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La toma del Capitolio por el ejército de Trump

 

 Por Rafael González Morales

El pasado 6 de enero, cientos de personas asaltaron y saquearon uno de los símbolos de la denominada democracia estadounidense: el Capitol Hill. Este hecho insólito que sorprendió a muchos, no fue el resultado de una reacción espontánea de extremistas y fanáticos trumpistas sino que responde a un plan financiado y organizado desde hace semanas dirigido a impedir la culminación del proceso de certificación oficial del triunfo de Joseph Biden.

En el centro de la concepción y promoción de estas acciones se encuentra el propio mandatario estadounidense, quien desde el 19 de diciembre pasado a través de las redes sociales afirmó: “Gran protesta en DC el 6 de enero. Ve allá, será salvaje”. Posteriormente, el 1 de enero dijo: “el gran rally de protesta será a las 11 a.m. Paren el Robo”.

Su punto culminante fue el propio 6 de enero cuando les pidió a sus seguidores dirigirse al edificio del Congreso. De esta manera, incitó a sus partidarios a emplear la confrontación y la violencia para generar un escenario de desestabilización interna.

En el análisis de estos sucesos corresponde plantearse dos interrogantes fundamentales: ¿por qué fue posible la ocurrencia de estos hechos? y ¿quiénes eran las personas que asaltaron el Capitolio estadounidense?. Con relación a la primera pregunta, existen tres factores fundamentales que podrían explicar los acontecimientos: la profunda crisis sistémica por la que transita la sociedad estadounidense; el papel desempeñado por Trump y el nivel de radicalización y fanatismo de los grupos que ejecutaron estas acciones.

Para entender no solo lo que sucedió el 6 de enero sino para estimar las posibilidades de que este tipo de eventos se repitan en el futuro, resulta imprescindible indagar sobre la composición, motivaciones, creencias, símbolos, niveles organizativos e impacto de las diferentes agrupaciones que participaron directamente en lo que podría denominarse la “toma” del Capitolio.

En términos generales, estuvieron representados cinco grupos principales: las milicias armadas de extrema derecha; los seguidores de la teoría conspirativa QAnon; los miembros del movimiento “Stop the Steal” (Paren el Robo); los representantes de organizaciones supremacistas blancas neofascistas y los que podrían calificarse como “trumpistas entusiastas” que actúan a título individual sin estar vinculados a los grupos mencionados. En esencia, una coalición de los sectores más radicales, violentos y leales de la base política de Trump que está integrada por alrededor de 75 millones de estadounidenses.

A pesar de las diferencias y heterogeneidad entre estos grupos, coinciden en los siguientes aspectos: consideran que Trump es su líder indiscutible; son portadores de un profundo nivel de frustración y resentimiento que se expresan en posiciones extremistas de diversa índole; emplean la violencia, las manifestaciones y la desestabilización como sus principales instrumentos para hacer valer sus intereses; consideran como sus enemigos a los que se oponen a la concepción “América Primero” y se comunican, organizan y promueven sus mensajes en las mismas plataformas digitales alternativas de derecha como es el caso de Parler y Gab que tienen millones de usuarios.

Un elemento significativo que comparten es que la mayoría son consideradas por el FBI como organizaciones que representan una amenaza de terrorismo doméstico para la seguridad nacional estadounidense. Por lo tanto, sus actividades son monitoreadas y vigiladas por órganos especializados estadounidenses que tienen como misión fundamental enfrentarlas y desmantelarlas.

No obstante, el ambiente político polarizado en el que tienen lugar estas manifestaciones de extremismo violento, la permisibilidad de sus acciones por parte de las propias instituciones que deben neutralizarlas y, en especial, el estímulo que reciben por parte del mandatario y una influyente red de organizaciones conservadoras las han convertido en movimientos masivos que están fuera de control con una gran capacidad desestabilizadora.

El nivel de radicalización, fanatismo, agresividad y visibilidad pública alcanzada por estos grupos es un resultado directo del comportamiento y la retórica incendiaria de Trump, quien desde su condición de presidente de Estados Unidos les ha dado reconocimiento, respaldo y espacio para que se manifiesten. Si bien los grupos de supremacistas blancos y las milicias armadas constituyen agrupaciones de larga data en esa nación, los movimientos QAnon, Stop the Steal y los “trumpistas entusiastas” tienen como padre fundador y fuente de inspiración al propio Donald Trump.

Estas personas que están fuertemente energizadas han creado una especie de “conexión personal” con Trump que se expresa en términos prácticos en un culto a su personalidad y son movilizadas como si fueran un ejército personal del mandatario estadounidense. Durante toda la campaña presidencial han sido muy activos y tuvieron una participación sistemática en los mítines electorales a lo largo del país. De hecho, a través del sitio web Trump Army (el ejército de Trump) muchos de ellos se alistaron para cumplir tareas de todo tipo durante la campaña presidencial.

Durante los eventos del 6 de enero, los involucrados exhibieron diferentes símbolos que representaban su pertenencia a los grupos que irrumpieron en el Capitolio. Los supremacistas blancos y neofascistas enarbolaron banderas de la Confederación que simboliza a los estados que apoyaron la continuidad de la esclavitud durante la Guerra Civil estadounidense; los seguidores de QAnon mostraban pullovers con la letra Q; las milicias armadas como los Proud Boys exhibían prendas de vestir con el letrero 6MWE que significa “seis millones no fue suficiente” haciendo referencia a los judíos asesinados durante el holocausto y otros agitaban telas con las frases “Stop the Steal”, “Trump es el presidente” y “MAGA” (Hacer a América Grande otra vez).

Las milicias armadas tuvieron una participación destacada en los sucesos. La mayor representatividad fue encabezada por los Proud Boys, Three Percenters y Oath Keepers que son consideradas las más violentas atendiendo a las características de sus integrantes, su nivel de agresividad y la promoción de confrontaciones e incidentes agresivos durante toda la campaña electoral.

Los Proud Boys son un tipo de milicias consideradas como “movimientos callejeros de extrema de derecha”. Son las más peligrosas y cuentan con mayor capacidad para provocar disturbios y enfrentamientos. La mayoría de sus integrantes son jóvenes que promueven ideas neofascistas. El FBI los tiene catalogados como “extremistas vinculados al nacionalismo blanco”. Se crearon en septiembre del 2016 en el contexto de la campaña presidencial de Trump. Su líder es el cubanoamericano Enrique Tarrio que vive en Miami y también se desempeñó como director de “Latinos por Trump” en la Florida.

Esta milicia promovió manifestaciones durante el 2020 en 11 estados y algunos de sus miembros han declarado que si Trump no se reelige es cuando se verá en Estados Unidos una guerra civil. Los Three Percenters se basan en la creencia que solo un 3% de los residentes de las trece colonias tomaron las armas contra los británicos. En los últimos meses han sido activos en 19 estados con mayor presencia en Georgia. Tienen fuertes vínculos con el Ku Klux Klan.

Los Oath Keepers tienen como premisa mantener el juramento de los policías y los militares de “proteger a Estados Unidos de enemigos internos y externos”. Para incrementar su membresía priorizan el reclutamiento de oficiales activos y retirados de la policía y las Fuerzas Armadas. Su fundador y líder es Stewart Rhides, quien es veterano del Ejército estadounidense. Son muy activos en Kentucky y Texas.

Dentro de los grupos más agresivos también sobresalieron los seguidores de QAnon que es una teoría conspirativa surgida en la web que tiene millones de seguidores. Su creencia fundamental es que “Trump está librando una guerra secreta contra élites del Partido Demócrata y estrellas de Hollywood que son pedófilos y rinden culto a Satanás”. Esta idea fue lanzada por primera vez en el año 2017 por un usuario anónimo llamado “Q Clearence Patriot” que publicó un post en el foro conservador 4chan en el que afirmó tener acceso a información clasificada del gobierno estadounidense sobre esa supuesta conspiración.

Según la BBC, la primera vez que hubo presencia de los seguidores de esta teoría en un espacio público fue durante un mítin de Trump en Tampa a finales del 2017. Las personas que comparten estas ideas son fanáticos radicalizados que han estado involucrados en planes de asesinatos, organización de secuestros, actos de violencia física y acciones de hostigamiento en varios estados. Uno de los casos de mayor visibilidad fue un seguidor que confesó su propósito de asesinar a Biden. En el año 2019, el FBI concluyó que simpatizar con esta creencia constituía una amenaza de terrorismo doméstico.

Con relación al impacto de QAnon, una encuesta realizada por YouGov divulgada el pasado 20 de octubre reveló que el 50% de los seguidores de Trump consideran que es cierto que las élites del Partido Demócrata están involucradas en redes de tráfico sexual infantil. Lo más llamativo es que su influencia también ha llegado al ámbito de los cargos públicos debido a que durante las últimas elecciones una docena de simpatizantes activos de QAnon se lanzaron como candidatos al Congreso y dos de ellos ya juramentaron sus cargos como miembros de la Cámara de Representantes. Son los casos de los republicanos Lauren Boerbert de Colorado y Marjorie Taylor Greene de Georgia.

El 6 de enero, el integrante más visible de este grupo fue el denominado Qanon Shaman que su imagen con los cuernos y la cara pintada representó lo más grotesco de estos fanáticos. Previo a estos acontecimientos, promovieron en las redes sociales el slogan siguiente: “si no estás preparado para usar la fuerza en defensa de la civilización, entonces debes estar preparado para el barbarismo”. Han sido muy activos difundiendo que el coronavirus se fabricó en un laboratorio militar chino y que es una invención para impedir la reelección de Trump. Lamentablemente, millones de estadounidenses le dan crédito a estas fake news.

Otra agrupación que se involucró con fuerza en los hechos fue “Stop the Steal” que es un movimiento que se creó después de los resultados del 3 de noviembre y se articula en función de la idea que “Biden es un usurpador y Trump es el verdadero ganador de las elecciones”. Su organizador y líder es el influencer conservador Ali Alexander, quien está vinculado al entorno más cercano de Donald Trump. Este grupo durante el mes de noviembre, se mantuvo permanentemente presionando y demandando que se realizara el reconteo de los votos en los estados competitivos.

El 6 de enero, Alexander se convirtió en uno de los instigadores principales de la violencia al alentar que las personas entraran al Capitolio y simultáneamente vociferaba: “victoria o muerte”. El espacio virtual de comunicación de sus miembros es la plataforma Parler que en tan solo una semana de noviembre duplicó sus usuarios a 8 millones. Según Emily Dreyfus, investigadora del centro de estudios de medios de la Universidad de Harvard, la concepción propagandística de “Stop the Steal” no se originó en las bases trumpistas sino que es organizada desde los niveles más altos de la campaña de Trump.

La “toma” del Capitolio no puede evaluarse como un evento aislado, fallido y meramente coyuntural liderado por trumpistas delirantes en el contexto de la crisis por la que transita Estados Unidos. Estos acontecimientos deben analizarse como una demostración de fuerza y capacidad movilizativa de lo que podría considerarse como la primera línea de ataque del ejército de Trump integrado por miles de personas que representan los sectores más extremistas, fundamentalistas y violentos de un movimiento masivo aglutinado sobre un proyecto de nación que se hace llamar “América Primero”.

Durante los cuatro años de la presidencia de Trump, estos grupos y diversas manifestaciones del populismo con posiciones de extrema derecha se han fortalecido y a medida que se profundiza la polarización económica, social, política e ideológica en ese país más estadounidenses van ingresando a sus filas.

Si bien Donald Trump saldrá de la Casa Blanca en pocos días y abandonará el púlpito presidencial, el nivel de impacto y penetración en el tejido social de estas agrupaciones es tan significativo que su presencia y activismo será capaz de trascender hacia el futuro independientemente de si Trump tiene la capacidad o no de continuar ejerciendo su liderazgo de facto. Por lo tanto, asaltar y saquear el Capitolio podría considerarse como el inicio de una serie de protestas y eventos violentos que ocurrirán con frecuencia en Estados Unidos, lo que marcaría una etapa sin precedentes por el nivel de enfrentamientos, contradicciones y conflictos que se avizoran en una nación que está dividida como nunca antes.

Reproducido de www.cubadebate.cu

Antes que se apague la luz (1)

 

Especial para CLARIDAD

Este es uno de los extractos del escrito (podría llamarse libro) que lleva el título anterior. Va a ser breve y se trata de diversos temas donde aprendí cosas y se me quedaron otras por aprender y todas las discuto. Si no se apaga la luz espero terminarlo en doce meses y hacerlo accesible de forma gratuita. Si no se apaga la luz me gustaría ver sugerencias en todo lo que se me quedó por aprender. Las notas y citas las dejo para el final. El siguiente extracto va bajo el tema “ambiente en la colonia”.

El llamado “Observatorio de Arecibo” nunca fue nuestro. Su caída espectacular se materializa en medio de una pandemia en las cuales llevamos nuestra nariz y boca cubiertos pero nuestros oídos y ojos todavía pueden sentir la luz y el calor del sol. Todas las generaciones nacidas han visto o recreado la caída de las llamadas “Torres Gemelas” lo cual le roba a este hecho parte de su dimensión descomunal. La parte más sensible es sin duda el malestar y profundo sentido de pérdida de toda la gente comprometida con la búsqueda de lo desconocido que promete el universo fascinante que meramente atisbamos cuando levantamos la vista. Es doloroso si se trata de adultos jóvenes y de todas las edades que guardan en sus anhelos compartir esos descubrimientos en la medida que los puedan entender y explicar. Me recuerdan el mito de Prometeo robando el fuego prohibido para llevarlo a toda la humanidad.

Esa estampa de Prometeo robando el fuego es solamente una fracción de ese mito. Esa lucha se da dentro de una lucha mayor donde los titanes estaban en lucha contra los dioses olímpicos quienes iban en ascenso y de hecho conquistaron a los primeros.

“Para finales del 1970 se produjeron unas inundaciones muy intensas causadas por una vaguada de gran tamaño que se posó sobre Puerto Rico por espacio de cuatro días. Esto tuvo un efecto desastroso empezando por la pérdida de cincuenta vidas y luego con resultados muy negativos para diferentes renglones de la economía, arruinando lo que prometía ser la mayor cosecha de café en muchos años. Justo una semana antes se había anunciado un experimento para calentar artificialmente la ionósfera llevado a cabo por el Radiotelescopio localizado en Arecibo. Corretjer señaló ese experimento como posible causa pero advirtiendo que no había certeza. Bajo el título “Inundaciones”, Corretjer y la LSP difundieron un artículo señalando los factores histórico, político-económico, social, científico y ambiental que incidieron e estas inundaciones revelando una capacidad impresionante de amplitud  síntesis, habilidad de expresión concreta con vastos conocimientos de nuestra topografía y geografía. En el mismo inclusive se señaló el sesgo clasista que ya permeaba en los medios informativos, prensa y gobierno, al cuantificar las pérdidas haciendo énfasis en la clase media e ignorando a la clase trabajadora y de menor ingreso. Este artículo circuló en un momento en que las ciencias ambientales y el movimiento ambientalista llevaban pocos años en hacerse notar en Puerto Rico. Corretjer nunca ignoró las denuncias de CLARIDAD y otras fuentes que ya expresaban preocupación por la explotación de nuestros recursos naturales.”

 

Tomado de: Raymond Soto Dávila, Lucha y espacios de la Liga Socialista Puertorriqueña: 1962-1989, Ediciones Mágica, San Juan, p. 41.

Mirada al País:Palabras de ayer, retos de hoy

 

Especial para CLARIDAD

Cada vez que inicia un nuevo año abundan las resoluciones tanto a nivel personal – no faltan las promesas vinculadas a dietas y a exigentes regímenes de ejercicio físico – como en la instancia política, con los consabidos llamados a redoblar esfuerzos por el bien común. Es natural. Los comienzos, de lo que sea, suelen caracterizarse por el entusiasmo, el ánimo y los deseos de acción para combatir males, desde el exceso de peso hasta la desigualdad y la discriminación en todas sus innumerables manifestaciones.

Cuando el pasado inmediato ha estado lastrado de problemas no es extraño que las resoluciones adquieran más prominencia. El  2020 se recordará, sin lugar a duda, como el año de la pandemia y de sus efectos adversos en el mundo. En Puerto Rico el Covid-19 fue precedido por sismos y huracanes en el contexto de una profunda y prolongada crisis económica. Como si tal cuadro no fuera suficiente, acaba de cerrar su cuatrienio una administración gubernamental – acompañada de una junta imperial —  tan desastrosa que no se encuentran adjetivos que puedan describirla a cabalidad. Tal vez los intérpretes — ¿cantantes? — de música urbana, que no es muy “urbana” que digamos, den con el adjetivo adecuado, probablemente ofensivo a los oídos castos.

Muchos males son de antigua factura. También lo son los esfuerzos para erradicarlos. Esto no debe ser motivo de frustración ni de excusa para echar a un lado las resoluciones de principios de año. En todo caso, las luchas y las palabras de ayer son fuentes de inspiración y ayuda en la apertura de nuevos caminos.

En estos tiempos de pandemia las palabras de Hipócrates, el legendario médico griego, refiriéndose a lo que consideraba la más grave de las enfermedades, resultan particularmente pertinentes: “La vida humana es ciertamente una cosa miserable: la atraviesa como un viento tempestuoso una incontenible avidez de ganancias. ¡Ojalá todos los médicos se unieran en su contra para curar una dolencia que es más grave que la locura, pues la solemos considerar una bendición siendo como es una enfermedad y causa de numerosos males”!

Tal condena a la codicia data de alrededor de 400 años antes de Cristo, mucho antes que el desarrollo del capitalismo convirtiera al motivo del lucro en fuerza motriz central de la actividad económica. Desafortunadamente, el sistema de salud de Puerto Rico está montado sobre tal lógica. Basta ver la reciente publicidad de las aseguradoras de salud para advertir hasta que extremos de crudeza y vulgaridad pueden llegar para  hundir al competidor con tal de conquistar el “mercado de pacientes”.

La pandemia ha colocado sobre el tapete al imperativo de contar con un sistema integrado de salud capaz de responder efectiva y coherentemente a las urgencias públicas. Es hora de establecer un plan universal. Se trata de una resolución, muchas veces invocada, que no se debe olvidar. Después de todo, si se parte de los tiempos de Hipócrates, ha estado en agenda por más de 2,400 años. Ya numerosos países han cumplido con ella. Puerto Rico está rezagado.

También está sobre el tapete la erradicación de todo tipo de subordinación. En la reciente campaña electoral sobresalió el tema de la discriminación por género. Es elocuente que aumentó el número de mujeres electas a la Asamblea Legislativa, obteniendo dominio numérico en el Senado. Vale citar las palabras del economista clásico John Stuart Mill y de su esposa feminista Harriet Taylor: “Tenemos el derecho de afirmar que el hombre no ha podido adquirir acerca de la mujer, tal cual fue o tal cual es, dejando aparte lo que podrá ser, más que un conocimiento sobradamente incompleto y superficial, y que no adquirirá otro más profundo mientras las mismas mujeres no hayan dicho todo lo que hoy se callan”.

¡Imagínese la reacción a tales palabras en la sociedad patriarcal de mediados del siglo 19! Sobre las relaciones en el mundo del trabajo esta inusual pareja abogó por la conversión de las empresas en asociaciones de trabajadores en condiciones de igualdad. Por cierto, Stuart Mill fue el primer economista en reseñar favorablemente la experiencia de los Justos Pioneros de Rochadle, empresas cooperativas fundadas en 1844 que marcan el comienzo del cooperativismo moderno, movimiento que en Puerto Rico ha tenido logros respetables que sólo palidecen ante el potencial no realizado.

Cuando se hace referencia a la erradicación de la subordinación no se puede soslayar la necesidad de la descolonización. A esta necesidad se refería Albert Memmi en los comienzos de la segunda mitad del pasado siglo al acusar la mutilación que define al proceso colonizador: “Esta mutilación social e histórica es probablemente la más grave y la más preñada de consecuencias. Contribuye a generar las carencias que presentan los otros aspectos de la vida del colonizado; y, por un efecto de retorno, frecuente en los procesos humanos, se ve alimentada por las demás debilidades del colonizado”.

Cumplir con las resoluciones, con las diversas agendas, presume vencer obstáculos. En el caso del pueblo de Puerto Rico hay que superar el colonialismo que lo tiene política, económica y psicológicamente encapsulado. Definitivamente, las palabras de ayer resumen los retos de hoy.

 

 

 

 

 

La conspiración que no termina

 

CLARIDAD

Antes de las elecciones del pasado 3 de noviembre escribí en este espacio que el entramado institucional de Estados Unidos, que parecía con vida al concluir el primer término de Donald Trump, difícilmente sobreviviría un segundo mandato. Ahora, luego de lo ocurrido después de las elecciones y los motines del 6 de enero se puede afirmar que, aunque ese orden institucional no quede roto tras el primer término, al menos quedará magullado.

Cuando se habla de “orden institucional” nos referimos al conjunto de organismos a través de los cuales se ejerce el poder político y se mantiene el orden público para que el estado funcione. Las llamadas “ramas de gobierno” – ejecutivo, legislativo y judicial -, junto a las fuerzas policiales y militares, constituyen la esencia de ese entramado. La vida ordenada de todo país depende de que el cambio de mando en las instituciones de gobierno se produzca de manera tranquila o con tensiones superables.

Siempre he creído que la principal aportación de George Washington a su país no fue haber dirigido la guerra por la independencia, sino haberse ido tranquilamente para su casa en dos ocasiones aun teniendo casi todo el poder político y militar en sus manos. Esa no era la norma entonces ni lo sería después. La primera vez fue tras el fin de la guerra, en 1783, cuando en el nuevo país ni siquiera había un gobierno funcional. En lugar de combinar el poder militar con el político, como Napoleón unos años después, se fue a su plantación (donde aún estaban sus esclavos, dicho sea de paso) y les dejó la tarea a los civiles. La segunda vez fue en 1797. Tras aprobarse la constitución había aceptado dejar el retiro para ser el primer presidente de la joven república y rechazó un seguro tercer término para regresar una vez más a su plantación.

Esa tradición es la que pretendió dinamitar Donald Trump más de 200 años después. Cuando comenzaron sus protestas por el resultado electoral del 3 de noviembre, se pensaba que eran las típicas garatas de un narcisista malcriado y que, a la postre, terminaría superando el estado de negación que le produjo la derrota. Ahora se sabe que, tras fracasar en los tribunales (donde esperaba que los jueces que nombró lo ampararan) en efecto trató de cambiar el resultado en varios estados recurriendo a amenazas contra los ejecutivos estatales.

Finalmente, cuando todo eso le falló, trató de burlar la votación del “Colegio Electoral”, que resulta ser la piedra angular de la estructura para la sucesión presidencial establecida en la constitución. Pretendió que su hasta entonces fiel vicepresidente, Mike Pence, en su ambiguo rol de presidente del Senado, anulara mediante decreto la votación del Colegio, manteniéndolo en el poder. Para presionar hacia ese resultado, que culminaría un auténtico golpe de estado, convocó a decenas de miles de individuos armados – casi todos hombres blancos, racistas y fascistas – para que asaltaran el Congreso durante las deliberaciones que su vicepresidente debía presidir.

Ya sabemos que esa estrategia no prosperó, pero poco a poco se va relevando que el presidente y su núcleo no fueron los únicos que participaron de la conspiración. Más de cien congresistas y, al menos, doce senadores se unieron a la trama. Se sabe, además, que parte de la fuerza policial del Congreso apoyó el asalto con acciones y omisiones, y que desde el Departamento de Defensa retrasaron lo más posible enviar alguna fuerza militar que auxiliara a los atrapados en el Capitolio. No es difícil concluir que había una conspiración en marcha para alterar el resultado electoral, uno de cuyos eslabones se rompió cuando Pence se negó a participar.

Las reverberaciones del intento golpista siguen manifestándose y la interrogante más importante es lo que ocurrirá con su líder, Donald Trump. Del poder político que conserva nadie tiene duda, pero todo indica que ahora mismo es insuficiente para volver a ganar una elección general. El resultado en la segunda vuelta de las elecciones senatoriales en Georgia, un estado que no elegía un demócrata desde hacía más de 20 años, confirma esa insuficiencia. A todo esto, habría que añadir lo que ocurra en el Congreso con el proceso para destituirlo que, de producirse, lo inhabilitaría permanentemente como candidato.

No obstante, los cuatro años de Trump regenteando el poder presidencial ysu acceso constante a los medios de comunicación masiva, incluyendo el manejo de las redes sociales, ha disparado el poder de la ultraderecha fascista a lo largo y ancho de Estados Unidos. Aunque no sean mayoría, ni siquiera dentro del Partido Republicano al que prontamente podrán abandonar, constituyen una fuerza formidable que estará haciendo un ruido enorme en los próximos años.

El cuatrienio que comienza será determinante para el futuro de Estados Unidos. Joe Biden es un presidente débil y, como afirma Eduardo Lalo, luce desgastado desde antes de asumir la presidencia. Las múltiples facciones del Partido Demócrata se unieron en torno a él, pero habrá que ver si logran mantener esa cohesión. Además, los efectos sociales y económicos de la pandemia del coronavirus, que aún no termina, podrán ser devastadores, socavando la paz social que necesita el capitalismo.

Mirar la historia a veces causa aguijones en el pecho. En la primavera de 1920 Benito Mussolini era un político acabado. Había sido derrotado de forma apabullante en las elecciones del 16 de noviembre del año anterior, su periódico estaba en quiebra y sus “Fascios de Combate” lucían menguados. Dos años más tarde asumía el poder en una Italia convulsa que los políticos tradicionales no lograban gobernar. Todos sabemos lo que vino después.

 

 

La agenda del presidente de la Asociación de Alcaldes

CLARIDAD

 El presidente de la Asociación de Alcaldes (AA), Luis Javier Hernández, espera que, a tono con el mensaje de toma de posesión del gobernador Pedro Pierluisi, los alcaldes de la Asociación y los   alcaldes de la Federación de Alcaldes puedan hablar el mismo idioma respecto a la agenda de los municipios y su relación con la OficinaCentral de Reconstrucción, Recuperación y Resiliencia (COR3).

 En el contexto de una nueva administración y de que fuera colgado en la Legislatura el proyecto (PS 1639), que pretendía que el COR3 fuese una agencia cuyo puesto de dirección fuese por 10 años, el presidente de la asociación que agrupa a los alcaldes del Partido Popular Democrático (PPD) espera que se pueda romper con la burocracia que impera en el COR3.

 El alcalde de Villalba relató que los municipios estuvieron enfrascados en una guerra atroz con el COR3 durante los primeros dos años después del huracán María, debido al proceso extremo que mantiene el COR3 en la otorgación de los proyectos. “¡Cómo es posible que los municipios estén tres años sentados en la mesa para simple y sencillamente ponerse de acuerdo en qué proyectos hacer!”, denunció Hernández.

 El presidente de la AA reconoció que a raíz de los casos de corrupción como el de Whittefish y otros después del huracán María, el Gobierno Federal, a través de FEMA, le impuso al Gobierno de Puerto Rico mil trabas para poder liberar los fondos, y las consecuencias las pagaron los municipios. De ahí que se estableciera el COR3 para que fuera el enlace entre el Gobierno federal y los municipios y manejara la fase de desembolso.

 De acuerdo con Hernández, antes no existía el COR3, por lo que en otros desastres la participación del Gobierno estatal era muchísimo menor y tenía un papel menos protagónico en la identificación de los proyectos que ahora. Casi todos los proyectos se acordaban entre el Gobierno federal y los municipios, a los que, de hecho, el Gobierno federal les adelantaba un 50% del costo. Pero ahora, el Gobierno de Puerto Rico quiso tener un rol más protagónico y  estableció condiciones que nunca se habían impuesto. Esas condiciones han obstaculizado el inicio de proyectos. Aunque el Gobierno comenzó a liberar partidas de proyectos pequeños, que están en los $123 mil dólares o menos, la mayoría de los proyectos importantes de mitigación son proyectos que sobrepasan esa cantidad, y para ese proceso hay que pasar por trámites extremadamente burocráticos.

 Como nuevo presidente de la AA, Hernández dijo aCLARIDAD queuna de sus principales metas es romper la burocracia del COR3 y limitar sus poderes, para darle a los municipios la capacidad de llegar a acuerdos con el Gobierno federal. Además, procurará que el desembolso de fondos se trabaje de manera más expedita. Por ejemplo, indicó,  que de la misma manera que FEMA y el COR3 llegaron a un acuerdo para tener una cuenta de crédito de $50 millones para las demoliciones de los daños causados por los terremotos, haya una cuenta para los proyectos prioritarios de los municipios para que se les adelante un 50% del costo del proyecto y “así no tengamos un estancamiento de proyectos, a pesar de que están obligados”. Se refiere a los fondos de los proyectos por los daños del huracán María.

 Un proyecto “obligado” significa que ya fue aprobado.  “Fácilmente pasan hasta 90 días para el municipio recibir el primer desembolso de fondos. Eso va a afectar la etapa de construcción porque tú contratas la compañía, la compañía te va a presentar factura y si se toma más de 90 días en pagar, esto también va a traer la destrucción de las compañías de construcción de Puerto Rico, porque no todas tienen la capacidad económica para poder aguantar ese golpe”, reclamó añadiendo que ese es el reto más importante en estos momentos.

 Se supone que todos los municipios hagan un inventario de daños  y que luego de ese inventario cada uno se siente con el COR3 y con FEMA para discutir el inventario. Una vez que están de acuerdo, el proyecto vuelve al COR3 y de ahí a FEMA, en donde otra vez pasa por tres o cuatro paneles de evaluación para su aprobación final. “Yo entiendo que la mayoría de los municipios todavía estamos en la fase de obligación. Hay algunos a los que todavía les faltan bastantes proyectos por obligar, y aquellos que ya están obligados, estamos peleando la fase para el desembolso; la más difícil, pero la más importante”, insistió.

 Se supone que la función del  COR3 es ser un intermediario en todo el proceso entre los municipios y FEMA. Este proceso antes estaba dirigido por la Oficina del Inspector General (GAO), el cual era el representante ante FEMA, que aquí estaba adscrito a Manejo de Emergencias. El presupuesto del COR3 proviene de los mismos millones asignados para la reconstrucción de los huracanes y los terremotos. Hernández opina que la idea de dar un puesto de dirección de 10 años tenía la intención de acaparar esos fondos.

 El presidente de la Asociación de Alcaldes dijo desconocer cómo va a ser la dinámica de los municipios con el nuevo director del COR3, Manuel Laboy, “y me preocupa”. Preguntado sobre la participación de las comunidades, el alcalde suspiró y admitió que estas tienen muy poca participación en los proyectos dirigidos a atender los daños sufridos en el huracán.

 “FEMA no te da mucha discreción de añadir otros componentes de mitigación; o sea, si se destruyó un puente, pues, se repara el puente. En el caso de FEMA (estamos hablando de infraestructura  que sufrió daños por el huracán),  el problema grande que tenemos con FEMA es que sus trabajos es supuestamente reemplazar lo que estaba, tal como estaba. La fase de hacer las cosas mucho más fuertes es bien frustrante poder trabajarla con ellos porque esa es la fase de mitigación, en la cual no hay gran espacio para poder añadir. Por eso mi petición al nuevo Gobierno es que esa partida de mitigación la revise y pueda añadirle más, de manera que los municipios podamos construir de una manera más resiliente”.

Luis Javier Hernández, alcalde de Villalba.Foto Suministrada

 El presidente de la Asociación mencionó como ejemplo que, en Villalba, el huracán María destruyó por completo un centro de envejecientes, por lo que no se puede reparar, sino construir uno nuevo. En este caso tendría que haber un pareo de fondos de FEMA para mitigación y de los fondos para recuperación. Hernández considera que en este caso tiene que haber de parte del COR3 un desprendimiento de los asuntos de los fondos de recuperación, pero hasta el momento, “lo que hemos visto es que todo se ha diluido en planificación, nadie ha visto obra en concreto. Si realmente queremos ver obra en concreto, ellos tienen que reconocer que hay que integrar de manera proactiva a los municipios y darles más libertad en la fase de decidir qué proyectos se hacen y con cuánto dinero”. También trajo a la atención lo que sucede con los fondos CDBR que maneja el Departamento de la Vivienda. “Han sido bien pocas las casas que se han construido y los fondos se han diluido en gastos administrativos: Eso es lo que tenemos que buscar evitar”.

 La misma preocupación expresó respecto a la reparación de las escuelas afectadas, tanto por los huracanes como por los terremotos, por lo que planteó la necesidad de que se integre a los municipios para poder acelerar los procesos de construcción.

 Otro aspecto sobre el cual llamó la atención de los fondos de FEMA es que una vez obligado un proyecto,  el municipio tiene entre dos a tres años para su terminación. Si no se elimina la capa de burocracia que tiene el COR3 y no desembolsa a tiempo, el municipio arriesga a perder los fondos.

 Hernández se propone reunirse con la Asociación de Constructores para que estos estén conscientes de la magnitud de los proyectos que se van a realizar y para que a su vez las compañías de construcción puertorriqueñas se puedan preparar para presentarse a las subastas y obtener los proyectos.

El portavoz de los alcaldes de la Asociación dijo que esperaba reunirse con el presidente de la Federación de Alcaldes, Ángel Pérez, alcalde del municipio de Guaynabo, para compartir sus preocupaciones y poder acudir ante el gobernador hablando el mismo idioma.  “De alguna manera, quiero que los dos hablemos el mismo idioma y, de alguna manera, demos el ejemplo de cómo las alianzas son los verdaderos forjadores del cambio. En lugar de ir 42 alcaldes a tratar de trabajar una agenda, yo quisiera que la agenda sea en conjunto y que los dos vayamos donde el gobernador con una sola agenda basada en las prioridades de nuestra gente”.