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MINUTOS DE CINE:  BAD BOYS FOR LIFE

 

Por Marcos I. López Ortiz / Especial para En Rojo

Marcoslopez614@gmail.com

Bad Boys for Life es una película de acción/comedia dirigida por Bilall Fallah y Adil El Arbi y protagonizada por Will Smith, Martin Lawrence y Kate del Castillo. La película continúa la historia de los policías de la vieja escuela, Mike Lowery y Marcus Burnett. Estos se unen al nuevo equipo élite AMMO del Departamento de policía de Miami para derrotar al líder de un cartel de drogas que es un despiadado asesino.

La película brilla principalmente por las actuaciones de Smith y Lawrence. Estos genuinamente tienen una excelente química y sientes que estos actores se han familiarizado uno con el otro desde la primera entrega de esta serie en el 1995. Cada momento que estos interactúan es sumamente jocoso y la película te tendrá a carcajadas. Mucha de la comedia viene de cómo estos se hablan uno al otro, pero especialmente Lawrence sobresale en cuanto a los comentarios que le hace a Smith. También creo que de la manera que incorporaron otros pequeños elementos de la serie en esta entrega se siente que muchos de estos tuvieron un final satisfactorio.

En cuanto a negativos tengo que resaltar que la historia es sumamente predecible. Cada giro que da la trama es una que vez venir y no tiene el impacto que estos esperaban. Esto hace que el filme se sienta lento en muchas ocasiones. También los villanos fueron muy débiles. Kate Del Castillo es utilizada al mínimo y siento que su personaje era lo suficientemente interesante para explorarlo más.

Bad Boys for Life es una película servicial. No podemos esperar que esta entrega sea una que cuestione el significado de la vida teniendo en cuenta de qué serie hablamos, pero les puedo decir que la disfrute. Este es un filme con una excelente química en los protagonistas, graciosa y con acción sumamente divertida. Si no eres fan de la serie esta no hará nada para atraparte, pero si te gustan los 2 originales, esto es más de lo que aprendiste a amar.

Mi resumen del año va a coincidir con la premiación de los Oscares el 9 de febrero, porque no quiero dejar fuera de mi lista de lo mejor del año importantes filmes que siguen filtrándose en nuestras salas de cine. Reúno en esta página cuatro filmes críticos del sistema judicial de los Estados Unidos. Todos son marginados por ser pobres, negros o creer que si uno es inocente y dice la verdad no lo pueden acusar de un delito. Todos descubren a quién es que la justicia local/regional en verdad defiende. 

Just Mercy/Buscando Justicia

Director: Destin Daniel Cretton; guionistas: Destin Daniel Cretton y Andrew Lanham; autor: Bryan Stevenson; cinematógrafo: Brett Pawlak; elenco: Michael B. Jordan, Jamie Foxx, Brie Larson, O’Shea Jackson, Jr, Tim Blake Nelson, Rob Morgan, Rafe Spall, Karan Kendrick.

El título en español resume tanto la historia como el propósito del filme. Nos situamos en Monroe, Alabama en 1989 con un aparato defensor de la ley y el orden completamente blanco y racista sin excusas. Si eres negro tienes que ser culpable de lo que sea que cualquier blanco te acuse. Si eres negro eres pobre y dependiente de los otros sectores de la sociedad. Si eres negro no conoces las complejidades de la ley y por la tanto no puedes montar una defensa justa. Si eres negro no puedes ser un profesional a menos que esos estados del Norte te lo hayan permitido y, como quiera, no es válido en los estados del Sur. Este es el cuadro al que se enfrenta Bryan Stevenson, joven abogado negro, graduado de la Escuela de Leyes de Harvard, que trabaja para el Equal Justice Initiative, y que decide que ser abogado significa defender a los que no tienen ninguna oportunidad de tener un juicio justo y, especialmente, los que han sido condenados a esperar que se les aplique la pena capital que en este caso es ser electrocutado en la silla eléctrica.

La historia está basada en las experiencias de Stevenson enfrentando estos casos donde la vida de un hombre queda a la merced de un grupo que cree que la verdad es absoluta y que matar a otro ser humano es justo y necesario. En estos momentos, 30 estados permiten la pena capital mientras la mayor parte de los países, ya sea en América del Norte, América del Sur y Europa, han abolido o nunca tuvieron esta opción. Estados Unidos (como bien nos refiere el filme The Current War) establece la pena capital por electrocución—la más cruel—además de por inyección y anteriormente y en algunos casos, fusilamiento u horca. En 1972 la Corte Suprema prohíbe la pena capital, pero cuatro años más tarde la reestablece. En el siglo XX se ejecutaron 8,141 personas, incluyendo a Ethel y Julius Rosenberg en 1953. Sin duda, Just Mercy y Clemency son filmes que abogan por la eliminación de este castigo a base de que el ser humano, no importa lo que haga, tiene la capacidad de arrepentirse y rehacer su vida. Para eso es que el sistema carcelario debe servir: la rehabilitación y su futuro ingreso a la sociedad libre. 

En el caso principal que trata Stevenson, la acusación de asesinato contra Walter McMillian, se revela un juicio apresurado, la ausencia de una buena defensa, evidencia y testigos que pudieran corroborar la inocencia del acusado y el basar todo el caso en el testimonio de un hombre blanco, Ralph Myers, a quien luego Stevenson logra persuadir a decir la verdad para poder pedir un nuevo juicio. El principio más importante de la ética de este abogado es nunca dejarse vencer, no importa las veces que parezca que todo está perdido. Todas las actuaciones sobresalen y hay escenas que tocan a uno muy profundamente (por ej, la humillación de ser cateado como si fuera un criminal por ser negro), pero Tim Blake Nelson como Myers con solo 3 escenas muy breves, nos deja sorprendidos. 

Clemency

Directora y guionista: Chinonye Chukwu; cinematógrafo: Eric Branco; elenco Alfre Woodard, Aldis Hodge, Wendell Pierce, Richard Schiff, Michael O’Neill, Vernee Watson, Danielle Brooks, Dennis Haskins, Richard Gunn, Alex Castillo. 

Si Just Mercy trae la relación entre un abogado y su cliente en espera de ser electrocutado, Clemency incluye esta misma relación—Marty Lumetta y Anthony Woods—pero la perspectiva es de los que ejecutan la orden: Bernadine Williams es la alcaide de esta cárcel donde los hombres esperan ser ejecutados a pesar de las apelaciones y pedidos de clemencia. Para ella poder funcionar y estar en control total, tiene que seguir el protocolo y la eficiencia que permite al estado matar a un ser humano. La eficiencia del sistema tiene que estar por encima de las emociones.

¿Qué vida puede tener una mujer (u hombre) cuyo trabajo diario es preparar a alguien para morir? Williams es eficiente y seguidora de la ley hasta el último detalle. Esa es su función y por eso se separa totalmente del caso como tal. Entrena a su personal, se asegura que las inyecciones con veneno estén listas, revisa y aprueba a los invitados a presenciar la ejecución, provee a un religioso para rezar con el convicto. Fuera de la prisión, Williams intenta una normalidad de matrimonio estable que todavía son capaces de demostrar su afecto. Pero ¿cómo puede uno/a separase de una maquinaria de muerte que funciona gracias a los funcionarios que obedecen el código al pie de la letra y que aparentemente no les afecta emocionalmente?

El filme es dirigido por una directora nigeriana-estadounidense y fue la gran ganadora en el Festival de Sundance del año pasado. Todas las actuaciones son de primera y la intensidad del drama se da en interiores casi vacíos y sin movimiento y con luces internas que niegan la apertura de la luz mañanera. 

Dark Waters

Director: Todd Haynes; guionistas: Mario Correa y Mathew Michael Carnahan; autor: Nathaniel Rich; cinematógrafo Edward Lachman; elenco: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Camp, Victor Garber, Mare Winningham, William Jackson Harper, Louisa Krause, Kevin Cowley, Bruce Cromer, Denise del Vera.

Dark Waters, como anteriormente Erin Brockovich (2000) y Silkwood (1983), da a conocer esos casos que quedan enterrados gracias al poder de las grandes empresas. Puede ser el agua envenenada por los desechos que se tiran en los ríos, la contaminación en una planta de uranio o, en este caso, un gran invento—el material teflón—que hizo a DuPont multimillonaria. Los tres siguen un desarrollo similar: una denuncia por personas afectadas, su investigación por un grupo o bufete independiente que se arriesga a hacerlo, la confrontación entre la evidencia y la versión oficial de la empresa y el caso judicial cuando, por fin, logran tener ese foro. 

Rob Bilott viene de un pequeño pueblo de Petersburg en West Virginia, pero en el presente es uno de los mejores litigadores en un bufete que representa los intereses corporativos de muchos de sus clientes. Cuando un campesino, Wilbur Tennant, lo contacta porque conoce a su abuela, Bilott se ve casi obligado de, al menos, escuchar la denuncia y ver la evidencia que presenta. Lo que ve en esa visita y otras subsiguientes lo motivan a comenzar una acción legal al parecer muy sencilla y fácil de resolver: pedir a DuPont que presente el resultado de los estudios de contaminación que ellos y luego la EPA (Environmental Protection Agency) hicieron en estos terrenos. Ese pedido pone a DuPont a la defensiva y de ahí en adelante bloquearán cada esfuerzo de Bilott para obtener estos y otros documentos. En este proceso, Bilott descubre un químico del que apenas hay información, aún entre los científicos: PFOA, uno de esos químicos sintéticos que nunca se desintegra. Es este el contenido base de lo que fue (o así creíamos) una revolución en la cocina: el teflón que no permitía que nada se pegara a los utensilios, ollas y sartenes, facilitando la pesada labor de cocinar, fregar, servir al menos tres veces por cada día de nuestras veces.

Les exhorto a que lean en línea el ensayo de Nathaniel Rich del 6 de enero de 2016 en New York Times Magazine “The Lawyer Who Became DuPont’s Worst Nightmare”. Dark Waters sigue esa secuencia a través de un excelente Mark Ruffalo (quien es en sí un líder ambiental) que dramatiza el sentido de desconcierto al darse cuenta que para grandes compañías como DuPont personas como Tennant, los empleados de sus líneas de ensamblaje, las comunidades aisladas y empobrecidas son tontos útiles para enriquecerse.

Richard Jewell

Director: Clint Eastwood; guionista: Billy Ray; autores Marie Brenner, Kent Alexander, Kevin Salwen; cinematógrafo: Yves Bélanger; elenco: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Olivia Wilde, Joe Hamm, Nina Aranda, Ian Gomez. 

Me parece interesante que contrario a la actitud de admiración y “he can do no wrong” que la prensa ha tenido con Clint Eastwood por tantos años, ahora están siempre buscando cómo resaltar las faltas estén o no en sus producciones fílmicas. Así fue con American Sniper (2014), que para mi estuvo al nivel de sus anteriores producciones como Hereafter (2010), Invictus (2009) y ahora con Richard Jewell. Creo que a estas alturas de su vida no debe él dirigirse porque el resultado es siempre su versión de Eastwood, pero de que sabe dirigir a otros no hay duda. La evidencia es Paul Walter Hauser como un tipo que te exaspera por su muy corta visión de lo bueno y lo malo, aparte de su admiración de todo lo que sea ley y orden en su manera más restrictiva; Sam Rockwell como el abogado que tiene que lidiar con un cliente que no entiende que precisamente los representantes del sistema que tanto admira lo quieren meter a la cárcel con o sin evidencia (basta con su confesión); Kathy Bates como la madre de Jewell que sabe lo vulnerable que es física y mentalmente e intenta protegerlo a pesar de que también tiene una fe ciega en el sistema legal. Y es precisamente ese contraste entre lo que Jewell idealiza y la persecución y difamación del F.B.I. y la prensa que recoge la oficialidad de los acontecimientos. 

Eastwood no ha perdido la capacidad de crear la inmediatez de un evento. Aquí lo hace cuando la cámara sigue todos los pasos de Jewell esa noche del 27 de julio de 1996 en Centennial Olympic Park durante las Olimpiadas en Atlanta, Georgia. Su constante vigilancia, su subir y bajar escaleras a pesar de su sobrepeso, el tratar de velar a cualquier individuo o grupo sospechoso (que para él significa afroamericanos, latinos y hippiosos) y el confiar plenamente en cualquier uniformado que represente la ley como él está convencido de hacerlo como guardia de seguridad. Gracias a esa paranoia y ser parte de “los uniformados”, Jewell sí descubre una bomba y logra junto a los otros desalojar el área. Comenzará como el ‘Juan del Pueblo’ que se convierte en héroe y todos lo admiran y quieren entrevistarlo a el perseguido porque según el estudio de perfiles del F.B.I., Jewell responde perfectamente al “wanna be”. Evidencia: ninguna. Por lo tanto, hay que fabricarla con falsos reportajes y trampas para que el mismo Jewell confiese lo que no hizo.

Aunque Jewell es el centro del la historia, el movimiento de la narrativa se debe a su abogado, Watson Bryant (con otra fabulosa interpretación de Sam Rockwell) quien tendrá que frenar a Jewell de darles a todo lo que le piden, hablar de cosas que se pueden utilizar en su contra y permitir los abusos que por ley puede cometer. Lo que sí está mal manejado por una caracterización exagerada de Olivia Wilde y por no tener espacio para ampliar su personaje es el de la periodista Kathy Scruggs. Esta falsa representación ha sido denunciada por el Atlanta-Journal Constitution (los únicos que no aceptaron darle compensación a Jewell por difamación) y defendida por gremios de periodistas ya que ella muere en 2001. 

Roma y el PNP

Por Jaime Lluch /Especial para CLARIDAD 

¿Como nos ven a nosotros los puertorriqueños en Puerto Rico los 329 millones de estadounidenses? ¿Cómo nos ven los 535 congresistas y los presidentes sucesivos? ¿Cómo nos ve el cuarenta y pico por ciento de la población de EE.UU. que son la base social del Trumpismo y que representan el nuevo nacionalpopulismo de extrema derecha? Estas preguntas son de particular importancia para el PNP como partido que aboga (supuestamente) por convertir a Puerto Rico en una unidad permanente de la federación. Es bastante obvio que una de las mayores dificultades que va a enfrentar cualquiera que abogue por convertir a Puerto Rico en un estado de la federación es la percepción nacional, étnica, cultural, y lingüística que tiene el “mainstream” de los estadounidenses sobre lo que es Puerto Rico. En otras palabras, convertir a Puerto Rico en un estado de la federación enfrenta obstáculos constitucionales y económicos considerables, pero todavía más formidables son las dificultades que presentan las percepciones sobre la nación y la identidad, y la etnicidad, que tienen la gran mayoría de los estadounidenses vis-à-vis Puerto Rico.

Sorpresivamente, las percepciones sobre ciudadanía, identidad y etnicidad en el antiguo imperio romano hasta el siglo V, y en el posterior “imperio bizantino” (realmente sería mejor denominarlo como “Romanía”) entre el siglo V y el 1453, nos ayudan a entender el dilema puertorriqueño y los retos que enfrentan los “estadistas.” 

La importante obra reciente de Anthony Kaldellis (2019), señala que en el año 212, la Constitutio Antoniniana hizo que casi todas las personas libres se convirtieran en ciudadanos del imperio romano. Este principio fue posteriormente codificado en el derecho romano, por ejemplo en el Corpus de Justiniano que decía que “todos los que están en el mundo romano son ciudadanos romanos,” aunque habían ciertos grupos excluidos como los esclavos y grupos de “bárbaros” incorporados posteriormente. Esto fue parte de la evolución del imperio romano tardío que paso de ser un imperio de conquista a una especie de proto-estado global extendiendo sus leyes y sus costumbres a todos sus “ciudadanos” (Kaldellis 2019: 53).

Ahora, a pesar de esta ciudadanía romana que se extendió durante el imperio romano tardío, vemos que en la parte oriental del imperio romano había un criterio de inclusión/exclusión en el “genos” romano, que tenía que ver con etnicidad y no con un estatus puramente legal. Por lo tanto, entre la población provincial de la antigua Constantinopla la mayoría de sus residentes eran considerados “romanos” y la mayoría tenían la misma “ciudadanía romana,” pero habían unos criterios de inclusión/exclusión que obedecían a clasificaciones étnicas. La “comunidad romana” no incluía a aquellos vistos como pertenecientes a grupos étnicos como los eslavos, armenios, etc. (Kaldellis 2019: 63). Así que los romanos eran un “genos” y los grupos étnicos un “ethnos,” o incluso grupos vistos como extranjeros o “ethnikoi.”

Igualmente, hoy en día, los 329 millones de estadounidenses y los 535 congresistas se ven a si mismos como un “genos” mientras que a nosotros en Puerto Rico nos ven como un “ethnos” o hasta “ethnikoi,” y por lo tanto distintos al estadounidense promedio, aunque tengamos la misma ciudadanía nominal. Uno de los grandes retos del PNP es cómo sobreponerse a estas percepciones.

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El autor es profesor en la Unviersidad de Puerto Rico en Río Piedras.

La Serie del Caribe va más allá del béisbol

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

Al momento de escribir este artículo ya se han jugado dos de las siete jornadas de la Serie del Caribe que se realiza actualmente en el estadio Hiram Bithorn de la capital. Los boricuas contaban con marca de 1-1, habiendo vencido a Panamá 4 carreras por 3 en la tanda inaugural y caído derrotados por México 4-2 en la segunda jornada.

Sin embargo, más allá de los resultados de los partidos, tengo que admitir que lo más me ha llamado la atención es cómo la Serie del Caribe se ha vuelto un evento cultural pese a solo realizarse en la isla cada 5 o 6 años. Confieso que tenía mis dudas sobre si el evento sería exitoso por varios factores que iban desde la inestabilidad en el sur, el hecho que ya en Puerto Rico la fanaticada no va a los parques con el mismo fervor de antes y por la ausencia de Cuba.

En días recientes un viejo amigo me comentó que hoy en día mucha gente no es fanática del deporte y sí del espectáculo. Definitivamente, la Serie del Caribe cumple con esos requisitos porque, entre otras cosas, se le permite a grupos de inmigrantes como los mexicanos, venezolanos y dominicanos radicados en Puerto Rico expresar su apoyo a su país natal. También en el parque se goza de una diversidad gastronómica y hay funciones artísticas en las afueras.

Emotivo el regreso del 

Dream Team Boricua

Uno de los momentos más emotivos de los actos inaugurales fue la dedicatoria al reconocido Dream Team de 1995. Se cumplen 25 años desde que aquella constelación de estrellas encabezadas por Roberto Alomar, Juan Igor González y Edgar Martínez, entre otros, dominó la Serie del Caribe. Volver a ver a ese grupo de estrellas nuevamente en el terreno me permitió entender lo privilegiado que fui cuando, teniendo apenas 11 años, tuve la oportunidad de ir al último partido donde ese equipo le cayó a palos a José Rijo, que era uno de los mejores lanzadores del beisbol. Para aquel entonces no podía comprender la magnitud de la huella y el carácter histórico de aquel equipo que probablemente es mejor que el escuadrón del pánico de los años 50 y el team Rubio del 2017.

Vital el juego con Colombia

Cuando salga a imprenta ya se habrán completado cuatro jornadas de la serie. El pasado lunes debimos haber enfrentado a Venezuela y el pasado martes a Colombia. Aunque uno juega para ganar todos los partidos, el juego de Colombia cobra vital importancia pues una derrota ante nosotros sería por lo menos su tercera derrota (perdieron en las primeras dos jornadas con Venezuela 6-4 y Panamá 1-0) y esa derrota ante Puerto Rico nos garantizaría un mejor récord que el de ellos y nos pondría en posición para adelantar a las semis.

Tendremos que jugar mejor 

para avanzar

Aunque solo hemos jugado dos juegos, dos cosas sobresalen: la primera, que no hemos bateado oportuno pues en varias entradas que hemos amenazado con entradas grandes nos hemos tenido que conformar con una o ninguna carrera. La otra, que nuestra agresividad nos ha jugado en contra concediendo seis outs en las bases en estos primeros dos juegos.

Al ruedo Adriana Melanie 

y los tenimesistas

Cambiando a otro deporte, no podía terminar sin recordarles el otro evento significativo deportivo del país. A partir del viernes se llevará a cabo el Campeonato Panamericano de Tenis de Mesa en el Quijote Morales de Guaynabo. Nuestras medallistas de oro panamericanas, Adriana y Melanie Díaz, nos representarán en la rama femenina, mientras que Brian Afanador y Héctor Berríos jugarán por la rama masculina. Cabe destacar que este torneo, del que Adriana es la campeona defensora, será más duro este año ya que presentará los mejores 16 del continente en ambas ramas y no habrá competencia por equipo, solamente eliminación sencilla. El que todavía no haya ido a ver Adriana jugar en vivo no debe desaprovechar la oportunidad este viernes, sábado y domingo, pues es todo un espectáculo. Sin duda, pese a los contratiempos que vivimos en la actualidad, el deporte y nuestra nacionalidad deportiva vuelven a ser orgullo para nuestro país.

Julio Ortega entre nosotros

Muy pocas veces dedicamos un espacio a reconocer el trabajo de nuestros colaboradores, hoy queremos dedicar este espacio a un compañero que de sus 80 años cumplidos, 40 de ellos ha sido porteador de nuestro Semanario. El compañero Julio Ortega a dedicado siempre parte de su tiempo a llevar CLARIDAD a amigos y simpatizantes. Celebramos la vida de Julio y agradecemos su dedicación. ­—AMF

 

Por Wenceslao Serra Deliz

   Después de muchos años descubrimos que su verdadero nombre es Julio Luis Ortega Miranda.  Y que, además, nació un diez de diciembre de 1939 en Río Piedras asistido por una tradicional comadrona, presumiblemente de cabeza, como es  deseable.  Sus padres fueron don Julio Ortega Flores, de Cayey, y doña María Luisa Miranda, de Mayaguez.

Su madre falleció cuando apenas tenía siete años.  Más tarde, el padre toma clases nocturnas en la Vila Mayo, donde conoce a su tocaya Julia Alejandro, viuda, con quien contrae segundas nupcias, poseído por un renovado entusiasmo conyugal.

Es el tercero de seis hermanos, a saber, Elba Esther, María Mercedes, Radamés, Socorro y Humberto.  Se le conocía por el apodo de Guí.  Su niñez y adolescencia transcurren en el Barrio Capetillo, Residencial López Sicardó y el Barrio Venezuela de Río Piedras.  Me dicen que Julio y Radamés usaban el recorte mohicano, ambos lados de la cabeza rapados  y una franja de pelo en el centro.

En algún momento de su juventud el padre compró una bicicleta JC Higgins algo defectuosa de tracción para uso de todos los hijos.  Eso le despertó un olímpico deseo de pedalear hasta el pueblo de Cayey junto a dos amigos casi maratonistas.

El defecto de la bicicleta hacía doblemente difícil es esfuerzo de este aficionado entusiasta.  Sus dos amigos, haciendo gala de solidaridad, esperaban por él en diversos puntos del largo trayecto. Con un dinero que le dio el padre pudo comprar un litro de guarapo de caña que bebieron los tres como único aliciente y consuelo en este durísimo trayecto.

Me informan que a los 16 años entró a la Guardia Nacional en el programa de  ejército voluntario.  Según confesión propia, ahí estuvo un año y diez meses Decidió retirarse de ese programa debido al autoritarismo, racismo y prejuicios que reinaban en esa milicia, donde incluso le habían prohibido usar su recorte mohicano. Parafraseando a Eduardo Galeano, podríamos decir que un civil más impica un militar menos y, definitivamente, esto es mucho mejor para la Humanidad como lo comprueba su propia historia personal.  Imagino que esa misma línea política lo llevó de alguna manera a unirse más tarde a la dura lucha por sacar a la Marina de Guerra norteamericana de Vieques, por lo que sufrió prisión junto a muchos valientes compatriotas. No es sorpresa, entonces, que también fuera carpeteado por la ignominiosa y mal llamada división de inteligencia de la  policía estatal.

Retomando el hilo cronológico, vemos que Julio estudió en la escuela elemental del barrio Venezuela, en la intermedia Barbosa, graduándose más tarde en la superior Repúlica de Colombia. En ésta hizo muchos amigos que continúan reuniéndose a través de la directiva de la clase graduanda, que sobrevive en gran medida gracias al trabajo de Julio como organizador y activista.

En 1965 obtuvo un bachillerato en la Facultad de Comercio de la UPR. Su orgulloso padre invitó a celebrar con una botella de Chivas Regal 15 años añejo que tenía reservada para una ocasión especial como ésta.

En 1968 casó con Daisy Rivera Olivieri. De esa unión nacieron Julito y Enid.

Hay testigos de que fue un padre excelente y amoroso, siempre atento a las necesidades de sus hijos, tanto en el hogar como en la escuela.

En 1966 comienza a trabajar como economista en la Junta de Salario Mínimo del Departamento del Trabajo, donde laboró por 30 años. Su labor principal consistía en visitar diversas industrias y empresas para obtener información financiera que se utilizaría para establecer el salario mínimo por sectores industriales y áreas geográficas.

Allí tuvo destacada participación en la Hermandad de Trabajadores, de cuya directiva formó parte. Se dice que lo mismo escribía un artículo para el periódico que tomaba y revelaba una foto, encalaba una silla o arreglaba una conexión eléctrica, habilidades que desarrolló desde joven ayudando a su progenitor. Era, además, una especie de padre protector con mujeres y varones, además de cooperativista y sindicalista. Un testigo afirma que lleva 40 años, nada menos que la mitad de su vida, distribuyendo el semanario Claridad, por lo que las autoridades policiales deben sospechar que es un partidario insobornable de la soberanía patria.

Hay que destacar que nuestro amigo Julio inició una novedosa estrategia sindical. Como recordarán, mientras laboraba en la Junta de Salario Mínimo tenía que viajar por todo el país en su auto privado, por cuyo concepto recibía un reembolso de los gastos incurridos.  En cierta ocasión el pago se atrasó mucho más de lo normal. Sumamente molesto, nuestro amigo desmontó una de las ruedas de su carro, se dirigió con ella a la oficina del supervisor y la puso encima de su escritorio.  Desconozco cuán efectiva resultó esta acción reivindicativa juliana, y si fue adoptada alguna vez por el sindicato.

Margarita Asencio nos contó sobre la contribución de Julio cuando a HEDET alquiló un nuevo local.  Nuestro amigo, ni corto ni perezozo, se lanzó de inmediato a diseñar  construir un cuarto de trabajo en el cual incluyó las facilidades para revelar  y procesar fotos, con el propósito de reducir gastos para el sindicato.  Así ponía en acción su pensamientos y habilidades.

Su carácter se nos revela una vez más en una anécdota que surgió en cierta ocasión en que visitó a Vieques. Allí tuvo la necesidad de comunicarse urgentemente co la isla grande y buscó una cabina telefónica, la cual encontró ocupada. La persona que allí estaba se tardaba muchísimo, hasta el punto de que, ya muy molesto, Julio le corta la llamada y le advierte que el teléfono se hizo para acortar distancias y no para hacer visitas.

Mi esposa Nilda y yo conocimos a Julio en la década del 80, cuando ella ocupaba el puesto de administradora en el Colegio Montessori que dirigía entonces Rei Segurola. Ese proceso se aceleró con la amistad de nuestros hijas e hijo. Como todos éramos amantes de la playa y sus atardeceres espectaculares, Julio conseguía los formularios para solicitar las cabañas veraniegas de Boquerón, donde pasamos veranos inolvidables junto a nuestras familias y a Franky Ferrer y esposa.

Grabó en video algunas actividades literarias de nuestro Grupo Guajana en la famosa Casa Aboy, así como una serenata diurna que llevamos el violinista Rafael Castillo y yo al Boquio Alberty en el hospital donde pasó sus últimos días.

Desde que lo conozco ha tenido siempre una hermosa amante, la buena música popular, cosa que ha sido siempre tema perpetuo en nuestras conversaciones. Para mi penúltimo cumpleaño me grabó un cedé para el que hizo tan buenas selecciones que se convirtió en un éxito en mi carro y casa.

En su vida han surgido sombras inesperadas que hubieran paralizado y desesperanzado a muchos, pero que en su caso no han podido convertirlo en un paia del destino ni empañar su corazón generoso. Por el contrario, casi ha vuelto a nacer para continuar siendo el mismo entre nosotros.

Por lo que a mí respecta, doy gracias a la vida por haber conocido a una persona que le devuelve a uno la fe en la Humanidad en un tiempo de tantas crisis  con un futuro tan amenazado por la corrupción, el colonialismo y deudas obscenas e impagables. Nuevamente, gracias Julio por existir y seguir siendo el gran amigo insobornable de siempre.

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Agradezco la colaboración de Brenda Joanne Sepúlveda, Franky Ferrer y Margarita Asencio.