abogado y Director Legal, ACLU Puerto Rico