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Desenterrando a Franco

 

Por Elga Castro Ramos y Jennifer Duprey/Especial para CLARIDAD

Parte I

Es imposible encontrar monumentos honrando a Pinochet en Chile o a Hitler o a cualquiera de los altos mandos Nazi en Alemania, tampoco hay en Haití nada con el nombre de Papa Doc ni en Paraguay con el nombre de Strossner ni en Italia con el nombre de Mussolini. Y es que usualmente los países luego de una transición a la democracia después de una dictadura, no honran a los dictadores, sino a sus víctimas, y aunque no se trate de borrar una parte de la historia, se hace con educación, no con homenaje ni monumentos1. En el caso de España, luego de un proceso de transición que no comenzó con una transición per se sino forzado por la muerte del dictador, se mantuvo el cadáver de Francisco Franco en un mausoleo que él mismo diseñó, magno y con un toque imperial, el Valle de los Caídos2. En estos días, 44 años después de su muerte y 41 años luego de esa transición, finalmente se va a cumplir el deseo de los familiares de las víctimas de la dictadura, enterradas allí junto a su verdugo, que se exhume el cuerpo de quien sometió a España por casi cuatro décadas y se transfiera a un cementerio en Madrid. 

Esta decisión que debería ser aplaudida unánimemente y que es sin duda tardía y para muchos obvia, ha causado reacciones de rechazo por algunas personas en España, algunos que explícitamente aún ven con buenos ojos y añoranza lo que representó Franco y el Franquismo, y otros, que escudándose en un discurso supuestamente conciliatorio, preferirían “pasar página” y ven la exhumación como abrir una herida que ya se cerró3. Y realmente aquí yace el problema, no está cerrada esa herida y en casos como el catalán, se le puso una curita que era evidente que en algún momento se rompería, y ese momento llegó en el 2011. 

Esta es la misma España que se proyecta internacionalmente como una sólida democracia europea con valores y respeto a los derechos humanos, que dejó atrás su pasado franquista e incluso su “pobreza”. Y aquí, vemos en el 2019 el ascenso de un partido ultra conservador y abiertamente de derecha, Vox (el cual tiene muchos miembros y líderes que eran del Partido Popular), cuyos líderes argumentan que exhumar a Franco es regresar a la época que se quemaban iglesias en el 1936, por ejemplo. Es la España donde se interrumpe una proyección de una película sobre la Guerra Civil con gritos falangistas. Es la España donde aún hay grupos abiertamente franquistas. Obviamente España no es el único país que tiene movimientos fascistas y de extrema derecha, pero es importante reconocer su existencia para entender mejor el contexto actual. 

“Un problema eterno”

En el 1932, el filósofo José Ortega y Gasset ofrecía un discurso sobre el Estatuto Catalán, y decía: 

Digo, pues, que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo, y que a fuer de tal, repito, sólo se puede conllevar.

Y esta perspectiva de Cataluña como un problema ha sido una constante en el discurso oficial español, con sus altas y bajas en las tensiones, con un gran hiato luego de la transición democrática donde hubo un relativo periodo de calma, con el foco puesto en el País Vasco debido a la lucha armada de ETA y por los acuerdos entre los gobiernos de Felipe González en España y Jordi Pujol en Cataluña. Por un sinnúmero de motivos que no son parte del propósito de este artículo, esto cambió y la confrontación se abrió nueva y paulatinamente a partir del 2011. Desde entonces se han intensificado las manifestaciones en la Diada del 11 de septiembre, creciendo los reclamos a favor de un referéndum pactado con España (como sucedió en Escocia y Quebec), y finalmente, se realizó uno simbólico y no pactado el 1 de octubre de 2017, el cual fue brutalmente reprimido y después del cual sus líderes fueron encarcelados en prisión “preventiva”, mientras otros se exiliaron. Este atropellado resumen de los últimos ocho años demuestra lo que ha sido la constante en la política española, una discusión en dos planos diversos sobre el derecho a la autodeterminación, por un lado, y sobre la unidad incuestionable de España, por el otro. Para mi la cuestión es más sencilla de entender, simplemente no tiene solución, pero no por los motivos esbozados por Ortega y Gasset hace casi 90 años, sino porque ante la negativa del gobierno español de siquiera abrirse a la discusión de una eventual separación de Cataluña, si así lo desearan los catalanes, no es posible entonces plantearse el derecho a la autodeterminación ni a un referéndum. Esto de tomar la unidad nacional y territorial como algo sagrado e inmutable no es exclusivo de España. Lo que sí sorprende es con la ferocidad e intransigencia que han reaccionado a las manifestaciones y cómo han judicializado un problema político, ante, precisamente, la falta de una solución política. Y esta falta de soluciones políticas pasa por todo el espectro político español, con distintos matices, pero sin duda, a nivel nacional el tema catalán es uno que se trata con pinzas porque luego se paga en las urnas. Y es aquí que ayuda entender el reciente pasado franquista de muchas de las instituciones españolas y cómo estas han sido instrumentales para suprimir el catalán, las instituciones catalanas y los intentos de mayor autonomía de Cataluña. 

“Toma Hijo de Puta”

Así gritaba un policía a un manifestante mientras le lanzaba balas de goma, en las manifestaciones los días posteriores a la sentencia del Tribunal Supremo, la cual con condenas entre 9 y 13 años, sentenciaba a los líderes independentistas por los cargos de sedición y rebelión. Aún cuando la propia sentencia aclaraba que no hubo violencia, que nunca hubo amenaza real al estado, que la votación y declaración fueron simbólicas, las penas fueron muy duras. Así, como era de esperarse, las manifestaciones en estos días han sido masivas, incluso reactivando un movimiento independentista que estaba algo dormido y desorganizado. Y, como también era de esperarse, el estado español ha respondido con fuerza reprimiendo las manifestaciones. Cabe señalar que no todos los actos de protesta han sido de favorecedores de la independencia, muchos han sido de gente, incluso fuera de Cataluña en otras partes de España, indignadas con una sentencia que ven injusta y desproporcionada y que lo que hace es empeorar el “problema catalán”, lejos de solucionarlo, como han argumentado algunos. La mayoría han sido pacíficas, aunque han incluido acciones directas contra el orden aún sin ser violentas, como la paralización del Aeropuerto del Prat en Barcelona, y numerosas vías. Pero también han habido piedras lanzadas a la policía, fuegos y otros actos de vandalismo, pero en términos numéricos han sido minoritarios. 

Arden unos contenedores, 

pero “se quema Barcelona”

En la prensa española se repiten las imágenes de Barcelona en llamas y de los enfrentamientos entre manifestantes y policías. Los fuegos han sido mínimos, pero se han exacerbado. Y si bien es cierto que este movimiento se ha caracterizado por su pacifismo, algo de lo cual los catalanes están muy orgullosos ya que es muestra de su seny4, no hay por qué criminalizar cuando las protestas no son totalmente pacíficas. Este discurso de ley y orden está generalizado y así, por ejemplo, en las manifestaciones del primero de mayo en Puerto Rico en años recientes se critica severamente a los manifestantes que han lanzado piedras a las instituciones bancarias, o a los chalecos amarillos en Francia cuando prenden fuego o los indígenas en Ecuador vandalizando unas vitrinas o los afroamericanos en las de “Black Lives Matter”. O incluso la foto de la Calle Fortaleza en llamas cuando el “verano del 19” y las protestas de Ricky Renuncia. Y es que la violencia no es equitativa, hay una violencia institucional, representada aquí por el estado y las cortes españolas, que jamás se puede equiparar con unos contenedores prendidos en llamas. 

Si pudiera hablar con Ortega y Gasset le diría, sí, parece que es perpetuo, pero quizás el problema es dónde señalamos al problema, quizás el problema es España y no Cataluña, España por quedarse inamovible en su idea de unidad nacional y por su apego, consciente o inconsciente, a su pasado. La perpetuidad de la que hablaba Ortega y Gasset puede dejar de existir si hay voluntad política. 

Parte II

Som una nació. Nosaltres decidim (Somos una nación. Nosotros decidimos)

Durante la guerra civil española (1936-1939), Ramón Serrano Suñer, quien luego se convertiría en ministro del interior de Francisco Franco, recomendó un “Castigo bíblico (Sodoma y Gomorra)” para Barcelona con el fin de “purificar la ciudad roja, sede del anarquismo y el separatismo a través de la implacable termo-cauterización destructiva.” (citado en Resina 2008, 130). Al finalizar la guerra, los proyectos políticos y culturales de Catalunya fueron destrozados por una serie de prácticas que, como ha observado Joan Ramon Resina, marcaron una nueva etapa para Catalunya (7). Estas prácticas fueron: la derrota; el éxodo de la élite intelectual y política; la prohibición del uso público del catalán, la destrucción de una gran parte del legado literario e histórico de Catalunya; la confiscación de archivos para su uso en la represión de los catalanes; purgas y discriminación; la depredación fiscal de la economía catalana, y grandes esfuerzos para reducir Catalunya a una provincia (7).5 Las constelaciones en la historia de Catalunya y el estado español revelan continuidades y discontinuidades en el su devenir histórico. Puesto que, un aspecto intrínseco a esta idea de constelación histórica es un principio de continuidad que, asimismo, presenta espacios de discontinuidad a través de los cuales la reivindicación en la historia y la injusticia es posible.6 Veamos:

Hace nueve años, exactamente el día 10 de junio de 2010, justo después de la promulgación de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía, miles de ciudadanos salieron a las calles de Barcelona para apoyar la independencia de Catalunya. Después del referéndum celebrado el día 1ro de octubre de 2017, caracterizado por la violencia estructural del estado español y la brutalidad policíaca, nueve líderes independentistas fueron encarcelados por casi dos años, mientras esperaban el juicio y el veredicto. Las sentencias por sedición y mal uso de fondos públicos, son draconianas. Para muchos catalanes la sentencia era esperada, puesto que históricamente el estado español se ha negado a reconocer los proyectos políticos y sociales de los catalanes, siempre vistos mediante el lente de la homogeneidad política y cultural. No obstante, la unanimidad de los partidos políticos españoles en la condena de los líderes del Procés no sólo ha sido vergonzosa, sino que además ha intensificado en los ciudadanos catalanes la defensa a su derecho de autonomía y autodeterminación. 

En particular, impresiona el hábito con la que académicos, periodistas e historiadores acuden al pensamiento de Jürgen Habermas en España, específicamente su concepto de universalismo, para explicar o reflexionar sobre el Procés. La formulación habermasiana de la democracia constitucional, sin embargo, está fuertemente marcada por diferentes manifestaciones del estado de derecho y la ley, entre ellas principios morales peligrosamente vinculados a una idealización del consenso. En su formulación consensual, legalista y proceduralista de la democracia, Habermas niega la auto-determinación y existencia de un sujeto colectivo que emerge de la historia. Así, postula la posibilidad de que exista un acuerdo racional de lo que es igualmente bueno para todos en la sociedad, lo cual conduce a idealizar lo existente y sancionar consensos políticamente homogeneizantes. Su concepto de legalismo con pretensión de universalidad esta íntimamente vinculado a un supuesto “post-nacionalismo” que con suprema condescendencia define reclamos de autodeterminación como “nostalgia de pequeños estados,” lo cual tiene el efecto de de-historizar procesos históricos, de la mima manera que parece no involucrar a seres humanos reales con necesidades reales, así como las reivindicaciones colectivas dentro de las formas de estado ya existentes. 

En la línea de consensos políticamente homogeneizantes, el conocido partido Podemos, forma parte de los que apoyaron la sentencia. ¿Nos debería sorprender? No. La ambivalencia frente a los problemas políticos de Catalunya ha sido una constante del líder de Podemos, Pablo Iglesias. Por esta razón, una vez más, ha escogido mantenerse dentro de los parámetros de legitimidad del estado español. Tal vez, lo que nos debería sorprender es que se siga hablando de España, a nivel mundial, como una democracia ejemplar. El día que se publicaron las sentencias, académicos, historiadores y ciudadanos recordaban la historia de represión del estado español ante los problemas reales de Catalunya. Se trata, pues, de un sistema constitucional que es incapaz de asumir los reclamos de un pueblo sin llegar a la violencia y la represión más cruda. En el presente, la autodeterminación no se encuentra en la lista de valores políticos, de la misma manera que la desobediencia civil es totalmente criminalizada y castigada al servicio de las racionalizaciones del estado español. Así lee parte de la sentencia en cuanto a la desobediencia civil:

La desobediencia civil exige como primer presupuesto que haya desobediencia. A esa realidad hemos llegado al efectuar el juicio de tipicidad. Ha existido, en efecto, una desobediencia penalmente típica y además cualificada. Una desobediencia que se presenta como una de las formas más graves en la graduación de conductas a fines recogidas en el Código Penal. Y es que la sedición no es otra cosa que una desobediencia tumultuaria, colectiva y acompañada de resistencia o fuerza. Lo coherente para quien invoca la desobediencia civil será asumir el castigo en virtud de la ley penal que violó, para poner así en valor la intensidad de su discrepancia frente al orden legal.7

La desobediencia civil en Catalunya fue y es, por el contrario, una respuesta ante un estado que se ha convertido para los catalanes en posdemocrático y posrepresentativo. La debilidad actual de la democracia española es consecuencia de la idea de que la democracia es algo que se “administra,” o se “gestiona” y que, por lo tanto, cuando sea necesario puede ser ignorada. La criminalización y sentencia a los líderes independentistas testimonia que la justicia se reduce en España a un aura de lenguaje redentor y acciones violentas a través de las cuales esta virtud política (la justicia), paradójicamente, se convierte en virtud trágica. Los catalanes son ciudadanos no sólo de una nación, sino también de un país y un estado y dichas entidades tienen raíces institucionales y tradiciones participativas mucho más antiguas que la Constitución española. ¿Qué sucederá en Catalunya después de estas sentencias? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que solamente ellos, los catalanes, tienen el derecho a decidir. 

Mirada al País/La independencia: única solución

 

Por Denis Márquez Lebrón/Especial para CLARIDAD

La Junta de Control Fiscal continúa destruyendo la calidad de vida de los pensionados y la clase trabajadora, atentando contra la estabilidad y existencia de la Universidad de Puerto Rico e imponiendo sus mandatos a mansalva, otras barbaridades como la transgresión de derechos constitucionales y el medio ambiente ocurren simultáneamente.

Recientemente, en vista pública sobre la resolución 538 de mi autoría, la Junta de Planificación (JP) le mintió al País. Con la referida medida busco detener la adopción del nuevo mapa de calificación de suelos de Puerto Rico. Frente a decenas de personas y, sin pudor alguno, la JP defendió la supuesta transparencia de los procesos llevados a cabo para la adopción del nuevo mapa y minimizaron la magnitud de los cambios incluidos en el mapa de calificación propuesto, tal y como fue denunciado por grupos ambientales y expertos en la materia. 

Con posterioridad a la vista pública obtuve copia de los comentarios que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) había sometido a la JP el 26 de septiembre y que validaron los argumentos de los grupos pro ambiente que habían sido despachados por la JP alegando en la vista que los mismos eran “desinformados”. Claramente, las actuaciones de la JP son contrarias a la política pública de la defensa de nuestros recursos naturales y el medio ambiente. Como demuestra contundentemente el documento sometido por el DRNA -que contiene 459 comentarios- las expresiones de la Presidenta de la JP a los efectos de que los grupos opositores estaban basándose en desinformación fueron a todas luces incorrectas e irresponsables.

Tras la situación, cursé una carta a la Gobernadora en la que solicité que ordene a la JP a detener la adopción del nuevo mapa y acompañé con la misiva el documento sometido por el DRNA. Solicité además, que en la alternativa, el Comité Asesor Multisectorial -creado mediante Orden Ejecutiva para brindar apoyo técnico y recomendaciones con relación a este asunto- tome conocimiento de los argumentos sometidos por el DRNA, y se le otorgue la deferencia debida a la agencia encargada de velar por la protección del patrimonio natural del Pueblo de Puerto Rico.

De igual forma el Gobierno continua con el carpeteo electrónico y la violación de derechos constitucionales que he denunciado durante todo este cuatrienio son la evolución de uno de los capítulos más despreciables y siniestros de nuestra historia.

Las nuevas generaciones no vivieron las décadas en que la División de Inteligencia de la Policía se dedicó –con perversidad deliberada– a identificar, fichar, encarpetar y perseguir a miles de puertorriqueños por cuestionar lo establecido, repudiar el colonialismo y luchar por la independencia de Puerto Rico.

El sistema del carpeteo en Puerto Rico fue un calco de las agencias represivas del gobierno de EE. UU., en particular del FBI, quienes, además, fueron los “maestros” de la Policía en el diseño y puesta en marcha de este siniestro esquema. Estos mecanismos de persecución fueron utilizados por la metrópolis —y sus colaboradores en la colonia— para, entre otras cosas,  reprimir a organizaciones políticas, e incluso afectar su participación electoral, como fue el caso del Partido Independentista Puertorriqueño perseguido desde 1948 hasta 1987. La Carpeta del PIP constó de más de 15,000 páginas que incluían una diversidad de documentos, programas y actividades que denotaban el monitoreo constante durante esos años.

Toda persecución fue, y sigue siendo, un mecanismo para poner en función la “criminalización del independentismo”, e incluso, de la disidencia. El Gobierno criminaliza el cuestionamiento, la protesta, la acción y la oposición; en el pasado, por los Gobiernos del PPD y PNP, mediante las carpetas, y ahora utilizando los medios electrónicos modernos.

La nueva versión de este carpeteo electrónico es mediante la intervención en las páginas de internet y redes sociales de los protestantes, así como la toma de grabaciones en video de las marchas y protestas utilizando tecnología moderna, incluidos los llamados “drones”.  El ejemplo reciente es la intervención en violación de sus derechos a medios de comunicación universitarios.

Los métodos han cambiado, pero los objetivos son los mismos: criminalizar, controlar y reprimir la disidencia. Lo he denunciado en distintos foros,  radicado legislación para combatirlo y continuaré dando la batalla, porque no podemos continuar repitiendo el capítulo más siniestro de nuestra historia mediante la modernización del carpeteo y la evolución de la persecución política.

Por último, en múltiples ocasiones hemos denunciado que el ente impuesto desde Washington es la expresión más burda del colonialismo. Fue creada por el Congreso de los EE. UU., avalada por su presidente y validada por sus tribunales, bajo un principio sencillo y contundente, el Gobierno de los EE. UU. legisla y nos trata de manera imperial en virtud del poder que su constitución les brinda mediante  la cláusula territorial. Los eventos los eventos recientes en una vista del Tribunal Supremo reafirman una vez más ese poder colonial sobre Puerto Rico.

Luego de 121 años de colonialismo, todos los signos y planteamientos indican que la Ley Promesa y su abominable Junta seguirán despreciando al Gobierno de Puerto Rico, revocarán leyes aprobadas por la Legislatura local, seguirán llegando a acuerdos con bonistas que seguirán hipotecando al país, pero, sobre todo, continuarán en su agenda despreciable de destruir derechos adquiridos de los trabajadores, los salarios, las pensiones y mutilando nuestra universidad. Todo en favor de proteger a los grandes intereses en perjuicio de los intereses apremiantes que debe tener cualquier entidad gubernamental, que es apoyar y proteger a su ciudadanía.

A la Junta y al colonialismo tenemos que combatirlos políticamente. Hemos propuesto legislación para no aprobarle ni un solo centavo del presupuesto a la Junta, no reconocer sus mandatos y proteger a toda costa a los más vulnerables, como los adultos mayores y pensionados.

Pero sobre todo, tenemos que insistir en un verdadero proceso de  descolonización, retar y provocar al Congreso de EE. UU. a que se exprese, y empujar a que los inmovilistas de siempre se definan. Desde hace 73 años, el Partido Independentista Puertorriqueño ha tenido como su agenda principal la independencia de Puerto Rico. Somos un movimiento de liberación nacional y un partido electoral que, mediante el voto, reafirmamos nuestro derecho a la autodeterminación e independencia como la única solución a los problemas y necesidades apremiantes del país.

Por ello, el pasado domingo, 20 de octubre, en el marco de la celebración de esos 73 años de lucha por la libertad de la patria, nos reunimos en Peñuelas para conmemorar la memoria de nuestros fundadores como el Dr. Gilberto Concepción de Gracia y renovar nuestro espíritu de lucha. Allí compartí con compañeros y compañeras que representan el portaestandarte de este instrumento de libertad a través de todo el país. Familias, jóvenes, niños, adultos mayores y una gran cantidad de patriotas mujeres y hombres que formarán parte de las más de 1,000 candidaturas que presentaremos en las próximas elecciones enarbolando la bandera de la independencia.

El autor es Representante a la Cámara por el Partido Independentista Puertorriqueño.

Houston debe salir de favorito en la serie mundial

 

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

Al momento que este escrito salga publicado ya habrá comenzado la Serie Mundial entre los Nacionales de Washington y los Astros de Houston. Los equipos llegan con un resumé completamente distinto, Houston fue el mejor equipo de toda la temporada ganando 107 juegos, mientras que Washington ganó 93 y tuvieron que tener una extraordinaria segunda mitad de la temporada para colarse en la postemporada, primero en el juego de “wild card” donde vencieron espectacularmente a los Cerveceros de Milwakee. Luego a los favoritos Dodgers de Los Angeles, para después barrer a los Cardenales a San Luis. Por su parte Houston tuvo que pasar un susto frente a los Rays de Tampa Bay y luego tuvieron una dura y dramática serie frente a los Yankees de Nueva York que terminó con un dramático jonrón de José Altuve el pasado sábado. Pese a Houston tener nombres como Gerrit Cole y Justin Verlander, Washington tiene en Max Scherzer  y  Stephen Strasburg los elementos para mantenerse con ellos en el departamento del picheo. 

El bateo favorece a Houston, será en la alineación donde los Astros tienen ventaja, del 1 al 7 cualquiera de sus bateadores principales como José Altuve, George Springer y Carlos Correa pueden cargar al equipo como lo han hecho en diferentes momentos de esta postemporada. Para Washington solo Anthony Rendón posee esa cualidad. También cabe resaltar que Houston viene de vencer a los Yankees que fueron sin duda el segundo mejor equipo de toda la temporada. Por esto me inclino con los Astros y creo que Carlos Correa, quien cada vez se ve más recuperado de su lesión siendo una parte importante en la alineación, obtendrá su segundo campeonato en los últimos tres años, estableciendo a Houston como una mini dinastía. 

A su cita con la historia el tenis de mesa femenino

 

Por Javier Guaní Gorbea/Especial para CLARIDAD

Para el momento que esto salga publicado el equipo de tenis de mesa femenino estará a pocas horas de su reto más grande como equipo cuando traten este fin de semana de obtener la clasificación olímpica de Tokio 2020 cuando participe en la clasificatoria  por equipo en Perú.  Como ya se  ha convertido en costumbre Brasil luce como el rival más peligroso y el equipo al que las boricuas tendrán que vencer para obtener el esperado pase.  Además de Brasil participarán Chile y Perú.  Cabe destacar que solo clasifica el ganador.

El doble será esencial

El formato será de cinco juegos,  el que gane tres.  Al igual que en los Juegos Panamericanos. Sin duda de la final ser Puerto Rico y Brasil el juego de doble será de vital importancia para ambos quintetos, una victoria de Brasil prácticamente les asegura la clasificación. Sin embargo una victoria de las boricuas que jugarán ese juego con Daniely  Ríos y Melanie Díaz, le podría dar a las boricuas una oportunidad. De Adriana Díaz  obtener la anhelada clasificación de las boricuas esta seria nuestra primera clasificación  de nuestra historia en el tenis de mesa y seguiría añadiendo logros a un  grupo que ya de por sí ha logrado que el tenis de mesa sea un deporte de vital importancia para nuestro país y que cada día siga en crecimiento.

Editorial: Momento definitorio en la Universidad de Puerto Rico

 

El destino que confrontaría la Universidad de Puerto Rico (UPR), si se sigue adelante con las bárbaras medidas que la Junta de Control Fiscal ( JCF) ha aprobado e impuesto en su Plan Fiscal para el principal centro de educación superior pública en Puerto Rico, sería cerrar el año en déficit y prácticamente iniciar su gradual desaparición. Así lo ha aquilatado el presidente de la UPR, Jorge Haddock Acevedo, quien ha alertado a la comunidad universitaria sobre la necesidad de unirse para intentar revertir tan funesto derrotero. Es significativo que el Presidente de la UPR levante este “issue”. La Junta de Gobierno lo escogió sobre muchos otros candidatos y candidatas para ese puesto, precisamente por considerar que él sería el oficial idóneo para implantar la fuerte agenda de austeridad que ya vislumbraba la JCF, y que había recibido el aval de la administración del entonces gobernador Ricardo Rosselló. 

Sin embargo, en sus expresiones públicas del pasado fin de semana, Jorge Haddock Acevedo fue enfático en que la UPR no aguanta una carga fiscal como la que pretende imponerle la JCF en el Plan Fiscal del año próximo. Explicó cómo, tras haber hilado hasta los más fino, pudo cumplir con las expectativas de la JCF de hacer recortes significativos en gastos e implantar los aumentos en matrícula y otros costos al estudiantado; cómo hubo de cancelar contratos de docentes y congelar plazas de empleados regulares, docentes y no docentes; cómo hubo de trabajar contra el reloj para poner al día los informes financieros- incompletos y atrasados- para poder lograr la re acreditación de la institución por Middle States; y cómo la totalidad de esas medidas brutales redundaría en una reducción presupuestaria de $86 millones el año pasado. De hecho, el Presidente afirmó que durante los pasados tres años la UPR ha enfrentado recortes presupuestarios por $333 millones. 

Pero la JCF, insaciable, exige más a la UPR. Ahora pretende que, para el año próximo, se duplique la aportación patronal al plan de pensiones de los retirados del sistema universitario, además de un recorte de $71 millones en el plan fiscal para dicho año. El Presidente no está de acuerdo. Afirma que tales medidas terminarían por estrangular a la institución, y mucho más ahora, tras los ajustes profundos implantados durante los pasados años. Todo esto apunta a que la JCF quiere liquidar la UPR como la conocemos. Un cantazo adicional de decenas de millones sería nefasto, con el efecto de continuar desestabilizando la institución y minando la moral de sus estudiantes y trabajadores. 

 ¿A qué obedece este brutal ensañamiento de la JCF contra la UPR? ¿Por qué insiste la JCF en profundizar aún más la crisis en la Universidad, si ya la administración en solo un año redujo decenas de millones del presupuesto? Las respuestas a estas preguntas variarán según quien las conteste. Pero, sin duda, responden a profundas diferencias ideológicas y de clase sobre cuál debe ser la misión de la UPR, cómo debe organizarse y hacia dónde debe dirigirse. 

Para empezar, ni los miembros de la JCF, ni Natalie Jaresko, ni ninguno de los asesores y consultores que diseñaron el Plan Fiscal de la UPR conocen la institución, su historia, su trayectoria y su pertinencia e impacto en el desarrollo del Puerto Rico moderno. Ninguno ha estudiado allí, ni puede aquilatar los beneficios que la UPR ha representado y representa para la sociedad puertorriqueña. ¿Qué saben ellos o qué les importa si desde hace 116 años la UPR ha sido el mayor productor de cultura en Puerto Rico, y el principal promotor de movilidad social y económica por vía de la educación? ¿Cómo explicarles el rol de la UPR en la forja de ciudadanos y ciudadanas de primera clase que se han dedicado por generaciones a levantar y sostener los cimientos del país? ¿Cómo enseñarles a apreciar el legado de la UPR en la creación de un capital humano profesional de tanta calidad que es cotizado dentro y fuera de Puerto Rico por su excelente formación y destreza? O quizá sí lo saben y es eso precisamente lo que quieren atacar y liquidar. Que Puerto Rico pueda seguir contando con una universidad pública que democratice la educación profesional y responda a las necesidades económicas y anímicas, idiosincrasia, cultura e identidad puertorriqueña es un objetivo que contrasta con el enredo ideológico y de espíritu que exhiben, sin avergonzarse, los miembros de la JCF y sus adláteres. 

Es muy significativa la convocatoria del Presidente para que todos los sectores de la institución pongan a la UPR primero. Es un llamado a detener la embestida financiera e ideológica que mina los cimientos de la educación superior pública en Puerto Rico, y pone en riesgo la viabilidad y existencia de la UPR. No sabemos qué opinan Walter Alomar, Zoraida Buxó y demás miembros de la Junta de Gobierno de la UPR sobre el llamado del Presidente para que se detenga la ofensiva de la JCF en contra de nuestra Universidad. Ni tampoco sabemos qué podrá hacer, si algo, la gobernadora Wanda Vázquez, para detener esa embestida. Sólo sabemos que los sectores universitarios, acostumbrados a luchar por sus derechos, si se ponen de acuerdo en unas estrategias básicas, sabrían afinar con inteligencia cómo enfrentar este gran reto en un momento definitorio para el presente y futuro de la Universidad de Puerto Rico.