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Agenda para el corto plazo

 

Especial para Claridad

No me motivan, ni siquiera para un comentario, los debates triviales de menudencias politiqueras en las que ocupan  su tiempo la mayor parte de los políticos y politólogos de oficio y sus achichincles. Por eso, voy a tomar un receso en estos escritos para CLARIDAD, al menos en lo que transcurre la bochinchería primarista que, de una u otra manera, abarca la atención de uno(as) y otro(as) durante estos meses primeros del año 2008.

Van a manera de resumen de agenda, como medio de dejar en la memoria de mis lectores la propuesta de unos quehaceres más útiles para la patria, mientras yo concentro mayor atención a terminar tres libros ya prometidos. Son diez puntos derivados del propósito de levantar el movimiento patriótico a loso niveles de acción que en ocasiones hemos  alcanzado y  estoy seguro que podemos lograr en la presente coyuntura. Son estos:

  1. Adelantar la lucha por eliminar la hegemonía “federal” sobre la gobernabilidad de Puerto Rico(F.B.I., corte de la Calle Chardón, Departamento de Homeland Security, etc.) Más de medio siglo después de haberse establecido el estado libre asociado, hoy al poder del gobierno de Wáshington se vierte sobre muchos ámbitos de autoridad que estaban reservados para el gobierno interno de Puerto Rico bajo los estatutos orgánicos que nos impuso Wáshington en la primera mitad del siglo XX.
  2. Impulsar acciones concertadas del pueblo hacia la defensa de nuestros recursos naturales y materiales. (ejemplos, la zona kárstica en la región norte de Puerto Rico, y los acuíferos que utilizan las farmacéuticas para su exclusivo beneficio, así cómo el peligro del que nos alerta la licenciada Centeno de que se utilicen esos recursos nuestros para producción de material nuclear por parte de Estados Unidos.)
  3. Llevar reclamo por la libertad de nuestros presos políticos y de guerra al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Hacerlo en el contexto de denunciar la incesante persecución contra el movimiento independentista puertorriqueño. Ahora ese organismo tiene mayores poderes y más alta jerarquía que la anterior comisión de Derechos Humanos que operaba bajo el Consejo Económico y Social. Estados Unidos quiso configurar ese organismo a su conveniencia y no pudo lograrlo. La sede está en Ginebra, Suiza.
  4. Intensificar campañas educativas sobre la independencia como la base para una verdadera re-estructuración de la economía de Puerto Rico hacia el desarrollo sustentable y con justicia social. En algunos momentos anteriores, eso se ha hecho por diversas organizaciones patrióticas y hoy lo hacen algunas de ellas. Hace falta que se combinen los esfuerzos de unos y otros para obtener un resultado con efecto multiplicador.
  5. Timonear, con sabiduría y flexibilidad suma, la campaña por la elevación de la discusión del caso de Puerto Rico a la Asamblea General de la ONU en el temario de dicho órgano para el 2009. No va a ser este año, pero sí podemos seguir sentando las bases para el 2009, especialmente por la vía del Comité de Descolonización, el Movimiento de Países No Alineados y la Internacional Socialista, así como nuevas instancias internacionales de los pueblos: el Foro de San Pablo y otros. Aprovechemos la coyuntura de que, en la actualidad, todos los partidos,agrupaciones de la sociedad no partidista y pueblo en general favorecen esta iniciativa desde Puerto Rico. No busquemos que afloren los enfoques diversos que tienen los partidos entre sí. Debemos encontrar el denominador común de las propuestas de unos y otros. Solo así podremos alcanzar el objetivo.
  6. Masificar las solicitudes de certificaciones de la ciudadanía puertorriqueñay, simultáneamente, reclamar a gobiernos de países latinoamericanos y caribeños que acepten tales certificaciones como documentos de viajes de cualquier puertorriqueño que pueda entrar y salir a sus países. Esto será un reclamo de libre determinación, tanto colectiva como individual, de todos los boricuas que nos consideramos nacionales de esta patria, y no de Estados Unidos, independientemente de que mantengan la ciudadanía de segunda clase de Estados Unidos, por las razones que sean. Nadie se preocupe por la amenaza yanqui de que no les dejarán entrar a Puerto Rico sin un pasaporte de Estados Unidos. Ellos no tienen autoridad en sus propias leyes para hacer eso. Si quieren deportar a un boricua, tienen que hacerlo a su lugar de origen.

7.Organizar núcleos de boricuas residentes en Estados Unidos,dirigidos al reclamo de sus derechos en las comunidades en que conviven y al desarrollo de solidaridad recíproca, fundada en nuestra común nacionalidad, con los puertorriqueños residentes en nuestro archipiélago caribeño. La organización y movilización de nuestros paisanos residentes en Estados Unidos, que equivalen a la mitad de nuestra población nacional,  es esencial para conseguir  el apoyo a nuestra causa del pueblo de ese país, que es elemento imprescindible de la estrategia libertadora de Puerto Rico.

  1. Incorporar esfuerzos de apoyo a CLARIDAD para lograr un aumento notable de su circulación y lectura, así como de su producción por la vía cibernética. Recordemos lo que nos admonizaba César Andreu Iglesias: “sin un periódico de la independencia no habrá independencia jamás.” Yo añado: un periódico, para la Independencia es más importante que un partido.
  2. Respaldar activamente los actos y creaciones culturales y artísticasfundadas en nuestro acervo e identidad nacional, incluyendo el esfuerzo por conseguir la incorporación de Puerto Rico por derecho propio a la UNESCO y el patrocinio de festivales, exposiciones, concursos y actividades en lugares públicos que den acceso a pueblo al pleno disfrute de nuestras capacidades creativas como nación caribeña y latinoamericana.
  3. Apoyar al deporte, tanto a nivel nacional en sus formas y maneras de dar oportunidades a todo(as) de aprender sus técnicas y practicarlos, como nivel internacional para ofrecer las mayores opciones de participación en eventos a todos los niveles posibles.

Aquellos de mis lectores que no se conformen con la mínima política de dar vueltas a la noria en que se desperdician tantos talentos hoy, busquen su lugar en la lucha patriótica en uno o varios de los puntos sugeridos en esta agenda para el año que ha comenzado, y que les deseo que sea el más productico de sus vidas para bien de la patria y de la humanidad. Hasta pronto.

 

*achichincle —hombre que de ordinario acompaña a un superior y sigue sus órdenes. Voz mexicana de origen indígena, integrada a nuestra lengua, según el Diccionario de la Real Academia. En el diccionario Larouse,, se deletrea como achichinque y lo definen como ‘servidor oficioso, adulador.”

 

7 de enero de 2008

 

 

¿Qué hacer?

 

 

Especial para Claridad

 

Últimamente he estado participando en charlas y conversatorios sobre el asunto de la ciudadanía puertorriqueña y la certificación que se me expidió por el por el Secretario de Estado de Puerto Rico, Fernando J. Bonilla, sobre mi condición de ciudadano de Puerto Rico. Curiosamente, son grupos de jóvenes los que han auspiciado estas actividades. En todas ellas, celebradas, en la Facultad de Derecho de la UPR, en el Museo de la Historia de Ponce, en el Recinto de Arecibo de la UPR y en el Recinto Universitario (RUM) de Mayagüez, prevaleció lo que más positivo me ha parecido, que es el gran interés de un sector significativo de nuestra juventud en reclamar que se les certifique su condición de ciudadanos puertorriqueños.

Ha sido tan impactante ese hecho y esa voluntad de muchos jóvenes boricuas que ya, un grupo de ellos ha comenzado a organizar una nueva entidad, que ellos titulan Alianza de Jóvenes Ciudadanos Puertorriqueños (AJCP). Fue esta organización, todavía embrionaria, la que me invitó a dar un charla sobre el tema de ciudadanía, la cual se celebró el pasado miércoles, 28 de marzo, en el anfiteatro de la Escuela de Enfermería del Colegio o RUM, en Mayagüez.

Allí distribuyeron un volante que describe de esta manera su “visión”:

“Nos afirmamos como jóvenes comprometidos y combatientes ante el sistema colonial que impera en la isla. Somos fieles creyentes y luchadores de la emancipación de nuestro terruño borincano. Tenemos como meta crear conciencia acerca de la Ciudadanía Puertorriqueña en especial en las futuras generaciones. La lucha de la AJCP es pacífica, a su vez, creemos que al educar al pueblo abrimos caminos, creamos conciencia y avivamos el sentido nacional.”

“La AJCP entiende que somos los jóvenes quienes seremos los futuros líderes de nuestra tierra. Por eso creemos que es esencial fomentar el liderazgo, la conciencia nacional y la educación para la formación de una NUEVA PATRIA.”

En el mismo boletín, enumeran sus objetivos y metas a corto y largo plazo, todo lo cual indica que están legítimamente motivados para encausar un movimiento amplio, patriótico, no sectario, y fuera de todas las líneas de los partidos y semi-partidos que se están gestando por diferentes grupos en el país, sin que —por otro lado— se coloquen en polémica ni discusiones estériles con esos otros grupos. Están convocando a una asamblea general para constituir formalmente la entidad, la cual está tentativamente señalada para el 14 de abril. Supongo que publicarán un anuncio con todos los detalles de dicha asamblea en CLARIDAD. Tienen dos portavoces, una mujer y un hombre, ambos muy jóvenes y sumamente articulados y que se ven auténticamente involucrados en su importante quehacer patriótico. Me emocionaron mucho sus intervenciones en la actividad del RUM, porque me hicieron recordar los días tan remotos en que un grupo de jóvenes de los años cuarenta iniciábamos en Mayagüez una modesta organización juvenil pro independencia.

Me consta que existen hoy unas entidades muy diversas en sus concentraciones y enfoques, que tienen en común la meta de la soberanía e independencia para Puerto Rico. Pero, como ocurre en los períodos de dispersión del movimiento patriótico, buscan adelantar la causa desde perspectivas diferentes, hasta el punto de distanciarse las unas de las otras. Y lo que es peor, la confusión que produce esas disputas internas, han marginado hacia la no afiliación a lo que tal vez  sea la mayoría de los independentistas conscientes del país.

Tengo gran respeto por todas esas organizaciones, grupos y personas. Les basta ser independentistas para contar con mi mayor consideración y aprecio. Cada una de ellas y ellos se plantean con variados enfoques el problema de qué hacer para mejor adelantar la causa común que nos motiva a todos: la plena soberanía, independencia y justicia social para los puertorriqueños de hoy de  mañana.

Sin subestimar esos enfoques diversos de unos y otros, a mí —a la altura de mis experiencias de muchos años de lucha— me motiva más que ninguno otro el esfuerzo concertado que pueda producir un programa masivo de educación del pueblo sobre sus derechos nacionales como boricuas. Visualizo con gran esperanza la realización de campamentos de verano para jóvenes en  los que se  ofrezcan discusiones abiertas sobre cuál es el futuro mejor para nuestra patria. Aspiro a sacar a Puerto Rico de la tribalización y la trivialización en que parece sumirse el debate político actual en el país. Soy hostosiano y me parece indispensable la educación como vehículo para avanzar en la comprensión masiva de las realidades de cada sociedad. Si Puerto Rico hubiera respaldado a Hostos en sus esfuerzos de más de un año, en la Liga de Patriotas, que incluía sobre todo un plana educativo muy pormenorizado para jóvenes y viejos, otro habría sido nuestro accionar colectivo a lo largo del Siglo XX.

Todavía tenemos tiempo para salvar al país de la desintegración y el colapso por las peores enfermedades sociales que está padeciendo.

Uno de esos genios organizadores de pueblos, en el Siglo XX, Lenin, quien dirigió la primera revolución socialista triunfante en la historia, examinó con precisión matemática el cuestionamiento de ¿qué hacer?, aplicándolo a su pueblo y a su época. De la misma forma que él no siguió al calco las ideas de Marx, aunque se fundó en sus enseñanzas para realizar su obra, así también los jóvenes de hoy en Puerto Rico no tienen que seguir los dictámenes de ninguno de los mayores en esta lucha, aunque —como es natural— podrán aprovechar sus enseñanzas, por aquello de que la rueda se inventó una sola vez y no hay porqué intentar sustituirla. Lo que hay que hacer es luchar. Nadie espere el triunfo de su causa sin lucha. Y las luchas requieren dedicación, firmeza y perseverancia. Lo demás se irá produciendo sobre la marcha. A luchar todos y todas, que todavía hay reservas seminales en nuestro pueblo que producen los caminos que se irán abriendo para encausar la patria hacia su mejor destino, que será, sin duda, el de la plena soberanía y la independencia y ninguno otro. No hay atajos para alcanzar esa ancha avenida. Empecemos por comprenderlo así y nos estaremos acercando a la ruta indispensable.

 

30 de marzo de 2007

¡Hasta siempre compañero!

Simeon Villalba

La Juta Directiva y el Colectivo de trabajo de CLARIDAD le envía un abrazo grande y solidario a la familia Villalba, en especial al compañero Víctor Villalba ante la muerte del compañero Simeón Villalba Rodríguez.

Simeón Villalba Rodríguez nació un 7 de diciembre de 1950, en el Sector La Joya San Carlo y se crió en la calle Nueva en la Gran Ciudad de Aguadilla.  Desde joven militó tanto en el Movimiento Pro Independencia, Partido Independentista Puertorriqueño y Partido Socialista Puertorriqueño.  Fue producto de la escuela pública en Puerto Rico y obtuvo un Bachillerato en Economía de la UPR.  Durante muchos años trabajó como Árbitro y Mediador en el Negociado de Conciliación y Arbitraje del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos.  Luego pasó a dirigir ese Negociado hasta que se jubiló posteriormente.  Luego de jubilarse se dedicó mayormente a dar conferencias y seminarios a los trabajadores del sector público como privado, en el Movimiento Obrero.  Fue un fiel colaborador del periódico Claridad y participaba activamente tanto en el Festival de Claridad como en las actividades que desarrollaba el periódico.  En la noche de ayer martes, 27 de octubre de 2020, falleció en San Juan, a los 69 años de edad.

 

–Crónicas de un siglo alocado–Vivir en el campo

JUAN MARI BRAS

 

 Especial para En Rojo

 

Por largos años acaricié la ilusión de vivir en el campo. Me atraía, sobre todo, volver a la contemplación de los hermosos parajes rurales del oeste borincano. Tal vez fue la nostalgia de los tiempos felices de la niñez, cuando dividía mis vacaciones veraniegas entre la finca de los Mari en Hoconuco de San Germán y la de los Brás en el Consumo, la encrucijada entre Mayagüez, Las Marías y Maricao. Por aquel tiempo, correteaba con mis primos Mari en Hoconuco o con mis tíos Breas en el Consumo, buscando las mejores charcas de los ríos para bañarnos. Cabalgábamos de Hoconuco al Rosario por las sierras florecidas o corríamos hasta la represa del Consumo donde la caída del agua formaba un charco artificial insuperable. En uno y otro de esos paisajes se podía dominar desde la altura gran parte del escenario principal de las historias de ambas familias, así como de los pasajes más heroicos de la historia de la patria.

Quizás fueron esos recuerdos que se incrustan  en la memoria ara siempre los que me indujeron a mandar a construir una modesta casa de madera y zinc al tope de una loma en el Rosario mayagüezano. Por esos días, en 1986, pude liquidar el pequeño caudal hereditario de mis padres, y con lo que me sobró tras pagar mis deudas, acometí la obra con el consejo técnico y financiero del amigo Yeyo Rodríguez. Me atrajo, sobre todo, el paisaje espectacular. Por el oeste se divisaba el Mar de las Antillas —como llamaba Hostos al Canal de la Mona— con el islote del Desecho en la cercanía de la costa y La mona en lontananza (sólo en los días claros). Por el este, todavía se ve en todo su esplendor el cuadro insuperable de naturaleza viva que cubre San Germán, al final del valle que lleva su nombre, y tras éste, las cercanías de Cabo Rojo y algo escondida la Sierra Bermeja, pasando más acá por el lomerío que va desde los dos Hoconucos (el bajo y el alto) hasta el poblado del Rosario, que parece una escultura en bajo relieve dentro de un hueco entre las montañas. Estas culminan, al noreste de nuestra mirada,, en el majestuoso Monte del Estado, con sus torres de telecomunicaciones y energía eléctrica, alumbrando siempre a toda la región.

Así, cuando mi viudez prematura de la madre de mi última hija, y un par de años después la boda con mi  prima Marta que espero sea también la última, nos regresamos ambos a vivir a este Mayagüez tan querido. Salidos de la jungla capitalina, nada mejor para mis querencias que venir a vivir al campo, aquí en El Rosario, del lado mayagüezano del río que le da nombre a estos barrios.

Tenía la visita frecuente de mis hijos y nietos, así como la de familiares y amigos de áreas vecinas y otros —ex discípulos de mis breves años en la cátedra de la Facultad de Ciencias Sociales en la UPR y de los largos tiempos de luchas en el movimiento patriótico— que interrumpían con frecuencia, para nuestro deleite, el aislamiento del campo. Ahora unos y otros han descubierto destinos más atractivos que este barrio en acelerada transformación arrabalera.

Contaba, sobre todo, en vecindario aledaño, con dos de mis mejores amigos de siempre, Yeyo Rodríguez y Juanito Rodríguez Cruz, ambos naturales de este mismo barrio. Con ambos re-encaucé de inmediato mis afanes periodísticos en un programa semanal por la televisora local, nombrado “Diálogo Puertorriqueño”. Las tertulias tras las grabaciones los viernes del espacio dominguero nos acercaban siempre al contorno lugareño.

La muerte de Juanito fue el primer golpe traumático a mi nueva vida campesina. Con él entablaba, en su casa del Limón o en la nuestra del Rosario, conversatorios muy animados que iban desde la reconstrucción histórica —de la cual fue experto— hasta la serie de chistes y anécdotas del momento, en los que lucía siempre su creatividad y alegría de vida.

Luego vino el huracán George, cuyas consecuencias en la infraestructura del barrio todavía no han  sido superadas.  En la de mi economía personal muchísimo menos. El temporal arrasó con el techo de nuestra casa, y consecuentemente desbordó su furia contra los muebles y accesorios que trabajosamente habíamos acumulado en el hogar. Gracias a un préstamos de emergencia con intereses cuasi usurarios del Banco Popular, que todavía estoy pagando sin que nunca me haya atrasado un solo mes, pude contratar la reconstrucción de la casa. Y gracias a la hospitalidad de una pareja de mis amigos de la vida, Noel Colón Martínez y Ani Morera, nos pudimos refugiar en una casa suya en la playa del barrio Bajura, entre Aguadilla e Isabela, durante los meses que tardaron los contratistas en entregarnos la obra terminada.

Al regresar al Rosario, el barrio era ya otro. Estuvimos sin luz eléctrica por largos períodos recurrentes que todavía no han terminado en su totalidad. El agua fue escaseando cada vez más. Rara vez pasa una semana sin que nos quedemos sin el flujo de Acueducto. Y en muchas ocasiones, ha pasado semanas enteras sin agua corriente. El servicio de cable, que a mí me es  particularmente importante para poder monitorear los acontecimientos más relevantes del mundo —porque generalmente están ausentes de los noticieros en los canales que se dicen boricuas— es imprescindible. Cuando más uno lo espera, es casi siempre el momento en que desaparece la señal.

Los acaudalados residentes de urbanizaciones lujosas en la capital y otras ciudades del país, encerrados en sus ghetos, creen vivir en el llamado primer mundo. Sería bueno que algunos de ellos, incluyendo sobre todo los gobernantes de turno, se vinieran por un tiempo a estos barrios rurales para que experimenten lo que es la vida en lo que ellos llaman el tercer mundo y piensan que son lugares lejanos del planeta. En realidad no es tercero, sino primero, en términos de la cantidad de seres humanos que vivimos con él.

Por otro lado, un quenepo macho sembrado en el borde del talud con nuestro solar, ha desarrollado una rama gigantesca que nos robó la vista al mar desde el balcón de nuestra casa. Como para mandar a cortar la rama hay que seguir múltiples pasos burocráticos, si es que uno accede a hacerlo por su cuenta, y yo no tengo tiempo para andar de oficina en oficina pidiendo favores, me he tenido que resignar a no mirar el mar desde mi balcón. Dicho sea de paso, el quenepo de marras tiene enganchado entres sus frondas un panel completo de plafón de los que se llevó el huracán, sin que nadie, en los años que van desde aquella tempestad, se haya ocupado de desmontarlo y llevárselo al sitio donde fueran a parar los escombros cuya recogida enriqueció a unos cuantos alcaldes de la época.

El acceso a nuestra casa es por un camino municipal. En la intersección entre éste y la carretera estatal, casi siempre hay media docena de carros viejos desmantelados, que parecen ser objetos del chiripeo de unos jóvenes vecinos que, probablemente por falta de empleo más estable, han tenido que unirse a la llamada economía informal. Muchas veces, nuestras entradas y salidas de la carretera al camino y viceversa resultan ser un operativo oneroso para todas las partes.

Ahora, al acercarse las elecciones, ya Obras Públicas y el Municipio se apresuran a re-asfaltar los caminos del barrio. No es extraño que cuando más de prisa va uno manejando hacia la ciudad para ganar el pan nuestro de cada día, se encuentre con que a uno de los camiones de Obras Públicas o sus contratistas se le ha desbordado la carga y se ha interrumpido el tránsito, formando un tapón descomunal en plena ruralía. Ya los tapones no son exclusivos del área metropolitana de San Juan y ni siquiera de la de Mayagüez. En justicia debo atestiguar la alegría que me produjo —al regreso de San Juan en estos días— el recorrido veloz, sin hoyos ni drones ni barreras temporales, por una carretera nítidamente cubierta por una capa de bitumul.

La antigua quietud del campo, alegrada por los rosarios cantados de la temporada navideña, de hace pocos años y la solidaridad abierta de vecinos y amigos, se ha ido trocando cada vez más en un tropel de ruidos y gritos muchas veces intolerables, como los de las carreras de autos sin mofles y las escandalosas corridas de jinetes y caballos los domingos, de las que se quejó con amargura un buen amigo y vecino, el cantautor Roy Brown Ramírez, en el introito de su nueva canción “Carretera 345” con la cuál sorprendió al público de su reciente concierto en el Centro de Bellas Artes de San Juan.

Al buen hombre que por mucho tiempo ha tenido un cafetín que ha sido sitito de reunión de tertuliantes del barrio, lo han asaltado ya en dos ocasiones al salir del negocio hacia su casa por las noches. Por estos caminos merodean frecuentemente traficantes y delincuentes a realizar transacciones sospechosas.

En resumidas cuentas, entre apagones eléctricos, falta de agua corriente más que ocasional, desaparición de señales del cable en televisión, acumulación de chatarra y desbordamiento de cargas en caminos públicos, ruidos y alteraciones a la paz de tiempos idos, vivir en el campo hoy —al menos por estos lares— representa una odisea adicional a la que conlleva la vida urbana en el país. Delbeatus ilede mi niñez, solo me queda el fresco de las madrugadas y el espectáculo de colores alborados que suelo disfrutar, por apenas breves instantes, cuando descorro  la cortina de la habitación al levantarme en las mañanas y veo el paisaje rosareño y de todo el contorno de montañas y valles, que afortunadamente sigue siendo tan bello como siempre. Algo nos tiene que quedar de vivir en el campo.

 

Un plebiscito indecoroso

JUAN MARI BRAS

CLARIDAD

Esquina del director-fundador

 

La senadora María de Lourdes Santiago ha sido, en términos generales, una legislatura leal a la independencia, talentosa y eficiente en sus funciones de portavoz de la minoría independentista. por eso me complace haber votado por ella para ocupar el escaño senatorial y haber firmado la petición de reinscripción del partido, tras la perdida de la franquicia en las elecciones pasadas, de manera que se le reconozca legalmente su carácter de portavoz de un partido minoritario. No dudo que sus actuaciones como mi legisladora y la de más de cien mil puertorriqueños que votamos por ella en noviembre del 2004, han sido siempre inspiradas en la mejor  buena fe  y su creencia de que las mismas responden a su propósito de hacer avanzar la causa de la independencia patria.

Naturalmente, María de Lourdes, como cualquier otro ser humano, suele equivocarse en sus pronunciamientos y actuaciones políticas en algunas ocasiones. Unas son en asuntos de poca monta, y otras de mayor significación.

La que voy a señalarle ahora, con tan buena fe como la suya, es de alguna trascendencia. Por eso me aventuro a hacerlo, en la esperanza de que la mueva a rectificar el equívoco.

En el Senado de Puerta de Tierra, se aprobó un proyecto de Resolución Concurrente favoreciendo el llamado plebiscito que ha solicitado al Congreso de Estados Unidos para que se efectúe en Puerto Rico, el Representante Serrano, del Bronx, y el Comisionado Residente Luis Fortuño. No tengo razón alguna para esperar que ni Fortuño ni los miembros de la mayoría senatorial de Puerta de Tierra vayan a rectificar su equivocación de enfoque. Sí creo posible que en el caso de Serrano se pueda dar el cambio de enfoque, por su identidad puertorriqueña y su condición de congresista del Bronx, en Nueva York, que es probablemente el barrio más habitado por puertorriqueños en el mundo entero. Y en el caso de María  de Lourdes, su indiscutible identidad, no solo de puertorriqueña, sino también de independentista, me alientan la esperanza de una rectificación. Ella se unió a la mayoría anexionista en el Senado de Puerta de Tierra para favorecer  el proyecto de Resolución Concurrente aludido. Para mí, eso es inconcebible en un independentista, sin importar la visión táctica, estratégica o partidista que pueda tener cualquiera de nosotros.

Tal plebiscito, como el que dijo favorecer la senadora pipiola con su voto afirmativo, es indecoroso y no tiene ni razón de ser, ni validez alguna en el mundo de hoy. Se trata de consultar a un pueblo —cuya identidad como nación latinoamericana y caribeña ha sido reconocida tanto por las grandes mayorías de aquí como por la casi unanimidad del mundo entero,— si quiere ser soberano o si prefiere permanecer como colonia.

Eso tiene la misma significación que hubiera tenido en los tiempos de la esclavitud la consulta a los esclavos de si querían ser libres o mantener su condición de esclavos. Ya la humanidad se ha desarrollado suficientemente en la comprensión de lo que son los derechos de todas las naciones, grandes, medianas o pequeñas, para ejercer a plenitud su plena soberanía y libertad. Por eso es que todos los proyectos aprobados por Naciones Unidas sobre Puerto Rico, se reitera el “derecho inalienable a la libre determinación y la independencia de conformidad con la Resolución 1514(XV) de la Asamblea General. “Inalienable quiere decir irrenunciable. Ningún pueblo, por niveles bajos de comprensión de sus derechos que puedan tener unas generaciones, precisamente por consecuencia de su sumisión al colonialismo por un larguísimo período —como es nuestro caso—, tiene derecho a decidir que prefiere ser colonia.

La pregunta que se hace en el plebiscito aludido, tanto en el proyecto ante el Congreso de Wáshington como el que aprobó el Senado de Puerto de Tierra, es precisamente esa, porque la alternativa que se da a mantener el statu quo es que “se encamine hacia un status no territorial y no colonial.” Ni siquiera los Populares se han dejado caer en esa trampa. No permita la senadora Pipiola que los anexionistas la utilicen como ficha inconsciente para sus maniobras politiqueras. Todavía tiene tiempo para rectificar. Hágalo ahora, y todo el independentismo boricua se lo agradecerá.

20 de marzo de 2007