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Un adiós y gracias a Rafael Cancel Miranda

Padre e hijo en el Festival de Apoyo a CLARIDAD

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

“Papá es un roble, es un faro que nos va a seguir guiando a través de los siglos. Es alguien que trasciende las realidades de lo humano. Hasta en sus últimos días nos sorprendía; hasta en su último suspiro. Yo sé que él está bien agradecido”.

A horas de su deceso en la noche de este martes, dos de marzo, el hijo menor del héroe nacionalista Rafael Cancel Miranda, Rafael Cancel Vázquez comunicó por medio de CLARIDAD su agradecimiento al pueblo puertorriqueño por el amor y el respeto demostrado a su padre durante sus últimas semanas antes de su deceso.

El héroe nacionalista, o Rafaelito, como le solían llamar allegados, murió un día después de que se conmemorara el 66 aniversario del ataque al Congreso de Estados Unidos, que protagonizó junto a sus compañeros, Lolita Lebrón, Irvin Flores y Andrés Figueroa Cordero.

“Sé que él está bien agradecido”, reiteró Cancel hijo. Este narró que hubo un día durante su despedida, que le preguntó a su padre si quería decirle algo a sus compañeros y compañeras, al pueblo, y que lo primero que este le expresó fue: ‘Un gracias, ¡pero un gracias tan profundo!’, porque él sintió tanto amor y cariño durante su vida, especialmente en esta última etapa, que era dura, y sintió cómo el pueblo se desbordó. Yo sé que él estaba sumamente conmovido por ese amor y cariño de esa familia, de esa patria grande. Así que nosotros, Mamá y yo, estamos sumamente agradecidos de todas esas muestras de cariño, chistes, las anécdotas de cada una de las personas que nos visitó, nos llamó, nos envió sus oraciones. Lo sentimos, él lo sintió, y estamos eternamente agradecidos. Y hay Rafaelito pa’ el resto de la vida. Él no murió, vive en nuestras mentes y corazones”.

¿Cuál es el recuerdo más profundo que guarda de su padre?

Son tantos recuerdos… Los resumiría en que me hizo sentir lo que es el amor incondicional a Mamá, a mí y a la Patria. Siempre nos lo dijo: “La Patria empieza por la familia. Si no amas la familita, ¿cómo vas a luchar por la patria?” Todo se resume en ese amor incondicional a la familia y, por tanto, a la Patria. Y de eso te puedo dar miles de ejemplos, porque era bien consecuente. Era alguien que no tenía que hablar. Me enseñaba con su ejemplo, no con sus palabras, y así, a todos ustedes.

¿Cómo quería que lo recordaran los jóvenes?

Uno de sus últimos días le pregunté si tenía algún mensaje para sus compañeros, y él me dijo: “No, yo quiero un mensaje para la juventud. Que se sientan orgullosos de quiénes son y que siempre caminen con la frente en alto. Que vivan una vida digna y que me recuerden como un puertorriqueño completo de pies a cabeza, dispuesto a dar la vida por su patria. Un puertorriqueño que realmente amó a su Patria hasta estar dispuesto a dar el sacrificio máximo”.

Para Cancel Vázquez los jóvenes van a descubrir en su padre, “una luz que les va a hacer la toma de decisiones muy clara. Yo sé que va a ser un faro para la juventud”.

El Héroe de la Patria se fue tranquilo, en paz. Su último suspiro y sonrisa fueron para su hijo y su esposa.

 

 

Editorial: Rafael Cancel Miranda

 

El pasado 1ero. de marzo se cumplieron 66 años desde que un grupo de cuatro militantes del Partido Nacionalista de Puerto Rico ocupó  el Congreso de Estados Unidos para reclamar la independencia de Puerto Rico, un suceso dramático que llamó la atención de millones de personas y los titulares de primera plana en importantes periódicos de Estados Unidos y el mundo. El más joven de ese aguerrido grupo- liderado por Lolita Lebrón e integrado también por Irving Flores Rodríguez y Andrés Figueroa Cordero- fue Rafael Cancel Miranda, hoy fallecido a la edad de 89 años. En aquel momento sólo tenía 23 años.

Había nacido en el seno de un hogar intensamente patriótico y su militancia independentista comenzó temprano. Se inició públicamente con lo que consideró su primer deber: negarse al Servicio Militar Obligatorio que le imponía el gobierno de Estados Unidos a los hombres puertorriqueños a los 18 años de edad. Cumplió cárcel por su desafío. Luego, ya no hubo marcha atrás y dedicó el resto de su vida a escribir páginas gloriosas de nuestra historia y de la lucha por la libertad de nuestra Patria.

Rafael Cancel Miranda forma parte de la gran generación que, desde el Partido Nacionalista, tuvo la visión, el valor y la capacidad de sacrificio para dar la vida, si era necesario, en aras de garantizar la supervivencia de la Patria Puertorriqueña. Así fue rubricado su compromiso tras la acción en el Congreso, que le valió a él y sus compañeros una condena de 84 años de prisión. Durante su largo encierro de 25 años, estuvo prisionero en Alcatraz, una de las prisiones de seguridad máxima más temibles y temidas en Estados Unidos, así como en Leavenworth y Marion, prisiones de igual rigor.

En 1979 fue indultado por el entonces presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, junto a Lolita, Irving y Andrés, tras una intensa y masiva campaña en Puerto Rico e internacionalmente por su excarcelación. El gobierno revolucionario de Cuba y específicamente su máximo líder, Comandante Fidel Castro Ruz, fueron instrumentales para que incrementara a nivel de América Latina y el mundo entero el respaldo de otros gobiernos y países y la presión al gobierno de Estados Unidos para la excarcelación de nuestros patriotas.

Tras su salida de la cárcel y por los últimos 40 años, Rafael Cancel Miranda siguió haciendo lo que había hecho siempre: continuar trabajando sin descanso, día tras día, hacia el logro de la libertad de su patria y de la armonía y unidad entre los distintos sectores del Movimiento Patriótico Puertorriqueño. Su vida y su persona se convirtieron en símbolo de las excelsas cualidades que definen a los hombres y mujeres como él.

En su libro Contracanto al olvido: patriotas, así define José Enrique Ayoroa Santaliz a Rafael Cancel Miranda:“Las hazañas patrióticas del héroe nacional puertorriqueño don Rafael Cancel Miranda son razonablemente conocidas y han sido ampliamente divulgadas. Hoy quiero hablar más bien de las  virtudes humanas del exquisito ser humano Rafaelito Cancel, cuya amistad es un privilegio.

En las cárceles del imperio aprendió a tocar guitarra, se cultivó poeta, leyó mucho de todo tipo de temas, con lo que cimentó un respetable nivel cultural, fue lanzador zurdo de bola rápida de los equipos de béisbol de las prisiones.

Rafaelito es un caballero de capa y espada en la más rancia tradición épica, cortés, educado, reverente y el más respetuoso y consecuente “escuchador” que usted pueda conocer”.

Hoy, este héroe puertorriqueño privilegiado con el amor, la admiración y el respeto incondicional de los suyos, ha entrado victorioso a la inmortalidad. Lleva como galardón la hombría de bien que le caracterizó y el ejemplo de su vida consagrada a la libertad de Puerto Rico y la construcción de una nueva patria puertorriqueña. ¡Viva Rafael Cancel Miranda! ¡Viva Puerto Rico libre!

 

 

Regreso a la Patria (video)

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Fallece Rafael Cancel Miranda, Héroe Nacional y luchador por la Independencia de Puerto Rico

El último sobreviviente del comando nacionalista que llevó a cabo el ataque a la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos el 1 de marzo de 1954

El líder y ex prisionero político Rafael Cancel Miranda falleció hoy a las 9:10 pm en su residencia en Río Piedras en compañía de sus familiares y compañeros de lucha más cercanos. Desde hacía varias semanas el reconocido luchador por la independencia de Puerto Rico sufría de múltiples quebrantos de salud que lo mantuvieron hospitalizado.

Según informó su viuda María de los Ángeles Vázquez y su hijo menor Rafael Cancel Vázquez, al momento de su partida, Cancel Miranda estaba alerta y consciente y falleció en paz rodeado por sus seres queridos.

Cancel Miranda nació el 18 de julio del 1930 en el seno de una familia profundamente nacionalista. Su padre, Rafael Cancel Rodríguez, empresario y estrecho colaborador de don Pedro Albizu Campos, presidió la Junta de Mayagüez del Partido Nacionalista. Su madre, Rosa Miranda Pérez, provenía de una familia de pescadores del barrio Córcega de Rincón. Desde muy joven, Cancel Miranda se identificó con los movimientos orientados a luchar por la libertad política de su Patria y la justicia social y económica para los puertorriqueños y puertorriqueñas. Tomó conciencia a temprana edad del régimen colonial impuesto por el gobierno de Estados Unidos en su Patria y cómo éste constituía el impedimento principal para el desarrollo de su país. Su padre, Rafael Cancel Rodríguez, y don Pedro Albizu Campos fueron los guías en su formación patriótica y, a los 15 años de edad, formalizó su compromiso con el ideal de la independencia para Puerto Rico uniéndose al Partido Nacionalista e iniciándose como Cadete de la República .

El 1 de marzo de 1954, junto a Lolita Lebrón, Irving Flores Rodríguez y Andrés Figueroa Cordero, llevó a cabo el ataque al Congreso de Estados Unidos, acto por el cual fue sentenciado a cumplir 84 años de prisión, de los cuales cumplió 25 años y medio en prisiones federales en los Estados Unidos. Previo a esta encarcelación había cumplido dos años y un día de prisión por rehusar inscribirse en el ejército de los Estados Unidos y participar en la Guerra de Corea.

En el 1979, y tras intensas campañas por la excarcelación de los nacionalistas en Puerto Rico, Estados Unidos y otros países, así como un canje de prisioneros propuesto por Fidel Castro y el Gobierno Revolucionario de Cuba, el entonces presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, firmó la conmutación incondicional de las sentencias de los nacionalistas puertorriqueños.

Rafael Cancel Miranda arribó a Puerto Rico el 12 de septiembre de 1979, junto a sus compañeros de comando Lolita Lebrón e Irvin Flores Rodríguez. Andrés Figueroa Cordero había sido excarcelado en 1977 por razones de salud y falleció en marzo de 1979.
Oscar Collazo López, quien había estado encarcelado desde 1950 por su participación en el ataque nacionalista a la Casa Blair, residencia temporal del Presidente Truman, también regresó a la Patria junto a sus compañeros.

Tras su excarcelación, Cancel Miranda continuó su activismo político a favor de la independencia de Puerto Rico y participó activamente en las campañas por la excarcelación de los prisioneros políticos puertorriqueños, así como la de los Cinco Héroes Cubanos. Dedicado antillanista, bolivariano e internacionalista, apoyó con sus escritos, y en varias ocasiones con su presencia, las luchas revolucionarias en los países antillanos, así como en Centro y Sur América, y respaldó, entre otras luchas internacionales, la lucha del pueblo palestino.

Fue hombre de extraordinaria sensibilidad humana a quien conmovía profundamente la pobreza y el desamparo de los puertorriqueños y puertorriqueñas. Fue generoso con las personas sin hogar con las que se cruzaba diariamente por las calle de la ciudad, con las familias pobres que se acercaban a comprar en la Mueblería La Puertorriqueña, heredada de su padre y con los amigos y los extraños que se acercaban para pedir su intercesión en la solución de alguna situación personal.

Cancel Miranda se destacó, además, como escritor. Su extensa obra, recogida en nueve libros, así como en periódicos y revistas nacionales e internacionales, consta de ensayos de análisis político, historia de los eventos y participantes en las gestas del Partido Nacionalista, así como abundante poesía. Su último libro, Más allá del espejismo, fue publicado en diciembre de 2019.

Rafael Cancel Miranda se mantuvo fiel al ideal nacionalista toda su vida y promovió con su ejemplo la unidad entre todos los sectores del movimiento independentista, así como la unidad “de todos los puertorriqueños de buena fe”. Vivió conforme a la máxima que guió su vida: “Se llega más pronto a la meta de pie que de rodillas”.

Los actos de despedida y celebración de su vida se efectuarán en San Juan y Mayagüez. Se solicita, a petición de Cancel Miranda, que no se bajen banderas a media asta: Por los patriotas, las banderas deben ondear lo más alto posible, siempre libres, afirmó en repetidas ocasiones.

Autoretrato como retrato colectivo sobre un dibujo de Antonio Martorell

Por Efraín Barras/Especial para En Rojo

Este que ves, engaño colorido,

que del arte ostenta los primores,

con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido…

—Sor Juana Inés de la Cruz

 

 

El impacto y la influencia de la cultura mexicana en Puerto Rico es fácil de evidenciar.  Esa influencia y ese impacto fueron en el pasado muy fuertes y obvios, especialmente durante los años de apogeo del cine mexicano, cuando muchas de las películas que se veían en nuestro país nos venían de México.  La llamada Época de Oro del cine mexicano nos abrió una gran ventana a ese país hermano, aunque la imagen de México que se nos ofrecía por medio del cine fuera marcadamente estereotipada.  Por ello y no por casualidad es que la voz narrativa de La guaracha del Macho Camacho puede caracterizar efectiva y rápidamente a la China Hereje, en su avatar de la Madre, con una sola oración: “La Madre ha visto mucho cine mexicano.”  El comportamiento del personaje como la progenitora y protectora del Nene queda claramente definido con esa escueta oración.  Y es que el cine mexicano enseñó a comportarse – a amar como madre (Sara García), como amante (María Félix), como coate (Pedro Infante) – a varias generaciones de puertorriqueño que definitivamente vimos mucho cine mexicano como la Madre de La guaracha….

Por ello, cuando, por medio de la directora de la revista Inundación Castálida, Moramay Herrera Kuri, la Universidad del Claustro de Sor Juana en Ciudad de México invitó a Antonio Martorell a decorar para festejar el día de los muertos el altar mayor de la que entonces fue la capilla del convento de las jerónimas, donde vivió Sor Juana Inés de la Cruz, y ahora es su sala de conferencias principal, el artista puertorriqueño no titubeó ni un minuto y decidió que su altar celebraría el cine mexicano que tanto lo impactó a él también.  

Llegué tarde a Ciudad de México, pues cuando estuve en noviembre pasado ya la instalación de Martorell había sido desmantelada.  Pero visite la universidad de todas formas y por una breve entrevista que se puede ver en línea (https://www.youtube.com/watch?v=2glSe-QgIYc), por fotos, por comentarios de personas que sí tuvieron la suerte de ver la instalación y, sobre todo, por los dibujos creados por Martorell para la misma he podido hacerme una idea bastante fiel de lo que el artista llamó la “ofrenda puertorriqueña al cine mexicano en blanco y negro”.  

El centro de la instalación era una pantalla donde se proyectaban escenas de clásicos del cine mexicanos y que parecía salir de las manos de un esqueleto gigante que estaba colocado sobre la misma.  Pero las escenas de las películas que se usaban en la proyección estaban intervenidas de tal forma que ciertas imágenes se disolvían y se convertían en la de los dibujos de Martorell donde se reproducía la imagen proyectada pero donde, en la misma pose, los actores se transformaban en calaveras.  Así y por ejemplo, una imagen icónica de un clásico del cine mexicano como la que toma de María Candelaria (1943), el gran filme de Emilio Fernández, el Indio Fernández, con Dolores del Río y Pedro Armendáriz, se transforma en un magnífico dibujo de Martorell.   (Figuras 1 y 2)  En el fondo y aunque así no se diga, el juego de transformación de la imagen cinematográfica al dibujo es un homenaje a Fernández, a del Río y a Armendáriz, pero, sobre todo, a Gabriel Figueroa, el genial camarógrafo que desde detrás del lente de su cámara trasformó en iconos las caras y los cuerpos de las actrices y los actores, hasta de los extras y del paisaje, para crear imágenes que ya son clásicas y que ahora Martorell juguetonamente transforma en calaveras.

Detrás de esa transformación se esconde una larga tradición mexicana que tiene sus raíces en las culturas prehispánicas, en los “tzompantlis”, altares públicos donde se exhibían las calaveras de los enemigos muertos en las grandes ciudades mesoamericanas.  Estos altares servían para advertir al visitante que había que tener cuidado pues se entraba en un recinto poderoso donde este podía hallar la muerte.  Paul Westheim (1866-1963), el historiador del arte de origen alemán que se escapó de los nazis y vivió por años en México, donde contribuyó a colocar el estudio del arte mexicano en un amplio contexto cultural, nos ofrece en su libro La calavera (1953) una amplia visión de la representación de la muerte en el arte de México y en el del arte europeo.  En este excelente libro el “tzompantli” mesoamericano queda enlazado a vieja tradición medieval de la danza de la muerte, tradición que tiene su mejor expresión visual en los grabados de Hans Holbein, el Joven (1497-1543), pero que tiene múltiples expresiones en la pintura y la gráfica europeas.  En México, tras pasar por un fecundo periodo en la época virreinal en cuyo arte se plasman visiones crudas y chocantes del dolor y de la muerte, esas calaveras alcanzan su cima gloriosamente en la gráfica de José Guadalupe Posada (1852-1913), donde adquieren un aire juguetón, satírico y hasta cómico.

De todas esas fuentes ha bebido Martorell y ha bebido muy abundante y sabiamente.  Nuestro artista es un hombre con una gran cultura visual, literaria, musical; en fin, Martorell es un intelectual familiarizado con su mundo natal, con el mundo en general y con la cultura mexicana muy en particular.  Recordemos que vivió en México por casi diez años y que allí se empapó de la gran cultura de ese país, especialmente de sus artes visuales.  El productivo contacto con todos los aspectos de la vida mexicana y su amor por México lo lleva a llamarse a sí mismo con un nombre que otros boricuas que también han vivido en México y que aman a ese país han acuñado: “borimex”.

No me cabe duda de que este autorretrato, que lleva el significativo título de “Autorretrato borimex de año viejo 2019”, hay que colocarlo dentro del contexto del proyecto del altar del día de los muertos para la Universidad del Claustro de Sor Juana.  Es una gran pena que la instalación completa no se haya conservado intacta.  Pero al menos tenemos los dibujos que se usaron para la cinta cinematográfica intervenida y que sirvieron de marco, como fotos de una cinta imaginaria, para la pantalla central de la instalación.  Como en estos, en el autorretrato el carbón es el medio para crear la imagen y los rasgos del dibujo recalcan la naturaleza del carbón que, a la vez, nos remite a la técnica del cine mexicano de la Época de Oro, cine en blanco y negro que recalca los rasgos gráficos de la imagen ya que en él no hay color.  En ese sentido, entre otros, los dibujos de Martorell hacen eco y sirven de homenaje a la fotografía de Gabriel Figueroa quien a su vez usa la ausencia de color para crear imágenes que rememoran el gran arte del muralismo mexicano.  Notamos también que en algunos de los dibujos, como el basado en María Candelaria y que ya he usado como ejemplo de esta serie, hay una tendencia a poner un fondo creado con rasgos gráficos aguados y algo curvos que van de la esquina derecha superior a la izquierda inferior, creando un horizonte arqueado, no plano.  Así se crea un fondo que recrea las tomas de Figueroa y, me atrevo a decir, que el fondo de los paisajes de los cuadros del Dr. Atl (Gerardo Murillo, 1875-1964). Este importante pintor mexicano representaba el horizonte con una curva y este se convirtió en un rasgo definitorio de su pintura.  Gabriel Figueroa fue impactado por el arte paisajista del Dr. Atl y, creo, por ello Martorell crea esos fondos algo curvos en algunos de estos dibujos, en los que se pone énfasis en el paisaje.

Contrario a la serie de dibujos para el altar del día de los muertos, su homenaje al cine mexicano en blanco y negro, el “Autorretrato borimex…” tiene algunos elementos de colores, colores vivos que nos hacen pensar en el arte popular mexicano.  Es en esos colores primarios que Martorell escribe la palabra “borimex” y es también en esos colores que dibuja la calavera que define la mitad de su cara.  Tenemos en el arte mesoamericano piezas escultóricas, especialmente en cerámica, donde se presenta una cabeza dividida en una cara normal y en una calavera.  Esas piezas obviamente representa la dualidad de vida/muerte y vienen a reforzar – como si necesitáramos reforzarlo – que la idea y la representación de la muerte es parte integral de la vida en la cultura y el arte mexicanos.  Esa media calavera colorida en el autorretrato de Martorell así como el incorporar la fecha emblemática de su creación – año viejo 2019, postrimerías – recalcan la conexión de la obra de nuestro artista a todo el mundo mexicano donde, como él mismo apunta en el video sobre el altar del Claustro de Sor Juana, la muerte es parte integral de la vida y por ello hay que pintarla en colores vivos que contrastan con el blanco y negro.

“Autorretrato borimex…” es una declaración de amor a la vida, a la muerte y a la cultura mexicana de un puertorriqueño que mucho ha aprendido de la cultura y el arte de ese país hermano.  Muchos nos sentimos identificados con esa declaración de amor de Martorell y la queremos hacer nuestra.  Por ello su autorretrato es, en verdad, un retrato colectivo de los que amamos a México, de nosotros que también somos “borimex” aunque no hayamos vivido por diez años allí. 

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Gainesville, Florida

10 de febrero de 2020