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Empeora el servicio de transporte marítimo y el acceso a los servicios de salud

 

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

La apertura del servicio de trasporte marítimo hacia Vieques y Culebra para el público en general durante la emergencia del COVID-19 agrava la situación que de antemano era un problema para los residentes de las islas municipio. En primer lugar, por el riesgo de salud que esto representa para los únicos dos municipios de Puerto Rico sin casos reportados. Segundo, porque con esta decisión se están restringiendo ciertos viajes a los residentes.

El Departamento de Transportación y Obras Públicas anunció  el 15 de junio que se reanudarían los viajes para el público en general. Por otra parte, la directora ejecutiva de la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM), Mara Pérez, especificó mediante un comunicado de prensa que el servicio de lanchas para visitantes estaría disponible a partir del 19 de junio con determinados viajes para los turistas.

Lourdes Feliciano, residente y comerciante en Culebra, detalló que según en papel que envió la directora de la ATM, estos eran los viajes de las 10:00 AM y el de las 5:00 PM. “Como quien dice está incautando ambos viajes. O sea, ellos hacen conteo entre los turistas y si sobra un espacio entonces cabe un viequense o culebrense”, señaló.

Fotos cortesia de Dolly Camarero

“Eso no puede ser así. Nos están quitando un derecho adquirido desde 1967. Ahora mismo no, pero generalmente los domingos tenemos estudiantes y personas que van a trabajar allá. A veces, tu llegas a Ceiba entonces te dicen que no cabes. Si cualquier persona residente de Vieques o Culebra se queda en Ceiba muchos de ellos no tienen casa o donde quedarse. Entonces tienen que pasar la noche en el terminal de lanchas esperando para hacer viaje de las 4:00 AM. Te hacen salir de Ceiba de noche, un área tan peligrosa que carece de electricidad, protección policiáca, estamos expuestos por todos lados”, sostuvo Feliciano.

En 1967, la Autoridad de Puertos creó el servicio de transporte para las Islas municipio. Antes de eso, era “Yito” quien transportaba a las personas de Vieques y Culebra en dos lanchas de madera. A partir de este breve relato, Feliciano reflexionó que el servicio fue creado por la necesidad de comunicar las islas de Vieques y Culebra con la Isla Grande de Puerto Rico. Reconoce la importancia del turismo para las islas municipio, pero a su vez mencionó que si no han tenido enfermos de COVID es porque se han mantenido ellos mismos y con las ayudas que han recibido de agricultores y entidades sin fines de lucro de otros municipios que han enviado comestibles.

Camareno, por su parte, señaló que reclamó que la ATM pretende que los residentes puedan abordar la lancha solo si reservan un espacio a través de porferry.com. “Eso es inaceptable para nosotros en Culebra. Nadie nos puede restringir el único medio de transporte que tenemos para ir a recibir servicios médicos especializados que no existen en Culebra para una población de personas muchas de ellas mayores de 50 años”.

Camareno mencionó que recientemente quizo viajar a las 5:00 PM un jueves y le dijeron que la lancha estaba llena. A pesar de las trabas pudo hacer el viaje, donde pudo observar que las lancha iba llena y que no hay distanciamiento en lo absoluto. “En el momento que a mi como residente me digan que no me puedo montar porque la lancha está llena y es para turismo allí mismo me voy a atravesar con mi silla de rueda y no pasa nadie hasta que pasen mis compañeros residentes y yo”, advirtió.

Algunos residentes han reclamado a través de las redes sociales tener problemas al momento de reservar un espacio a través del portal y que, en consecuencia, han tenido que ir directamente a la ventanilla, aunque eso no les asegura un espacio de todas formas. Estas reservaciones son para las embarcaciones de carga. Para las de pasajeros ya no se puede ir a la boletería y pedir un ticket, solamente aceptan la reservación online. Lo que es injusto para personas que no tiene acceso a una computadora o internet. La activista culebrense catalogó esto como falta de ética y una discriminación abierta, ya que se pone al residente y la salud de la comunidad por debajo del turista y el dinero.

En cuanto a las embarcaciones explicó que “si una persona va a llevar su auto o algún camión para suministros, tiene que estar allí a las tres de la mañana para a las cinco ellos ver si cabes o no, si sobra espacio luego de que hayan montado los camiones de suministros o de Suiza Dairy, el culebrense puede llevar su carro, hacer sus gestiones y tratar de venir al mismo día. Eso es otra cosa te venden el de ida pero no te dicen cuando vas a regresar. Hoy se pueden ir estos carros y mañana otros pero hay gente que viaja todos los días, constructores y las personas de la ferretería, por ejemplo, y si ese espacio está tomado no viajas. Se reservan 16 espacios para los residentes en el ferry de carga. Pero en las lanchas la única lancha que puedes coger es porque ellos asumen que el residente se va a ir por la mañana y esa es la única lancha que te montan”.

 Desde el pasado 19 de junio turistas están llegando a las islas de Vieques y Culebra. Feliciano recalcó que muchos de ellos no están siguiendo los protocolos como uso de mascarillas o seguir las reglas de los negocios en los que deciden entrar.

“Hay que salvaguardar la salud de todo el mundo en Culebra. Una isla donde más del 50 por ciento somos personas comprometidas en salud y tenemos más de 50 años. Les pedimos encarecidamente que por favor nos respeten. Usen sus mascarillas todo el tiempo y cuando vengan y alquilen carritos de golf amarren a sus hijos. Este fin de semana vinieron bastantes… No es que no vengan, pero hay que ser bien cautelosos”, agregó Feliciano.

 Viequenses denunciaron el anuncio sobre un servicio de trasporte específicamente para turistas mientras se deniega el mismo servicio a los residentes. Carmen Valencia, líder viequense cuestionó “¿Cómo es que aparecen dos lanchas adicionales ahora para los turistas y no para lograr el distanciamiento que se está necesitando desde que comenzó la pandemia?

 

 

A unirse en contra de la privatización de la AEE

 

Por la Redacción/CLARIDAD

 

La Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT) expresó su rechazo al contrato de privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y ofreció a las organizaciones de trabajadores de la AEE a que cuenten con su participación para realizar las acciones necesarias en contra de la privatización.

En comunicado de prensa, este lunes 29 de junio, la CPT repudió el contrato por $1,500 millones a la empresa LUMA Energy, la cual lo que busca es generar ganancias desangrando el bolsillo del pueblo.

“La energía eléctrica es un servicio esencial que tiene que continuar en manos del pueblo de Puerto Rico y no puede estar sujeta a motivaciones de ganancias.” Los trabajadores de la AEE están organizados en la UTIER, la UITICE y la UEPI.

El presidente de la CPT, Emilio Nieves Torres, señaló que “es evidente la intención de LUMA para generar ganancias; no es mejorar el servicio al pueblo. Para LUMA su prioridad no es analizar las necesidades de nuestro sistema eléctrico y los pasos encaminados hacia la energía renovable. Ya reconocieron públicamente que su prioridad es analizar los ingresos y gastos de la corporación pública. De este modo quieren identificar su margen de ganancias. A esto se añade que LUMA puede solicitar una revisión tarifaria, lo cual abre la puerta a aumentos en la factura de la AEE y esto implica aumentos en cadena en todos los reglones de consumo y servicios que necesita el pueblo.”

Agregó que el contrato es un asalto al bolsillo del pueblo, que pretende durar 15 años, lo cual podría convertirse en un aumento escalonado y anual. “La realidad objetiva es que toda privatización encarece los costos de los servicios. Ha sido evidente en las telecomunicaciones, la salud, los peajes y el aeropuerto, entre otros. Los servicios esenciales no pueden privatizarse, sino administrarse con transparencia y en coordinación con los trabajadores que tienen la preparación y la experiencia para la transformación de la AEE.”

Como educador, Nieves Torres puntualizó que el contrato con LUMA desplaza la política pública de que el país se mueva hacia la energía renovable. “El Gobierno se ha caracterizado por educar en las escuelas públicas y las universidades para la transformación de energía fósil a energía renovable, pero ejecutan acciones contrarias a esa educación. Es decir, el Gobierno traiciona lo que se enseña en el sistema educativo y se une a los que buscan continuar con el negocio para generar ganancias con carbón, petróleo y gas. El Puerto Rico que tenemos que construir tiene que dirigirse, sin desviarse, hacia las fuentes de energía renovable: solar, eólica, entre otras.”

El líder sindical exhortó a que hay que unirse a los trabajadores de la AEE para detener no solo la privatización de energía eléctrica, sino descartar la visión neoliberal del Gobierno y de la Junta de Control Fiscal, que persiguen privatizar otros servicios esenciales como el servicio de agua y la educación.

 

Poesía, registro, antologías, o cómo interpelar

Por Aurea María Sotomayor

 

Esto es un cuadro. Apunto lo que deseo mirar en él.

Usualmente me dejo llevar por lo que más perturba.

El detalle asusta, pero no dejo de observarlo.

Estoy afuera. Mientras me mira, me dice que no estoy afuera:

Me habla. Lo miro y me contradice, aún más:

No me correspondería si le hablara.

 

-Sylvia Figueroa (Para mirar de cErca, 2007)

 

Los proyectos antológicos se inician pensándolos, y el gesto de completar dicho pensamiento puede comprometer varios años. En este momento me atrae el verbo “pensar’, a diferencia de conocer, como lo distingue Alain Badiou en su ensayo “¿Qué piensa el poema?”. Allí éste describe la experiencia de pensar como una que pretende afirmar el ser sin que ello constituya la aprehensión de un objeto. Los objetos se conocen, mientras que la poesía se piensa, no es discursiva, sino un pensamiento incalculable (33). Si, como afirma Badiou, el poema es la intransigencia misma, cómo hacerlo formar parte de la suma que es la antología, el criterio antológico al cual le es inherente el discursoantológico, es decir una argumentación? ¿Es posible articular una argumentación en torno a la intransigencia misma que es un poema, y en el caso antológico, al conjunto particular que constituyen a varios poemas? Entonces, una pregunta a formularse sería cómo se piensa una antología vis a vis la afirmación de Badiou sobre lo que piensa el poema. ¿Qué criterios orientan a una antología? En el ánimo de pensarla en el mismo registro que a la colección, pensé en una antología titulada “Entre objetos perdidos”, tomando la frase prestada al pensador judío-alemán Walter Benjamin. En un afán benjaminiano inicial, me movió el deseo de reunir objetos singulares como lo son los poemas, exhibiéndolos para el disfrute democrático en paridad de condiciones. Ese gesto, estimo, “los subsume en la expectativa de su excepcionalidad” (AMS 9) porque son el producto final de una selección rigurosa. Como no deseaba que los poemas seleccionados devinieran prótesis del telón, se me hacía difícil justificar el criterio pues de cada poema se desprendía una forma de ser distinta y particularmente suya. De modo que parcialmente rehusé proveerles un telón inteligible que los agotara,[1]y procuré plantearles a todos una lectura diferente que “pretende tensarse entre los puntos ciegos y los puntos suspensivos, es decir, entre lo que está fuera de escena y lo apenas visible”. (AMS 10). Mi lectura produce lecturas sucesivas de series de poemas que delimitan otras posibilidades de aproximación a esa tradición llamada poesía puertorriqueña. La intención fue atender las formas, menos que los tópicos, menos que los argumentos, y el valor de la recopilación resaltaba tanto por la poesía incluída como por la excluída. Sin embargo, una de las preguntas que todavía ronda esa reflexión que me tomó varios años (2013-2017), fueron las coordenadas de la pertinencia y del diálogo de la poesía puertorriqueña dentro del marco de la poesía y poéticas latinoamericanas. Estimo que se trata de un criterio político importante, que pone en juego la aserción misma de Badiou sobre cómo el poema piensa y su ensayo sobre el comunismo y la poesía, es decir, comunismo como lo que es común a todos.

 

Si me remito a mi inflexión inicial es porque la selección o el telón, de alguna manera, se construye a partir de los poemas, y lo que intento establecer son las coordenadas del diálogo. Eso, colocado en la dimensión de lo afirmado por Badiou, a saber, que “el poema carece de anécdota y de objeto referencial” y que “declara desde un principio su propio universo” (Badiou 28) podría parecer un dislate. Me pregunto entonces cómo y para qué capturar un poema para una antología, cómo procesar en particular el registro lírico con un fin u objetivo preciso, llevando a cabo el desgarramiento más violento: deshacer el aura autorial en que los sumerge el romanticismo inherente al derecho patrimonial. ¿Cuáles son los parámetros para pensar un poema lírico inserto en un referente mayor. ¿Qué hacer con la definición de Badiou, con la que concuerdo, a saber, el poema como “intransigencia” o como resistencia a la anécdota o a un referente. Existe un diálogo aquí, no obstante, entre Badiou y Benjamin, consistente en la resistencia benjaminiana a la funcionalidad del objeto coleccionado. Dice éste que el “verdadero coleccionista extrae siempre al objeto respecto de su entorno funcional”. (En ‘El coleccionista’, Obra de los pasajes). [Ayer por ejemplo veía una vidriera llena de cristales provenientes de diversas tradiciones, y el guía de la casa nos decía que algunos llegan a visitar la casa con el objeto de fotografiar esa vidriera. Dalton y Cardenal a su vez han escrito poemas donde citan su tradición oral o letrada. ¿Qué función tienen esas “antologías”? ¿∏odemos atribuirle alguna a posteriori, incluso, más allá de la intención antológica inicial?] Benjamin aspira a “la materia vista en su naufragio”, es decir, la vislumbra navegando en otras aguas que no son las acostumbradas, tornándose diferentes por razón de la descontextualización. Yo coloco estos poemas seleccionados en el registro de los objetos re-aparecidos, como organismos imperecederos que por ser bienes intangibles dado su ser objeto estético, no se agotan, y producen valores que escapan al cálculo, recirculándolos a partir de una mirada diferente que invita a los lectores a justipreciarlos de otra forma. Esa otra forma, que no depende de la apropiación material, sino que depende de su disfrute (tampoco se consumen o agotan), se multiplican a partir del reuso o reanimación, de un usufructo bien entendido. De ahí el temor de los leguleyos que no saben cómo justificar en términos patrimoniales lo que se usa sin desgastarse, lo que circula sin apropiación material, como lo es el objeto estético. Su infungibilidad los torna invisibles al derecho y preciosos a quien los estima. Se trata de un valor incalculable precisamente por esta razón, su uso es imprescribible, incierto, y la diferencia entre lo original impuesto por el aura autorial y lo derivado se va disolviendo, borrando. La comunidad del re-hacer y de la lectura es potencialmente política.Partimos de aquí para pensar esa antología porque en el caso particular de la producción puertorriqueña es urgente y necesario entablar un diálogo con el mundo, y en particular con aquel que nos queda más próximo como lo es la poesía norteamericana, la poesía latinoamericana y la latino poetry en la que paulatinamente se va insertando a partir del uso del inglés usado por algunos poetas residentes en los Estados Unidos desde hace varias generaciones. El motivo de mi libro ha sido pensar nuestra tradición poética a partir de una mirada abarcadora, cronológicamente hablando, para descubrir algunos hitos de una historia que no necesariamente es fácil de advertir cuando se hacen antologías signadas por un criterio periódico. Algunos de estos momentos son 1) el afán vanguardista, específicamente en el uso de una forma que es el collage, 2) la impronta feminista como discurso y 3) la heteroglosia o el afán de incorporar otras hablas que ya no provienen de la cultura letrada, sino de grupos particularmente perimidos, tales como los grupos narco en diálogo con un discurso político que se manifiesta valorativamente con los medios masivos de circulación. Es el caso de los textos entre poéticos y dramáticos de Luis A. Rosario Quiles en sus dos sagas sobre el antihéroe Víctor Campolo (La moviday El juicio de Víctor Campolo). Estas hablas también se manifiestan en la heteroglosia de José Ramón Meléndes (décimas, sonetos y versos libres) y en las intervenciones poéticas en la ciudad de Esteban Valdés. Me parecen ser los tres hitos fundamentales que derivan de las líneas que trazara en su momento José María Lima en su poesía. Atañen sobre todo a la relación entre la lengua y el territorio y de ahí su lugar privilegiado en el ensayo. El otro perfil muy presente, pero casi tensado hacia el silencio que parecería invisibilizarloproviene de la poesía lírica, que se yuxtapone en intensidad y frecuencia con la tradición épica, la feminista y la vanguardista. ¿Cómo fundamentar una antología exclusivamente lírica y cómo leer lo político de lo lírico? En un ensayo fundamental escrito por Theodor Adorno éste apuntaba hacia ;a universalidad de la substancia lírica, que es social en naturaleza. Señalaba éste que solo alguien que escucha la voz de la humanidad en la soledad del poema puede comprender lo que el poema dice. La interpretación social de la lírica no depende de la posición política de sus autores, sino de como lo social es parte de la obra. “Social concepts should not be applied to the works from without but rather drawn from an exacting examination of the works themselves.” En este enfoque inmanente, extraemos lo social de la obra misma y supone conocer la obra tanto de la sociedad. La lírica misma puede ser vista como protesta o cuestionamiento de un mundo moderno y mercantil, protesta a convertir el todo en mercancía.

En todo poema lírico hay una relación histórica del sujeto con lo objetivo, del individuo a lo social.” Mientras menos el poema tematice la relación del yo con la sociedad, más espontáneamente cristaliza en el poema, más cabal será el proceso de cristalización, añade.

EL repliegue de lo lírico en el yo es socialmente motivado. El lenguaje, doble, se asimila al impulso subjetivo, y además es el medio de los conceptos, establece una relación con lo universal y lo social. “Hence the highest lyric works are those in which the subject, with no remaining trace of mere matter, sounds forth in language until language itself acquires voice”.

EL lenguaje (en su objetividad) media hacia la poesia lírica en la sociedad. La expresión lírica es jamaqueada o estremecida por la crisis del individuo y aflora la corriente colectiva subterránea, trascendiendo la mera individualidad.

Conclusiones: Quizás por esto cuando  pensamos los parámetros argumentativos de mi propuesta antológica resulta difícil identificar con certeza cómo se agrupan varios poetas en torno a otras discusiones inherentemente líricas atinentes a temas tales como el amor, la soledad, la belleza, la fugacidad del tiempo. Dice Badiou que “contra la obscenidad de todo lo que puede ser visto y todo lo que puede ser dicho, el mostrar, el registrar y el comentarlo todo, el poema es el custodio de la decencia del decir (Badiou 25). Y añade que siendo el poema el lenguaje mismo exponiéndose excepcionalmente solo al ruido que ocupa el entendimiento (26).

Ante el abismo que ostenta el poema en tanto que siempre se halla al borde del decir y su propuesta de pensarse frente al lenguaje, ¿qué parámetros podrían articular el “alboroto” que entrañaría la poesía lírica dentro de una tradición nacional particular? ¿Cómo pensar la madeja de lo social inmanente en lo lírico, en palabras de Adorno? ¿Cómo incorporarlos discursivamente en un colectivo sin antes cuestionar la figura del yo en ellos, su diálogo dentro o respecto a un conjunto de voces, y sobre todo, cómo al tomar ese camino proponer simultáneamente otro que cuestione precisamente esa figura autorial romántica, que es la causa y el efecto de todo planteamiento antológico? Es decir, así como Badiou en su lectura propone al poema como una intransigencia que atañe a su lenguaje como resistencia discursiva y Adorno intenta recuperarlo dentro de esa misma vertiente, mi cuestionamiento del género antológico cuestiona el alboroto que es el decir lírico dentro de un tramado discursivo que interrumpe el impacto de la propuesta de la figura autorial y lo desplaza siempre hacia otros cauces más allá del pensar, necesariamente sumidos en el conocer. Quizás por eso las figuras que sobresalen de este libro se articulen sobre los ejes del lenguaje en tanto referentes a la tierra y la lengua, y se guarade silencio en torno a los más líricos, que no hacen ruido, en el sentido que hemos discutido aquí. El desafío a algunas de las preguntas esbozadas aquí sigue abierta al intercambio.

 

Barcelona, 24 de mayo de 2018.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]Benjamin, por ejemplo, criticaba el telón que le daba aire de lejanía a los objetos puestos frente a este, naturalizándolos contra el fondo, y perdiendo así los objetos sus particularidades.

Será Otra Cosa: La extravagancia del ahora

 

Por Mari Mari Narváez/Especial para En Rojo

 

1.Me había resistido estoicamente a escribir sobre la pandemia y la cuarentena. «Sé que es una gran tentación pero es clichoso», le dije a una amiga al principio de todo esto. Estaba convencida de que especialmente adoptar el tono apocalíptico para escribir sobre la pandemia, era una salida fácil y predecible. ¿Estaría en negación? Puede ser. Sigo creyendo que esto es un cliché pero ahora el tiempo no me está ayudando pues, cada día que pasa, mi vida se convierte más en lo que nos ha traído la pandemia.

Ya antes de toda esta crisis, los grandes temas universales (la vida, el amor y la muerte) iban quedando condensados en un «darle la vuelta al sol», «amar hasta el infinito» y «volar alto» en tiempos de redes sociales y restricción de caracteres. Las ‘amistades’ se iniciaban con la solicitud de un click; los futuros amores se predecían como se anticipa quién comprará una faja: por algoritmos. O sea, el mundo había cambiado bastante. Era, sí, otra vida, otra manera de relacionarse pero era también alternativa. Es decir, aunque a veces podías llegar a preguntarte si, en efecto, existía por sí sola la vida material, una especie de aquí y ahora, o si acaso estábamos todos en el tránsito de las ondas, esperando que nos leyeran el subtexto del texto, sí teníamos la opción de cerrar esa ventana virtual y acudir a la vida corpórea, más o menos como siempre la conocimos: salir con las amistades, comernos una pizza, acudir a reuniones, actividades, hacer visitas, viajar.

Hoy ya es más difícil asumir esa otra vida como alternativa. Si apagamos la ventana virtual, el mundo se reduce al estricto núcleo familiar y tu balcón. Así las cosas, esas «redes sociales», al igual que Whatsapp y sus facsímiles razonables, se han convertido en la casi única plataforma de sociabilidad existente, más allá de tu cuarentenado, si es que tienes uno (o una). Dicen que una es lo que lee. No es exactamente cierto pero sí leía el otro día a Olga Tokarczuk, la escritora polaca que recientemente ganó el Premio Nobel de Literatura, decir que «el mundo es un tejido que tejemos diariamente en los grandes telares de informaciones, debates, películas, libros, chismes, pequeñas anécdotas. Hoy, el alcance de estos telares es enorme: gracias a Internet, casi todos pueden participar en el proceso asumiendo la responsabilidad o no, con amor u odio, para bien o para mal. Cuando esta historia cambia, también lo hace el mundo. En este sentido, el mundo está hecho de palabras».

Hoy las palabras solo se albergan en la casa, este lugar que por años he denunciado como el escenario de la felicidad muy privada que se impone en nuestro país. Por la vía que vengan, las ejercemos desde allí. La casa entonces se ha expandido de debates y películas y libros materiales y virtuales, y chismes y textos grupales y Zooms, de todas las anécdotas del mundo que hemos podido recordar cada noche, sentados en las sillas de plástico. Se ha expandido de silencios también y todos los silencios componen un lenguaje propio. Es el mundo de «allá afuera» el que se va volviendo más pequeño y, muy extrañamente, a veces temo que también menos apetecible.

En algún momento tal vez de desorientación he llegado a preguntarme si el mundo somos (o llegará a ser) mi cuarentenado y yo. Nunca antes me tuvo tanto sentido que dos personas juntas no supongan lo mismo que tres, que cuatro o cinco. He recordado mucho lo que aprendí sobre el lenguaje árabe en un viaje que hice a Marruecos: que dos no son un plural sino otra cosa, una categoría en sí misma. Una persona es una voz singular, dos es una unidad dual. El plural existe sólo de tres en adelante. Desde que lo supe, no he vuelto a entender cómo no lo imaginé antes. Lo que hay entre dos personas, las que sean, no tiene nada que ver con el exceso de un plural. La experiencia de dos no tiene escapatoria. Dos siempre van a encontrar cierta mentira propia en el otro. Como también cierta verdad de las cosas. Dos siempre tienen por dónde unirse, y si se separan, es incómodo no marcar la ruptura, componer una despedida. Entre una multitud, guardar silencio, retirar la mirada, poner una mano, constituyen actos mínimos. Pero ante un solo otro son actos ineludibles.

Son las cosas del lenguaje. Cómo al final siempre vemos el mundo a través de las palabras.

 

1.En mi vida «normal» (pre-pandemia), uno de mis pasatiempos (obsesiones realmente) era buscar pasajes aéreos en liquidación. Desde muy temprano en la pandemia, por primera vez en toda mi adultez, dejé de pensar en los viajes que quería dar. Presumo le pasó a muchas otras personas viajeras, no seré la única. Cuando me percaté de esta fatalidad, intenté animarme haciendo algunas búsquedas de destinos naturales donde pueda practicarse el distanciamiento físico pero no me duró mucho. Realmente creo que he perdido esa obsesión, así sea «de momento», por la crisis (que sabemos puede durar años).

Eso sí, sigo recordando constante, lúcida, también obcecadamente los viajes pasados. Algo que siempre me fascina de los viajes es ese momento en que descubres, no la belleza, no la sorpresa, no la inmensidad (esas son obvias). Me refiero al momento cuando descubres que un lugar no es lo que habías imaginado, cuando le encuentras la degradación. Es un fenómeno. Me ha ocurrido muchas veces. La vida falla bastante en hacerle honor a la literatura, y los lugares que alguna vez imaginaste gracias a un libro o una película, sueles encontrarlos degradados por el tiempo, por la memoria o por el capital. Me di cuenta de esto hace años, en la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech, cuando fui con excesivo e inocente entusiasmo buscando ver por fin a los enigmáticos encantadores de serpientes. Me creí que iba a Las mil y una noches, pero realmente me encontré, digamos, con el compendio, o más bien con otra cosa. Al final sales huyendo de los encantadores, no por las intimidantes serpientes sino porque no tienen la más mínima voluntad de ser esos personajes míticos, misteriosos de la literatura. Son más bien unos señores de un demeanorviolento y apresurado, que te amenazan de entrada antes de que se te ocurra incluso sacar la cámara, todo esto sin dejar de exhibirse con su mascota y sus medias sonrisas de pocos y dorados dientes para quienes les pagan las sumas que exigen para ser retratados. Como dice mi amiga Beatriz Llenín, esa degradación, ilustrada en aquella agresividad de los encantadores, es el canje inescapable entre la necesidad económica y la rebelión contra un ordenamiento que, de tanto exigir que la realidad sea como la fantasía, termina violentándola enormemente.

 

Van tres meses y medio y puedo contar con una sola mano las veces que he salido de casa a algo que no sea trabajar, ir a alguna playa en estricto distanciamiento físico (mi única actividad recreacional fuera de casa) o comprar alguna cosa necesaria. Para mi extrañeza, si bien me he sentido hastiada y cansada, muy cansada muchas veces, tampoco he desesperado. Y si bien extraño mucho a la gente, creo que me he ido acostumbrando a esto (lo que sea que es esto) y tampoco tengo ya deseos de volver a aquel pasado, a aquella «normalidad» nerviosa, expuesta, trepidante. Me pregunto si el presente no fue siempre una memoria expansiva del pasado, una ansiosa decodificación del futuro. Si, en este ejercicio de encierro cada vez menos forzoso de ver crecer la casa y sus objetos en dimensiones inimaginables, el ahora se me vuelve una extravagancia cada vez más valiosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La historia de las hermanas Korvin-Krukovskaya

Pero las hermanas tenían ideas propias. Anya y Sophie iban poner a prueba y a sufrir los límites de la sociedad aristocrática donde nacieron, Anya por sus ideas políticas y Sophie por la absurda idea de dedicarse a las matemáticas.

Sophie Korvin-Krukovskaya tuvo que luchar toda su vida, para desarrollar su pasión y talento para la matemática. En el camino se transformó en la primera Doctora de la Universidad de Goettingen. Los resultados de su investigación fueron importantes y, por eso, es la más conocida de las hermanas. La hermana mayor, Anya, más volcada a la literatura y la política también se sentía prisionera en esa sociedad rígida y ambas se aliaron para escapar de la mediocridad y frivolidad de este ambiente.

Fueron educadas por tutores privados como era habitual en su época y clase social.  Sophia descuidó sus otras lecciones por estudiar álgebra luego de que un tío le prestara un libro sobre el tema. A pesar de que el padre se lo prohibió, ella siguió estudiando a escondidas.

Un «marido» para salir de Rusia

Las hermanas quisieron ir a la Universidad, pero eso en Rusia era imposible. Para ir al extranjero había otra dificultad: la ley prohibía que las mujeres viajaran sin el permiso de un padre o un marido. Como el padre se negaba, la solución que encontraron fue buscar un marido. Un marido “ficticio” entre los jóvenes rebeldes, autobautizados “nihilistas”, que pudieron conocer en San Petersburgo.

Vladimir Kovalevski, que a su vez quería estudiar paleontología en Alemania, estaba dispuesto a esta charada de casamiento. Primero pensó en casarse con Anya, pero después se decidió por Sophie. Relaciones complicadas, como en una novela de Dostoievsky (Fyodor Dostoievsky en persona tiene un papel secundario en esta historia porque conoció y cortejó brevemente a Anya).

Sophie, Vladimir y Anya viajaron juntos a la Europa Occidental. El matrimonio Kovalevsky se responsabilizaba por la conducta de la joven soltera y las apariencias quedaban salvadas. Pero pronto Anya siguió su propio camino y se fue a París. Las hermanas dejaron Rusia atrás y de espectadoras se convirtieron en participantes del fermento político e intelectual de su época.

Darwin, la Comuna de París y Marx

Los Kovalevsky estuvieron en Londres y Vladimir se contactó con Darwin, ya que había traducido algunos de sus libros al ruso. Próxima parada, Heidelberg, donde Sophie quería estudiar matemáticas y física, pero fue una decepción ya que no la dejaron entrar en la Universidad por su condición de mujer. Tras insistir logró permiso de asistir a clase siempre que el docente a cargo diera su acuerdo.

Por su parte, Anya estaba en París cuando estalló el movimiento Revolucionario de la Comuna de París en 1871. Para ese entonces vivía en pareja con Victor Jaclard, un joven francés revolucionario, y ambos participaron activamente en la Comuna. Sophia y Vladimir viajaron a París como apoyo a los revolucionarios. Pero la Revolución fue derrotada y duramente reprimida. Anya fue presa y liberada pero Jaclard fue condenado a muerte.

El General Korvin-Krukovsky viajó a París y se entrevistó con las máximas autoridades. No pudo hacer mucho oficialmente, pero en un episodio confuso, aparentemente con el gobierno mirando hacia otro lado, Vladimir Kovalevsky se encargó de facilitar la huída de Victor Jaclard hacia Ginebra. Allí Anya y Victor se casaron burguesamente, pero no abandonaron su actividad revolucionaria. Viajaron a Londres donde se conectaron con Karl Marx y luego se radicaron un tiempo en Ginebra.

La primera mujer en obtener un Doctorado en Europa

Por su lado, Sophie se mudó a Berlin y Vladimir fue a estudiar a Jena. La movilidad de los alumnos universitarios era la norma en Alemania, pero la exclusión de las mujeres también. Esta vez Sophie no pudo ni entrar a las aulas. Al fin y al cabo, fue una ventaja porque obligó a Sophie a pedir clases particulares a Karl Weierstrass, profesor en Berlin. Weierstrass le envió un problema difícil, pensando que con eso se la sacaba de encima. Sin embargo, la respuesta de Sophie fue tan acertada que decidió tomarla como alumna. Sophie completó el curso, de varios años, que daba Weierstrass en la Universidad.

Sophie completó tres trabajos originales en los años de estudio. Weierstrass evaluó que cualquiera de ellos podía servir como tesis de Doctorado. Lo presentaron en Goettingen, amparados en una disposición que permitía la postulación remota de aspirantes extranjeros, y así Sophie se convirtió en Frau Doktor, la primera mujer en obtener un Doctorado en Europa.

También Vladimir era ahora Herr Doktor en Paleontología y la pareja decidió volver a Rusia en 1874. Los Jaclard también volvieron por esa época. Ninguno consiguió acceso a una cátedra, la policía secreta del Zar los tenía fichados. Sobrevivieron en Rusia con trabajos variados. Sophie abandonó las matemáticas, pero se dedicó a escribir cuentos y una obra de teatro, Jaclard dio clases de francés, Anya hizo algo de periodismo y Vladymir se dedicó a los negocios con algo del capital legado por el General Korvin-Krukovsky.

Sophie y Vladymir decidieron convertir su matrimonio ficticio en algo más, vivieron juntos como pareja y tuvieron una hija. Pero el final feliz, como en tantos cuentos de Dostoievsky, no se les dio. Decidieron separase, Sophia dejó a su hijita al cuidado de una amiga y volvió a las matemáticas y a escribirse con Weierstrass.

A través de otro antiguo alumno de Weierstrass,  Gosta Mittag-Leffler, Sophie consiguió finalmente una cátedra en la Universidad de Estocolmo. Vladimir quedó en Rusia, y por  una serie de malos manejos económicos que amenazaban terminar en escándalo se suicidó en 1883.

Anya y Viktor Jaclard volvieron a París, donde siguieron activos en política revolucionaria. Anya escribía para diferentes periódicos y estaba activa en numerosas organizaciones. En 1887, debido a complicaciones derivadas de una apendicitis, Anya murió con 43 años. Aunque fue otro golpe para Sophie, siguió produciendo matemáticas y llegó a Profesora titular y obtener el Premio Bordin entregado por la Academia Francesa. Dado que se competía anónimamente, el jurado ignoraba el género de la postulante y no solo le otorgó el premio sino que el trabajo era tan bueno que aumentaron el premio en metálico de 3000 a 5000 francos.

La carrera promisoria de Sophie quedó trunca al morir por las complicaciones de una neumonía, en 1891, con 41 años. A pesar de esto, produjo resultados notables, de un nivel que hace que su nombre sea recordado en la historia de las matemáticas.

Reproducido de: www.pagina12.com.ar

El autor  es soci@ de Página/12 y fisico jubilado del Centro Atómico Bariloche- Instituto Balseiro.

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