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El Renacimiento Neorrican aún vive: En torno a Papolítico de Jesús Papoleto Meléndez

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

El caso de las literaturas latinoestadounidenses se destaca por la inmediata voluntad de verse y examinarse como un fenómeno cultural, como una historia. Contrario a lo que pasa con muchas literaturas nacionales, la aparición de críticos e historiadores se da desde sus orígenes mismo de la misma. En muchos otros casos de las letras nacionales, ha tomado años, lustros, décadas, siglos antes de que se estudiara una manifestación literaria y que se colocaran las piezas que la componen en un orden específico para crear con ellas un gran cuadro. Así es, aunque hoy seguimos investigando el pasado en busca de raras piezas que aparecieron en el siglo XIX y en la primera mitad del XX para con ellas construir un cuadro más amplio del desarrollo de esa literatura. Pero, en verdad, el comienzo efectivo, no los orígenes remotos, de esa historia hay que buscarlo en las décadas de 1960 y 1970 con la aparición de obras que verdaderamente responden a una definición de neorrican. 

Veamos algunos hitos que pueden servir para crear esa historia. En 1967 apareció Down These Mean Street de Piri Thomas; en 1971, Puerto Rican Obituary de Pedro Pietri; en 1975 la obra de teatro de Miguel Piñeiro titulada Short Eyes, obra que llamó mucho la atención y obtuvo el reconocimiento de la crítica neoyorquina; en 1978 Miguel Algarín publica su poemario titulado Mongo Affair, pero ya tres antes los mismos Algarín y Piñeiro habían publicado Nuyorican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings, la primera recopilación que recoge la obra de diversos escritores que quedan asociados al llamado Renacimiento Neorrican: Algarín, Piñeiro, Sandra María Esteves, Pedro Pietri, José Ángel Figueroa y Jesús Papoleto Meléndez, entre otros que no continuaron produciendo y hoy son meros nombres olvidados componen el cuerpo de esa importante antología. Hay que apuntar que un año antes de la aparición de esta, había aparecido un disco de larga duración titulado escuetamente “Canciones y Poesía”, producido por un grupo de cantantes y poetas que tenían un nombre también escueto, “El Grupo”. Las canciones que se incluían en este disco eran todas en español y quedaban encuadradas en una corriente muy popular entonces, la Nueva Trova. Un argentino residente en la ciudad de Nueva York, Bernardo Palombo, y un puertorriqueño que se destacaba por su activismo político y cultural, Rafael Rodríguez Abeillez, fueron los motores detrás del disco y de las actividades del grupo que reunía, eso sí, a poetas que comenzaban a escribir en inglés o en una mezcla de inglés y español. Ente ellos se destacaban Pietri, Esteves y Meléndez. Pero, a pesar de la aparición del disco en el 1974, un año antes que la antología de Piñeiro y Algarín, hay que tomar la misma como el verdadero hito que le da un certificado de nacimiento al movimiento neorrican.

Pocos críticos han estudiado este fenómeno literario y cultural con detenimiento y como una unidad. Tenemos, por suerte, el excelente estudio de Urayoán Noel, Invisible Movement: Neorican Poetry from the Sixties to Slam (Iowa City, University of Iowa Press, 2014). A pesar de las serias críticas que se le pueden hacer a este trabajo y que ya le he hecho (Centro, XXVII, 1, 2015), no cabe duda de la excelencia del mismo. Noel parte de una problemática premisa; establece desde el principio de su libro que esta poesía “should be considered as part of the postwar U.S. poetry (counter)tradition and in a complex diasporic context that cannot be reduced to national frameworks” (xvii). El problema mayor de esta premisa es que lleva al crítico a ignorar por completo la poesía escrita en español por puertorriqueños que vivían entonces en los Estados Unidos, rasgo innegable en el desarrollo literario de ese grupo y elemento que la separa de una historia literaria monolingüe, la de la cultura dominante, la escrita en inglés. A pesar de ello, las agudas observaciones de Noel sobre esta poesía son imprescindibles para cualquier futuro estudio.

Papoleto

Noel destaca o privilegia dos elementos de la poesía neorrican. Primero establece que “…Nuyorican poetry is inseparable from the city, from the distinctly Cosmopolitan space and diasporic histories of New York” (165). Segundo y quizás más importante aún es la oralidad que domina en esta poesía, oralidad que tiene sus ramificaciones y que puede ser problemática. “While there is doubtlessly a loss of lyric transcendence in most slam poetry (and, arguably in much contemporary print poetry as well), “tongue tactics” compensates for this lost by embracing the plenitude of performance.” (140). La oralidad en esta poesía es un performance y en muchos casos desemboca en plena teatralidad. Recordemos que mucha de la poesía neorrican ha servido de texto para dramatizaciones – piénsese, por ejemplo, en el poema de Pietri, “Puerto Rican Obituary” – y muchos de estos poetas han producido un número considerable de textos teatrales. Por el momento, y siguiendo las líneas de argumentación de Noel, quiero recalcar la oralidad y el performance de esta poesía.

La pregunta que obviamente surge, especialmente al llegar a nuestras manos un nuevo libro de Papoleto Meléndez, Papolítico: Poems of a Political Persuasion (New York, 2 Leaf Press, 2018), es cómo cabe en este amplio contexto literario este poeta y la respuesta es sin duda alguna que perfectamente bien. Pero antes de llegar a la conclusión hay que hacer un examen de la cuestión.

El poeta está íntimamente asociado a la ciudad de Nueva York donde nació, aunque por un tiempo vivió en California y el la frontera mexicana. Este se define sin duda alguna como puertorriqueño y en su poesía denuncia el sistema colonial que impera en la Isla. Sus posiciones políticas son de un nacionalismo de izquierda. Ha trabajado como facilitador en talleres de poesía para jóvenes y desde el 1970 hasta el momento había escrito cinco poemarios; ahora nos brinda el sexto. También ha escrito varias obras de teatro. La más significativa de estas, Hey Yo! Yo Soy (2014), es la dramatización de poemas suyos de un libro con el mismo título, lo que sirve como otra prueba más de la íntima relación entre poesía y teatro, relación que refuerza el carácter oral y dramático de esta. Nos encontramos, pues, con un poeta que cabe perfectamente bien los parámetros que Noel ha establecido para definir la poesía neorrican.

Por ello mismo surge otra pregunta importante: ¿Cómo cabe en ese contexto ya establecido por la crítica este nuevo libro de poesía? ¿Es la obra de Meléndez monolíticamente homogénea o hallamos en ella cambios? El examen de Papolítico viene, pues, al caso o, mejor, se impone para ampliar el cuadro crítico de esta poesía.

Como lo más típico de su obra, los textos incluidos en este nuevo libro se centran en lo urbano. La ciudad es para el poeta la “polis” y, por ello, toda su producción desemboca en lo político. No hay duda de ello; desde el título del libro el poeta así lo declara. Lo más importante es que este funde al poeta con la actividad social: Papo/político/Papolítico. La relación lleva a una profunda identificación. Pero lo interesante es que Meléndez ve la política como emoción y no como un hecho racional: “…my political perspective, though somewhat obscure, was a visceral rather tan intellectual experience for me.” (vii) Pero la política es el lente a través del cual el poeta lo mira todo, inclusive la epidemia del sida. Este rasgo no desencuadra con la amplia caracterización de la poesía neorrican. En el caso de la nueva poesía de Meléndez notamos que esta necesidad de describir las desastrosas circunstancias en que viven los latinoestadounidenses lo lleva al empleo de técnicas narrativas. Muchos de sus poemas tienen secciones que parecen cuentos escrito en renglones. 

Otro elemento que los estudiosos han declarado esenciales a la poesía neorrican es la oralidad, el performance o lo que Noel llama “tongue tactics”. Recordemos que este rasgo, según el mismo crítico, a veces funciona en contra de la creación poética, al limitar la expresión lírica. Lo mismo se puede decir de la identificación con un compromiso político. 

Pero, por el momento, enfoquemos la atención en la oralidad, en el performance. La neorrican, en general, es una poesía para ser oída, para ser declamada en voz alta, no para leerse en silencio y en privado. Esta característica la altera profundamente hasta imponerle estructuras rítmicas muy marcadas que la asocian con la música popular urbana, especialmente con formas populares afroamericanas. Este rasgo también obliga al poeta a dividir sus versos con pausas muy marcadas que responden, en última instancia, a patrones impuestos por la respiración que determina la declamación:

These UnNumBereD

OutNumBereD

OutLaWeD

Hard Workers

Become DoCuMenTed

Dead People

in the morgue

of a strage world,

 truly forgotten.

(“Tourism Up + Dow/Jones, 6 Pnts.”, p. 40)

La distribución de los versos en la página en renglones no seguidos, en entradas que varían y que forman escalas, no es algo nuevo; es un rasgo que vemos en la poesía al menos desde las vanguardias y que, más que con la oralidad, queda asociado con lo visual, con la presentación del poema en la página como objeto concreto.

Pero para entender plenamente mi argumento el lector tiene que leer –no oír– el poema ya que este, como la gran mayoría de los textos incluidos en Papolítico se acercan mucho a los caligramas de la vanguardia. Recordemos que estos se asocian a la pintura. Apollinaire, por ejemplo, cuando escribe los suyos intenta dibujar con la composición de las palabras la lluvia o la fuente o un caballo o la Torre de Eifel. Esto sólo ocurre en un poema del libro de Meléndez, “A Conversation with My Son”, donde el poeta le quiere enseñar a su hijo que la sociedad está estructurada en pirámides de opresión. Por ello el poema forma dos que se unen en sus puntas. En verdad en este poema no hay versos sino frases cortadas para poder formar las figuras geométricas que representan el tema del poema. Pero el lector, no el oyente, de estos poemas ve en casi cada páginas renglones que no siguen una estructura tradicional y, sobre todo, palabras que se escriben con letras mayúsculas en medio de ellas. Aquí, para mí, está el meollo del problema: el intento de crear una poesía visual contradice la característica dominante en las letras neorrican: la oralidad y el performance.

¿Qué finalidad tienen esas rupturas de las reglas léxicas? ¿Qué sentido tienen los versos presentados en un aparente desorden u orden nuevo en la página? ¿Por qué el poeta presenta de esa forma sus textos?

Una de las posibles explicaciones de este fenómeno caligráfico – recuerden que en el libro hay un solo poema que se puede ver como un dibujo con palabras – representa el deseo del poeta de captar gráficamente su dicción al declamar los poemas. Creo que sólo unos pocos de los muchos casos que se dan en Papolítico se puedan interpretar desde esa perspectiva y, en esos casos, la distribución separada en la página podría apuntar a pausas y silencios en la declamación del poema o a repeticiones de palabras o gritos. 

Pero no todos los casos se pueden entender desde esa perspectiva. Se hace particularmente difícil entender la escritura de palabras con letras mayúsculas internas. Si las mayúsculas aparecen para marcar un énfasis en la dicción, el frecuente empleo de esta técnica parecería llevar a una especie de tartamudeo al poeta imponer cortes internos en la palabra, cortes que muchas veces no son silábicos. El oyente de los poemas no tiene idea de la disposición de las palabras en la página, algo que es muy dramático para el lector a quien lo confronta constantemente palabras cuya grafía no responde a la pronunciación y versos distribuidos en la página que no llegan a formar imágenes, como ocurre en los caligramas, pero que no siguen el patrón tradicional de la presentación gráfica de los versos. A pesar de ello y para darle el beneficio de la duda al poeta, se podría insistir que esa presentación no tradicional de la página intenta marcar pausas y sentar normas para la declamación del versos. Sería como una forma de establecer el performance que el declamador debe seguir. Joel Kovel y DeeDee Halleck quienes escriben el prólogo a Papolítico parecen apuntar a esta idea al referirse al “… “cascading” style that dictates the beat and rhythm of his poems” (5). Pero los prologuistas se refieren al estilo y no a la presentación de los poemas en la página. Creo, por ello, que hay que buscar otra explicación.

La mía es sencilla. Jesús Papoleto Meléndez, como todo poeta, intenta hacer que su poesía cambie, sea nueva, crezca. Quiere que esta se desarrolle porque para él “[t[he Nature of Poetry is the Universal Empathetic Expression of the Spirit’ suffering of Human Experience” (s.n.), como establece en su dedicatoria a Papolítico. Recordemos que para este poeta lo político es afectivo y no racional. Por ello, creo que no nos ofrecerá explicaciones razonables sobre sus cambios poéticos. Su primera poesía, la que lo colocó de manera central en el contexto de la poesía neorrican, no era como la de su más reciente libro. Los tiempos cambian y los poetas y sus obras también, especialmente cuando estos quieren mantenerse al día. Creo, por ello, que estos juegos gráficos, estas violaciones de las reglar ortográficas, especialmente el incluir mayúsculas en el interior de las palabras, y estas experimentaciones con la manera de captar en la escritura el performance es la manera, quizás ingenua y poco efectiva, que el poeta emplea para que su poesía cambie, para que se vea nueva y de vanguardia. 

Pero, en el fondo, los cambios en Papolítico son superficiales. Lo que verdaderamente ocurre en este nuevo poemario de Meléndez es una representación más de la vieja y sabia filosofía de Guiseppe Tomasi de Lampedusa, el autor de El Gatopardo (1958). Este nos dice que todo debe cambiar para que todo permanezca igual. No todo cambia en la poesía de Meléndez; sólo cambia la superficie del texto: la escritura de algunas palabras, la distribución de los versos en la página, la tímida creación de un caligrama. Estos cambios apuntan a la confrontación entre la poesía oral y la escrita. Pero, en el fondo y a pesar de eso cambios que veo como superficiales, la poesía de Meléndez siguen fiel a los ideales de la neorrican. 

Papolítico es un poemario profundamente neorrican a pesar de esos cambios y aunque en algunos aspectos no lo parezca. Es por eso y no por sus cambios en la escritura y en la presentación de los poemas que hay que darle la bienvenida ya que viene a confirmar que el Renacimiento Neorrican aún está vivo.

Crucigrama: Ana Roqué

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____; ciudad natal de Ana Roqué, líder sufragista, escritora, pedagoga y científica puertorriqueña.

8. Disolución de sales u otras sustancias en agua, que se inyecta con fin curativo.

10. _____ Roqué Géigel; conocida también como Roqué de Duprey, apellido de su esposo. Autora de “Luz y sombra”, “Recuerdos del país del sol, novelas y cuentos antillanos” y “Estudio sobre la flora puertorriqueña”.

11. Monja.

13. En la mitología griega, hija de Urano y Gea, y esposa de Cronos, madre de Zeus.

15. Volteó.

17. Virtud teologal.

18. Ahora.

20. _____ Feminista Puertorriqueña; primera organización en pro de la mujer fundada y presidida por Roqué en en 1917.

23. Símbolo del aluminio.

25. Sexta nota musical.

26. Antigua moneda de oro del Perú.

28. Olfatearé.

31. _____, la obrera y otros cuentos; libro de Roqué publicado en 1895.

33. Elemento compositivo que significa ‘tierra’ o ‘la Tierra’.

34. Dicho de un anfibio: Que conserva durante toda su vida una larga cola que utiliza para nadar y tiene cuatro o dos extremidades.

36. Patriarca bíblico, constructor del arca.

37. Explicaciones de _____ castellana; libro de Roqué de 1889.

38. Hogar.

39. En Turquía y países de influencia turca, individuo con un cargo de importancia, especialmente militar.

40. _____ Piedras; sector sanjuanero donde falleció Roqué en 1933.

42. Del verbo asonar.

45. Cinco en números romanos.

46. Escuchar.

47. Recuerdos del país del _____, novelas y cuentos antillanos (1933), último libro de Roqué.

49. Primer número natural y también es el número entero que sigue al cero.

51. Ave del orden de las casuariformes, similar al avestruz.

53. Elementos _____ geografía universal para la enseñanza primaria elemental y superior; libro de texto de Roqué publicado en 1888.

54. Unidad de tiempo geológico, equivalente a mil millones de años.

55. Luz y _____; novela de Roqué de 1903.

Verticales

1. Jorge _____; escritor brasileño, autor de “Doña Flor y sus dos maridos” y “La desaparición de la santa”, entre otras novelas.

2. Utliliza.

3. Símbolo del oro.

4. Abandoné.

5. Asistir.

6. Artículo gramatical, masc., pl.

7. 18 de _____ de 1853; nacimiento de Roqué.

9. _____ Mujer; revista fundada por Roqué en 1893.

12. Regalé.

13. Segunda nota musical.

14. Quejido.

15. Ana Cristina Roqué _____; fundó los periódicos o revistas “La Mujer” (1893), “La Evolución” (1902) y la “Mujer del Siglo XX” (1917), “Álbum Puertorriqueño” (1918), y “Heraldo de la Mujer” (1920).

16. Un ruso en Puerto _____; cuento de 1919 de Roqué.

17. Estudio sobre la _____ puertorriqueña; publicación de Roqué de 1908.

19. Alhelí.

21. Guía, jefe o modelo espiritual o religioso, y a veces también político, en una sociedad musulmana.

22. Asaeteo.

24. Explicaciones de _____; libro de Roqué de 1894.

27. Símbolo del neón.

29. Colinas.

30. Desafían.

32. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

34. Bóvido salvaje muy parecido al toro que se extinguió en 1627.

35. Ganso.

41. Ana Cristina _____ Géigel; fue miembro de honor de la Sociedad Astronómica de Francia. Fundó la Liga Feminista Puertorriqueña y la Asociación de Mujeres Sufragistas.

42. Arca grande.

43. Del verbo estar.

44. _____ Puertorriqueño; revista fundada por Roque en 1918.

48. Mujer del Siglo _____; revista fundada por Roqué en 1917.

50. Negación.

52. Símbolo del molibdeno.

Semana Santa y cambios sociales

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En esta semana, las iglesias cristianas antiguas celebran el hecho más importante de la Fe: La fiesta de Pascua que hace memoria de la pasión y muerte de Jesús, celebradas como victoria y vida nueva que Dios Padre le ha dado. La Pascua es una fiesta judía que los cristianos han asumido. Hasta hoy, las comunidades judías celebran la Pascua que recuerda la liberación de los esclavos de Egipto. Hacen eso, a cada año, para afirmar: toda persona humana tiene la vocación de ser libre y liberadora. Fue durante una Pascua, en Jerusalén, que Jesús fue muerto y Dios le dio una vida nueva que el comparte con todas las personas que aceptan seguirlo. 

En el mundo antiguo, la crucifixión era el castigo impuesto a esclavos rebeldes contra la dominación del imperio. Actualmente, la cruz sigue existiendo. En el tiempo de dictaduras, fue instrumento de tortura de presos políticos. Hasta hoy, instrumentos así resisten discretos, sino actuantes en manos de militares trenados por el imperio. Sin embargo, más que una madera para torturar, la cruz es realidad de una inmensa mayoría de la humanidad, robada de sus derechos de vivir dignamente. En todos los continentes, las Iglesias celebran la pasión, pero quienes efectivamente la viven son pueblos enteros, crucificados por el dios dinero.

Recordar la cruz de Jesús y proclamar que el Padre le dio una vida nueva deben renovar nuestra fuerza para resistir al mal y a los sufrimientos. La fiesta pascual debe ser como ensayo de una sociedad nueva. 

Para que la Pascua tenga un sentido para toda la sociedad, es importante que, sin perder el sentido propio que tiene para las Iglesias, junto con toda la humanidad, los cristianos puedan recuperar su dimensión ecológica y transformadora de la sociedad. Así, juntos podremos festejar un nuevo cuidado con la Vida y una forma más amorosa de organizar la sociedad como signo del amor divino.

Boronía

Por Vanessa Vilches Norat / Especial para En Rojo

La cocina es un asunto serio, dependiendo de quien lo narre. Quizás si fuera autor, y no autora, no estaría en el difícil trance de justificar el escrito. No sé si lograré hacer del guiso un campo intelectual, pero de seguro mi columna será territorio del afecto. 

Recibí una llamada tentadora de la Yoly urgiéndome: “Acompáñame a ver a Titi Inin. Nos va a enseñar a hacer boronía”. La huella en el paladar es imborrable, así que la petición se trasmutó en el retorno al lugar natal. 

La boronía es una pieza arqueológica de nuestro pasado alimentario familiar; la idea del alimento como pieza arqueológica es una bella expresión de Cruz Miguel Ortiz en su imprescindible historia culinaria Puerto Rico en la olla: ¿Somos aún lo que comimos? Mi madre lo preparaba como el plato de Viernes Santo. Consiste en apio hervido y después majado con aceite de oliva, al que se le añade algunos trocitos de bacalao. Aunque Ortiz consigna el plato como: “boronía de chayote, hecho con el chayote guisado en sofrito, y al que se le incorporan huevos revueltos y porciones minúsculas de bacalao o salazones (tasajo, jamón de cocinar)”, en mi casa, la boronía se comía de apio, aceite de oliva y bacalao. No conozco a mucha gente que lo coma, ni siquiera que lo conozca. Incluso, para ser honesta, no estoy segura de que mis hijas reconozcan su sabor. Es uno de esos platos que se convierten en pasado por la modernidad, que mueren con las madres y las abuelas.

Los alimentos nos insertan en la historia económica de cualquier región; es sabido que las viandas eran comida de pobres. Supongo que el plato ha pasado de moda entre otras cosas porque recuerda el origen pobre o campesino de sus comensales. El apio, un tubérculo amarillo de sabor perfumado, tampoco abunda. Otra razón para la desmemoria culinaria. 

 Mi tía, que no lo es de sangre sino de afecto, señala que así también se preparaba la boronía en su casa en el barrio Paloma Arriba de Comerío. Compueblana de mis padres, frente a ella seguimos siendo las nenas de Rafo y Luz. Hoy corroboré que la memoria es una máquina nostálgica que nos aúna a lo que no queremos dejar ir. 

Una hormiga laboriosa es titi Inin, quien a los 83 años no para de trabajar. Llegar y comer fue casi lo mismo. El aprendizaje culinario familiar se transmite imitando y el recetario se asegura de generación en generación. Esa era nuestra idea, heredar la receta cocinándola, pero apenas participamos de la confección. Titi es de esas cocineras que prefieren cocinar a solas, como si la ayuda fuera una suerte de intromisión. Igual era mi madre. La cocina era un territorio de libertad para su cuerpo, lo que yo, que me escabullo de la tiranía de la cocina cada vez que puedo, lo entiendo como una extraña contradicción. 

Frente al platón de boronía, Titi Inin iba repasándonos su receta: no me pregunten medidas, que cocino a ojo, hierven el apio pelado (me dio risa la aclaración, como si pensara que nunca hervimos viandas), le echan a la olla dos ajos que retirarán antes de majar, guardan una taza del agua donde hiervan el apio, les ayudará a machacar, no dejen que se enfríe del todo, el apio caliente es más fácil de majar. Usen aceite de oliva, no exageren, debe quedar suave, no grasoso, échenle flequitos de bacalao. Mientras la escuchábamos, el hilo de la memoria iba soltándose y corría lejos, muy lejos. 

Puso la mesa. Al platón de boronía lo acompañaban otros de bacalao en escabeche, arroz blanco, garbanzos guisados y guanimes. Como previmos, no se sentó con nosotras. Mi madre tampoco lo hubiera hecho. Nuestras primas nos recordaban que la hormiguita laboriosa nunca se detiene. Su alegría se manifestaba conminándonos a servirnos más. La madeleine comerieña estaba exquisita. El majado amarillo nos llevó de vuelta a la infancia. Fuimos dos chiquitas comiendo un Viernes Santo en la calurosa tarde de un hogar en Bayamón. 

El Tesoro lexicográfico de Puerto Rico me asegura que alboronía o boronía es la voz árabe para “el guisado de berenjenas, tomate, calabaza y pimiento”. También, la palabra designa cualquier alimento sólido cuando se desmenuza, así como un bocado y una memoria, o quizás, como una sabrosa forma de llegar a casa.

Recobrando el King invisibilizado

Por Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez / Especial para En Rojo

Las estructuras de poder nos han vendido por los pasados 50 años la figura de Martin Luther King, Jr. como la de un predicador, no de un profeta, cuyo único interés era la armonía racial. Es por esa razón que han convertido su sermón “Yo tengo un Sueño” como su discurso definitorio. Al descarnar y descontextualizar esta alocución las estructuras de poder han manipulado y suavizado la voz del profeta. Un sermón que debe entenderse desde su prédica del 1962 que se fundamenta en los tres males de la sociedad estadounidense: la pobreza, el racismo y el militarismo.

Por más de 50 años han intentado escondernos al verdadero King. Me gustaría presentarles al King que nos han negado en las celebraciones y en las investigaciones. El King que el sistema no desea que conozcamos, que es una amenaza para el sistema. Al King verdaderamente revolucionario.

En una carta que King envía a Coretta el 18 de julio de 1952 reflexiona sobre su lectura del libro “Looking Backward” de Bellamy donde afirma lo siguiente “Doy la bienvenida al libro porque gran parte de él está en línea con mis ideas básicas. Me imagino que ya sabes que soy mucho más socialista en mi teoría económica que capitalista. Y, sin embargo, no estoy tan opuesto al capitalismo al cual no he podido ver su mérito relativo. Se inició con un noble y elevado motivo, a saber, para bloquear los monopolios comerciales de los nobles, pero como la mayoría de los sistemas humanos, fue víctima de lo mismo contra lo que se estaba rebelando. Entonces hoy el capitalismo ha superado su utilidad. Ha traído un sistema que toma las necesidades de las masas para dar lujos a las clases. Entonces, creo que Bellamy tiene razón al ver el declive gradual del capitalismo “ (Carson, 1998).

el king anticapitalista

Un mes antes de ser ejecutado, en marzo del 1968, en casa de uno de su más importante colaboradores, Harry y Julie Belafonte, King le comentaba a un grupo de personas cercanas “es el sistema el problema, y nos está ahogando hasta la muerte”. A esta aseveración Andrew Young, un cercano colaborador y luego alcalde de la ciudad de Atlanta y Embajador de los Estados Unidos a las Naciones Unidas, les responde “Bueno, no sé, no es todo el sistema. Es sólo una parte y creo que lo podemos cambiar”. King responde “El problema es que vivimos en un sistema fallido. El capitalismo no permite que haya movimiento de recursos económicos. Con el sistema, un pequeño grupo de privilegiados son ricos más allá de la conciencia y casi todos los demás están condenados a la pobreza de alguna forma”. A pesar de reconocer los avances en derechos civiles, King afirma que “Lo que más me preocupa ahora es que todos los pasos que se han tomado hacia la integración, y de esos estoy convencido, es que nos estamos integrando a una casa en llamas”. King estaba claro de que el problema del racismo era un síntoma que estaba ligado al sistema económico, el capitalismo, la enfermedad. Les presento al King anticapitalista.

El reto, en nuestras luchas diarias, es no olvidar que la mayoría de los problemas, tanto sociales, políticos y económicos, que enfrentamos como país son los síntomas de una enfermedad llamada capitalismo. Es como dice el dicho “la enfermedad no esta en la sábana”. No reconocer esta cruda realidad nos lleva a poner parchos al sistema que causa profundas heridas de injusticia y opresión; parchos que no sana las heridas sino que las profundizan.

El King de la lucha de clases 

En su primera visita en febrero del 1968 en solidaridad con la huelga de los trabajadores de la basura en la ciudad de Memphis, Tennessee, King respondió, a preguntas de un periodista, que “en un sentido se podría decir que estamos enfrentados en una lucha de clases”. Sobre su perspectiva de la lucha de clase King afirmaba que “el racismo es un instrumento de la clase privilegiada, como forma de dividir la clase trabajadora dándole a los blancos un margen de ventaja económico marginal y motivar en su sicología las pretensiones de superioridad”. En el último año de su vida King regreso a la idea de la lucha de clases. Les presento al King de la lucha de clases.

King estaba claro que los síntomas del sistema (el racismo, el sexismo, la homofobia, xenofobia) son instrumentos que el sistema utiliza para mantenernos divididos e imponer su voluntad. Debemos reconocer las inequidades que el sistema crea. Debemos atender esas inequidades. King estaba claro que los síntomas del sistema no afectaban sólo a los negros sino que también tenía profundas consecuencias para los blancos. Lo importante es recordar y reconocer que el sistema usa nuestras diferencias para mantenerlos divididos y oprimidos.

El King antireformista

En otra ocasión afirmó, “por años he trabajado con la idea de reformar las instituciones existentes de la sociedad, un pequeño cambio aquí y un pequeño cambio allá. Ahora siento diferente. Yo pienso que tenemos que reconstruir la sociedad enteramente”. Les presento al King anti reformista.

King sabía que el reformismo no era una alternativa para superar el racismo y la pobreza. No podemos seguir construyendo un nuevo país en una sociedad (colonizada y capitalista) que está en llamas y que su fin se acerca. King nos advierte que el camino de la nueva sociedad no es reformar la colonia y el capitalismo. El sistema tiene que ser cambiado, transformado de raíz.

El King internacionalista

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en el 1964 señaló lo siguiente sobre el aparthied: “Es en esta situación, en la cual a la gran masa de sudafricanos se le niega su humanidad, su dignidad, se les niega la oportunidad, se les niegan todos los derechos humanos; es en esta situación, que muchos de los más valientes y de los mejores sudafricanos sirven largos años en la cárcel, con algunos ya ejecutados; ante esta situación, en Estados Unidos y Gran Bretaña tenemos una responsabilidad única. Porque somos nosotros, a través de nuestras inversiones, a través de la incapacidad de nuestros gobiernos para actuar con decisión, los culpables de reforzar la tiranía sudafricana. Nuestra responsabilidad nos presenta una oportunidad única. Podemos unirnos en la única forma de acción no violenta que podría traer libertad y justicia a Sudáfrica, la acción que los líderes africanos han apelado, en un movimiento masivo por sanciones económicas”. Les presento al King internacionalista.

King reconocía que la explotación y el empobrecimiento en nuestros países son producto de las relaciones de injusticia y opresión con los países “desarrollados”, del imperialismo. Reconocía que el éxito de la lucha por la justicia y la libertad se fundamenta en la solidaridad internacional.

El King obrero

Estas reflexiones de King sobre el capitalismo lo llevaron acercarse al movimiento obrero. Señalaba en 1957 que “yo todavía creo que el movimiento obrero puede ser un instrumento poderoso para eliminar los demonios que enfrentamos en nuestra nación que le llamamos segregación y discriminación… con la unión de la poderosa influencia de los trabajadores y todas las personas de buena voluntad en la lucha por la libertad y la dignidad humana, puedo asegurarles que tenemos un instrumento poderoso”. En su discurso del 11 de diciembre del 1961 a la Cuarta Asamblea Constitucional de la AFL-CIO en la ciudad de Miami Beach en la Florida, King reafirmó el papel del movimiento obrero en la transformación de la sociedad capitalista. Le decía a la Asamblea que “para encontrar un gran diseño que resuelva los grandes problemas, el movimiento obrero tendrá que intervenir en la vida política de la Nación para marcar el curso que distribuya la abundancia a todos en vez de la concentración entre unos pocos”. Les presento al King obrero.

Entendía King que la unidad entre el movimiento obrero y el movimiento contra el racismo era fundamental y poderosa para derrotar los males de la sociedad y lograr su transformación. El éxito de la nueva sociedad se basa en la unidad de los sectores obreros y trabajadores con las luchas comunitarias y sectoriales. Una unidad, que King dice que es “un instrumento poderoso” de transformación.  

Las estructuras de poder buscan maneras y formas, de acallar, manipular, la voz y el mensaje del profeta. Del profeta que enfrenta el poder, y sus diversas manifestaciones históricas, denunciando las acciones e inacciones que producen explotación, exclusión, empobrecimiento y muerte. El profeta que denuncia que los privilegios y comodidades de las clases en el poder son producto de relaciones de injusticia. Ese mismo profeta trae palabras de esperanza y aliento. Palabras que desean alimentar las ansias de libertad y fortalecer las prácticas de liberación.

Un estudio minucioso del ministerio y la práxis del Rev. King nos ha muestrado como encarnaba al profeta bíblico. Enfrentó; consistente, continua e insistentemente, a la sociedad estadounidense con su práctica de exclusión racial pero también con su práctica de explotación, empobrecimiento y violencia en todo el mundo. Creer que la única preocupación de King era la justicia racial es desvirtuar su mensaje y su militancia por la liberación y la justicia. Les presento al King revolucionario.

El reverendo Juan Angel Gutiérrez Rodríguez pertenece a la Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr.