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Río Piedras murió

Por Néstor Segundo

Rio Piedras murió, dijo.

Ese comentario no me habría causado ninguna 

emoción si hubiese sido dicho por alguien vivo. 

Pero lo decía un fantasma. Estaba allí. Junto a mí.

En la librería servían café. 

Era un placer sentarse allí a leer o a completar el crucigrama de algún viejo periódico. 

Yo nunca leía el periódico del día. 

Prefería leer noticias viejas para no tener que preocuparme por el futuro.

A veces, aquel fantasma llegaba. Se sentaba junto a mí y sacaba su pañuelo para secarse el sudor de la frente. Sí, este fantasma sudaba. Respiraba. Bebía café.  

Esa mañana había llovido un poco. Con el pañuelo, secó la punta de sus zapatos. 

Luego, cruzó las piernas; quedó quieto y callado largo rato.

Sebastián, el fantasma, estaba triste por Río Piedras. 

Lo veía tan desolado, tan sucio y gris; que sentía una pena más dolida desde la muerte. 

Él sabía que los hombres mueren y pueden ser felices tras la muerte. 

Pero las ciudades, cuando mueren; son olvido, laberinto y soledad.

Repitió la frase aquella: Río Piedras murió.

Se levantó de la silla y dijo que se iba. Que no regresaría jamás .

Nunca más lo volví a ver. No se tomó el café.

Hostos luchador: un curso de educación popular sobre el Hostos activista y sus luchas

 

¿Por qué Hostos? ¿De dónde surge la idea del curso? ¿Realmente hace falta un curso sobre Hostos?

OJH: La idea del curso surge como parte del empeño de nuestra Comisión Nacional Conmemoración Hostos 180 (CNCH180) en difundir la obra de Hostos. Es importante que esa obra llegue a todos los sectores de la comunidad, en particular a quienes están comprometidos con el cambio social y político en nuestros país. Es un trabajo que comenzamos hace un año y medio y que quiere aportar a nuestra descolonización y a crear un espacio de discusión crítica de modo que podamos contribuir a pensar la crisis en que estamos sumidos y cómo salir de esta. Entendemos que promover la lectura y la discusión de Hostos, que ha sido ninguneado por los regímenes coloniales en distintas épocas y de distintas maneras, y por una cantidad de funcionarios, súbditos de la ignorancia y del coloniaje, que esa es una manera de ayudar a abrir un espacio de discusión crítica sobre la colonialidad. Lo que proponemos estudiar en el curso es la trayectoria de Hostos como luchador, activista y revolucionario, y los proyectos en los que se vio inmerso. Y utilizaremos una base documental y contextual que sirva para objetivar los planteamientos y que nos permita una reflexión crítica. El curso propone lo que Hostos llamaba la “lectura razonada”, que no es otra cosa que el pensamiento crítico con los elementos contextuales necesarios para comprender sus ideas, discutir el resultado de sus proyectos, proponer explicaciones sobre por qué fracasaron algunos y sobre la extraordinaria vigencia que tienen otros. 

RMG: La imagen más difundida de Hostos es la del educador en los niveles primarios y desvinculada de forma directa de las luchas a las cuales dedicó su vida y obra. Se dice, pero no se le da el completo significado que asignaba Hostos al proceso educativo, que era educar la razón para que los estudiantes desarrollaran conciencia crítica. Era todo un proyecto revolucionario a través de la educación. Esa imagen también dista mucho del Hostos que hizo tarea educativa con obreros y campesinos en la República Dominicana hacia el final de su vida y cuando se percató de que su reforma educativa era constantemente anulada con los abruptos cambios políticos que se sucedían allí. Con la fundación de la Liga de Patriotas en Puerto Rico hizo otro tanto, pues era más que nada un proyecto educativo y descolonizador. Entiendo que este es el Hostos que queremos proyectar.

¿Qué objetivos persigue el curso?

OJH: El curso se inserta dentro de lo que se conoce como “educación popular”, o lo que el educador Ángel Villarini llama “educación emancipadora”. El quehacer educativo del Maestro Hostos es parte de esa tradición, que es todavía innovadora (valga la paradoja). Desde la década de 1880, Hostos promovió no solo la educación formal en Santo Domingo, mediante las escuelas normales que fundó y el Instituto Profesional, que fue la universidad en el hermano país en esos momentos, y que Hostos ayudó a reactivar después de un extenso período de anarquía. Desarrolló también otras iniciativas que pertenecen a lo que ahora llamamos “educación popular”: estableció una escuela nocturna para obreros y un kindergarten. Por otra parte, esas instancias libertarias se conocen poco y hay que considerarlas tanto como parte de la historia de la educación de nuestros países, como de las luchas por mejorar la condición de nuestros pueblos. La historia colonizada nos habla de “un Hostos educador”, pero de un modo descontextualizado y casi sin discutir las problemáticas en las que estuvo inmerso. Una visión más compleja sería más cercana de la verdad histórica. 

Hostos fue un luchador que obtuvo importantes logros en el campo de la educación y estos fueron el resultado de nuevas maneras de pensar y hacer, en términos pedagógicos, que generaron conflictos. Buscaba una educación objetiva, laica (no sectaria) y basada en la ciencia. Antes de cumplir una década de su publicación en Inglaterra, Hostos había leído El origen de las especies, de Darwin, en traducción al francés por la científico Madame Royer, a quien daba mucho crédito. Empleó una pedagogía que fue descubriendo nuevos recursos y enfoques: el educando como centro del proceso, la integración curricular, el uso de globos y manipulables en la educación primaria, la observación natural, la “lectura razonada”, el método concéntrico”, que es una ampliación del conocimiento sobre unas bases asociativas graduales y referidas a la experiencia. Su pedagogía integra los aspectos emocionales, estéticos y físicos. Su currículo incluía el canto y el entrenamiento militar. En fin, se trataba realmente de una educación integral. Entonces el ilustre mayagüezano fue un educacionista (como se decía en aquel entonces) muy al día. Pero sus gestiones produjeron verdaderas batallas: educativas y políticas. Ese es el enfoque del profesor dominicano Santiago Castro Ventura en sus dos libros: Hostos en el perímetro dominicano (2003) y Hostos: Revolucionario sin fronteras (2003), que son trabajos que merecen mayor difusión y discusión.

Para resumir, el curso pretende replantear la noción institucionalizada de un “Hostos educador” a secas de que comúnmente se habla, con exclusión de intencionalidad y circunstancias, pues esa es una distorsión histórica, una frase que efectúa y simultáneamente esconde su carácter de construcción colonial, puesto que el otro Hostos, el no-educador, el investigador, el forjador de opinión pública, el luchador, no aparece vinculado al educador ni se le estudia como tal. Hostos, sin duda, fue un gran educador-activista, que trató de influir en las esferas políticas, educativas e intelectuales para mejorar las condiciones de nuestros pueblos antillanos y para promover los derechos: de la mujer, de los negros, de los trabajadores, de los ciudadanos… Fue un educador-luchador (de eso saben mucho nuestras maestras y maestros) y el curso quiere comenzar proponiendo esa rectificación.

RMG: Desde hace ya bastante tiempo he estado trabajando lo de la conexión entre el pensamiento/praxis de Hostos con el de Pablo Freire, así como las tangencias entre Hostos y el pensador italiano Antonio Gramsci. Podríamos hablar de dos posibles senderos para abordar la educación popular en este curso sobre “Hostos luchador”: Primero, la Educación Popular como paradigma que prioriza la concientización vinculada inevitablemente a la acción transformadora. Freire, cuando entró a definir lo que era concientización, trabajó esa relación indispensable que puede servir de marco para vincular a la Educación Popular con Hostos. Es educación para la transformación, “para la práctica de la libertad” (Freire) o para la creación de “intelectuales orgánicos”

(Gramsci). Saca la educación de lo estrictamente académico y la vincula a lo político. Ángel Villarini muy acertadamente le llama educación liberadora y podría vincularse a las luchas políticas, sindicales, estudiantiles, comunitarias, etc. Segundo, la Educación Popular como metodología en el proceso educativo. Claro, lo de popular viene porque lo de Freire era trabajar con adultos pobres, marginados, comenzando con la alfabetización para llegar a la concientización y a la acción. Esto llevó a que originalmente se le considerara como “educación de adultos”. Como son adultos que ya tienen unas experiencias y unos aprendizajes, no puede ser educación como la de los niños (peda-gogía) sino una donde los “intelectuales orgánicos en formación” aprendan por sí mismos y en colectivo, por lo que el método debe ser participativo y activo por parte de los educandos en un “diálogo de saberes”. Esto encaja perfectamente con Hostos (aunque diera muchas conferencias, punto a discutir) tanto en su fase de educación con niños como más tarde con adultos y, particularmente, con obreros y campesinos.

¿Se puede hablar de una práctica hostosiana? ¿En qué sentido? ¿Tiene alguna relevancia?

OJH: Podemos pensar en una práctica hostosiana como la adopción de una ética basada en la ciencia (el conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la sociedad), en una moral que equipara el derecho a la justicia, y en el trabajo consciente que se realiza a partir de esa ética que promueve la responsabilidad para con la sociedad, la naturaleza y nosotros mismos, como seres racionales. Hostos es el gran precursor latinoamericano de los derechos humanos, pero no piensa la libertad exclusivamente en términos individuales. Como fue un pensador del derecho libertario, promueve ambos: los derechos individuales y los nacionales. Sienta los fundamentos de los derechos humanos e incluso va más allá al intuir la necesidad de proteger a los animales del maltrato y de la violencia generada por los seres humanos. De modo que hay en su ética un elemento casi franciscano, por su amabilidad hacia los animales, cuya protección es hoy parte de los valores de las sociedades civilizadas. Hay también en su pensamiento una previsora conciencia ecológica, que promueve el respeto y la conservación de la naturaleza. Fue lector del científico escocés-estadounidense John Muir, que fundó el Sierra Club y fue uno de los pioneros científicos-activistas en pro de la conservación natural.

RMG: Sería un error separar el pensamiento hostosiano de la práctica que realizó toda su vida. Quizás porque escribió mucho se podría pensar que fue básicamente un escritor o filósofo desvinculado de una práctica activa. Sus textos no eran únicamente exposiciones teóricas sino para su uso en los cursos que impartía, particularmente en los campos del derecho, de la sociología y de la moral. Algunos son la recopilación de apuntes que sus alumnos hacían de sus clases. Otros son cartas cursadas en el fragor de sus luchas con sus correligionarios. Su objetivo final fue siempre la transformación social, fuera en la forma de la lucha por las independencias de Cuba y Puerto Rico o en la lucha por la justicia social con obreros y campesinos. Fundó escuelas, institutos, asociaciones, periódicos y desarrolló proyectos, como La Liga de Patriotas y la Comisión a Washington, como parte de una práctica hostosiana de naturaleza autogestionaria, no partidista y de búsqueda de acuerdos. Hostos no fue solamente un precursor de una práctica de educación popular sino también de movimientos de sociedad civil, cooperativistas y comunitarios. Con mucha razón la estudiosa argentina hostosiana, Adriana Arpini, quien recientemente nos visitara, le llamó “un hacedor de libertad”, y pongo énfasis en lo de hacedor porque implica precisamente el desarrollo de una práctica libertaria.

¿Hay contribuciones teóricas de Hostos al concepto de descolonización?

OJH: En sus escritos encontramos propuestas teóricas de gran actualidad sobre cómo descolonizar nuestro país. Al crear la Liga de Patriotas Puertorriqueños, Hostos propone la autogestión como elemento fundamental para desarrollar y descolonizar a nuestro pueblo. El eje era el Instituto Municipal que debía tener cada municipalidad de la Madre Isla. Y ese Instituto debía operar escuelas gratis para jóvenes y niños, un kindergarten (con el que ya había experimentado en Santo Domingo como una iniciativa particular), una escuela nocturna para obreros, conferencias dominicales, que eran una especie de educación continuada, y un periódico, que podría servir de entrenamiento y como medio de información y producción del conocimiento. Todo esto desde la municipalidad. Ese era un proyecto de educación comunitaria. Y era una propuesta educativa descentralizada, como proponía también Hostos para la administración pública. Está presente en estas propuestas de descentralización la influencia de un cierto anarquismo. Además, si miramos bien el concepto de las organizaciones no gubernamentales (ONG), vemos que la Liga de Patriotas Puertorriqueños tiene una estructura y propósitos que se corresponden con los que hoy se asocian a las ONGs. En el servicio a las comunidades y en el mutualismo hay una cercanía al concepto de la solidaridad. Se afirmaba, se ejercía y se promovía, además, el derecho a la educación. Y esos institutos debían estar fuera de la influencia malhechora y malsana del partidismo político. Eso, de por sí, plantea una pregunta importante: ¿podemos descolonizar nuestro país a través de los partidos políticos? En aquel momento Hostos pensó que no. Nuestra experiencia histórica le ha dado la razón. Eso no quiere decir que la historia haya terminado. Pero a su manera de ver, el factor que prima es la iniciativa ciudadana, y hacer la gestión a partir de y desde el ámbito municipal, al revés de lo que han intentado nuestros partidos y movimientos independentistas. Se trataba —como él mismo decía— de “hacer política al revés”.

Entonces esos dos conceptos, autogestión y participación ciudadana, son elementos claves en el pensamiento hostosiano de la última horneada. Su actualidad es evidente porque abonan al empoderamiento y a la soberanía: individual, comunitaria, hasta llegar a la nacional. Un buen ejemplo de esto sería —desde luego— Casa Pueblo, y a este se suman tantos otros proyectos comunitarios que han surgido para atender las necesidades locales de nuestra gente.

 

RMG: Ciertamente, como afirma Orlando, una aportación importante de Hostos a un proyecto descolonizador es su propuesta de que el país se tornara económicamente viable como país independiente y esto a través del desarrollo autogestionario. Y es una propuesta abarcadora porque, como vemos, también incluye la educación y la participación ciudadana. En nuestro país, ya hay muchas iniciativas de autogestión en el nivel comunitario pero no es todavía una estrategia integral. Eso falta por hacerse y Hostos podría ser el inspirador de ese movimiento. También hay que decir, por supuesto, hay otras aportaciones a la descolonización desde el campo del derecho.

¿Qué intentó hacer Hostos cuando regresó a Puerto Rico en el 1898? ¿Qué elementos se pueden rescatar de esa experiencia histórica?

OJH: Necesitamos salirnos de la “hagiografía hostosiana” para estudiar los logros y los fracasos de don Eugenio. Como todo pensador, como todo revolucionario, Hostos tuvo aciertos y equivocaciones. El curso sobre Hostos propone estudiar las equivocaciones y los fracasos como temas de análisis; no los evita. Cuando Hostos regresó a la Madre-Isla, en septiembre del 98, a pesar de haber estado ausente durante 30 años y a pesar de que su quehacer era poco conocido, gozaba de un prestigio impresionante. Docenas de personas le escribieron expresándole su interés y su apoyo, incluyendo el presidente del gremio de los barberos que quería que intercediera en una disputa, y los trabajadores de Ponce, que por su prestigio le dieron su aval para representarlos en la Comisión a Washington. A sus esfuerzos, que buscaban la transformación modernizadora y anti-clasista, le faltó una estructura organizativa que no pudo desarrollar. Con su prédica anti-partidista situó su proyecto de la Liga de Patriotas en una posición vulnerable. Los emergentes partidos políticos bajo el nuevo régimen —refritos de los anteriores— lo percibieron como una fuerza antagónica y crearon una campaña en su contra.

RMG: Creo ciertamente que la gran contribución de Hostos al regresar a Puerto Rico en 1898 fue intentar aprovechar la coyuntura de la invasión norteamericana para poner en marcha un proceso para el rescate de la soberanía del país. Por eso la creación de la Liga de Patriotas y la Comisión a Washington. Había dos frentes con los cuales lidiar. El primero era la división entre los puertorriqueños tanto aquí como en Nueva York entre facciones separatistas y anexionistas. El segundo era la intención del gobierno de Washington de retener a Puerto Rico como una posesión. Las propuestas hostosianas fueron la Comisión a Washington y la Liga de Patriotas. Proponía celebrar un plebiscito luego de un periodo de gobierno temporal y un proceso educativo. Ambas iniciativas partían de una postura basada en procesos no partidistas y de búsqueda de consensos. Las iniciativas no tuvieron éxito y la situación sigue sin resolver, por lo que las propuestas de Hostos siguen vigentes y esperamos que puedan constituir un faro que ilumine nuevas propuestas para viejos problemas.

¿Cuál es la propuesta de la 

Comisión Nacional Conmemoración Hostos 180?

OJH: Fundamos la CNCH180 hace poco más de año y medio, gracias a la gentileza de la amiga hostosiana Monserrate (Ate) Matos, directora del Museo Defilló, de Mayagüez, que nos brindó allí un espacio durante la Campechada de abril 2018, para que los estudiosos hostosianos discutiéramos qué hacer de cara a la crisis que confronta nuestro pueblo. Esta asociación tiene varios propósitos. El principal en estos momentos es difundir el pensamiento hostosiano: que nuestra gente, de todas las profesiones y clases sociales, conozca las propuestas de Hostos y sus logros, no solo como educador, sino también como activista, promotor de los derechos de la mujer y de los obreros, abolicionista anti-racista y luchador anticolonial. Hostos es el intelectual de mayor reconocimiento en nuestra historia: escribe sobre Shakespeare, sobre la necesidad de reformas penales, sobre la ciencia, escribe varias novelas y diarios, publica diversos tratados: jurídico, de sociología, ética, filosofía, sobre pedagogía y sobre geografía; su labor periodística (apenas estudiada) es inmensa; denuncia la opresión de los marginados; es autor de cuentos y obras de teatro para niños… y no se estudia en prácticamente ninguna institución de este país, Es importante que nuestros intelectuales y nuestros luchadores conozcan la pertinencia del pensamiento hostosiano, porque no es solo que sus logros sean motivo de orgullo para nuestro país, sino que además su pensamiento anti-colonial—que promueve la educación descolonizadora y la autogestión—es de una absoluta actualidad y pertinencia, una de las claves sobre cómo responder a la crisis. 

Como una iniciativa de la CNCH180, estamos realizando una serie de 15 programas radiales: Hostos desde nuestro tiempo, que pueden escucharse por Radio San Juan (internet), de acceso libre y para que las emisoras de radio en cualquier lugar del mundo puedan transmitir esos programas sin costo alguno, pues son de interés público. Son entrevistas y discusiones con especialistas de las diversas disciplinas a las que aportó el insigne mayagüezano, y con artistas que nos hablan sobre cuál fue el proceso creativo cuando hicieron obra sobre los escritos o el quehacer de Hostos. Se puede acceder a esos programas en la siguiente dirección del internet: https://soundcloud.com/radiosanjuan/sets/proyecto-hostosiano. 

En un momento próximo quisiéramos hacer una edición impresa y otra electrónica de esos programas para que sirvan de lectura en la educación de niños, niñas y jóvenes en las escuelas. Estamos tratando de democratizar y difundir el pensamiento hostosiano. Porque además a nuestro pueblo le compete conocer la labor de los que han luchado por sus derechos. Y Hostos —aun con sus equivocaciones— fue un verdadero gigante en los múltiples y diversos empeños y saberes que inició y cultivó. En el curso exploraremos con Hostos dos planteamientos paralelos: primero, la historia de nuestras luchas nos ayuda no solo a entender mejor nuestro país, sino también a prepararnos para las luchas que confrontamos; segundo: no hemos sabido utilizar el gran potencial que nos ofrece la educación popular. Los dos elementos deberían andar juntos. En eso estamos.

Miguel Ángel Náter Archipiélago de sombras o El Libro de lo Oscuro

Por Mercedes López Baralt/Especial para En Rojo 

Hoy celebro un nuevo poemario de Miguel Ángel Náter, Archipiélago de sombras, que forma parte de una serie de cinco títulos publicados en marzo de este mismo año de 2019; los cuatro restantes son: Caronte, Narciso digital, Paréntesis y En fuego Orfeo, de los que se hablará esta noche. La encomienda es un honor y a la vez un deleite, pero debo confesar que esta vez se me ha convertido en una montaña por escalar. No por el libro, sino por el magnífico estudio preliminar de Aníbal Salazar Anglada, que es difícil de superar. Para vadear este río, comienzo tomando prestado el siguiente párrafo, que aunque es concluyente del prólogo de Salazar Anglada, quiero hacerlo inaugural en mi presentación. Aquí va:

Tras atravesar, poema a poema, este Archipiélago de sombras, y hallar y perder una y otra vez El Libro de lo Oscuro, deshojado, incendiado, uno tiene la sensación –¿la tentación?– de haber pasado una larga temporada en otro lugar, en otro tiempo. Los ecos clasicistas retumban en nuestro interior, nos recuerdan que aún es posible la belleza, incluso para revestir los peores momentos. Náter logra, en este libro, lo que sólo logra la buena poesía: hacernos perder el tiempo, el sentido. El lector, náufrago de sí mismo, es un ausente del mundo, siquiera temporalmente. Al cabo, no somos sino náufragos en busca de sentido, escrutadores en el horizonte de significantes sin significado. “Se prepara el mundo / para el fin de los tiempos. Se acaban las palabras”, sentencia el poema último. ¿Estamos condenados a la nada, al vacío? ¿Hay vida sin poesía? ¿Puede un verso redimir al hombre? En una débil concesión a la esperanza, el poeta nos avisa: “Náufragos… / pero el poema vuelve/a rescatarnos”.

Sálvese quien lea.

Con estas palabras –prosa de auténtica poesía– tomo fuerza para seguir adelante. Y comienzo no con los versos del poeta, sino con sus señas de identidad, que reverberan en su poesía, preñadas de augurios estéticos. Primero su nombre, Miguel Ángel. Tal parece que se lo otorgara él mismo, bautizándose con el nombre del autor de su escultura más amada: el David que se enseñorea en la Academia de Florencia. Y que forma parte del nombre del correo electrónico de nuestro autor, que comienza así: “altar David”. La devoción a Eros y a la belleza está servida, pues ambos son elementos indispensables de sus señas de identidad. Y vale advertir que David entra en el poemario, cuando el poeta dice: “se oscurece El David en mi camino”. Acaba de nombrar, con las indispensables mayúsculas, el oscuro objeto del deseo como arquetipo estético universal. Al mismo tiempo, también el poeta se convierte en su David, cuando le dice a su amado: “Te espero en las palabras, / en los versos; […] volviéndome de pronto blanca estatua”. Por si ello fuera poco, el nombre Miguel Ángel también tiene su solera bíblica. El mismo Náter lo dice en este verso: “Mi nombre es un arcángel tocando la trompeta”. Pero el poeta subvierte a su homónimo: el arcángel San Miguel es el enemigo acérrimo de Lucifer, y el poemario que nos ocupa es —y cito sus versos— “una lenta / caída / de bruces al infierno”. Caída que nos lleva al nombre Ángel. Pues la luz oscura de la poesía de Náter nos revela a su autor como ángel caído en un paraíso de sombras. 

El apellido Náter no figura en el poemario, pero ya que estoy en vena onomástica, debo ofrecer dos posibilidades etimológicas, porque aunque no vienen al caso, contienen unos datos que me hacen sonreír. Porque parecen referirse al libro que nos ocupa y a nuestro autor. La primera afirma que el apellido figura en el siglo XIII en la escolta del rey Fernando el Santo, quien en Andalucía poseía nada menos que el Reino de Niebla. Díganme si este nombre, Reino de niebla, no podría ser un título alterno del Archipiélago de sombras. Ya en 1644 los Náter se dedican al cultivo de la caña de azúcar en las Antillas, y no es difícil imaginar que de ahí viene la cepa de Morovis, que engendró a nuestro autor. La otra posibilidad alude a una variante del apellido, esta vez semítica: Nader. Y su origen etimológico se bifurca en dos voces árabes. Una significa “único, extraño, raro”, y la otra, “opuesto”. ¡Bingo! Etimologías cuyo inesperado y oportuno humor abona a la noción de “sincronicidad” junguiana: casualidades no causales, sino significativas. Porque estamos ante un libro “raro” y un autor “opuesto”. Cosa que comprobaremos enseguida.

Y comienzo por la “rareza” del libro. Sin pestañear, su mismo autor lo llama “libro extraño” y “poesía críptica”. Los adjetivos “raro” o “extraño” hoy se suelen entender como negativos, pero me atengo a las definiciones de la Real Academia de la Lengua de la voz “raro”: “inhabitual”, “extraordinario”, “escaso en su clase o especie”, “singular”  e “insigne”. De manera que la rareza es un piropo, no cabe duda. Y la de este hermoso libro es el resultado de los elementos que lo constituyen, positivos para el verdadero amante de la alta poesía. Estos son el hermetismo, con aires gongorinos y metáforas insólitas, vanguardistas; el gusto por el latinismo; el deleite en las piedras y metales de la joyería preciosista; la veneración del azur como emblema de la poesía y la intertextualidad hiperbólica, fundamentada en el canon (la mitología del mundo clásico, Dante, el romanticismo con su obsesión por el Ángel caído y el decadentismo del simbolismo francés) y también enfocada en la literatura contemporánea: recordemos que el espléndido título del libro se lo debe Náter a Luis Rafael Sánchez. Otro elemento que abona a la “rareza” del libro que nos ocupa es la metaliterariedad, pues se trata de poesía que va explicando de a poco el andamiaje de su construcción. Todo ello nos lleva irreversiblemente a un autor “opuesto” a otros tantos que cuentan de manera literal sus biografías amorosas, pues Náter no va a complacer al lector pasivo, que espera que la literatura se le explique o que sea unívoca, lo que equivale a simple o mala. Y nada de “happy endings”, pues nuestro autor abunda en desolaciones y subversiones: naufragio, erotismo, satanismo, homosexualidad, muerte,  suicidio…

Detengámonos ahora en el hermetismo. En su atinado prólogo, Salazar Anglada reconoce, en clave poética, que al lector “no le queda otra que deambular, a tientas, por un bosque de significados ciegos”. Náter lo sabe. Y reconoce la supuesta derrota del lector de dos maneras. En la alegoría de la búsqueda del cofre que contiene El Libro de lo Oscuro, llave para entrar en las entrañas del libro que estamos leyendo, y en sus propios versos:

Al borde de las olas silenciosas

o al borde de las sirtes consternadas

estremecida sombra

rescata misteriosamente de las aguas

El Libro de lo Oscuro, todavía

como una profecía indescifrada,

el cofre de madera resguardado

y escrito con la tinta de las almas 

caídas, como el ángel temerario

a su eterna crisálida.

… pero la vista pronto se detiene 

porque la letra mata

cada vez que lee en cada verso la lenta 

sensación de la desgracia.

¡Cada vez que se lee, el verso tiembla

en la página negra,

su tinta de amatista conjurada

y en la mente perdida del que lee

se pierden para siempre las palabras.

El poeta ha citado una oportuna frase de la “Elegía de un madrigal” de Antonio Machado: “la letra mata”. De ahí la “supuesta” derrota del lector. Que deambula anonadado por el bosque verbal de Náter. Bosque en el que nos perdemos, y que a la vez nos arrastra. Pues su fronda de imágenes insólitas, aglutinadas en grupos, poderosas y sorprendentes, embriagan al lector, sumergiéndolo en un sopor de neblina. Cito tan solo, y al azar, un puñado: “¡Oh sol despedazado, música sin fuerzas”, “música viral de Paganini”, “fuego frío”, “música acerada”, “oscuros alabastros”, “piano en celo”, “rubia pregunta”… y el hermoso verso que dice: “La lluvia se suicida entre los pinos”. Ello evoca la lista maravillosa de sintagmas de Neruda en el noveno canto de Alturas de Machu Picchu, que comienza: “Águila sideral, viña de bruma”. / Bastión perdido, cimitarra ciega. / Cinturón estrellado, pan solemne. / Escala torrencial, párpado inmenso”. El torrente de imágenes de la poesía de Náter se torna en un mantra que nos lleva a un estado de ensoñación, aquél que los parasicólogos nombran alpha. Náter lo explica de otra manera, insistiendo en el poder de la imaginación, que borra la realidad y la recrea, y sobreponiendo la belleza a la razón:  

La estrofa que se borra en la carencia,

letra ausente,

verso mudo,

pájaro de piedra,

se reescribe el vuelo,

se vuelve a renacer la hiedra,

se asuela la ciudad prohibida

y el Arte se desnuda de la Idea.

El libro comienza con reverberaciones de “Las letanías de Satán” de Baudelaire, en las que en el infierno de luz negra habita el Árbol de la sabiduría, como un nuevo templo. Árbol que Náter convierte en la azul magnolia de la poesía, guardada como tesoro en El Libro de lo oscuro, otro templo del paraíso invertido. El lector queda convidado a entrar en él de la mano del poeta. Por cierto, la computadora asoma en el mismo umbral del poemario, como flor posmoderna del averno, que abona a la metaliterariedad del texto, que va auscultando su propio proceso de creación de inicio a fin. He querido aludir al poema que inaugura el libro, porque en él se inicia la intertextualidad feroz de Náter, o para decirlo en palabras de Carpentier, “la selva de libros” que habita su poesía. Y que abona a su “rareza”. Pues no solo de trata de Baudelaire, sino de Cervantes (el manuscrito encontrado del Quijote aquí se trueca en el cofre sacado del fondo del mar, que contiene El Libro de lo oscuro). También se trata de la mitología. Como muestra de un torbellino de mitos, baste un botón: la caja de Pandora. Cuando Prometeo roba el fuego a Zeus, el dios del Olimpo, este lo castiga enviando a la tierra un ánfora (que no fue precisamente una caja) en manos de la bella Pandora. La tentación de abrirla abrió las puertas a todos los males del mundo: dolor, maldad, vejez, tristeza y enfermedades. Además del desamor. Todo ello lo encontraremos en el poemario. Pero el hilo conductor que nos permite leer poema a poema como un collar de perlas es, como bien lo dice Salazar Anglada, “un deseo carnal, furtivo, secreto, prohibido, irrefrenable, lascivo, blasfemo, provocador y demandante”. Y desde luego, homosexual. Aquí, Narciso reina.

Y es que el libro que celebramos hoy valida la aguda sentencia de Carlos Bousoño: “la capacidad que un poeta tenga para influir en la posteridad suele estar en proporción directa con la cantidad de tradición que su obra, desde su novedad, salva”. Dicho esto, y para cerrar con broche de oro, quisiera leerles mi poema favorito. Se trata nada menos que la reformulación de una novela y a la vez de una película que preside, con La Strada de Fellini, mi hit parade fílmico: Muerte en Venecia, de Thomas Mann, que hoy también es de Visconti. Desde luego, y era de esperar, el poema está dedicado al más rubio de los efebos: Bjorn Andresen, el Tadzio por excelencia. Aquí va:

¡Cómo suena el perfume en tu mirada.

Oro de tu pelo.

Jazmines de tu piel de nácar.

Archipiélago de perlas, a tus pies

mágica sonata-

Siroco. Lido enfermo.

Senil ángel de humo. Verde playa.

Todo se entristece. Todo gime.

Todo se remuerde. Los violines callan.

El mar trae en sus alas olas de cenizas.

Anida en las arenas una lápida blanca.

Todo se sumerge. Todo es fuego

en una sensación de calma,

presagio de la muerte, piano en celo,

poema sin palabras.

Mi cuerpo se proscribe en el espejo.

La lenta sinfonía de Mahler me distancia

como si en los canales se meciera

la barca de Caronte embarnizada.

Olvido el equipaje,

las gaviotas graznan

un verso que diluye en el paisaje

su cadencia de ámbar.

Se mueren los recuerdos,

se mueren las fragancias,

  se mueren los conciertos,

      se mueren las plegarias.

Se muere en todos ellos y se muere en tu alma…

¡Huérfanos se quedan la amatista

y el zafiro y el sol de la esmeralda.

El viento sopla muerte,

pero Tú estás aquí,

rubia pregunta, esfinge enamorada,

en la playa esculpido

        y frente a mi ventana.

Enhorabuena, Miguel Ángel, por la alquimia mágica que trueca el dolor en belleza. Y que nos salva, por unos preciados instantes, de chapotear en el pantano del presente: Junta Federal, tuits de Trump, huracanes en acecho, soberanía inexistente, legislatura engordando a cabilderos, amenazas de recortes a pensiones, y nuestra amada Universidad de Puerto Rico, la institución más importante que hemos creado como nación, empobrecida porque el gobierno no la reconoce como bien esencial para nuestro país. Presente que a su vez ha dado amagos de un despertar nacional, que esperamos no confirme el refrán que dice: una golondrina no hace verano. Sin olvidar que el arte es la última frontera. Tu libro, como todo lo que sea creación artística, es una apuesta al futuro. Y al final vuelve a sorprendernos, al terminar con una nota inesperada de esperanza: “la Poesía canta”. No tengo otra que decir: ¡AMÉN!

 

Breves antes de los Oscares-1

Por María Cristina/En Rojo

Diciembre y enero son excelentes meses en Puerto Rico para ver filmes que, por no ser taquilleros, nunca llegaron a nuestras salas de cine. Ahora gracias a las nominaciones, premiaciones o buzz llegan, aunque a veces solamente se queden una semana y con pocas tandas la segunda. Incluyo en esta 1era parte uno que no recibió la atención que merece (Little Women), otro que resplandece por sus actoras (Bombshell) y el último independiente que dice tanto de lo que sigue sucediendo en nuestra sociedad tan competitiva para las mujeres (The Assistant).  

Little Women

Directora y guionista: Greta Gerwig; autora: Louisa May Alcott; cinematógrafo: Yorick Le Saux; elenco: Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Laura Dern, Timothée Chalamat, Tracy Letts, Bob Odenkirk, James Norton, Louis Garrel, Jayne Houdyshell, Chris Cooper, Meryl Streep. 

Confieso, que a pesar de haber tenido excelentes maestros de inglés en la escuela elemental y superior, nunca nos asignaron Little Women de Louisa May Alcott y una vez que me interesé en Charles Dickens, William Faulkner, Jane Austen, Emily y Charlotte Brontë, olvidé retomar esa lectura tan popular. La única adaptación fílmica que he visto es la de 1994 (con una maravillosa Susan Sarandon como la madre, una enérgica Winona Ryder como Jo y un tierno Gabriel Byrne como el profesor de filosofía que conoce en Nueva York) y eso fue en cable hace tan solo par de semanas. Pero al momento que se anuncia el binario Gerwig/Ronan, además de Chalamat, sé que esta nueva adaptación va a traer otro concepto de lo ya conocido. Y eso es precisamente lo que sucedió: Little Women es una historia de cómo se llega a ser escritora y consigue publicar su propio cuento—y no lo que vende y no deja huella—como mujer. Jo March tiene la total seguridad que su destino es ser una escritora y por eso cada vez que aparece en escena está leyendo o escribiendo, ya sea adaptaciones de obras de teatro, pensamientos muy personales, historias breves para entretener a su familia, versiones de cuentos populares que puede vender fácilmente y, como meta final, la novela de su vida.

Como la mayor parte de los críticos han señalado, Gerwig puede tener a Jo como narradora, pero le da el espacio necesario para que cada hermana desarrolle su personaje ya sea sola en escena o interactuando. Cada hermana establece su meta en la vida, aún entendiendo que ser mujer en la 2nda mitad del siglo 19, es una lucha por encontrar su voz y su propia felicidad. Por supuesto, lo que está grabado en cada una es que la aspiración de una mujer es casarse y formar su propia familia. Jo sabe que eso significa no poder ser escritora porque para serlo tiene que estar en el espacio público. Meg cree en el amor y puede seguir soñando con ser una actora aunque solamente lo sea con sus hijxs. Amy está más cerca a las protagonistas de Jane Austen, para quien el amor tiene que estar acompañado por una seguridad económica. Y los hombres se entrelazan en las vidas de estas mujeres y son transformados en el camino. 

Todas las actuaciones son de primera y no es culpa de Saoirse Ronan que su mirada atrae de tal manera que todo a su alrededor se vuelve borroso, excepto cuando aparece en el escenario con Timothée Chalamat, quien comparte esa misma ternura. La escena más conmovedora y hermosa del filme es precisamente cuando confiesan sus sentimientos sin poder rendirse al amor que comparten.   

Bombshell

Director: Jay Roach; autor: Charles Randolph; cinematógrafo: Barry Ackroyd; elenco: Charlize Theron, Nicole Kidman, Margot Robbie, John Lithgow, Allison Janney, Malcolm McDowell, Kate McKinnon, Connie Britton, Liv Hewson. 

Aunque el ojo de este filme es el de las mujeres que trabajaron en Fox News, la serie de cable “The Loudest Voice” con la figura de Roger Ailes, es sin duda más abarcadora porque tiene más espacio para desarrollar su narrativa (6 capítulos) e incluye a los personajes que este poderoso hombre impactó con su estilo agresivo, amenazante, peligroso e, irónicamente, persuasivo. En este filme, Ailes ya es el hombre más poderoso de Fox News, por encima de los Murdochs, los dueños de la empresa, y su caída nos parece algo demasiado rápida. Sin tener información de lo sucedido a través de los años, me parece que es difícil entender la dinámica que se da entre las tres mujeres que en ningún momento se apoyan o protegen ya que cada una quiere ser la seleccionada para ser mujeres anclas o tener más exposición televisiva.

Carlson, Kelly y Pospisil, que interpretan tres edades, existen para representar lo que es la mujer modelo para la teleaudiencia de Fox. Carlson ya necesita demasiado maquillaje para verse joven y una manera de sacarla es degradarla al darle su propio programa en horas muertas. Kelly está en su punto culminante para otorgarle tiempo indefinido en programas ‘peak hours’, pero nunca un espacio como los de Sean Hannity o Bill O’Reilly. Todas estas decisiones las toma Ailes a base de las imágenes que quiere proyectar y la intimidad que estén dispuestas a darle. Kayla Pospisil es la creación del autor y director para ser el ojo crítico que mueve la acción desde dentro del centro de trabajo. Ella es la jovencita que viene de una comunidad que cree que Fox es la única fuente de información confiable y su gran sueño es poder ser una Carlson o Kelly algún día. También es la más vulnerable, aunque a fin de cuentas, también es la que puede dar la vuelta porque no tiene nada que perder.

El ritmo del filme hace que los espectadores se adentren en la estructura de producir los noticiarios televisivos y las tres mujeres rubias que deben verse como clones—tal y como lo exige el imaginario de Ailes—tienen su ámbito para diferenciarse en el espacio privado y cada una lo hace excelentemente (Theron, Kidman y Robbie han sido nominadas a los Globes, SAG y Oscars) y, muy a pesar mío, se vuelven personas aceptables. Lo digo como negativo porque tanto Megyn Kelly como Gretchen Carlson sabían muy bien lo que pretendía Fox News: mentir, fabricar verdades, presentarse como Barbies, apoyar, ya fuera con declaraciones o silencios, los ataques a los derechos de las mujeres que ellas, obviamente, no representaban. 

The Assistant

Directora y guionista: Kitty Green; cinematógrafo: Michael Latham; elenco: Julia Garner, Mathew Macfadyen, Makenzie Leigh, Kristine Froseth, Jon Orsini, Noah Robbins. 

Este filme independiente es el diario vivir de una joven que se desempeña como asistente en una casa productora de cine y TV. Ha estudiado su campo y acaba de conseguir este empleo al que dedica casi 15 horas diarias. Le seguimos los pasos desde que llega a las oficinas donde se encarga que todo esté en su sitio para cuando empiece a llegar el resto de los empleados y, por supuesto, su jefe. Su trabajo es casi mecánico y abarca de todo: recoge y limpia lo que el equipo de mantenimiento no hizo, hace café, busca almuerzo, selecciona los documentos para el día, hace copias y las distribuye, hace citas, coordina visitas, viajes, servicio de choferes, contacta y les recuerda a sus superiores sus entrevistas o cambios de planes, hace llamadas y atiende a los que otros en la oficina evaden. Y aunque nunca vemos a su jefe, sabemos que todos le temen, aunque hagan bromas y chismeen en su ausencia. Pero lo que no está en su agenda, y lo que la hace sentirse muy incómoda, es el tener que mentir y hacer arreglos para las jóvenes que quieren ser exitosas en este negocio. Esos arreglos son reservar habitaciones en hoteles, no tocar a la puerta de su oficina por tiempo largo, mentirle a la esposa del jefe y hasta buscarle algo que hacer a alguna chica que cree que acostándose con un tipo a la “Harvey Weinstein” tiene una oportunidad de entrar a este círculo tan cerrado. Jane, por ahora, está exenta de este “juego” porque, como le dice el director de recursos humanos, ella no es su tipo.

 Este es el 1er largometraje de ficción de la australiana Kitty Green y su experiencia en documentales y su admiración por el trabajo de la directora belga Chantal Akerman establecen el estilo pausado y de espacios interiores controlados que determina cómo se cuenta esta historia. La mirada de la joven Julia Garner, a quien conocimos y nos deslumbró en la excelente serie de NetFlix, “Ozark”, se convierte en la nuestra para así compartir la inseguridad de Jane, quien es la recién llegada, la que no puede chistar porque muy probablemente pierda esta oportunidad de trabajo, quien tiene que aceptar y no ofenderse cuando recibe @mails de su jefe insultándola y quien no recibe ningún apoyo de sus “compañeros” de trabajo. Jane es el centro del filme y todos los otros personajes son voces, @mails, intercambio de frases y nada más. Es como estar solo en un desierto donde tiene que sobrevivir para que le den acceso al oasis.

Enero en la historia

 

27 de enero de 1945

El Ejército Rojo libera el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia

Tropas soviéticas liberan el horror del campo nazi de concentración de Auschwitz (Polonia). El espectáculo que se encuentran es dantesco y supera cualquier cosa, hasta entonces, imaginable. Para más de un millón y medio de seres humanos, el noventa por ciento de ellos de origen judío, Auschwitz fue la última etapa de un calvario indecible. Sólo sobreviven 7,500 personas de ese millón y medio, 600 de ellas menores, que en el día de hoy recuperan su libertad tras sobrevivir a la horripilante pesadilla de los campos de concentración nazis, donde han sido asesinados seis millones de judíos como parte de la “Solución Final” planeada por el megalómano Adolf Hitler.

27 de enero 2020

Miles viviendo en carpas tras terremotos

Alcaldesa de Ponce, María Eloísa Meléndez Altieri, “Mayita”, declara y reitera: “A las personas les encanta vivir en las carpas, les encanta”, en referencia a personas refugiadas tras los terremotos de enero.

28 de enero de 1853

Nace José Martí, poeta y revolucionario

José Julián Martí Pérez nació en la calle Paula No. 41, La Habana, el 28 de enero de 1853. Tras una carrera destacadísima como escritor y periodista, en 1895 integra y dirige el Partido Revolucionario Cubano, que comandó la guerra de independencia de Cuba.

El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como “Manifiesto de Montecristi”, programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa.

Murió el 19 de mayo de 1895, por disparos de tropa española.

28 de enero de 1869

Nace Virgilio Davila

Nació en Toa Baja, se dedicó a la poesía, al magisterio, al comercio y a la agricultura. Hizo el bachillerato en el Instituto Civil de Segunda Enseñanza, en 1855. Fue alcalde de Bayamón por varios años. Sobre todo, fue un gran poeta. Su poesía representa lo jíbaro, lo costumbrista en la literatura puertorriqueña. Escribió poemas tales como: “Patria”, “Viviendo y amando”, “Aromas del terruño”, Pueblito de antes” y “Un libro para mis nietos”.

Murió en Bayamón, el 22 de agosto de 1943.

30 de enero de 1841

La ciudad de Mayagüez es destruida por un incendio

Mayagüez: Hace 177 años, un voraz incendio destruyó gran parte de lo que hasta entonces era la “Villa de Mayagüez”, en lo que popularmente la historia conoce como “El Fuego Grande”. Para esa época, según apuntes históricos, Mayagüez tenía unas 700 casas y edificios, de los que menos del 10 por ciento no fueron pasto de las llamas. Un total de 40 casas quedó en pie y apenas la mitad de estas 40, estaba habitable. El fuego comenzó al mediodía del 30 de enero y el fuerte viento hizo que las llamas se propagaran rápidamente”.

31 de enero de 1908

Nace Atahualpa Yupanqui

Atahualpa Yupanqui (en quechua, el que viene de lejanas tierras para decir algo), es el seudónimo de Héctor Roberto Chavero Haram, nacido en Pergamino, 31 de enero de 1908 y muerto en Francia, el 23 de mayo de 1992. Fue cantautor, guitarrista, poeta y escritor. Se le considera el más importante músico argentino de folclore.

31 de enero de 2019

Escuela es rescatada por la comunidad

Gracias a las luchas surgidas contra la política del gobierno de cerrar unas 400 escuelas en Puerto Rico, el Departamento de Educación entregó las llaves de la escuela que habían cerrado Lorencita Ramírez de Arellano de Toa Baja al grupo Al Rescate de mi escuela.

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