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Editorial:  Racismo indignante en La Mega

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, condenamos  enérgicamente las  expresiones racistas contra la compañera y abogada Ana Irma Rivera Lassén, vertidas en días pasados por el titiritero Kobbo Santarrosa, a través de la muñeca La Comay, en su programa por Mega TV. Debía ser inconcebible, en el Puerto Rico del siglo 21, que figuras del mundo del espectáculo puedan utilizar la plataforma de un medio masivo de una forma tan indecente y lesiva a la buena imagen de la emisora que transmite su programa, y a los mejores intereses de nuestro pueblo.

La compañera Ana Irma Rivera Lassén no necesita ser defendida. Su hoja de trabajo y servicio a la profesión legal y a Puerto Rico ha sido altamente visible durante muchos años. Se ha destacado como líder en la lucha por los derechos de las mujeres, de la comunidad LGBTTQI y de todos y todas los discriminados y excluidos por razón de su raza, género, origen o condición social y económica.  Fue presidenta del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, y ha sido una figura clave y respetada en las múltiples iniciativas desarrolladas durante muchos años hacia el logro de una mejor y más inclusiva convivencia social en nuestro país. La distinguida trayectoria de Ana Irma Rivera Lassén representa un tajante contraste con la patética figura de su atacante, un llamado “entertainer” venido a menos, que ha convertido en un lucrativo negocio el chisme, el morbo, el odio, el insulto y el abuso contra la dignidad de otros seres humanos. Su diatriba racista contra la licenciada Ana Irma Rivera Lassén es demostrativa del alcance de su violencia verbal, razón por la cual se le canceló su programa “La Comay” en una reconocida televisora de Puerto Rico hace unos años.

El discurso de odio racial y cualquiera otra forma de exclusión y discrimen entre seres humanos no deben tolerarse en los medios masivos, ni en ningún otro foro de discusión pública en Puerto Rico, por ser ofensivos a la dignidad humana  y contrarios a la aspiración de concordia social de la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

Fiestas juninas en el mundo secular

Por Marcelo Barros/Especial para Em Rojo

Junto con eltiempo de pandemia, en elcualestamosforzados a mantenernos lo más posible en cuarentena, el mes de junio es marcado por fiestas y juegos que vienen de tiempos muy antiguos. Son las celebraciones ligadas al solsticio del verano en el hemisferio norte y, en el sur, del invierno.

Desde siglos antiguos, el Cristianismo ligó esas fiestas ala memoria del nacimiento de San Juan Bautista. Así las fogatas encendidas en medio de la noche pasaban derecordar los ritos ala naturaleza o al dios del fuego ala memoria de Juan Bautista, símbolo de la lámpara que hace brillar la luz del Cristo. En los Andes, la fiesta del Inti Rami celebra el Sol como fiesta del año nuevo andino. En países y sitios, en los cuales son más fuertes las culturas negras, danzas y canticos característicos expresan el gusto de vivir y conviviren medio de todas las luchas de la vida.

En estos días que dan que pensar, las fiestas juninas no podrán ser celebradas de la misma forma queen otros años. Sin embargo, podemos ligar estas costumbres tradicionales con la atención ala Madre Tierra y ala naturaleza que más que en otros tiempos, parece urgente. Los cambios climáticos hacen que el frío y el calor no sean más regulares y naturales como antes. Pero, al celebrar la luz y la vida, retomamos el compromiso nuestro con el universo que nos rodea. En el domingo 24 de mayo, el papa Francisco propuso a toda la humanidad que este año sea considerado un tiempo de reposo para la tierra (jubileo) y que podamos profundizar, desde la lectura de su encíclica Laudato si, una Ecología Integral.

En las Iglesias antiguas, orientales y católica, los evangelios recuerdan que San Juan Bautista es hijo de una mujer que era estéril y de un padre que era mudo. Su nacimiento en condiciones extraordinarias reveló que nuestras esterilidades pueden hacersefértiles y nuestra mudez puede transformarseen profecía. Todos nosotros somos llamados/as a transformar desiertos en jardines floridos. Nuestra aridez interior puede ser espacio de comunión y fiesta cuando acoge el amor como dádiva divina que puede cambiar a nosotros yhacer que un mundo organizado de otra forma sea posible. Ese proceso supone que asumamos nuestras raíces culturales más profundas. Independiente si somos o no cristianos, la memoria del nacimiento de Juan Bautista es profecía de un mundo más hermano. Y como promete el evangelio: en todas los tiempos, las personas harán fiesta y si alegrarán.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

La Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora (OPMT) se une al repudio contra Antulio Santarrosa, el programa “La Comay” y sus auspiciadores

La OPMT, organización feminista establecida en Puerto Rio hace más de tres décadas, condenó el programa de Antulio Santarrosa, conocido como Kobo o “La Comay”, por las expresiones y acciones racistas en contra de la reconocida abogada, feminista, defensora de los derechos humanos y conocida activista contra cualquier tipo de discrimen, la Lic. Ana Irma Rivera Lassén.  Manifestó su total respaldo a la tercera mujer en presidir el gremio togado, pero la primera  negra y abiertamente lesbiana en hacerlo, para prestigio de la más que centenaria y respetada institución del país.  Rivera Lassén también es candidata al Senado por acumulación, en representación del partido Victoria Ciudadana.

“Hace cerca de siete años que Puerto Rico se libró de la toxicidad causada por el programa “La Comay”, que se transmitía por WAPA Televisión.  Los abusos de este hombre que se esconde detrás de un títere al que le adscribe características de mujer para intentar desprestigiar a terceras personas y organizaciones, utilizando para ello un humor malsano, racista, homofóbico, lesbofóbico, xenofóbico, recibió un repudio masivo por sus desmanes que obligaron a la Televisora a cancelarle el contrato.  Desafortunadamente la estación MEGA trajo de vuelta a quien se burla y ataca impunemente a seres humanos cuyas vidas son orgullo de nuestro país, como es el caso de la compañera y hermana de luchas, Ana Irma Rivera Lassén.”, declaró la Lic. Josefina Pantoja Oquendo, una de las portavoces de la OPMT.

Destacó Pantoja Oquendo que Santarrosa manifiesta el racismo internalizado de personas que aun siendo negras, exhiben discrimen y odio contra gente de su misma raza.  “El manejador de “La Comay”, utiliza como blanco de sus burlas y ataques discriminatorios en múltiples variantes a boricuas que merecen respeto y agradecimiento por las aportaciones que de forma desprendida hacen al país.  Tan culpable es él, como sus colaboradores, los dueños de la estación y particularmente los auspiciadotes que pagan por el espacio degradante desde el que se proyecta Santarrosa.  Por ello nos unimos al boicot que otras organizaciones han anunciado contra esas empresas.

Finalmente hicieron un llamado al pueblo puertorriqueño a no sintonizar el programa del manejador de la muñeca chismosa a través de quien promulga el odio y la falta de valores.   “En Estados Unidos y el mundo entero las personas se han levantado para repudiar el asesinato de George Floyd por racismo. ¿Cómo es que el pueblo boricua va a tolerar que se trate a la Lic Rivera Lassén de forma insultante y discriminatoria y que quien lo hace quede impune?

 

 

Cuba al salvarse, salva

Por Randy Alonso Falcón

Hace tres meses, el 11 de marzo de 2020, la OMS declaraba a la COVID-19 como una pandemia, y Cuba reportaba sus primeros casos positivos a la enfermedad: tres turistas italianos que habían arribado días antes por el aeropuerto de La Habana y se encontraban alojados en la centrosureña ciudad de Trinidad.

Apenas diez días después, el 21 de marzo, cuando comenzaban a brotar los casos en Cuba y eran visibles en medios internacionales y de la contrarrevolución las dudas sobre el poder del sistema de salud cubano para enfrentar una enfermedad que estaba destrozando a naciones más poderosas y causando una alta letalidad, el Gobierno nacional anunciaba la salida de una brigada de 52 médicos y enfermeros cubanos precisamente hacia Italia, a la región de Lombardía, el epicentro terrible de la epidemia en Europa.

El 22 de marzo, entre aplausos y gestos de agradecimiento, llegaban a Milán, camino a la ciudad de Crema, los internacionalistas cubanos de la salud. Ese día, Cuba reportaba diez nuevos casos de COVID-19, para un acumulado de 35; una cifra de 954 pacientes estaban en vigilancia clínico- epidemiológica en los hospitales y centros de aislamiento creados con este fin; y otras 30 mil 773 personas se vigilaban en sus hogares, desde la Atención Primaria de Salud. Uno de los más renombrados centros de seguimiento al nuevo virus pronosticaba, en un escenario extremo, que el 80% de la población cubana, unos nueve millones de personas, iba a enfermar y que morirían 90 000, como consecuencia de la pandemia.

Comenzaba apenas una batalla por la vida que Cuba desarrollaría en el frente interno y, simultáneamente, brindando ayuda solidaria a decenas de otras naciones en América Latina, el Caribe, Europa, África y Medio Oriente. Un combate que se daba en medio del recrudecimiento del bloqueo estadounidense contra Cuba: el 10 de marzo había entrado en vigor la decisión, tomada previamente por la Casa Blanca, de suspender los vuelos chárter a las ciudades cubanas, con excepción de La Habana; que se sumaba a más de 80 medidas tomadas por la administración Trump contra Cuba entre 2019 y principios de 2020 para atemorizar la inversión extranjera, cortar los flujos financieros y de combustible, la llegada de turistas y la venta de servicios.

Han pasado tres meses de duro enfrentamiento contra la enfermedad. El Gobierno cubano ha sentado pautas de organización, trabajo colectivo y eficiencia en su plan nacional de enfrentamiento. El sistema de salud ha mostrado su fortaleza y poder resolutivo, pese al impacto del cerco estadounidense -que impidió hasta la llegada de ventiladores y mascarillas al país. Las ciencias, sobre todo las biológicas y farmacéuticas, se convirtieron en aliados claves y decisivos en los protocolos de actuación y tratamientos para controlar la epidemia en el país. El pueblo, mayoritariamente, acompañó con disposición y disciplina las medidas adoptadas para el distanciamiento físico y la mayor higiene, como únicos métodos efectivos ante este virus altamente transmisible.

En la noche del pasado 11 de junio, tres meses después de los primeros casos, el Presidente y el Primer Ministro cubanos han anunciado el inicio próximo de la etapa de recuperación del país post Covid-19, en un plan por fases y territorios, con gradualidad y asimetrías, atendiendo siempre al curso epidemiológico. Ha sido una contundente victoria de Cuba frente a la emergencia sanitaria y contra los augurios catastrofistas de sus adversarios.

El país lleva dieciséis días con sólo una muerte que lamentar y una cifra decreciente de nuevos positivos. De aquellas 30 mil personas que estaban en observación en los hogares por posibilidades de contagio el 22 de marzo, hoy hay apenas unas 500. El sistema de salud nunca estuvo siquiera cerca de colapsar, siempre se mantuvo el control de la epidemia y hoy trabaja con más holgura que nunca.

Ha sido también una nueva derrota al bloqueo estadounidense, que no se ha detenido ni en medio de la pandemia, a pesar de los llamados del Secretario General de la ONU y otras personalidades internacionales. Por esto días recientes, Washington anunciaba nuevas medidas contra empresas cubanas, ordenaba el retiro de Cuba de la gigante hotelera estadounidense Marriot y anunciaba multas contra empresas extranjeras en negocios con Cuba.

Mientras a lo interno se daba esta batalla colosal, Cuba enviaba 34 brigadas médicas del Contingente “Henry Reeve” a 27 países, por solicitud de las autoridades de esas naciones. Se trata en total de 3337 profesionales cubanos de la salud, de ellos, 2014 mujeres.

Esos «vencedores del dolor y la muerte» como los calificó Fidel, están dando un ejemplo formidable de los altos valores en que se forman y el espíritu humanista que los impulsa. Hay 1182 de ellos que están atendiendo directamente casos positivos a la COVID-19 en los países donde brindan asistencia. En total han atendido 67 553 pacientes y han salvado 2 091 vidas.

Al aporte solidario de estas brigadas de emergencia se suman los esfuerzos de las 59 brigadas médicas que ya se encontraban desplegadas en igual cantidad de países del mundo, y cuyos integrantes han atendido a otros 39 mil 230 pacientes en estos meses, con 7 189 vidas salvadas.

Este pasado lunes, regresó a La Habana la brigada médica que acudió a Lombardía en medio de la tragedia. Llegó colmada de la admiración, el reconocimiento y el aplauso del pueblo italiano. Y recibió el homenaje emocionado de su pueblo.

En Italia, en la conocida Turín, otra brigada médica cubana sigue trabajando sin descanso por salvar vidas.

Aunque la batalla mundial contra la pandemia no se ha vencido, y en nuestra área geográfica se está lejos aún de ello, estos tres meses convulsos van dejando lecciones a la humanidad. Cuba ha mostrado el valor de un sistema social basado en el ser humano y no en el poder del capital, de un sistema de salud accesible, gratuito y universal -donde no son los precios de los test los que deciden quién puede saber si está enfermo, ni es la edad la que lleva a los médicos a decidir quién vive o quién muere ante la falta de respiradores-, de una ciencia puesta en favor de la salud y el bienestar colectivo y no del lucro y la salvación de unos pocos.

Cuba ha mostrado también que sólo la cooperación y la solidaridad, no el egoísmo ni los bloqueos, pueden ser la respuesta efectiva de la humanidad ante los grandes desafíos que tiene por delante.

Al salvarse, Cuba Salva

Reproducido de : www.cubandebate.cu Publicado originalmente en Al Mayadeen. Versión revisada y actualizada para Cubadebate

Lo antinacional isleño

 

Por Chiqui Vicioso

Una de las tragedias del COVID es que ha puesto en evidencia la inmensa fragilidad del ser dominicano.  A una economía de papel, que depende fundamentalmente de remesas y  turismo, se suma el menosprecio (basado en la más absoluta ignorancia) de la dominicanidad promedio hacia la imagen del país, y nosotros, fuera de nuestros bordes.

Cada hecho que se registra aquí tiene una consecuencia fuera y en el exterior tenemos una imagen de brutos, incultos, atrasados políticamente y ¡para colmos! de racistas, con una población donde sesenta de cada cien dominicanos son negros que se creen indios, y treinta de cada cien son mulatos que intentan no parecerlo por todos los medios posibles.

Es la realidad poblacional de casi todas las islas del Caribe, excepto que ellos si se asumen, por eso en este artículo me limito a mencionar tres hechos que de vuelta nos han colocado en el mapamundi:

1.-Mientras en todo el mundo los blancos se han manifestado en masa contra el asesinato de George Floyd, aquí un grupúsculo que se autodenomina “Antigua Orden Dominicana” (¿imagino que la de la esclavitud?) se permite agredir  a un grupo que expresaba su solidaridad contra la violencia policial a los afroamericanos, con el apoyo de policías negros.  Los mismos policías negros que viven asesinando a jóvenes negros en los barrios populares, en una forma de Apartheid barrial, ampliamente conocida y difundida en el exterior.  De hecho me enteré por una agencia internacional de noticias.

2.-Lo mismo sucede con la violencia policial contra los barrios.  Escuché en televisión la denuncia de una señora de Capotillo contra las unidades Swat y Lince de la policía que invadieron los barrios supuestamente para decomisar marihuana, pero que según los habitantes lo hicieron para aumentar el peaje que pagan los dealers de droga.  La señora denunció que entraron a su casa, le robaron la alcancía y hasta le tomaron un jugo que tenía en la nevera.

3.-Y después nos quejamos del desprecio que siente la región del Caribe contra esta medio isla.  Dice mi hermano Rafael Emilio Yunén:

“Un día, en Gainesville, en un curso sobre tendencias culturales caribeñas,  yo  era el único dominicano, pero me di cuenta de que  no era lo único dominicano invisible en esa clase, sino que mi país entero era desconocido o ignorado por los profesores y hasta por algunos estudiantes caribeños…”…Aún creo que debemos abordar con más decisión las razones de nuestra relativa invisibilidad o subvaluación cultural en El Caribe y el mundo”.

Quizás la respuesta la sigamos encontrando en Don Pedro Mir, cuyo 109 aniversario pasó desapercibido, cuando anunció:  “Este país no merece el nombre de país, y esta es mi última palabra”.