domingo, octubre 11, 2026
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Antes de ir a votar

 

Especial para CLARIDAD

EDITORIAL: Un cuatrienio para recordar

 

La experiencia colonial de Puerto Rico bajo los gobiernos de España y Estados Unidos ha registrado momentos y épocas muy dolorosos que han causado una enorme conmoción en la consciencia colectiva de nuestro pueblo. La crueldad, los maltratos y el desprecio manifiesto del gobierno absolutista español hacia la vida de la gente en sus colonias de América fueron principales factores precipitantes del derrumbe del imperio español. Bajo el dominio de Estados Unidos, la saga colonial comenzó en 1898 y continúa hasta hoy, y se ha desarrollado principalmente frente a un enorme muro de desconocimiento, incomprensión e indiferencia por parte del poderoso imperio estadounidense hacia los asuntos y la gente en su principal colonia. Para ellos, hemos sido y seguimos siendo un pedazo apreciable de “real estate” en El Caribe, al servicio y capricho de sus cambiantes intereses geopolíticos, militares y económicos, según sea la prioridad imperial en diferentes momentos.

Desde mediados del siglo XX, cuando la presión internacional y la defensa de los intereses de Estados Unidos dictaron la necesidad de crear una ilusión de gobierno propio en Puerto Rico, el pueblo puertorriqueño ha votado cada cuatro años para elegir a los administradores de turno de la colonia. Desde el 1952 hasta el 1968, el dominio electoral casi absoluto estuvo en manos del autonomista Partido Popular Democrático (PPD), creadores del llamado Estado Libre Asociado, que en aquel entonces ganaba las elecciones por mayorías abrumadoras. Desde el 1968 hasta hoy, el poder colonial ha sido compartido, en alternancia periódica, entre el PPD y el Partido Nuevo Progresista (PNP), de ideología anexionista.

Durante los últimos veinte años, y coincidiendo con el declive social y económico de Puerto Rico y la crisis de la quiebra fiscal y económica, la alternancia entre el PPD y el PNP ha sido como un juego de sillas. Se intercambian y desgastan unos y otros en el gobierno de la colonia. Esto ha tenido un impacto negativo severo en la calidad del servicio público, y en la moral y la ética de sus funcionarios. Ambos partidos han dejado de representar los mejores intereses del pueblo que los elige y se han tornado en quincallas de puestos y prebendas políticas para correligionarios, amigos, parientes y dolientes.

Las elecciones generales del próximo 3 de noviembre de 2020 pondrán fin al más reciente de los cuatrienios inservibles que ha vivido Puerto Rico durante estas primeras dos décadas del siglo veintiuno. Este ha sido un cuatrienio para recordar, no solo porque deja evidenciada la disfunción gubernamental y el colapso de la gestión pública en su más profunda dimensión, sino también por demostrar el cinismo, la ambición, la ventajería, el nepotismo y el carrerismo que se asientan en las más altas esferas del gobierno del país. Este cuatrienio de gobierno del PNP ha magnificado la decadencia de la política colonial en Puerto Rico.

La elección de Ricardo Rosselló como gobernador en 2016 fue un error colosal que nuestro pueblo ha tenido que pagar con creces.  No solo por el daño ocasionado por el gobernante y su improvisada y errática agenda de gobierno al servicio de sus estrechos intereses ideológicos, sino por el trauma que representó su salida forzada cuando nuestro pueblo se dio cuenta de que había sido burlado, y que Rosselló y su camarilla eran seres despreciables y no se merecían la confianza que el pueblo les depositó. Sobre todo, el escándalo dolió porque se acababa de pasar por el peor desastre en un siglo, el huracán María, cuya estela nefasta de destrucción y muerte nos afectó profundamente, y aún nos quedaba por delante la tarea de reconstrucción física y social de mayor envergadura en nuestra historia moderna.

Tras la renuncia de Rosselló, estaban en turno otros mercaderes. Mediante una triquiñuela legal, Pedro Pierluisi-  el mismo que hoy quiere ser gobernador y que fue validado por el PNP como su candidato para estas próximas elecciones generales-  se autoproclamó Gobernador sustituto, y ocupó la posición y se instaló en La Fortaleza ilegalmente por cinco días, hasta que la intervención del Tribunal Supremo de Puerto Rico lo obligó a desistir. Constitucionalmente, el turno entonces le tocó a la Secretaria de Justicia, quien se convirtió en la gobernadora Wanda Vázquez por el resto del cuatrienio. Ante los ojos del país queda para la historia, el récord fallido de su breve gestión gubernamental- una de las más incompetentes de que se tenga memoria- así como de su fracasada campaña política para la gobernación. Mientras, nuestro pueblo aún sigue enfrentando las secuelas de los terremotos en el suroeste de Puerto Rico y el ascenso vertiginoso en casos positivos y personas fallecidas por el COVID-19.

Las lecciones de la historia tienden a ser implacables. Y este próximo, 3 de noviembre, nuestro pueblo tiene ante sí una decisión electoral importante que tomar. El momento no está para ligerezas. Por eso, exhortamos a nuestros hermanos y hermanas puertorriqueños que han decidido ir a votar, a recordar y reflexionar sobre las duras lecciones de este cuatrienio horrible.

COVID-19: «Hay que tener unos protocolos estrictos de seguridad.»

Entrevista al doctor Javier Morales

El infectólogo Javier Morales insiste en que el uso de la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento físico continúan siendo las medidas preventivas más efectivas para evitar el contagio del coronavirus hasta tanto esté lista una vacuna.

En entrevista con CLARIDAD, el  doctor Morales destacó que lo  único que ha funcionado para detener la propagación del  virus fue cerrar a Puerto Rico. Con ello se logró que bajaran las hospitalizaciones y los contagios. “Una vez se empieza paulatinamente a abrir, eso le dio una falsa seguridad a la gente. Abrieron barras donde hay alcohol. Cuando uno tiene dos cervezas encima, no le niega un abrazo a nadie. Ahí nosotros dijimos: Ya verás que dentro de dos a tres semanas va haber un pico de nuevo”.

Aunque el doctor Morales entiende que la economía no puede estar cerrada para siempre, insistió en que hay que tener unos protocolos estrictos de seguridad. “Este virus —obviamente, volvimos a epidemiología 101— si usas  mascarilla, te lavas las manos y mantienes distanciamiento, la probabilidad de contagio es bien baja, pero cuando tú miras las fotografías de los fines de semana, de lo que está ocurriendo, pues, esto no va a parar”.

Destacando que la gente joven es la que muestra guardar menos las reglas del distanciamiento físico,  observó que aunque entre los que se contagian la mortalidad es más baja, cuando un joven se complica, se complica  “de verdad”. Explicó que cuando una persona  se complica y cae en intensivo, en respiradores, muchas veces el virus ya no está en el cuerpo, sino que lo que hay en ese momento es una respuesta inflamatoria tan y tan grande, que el organismo, nuestro sistema, no la puede  controlar. Ya el virus ha atacado todo el sistema, eso incluye el pulmón, hígado y corazón. “Ahí es donde se complica la situación”.

El doctor Morales reconoce que todavía no hay una vacuna y que no hay tratamiento para el virus como tal. A su juicio, los protocolos que se han hecho y se están haciendo para atacar el virus se están usando, tal vez,  muy tarde en la enfermedad debido a que los protocolos se diseñaron para cuando el paciente está moderadamente enfermo, pero cuando el paciente está moderadamente enfermo, ya el virus no está. “Por eso ha sido en parte el fracaso de los antivirales. En este virus había que usarlos antes. Por otro lado, al 80% de la gente que se contamina no les pasa nada; ni se enteran muchos de ellos. Entonces tú no vas a gastar ese esfuerzo tan grande y tan costoso en una población que no le va a pasar nada”, dijo en referencia al tratamiento antiviral.

¿Qué podemos hacer?

“Hay dos cosas que se pueden hacer. Primero, la vacuna. Espero que venga una vez se analicen los estudios y estos estén bien hechos y no respondan a la presión de un presidente para poder ganar elecciones. Yo voy a estar en la fila para vacunarme. No te quepa duda”.

Segundo, predecir qué paciente se va a complicar y qué paciente  no se va a complicar. Hizo referencia al tratamiento para pacientes adultos mayores, diseñado por los chinos y publicado en abril.  Este tratamiento predice hasta cierto punto qué pacientes se pueden complicar.

De este conocimiento fue que surgió  el estudio que el doctor Morales está haciendo junto al doctor  Fernando Cabanillas.  Estos están atacando la enfermedad justo en el momento que los pacientes se van a complicar, porque ya se ha visto que entre el día siguiente a la infección  y el décimo de la enfermedad el virus comienza a  bajar.  Aunque  en esa etapa hay muy poco virus circulando, el proceso inflamatorio  está subiendo.

En ese momento, el proceso inflamatorio se puede detener. Explicó que al proceso que diseñaron los chinos, ellos (Morales y Cabanillas) le  añadieron  otras sustancias, como una proteína  reactiva.  Entonces, los pacientes que se van a complicar tienden a subir esos marcadores (de inflamación) que, afortunadamente, se pueden medir en la sangre. Entre los días siete y diez, dependiendo de los síntomas asociados al virus,  analizan cuáles pacientes se pueden complicar. “Ya estamos hablando de ciencia de la NASA”.

Al presente, cuentan con  90  pacientes en el estudio, de los cuales, 31estaban en vías de complicarse.  Estos pacientes han sido sometidos al tratamiento de adulto mayor, interviniéndolos con esteroides para detener  la tormenta inflamatoria.  Hasta ahora, de los 31 pacientes , ninguno ha muerto. Los pacientes son entre las edades desde los 45 hasta 87 años. “Todavía  vemos que la población mayor es la que más tiende a complicarse. No hemos tenido ningún joven  [complicado], pero sí hemos tenido de todas las edades, excepto menores”.

El doctor indicó que el  estudio continuará recibiendo pacientes, ya que mientras más pacientes tengan,  mejores van a ser las proyecciones. Comentó que la intención es publicar el estudio en una revista para compartirlo con la comunidad científica. “Yo quisiera que no llegase ningún paciente al estudio, pero la pandemia no va en vías de ser controlada”.

El doctor Javier Morales reiteró que solo hay una forma de evitar los contagios: el uso de la mascarilla y el distanciamiento físico.

Advirtió de que hay que  tomar en consideración que el virus mutó, no para hacerse más severo, pero sí más contagioso, y que ya incluso se está analizando si puede o no penetrar la mascarilla: “Si  puede penetrar la mascarilla, tenemos problemas. Como están las cosas ahora, no hay nada más que hacer que asumir responsabilidad.  El país tiene que ser responsable, cada cual”.

De acuerdo con las cifras del Departamento de Salud, hasta el 5 de octubre, el número de contagios confirmados era de 25,397. Además, hay 25,908 casos probables y 695 muertes confirmadas.

Comentarios a: ccotto@claridadpuertorico.com

El violinista y aquella mañana de Revolución: Los sucesos del 30 de octubre en Utuado (1)

Con este testimonio En Rojo inicia la conmemoración del septuagésimo (70) aniversario del 30 de Octubre de 1950, hecho trascendental de nuestra historia. Astrid Raquel Cruz Negrón, maestra utuadeña y parte del comité «Utuado no olvida: a 70 años de la Revolucion» que rescata la memoria del evento. Lo hemos dividido en dos partes.

El testimonio de Eladio Lausell

En Utuado varias generaciones han escuchado hablar de Míster Lausell. Más allá de haber escuchado que era un maestro culto y admirado en el pueblo, no conocía detalles de su vida. Era de esos personajes que cuando te crías en el casco urbano de Utuado, creces sabiendo que algo tiene que ver contigo, aunque no sepas qué.

Un día mi madre, Raquel Negrón, me hace entrega de esta libreta escrita a puño y letra por este maestro, con la frase sentenciosa: “tú sabrás que hacer con ella”. La libreta es nada menos que el testimonio de lo que vio Eladio Lausell en los días de la Revolución de 1950 en Utuado, contado con sublime sinceridad. Se la entregó a Mami un héroe anónimo de pueblo, el Señor Héctor Morales, un hombre que le hace favores a todo Utuado, carretea a los que andan a pie y sirve a todas las personas sin llamar la atención. Don Héctor Morales custodió por años esta libreta hasta encontrar en quien confiarla y que no la dejara en el olvido.

Eladio Lausell fue maestro de escuela pública, principalmente en la Escuela Elemental Antonio de Jesús López de Utuado. Era músico, violinista, maestro de violín, pintor, escritor, humorista y conversador profundo. Sus estudiantes recuerdan su calidad humana y su afán por educar más allá de lo académico, integrando en el material formal curricular enseñanzas de la vida diaria, la higiene, salubridad y ética, entre otros asuntos.

Tocaba su violín con frecuencia en reuniones y en su salón en la escuela. Perteneció a varios grupos musicales. Uno de sus alumnos de violín más destacados fue profesor de la Orquesta Sinfónica. Pintaba y dibujaba por encargo. Se le veía a menudo socializando con los habituales parroquianos de los cafés del casco urbano de Utuado en una época de mucho intercambio social y cultural en la zona. Los que le conocieron de cerca aún recuerdan con afecto su calidad humana. Divulgar sus memorias de uno de los actos de represión más violentos vividos en nuestro país, es un ataque al silencio y al miedo que nos han querido imponer.

Astrid Raquel Cruz Negrón

Los sucesos del 30 de octubre en Utuado (1)

Por Eladio Lausell

30 de octubre de 1950

El 30 de octubre de 1950 era yo maestro elemental en la escuela Antonio de Jesús López, y la directora era la Sra. Petra Vázquez.

Yo vivía temporeramente solo, en un cuartito de los Pinos. Mi esposa Carmen Iris Hernández se encontraba atendiendo a su padre, Juan Agudo Hernández, que se encontraba muy grave, en el barrio Palmarito de Cuba.

El día 30 de octubre, a las 11 de la mañana, salí para ir a almorzar, pero antes fui a la tienda de Carlitos Montalvo, a procurarme cigarrillos.

Al llegar a la tienda, se notaba cierta agitación en las calles, y frente a la tienda pasó un jeep de la policía, y los uniformados iban con carabinas y correas de cartuchos.

En la tienda me dijeron que había una rebelión, y que en Arecibo habían asesinado al teniente Villanueva, natural de Utuado.

Muy alarmado me retiré a mi casa para almorzar y luego ir a recoger a mi esposa, dándome cuenta que el tiempo era animoso.

A mi me llevaban una fiambrera que tenía contratada doña Carmen, la madre de Pello Bermúdez.

Tan pronto terminé de almorzar, bajé al pueblo, con el propósito de tranquilizar a mi esposa. Cuando ya llegaba a la calle Dr. Cueto, me dijeron que las clases de la tarde quedaban suspendidas, por motivo del peligro, y vi muchos padres que habían venido a buscar a sus hijos.

Pasaba yo frente a la escuela Francisco Ramos cuando me encontré con Fernando Recio, en cuya casa se había alojado Corretjer una vez. Estaba muy nervioso y me aconsejó que no fuera al pueblo, porque había tiroteo. Se decía que Heriberto Castro, Tony Ramos, Pitote, José Ángel Figueroa, Rafael Negrón, y otros, se habían alzado en armas y hacían frente a la fuerza pública. Que habían matado un bombero, quemado el correo, y asesinado a Henry Kolb, el postmaster. Luego se vio que esto último no era cierto.

Yo conocía Heriberto Castro. Su padre, don Pedro, había sido apremiador de rentas en la colecturía de mi padre. Nunca pensé que Heriberto se “dispararía la maroma” que se disparó ese día, y nunca lo vi tan grande como entonces, y al lado de él me sentí como un gusano. Él sabía que yo era independentista, pero me tenía por independentista flojo y nunca se le escapó anticipar lo que luego hizo.

De Tony Ramos, sabía yo su fama de guapo, pero ese día demostró que no era un simple guapo de barrio.

Y de Rafael Negrón, que fue mi discípulo cuando yo enseñaba ciencia a los veteranos, hasta ese día no supe que era nacionalista.

Como dije antes, Fernando Recio me aconsejó que nos fuéramos a la Playita, pero yo le dejé y no le hice caso, pues tenía que ir a tranquilizar a mi esposa.

La calle Dr. Castro estaba imponente, desierta. Todos los carros alineados a la derecha, y los vecinos atisbando desde las esquinas, curioseando si ánimo de inmiscuirse.

Yo entré por la prolongación de la Calle Colomer que va por detrás de la escuela Seijo. Seguí la calle Colomer con dirección al este, y ya se escuchaban disparos.

Cuando llegué a la intersección Colomer-Washington, vi que los guardias disparaban carabinas y revólveres desde la esquina del restaurant El Yumurí, con dirección a la casa de Damián Torres, en donde se habían refugiado los nacionalistas alzados. Eso era así porque para ese tiempo el cuartel de la policía era en los altos del Yumurí.

Seguí caminando por la calle Colomer y al llegar al cruce de la calle Colón, vi que desde la esquina disparaban dos o tres guardias, también hacia la casa de Damián, y a uno de ellos se le salían las balas de la maza y se caían, de puro nervioso.

Más adelante, y siempre por la calla Colomer, y al alcanzar la intersección con la calle Sánchez López sonaron varios disparos rápidos, como de pistola, y me metí de rondón en la casa en que vivía doña María Libertad Gómez, al lado de la de Cabán, en lo que amainaban los disparos, y cuando la cosa estuvo más tranquila, llegué por fin a la casa de mi esposa, donde mi suegro estaba muy grave del corazón.

Por la noche nos retiramos para dormir, cosa que no pudo hacerse con tranquilidad, por la agitación del momento.

Como a las diez se oían en las calles de Cuba, disparos que la Guardia Nacional hacia al aire, para imponer la queda y limpiar las calles de curiosos.

Más tarde, entre el 11 y 12, un intenso tiroteo cerca de la plaza. Debió ser cuando sacaron a los nacionalistas de la casa de Damián.

El martes 31, como a las siete, los aviones de la fuerza aérea de la Guardia Nacional, ametrallaron el pueblo. Yo  hice que todo el mundo en casa se lanzara al suelo. Se oían unos estampidos corridos; luego, como un eco, una repetición del mismo grupo de estampidos, no tan fuertes. es decir; los disparos, y después, el momento cuando las balas silbaban cerca de las casas.

Hubo gente que dijo que se trataba de balas blancas, pero los agujeros que había en las paredes de cemento de la escuela Antonio de Jesús López y otros sitios demuestran todo lo contrario.

Contra este ametrallamiento después de controlada la situación y muertos o presos los nacionalistas, tronaron en la prensa los padres capuchinos, y el Sr. Rafael Rodríguez en cartas dirigidas a los periódicos.

El miércoles 1 de noviembre por la noche, los (guardias) nacionales, desde la calle de la panadería junto al mercado, cambiaron disparos con varios nacionalistas parapetados en la loma de don Toto Rullán. Estos disparos dejaron huellas en las paredes de la panadería, y por poco matan con ellos al Bobo Burgos, que por bobo no se cubría. Suerte fue que los panaderos lo halaron para adentro de la panadería. En este tiroteo, los nacionalistas usaban pistolas y los (guardias) nacionales sus rifles. Era notable el contraste entre los tiros rápidos y secos de las pistolas, y el estampido fragoroso de los rifles.

Luego los durmientes podían oír el rumor de pies descalzos que huían por los callejones de Palmarito. Al día siguiente, jueves, Marrero, y otros varios policías, andaban a caza de nacionalistas por la loma de Toto.

En esos días adquirió gran fama el guardia Cacho, porque solito se aventuró por la barriada Cataño, donde se dice que abundaban los nacionalistas.

Luego se supo que los empleados de correo y de Servicio Selectivo estaban choteando a medio mundo, y que Pedro Matos, Millo Cortés, Chú G. Ortiz, Carlos Jordán, y otros, habían caído presos.

Yo me sentía avergonzado, porque siendo independentista no había hecho nada por cobardía, y decidí entregarme y pensé: “por lo menos -sirvo para que me cojan preso.”

Y como me dijeron que el cabo Acosta, hoy teniente, era el que andaba con la lista de  los fichados, envié yo donde él a una señora llamada Cambucha, para que me apresase si yo estaba en la lista, pero él me envió a decir que mi nombre no estaba en la lista, que no fuera pendejo porque me hacía sospechoso.

Luego supe que Castro y los de la Junta Nacionalista habían quemado todas las listas para no incriminar a nadie, y que los esbirros solamente tenían listas muy antiguas de gentes que habían sido nacionalistas, pero que luego se retractaron por cobardía, y en esas listas aparecían la propia María Libertad Gómez, el alcalde Ermelindo Santiago y varios asambleístas municipales.

Por fin retiraron la Guardia Nacional un día lunes. Se dice que estaban muy nerviosos y por poco matan a una nena, familia de don Juan Menchaca. Estaba este señor abriendo su tienda, cuando un (guardia) nacional que estaba en la esquina de la plaza se le escapó un tiro que pasó entre las piernecitas de la niña que estaba al lado de don Juan. Don Juan se “enfogonó” y les gritó: “¡Carajo, si ustedes  tienen miedo, ¿para qué los mandan?”.

Como dice la gente es que los nacionalistas eran gente bisoña que nada entendían de táctica miliar, y que por lo tanto ellos mismos se buscaron una trampa al meterse en la casa de Damián Torres. Éste, que era el jefe del partido en Utuado, y que luego fue preso, se acobardó y se refugió en el hotel Riverside. Que uno de los apresados en la casa de Damián fue un pobre hombre campesino que solamente fue allí a llevar una bandera.

Que por la tarde, uno de los que estaban en la encerrona, logró huir por un poste que había junto a la casa de Damián.

Que Heriberto Castro murió de un balazo, y su compañeros lo acostaron en una cama, y lo cubrieron con la bandera puertorriqueña.

Que el cabo Pardo quería el solo, temerariamente, subir a sacar a los nacionalistas, pero los demás guardias lo convencieron que sería un acto suicida.

Solamente cuando llegó la (guardia) Nacional, y emplazó las ametralladoras en la plaza, y los conminó a rendirse tras haber agujereado la casa con varias ráfagas, entonces fue que los nacionalistas bajaron con las manos en alto. Luego se supo que, de no rendirse los nacionalistas, la casa  habría sido volada con granadas.

Al bajar los nacionalistas, se les despojó de las correas y se las cacheó. Que el cabo Pardo les gritó: ‘¿Dónde están las guaperías ahora?’. Y que Tony Ramos le ripostó, “Pues suelta el revólver y vámonos a las manos para que vea.’

 

Para decirle adiós a Fittonia Albivenis

 

Especial para CLARIDAD

I owed no one a goodbye and that was a relief

-Esther Kinsky (trad. Caroline Schmidt)

  1. Contrario al dicho común (“no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”), dejar los deberes para el último momento, hacerlos sólo cuando no queda más remedio, es un instinto de sobrevivencia. Entre el momentum y la inercia se encuentra este insistente deber irse, cuando ya no queda otro remedio.

2. Antes de despedirnos, se formó un pequeño fuego en el apartamento de la vecina. Como nunca sé qué decir en situaciones incómodas, le grité desde el patio: “¡¿Estás bien?!”. Según sus propios gritos, debí haber inferido que no, que la vecina no estaba bien, todo lo contrario, que a causa del miedo, sentía una parálisis general en el cuerpo. En ese momento, ella era lo más parecido a un fardo inútil y pesado.

Unos chicos que recién se mudaban al apartamento reposeido del condominio, debieron haber sentido el llamado #PuertoRicoSeLevanta!!, pues más rápido que volando acudieron al socorro de la vecina, quien seguía atontada frente al fuego, cuando ellos irrumpieron en su cocina. No fue hasta que vimos salir el humo del fuego apagado por la ventana, que aceleramos las despedidas. Al fuego le debimos un adiós eficiente. En tiempo récord, pasamos del nosotros, al ellos y yo.

Mientras me alejaba triunfante, dada la celeridad del trámite, noté de reojo que la palma al lado del apartamento de mis papás había crecido descomunalmente. Nunca antes me había fijado. La palma, que siempre había estado a mi altura, que me miraba como a su semejante, ahora reinaba sobre mí con un tronco visiblemente saludable, marrón oscuro, juvenil. Había desarrollado curvas. Iban de izquierda a derecha, para mí, señal indiscutible de que encontró balance en el terreno desigual donde le tocó el arraigo. Era su propia respuesta al azar.

Al darme cuenta de este crecimiento, sentí ternura: ese último jalón que evitas a toda costa, pues sabes que te detendría en tus pasos, para que absorbas el lugar de una buena vez, todo de un solo golpe, y luego, cuando menos lo anticipes, te maree el camino. Que cuando abras la puerta al otro lado, el resto sea recordar.

  1. Las islas son fantasmas que se llevan en los ojos. Cuando un isleño se pone gafas, incluso en un cuarto oscuro, es porque su fantasma duerme, descansa tras una larga jornada desordenando recuerdos. Hay que velar por que ese sueño se complete a cabalidad. Es imperativo cuidar el sueño del fantasma para que el isleño viva del presente (en sus propias palabras, “llegar antes del aguacero”), en vez de hallarse de pronto, nadando sobre un intersticio gris, compuesto de un lugar y otro, que no es campo ni costa, dos extensiones familiares, sino un río inventado, que atraviesa a más de un país y pone el corazón en aprietos.

 

  1. Llegar al otro lado con fantasmas en los ojos, y una mata muerta.

El apartamento al que llegas no se parece al apartamento que dejaste atrás. No encuentras los interruptores de luz. Tienes que sobar las paredes, recorrerlas con las manos, hasta dar con la luz de los cuartos. Abres múltiples gavetas: no encuentras el vaso. Das tregua a las manos. Les sugieres hacer un ejercicio de memoria. Que las manos de antes les dibujen un mapa a las manos de ahora. Exprimes la memoria como  un trapo mojado, y te orientas. Pero incluso el sabor del agua no lo puedes precisar y la sala ha perdido uno de sus rostros. En el librero, una tragedia se desarrolla, de esas pequeñas y breves, pero que significan. El sistema de irrigación que le dejaste a tu planta, fracasó. Si se viera ahora, sola en su tiesto, protagonista triste en el escenario de tu creación, con el verde trasnochado, de pronto acusativa, con todas sus hojas caídas, frunciéndote el ceño. Insisten que no te comprometiste con su compañía. Que te fuiste a la primera señal. Que sólo regresaste a regañadientes, cuando no hubo otro remedio.

Más tarde, con un crujido de voz que recuerda al otoño, la planta traería a colación aquel día en que, al descubrir que su nombre en latín era fittonia albivenis, la apodaste Fito, y junto a ella iniciaste una búsqueda cuidada, sin prisa, por ese rincón del apartamento que, entre luz y sombra, la cobijara mejor.

5. Un río inventado es un río que no existe porque está solo en la experiencia. Pero tiene nombre. El isleño debe evitar dicho nombre en caso de que, enfrentado a su ruido, su fantasma se despierte y tome las riendas de sus ojos. Entonces, ya no se podría ver el día si no como recuerdo de sí mismo: un tornillo mohoso, al filo de un andamiaje viejo y quebradizo.

El escombro es, pues, la morada del fantasma que se proyecta sobre el lugar donde una mirada aterriza y, por arte de magia, expira. Preludia ese instante que sólo tiene repetición entre el relámpago y el trueno, segundos antes del aguacero.

 

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