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40 Años de los Panamericanos y el deporte como espacio de lucha

Por Elga Castro Ramos / Especial para En Rojo

A Papi, por supuesto

La dedicatoria de este escrito es prestada sin permiso de una que Gabriel García Márquez le dedicó a su esposa Mercedes en su novela El Amor en los Tiempos del Cólera. Y por muchas razones es apropiada, no solo porque era una de las novelas favoritas de mi Papá, sino que es una que tenía firmada y dedicada por García Márquez, “Para Elliott, Por Puerto Rico”, decía en la primera página entre las portadas azules de la Editorial Sudamericana. La razón principal, sin embargo, no tiene que ver con el gran Gabo, sino con la relación de Papi con los Juegos Panamericanos de San Juan en el 1979 y con CLARIDAD, ese triángulo de grandes vínculos es el que quiero honrar y por el cual, por supuesto, le dedico a mi Padre, a casi dos años de su partida, este suplemento en el cual celebramos, no solo los 40 años de la celebración de los Juegos, sino nuestra soberanía deportiva y la simbiosis de la reafirmación nacional desde las trincheras del deporte. 

Mucho se ha escrito en estos días sobre los Juegos Panamericanos celebrados en San Juan en julio del 1979 al cumplirse los 40 años de ese evento. En CLARIDAD, queremos recordarlos por su importancia deportiva pero también política. Estos Juegos fueron los primeros Panamericanos que se celebraron en el Caribe, pero no los últimos, ya que luego se celebraron en La Habana, Cuba, en el 1991 y en Santo Domingo, República Dominicana, en el 2003. A diferencia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, estos requieren de mayor infraestructura y recursos por la cantidad de países y atletas que participan. En ese entonces, Puerto Rico tuvo que añadir una gran cantidad de facilidades para poder acoger a los atletas y los distintos deportes. Los escritos de las arquitectas Vilma Ramos Acosta y María Thillet, quien trabajó en la organización de los mismos, expresan lo que implicó esto en términos de facilidades y la involucración del estado y la empresa privada. Como siempre con estos mega eventos, el tema del legado es importante y algunas de las facilidades aún podemos disfrutar de ellas, mientras que otras, como la Villa Panamericana, no. 

El compañero Javier Gorbea nos ofrece su experiencia de los Juegos sin haberlos experimentado directamente; Javier, quien nació cuatro años después de su celebración, narra los Juegos a través de lo que ha escuchado en anécdotas. 

El deportista Víctor López nos comparte sus vivencias en la creación APAD, el movimiento para defender la soberanía deportivo y el uso exclusivo de los símbolos nacionales en los Juegos creado específicamente para los Panamericanos de San Juan por las amenazas desde Fortaleza. Es un privilegio tener este recuento en primera persona de la creación de este grupo que fue vital para las protestas masivas que luego surgieron. 

Los Panamericanos del 79 fueron un hito por muchos motivos, como señalara previamente, fueron los primeros en celebrarse en el Caribe, pero para nosotros significan el evento multideportivo más grande celebrado en nuestra Isla. Cierto que hemos celebrado tres Juegos Centroamericanos (1966 en San Juan, 1993 en Ponce y 2010 en Mayagüez) y dos Mundiales, de baloncesto en el 1974 y de gimnasia en 1996, pero ninguno de estos eventos tienen la magnitud de unos Panamericanos. Si a esto le sumamos el clima político que había en la Isla, se entiende por qué fueron unos Juegos inolvidables. 

Aunque yo sí había nacido cuando se inauguraron los Juegos, estaba por cumplir tres años, mentiría si dijera que los recuerdo. Lo que no olvido es los cuentos del “abucheo panamericano”, ese sonoro abucheo al entonces gobernador de Puerto Rico Carlos Romero Barceló, que quedó grabado, no solo en los videos y audios de la ceremonia inaugural y de quienes asistieron, sino de la memoria colectiva puertorriqueña. Romero se había enfrascado en una batalla campal con el entonces presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico, Don Germán Rieckehoff Sampayo, por el uso de los símbolos nacionales. Aunque la historia de nuestra soberanía deportiva no es parte de este escrito, sí es importante y relevante para entender esta pelea, el abucheo a Romero y lo que ha sucedido en estos 40 años. Quienes tuvieron la dicha de conocer a mi Padre sabrán que era de los temas que más le apasionaban, y escuchar la breve ( o detallada) historia de nuestra soberanía deportiva de su boca era un deleite. Acá, la versión resumida es que, Puerto Rico, aún siendo una colonia, por una combinación de factores, entre la tenacidad de algunas personas, incluyendo a Don Germán, y factores fortuitos, ha tenido soberanía deportiva durante décadas. Es decir, que en el ámbito deportivo internacional, participamos como una nación soberana con los mismos derechos y responsabilidades que las demás. Así, ya sea en Centroamericanos, Panamericanos, Juegos Olímpicos, o Mundiales, desfilamos con la monoestrellada y si ganamos una medalla de oro, suena por los altavoces La Borinqueña. Punto. Romero pretendía que se usaran también los símbolos de Estados Unidos, su bandera e himno, como en muchos eventos oficiales, donde nuestra esencia colonial sale a flote. Pero en el deporte no, ni fuera de casa ni mucho menos en casa. Y así, tras semanas de disputas, llegó el sonoro abucheo. Aunque hubo una gran movilización de grupos independentistas y de defensores de la soberanía deportivas para protestar las acciones del gobierno, el abucheo y el rechazo fue masivo y espontáneo del público en general más allá de estos grupos organizados. El contexto es importante, hay que recordar que esto ocurrió apenas un año después de los asesinatos de dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla por el cual se vinculó al gobierno de Romero y en general el ambiente político de la Isla estaba tenso. 

En términos deportivos los Juegos dejaron múltiples hazañas, como las de Chayanne Vasallo en la piscina y grandes actuaciones de estadounidenses y cubanos, los grandes victoriosos de los Juegos, como la presencia del boxeador Teófilo Stevenson y del corredor y saltador Carl Lewis. Pero de los momentos deportivos más memorables fue el partido por la medalla de oro entre Puerto Rico y Estados Unidos en baloncesto. Este encuentro significó la cúspide de un gran torneo para los baloncelistas en un deporte que es de los favoritos en la Isla, pero también el enfrentamiento entre Puerto Rico y Estados Unidos representa la cúspide de la soberanía deportiva, la colonia enfrentando al verdugo. Y es por eso en parte que los Panamericanos tienen un significado diferente que los Centroamericanos, pues al contar con la presencia de Estados Unidos pone en relieve y solidifica la soberanía deportiva. Ese juego que eventualmente perdimos, está preciosamente plasmado y narrado en el documental Nuyorican Basket, en el cual presentan la influencia en el juego de los jugadores formados en Nueva York, que revolucionaron el baloncesto nacional con su estilo y a su vez, la importancia de este juego en el contexto político del momento. No solo el equipo era un microcosmo de lo que es la nación puertorriqueña, mitad de la Isla y mitad de la diáspora, sino que a su vez enfrentaba a Estados Unidos. Y era encabezada por el abanderado de nuestra delegación, uno de los “nuyorican”, Charlie Bermúdez. El momento en el cual entran a un Coliseo Roberto Clemente a punto de estallar arropados bajo una gigantesca bandera puertorriqueña es impresionante. 

La tensión política no se limitaba con el gobernador Romero Barceló en la Isla, sino que a nivel internacional, pues era el año previo a los Juegos Olímpicos en Moscú y el Presidente Jimmy Carter llamó a un boicot e invitó a otros países a no ir a la Unión Soviética. Aquí hubo otro enfrentamiento entre Don German y Romero, en el cual el gobernador favorecía alinearse al boicot, mientras que el Presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico, llamaba a defender la soberanía participando. Al final Puerto Rico participó con una delegación de tres boxeadores y así desafió el boicot y afirmó su soberanía. Desafortunadamente los baloncelistas, quienes se habían ganado su participación en un pre olímpico, no pudieron asistir. Con orgullo recordamos que el redactor deportivo de Claridad fue de los pocos periodistas boricuas que asistieron, así Elliott Castro Tirado también desafió el boicot. Las anécdotas de ese viaje en la capital soviética y su primera experiencia olímpica, también eran épicas. 

Así, los Panamericanos significaron otra plataforma para mostrar el descontento con la injerencia del gobierno en asuntos deportivos y un escalón más en nuestra larga historia de usar el deporte para decir cosas que a veces se nos hace difícil decir de otras maneras. El deporte muchas veces nos engrandece en el mapamundi global, es lo que permite que el puntito en los mapas al lado derecho de República Dominicana pueda crecer y crecer, al punto de agrandarse como sucediera en el 2004 en Atenas cuando le ganamos a Estados Unidos en baloncesto, lo que no pudimos hacer en San Juan en el 1979 lo logramos en unos Juegos Olímpicos y que doce años más tarde en Rio de Janeiro, sonara por primera vez La Borinqueña en unos Juegos Olímpicos. En San Juan se abucheó el intento de aplastar lo que se había logrado con tantos años de esfuerzo, 40 años después no solo miramos con nostalgia la celebración de la mayor fiesta deportiva de nuestro continente, sino que agradecemos los que no callaron para defender ese espacio en el que, como decía Papi, “somos uno más en la comunidad internacional”, ese derecho de que al menos en el deporte sentirnos iguales, lo seguiremos defendiendo con gritos, abucheos y apoyando a nuestros y nuestras atletas que nos representan dignamente internacionalmente. 

Los Panamericanos significaron otra plataforma para mostrar el descontento con la injerencia del gobierno en asuntos deportivos y un escalón más en nuestra larga historia de usar el deporte para decir cosas que a veces se nos hace difícil decir de otras maneras.

Los Juegos del 1979:  Su efecto en una generación mayor

Por Javier Guaní Gorbea / Especial para En Rojo

Confieso que cuando primero se habló en el periódico de la idea de hacer este suplemento que conmemora los 40 años de la realización de los Juegos Panamericanos en Puerto Rico me pregunté cómo podría colaborar en el mismo si después de todo yo nací cuatro años después de que esos Juegos se llevaron a cabo. Además la gran mayoría de esos atletas que participaron solo los conocía por referencia. Sin embargo recordé cuál fue mi primer contacto con esos Juegos; desde que era niño en mi casa colgaban algunos cuadros de un señor que se llamaba Homar y que presentaba los diferentes deportes. 

Mi indagación de qué significaban aquellos y cuál era su importancia, hizo que mi padre me hablara por primera vez de ese evento. Poco a poco aprendí que más allá de aquellos cuadros, esos Juegos tenían un valor cultural y sentimental incalculable en todo el que los vivió y hoy es mayor de 50 años. No hay una sola persona de esa edad que yo conozca que cuando yo le hable de esos Juegos no me dé una sonrisa y los narre como si hubieran sido ayer. Todo el mundo te comenta “sí yo fui a la natación en El Escambrón”, o “yo estaba en tal juego en el Clemente” o te hablan de aquella estupenda inauguración de la que 40 años después todavía se habla, de lo que se conoció como COPANI y la que introdujo a miles de niños a su primer contacto con un evento que fue tanto deportivo como cultural. Estoy convencido que la memoria de esos Juegos son parte de la razón por la que el deporte es nuestra Isla ha pasado a tener un lugar importante en nuestra sociedad y está arraigado de tal manera en nuestro DNA, que pese a vivir bajo un régimen colonial el país atesora su representación olímpica y rechaza cualquier intento de mancharla. Para eso un botón basta, pues no se puede contar la historia de esa inauguración sin hablar del abucheo al gobernador Carlos Romero Barceló quien trató de manchar los Juegos. Hay eventos que transcienden el aspecto deportivo, el 99% de la gente con la que hablo de los Juegos no me pueden mencionar los nombres de los medallistas de oro boricuas, pero sí te pueden decir cómo la realización de los Juegos de San Juan 1979 tocaron su vida. “Fui con mi viejo y vi a los boricuas nadar”, me decía un querido tío mío, “no ganamos medalla pero eso no importa, fueron 15 días inolvidables” me dijo casi con lágrimas en los ojos. 

A nivel deportivo hubo muchas historias, la de Chayanne Vasallo, la del Equipo Nacional de Baloncesto peleando el oro y otras, que para efectos de este artículo no vienen al caso. Pero el efecto de ver lo mejor del continente presentarse aquí, poder ver nuestra representación en nuestro país y demostrarle al mundo de que somos capaces de montar un evento de esa calidad, es algo que no es medible para esa generación que la vivió. Y que pese a que sabe que la actual situación económica del país no lo permite, tienen la esperanza de algún momento volver a experimentar la celebración de otros Juegos Panamericanos en nuestra Isla.

A nivel deportivo hubo muchas historias, la de Chayanne Vasallo, la del Equipo Nacional de Baloncesto peleando el oro y otras, que para efectos de este artículo no vienen al caso. Pero el efecto de ver lo mejor del continente presentarse aquí, poder ver nuestra representación en nuestro país y demostrarle al mundo de que somos capaces de montar un evento de esa calidad, es algo que no es medible para esa generación que la vivió.

CALCES:

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Fernando Canales se convirtió en el primer nadador boricua en ganar una medalla en un evento al lograr plata en los 100 metros libre.

Juegos exitosos a pesar de las controversias

Por Elga Castro Ramos/ Especial para En Rojo

Quien fuera el Presidente del Comité Organizador de los Juegos Panamericanos (COPAN) del 1979, Arturo Carrión, declaró para este Suplemento Especial para En Rojo que “lo más que le gustaría que se resaltara a 40 años de celebrados los Juegos fue su éxito y la unidad que trajo en la gente en Puerto Rico”. También celebrar el que hayan sido un éxito incluso reconocido por dos Panamericanos celebrados posteriormente, en Caracas e Indianápolis, que usaron los Juegos de Puerto Rico como guía. Al igual que otras personas, reconoce que desafortunadamente no se podrían celebrar unos Juegos de esta magnitud actualmente en Puerto Rico por motivos económicos, aunque en términos técnicos y deportivos, sí tengamos la capacidad. 

A preguntas sobre la controversia con el entonces gobernador de Puerto Rico Carlos Romero Barceló sobre el uso de los símbolos nacionales estadounidenses junto a los puertorriqueños, señaló que “sí hubo esa disputa entre COPAN, el gobierno central y el COPUR y que fue algo que pudo haberse resuelto desde enero” pero que sin el apoyo gubernamental, junto con el de la empresa privada, los Juegos no se hubieran podido celebrar. Pero que, más importante aún, él quisiera, “sobre todo en momentos como el actual, resaltar el éxito de los Juegos, que, justo como ahora, lo que necesitamos es unidad, como la que hubo durante los Juegos, entre el gobierno, la empresa privada, comunidades, ya que por esas semanas el País estuvo unido”. Y lo más que le gratifica ahora, a 40 años, es que la gente los recuerde con alegría, como unos grandes Juegos que se pudieron celebrar exitosamente en nuestra Isla. 

Testimonio:40 años de una gesta

 

Por Víctor López / Especial para En Rojo

A Quique Ayora Santaliz, Quijote, Patriota y Guerrero, artifice de la creacion de la APAD

Me placer escribir para En Rojo este testimonio de algunas de las vivencias que vivimos en el año 1979 cuando nuestra Patria fue anfitriona de los Juegos Panamericanos que marcaron un hecho histórico en nuestro terruño.

Al cumplirse 40 años de ese histórico acontecimiento, deseo compartir con los fieles lectores de el periódico de la Nación algunos momentos que por lo menos a este servidor le cambiaron la vida para siempre, al extremo que contribuyeron a mis éxitos en el deporte en el ámbito internacional.

Como es de muchos conocido, el gobernador de turno, el autor intelectual del asesinato de los jóvenes Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, Carlos Romero Barceló, insistía que en la Ceremonia de Estado de la inauguración de los Juegos Panamericanos se iban a interpretar los himnos de Puerto Rico y el de los Estados Unidos de América, y además que se izarían las dos banderas, la monoestrellada y la pecosa representativa del imperio invasor que todavia nos tiene cautivos. 

Con motivo de luchar en contra de las metas del gobernador títere de los EUA, un número selecto de compañeros compatriotas deportistas, comenzamos a planificar cómo crear un movimiento nacional para hacer todo lo mas posible para evitar que nuestra soberanía deportiva fuera violentada. De manera que ese grupo selecto de compañeros nos citamos para llevar a cabo una reunión en mi casa del Barrio Turabo Arriba en Caguas y en esa tarde histórica se creó el movimiento conocido como La Asociación Puertorriqueña de Atletas y Deportistas (APAD), y que después de darle vueltas entre los compañeros que allí nos encontrábamos y que no dábamos con cómo llamar al movimiento, se le ocurre a nuestro hijo Antonio Luis de apenas 12 años y quien estaba oyendo nuestras discusiones, sugerir el nombre de la APAD y que fue adoptado por el grupo. Ese grupo de compatriotas deportistas que se encontraban en ese momento histórico de la creación de la APAD y que yo me recuerde estaban Quique Ayoroa, Armandito Torres, Elliott Castro, Roberto José Jiménez, Carlos Uriarte, David La Hoz y el atleta nacional Doel Bonilla, campeón del décalo. Se constituyó una directiva, la cual estaba compuesta por Quique como Presidente y Vice Presidentes, Armandito y este servidor. El resto de los integrantes de la directiva lamentablemente no los recuerdo. 

El objetivo inmediato de la APAD era reclutar la gran mayoría posible de atletas, periodistas, deportistas y todos aquellos que creían en la soberania deportiva de Puerto Rico y a tales efectos se celebraron muchas asambleas a través de toda la Isla y el movimiento creció de una manera espantosa y fue tan impactante, que hasta la inteligencia de la policía le creó una carpeta, la cual la conserva Quique Ayoroa, quien es el custodio de la misma. 

Se planificaron una serie de estrategias y actividades para crear conciencia en el Pueblo sobre la llamada Ceremonia de Estado, y como este servidor era parte de la delegación del equipo de atletismo que nos representaría en los Juegos y vivía en la Villa Panamericana durante Los Juegos, se nos dio la encomienda de crear conciencia entre los atletas de la delegación y de divulgar de la manera mas efectiva posible entre las otras delegaciones visitantes y residentes de la Villa la defensa de que se respetara la soberania deportiva de Puerto Rico. Como históricamente ha sido, la delegación cubana se nos unió en esta tarea y nos ayudaron a pasquinar el lema de Una Sola en la Villa y una madrugada se nos unieron para poner una calcomanía de la bandera de Puerto Rico con el lema de Sola en todas las puertas de la habitaciones de los edificios de la Villa. En otra ocasión se organizó una demonstración y piquete con varios oradores en la Calle Fortaleza esquina Calle Cristo donde con la ayuda de Amado Morales y otros atletas compatriotas llevamos a una buen grupo de nuestros atletas desde la Villa a la manifestación, donde se nos habían unido los sindicatos y muchos hermanos puertorriqueños creyentes en la soberanía deportiva de la Patria. 

Hay muchas más anécdotas que merecen ser compartidas con ustedes y actividades que se llevaron a cabo que yo espero que alguno de los compañeros del movimiento compartan con los lectores. 

En el plano personal, en el 1978 yo renuncié a mi posición de profesor y entrenador del Colegio Universitario del Turabo, luego Universidad del Turabo y ahora Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo y fui contratado como profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey. Estando en la UPR Cayey es que surge el movimiento de la APAD y cuando los periódicos publican la creación del movimiento la foto que publican es una foto mía. Al otro día de publicarse la noticia con mi foto, me llaman de la oficina del rector del campus de Cayey, Herminio Lugo Lugo quien me confrontó con el artículo y mi foto y me dijo que eso no me convenía a mi. Testigo de este encuentro estaba en la oficina del rector el seudo deportista Víctor Manuel Madera, en aquellos momentos decano de administración de la UPR Cayey y quien se retrató como chota y una persona represiva pues fue quien alertó al rector sobre mis asuntos personales e ideales patrióticos. Regresé a mi oficina y me reunó con mi amigo/hermano Agustín Flores quien era el Director del Departamento de Educación Física y Atlético de la UPR Cayey y me manifestó que se había enterado que al finalizar el año académico no me iban a renovar el contrato. Me manifestó Agustín que él se opondría a eso y que daría la batalla que fuera para que eso no sucediera. Yo le manifesté a Agustín que no se preocupara que ya yo tenía planes de irme del país para hacer mis estudios doctorales. Logré conseguir una beca para estudiar el doctorado en la Universidad de Houston, donde había estudiado mi bachillerato y cuando llegué a nuestra casa en el barrio Turabo Arriba de Caguas, le manifesté a Evelyn que nos exiliaríamos ya que iba a perder mi trabajo en Cayey y ya yo tenía todo preparado para irme a estudiar el doctorado y ya le estaba haciendo gestiones con mis amistades en Houston para ella para que trabajara en el distrito escolar de esa ciudad donde habíamos trabajado de maestro y había dejado muchas puertas abiertas. Evelyn como militante del PSP y su entrega total a la libertad de la Patria me dijo que por encima de su cadáver yo la sacaba de Puerto Rico. Logré convencerla y nos marchamos a Houston donde permanecimos 26 años y donde también plantamos bandera hasta el día de hoy. Lo demás es historia y en algún momento contaremos lo que logramos a través de esos 26 años en Houston para seguir luchando por nuestra Patria y la Soberanía Deportiva y Absoluta a la cual seguimos comprometidos. 

La surreal realidad de un levantamiento popular

 

 Por Giancarlo Vázquez López / En Rojo

Me propongo hacer de este escrito algo más o menos subconsciente e inconsciente. Tal vez algo automático. Intento describir fielmente el escenario que hemos presenciado en los últimos días. 

Partiré desde lo más orgánico de mi psique, sin la preocupación de que quien me lea lo entienda o no. Pero estoy seguro de que será comprendido. Aunque todo lo sucedido da la impresión de trascender lo real y situarse en el terreno de lo imaginario y lo irracional, dentro de las dimensiones de este canvas pintoresco es lo que es. 

Un jinete cabalgando un equino doméstico cuyas largas patas competían contra las ruedas veloces de un sinnúmero de motoras todo terreno. Un dron anaranjado, cuyo precio alcanza irracionalmente los $500 luego del huracán, cayendo sobre el parabrisas de una patrulla que transitaba por la autopista. Un gobernador (o exgobernador) con cara de lechuga. 

Los artistas Residente, Bad Bunny, Ile, Ricky Martin, Tommy Torres, Karla Monroig, PJ Sin Suela y Benicio del Toro se dirigieron a la multitud frente al Capitolio lista para peregrinar hacia la Fortaleza el miércoles 17, en la tarde. Estas celebridades llegaron para expresar su apoyo al reclamo de un pueblo que exige la renuncia inmediata del “gobernador”. 

“¡Ese es el Ricky que queremos!”, exclamaba el público a Ricky Martin.

Cada uno de ellos ofreció su respectivo mensaje. Todos instaron a la unificación de el pueblo para combatir la corrupción sobre las ideologías políticas. También criticaron con mucho resentimiento los comentarios hechos por Ricardo Rosselló y su jauría de perros hediondos. 

“¿Cuál será el resultado de todas estas movilizaciones?”, me preguntaba yo mientras marchaba y recopilaba material para escribir estas lineas para En Rojo. 

Observaba todo sin dejar de pensar en aquel gran pintor y amigo de Federico García Lorca: Dalí. Todo lo que sucedía dentro de las dimensiones infinitas de tal canvas era arte de vanguardia. 

Decidí tomar un descanso, ya había caminado mucho a través de ese gran texto que va desde el Capitolio hasta la plaza Colón. Allí me senté en la acera, me derretía como el famoso reloj pintado por Salvador.

Como si se tratara de un sueño vi pasar nuevamente la guagua de la UTIER y sobre su capota Ricky Martin, Residente, Mayra López Mulero, PJ Sin Suela y Bad Bunny. Algunos de ellos sosteniendo con su puño izquierdo al aire la bandera de Puerto Rico. El periodista estadounidense David Begnaud también estaba allí. 

Cayó la noche, aproximadamente 400 mil personas se habían conglomerado en las calles aledañas a la fortaleza, un oficial de la Policía de Puerto Rico dio por terminada la manifestación diciendo que ya no estaba protegida por la Constitución del Estado Libre Asociado. El oficial Escalera no le rindió cuentas a nadie, simplemente sostuvo que se formó un motín y tomó la decisión. 

Luego hubo enfrentamientos pero cuando todo parecía haber acabado llegaron las motoras. Una estala de luz atravesó las calles del Viejo San Juan, era el Rey Charlie dirigiendo a cientos de motociclistas hacia la Fortaleza. Entre ellos el cantante de música urbana Ñengo Flow. Residente no perdió tiempo y se montó con Ñengo. 

Para terminar esta tragicomedia que raya entre lo real y lo surreal, después de dos semanas de manifestaciones consecutivas el gobernador cara de lechuga en su terquedad pueril de niño engreído todavía cree que puede “restaurar su confianza” y sostiene que ante todo este panorama tiene “el compromiso más fuerte que nunca”.