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Se desbordó el pozo muro

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

El caos que se vivió el domingo 9 de agosto, cuando debían celebrarse las elecciones primarias de los partidos Nuevo Progresista y Popular, es un nuevo ejemplo de la descomposición del gobierno colonial de Puerto Rico. Antes vimos como ese mismo gobierno no podía responder a las necesidades más básicas de la población y ahora llega al colmo de no poder garantizar que un grupo de personas pueda ejercer el derecho al voto.

Los mismos partidos que celebraban sus primarias el pasado domingo, y que en medio de despelote quisieron proyectarse como víctimas, son los que han conducido la administración pública puertorriqueña al nivel de desamparo en que se encuentra. Fue el desastre de la administración de Alejandro García Padilla, con su corrupción y su incompetencia, lo que llevó a la gobernación de Ricardo Rosselló. Y desde que comenzó el nuevo cuatrienio, todos hemos sido espectadores del derrumbe.

Prácticamente ningún área o sector del gobierno del PNP que comenzó en enero de 2017, ha tenido un nivel de competencia mínimo. Antes del espectáculo que se escenificó el domingo 9 de agosto, mirábamos todos los días el caos en el Departamento del Trabajo, incapaz de canalizar una ayuda básica a cientos de miles de desempleados. El dinero está en los bancos, pero quienes lo necesitan pasan los días en largas colas sin que nada les llegue.

Ese mismo caos, y por las mismas razones, lo vimos el pasado domingo en una simple elección primaria. Las papeletas de votación estaban impresas, apiladas en las oficinas de la Comisión Estatal de Elecciones, que no era capaz de organizar la gestión mínima de distribuirlas. Igual como se obliga todos los días a los desempleados a esperar muchas horas para recibir nada, se obligó a miles de personas a hacer cola para no poder votar. La incompetencia y la desidia cambia de día y de escenario, pero es la misma. Para colmo, tanto los desempleados obligados a esperar en fila para recibir nada, como las convocadas a votar en las elecciones internas del PNP y el PPD, enfrentaban el riesgo de la pandemia, que el mismo gobierno mantiene descontrolada. Muchos de ellos estarán engrosando otra lista dentro de varios días: las de los “positivos confirmados”.

En el bochornoso caos producido en las primarias, el Partido Nuevo Progresista no puede poner cara de víctima porque la CEE es controlada y dirigida por ellos. Igual que el gobierno que ese partido regentea desde 2017, la CEE es un ejemplo dramático de incompetencia desde que el PNP pasó a controlarla a principios de 2018.

No estamos hablando de un evento similar a las elecciones generales, que moviliza a casi dos millones de electores. En la primaria del domingo, apenas se movilizaron 200 mil personas en toda la isla. Pero aún ante una actividad tan reducida fueron incapaces de un desempeño mínimamente efectivo. Tanto en la CEE como en el gobierno los funcionarios se escogen como premio político y tras garantía de lealtad. De ahí el despelote.

El mejor ejemplo de lo que decimos ocurrió a principios de 2018 cuando el gobernador Rosselló nombró para dirigir la CEE a un individuo inescrupuloso, cuyo historial tramposo el liderato del partido conocía a plenitud. Por eso lo nombraron. Aquel individuo – Rafael Ramos Sáenz – era desconocido en casi todos los círculos porque el cargo más alto que había ocupado era el de juez municipal de Moca. El liderato del PNP, sin embargo, lo conocía muy bien porque mientras ejercía el cargo de juez presidía la Junta de Inscripción Permanente del municipio y, desde allí, militaba solapadamente en el partido. Quien lo nombró sabía que su militancia violaba los principios básicos de la ética judicial y, esperando que eso no se supiera, no tuvo reparo en ponerlo a cargo de la identidad responsable de organizar elecciones.

A no ser por las peleas internas dentro del PNP, aquel juez municipal inescrupuloso estuviera todavía al mando de la CEE. Esas luchas internas, particularmente entre Ricardo Rosselló y Thomas Rivera Schatz, permitieron que se divulgara un chat entre los integrantes del comité de campaña de Rosselló donde el juez de Moca departía con sus colegas de partido. La denuncia hizo insostenible la permanencia del juez corrupto en la presidencia de la CEE, cargo al que había llegado gracias a su militancia y a su capacidad para el chanchullo.

Del actual presidente, Juan Ernesto Dávila, no conocemos ningún chat, pero igual que el otro, también llega al cargo gracias a sus contactos partidarios. Esos contactos le sirvieron para que la mayoría de los jueces que componen el Tribunal Supremo lo seleccionaran como secretario de la corte, imponiéndoselo a la presidenta del cuerpo. Desde allí lo reclutó Rivera Schatz para colocarlo en la presidencia de la CEE. Su capacidad administrativa era desconocida porque la secretaría del Supremo es una oficina minúscula, pero de su fidelidad política no había duda.

En medio del caos del pasado domingo 9 de agosto tanto Rivera Schatz como la gobernadora Wanda Vázquez intentaron presentarse como víctimas, enfilando los cañones contra Dávila.  El pataleo no les sirve de mucho porque el país sabe que la CEE es de ellos. Es el mismo gobierno que provocó casi 4 mil muertos tras el huracán María y el que mancha con tinta de incompetencia todo lo que toca. El desastre de la CEE les pertenece, igual que el de la AEE, el del Departamento de Salud, en de las filas del desempleo y tantos más.

El último desastre tendrá una larga cola. Detener un proceso eleccionario en marcha, autorizado mediante legislación, no es algo de poca monta. La misma noche del domingo 9 de agosto comenzaron los pleitos cuando Pedro Pierluisi, quien dominaba la contienda dentro del PNP, acudió al tribunal para cuestionar la paralización y exigió que se contaran los votos ya emitidos. Quien paralizó el proceso fue Rivera Schatz, presidente del PNP, que apoya a la actual gobernadora, contrincante de Pierluisi.

Ya pueden ver cómo se desborda la excreta.

Mirada al País: No existe confianza

Por Josefina Pantoja Oquendo/Especial para CLARIDAD

 La asignación periódica de escribir esta columna como una aportación para CLARIDAD permite que pueda expresar mi opinión sobre asuntos de interés que están impactando al país, a nuestra gente. En ocasiones también abordo temas que tienen que ver con otros entornos geográficos, pero se relacionan con nuestra realidad, con los derechos humanos, la equidad de género, la solidaridad. Ha ocurrido que por la fecha asignada, se me va la guagua, como dice el refrán, sobre una controversia que me gustaría abordar.  En esta ocasión la asignación coincidía con la celebración de las primarias por candidaturas en las colectividades políticas mayoritarias; el Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD). Afortunadamente, nada tengo que ver con esas entidades, pero quienes prevalezcan en sus respectivos procesos se disputarán con mayores probabilidades de prevalecer que otras que han surgido, los espacios de gobernación del país. Por esta razón, decidí esperar hasta la tarde del domingo los resultados para sentarme a escribir.

Para no atosigarme con reportajes repetitivos y entrevistas aburridas de candidatas y candidatos que poco o nada nuevo tienen que decir excepto tirarse unas a otros, dediqué tiempo para ponerme al día en otros trabajos. A falta del programa radial de Mercedes Rodríguez “Aquí Contigo”, que nos trae un poco de paz y esperanza los domingos a las 9:00, el cual fue sustituido por políticos vociferantes, me acompañé en la radio por Zarabanda. Agradezco a Benjamín Muñiz su escogido de preciosos boleros y otras piezas pues parecería que tuvo la intención de contrarrestar la negatividad de la campaña primarista. Cuando a mitad de tarde encendí de forma alterna la televisión abajo y el radio arriba, para saber lo que estaba pasando, dependiendo de donde estaba limpiando, me enteré del caos que estaba ocurriendo con las primarias de los rojos y los azules. La primera imagen que observé fue al presidente del PNP y del Senado, promoverte también de la candidatura a la gobernación de la designada para el puesto hace un año, Wanda Vázquez, el cual estaba acompañado por el senador y presidente del PPD, Aníbal José Torres. Esta insólita comparecencia conjunta me dejó el ojo cuadrado y redondo, como sonea Choco Orta. El primero sin mascarilla y el segundo con la suya puesta, hicieron referencia al caos isleño porque las papeletas no llegaron a muchos centros de votación, desde lugares tan cercanos como Caguas y Loíza hasta otros remotos, como Ponce.  En Mayagüez fueron entregadas, pero pasadas las doce del mediodía. En esta ocasión, la senadora Evelyn Vázquez, maestra del oportunismo en  esa área, nada tuvo que ver con el retraso de la entrega.  Después de todo no se trataba de víveres para ganar votos, como ocurrió con su intervención en el Departamento de la Familia, por la cual está siendo investigada.

El consenso al cual llegaron los presidentes de los partidos, recogido luego en una resolución de la Comisión Estatal de Elecciones, fue que las personas que no pudieron votar porque los colegios en los que tenían que ejercer su derecho constitucional no fueron abiertos o no llegaron los materiales, lo harán el domingo 16 de agosto. Los que si funcionaron tendrían ocho horas para hacer las votaciones, desde que comenzara el proceso, por lo que en Mayagüez estarían votando hasta entrada la noche.  Los resultados de los precintos donde sí se pudo votar, no se darán a conocer hasta la semana próxima.  Sabemos que  la discreción y la disciplina no forman parte de los famosos maletines que distribuye la Comisión Estatal de Elecciones y funcionarios de los dos partidos comenzaron a enviar a los medios y a las redes sociales los números de los colegios en los que trabajaron.

Foto: Gabriel Soto

Las reacciones de electoras y electores y también de personas que no participaron del proceso de las primarias ha sido de mucha indignación. El presidente del organismo lució patético en sus comparecencias.  Se  le hacía difícil articular las palabras en la entrevista que escuché y sus explicaciones no convencieron a nadie. Lo cierto es que ha lucido muy mal desde que fue nombrado por el PNP y su credibilidad se ha quedado sin balance. Algunas le han pedido la renuncia, otros han jugado con las palabras, pero ciertamente no podrá quedarse a cargo de las elecciones de noviembre. Para entonces, acudirán muchas más personas a las urnas, serán cinco partidos políticos y candidaturas independientes, estará incluido el referéndum “Estadidad Si o No”, no sabemos cómo estará la situación con el COVID-19, la lucha por el poder será feroz y hay una deficiencia de fondos para enfrentar el proceso.  Por otro lado, será de aplicación el nuevo Código Electoral, a la hechura de Rivera Schatz, excluyente del consenso partidista, como había sido la tradición, el cual fue firmado por la gobernadora en uno de sus acostumbrados reversazos.  Aun cuando las primarias no se regían por la nueva legislación, personas expertas han señalado que hubo un efecto colateral debido a la eliminación de personal con la experiencia y memoria histórica que hubiesen contribuido a evitar el revolú en las primarias.

Además, a quién creerle. ¿Se trató en verdad de un problema de ineficiencia y mal manejo con la impresión de las papeletas  y su despacho a los colegios electorales?  ¿Movió alguien con mucho poder y control la mano para retrasar los procesos? ¿ A quién le conviene el fraccionamiento del voto en las primarias? ¿Quién se beneficia de contar con siete días adicionales para hacer campaña? Al pueblo trabajador para nada le sirve. Las mujeres que tendrán que permanecer en los hogares para cuidar  a las hijas e hijos que no podrán asistir a la escuela quedan al margen de lo ocurrido. A las personas que están luchando para sobrevivir sin empleo y esperando tras varios meses que se les resuelva el punto controvertible que les impide recibir los beneficios del Departamento del Trabajo ni les va ni les viene. Para las compañeras y compañeros que el domingo defendieron nuevamente el derecho a la salud de nuestro Pueblo exigiendo medidas de control en el aeropuerto para reducir los contagios del Corona Virus que se han disparado, al tiempo que reivindican el derecho a la libertad de expresión, las prioridades son otras.

Sí es importante que el proceso de las elecciones de noviembre sea limpio. Debemos velar porque los partidos mayoritarios, especialmente el que inventó el Código Electoral que regirá los procesos no se imponga por medio de arbitrariedades. El voto no es la mejor expresión de la democracia, como mucha gente de la política tradicional señala. Es una opción que podemos o no ejercer, pero como derecho hay que defenderlo y si va a usarse, hacerlo de forma informada y que se viabilice con las máximas garantías. Con un gobierno como el que tenemos, en el cual la corrupción y la falta de escrúpulos son el plato principal y el postre del día, debemos partir de la desconfianza, por lo que es necesario exigir transparencia y rendición de cuentas. Lo ocurrido el domingo de agosto tiene que ser investigado y que se fijen responsabilidades.

 

 

A 75 años de Hiroshima explotó Beirut

 

Por Isaac Bigio

Dos días antes del 75 aniversario de la bomba atómica de Hiroshima que se dio el 6 de agosto de 1945, una tremenda explosión destrozó al puerto de Beirut dejando unas 300,000 personas sin casas, 5,000 heridos y cerca de 150 muertos.

La detonación nuclear que arrasó a Hiroshima fue seguida 3 días después, el 9 de agosto de 1945, por otra sobre Nagasaki. Fue la primera vez que el mundo conoció este tipo de armas y nunca después fueron lanzadas contra humanos. A diferencia de las matanzas que sufrieron más de 100,000 civiles japoneses al fin de la II Guerra Mundial, la masacre de Beirut no parece haber sido ocasionada por un acto militar intencional, ni tampoco parece haber sido un bombazo.

Muchos elementos indican que la tragedia de la capital libanesa se produjo por una explosión de unas 2750 toneladas de nitrato de amonio que estaban en un almacén desde hacía un sexenio. Se trata de un material de efectos muy inferiores a los que arrasaron a esas urbes niponas hace tres cuartos de siglo, y miles de veces inferiores a las más sofisticadas nuevas armas termonucleares.

La capital libanesa ha padecido mucha destrucción desde que estalló la guerra civil de 1975 y luego con las dos invasiones israelíes, pero nunca antes había sufrido esta clase de destrozo en una época de paz.

Hay diversas conjeturas, desde la que lanza Trump en sentido de que las milicias anti-estadounidenses de Hizbola tendrían algo de culpa en el asunto, hasta la de este último movimiento y la de Irán quienes sugieren que ésta habría podido haber sido otra acción provocada por los enemigos de Hizbola, el cual se encuentra en la coalición gubernamental libanesa.

En caso de que haya sido un accidente, que es la versión que más circula ahora, esto debe llamar la atención acerca de lo peligroso que puede ser un arsenal nuclear. Ya se ha visto todo el desastre humano y ecológico que ocasionó la explosión de la planta soviética de Chernobyl en Ucrania del 26 de abril de 1986. Tal tragedia es uno de los hechos que contribuyó a la implosión del sistema regido por el Partido Comunista. Imaginémonos que pudiese pasar si cualquiera de los actuales arsenales nucleares pudiese tener una falla.

Arsenales nucleares

Hoy en día hay 9 países que tienen ese tipo de armas (EE.UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel). En 1986 había más de 70,000 misiles nucleares, pero, gracias a una serie de tratados, esa suma se ha reducido. No obstante, no se sabe a ciencia cierta cuántas hay y con qué velocidad se pueden ensamblar más.

Probablemente, más del 90% de todas las ojivas atómicas que hay en el planeta están repartidas entre las que detentan Washington y Moscú. Ambas potencias debieran renovar un tratado de no proliferación este febrero 2021, pero Donald Trump pone peros pues quiere incluir a Beijing en el acuerdo, cosa que objeta Vladimir Putin. La verdad es que China tiene tantas bombas de ese tipo como las que las tiene Francia o Reino Unido, pero el tratado de desnuclearización solamente incluye a los dos que más poseen éstas y no al club de los 9.

Israel es el único de todos ellos que no reconoce abiertamente poseer armas atómicas ni firma acuerdos de no proliferación y control. Esto, aunque el técnico nuclear israelí Mordejai Vanunu fue secuestrado por el Mossad en Italia en 1986 y puesto décadas en aislamiento total por haber revelado a la prensa británica que él había estado trabajado en plantas secretas de bombas atómicas.

El riesgo de una guerra nuclear ha quedado latente en varias ocasiones. A inicios de los 1960s se dio la crisis de Cuba cuando EE.UU. amenazó con desencadenar ésta si los soviéticos instalaban en dicha isla ojivas atómicas, tal y cual los norteamericanos habían puesto las suyas propias en países cercanos a la Unión Soviética. India y Pakistán han tenido varios conflictos armados y siguen protagonizando una serie choques en torno al control de Cachemira (una región mayoritariamente musulmana, la cual en su mayor parte está dentro de la India). Hace poco el norcoreano Kim Jong-un lanzaba cohetes de largo alcance con capacidad de impactar sobre la costa oeste estadounidense mientras que Trump les amenazaba con tener un mejor botón nuclear.

Una explosión nuclear no solamente podría acontecer como efecto de un accidente o de una guerra, convencional sino también como resultado de una incursión de grupos armados. En ese sentido, Israel es el que ofrece el peor peligro. Éste es el país con el territorio más chico de todos los 9 integrantes del club nuclear. En sus 72 años de historia dicho Estado ha librado 4 guerras con su principal vecino (Egipto), además de otras con todos sus vecinos inmediatos (Líbano, Jordania y Siria), además de haber intervenido militarmente en otras repúblicas, desde Uganda hasta Irak. Dentro del territorio que administra Israel hay decenas de miles de combatientes de distintas fracciones palestinas que chocan o han chocado con Tel Aviv.

El principal partido-ejército del Líbano es Hizbola, quien se precia de representar a la principal minoría de ficho país (los chiitas), de ser “el único movimiento árabe en haber expulsado militarmente a Israel de sus tierras”, y de haber sido un vital integrante de la coalición militar que junto a Bashir al Assad, Rusia e Irán ha ganado la guerra civil siria, constantemente tiene choques bélicos con Israel y ha amenazado con lanzar una lluvia de cohetes y también de lanzar comandos para ocupar partes de su territorio.

¿Qué pasaría si cualquiera de los miles de misiles que poseen las distintas facciones palestinas o Hizbola pudiese caer dentro o cerca de una planta nuclear israelí desencadenando una reacción en cadena? Se supone que Tel Aviv tiene esa clase de armas para protegerse, pero éstas podrían dar paso a un holocausto que ocasione la muerte de cientos de miles de sus habitantes.

Razones de ser de estas armas

En la actualidad hay tantas armas nucleares, químicas y biológicas que podrían ocasionar la destrucción de la humanidad, aunque no de la vida sobre la faz de la tierra, pues diversas especies, sobre todo de microorganismos, podrían sobrevivir. Cuando comenzó la pandemia, China e Irán sugirieron que el COVID-19 fue plantado en sus países por EE.UU., mientras que Trump ha acusado a éste de ser un virus chino generado en un laboratorio de Wuhan.

La cuestión está en qué es lo que hace que no pudiese darse un acuerdo para eliminar toda clase de armas de destrucción masivas. A Irak y a Libia se le invadió solamente después de que ambas repúblicas nacionalistas árabes decidieron autodestruir sus gases letales. Corea del Norte, viendo ese ejemplo, se ha dado cuenta de que la única manera de evitar ser bombardeada y arrasada nuevamente (como pasó en la postguerra mundial) es dotándose de los más avanzados misiles nucleares intercontinentales.

EE.UU. estuvo dispuesto a colaborar con Irán para dotarse de armas de destrucción masiva cuando los persas tenían un rey que estaba bajo su influencia, pero cuando en 1979 el Sháh fue derrocado y una revolución islámica implantó una república nacionalista le lanzaron contra ello a Saddam Hussein en la guerra de 1980-88, la misma que produjo un millón de muertos.

Hoy, Trump quiere imponer fuertes sanciones contra Irán y Venezuela, mientras acusa a Teherán de querer dotarse de plantas nucleares que no son de uso pacífico. En cambio, ayuda a los Emiratos Árabes Unidos a que tengan éstas, pese a que dicho país y los sauditas son tiranías que vienen bombardeando Yemen ocasionando allí un genocidio y el principal brote global del cólera.

Los sauditas quienes encabezan la destrucción de lo que antes se llamó la Arabia Feliz, ya han sobrepasado a Rusia en poseer el tercer presupuesto bélico más alto del globo. Washington y Londres son sus grandes proveedores de armas de alta tecnología. Pese a que ambas potencias hablan de exportar las democracias y los derechos humanos, las dos arman a la única tiranía del planeta que ha impuesto el apellido de su familia real como el nombre propio de su Estado, la misma que nunca ha permitido elecciones, partidos, sindicatos, iglesias, derechos femeninos o pluralismo religioso.

Rusia ha dicho que en la semana que se abre tras el 75 aniversario de la matanza de Nagasaki va a empezar a administrar una nueva vacuna contra el coronavirus a personal estratégico de su país. Esto se da a poco que Londres acusó a Moscú de haberle estado espiando sus investigaciones para lograr su propia vacuna.

Un mundo ideal sería uno aquel en el cual toda la humanidad debiera unirse para coordinar esfuerzos contra el COVID-19 e intercambiar informaciones para lograr antídotos eficaces y también para erradicar cualquier clase de arma de destrucción masiva (biológica, química o nuclear).

 

 El autor es analista internacional. Reproducido de www.alainet.org.

 

Salida de José Ortiz y la AEE

https://youtu.be/7NGw2QXKmdU