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Signario de lágrimas

Por Miguel Ángel Natér

La Editorial Tiempo Nuevo acaba de publicar el primer libro de Francisco Matos Paoli (1915-2000), titulado Signario de lágrimas, originalmente publicado en 1931. Es un libro de juventud que no tuvo suerte cuando se publicaron los Primeros libros poéticos en 1982. Afirmaba en aquel entonces el editor, Joserramón Melendes: “Escluimos de esta recopilasión el primer libro publicado por Matos Paoli como responso a la muerte de la madre amada; porqe Signario de lágrimas (1931) es un yanto rimado, anunsiador de potensia, pero no parte impresindible del corpus poético del maestro qe, siendo niño, lo escribiera” (1982, xi). Incluía aquella recopilación los libros Cardo labriego y otros poemas (1932-37); Habitante del eco (1937-41), publicado en 1944; Canto a Puerto Rico, escrito en 1947 y publicado en 1952; Luz de los héroes, escrito en 1951 y publicado en 1954; Canto nacional a Borinquen, escrito en 1955 e inédito hasta aquel momento; Criatura del rocío, escrito en 1956 y publicado en 1958; y Canto de la locura, escrito en 1961 y publicado en 1962. 

Aun cuando Melendes señala que Signario de lágrimas es “anunsiador de potensia”, tuvo mayor significación en la selección el hecho de haberlo escrito “siendo un niño”. Así, el libro no se volvió a imprimir hasta ahora, acompañado por un prólogo titulado “El arte de un primer libro: Signario de lágrimas de Francisco Matos Paoli”, debido a la pluma del recientemente finado Carlos R. Alberty Fragoso, uno de los más entusiastas estudiosos de la obra de Matos Paoli. El vínculo de Alberty Fragoso se remontaba a décadas atrás, cuando culminó su doctorado en la Universidad de Massachusetts en 1988 con una tesis titulada Formación y trayectoria de la voz poética de Francisco Matos Paoli de 1937 a 1962. Ya profesor en la Universidad de Puerto Rico, se dio a la tarea de seguir indagando en los misterios de esa poesía difícil y, a veces hermética, llegando a publicar en revistas varias artículos como “Canto a Puerto Rico: la utopía de un poema” (Exégesis, 1992), “La lucha contra las grandes potestades: vanguardia, espiritismo y Francisco Matos Paoli” (Revista de Estudios Generales, 1996), “Francisco Matos Paoli: poeta de la victoria” (Exégesis, 2000), “Habitante del eco: hacia una retórica espiritista de lo inefable (Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2001), “Los oyentes del Canto de la locura” (Cuadrivium, 2003), “El Canto de la locura o el poder de la paradoja” (En Rojo, 2005), “Del espiritismo a la poesía mediúmnica: entrevista inédita a don Francisco Matos Paoli”, (En Rojo, 2005), “Hace 45 años: Francisco Matos Paoli y la poesía joven (Exégesis, 2008). No bastó esta serie considerable de ensayos. Alberty Fragoso impulsó la publicación de un libro titulado En busca de Francisco Matos Paoli: ensayos, que divulgó la Editorial Callejón en 2015, donde se incluyen trabajos de análisis críticos realizados por los más importantes estudiosos de la obra de Matos Paoli. 

El entusiasmo de Carlos Alberty por la obra de Matos Paoli era evidente. Al asumir mi encomienda de realizar el prólogo o introducción a Signario de lágrimas, destacó precisamente la importancia del libro primerizo como embrión del poeta que se hallará posteriormente en los mejores libros publicados de uno de los poetas más prolíficos en Puerto Rico. El gran problema que ofrece un libro inicial que no es la obra maestra del escritor, como es el caso, ha sido bien atendido en el caso de Alberty Fragoso. Comienza su exégesis con las siguientes palabras:

Toda la poesía de Francisco Matos Paoli es importante. Aunque se distingan algunos libros y poemas, creemos que el conocimiento y evaluación de toda la trayectoria, de la relación de unas obras con otras, no debe prescindir de ninguna de sus partes. Recalquemos aquí, por lo tanto, a modo de advertencia, que no tendremos una visión total de la riqueza de la producción hasta que no se conozcan los libros inéditos. (9)

Alude Alberty Fragoso a la gran cantidad de libros inéditos que todavía duermen en los archivos de la familia del poeta –tengo noticias de 200 títulos, entre los cuales se destaca Nuevo Canto de la locura, que próximamente verá la luz con estudio de quien suscribe, y Contrarréplica al Canto de la locura, extensísimo libro donde el poeta se aparta de su proyecto central en su mejor libro al decir de la crítica más autorizada–. En una cantidad tan elevada, es evidente que no todos los libros tengan la misma factura y, más aún, no todos ostentan la voz del ya famoso Canto de la locura. Sin embargo, seríamos insensatos si rehuyéramos el estudio de las obras menos elevadas del poeta. Afirma Alberty lo siguiente:

Por ser el primer fruto de un gran poeta, es lógico que Signario de lágrimas nos lleve a preguntarnos cuánto del futuro creador ya está aquí. La pregunta revela una preocupación legítima de los estudios literarios: cómo evaluar la primera obra –en este caso– de una vasta y valiosísima producción estética. Ante la situación, nos parece que la tendencia general es buscar en el primer libro las “raíces” del escritor que será, precisamente porque ya hay certeza del valor de la creación posterior. (9)

¿Cómo estudiar la evolución de Pablo Neruda, por ejemplo, sin conocer sus primeras obras antes de Residencia en la tierra: La canción de la fiesta (1921), Crepusculario (1923), por tomar dos ejemplos. Más aún, ¿cómo lograr una mirada profunda y abarcadora si no conocemos, también, aquella poesía que quedó inédita y que fue publicándose con el paso del tiempo? Del mismo modo sucede con la obra de Francisco Matos Paoli.

Uno de los sonetos del libro ofrece una poética que no dejó de acompañar al poeta en su larga trayectoria. ºSe titula precisamente “Mi verso” y la poesía se define como un misterio indefinible, como un enigma sagrado:

Mi verso es un misterio indefinible

Un enigma sagrado e inmortal,

El ensueño de un amor imposible

El suspiro de un tímido cantar.

Es cual el ave que cruza impasible

Por el cielo azul y el zafir del mar;

Tras quimeras y sueños asequibles

Y fantasías de un opiado soñar.

Envuelto en una niebla de dulzura

Desgrano los cantares de mi verso

Para el consuelo y ocio de mi ser,

Y sigo el sendero de mi ventura

Esparciendo por todo el universo

Las notas de mi verso rosicler.

Esta nueva edición invita a la lectura del joven poeta, pero, también, a la lectura del crítico maduro y avisado que lo acompaña en una travesía que aúna la poesía inicial de Matos Paoli con el bagaje de la trayectoria del estudioso. Afirma finalmente Alberty:

Con esta edición de Signario de lágrimas los lectores podrán ser testigos de las primeras palabras de un gran creador cuya obra total aún está por leerse en todo su alcance. A pesar de las inteligentes interpretaciones realizadas, podemos afirmar que, en vista de la inmensidad que falta, experimentamos una esperanzadora sensación de comienzo. Léase, pues, este primer libro con el entusiasmo del descubridor que ya siente el deseo de explorar un territorio prometedor. Pero sépase, pues nos consta, que la vasta obra de Francisco Matos Paoli es la tierra firme de una promesa iniciada en 1931 ya magistralmente cumplida. (28)

Debo agradecer a la Editorial Tiempo Nuevo esta bella edición del primer libro de Francisco Matos Paoli. Viene a unirse al Canto nacional a Borinquen, que vio la luz con la misma editorial en 2016. Carlos Alberty estaría muy agradecido también, aun cuando no pudo llegar a ver la edición finalmente realizada. Muchas gracias, Carlos…

El autor es Director del Seminario Federico de Onís Universidad de Puerto Rico

El Quijote descubre su película: Lo literario y lo cinematográfico en The Man Who Killed Don Quixote

Por Juan R. Recondo e Ivette Marti Caloca/Especial para En Rojo

El cine necesita de una comunidad de artistas para reconstruir una historia visualmente. El proceso creativo no es tan aislado como el del novelista o el del artista plástico, que cuentan con cierta independencia. Por lo general, estos no dependen de un grupo para llevar el proyecto a su final. Sin embargo, hacer cine requiere colaboración, como podemos ver en la larga lista de créditos al final de cada filme. Casi siempre el director y/o productor, entre otras figuras que llevan la voz cantante, le dan cohesión a la diversidad de voces que contribuyen en la creación de un mundo visual. Esto significa que el estudioso debe considerar múltiples aspectos para escribir sobre los problemas o triunfos de una producción, pues, aunque muchas veces no desemboquen en una buena película, un análisis crítico profundo debe tomar en cuenta la cinematografía, la edición, y el diseño de producción, entre otros, y explorar los contextos dentro de los que se lleva a cabo un proyecto. Aunque no siempre es posible, este es uno de los retos del crítico, transmitir la experiencia de una película, abundar sobre sus limitaciones y logros, y entender los diálogos que establece con otras creaciones en la multiplicidad de universos artísticos.

Terry Gilliam es un director cuya obra he seguido desde que vi su Time Bandits (Reino Unido, 1981) y The Adventures of Baron Munchausen (Reino Unido/Alemania Occidental, 1989) durante la década de los 80. Sus mundos resuenan en mí por su fantasía y sus misteriosos pasados históricos que adquieren proporciones míticas. En Time Bandits, un niño viaja a través del tiempo con un grupo de enanos que usan un mapa que le han robado al Ser Supremo para brincar entre varias épocas históricas y míticas. La película reconstruye cada uno de sus peligrosos mundos con un balance entre la fascinación fantástica del niño y el mugriento naturalismo donde se esconden los peligros que tendrán que enfrentar los aventureros. En Baron Munchausen, Gilliam nos cuenta las aventuras del legendario barón (John Neville) que timó a un sultán para llevarse toda la fortuna de su reino, bailó con la diosa Venus y viajó al espacio donde conoció al rey de la luna (uno de mis personajes favoritos de Robin Williams). La teatralidad del diseño de producción de Dante Ferretti y los visuales cargados de Gilliam nos llevan como espectadores a dudar de la veracidad de los cuentos de Munchausen sin dejar de maravillarnos de sus hazañas. Gilliam puebla sus historias con niños inocentes, héroes caídos y rebeldes idealistas fascinados con los ladrones, embusteros y dementes cuya visión desafía una normalidad aplastante. La película más reciente de Gilliam, The Man Who Killed Don Quixote (España, Reino Unido, et al.; 2018), le permite explorar con su toque particular el diálogo entre las visiones disímiles de Quijote y de Sancho.

En una de las secuencias centrales de The Man Who Killed Don Quixote, Toby (Adam Driver) sigue un letrero que anuncia “Quixote Vive” ya que va en busca de Javier (Jonathan Pryce), un viejo zapatero que hizo del hidalgo manchego en una película estudiantil que el joven filmó muchos años antes. En un carnaval olvidado y polvoriento, Toby le paga a una vieja de apariencia brujeresca para poder acceder a la supuesta figura de un Quijote real. Esta lo guía a un vagón donde mantiene al anciano aprisionado en sus recuerdos. Dentro de su aposento se exhibe la película de Toby y nos damos cuenta que Javier el zapatero nunca pudo liberarse del personaje. Quijote recibe a Toby con la siguiente sentencia: “I am four hundred years old. It’s not easy living so long. But I cannot die unless perhaps I could rid myself of my dreams.” En este momento, Gilliam se desvincula del Quijote que se representa en una película como Man of la Mancha (dir. Arthur Hiller, EEUU/Italia, 1972), basada en el musical de Broadway. El espíritu de esta última se concentra en la canción “The Impossible Dream,” donde el personaje de Quijote/Cervantes (Peter O’Toole) le explica a Dulcinea (Sophia Loren) su misión de seguir sus sueños hasta las profundidades del infierno si es necesario. Cuántos de nosotros nos juramos luchar por un ideal mientras escuchábamos “The Impossible Dream” (lo acepto aunque sienta la maldita risa de Ivette Martí ante tanta ingenuidad). Esta es precisamente la visión que Gilliam rechaza en su película. Su Quijote no es el viejo soñador que torna una realidad pedestre en una fantasía musical, sino un prisionero de la película de Toby. Siguiendo la línea de Miguel de Cervantes, Gilliam crea un Quijote obsesionado por una película sobre un anciano aturdido por las novelas de caballería. Es decir, mientras el Quijote cervantino ha enloquecido envuelto en la fantasía de sus héroes caballerescos, el Quijote de Gilliam se ha sumergido en las escenas constantes de la película en la que encarnó a ese personaje. Así, Gilliam se apropia de Quijote como figura literaria para comentar sobre el cine como una máquina creadora de sueños. 

Es sumamente difícil traducir la genialidad del Quijote al medio cinematográfico, no tanto por su perspectivismo —algo que Gilliam logra bastante bien—, sino, más que nada, por sus juegos narratológicos imposibles de capturar visualmente. (A Juan R. Recondo le parece muy categórico mi comentario, pues argumenta que el cine también tiene la posibilidad de crear juegos narratológicos visuales). Esta imposibilidad limita considerablemente el éxito de la empresa. Es por esta razón que lo más sensato para un cineasta admirador de la primera novela moderna sería tratar de capturar a través del lenguaje fílmico algo de la esencia de la misma. En ello radica uno de los aciertos de Gilliam, quien, casi como si estuviera valiéndose de la técnica renacentista de la imitatio, reelabora la historia del hidalgo enloquecido y la convierte en un juego en el que el espectador se entrega al disfrute de reconocer las escenas o personajes a los que va aludiendo la película. El filme se convierte en un interesante tour de force de momentos emblemáticos y viñetas del Quijote sometidas –aunque no siempre acertadamente– a una nueva adaptación.

El comienzo de la película en el que Toby se encuentra filmando un comercial basado en la lucha contra los molinos captura el icónico inicio de las aventuras de Don Quijote en compañía de Sancho. Así pues, la evocación al capítulo VIII de la primera parte del texto nos permite enseguida reconocer lo importante que será el personaje del escudero dentro de la acción. Es justo en el capítulo anterior del Quijote de 1605 que se introduce a la diégesis la figura de Sancho, hecho que permitió a Cervantes, en última instancia, innovar literariamente y crear un nuevo género narrativo basado en la polifonía dialógica y el perspectivismo. Es solo a través de la inserción del personaje de Sancho que, no solo se abre la posibilidad de que “veamos” el punto de vista del “otro”, sino también que se permite el intercambio discursivo. Gilliam le devuelve protagonismo a Sancho. Es más, la estrella de la película no es Jonathan Pryce (Javier/Quijote), sino Adam Driver (Toby/Sancho). 

Pero no es solo por ello que el comienzo es tan importante. Allí se perfila también la auto reflexiva realización de que este director batalló contra infinitas adversidades para lograr, veintinueve años después, ver su proyecto materializado, como un Don Quijote frente a los molinos que creyó ser gigantes. Por cierto, en el documental Lost in La Mancha (dirs. Keith Fulton y Louis Pepe, Reino Unido/EEUU, 2002), accedemos a los avatares de la producción fallida de The Man Who Killed Don Quixote a principios del milenio cuando ya había cobrado diez años de la vida de Gilliam. En aquel momento terminó por ser, no solo un sueño fracasado, sino perdido y usurpado por la compañía de seguros. Aquella vez enfrentó tormentas, ruidos de la fuerza aérea española, situaciones de salud de Jean Rochefort, quien en el momento interpretaba el rol del Quijote, entre otras vicisitudes. La película de 2018 pretende reivindicar aquel sueño desvanecido, ahora contado por un Gilliam más maduro. 

The Man Who Killed Don Quixote no es una buena película (aunque Ivette Martí me insista que no es tan mala). La historia salta precipitadamente de escena en escena, dejando así muchos episodios sin terminar o elementos sin explorar. Adam Driver, que es conocido por sus actuaciones sutiles que esconden una profundidad emocional bajo una aparente ausencia de expresión (sus ojos no dicen nada mientras expresan mundos), hace lo imposible para darle humanidad al personaje de Toby. Sin embargo, este mayormente se convierte en un eco vacío de Jack (Jeff Bridges), el cínico y amargado locutor de radio cuyas burlas provocaron una masacre en The Fisher King (dir. Terry Gilliam, EEUU, 1991). A pesar de que en un momento de la película Toby rechaza los subtítulos mientras se expresa en español, demostrando así el artificio de una historia donde los españoles hablan inglés con acento, no deja de rechinar el ver al muy británico Jonathan Pryce en el rol del viejo zapatero que se piensa Quijote. Pese a ser un gran actor, hubiese sido más acertado encargarle el papel a un artista español. Además, la película presenta un sinnúmero de ideas que nunca llevan a nada dentro de un conflicto dramático sin rumbo claro. (Aún así, Ivette Martí se obstina en opinar que estas ideas inconclusas más bien responden a referentes de la novela cervantina e incluso muestran un conocimiento profundo de la misma). No obstante, Gilliam es un auteur cuya obra, por más fallida que sea, siempre logra un efecto visual interesante con una temática muy poco convencional, y la novela cervantina se presta muy bien para ello.     

Esta película intenta capturar de alguna manera la esencia de una de las obras más complejas de la literatura universal. La empresa prometía ser tan árdua como lo ha sido para todo aquel que ha pretendido contar cinematográficamente la inigualable novela de Cervantes. Sirva de ejemplo el intento, también malogrado e inconcluso, de Orson Welles (Don Quixote [España/EEUU/Italia, 2005]). No me cabe duda de que, precisamente por ello, Gilliam entrevera, entonces, pedazos de Don Quijote, momentos importantes, personajes reconocibles interpretados por un mismo actor, en fin, hace una evocación. Como literata, recibo este filme como un juego fascinante.

Como cinéfilo, disfruto los golpes teatrales de Gilliam y la manera en que visualiza los sueños como celdas maravillosas. Aunque The Man Who Killed Don Quixote está entre las películas que menos me gustan de su filmografía, es fascinante observar la manera en la que el director se torna a sí mismo en un Quijote que luchó por treinta años para materializar sus fantasías.

The Man Who Killed Don Quixote no se exhibio en las salas de cine de la isla, pero se puede ver en la plataforma de Amazon.

Alayubia y la nueva tradición del libro

Por Rafael Acevedo/En Rojo

James Joyce andaba con aquellos centenares de papeles llenos de fragmentos sórdidos, obscenos, incoherentes, de arriba para abajo. Parece que no era un tipo muy simpático y la misantropía le salía por los poros. Pero escribía con arranques demenciales. Y ahí estaba su novela, Ulises, viajando con él en busca de editor. 

La primera vez que se imprimió completa fue en París. La leyenda dice que solo fue posible porque los trabajadores de la imprenta no sabían inglés. Lo cierto es que se publicó en el exilio gracias a la complicidad de Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare & Co. que se convertiría es un paradigma de espacio cultural libre, experimental, arriesgado. ¿La novela? Algunos críticos dicen que es la más importante que se haya escrito en inglés. Pero no es ese tipo de novela que uno se lleva en el avión, o para leer en la playa. A menos que uno quiera parecer interesante.

Ahora bien, salvando las distancias, Irlanda, Francia, Puerto Rico, un siglo ¿cuántos libros geniales no hay por ahí en cuartos alquilados de calles calurosas de Santurce o Boquerón? ¿Cuántos escritores geniales no están dándose par de tragos ahora, rumiando su dolor por falta de descubridores? Bueno, genios siempre habrá muy pocos. Pero libros buenos hay decenas escritos y la mayoría no se publicarán. 

Quizás para eso y por eso existen editoriales independientes. No le deben nada a nadie en términos de selección. No hay un comité ejecutivo de expertos en mercadotecnia que certifique en una reunión que aquel libro X va a ser un éxito de ventas. Tampoco buscan que el escritor más famoso les deje caer un libro de borradores para ranquearse. Y no es que no dependan de las ventas o que van a rechazar a una estrella de las grandes editoriales que deje un libro olvidado en medio de una borrachera. Es que como son independientes pueden darse el lujo de eso: de ser independientes. 

Generalmente son los libros más bellos. Diseñados con afán estético. Son libros en distintos formatos y de diversos autores que rara vez encuentran espacio en el coto cerrado de las estanterías. Eso si uno encuentra esos jardines cada vez más escasos que algunos dan en llamar librerías. 

Por eso admiro a los que se lanzan en esos proyectos. Ese es el caso del bardo Gegman Lee Ríos. Es un laureado escritor que, además, está constantemente buscando sabuesamente libros raros, que son todos aquellos que se publicaron antes y que con los años se ponen mejor. Busca y encuentra autores emergentes con rigor en la escritura. Hace descubrimientos y redescubrimientos. Hará reediciones de algo memorable, y así. Por eso ha creado ediciones Alayubia.

La editorial es parte de una gran cantidad de esfuerzos independientes que han permitido una verdadera explosión de textos. Pero Gegman tiene su propio flow, su propio dembow. Y es que su acercamiento a la literatura, y específicamente a la música de las palabras, surge de escuchar y rapear con sus primos en los años ’90. De ahí, de reconocer en las palabras tanto un instrumento de comunicación como un material de construcción y juego, fue realizando a conciencia sus malabares.

La conciencia del libro, tanto los suyos propios, como la idea de convertirse en editor, se va sedimentando además en el intercambio con el poeta y paradigmático constructor de libros, Joserramón Melendes. Melendes, creador de la editorial Qease, fue maestro de muchos tanto en el quehacer poético como en el arte de hacer libros y en la conciencia del concepto “libro” como unidad de sentido. Gegman también asistió a talleres de trabajo con la poeta Nicole Delgado en los que se elaboran libros artesanales. 

De esa práctica en la construcción de libros y diálogos (o monólogos) sobre poesía surgió la revista Parhelios en 2013, junto a otros poetas como Alejandro Medina.

Con Alayubia, Gegman propone una editorial especializada en promover y publicar un canon exclusivo. Ser parte de la creación de una tradición cultural y poética. Tierra intermitente,. de Raquel Salas Rivera; Cielo Riel, de Yara Liceaga; Aterrizar no es regreso, de Xavier Valcárcel o Mala Leche, de Gabriel Carle, son algunos títulos de la editorial. A eso hay que añadir que el primer gesto de la editorial fue el Libro de la promesa, una suerte de antología de activismo poético-político.

Como poeta, la obra de Gegman Lee fue premiada en el certamen El farolito azul, de la Editorial Callejón en 2014 con Nostos. De esa misma colección ideada por el entrañable Elizardo Martínez, Gegman publicó Elegía a los vencidos.

En estos dos últimos párrafos quiero destacar que se trata de un trabajador de la cultura que se acuerda de los otros y de si mismo a la hora de hacer libros. Es riguroso. Tiene proyectos claros. Ha sido chófer de Uber y es barbero, pero es además director de una editorial independiente y poeta. Tiene las manos llenas. Pero no hay nada romántico en eso. O al menos eso no es lo importante. 

El asunto es que quiere vender libros y por eso está pendiente del diseño y de las características particulares de los textos. Reconoce que son determinantes los tamaños y los precios, aparte del contenido. Quiere hacer buenos libros bien diseñados. En eso tiene la colaboración de Adaris García, lo que garantiza que Alayubia se ve bien y se lee mejor. Esta nota es apenas una invitación a confirmar lo que afirmo. Hay buenos libros en Alayubia. Visitar las librerías, la página de la editorial, preguntarle al propio Gegman a través de las redes, les permitirá acceder a un proyecto cultural que, como desea el propio poeta, será grande y reconocido en el mundo. 

La ONU, Comité Especial y Puerto Rico

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1961 un Comité Especial de 17 miembros, ampliado hasta 24 miembros en 1962, para examinar la aplicación de la Declaración sobre la descolonización y formular recomendaciones sobre su aplicación. Aunque comúnmente se le denomina Comité Especial de los 24 o Comité Especial de Descolonización, su nombre completo es Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.

El Comité se reúne anualmente para revisar y actualizar la lista de territorios incluidos en la Declaración. Escucha las declaraciones de representantes nombrados y electos de los territorios, así como de peticionarios, envía misiones visitadoras a los territorios y organiza seminarios sobre la situación política, social, económica y educacional en los territorios. El Comité formula asimismo recomendaciones en relación con la difusión de información para movilizar a la opinión pública en apoyo del proceso de descolonizacióny celebra la Semana Internacional de solidaridad con los pueblos de los territorios no autónomos. 

Este lunes 24 de junio de 2019, es la vista de este año sobre Puerto Rico. Sobre la historia de estas vistas, compartimos de la página del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano:

Juan Mari Brás en sus memorias nos narra cómo el Congreso Puertorriqueño Anticolonialista sirvió de plataforma de unidad concertada entre las fuerzas patrióticas para enfrentar la maniobra estadounidense de lavarle la cara al colonialismo con el plebiscito de 1967.

“Del Congreso Puertorriqueño Anticolonialista surgieron las iniciativas unitarias que llevaran a que, por primera vez desde 1953, se iniciara un debate en Naciones Unidas sobre el caso colonial de Puerto Rico en 1967.

Desde comienzo de 1967, el MPI inició una intensa campaña para forzar al Comité de Descolonización de la ONU a discutir nuestro caso, venciendo las presiones norteamericanas. Una delegación del movimiento viajó a Chile, Uruguay y Venezuela –que eran los países que representaban a América Latina en el Comité de los 24– para hacer los contactos con las fuerzas políticas afines y con los gobiernos a favor de nuestra petición de que se discutiera el caso colonial de Puerto Rico ese año. Nos basábamos en que el gobierno de Washington le había pedido al gobernador y la legislatura de Puerto Rico que aprobaran celebrar un plebiscito sin que el mismo cumpliera siquiera mínimamente los requisitos que ha definido la ONU para validar tales consultas, y era necesario que el Comité Especial de Naciones Unidas pasara juicio sobre ese evento, antes de que el mismo ocurriera.”

La delegación conjunta que hizo las gestiones antes reseñadas, estaba conformada por representantes del MPI, el PIP y el Congreso Puertorriqueño Anticolonialista, además de Juan, el Dr. Gilberto Concepción de Gracia, la Dra. Piri Fernández de Lewis y el Dr. José Milton Soltero, entre otros.

Nos dice Juan que el resultado de aquella gestión fue que “derrotó, a mediano plazo, el propósito norteamericano de utilizar el falso plebiscito de ese año como freno al examen por parte del comité especial de descolonización de la ONU del caso colonial de Puerto Rico.”

Estas gestiones del 1967 fueron las que desembocaron en la aprobación de la primera resolución sobre el caso de Puerto Rico el 28 de agosto de 1972. Nos explica Juan que el debate quedó suspendido sine die en 1967. Los votos en aquel momento estaban divididos en 8 a favor nuestro, 8 a favor de EEUU y 8 abstenidos. La paralización sin embargo fue temporera. Juan nos recuerda que la unidad lograda contra el plebiscito fue más allá del independentismo.

https://minhpuertorico.org/index.php/documentos/57-documentos/1418-cuarenta-anos-y-31-resoluciones-de-la-onu-ipodemos-lograr-la-descolonizacion

¿Y los millones? ¿A dónde van?

Por Giancarlo Vázquez López/ CLARIDAD

gvazquezlopez@claridadpuertorico.com

Hace unas semanas, el presidente de los E.E.U.U., escribió en su cuenta de Twitter: “Puerto Rico debería amar al presidente Trump. Sin mí, habrían sido excluidos”. Esto parece que fue razón más que suficiente para movilizar a la Federación de Universitarios Republicanos de Puerto Rico, que anunció este pasado fin de semana el inicio de una campaña de recaudación de fondos para financiar el costo de una estatua de bronce de ese presidente. 

El tuit, fue publicado luego de que Trump convirtiera en ley el proyecto 2157 de Asistencia por Desastres el pasado 6 de junio. La ley proporcionaría cerca de $904 millones adicionales para la recuperación de Puerto Rico.  La Casa Blanca anunció ese mismo día que el proyecto podría facilitar hasta $1,400 millones a Puerto Rico. 

La legislación bipartidista, originada en la Cámara baja, proporciona en total $19,100 millones en fondos de recuperación ante los desastres naturales que han afectado a los estados y territorios en los últimos tres años. 

Se supone que esta asignación de $904 millones sea distribuida entre fondos  de Asistencia Alimentaria ($600 millones), el Departamento de Agricultura Federal ($5 millones) y el Programa de Desarrollo Comunitario para Recuperación por Desastres ($304 millones). 

Pero después de todo, no será tan fácil. Según determina el estatuto, los fondos del Programa de Desarrollo Comunitario para Recuperación por Desastres (CDBG-DR,  por sus siglas en inglés) no estarán disponible hasta que el Gobierno de Puerto Rico logre un acuerdo sobre las obras permanentes que financiará la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), bajo la sección 428 de la ley Stafford.

Si el Gobierno no produce los estimados para octubre 11, tendría que allanarse a lo que estime FEMA. 

La medida también ordena publicar en 90 días los requisitos de las subvenciones de fondos de mitigación CDBG-DR. Esto aplicaría a una partida de $8,200 millones que el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, en inglés) aún tiene que autorizar para la isla.

En 2018, a Puerto Rico se le asignaron $18,000 millones en fondos CDBG-DR mediante la aprobación de la Ley 115-123. De estos, $9,700 millones fueron destinados para la recuperación de viviendas y $8,200 millones para labores de mitigación. 

De los $9,700 millones aprobados, solo se han autorizado $1,500 millones. Los otros $8,200 millones están a la espera de que HUD publique la notificación en el registro federal sobre su uso, un trámite reglamentario que otorga tiempo al gobierno para someter el Plan de Acción sobre los proyectos que desarrollará con ese dinero. 

Los controles financieros que debe establecer el HUD tienen como fin —en teoría— asegurar el buen uso de los fondos y evitar la duplicidad de beneficios, garantizar el gasto oportuno de los fondos, mantener sitios web completos con respecto a todas las actividades de recuperación de desastres asistidas con estos fondos y detectar y prevenir el desperdicio, el fraude y el abuso de fondos. 

Pero ante estas nuevas restricciones para desembolsar el dinero persiste la preocupación de que la entrega de los fondos sea cada vez más lenta.  

El pasado, 27 de febrero, el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) develó que Foundation for Puerto Rico obtuvo el más jugoso contrato de dinero de CDBG-DR, sin someter propuesta. 

El Departamento de Vivienda en Puerto Rico (DV) no divulgó los criterios en los que se basó para otorgar un contrato de $37.5 millones a la organización “sin fines de lucro”. Por otra parte, Foundation for Puerto Rico (FPR) tampoco presentó propuesta alguna demostrando su interés o experiencia para manejar un programa de planificación comunitaria. 

En pocas palabras, FPR no pasó por un proceso competitivo para administrar dicha suma. Así lo reconoció la presidenta y CEO de la fundación, cuyos activos netos para el 2017 eran de $8,874,383, según el informe anual presentado por el Departamento de Estado. Como si fuera poco, Vivienda sometió una enmienda para aumentar a $55 millones la cuantía asignada a FPR.   

Los planes del Gobierno, según el plan autorizado por el HUD, son utilizar los fondos para vivienda, desarrollo multisectorial y revitalización de las comunidades, desarrollo económico y otros proyectos de infraestructura. 

Pero en entrevista con CLARIDAD, el presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Planificación (SPP) David Carrasquillo Medrano censuró la visión desarrollista del Plan de Acción de Vivienda del DV, exigencia del HUD para poder acceder a los fondos de recuperación CDBG-DR para el desarrollo comunitario. 

Además, censuró las expresiones del gobernador Ricardo Rosselló y el secretario del DV, Fernando Gil Eseñat, quienes han dicho que sale más barato el desalojo y reubicación de comunidades que hacer proyectos de mitigación. Incluso, mencionó que fue testigo de reuniones en las que el gobernador le dijo a la comunidad que los fondos no se podían utilizar para mitigaciones. 

Gil Eseñat aseguró al Centro de Periodismo Investigativo (CPI) que escogieron a FPR porque propusieron siempre soluciones, a diferencia de otras fundaciones “que lo que querían no lo veían a nivel global”.  

Foundation for Puerto Rico presentó parte de sus programas e iniciativas y pidió que fueran incluidos como alternativa en el Plan de Acción de Vivienda (PDV). Vale señalar que los consultores que hicieron el plan de acción no son puertorriqueños. 

La misma ley de HUD dice que hay que armonizar las reglamentaciones de ordenamiento territorial federal con los ordenamientos territoriales de la jurisdicción, incluyendo las municipales. Sin embargo, eso está totalmente ausente del PAV, incluidas las vistas públicas, explicó Carrasquillo Medrano a este medio.  

En el artículo ya citado del CPI la organización Ayuda Legal denunció que, el acuerdo firmado entre Vivienda y FPR falla en detallar las responsabilidades concretas sobre la participación de las comunidades, que garanticen la igualdad de condiciones, establezcan los mecanismos de toma de decisiones y el diseño de criterios de elegibilidad. La organización advirtió además, que al acuerdo le faltan opciones para adelantar fondos a las comunidades, ya que las mismas no podrían participar de la propuesta mediante reembolsos, que es la única opción actualmente. De acuerdo con la organización, el contrato debió establecer criterios de elegibilidad y participación mínimos para las comunidades y municipios. 

Según el contrato otorgado a Foundation el pasado 15 de febrero, un 82% de los fondos del programa ($30,600,000) irá a las comunidades para el desarrollo de sus planes de resiliencia, pero eso está en veremos.

Mientras, hay quienes ponen todos sus esfuerzos en reconocer la visita de un presidente que se burla de los puertorriqueños y sus necesidades y que abogó por frenar las asignaciones a Puerto Rico para mitigar el desastre causado por el huracán María, con una estatua de bronce que sería ubicada frente al Capitolio. 

Sería más apropiado erigir una estatua de Trump representando a Gepeto y un Pinocho asomándose por detrás de su pierna derecha con un rollo de papel de baño en su nariz de mentiroso.