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Diego el único

 

Especial para CLARIDAD

Tan pronto comenzó la primera orden ejecutiva del confinamiento, como tenía tiempo de sobra para leer como siempre he acostumbrado rebusque en nuestra biblioteca y me encontré con el libro “Yo soy el DIEGO de la gente”, donde él, con la ayuda de dos escritores, narra su vida de Diego Maradona. El libro prácticamente es una autobiografía, donde el Diego no deja nada por contar, incluyendo su vida en el fútbol desde un Pibe hasta su retiro de las canchas aunque, en realidad nunca se retiró. Me interesaba leer su libro por dos razones, una, la de su vida deportiva y la otra la de su vida como ser humano comprometido con las causas sociales.

Prácticamente me leí el libro en dos días pues, desde el punto de vista deportivo, profesión a la que le he dedicado toda mi vida hasta este momento, era una lectura obligada y desde el punto de vista de el compromiso del Diego con todas las causas justas y su defensa hacia todos los pobres, marginados y discriminados del mundo, también era lectura obligada. Ya, en su escrito, Evelyn, mi compañera de cerca de 50 años, comenta sobre la parte humanista y política del Diego así, que yo abordaré sobre sus dotes de deportista, en este caso en el fútbol, que para nosotros en Puerto Rico lo conocemos como balompié. Quiero también aclarar que no somos expertos en este deporte, pero conocemos que, después de más de 60 años dedicados a la práctica del atletismo en todas sus facetas y conocer desde lo más básico hasta lo más complejo de la educación física y de las ciencias aplicadas del deporte, creo que puedo analizar, quién es un “fuera de serie” en la práctica del deporte, el deporte que sea, y poder llegar a estas conclusiones.

Desde el punto de vista deportivo, ya Diego estaba predestinado a dedicarse al fútbol y a la cancha en cuerpo y alma, como ellos se refieren al terreno de juego. Pero por qué yo llego a esta conclusión, la cual podemos decir de muchos grandes deportistas o super atletas a través de la historia. En mis 77 años de vida he podido observar este fenómeno.  Las razones: una el ser humano desde un infante por su propia cuenta, ya sea por instinto, por ser introducidos al respectivo deporte por alguien, ya sea el padre o madre, un profesor en la escuela primaria, un entrenador de un club de infantiles a muy temprana edad, quizás en muchos casos desde que comenzaba a caminar como fue el caso del Diego y, al este ser humano hacer de la práctica del deporte una pasión y una religión, está predestinado a llegar a obtener resultados positivos y en muchos casos super resultados. Este era el caso de Diego que no podía vivir sin estar pateando la bola, sin estar en la cancha, la cual los niños, especialmente los más marginados y pobres, establecen una cancha de fútbol en cualquier predio de terreno, calle, solar, estacionamiento, o sea dondequiera. El objetivo es patear la bola y meterla por la portería. Esto es así, alrededor del mundo y hay millones de seres humanos y la gran mayoría de ellos, niños y últimamente niñas, que hacen esto mismo a diario pero, hasta el momento, no ha existido un ejemplo como el de Diego Armando Maradona que desde niño hasta el final de su vida hacía magia con la pelota, era prácticamente imposible detenerlo cuando tenía el balón y la única defensa que tenían los contrarios era tratar de atacarlo físicamente y lesionarlo. Era como único lo podían parar para que no metiera un gol o le hiciera una asistencia a un compañero para hacer el gol. Dominaba todas las facetas del juego y por eso en todos los equipos donde jugó desde niño estos equipos eran ganadores ya que, Diego era la bujía, el líder, no sólo como jugador sino como capitán y el comandante que no podía perder. Como todo campeón y absoluto ganador, no permitía que lo sacaran de juego, jugaba lesionado, adolorido, cansado de partidos seguidos, hasta trasnochado por su vida tan atropellada que vivió fuera de la cancha, pero tenia que estar en la cancha y jugar no importaran las circunstancias.

En vida he visto y conocido personalmente muchos atletas fuera de serie y fenómenos en todos los deportes pero quizás por su compromiso con el deporte y sus proezas y hazañas reconocidas en el mundo entero dentro del mismo y por su dedicación y compromiso con las causas justas, contra el discrimen, por su defensa en contra del colonialismo y la soberanía de los pueblos, el único que yo podría decir que reunía casi todas esa cualidades, deportivas y de justicia social fue Muhamad Ali pero Diego le llevaba un paso al frente y es que fue un líder internacional sin tener prejuicios políticos, religiosos, ni de razas ni colores. Definitivamente Maradona era “EL DIEGO DE LA GENTE”.

El autor es el 2do Vicepresidente del COPUR  

 

 

 

 

 

 

 

Crucigrama: Rosa Luisa Márquez

 

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Rosa _____ Márquez; profesora universitaria, directora, actriz, productora y dramaturga puertorriqueña. Fue parte del grupo fundador de Anamú.

5. _____ breve y reveladora historia de las máscaras; (2017) publicación de Márquez.

6. Impar.

8. Necesidad de agua.

10. Cuentos, cuentos y _____ cuentos: de Gerard Paul Marín 1979-2004; artículo de Márquez para la revista del ICP.

13. Bibliografía de _____ puertorriqueño (reseña); (1980) artículo de Márquez publicado en la revista Sin nombre.

15. Utilizados.

16. Dios egipcio.

17. Siglas de organismo represivo de EEUU.

19. Asistid.

20. Que no cree en dios alguno, fem.

22. Brincos y saltos: el _____ como disciplina teatral: ensayos y manual de teatreros ambulantes; publicación de Márquez, A. Martorell y M. Villafañe.

24. Trapitos al _____; video educativo de Márquez, Martorell, E. Rodríguez Vázquez, Teatreros Ambulantes y otros.

27. The Puerto Rican Traveling Theatre Company: the first _____ years; (1977) tesis doctoral de Márquez para Michigan State University, Dept. of Theatre. 

28. Golpe que se da con la pierna.

29. Convicto.

31. Elemento compositivo que significa ‘cuatro’.

33. Historias _____ ser contadas; (2002) libro de Osvaldo Dragún y montaje de Rosa Luisa Márquez.

34. Aféresis de señor, forma de cortesía en varios países.

35. _____ Silén; poeta y escritor puertorriqueño.

36. _____ Luisa Márquez; autora de “Donde el viento hace buñuelos: bitácora de viaje(s)” y “Bibliografía de teatro puertorriqueño (reseña)”.

38. Órganos de la visión.

39. Primera letra del abecedario español.

41. Río de Italia.

42. Ahora.

43. Cinco en números romanos.

44. Preposición.

45. Done.

46. Dios principal de la mitología nórdica.

Verticales

1. De nosotros o de nosotras.

2. Veredicto, dictamen, decreto.

3. _____; grupo teatral de 1971 del cual Márquez fue fundadora junto a otras personas dedicadas al teatro.

4. Que contiene anís o aroma de anís, fem.

7. Cuentista, fem.

9. Época.

11. De esta manera.

12. Desigualdad y _____; (1988) documental de L. Colón Reyes, con la participación de Márquez y C. H. Malavé.

14. Donde el _____ hace buñuelos: bitácora de viaje(s); artículo de Márquez publicado en Diálogo (UPR), 2004.

17. Palo de la ballesta.

18. Atrapo.

20. Símbolo del astato.

21. Preposición.

22. Tipo de avión.

23. Composición poética lírica.

25. Dirigirse a un lugar.

26. Río de Galicia.

30. Rosa Luisa _____; miembro del “Evento Verde Luz” grupo defensor de las artes y artistas. Antonio Martorell y Márquez producen el programa radial “Uno, dos, tres, probando…”.

32. Festival Internacional de Teatro _____ (FITH); le otorgó a Márquez, en 2018, el premio “Una vida de dedicación a las artes escénicas”.

37. Pedro Juan _____; escritor puertorriqueño.

40. Universidad de Puerto _____ (Recinto de Río Piedras); Márquez fue profesora de esa institución donde creó el curso de Actividades Dramáticas.

42. Letra ‘y’.

Derechos humanos en tiempos de pandemia

Especial para En Rojo

En esta semana, la humanidad conmemora 72 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en medio a noticias sobre nueva ola del COVID-19. Desde el inicio de la pandemia, la cuestión de los Derechos Humanos estuvo en el centro de discusiones. En marzo de 2020, la Organización Mundial de Salud (OMS) publicó que, en menos de dos meses, la epidemia había llegado a más de 150 países. Era urgente que los gobiernos tomaran providencias como cerrar fronteras, prohibir aglomeraciones y otros medios para la prevención y el cuidado.

En diversos países, donde se impusieron medidas de restricciones sociales, personas protestaron porque estas normas afectarían al derecho humano de ir y venir libremente. Algunos países han seguido estrictamente las directrices de la Organización Mundial de la Salud. En otros, como Estados Unidos y Brasil, los presidentes dijeron que se trataba de una simple gripe y la población no tenía por qué preocuparse. En esos países, el contagio y número de muertes fueran más aterradores.

De hecho, la pandemia del Covid 19 afecta a los derechos humanos, pero no porque impide fiestas de cumpleaños, o dificulta turismo y comercio. Ella atenta profundamente contra los derechos humanos porque expone y acentúa las vulnerabilidades ya existentes, configurando lo que se ha denominado «vulnerabilidades superpuestas». Para más de 2.200 millones de personas en el mundo, lavarse las manos regularmente no es opción porque esas personas no tienen acceso adecuado al agua (ONU, 2020a).

Según informe de la ONU, en América Latina y Caribe, los grupos más afectados por la pandemia son las mujeres, indígenas y la población afrodescendiente, así como trabajadores informales y migrantes (CEPAL, 2020). Desigualdades en el acceso al agua, al saneamiento, à la salud y à la vivienda genera mayor tasa de infección y muerte (CSEM, 2020).

De hecho, más de 70 años después, los derechos básicos a la vida, a la salud y a la ciudadanía no están plenamente garantizados en ningún continente. Y la bandera de los derechos humanos ha sido utilizada por imperios contra gobiernos y pueblos socialistas.

En este 10 de diciembre, al recordar el aniversario de la Declaración, es necesario insistir en la prioridad de los derechos colectivos de los pueblos a su cultura y autonomía. Ligamos los derechos humanos a los derechos de la Tierra, del Agua y de todos los seres vivos. Los biólogos están de acuerdo con la sabiduría del pueblo Mapuche en el sur de Chile que afirma: “La energía universal y infinita que habita todo el universo es la ternura”.

El Diego

 

Especial para CLARIAD

 A todos los amigos y amigas argentinos, y a todos los otros feligreses maradonianos del mundo. Un abrazo fuerte con lágrimas en los ojos

En el 1995 vivía en un pueblo pequeño del norte de Italia, Mantova, y cuando fui al carnaval en febrerome sorprendió una carroza que había burlándose de Maradona, de su adicción a las drogas y de sus vínculos con Nápoli y el sur de Italia. Me chocó. Me había criado con un padre que lo idolatraba y que me había pasado ese amor incondicional a esa figura deportiva que él veneraba y que yo había aprendido a querer sin cuestionamientos. Honestamente, Papi no me enseñó casi nada de fútbol, pues no lo dominaba, así que del Diego, además de haberme hecho un sinnúmero de veces el cuento (los cuentos) del Mundial del 86, de “la mano de Dios”, “el gol del siglo”, la importancia de la victoria ante los ingleses por la Guerra de las Malvinas (la cual conocía por la serie “La Señorita Maestra” que encima de su pizarra tenía el lema ‘Las Malvinas son argentinas’), me hablaba sobre todo de su personalidad y lo genuino que era dentro y fuera de la cancha. Así, al ver que era motivo de burla, en gran parte por su lealtad a Nápoli y a lo que representaba el sur de Italia, empecé a comprender mejor a esta figura, además de la geopolítica italiana con las grandes divisiones entre el norte y el sur de Italia, principalmente económicas.

Argentina Parte I

Una década después fui por primera vez a Argentina. Tenía muchísimas ganas de conocer un país que me llamaba la atención, lo conocía a través de su música ya que crecí con un abuelo que admiraba a Gardel, de su comida, de su fútbol, de su literatura, que en gran parte me formó. Entre las metas del viaje estaba ir al barrio de La Boca, a visitar la mítica Bombonera, y si era posible, acercarme al que fuera el club de los amores de Maradona.  Y claro, en la medida de lo posible, empaparme del Maradonismo lo más posible. Ya gracias a Papi yo era de Boca, porque sí, por Maradona, por la historia, porque “arriba los de abajo”. Desafortunadamente no pudimos ver a Boca jugando de local allí, pero sí los pudimos ver en cancha neutral y es de las mejores experiencias futbolísticas y deportivas que he tenido en mi vida; de hecho, de las mejores experiencias, punto. Pero sí pudimos entrar a La Bombonera, ver el museo y realmente esa experiencia, junto a la de caminar por el barrio La Boca, me hizo entender, o empezar a entender el mito de Maradona y cómo esa relación estrecha con el club ayudó a forjar el mito del jugador. En este primer viaje acumulé historias y cuentos de argentinos hablando de Maradona, muchos de ellos aún los tengo vivos. En una tiendita de su marca compramos algunas camisas, una de ellas en alusión a su divinidad, la otra con todas las camisas que había lucido, la cual años después un italiano en Nueva York me ofreció dinero por ella, el cual no acepté. Creo que nunca había estado en un lugar donde una figura fuera idolatrada casi unánimemente, eso me impactó.

Fútbol

Quizás para esa época fue que me enfiebré con el fútbol. Hasta entonces mi deporte de niña había sido el baloncesto y ya de más grande el béisbol. Pero ya había ido a par de juegos en vivo y estaba desarrollando una pasión por este deporte que hoy en día me encanta ver y estudiar. Y mientras más leía sobre fútbol y mientras más veía fútbol, más amaba a Maradona. Pues además de todo lo que admiraba de su figura fuera de la cancha, empecé a entender su grandeza como futbolista. Y sí, caí en la eterna discusión de quién era el mejor jugador de la historia, y como soy de esos seres raros que simpatizan por igual con los argentinos que con los brasileños y amo su música y su fútbol por igual, pues no tenía reparos en discutir, no había duda, en donde mi ateísmo terminaba era ahí, el Dios era Maradona y se acabó la discusión. Y creo que es importante señalar que soy ferviente defensora de lo irracional, de las emociones, de amar sin necesidad de explicar ni justificar y creo que todo esto es lo que encarna la pasión que Maradona genera.

El año después fui al primero de muchos viajes a Barcelona donde estudiaba el FCBarcelona, o Barça, y su importancia para el catalanismo cultural. Ahí también continué con mi educación maradoniana, aunque muchos no lo recuerden, su paso por el Barcelona fue durante sus años de gloria, justo antes de irse al Nápoli, y sus goles como culé son espectaculares.

Argentina/argentinos

Usualmente no me gusta generalizar sobre países ni sobre las personas de los países, pero no temo decir que los argentinos son bien apasionados, de una manera muy peculiar. Mucho se ha escrito sobre el tema, pero a veces es como si lo que está en discusión, una victoria política, una canción, un asado, un juego de fútbol, es un asunto de vida o muerte. Y sin duda la manera que viven el fútbol es muestra de esto, pero también la manera que adulan a sus vivos y lloran a sus muertos, como Gardel y Evita. Para entender a Maradona hay que entender a Argentina, y viceversa. Claro que un futbolista del calibre de Maradona pudo haber salido de otro país, pero es difícil que hubiera llegado a ese nivel si no hubiera sido argentino.

Con Maradona se bifurcaron muchos senderos, parafraseando al gran escritor argentino Jorge Luis Borges. El del futbolista súper dotado salido de un barrio pobre, o como diría el mismo Diego años después, “me hice socialista porque crecí en un barrio privado; privado de agua, electricidad, servicios”. El niño que desde chico se propuso ser una estrella y lo logró y que lo primero que hizo fue ayudar a su familia. El futbolista que jugó con una pasión por la camiseta como si la vida misma estuviera en juego, fuera la de Argentinos Juniors, Boca, Napoli o la albiceleste. Y fue con la de la selección nacional con la que tocó literalmente el cielo. Diego materializó el cliché del atleta que cuando representa la selección nacional lleva un país en el pecho y sobre sus hombros. Cuando en el 1986 levantó la Copa del Mundo, la segunda vez para Argentina, lo hizo luego de dar un magistral recital de fútbol, técnico y bello y con sentimiento, el de un país que salía de una dictadura y de una guerra desigual y la que perdieron desastrosamente. Diego deslumbró a todos y continuó escribiendo su legado, con el pie, ese que había empezado años atrás en Villa Florito y que trazaba del lado de los desfavorecidos, siempre se mantuvo en ese lado de la historia, en Argentina, en Italia y en el mundo.

Diego de todos y todas

Lo bueno de los dioses, es que se diseñan desde lo mundano, los dioses son como los creyentes quieren que sean. Así, para los residentes de La Boca, Diego significa la reivindicación de un barrio periferal porteño contra los barrios burgueses. Para los peronistas, Diego representa su legado contra las fuerzas de derecha. Para los napolitanos, Maradona simbolizó el ganarle al menos una batalla a los ricos del norte de Italia que constantemente los despreciaban y humillaban, dentro y fuera de las canchas de fútbol. Para los cubanos Diego representó un amigo que no claudicó en su defensa de la revolución. Para millones en el mundo, Maradona representó y aún representa, esa voz del que no tiene nada que perder, que dice lo que cree y que amplifica el susurro de los desfavorecidos y los que tienen poco o nada. Por eso se llora en todos los confines del mundo, pero el llanto es mayor en India, en África, en América Latina.

Mito irrepetible

El 25 de noviembre me encontraba en casa, sentada frente a la computadora, mi hija al lado haciendo su escuela remota y mi esposo dando clases remotas en la sala. De repente ella me pide que busque el significado de una palabra, abro una nueva ventana en internet y veo que salen de repente las palabras que no hubiera querido leer: “Muere Diego Armando Maradona”. Ahí mismo irrumpo en llanto, mi hija me consuela, a sus 8 años sabe de mi amor irracional por esa figura, ella ya entiende de estas pasiones. Se jodió el día, se jodió más aún un año que ya era para el olvido, ¿cómo puede ser peor este 2020? Me avergüenza un poco decir que he llorado la muerte de Maradona más de lo que he llorado en todo el año. Maradona para mi era un ídolo deportivo que representaba muchas cosas que me gustan y en las que creo. En una época en la que los publicistas, relacionistas públicos y encargados de redes sociales tienen el comando, es refrescante escuchar una voz genuina en este maremágnum de poses ficticias, aunque la voz te diga, como dijo Diego en una conferencia de prensa luego de ganar agónicamente la clasificación para el Mundial de Suráfrica en el 2010, que “la chupes, que la sigas chupando”. Me encantaba su irreverencia, su izquierdismo no apologético, su amor a sus hijas, su pasión por su país y por el fútbol, su sonrisa. Y de verdad que me ha dolido su muerte muchísimo. He llorado su muerte y he llorado aún más a los que lo lloran, cada vez que veo un homenaje, en India, en China, donde sea, lloro. Lo de los deportistas y los argentinos tiene un lugar aparte, ha sido lindo ver cómo atletas  de todos los deportes le han rendido homenaje. Lo de sus compatriotas, impresionante. Un país entero lo ha llorado y honrado y sobre todo agradecido. Que muestra de amor tan linda y desprendida. Aparte se merece mención su segunda patria, Nápoli, hermosos homenajes y ya su estadio se llamará Diego Armando Maradona.

Mi esposo y yo llevamos una semana preguntándonos qué otra figura generaría una conmoción de este tipo, no solo a nivel global, pero con este nivel de intensidad. Recordamos los funerales de Kennedy, Lennon, Lady Di, Evita, Gardel y más reciente Michael Jackson, pero no solo no se comparan, sino que aún no encontramos una figura actual que tenga estas proporciones de ídolo global.

Para la posteridad

El año pasado vi el documental “Diego Maradona” y renové votos de admiración. Repasar su historia y ver los goles y su impacto en tantos lugares, me hizo querer más a esta figura. En voz del gran narrador uruguayo que inmortalizó ese llamado gol del siglo que selló la victoria contra los ingleses en el 1986, “Diego, ¿de que planeta venís?”. Estos días he pensado mucho en qué hace a alguien inmortal, se habla de Clemente en Puerto Rico y ahora con Diego, pienso que la inmortalidad se gana cuando uno cala profundo, cuando tocas una fibra en las personas que te hace sentir algo que es especial e inolvidable. Diego Armando Maradona hizo esto en millones de personas alrededor del mundo. Y por eso hoy lo lloramos. Como dijo Lionel Messi, “nos deja pero no se va…porque el Diego es eterno”.

 

 

 

Con pandemia y sin Maradona

Claudio Katz

 La despedida del querido futbolista coronó un año signado por las oscilaciones del gobierno en la gestión de la economía y la pandemia. El oficialismo se ubica en el cuadrante más conservador del progresismo frente a la derecha destituyente, en un marco de infrecuente desmovilización. La nueva oleada de rebeliones en América Latina impacta sobre el país facilitando el despegue de un proyecto popular. 

El fallecimiento de Maradona añadió otro pesar a un año signado por la pandemia. Argentina quedó enlutada por la partida de un ídolo de multitudes. Con cualquiera de sus apodos -pelusa, cebollita, barrilete cósmico, mano de Dios- el gran futbolista derramó felicidad en un país agobiado por el autoritarismo, la frustración y el empobrecimiento. No importa lo que hizo con su vida, sino cómo transformó la existencia de sus compatriotas.

Maradona fue un mito viviente que traspasó las fronteras. Era la principal figura identificada con Argentina en cualquier rincón del planeta. Esa inconmensurable fama fue la pesadilla de su trayectoria, desgarrada por escándalos, fortunas, drogas y tomentosas familias.

El genio de la pelota trató con presidentes, multimillonarios y capo-mafias sin abandonar nunca su origen de carencias. Siempre supo de dónde venía. Fue un deportista comprometido con los oprimidos que reivindicó las causas populares desde su mágico vínculo con el balón.

Diego se tatuó al Che Guevara para transmitir un mensaje de crítica a las injusticias y desigualdades. Mantuvo una estrecha relación con Fidel y realizó en Cuba un largo tratamiento de desintoxicación. Asumió con fervor la identidad latinoamericana y exhibió con orgullo sus vínculos con Chávez y Evo. Tuvo un rol protagónico en la memorable cumbre de Mar del Plata que rechazó el ALCA.

En el sofocante clima generado de la restauración conservadora denunció el golpe en Bolivia y defendió a Venezuela contra las conspiraciones del imperio. Siempre estuvo con Madres y Abuelas participando en las campañas de recuperación de los hijos de desaparecidos. En su último mensaje de apoyo al impuesto a las grandes fortunas descargó furibundas críticas a Macri.

Los poderosos nunca le perdonaron esa rebeldía y arremetieron contra sus incontables contradicciones y flaquezas. No olvidaron sus denuncias del negocio del fútbol y sus cuestionamientos a la insensibilidad del Vaticano. En Argentina lo identificaron con todas las desgracias del país y esas tensiones afloraron en un caótico velatorio, que no diluyó el último adiós a una figura tan querida.

Ambivalencias con la salud y la economía

El final de Maradona coincidió con el cierre del primer año de Fernández, que asumió el manejo de un país agobiado por décadas de primarización, endeudamiento y precarización. Alberto afrontó de entrada la durísima carga legada por el vaciamiento financiero perpetrado por Macri. Imaginaba para esa adversidad un remedio similar al aplicado por el kirchnerismo durante la década pasada.

Concibió introducir mejoras populares, sin cuestionar los privilegios de la minoría que lucra con la actual estructura regresiva y dependiente. Pero afrontó la inesperada desgracia del coronavirus, en un marco de furibunda agresión de la derecha. Todas sus respuestas a ese doble desafío han estado signadas por el vaivén y la indefinición.

El gobierno intentó gestionar la pandemia con iniciativas progresistas. Propició la protección sanitaria con la cuarentena y una acelerada inversión en camas y hospitales, para evitar la saturación de las terapias intensivas. De esa forma logró sortear el tremendo drama atravesado por Ecuador, Perú o Brasil. No hubo muertos en las calles, sepulturas colectivas, ni venta de oxígeno a los desesperados. Esa activa intervención inicial alineó a todo el espectro político con la emergencia, revitalizó la auto-estima nacional y generó mayor conciencia de los peligros de la infección.

Pero esos promisorios resultados duraron poco y el operativo sanitario quedó erosionado por la expansión de la pandemia. El resguardo se diluyó, la enfermedad se descontroló y el número de víctimas escaló en forma vertiginosa. Argentina ya se ubica entre los países con más contagios y promedios de fallecidos.

Nadie ha ofrecido hasta ahora una explicación satisfactoria de ese desenlace. En países comparables -que generalizaron los testeos en forma más amplia que Argentina- el porcentaje de decesos fue semejante. Lo único evidente ha sido la disolución de las normas de cuidado, bajo la incansable campaña de erosión que motorizó la derecha.

El discurso negacionista y los mensajes anticuarentena socavaron primero la contención de la pandemia en los grandes centros urbanos. Posteriormente facilitaron la propagación de la infección en el interior. El gobierno se manejó a tumbos y sin responder a ese sabotaje.

La segunda ola actualmente en curso en el hemisferio norte ha dejado sin argumentos a los derechistas. Las cuarentenas reaparecen en Europa y el desastre legado por Trump en Estados Unidos ilustra las consecuencias de obstruir las restricciones. En este marco la proximidad de la vacuna le permite al gobierno retomar la iniciativa. Pero ese impulso exigirá eficacia en el monumental operativo de inmunizar al grueso de la población.

El resultado de esa acción incidirá, a su vez, en el clima económico imperante. También en este campo el gobierno ha navegado entre dos aguas. Durante varios meses esperó retomar el crecimiento por el simple efecto de un arreglo de la deuda. Ese acuerdo fue alcanzado con los acreedores, pero no contuvo el desmoronamiento del nivel de actividad, ni suscitó la prometida “confianza” de los mercados.

Como todos sus pares de la región Alberto intentó contrarrestar el Gran Confinamiento con la expansión del gasto público. Mediante ese auxilio evitó una retracción que habría duplicado la caída del PBI. La crisis igualmente potenció el quebranto fiscal, el desplome de la recaudación y un desbarranque mayúsculo de la producción.

La derecha aprovechó este colapso para doblarle el brazo al gobierno. Primero forzó la renuncia a la expropiación de Vicentin y aseguró la impunidad de los vaciadores, que ya desguazan la compañía para entregarla a un pulpo foráneo. El mismo tipo de concesiones lograron los fondos de inversión. Esperando alguna tregua de los financistas, Guzmán remató las escasas divisas disponibles en pagos de la deuda pública y privada.

Este adverso camino quedaría convalidado en la negociación con FMI, para posponer las erogaciones que legitiman el mayor fraude de la historia. La imaginaria benevolencia del Fondo no se verifica en esas tratativas. El Fondo exige recortes en el gasto social, que ya se verifican en la nueva fórmula de ajuste a la movilidad jubilatoria. Se elimina la incidencia de la inflación cuando el reconocimiento de esa variable permitía recuperar parte de lo perdido en los últimos tres años.

Pero Fernández no acepta la mega-devaluación que exige el establishment. Sabe que en un escenario social semejante al 2001 -con la mitad de población bordeando la pobreza- esa decisión conduciría al precipicio. El gobierno resiste la presión de los banqueros sin confrontar con el acoso cambiario que imponen al país.

Alberto busca también contrapesos a ese ahogo con el impuesto a las grandes fortunas, que llegó tarde y con alcances limitados pero con una nítida impronta progresista. Ese gravamen constituye un precedente de progresividad para futuros cambios en la recaudación y aporta recursos a varios proyectos populares.

El gobierno tolera la inflación y el deterioro del salario, pero ensaya atenuantes con bonos e incrementos en la tarjeta de los alimentos. Mientras recorta el IFE prorroga limitadamente los ATP. Descongela las tarifas con auxilios a los usuarios más empobrecidos y permite la expansión de los despidos que formalmente prohíbe.

En este mar de oscilaciones Fernández no implementa el ajuste, ni la redistribución. Pretende transitar por un camino intermedio pero potencia la agonía de la economía. No satisface las necesidades populares y tampoco avala las exigencias de los poderosos. Por un lado soslaya medidas de disciplina cambiaria y freno a la carestía y por otra parte resiste el maximalismo de la derecha. Con emisión, recortes de gasto y un nuevo endeudamiento va tirando a la espera del rebote económico del 2021.

Un perfil conservador dentro del progresismo

También la acción política del Albertismo está regida por la oscilación. Durante gran parte del año aceptó la agenda de la derecha, con la esperanza de apaciguar a los odiadores seriales que dominan las pantallas de televisión. Recurrió al discurso institucionalista y ofreció la otra mejilla, esperando alguna respuesta “civilizada” de sus oponentes. Pero esa conciliación envalentonó a la oposición y desmoralizó al oficialismo.

El desalojo de Guernica fue el punto culminante de ese sometimiento gubernamental a los poderosos. Los funcionarios cortaron las negociaciones para perpetrar el operativo de fuerza exigido por el establishment. Adoptaron esa decisión de clase apaleando a los pobres y bendiciendo a los enriquecidos.

La incursión se consumó con gases lacrimógenos y destrucción de modestas casillas. Se tumbó el refugio de quienes sólo demandan una tierra para vivir. El gobierno no adoptó la misma actitud con el apropiador ilegal extranjero John Lewis en el Lago Escondido. Limpió con gendarmes un terreno de Guernica que ha sido sospechosamente adquirido por un ex funcionario de Videla.

Berni puso en práctica sus mensajes de brutalidad, desplegando el macartismo y una infame campaña de mentiras. Recibió el explícito aval de todos los medios, que suspendieron la grieta para difundir esas falsedades.

En vez de reconocer la desesperada búsqueda de un techo, el gobierno criminalizó la demanda social y culpabilizó a las víctimas por sus carencias. Esa violencia estatal ha generado serias dudas sobre el perfil del oficialismo, pero el operativo fue una acción acotada que no inaugura un giro represivo o un curso de menemización.

Lo sucedido en Guernica se inscribe más bien en el tipo de atropellos que ya se registraron en forma puntual bajo el kirchnerismo. No modifican la naturaleza de un gobierno que en las últimas semanas ha propiciado iniciativas tan progresistas como el impuesto a las grandes fortunas, la ley de fuego y el tratamiento del aborto.

El impulso oficial de esa histórica demanda del movimiento feminista puede desembocar en su aprobación. Por primera vez en mucho tiempo se han reunido las condiciones para conquistar esa ansiada meta. Para lograrlo habrá que recuperar la movilización callejera.

Los vaivenes del gobierno han prevalecido también en la política exterior. La equidistante estrategia inicial de apuntalar el Grupo de Puebla fue seguida con cambiantes guiños hacia todos los públicos. La principal ofrenda a la derecha fue la condena a Venezuela, aceptando un informe sesgado de Bachelet que desconoce la existencia de las mismas irregularidades en los países que votaron la sanción.

Alberto avaló los cuestionamientos al gobierno bolivariano para buscar un sostén del Departamento de Estado en las negociaciones con el FMI. Argentina podía sumase a la abstención de México, pero optó por los consejos de Massa y la renuncia de Alicia Castro.

Fernández atemperó inmediatamente esa decisión con el rechazo a desconocer las próximas elecciones de Venezuela. Posteriormente acentuó el alejamiento del Grupo de Lima, participando activamente en el regreso de Evo a Bolivia. Conviene recordar que en pleno golpe de estado, el presidente argentino le salvó la vida a su par del Altiplano, mediante un riesgoso operativo de auxilio internacional.

Frente a conductas tan cambiantes: ¿cómo debería caracterizarse al gobierno actual? Es evidente que no comparte el signo derechista de su antecesor y que transita por sendero muy distante de la radicalidad de Evo o Chávez. Es afín al rumbo que inauguraron Néstor y Cristina, pero en un contexto económico-social muy diferente. Por el momento Alberto se ubica en el cuadrante más moderado del progresismo.

Nadie sabe qué tipo de peronismo prevalecerá con Fernández. El justicialismo incluyó históricamente variantes de nacionalismo con reformas sociales, virulencia derechista, virajes neoliberales y rumbos reformistas. Menem y Kirchner fueron los exponentes más llamativos de ese pragmatismo, que aún no maduró una modalidad singular en Alberto.

El oficialismo continúa albergando a una coalición de figuras derechistas y activos militantes de movimientos populares. Ese entramado ha coexistido bajo la ambivalente y pasiva conducción presidencial. Pero ya se observan indicios de una estrategia más activa que el simple aguante hasta las elecciones. El oficialismo se aleja de la resignación que sepultó a Dilma en Brasil y de la traición que desbarrancó a Lenin Moreno en Ecuador.

Destituyentes y desmovilización popular 

El rumbo del gobierno tiende a definirse por su conducta frente a las provocaciones de la derecha. Durante la mayor parte del año la oposición estuvo comandada por los sectores que propician acciones destituyentes. Con ese objetivo desestabilizador enervaron a su base social buscando instalar una agenda de caos.

La embestida fue incansable durante la pandemia. Los responsables de la degradación del Ministerio de Salud acusaron al gobierno de imprevisión. Subrayaron ineficiencias sin ofrecer alternativas y omitieron la afinidad con el oficialismo en sus gestiones provinciales. Frente a la proximidad de la vacuna tantean nuevas opciones de desánimo (“nada funcionará”, “la aplicación rusa es peligrosa”, “hay corrupción en las compras”), pero ya chocan con la generalizada esperanza de superar la infección.

La derecha no se limitó a denunciar la «infectadura». Convocó marchas anti-todo para cuestionar la cuarentena, la falta de seguridad y la reforma judicial. Aglutinó una amplia variedad de energúmenos e intentó deslegitimar el Parlamento, para judicializar su funcionamiento y poner en duda los comicios. Trató también de voltear la reforma judicial para proteger los desfalcos de Macri y apuntalar un eventual poder sustituto del Ejecutivo. Fomentó, además, la rebelión policial a través de la red de exonerados y retirados que administra los negocios de la Bonaerense.

Pero su carta predilecta ha sido la erosión de la economía. Incentivó el terrorismo de mercado, el temblor del dólar y el pánico de los pequeños ahorristas. Sugirió incluso que el Banco Central se apropiaría de los depósitos en divisas para resucitar la pesadilla del corralito entre la empobrecida clase media.

La derecha ha impuesto un clima de aturdimiento neoliberal cotidiano con las mentiras que difunden los principales medios de comunicación. Falsea una y otra vez el contenido del impuesto a las grandes fortunas, afirmando que penalizará a la clase media cuando sólo afecta a menos de 10.000 personas. También despotrica contra un ajuste que atribuye al gobierno y que en los hechos siempre ha propiciado. Para socavar a su adversario se indigna con sus propias propuestas.

Pero los destituyentes afrontan serios límites para lograr sus objetivos. La marginalidad política del ejército les impide concebir el golpe militar que consumaron en Bolivia y el desprestigio del poder judicial anula el protagonismo que tuvieron los tribunales en Brasil. En el Congreso sólo pueden obstruir algunas leyes. Han logrado una inédita irrupción en las calles, pero los banderazos sin norte se desgastan y ya son minoritarios.

El bloque reaccionario afronta, además, una seria crisis de liderazgo interno. El generalizado rechazo al parásito que ocupó la presidencia, quedó consolidado durante su paseo por Europa durante la pandemia. La disputa entre halcones (Macri, Bullrich) y palomas (Carrio, Larreta, Vidal) retrata los temores que suscita la próxima ronda electoral. Esa falta de cohesión incentiva el protagonismo de los delirantes que dividirán el voto opositor (Espert, Milei).

Los resquemores dentro de las propias filas derechistas aumentan también con los insultos a los docentes. Sólo a una tilinga el PRO puede presentar a los maestros como una subclase de pobres, viejos, zurdos y fracasados. Sin el sostén ideológico de los grandes medios de comunicación, los desvaríos elitistas de la derecha afrontarían repudios de mayor porte.

El lugar protagónico que ocupó todo el espectro de conservadores y reaccionarios se explica también por la infrecuente desmovilización popular que imperó durante el año. La pandemia afectó a los sindicatos, en un marco de gran retracción de las luchas y demandas de las organizaciones sociales. La infección desarticuló el funcionamiento de esos movimientos, obstruyó la deliberación, impidió las asambleas y acotó las manifestaciones. En este escenario la CGT y la UIA acordaron rebajas salariales del 25%.

Por primera vez en mucho tiempo también el gobierno en funciones pudo desembarazarse de la presión directa que impone la movilización social. Si ese dato se revierte el panorama político mutará en forma súbita.

El viraje en América Latina

El clima regional de restauración conservadora que rodeó la asunción de Fernández ha cambiado abruptamente en los últimos dos meses. Ese giro comenzó con el arrollador triunfo del MAS en Bolivia que superó la elección precedente de Evo. Los 20 puntos de diferencia confirmaron que el mismo triunfo se habría verificado frente a una candidatura unificada de la derecha. El golpe militar ha quedado revertido en forma fulminante y el retorno del gobierno derrocado se consumó en tiempo récord.

La contundencia de la victoria electoral impidió el fraude o desconocimiento de los comicios. Tampoco prosperó la amenaza de balcanizar el país con maniobras de los fascistas santacruceños. La dictadura quedó fagocitada por su desastrosa gestión de la pandemia y por un festival de corrupción que enfureció a la clase media. El arrollador triunfo en las urnas fue a su vez el resultado directo de una gran batalla en las rutas. El ejército no se atrevió a reprimir los masivos bloqueos que impusieron la realización de los comicios.

Nuevamente quedó confirmada la enorme capacidad articuladora del MAS, que centraliza una coalición de movimientos de lucha directa y acción electoral. La derecha no pudo destruir ese archipiélago de organizaciones sociales, que mantuvo su presencia legislativa mayoritaria en medio del terror golpista. Una nueva generación de dirigentes accede ahora a la conducción del gobierno, en el clima de euforia observado durante la masiva recepción a Evo.

Los golpistas no sólo escapan en forma desbandada. El enjuiciamiento de los responsables de las masacres comienza a revertir el escenario de lawfare contra el progresismo. La verdadera justicia retorna a Latinoamérica.

El segundo epicentro de la transformación en curso se localiza en Chile. El resultado de la consulta sobre la Constitución fue tan impactante como el festejo popular. Esa victoria es una consecuencia directa de las movilizaciones que persistieron en la adversidad de la pandemia. La infección no disuadió la continuada presencia de los militantes en las calles y la consiguiente conquista de varios logros que anticiparon el éxito de la consulta (retiro del 10% de fondos de las AFP, prohibición de la suspensión de los servicios de luz).

Los jóvenes fueron los principales artífices de la victoria, en un plebiscito que alcanzó el 80- 90% de aprobación en las comunas populares. Ese triunfo ha costado decenas de muertos, centenares de mutilaciones y miles de atropellos cometidos por gendarmes, que dispararon a los ojos y lanzaron jóvenes al río. Chile ha despertado definitivamente con manifestantes decididos a enterrar el legado del pinochetismo. Ya empiezan a vislumbrarse los resultados de la larga lucha que iniciaron los pingüinos (2006), continuaron los estudiantes (2011) y coronó toda la población en la insurrección social cotidiana del último año.

Ahora se abre el camino para desmontar las trampas que obstruyen la instalación de la Constituyente soberana y democrática, que sepultará el régimen neoliberal de desigualdad, educación privada y endeudamiento familiar.

La tercera pieza del nuevo panorama regional se sitúa en Perú. Un estallido espontáneo y masivo de descontento impuso la fulminante renuncia del represor Merino. También allí los jóvenes convocados por las redes sociales fueron protagonistas de la sublevación contra el régimen instaurado en 1992. Ese sistema aseguró la continuidad económica del neoliberalismo, mediante una expeditiva rotación de presidentes desplazados por el Parlamento.

Todas las falacias del crecimiento y la inversión peruanos salieron a flote durante la pandemia. Se verificó la magnitud de la precariedad laboral, en el país que exhibe la mayor letalidad del planeta. La indignación popular estalló contra los fujimoristas, liberales y apristas que han disputado en forma despiadada la torta de los desfalcos. La descarnada codicia empujó a cinco presidentes a la cárcel y a uno al suicidio.

Durante varios días se vivió en Perú un escenario parecido al 2001 de Argentina. La demolición final de la presidencia fue precipitada por el asesinato de dos estudiantes. Pero al igual que en Chile la demanda de una Asamblea Constituyente empuja ahora al fin de un régimen, que comenzará a naufragar en las elecciones del próximo año.

Las tres grandes irrupciones populares de la región han apuntalado también las movilizaciones en Colombia, que retoma la interrumpida revuelta del 2019. Las protestas se extienden contra el terrorismo de estado de los grupos paramilitares que en el curso de este año ultimaron a 225 militantes.

El polvorín latinoamericano también impactó sobre Guatemala, que fue sacudida por multitudinarias protestas contra el recorte de las partidas sociales del presupuesto. En todos los rincones del hemisferio emerge la misma indignación callejera contenida durante la pandemia.

 

Este nuevo clima de la región también se observó en la derrota sufrida por el Bolsonarismo en las elecciones provinciales. La demagogia asistencialista del alocado mandatario no dio resultado y sus candidatos fueron aplastados, creando un nuevo marco para el desplazamiento del ex capitán. Ese viraje es apuntalado por la recuperación de la izquierda, bajo el nuevo liderazgo de jóvenes, movimientos sociales y partidos radicalizados (como el PSOL) que convergen con la continuada gravitación de Lula y el PT.

En este escenario las agresiones imperiales afrontan serios escollos. La derrota de Trump (y la consiguiente eyección de la ultraderecha) ponen en aprietos a muchos conspiradores. El escandaloso proceso electoral de Estados Unidos reduce los márgenes del Departamento de Estado para impugnar los comicios en los países hostilizados. A la OEA no le resultará sencillo objetar esta vez las elecciones de Venezuela.

La actual secuela de alzamientos populares en América Latina podría marcar el reinicio de la oleada de rebeliones registrada a principio del milenio. La pandemia está detonando ese mismo tipo de levantamientos. Bolivia repite su protagonismo, mientras que Chile o Perú comienzan a ocupar el lugar que hace dos décadas tuvieron Ecuador, Argentina y Venezuela. Se aproxima un nuevo capítulo del ciclo progresista.

Los efectos sobre Argentina

Las victorias populares en la región propinan un golpe demoledor a la restauración conservadora. Piñera gestiona en soledad, los funcionarios de Añez huyen para eludir los tribunales, Uribe pasó varias semanas en prisión domiciliaria, Lenin Moreno sobrevive en un tobogán descendente y Guaidó se ha quedado sin cómplices. Este generalizado retroceso de los figurones de la reacción socava drásticamente los proyectos destitúyanles en Argentina. Macri y Bullrich pierden aliados y comienzan a enfrentar un contexto adverso.

Pero el principal efecto de las rebeliones latinoamericanas se verifica en el movimiento social. Los éxitos obtenidos en países tan próximos incentivan en Argentina la recuperación de la movilización por abajo. Perú, Bolivia y Chile han demostrado cómo obtener victorias en las calles.

Durante el 2020 ese ámbito de confrontación directa sólo estuvo ocupado en el país por los banderazos de la derecha y las respuestas del peronismo (17 de octubre, homenajes a Néstor Kirchner). Se impone retomar ahora las movilizaciones por demandas sociales y democráticas.

Argentina continúa careciendo de una referencia efectiva de la izquierda para apuntalar esos logros y avanzar en la construcción del proyecto alternativo. Ese objetivo afronta actualmente dos obstáculos simétricos. Por un lado, existe una fuerte tendencia a la subordinación al gobierno con la consiguiente justificación de lo inadmisible. Mantenerse en silencio frente al desalojo de Guernica o convalidar el recorte de las jubilaciones (con disparatados argumentos de irrelevancia de la inflación) constituyen ejemplos de esa actitud.

En el flanco opuesto se ubica la estrechez sectaria. Su manifestación más reciente ha sido propiciar la abstención en el Parlamento frente al impuesto a las grandes fortunas a fin de “no encubrir el ajuste”. Con ese criterio habría que rehuir todos los logros democráticos y mejoras sociales. Bajo la administración capitalista del estado esos avances son siempre insuficientes y es equivocado desconocerlos argumentando que “encubren” la continuidad de la opresión.

Conviene también recordar que las propias conquistas obtenidas por la izquierda involucran la implícita aceptación de otros males y ese dato no invalida lo conseguido. Estas disyuntivas reaparecen frente al inminente tratamiento del aborto. ¿Habrá que abstenerse y presentar un proyecto propio también este caso para “no enmascarar el ajuste”?

En el escenario actual resulta indispensable distinguir las vetas conservadoras de las iniciativas progresistas del gobierno. La construcción política de la izquierda sólo puede prosperar, combinando ese reconocimiento con el impulso de todas las iniciativas de movilización.

Son tan valiosos los movimientos que no bajan sus banderas (asamblea de auto-convocatoria de la deuda externa), como las novedosas experiencias producción agraria cooperativa que confrontan con los poderosos (proyecto Artigas de Entre Ríos). Con diversas acciones para apuntalar la redistribución del ingreso se irá moldeando el proyecto popular que necesita el país.

El autor es economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz