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Estudiantes denuncian represión institucional

Por Giancarlo Vázquez López / Claridad

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Hace unas semanas, el medio Puerto Rico Te Quiero informó que el expediente con la información del proceso investigativo en contra de los siete estudiantes acusados durante la huelga de 2017 desapareció luego que el agente investigador, Luis Muñiz, renunciara a la Policía de Puerto Rico. La noticia fue publicada el 29 de enero de 2020. 

El tema de la represión en la Universidad de Puerto Rico (UPR) volvió a la discusión pública el pasado martes, 18 de febrero, cuando el Consejo General de Estudiantes (CGE) de la UPR en Utuado reveló una serie de medidas represivas tomadas por la administración del Recinto en contra del presidente de dicho cuerpo estudiantil, Adrián R. Rosario Emmanuelli, y el representante estudiantil ante la Junta Universitaria, Aníbal Díaz González. Contra estos se radicaron querellas por alegada conducta contraria a la reglamentación universitaria, por el rector de la institución, Luis A. Tapia Maldonado. 

Las querellas fueron radicadas el 31 de enero, tras estos denunciar injerencia en los asuntos internos del CGE y el incumplimiento del Artículo VII de la Certificación Núm. 119 (2014-2015) en el nombramiento de Luz E. Martínez Rosado como procuradora estudiantil. Los señalamientos ocurrieron el jueves, 12 de diciembre de 2019, durante sesión ordinaria del Senado Académico. 

La decana de Asuntos Estudiantiles, Enid Rivera-Rivera, alegó que en dicha sesión se atentó contra su dignidad. Según esta, Rosario Emmanuelli planteó que ella tenía favoritismo por Díaz González. Por su parte, Díaz González dijo que Rivera-Rivera le hizo expresiones en cuanto a la cantidad de votos que tenía que alcanzar para ostentar el cargo de presidente del Consejo General de Estudiantes; incluso, que debía de haber sido presentado por Rivera-Rivera como futuro presidente del CGE a la Procuradora Estudiantil, Luz E. Martínez Rosado. 

Incumplimiento del Artículo VII 

Martínez Rosado fue nombrada procuradora estudiantil en noviembre de 2019. A principios de febrero, el CGE solicitó al rector que declarase vacante la procuraduría estudiantil para poder iniciar y cumplir debidamente con el procedimiento institucional para realizar tal designación. 

En una carta emitida el 18 de noviembre de 2019, para notificar el nombramiento de Martínez Rosado, el rector mencionó que una vez constituido el CGE se procedería a cumplir con la Certificación Núm. 119 (2014-2015). El CGE se constituyó el jueves 26 de noviembre. Por lo anterior, se entiende que el rector, Luis A. Tapia Maldonado, reconoció su incumplimiento con el debido proceso. Sin embargo, Martínez Rosado lleva tres meses en la procuraduría. 

“El miércoles 5 de febrero nos entregaron las querellas, citándome a Rectoría sin explicación alguna, y a Aníbal, haciéndolo pensar que sería para brindarle transporte a la reunión de la JU, el jueves 6, día en el que también nos negaron la entrada al Senado Académico. Esa mañana del jueves enviamos un último comunicado solicitando reunión a Rectoría para resolver el conflicto pacíficamente. La solicitud fue denegada de manera rotunda en el Senado Académico”, señaló Rosario Emmanuelli. 

En un comunicado, el CGE denunció que las represalias administrativas arbitrarias constituyen una violación a los artículos 2.15, 3.1, 3.4, 4.8 y 4.9 del Reglamento General de Estudiantes de la UPR y al artículo 6-3 del Reglamento Interno del Senado Académico de la UPR Utuado. 

En este contexto el estudiantado proclamó un paro de 48 horas, que iniciará el martes 3 de marzo, a las 12:00 a. m., y concluirá el miércoles  4 de marzo, a las 11:59 p.m. La paralización se aprobó en una asamblea general de estudiantes, el miércoles, 19 de febrero de 2020, con 58 votos a favor y 4 votos en contra.

La moción se lanzó ante las irregularidades administrativas internas; los procesos disciplinarios que enfrentan miembros directivos del CGE; la próxima ronda de recortes presupuestarios de $71 millones y el aumento en el costo del crédito a $134 (subgraduado) para agosto de 2020. 

Los objetivos de la paralización son conocer y comprender colectivamente la realidad histórica y actual de la Universidad y la educación en Puerto Rico y asumir posturas sobre ellas; consolidar un proceso organizativo estudiantil amplio e inclusivo en defensa de la Universidad de Puerto Rico en Utuado y la educación en la zona rural del país;  avivar y enaltecer en la juventud estudiantil el espíritu y la cultura de lucha por una vida digna 

También se aprobó la creación de un Comité de Reclutamiento Estudiantil cuya función será visitar las escuelas superiores del país para orientar al estudiantado, promover la institución y defender la educación pública con el fin de enfrentar y contrarrestar la merma de estudiantes que atraviesa nuestra Unidad. La UPR de Utuado tiene una matrícula de 508 estudiantes.

«La Junta tendrá que volver a las negociaciones”

Por Cándida Cotto / CLARIDAD 

ccotto@claridadpuertorico.com

La acción del gobierno de Wanda Vázquez Garced de presentar ante la jueza Laura Taylor Swain su oposición al plan de ajuste de deuda de los bonos de obligación general (GBO) alcanzado por la Junta de Control Fiscal (JCF) es positiva en la medida en que obligará a la juez Laura Taylor Swain a resolver la controversia jurídica de si en efecto se requiere legislación previa que apruebe el acuerdo.

A juicio del experto en derecho constitucional, profesor Carlos Ramos, si bien es correcto que bajo la Ley Promesa al deudor lo representa la JCF en los procesos de restructuración esto es una de las perversidades que tiene la ley. Se sabe que el propósito fundamental de Promesa y la creación de la Junta es que se alcance un presupuesto balanceado según lo entienda la Junta para que pueda regresar a los mercados de bonos, “a los mismos que ahora tienen esa deuda comprada y recomprada”.

En ese sentido, casi por definición, el Congreso de Estados Unidos lo que hizo con Promesa fue equiparar los intereses de los acreedores a los intereses del gobierno y del pueblo de Puerto Rico. Nuestro portavoz, en efecto, es la Junta de Control Fiscal.

Destacó que cada vez que ha habido una vista ante la jueza, en más de una ocasión ha salido la aparente contradicción entre Puerto Rico, representado por la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF), y la Junta.

“Con sus altas y sus bajas, las contradicciones han salido con mayor o menor intensidad. Aunque no creo en la sinceridad institucional gubernamental, hay mucho de político en una gobernadora que quiere la reelección. Pero me parece saludable que además de decir, como se ha dicho en las últimas semanas, que está en desacuerdo con el plan de restructuración que se objeta, si logra el efecto de que florezca la contradicción entre los intereses del gobierno, el pueblo de Puerto Rico y la Junta que dice representarnos, es positivo en la medida que la jueza tiene que resolver e interpretar cuál es la respuesta que Promesa da a esto”.

Añadió que si en efecto, tal y como reclama el Gobierno, para emitir deuda nueva hay que tener la aprobación de la Legislatura (que es una de las lecturas que se hace de Promesa versus algunas disposiciones de Promesa que la Junta entiende) si lo ordena la jueza, puede ir por encima de la Legislatura. Esta es una controversia jurídica que se va a tener que resolver.

De lo que no hay duda es que si es verdad el argumento del Gobierno de que debe haber una sintonía fundamental entre Gobierno, Ejecutivo, Legislatura y Junta para fines de restructuración, de modo que no sea algo problemático, es importante que por fin se le haya traído a la consideración a la juez.

Tras la acción del Gobierno, el profesor Ramos describió que se está ante la expectativa de lo que decidirá la juez Taylor. Comentó que cuando empezó el proceso de quiebra le pareció esta tenía una mente abierta, equilibrada, empática, “pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que esa sensibilidad que mostraba en sus expresiones verbales, por ser una jueza de una minoría racial que conoce la ley de quiebras, ha cambiado con el tiempo. Lo que sucede es que tal y como es, la ley de quiebra en Estados Unidos está dirigida a proteger al acreedor, no al deudor. Y a la larga y a la postre, eso es lo que ella está haciendo, tirando la balanza a favor de los acreedores”.

En entrevista por separado, el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, representante de la UTIER, expresó sobre la presentación de la oposición formal del Gobierno:“Ya era tiempo, porque en realidad lo único que había hecho la gobernadora era señalar verbalmente; pero no en el foro correcto”.

El licenciado Emmanuelli Jiménez fue enfático al plantear la necesidad de que el Gobierno, mediante AAFAC, compareciera y notificara a la jueza que sin su aval el plan es un natimuerto.

“El plan tiene los mismos problemas que tenía el anterior, y tiene otros peores, porque aunque la Junta está tratando de venderlo como que representa un ahorro sustantivo en el nivel de deuda que se va a pagar, no es posible recoger los $1,100 millones al año. Los economistas que han mirado el acuerdo de cerca dicen que Puerto Rico no tiene esa capacidad. Así que la oposición era necesaria y el hecho de que se le presente a la jueza le envía el mensaje a la Junta de que tiene que regresar a la mesa de negociación para restructurar ese acuerdo”.

Otro ángulo que trajo a la atención es que el acuerdo no tiene suficiente apoyo todavía, aun cuando tiene más que el anterior —pero no el suficiente— y deja $16 mil millones fuera del plan. Esta cantidad de deuda se va a litigar y el resultado de ese pleito no se sabe todavía.

El experto en ley de quiebra censuró que lo peor de este acuerdo es que convierte deuda, que estaba solo garantizada por la constitución de Puerto Rico, en una asegurada, que es una categoría superior, garantizada con parte de los recaudos del IVU y la emisión de nuevos bonos.

“Si lo vemos en el contexto de que Puerto Rico está abocado bajo esas condiciones a una nueva quiebra, esa segunda quiebra, esos bonos, no se pueden modificar. Obligaría a que se hicieran otros grandes ajustes en el área de los servicios esenciales y las pensiones”, denunció.

El licenciado Emmanuelli Jiménez reiteró que el acuerdo alcanzado por la JCF le parecía un mal negocio y que es buena noticia el que la gobernadora se oponga de manera formal. Es mejor que ahora la Junta, en vez de involucrar al país en una litigación en que es difícil prevalecer y que ocasiona erogaciones de los fondos públicos multimillonarias, vuelva a negociar y traiga un acuerdo que sea aceptable al Gobierno. 

Trajo a la atención que además del Gobierno, al acuerdo se va a oponer el Comité de Acreedores No Asegurados (CANA), al que la JCF solo le está asignando 1.28 centavos por cada dólar. Esto también va a crear un golpe a la economía, pues quienes único mejoran con el presente acuerdo son los bonistas. El gobierno tiene la última palabra por ser quien tiene la capacidad de legislar que el plan se apruebe. Es necesario legislación en torno a Retiro y la corporación que vaya a emitir los nuevos bonos.

El licenciado Emmanuelli Jiménez se expresó firme en que la JCF no tiene el poder de ignorar la legislación y que aunque esta anda haciendo alarde de que le va a pedir a la jueza que disponga del acuerdo, en la sección 314 de la ley Promesa dice que hay que aprobar las leyes. En otras secciones dice que los poderes que no se le hayan delegado a la Junta los conserva el gobierno. “El resultado neto de esto es que la gobernadora trancó el dominó; el juego y la Junta tiene que volver a la mesa de los negociaciones”.

Justicia para los agricultores marginado

Por Giancarlo Vázquez López / Claridad

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Los agricultores rurales, históricamente marginados, enfrentan muchas limitaciones para gestionar sus fincas. Rezagados por la influencia de los grandes agricultores, es imposible hablar del acceso que tiene este sector a los incentivos y beneficios en general que ofrece el Departamento de Agricultura (DAPR) y la Corporación de Seguros Agrícolas, respectivamente. 

Gracias a los compañeros del Centro de Apoyo Mutuo en Utuado (CAMU), CLARIDAD tuvo la oportunidad de conocer al agricultor Alexander Oquendo Rosario y su familia. Actualmente el CAMU trabaja en una especie de censo tipo encuesta para identificar las fortalezas, necesidades y servir de enlace entre las comunidades. 

El sábado en la mañana partimos hacia el sector La Grama, en el barrio Tetuán I. El camino principal que da acceso al sector está destruido. Lleva así mucho tiempo, incluso desde antes del huracán. Luego de aproximadamente una hora de viaje, un poco más, un poco menos, llegamos a la casa de Oquendo Rosario. Construida a pulso en la finca que le heredó su papá. 

Oquendo Rosario, tiene actualmente 30 años. Empezó a trabajar en esa misma finca a los 16 años. Antes de eso no tenía interés por la agricultura, confesó. 

“Te voy a ser honesto mi papá me decía vamos a coger café y yo me iba y me sentaba debajo de un palo. No me gustaba. Después fue que me mandó a hacer una tala, la sembré con su ayuda y como vi que le estaba sacando y producía él me dijo viste, y de ahí seguí”

No ha sido fácil, empezando por las ayudas. Oquendo Rosario reclamó que: “A veces uno va a solicitar algo y se lo dan a los grandes. Uno se queda estoquiao (adaptación gráfica propuesta para la voz inglesa stucked, atascado) y tiene que estar suplicándole a ellos”, dijo refiriéndose al DAPR.  “En sí, no hay mucha ayuda al agricultor. Básicamente tiene que hacerlo uno todo. Uno los llama (agrónomos) para que vengan, te dicen que sí y después no vienen”, añadió.

A este problema se suman otras limitaciones, como los son el problema de acceso a la comunidad, la inconsistencia en el servicio de electricidad y la falta de un centro al que los vecinos puedan llegar y quedarse en caso de una emergencia. Por ejemplo, terremotos o huracanes. 

Para llegar a la casa tuvimos que pasar un puente que colapsó por el huracán. Una vez sentados en el balcón Oquendo Rosario y su esposa, Janelis Lagares Cruz, nos contaron como luego del huracán vinieron del municipio limpiaron, tiraron un “chichón” de tierra y así se quedó. Como era de esperarse el relleno de tierra cedió. Fueron los vecinos quienes terminaron comprando arena, cemento, piedra, varillas y haciendo todo el trabajo. 

A esto, Lagares Cruz, añadió que “Lo hacemos porque es para nosotros mismos, pero nos parece injusto porque para otros lugares sí hay recursos, pero acá donde se hace agricultura, nada”.

En general, Oquendo Rosario y Lagares Cruz puntualizaron en que la reparación de la principal vía de acceso al sector La Grama es una prioridad. Por su parte, Oquendo Rosario aclaró que el alcalde tiene conocimiento de que la carretera está afectada e incluso vinieron del municipio. Sin embargo, se fueron porque trajeron una sola máquina, quedaron en venir el lunes pasado y no llegaron. Luego dijeron que venían el viernes y tampoco. “Así nos han dejado”. 

A pesar de estas y tantas otras adversidades Oquendo Rosario se levanta todas las mañanas a trabajar su finca, donde tiene café, plátanos, chinas, yautías, entre otros alimentos más bien para consumo familiar. Pero trabaja principalmente el café y los plátanos. 

Durante la conversación, Lagares Cruz mencionó que ya no hay gente que quiera trabajar la agricultura, muchos se han ido de los campos y a otros le gusta lo cómodo, no le gusta embacharse. “No saben que eso es lo que nos mantiene saludables y económicamente bien porque sin la agricultura no hay nada”, sostuvo. “No vivimos”, añadió Oquendo Rosario.

Ambos concluyeron en que el DEAPR debe hacer mas fácil el acceso a las ayudas y darle mas seguimiento al agricultor. 

Mientras las “hermanas Vázquez” distraen la Junta nos hipoteca

Por Manuel de J. González / CLARIDAD

Mientras el vacilón público y el relajo callejero se alimenta de las ocurrencias de las “hermanas Vázquez”- Evelyn y Wanda – el País se enfrenta a un peligro que, aunque esperado desde hace casi cuatro años, nos preocupa seriamente de cara al futuro. Me refiero a los acuerdos que, a nombre de nosotros y como virtuales dueños de la Isla, firmó las Junta de Control Fiscal (JCF) con los acreedores de las llamadas “obligaciones generales”, los bonos garantizados con los recaudos del gobierno puertorriqueño. Las “hermanas Vázquez”, una como senadora y la otra gobernadora, hacen el ridículo y traquetean, mientras la Junta nos impone una onerosa hipoteca que pagaremos por largos años. 

El nuevo acuerdo de la Junta nos obliga a pagar los bonos del gobierno central a alrededor de 70 centavos de dólar a quién los adquirió pagando 30 o a lo sumo 40 centavos, asegurándoles que dupliquen su ganancia. En el pacto, que anunciaron como si fuera un gran logro, reconocen la validez de una deuda que antes era ilegal, según expresiones del mismo organismo, y se obliga a los puertorriqueños a separar $1500 millones anualmente para enviarlos al grupo de fondos buitres que controla esas acreencias. De paso, se mantiene el recorte criminal a las pensiones que se ganaron decenas de miles de nuestros viejos como un mecanismo para asegurar el pago.

El elemento más importante de ese acuerdo, que se hace a nombre de nosotros, es el que garantiza la validez de una deuda impugnada, emitida en violación de los lineamientos constitucionales aprobados por los puertorriqueños. Es una norma elemental en derecho que cualquier contrato adoptado en contra de “la ley y el orden público” es, de su faz, nulo. La nulidad implica que el acuerdo nunca cobró vida y que a ninguna de sus disposiciones se le puede reconocer validez. A pesar de que, por determinación de la propia JFC, la deuda puertorriqueña nunca ha sido auditada para identificar esas posibles violaciones de ley en cada emisión de bonos, la propia Junta impugnó en el tribunal de los federales la validez de al menos $8 mil millones de las acreencias. Ahora recoge velas y nos impone el pago de una obligación que hasta el otro día catalogó como nula.  Al menos, según los informes de prensa, dos miembros del organismo se opusieron al acuerdo, pero como deliberan en secreto nadie sabe quien fue ni los argumentos que levantó. 

La nueva carga que se nos impone se une a la de la “deuda extra constitucional” representada en los llamados bonos COFINA, aprobada previamente y ya ratificada por el tribunal que sesiona en Nueva York, a pesar de la objeción que gritamos la mayoría de los puertorriqueños. Se une, además, al acuerdo negociado para la Autoridad de Energía Eléctrica, pendiente de ratificación en el tribunal de los federales, que significa un aumento de casi 50% en la tarifa por largas décadas. 

De ordinario, la legislación que regula las quiebras se cataloga de “protectora” y por eso leemos en la prensa que tal entidad “se acogió a la protección” del Tribunal de Quiebras. De hecho, los tribunales de quiebra surgieron como alternativa al encarcelamiento de deudores, efectivamente protegiéndoles de los acreedores. Tras acoger el pedido de protección se supone que en el proceso se determine la validez de la acreencia reclamada y la capacidad de pago del deudor. El resultado casi siempre es el “descargue” de toda o una parte sustancial de la deuda, permitiendo que el deudor, persona natural o jurídica, se “reorganice” y pueda seguir operando.

Contrario a esa experiencia, el proceso relacionado con la deuda de Puerto Rico ha resultado en una ganancia contundente para los acreedores que adquirieron su acreencia a precios de descuento y ahora, dado que el “descargue” es de sólo 30%, obtienen una ganancia enorme a costa del quebrado.  Siempre se denunció que el propósito de la JCF es asegurar el pago de deuda, lo que ahora se corrobora. 

Volviendo a las hermanas Vázquez, según una de ellas (Evelyn, la senadora) desde 2017 andan juntas “levantando cadáveres” y ahora volvieron a juntarse para montar un operativo de politiquería con las ayudas a las víctimas de los terremotos. Ese afán politiquero ha llevado a la otra hermana Vázquez (Wanda, la gobernadora de ocasión) a expresar oposición a la nueva negociación de la JCF.  Cuando llegó a Fortaleza tras la huida de Rosselló y la debacle judicial de Pierluisi, intentó proyectarse como amiga de la Junta, expresando apoyo al pacto en torno a la deuda de la AEE. Ahora, convertida en precandidata a la gobernación y de cara a la primaria, abjuró de ese respaldo e intentó distanciarse del nuevo acuerdo en torno a los bonos del gobierno central. Esas reservas, sin embargo, se limitan a solicitar una “mejoría” en el tratamiento a los pensionados, algo en que puede ser complacida para que lo anuncie como una victoria. 

Aún cuando la Vázquez gobernadora termine apoyando el acuerdo luego de esa posible “victoria”, queda por ver qué hará la Legislatura, cuya actuación es indispensable para implantar lo negociado aprobando legislación habilitadora. No es lógico esperar que previo a una consulta electoral habiliten una negociación que aumenta el costo de la electricidad y promueva recortes a los pensionados, aunque estos últimos sean menores a los anunciados. Debemos esperar entonces que la Junta posponga todo hasta después de las elecciones o que busquen la manera de pasar sobre la Legislatura a través del tribunal. Esto último se ve jurídicamente difícil, pero en una colonia, donde el poder no está en el pueblo, todo es posible.  

Mientras se aclara el panorama sigamos entreteniéndonos con las ocurrencias de las hermanas Vázquez, que lo mismo levantan cadáveres que esconden suministros.  

Editorial: NO a los acuerdos malos y nebulosos

Si algún asunto público amerita hoy la más urgente, masiva y militante oposición ciudadana son los acuerdos de reestructuración de la deuda de Puerto Rico negociados por la Junta de Control Fiscal (JCF), y que aún aguardan por la adjudicación de la Jueza Laura Taylor Swain, en la sala del tribunal de quiebras para casos del Título III de PROMESA. El primero de estos acuerdos, el de COFINA, fue ejecutado mediante orden de la Jueza Swain. La Asamblea Legislativa autorizó su implantación. Esto se hizo a pesar de que existe evidencia contundente, contenida en un estudio reciente de la organización Espacios Abiertos, de que las obligaciones contraídas por Puerto Rico no son sostenibles a largo plazo, porque las premisas de recaudos e ingresos sobre las cuales se basó el acuerdo no son correctas.  

Para la directora ejecutiva de la JCF, Natalie Jaresko- quien anda de “media tour” defendiendo los acuerdos negociados por ella a espaldas del pueblo de Puerto Rico- no son ciertos los argumentos de Espacios Abiertos. “No concurrimos con la conclusión de Espacios Abiertos de que el acuerdo de Cofina en cierta manera ha desviado a la isla de su camino hacia la recuperación. Nos sentimos confiados de que el camino hacia la sostenibilidad se está trazando en el Plan Fiscal Certificado y el Plan de Ajuste”, escribe.  El problema con el aserto de Jaresko es que no ofrece un solo dato  que refute la conclusión a la que llegó la entidad puertorriqueña, ni contiene compromiso de clase alguna por parte de la JCF con la recuperación de nuestro país. Ella solo dice confiar- porque no tiene manera de  garantizar- que la totalidad de los fondos comprometidos por el gobierno de Estados Unidos para la reconstrucción de Puerto Rico, en efecto, lleguen completos (los $69,000 millones) y en un plazo de tiempo que facilite el estímulo económico necesario para que Puerto Rico pueda cumplir, sin asfixiarse nuevamente, con el oneroso servicio a la deuda pactado. 

Hay dos acuerdos más en espera de aprobación judicial y legislativa: el de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y el de Obligaciones Generales del Gobierno de Puerto Rico (GO). Ambos acuerdos han sido cuestionados por voces muy autorizadas. Por ejemplo, al de la AEE se oponen entidades como la organización CAMBIO, integrada por ingenieros ambientales y otros expertos en asuntos energéticos, que cuestionan cómo el acuerdo- con su énfasis en la producción de energía con gas natural importado- significaría un retraso significativo en la ruta de Puerto Rico hacia su sostenibilidad energética. CAMBIO impulsa el uso predominante de la energía renovable, como corresponde al ambiente y la realidad de que Puerto Rico es una isla tropical. 

Por otra parte, el doctor en economía y profesor Ramón Cao realizó un estudio a solicitud del ingeniero que representa a los consumidores en la Junta de AEE, el cual concluye que, en solo algunos años, el acuerdo de la AEE redundaría en un aumento de cerca de 50 % en la factura eléctrica a individuos y comercios. Esto  afectaría negativamente a miles de familias y pequeños empresarios en Puerto Rico, y crearía un obstáculo mayor al clima de inversión y al desarrollo empresarial en la Isla.  

El Director de Política Pública del Centro para una Nueva Economía (CNE), Sergio Marxuach también se ha expresado en oposición al acuerdo de AEE. No solo objeta el alza astronómica en las tarifas, sino todo el acuerdo porque, en la práctica, convierte en letra muerta la política pública energética del propio gobierno de encaminar a Puerto Rico hacia el uso de energía renovable.  

Lo que sí sobresale del acuerdo de AEE es cuán favorable es a los acreedores, quienes solo verán un recorte de 29% en su acreencia, y el servicio anual a la deuda irá subiendo escalonadamente en la misma medida en que el pueblo de Puerto Rico asume el golpe del aumento de tarifas. Negocio redondo para los buitres.

El acuerdo de restructuración de las Obligaciones Generales del Gobierno de Puerto Rico es otro tumbe para nuestro pueblo. Tanto que algunos miembros de la propia JCF le votaron en contra, y el gobierno de Puerto Rico ha iniciado una acción judicial para detener su aprobación. En síntesis, el acuerdo reformulado de la JCF pone a nuestro pueblo a pagar $11 mil millones en 20 años, con un desembolso inicial de $3,809 millones, que irían casi en su totalidad a los bonistas buitres extranjeros, mientras se mantiene el recorte a las pensiones de $1,200 al mes o más de nuestros retirados. Esto es una injusticia mayor contra esta población empobrecida, que apenas alcanza a cubrir sus necesidades básicas con sus menguados ingresos. Una valiente y concurrida asamblea de retirados del servicio público celebrada el pasado fin de semana, rechazó de forma absoluta el recorte a las pensiones propuesto en el Plan de Ajuste de Deudas de la JCF. 

Todos esto acuerdos han sido negociados sin transparencia ni democracia. Jaresko y los consultores de McKinsey han operado en secreto, en una nebulosa, evitando a toda costa que el país anticipe lo que pactan a nuestras espaldas con nuestros recursos. Por eso, nunca sabremos cómo fue la votación sobre el  acuerdo de las GO en la JCF- si fue 7 a 1, o si fue 4 a 3- ni cuáles fueron las razones para votar en contra que tuvieron algunos. Por eso, no hay por qué confiar en quienes ni siquiera se dignan a tratarnos con respeto y mantenernos informados adecuadamente sobre estos asuntos cruciales que comprometen nuestro presente y futuro. Digamos NO a los acuerdos que nos obligan y no nos benefician.