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Acuerdos con la Junta que nos empobrecen cada vez más

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La organización SOMOS solicitó intervenir en el caso para impugnar el acuerdo de reestructuración de la deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Este es un paso más allá de denuncia del acuerdo de reestructuración al que llegaron la Junta de Control Fiscal (JCF) y el Gobierno de Puerto Rico, por ser “un intento más por descargar sobre las familias trabajadoras el pago de una deuda”.

En conferencia de prensa, el licenciado Manuel Rodríguez Banchs, miembro de SOMOS, reiteró las denuncias que han manifestado otras organizaciones de que el acuerdo no es una buena transacción para Puerto Rico. El acuerdo aumenta la tarifa para los consumidores durante décadas, tiene condiciones demasiado generosas para los bonistas, mientras que para los consumidores representa el sacrificio, y desalienta la transición de la energía renovable, lo cual es un asunto ineludible si se quiere atender la crisis climática que existe en Puerto Rico, que afecta también el planeta. Además, no provee el alivio que necesita la AEE para que se pueda recuperar y pueda operar sin tener que recurrir a mediano plazo a reestructurar la deuda nuevamente.

La solicitud se presentó el miércoles 5 de junio, la fecha límite para solicitar intervención. Los informes periciales deben presentarse el 17 de junio y la vista será el 24 de julio. Todas esas acciones ocurrirán en la sala de la juez Laura Taylor Swain, del Tribunal de Estados Unidos en Puerto Rico.

Rodríguez Banchs informó que además de la intervención en el tribunal, SOMOS se estará sumando a la convocatoria que hizo la organización Un Pueblo Unido, para una manifestación mientras se esté dando la vista, el 24 de julio, frente al Tribunal Federal en la calle Chardón. “Queremos dejarle saber a la juez y a todos los acreedores que rechazamos ese acuerdo que va a condenar a futuras generaciones a sufrir carencias de un derecho humano, como lo es el acceso a la energía eléctrica”.

Mientras, Josué McGrath Rosario, también de la junta de directores de SOMOS, reclamó que el interés en acudir al tribunal es darle voz a la mayoría de la población, que ha estado excluido de todos estos procesos de quiebra que se han estado realizando, al presentarles un estudio de peritaje y las iniciativas educativas y de movilización de otras organizaciones.

Rodríguez Banch recalcó que además de la intervención legal es importante la movilización en la manifestación y votar en el referéndum que, como parte del proceso de quiebra, se supone lleve a cabo el tribunal en algún momento. Aunque indicó que todavía no se ha definido el contenido de la clase que pueda votar, se supone que esta sea los consumidores. 

Un acuerdo en contra de los servicios esenciales

El economista José I. Alameda, quien es asesor de SOMOS y que sirvió de perito para la intervención de la UTIER y PROSOL UTIER en el caso de COFINA, denunció que el acuerdo de la AEE se parece mucho al de COFINA en que Puerto Rico no puede pagar su deuda. Citó que estudios como el de Espacios Abiertos, de los economistas Martín Guzmán y Josepf Stigliz, han señalado que Puerto Rico lo más que podría pagar de una deuda es de 30 a un 35%.

“Aquí lo estamos haciendo al revés. El pago a los bonistas es de 70% y estamos recortando un 30%, en vez de un 70%. Ese tipo de condición nos lleva a que fundamentalmente estamos garantizando el pago total cuando debería ser mucho menor, menos generoso”, denunció Alameda.

Además de Alameda, trabajaran en el caso el Centro para la Nueva Economía y el Instituto de Competitividad, organización que agrupa a industriales. El economista censuró que aun cuando la Ley PROMESA mandata que se definan servicios esenciales, esto no se ha hecho. Destacó la importancia de que una vez definidos, eso es intocable. “Eso se sabe. Pero en Puerto Rico no se ha hecho, por lo que se están atacando servicios esenciales y están entrando en acuerdos muy onerosos, como en este caso, y parece que se va a seguir con esa misma metodología en las obligaciones generales”, es decir los llamados GBO”. Alertó de que continuar con este tipo de acuerdos generará un detrimento en la calidad de vida.

Alameda comentó que la demanda por la energía está bajando y que según baje la demanda los puertorriqueños vamos a tener que pagar una cantidad exorbitante de dinero. Según sus estimaciones, por ahora, esta cifra podría estar por encima de los $4 mil millones, lo que afectaría mayormente a las personas con menos ingresos. Explicó que el aumento en la tarifa se ve como un impuesto regresivo, al ir aumentando de dos a cinco centavos. Expresó que, “es obvio que ante este escenario, cualquier institución que se respete y quiera el bienestar de los puertorriqueños tiene que rechazar un tipo de acuerdo de esta naturaleza. Que hay que pagar sí, pero las condiciones que estamos pagando son muy generosas con los bonistas que han incurrido en riesgo de comprar bonos”.

Respecto al cargo de transición y su impacto en la economía explicó que esta no es una estructura de precios basada en los costos de producción, sino basada en una estructura del servicio de deuda. Se garantizan los intereses, provocando que a largo plazo el pago sea mayor de lo que se debe. Expresó que espera que el estudio que está trabajando junto a otros economistas sirva de muro de contención para un acuerdo de esta naturaleza, que es nefasto para la economía y la ciudadanía puertorriqueña.

La privatización voló en cantos

A preguntas de CLARIDAD de cómo negociar el pago de la deuda en medio de un proceso de privatización, Alameda reaccionó: “Lo que pasa es que la privatización siempre viene en las cajas mágicas. La deuda la pagan los consumidores, los costos y la ganancia se la lleva el privatizador”.

Explicó que la estructura diseñada para el pago de la deuda es una en donde se le elimina el riesgo al que privatiza. Denunció que, de hecho, el problema de la AEE es que el proceso de privatización “voló en cantos”. En ese sentido, expuso que la AEE genera el 65% de la energía, AES de Guayama produce el 14%, ECO Eléctrica, el otro 14%, y otras pequeñas empresas, las llamadas cogeneradoras, producen energía que se la venden a la AEE, se supone, que a un costo debitado de centavos. Estas empresas cogeneradoras no invierten en la transmisión, que es lo más caro. Eso lo tiene que hacer la AEE. Afirmó que con la privatización lo que van hacer es un concesionario y no van a vender la AEE, sino que lo que se va hacer es un alquiler. Ni siquiera será una alianza público privada porque en una alianza el capital lo trae la empresa privada.

Alameda denunció que lo que harán los “privatizadores”, será usar el dinero que viene de los fondos federales, por lo que cuestionó qué riesgo tendrían, si en efecto ya la generación está privatizada y hasta ahora ningún privatizador ha comprado ninguna planta. Explicó que privatización es coger el activo público, pasarlo al sector privado y que sea el sector privado quien determine. 

El economista afirmó que la ley de privatización ha dejado cosas sueltas como qué va a pasar con los subsidios a los municipios y a quién le cobran los pasos de servidumbre que están en manos de la AEE y se los renta al sector privado. Agregó que aquí es que surge el problema, porque el privatizador viene y monta una planta y hace un contrato con la AEE y le vende a 11 centavos el kWh a quien sea que vaya a transmitir; pero el pago de esa deuda no está en manos de ese privatizador, ya que no está en la estructura de costos de producción, sino que será un cargo adicional a todos los consumidores para pagar en un bolsillo aparte.

Al coincidir en que ni la negociación de COFINA ni la de la AEE, alcanzados por la JCF son buenas para el país, Alameda criticó al gobernador y al director de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal Christian Sobrino por que en un proceso de quiebra, en ninguna deuda no asegurada, se recobra tanto como lo que se está haciendo en Puerto Rico, “es una perogrullada decir que hemos hecho un gran acuerdo. Decir que de 100 dólares que les debíamos a los bonistas les vamos a pagar 70… ¡gran cosa!”, concluyó.

Oferta Mefistofélica

Por Francisco A. Catalá Oliveras

Especial para CLARIDAD

La fantástica asamblea de líderes del país se llevó a cabo hace varias décadas. El único asunto en la agenda era lo que se anunció como oferta mefistofélica sin precedentes. Mefistófeles, imperiosamente convincente, habló con voz grave y firme a la vez que lisonjera: “Acepten el acuerdo que se les ofrece. Podrán modernizar su atrasado país con un programa de industrialización rápida e intensa a base de inversión directa externa inducida por exenciones tributarias y el privilegio de acceder libremente al mercado de Estados Unidos. No se transitará de las cosechas tradicionales a la producción de alimentos pero verán valles y colinas colmarse de urbanizaciones para albergar la creciente población. La que sobre –continuó Mefistófeles esforzándose por suavizar su potente voz– será bienvenida acá, en el Norte, justo donde tengo mis cuarteles generales. Después de todo, somos conciudadanos. Digo, me incluyo…por aquello de…”

Cuentan que entonces se escuchó un trueno ensordecedor y Mefistófeles calló. Luego se supo que el trueno no era otra cosa que un punto final para marcar una pausa. Es conocido que los grandes espíritus disponen de innumerables y poderosos recursos teatrales.

El silencio fue prolongado. El liderato, en trance fáustico, lucía sobrecogido. Por fin, uno de ellos, el que parecía más decidido, levantó tímidamente la mano. Intentó decir algo –a saber qué– pero, de inmediato, Mefistófeles lo disuadió con un gesto que indicaba que no había terminado. Es por todos sabido que a estos espíritus les disgustan las interrupciones, incluso de sus pausas.

Al reanudar su alocución cambió el tono. Se tornó conspirativo, estrategia adecuada para el reclutamiento de cómplices. Parecía, probablemente por efecto de sus legendarias artes taumatúrgicas, que toda la asamblea repetía sus palabras. 

Mirando fijamente con ojos enrojecidos a la concurrencia señaló, con cierta ironía, tal vez en alusión a la competencia espiritual o, quizás, como alarde de inusual modestia, que no esperaran milagros: “Esto no se trata de milagros. Todos tienen que poner manos a la obra. Puesto que la industrialización viene de afuera, para allá también irán las ganancias. No se preocupen. Algo les tocará… quiero decir que algo siempre se derramará hacia la economía del país. Claro, lo que se derrame lo irán recogiendo los comercios del exterior acompañados, no faltaba más, de algunos chinchorros locales. En realidad, los empresarios de aquí no dan para mucho… No se generarán suficientes empleos, pero por esto no hay que preocuparse más de la cuenta. La puerta de salida permanecerá abierta y, aun más importante, podrán acceder a algunos programas de asistencia pública. A cambio tienen que eliminar la cantaleta de la justicia social y predicar agradecimiento a la beneficencia. Además, no olviden circunscribir la reforma agraria al manejo de bienes raíces. Por poco olvido advertirles que cabe esperar daños colaterales. Siempre los hay. Por ejemplo, los procesos de industrialización y urbanización se acompañarán de deterioro ambiental. Hagan caso omiso del mismo. Invoquen constantemente el progreso y el desarrollo. ¡Qué la fuerza del mercado esté con ustedes! Ahora voy a cerrar con algo muy importante.”

La anticipación de “algo muy importante” suscitó la expectación necesaria. “Ahora viene lo bueno”, se decían unos a otros. Rememoran algunos de los que estuvieron en la diabólica reunión que imperaba una actitud infantil, parecida a la del niño goloso a la espera del dulce.

El Emperador de las Tinieblas bajó la voz casi al nivel de susurro de suerte que su propuesta cobrara la forma de un secreto entre cuates. Sin embargo, por extraño sortilegio, era perfectamente audible en todos los rincones del auditorio. Queda y lentamente, midiendo cada palabra, reveló el último punto del acuerdo: “Se creará una criatura política que se llamará Estado Libre Asociado que, por virtud de que el acto gestor se realizará en la naturaleza de un pacto, no será ni estado, ni libre, ni asociado ni… Es decir, representará la síntesis de ser y no ser, lo que equivale a nada. Ustedes se ocuparán de invocarlo como si fuera algo. Por otro lado, lo único que tienen que hacer es ceñirse al papel asignado en el drama de la Guerra Fría”.

El aplauso no se hizo esperar. Fue de tal magnitud que todavía hoy día se escuchan sus ecos. “Hemos logrado una salida”, exclamaban a coro los entusiasmados líderes. Mefistófeles estaba complacido. Estos espíritus gustan de aplausos y alabanzas.

Han transcurrido muchos años desde el mefistofélico acontecimiento. Durante algunos pareció que el país se iniciaba en la riqueza. Pero no tardó mucho en hacerse patente el terrible efecto de la subordinación política, de la confusión cultural, de la desaparición de la cultura de los pueblos pequeños sin el desarrollo de una efectiva cultura citadina, de la disfuncionalidad del mercado laboral, del desbarajuste demográfico, del descalabro agrícola, de la desnacionalización de los activos productivos, de la remisión de ganancias hacia el exterior, de la degradación ambiental, de la pobreza, de la desigualdad, de la profundización de la dependencia, de la erosión fiscal, de la insostenibilidad de la deuda, de la corrupción, de la descomposición social… A la evidente carencia de verdadero desarrollo se suman ahora los empobrecedores planes fiscales y ajustes presupuestarios ordenados por la Junta de Supervisión (Control) Fiscal y las reformas orientadas al desmantelamiento institucional protagonizadas por la administración gubernamental. ¡Qué dúo!

 El efecto de todo esto puede resumirse en una palabra: disolución. Los que detentan el poder dan la impresión de estar empeñados en desdibujar al país.

De haber anticipado semejante desenlace –como, de hecho, advirtieran algunas voces críticas– ¿hubieran aceptado los líderes de entonces la oferta mefistofélica? Imposible saberlo. No obstante, si para contestar esta interrogante se usara como guía la conducta y las aspiraciones de los hijos de la “unión permanente” –azules y rojos en sus diversas tonalidades– la respuesta se inclinaría hacia el lado afirmativo.

En realidad, unos y otros continúan con las mismas políticas de dependencia y de formación de enclaves de privilegiados fiscales. Ahora, gracias al entusiasmo de ambos con los beneficios tributarios provistos por las notorias leyes 20 y 22, se ha estado montando una comunidad de multimillonarios extranjeros con casas de lujo mientras los boricuas se ven obligados a emigrar. Siguen, tranquilamente, postulando la sumisión política como si fuera regalo de los dioses. No faltan propuestas descolonizadoras falsas y engañosas: unos abogan por la emasculación de todo un pueblo; otros añoran antiguos “pactos” y sueñan con nuevas ofertas mefistofélicas. La pura verdad es que les resulta más fácil la discusión en torno a las baratijas de la quincallería política que el esfuerzo que requiere el diseño del andamiaje institucional para enfrentar los problemas de fondo del país.

Mientras tanto, Mefistófeles, indiferente, se ocupa de otras almas. Su sentencia sobre Puerto Rico es clara: “Todo se ha consumado: promesas cumplidas, almas conquistadas”. Cuentan sus allegados que cuando le mencionan el tema se refiere burlonamente al “país de comedia” y rompe a reír a carcajadas de manera incontrolable hasta el extremo de bañarse en lágrimas sulfurosas. Es de conocimiento general –el que a estas alturas no lo sepa no tiene remedio– que estos espíritus malignos no tienen la sensibilidad para captar crisis o tragedias ni, mucho menos, para llorar ante ellas. Solo ríen…

Editorial: Magisterio, colonialismo y entrega

Mediante un proceso oscuro, secreto y en el que no se informó a los implicados y apenas se les ha dejado tiempo para considerar su impacto, la Asociación de Maestros de Puerto Rico (AMPR) anunció la negociación de un acuerdo “tentativo” con la Junta de Control Fiscal (JCF) sobre las pensiones y otras áreas de las relaciones obrero patronales entre la sindical que representa a nuestros maestros y maestras y el ente federal. 

El llamado acuerdo –que no será final hasta que sea ratificado el proceso para aprobar el plan de ajuste del gobierno central– está siendo consultado con la matrícula de la AMPR, votaciones que se conducen aún al cierre de esta edición de CLARIDAD. Se trata de un convenio colectivo a un término de solo cinco años entre la Asociación de Maestros y el organismo fiscal impuesto sobre Puerto Rico por el Congreso de Estados Unidos. De ratificarse, dicho acuerdo obligaría al gobierno de Puerto Rico aunque no fue negociado con el gobierno de Puerto Rico.

¿Por qué la Asociación de Maestros hizo este acuerdo? ¿Por qué decidieron negociar con el ente fiscal en secreto y sin informarlo ni discutirlo con su matrícula? Aunque en sus expresiones públicas, la presidenta del gremio magisterial, doctora Aida Díaz, haya sido parca y aducido al interés de defender las pensiones de los maestros y maestras, amenazadas ahora por la tijera de la JCF, detrás del acuerdo hay mucho más. La propia Díaz ofrece algunas claves. Por ejemplo, su admisión de que no fue la AMPR la que negoció el acuerdo, sino la “American Federation of Teachers (AFT)”, la poderosa organización magisterial de Estados Unidos, que es la que realmente dirige y maneja los hilos en la AMPR. Para efectos de la AFT, la AMPR es una filial que necesita negociar un convenio en medio de un atípico proceso de quiebra fiscal, y bajo el control de una Junta encargada de encaminar dicho proceso. ¿Para qué, entonces, negociar con el gobierno de Puerto Rico, si aquí quien manda y decide es la JCF? La negociación, entonces, se da entre dos entidades estadounidenses, mientras la filial “territorial”, que no tiene poder ni recursos para negociar nada, solo observa y acata. 

La doctora Díaz alega, además, que durante la negociación se hicieron, sin éxito, intentos por lograr un acuerdo mejor que el pactado. Lo que ella no parece comprender es que ése es el resultado de negociar en cuartos oscuros, desde la debilidad y con una matrícula desmovilizada, que no está en la calle luchando por sus derechos. Con este acuerdo parece haberse hecho realidad una nueva versión de aquella máxima patronal que dice que cualquier trabajo es mejor que ningún trabajo. Este convenio de la AFT a nombre de la AMPR es la profecía cumplida de los débiles que se conforman con lo menos porque no se atreven a reclamar lo más. Los maestros y maestras seguirán desprotegidos al cabo de los cinco años del convenio, mientras las arcas de la AMPR y de la AFT se seguirán llenando con las cuotas, y engordando los salarios y beneficios de los burócratas sindicales que las dirigen. ¿Se habrán dado cuenta de esto los maestros y maestras de nuestro sistema público? 

Mantener intocadas las pensiones de nuestros retirados del servicio público- las cuales están muy por debajo de lo que necesitan para afrontar el alto costo de la vida en Puerto Rico- debería ser un asunto prioritario y de principios para las organizaciones sindicales del país, la mayoría de las cuales tienen matrículas sujetas a los recortes de pensiones decretados por la JCF. Defender ese principio exige no sólo la mayor concentración de esfuerzos y recursos, sino una actitud de nobleza, desprendimiento y solidaridad entre los distintos sectores del movimiento sindical puertorriqueño. Exige, además, una total transparencia hacia sus matrículas para que estas se conviertan en partícipes del proceso y no sean meros recipientes de decisiones tomadas a sus espaldas. No es permisible que el colonialismo sindical de las grandes uniones estadounidenses –las cuales defienden sus propios intereses– siga dictando la pauta en cuanto a los reclamos de los empleados públicos de Puerto Rico, sea respecto a la pensión o a cualquier otro de sus derechos adquiridos. Un convenio temporero y frágil, negociado desde la debilidad, y sin garantía de sostenerse más allá de los próximos cinco años, no puede ser la alternativa que se le proponga como buena al magisterio puertorriqueño en esta coyuntura crucial. 

Desde CLARIDAD, exhortamos a los maestros y maestras a leer e informarse de todos los detalles de este convenio antes de votar. Quiénes, por qué y cómo se benefician de este acuerdo son las preguntas obligadas sobre este proceso. La conciencia individual y de clase, la libre voluntad y los mejores intereses del magisterio en Puerto Rico deberán ser su mejor guía. 

La Junta lo ocupa todo

Por Manuel de J. González

CLARIDAD

Ricardo Rosselló anda de campaña con los pensionados. Sus encuestadores le han dicho que el posible recorte a las pensiones es uno a los asuntos que más preocupa a los boricuas y ha decidido hacer del tema uno de los principales de su ya en marcha campaña de reelección. Aun cuando la Junta de Control Fiscal (JCF) proyecta reducir las pensiones a partir del presupuesto que comenzaría en junio de 2020, Rosselló ubicó el tema en el centro de su “mensaje de presupuesto” y a partir de ahora ese será su caballito de batalla. 

El mensaje que emitió desde el acto de campaña celebrado en Ponce, (muy mal disfrazado como sesión de la Legislatura), supuestamente para resumir su propuesta de presupuesto, no fue más que un ejercicio de futilidad y Rosselló mejor que nadie lo sabe. Ya la JCF le notificó a la Legislatura el programa de gastos para el próximo año fiscal y, como ocurrió el año pasado, ese es el que regirá. A pesar de esa realidad de todos modos emitió el tradicional mensaje anual, aunque convertido en un alegato contra la JCF.

Mientras los políticos coloniales se entretienen en estos actos de campaña pre eleccionaria, se develaba un documento que dramatiza cómo ha desaparecido todo vestigio del gobierno propio que la mayoría de los puertorriqueños creyó tener a partir de 1952. Me refiero al acuerdo al que llegó la JCF con la American Federation of Teachers (AFT), entidad a la que está afiliada la Asociación de Maestros de Puerto Rico (AMPR). La discusión pública en cuanto a este documento se ha centrado en lo referente al plan de pensiones, pero el acuerdo afecta muchos otros temas que sólo un gobierno debería abordar. Lo que ese documento evidencia es que la JCF ha decidido utilizar al máximo los poderes que le dio el Congreso de Estados Unidos dejando de lado las apariencias de “respeto” al gobierno electo que intentaron proyectar al principio. 

Conscientes de que la JCF ya decretó que a partir de 2020 se recortará progresivamente el ingreso de los pensionados, y que en ese y otros renglones en la actualidad no existe ninguna garantía para los trabajadores que representan, la AFT-AMPR negoció un nuevo convenio colectivo que cubre todos los aspectos que de ordinario atiende un gobierno en funciones. Además de lo referente al plan de pensiones, el documento divulgado especifica las normas a seguirse en caso de que haya despidos en el Departamento de Educación, los servicios médicos que se le ofrecerán a los maestros, la información que ese Departamento debe proveer cada año en relación con sus finanzas y, como puntillazo final, dispone que, en caso de que el que se produzca un excedente en el presupuesto, parte del mismo irá a un fondo para beneficio del magisterio. Ni los días de fiesta que le aplicarán a los maestros quedaron fuera.

Sin que ningún oficial del gobierno electo por los puertorriqueños hubiese participado en su negociación, el acuerdo entre la JCF y la AMT-AMPR establece con claridad que el mismo obliga tanto a la JCF como al “Commonwealth”. En el asunto específico de los retirados se dispone que el “Commonwealth” creará un Fondo de Reserva para Pensiones, pero que no podrá administrarlo. El fondo estará en un fideicomiso (“trust”) bajo el control de entidad independiente que será seleccionada posteriormente mediante requerimiento de propuestas. 

En el documento hecho público, la JFC dejó abierta la puerta para que lo negociado con la AMT-AMPR también esté disponible para otros empleados del sector público, siempre y cuando éstos expresamente acepten los términos contenidos en el acuerdo incluyendo el Plan de Ajuste para las pensiones. Si lo negociado con los representantes legales de la AFT se vuelve final (ahora mismo la matrícula AMPR está votando si lo acepta o no) muy pronto veremos a los otros sindicatos sentándose a negociar con la JCF todo lo relacionado con los salarios, servicios médicos y planes de retiro de sus afiliados. Para esa negociación tendrían el aliciente adicional de que les saldría de gratis. Una de las provisiones del acuerdo divulgado es que la JCF, es decir, el pueblo puertorriqueño, rembolsaría a la AFT-AMPR sus gastos legales y de otro tipo (“professional fees”) que hayan incurrido. Mientras se redactaba este artículo, el sindicato Servidores Públicos Unidos (SPU) informó en conferencia de prensa que también ha estado negociando con la JCF y ya existe un “preacuerdo” con la entidad. 

Consciente de que cada vez más su marco de acción se le reduce ya que la Junta decide qué y cómo se gasta –y hasta los días de fiesta que disfrutarán los trabajadores del sector público– Rosselló concentró su discurso en Ponce en un ataque a la JCF. En ese tipo de mensaje, sobre todo cuando está cerca una nueva elección general, el gobernador de turno descarga contra los partidos de oposición, pero en este caso ese papel le fue asignado al organismo federal. No obstante, a parte de la queja y el crujir de dientes no hubo ningún llamado a alguna acción concreta. 

Si algún gobernante electo por los puertorriqueños de verdad convocara a resistir las acciones de la Junta impuesta, seguramente encontraría eco en el pueblo. De hecho, las únicas acciones de resistencia y protesta contra la JCF las han realizado grupos de ciudadanos, mayormente jóvenes, por su cuenta. Ese llamado a la resistencia nunca vendrá de parte de partidos políticos que sólo piensan en allanarse el camino a la gestión pública para manejar desde allí el presupuesto que les determina la Junta. La repartición de contratos y el disfrute de los cada vez más reducidos espacios de poder que deja el coloniaje sigue siendo el norte de esta gente. La actual campaña de Rosselló contra la JCF es tan solo parte de la estrategia electoral hacia la reelección. Mientras él cacarea la Junta actúa. 

«Este supuesto acuerdo es muy prematuro»

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD 

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Los resultados de las votaciones sobre el acuerdo entre la Asociación de Maestros de Puerto Rico (AMPR) y la Junta de Control Fiscal (JCF) sobre el sistema de retiro se darán a conocer el día que sale esta publicación, el jueves, 13 de junio. 

El proceso comenzó el viernes 7, con el voto adelantado en las Oficinas Regionales de la Asociación de Maestros y concluyó el sábado 8. Los maestros activos, permanentes, probatorios y transitorios votaron durante lunes, martes y miércoles para decidir finalmente si ratificar o rechazar ese acuerdo. Según sostuvo la presidenta de la Asociación Aida Díaz, el acuerdo es uno tentativo que dependerá del aval o rechazo del magisterio. 

Pero representantes de distintas organizaciones magisteriales reclamaron que la dirección de la Asociación no les incluyó en las negociaciones. En el mismo comunicado donde expresa que el acuerdo no está escrito en piedra, la señora Díaz dice que “La AMPR y la AMPR-Local Sindical negociaron junto con la AFT un acuerdo tentativo con la JCF para el retiro de los maestros activos”. 

La AFT (American Federation of Teachers) es un sindicato estadounidense que representa a la AMPR ante el Comité de Acreedores No Asegurados que trabaja directamente con la JCF.

El licenciado Rolando Emmanuelli, experto en quiebras y quien litiga en el tribunal federal, catalogó de incomprensible la decisión de la Asociación de anunciar el acuerdo y, además sugirió cuestionar ese término basándose en que lo que propone la Asociación. 

“No es un acuerdo realmente. El asunto es que no ha sido totalmente transparente porque, primero, lo que ellos [la Asociación] han divulgado es un resumen del supuesto acuerdo y, segundo, que no es solamente sobre el retiro, ellos negociaron el convenio colectivo. Lo cual es significativo porque el trámite que ellos han seguido es totalmente irregular con relación a la Ley 45 y a sus constituyentes” 

Se supone que haya habido algún proceso previo de información sobre las cláusulas que se están negociando, sostuvo el licenciado. Por lo tanto, líderes magisteriales reclamaron que todo se hizo a la ligera, que se negoció a espaldas del magisterio y que no hubo garantías de transparencia ninguna en el proceso de votación que se llevaría a cabo hasta mediados de esta semana. 

Emmanuelli aclaró en una entrevista radial que no se le puede llamar a esto un mero acuerdo de retiro. El licenciado explicó que se trata de un acuerdo integral que va a incluir todas las cláusulas del convenio y, por ende, habría que darle cumplimiento a los trámites de la Ley 45 para llevar a cabo estos procesos. 

Lo que es bien difícil de entender es por qué la Asociación entra en un acuerdo si el Gobierno, como socio en la mesa de negociación, estaba a favor de los maestros y en contra de los recortes, cuestionó el experto en quiebras. Afirmó que es el Gobierno quien tiene el poder de aprobar la legislación para que se den o no los recortes de las pensiones. 

“La sección 314 de PROMESA dice que para que se pueda confirmar un plan que tenga unos recortes de esa naturaleza hace falta la legislación habilitadora y, si el Gobierno se tranca y no legisla, no hay recortes a las pensiones. Entonces, la Junta tendría que buscar ese dinero en otro lugar. De seguro va a golpear los servicios esenciales y la Universidad porque no va a querer molestar a los acreedores”, abundó.

“Me parece que este supuesto acuerdo es muy prematuro y derrotó una posición de negociación bien fuerte que tenía ante la postura del Gobierno de no querer bajar las pensiones. Es lamentable porque eso puede descarrilar también otras negociaciones que se vayan a dar”, criticó Emmanuelli. 

Según ha sostenido la Asociación, este “acuerdo tentativo” garantiza: una pensión asegurada, la creación de un fideicomiso en el que los maestros tendrían participación, la inclusión del Seguro Social, un convenio colectivo por cinco años, un bono del sobrante del presupuesto y un bono a la firma del acuerdo. También, se incluyó que si el gobernador obtiene mejor plan que este, se le aplique a todos los empleados públicos por igual.

La Asociación ha dicho que este acuerdo mejora lo que pretenden hacer la Junta y el Gobierno con el retiro de los maestros activos. Sin embargo, los maestros que se oponen señalan que, mientras la propuesta del Gobierno mantendría las pensiones a 55 de edad y 75% del salario, la organización pacta reducirlas a cambio de otros intereses. El acuerdo entre la JCF y la AMPR reduciría la pensión en muchos casos a menos del 1.8% y aumentaría la edad de retiro a 63 años a maestros que llevan más de 20 años de servicio. También avala la eliminación de una pensión mínima de $400. 

Una de las premisas que utiliza la Asociación para justificar el acuerdo es que se trata de bonos no asegurados y que por lo tanto hay que llegar a un acuerdo porque no se sabe lo que va a pasar ante el panorama inestable del Gobierno. Sobre este argumento el licenciado sostuvo que aunque las pensiones son créditos no asegurados, el Gobierno tenía la ventaja de cambiar la ley. 

“Según el propio resumen del acuerdo, se reconoce que si el Gobierno no legisla, el acuerdo se hace sal y agua. La propia Junta reconoce que hace falta que se cambie la ley”, dijo Emmanuelli.

Otras de las razones para los maestros oponerse al acuerdo, además de las ya mencionadas son: 

Con menos de una semana, la Asociación pretendía llegar a un acuerdo sin haber realizado el debido proceso informativo. Los maestros y las maestras han manifestado que ha reinado la desinformación en todo este proceso para tomar una decisión determinante sobre la vida de miles de personas. 

La consulta se hizo en plenas vacaciones mientras muchos maestros estaban fuera del país o realizando otras gestiones fuera del horario lectivo; la Asociación lleva negociando la entrega del retiro sin notificar ningún detalle a sus miembros, para saber el carácter de la negociación y darle la oportunidad al magisterio de hacer sugerencias o enmiendas.

El que se apruebe este acuerdo no compromete ni a la Junta ni al Tribunal a reconocer la deuda de los pensionados como asegurada, tal como el gobernador por medio de la ley 106-2017 así lo reconoce. 

Que el acuerdo se hace para pactar un convenio de 5 años y que no haya elecciones sindicales ni la posibilidad de elegir otra organización en el futuro. El efecto de una de las partes de ese acuerdo es crear el mecanismo para la Asociación imponer su plan médico a los maestros.

También avala la eliminación del bono de Navidad de $600; procedimientos para el despido injustificado; la acumulación de días por enfermedad a un día por mes a los contratados después del 4 de febrero de 2017 y establece escalas injustas de retiro para maestros con distintos años de experiencia.

Finalmente, el licenciado Emmanuelli explicó que tiene que haber un trámite de aprobación mediante el proceso formal de votación cuando se presente el plan de ajuste de deuda. Esto se llevaría a cabo luego del proceso de referéndum de la Asociación entre sus asociados para ver si la directiva cuenta con el apoyo de estos.

“Así que mientras no haya un plan, no puede haber una votación y, de hecho, en el documento, la Asociación se compromete a emitir y a hacer formar parte de ese plan una carta donde exhorte a los maestros a votar a favor, porque podrían llegar ellos a un acuerdo y el magisterio votar en contra. Fíjate todas las contingencias que hay para que esto pueda materializarse. Haberse lanzado a entregar derechos así es un error estratégico”, concluyó.