Inicio Blog Página 1274

CLARIDADES:Esta semana en la historia

Nace Agustín Stahl

Combinación de humanista y científico. Nace en Aguadilla, Puerto Rico de ascendencia alemana, estudió en las universidades de Würzburg y Praga, de donde se graduó con el título de doctor en medicina. De regreso a Puerto Rico en 1864, se estableció en Bayamón, donde pronto adquirió reputación de erudito.

Sus investigaciones sobre las enfermedades de la caña de azúcar le ganaron reconocimiento en las Antillas españolas y se destacó como el experto más importante de flora y fauna en Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX. Publicó sobre las especies botánicas y animales de la isla, que culminó en el Estudio para la Flora de Puerto Rico de cinco volúmenes publicado entre 1883 y 1888.

Incursionó en el campo de la arqueología. Su libro sobre los indios puertorriqueños, Los Indios Borinqueños (1889), lo convirtió en pionero en el estudio del rico patrimonio indio de la isla, que luchó por preservar.

Stahl también fue innovador en el estudio de la historia local al enfatizar el valor de los récords y archivos locales en sus dos libros sobre los pueblos de Bayamón y Aguadilla (1910). Actualmente se le considera precursor de la tendencia hacia la microhistoria. 

22 de enero de 1922

Nace Sylvia Rexach

Está considerada una de las más destacadas y exquisitas compositoras de música popular. Sylvia Rexach, nació en Santurce, en enero de 1922. Compositora y cantante. Desde los 14 años empezó a componer canciones. Sus canciones se destacan por su romanticismo y melancolía. Destacan: “Olas y arena”, “Nave sin rumbo”, “Alma adentro”, “Anochecer”, Idilio” y “Había una vez”. Está considerada una de las más exquiisitas compositoras de música popular. Formó la agrupación vocal “Las Damiselas”, compuesta solamente por mujeres, y con la que recorrió toda la Isla.

Murió a los 38 años, el 20 de octubre de 1961.

24 de enero de 1874

Nace Arturo Alfonso Schomburg

Nació en en San Juan, Puerto Rico, su madre fue María Josefa, una negra nacida libre de la isla de Santa Cruz y su padre, Carlos Federico Schomburg, un comerciante de ascendencia alemana.

Mientras asistía a la escuela primaria, un profesor le afirmó que los negros no tenían antecedentes, ni héroes ni menos logros. Esto lo inspiró para probarle al profesor lo contrario, Schomburg determinó que iba a encontrar y documentar los logros de los africanos en su propio continente y en la diáspora, incluidos los afro-latinos, tales como José Campeche , y más tarde los afro-estadounidenses.

Schomburg emigró a Nueva York, 17 de abril de 1891 y se estableció en el Harlem. Continuó sus estudios para desenredar el hilo de la historia de África en el tejido de las Américas.

Después de experimentar la discriminación racial en los EE.UU., comenzó a llamarse a sí mismo “Afroborinqueño”, Se convirtió en un miembro del “Comité Revolucionario de Puerto Rico” y tomó un papel activo abogando por la independencia de Puerto Rico y de Cuba.

El natalicio de Arturo Alfonso Schomburg se celebra en todos los Estados Unidos y en África del Sur, es considerado universalmente como el Padre de la Historia de la Raza Negra en el Mundo. El presidente Nelson Mandela nombró en Sudáfrica una avenida en su nombre. Se le compara con figuras como Gandhi… Y no se les dice a los estudiantes puertorriqueños quién era.

25 de enero de 1985

Ataque militar a la corte federal yanki de San Juan por los Macheteros

A las 10:15 P.M., un comando del Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños (Los Macheteros) disparó un cohete M-72 contra las oficinas de los alguaciles en el edificio del gobierno yanki del Viejo San Juan, no atinando el tiro por un metro e impactando la pared externa del baño del cuarto piso. El tubo propulsor del cohete anti-tanque fue hallado en el cuarto piso del estacionamiento público al cruzar la calle del edificio federal.

Fuente principal, del muro: facebook.com/dariow.ortizseda

Ausente el Gobierno

Por Cándida Cotto / Claridad

ccotto@claridadpuertorico.com

“En el Colegio estamos dispuestos a colaborar en muchas cosas, pero nosotros no somos una plataforma que pueda asumir los servicios sociales que requiere el país”. La advertencia proviene de la presidenta del Colegio de Profesionales de Trabajo Social (CPTS), doctora Mabel López Ortiz, ante el pobre desempeño de las agencias de gobierno responsables de atender la emergencia y los consecuentes desastres provocados por la actividad sísmica que vive la zona sur del país. 

López Ortiz confirmó a CLARIDAD que las primeras entidades de gobierno que le solicitaron ayuda al Colegio fueron el Departamento de la Familia (DF) y la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (AMSCA). Además recibieron solicitudes de ayuda de diversas organizaciones no gubernamentales, organizaciones emergentes y juntes de gente.

“En AMSCA hay una realidad: tenía una serie de recursos de trabajo social para trabajar en las comunidades, que eran con fondos federales, y terminaron. En diciembre estaban prácticamente sin recursos a la comunidad”. Además de la solicitud al CPTS, AMSCA solicitó la ayuda de la Asociación de Sicólogos, de universidades y de los hospitales que atienden la salud mental, los cuales todos son privados, observó.

“En ese sentido, el Colegio de Trabajadores quiso apoyar el Estado en ese trabajo, partiendo de la premisa que nosotros como organización tenemos un doble compromiso con nuestros colegiados y colegiadas y con la ciudadanía, particularmente en el contexto de la mirada de los derechos humanos y el derecho a esa atención”.

Como respuesta a la solicitud de AMSCA, un equipo de colegiados visitó el refugio levantado en el parque de Guayanilla, tras los sismos del siete de enero. La brigada de trabajadores sociales estuvo acompañada por personal de la Clínica de Asistencia Legal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico (CAL-UPR) y por miembros del Colegio de Arquitectos. López Ortiz, describió que en su visita a Guayanilla pudo observar que las comunidades, en particular la Barriada Quebradas, tienen sus refugios orgánicos, emergentes, “como le queramos poner”, donde los vecinos se han juntado en espacios abiertos, y una persona o los líderes comunitarios son los que dieron el primer acompañamiento y atendieron a las familias. Agregó que encontraron mucho miedo y muchos indicadores de tensión en las familias.

En particular, la trabajadora social señaló que si bien la niñez es una población que está vulnerable, en los campamentos observó que los adolescentes estaban mucho más inquietos, lo que dejó ver que no se les está dando atención. Afirmó que el Colegio estaba trabajando un esfuerzo más formal para atender el asunto de la salud mental. López Ortiz señaló que en las comunidades encontraron, más que nada, adultos mayores que necesitan asistencia.

Una experiencia similar tuvieron en su visita al refugio en la Pista Atlética de Peñuelas. La visita a este refugio fue coordinada mediante colegas de ese pueblo. “Llevamos materiales y artículos de primera necesidad. Fuimos con el Programa de la Península de Cantera y llevamos juegos para niños. Otro equipo trabajó con los adultos, entre los que había mucha tristeza y ansiedad. 

El otro fenómeno que observó es que los afectados reconocían cuándo ya tenían suficientes provisiones y les pedían que las entregaran a otras comunidades. También destacó que la asistencia médica que tenían los campamentos es una menor; no para asuntos complicados ni para condiciones especiales, como gente con tanques de oxígeno.

La presidenta del CPTS reveló que en una tarea más que le correspondería al Estado, en esta semana estarían apoyando a un grupo de comunidades en recoger datos sobre el asunto de la vivienda. “Entendemos que a este junte de compañeros de comunidad les preocupa que se está hablando de planes de mover a la gente, pero sin consultarle. Su idea es recoger datos para elevar las voces de las personas afectadas”.López Ortiz confirmó que el DF carece de los recursos de trabajo social y que aun cuando recientemente hubo una convocatoria para reclutamiento esta no se dio debido a que “lamentable las condiciones de trabajo no son las mejores, aunque ahora hubo un aumento para los trabajadores sociales”. Tanto el DF como AMSCA requieren de trabajadores sociales. 

“En el Colegio estamos dispuestos a colaborar en muchas cosas, pero nosotros no somos una plataforma que pueda asumir los servicios sociales que requiere el país. Nosotros podemos y de hecho levantamos un banco de voluntarias y voluntarios. Estamos poniendo todas estas peticiones e identificando a gente que vaya y colabore. Pero no somos la organización llamada a darle servicios directos a la gente. Aquí la exigencia al Estado debe ser que se abra un reclutamiento a su necesidad material en este momento: de salud mental, de trabajadores sociales, de sicólogos”.

La trabajadora social censuró que bajo el contexto de la crisis económica-fiscal y de la Junta de Control Fiscal los servicios sociales no se hayan declarado un servicio esencial. “La gente va a necesitar un plan a mediano y a largo plazo. Inmediatamente, la gente necesita una respuesta y un acompañamiento que del trabajo social puede dar, pero no hay recursos”, afirmó

Miedo a perder sus viviendas

Mientras, la licenciada María Hernández, quien participó de la visita, narró que el temor más grande que le expresaron los afectados es el estado de sus viviendas y el mito de tener que presentar documentación para poder probar que son dueños de sus casas, como sucedió cuando el huracán. “Ese mito la gente lo está arrastrando a esta situación, por lo que tienen miedo de pedir ayuda porque algunos de ellos han construido sus viviendas en terrenos que son de sus padres, algunos fallecidos, y esa documentación legal no la tienen tan clara”.

En este aspecto, se supone que con la declaración de desastre mayor hecha por el presidente de EE. UU., aunque las personas tendrán que pasar por el proceso de FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias), ya ha habido unos acuerdos para que las personas que han perdido sus viviendas puedan solicitar y ser acreedoras de las ayudas con un mínimo de papeles sin la declaración notariada que se estaba pidiendo, solo con una declaración juramentada de la misma persona.

Hernández visitó algunas comunidades en Barrio Indio (en Guayanilla, colindante con Yauco), donde fue el epicentro del terremoto. Esta narró que conoció a una familia de cuatro miembros cuya vivienda, que estaba elevada, pudo sobrevivir en María, pero ahora con el terremoto se vino abajo. También conoció a otra persona, ya mayor, que por segunda vez perdía su casa; la primera fue con María.

Describió que entre las personas que han perdido sus viviendas existe la desesperanza de qué van hacer ahora, de cómo van a recuperar sus casas. Igualmente confirmó que la mayoría de las personas que observó en los campamentos eran personas mayores.

La profesora de la Clínica de Asistencia Legal de la UPR aclaró que los fondos CDBGR asignados para los huracanes Irma y María no se pueden utilizar en esta emergencia. En caso de que no se hubiese dado la declaración de desastre mayor habría que abogar por que se pudiera utilizar algo para ayudar a las personas que perdieron sus viviendas. “No me cabe la menor duda de que muchas de esas viviendas estaban debilitadas ya por el huracán. En algún momento hay que relacionar la debilidad de algunas estructuras con el huracán”. Más aun, confirmó que nadie le expresó disposición a dejar sus viviendas, sino a salir de Puerto Rico. “No quieren moverse del sur al norte”.

Será Otra Cosa: Terra Incógnita

Por Rima  Brusi/ Especial para En Rojo

Nunca llegué a escribir sobre el terraplanista. De hecho hasta se me había medio olvidado, así como se nos olvidan a veces los defectos propios o los muertos ajenos. Pero–seguramente por los temblores– me descubrí pensando sobre él en estos días.

Yo había subido al avión primero y, contra mi costumbre, había cerrado la ventanilla. Eran las tres y pico de un día soleado de noviembre en Nueva York, y la luz me hacía difícil ver la pantalla del kindle. El terraplanista fue de los últimos en subir: ya yo estaba, mentalmente, reclamando la mitad del espacio del asiento del medio y celebrando la inesperada comodidad, cuando escuché un “con permiso” y lo vi llegar, con su gorra roja de pelotero, su barba corta y sus espejuelos. Se sentó a mi lado, se puso los audífonos. Espatarrándose y alzando la voz, se enfrascó inmediatamente en una conversación telefónica. Ocupaba bastante espacio y hacía bastante ruido, así que me resigné a un viaje incómodo y regresé a mi lectura.

Su conversación se mezcló con otras y con carraspeos, toses y llantos de bebé hasta convertirse en parte del sonido de fondo. Pero en algún momento escuché algo como “no aceptan que la tierra es plana”. No le hubiera dado mayor importancia, excepto que me pareció ver, con el rabillo del ojo, que me había mirado, con cierta alarma, al decir “plana”.

Poco después escuché algo sobre una “curvatura” seguido por una queja que también vino acompañada de una mirada nerviosa y rápida en mi dirección: “Es que la de al lado tiene la ventana cerrada”. Sin despegar los ojos de mi libro, abrí a medias la ventanilla. Pareció sobresaltarse un poco, ocupar de pronto menos espacio. Musitó un “thank you”. Le dije “de nada”. Sonreímos ambos, de manera breve y cortés.

Atardecía. Mirando el paisaje de un sol anaranjado sobre una llanura de nubes blancas, agradecí haber complacido a mi inquieto compañero de viaje. Estaba calladito, ahora que no podía hablar por teléfono, acomodándose y reacomodándose en su asiento,  mirándome de reojo cada dos minutos. Intuí que estaba aburrido y tenía ganas de hablar. Estoy acostumbrada. Tengo una de esas caras, supongo, o de esas intersecciones de identidades (mujer, puertorriqueña, antropóloga). También soy de las personas que suele sonreír, sin proponérselo,  a los desconocidos, sobre todo si están en aprietos. Es un reflejo que me ha metido en aprietos a mí más de una vez, pero que también me ha permitido escuchar muchas historias.

“Tú me oíste, cuando dije que la tierra es plana”. Sonaba más a desafío que a pregunta. “Sí”, contesté. Hubo una pausa.

“Es que yo soy terraplanista.”

Otra pausa. “Okay. ¿Y qué quiere decir terraplanista, exactamente?” La pregunta le gustó, incluso pareció calmarlo un poco. Me explicó que él era una de las personas que piensan que la tierra es plana, no esférica.

Evité decirle que me parecía absurdo. He vivido lo suficiente como para saber que los debates de ese tipo (con rojos, azules, evangélicos, etcétera) resultan estériles. Nadie convence a nadie y todo el mundo termina molesto y exhausto.

 

Pero igual me explicó. Los terraplanistas como mi compañero de viaje (y muchos otros, incluyendo, me dijo, a la Vampy de Lajas) alegan que la tierra es plana y tiene forma de disco. ¿La ciencia? La “evidencia científica”, dicen, es falsa o, como mínimo, defectuosa e insuficiente. La gente debe confiar en lo que le dicen sus sentidos (en eso se parecen a Francis Bacon, supongo), y cada persona puede llevar a cabo sus propios experimentos, con un mínimo de equipo. Los experimentos están diseñados, según él, para demostrar que no hay tal cosa como una “curvatura de la tierra”, que, de ser la tierra, en efecto, esférica, alguien tendría que poder verla, con una cámara o telescopio suficientemente poderoso. Por cierto, añadió, les ha preguntado a varios pilotos de avión si han visto esa curvatura, y ninguno le ha podido decir que sí.

Me pareció, cuando terminó de explicarme y yo dejé de hacer preguntas sobre la lógica del terraplanismo, que estaba satisfecho consigo mismo y sus explicaciones, pero también algo aprensivo. “¿No me crees, verdad?”, dijo, después de una pausa. De nuevo, la pregunta era más bien afirmación y desafío. “Pues no creo en el terraplanismo”, admití, “pero me parece que te entendí bastante bien”.

Me había cuidado de no contradecir ni cuestionar sus planteamientos. Él, por su parte, estaba evidentemente ansioso por explicarme y dispuesto a escalar la cosa de ser necesario, pero no me estaba presionando. Entre nosotros se había instalado un pacto tácito: Su meta era contar, no convertir, y la mía era conocer, no “sacarlo de su error”.

Mi curiosidad, en cualquier caso, era menos sobre el terraplanismo y más sobre cómo vive y se siente un terraplanista. Por ahí iban mis preguntas de seguimiento, que fueron guiando una conversación que él pareció disfrutar (era un tipo extrovertido) y que me reveló cosas más interesantes e importantes que su ideología: Está desempleado y dedica sus días al arte de hacer videos (y arte sí era, me mostró varios ejemplos) en Times Square, con su teléfono. Había estado en “rehab” recientemente. Su novia lo había traicionado y andaba con el corazón roto. Regresaba a Puerto Rico huyendo del frío y la desazón, con los bolsillos vacíos (literalmente, los viró al revés frente a mí), la ilusión de un empleo y la determinación de lograr dos metas: acercarse a su hija adulta, emocional y geográficamente distante, y restablecer los derechos sobre su casa; un medio hermano, hijo de otro padre, aprovechando su ausencia, se había apoderado de ella usando la técnica (tan boricua, tan antigua) de construir y habitar un segundo piso.

“Esa casa la hizo mi papá, que en paz descanse, así que es mía. Me voy a quedar en el piso de abajo con mami, pero quiero estar ahí para que quede claro que la casa es mía”.

Escribo sobre su casa ahora, y me pregunto si estará en pie, a pesar de los temblores. Creo que sí, porque está en el noroeste, no demasiado cerca del epicentro. Me pregunto también cómo explicarán los terremotos los terraplanistas. La internet dice que algunos aceptan la idea de placas tectónicas y las ubican como parte del disco terráqueo, al que le adjudican una forma gruesa, tipo panqueque. Me pregunto si se habrá reconciliado con la hija, si habrá encontrado empleo, si tendrá algún dinero en el bolsillo.

Como las entrañas de este planeta que él imagina disco y yo esfera, mi amigo el terraplanista es un misterio de capas y placas, de profundidades que conocemos solo indirectamente, un misterio como yo, como cualquiera.

Pasamos un rato en cómodo silencio, admirando el atardecer que por alguna razón (tal vez atada a la dirección del vuelo y la redondez de la tierra) fue el más largo, y de los más bellos, que he visto en mi vida. Al comenzar el descenso, me volteé. Qué atardecer más hermoso, le dije. Asintió y me preguntó, retóricamente, con una sonrisita triunfante y traviesa:

“Pero…¿a que no viste la curvatura de la tierra?”

Mirada al País: Sobre temblores naturales y sociales

Guayanilla Foto: Gabriel Soto

Por Félix Córdova Iturregui/Especial para CLARIDAD

En su primer año, el gobierno actual de Puerto Rico tuvo que enfrentar los efectos del poderoso huracán María. Al comenzar su cuarto año se enfrenta al impacto de un fuerte terremoto y sus réplicas con una amplia destrucción de edificios y viviendas en el suroeste de Puerto Rico. Ambos desastres naturales, al comienzo y al final del cuatrienio, han ocurrido en el contexto de una crisis social de gran alcance, con múltiples ramificaciones. Sin embargo, tanto el huracán como los temblores de tierra han agudizado nuestra mirada. En ambas ocasiones hemos obtenido una nueva visibilidad del proceso social. Dos cosas se han puesto de manifiesto: la aguda vulnerabilidad de nuestra sociedad y incapacidad del gobierno de atender las necesidades más elementales.

Podríamos decir que el huracán María permitió el estreno de una nueva visibilidad de las crisis. Nos permitió ver una severa desconexión entre el gobierno y la gran mayoría de la población hundida en la precariedad y la desesperación. La falta de energía eléctrica y otras urgencias abrieron el camino de la muerte para miles de personas. No fue posible negar lo que el huracán puso al descubierto: la pobreza y la fragilidad social. No se trataba de un pobreza creada por María. No. María permitió ver el resultado de un largo proceso histórico de subordinación colonial, acentuado con fuerza en las últimas tres décadas de política neoliberal. El desastre natural destrozó los velos sociales que escondían o amortiguaban la visibilidad de la pobreza. Mientras el país quedó al desnudo, se pudo ver también el escándalo de un gobierno que se había alejado de la población. 

En el Centro de Convenciones Pedro Rosselló se reunían los representantes del gobierno, bien alimentados, con amplios recursos y comodidades, más preocupados en sacar beneficios privados de la destrucción generalizada.

Estalló el escándalo de Whitefish, mientras muchos morían por la falta de energía eléctrica.
Foto: Alina Luciano

Casi dos años más tarde se supo de otro escándalo más grandes relacionado con la AEE: el esquema de fraude de la dirección de Kobra Energy, con un contrato de $1500 millones, que incluyó altos funcionarios de FEMA de la región de Nueva York. También se llegaron a conocer otros esquemas de fraude con compañías de energía estadounidenses contratadas por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos. La bochornosa fiesta de contratos y el esplendoroso baile de la corrupción no solo tenía una nutrida participación de músicos y bailarines locales, como ha dicho Donald Trump. También hubo y hay todavía una buena participación federal.

Luego vino el escándalo de los arrestos en el Capitolio, relacionado con contratistas fantasmas. Más tarde se dio el estallido del Departamento de Hacienda, que también se había convertido en un nido de contratistas. El país oyó algo verdaderamente novedoso cuando Raúl Maldonado se refirió a la existencia de una mafia institucional en Hacienda. Desde entonces un escándalo le pisa los talones a otro: vinieron los arrestos de la ex–secretaria de Educación, Julia Keleher, de la directora de Ases, Ángela Ávila Marrero, y de destacadas figuras de BDO: su presidente Fernando Scherer y el contratista Alberto Velázquez Piñol. Era difícil pensar que la desvergüenza pudiese escalar todavía más, hasta que se dio a conocer el infame Chat con la participación del gobernador y su gabinete, incluyendo varias figuras de la empresa privada. En el Chat hubo de todo: insensibilidad, falta de respeto, lenguaje soez, hasta la burla de aquellos que ya no pueden defenderse de la injuria humana: los muertos. La podredumbre se destapó cuando los cadáveres se encontraban hacinados en el Negociado de Ciencias Forenses y decenas de familiares esperaban con angustia poder enterrar a sus seres queridos.

El país estaba ya preparado para el estallido y el estallido llegó. La movilización social arrancó al gobernador de su silla y lo echó a la basura. Entonces vino el turno fallido de Pedro Pierluisi. El cabildero de la Junta de Control Fiscal pretendió ser el gobernador. Desde entonces, a partir del gobierno de Wanda Vázquez los escándalos siguen eslabonándose. Vimos cómo el superintendente del Capitolio, José Jerón Muñiz Lasalle estuvo enlazado en una madeja de contratos con el Departamento de Recursos Naturales, provocando una investigación federal y el despido de Tania Véazquez. 

El comportamiento del gobierno a partir del Huracán María, así como los arrestos, la publicidad que obtuvo el famoso chat del gobernador, y las movilizaciones sociales que lo destituyeron, han tenido un efecto muy profundo en la sociedad puertorriqueña. Puede resumirse de la siguiente forma: una desconfianza radical de la ciudadanía con respecto al gobierno. Se trata de algo nuevo en la historia moderna de Puerto Rico. Nunca antes se había propagado por todo el tejido social una desconfianza con una dimensión tan abarcadora. Esta desconfianza es el resultado de tres factores principales: la desvinculación del gobierno con relación a las necesidades de la población, la política de austeridad y la expansión de la corrupción por todas actividades del estado. Además, treinta años de política neoliberal bipartidista han debilitado las instituciones gubernamentales haciéndolas inefectivas e inoperantes ante los desastres naturales. Si a la política neoliberal se le añaden los efectos de la JCF, lejos de resolver los problemas, lo que se ha visto es una intensificación de todos ellos.

Por consiguiente, en la respuesta social ante los temblores del suroeste se ha expresado inevitablemente una tensión entre dos tendencias difíciles de armonizar: la ineficacia de un gobierno institucionalmente debilitado y la implacable desconfianza de la población con relación a ese gobierno. Las profundas contradicciones entre ambas tendencias se manifiesta en los múltiples campamentos que han surgido en el área afectada y en la formas en que se maneja la ayuda a las familias necesitadas. Los esfuerzos de organizaciones comunitarias y sociales en la recolección de ayuda no confían en ninguna institución gubernamental para canalizar las provisiones y materiales de auxilio. 

Para empeorar esta compleja situación que entraña un caos inevitable, se ha dado a conocer este pasado fin de semana la existencia de un almacén repleto de provisiones cuya existencia se remonta al huracán María. Después de más de dos semanas de sufrimiento en el suroeste se descubre un enorme depósito de suministros, algunos ya inservibles y otros que pudieron aliviar necesidades en el desastre actual. Todos inutilizados desde el huracán María, cuando hubo muertes debido a la falta de energía y de abastos necesarios. Se repite la insensibilidad. La indignación ha obligado a la gobernadora a destituir a Carlos Acevedo, comisionado del Negociado de Manejo de Emergencias y Administración de Desastres, a Glorimar Andújar, secretaria del Departamento de la Familia, y a Fernando Gil Ensegnat, secretario del Departamento de la Vivienda. Si la desconfianza ya había alcanzado niveles inmanejables, ahora solo falta que en la imaginación del pueblo quede atada esta desvergüenza con la política que ha movilizado la insensibilidad: el neoliberalismo. Los desastres naturales, por el contrario, exigen respuestas colectivas y formas públicas de solidaridad. ¿Se acercará la hora de ajustar cuentas con la política de las privatizaciones y de la corrupción? 

Julia & Nick y el almacén que coronó el caos

Julia Keleher, primer arresto. Foto: Alina Luciano

Por Manuel de J. González /CLARIDAD

A veces se torna complicado comentar lo que ocurre en Puerto Rico porque los sucesos se encadenan con demasiada rapidez. Tan pronto se madura un tema, aparece otro que lo desplaza. El sábado 18 de enero en la mañana el tema obligado era el de Julia Keleher y Nickolas Poutry, el nuevo capítulo de la eterna corrupción, pero en la tarde apareció el almacén con suministros en Ponce y la incompetencia criminal del gobierno volvió a primer plano. Mañana, cuando se publique este artículo, tal vez estemos en medio de un nuevo capítulo que resuma los anteriores. 

El primer tema sigue siendo el de Julia & Nick porque nos obliga a recordar el colonialismo clásico, el que comenzó con el llamado “descubrimiento”. O, mejor, el que se inició en Puerto Rico después que las botas militares entraran por Guánica en 1898. El proceso de colonización siempre ha comenzado con el arcabuz o el fusil, pero una vez estos aseguraran la “pacificación” del territorio, hacen su entrada dos tipos de funcionarios. Unos, los más importantes, vienen a explotar los recursos de la nueva tierra conquistada y los otros, que antes bajaban del mismo barco, son los encargados de adoctrinar los nativos con las ventajas de la nueva civilización. Para explotar con efectividad es necesario un ambiente tranquilo y cooperador, y por eso ambos tipos de funcionarios deben complementarse en todo momento. 

Nicholas Poutry es del primer tipo. Llegó, como los buitres, detrás de la carroña, tras el apogeo de la crisis económica durante el gobierno de Luis Fortuño, atraído por la nueva ley de la colonia que les garantizaba impunidad frente a los impuestos. Venía (decía) a invertir en la economía, pero se limitó a adquirir importantes inmuebles y negocios ya establecidos a precios de remate asegurando enormes ganancias con la especulación. Así llegó a la Marina Puerto del Rey en Ceiba y al complejo Ciudadela en Santurce, cuyo desarrollador original estaba quebrado.

Luego Poultry aparece como incorporador de la aún misteriosa “Education Foundation” y así es como se vincula a la “educadora” también llegada del norte, Julia Keleher. Ella había venido – según sus propias expresiones en una charla en la Universidad de Yale – “a ser la adulta del grupo”, es decir, a educarnos. A principios del siglo XX Martin Brumbaugh desembarcó en San Juan con la misma misión e igual que Julia también provenía de Pennsylvania. 

A diferencia de Brumbaugh, Keleher no impuso el inglés como vehículo de enseñanza ni purgó el currículo del sistema educativo para ajustarlo a su misión “civilizadora” (hasta donde sabemos), sino que de inmediato quiso imitar a Poutry enriqueciéndose con rapidez. La codicia, más que su misión, la vinculó al colonizador del siglo XXI alejándola del que llegó a principios del XX.

Sobre la “Education Foundation” se conoce poco. Sabemos que fue incorporada por Poutry y por el inmigrante cubano Manuel Cidre, y que colocaba grandes sumas de dinero en el Departamento de Educación que dirigía Keleher. Sabemos que esa entidad sospechosa paga los salarios de nueve “supervisores”, casi todos también traídos de Estados Unidos, que controlan las regiones del DE. Además, según el último pliego acusatorio contra Keleher, la entidad le reembolsaba al gobierno los $250 mil anuales que le pagaba a la funcionaria. Esto último fue negado por el actual director de la agencia que hacía el pago afirmando que el récord contable no aparece el reembolso. ¿A dónde entonces iba al dinero?

Otro misterio es el origen de ese dinero que repartía de la “fundación” que, además de los emolumentos de Keleher, pagaba los nueve “supervisores” que sin ser funcionarios del DE, controlan sus operaciones regionales. Cuando se divulgó la información hace más de un año, Cidre alegó que el dinero venía de otra fundación estadounidense cuyo nombre no podían revelar.

Obviamente queda mucho por averiguar sobre la vinculación entre Poutry y Keleher. Con tanto dinero corriendo cuesta trabajo creer que el único beneficio de la última en sus traqueteos con el primero sea el alquiler de un apartamento en Ciudadela por un dólar durante seis meses. También falta por conocer sobre el verdadero propósito de la llamada fundación y el origen del dinero que gasta en el DE. Desenredar la madeja será un poco difícil porque los federales dejaron fuera del pliego acusatorio al resbaloso Poutry. La empresa de éste fue la que se benefició con el terreno de una escuela que le regaló Keleher, pero se acusó a la persona que sirvió de intermediaria, el también inmigrante cubano Ariel Gutiérrez, no al que se benefició. Su ausencia del proceso judicial hará más difícil conocer los traqueteos del gringo. 

Implosión gubernamental 

en segundos

Como los edificios enfermos que se derrumban desde adentro, el gobierno que el pasado agosto comenzó a regentear Wanda Vázquez se cayó en cuestión de segundos. Tras la revelación de que casi al lado de donde cientos de afectados por el terremoto dormían bajo el sol y la lluvia había un almacén lleno de catres y toldos, lo que quedaba en pie del gobierno de Ricardo Rosselló se derrumbó frente a los ojos indignados del pueblo. Ese derrumbe provocó aplausos, pero es incompleto. 

Frente a las noticias que dramatizan ¡una vez más! la pasmosa incompetencia gubernamental la gobernadora Vázquez actuó a la desesperada, buscando salvar antes que nada sus aspiraciones para ser electa gobernadora en propiedad el próximo noviembre. Afirmando, a modo de excusa, que ella “heredó” el gabinete que preside, dirigió la culpa del desmadre hacia tres de sus miembros – Manejo de Emergencias, Familia y Vivienda – y los despidió de un plumazo. Así espera calmar la ira de la gente mientras, de paso, sacó de su entorno a tres subalternos que no la apoyan como candidata a la gobernación. Desde hace más de un mes era un secreto a voces que varios miembros del gabinete gubernamental, entre otros la de Familia, se identifican con la candidatura de Pedro Pierluisi y que Vázquez estaba buscando la ocasión para sacarlos de sus puestos.

El problema que tiene Vázquez en su afán por ganar distancia es que pocos le creen. Nadie hereda algo de lo que forma parte. Ella fue parte fundamental del gobierno de Rosselló y estuvo directamente a cargo de todos los operativos dirigidos a encubrir su negligencia a raíz del huracán de 2017. Ahora pretende repetir la tapadera para tratar de salvarse ella misma, pero sólo consigue proyectar la imagen patética del conspirador que acusa y se esconde. 

En la noche del domingo 19 de enero las cacerolas volvieron a sonar en San Juan mientras en Ponce, donde ocurrió el destape, la gente marchaba. El verano del 19 se repite en el invierno del 20. Curiosamente, las movilizaciones de julio comenzaron tras la primera acusación por corrupción a Julia Keleher y las de enero se dan tras la segunda.