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¿Qué tiene que pasar para el despido de José Ortiz?

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

La gobernadora Wanda Vázquez destituyó hace unos días a Erik Rolón, secretario de Corrección, luego de que murieran tres presidiarios y un guardia penal, ¿qué debe ocurrir antes de que despidan a José Ortiz, el director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica?

Además del gabinete completo de Ricardo Rosselló, el “nuevo” gobierno de Wanda Vázquez se ha quedado con buena parte de sus malas costumbres y una de las más sobresalientes es esperar a que estalle una crisis para despedir a algún funcionario. A pesar de que la evidencia que retrata la incompetencia, la negligencia o la corrupción se acumula, se le pide la renuncia cuando estalla algún escándalo o cuando la mala gestión se desborda. Lo que hizo Vázquez con Beatriz Zayas, la de Ciencias Forenses, y con Erik Rolón, el de Corrección, se parece mucho a lo que ocurrió con Ricardo Ramos en la AEE, con Julia Keleher en Educación, Héctor Pesquera en Seguridad y muchos otros.

La negligencia de Ricardo Ramos que, con la contratación de Whitefish rayó en lo criminal, era patente a solo días del azote del huracán María. No obstante, se le despidió en medio de un coro de protestas cuando ya el deterioro del sistema eléctrico era irreversible. En cuanto a Julia Keleher las denuncias sobre su gestión se acumulaban, pero cuando se le “renunció” en la misma conferencia de prensa se anunció que permanecería como “asesora” y que continuaría cobrando $250 mil anuales, aunque ya no sería secretaria. La cancelación del contrato se produjo cuando trascendió que, como parte de la investigación criminal que conducía el FBI, se había intervenido con sus cuentas bancarias.

La lista de Rosselló es larga y lo mismo se puede decir de Héctor Pesquera quien a pesar de que sobre su incompetencia se habían acumulado decenas de reportajes periodísticos, agotó su contrato y se fue con el “agradecimiento” del gobernador. Peor ocurrió con Ángela Ávila, aquella que estuvo a cargo del sistema de salud hasta el día después de su testimonio ante el gran jurado que eventualmente ordenó su arresto. En cuanto a los contratos que ella otorgó a la empresa de contabilidad BDO, se cancelaron luego de que su presidente también fuera arrestado y prestara fianza.

La “novedad” del gobierno de Wanda Vázquez la vimos hace algunas semanas cuando finalmente actuó con Beatriz Zayas, directora del Negociado de Ciencias Forenses, la tercera persona que Rosselló había nombrado a dirigir esa agencia y quien la mantenía en el mismo estado calamitoso que la tuvieron los anteriores. Sólo cuando trascendió que no era capaz ni siquiera para gestionar la documentación que permitiera utilizar varios vehículos especiales que costaron $2 millones, ordenó su despido.

Tras Zayas, el turno le tocó a Erik Rolón, una de las estrellas de Rosselló. Luego de fungir en Fortaleza como uno de los portavoces del derrumbe moral que terminó con su jefe, regresó tranquilamente al Departamento de Corrección donde empezaron a acumularse las noticias y la evidencia de su pobre gestión. Finalmente tuvieron que morir tres presidiarios y un guardia penal para que Vázquez lo renunciara. Además de las muertes se sabe que está activa una investigación criminal relacionada con subastas, pero fue el último deceso lo que produjo el despido y no la sospecha de corrupción. 

Ante esa “tradición” lo que todo el mundo se pregunta es qué tiene que pasar para que José Ortiz, el director ejecutivo de la AEE, sea despedido. Este individuo será recordado como uno de los funcionarios más mentirosos que han pasado por administración alguna y, sobre cada una de sus mentiras existe amplia documentación.

La última de sus mentiras quedó retratada hace unos días cuando, tras el arresto de quien fungió como presidente de Cobra Acquisition, la empresa a la que la AEE contrató por $1,845 millones, se apresuró a decir que el contrato había quedado cancelado desde el pasado mes de marzo, cuando se supo de la investigación criminal contra la empresa. Una revisión del registro de contratos (y de cancelaciones) en la Oficina de la Contralora demostró que era otra de sus mentiras. Entonces “aclaró” que, aunque no hubo la cancelación, no se le estaban solicitando nuevos trabajos. Tal vez pronto sabremos que esa es otra mentira porque no es la primera vez que Ortiz dice un embuste para intentar tapar otro. Además, desde el punto de vista legal no es lo mismo cancelar un contrato que dejarlo “inactivo” porque las obligaciones que surgen del mismo siguen presentes.

La mentira reiterada es razón suficiente para prescindir de cualquier funcionario, sobre todo cuando cada acto mentiroso queda evidenciado en el récord público. Pero en el caso de Ortiz la conducta mendaz casi siempre encubre algún comportamiento nebuloso dirigido a beneficiar a un amigo o a un familiar. Recientemente, cuando se apresuró decir ante los medios que era urgente otorgar un contrato por $450 mil, la atención de todos se centró en la mentira que contenía el anuncio porque, cuando la gobernadora Vázquez le ordenó detener la contratación, entonces dijo que ya no era necesaria debido a una acción de FEMA. Luego la entidad federal aclaró que eso también era mentira. Esa cadena de mendacidad no era lo peor. Más grave es la información de que el contrato beneficiaría a la empresa a la que Ortiz estuvo vinculado antes de ir a la AEE y en la que ahora trabaja su hija.

El mismo tufo de corrupción despiden los contratos otorgados a José Pérez Canabal, su socio en pasados negocios, y quien, a su vez, estuvo imputado por actos fraudulentos. En esta ocasión, como en otras, a pesar de la denuncia la contratación se mantiene y Pérez Canabal sigue mandando y cobrando.

La historia de Ortiz, con sus denuncias y sospechas, es más dramática que la del recientemente renunciado Erik Rolón. Además, su cargo es mucho más importante que el de este último porque está al frente de la entidad que produce la energía que mueve la economía del país, manejado miles de millones de dólares cada año. Cualquier gobernante debiera estar atento a funcionarios como éste y disponerse a actuar ante la primera señal. Sin embargo, la podredumbre se acumula sin que la “nueva” gobernadora actúe.

Hermanas Rodríguez : A veinte años de su regreso a la Patria

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Para mí fue como una tormenta, y el cuerpo me respondió físicamente, como si fuera una tormenta. Me dio mareo. Es lo que yo llamo, como un tornado. Salimos de San Francisco como a las tres de la tarde, llegamos a Nueva York como a las 10:30 de la noche y llegamos a Puerto Rico como a las 9:30 de la mañana. Y ahí no hubo descanso físico, lo que hubo fue mucha emoción, muchos sentimientos buenos, muy buenos, y algunos muy difíciles. Eso no se procesa así, de un cantazo, y el cuerpo me dio mareo, me dieron náuseas”.

Al cabo de cumplirse, este mes de septiembre, 20 años de la excarcelación y simultánea llegada a la patria, las hermanas Ida Luz(Lucy) y Alicia Rodríguez comparten en entrevista con CLARIDAD sus reflexiones y parte de sus vivencias durante este tiempo. Comenzamos por el recibimiento en el aeropuerto, evento que sin dudas representó para el pueblo puertorriqueño un momento de orgullo y triunfo. Hoy, a la distancia, Lucy y Alicia ven más claros sus sentimientos sobre el momento.

Su llegada a Puerto Rico

A la sensación física de tornado que describe que sintió, Lucy añade: “Entonces, cuando llego al aeropuerto, le digo a Nieves Falcón: ‘Yo necesito irme’. Yo estaba verde, entonces me dice: ‘No, no te puedes ir porque hay un montón de gente afuera esperando’. Yo dije: ‘Ok, ¿cómo voy a hacerlo sin vomitar?’ Me senté y me dije: ‘Espero’. Pude salir. No hablé mucho, los quise mirar profundamente y sí les di las gracias”.

Mientras, Alicia expresa que sinceramente estaba en shock; “porque nosotros llegamos a Puerto Rico en menos de 24 horas. Era un cambio super drástico para la siquis, imagínate, estar detrás de una reja por casi 20 años. Pero también llegamos con ese periodo bien doloroso de decidir si íbamos a salir o no. Esto no fue una fiesta, ¡fue, básicamente, con todas las huellas de la responsabilidad, de si era correcto asumir esa posición y salir a Puerto Rico! Teníamos que decidir, y eso fue un proceso bien profundo porque teníamos que dar la cara a este pueblo, teníamos que justificar remover esa ropa penal y dejar atrás esa vida que asumimos, así que cuando llego a Puerto Rico todavía no había soltado el golpe, que cogió muchos años para sanar”.

La menor de las hermanas Rodríguez —pero no por mucho— añade que el momento de salir y saludar fue una combinación de muchas cosas: una alegría de sentir el calor humano de su gente, saber que era un recibimiento de mucho amor, la reafirmación del carácter político de su encierro y a su vez, tristeza y coraje, de que no estaban todos juntos. Se refiere a que en el 1999 todavía quedaban tras las rejas Carlos Alberto Torres, Oscar López y Haydée Beltrán.

Ambas hermanas hacen alusión a las profundas conversaciones que sostuvo el grupo de los hoy exprisioneras y exprisioneros para decidir si aceptaban o no la oferta de salida que ofreció la Casa Blanca, a la luz de la responsabilidad política que habían asumido como prisioneros y prisioneras políticos, y afirman que nadie salió corriendo. Lucy confiesa que no fue hasta los seis meses que entendió que esa fue la decisión correcta.

¿A qué ha sido lo más difícil de adaptarse durante todo este tiempo y qué ha sido lo más fácil? La prisión es una experiencia de vida que pesa mucho. Lucy y Alicia entraron jóvenes a prisión; la primera a los 29 años y la segunda a los 26, y expresan que la prisión es un ambiente sumamente hostil, más contra las mujeres.

“Las células de este cuerpo todavía carga sus memorias de la cárcel, así que para mí esa pregunta la veo en el contexto de una dignidad, de una dignidad como mujer, la dignidad de un ser humano y la dignidad de ser puertorriqueña”, reacciona de primera intención Alicia.

Prosigue que en relación con su vivencia en el país, “Para mí lo más difícil es ver el tipo de consecuencias de que Puerto Rico sigue siendo una colonia. Lo veo en los ojos de la gente, lo percibo cuando camino por ciertos lugares de Puerto Rico y veo las áreas de los ricos en comparación con las de la gente pobre. Eso me provoca mucha, mucha ira, y es difícil para mí, porque llegar de allá y llegar a lo de uno… uno sabe que eso no debe existir; no lo veo como algo normal, así que para mí es eso”.

Por su parte, Lucy confiesa en tono jocoso que lo más difícil fue enfrentar las palabras de Nieves Falcón, recién excarceladas, de que tenían que buscar empleo. “¿Cómo?, ¿empleo? No hemos aterrizado, no estábamos preparadas para ir a ponchar reloj, a estar sujetas a supervisores, a un horario de trabajo. Salimos de una cárcel donde todo estaba controlado y a la edad que salimos fue bien difícil”.

En torno a lo más difícil, de cómo reencontrarse y poder decir aquí llegué, este es mi lugar, y dejar atrás la prisión, Alicia expresa que llegar a la isla fue sentirse protegidas, “al tener ese calor que solo este pueblo sabe expresar y sentir”.

La otra parte, de como un ser humano empieza ajustarse a la vida diaria, nos dijo que fue un choque: “Salimos sin tener referencia de dónde uno trabajo. Nosotras no teníamos nada de eso; eso fue sumamente difícil. Mi hermana y yo llegamos, no a un sitio donde podíamos contar con nuestros padres. No teníamos ese apoyo familiar”.

Ambas expresaron que el apoyo y solidaridad que recibieron del Comité Pro-Derechos Humanos, de seres generosos como el maestro Antonio Martorell y José Vega Santana, el conocido Payaso Remi y de organizaciones de mujeres fue lo que las ayudó a caer en tiempo. Para Alicia, “buscamos la manera de ajustarnos, desde el principio. Adaptarse a la realidad fue algo normal”.

Lucy reconoció que para ella fue bien difícil y se preguntaba cada día: “¿Cómo lo vamos a hacer, cómo vamos a ganarnos la vida, cómo vamos a compartir? La familia estaba en Chicago, teníamos que caer en tiempo; pero también sabíamos que no podíamos quedarnos en San Juan. El campo es lo que nos llena, el campo nos da un sostén en momentos difíciles; esa es la naturaleza nuestra”.

Las vivencias recientes

Esa naturaleza las llevó a vivir al sector Guavate de Cayey, a poco tiempo de llegar a la isla. Allí pasaron la experiencia del huracán María en el 2017 y sus consecuencias de no poder salir de sus casas en seis días, la incomunicación y la falta de agua y luz por meses.

“Nosotras salimos como alfareras de la cárcel. Yo tengo una afinidad con el barro y ya llevo seis años dando clases en la Escuela de Bellas Artes en Cayey. Esa es mi vocación, a mí me gusta entrar a las comunidades, me gusta ir a los salones”.

Esa es Alicia, quien el pasado año concibió el proyecto Taller Guaguarey, ante la preocupación expresada por amistades y personas de la comunidad por la posible clausura de los talleres que auspiciaba el Municipio de Cayey. Tras conversaciones con el alcalde, Alicia se comprometió a buscar fuentes alternativas para financiar las clases, mientras el alcalde Rolando Ortiz se comprometió a dar acceso a los salones, equipo, agua, electricidad y el registro estudiantil. Los fondos que procure obtener el Taller serán para la compra de barro, herramientas, algún otro equipo y un estipendio para la maestra. La palabra guaguarey significa barro en el idioma taíno.

Lucy es bibliotecaria en el Recinto de la Universidad de Puerto Rico, en Cayey. Antes, trabajó con el Maestro Antonio Martorell.

Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo

¿Qué les parece la experiencia de este verano 2019 en Puerto Rico?

Alicia es la primera en responder. “Para mí, lo comparo con lo que sucedió con la marina cuando mataron a David Sanes: esa reacción de profunda indignación. Eso fue también un momento de mucho apoyo y una transformación social de la identidad de Puerto Rico. Cuando ves eso y se es testigo de lo que sucedió en julio, que fue mucho más masivo, enfocado en otros temas de este momento, para mí, en un sentido, es que esa transformación empieza no solo a verse en Puerto Rico, sino en el mundo. Otros miran que pudimos cumplir con algo que en otros lugares no han cumplido. También buscando otro ejemplo, la salida de los presos es otro movimiento que otros países ven. Ahí está el pueblo de Puerto Rico logrando unos triunfos, unas victorias. Lo que sucedió se puede seguir repitiendo, el potencial de replicar y exigir cambios está aquí, si se siguen repitiendo. Se hizo en corto tiempo, con el esfuerzo de la gente saliendo a la calle, una articulación verbal de que necesitábamos cambios; no se tuvo que esperar 100 años. En los 20 años en los que he estado fuera, he visto esos triunfos”.

Para Lucy, al reconocer que fue un movimiento masivo por el cual el País se proyectó distinto al mundo, se enfoca en que: “Esto fue algo totalmente distinto porque ya no eran los partidos políticos. Eso era la gente, la juventud e indignados en contra del gobierno. Ricky, ese club, esos, no pueden ser los representantes de este pueblo, no nos representan, representan sus propios grandes intereses. Para mí ese movimiento creo que logró algo grande, pero solo toca lo inmediato. Todavía hay mucho que hacer y se puede hacer. Lograr, como se botó a Ricky. Los partidos son una máquina; esto fue algo totalmente distinto”.

Además, la percepción de Alicia es que se cayó la cortina del colonialismo y permitió que todos los sectores que están siendo afectados, se reconocieran y dijeran pues me tocó a mí también. Aun cuando reconoció que quizás muchos de ellos no están conscientes de que somos un país colonizado y, aunque no puedan articular ese sufrimiento de colonizado, todos los que se tiraron a la calle sí empezaron a identificarse conscientes de que algo está mal, y no porque alguien se los dijo.

Su hermana difiere. No cree que el pueblo lo miró como una expresión contra el colonialismo: “Fue una indignación. Ahí no hubo consignas de independencia, etc. Sí bajó la cortina para mucha gente, es cierto. Perdieron el miedo; ya la gente sabe que puede enfrentarse así”.

Ambas coincidieron en que el independentismo debe cambiar su discurso, dar más participación a las mujeres, “las mujeres somos las que promovemos muchas cosas”, y al trabajo comunitario. También a la luz de la experiencia de este verano expresaron sentirse optimistas frente al futuro de Puerto Rico.

“Yo me encuentro optimista con lo que vimos este verano. Ahora, que siga, porque hay otras cosas que cambiar en este país, y que sea como esa ruta. No puede ser con los partidos políticos. Yo espero que se pueda seguir, que sea la gente, los seres humanos. Me encantó ese lema de Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo. Me encantó. Ahora, con ese lema, a buscar la liberación, que está en el destino de todos nosotros. Lo que pasa es que a nosotros nos duermen. Nosotros no somos seres insensibles, pero hay muchas cosas que no sabemos o estamos dormidos con la tecnología, entretenidos o estresados, que nos está quitando la paz mental, y a veces tomamos decisiones que no son buenas. Hay que saber que este verano de julio debe ser el comienzo, y lo podemos hacer”, manifiesta Lucy.

Alicia prefiere apuntar primero a la necesidad de la liberación de la mente. “Cuando un pueblo sufre, un ser humano sufre, eso resulta en trauma, y el trauma está en el interior. Y a nosotros, como un país colonizado, el dolor de cada día nos marca. Y sentirse uno impotente crea un círculo del cual creemos que no podemos salir, creemos que es natural; pero no es natural. Muchas veces uno necesita el apoyo de la comunidad. Los políticos lo que hacen es engañar. Los cambios vienen a nivel de la comunidad. Lo que sucedió en julio fue la comunidad, los vecinos. Si María sacudió a la bella isla de Puerto Rico, también sacudió a sus ocupantes. Lo que digo es que existe ese trauma y tenemos que buscar la forma de liberarse para tener la fuerza para actuar y exigir cambios”.

Las hermanas Rodríguez concluyen la entrevista reconociendo los 60 años de CLARIDAD: “El título le cae muy bien porque necesitamos CLARIDAD. La información es crucial para aumentar la conciencia”.

Editorial:El gobierno de la “prosperidad”

La nueva estrategia de la Junta de Control Fiscal (JCF) de presentarse junto al gobierno de Puerto Rico como la dupla que traerá la prosperidad a nuestro país es no solo falaz sino también cínica. ¿Cómo compaginar la prosperidad con la austeridad que empobrece a nuestra población y amenaza con estrangular el futuro de nuestro país?

Tras tres años de gestión fallida, la JCF tenía que controlar el gobierno de Puerto Rico para poder imponer su agenda. Con Ricardo Rosselló lo intentaron pero las desmedidas ambiciones políticas y las obsesiones ideológicas del joven mandatario les salieron al paso. Tras la salida de Rosselló, apostaron al golpe de Pedro Pierluisi pero los madrugó la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico. Por eso, ahora abrazan el “rapport” alcanzado con la nueva gobernadora Wanda Vázquez y su política de puertas abiertas y reuniones constantes.

La mandataria está jugándoles el juego. Sabe que eso es lo que quieren los poderosos intereses en Washington y ha decidido apoyar la agenda de la JCF. Lo hace también porque no pagará ningún precio por hacerlo. Ya ha dicho que no aspirará al cargo en el 2020 y eso la libera de la ansiedad electoral y del juicio político que representan las elecciones. La Gobernadora es astuta y piensa en su futuro luego de que termine su término en 2020, y calcula que eventualmente será para ella una ventaja ir de la mano de la JCF durante su breve paso por la gobernación de Puerto Rico.

Tuvo la opción de ser más cautelosa antes de comprometerse de lleno con las decisiones fuertes y trascendentales que impondrá la JCF y que afectarán a Puerto Rico por años y décadas. Pero no está dispuesta a enfrentárseles. Su estilo no es de confrontación, y eso se entiende. Pero servirles de escudo contra los mejores intereses de Puerto Rico ya es otra cosa. No es lo que nuestro pueblo esperaba de ella, y ella lo sabe.

Durante la audiencia general del mes de septiembre de los casos de Título III de PROMESA, el asesor y estratega legal de AAFAF, John Repisande, confirmó públicamente cuál es la agenda oficial del gobierno de Puerto Rico. El abogado estadounidense dijo que el gobierno de Wanda Vázquez y la JCF son ahora “aliados en la prosperidad, en lugar de ser rivales por el poder”. Estas no son unas expresiones cualquiera, sobre todo por parte de quien, hasta hace un mes, representaba legalmente al entonces adversativo gobierno de Ricardo Rosselló, del cual Wanda Vázquez fue Secretaria de Justicia.

Al abrazar la agenda de la JCF, la Gobernadora ha dado un paso en falso que, sin duda, le hará perder credibilidad ante las decenas de miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que se verán afectados y empobrecidos por las decisiones que imponga dicho organismo. Los policías, maestros y demás empleados públicos que se verán afectados por el recorte de las pensiones. Los padres y niños de educación especial que no recibirán los servicios adecuados. Los estudiantes, profesores y empleados de la Universidad de Puerto Rico que serán puestos contra la pared por las medidas aprobadas por la JCF. Aún más afectado estará el País entero cuando entren en vigor los acuerdos de restructuración de deuda dirigidos a privilegiar el pago máximo a los bonistas, mientras se carga a los contribuyentes y la clase trabajadora con imposibles aumentos en los costos de las tarifas de luz y agua, entre otros aumentos por servicios. La combinación de aumentos en tarifas y costos por servicios gubernamentales, y de recortes en derechos adquiridos y el racionamiento de los servicios esenciales resultará una carga demasiado pesada sobre las espaldas de nuestro ya abatido pueblo. A esto hay que sumarle el aumento en el costo de bienes esenciales que ofrecen industrias y comercios afectados por el alza en las tarifas de energía y agua potable, aumentos que les serán pasados a los consumidores.

Nuestro pueblo no puede tener la esperanza de alcanzar una verdadera estabilidad y prosperidad mientras no cuente con un gobierno que efectivamente ponga sus intereses primero. Del gobierno de Estados Unidos, el pueblo de Puerto Rico no debe esperar nada. La política “trumpiana” del America First no nos incluye, pero no son Donald Trump y su gobierno los únicos que nos desprecian y discriminan. Es un error pensar que la suerte de Puerto Rico cambiará cuando Trump ya no sea presidente y los Republicanos no controlen el Congreso. Basta recordar que la nefasta Ley PROMESA y la JCF que ahora nos estrangulan fueron creadas e impuestas sobre Puerto Rico durante el gobierno de Barack Obama, un Demócrata supuestamente liberal que nos dejó a merced de los buitres. El imperialismo estadounidense es uno y siempre está listo para hacer prevalecer sus intereses. En eso están de acuerdo sin fisuras tanto Demócratas como Republicanos.

Por eso, la mala poesía del abogado del gobierno de Wanda Vázquez sobre su “alianza de prosperidad” con la JCF es una ofensa adicional hacia nuestro pueblo. La llamada alianza no es otra cosa que el enmascaramiento de la agenda de pobreza y despojo que representa la JCF en nuestro país. El verdadero gobierno de la “prosperidad” en Puerto Rico emergerá cuando nuestro pueblo decida que el rescate de nuestro futuro está en sus manos, y se organice para prevalecer sobre los mercaderes y chupasangres.

Mirada al País:Mal de fondo

Por Francisco A. Catalá Oliveras/Especial para CLARIDAD

Referirse al mal en singular, habiendo tantos, puede conducir a errores de omisión. Sin embargo, la pluralidad de males y problemas sociales sirve muchas veces como pantalla para ocultar o subestimar las raíces de los mismos, es decir, los males de fondo. Por ello resulta útil su singularización.

Supongamos, por ejemplo, que a su casa se le están agrietando las paredes y el techo. Ya ni las puertas ni las ventanas encajan en sus marcos. Además, aunque leve, se advierte cierta inclinación en el piso. Un amigo ingeniero realiza un estudio pormenorizado del asunto y concluye que el mal de fondo consiste en que la base de su vivienda, la zapata, se construyó mal, es inadecuada, no sirve. Puesto que la casa puede colapsar recomienda, aparte de demandar a la empresa constructora, una reconstrucción total. Usted considera que tal vía de acción es muy ambiciosa y radical.

Comienza entonces a lidiar con los males visibles. Se concentra, por tanto, en las consecuencias y no en la causa. Empañeta paredes, sella el techo, cambia puertas y ventanas y hasta se entretiene alterando continuamente la ubicación de los muebles. Pero sus esfuerzos no rinden fruto. El mal de fondo no da tregua. La casa continúa desvencijándose.

Algo similar sucede cuando de problemas sociales se trata. Una de las dimensiones de la desigualdad que no se destaca lo suficiente se remite a la distribución factorial o funcional del ingreso: qué proporciones le tocan al trabajo y al capital. Durante mucho tiempo se aceptó la idea, sobre todo entre los economistas, de que dichas proporciones eran bastante estables, estimándose en alrededor de 67 por ciento para los empleados y 33 por ciento para los propietarios del capital. Ahora, con más perspectiva histórica e información, se ha alterado tan “conveniente” pero errada premisa. Tarde o temprano los males de fondo salen a flote.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó recientemente (4 de julio de 2019) una investigación en la que se destaca la continua reducción de la fracción que le corresponde al trabajador en la distribución del ingreso a nivel mundial. Tal tendencia se intensificó a partir de los inicios de la década de 1980, años en los que comienza el reinado neoliberal en muchos lugares, siendo las administraciones gubernamentales emblemáticas las de Margareth Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos. Según el estudio de la OIT, en años anteriores tal fracción en la instancia global llegó a rondar el 70 por ciento, reduciéndose a 51.4 por ciento en el año 2017. Al capital le corresponde, claro está, el restante 48.6 por ciento.

Los sesgos en el proceso de globalización y en los usos de nuevas tecnologías no han favorecido al trabajo en la distribución funcional del ingreso. De acuerdo a la OIT, los salarios se han desconectado de los aumentos en productividad, hecho corroborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, ciertamente, no es la entidad más progresista del mundo. Ante esto, la OIT subraya los efectos adversos del debilitamiento de las organizaciones sindicales frente a gigantescos y poderosos entes corporativos, de la desreglamentación o llamada flexibilización de los mercados laborales así como de la erosión de la progresividad en los sistemas tributarios.

Al considerar la distribución funcional del ingreso en Puerto Rico es imperativo distinguir, debido al enorme peso del capital externo fomentado por exenciones tributarias y al consecuente flujo de rendimientos hacia el exterior, entre el Ingreso Nacional y el Ingreso Interno. El primero se circunscribe a los pagos que reciben empleados y propietarios residentes; el segundo incluye también los pagos que se remiten al exterior. En ambos se refleja la disminución de la fracción que corresponde al trabajo.

De acuerdo a la información que anualmente publica la Junta de Planificación en el Apéndice Estadístico del Informe Económico al Gobernador la “compensación a empleados” se redujo, como proporción del Ingreso Nacional, de 80 por ciento en 1980 a 51 por ciento en 2018. El mismo patrón se observa respecto al Ingreso Interno, excepto que más pronunciado como consecuencia de la significativa suma de los “ingresos procedentes de la propiedad” que se le pagan a propietarios del exterior. En esta instancia la fracción que le correspondió al trabajo se redujo de 60 por ciento en 1980 a 30 por ciento en 2018.

La compensación a los empleados, definida estrecha y convencionalmente como costo, es fuente de demanda de artículos y servicios y, por tanto, de ventas y actividad productiva. Nutre al fisco vía el pago de contribuciones. Además, constituye la base de la que nacen las cotizaciones para la seguridad social, como las pensiones. Su debilitamiento, como la fragilidad de la zapata en el ejemplo de la casa, es un mal de fondo que, si no se atiende adecuadamente, provoca el resquebrajamiento de toda la estructura social.

Desafortunadamente, son otros intereses y no los males de fondo los que llaman la atención del gobierno y de la Junta de Supervisión (Control) Fiscal. Destacan los juegos contables de las consecuencias (insuficiencia fiscal, endeudamiento, déficit actuarial de los sistemas de retiro) para entonces, como en la casa, justificar el empañetado: “austeridad” lesiva para los “vulnerables” y beneficiosa para los privilegiados, recorte de pensiones, menoscabo del presupuesto de la Universidad y políticas adversas a la clase trabajadora y favorables a la clase capitalista que terminan acentuando el mal de fondo que revela la desigual distribución funcional del ingreso.

Puerto Rico, no cabe duda, necesita confrontar el problema de la deuda y generar crecimiento económico para lograr mayor producción y empleo. Pero tales imperativos tienen que traducirse en desarrollo orientado hacia la sustentabilidad y la justicia distributiva. Hay que fortalecer la zapata de la casa. De lo contrario, el País, la casa grande, continuará, con o sin crecimiento, desvencijándose…

Derrumbando la violencia sistemática

Por Jatiel Infanzón/Columnista invitado

No hay duda que en las últimas semanas se han dado eventos en Puerto Rico que han sido de gran importancia no solo para la historia de Puerto Rico sino para la historia del mundo. El pueblo de Puerto Rico se unió de tal manera que lograron que el gobernador Ricardo Rosselló renunciara a su puesto. Esto se logró en gran parte a las diferentes protestas pacíficas que se desarrollaron en todas partes de Puerto Rico y el mundo. Hubo varios actos de violencia y vandalismo en el Viejo San Juan, pero esos actos fueron mínimos y no hubo ninguna muerte que lamentar. Algunos detractores se enfocan en esos actos de violencia y vandalismo para criticar el movimiento que desalojo al gobernador de la Fortaleza. Lo que eso detractores no ven es que el pueblo de Puerto Rico acaba de derrumbar la violencia sistemática que arropa la política de Puerto Rico desde hace décadas.

La violencia sistémica es un término que desarrollaron los sociólogos Franceses Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron. Bourdieu y Passeron definen la violencia sistémica como las acciones que usan los grupos de poder para imponer significados y legitimidad a sus operaciones para poder controlar las relaciones sociales dentro de un grupo, organización o inclusive la sociedad. La violencia sistémica no es una violencia física y agresiva, más bien se manifiesta en las intenciones y acciones del grupo de poder. El propósito es que el grupo, organización o sociedad acepte a los comportamientos y acciones de los que están en el poder porque ellos determinan lo que es aceptable. El propósito es no ceder el poder y que el grupo de poder dicte las reglas del juego. En el ámbito político de Puerto Rico se creó una cultura de violencia sistemática cuando fue aceptado que devolver favores políticos, perdonar a los de tu propio partido y poner los intereses del partido primero era la forma de hacer política en Puerto Rico.

En Puerto Rico, la mayoría de la gente se acostumbró a que cada cuarto años los políticos que salieron electos recompensaran a sus amigos del alma o amigos derrotados del partido con jugosos contratos como asesores legislativos o contrataban sus nuevas compañías para hacer algún trabajo de gobierno. ¿Cuántos políticos derrotados están trabajando bajo contratos como asesores en la legislatura o en algún municipio? ¿Cuánto dinero se ha malgastado en proyectos que no benefician al pueblo con compañías recién creadas? ¿Cuántos contratos se han dado a donantes de las campañas políticas? Cuando los periodistas serios cuestionaban esos contratos y la malversación de fondos públicos, la mayoría del pueblo decía que así es que se hace la política en Puerto Rico. Eso es un claro ejemplo de la violencia sistémica. Los políticos con sus acciones definieron como se iba a hacer la política en Puerto Rico y el pueblo aceptó esas acciones por varias décadas.

El jueguito de así es que se hace política o que la política de Puerto Rico es así, se estaba derrumbando en los últimos años debido a la imposición de la Junta de Control Fiscal y el huracán María. El pueblo estaba entendiendo que sus necesidades son más importantes que los colores de los partidos políticos. La administración de Rosselló no contaba con que el pueblo de Puerto Rico se estaba levantando poco a poco, que las necesidades para vivir una vida decente es más importarte que los ideales políticos. El pueblo le dio un “break” al gobernador con el escándalo de WhatsApp. Ahí estuvo en evidencia digital como se confabulaba para robarse las elecciones y como se iban a repartir los trabajos y contratos después de las elecciones. Como ellos estaban acostumbrados a la violencia sistémica de la política puertorriqueña y al ser tan arrogantes y embriagados de poder, no cambiaron la estrategia, sino que cambiaron de plataforma digital a Telegram. Ahí se toparon con la generación del “yo no me dejo”, un pueblo cansado de la violencia sistemática de hacer política, un pueblo cansado de que su voz no sea escuchada, una generación que quiere lo mejor para todo Puerto Rico y no solo para unos cuantos, una generación que pacíficamente derribó el estatus quo de la política de Puerto Rico.

De acuerdo con Bourdieu y Passeron para combatir la violencia sistemática el pueblo tiene que estudiar y entender los mecanismos del grupo de poder. Aunque por muchos años esos mecanismos fueron mencionados por varios periodistas, no es hasta que esta evidencia digital sale a la luz pública que la masa logró entender que los políticos estaban trabajando para el beneficio de unos pocos y no del pueblo. Los políticos no podían esconderse porque fueron ellos mismos los que escribieron en el chat y no pueden decir que sus palabras fueron sacadas de contexto.

El pueblo puertorriqueño no puede dejar caer el momentum para seguir derrumbando la violencia sistémica en la política puertorriqueña y crear un gobierno más democrático para Puerto Rico. Con los cambios constitucionales que se están proponiendo ciertas plazas deberían ser electas por el pueblo y no nombradas por el gobernador. Escaños como los secretari@s de Justicia, Educación, Salud y la Comandancia de la Policía no pueden ser puestos políticos, tienen que ser de personas que le respondan al pueblo y no a un partido político. Eso es la verdadera democracia, en donde los gobernantes le responden al pueblo y no a su partidos o a donantes políticos. La democracia es un ejercicio que se tiene que usar a diario y no cada cuatro años.

Cuando el pueblo de Puerto Rico se une, tiene una fuerza increíble. Primero sacamos la Marina Estadounidense de Vieques. Segundo, logramos que el gobernador Rosselló renunciara al puesto de gobernador. Puerto Rico unido 2, problemas 0. Y lo más importante es que esas dos victorias se lograron pacíficamente. Entonces la próxima pregunta sería ¿Por qué no unimos fuerzas para acabar con el problema más grande de Puerto Rico, el colonialismo? Estoy seguro que si seguimos unidos nos vamos de 3-3.