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166 aniversario del natalicio de José Martí: Los efectos de un terremoto en una crónica enviada a La Nación, de Buenos Aires

Por Silvia María Alberti Cayro/Especial para En Rojo*

 

En estos días de angustia, en que los puertorriqueños -y los nativos de todas las naciones representadas en el territorio de Puerto Rico- sufren los continuos temblores de la Tierra y sus dolorosas consecuencias, traemos a los lectores la narración y descripción y de los efectos en la primera parte de su crónica. Esta surge de la comunión de periodismo y literatura. Él vivía en New York, no viajó a Charleston y supo imprimirle a su trabajo los matices de una vivencia personal: “Decirlo es verlo“.

“El terremoto de Charleston”

New York, septiembre 10 de 1886.

Señor Director1 de La Nación2:

Un terremoto ha destrozado la ciudad de Charleston3. Ruina es hoy lo que ayer era flor, y por un lado se miraba en el agua arenosa de sus ríos, surgiendo entre ellos como un cesto de frutas, y por el otro se extendía a lo interior en pueblos lindos, rodeados de bosques de magnolias, y de naranjos y jazmines. 

Los blancos vencidos y los negros bien hallados viven allí después de la guerra en lánguida concordia: allí no se caen las hojas de los árboles; allí se mira al mar desde los colgadizos vestidos de enredaderas; allí a la boca del Atlántico se levanta casi oculto por la arena el fuerte Sumter4  en cuyos muros rebotó la bala que llamó al fin a guerra al Sur y al Norte5; allí recibieron con bondad a los viajeros infortunados de la barca Puig6.

 Las calles van derecho a los dos ríos: borda la población una alameda que se levanta sobre el agua: hay un pueblo de buques en los muelles, cargando algodón para Europa  y la India: en la calle de King se comercia; la de Meeting ostenta hoteles ricos; viven los negros parleros y apretados en un barrio populoso; y el resto de la ciudad es de residencias bellas, no fabricadas hombro a hombro como estas casas impúdicas y esclavas de las ciudades frías del Norte, sino con ese noble apartamiento que ayuda tanto a la poesía y decoro de la vida. Cada casita tiene sus rosales, y su patio en cuadro, lleno de yerba y girasoles y sus naranjos a la puerta. 

Se destacan sobre las paredes blancas las alfombras y ornamentos de colores alegres que en la mañana tienden en la baranda del colgadizo alto las negras risueñas, cubierta la cabeza con el pañuelo azul o rojo: el polvo de la derrota vela en otros lugares el color crudo del ladrillo de las moradas opulentas, se vive con valor en el alma y con luz en la mente en aquel pueblo apacible de ojos negros. 

Y ¡hoy los ferrocarriles que llegan a sus puertas se detienen a medio camino sobre sus rieles torcidos7, partidos, hundidos, levantados; las torres están por tierra; la población ha pasado una semana de rodillas; los negros y sus antiguos señores han dormido bajo la misma lona, y comido del mismo pan de lástima, frente a las ruinas de sus casas, a las paredes caídas, a las rejas lanzadas de su base de piedra, a las columnas rotas! 

Los cincuenta mil habitantes de Charleston, sorprendidos en las primeras horas de la noche por el temblor de tierra9 que sacudió como nidos de paja sus hogares, viven aún en las calles y en las plazas, en carros, bajo tiendas, bajo casuchas cubiertas con sus propias ropas. 

Ocho millones de pesos rodaron en polvo en veinticinco segundos8. Sesenta han muerto10, unos aplastados por las paredes que caían11, otros de espanto. Y en la misma hora tremenda, muchos niños vinieron a la vida. 

Estas desdichas que arrancan de las entrañas de la tierra, hay que verlas desde lo alto de los cielos. 

De allí los terremotos con todo su espantable arreo de dolores humanos, no son más que el ajuste del suelo visible sobre sus entrañas encogidas, indispensable para el equilibrio de la creación: ¡con toda la majestad de sus pesares, con todo el empuje de olas de su juicio, con todo ese universo de alas que le golpea de adentro el cráneo, no es el hombre más que una de esas burbujas resplandecientes que danzan a tumbos ciegos en un rayo de sol!: ¡pobre guerrero del aire, recamado de oro, siempre lanzado a tierra por un enemigo que no ve, siempre levantándose aturdido del golpe pronto a la nueva pelea, sin que sus manos le basten nunca a apartar los torrentes de la propia sangre que le cubren los ojos! 

Pero siente que sube, como la burbuja por el rayo de sol!: pero siente en su seno todos los goces y luces, y todas las tempestades y padecimientos, de la naturaleza que ayuda a levantar! 

Toda esta majestad rodó por tierra en la hora de horror del terremoto en Charleston. 

Serían las diez de la noche. Como abejas de oro trabajaban sobre sus cajas de imprimir los buenos hermanos que hacen los periódicos: ponía fin a sus rezos en las iglesias la gente devota, que en Charleston, como país de poca ciencia e imaginación ardiente, es mucha: las puertas se cerraban, y al amor o al reposo pedían fuerzas los que habían de reñir al otro día la batalla de la casa: el aire sofocante y lento no llevaba bien el olor de las rosas: dormía medio Charleston: ¡ni la luz va más aprisa que la desgracia que la esperaba! 

Nunca allí se había estremecido la tierra12, que en blanda pendiente se inclina hacia el mar: sobre suelo de lluvias, que es el de la planicie de la costa, se extiende el pueblo: jamás hubo cerca volcanes ni volcanillos, columnas de humo, levantamientos ni solfataras: de aromas eran las únicas columnas, aromas de los naranjos perennemente cubiertos de flores blancas. Ni del mar venían tampoco sobre sus costas de agua baja, que amarillea con la arena de la cuenca, esas olas robustas que echa sobre la orilla oscuras como fauces, el océano cuando su asiento se desequilibra, quiebra o levanta, y sube de lo hondo la tremenda fuerza que hincha y encorva la ola y la despide como un monte hambriento contra la playa.

En esa paz señora de las ciudades del Mediodía empezaba a irse la noche, cuando se oyó un ruido que era apenas como el de un cuerpo pesado que empujan de prisa.

 Decirlo es verlo. Se hinchó el sonido: lámparas y ventanas retemblaron… rodaba ya bajo tierra pavorosa artillería: sus letras sobre las cajas dejaron caer los impresores, con sus casullas huían los clérigos, sin ropas se lanzaban a las calles las mujeres olvidadas de sus hijos: corrían los hombres desalados por entre las paredes bamboleantes: ¿quién asía por el cinto a la ciudad, y la sacudía en el aire, con mano terrible, y la descoyuntaba? 

Los suelos ondulaban; los muros se partían; las casas se mecían de un lado a otro: la gente casi desnuda besaba la tierra: ¡oh,13 Señor! ¡oh, mi hermoso Señor! decían llorando las voces sofocadas: ¡abajo, un pórtico entero!: huía el valor del pecho y el pensamiento se turbaba: ya se apaga, ya tiembla menos, ya cesa: ¡el polvo de las casas caídas subía por encima de los árboles y de los techos de las casas! 

Los padres desesperados aprovechan la tregua para volver por sus criaturas: con sus manos aparta las ruinas de su puerta propia una madre joven de grande belleza: hermanos y maridos llevan a rastra o en brazos a mujeres desmayadas: un infeliz que se echó de una ventana anda sobre su vientre dando gritos horrendos, con los brazos y las piernas rotas: una anciana es acometida de un temblor, y muere: otra, a quien mata el miedo, agoniza abandonada en un espasmo: las luces de gas débiles, que apenas se distinguen en el aire espeso, alumbran la población desatentada, que corre de un lado a otro, orando, llamando agrandes voces a Jesús, sacudiendo los brazos en alto. Y de pronto en la sombra se yerguen, bañando de esplendor rojo la escena, altos incendios que mueven pesadamente sus anchas llamas. 

Se nota en todas las caras, a la súbita luz, que acaban de ver la muerte: la razón flota en jirones en torno a muchos rostros, y en torno de otros se le ve que vaga, cual buscando su asiento ciega y aturdida. Ya las llamas son palio, y el incendio sube; pero ¿quién cuenta en palabras lo que se vio entonces? Se oye venir de nuevo el ruido sordo: giran las gentes, como estudiando la mejor salida; rompen a huir en todas direcciones: la ola de abajo crece y serpentea; cada cual cree que tiene encima a un tigre. 

Unos caen de rodillas: otros se echan de bruces: viejos señores pasan en brazos de sus criados fieles: se abre en grietas la tierra: ondean los muros como un lienzo al viento: topan en lo alto las cornisas de los edificios que sedan el frente: el horror de las bestias aumenta el de las gentes: los caballos que no han podido desuncirse de sus carros los vuelcan de un lado a otrocon las sacudidas de sus flancos: uno dobla las patas delanteras: otros husmean el suelo: a otro, a la luz de las llamas se le ven los ojos rojos y el cuerpo temblante como caña en tormenta: ¿qué tambor espantoso llama en las entrañas de la tierra a la batalla? 

Entonces, cuando cesó la ola segunda, cuando ya estaban las almas preñadas de miedo, cuando de bajo los escombros salían, como si tuvieran brazos, los gritos ahogados de los moribundos, cuando hubo que atar atierra como a elefantes bravíos a los caballos trémulos, cuando los muros habían arrastrado al caer los hilos y los postes del telégrafo, cuando los heridos se desembarazaban de los ladrillos y maderos que les cortaron la fuga, cuando vislumbraron en la sombra con la vista maravillosa del amor sus casas rotas las pobres mujeres, cuando el espanto dejó encendida la imaginación tempestuosa de los negros, entonces empezó a levantarse por sobre aquella alfombra de cuerpos postrados un clamor que parecía venir de honduras jamás exploradas, que se alzaba temblando por el aire con alas que lo hendían como si fueran flechas. Se cernía aquel grito sobre las cabezas, y parecía que llovían lágrimas. 

Los pocos bravos que quedaban en pie, ¡que eran muy pocos! pro-curaban en vano sofocar aquel clamor creciente que se les entraba por las carnes: ¡cincuenta mil criaturas a un tiempo adulando a Dios con las lisonjas más locas del miedo! 

Apagaban el fuego los más bravos, levantaban a los caídos, dejaban caer a los que ya no tenían para qué levantarse, se llevaban a cuestas a los ancianos paralizados por el horror. Nadie sabía la hora: todos los relojes se habían parado, en el primer estremecimiento. 

La madrugada reveló el desastre

 Con el claror del día se fueron viendo los cadáveres tendidos en las calles, los montones de escombros, las paredes deshechas en polvo, los pórticos rebanados como a cercén, las rejas y los postes de hierro combados y retorcidos, las casas caídas en pliegues sobre sus cimientos, y las torres volcadas, y la espira más alta prendida solo a su iglesia por un leve hilo de hierro.

El sol fue calentando los corazones: los muertos fueron llevados al cementerio donde está sin hablar aquel Calhoun14 que habló tan bien, y Gadsden15, y Rutledge16 y Pinckney17: los médicos atendían a los enfermos: un sacerdote confesaba a los temerosos: en persianas y en hojas de puerta recogían a los heridos.

Apilaban los escombros sobre las aceras. Entraban en las casas en busca de sábanas y colchas para levantar tiendas: frenesí mostraban los negros por alcanzar el hielo que se repartía desde unos carros: humeaban muchas casas: por las hendiduras recién abiertas en la tierra había salido una arena de olor sulfuroso. 

Todos llevan y traen. Unos preparan camas de paja. Otros duermen a un niño sobre una almohada y lo cobijan con un quitasol. Huyen aquellos de una pared que está cayendo. ¡Cae allí un muro sobre dos pobres viejos que no tuvieron tiempo para huir!: va besando al muerto el hijo barbado que lo lleva en brazos, mientras el llanto le corre a hilos. Se ve que muchos niños han nacido en la noche, y que, bajo una tienda azul precisamente, vinieron de una misma madre dos gemelos. Saint Michael18 de sonoras campanas, Saint Phillip19 de la torre soberbia20, el Salón hiberniano21en que se han dicho discursos que brillaban como bayonetas, la casa de la guardia, lo mejor de la ciudad, en fin, se ha desplomado o se está inclinando sobre la tierra. 

Un hombre manco, de gran bigote negro y rostro enjuto, se acerca con los ojos flameantes de gozo a un grupo sentado tristemente sobre un frontón roto:—»no ha caído, muchachos, no ha caído»: ¡lo que no había caído era la casa de justicia, donde al oír el primer disparo de los federales sobre Fort Sumter, se despojó de su toga de juez el ardiente Magrath22; juró dar al Sur toda su sangre, y se la dio! 

En las casas ¡qué desolación! No hay pared firme en toda la ciudad, ni techo que no esté abierto: muchos techos de los colgadizos se mantienen sin el sustento de sus columnas, como rostros a que faltase la mandíbula inferior: las lámparas se han clavado en la pared o en forma de araña han quedado aplastadas contra el pavimento: las estatuas han descendido de sus pedestales: el agua de los tanques, colocados en lo alto de la casa, se ha filtrado por las grietas y la inunda: en el pórtico mismo parecen entender el daño los jazmines marchitos en el árbol y las rosas plegadas y mustias.

Notas

1Bartolomé Mitre Vedia. (1845-1900). Periodista y escritor argentino. Nacido en Uruguay por el exilio de su padre, el general Bartolomé Mitre Martínez, creció bajo la influencia paterna y también acumuló la experiencia de ser secretario de Domingo Faustino Sarmiento.  Siendo presidente de la Asociación de la Prensa Argentina, en 1888 designó a José Martí representante en Estados Unidos y Canadá. 

2La Nación. Diario bonaerense fundado en 1870 por el general Bartolomé Mitre Martínez, ex presidente de la República Argentina, quien previamente había adquirido el periódico. Martí colaboró ininterrumpidamente para La Nación desde el 15 de julio de 1882 hasta el 20 de mayo de 1891.Aun que Martí y el general Mitre no se conocieron personalmente, este le remitió, en 1889, los tres tomos de su Historia de San Martín con la siguiente dedicatoria: «Al original escritor y pensador americano D. José Martí». 

3El terremoto ocurrió el 31 de agosto de 1886.

4 El 12 de abril de 1861 los sudistas atacaron el Fuerte Sumter.

5 Guerra de Secesión. Llamada también Guerra Civil de Estados Unidos. Ante la elección de Abraham Lincoln como presidente, once estados sureños consideraron que el programa del Partido Republicano amenazaba sus derechos constitucionales, se separaron y crearon los Estados Confederados de América. 

6Posiblemente alguna nave pequeña perteneciente a la Compañía Naviera Puig, de Cataluña. 

7Los rieles permanecieron casi intactos, lo cual llamó la atención de los observadores. En fotos y grabados de la época se evidencia. Sin embargo, los trenes detenidos o en movimiento se descarrilaron.

8El terremoto alcanzó la intensidad de 7.6 en la escala Mercalli y se registró en las principales ciudades de Estados Unidos, México y en La Habana, Cuba, entre otras.

9El monto oficial de las pérdidas alcanzó los seis millones de dólares, que al valor actual de esa moneda asciende a más de cien millones.

10Las cifras finales oficiales arrojaron un total de ciento diez muertos.

11El noventa por ciento de los edificios de mampostería y ladrillos se derrumbaron o sufrieron daños de consideración.

12Existen numerosos antecedentes, algunos mencionados por la prensa de la época, que datan de siglos anteriores y evidencian la existencia de una zona sísmica en la región. 

13Se añade coma.

14John Caldwell. Calhoun. (1782-1850). Abogado y político estadounidense. Miembro de la Cámara de Representantes (1810 y 1817), secretario de Guerra (1817-1824), vicepresidente de Estados Unidos (1825-1832) durante los mandatos presidenciales de John Quincy Adams y Andrew Jackson, y secretario de Estado entre 1844 y 1845. 

15Errata en LN ( La Nación): «Gaddens». James Gadsden.

16Edgard Rutledge. (1749-1800). Político estadounidense. El más joven de los firmantes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. 

17Charles Cotesworth Pinckney. (1746-1825). Estadounidense veterano de la Guerra de Independencia de las Trece Colonias y delegado a la Convención Constituyente. 

18Iglesia episcopal de San Miguel. Construida entre 1751 y 1761 por orden de la Asamblea de Carolina del Sur, en el sitio original de la Iglesia de San Felipe

19Iglesia episcopal de San Felipe. Fundada en 1681, es la más antigua congregación religiosa en Carolina del Sur. 

20La iglesia de San Miguel se desplomó con los primeros temblores. La Iglesia de San Felipe recibió daños estructurales, pero fue restaurada y aún hoy está en pie con algunas rajaduras maquilladas. 

21Hibernian Hall. Construido en 1840 para proporcionar un lugar de encuentro de la Sociedad Hiberniana, organización benévola irlandesa fundada en 1801. 

22Errata en EPL (El Partido Liberal): «Mc Grath». Andrew G. Magrath.

Referencia

Marti, J. (2012). “El terremoto de Charleston”. Obras completas. Edición crítica. La Habana: Centro de Estudios Martianos,  24, 214-219.  

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Martí, José. (1886, 14 de octubre). Buenos Aires; La Nación. [Copia digital en CEM].

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Recuperación de texto, ilustraciones y comentarios por la autora silviamalberti@gmail.com

Diversidad religiosa, don divino para la humanidad

Candles conceptual image. Lots of candles.

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

La Organización de las Naciones Unidas(ONU) dedica el 21 de enero como “Día Mundial de las Religiones”. Desde que esta conmemoración comenzó hace más de 50 años, esta fecha se ha vuelto cada vez más importante en un mundo que se ha distinguido por la diversidad cultural y religiosa. En toda América Latina y Caribe, las religiones afro descendientes y tradiciones espirituales indias siempre han existido, pero históricamente han sido marginadas y hostiles para el Imperio y por su religión oficial, la Iglesia Católica. En el contexto actual, las constituciones garantizan la libertad de culto y el derecho de todas las personas a ejercer libremente su religión. Sin embargo, siguen ocurriendo acá y allí, discriminaciones, prejuicios y mismo ataques violentos a comunidades originarias y a sus cultos. En Brasil, casi cada día, un templo de religión tradicional es atacado. Lo más escandaloso es que eso no es hecho por ateos o enemigos de la fe y si por cristianos que afirman proceder así en nombre de Dios. Por eso, el gobierno federal hizo de esta fecha “el día de combate a la intolerancia religiosa”. 

Hoy, cuando los gobiernos parecen más omisos, se hace más importante que la sociedad civil y los mismos grupos religiosos asuman la misión del diálogo y del combate à la intolerancia cultural y religiosa. De hecho, todas las religiones predican amor, compasión y misericordia. Sin embargo, cuando sus líderes y sus fieles se vuelven autoritarios y dogmáticos, se convierten en instrumentos de fanatismo y canales de intolerancia. 

Desafortunadamente, a lo largo de la historia, el Cristianismo ha sido la religión que ha utilizado la violencia y la intolerancia con mayor frecuencia contra infieles y herejes. Eso está en completa contradicción con el evangelio y el espíritu de Jesús de Nazaret. Es urgente cambiar eso.

Hoy, la diversidad cultural y religiosa no es solo un hecho que se impone a la humanidad. Es principalmente una gracia divina y una bendición para las tradiciones religiosas. Para que el diálogo entre religiones sea profundo, cada grupo debe reconocer lo que Dios les revela, no solo desde su propia tradición, sino también desde el camino religioso del otro. En la época nazi, desde una prisión alemana, escribió el pastor Dietrich Bonhoeffer, teólogo luterano: 

“Dios está en mí, pero para el otro. En mí su presencia es débil para mí mismo y fuerte para el otro. En el otro, su presencia es fuerte para mí. Así, Dios es amor y se encuentra cuando nos encontramos con lo diverso”.

—El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

Crucigrama: En honor a Roberto Alberty

Por Vilma Soto Bermúdez/ Especial para En Rojo

Horizontales

2. Roberto _____ Torres; apodado Boquio, fue pintor, escultor, escritor y poeta puertorriqueño. Autor de “Cuando el corazón se sabe solo…”, “Esta noche ando loco”, y “He estado muerto un tiempo”.

7. La niña de _____ flores; poema de Alberty.

10. Tercera nota musical

11. Dios egipcio.

12. Están haciendo _____ cara…; poema de 1976 de Alberty.

13. Aficionado, principiante.

14. Emperador.

16. Regala.

17. Símbolo del neodimio.

18. 24 de _____ de 1930; nacimiento de Alberty (Boquio), en Carolina.

22. _____ que vuelo en un aire; poema de Alberty.

24. Qué _____ haciendo; poema de 1969 de Alberty.

26. Onomatopeya que imita el ruido de un golpe o de una explosión.

27. Unidad de tiempo geológico, equivalente a mil millones de años.

28. Símbolo del neptunio.

29. Rolde, rollo.

31. Distinta.

34. Cada una de las puntadas que suele tener a trechos un colchón, pl.

37. Allí mismo, en el mismo lugar.

40. Aceite.

41. A la tía _____; poema de Alberty.

42. Lugar seco en donde se guarda el trigo u otros granos, semillas o forraje.

43. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

44. Forma que, en acusativo o dativo, designa a la persona que habla o escribe.

46. Canciones de _____ febrero; libro de Alberty.

48. Indicaba, expresaba.

52. Luna del planeta Júpiter, descubierta por Galileo Galilei.

53. Mentira, rumor.

55. Señor, abrev.

56. Forma de pronombre.

57. Vestimenta de mujer en India.

58. Niño.

59. Antiguamente la nota do.

Verticales

1. Villa de _____; pintura abstracta de 1962 de Alberty.

2. Jorge _____; escritor brasileño.

3. Virgen de _____; escultura de Alberty de 1978.

4. _____ noche ando loco; poema de Alberty.

5. En Chile, fruto espinoso de algunas plantas, que se adhiere al pelo o a la lana como los cadillos.

6. Medida de longitud.

7. Claridad que irradian los cuerpos en combustión.

8. _____ Otero; pianista y concertista puertorriqueña.

9. Ristra.

15. Escritos _____ Boquio: 1957-1985; libro de Alberty editado por su hijo el Prof. Carlos R. Alberty Fragoso.

19. _____ (Boquio) Alberty Torres; fue profesor en el Departamento de Bellos Oficios de la UPR-RP. Autor de “Están haciendo una cara…”, “Ahora que vuelo en un aire”, “Qué estás haciendo”, “Canciones de un febrero”, y “A la tía Irene”.

20. Carta de la baraja.

21. Ahora.

23. Arrodilláis.

24. Producir una emulsión en algo.

25. 10 de _____ de 1985; fallecimiento de Alberty en Río Piedras.

28. Negación.

30. Juego infantil hondureño.

32. Símbolo del rubidio.

33. El ligereto _____ lagartijo; poema de Alberty musicalizado por Antonio (El Topo) Cabán Vale. 

34. Roberto (_____) Alberty Torres; autor de “Escritos de Boquio: 1957-1985”, “Virgen de Lima”, “Villa de dulce”, “Flor en patrón de Mozart”, y “El ligereto del lagartijo”.

35. Contracción gramatical.

36. Cuando el corazón _____ sabe solo; poema de Alberty.

38. Veinticuatro horas.

39. Flor en patrón de _____; pintura de 1978 de Alberty.

43. Segunda nota musical.

45. Interjección.

47. Forma de pronombre.

48. Uno más uno.

49. Olfateé.

50. Símbolo del terbio.

51. Aún.

54. _____ estado muerto un tiempo; poema de 1967 de Alberty.

55. Suyo, adjetivo posesivo.

Australia: Panorama de una crisis política y ambiental

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD 

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Se puede decir que Miguel Rodríguez Casellas, profesor y arquitecto boricua vive entre dos tragedias. Por una parte, lo que está pasando en Puerto Rico y, por otra parte, lo que vive en Australia, donde reside hace siete años. 

Antes de continuar con la entrevista aclaró que hay varios niveles en esa frase y que la tragedia no es de ahora. Por ende, no se limita a los terremotos, ni a los fuegos. Inicialmente, Casellas llegó Australia como refugiado de una crisis económica y también política.

“Llegué con muy poca información sobre el lugar. No tuve tiempo para pensar en eso. Poco a poco me he ido radicalizando por lo que he visto en esta parte del mundo. Aquí hay también una tragedia política”, expuso.  

Resaltó que un aspecto interesante en la política australiana es la influencia que ejerce la región. Entiéndase, la normalización del autoritarismo en Asia está muy presente en Australia, además del autoritarismo heredado del imperio británico y la institucionalización de la supremacía blanca.  “Vemos en el ejercicio de la democracia australiana un autoritarismo amigable. Una especie de giro neoliberal, necropolítica, pero con una sonrisa”. 

Las 15 horas de diferencia, el deterioro de las estructuras políticas, de comunicación y el debate público en general le hacen sentir que vive en el futuro. El estado de excepción, la militarización de las fuerzas policiales, la paramilitarización de la población que empieza a ejercer roles policiales unos contra otros, complementan ese panorama de futuro indeseable y distópico ofrecido por Casellas.  Expresa que huyó de un lugar, hasta cierto punto expulsado, para caer en otro que casi exacerba muchas de esas lógicas. 

En cuanto a la tragedia política, concluyó que en Australia es evidente la normalización de la violencia, tanto en el plano institucional como en el plano de lo autoinfligido, que es la violencia que el sujeto aplica contra sí mismo. Una de las características del neoliberalismo en su fase más avanzada.  En el marco de esta tragedia, catalogada por Casellas como una política-discursiva, específicamente tiene lugar la crisis ambiental que amenaza a Australia. Una crisis muy material, pero también muy política.

“Se trata de unos viejos resabios del imperialismo británico. De la visión occidental, mayoritariamente blanca y muy anglosajona, donde el planeta es una especie de hacienda a explotar. Australia es una economía extractivista. Esa visión antigua está muy presente. Se refleja en el negacionismo de la crisis climática, que en Australia es un vernáculo. Comparado con EE. UU. y Donald Trump, ya yo había visto en la discursividad y las subjetividades políticas australianas los mismos vicios. Sobre todo, la normalización de la violencia a varios niveles”, mencionó.

Según Casellas, actualmente el país es incapaz de responder a la situación. Se evade la discusión pública, el conflicto, lo político, el debate. Los medios de comunicación son controlados por los grandes barones del extractivismo y la industria de los combustibles fósiles. El discurso antisocialismo, al estilo de la guerra fría, también contribuye a esa incapacidad. 

“Aquí se huye al debate. La diferencia, el conflicto, la negatividad de la crítica y la discursividad crítica son anatemas y eso lleva a que se despoliticen las conversaciones en el plano cotidiano, que es donde se hace política inicialmente. Entonces, una crisis medio ambiental como esta los coge con los pantalones, las faldas, los pantis y lo calzoncillos abajo. No tienen mecanismos emocionales ni discursivos para responder a ella”.

El periodismo, que sería la institución llamada a traer un poco de lucidez a la conversación y poner la situación en perspectiva, ha sido tímido en encuadrar esa narrativa. En consecuencia, Casellas apunta a una guerra de narrativas. 

Esa narrativa, señaló debería resaltar el financiamiento insuficiente por parte del gobierno a las agencias que se encargan del monitoreo, la prevención y las políticas sobre el control del agua y su distribución. 

“Esta parte del mundo tiene una naturaleza literalmente incendiaria. El eucalipto australiano tiene unas propiedades naturales que lo hacen susceptible a incendios. A eso se le suma que Australia es una isla continente con un corazón desértico que tiene una ambición expansiva. Aquí apenas tienes una costa húmeda en ciertas partes, que es lo que ha permitido desarrollar una forma particular de agricultura. Pero hasta la agricultura, desde hace décadas, depende de unas políticas del agua que cada vez se han vuelto más irresponsables. A eso añádele el consumo de agua extraordinario que requieren las industrias extractivistas”, explicó. 

Ese modelo económico es responsable de los incendios ocurridos recientemente al sureste de Australia. Varios expertos han señalado que en caso de conservar sus proyectos de expansión sobre la industria extractivista de combustibles fósiles, será el país que contribuya con más emisiones contaminantes al planeta. 

En el contexto de esa crisis ambiental y política, los medios asumen al discurso político de que es momento de unirse, que no es momento para hablar de política. En lo cotidiano también se asume este tono “idiotizado” de que lo que constituye la condición australiana es que “nos unimos todos frente a la tragedia”.

“Entonces, nunca es momento de hablar de lo político. Nunca es momento de traer una discusión que provoque cambios estructurales. Se junta una especie de estrategia mediática gestada desde los sectores conservadores, que son tanto el partido laboral como el liberal”, criticó Casellas. 

Otro de los problemas señalados por Casellas es un bipartidismo simulado. Dos partidos neoliberales con políticas que apoyan el extractivismo porque sus campañas están financiadas por esa industria.

Todo esto impide un debate de admisión de culpa. Se demoniza el pasar factura de la culpa. Las conversaciones en los medios sobre el primer ministro de Australia, Scott Morrison, han sido muy tímidas según Casellas. Sin embargo, centralizar toda la culpa en este individuo funciona como mecanismo de desviación de la culpa estructural del estado. 

La situación sí está haciendo que cierta gente despierte y que sectores conscientes, como los hay en todos los países, estén ganando acceso. El problema —explicó— es que gradualmente, en los últimos 10 años los partidos políticos han criminalizado la protesta. Las herramientas de libertad de expresión que entendemos que están protegidas dentro de nuestro marco constitucional no existen en Australia. 

“No tienen una carta de derechos, que es una especie de grieta en el ordenamiento jurídico inglés y  en el australiano, por lo cual el estado tiene unas libertades amplias para regular la protesta y criminalizarla. La actitud australiana ante el agravio no es de protestar”, añadió.

Los fuegos han cobrado 28 vidas humanas. En cuanto a la cifra de animales, se ha movido de medio billón a un billón. Eso tiene unos efectos multiplicadores que todavía no se conocen. Los medios están siendo cautelosos con no crear pánico, pero la contaminación del aire y los acuíferos pudiera tener consecuencias en un lugar que ya de por sí vive al borde de la vida y la muerte con relación al agua.

“Yo estoy con mi máscara. Estoy caminando menos al aire libre porque estoy encerrado en la casa dependiendo de los sistemas mecánicos, que es lo único que filtra el aire. Me he acostumbrado al olor. Lo que es terrible, porque quiere decir que ya no te das cuenta”.

El profesor identificó tres líneas discursivas en los medios para desviar la atención y evadir una discusión sobre la responsabilidad del gobierno respecto a la crisis ambiental. 

En primer lugar, recuerda que la prensa internacional fue más dura con Morrison, y de ahí empezó a notarse un cambio en la prensa local; pero eso cambió rápidamente. 

Los mecanismos de relaciones públicas e ideológicas dentro del partido liberal empezaron a cambiar la discursividad moviéndose hacia lo humanitario, que sería la segunda línea discursiva. “Utilizan ese discurso para convertir esto en una crisis humanitaria y desviar la atención de la verdadera narrativa: que esto es una crisis política y económica causada por las practicas extractivistas y neoliberales, cada vez más abocadas a una política de la muerte, no de la vida”

Tercero, la narrativa del Estado de identificar los 180 responsables de los incendios, que pretende personalizar la culpa para evitar una discusión estructural sobre lo político, lo económico y particularmente sobre el extractivismo capitalista.

“Yo tengo una leve esperanza de que la magnitud de esta crisis va a debilitar las fuerzas culturales y políticas que mantienen esta discusión en hold”, concluyó.

Viaje al sur

Por Edwin R Quiles Rodríguez /Especial para CLARIDAD 

Nos citamos de camino al sur. Habían pasado pocos días después del siniestro que como serpiente sigilosa moviéndose entre las sombras destrozó casas y desestabilizó vidas. Nos convocó la necesidad de hacer una composición de lugar, ubicarnos con la mente y los sentidos ante una situación, para mí y la mayoría, nunca antes vivida. Queríamos conocer de más cerca la experiencia de los sufrientes, los acomodos de distintos campamentos, las necesidades, las colaboraciones, las solidaridades. En fin, conocer de primera mano la vida que cayó sobre ellos de repente para ver posibilidades de trabajo con otros solidarios y sobre todo con ellos mismos para superar la situación del momento. 

Entre carriles cerrados por grietas o desprendimientos y no exentos de aprehensión, llegamos a Guayanilla, muy trastocada por el escarceo telúrico. Nos esperaban en el parque de pelota municipal Peggy Mercado, sede del campamento oficial de afectados. Allí, entre un corre-corre que parecía eterno, como una máquina de movimiento continuo, se servía comida, se repartía agua, se entrevistaban y censaban los ‘campamentistas’ y corrían los infantes inventando juegos. Algunos otros, la ‘gente mayor’ descansaban sobre algún catre esperando ver pasar la incertidumbre con las horas del día, buscando alguna certeza con la mirada. Las tumbacocos por su parte trataban de crear un ambiente de festival. Era su manera de confrontar el  miedo y la memoria de duelo. 

En poco tiempo nos reunimos con directores de agencias y comenzamos un periplo guiados por el profesor Efraín Emmanuelli. Un viaje que nos llevó por barrios rurales y urbanos, ruinas increíbles, campamentos, varillas de acero contorsionadas, construcciones estoicas y parajes fantasmales donde antes hubo gente en las calles, ropa tendida en los patios, algún vehículo fugaz, sillones en los balcones y humos de cocinas anunciando las horas del día. Ahora solo queda el miedo. Como si detrás de cada pedazo de ruina estuviera la bestia agazapada esperando el momento para la próxima emboscada. 

No es que todas las estructuras resultaron heridas o destruidas. Muchas no mostraban señales visibles de deterioro ni de fallo estructural y probablemente pasen el juicio de un análisis profesional riguroso. Pero quizás no. La duda está sembrada. Por eso prefieren la incomodidad y la poca privacidad de los campamentos a dormir en sus casas con un ojo cerrado y otro abierto velando el movimiento de la cama, el rugir de la tierra temblando, el grito de algún vecino. Por eso prefieren no regresar a sus casas, solo para buscar algo necesario. No todos pernoctan bajo las lonas de los campamentos aunque pasen el día allí. Unos han encontrado albergue nocturno en casas de familiares fuera de la zona de peligro. Otros siguieron el camino de la diáspora y se marcharon hacia el norte. Al menos por un tiempo me dijeron unos vecinos pues dejaron a una parte de su familia inmediata acá y sus casas cerradas. Hará falta mucha terapia sicológica para manejar los traumas del suceso antes de regresar. Especialmente los más vulnerables: lxs infantes y lxs envejecientes.

Ya a punto de terminar la visita una joven nos dio una pista para resumir mucho de lo que vivimos ese día. Aunque no perdió su casa sus vecinos del lado sí. Por eso, por precaución duerme en la casa de sus padres. Sin embargo, las horas de sol la pasa en su casa, sentada en un escaloncito viviéndola y peleando contra el desarraigo y el olvido. Allí va a lavar ropa, tomar café y pasar el día en el único lugar del mundo que es suyo y con el cual tiene una cuestión personal que no tiene con ningún otro lugar. Así de importante es la vivienda, así de necesaria, así de útil. Igualmente necesaria es una comunidad de apoyo.

La solución no es fácil. Se habla de mudarlos, de construir viviendas en otro lugar nuevo. Pero, ¿dónde? ¿cómo? Cambiar de vecindario y de vivienda no es como cambiar de bicicleta. Mucha de nuestra identidad y nuestras estrategias de sobrevivencia están relacionadas a los lugares donde hacemos vida, sobre todo la vivienda. Allí construimos una parte importante de nuestra historia. Cualquier mudanza debe hacerse como comunidad diseñando con ellos, pensando y haciendo juntos, incorporando lo que han vivido antes y después. No puede ser una propuesta impuesta. Esta sería una buena oportunidad para crear proyectos innovadores y atrevidos movidos por energía renovable, organizados como pequeñas poblaciones que utilicen la tierra de manera concentrada y no desparramada. Comunidades resistentes con un sentido de comunidad capaz de superar lo que sea y de donde venga. 

Los que fuimos ese día éramos un grupo de trabajadorxs sociales del Colegio de Trabajadores Sociales, sicólogas, abogadas de la oficina Ayuda Legal y la Clínica Legal de la Universidad de Puerto Rico, artistas del Museo de Arte Contemporáneo y arquitectxs del Comité de Acercamiento Comunitario del Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico. Lo que vimos nos dolió y nos hizo pensar que podríamos hacer una diferencia desde nuestras posibilidades multiplicadas por los saberes de todo el grupo y de los residentes. Diseñar y trabajar sin éstos, los de allí, los que viven el trauma de cerca no funciona, resulta incompleto, insensible, inefectivo.

Hay mucho quehacer entre recoger escombros, recomponer y volver a componer lugares para vivir pero tal vez esos sitios visitados aparentemente al azar por la bestia subterránea, pasarán años en lo q vuelven a ser lo que volverán a ser. Pero nunca será igual. Muchos, marcados por el estruendo y la destrucción a dentelladas de esa fuerza invisible quedarán fuera o quedarán a medias y una comunidad vacía y sin voz es siempre triste. Una comunidad con miedo los es mucho más.

El terremoto fua capaz de hacer lo que no pudo Maria, levantar estructuras enormes ‘de cuajo’ y volcarlas de la manera como un toro inmenso cae arrodillado al recibir la estocada final. Fue capaz de hacer caer estructuras levantadas del piso que parecían imponentes. Unas cayeron lentamente y en silencio mientras las varillas de acero doblaban como fideos mojados. Otras cayeron de golpe al partir sus columnas de insuficiente capacidad. Es de imaginar el terror aunque no logré quien me contara de los estruendos, golpes y gritos de terror. Es muy reciente, muy cerca del corazón y de la piel. 

Ante este panorama, imposible de comprender todavía del todo, hay tanto que hacer, tantos corazones que empeñar, tantos proyectos que imaginar, tanta gente que organizar para coordinar trabajos. Hay tanta oportunidad de aprender y renacer con ideas nuevas para mejorar la vida que debemos aprovechar para resolver lo inmediato y mejorar el futuro. 

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El autor es arquitecto.