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Pedro Henríquez Ureña y el oficio de la crítica

 

Por Néstor E. Rodríguez/ Especial para En Rojo

El 5 de junio de 1932, apareció en las páginas de El Mundo una entrevista de Ángela Negrón Muñoz a Pedro Henríquez Ureña, quien se encontraba en San Juan por su investidura como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Puerto Rico. En la misma, el prestigioso académico dominicano, a la sazón en el pináculo de su carrera, se explaya en consideraciones de índole política que resaltan como muy extrañas en un intelectual conocido por su comedimiento público ante tales asuntos.

Entre las cuestiones que aborda Henríquez Ureña en la entrevista está su visión sobre la cultura puertorriqueña, que él desarrolla a partir del tema del nacionalismo: “Yo creo que todo nacionalismo profesional es inconveniente, y que solo una especie de nacionalismo es justa, el nacionalismo defensivo. Así como hay una especie injusta, el nacionalismo agresivo. Pero importa (y creo que ese es el objetivo principal de todo nacionalismo defensivo) no abandonar un tipo espiritual para sustituirlo con otro: en ese cambio pierde siempre el pueblo que cambia. Es preferible ser un pueblo rebelde a la imposición ajena, a ser un pueblo próspero, pero sin espíritu por culpa de la sumisión. Los pueblos espiritualmente sumisos no significan espiritualmente nada”.

Como se puede apreciar, la visión de la cultura puertorriqueña por parte de Henríquez Ureña se alinea con la de Pedro Albizu Campos, a quien le unía una sólida amistad. Prueba de ello es la carta que el presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico le cursara en 1934 para presentarle al correligionario Francisco Pagán Rodríguez a su paso por Buenos Aires: “Muy querido amigo: Permítame la presentación [a] Ud. de Don Francisco Pagán Rodríguez, Presidente de la Federación Nacional de Estudiantes. Es un magnífico orador y un patriota. Con él le envío un abrazo. Su fraterno, P. Albizu Campos”.

Estos ejemplos, aparte de ciertos matices de su obra ensayística, evidencian el marcado afán sociológico que orientó el pensamiento de Henríquez Ureña al punto de derivar en una abierta militancia política al final de sus días. El examen de ese archivo poco conocido en torno a su obra tiene hoy por hoy una extraordinaria vigencia, especialmente en lo relativo al papel del intelectual en la sociedad.

Para entender las posturas políticas e intelectuales de Henríquez Ureña conviene examinar uno de sus textos capitales: “La utopía de América”. En esta conferencia dictada en la Universidad de La Plata en 1922, Henríquez Ureña parte de la historia de México y su afán de transformación como ejemplo del empeño creador que debería caracterizar la evolución política de Latinoamérica. Ese impulso vendría a través de la orientación de “hombres magistrales” o “espíritus directores”, como menciona en otra de sus conferencias de esos años, la titulada “Patria de la justicia”.

La idea del intelectual como guía del devenir político tiene una larga tradición en la historia del continente, pero quizás el texto que mejor la representa sea “Nuestra América” de José Martí. En este artículo de 1891, Martí desarrolla una tipología del sujeto latinoamericano en la cual el intelectual se presenta como modelo moral frente a la historia de tiranías que caracterizaron la vida política del siglo XIX. Para Martí, el intelectual capaz de interpretar los signos de la “naturaleza” americana sin la mediación de esquemas mentales foráneos es el único que puede engendrar instituciones y formas efectivas de gobierno.

Henríquez Ureña asimiló bien esa idea de la necesidad de encontrar modelos autóctonos de organización social y política, pero a pesar de las obvias consonancias entre las utopías políticas imaginadas por Martí y Henríquez Ureña, son contados los análisis comparativos en torno a “Nuestra América” y “La utopía de América”. La crítica se ha ocupado más de analizar el diálogo por oposición entre Sarmiento y Martí que en sopesar las equivalencias y distancias de este último con respecto al pensamiento de Martí.

Piénsese, por ejemplo, en el modo en que los textos de Martí y Henríquez Ureña se enfrentan a la necesaria pregunta de quién está capacitado para regir los destinos de los pueblos latinoamericanos, pregunta de corte moral que desata a su vez la articulación de toda una epistemología. En Martí esa pregunta se resuelve cerrándole el paso al intelectual para dejar el camino libre al héroe. En Henríquez Ureña la intervención del intelectual en el devenir de la sociedad estará mediada por una actitud vacilante ante la cosa pública que tomará variados matices a lo largo de su vida.

Henríquez Ureña entendía la función del intelectual como una suerte de arúspice que ejerce vaticinios a partir del examen meticuloso de esos momentos “de crisis y de creación” de los que habla en “La utopía de América”. El resultado de semejante operación no era propiamente una síntesis, sino el hacer inteligible lo confuso en momentos en que la cercanía de los eventos históricos amenaza con nublar toda posibilidad de análisis. En otras palabras, identificar en la contingente vorágine social un lenguaje.

Visto desde este ángulo, es posible apreciar mejor el alcance del concepto de “cultura social” que Henríquez Ureña desarrolla en “La utopía de América”: “No se piensa en la cultura reinante en la era del capital disfrazado de liberalismo, cultura de diletantes exclusivistas, huerto cerrado donde se cultivaban flores artificiales, torre de marfil donde se guardaba la ciencia muerta, como en los museos. Se piensa en la cultura social, ofrecida y dada realmente a todos y fundada en el trabajo: aprender no es sólo aprender a conocer sino igualmente aprender a hacer”.

La ansiedad de Henríquez Ureña por no acercarse demasiado a la esfera de las consignas políticas mientras al mismo tiempo las implica en el producto de su oficio como intelectual tiene un antecedente preciso en la obra de Matthew Arnold. Henríquez Ureña saca del pensador inglés la concepción del crítico como poseedor de la “verdad filosófica”, especie de don al que se llega a partir de la distancia de este con respecto a la imaginación del “hombre práctico”. Esta distancia se funda en el ejercicio de una actividad “desinteresada” que permitirá al crítico identificar lo mejor de las ideas de su entorno.

En 1957, otro pensador poco recordado en estos tiempos, el canadiense Northrop Frye, recurrió a esa misma concepción de cultura para adelantar su visión sobre la crítica en Anatomy of Criticism: “El eje dialéctico de la crítica tiene un polo en la aceptación total de los datos en torno a la literatura y otro en la aceptación total de los posibles valores de esa información. Este es el verdadero nivel de la cultura y la educación humanista, el fertilizar la vida a través del conocimiento, toda vez que el progreso sistemático de la crítica se traduzca en progreso sistemático del gusto y del intelecto”.

Como se ve, tanto para Frye como para Henríquez Ureña el pensamiento de Arnold resuena con claridad: solo la educación que emana del oficio, bien llevado, de la crítica puede controlar la vorágine social. En el Henríquez Ureña de “La utopía de América” ese impulso pedagógico de cuño clásico es lo que va a sustentar su proyecto intelectual; así lo expresa en otro fragmento de “La utopía de América”:

“Ensanchemos el campo espiritual: demos el alfabeto a todos los hombres; demos a cada uno los instrumentos mejores para trabajar en bien de todos; esforcémonos por acercarnos a la justicia social y a la libertad verdadera; avancemos, en fin, hacia nuestra utopía”.

Este fragmento recoge los principales axiomas de esa utopía ética que Henríquez Ureña parece proponer para Latinoamérica. En la médula de ese discurso lo que resalta es el potencial transformador del sujeto una vez este, por medio de la educación, adquiere conciencia de su condición de agente del cambio social. En ese sentido, el avance hacia la utopía que ambiciona Pedro Henríquez Ureña supone lo que se podría entender como una propuesta de democracia radical que constituye la máxima expresión de la actualidad de su pensamiento.

 

 

Minutos de cine: “Love, Death & Robots”

 

Por Marcos I. López Ortiz/Especial para CLARIDAD

Marcoslopez614@gmail.com

 

“Love, Death & Robots” es una serie animada original de Netflix (2019-), creada por Tim Miller que abarca varios géneros, incluyendo ciencia ficción, fantasía, horror y comedia. Animadores geniales le dan vida a historias cautivadoras en forma de una experiencia visual única. La serie de antología incluye cuentos que exploran historias alternas, vida para robots en una ciudad post-apocalíptica y una trama para dominar el mundo con yogurt.

Comienzo puntualizando que esta serie se siente como un suspiro de aire fresco. Es cierto que tener una historia que se desarrolle a través de varios episodios o temporadas es algo genial y es la norma debido a que funciona y engancha a su audiencia. Aunque no es nuevo, pienso que tener una serie donde los episodios no tienen nada que ver uno con el otro es revelador y nos deja contar historias cortas. Especialmente cuando sabemos que esta serie es de la mente creativa de Tim Miller, quien es el creador de Deadpool, un filme de superhéroes del 2006 sumamente exitoso con fans y la crítica. La influencia de Miller es marcada y ver todas estas historias con diferentes tipos de animación fue un deleite visual.

Aunque la gran mayoría de los episodios fueron sólidos hubo algunos que no sobresalieron tanto, pero esto es algo normal en las antologías. Lo más que me gusta de esta serie es que cada episodio es sumamente diferente al otro. Uno de mis episodios favoritos de la serie es “Sonnie’s Edge”. Este narra la historia de un futuro en el cual existe un deporte donde los humanos controlan cuerpos de criaturas feroces para luchar por fama, dinero y poder. Los personajes en este episodio están muy bien desarrollados y los conocemos bastante en el poco tiempo que pasamos con ellos, en especial la protagonista, quien es una mujer que ha pasado por lo peor y entiendes su actitud durante el corto. También las criaturas son muy creativas y si eres fan de Godzilla o Pacific Rim, éste te dará algo que no sabías que necesitabas.

Otros de los episodios que más sobresalen es uno llamado “Three Robots”. Narra la historia de un grupo de robots que se toman unas merecidas vacaciones en un planeta tierra post apocalíptico. Este corto es el episodio más gracioso en toda la temporada y se darán cuenta que su humor es bastante oscuro. La química entre los tres robots es genial y graciosa. Vemos cómo estos rondan un mundo destruido y lleno de cadáveres, pero estos la están pasando súper mientras tienen sus diferencias como cualquier grupo en unas vacaciones.

“Love, Death & Robots” es una serie sumamente creativa. Esta serie tiene algo para todo el mundo: acción, ciencia ficción, horror, entre otros.  Por lo tanto, les garantizo que alguno de los episodios (o su estilo de animación) conectará con ustedes. La misma solo tiene una temporada en Netflix, pero hace poco fue renovada para una segunda temporada. Si eres fan de alguno de los géneros que mencioné anteriormente esto es un must.

 

 

 

El racismo que se multiplica con los años

 

Por María Cristina/En Rojo

Desde el asesinato de George Floyd somos testigos de la ceguera oficial y voluntaria que existe en ese país que siempre ha proclamado acoger a todxs sin importar su procedencia, etnia, raza, género, preferencia sexual, diversidades corporales y mentales. Hemos participado a través de las redes de manifestaciones de todo tipo a través de ciudades y pueblos de los Estados Unidos, multitudes solidarias a través de las grandes capitales europeas (ver foto de Amsterdam) y discursos y posiciones de políticos (el sentir de Bernie Sanders sobresale), líderes religiosos y comunitarios, diversidad de representantes de #blacklivesmatter, expresiones de jóvenes, adultos y viejos en su carácter individual. PBS rápidamente montó un programa especial el viernes 5, seguido de su documental de 2016, Policing the Police (dirigido por James Jacoby; narrado y documentado por William Jelani Cobb) y Democracy Now! ha estado cubriendo todas las manifestaciones con trasfondos detallados y entrevistas a los participantes. TODOS los presentadores/anfitriones de los programas televisivos nocturnos (no solo Stephen Colbert, Seth Myers y Samantha Bee quienes siempre priorizan la cobertura de las posiciones y actos absurdos del innombrable) han puesto sus espacios a la disposición de todos los que quieran expresar su rabia, angustia y confusión. Trevor Noah, en estas semanas de encierro y ahora con este nuevo asesinato, es un ejemplo de cómo utilizar los medios—en su caso la comedia y la sátira inteligente—para concientizar al público. Como en mis otras columnas de cine, hago un escogido temático del cine que anuncia y denuncia la relación antagónica entre los representantes de la ley y el orden (todas las agencias con el poder de detener, interrogar, arrestar) y la población afroamericana. El factor que ha cambiado la visión general de estas injusticias y asesinatos es el acceso que la población—no importa lugar de donde provienen—tiene de un celular que puede captar lo inmediato de todos los ángulos posibles y poder diseminarlo en segundos de haber ocurrido. Esta es el arma más democrática de nuestros tiempos.

 

Clockers (Spike Lee, 1995)

 

Spike Lee, desde su primer gran éxito, Do the Right Thing (1989), ha puesto en primer plano el racismo endémico de la sociedad estadounidense. Y lo ha hecho, a sabiendas de que eso significa tener que pelear por presupuestos reales para sus proyectos, establecer su propia casa productora (40 Acres & a Mule), tardarse mucho tiempo entre cada proyecto, pelear para tener igual cobertura y distribución y ser incluido en festivales y premiaciones (sus peleas con la organización de los Oscares es requete conocida). Así que escoger Clockers no significa que sus otros filmes no hagan la misma denuncia a través de historias del pasado (Malcolm X, Blackkklansman) como del presente. Clockers es una historia centralizada en un joven de 20 años en Brooklyn que tiene un punto de drogas en uno de los proyectos de vivienda donde la población es predominantemente negra. Esta vez, debido a la seriedad del tema, Lee comienza su filme con tomas de cerca de cuerpos de jóvenes negros abaleados en las calles, parques y callejones de la ciudad. No permite que el público pueda posar su mirada en algún otro lugar ya que llena toda la pantalla de cuerpos mutilados por las armas que proliferan en estos lugares y que manejan las gangas y los traficantes. El antagonista principal lo será un detective de homicidio, Rocco, que no le perderá la pista a quien él considera el manejador del «punto»: Strike.

 

Crash (Paul Haggis, 2004)

Este filme no solamente presenta un retrato mordaz de la sociedad estadounidense, también desmitifica el sueño americano. Aquí nos encontramos con policías que abusan de su autoridad, otros que desinteresadamente ayudan a los que lo necesitan, los que están «on call» 24 horas en un empleo poco recompensado para poder asegurar un hogar a su familia, las mujeres invisibles pero indispensables en las casas de los riquitos blancos que nunca reconocen su trabajo, los que creen que una pistola les da el poder que necesitan para darse a respetar. Lo que hace de Crash un filme tan desafiante es que expone el aparente sistema de odios que se desarrolla en los Estados Unidos para poder sobrevivir y progresar, aunque ese progreso casi no se pueda medir. El lugar es Los Angeles y en 24 horas se presenta un microcosmo de la población de una ciudad grande. Los policías provienen de los sectores más excluidos: los blancos pobres, negros y latinos. Ser policía no es solamente tener un sueldo que le permite vivir «bien» en una ciudad con un desempleo y subempleo muy alto, es también la oportunidad de ostentar el poder amenazando a los riquitos, aceptando o requiriendo sobornos, llegando a acuerdos debajo de la mesa que le pueden resultar beneficiosos, aunque solamente sea a corto plazo. Todos han internalizado el odio como instrumento de supervivencia.

 

Detroit (Kathryn Bigelow, 2017)

 

Este excelente filme recrea lo sucedido en una noche en el Motel Algiers durante los motines en la calle 12 de esta ciudad, el 25 de julio de 1967. A través de múltiples miradas se recrea lo que cada uno de estos personajes reales estaban haciendo antes que la noche desembocara en el asesinato de dos jóvenes negros, y las golpizas de siete otros hombres negros y dos jóvenes mujeres blancas a manos de la policía. La recreación de los hechos—que fueron publicados en múltiples periódicos, noticieros y testimonios judiciales—se presenta como algo sucedido en el presente pero escondido y distorsionado por el aparato judicial.

 

“When They See Us” (Ava DuVernay, 2019)

En esta serie de cuatro episodios de Netflix, la directora utiliza la realidad de un caso policíaco y judicial para exponer de manera clara, directa y dramática el discrimen y prejuicio que arropa a la población afroamericana en los Estados Unidos desde sus inicios. El caso de 1989 de los cinco adolescentes acusados de golpear, violar y dejar casi por muerta a una mujer blanca que corría/trotaba en el Parque Central de Nueva York es revivido en todos sus detalles para enlazarlo, en las mentes de los espectadores, con todos los asesinatos a manos de la policía que han ocurrido a través de los años y su intensificación durante la presidencia de Barack Obama y ahora con Trump. A pesar de todas las violaciones de los derechos de estos menores de 18 años, la fiscal logra conseguir veredictos de culpable para los cinco adolescentes: cuatro de ellos en reformatorios juveniles (Kevin Richardson, Antron McCray, Yusef Salaam y Raymond Santana) y a Korey Wise de 16 años juzgado como adulto y encarcelado con la población general por casi 12 años.

 

The Hate You Give (George Tillman, Jr, 2019); Queen & Slim (Melina Matsoukas, 2019)

Richard Brody en The New Yorker llama a The Hate You Give uno políticamente explícito en vez de uno de tema político que se resuelve según el cuadro ideológico del director/escritor. Aunque me parece que su definición de cine político no se parece en nada a la mía, coincido en que el cuadro social que presenta es el factor principal de los incidentes que ocurren y cómo o si se resuelven. La protagonista es Starr, una chica de 16 años, que proviene de un grupo familiar estable y vive en un vecindario clase media/trabajadora en Georgia, precisamente donde asesinaron a  Ahmaud Arbrey. Starr parece vivir una doble vida—según ella misma narra—ya que vive en Garden Heights, pero su escuela secundaria privada se ubica en el sector blanco de la ciudad. Por mantener amistades en ambos grupos, Starr no se siente desubicada, aunque tiene sus preferencias. En el caso de Queen & Slim, donde los personajes principales no están muy bien delineados ya que apenas sabemos quiénes son y de dónde provienen, conocemos a Slim (Daniel Kaluuya) y a Queen (Jodie Turner-Smith) en su primera cita donde intentan conocerse, aunque ninguno parece muy interesado en impresionar al otro.

Lo que ambos filmes tienen en común es que se insertan en el clima racista que impera en la sociedad estadounidense, especialmente en su relación entre ciudadanía y agentes policíacos. Ambos tienen incidentes similares lo que parece ya ser la normalidad: una patrulla detiene a un chofer negro (en estos dos casos, parejas jóvenes) por cualquier supuesta infracción leve pero la intensidad de ese encuentro escala de manera que resulta en arresto, golpes o asesinato. Starr será la testigo del crimen que tanto la policía como otros miembros de la comunidad quieren disuadirla de no atestiguar, mientras ella no quiere que lo sucedido a su amigo se vuelva otra estadística y pase al olvido hasta que vuelva a suceder algo similar. A Queen y Slim no les queda otro remedio que irse a la fuga e imaginar que lograrán escapar de un sistema que solamente ve un policía muerto y no la provocación que causó la violencia.

 

Just Mercy/Buscando justicia (Destin Daniel Cretton, 2019)

El título en español resume tanto la historia como el propósito del filme. Nos situamos en Monroe, Alabama en 1989 con un aparato defensor de la ley y el orden completamente blanco y racista sin excusas. Si eres negro tienes que ser culpable de lo que sea que cualquier blanco te acuse. Si eres negro eres pobre y dependiente de los otros sectores de la sociedad. Si eres negro no conoces las complejidades de la ley y por la tanto no puedes montar una defensa justa. Si eres negro no puedes ser un profesional a menos que esos estados del Norte te lo hayan permitido y, como quiera, no es válido en los estados del Sur. Este es el cuadro al que se enfrenta Bryan Stevenson (Michael B. Jordan), joven abogado negro, graduado de la Escuela de Leyes de Harvard, que trabaja para el Equal Justice Initiative, y que decide que ser abogado significa defender a los que no tienen ninguna oportunidad de tener un juicio justo y, especialmente, los que han sido condenados a esperar que se les aplique la pena capital que en este caso es ser electrocutado en la silla eléctrica. La historia está basada en las experiencias de Stevenson enfrentando estos casos donde la vida de un hombre queda a la merced de un grupo que cree que la verdad es absoluta y que matar a otro ser humano es justo y necesario.

Esta semana en la historia

27 de junio de 1791

Nace Roberto Cofresí Ramírez de Arellano

Cofresí gozaba de la protección y amistad de una parte de la población en las costas de Puerto Rico, con las que el pirata compartía su botín entre los más necesitados, principalmente su familia y sus amigos de Guaniquilla y los Morrillos del Faro de Cabo Rojo.

Según la información histórica, Cofresí atacaba buques mercantes con banderas extranjeras lo que provocó protestas de varias naciones ante el gobierno español. Dicho gobierno se vio obligado a perseguir y capturar al ilustre corsario junto a 11 compañeros caborrojeños. Roberto fue ejecutado el 29 de marzo de 1825 y sepultado en el cementerio de Santa María Magdalena en el litoral de San Juan. A su muerte tenía 33 años de edad.

27 de junio de 1898

Nace Ladislao Martinez (Ladí)

El músico y compositor Ladí nació el 27 de junio de 1898, en Vega Alta. Hijo de una familia de campesinos.

El Maestro Ladí recibió la distinción de ser el primer ejecutante del cuatro que se presentaba en un programa radial para el año 1922.

Ladí, quien vivió 16 años en Nueva York (1849-1965), contribuyó a difundir la música puertorriqueña en la Gran Urbe. Autor de mazurcas, boleros y danzas fue responsable de la fusión de la mazurca, lo que motivó a otros cuatristas a componer este tipo de música. Su creación Aurora es una de sus obras más conocidas. Ladí acompañó a Calandria, a Natalia y a muchas otras estrellas de la música criolla.

Ladí murió en San Juan el 2 de febrero de 1979.

28 de junio 1997

Encuentran los restos del Che y varios de sus compañeros

Después de largas y minuciosas investigaciones históricas y de trabajos geológicos de científicos cubanos apoyados por personal especializado de otros países, fueron encontrados en una fosa común los restos de siete miembros de la guerrilla boliviana, entre ellos los del comandante Ernesto Che Guevara, en la parte vieja de la pista de aviación de Vallegrande, poblado a 240 kilómetros de Santa Cruz, la capital departamental. Después de encontrados, los esqueletos se fueron numerando según su aparición, y posteriormente fueron sometidos a un minucioso análisis, que incluyó estudios odontométricos (medición de las coronas de los dientes) y odontoscópicos (análisis de las coronas). En la identificación de los restos se aplicó la técnica de superposición cráneo-fotográfica por sistema computarizado. Los restos ya identificados, fueron trasladados posteriormente a Cuba donde recibieron el homenaje de todo el pueblo, e inhumados en el mausoleo de la Plaza de la Revolución Ernesto Guevara de la ciudad de Santa Clara el 17 de octubre de 1997.

1 de julio de 1945

Nace Rita Elena Zengotita Ramos

Activista de derechos humanos, independentista y socialista. Nació en Ponce, el 1 de julio de 1945. Rita ha participado de manera destacada con varios organismos de carácter sindical, profesional y político. En 1973 presidió la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales (ANTS), organismo creado para lidiar con los problemas sociales dentro de un marco liberador y descolonizador, y que apoyó la campaña de excarcelación de los cinco presos nacionalistas. Y, precisamente, el 12 de septiembre del 1979, día en que se celebraba la llegada de los cinco a la Isla, Rita fue arrestada en Vega Baja junto a dos patriotas, y encarcelada al imponérsele una fianza de $666,000. Tras prestar la misma, fue arrestada por segunda ocasión y encarcelada nuevamente. El 6 de febrero de 1981 los cargos fueron archivados, pero como parte de la persecución política fue despedida de su empleo. Esa experiencia selló su compromiso con la defensa de las víctimas de la represión del estado, incluyendo a los perseguidos por razones políticas. Actualmente permanece activa como parte del Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico.

1 de julio de 1979

Abucheo Panamericano contra Romero Barceló

La celebración de los Juegos Panamericanos en Puerto Rico en 1979 estuvo marcada por la intención del gobernador de entonces Carlos Romero Barceló, de pedir entonar los himnos y alzar las banderas de Puerto Rico y Estados Unidos en la apertura de la competencia.

Sin embargo, el presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico de aquel entonces, Germán Rieckehoff Sampayo, se amparó en la postura del Comité Olímpico Internacional, de que solamente se entona el himno y se iza la bandera de la sede donde tienen lugar las competiciones deportivas que alberga.

Justo un año tras la apertura de los Panamericanos los independentistas Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado fueron asesinados a mano de un grupo de policías. El Gobierno de aquel entonces, dirigido por el anexionista Carlos Romero Barceló, alegó sobre el incidente que Soto Arriví y Darío Rosado pretendían derribar varias torres de telecomunicaciones.

Tras los asesinatos, Romero Barceló describió a los policías como «héroes», porque, según él, detuvieron una supuesta misión de los jóvenes independentistas.

Ambas situaciones encendieron las opiniones y críticas de la oposición a Romero Barceló, a quien abuchearonmasivamente y por un gran rato en la apertura de los Juegos Panamericanos en el Estadio Hiram Bithorn.

 

Fuente principal: página de facebook de Darío Ortiz Seda. Y: www.efe.com/efe/usa/puerto-rico/filme-juegos-panamericanos-79-refleja-roces-gobierno-de-p-rico-y-la-oposicion/50000110-3317648

 

Las razones del primo Levi: En casa

Por Juan Forn

Una de las razones por las que sorprendió tanto a Italia la muerte (el presunto suicidio) de Primo Levi en 1987 fue porque un año antes había publicado un libro tan breve como luminoso que, leído hoy, en el contexto de esta cuarentena por la pandemia, funciona como un ejercicio balsámico de serenidad y entereza. O quizás es que, en lo que leemos, sólo vemos lo que queremos ver. Me explico: el libro (titulado Los oficios ajenos) reunía los ensayitos breves que Levi había ido publicando en el diario La Stampa de Turín desde su jubilación como químico. Pero cuando se sentó a corregirlos y depurarlos, los ordenó de tal manera que casi parecen escenificar nuestra situación doméstica actual.

El libro empieza hablando de la casa donde Levi nació y pasó toda su vida, salvo el breve y terrible interregno en que fue enviado a Auschwitz. Hasta que se jubiló, es decir hasta el momento en que empezó a pasar todas las horas del día entre aquellas paredes, casi no le había prestado atención a aquel viejo departamento de principio de siglo en el Corso Re Umberto de Turín, cuya característica principal era “su falta de carácter”. Ya jubilado, Levi recorre sus habitaciones descubriendo a cada paso sorpresivos recuerdos y silenciosas virtudes en esa construcción inexpresiva, carente de adornos y ambiciones, que demostró ser, durante la Segunda Guerra, igualmente funcional y sólida, resistiendo con callada templanza los bombardeos, cuyas marcas carga como el combatiente veterano lleva sus cicactrices.

Durante más de medio siglo, Levi entró en su departamento sin dedicarle la menor atención al paragüero al costado de la puerta que yace ahí desde los tiempos en que se usaban bastones para salir a la calle. Pero lo que llama su atención en realidad son dos clavos en la pared: de uno cuelga una llave cuya función ha sido largamente olvidada, del otro una oxidada herradura de los tiempos en que pasaban caballos por los adoquines del Corso Umberto, y que quizá funcionó como amuleto cuando caían las bombas en Turín. Al pasar frente a un enorme aparador recuerda cuando su hija se refugió ahí, jugando a las escondidas con su hermano, y reapareció con un diente en la mano que había encontrado hurgando en el yeso de la pared y que el propio Levi había escondido ahí cuando era niño.

El viaje al pasado continúa habitación por habitación. El salón principal que alguna vez sólo se usaba tres o cuatro veces al año para recibir visitas importantes y que después supo ser sala de partos de sus hijos, cuarto de costura, laboratorio fotográfico, taller de reparación doméstica de juguetes y dormitorio improvisado para los nietos es ahora el lugar preferido de lectura para Levi, desde que acomodó un sillón junto a una ventana donde alguna vez su madre se asomó a escuchar la declaración de matrimonio que le hizo su prometido desde la calle.

En el pasillo al aire libre que comunica con la cocina Levi recuerda el preciso lugar donde le permitían dejar un fuentón en el cual criaba renacuajos recogidos de las alcantarillas de la calle cuando aún parecían minúsculas anguilas y, a lo largo de los días, iban desarrollando una protuberancia en su cola que poco a poco se hacía bífida y se iba convirtiendo en sus patas traseras, mientras de los costados de su cabeza surgían, primero de un lado y luego del otro, unas manitos transparentes que les permitían nadar estilo pecho por el fuentón, cada vez más frenéticamente, como si no supieran en qué extraño ser se estaban convirtiendo. Alguna vez leí, en esa maravilla de novela que Carson McCullers bautizó El corazón es un cazador solitario, que las crías de cualquier especie que tanto nos fascinan en nuestra infancia son nuestra primera experiencia del instinto materno y paterno, la confirmación de que en nosotros conviven ambos sexos en forma enigmática pero inequívoca. Carson remata el párrafo, con su expresividad inigualable, diciendo que se trata de esa clase de momentos en que sentimos “que la fuerza con que palpita tu corazón podría matarte”; pero permítanme dejar a Carson para mi próxima contratapa, y volvamos a la serena mesura de Primo Levi.

El paso siguiente en su recorrido desemboca en un cuarto donde se acumulan valijas y baúles de tiempos pretéritos. Levi encuentra allí la caja de su viejo Meccano y recuerda al instante su primer amor, una niña de nueve años llamada Lydia, recién operada de las amídgdalas. Lydia debía guardar reposo y contemplaba a la distancia cómo jugaban los demás chicos en la calle. Uno de ellos, llamado Carlo, atraía especialmente su atención. Carlo tenía una versión del Meccano superior a la de Primo, pero si juntaban las piezas de ambos juegos, podían construir artefactos imposibles de lograr cada uno por su lado.

No sólo las piezas eran complementarias, también lo eran las mentalidades de ambos: los objetos que armaba Carlo eran simples, sólidos y pedestres; los de Primo eran más complicados e inventivos pero inestables, porque no tenía la paciencia de Carlo para ajustar bien cada tuerca. Primo sugiere a Carlo construir algo único para el cumpleaños de Lydia: algo que ni siquiera los manuales del Meccano enseñen cómo hacer. Carlo se inclina por un motor, un artefacto que funcione por sí solo. Primo acepta pero aspira a algo simbólico, que funcione como ofrenda de amor. Luego de mucho discutir convence a Carlo de que hagan un reloj, el reloj más hermoso jamás construido.

Carlo acepta a regañadientes el rol subalterno que tiene en la tarea, Primo siente que el amor inspira su audacia creativa. Llega el cumpleaños de Lydia, Carlo cede a Primo el honor de entregar el regalo elaborado en conjunto. Cuando Primo intenta poner en marcha el reloj, el mecanismo fracasa miserablemente. Carlo da entonces un paso al frente y entrega a la cumpleañera el regalo que llevaba oculto debajo de su camisa: una bombonera, que Lydia recibe encantada y muestra con orgullo al resto de los invitados.

Primo Levi dice que nunca esperó de su casa más que satisfacciones elementales: cobijo y privacidad. Nunca intentó embellecerla, ni refinarla, ni agrandarla, ni apropiársela. No cree que haya influido en su forma de vivir, así como no cree que se refleje en los libros que ha escrito: “He vivido en esta casa como he vivido en mi propia piel: conozco mejores, más amplias, más bellas y más resistentes, pero me resultaría antinatural cambiarlas por la mía”. Cerca del final del libro, Levi habla del miedo al encierro y del miedo a la falta de techo, tanto en nuestra infancia como en nuestra adultez, y dice estas singulares palabras: “Según nuestro carácter, en esas situaciones algunos sienten que están perdidos y que su fin se avecina inexorable, y otros encuentran en la misma adversidad la fuerza para resistir. No es una cuestión de creencias, no es una cuestión de fe ni de inseguridad; la mayoría de nosotros ha sido o será de una manera y de la otra, sin especial lógica ni coherencia, en las sucesivas encrucijadas que nos plantee la vida”.

El autor es escritor, fundador del suplemento Radar.

Reproducido de www.pagina12.ar.com