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Leer, ver y revivir las historias de Jane Austen

 

CLARIDAD

La escritora inglesa Jane Austen (1775-1817) es la figura femenina a la que todas las grandes escritoras de prosa aluden cuando se refieren a modelos e inspiración. Así lo dice claramente Virginia Woolf cuando le habla a jóvenes de educación superior privilegiada en 1928 (“A Room of One’s Own”). No importa si esta escritora inglesa escribió sus seis novelas más conocidas entre 1790 y 1817, sus personajes articulan, se mueven, respiran, sufren, comparten momentos muy especiales e íntimos y, sobre todo, aman intensamente, aunque el destino parezca que se burla de ellas. La mujer siempre es el centro de sus historias; las vemos como hijas, hermanas, parientes y en algún momento, si su astucia, inteligencia y bondad prevalecen, como prometidas de un hombre que respetan y aman o aprenden a hacerlo.

Uno de los elementos que caracteriza las vidas de los personajes de Austen es la preocupación económica, una realidad de entonces que continúa afectando a la mujer hoy en día. La falta de dinero puede afectar adversamente una relación cuando un hombre depende del favor de una persona influyente para estudiar, conseguir un nombramiento, tener un ingreso permanente para poder mantener a una madre y hermanos menores. Una mujer sin dote parece destinada al cuido de sus padres; una viuda o hija soltera no tienen derecho a heredar del hombre y viven a la merced de los familiares masculinos. Así era entonces pero ahora una madre soltera o mujer divorciada apenas puede pagar deudas y su movilidad se ve seriamente afectada. Si se vive dentro de un ambiente de violencia doméstica, muy pocas veces puede esa mujer abandonar la casa y rehacer su vida. Por eso Austen nos sigue hablando y alentándonos a leer, estudiar y, sobre todo, velar que el amor no se vaya a extinguir ni la vista a nublar por no pensar en las necesidades económicas.

Las novelas de Jane Austen son de las más adaptadas al cine y la televisión ya sea para la pantalla grande (esa que sigo anhelando), la transmisión en casa o serial. De sus seis novelas, Pride & Prejudice (1813) es la que tiene más versiones fílmicas y todas con grandes estrellas del momento. Emma (1816) resulta popular porque los aspectos cómicos prevalecen y sus personajes femeninos muchas veces son bastante desiguales. Sense and Sensibility (1811) es la más complicada en cuanto a la complejidad de sus personajes femeninos y masculinos y Mansfield Park (1814) la que trae una realidad muchas veces ignorada por esta aristocracia de finales del siglo 18 y principios del 19: su riqueza proveniente de las plantaciones basado en la esclavitud en las Américas. Para este escrito escogí versiones muy particulares de mis tres novelas favoritas de Austen: Persuasion, Pride & Prejudice y Sense and Sensibility. Aparte de leer las novelas de Austen, recomiendo estos dos libros para su relación con el cine: la antología de ensayos Jane Austen in Hollywood (1998) y The Making of Jane Austen (2017) de Devoney Looser.

Persuasion (Roger Mitchell 1995)

Quizá porque esta novela de Austen fue la última que leí, encontré que su protagonista, Anne Elliott, era una mujer madura que tomaba sus propias decisiones en cuanto a lo que quería hacer con su vida o a quién quería amar. En las anteriores había demasiados otros conflictos con personajes femeninos y la protagonista tenía el “deber” de resolverlos para así preservar la familia. En Persuasion hay una historia anterior que comenzamos a conocer poco a poco que nos lleva al presente conflictivo. Amanda Root (“The Forsyte Saga”) interpreta a Anne, la 2nda hija del barón Walter Elliott y el excelente actor irlandés Clarán Hinds interpreta al Capitán Frederick Wentworth, la otra pieza en el pasado que parece unirlos ahora. Cuando Anne tenía 19 años, Frederick le propuso matrimonio y aunque aceptó, fue persuadida (aquí comienzan las múltiples persuasiones de la trama) a rechazar la oferta porque no contaba con rango, dinero o propiedad para igualar a la familia Elliott. Ahora siete años después las posiciones han cambiado y mientras el padre viudo y lo que queda de su familia tienen que alquilar su mansión por las deudas que han acumulado a través de estos años, Frederick es un alto oficial naval con un ingreso muy respetable. La trama, por supuesto, gira en torno a cómo Anne logrará acercarse nuevamente a Frederick, y cómo éste entenderá que ella como mujer no podía ir en contra de los deseos de su familia. Ahora la Anne de 27 años, aunque todavía dependiente económicamente de su familia, puede decidir a quién ama.

Esta producción fílmica aprovecha los espacios reales de Bath y Lyme Regis para recrear los lugares donde residían y visitaban estas familias de la aristocracia y distribuye y dramatiza las conversaciones entre los personajes—especialmente de Anne y Frederick, Anne y Sophia Croft, Anne y James Benwick—para hacerlas dinámicas y relevantes hoy en día. Capta la percepción, sugerencia y profundidad de las historias de mujeres contadas por los personajes femeninos de Austen.

Pride & Prejudice (Joe Wright 2005)

El valor del matrimonio como la única manera de una mujer poder asegurar su futuro, las leyes de herencia que siempre favorecían al primogénito o al pariente varón más cercano, la dote para garantizar un buen enlace, las exigencias de clase, el dinero como motor principal para cualquier compromiso o matrimonio son algunos de los issues que Austen siempre incluye como parte de su «comedy of manners». En esta versión del 2005, todos estos problemas familiares están incluidos, aunque otros aspectos cruciales para tener un cuadro social más completo se reducen a comentarios, escenas acortadas o a noticias contadas.

Sin duda el elenco es de primera desde la camaleónica Keira Knightley como Elizabeth Bennet, Mathew Mac Fadyen como Mr. Darcy, Brenda Blethyn como la madre de cinco hijas y Donald Sutherland como el padre que tiene que asegurar un buen matrimonio para cada una ya que ninguna puede heredar su propiedad y dinero. Es precisamente en su fotografía que descansa este Pride & Prejudice y sus escenas son memorables porque aún sus diálogos están enmarcados en los ángulos, tomas de cerca, personajes que se mueven hacia la cámara en vez de ir en su búsqueda, contrastes de colores en los exteriores y sobriedad en los interiores. Por eso escenas en movimiento con gran colorido como los dos bailes de salón al que acuden las hermanas Bennet sirven de marcado contraste con la inmovilidad y tonos oscuros de la sala de reuniones de Lady Catherine y de la ausencia de ornamentos de la casa de Mr. Collins.

La diferencia de clases–en este caso la nobleza aunque no tengan títulos y los pequeños terratenientes–es evidente en la agresividad y exabruptos de la madre, en la informalidad en el vestir, la organización de la casa y la poca sociabilidad del padre, en los espacios llenos de muebles, telas, cuadros, libros, gente y animales de la casa, la [mala] costumbre de las hijas de caminar de un lugar a otro enfangándose las faldas y botas y montar a caballo en vez de ir en carruaje. Para los Darcys y Bingleys, los Bennets no son de su categoría no importa cuán atractivas, educadas e independientes puedan ser las hermanas Bennet. Habrá que convencerlos de que es precisamente esta diferencia lo que ellos admiran y les despierta la pasión. Para las hermanas estos hombres significan no solamente seres muy atractivos e interesantes sino buenos partidos para el matrimonio, aunque no lo acepten de inmediato.

Sense and Sensibility (Ang Lee 1995)

Emma Thompson se lanza en este proyecto con los consabidos riesgos de conocer las versiones fílmicas anteriores y decidir escribir un guion que incorporara la sensibilidad de géneros de finales del siglo XX. Su logro fue premiado con múltiples nominaciones y premios de Oscar, Golden Globe y BAFTA. El director Lee (The Ice Storm y Brokeback Mountain) recibió el Oso de Plata del Festival de Berlín. En esta historia de mujeres, nuevamente una familia queda en completo desamparo por su género ya que como viuda con tres hijas, la madre Dashwood depende de la buena fe del hijo mayor de su marido para que las acoja: una vivienda y un ingreso fijo para cubrir sus necesidades básicas. Al no darse ese gesto, otro familiar le ofrece una pequeña vivienda en sus tierras. El único escape para las hijas es casarse con un hombre que las pueda mantener económicamente y así dejar de ser una carga para la madre y los familiares. Y aunque Elinor (Emma Thompson) la mayor y Marianne (Kate Winslet) la segunda son inteligentes, educadas, conocedoras del buen comportamiento social, no son empleables. Además, deben casarse bien para no avergonzar a su familia extendida, lo que significa un hombre con tierras e ingreso que pueda pagar sus gastos y deudas sin afectar económicamente a su familia. Como en todas las historias de Austen, los rumores y los secretos circulan y se descubren para bien o mal del personaje.

Lo que esta versión de Sense and Sensibility añade a la historia original es el presentar a los personajes masculinos con la misma sensibilidad y sentido que las mujeres. El Coronel Brandon (Alan Rickman) adopta y cría a la hija ilegítima de su ex amante y se siente culpable por no haber podido encaminar su vida hacia un buen matrimonio: alguien con dinero o tierras que la respetara y quisiera. Como resultado se le hará muy difícil expresar sus sentimientos hacia una mujer por el miedo de hacerle daño. Preferirá protegerla, cuidarla y apoyarla, aunque ame a otro hombre. Edward Ferrars (Hugh Grant) honrará su compromiso, aunque hayan pasado cinco años y ya no sienta los mismos sentimientos. Será sincero al confesarle a Elinor que, aunque es ella quien llena su corazón, no puede faltar a su palabra. Al igual que en Pride & Prejudice, el vestuario, la escenografía de interiores y exteriores se convierten en elementos esenciales para contar su historia.

Encontrado en las redes: Sobre la abstención lectoral



José Escoda Vázquez

He oído tres argumentos generales contra la abstención electoral

(1) Si no votas, no cuentas.

(2) Si no votas, vete a la guerrilla.

  • La gente no vota por muchas razones, eso hace que la abstención no manifieste un mensaje político tan claro como votar.

Quiero hablar del tercero.

Antes que nada, la primera parte de ese argumento es cierta. Las personas que no votamos somos un grupo amplio y variado. Tan amplio es el conjunto que en las últimas elecciones las personas con edad de votar que no votamos fuimos que las personas que votaron por el gobernador electo en noviembre 2016 (y botao en julio de 2019…sin votar)).

Entonces, creo necesario aclarar que la gente que sí vota también lo hace por variadas razones. Decenas de miles de personas votan porque un candidato o una candidata o candidate le cae bien, porque fuma marihuana, porque NO fuma marihuana, por la campaña publicitaria, por una frase lúcida que dijo en un debate, por creer que si se vota por Z en vez de X, llueven más billetes, etcétera. Decenas de miles de personas votan a favor del partido X, por miedo a que si gana el partido Z, lxs yanquis se lleven el Cable TV, la brea de las carreteras y el pollo de KFC.

Otras decenas de miles votan de un modo por tradición familiar o del vecindario o su iglesia. Otras porque su empleo o el empleo de alguien cercano depende mucho de quien gana a nivel nacional o municipal. Otras votan porque entienden que si gana “el otro partido” las cosas van a estar peor . . . Otras votan porque el otro partido roba más que el mío. Puede que alguien consulte con caracoles, otrxs tal vez con cupcakes. Otras personas optan por votar por una alternativa que consideran nueva, aunque un análisis de sus propuestas refleje que más que novel, es una propuesta que de tan vieja,   muchxs la han olvidado. La lista puede seguir (la candidata estudió conmigo, mis panas van a votar así, la candidata era buena dentista, la candidata fue a mi iglesia y oró por la salud de mi familia….).

El asunto es bien claro: la gente vota por muchísimas razones y a la vez hay gente que no vota -me incluyo- por diversas razones. La variedad de razones para una conducta política, no elimina la posible validez o impacto del acto.

Ahora bien, las personas que no votamos por diversas razones, damos un mensaje en común: No confiamos en que la elección produzca algo útil para nuestra vidas. No solamente es que muchxs “no creemos”. Muchxs estamos convencidxs de que las elecciones NO conducen a algo útil. La abstención -por las razones que sean- manifiesta directamente: este sistema no tiene mi respaldo.

NO votar, por la razón que sea, deja claro que NO aceptamos la versión de que votar sea un acto significativo para nuestra vida social.NO votar manifiesta sin ambigüedades:

  • “No creo que ese acto sea importante; sea útil; valga la pena”.
  • “Considero que ningunx de lxs candidatxs individuales o como agrupación hará una diferencia neta en mi vida”.

NO votar es un mensaje político tan claro o más claro que votar. Y en esta situación de Puerto Rico, NO votar es un mensaje político mucho más útil que votar.

 

 

Aquel maletín negro que me robé a media

 

 

Especial para CLARIDAD

Cerca de la mitad de la década del 80 migré de PR a los EEUU. Viví unos meses allá. Residía en Paterson, NJ, en el último nivel de una exigua casa de tres, con mis dos hermanas mayores Mery y Maritza (Rip) ubicada en la Main St. El techo del piso era triangular y en los laterales de su interior había que moverse agachado para evitar chocar la cabeza con la techumbre. Entre otras labores realizadas vinculadas al oficio de la costura, en poco tiempo me gané un puesto como estichador en la primera línea de una factoría de alta producción de coats de cuero liviano, ubicada en la Calle 34, entre la 8va y la 7ma avenidas de Manhhattan. Mis relaciones con la tela, el hilo y la aguja las había iniciado a los 12 años. Antes de ingresar al mundo del periodismo y a la docencia secundaria y universitaria era lo único que sabía hacer y de lo que había vivido, primero en RD y luego en PR.

La factoría abría a las 7:30 am. La guagua que iba a NY desde Paterson hacía parada casi al frente de donde vivíamos. Llegaba a tiempo o unos minutos tarde a la fábrica porque el autobús hacía su parada final al salir del Lincoln Turner, en Grand Central Terminal, de la 8va avenida con la calle 42. La factoría cerraba a las 4:30 pm. A la ida y a la vuelta siempre procuraba sentarme al fondo de la guagua para dormir o leer tranquilo. Siempre he tendido al retraimiento sin ser antisocial o misántropo. Muchas veces al regreso, por lo común después de las 7:00 pm., me quedaba dormido y me bajaba cuando la guagua llegaba a su destino final en Broadway Bus Terminal de Paterson, donde estaba ubicada la pequeña estación de autobuses de ese pueblito ya para entonces en decadencia.

Un viernes de otoño al regreso de NY –ya bastante oscuro– me percaté que habíamos llegado a Paterson porque el chofer me ordenó desde allá al frente que bajara, que era la parada final. Me había quedado dormido una vez más. Cuando me puse de pie e iba a dirigirme hacia la salida que estaba cerca del chofer; en la primera línea de asientos inmediatos a donde me había sentado había un maletín negro muy grueso y elegante en el espacio que daba a la ventana. Se le olvidó a alguien. Lo tomé. Era pesadísimo y estaba muy lustrado. Parecía un maletín costoso. Apenas lo podía sostener en la mano izquierda. Lucía de un ejecutivo.

En segundos mi cerebro tuvo que decidir si entregarlo o quedármelo. El solitario camino hacia el frente me parecía kilométrico. Yo era el último pasajero dentro. La distancia no era suficiente para pensarlo mucho. Me lo robé pensando en un martillo para romperlo. Cuando bajaba del autobús pensé que en cualquier momento escucharía la voz del chofer llamándome. Respiré cuando puse pies en tierra. Di unos pasos y escuché el silbido hidráulico que emiten las puertas de guaguas cuando cierran: exhalé lo que se había quedado en mis pulmones de la respiración de desahogo de hacía segundos.

Antes de dirigirme a la calle que debía tomar para llegar al apartamento de techo triangular donde había que moverse jorobado tenía que cruzar por el frente de la oficina del terminal de bus. En automático entré a la oficinita, me acerqué a la ventanilla de venta de boletos y le entregué el maletín al empleado. Le dije que se le había olvidado a alguien que vino en la guagua que acababa de regresar desde New York. Cuando lo tomó abrió los ojos y me dijo que pesaba mucho. Asentí, dije buenas noches y salí…

Esa noche no le compartí nada a mis hermanas que estaban viendo TV cuando llegué. Antes de dormirme hice algunas especulaciones sobre lo que pudo haber dentro del maletín: dinero, armas de fuego, droga o papeles, entre otras conjeturas. Al otro día, en la noche, se lo conté a un primo segundo con poco freno en la lengua que era como mi hermano mayor y me dijo: “tu sí que eres estúpido, dique robar a medias. Tú no sabe, buen pariguayo, que ese maletín estaba lleno de dinero y te lo mandó Dios para que dejara to’ eta’ maldita vaina. Tu no sabe, ¡coño!, que en Manhattan es que están los banqueros de este país. Uté nació marcao por el pendejismo primo, siempre será un pendejo…” Unas semanas después compré un boleto aéreo y regresé a Puerto Rico. Aquí me he ido quedando y asimilándome como un doble. Aquí nacieron mis dos hijas e hijo y aquí he cultivado grandes amigos y amigas… No es ficción ni intento. Me sucedió.

En las noches de esta semana que he estado examinando notas amarillentas y borrosas de décadas chamuscadas, escritas en papeles cualquiera y en retazos de tela blanca de hacer bolsillos y forrar pretinas, me he topado con mi viejo maletín marca Samsonite que compré en la tienda Woolworth de Plaza Las Américas cuando era maestro en la escuela pública Emilio E. Huyke, en Puerto Nuevo, ya clausurada por la crisis. Por asociación emergió de mi memoria aquel maletín encontrado, robado efímeramente y devuelto sin saber lo que guardaba dentro. Desde el momento en que me lo llevé hasta que lo devolví no pudieron haber transcurrido más de dos minutos. De niño yo había tomado clases de catecismo y no sé si en algún lugar del inconsciente se me había quedado estacionado o flotando el mandamiento “no robarás”. Una vida a los veinte y tantos años ya ha amontonado innumerables archivos e influencias (malas y buenas) inconscientemente. Estoy seguro de que en aquel momento no me vino nada a la mente del precepto cristiano.

Treinta y tantos largos años después sí me han surgido algunos entresijos e interrogantes: ¿Por qué no titubeé en llevarme el maletín y unos pasos más adelante devolverlo? ¿Qué moral y/o ética flotadas en mi cerebro me punzaron a llevármelo y a no entregarlo a ese chofer de un físico intimidante y solo pensar en un martillo para violar su encierro? ¿Qué otra pulsión me empujó a restituirlo en la boletería de la oficina? No lo sé. ¿Fue acaso pariguayismo como dijera mi querido primo deslenguado? ¿Tenía razón al tirarme en la cara que siempre sería un pendejo? Posiblemente. ¿Qué rotaciones habría tomado mi vida si lo que aseguró del dinero era cierto? Tampoco lo sabré nunca.

 

El autor es escritor, periodista y profesor de literatura.

Hablando de partidos “principales” y “mayoritarios”

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

¿Cuántas veces usted ha leído o escuchado en los medios de prensa las siguientes frases: “partidos principales”, “partidos mayoritarios” y “candidatos con posibilidades de triunfo”? Tal vez sean miles las ocasiones que, en medio de una campaña electoral, cada boricua se tope con una de esas frases para referirse a los partidos Popular Democrático y Nuevo Progresista.

La primera acepción que aparece en el diccionario de la RAE, define con justeza la enorme carga preferencial de la palabra “principal”. Se trata de algo “que tiene el primer lugar en estimación o importancia y antepone y prefiere a otras”. El vocablo es, como vemos, un instrumento de valoración. Quiéralo o no el periodista que usa la frase para referirse al PNP o al PPD, con ella trasmite un juicio valorativo muy favorable. Le está diciendo a su audiencia que esos partidos son los más “importantes”, en contraposición a los otros que no lo son.

Otra acepción que nos da el diccionario para la palabra “principal” dramatiza aún más su carga propagandística. Se trata de algo “esencial o fundamental, por oposición a accesorio”, enfatizando con bastardillas el antónimo. Por tanto, cuando el medio de prensa utiliza el vocablo para referirse al PNP y al PPD, no sólo nos dice que esos partidos son “esenciales” en la política puertorriqueña, sino también que los otros que compiten en el proceso electoral son “accesorios”. El valor de esos otros participantes es insignificante. (“Lo accesorio siempre sigue a lo principal”, reza una norma muy antigua del derecho de propiedades.)

El fin, el mensaje que nos trasmite la frase que con suma frecuencia vemos en la prensa – no sólo en artículos de opinión sino en noticias de cada día – es que los partidos que compiten junto al PNP y el PPD son actores de tercera clase, meros rellenos en una contienda que de antemano se sabe definida. Esa predestinación se trasmite también en la otra frase que también vemos con frecuencia en los medios de prensa: “partidos mayoritarios”. La definición da por sentado, desde mucho antes del día de las elecciones, que uno de esos partidos ganará la contienda.

Lo curioso es que en la última elección general celebrada en Puerto Rico uno de esos partidos de “mayoría”, el PPD, obtuvo el 38 por ciento de los votos. ¿Mayoría con respecto a qué? Tal vez se refieren a que, en el sistema político puertorriqueño, donde no existe una segunda vuelta electoral que obligue al ganador a obtener más del 50 por ciento de los votos, la llamada “mayoría relativa” es suficiente para certificar al victorioso. Pero esa realidad que impone la legislación lo que produce es que un partido efectivamente minoritario pueda asumir el control del gobierno. El PNP ha estado gobernando la colonia puertorriqueña desde 2016 a pesar de que el 58% de los electores lo rechazaron en las urnas. Ha sido en todo momento un partido de minoría gobernando sobre una mayoría que prefería otras opciones.

Esas frases del bipartidismo tienen sus variantes, tal vez para no ser cacofónico. El otro día un periodista de El Nuevo Día se refería a Pedro Pierluisi y Carlos Delgado como “candidatos con posibilidades”. Es decir, los demás candidatos no cuentan ni siquiera en el rango de lo posible, que de ordinario es amplio. Como decía la definición de la RAE antes citada, los demás contendientes para la gobernación son meros accesorios, simples adornos de la campaña electoral.

Los que utilizan con frecuencia esas frases dirán que se basan en realidades históricas, que desde 1968 un candidato del PNP o del PPD ha ganado la contienda para la gobernación. Pues si es así, si debemos seguir a pie juntilla las realidades históricas, otras dos frases serían muy válidas para referirnos al PPD o al PNP.

Por ejemplo, podrían decir que son los “partidos de la quiebra”. Es una realidad histórica que las políticas administrativas implantadas por esos dos partidos durante sus alternancias en el poder (junto a las limitaciones típicas de toda sociedad colonial) fueron las que llevaron a que en se nos declarara oficialmente en quiebra en 2016. Como consecuencia de esa declaración, el imperio controlador nos impuso una junta cuyas políticas de austeridad provocan desempleo y emigración. Los dos partidos, esos que definen como “mayoritarios” y “principales”, se acusan uno a otro como culpables de la debacle, pero no hay duda alguna de que ambos lo son. Sería aceptable entonces que, en lugar de ponerle los apellidos que los ayudan a perpetuarse, cuando se refieran a ellos los llamen “partidos de la quiebra”.

Otro nombre igual de apropiado, también refrendado por la historia de los últimos cincuenta años, sería “partidos de la corrupción”. Todos los casos de expolio del dinero público que se han descubierto desde 1968 para acá se relacionan con un legislador o administrador del PNP o el PPD. Reconozco que, como les gusta decir a defensores de esos dos partidos, hay gradaciones. Igual como se puede decir que uno es más “mayoritario” que el otro, también el nivel de corrupción varía. Por eso es tan común escuchar frases tales como “el tuyo es más corrupto que el mío”. Pero lo que esa misma frase defensiva confirma es que, igual como ambos pueden llamarse “partidos de la quiebra”, también es correcto identificarlos como “partidos de la corrupción.”

Invito, pues, a los periodistas de El Nuevo Día y de las emisoras de televisión a que, si dada la experiencia histórica creen correcto hablar de “partidos mayoritarios”, alternen la frase con otras dos también refrendadas por ese mismo pasado. Apoyados en la historia también pueden referirse al PPD y al PNP como los partidos de la quiebra y la corrupción.

En eso sí han sido siempre los “principales”.

Ante la violencia machista, un Estado de Emergencia con perspectiva transfeminista

 

 

Especial para En Rojo

Negra, académica y malcriá

En días recientes, debido al aumento de desapariciones de niña, jóvenes y mujeres y ante el aumento en feminicidios en el archipiélago, ha vuelto a sonar con más fuerza la exigencia de declarar un estado de emergencia ante la violencia machista. Aunque las razones para declarar un estado de emergencia son obvias, la gobernadora, por ignorancia o por mala fe, parece no entender la urgencia. Escribo este texto porque existe una propuesta desarrollada por organizaciones feministas en el archipiélago (propuesta) donde sumariamente explican porqué es necesario y cómo funcionaría un estado de emergencia[1]. La implementación de un estado de emergencia no es nuevo, tenemos como ejemplo el caso de Uruguay (estado de emergencia Uruguay) que en el 2019 declaró un estado de emergencia. Asimismo, existen protocolos como el Modelo Latinoamericano para atender violencia machista (manual). Lo que me llamó la atención de esta propuesta es el uso de un lenguaje que crea una homogeneidad de experiencia que sabemos no existe. Además, obvia la complejidad de múltiple opresión por expresión de género, raza y clase. Omitir estas diferencias tiene implicaciones como por ejemplo poco apoyo a la exigencia de un estado de emergencia por ciertos sectores pues no parecen ser incluidos en la narrativa. La intención de este texto es que se consigne una nueva propuesta desde una perspectiva transfeminista, una propuesta que no reproduzca discursos homogeneizadores.

La propuesta de un estado de emergencia no puede hacer eco de una sociedad que niega la existencia y experiencia de la persona trans y género-diversas en cada oportunidad que tenga. Esa propuesta debe considerar todxs lxs sujetxs políticxs cuyas cuerpas experimentan la opresión y misoginia del patriarcado. Debemos pensar en una propuesta que no profetice la cosmovisión de las mujeres cis sino que procure proteger y atender tanto la transfobia y el sexismo abordando las desigualdades económicas, sociales y políticas. De esto trata el transfeminismo como nos explica la académica Claudia S. Garriga López: “[el transfeminismo es] una forma de feminismo interseccional fundada en el entendimiento de que el sexismo y la transfobia son sistemas de opresión entrelazados y que se refuerzan mutuamente”[2].  De esta manera, esta declaración de estado de emergencia exige un acercamiento que tengan en cuenta las realidades múltiples que atravesamos como suejtxs politicxs. Sería incoherente la exclusión de las personas de experiencia trans y y género-diversas de esta propuesta de “estado de emergencia”; pues son elles que conocen mejor que nadie la intolerancia del patriarcado y la violencia machista ya que sus cuerpas no cumplen con el imaginario social de lo que debemos ser.

En las única cinco líneas, que no es suficiente, en la propuesta que hacen mención de  las mujeres trans se presenta el argumento que “Al momento, no existe manera de documentar estas experiencias pues no se registran adecuadamente en las estadísticas”. A pesar de no haber un registro oficial de los transfeminicidios, las comunidades trans tienen su registro y denuncian el alza de estos constantemente. Estos son los nombres de mujeres trans asesinadas entre 1993 a 2020, recopilados por una persona de experiencia trans en Twitter:

Nancy Barriera Rodríguez

Luli

López Mercado

Ashley Santiago

Angie González Oquendo

Crespo Molina

Michele González García

‘La Flaca’ Soto González

Karlota Gómez Peña

Malena Suarez

*sin identificación, Juncos*

Neulisa Alexa

Yampi Méndez Arrocho

Serena Angelique Velázquez

Penélope Díaz Ramírez

Layla Peláez

 

Hablar de un estado de emergencia sin considerar sus registros, sus denuncias, sus reclamos y sus necesidades es invisibilizarles. Una perspectiva transfeminista nos permite nombrar los contrastes según el cuerpo que se violenta y de esta manera atender y proponer conforme a cada situación, pero necesitan ser nombradxs en esa propuesta. Leo a mis afectos y a sus allegadxs en las redes, muchxs de ellxs, de experiencia trans y género-diversas, expresando el temor que siente, no solo que se les invalide como sujetx políticx, sino que también temen por su integridad física.

El transfeminismo, como estipulado en el manifiesto transfeminista “hace notar el hecho de que las mujeres trans [personas trans], como otros grupos de mujeres que sufren de múltiples opresiones, son particularmente vulnerables a la violencia […]”[3]. Es sabido que la violencia machista embiste sistemáticamente la dignidad y la integridad de personas con una identidad y expresión de género no normativa. Prueba de esto es que a un día de llorar y manifestarnos por el asesinato de Rosimar Rodríguez Gómez, nos despertamos con la noticia del asesinato de Michelle Ramos Vargas, mujer trans, pero la rabia e indignación fue diferente.

 

Existen otros aspectos considerados en el transfeminismo que no he visto en las conversaciones y/o discusiones en las redes, excepto por personas de experiencia trans y género-diversas y tampoco aparece en la propuesta; estos son la raza, la diversidad funcional de las personas y la clase social. La violencia machista es una expresión de la desigualdad que implica no solo el patriarcado sino también el sistema capitalista y el racismo estructural. Solamente recordemos el caso de Neulisa Alexa, mujer trans negra, deambulante y de diversidad funcional asesinada en enero de este año.  El enfoque transfeminista es más congruente con la complejidad del problema pues ayuda a la visibilización y análisis de las experiencias marginadas y excluidas de las definiciones hegemónicas cuando usamos por ejemplo conceptos como violencia de género. El género como perspectiva presenta limitaciones pues su acercamiento metódico se basa en un solo aspecto de desigualdad.  Así mismo, hablar de violencia de género fortalece el binario mujeres-víctimas/hombres-victimario estandarizando así un solo paradigma de violencia y sabemos que la violencia machista se reproduce en diversos espacios y por diversos sujetxs políticxs.   Es de decir, hablar de violencia de género no cuestiona ni reflexiona sobre la diversidad de las personas agredidas ni la de lxs agresorxs y el transfeminismo nos permite esto.

Reconociendo que las organizaciones feministas del archipiélago como Colectiva Feminista en Construcción, el Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico, Coordinadora Paz para la Mujer, Proyecto Matria y Taller Salud han hecho un arduo trabajo en visibilizar y denunciar, es tiempo ya de replantear nuevas cosmovisiones a las prácticas y a la acción política. Tal vez es momento para acercarse a corillas como Trans Tanamá, Espicy Nipples o La Sombrilla Cuir para avanzar la exigencia del estado de emergencia.

 

 

[1]Entre las organizaciones y grupos nombrados en la propuesta están la Colectiva Feminista en Construcción, el Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico, Coordinadora Paz para la Mujer, Proyecto Matria y Taller Salud

 

[2]Traducción mía. Garriga-López, Claudia Sofía. “Transfeminism.” Global Encyclopedia of Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, and Queer (LGBTQ) History. https://www.academia.edu/38181511/Transfeminism.

 

[3]“Manifiesto Transfeminista por Emi Koyama | OTD Chile,” May 8, 2020. https://otdchile.org/manifiesto-transfeminista-por-emi-koyama/.