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Editorial: Un gobierno en ruinas

Cyprus has been divided into a Turkish-Cypriot northern region and a Greek-Cypriot southern region since 1974. UNFICYP is responsible for the area that separates the two sides, the Buffer Zone. These photographs are of areas largely untouched by human activity since 1974.

La lacra de la corrupción pública y privada en Puerto Rico debería llenarnos de vergüenza. Que un demagogo como Donald Trump, el actual presidente de Estados Unidos, pueda referirse al gobierno de Puerto Rico como corrupto y tenga razón, es algo que debería indignar a toda persona decente en este país. Claro que Trump no va a admitir que, durante más de un siglo, las políticas y decisiones del imperio que preside han abonado a esa corrupción. Tampoco admitirá que la desidia y el desinterés de la sucesivas administraciones estadounidenses hacia Puerto Rico, desde la invasión hasta nuestros días, han sido el caldo de cultivo para que cabilderos, contratistas privados y funcionarios de alto nivel en Puerto Rico se hayan sentido progresivamente apoderados para utilizar el dinero público –tanto el de aquí como el que viene de allá– como si fuera su ATH personal. Después de todo el “pay for play” es una ocurrencia de todos los días en las jurisdicciones estadounidenses, y así lo hemos podido comprobar en Puerto Rico con los contratos entre la AEE y las empresas Whitefish y COBRA para la reconstrucción de nuestra red eléctrica tras el paso de María. 

La corrupción con fondos públicos se ha incubado por décadas y crecido progresivamente en Puerto Rico, desde que se enquistó en nuestra política el sistema de dos partidos (PNP y PPD) que se alternan el poder y, por consiguiente, se turnan el “pastel” cada cuatro años. Cada cuatro años se turna también el ejército de cabilderos y contratistas –de uno y otro bando– que pugnan por su pedazo de pastel luego de haber contribuido a financiar la campaña electoral del partido ganador. El entramado de esas dos estructuras partidistas, anquilosadas y maleadas, con aquellos y aquellas que les financian sus campañas es la base que convierte en uso y costumbre el “traqueteo” con las cotizaciones y subastas, la compra y venta de influencias, el soborno, la “mordida” y todas las modalidades nefastas bajo las cuales se encubre la utilización de fondos públicos para beneficiar a ciertos individuos y empresas, en perjuicio de los servicios que deben prestarse al pueblo. 

En las últimas semanas, y en medio de la crisis que atraviesa el país, hemos visto cómo esa costra de corruptos no descansa para aprovecharse de los recursos que quedan, aún en medio de estas circunstancias críticas. Por eso, el gobierno de Puerto Rico y sus principales instituciones están llegando al abismo. La administración de Ricardo Rosselló y el PNP demuestra estar carcomida por la corrupción desde sus cimientos, como antes lo estuvieron otras, como por ejemplo, la de Luis Fortuño y la de su padre, Pedro Rosselló. Si alguien pretende negarlo que explique lo siguiente: ¿Cómo en medio de la quiebra fiscal del país se otorgaron contratos por $55 millones a una sola firma de contabilidad privada que era omnipresente en todas las principales agencias del gobierno? ¿Cómo es que un subcontratista de esa misma firma de contabilidad, el cual supuestamente nadie sabe cómo llegó ni a quién responde, se convirtió en el “embajador” de La Fortaleza y en jefe “de facto” del Departamento de Salud y del Plan de Salud del Gobierno? ¿Cómo es que el Secretario de la Gobernación –que debía estar atareado sirviendo al pueblo que le paga su salario– utiliza su tiempo para organizar “fundraisers” para el PNP con otros jefes de agencia? ¿Por qué se le ocultó al País que el Departamento de Educación- la agencia que el Gobernador le entregó a una contratista estadounidense, ahora investigada por corrupción –cayó nuevamente bajo sindicatura federal? ¿Cómo es que en Hacienda –la agencia que maneja el “tesoro” del País– existe una “mafia institucional” de la que nos enteramos en estos días por expresiones públicas del Ex secretario de dicho departamento? 

Las estructuras del gobierno federal en la Isla tampoco abonan a la estabilidad y confianza de nuestro pueblo. El jefe del FBI anda de ronda de relaciones públicas, intentando sonsacar testigos con los que apuntalar sus tan cacareadas investigaciones, que no parecen ser tan sólidas como ha pretendido hacernos creer. Por su parte, la Junta de Control Fiscal (JCF) pareciera que opera en una realidad alterna. Su presidente, José Carrión III, figura entre los “cheer leaders” para la reelección de Donald Trump, y Natalie Jaresko, con su proverbial sangre fría, se encarga de las malas noticias para nuestro pueblo. Claro que con sus nombramientos en ascuas, con los señalamientos que se ciernen sobre la JCF de conflictos de interés y de gastos excesivos e innecesarios, y con los roces abiertos entre ellos y el Gobernador, no serán los miembros de la JCF quienes intervengan de manera alguna con las alegaciones de corrupción y malos manejos en el gobierno de Puerto Rico que se han lanzado durante los últimos días.

El pueblo de Puerto Rico ya ha visto esta película demasiadas veces. Ya ha vivido repetidamente la experiencia de que altos oficiales públicos y contratistas privados se pongan de acuerdo para robar y repartirse los bienes del País, y de que muy pocos de ellos hayan pagado por sus crímenes. En esta ocasión, es aún peor dada la fragilidad de nuestras instituciones en esta coyuntura crítica. Un gobierno en ruinas no puede representar adecuadamente los intereses de nuestro pueblo. 

El País que se escapa ¿o no?

Por Wilma E. Reverón Collazo/Especial para CLARIDAD

Desde 2016 Estados Unidos de América (EUA) dejó de pretender que Puerto Rico tiene y ha tenido gobierno propio. La relación entre Puerto Rico y EUA ha sido claramente reconocida como una de total subordinación política, donde EUA decide hasta donde nos deja llegar en el pequeño corral que es la colonia. 

El año 2016 marcó el desmantelamiento del ELA con la decisión de Pueblos v. Sánchez Valle, la posición que asumió el Departamento de Justicia en el caso, la legislación PROMESA y la imposición de la Junta de Control Fiscal, todo ello con la sonrisa y el rostro amable del Presidente Barack Obama. Sí, el presidente demócrata que nos clavó (perdonen el lenguaje pero es el mas acertado) sin compasión alguna. 

El presidente Republicano Trump tiene la virtud de que no practica el arte de la hipocresía política. Miente e insulta descaradamente y sin compasión. No hay nada que esperar de él, y él no promete nada. El movimiento anexionista puede dar fe indubitable de su “honestidad” política.

No tenemos nada bueno que esperar ni de demócratas ni de republicanos. Por eso la participación de los puertorriqueños en Puerto Rico en las primarias demócratas y en aspiraciones presidenciales, solo los lleva al juego del “political correctness” y enfrentarán la mas amarga decepción con sus ¨candidatos¨. Bernie Sanders no ha sido la excepción. Jugando el juego del “political correctness” se ha decantado a favor de la estadidad para Puerto Rico, al igual que muchos en el mundo liberal de EUA.

Tan cercano como el pasado 24 de junio se celebraron vistas en el Comité de Descolonización de la ONU. ¿Hubo un solo candidato presidencial que tomara nota de ellas y se expresara por lo menos en la trillada frase de que respetaremos lo que el pueblo de Puerto Rico decida? No, porque ya están pensando como presidentes y guardando las formas del respeto a la política del Departamento de Estado ante la ONU que no reconoce la jurisdicción de la ONU sobre el caso de Puerto Rico.

Mientras, en Puerto Rico seguimos con el complejo de amebas: cada célula se divide para crear una nueva célula, ad infinitum. Surgen movimientos como los hongos. Los esfuerzos de “alianzas” se derrotan a sí mismos antes de nacer por la tendencia a imponer visiones que no todos comparten. El consenso desaparece ante la imposición.

La escritura está en la pared y el que no la vea está ciego. EUA nos lleva hacia una situación de indefensión total para poder imponer su visión del futuro de Puerto Rico siempre dependiente de y controlado desde EUA. Como independentista, podemos ver como algo positivo la arremetida contra y el desmantelamiento del movimiento anexionista. Los días del PNP y Rosselló están contados. Pero, ¿cuál es el plan de EUA? ¿Es un plan del gobierno o es un plan del Partido Republicano? El Senador Bishop tuvo a bien decirnos que los PNP eran unos estúpidos, esa fue exactamente las palabras que usó, por tener gente tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata. Por eso pregunto, ¿es este un plan del Partido Republicano para obtener control de ese partido? En ese caso veremos a Jennifer González imponerse como candidata a la gobernación cuando sepulten a RR. Entonces, se abriría la puerta para el Partido Republicano de obtener 2 senadores y 7 representantes republicanos, como le pidió Trump a RR que le garantizara. En ese caso, la estadidad será recibida con brazos abiertos.

¿Es esta una movida del gobierno permanente para enterrar la estadidad de una vez y por todas? Los sectores de la inteligencia de EUA están hablando del problema moral y vergüenza internacional que representa para EUA el mantener a Puerto Rico bajo condición colonial. Pero no debemos pensar que no hay discrepancias internas sobre como solucionar ese problema: ¿soberanía bajo libre asociación, independencia? ¿estadidad? De hecho, la tendencia que se ha manifestado en el Caribe con las colonias inglesas y holandesas ha sido hacia mayor control de la metrópolis y menoscabo de poderes autonómicos. 

Lo que nos lleva a ¿qué hacer en Puerto Rico? Empecemos por lo que no podemos hacer. No podemos partir de la premisa de que EUA nos va a regalar la independencia. Eso equivale a quedarnos en la complacencia esperando que EUA un día notifique su intención o como de modo jocoso han dicho algunos, que Trump nos declare independiente en un Tweet. Lo que he descrito anteriormente puede sorprendernos con un anuncio de proyecto de estadidad o referéndum estadidad sí o no avalado por el Congreso de EUA, si aquí las fuerzas independentistas y soberanistas no nos ponemos para su número y empezamos a trabajar UNIDOS en un frente patriótico para establecer sin lugar a dudas que hay un sector significativo del pueblo que rechaza y no aceptará jamás la muerte de la nación puertorriqueña. 

¿Qué podemos sí hacer? Hay que dejar los sectarismos y las arrogancias políticas YA. Los independentistas tenemos que levantar nuestras voces defendiendo nuestro objetivo final, la independencia, y a la misma vez reconocer que ante la debilidad relativa que padecemos todos los movimientos independentistas, tenemos que ampliarnos a aceptar alianzas con sectores soberanistas. No por ello vamos a dejar de luchar por la independencia. No nos vamos a contaminar ni dejar de ser independentistas. Ni vamos a permitir que la INDEPENDENCIA se esconda o diluya detrás de la palabra soberanía. Está en nosotros los independentistas no permitir que ello ocurra. No le echemos la culpa a los llamados soberanistas. Ellos empujarán su visión, nosotros la nuestra.

Son momentos en que pareciera que el país se nos escapa de las manos. La deuda, la Junta de Control Fiscal, los fondos buitres, las leyes 20 y 22, le emigración masiva, la crisis económica y social y sobre todo la corrupción rampante, nos enfrenta a momentos difíciles y complejos donde no hay estribillos políticos que puedan levantas y unir al pueblo en un gran movimiento. Con un 60% de pobreza, un 58% de niños y adolescentes, el futuro del país bajo niveles de pobrezas, parecería que el país se nos escapa de las manos. No hay promesas políticas que valgan porque no hay soluciones fáciles. Las promesas de campaña política serán recibidas con frialdad y escepticismo. El pueblo en su mayoría no cree en nadie. Siempre habrá un 30% de fanáticos, fotuteros, que no razonarán ni reflexionarán sobre la realidad política. Hay que hablar con honestidad, no hay soluciones mágicas. Ser un país independiente no garantiza un paraíso si no estamos dispuestos a construirlo desde las ruinas que quedan. Las familias humildes de este país necesitan explicaciones claras y con humildad de lo que sería la República de Puerto Rico. Los millenials tienen que dejar las computadoras y tirarse a visitar el Puerto Rico real, no el virtual, y empezar a asumir su responsabilidad de generación de relevo. Si estas generaciones no se movilizan, no se organizan, no habrá posibilidad de apoderar al pueblo en defensa de sus intereses. 

Contra la corrupción tenemos todos y todas la responsabilidad de arremeter con todas las fuerzas política. No es sólo el dinero de los impuestos que paga la clase trabajadora lo que se roban. Se roban los fondos federales destinados al pueblo mas humilde, se roban hasta los peces, como dijera Néstor Duprey en referencia a los señalamientos del mal manejo de los fondos del Departamento de Agricultura Federal destinados a los pescadores.

La avaricia sin fin de los administradores locales de la colonia no se va a detener hasta que el pueblo finalmente les reclame y los remueva. Y no hablo sólo de elecciones, hablo del apoderamiento del pueblo exigiendo sus derechos, repudiando a estos personajes en donde quiera que los vean y se los encuentren. Hay que hacerles llegar el mensaje de todas las formas posibles. Mientras caminen con impunidad por nuestra patria se sentirán en libertad de seguir abusando y robando. La resistencia tiene muchas formas. Lo importante es que se manifieste.

No dejemos que EUA decida por nosotros. Apoderémonos de nuestro destino, construyamos la patria que todos y todas queremos.

Sesenta y contando

CLARIDAD va ganando nuevos lectores

Llevo más de 30 años leyendo Claridad y con tanta información que sale en los medios tradicionales y digitales, cuando lo leo –y siempre a sido así, aclara– me da la certeza de que estoy escuchando una historia real, no cargada, contrario a lo que sucede con otros medios. En las redes sociales sale muchísima información difícil de corroborar pero cuando leo la historia en CLARIDAD voy a la segura, de acuerdo con que estoy leyendo una información sin peso político-partidista. Me gusta leer una historia clara, a profundidad cuando no es investigativo y no me están tomando el pelo. Estas son las razones principales por las que leo el periódico CLARIDAD. 

Sé que CLARIDAD enfrenta situaciones económicas como muchos medios y es bien cuesta arriba, yo trabajo en Radio Universidad e igualmente tenemos que buscar el apoyo del público mediante ‘fundrising’. Aunque haya mucha gente que no simpatiza con su línea editorial, tengo la impresión de que año tras año CLARIDAD va ganando nuevos lectores cansados de lo mismo en los medios tradicionales y las redes sociales.

Roberto Morales 

Periodista de Radio Universidad

El periódico ofrece una perspectiva independentista

La principal contribución del periódico CLARIDAD, en sus 60 años de historia,  ha sido ofrecer una perspectiva independentista de los acontecimientos que han marcado la historia del país.  

Podría decirse también que la solidificación del periodismo de investigación en Puerto Rico, que alcanzó su época dorada  en la década de 1970 con el caso del Cerro Maravilla, estuvo marcada en parte por el trabajo que realizó Claridad desde la prensa marginal, de izquierda. 

Desde sus inicios, CLARIDAD se destacó por hacer un periodismo investigativo y de denuncia que empujó a la prensa comercial a investigar temas que, de ordinario, no aparecían en los diarios tradicionales.

En su larga trayectoria, CLARIDAD también se ha destacado  en la cobertura de temas culturales con un trabajo excepcional alejado de  los intereses mercantiles. Sus páginas han dado espacio a disciplinas y artistas que a veces  no encuentran espacio en los medios comerciales.

Israel Rodríguez Sánchez

Catedrático auxiliar Escuela de Comunicación

Universidad de Puerto Rico

Recinto de Río Piedras

Son muchas las voces que componen la conciencia de un pueblo

Recuerdo vívidamente cuando aun siendo un adolescente – creo que todavía estaba en la escuela intermedia- me detuve en un negocio aledaño al terminal de guaguas de la AMA en Capetillo (cuando Río Piedras era el centro de todo) y compré un ejemplar del periódico Claridad. A lo sumo sería el año 1977. Lo enrollé, nervioso, y caminé hacia la plataforma para tomar la # 43 hasta Carolina donde vivía junto a mis padres y hermanos en una urbanización de clase media-media baja. No teníamos ni carro, ni televisor a color, y se fomentaba la educación, el trabajo y el amor por la familia. 

Abrí aquel periodiquito enjuto cuya mera posesión era para entonces símbolo de radicalismo extremo y “violencia”. Eran los tiempos en que se propagaba aquel lema de : “!Claridad diario va”! como un grito de guerra en tinta y papel. No recuerdo exactamente lo que leí aquel día a hurtadillas sentado en el asiento de fiberglass con sus pasamanos fríos por el aire acondicionado pero sí que le dí lectura con gran aprenhensión de ser detectado. Quizás por un temor adolescente, derivado de las ideas promovidas por el sistema de la época y adoptadas en lo personal, pero ciertamente real en tiempos de gran división política. Se llegó a perseguir entonces, y a carpetear mediante esquemas clandestinos de “inteligencia” (pero oficiales) y hasta a cobrar con sangre a quienes osaran propulsar la emancipación de un Puerto Rico creciente dependiente e irremediablemente noble. 

Lo que sí tengo claro es lo que representó leer las páginas de CLARIDAD, artículos, ensayos, reportajes investigativos y opiniones cargados de perspectivas distintas al discurso oficialista. Germinó en mí la semilla del pensamiento crítico. Aprendí desde entonces que son muchas las voces que componen la conciencia de un pueblo. Que todas cuentan, Que todas vales.

Mas tarde, en mi devenir profesional tuve la oportunidad de entrevistar o conocer a algunos de los gestores de Claridad (de hecho, por un tiempo lo repartí cuando ya era diario en mi ruta del periódico El Mundo) y conocer de los ataques dirigidos a destruirlo. Supe también de los sacrificios para mantenerlo en la calle, contra todo pronóstico, contra toda prueba. Seguí leyendo Claridad desde aquella tarde en Capetillo, con menos temor cada vez, quizás alentado por el convencimiento de que el derecho a saber que me inculcaron mis padres no puede acallarse por razón alguna. 

Sé que al igual que yo, muchos colegas periodistas recibieron y reciben desde las páginas de CLARIDAD lecciones similares. Por seis décadas CLARIDAD ha resistido como órgano oficial del independentismo. Otros publican desde ópticas ideológicas distintas. Confiamos en que todos buscan lo mejor para Puerto Rico. Felicitaciones a CLARIDAD en sus 60 años.

Luis Guardiola

Periodista

Claridad cumple su deber con la memoria

¿Qué cuál ha sido la contribución de CLARIDAD al periodismo puertorriqueño? Memoria. El periodismo es un deber con la memoria y Claridad ha contribuido enormemente a que no la perdamos. Frente a la historia incompleta y manipulada por intereses económicos, siempre tienen que haber medios que prohiban olvidar los acontecimientos que se quieren ocultar o ignorar. Claridad ha sido el nuestro por sesenta años. 

En segundo lugar, diría que CLARIDAD ha sido una escuela del periodismo político comprometido, transparente en su visión y en su misión. El periodismo no es objetivo. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Lo que tiene que ser es honesto. Sin duda, Claridad es ese periodismo. Y ese es el periodismo que hace imprescindibles a los que lo ejercen con pasión de historia. 

En tercer lugar, la valentía. Este es un país de muchos miedos fomentados adrede por un estado de represión pasiva y activa. No aparecen periodistas sin vida en cunetas y callejones, pero se asesinan reputaciones, sueños y planes todos los días. CLARIDAD ha sido la trinchera de muchos periodistas valientes que lo perdieron todo en el camino.

Hay algo más que no quiero pasar por alto.  Uno de mis mentores – el polaco Ryszard Kapuscinski – dijo que “para ser buen periodista hay que ser buena persona”. Puedo decir yo que entre mis colegas de CLARIDAD hay muchas de las mejores personas que conozco. 

Wilda Rodríguez

Periodista

Una oportunidad para rectificar

Por Rafael Bernabe/Especial para CLARIDAD

La memoria corta y la confusión son armas de los que nos quieren pasar gato por liebre. Con tanta noticia entrando cada día es fácil lograr lo primero. Con tanta información contradictoria, incompleta y mal digerida circulando es fácil generar lo segundo. Conviene recordar algunas cosas y poner un poco de orden en las ideas. 

El gobierno de Puerto Rico (el gobierno central, incluyendo mecanismos como COFINA y las corporaciones públicas) tiene una deuda insostenible. No se puede pagar sin someter al país a una pobreza extrema y sin perpetuar su parálisis económica durante muchas décadas. Y lo más probable es que aun así no pueda pagarse. 

En enero de 2018, hace año y medio, tres prestigiosos economistas, incluyendo a Joseph E. Stiglitz, ganador del llamado premio Nobel en economía, publicaron un estudio en el que demostraban que era necesario cancelar al menos 46% y quizás hasta 72% de la deuda de $51 mil millones que entra en los cálculos de la Junta de Control. De otro modo, Puerto Rico no tendría recursos para una mínima recuperación económica. Si se tomaba en cuenta la deuda total de $72 mil millones, la reducción debía ser al menos del 60% y podría tener que alcanzar el 80%. Es decir, habría que reducirla a $14 mil millones. Antes de que Mayra Montero o Gustavo Vélez salgan a denunciar que estas son locuras de vagos revoltosos o independentistas quedaos, es bueno aclarar que estos señores no son ni marxistas, ni revolucionarios. Son antiguos oficiales del Banco Mundial y profesores de la Universidad de Columbia. Pero tienen lo que carecen nuestros críticos de derecha: un poco de realismo.

Al publicar su estudio indicaron que lo habían completado antes del huracán María, cuyo impacto exigiría ajustar sus hallazgos. Como se sabe, los daños se estimaron en $90 mil millones. En abril de 2018, Martín Guzmán, uno de los tres autores, publicó una columna y envió una carta a la Junta de Control en las que planteaba su propuesta de ajuste: la deuda existente tendría que cancelarse en su totalidad. Nada más y nada menos. De hecho, un poco antes, en noviembre de 2017 el economista Juan Lara, igualmente libre de sospechas de vínculos con la extrema izquierda y los que “nos oponemos a todo”, también reconoció, que lo que entonces llamó “la vieja deuda” tendría que cancelarse. No permitamos que la memoria corta nos haga olvidar estos diagnósticos. Son tan válidos hoy como lo eran hace poco más de un año.

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que los acuerdos que se barajan con los bonistas son inaceptables: son injustos socialmente y contraproducentes económicamente. Prolongarán el estancamiento económico e, irónicamente, conducirán a una nueva quiebra, cuando el país no pueda cumplir con los nuevos acuerdos. ¿Será que la Junta es tonta? No, la Junta adopta el punto de vista de los bonistas. Los bonistas quieren cobrar lo más que puedan. Que haya que cancelar la deuda no les cabe en la cabeza. No lo pueden entender porque no les conviene entenderlo. Su perspectiva no tiene que ver con la realidad sino con sus intereses. Si de ellos depende, nos llevarán de la mano de la austeridad por décadas, sumidos en el estancamiento y el despoblamiento y dando tumbos de renegociación en renegociación de planes de pago con los que no se pudo cumplir. Los detalles son importantes, pero no hay que perderse en ellos: ese es el significado de los ajustes y acuerdos que se nos están imponiendo.

El acuerdo en la Autoridad de Energía Eléctrica es buen ejemplo. Los bonos actuales se pagan luego de cumplirse con los costos de la operación de la agencia. Los nuevos bonos tendrán prioridad de pago. Si los ingresos de la AEE no bastan, para seguir operando luego de pagar a los bonistas habrá que aumentar el costo de la electricidad y que aumentar el impuesto a iniciativas de energía renovable. Se golpea al consumidor, se golpea a las empresas, se golpea al ambiente. Se limita la posibilidad de recuperación económica. Por décadas. Todo para pagar a los bonistas.

Se podría extender este ejemplo con los planes de retiro, los presupuestos de las agencias de gobierno, el empleo público. En el caso de la UPR, la ruta es hacia la desacreditación por la Middle States Association. Si la pierde, perderá las aportaciones federales, incluyendo las becas. Se le condena a la casi desaparición. Y las becas federales emigrarán a instituciones privadas.

En un mundo lógico y racional, el gobierno de Puerto Rico estaría a la cabeza de la resistencia a todo esto. Esgrimiendo los estudios indicados y otros materiales estaría en el Congreso, en los tribunales, en la ONU exigiendo la revocación de PROMESA, objetando acuerdos abusivos y repudiando la deuda, que hace tiempo hubiese auditado para determinar qué parte es inconstitucional, ilegal, odiosa e ilegítima.

 

Pero el mundo en que vivimos no está regido por la lógica, ni la razón sino por los intereses de clase y nuestro gobierno está comprometido con las clases privilegiadas, que son incapaces de enfrentarse a sus hermanos mayores de Wall Street y los fondos buitres. Como buenos politiqueros, de vez en cuando hacen dos o tres maraqueos contra la Junta, pero luego se allanan a sus exigencias.

La resistencia depende de nosotros y nosotras. Aquí la autocrítica tiene que ser severa. Si nuestros enemigos actúan en defensa de sus intereses, nosotros y nosotras no actuamos efectivamente en defensa de los nuestros. Todos los sindicatos, todos los grupos de izquierda, todos los grupos ambientales y de mujeres, todas las organizaciones magisteriales, absolutamente todos nos vemos afectados negativamente por las políticas señaladas. Todos nos oponemos a esas políticas. Pero no hemos sido capaces de reunirnos para luchar juntos contra el enemigo común. Esa es la realidad. La Coordinadora contra la Junta no funcionó y murió. Pueblo Unido sobrevivió cojeando. No Mas Promesas agrupa a unos sectores, pero otros no se sienten convocados. Los sindicatos organizan Primeros de mayo paralelos, con básicamente las mismas consignas. ¿Quién puede sorprenderse de que nuestros enemigos sigan triunfando y avanzando e imponiéndose? ¿Dónde está nuestra mínima coordinación? ¿Dónde nuestro programa mínimo compartido? ¿Dónde nuestra agenda mínima de acciones conjuntas? No existe. No es agradable decirlo, pero hay que decirlo. 

Se muy bien que hay grandes diferencias entre nosotros sobre muchos temas, desde la ley 45 hasta el uso de las capuchas, desde la participación electoral hasta las estrategias legales, sobre cuando hacer un paro nacional o hasta las simpatías o antipatías por Carmen Yulín. Lejos estoy de negarlas. Yo tengo mis posiciones tomadas sobre muchos de esos temas. No voy a renunciar a ellas. Pero la pregunta es si podemos movilizarnos juntos a pesar de esas diferencias. Más vale que sí, o nuestros enemigos seguirán triunfando.

Lo grande empieza pequeño. La UTIER ha indicado que el acuerdo propuesto con los bonistas es un desastre para Puerto Rico: para los trabajadores, para los consumidores, para los empresarios, para el ambiente. Hay que movilizarse para detenerlo. En julio la jueza Taylor Swain tendrá el acuerdo ante su consideración. Vamos todos y todas a unirnos a las movilizaciones que se están convocando para detenerlo. Convirtamos esa jornada en una victoria y construyamos a partir de esa victoria.

En otros escritos hemos presentado algunos elementos generales de un posible programa mínimo, que resumo para concluir:

Auditoría y anulación de la deuda bajo la doctrina de cambio de circunstancia y estado de necesidad.

Aportación federal significativa para la reconstrucción. Sería justa compensación por una relación colonial de cuyo impacto (pobreza, desempleo masivo, sobreendeudamiento, etc.) el Congreso es responsable, y por medidas (como la reciente reforma contributiva federal) que nos afectan negativamente. Esto debe incluir fondos para la rápida transición a la energía renovable.

Reforma contributiva que recupere la riqueza que hoy se fuga y la que se acumula en pocas manos y se invierte especulativa o improductivamente.

Un plan de reconstrucción asentado en los fondos liberados por la anulación de la deuda, aportaciones federales, recuperación de ganancias que se fugan y nuevas inversiones externas sujetas a prioridades que convengan a nuestro desarrollo.

No a la privatización y reforma gubernamental con participación laboral y ciudadana. El problema no es la propiedad pública, es la mala y corrupta administración de lo público.

Fin a las injustas y contraproducentes medidas de austeridad, incluyendo la defensa de los planes de retiro y a la UPR.

 

La cuesta del colegio San José

Por Reinaldo Pérez Ramírez/Especial para CLARIDAD

“Cada uno [tiene] su pasado encerrado dentro de sí como las hojas de un libro aprendido de memoria; y sus amigos pueden solo leer el título”
El Cuento de Jacobo
Virginia Woolf
 

Circa, mayo de 1954. Día de graduación de la escuela superior del Colegio San José en Río Piedras, administrado por sacerdotes y monjas norteamericanos, representantes de un sector del clero que educaba a los hijos de la clase media–alta de profesionales, comerciantes, propietarios y terratenientes durante esos años de la posguerra. Le correspondía al valedictorian de la clase pronunciar el discurso del día. El Director del Colegio, un cura de la Orden de los Marianistas, le pidió al joven que le informara de antemano el contenido del discurso, anticipándose a los acontecimientos que intuía, más sabio por viejo el cura, que por diablo. El representante de San Pedro en la tierra (o San Pablo, no sé ya cuál) conocía al joven, díscolo –según su apreciación– pero brillante. La censura previa doctrinal era imperativa.

Algunos de ustedes recordarán la cuesta que conducía (todavía lo hace) a la entrada del Colegio, en lo alto de una loma, perpendicular a una de las calles del centro de Río Piedras. Los estudiantes, con pesados bultos, a quienes sus padres dejaban en el portón principal, debían remontar esa cuesta empinada.

El valedictorian compartió su discurso con el cura director del Colegio, según éste le había requerido. Éste incluía lugares comunes sobre el espíritu cristiano, un par de citas del Antiguo Testamento y la imprescindible invitación a mantenerse unidos luego de cosechar un futuro de éxitos individuales. 

Cuando hubo de concluir la ceremonia y el discurso del estudiante, el cura maldijo una y mil veces no haber anticipado el ingenio del joven. Aunque ustedes no lo crean, los curas, además de ejercer con rigor la censura, blasfeman constantemente. Acá en la soledad –lo digo con ánimo solidario– pienso que entre tanto rezo y liturgia, no sobrevivirían si no pudieran hacerlo. Y valga decirlo, su copita de vino de cuando en vez. 

Aquel día –memorable para los graduandos– con rotunda aceptación y aplausos, precedida de pompa y ceremonia oficiales, el valedictorian se salió con la suya. Luego de leer el texto que había entregado, haciendo alarde de dotes oratorias que le acompañarían en su futura profesión, el estudiante improvisó algo así como lo que cito de manera apócrifa más adelante. Eso me contó él mismo y no tengo razón alguna bajo el sol ni bajo la luna puertorriqueños para dudar de la veracidad de su recuerdo.

“Somos privilegiados, aunque nos dé trabajo subir la cuesta a la entrada de nuestro Colegio. Pero todos nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo y por eso estamos ahora aquí graduándonos. Es justo y necesario celebrar ese logro, lo que hacemos en el día de hoy. Pero también es justo y necesario pensar en los que ni siquiera tienen la oportunidad de subir la cuesta porque sus padres no pueden pagar lo que cuesta este Colegio. Esa cuesta es mucho más difícil de remontar. Nosotros pudimos hacerlo. Muchos otros no pueden. Les pido a todos que nunca olvidemos esto.”

Esa memoria del entonces joven es hoy rehén de tubos y máquinas. Nuestro amigo está en un lugar del que muy pocos vuelven, aunque todos deseamos y esperamos su regreso. Las más de las veces –triste es reconocerlo– nos quedamos esperando. El joven de quien les hablo se llama Gregorio Lima. Hoy tiene 81 años. Es uno de los mejores Abogados criminalistas de la historia de Puerto Rico. Como presagiaba su discurso, dedicó su vida a defender causas y personas justas, la mayor parte de las veces sin cobrar un centavo. Hoy se encuentra impedido de corroborar lo que aquí les cuento, por razones de salud. Su legendaria elocuencia argumentativa se difumina en un letargo del que dice la ciencia médica es improbable despierte. Es la misma ciencia que le permite a alguien, aun inconsciente, aferrarse al hálito de vida que le queda –si es que así puede llamarse– aunque nos duela de manera inenarrable a sus amigos y familiares que a donde quiera que vaya, el tránsito se ralentice mediante tubos y sustancias durante días sin tiempo.

Querría decirle a Goyo –si pudiese escucharme– a nombre de todos, lo siguiente:
“Querido amigo: Tu país –el mío, el nuestro– está en deuda contigo. Un mañana mejor será posible porque de joven intuiste que la cuesta del colegio San José era una metáfora de la injusticia. Viviste tu vida combatiéndola. Me duele casi como ajeno lo que no me corresponde ni quisiera tener la responsabilidad de decidir, con el corazón en la mano, imaginando el abrazo que no puedo darte.”

Tal vez no me escuche o tal vez sí. Nadie sabe. Por eso lo escribo; para que no olvidemos nunca la lección de la cuesta del Colegio San José y a su valedictorian más ilustre de todos los tiempos; el que nunca dejó de luchar contra la desigualdad, el discrimen y la injusticia.

Hace unas pocas semanas me dijo que nuestros días estaban contados. Qué lástima que no pude a tiempo donarle algunos de los míos, de los que me queden, en memoria de su discurso joven, lúcido, arrojado, en el año 1954, hoy –creo– más vigente que nunca.

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com