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El Mundial de Doha

 

Por Elga Castro Tirado/Especial para CLARIDAD

A Papi, que siempre quiso ir a un Mundial de Atletismo, y que narraba el 4 x 400 como nadie

Sin duda en los Juegos Olímpicos cada cuatro años hay solo un deporte rey y ese es el atletismo. Aunque el baloncesto tenga muchos seguidores y el béisbol, y el fútbol tenga sus ligas y su Mundial, en los Juegos Olímpicos es el atletismo el deporte que copa la atención mediática. Aún así, cada dos años hay un Mundial de Atletismo, que en años como este, es justo antes de los Juegos Olímpicos y sirve como aperitivo a lo que se espera el verano próximo. Aunque comparado con otros mundiales de otros deportes no tiene tanto impacto en la población que no sigue mucho este deporte, sigue siendo un Mundial. El de este año celebrado en Doha, Catar, fue sin duda uno muy peculiar por muchos motivos. Acá una mirada al Mundial de la IAAF recién concluido . 

Doha, Catar

Cuando en noviembre del 2014 Doha, Catar fue seleccionada como la sede del Mundial de Atletismo del 2019 sobre Eugene, una ciudad en Oregon y Barcelona, comenzaron las sospechas del proceso de selección y las críticas posteriores. La preocupación por las condiciones climatológicas, el apoyo del público y las dudas de cuán limpio había sido el proceso de selección de la sede comenzaron a aflorar. La IAAF decidió otorgarle a Eugene, Oregon, quien había llegado en segundo lugar la sede del próximo Mundial en el 2021 sin ir nuevamente al proceso de solicitud. Así, el Mundial iría al Medio Oriente por primera vez, aunque no así el atletismo, ya que Catar es una de las sedes de la Liga Diamante. Esta selección, al igual que la del Mundial de Fútbol que se celebrará en Catar en el 2022, estuvo rodeada de rumores de sobornos. 

Para tratar de mitigar el calor asfixiante y la humedad, movieron el Mundial a fines de septiembre, comienzos de octubre, mas de un mes y medio después de la fecha natural de este evento, lo cual trae complicaciones para el itinerario de estos atletas. 

Caliente y sin público

Aunque el cambio de fecha supuso un mínimo alivio, las temperaturas y humedad aún eran altísimas, así que se tuvo que adaptar, a su vez, el itinerario de competencia. Así, en vez de lo que se acostumbra que es tener dos jornadas diarias, una matutina y una vespertina, se movió a una en la tarde y una en la noche tardísimo, para además acomodar la televisión europea, así muchas veces se competía a las 11 PM hora local. Además, los maratones se corrieron al filo de la medianoche, aún así, sobre todo en el de mujeres, y debido a la alta humedad, muchísimas no pudieron concluirlo y requirieron asistencia médica. Finalmente, añadieron unos aires acondicionados en el estadio que ayudaban a refrescar la pista y el campo. Todo esto, sin duda, creaba un ambiente artificial para los atletas. 

 Definitivamente de las cosas más importantes para los atletas es tener público, por eso uno de los castigos más duros en el fútbol es jugar partidos a puerta cerrada. Este Mundial tuvo una bajísima asistencia. Ya los organizadores habían reducido la capacidad del Estadio Khalifa a 21,000 asientos, cubriendo las áreas restantes con publicidad, aún así, la mayoría de los días de competencia el estadio estaba semi vacío y muchos atletas se quejaron de esto. Entre los muchos motivos, estaban los horarios, lo poco accesible para los miles de trabajadores inmigrantes que son gran parte de la población de este país, entre otros. De hecho, parte de las quejas de las organizaciones de derechos humanos son sobre la explotación de esta población para lograr las facilidades para el Mundial de Fútbol a celebrarse en tres años en este país. Y parte de la discusión se centró en que muchas de los problemas que aquejaron a este Mundial: el calor, el cambio de fecha, la falta de asistencia, podrían repetirse en el Mundial FIFA 2022.

La voz de los atletas

Son muchos y muchas los atletas que se han quejado durante este Mundial. Y es importante esta discusión de cuánto se toma en consideración la opinión de los atletas a la hora de escoger sedes para eventos, las fechas, etc. Muchas atletas incluso se han manifestado que se sentían incómodas por la situación de las mujeres en Catar y que la IAAF debió tomar eso en consideración. Este debate, obviamente no es exclusivo de este Mundial, y aunque se le ha dado más voz a los atletas en las organizaciones deportivas, sin duda queda mucho camino por recorrer, sobre todo en la toma de decisiones. 

NBC y los medios estadounidenses

Ya lo decía el propio presidente de la IAAF Sebastian Coe, que los estadounidenses en su mayoría se limitan a ver atletismo cada cuatro años durante los Juegos Olímpicos. Así que, aún siendo los máximos medallistas de estos eventos, con 381 medallas en total, por ejemplo, nunca han sido sede de un Mundial de Atletismo. La cobertura mediática de este evento fue muy pobre, como es la norma de todos los eventos deportivos internacionales, con excepción de los Juegos Olímpicos y un poco los mundiales de fútbol masculino y femenino. Lo comentaba hace varias semanas con respecto al Mundial de Baloncesto, no pasan la mayoría de los juegos en televisión abierta, no lo cubre la prensa deportiva especializada, mucho menos la general, y entonces después se preguntan que por qué la gente no lo sigue. 

Reconozco que esta discusión es un poco como “el huevo y la gallina”, pues la prensa argumenta que no le dan cobertura amplia porque no hay interés y que ellos responden a los intereses del público, pero también se puede argumentar que es difícil, sino imposible, que haya interés si ni siquiera se enteran que existe y si se enteran, no pueden ni verlo. 

A mí se me hizo sumamente difícil poder seguir el Mundial en vivo en la televisión estadounidense. A veces lo daban en vivo y otros días solo se podía ver en un canal de pago y NBC lo daba diferido en la noche, pero a esa hora ya sabía los resultados y no es lo mismo. Hice el mismo ejercicio que cuando el Mundial de Baloncesto, busqué en las páginas de ESPN, en los noticieros y si acaso daban alguna noticia, era mínima y enfocada exclusivamente en el equipo estadounidense, o algún reportaje sobre el calor en Catar. 

Aunque es tema para otro escrito, también estas transmisiones tienden a ser sumamente irrespetuosas con los atletas de otras nacionalidades. Por ejemplo, si un estadounidense que era favorito no gana una carrera, la cámara de televisión solo lo sigue a él, ni siquiera dicen quién ganó y es a él a quien entrevistan. 

Eugene, Oregon, 2021

Finalmente el próximo Mundial será en Estados Unidos, por primera vez desde que comenzaron en 1983 en Helsinki, Finlandia. La mayoría de estos Mundiales han sido en Europa o en Asia, con la excepción del 2001 cuando fueron en Edmonton, Canadá. Comentaba Sebastain Coe que esperaban que aumentara el apoyo en Estados Unidos para el próximo Mundial. Y esta ciudad en el noroeste de Estados Unidos es una de las sedes de la Liga Diamante y tiene tradición de atletismo, aún así son diez días de competencia y un estadio grande para llenar. Sin duda Estados Unidos es una potencia en este deporte y los y las atletas estadounidenses se merecen tener un Mundial en casa, pero insisto en que la prensa debe ayudar más en su difusión y la cobertura televisiva hacerla más accesible. 

Buen Mundial en términos competitivos 

A pesar de las controversias y distracciones, fue un buen Mundial en términos competitivos, con buenos tiempos y grandes actuaciones. Fue el Mundial de las madres, habiendo varias atletas que regresando a las pistas luego de dar a luz, tuvieron grandes actuaciones ganando su eventos. Este fue el caso de la jamaiquina Shelly-Ann Frazer-Pryce que ganó los 200 metros y las estadounidenses Allyson Felix que ganó el relevo 4×400 mixtos, su décimo tercera medalla de oro en los Mundiales, lo que la convierte en la máxima galardonada de este evento, superando a Usain Bolt, y Nia Ali, que ganó el 100 con vallas. También hubo un momento emocionante cuando el catarí Mutaz Essa Barshim ganó en salto de altura, para el deleite de los locales, que sí colmaron el estadio para ver al ídolo nacional. Dos boricuas llegaron a finales, el semi fondista Wesley Vázquez, quien llegó quinto en la final de los 800 metros y el Luis Joel Castro que llegó a la final de salto a lo alto. 

Esperamos que el próximo Mundial sea diferente, sobre todo para los atletas. Y espero cumplir el sueño de mi Padre estando allí y contándoselos en primera persona. 

Por una Iglesia sinodal y desde la Amazonía

 

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

Este domingo, 6 de octubre, en Roma, el Papa Francisco abre el Sínodo extraordinario de los obispos de todo el mundo católico. Esta sesión del Sínodo tiene como tema “Amazonía, el desafío de la ecología integral y la misión de las iglesias”.

Cristianos y no cristianos, personas que viven en la Amazonía, así como en toda América Latina, Caribe y en el mundo, pueden alegrarse por el hecho de que el papa Francisco tomó la Amazonia como tema de esa sesión extraordinaria del Sínodo de los Obispos. La Amazonía se hizo centro de atención, tema de estudio y de interés para comunidades y organizaciones de todo el mundo. En el Sínodo que comienza hoy en Roma, hay algunas cosas nuevas: pastores y fieles de toda la Iglesia Católica son convocados a un proceso profundo de escucha de las comunidades amazónicas en su diversidad. Es lo que el documento preparatorio al Sínodo llama “escuchar la voz de la Amazonía”. En la 2a parte del texto, la propuesta es escuchar el clamor de la tierra y de los pobres. Y la tercera parte propone una Iglesia profética (que, al escuchar, insertase en la realidad de la Amazonía).

En la Biblia, profeta es principalmente quién escucha y acoge la Palabra para entonces compartirla. Por eso, la perspectiva de ese Sínodo no es como convertir la Amazonía a la Iglesia y si como convertir la Iglesia a la Amazonía. Es urgente que las Iglesias cristianas hagan una decolonización de su misión, estilo de vida y organización interna de su estructura. 

Eso solo se puede hacer a través de una escucha atenta y amorosa de los pueblos amazónicos y una valoración nueva de sus culturas y tradiciones espirituales. En la Amazonía, el destino de la humanidad y de la vida está siendo decidido. Ecología integral significa ese cuidado con la Tierra, los pobres y la integridad de cada persona. El papa ha insistido que el mismo término Sínodo (caminar juntos) debe ser la forma permanente de ser Iglesia. Eso supone una Iglesia dispuesta a volver al Evangelio y que reconozca los ministerios de hombres y mujeres. Pero, la primera cosa es retomar el carácter de Iglesia de cada Iglesia local, en comunión con otras para formar la Iglesia universal. Esperamos que las Iglesias cristianas pasen de una concepción de Iglesia clerical para ser comunión de comunidades de fe y todas ministeriales, a servicio de la humanidad y del cuidado con la Tierra y la naturaleza. Vamos a sumergirnos juntos en la vida de los pueblos amazónicos y escuchar y dar la bienvenida a lo que el Espíritu nos dice y nos enseña a través de su sabiduría ancestral.

Una nube en la sala: Notas antes de entrevistar  a Elizam Escobar

 

Por Rafah Acevedo / En Rojo

Que no eres tú

cuando escribes que

no quieres ser tú

o te cansa todo o casi todo del ser

tú, que quisieras solo ser una nube

en tu cabeza de cielo y abismo

una nube perfecta que navega

y se para a pensar su ser algo

su pasear de océano en océano

de lluvia o en huracán del mar…

Pero las nubes no solo sufren de insomnio:

son el insomnio

son el pensar sin parar

una mano y una pluma que no paran

que no pueden parar

que vale ser una nube que no duerme

que se postra delante del océano

de los peces y los barcos que trabajan

de qué te vale que una nube te visite

y te habite como un caracol nocturno

noctámbulo, enrrollando y desenrollando.

Una nube (fragmento). Elizam Escobar

Cuando entramos a su casa lo primero que llama mi atención es la enorme nube que flota en la sala. Sobre todo porque es el mes de septiembre. El pico de la temporada de huracanes. Y allí está. En realidad no está flotando. Es un cuadro al lado derecho de la puerta de entrada. Una nube pesada, plomiza, y a la vez de algodón cargando la pólvora que precede a tremendos aguaceros.

Hace un lustro la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan presentó una exhibición, Nube, con trabajos de Nick Quijano, Natalie Anaya,Elsa Meléndez, Giovanna Verni, y el propio Elizam, entre otros. Por supuesto, se inspiraron en esa pieza que ahora cuelga allí en la sala.

Le comento a Elizam lo mucho que me gusta esa nube. “Ah, la nube” Nos vamos sentando alrededor de la mesa del comedor para iniciar una entrevista. Mientras tanto, el pintor cuenta que lo operaron varias veces en la frente. Le sacaron un músculo del muslo y se lo pusieron ahí después de abrir y sacar la infección. Hace el gesto de cómo le arrancaron el músculo. “Cuando vi aquello pensé que tenía una nube en la frente. Le dije a los cirujanos ustedes son unos plagiadores porque ya eso lo había pintado”. Eso y hasta una nube en el cerebro ha pintado Elizam. 

No le voy a preguntar al artista de dónde y por qué las nubes. Hay formas de ubicar nubes en el cielo de las narraciones. He leído en algún lugar que las nubes ocultan al Cristo resucitado (Hechos I, 9) y que al final de los tiempos, victorioso, lo veremos “venir en una nube con poder y majestad grandes” (Lucas 21, 27). Pero no es esa nube.

Pienso quizás en alguna otra. La nube negra del encierro. Escobar fue arrestado en 1980 y fue acusado de conspiración sediciosa. Fue declarado culpable.  Estuvo preso hasta 1999. Por eso acompaño a Claridad a su casa. Quiero escucharlo ahora que se cumplen dos décadas de su liberación.  El presidente Bill Clinton, luego de una campaña militante y plural, concedió el indulto a Escobar y a otros diez presos políticos. Entonces, ¿esos diecinueve años son nubes?

Alá, el inescrutable, toma forma de nube en la imaginación islámica. Sin embargo, escuchando la conversación con Elizam, me parece mejor usar una cita de T.W. Adorno: “Hombre con los pies en el cielo u hombre con la cabeza en las nubes, esa es la alternativa”. Pienso que la alternativa es, precisamente, dejar la creatividad tomar por asalto el modo de interpretar y tratar de transformar la realidad. Escobar habla de Nietzsche. Solo puedo hacer una paráfrasis: dice el artista que Nietzsche pensaba que la voluntad de poder está en la base de todo, tanto de lo orgánico como de lo inorgánico, como un deseo básico pero ¿qué quiere decir voluntad?, ¿qué quiere decir poder? Pues, entonces, si la voluntad es voluntad de poder y el poder es la esencia de la voluntad, es “voluntad de voluntad”. Ir más allá de nosotros mismos. Pero estamos hablando mientras comemos melón de agua, Elizam se ríe y disfruta de las palabras. Nos reímos de su interrogación a Alida Millán: “Alida, ¿qué tu crees del nihilismo?”

Por años leí los ensayos de Elizam. Algunos se publicaron mientras estuvo preso en revistas que a principios de la última década del siglo pasado dominaron la escena cultural en el país. Rememorando aquellos años -y a propósito del nihilismo-, el ensayista que hay en él rememora. Sin embargo, cuando hablamos de este verano en el que un levantamiento popular logró cambiar al gobernador, la conversación pasa a la inclusividad, a lo heterogéneo de la muchedumbre. “Hasta cristianos había en medio del perreo” Y aclara que “Dios” es una práctica social con valor relativo. Un cristiano puede abordar críticamente y hasta oponerse al status quo, y ahí puede sumarse a una lucha. “Tú sabes, creer en Dios tiene consecuencias políticas y filosóficas, pero en términos éticos no determina ninguna ruta específica”.

En fin, me limito a escuchar y a veces intervengo. Cuando estamos cada cual en su silla empieza la entrevista oficial y se enciende una grabadora. Yo termino mi labor entonces. Lo mío es escuchar. 

Fotos Alina Luciano y Ángeles Rodríguez Negrón

Cuatro rounds en la vida del Torpedo Joe*

 

Por Francisco (Pancho) Velazquez

1. UN MALENTENDIDO POR POCO HUNDE  TORPEDO JOE

Mi nombre profesional era Torpedo Joe Navarrete. De eso va mucho tiempo.

Era zurdo natural, pero peleaba como derecho; eso casi nadie lo sabía. Además era mañoso, quebraba bien el cuello y la cintura y podía cargar quince asaltos con la izquierda.

Tenía un uppercut que ni se veía. Me manejaba bien las sogas, abrazaba y te empujaba, entonces daba un pasito atrás y te zafaba el upper neto al mentón que te arrancaba la cabeza y tú ni lo esperabas porque estabas atento a mi derecha.

También tenía un gancho asqueroso que te despertabas desconectado en el camerino. De ahí el médico de la comisión te montaba en la ambulancia directo al municipal.

Me decían Torpedo Joe porque había estado en la base de submarinos en Connecticut. Fui campeón welter de la flota del Atlántico en el 45, y cuando llegué a Puerto Rico, en octubre, retomé mi oficio como mecánico de bicicletas. Trabajaba las Schwinn y las Williamson, las armaba, las reparaba en la tienda que estaba frente a la plaza Dársenas.

A decir verdad, no había mucha plata en eso y entrar a la vocacional no era. De manera que volví a boxear; en verbenas, en patronales y hasta en las clandestinas donde había buenos chavos. Bobby Maina, que era manejador, estaba en aquel sótano de Villa Palmeras la noche que le tumbé tres dientes a un muellero que me llevaba treinta libras y hubo que frotarle la planta de los pies con alcanfor para que despertara. Cobré cincuenta pesos, pero estaba 7-1 y recogí de la concurrencia que me respaldó más de doscientos.

Maina me sacó licencia como peso mediano y me dio dos mil pesos.  Me prohibió pelear en ferias y en sótanos…y el taller de las bicicletas.

Me conseguía peleas por las islas, San Thomas, Santa Cruz, Santo Domingo, Barbados. Tuve una pelea en Cuba y dos en Caracas. Esas fueron un desastre porque tuve que ir a la distancia con Sandford James, un mulato de la guyana inglesa en pelea y revancha y perdí ambas.  Yo era un mediano natural que a veces bajaba a 47 y allí nadie me duraba cuatro asaltos, que era todo lo que yo aguantaba por la baja en peso. Pero retenía la pegada de 54, por eso mataba en el tercero o el cuarto temprano.

Me tiraba la buena tela y compré un De Soto del ’42, amarillo. El resto lo metía en el banco. Llegué a tener cinco mil pesos en ahorros. Pensé comprar una casa en Roosevelt pero mientras, vivía en una casita en la calle Colton. Era personalidad en la vecindad.

Estaba en la papa. Oficialmente contaba 30-2 y 26 nocauts.

Tenía 24 años sin vicios ni mujer jodona. Era amigo de las putas y la música de tríos. No fumaba y bebía muy poco. Ocasionalmente salía mi foto en El Mundo y en El Imparcial cuando tenía peleas ajustadas. Entonces en noviembre contactaron a Maina desde Nueva York por cable y me consiguió una pelea en el Garden el 23 de diciembre de 1949. Maina me mandó el pasaje y me consiguió alojamiento en un boarding house. El contrario, un tal Bobby Salvatore, iba subiendo y necesitaba un tune up fight con un desconocido from out of town. Estaba invicto y parecía que también conectado.

Pero Maina entendió mal. Saber inglés es una cosa y hablar con un italiano azaroso, cigarro en boca, no fue su momento mas iluminado. Se llevó a un pariente suyo del Bronx que entendía. El manager de Salvatore se parecía a Jimmy Durante. Hablaba sin parar de los planes que tenía para su pupilo y cómo necesitaba un rival que no fuera flojo. De ahí saltó a decir:

–He tanks on the fourth.

Y el interlocutor le dijo a Maina: Se tira en el cuarto asalto.

Maina asintió, firmó el contrato y se llevó un sobre con cinco mil pesos.  Yo llegaba a las cuatro y me fue a buscar a La Guardia con un coat.

–Un paseo; él tira la pelea en el cuarto asalto, me dijo. Mostré sospecha.

–No me mires así. Pasó con Cerdan y el Belga antes de la revancha con LaMotta. Perdió a quince asaltos y luego peleó de nuevo y ganó en quince. Eso endulza el pote. Tira la pelea contigo, se forma la interrogante, entonces le consiguen otro rival y lo revienta en el primer asalto. La prensa dice que tuvo una mala noche contigo y le tomará diez peleas cuadrar una titular.

Ah, no lo maltrates, acuérdate que tiene cinco peleas menos que tú.

–No jodas, Maina. Cuánto traes?

–Me dieron cinco mil pesos. Te doy lo tuyo después de la pelea.

–No, dámelos ahora.

–Es que te desorejas Torpedo.

–Viene acá, dije extendiendo la mano.

Fui al correo y abrí una cuenta de banco con dos mil pesos. Retuve alguito para algún puteo post pelea.

Estuve dos semanas en Stillman haciendo saco y pera y guanteando con gente de allí. No hablaba con nadie. Hubo prensa en el pesaje y me hice que no sabía inglés. A El Diario le dije cuatro pendejadas del señor de los cielos y mi fe ciega en él.

La situación tenía un acento de peligro. Tres días antes de la pelea fui a un army and navy store y compré un abrigo y un uniforme de invierno usado. Era de los de gala y me caía pintado; también compré un par de zapatos militares nuevos. El día de la pelea lo metí todo en un duffel bag grande, las cosas de la pelea, la libreta de depósito postal y un escapulario de San Judas que era el santo a quien mi mamá me encomendaba.

Llegué al garden temprano. Maina ya estaba allí esperándome. Me cambié la ropa de calle y me puse la trusa blanca y zapatillas negras. Guardé el traje, el coat y el sombrero en el duffel bag. Encima del uniforme de marinero. Hice sombra y aflojé los músculos del cuello.

–Esto no me gusta, Bobby.

–Tranquilo. Es una pelea más.

–Pero esto es el Garden, no es Santurce. No conozco a nadie aquí.

–Pero yo sí.

El oficial de la comisión supervisó el vendaje y entregó los guantes. Firmó el esparadrapo y salió con nosotros.

Era una pelea de semifondo a diez asaltos. Subí y por poco me matan en el primero. El upper no era opción. Salvatore había aprendido de los mexicanos el truco de hincar el mentón cerca de la clavícula y no había forma de conectarle. Me salvó la campana de un derechazo que casi me afloja las muelas. Lo sentí hasta en las entretelas del culo.

Se confirmaron mis peores sospechas.

En la esquina le pregunto a Maina:

–Tú entendiste bien? Porque ese pendejo no tiene pienso de caerse en el cuarto, digo, si sigue pegando así.

–Pues tendrás que arreglártelas y tumbarlo tú. Báilale y aléjate de la piedra que tiene en la derecha. No se te ocurra irte a las sogas.

En el segundo no sufrí averías mayores, pero perdí el asalto y no asumí mi altura. En el tercero lo toqué con un gancho, medio pocillo, y lo hice trastabillar un poco. Entonces fallé dos derechazos y nos maltratamos en el cuerpo a cuerpo hasta que sonó la campana.

Salí a matar en el cuarto asalto, pero con cautelas. Salvatore no cedía ante el ataque y se recuperaba al instante. Intenté cortarle el paso en el cuadrilátero, pero se escabullía como un conejo.  Me tumbó en el primer minuto con una derecha neta. Me acogí al conteo reglamentario.

Faltando minuto diez, supe que Maina no había entendido las instrucciones, que este hijodeputa no tenía intenciones de tirar la pelea.

Le conecté dos jabs como puñales y lo saqué de balance. Entonces encajé el gancho, esta vez a pocillo completo y lo crucé con la derecha. Clásico. El italiano cayó redondo, como muerto. El referí le quitó el bucal y llamó al médico de la comisión porque movía involuntariamente la pierna derecha.

Hubo aplausos y el referí me alzó el brazo. Miro a la esquina de Salvatore y me fijo en un señor que veía en Stillmans a cada rato.  Asentía con la cabeza con cara de querer matarme. Arranqué para el camerino.

A mitad de camino miré hacia atrás y vi a dos gorilas interceptar a Maina.

A la entrada del pasillo hacia los camerinos había dos guardias de alquiler velando para que nadie pasara. Me dieron paso. Cerré la puerta del camerino con seguro. Ni me duché. Corté  como pude los vendajes y me vestí de marinero. Me calcé los guantes nuevos y saqué dos cilindros de plomo del peacoat. Los empuñé. Oí cuando tocaron a la puerta.

Cuando abrí estaban allí, los dos que le habían cortado el paso a Bobby Maina. Se confundieron un instante al verme de uniforme.

–Cant come in. He’s in the shower .

Entraron de todos modos.

El primero en reaccionar fue el que estaba a su derecha, se tocó el pecho y dijo:

–Come with us.

Intuí que iba armado; su socio fue más explícito mostrando una .45 en la cintura.

Miré al de la derecha, luego al de la izquierda. Sin amor a putas ni temor a cabrones repetí el gancho contra el primero, cuya cabeza rebotó como un melón en la pared de cemento. Noté que el de la izquierda se echaba hacia atrás e iba a por su pistola, pero le di un pisotón en el empeine y le encajé un upper en el mentón antes de que se hiciera con el arma. Ambos rodaron por el suelo. Los examiné detenidamente. El del doble golpe a la cabeza tenía un futuro de cuartos oscuros y jaquecas por seis meses; el otro tenía la mandíbula rota en dos partes. Sopas con sorbete por tres meses antes de comer sólido.

Recogí las armas y las eché en un zafacón. Entonces les di la espalda y cerré la puerta tras de mí. La zurda me dolía como el carajo.

Los guardias a la salida ni siquiera repararon en mí, un marinero con un duffel bag, quizá acompañante de un boxeador que tan pronto salió del Garden cruzó la calle hasta Penn Station. Compré un boleto para New Haven en Connecticut. Pensaba llegar a New London, donde está la base de submarinos. Allí  conocía gente, la base, las barras y los puteros. Nadie me buscaría allí.

2. SE VA A LA HUIDA 

TORPEDO JOE

Tenía trescientos setenta pesos conmigo y dos mil en cualquier correo. El plan b se iba tirando.

En un Salvation Army, por seis pesetas, compré tres camisas de franela y dos pantalones de faena de medio uso. Me cambié allí mismo y doné el uniforme y los zapatos que llevaba, que era ilegal usarlos, menos el abrigo y los guantes que eso no le hacía. Conseguí unas botas casi nuevas de invierno un poco sueltas –hacía un frío del carajo—y retuve el traje de calle y el coat y los zapatos de vestir en el duffel bag. Antes de salir compré un sombrero que había estrenado algún muerto.

De modo que para las dos de la tarde de la víspera de Navidad estaba vestido de obrero en un coffee shop, leyendo la crónica deportiva del New York Daily News que daba cuenta de mi sorprendente victoria contra el favorito que era prospecto en el escalafón mediano. Estaba en cuatro párrafos largos y mencionaba el detalle de dos hombres que fueron golpeados en el camerino. Añadía el cronista que me había tragado la tierra, que no aparecía por ningún lado.

La Policía encontró las armas. Los agredidos decían no recordar nada ni reconocían la procedencia de las armas que de todos modos estaban en un zafacón, no en sus personas.

De Salvatore un párrafo, en recuadro al final de la historia. Decía que se mantenía vivo pero en estado de cuidado en un hospital privado.

Guardé la página del Daily News en el bolsillo del abrigo. La historia llevaba una foto de estudio de Bobby Salvatore y otra, más destacada, de cuando le encajé el primer gancho que le hizo trastabillar en el tercer asalto. El intertítulo de los párrafos decía “upset in the prelim”.

Caminé bajo nieve hasta la calle Chelsea que ya conocía. Había media docena de casas que alquilaban habitaciones. Llegué al 323, donde viví dos meses luego del licenciamiento en lo que me asumía. Todo seguía igual con la excepción de un aire de esmero vecinal y de carros más nuevos en las calzadas.

El dueño de la casa se acordaba de mí y por leche tenía una habitación de segundo piso. Me preguntó si todavía boxeaba. Le dije que sí pero que no había tenido mucha fortuna.

–Era welter, ahora soy mediano y esa división es difícil.

–Cierto, hay mucho pegador; La Motta, claro, Cerdan se murió.

–¿Cómo esta la situación de trabajo?

–Trabajo hay, depende qué sepas hacer.

–Fui troquelero en el Navy y antes era mecánico de bicicletas y de Whizzers.

–De lo primero hay en Hartford, de lo segundo poco. Ya las bicicletas que se iban a vender se vendieron hoy. Creo que hay un taller que las repara en la calle Federal, queda cerca de un gimnasio.

Buen tipo el casero. Le pagué un mes por adelantado y me invitó a cenar por ser Nochebuena. Hizo un pavo al horno y lo adornó con más mierda que un pozo muro. Lo puse en antecedentes en la sobremesa, la lengua aceitada por un litro de wild turkey. Le mostré el recorte del Daily News; el anfitrión lo leyó detenidamente.

Sacó un cigarro de la petaca. Se escuchaban coros por la vecindad cantando villancicos y la mezcla de algunos programas de variedades en las radios. Las casas iban bastante pegaditas.

–Entonces, mandaste un tipo al hospital. Lo del camerino no lo entiendo, pero presumo que tuviste que ver con eso. Estás huyendo.

–No. Estoy de vacaciones en un sitio conocido donde pasé cuatro años y que nadie asocia conmigo. No conozco a nadie en Nueva York. Quiero descansar un poco.

–Entiendo. Podías estar en tu país fiesteando, pero decides venir aquí en víspera de Navidad a comer pavo con un viudo, porque puede haber gente en La Guardia o en el terminal de Grand Central con el Daily News bajo el brazo. No es bueno huir, pero aquí estás seguro. Descansa un tiempo y luego vete a Chicago o a Wisconsin. Allí hay fábricas de bicicletas y un matón de Nueva York sobresale como un obispo en un baile de putas.

…y aléjate del boxeo, ni gimnasio ni smokers ni carteleras que las hay por todas partes. Tienes 24 o 25 años. Estudia algo con la mesada militar.

Esperé a que terminara el cigarro. Me despedí al pie de la escalera.

— Feliz Navidad.

Pasé una semana descansando. Almorzaba y cenaba en los restaurantes del vecindario, donde siempre había una que otra mesera que recordaba. Eran mujeres jóvenes y guapas de por allí. Dos de ellas me atendieron. Una me preguntó si volvía para quedarme, la otra me reprochó que en estos años ni siquiera una postal.

Leía uno que otro diario de Nueva York, buscando secuelas a mi historia y a la del muchacho que seguía en coma. Me pasaba las tardes escuchando la radio de la sala. El casero era dueño de una pequeña gasolinera que abría a las seis de la mañana y llegaba sobre las siete de la noche a la casa.

El 31 de diciembre gasté un dron de pesetas en un teléfono público y llame a Gabriel Tejera, un cronista deportivo que conocía en El Imparcial.

–¿Qué pasa Navarrete?

–Tú has visto a Bobby Maina?

–Anoche, en el Blue Moon. Te está buscando hace una semana para darte un dinero. Parece que firmó a otro boxeador porque andaba con un tipo que parecía un caterpillar con dos brazos.

–¿Te contó de la pelea?

–Me contó del nocaut y que el muchacho sigue en el hospital. Me dijo que te fuiste sin verlo y sin cobrar. ¿Pasa algo?

–Nada pasa. Dile que si lo veo lo mato.

–Carajo…

Colgué el teléfono.

Al menos Maina salió con el pellejo intacto, tan tan que andaba de putas y tragos. Por la noche, le dije al casero que tenía que hacer una llamada a San Juan de madrugada y le adelanté veinte dólares. El casero asintió. Me ofreció whisky.

–Se terminó el año y la década. Brindemos, dijo. Se bebió media botella mirando la foto de su difunta esposa en la mesa del centro. Le di las buenas noches y lo dejé en su tristeza.

A las dos llamé a Maina. Lo agarró un tal Nicky al tercer timbre.

–Maina.

Lo escuché cuando despertaba a Maina, que contestó azorado.

–¿Si?

–Cuéntame qué pasó, Bobby.

–¿Dónde estás?

–Eso no importa. Feliz año nuevo.

–¿Por qué te fuiste sin esperarme?

–Porque los dos matones que te interceptaron vinieron al camerino armados.

–Los mandé a buscarte, me interceptaron para que conversara con el manager del muchacho. Me enteré que los manoseaste un poquito.

–A Dios que me dio esa bendición; tú le hubieras dado el culo, so maricón. Además, el manager me miró con ganas de matarme.

–Eso fue de admiración…ese gancho tuyo…le salvaste la noche.

–No entiendo un carajo.

–El me explicó de nuevo a mí y a mi compadre que su pupilo no quería tirar la pelea o que dijo que sí y después que no o algo así. Se suponía que la tirara porque había otros planes. Apostó a ti de todos modos, pero agonizó por cuatro asaltos porque Salvatore no quería zambullirse.

–Carajo. Pobre muchacho.

–Murió la víspera a las siete.. Nunca recobró el conocimiento… Atiéndeme, Luigi quiere comprar la mitad de tu contrato. Tenemos que vernos.

–Que se vaya al carajo, ah, y tú también. ¿No se te ocurrió venir a buscarme y mandaste a dos matones?

–Es que estaba hablando business.

–Pues págame lo que me debes, que Tejera me dijo que tenías una moneda para mí.

–Te tengo dos peleas más en Caracas, donde nunca has estado y te lo he prometido. Estaremos un mes por allá. No puedes cancelar el contrato.

Maina colgó el teléfono.

Me vestí de calle, traje y corbata y el abrigo. Esa pendejada de peleas en Caracas me dejó mal y pensando. Maina estaba vigilado y me quiso dar aviso de que no regresara.

Dejé el resto en el duffel bag, pero guardé la libreta bancaria y el escapulario en el bolsillo del pantalón. Le dejé una nota al casero explicándole mis putas prisas.

Escribí: Regreso a Nueva York. Vuelvo a San Juan. Hace mucho frío. Gracias.

Pedí un taxi que me llevó a la estación de trenes. Agarré uno que salía para Chicago.

En Chicago bajé del tren y pregunté por un hotel módico. Me señalaron uno en Webster y State Street.

–Es para vendedores viajantes, siempre hay gente entrando y saliendo, me dijo un taxista.

El hotel se llamaba Porter Arms. Apalabré una habitación con baño y teléfono. Pagué tres días por adelantado. Dejé un depósito de $20 para llamadas telefónicas.

Había sido un día largo. Afuera nevaba con fuerza. Me di un baño caliente y me tumbé a dormir. Me despertó el hambre al mediodía siguiente.

Almorcé y deambulé por las calles pensando en mi situación particular. Allí donde estaba no iba para ningún lado. Pelear no era opción ni aparecer en carteleras. Trabajar en fábricas de bicicletas o de mecánico no me dejaría lo suficiente para un pasar a mis gustos. Cincuenta pesos semanales en un machine shop tampoco. Lo más aconsejable sería volver a San Juan, a mi ambiente.

Cuatro rounds en la vida de Torpedo Joe, son relatos breves que Francisco Velázquez, nuestro mejor narrador, publicó en la revista The Gondol. Los reproducimos aquí con pemiso del autor para solaz de los lectores. 

El obrero es digno de su salario*

EL OBRERO ES DIGNO DE SU SALARIO*

Luc 10:7  Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.

Mat 10:10  ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.

Jua 4:35  ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

Jua 4:36  Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.

El monje benedictino, Marcelo Barros, autor de esta esperada columna, no estará esta semana regalándonos sus palabras. Barros, comprometido con los movimientos populares, especialmente el MST, trabaja por la unidad de las iglesias y las religiones así como por los derechos de las trabajadoras y trabajadores. Sabemos que, en ese espíritu, las citas bíblicas que hemos escogido serán de su agrado como también lo serán para los asiduos lectores de su columna.

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