Inicio Blog Página 1482

Recaudos suben pero servicios esenciales NO

Por Cándida Cotto

ccotto@claridadpuertorico.com

Aun cuando los recaudos del Fondo General (FG) del gobierno central llegaron a la cifra de $773,6 millones netos este pasado mes de septiembre, el gobierno de Puerto Rico no está usando este dinero para reducir la austeridad aplicada al gasto social, frenar la reducción de empleados públicos, ni para atender a las personas damnificadas por el huracán, sino para aumentar el pago provisto para la deuda.

Así lo establece el informe económico, En compás de espera, del profesor José Caraballo Cueto, director del Centro de Información Censal, del Recinto de Cayey, de la Universidad de Puerto Rico (UPR-C). De acuerdo con dicho informe, esta cifra de recaudos es la más alta para cualquier mes de septiembre desde 2010. En particular, los recaudos aumentaron 18,3% al compararse con septiembre de 2018, gracias a más recaudos de los impuestos sobre ingresos individuales y corporativos.

Caraballo trae a la atención que, de acuerdo con el plan de ajuste de deuda presentado recientemente, el gobierno pagará con impuestos en el año fiscal 2021 cerca de $2.000 millones de dólares a los pensionados y otros $2.000 millones a los bonistas de las distintas entidades gubernamentales. Destaca que esos pagos a distintas deudas no son muy diferentes a lo ocurrido en el año fiscal 2015, cuando se pagaron con impuestos unos $4.200 millones de dólares a bonistas: “la gran diferencia es que ahora se hizo espacio en el presupuesto para pagar otro tipo de deuda (pensiones) ante la insolvencia de los sistemas de retiro públicos”. Esto, en contraste con que la Junta de Control Fiscal (JCF) estableció en el plan fiscal certificado antes del huracán María (marzo de 2017) que el gobierno central solo podía pagar en promedio unos $822 millones de dólares anualmente a los bonistas.

Por otro lado, el informe indica que el Índice Coincidente de Actividad Económica (IAE) disminuyó -0,6% al comparar el mes de agosto de 2019 (el mes más reciente) con agosto de 2018. Aunque el año 2019 empezó con un crecimiento en el IAE, ese crecimiento se detuvo desde junio.

Sin embargo, el informe trae una buena noticia para los consumidores e inversionistas. La inflación en el país se encuentra en mínimos históricos, ya que en agosto de 2019 creció 0,4% y en septiembre de 2019 se mantuvo en el mismo nivel que para el mes de septiembre de 2018. Esta inflación baja puede ser provocada por el poco crédito circulando en Puerto Rico y porque el precio del petróleo se ha mantenido estable.

En cuanto a la perspectiva de crecimiento económico, el informe señala que no se concretizó el pronóstico de la JCF de que para el año fiscal que cerró el 30 de junio de 2019, habría un crecimiento económico de 4,1%. Además, anota que aunque todavía no se han publicado las cuentas macroeconómicas para dicho año fiscal, a juzgar por el IAE, es probable que el mismo cerró con un crecimiento levemente positivo o estacionario.

El Informe también atribuye que tal y como fue concebida la reconstrucción después del huracán María, ésta ha impactado de manera desigual los mercados de trabajo. Según una investigación en progreso, los sectores de construcción, otros servicios, comercio, los trabajadores por cuenta propia y manufactura estuvieron mejor después del huracán María que antes del fenómeno. Mientras, los sectores de la agricultura, transportación y comunicaciones, finanzas, seguros y bienes raíces tuvieron una mayor actividad económica antes del huracán, y decayeron después. En el caso de la agricultura, el informe plantea que la recuperación de este sector puede darse de manera más efectiva si se promueven los grupos de compra en este sector -para reducir el costo de los insumos de producción- y se condicionan los incentivos otorgados a los hoteles y fábricas de alimentos a base de la compra que hagan a los agricultores locales.

Caraballo Cueto plantea que el choque desigual entre los sectores económicos se puede suavizar con políticas públicas. Por ejemplo, con programas de entrenamiento que faciliten la transición de trabajadores de un sector a otro; formalizar a los que trabajan por cuenta propia mediante amnistías contributivas y mediante la asignación de mayor personal a las oficinas de permisos; y hacer transferencias de impuestos de los sectores beneficiados a los sectores impactados, entre otras. No obstante, indica que aun con estas transferencias los sectores ya beneficiados seguirían estando mejor que en la época pre-María.

En resumen, el informe plantea que, dadas las señales mixtas de la economía hasta el momento, es de esperarse que para el presente año fiscal 2020 haya un crecimiento moderado o estacionario de la economía.

No obstante, Caraballo Cueto trae a la atención dudas y reservas respecto a si los planes de ajuste de deuda acordados por la JCF puedan ser sostenibles.

“Tal parece que la JCF no definió el pago de la deuda en base a sostenibilidad sino a lo que fuese más fácil de acordar con los bonistas, y dejar el restante presupuestario para los servicios esenciales, cuando debió haber sido al revés”, denuncia.

De igual manera advierte sobre la corrupción y los problemas de gobernanza en el país: “Es de dudar que los problemas de gobernanza de Puerto Rico se resuelvan agudizando el colonialismo cuando hay otras herramientas democráticas. Esto incluye refundar la oficina del Fiscal Especial Independiente; restablecer una especie de “Blue Ribbon Committee” que pueda radicar casos de corrupción, y solo incluya a miembros sin conflictos de intereses; reforzar las leyes que regulan a los cabilderos y prohibir las puertas giratorias, entre otras”.

El informe En compás de espera fue publicado en la revista digital, Red Econolatin, de la Universidad Autónoma de Madrid que agrupa a economistas de universidades latinoamericanas.

Violencia de género: Mujeres reclaman Gobierno declare emergencia nacional

Por: Redacción de CLARIDAD

En  un país donde 266 mujeres han sido asesinadas en los pasados cinco años y donde la propia Policía contabilizó 4,121 incidentes de violencia doméstica entre los meses de mayo y agosto de este año 2019, es obvio y razonable el reclamo que han hecho las organizaciones que abogan por los derechos de las mujeres, para que el Gobierno declare oficialmente una emergencia nacional por violencia de género en Puerto Rico. Ya el año pasado, cuando el número de mujeres asesinadas por sus parejas llegaba a 23, las portavoces de dichas organizaciones hicieron un pedido similar que fue ignorado por el entonces gobernador Ricardo Rosselló. Solo después de que estas se plantaron en una protesta de varios días frente a la Fortaleza, fue que el Gobernador accedió a reunirse con ellas e iniciar un diálogo sobre las acciones gubernamentales necesarias para ir atajando los asesinatos y abusos contra las mujeres, considerados como un grave problema de salud pública y de derechos humanos en el País.

En aquel entonces, Wanda Vázquez era la secretaria de Justicia y la persona en la administración Rosselló con más conocimiento y experiencia sobre el asunto de la violencia de género, toda vez que también ya había ocupado el cargo de Procuradora de las Mujeres de Puerto Rico. Este año, por vuelcos de la política en Puerto Rico, ella es la Gobernadora y la persona que tiene en sus manos el poder para darle la máxima visibilidad pública a este grave problema, que no solo compromete la integridad física y emocional de las mujeres, sino que también conmociona a sus familias y a toda la sociedad.

Cada asesinato de una mujer por el motivo de que es mujer debía significar un aldabonazo a la conciencia colectiva de nuestro pueblo. Solamente un examen somero de los datos disponibles, da un idea de la magnitud de este gran problema que afecta a todos los estratos socioeconómicos en Puerto Rico, pero que particularmente golpea a las mujeres más pobres y en mayor estado de indefensión y vulnerabilidad.

Datos incompletos e impunidad

Ya se sabe también que las estadísticas disponibles no son confiables ni exhaustivas. Pero son las únicas con las que se cuenta para poder impulsar la tan necesaria transformación. Se sabe que de los más de 4,000 incidentes de violencia doméstica reportados entre 2014 y 2018, se presentaron ante el tribunal poco más de 2,000, lográndose solo 48 convicciones, una cantidad irrisoria si se tiene en cuenta el tiempo y los recursos que se invirtieron para lograr las mismas, amén de la burla que representa para las víctimas y sus familias el bajo índice de resolución en estos casos tan neurálgicos.

Es casi como si la sociedad no le diera importancia a los asesinatos de mujeres, actitud que apodera a los agresores y les da la confianza para continuar su patrón de abusos y agresiones, porque saben que probablemente no van a ser acusados, ni mucho menos enjuiciados o convictos por ello.

Un estudio necesario
y oportuno

Dos organizaciones sin fines de lucro- Proyecto Matria y Kilómetro 0- aunaron esfuerzos para desarrollar, a partir de datos ya recopilados en un archivo llamado Seguimiento de Casos, una investigación sobre los asesinatos de mujeres en Puerto Rico durante los pasados cinco años.

El estudio- titulado La persistencia de la indolencia, feminicidios en Puerto Rico 2014-2018- establece que en nuestro país ocurre un (1) feminicidio cada siete (7) días, una tasa de 3.3 feminicidios por cada 100,000 habitantes, lo que nos coloca por encima de la tasa de países como Canadá, Chile, Ecuador, Uruguay y Guyana, y muy cerca de la tasa de feminicidios en República Dominicana (3.2) y Perú (3.3).

El estudio de Matria y Kilómetro 0 constituye el primer esfuerzo concertado y serio para explorar la realidad de los asesinatos de mujeres en Puerto Rico y desarrollar estrategias para atajarlos y combatirlos. El informe contiene valiosas recomendaciones específicas para todas las agencias e instituciones gubernamentales y privadas que atienden, de una forma y otra, estas situaciones.

Declaración de Emergencia

La elevada tasa de feminicidios y demás datos importantes que aporta el estudio comprueban no solo la magnitud del problema en Puerto Rico, sino lo retrasados que estamos como sociedad del desarrollo e  implantación de estrategias concertadas para combatirlo.  Por eso, los profesionales que atienden a las  mujeres afectadas y sus familias, y las organizaciones que luchan y promueven, los derechos de las mujeres, el cese de la violencia, los derechos humanos y la construcción de una cultura de paz, insisten en que la Gobernadora declare la crisis de violencia de género como una emergencia nacional en Puerto Rico, más allá del Alerta a la violencia de género firmado por la Primera Ejecutiva hace unas semanas.

Según los grupos activistas, la declaración de emergencia es la mejor respuesta para imprimirle urgencia a la crisis de violencia de género que viven nuestras mujeres y toda la sociedad.

El Plan Perverso (segunda parte)

Por Martha Quiñones Domingues

Especial para Claridad

En el siglo XXI el Plan Perverso toma otra forma, el más siniestro, la instauración de la Junta de Control Fiscal (JCF) por medio de la Ley PROMESA.

PROMESA devuelve al archipiélago a la era colonial de 1900, y la aplicación de las políticas neoliberales sin que la oposición sea considerada. Desde el Congreso de EE. UU. se aprueba legislación para regir a los territorios/colonias creando juntas de neo-dictaduras-corporativas (aquí la JCF), no electas por el pueblo, que asumen las competencias fiscales, determinan los destinos de los pueblos, violentan derechos humanos y civiles bajo la excusa de la “crisis fiscal”. Su único fin es crear las condiciones para ayudar a manejar las finanzas, la deuda pública y supervisar la reestructuración con el fin de llevar nuevamente la Isla a los mercados, en especial al mercado de bonos municipales. La JCF establece planes que perjudican a los puertorriqueños, permite que nos despojen de los recursos y desvían el uso del dinero del pueblo, entroniza la corrupción, -la corrupción colonial- y condena al pueblo a pagar una deuda odiosa, que se mantiene y perpetúa. La JCF es el neoliberalismo en su más alta manifestación y responde al capitalismo dependiente colonial que se re configura en un modelo de Gobierno Corporativo que se estableció desde finales del siglo XX. Este Gobierno Corporativo responde a las empresas y bonistas, controlando a los políticos por medio del auspicio de las campañas políticas y el inversionismo político (otra forma de corrupción). Las corporaciones ahora no confían en los políticos-coloniales y envían a los procónsules corporativos que establecen la política pública para favorecer a los buitres. El Gobierno Corporativo del ELA dice que está en guerra con la JCF, pero legisla y firma todos los proyectos, leyes y planes que le envía la JCF, engañando al pueblo por medio de la propaganda. La JCF es la versión de la violencia institucional de este Gobierno Corporativo.

La agenda de la JCF y del Gobierno Corporativo es gobernar para la colonia, sus élites políticas y económicas, y burlarse del pueblo que debe pagar por la supuesta crisis. El capitalismo está continuamente en crisis y se reconfigura para ser más salvaje y explotador. Los tres, el capitalismo-colonial-neoliberal, el Gobierno Corporativo y la JCF utilizan los medios de comunicación para engañar al pueblo y crear una imagen que favorece sus intereses particulares. Utilizan técnicas de falacia lógicas y la propaganda donde se suprime información y se distorsiona la realidad llevando argumentos incorrectos para mentir.

Pero, ¿qué es el Gobierno Corporativo? Es una nueva fase del capitalismo donde se controla a los políticos y al país por medio del control financiero. Candidatos comprados y vendidos al poder económico, que responden a los intereses de la colonia. Imponen un gobierno débil, pero sin quitar que es electo por el pueblo, donde una élite económica empleada del capital se coloca en puestos estratégicos para vender los activos del Gobierno y controlar las finanzas por medio de la deuda pública. Su norte es servir al capital, pagar la deuda, hacer dinero y mantener la colonia, ahora protegidos por la JCF. Nada de compromiso con el pueblo. Colocan sus estrellas corporativas en puestos de poder, impulsan las leyes para privatizar, quitan derechos a los trabajadores y oprimen al país. Cada día sobornan, compran y desvían fondos públicos a empresas privadas por medio de contratos. Todo esto, avalado por los políticos comprados, que amasan fortunas, colocan a los suyos y a la vez legislan no por el pueblo y para el pueblo, sino por ellos y para ellos.

Estas políticas del capitalismo dependiente-neoliberal y colonial dividen la sociedad entre los excluidos y los incluidos. La violencia se va instaurando por parte del Estado, pero no la violencia que usa en las manifestaciones, sino la violencia callada y velada. Esta violencia velada se manifiesta en los recortes, en las leyes, en el cierre de escuelas, los recortes en salud, los recortes en la UPR, los despidos, la Reforma Laboral, la Reforma de Permisos, otras reformas, los cambios en los mapas de uso de terrenos, en cada desvío de fondos. Es esa violencia continua que te obligan aceptar. También la violencia viene de la prensa con lo que reportan y lo que no reportan, con su énfasis en la criminalidad y no en las buenas acciones, con su énfasis en la crisis y no en la violencia de las políticas de ajuste y de austeridad que se aplican a los excluidos. Es discurso de odiar al pobre y desviar la atención de tus bajos salarios y la falta de derechos laborales, sociales o de inclusión. Intentan convencer de que el problema son los cupones, pero no te dicen cómo la corrupción te quita recursos económicos y posibilidades de desarrollo. Es un discurso de no preguntar y no pedir cambios; es un silencio que es violencia. Matan la solidaridad y la sustituyen por el individualismo y el egoísmo. Así, la publicidad crea esa culpa de que si no consumes y no te comportas como quieren no eres gente, -vales por lo que consumes-, así que debes gastar, aun cuando no tienes el dinero. Es agresión psicológica, es estar callado, es la violencia institucional.

En el Plan Perverso del Siglo XXI el Gobierno como representante de los intereses sociales desaparece. Por eso desde la JCF y el Gobierno por medio de su Plan Fiscal atentan contra el futuro de Puerto Rico y destruyen uno de los activos más importante para el desarrollo, la Universidad de Puerto Rico (UPR). Ahora van contra la UPR, el centro de creación de conocimiento e innovación, de donde surge el mejor capital que tiene Puerto Rico: su gente educada, pensante, innovadora y comprometida. Alejan la posibilidad de estudiar encareciéndola, llenando de deudas al estudiante y convirtiendo la educación en una mercancía, dejando de un lado la misión social. Ahora van contra las becas, las cuales colocan en manos privadas mediante un fondo de $200 millones provenientes del Fondo General, para financiar solamente la educación que les interesa. O sea, no hay dinero para la UPR pero aparece para becas. Ahí hay “gato encerrado”. Por eso debemos reclamar que, en vez de dar becas, manipuladas, restituyan los fondos que mediante una fórmula automática le otorga el 9.6% de los ingresos a la UPR. Es urgente defender la UPR y exigir que se devuelvan los fondos asignados por la fórmula para contribuir al desarrollo social y económico del país.

El Plan Perverso del Capitalismo-Gobierno corporativo y colonial, donde cada día dependemos más de EE. UU., donde el capital de EE. UU. controla los recursos de la colonia y puede desviar la agenda de desarrollo social y económico por un crecimiento no sostenible y más deuda. Ese es el debate entre crecimiento y desarrollo, del que ya se sabe que no se puede sostener la economía sólo de crecimiento. Por eso este plan todavía enfrenta la resistencia, del pueblo en lucha. Por eso el estado también perfeccionan la persecución y la represión, pero ahora más disimulado por medios electrónicos.

Ante más represión más resistencia, el cambio está en la generación “que no se deja”, porque se acabaron las PROMESAS.

• La autora es doctora en Economía y Ciencias Empresariales y profesora en el Recinto de Arecibo de la UPR.

Violencia contra la mujer: inacción del estado es violación de Derechos Humanos

Por: Wilma E. Reverón Collazo

En 1993, la. Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (48/104 AG ONU 29 diciembre 1993). La misma fue aclamada por consenso sin votación de los estados miembros. En su preámbulo expone:

¨Afirmando que la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales e impide total o parcialmente a la mujer gozar de dichos derechos y libertades, y preocupada por el descuido de larga data de la protección y fomento de esos derechos y libertades en casos de violencia contra la mujer,

Reconociendo que la violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre,..¨

¿Cuáles son dichos derechos y libertades cuya violación le impide total o parcialmente gozar? Lisa A. Crooms nos los resume:

¨La Declaración Contra la Violencia identifica la violencia fundamentada en género y dirigida contra la mujer como violación de derechos humanos per se. Añade a los derechos que toda mujer merece el derecho específico a vivir libre de violencia por género, sin importar el lugar, las costumbres tradicionales o las justificaciones religiosas. Esto incluye las violaciones cometidas `en el vientre familiar`, ´en la comunidad general`y ´aquella perpetrada o condonada por el estado`. …

Finalmente, la Declaración Contra la Violencia ofrece `una definición abarcadora de violencia contra la mujer`como `violencia fundamentada en género que resulta o pueda resultar en daño físico, psicológico, sexual o sufrimiento a la mujer, que incluya amenazas, coerción o privación arbitraria de la libertad ya sea en la vida privada o pública`. Esta definición incluye `golpes, abuso sexual contra niñas, violencia que tenga que ver con la dote, violación sexual dentro del matrimonio, mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales dañinas para la mujer, violencia de parte de otros que no sea el esposo, y violencia relacionada con la explotación`además de `violación, abuxo sexual, acoso sexual e intimidación en el trabajo, en las instituciones educativas y en otras partes, tráfico de mujeres o prostitución forzada`. Además, la Declaración Contra la Violencia hace claro que el estado es responsable por la violencia por parte de servidores públicos pero también aquella que el estado permita y condone. Como tal el estado tiene la obligación afirmativa de evitar que ocurra la violencia contra la mujer y de remediar el daño causado contra ella no importa quien sea el ofensor.¨

En 1999, la Asamblea General, liderada por la representante de la República Dominicana, designó el 25 de noviembre como el Día internacional por la eliminación de la violencia contra la mujer, en homenaje y en recordación del vil asesinato de las Hermanas Mirabal a manos de los esbirros del dictador dominicano Rafael Leonides Trujillo.

En Puerto Rico, la violencia contra la mujer ha sido estatuida como delito por virtud de la aprobación de “Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica” Ley Núm. 54 de 15 de agosto de 1989, según enmendada (ha sufrido numerosas enmiendas). En su exposición de motivos, se identifica el problema y su definición de la siguiente manera:

¨La violencia doméstica es un comportamiento antisocial que constituye un serio problema para la familia puertorriqueña. Se trata del maltrato físico y emocional que sufre una persona a manos de su cónyuge o ex-cónyuge, o a manos de una persona con quien sostiene o ha sostenido una relación íntima.¨

Sin embargo, la Ley 54, por ser dirigida a la violencia doméstica, se limita al ámbito de las relaciones entre parejas o personas que aunque no estén en una relación formal o permanente hayan tenido un acercamiento o relación. Por lo tanto, no abarca todo los escenarios en el cual se puede escenificar la violencia contra la mujer, tanto en lo público como en lo privado, como sí lo cubre la Declaración de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. Esta aplica a todos los ámbitos de la sociedad donde se desenvuelve la mujer, desde el hogar (ámbito privado) hasta el público, de trabajo y estudios.

Mientras, recientemente un rotativo informó que en Puerto Rico ocurre un feminicidio cada siete (7) días. Si vamos a la página de estadísticas de la Procuradoría de la Mujer se informan solo nueve (9) feminicidios para el 2019. Ciertamente, hay un desfase del gobierno de Puerto Rico, no solo estadístico, sino con la propia política pública esbozada anteriormente.

Es incomprensible que en papel el estado proclame ¨como política pública, el Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico repudia enérgicamente la violencia doméstica por ser contraria a los valores de paz, dignidad y respeto que este pueblo quiere mantener para los individuos, las familias y la comunidad en general.¨, mientras en la práctica no asigna los recursos ni le imprime el carácter de emergencia nacional que requiere la situación.

La negativa del gobierno tanto bajo Ricardo Rosselló,, como bajo la actual gobernadora Wanda Vázquez, a declarar un estado de emergencia sobre la amenaza que cierne sobre la vida de las mujeres, que se está cobrando semanalmente la vida de un ser humano, no solamente es incomprensible, es inexcusable, sobre todo para una persona que conoce de primera mano las manifestaciones y la gravedad del problema por su experiencia como Fiscal, Procuradora de las Mujeres, Secretaria de Justicia y ahora Gobernadora.

Nos unimos a los reclamos para la declaración de una emergencia nacional que tan activa y vocalmente han llevado ante la Fortaleza las compañeras del Colectivo de Feministas en Construcción, Movimiento Paz para la Mujer, MATRIA y otras organizaciones de base feminista. Literalmente cada día que pasa cuesta vidas.

El gobierno de Puerto Rico está en franca violación de su política pública, así como de la normativa de las declaraciones y convenciones internacionales. Debe responder como perpetrador de este crimen contra los derechos humanos de las mujeres.

El hambre vieja

Eduardo Lalo

Crecí en un país que se pensó rico. Como todo engaño tuvo mucho de estúpido. Los ojos percibían el mundo selectivamente y las muchas realidades contrarias y evidentes se olvidaban en cuanto se buscaba estacionamiento en un abarrotado centro comercial.

Era común escuchar: “en Puerto Rico nadie padece hambre” y “en Puerto Rico nadie sufre la pobreza como en otros países de la región”. Lo primero pareció indudable y lo segundo irrebatible, pero ninguno de estos asertos daba la seguridad de estar en lo cierto. Ambos eran falsos argumentos, simulacros de procesos de reflexión que se limitaban a relativizar la realidad. De pronto como explicación inadecuada y eficaz tapaboca ser pobre era una cuestión de grados, de posesión de zapatos y carros que sonaban como una cafetera y esto era muy superior a las imágenes de los menesterosos de la India y los hambrientos con vientres hinchados de África. Las múltiples violencias dirigidas a los pobres se borraban en el acto mágico de una dependencia Made in USA y la concesión de cupones de alimentos y ayudas semejantes. En el imaginario boricua, tener un plato en la mesa sin deber trabajar bastó para dejar de considerar el asunto. Los pobres serían pobres, pero vivían como reyes. Miembros de la clase media y alta encontraron así su objeto de desprecio.

El círculo de violencias e injusticias que conllevaba el ser pobre: la capacidad disminuida para acceder a la educación, la salud, la cultura, el consumo, la vivienda y el trabajo entre otras cosas, dejó de alarmar las consciencias. Del panorama político, había desaparecido cualquier noción de justicia social que no fuera retórica barata. En muchas ocasiones, la prueba de la funcionalidad del bipartidismo se limitó a la promesa de conseguir más cupones u otros programas de beneficencia.

En algún reportaje necio Puerto Rico clasificó entre los países más felices del orbe. Como los enfermos, el país sustituía un analgésico por otro más fuerte. No solamente no confrontamos ni resolvimos nunca los problemas de fondo, sino que toda la estructura fue debilitándose. Si el país era un organismo, parte de su población reunía el hambre con las ganas de comer: una obesidad malnutrida, epidemias de diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades mentales, alcoholismo y drogadicción. Luego de décadas de cupones, el sector desventajado de la sociedad seguía sin tener en su mesa un plato de comida saludable. Seguramente instados por una asociación de dueños de franquicias, en la legislatura se estudió permitir a los beneficiados del PAN usar sus tarjetas en restaurantes de comida chatarra. Hasta el acto mismo de comer se convirtió en explotación.

El pasado sábado un reportaje de Benjamín Torres Gotay en El Nuevo Día alertaba que “un análisis del Instituto de Estadísticas…dice que el 33.2% de la población adulta de la isla enfrenta problemas de inseguridad alimentaria. El 9%…está en la categoría de ´muy baja seguridad alimentaria´”. El reportaje también informaba que “712,471 familias con 1.3 millones de integrantes dependían del PAN para comer. Eso significa que el 40% necesita asistencia estatal para alimentarse”.

Imagino que muchos lectores de Torres Gotay habrán respondido con incredulidad a su reportaje. El fenómeno choca con las ideas preconcebidas y, de tomarlo por verdadero, debería trastornar profundamente las consciencias. Un tercio de la población, uno de cada tres puertorriqueños, pasa hambre. El país creado por el colonialismo estadounidense y la gestión gubernamental del bipartidismo apenas produce comida y debe por tanto importar casi toda en uno de los transportes marítimos más caros del mundo por obra del impuesto imperial que constituyen las Leyes de Cabotaje. Un tercio de la población, más de un millón de personas, no comen lo necesario. Son viejos y jóvenes, desempleados, trabajadores y estudiantes. Algunos carecen de la comida suficiente, pero tienen un carro con cinco pesos de gasolina en el tanque y probablemente un número sustancial de ese millón de personas posea un celular. Quizá deba alertar a algunos lectores que esos hambrientos son iguales a nosotros. Ninguno de ellos vive en una selva remota porque en Puerto Rico no las hay. Tan próximos son que los podemos tener frente a nosotros en la fila del supermercado sumando y restando o en cualquier sala de espera entreteniéndose con sus celulares. Están hechos a nuestra imagen y semejanza y su sufrimiento está por lo general electrificado y lleva zapatos.

El siglo americano de la historia puertorriqueña ha producido este resultado. Una economía improductiva y amarrada, un Estado saqueado por los intereses económicos y políticos que lo han controlado y corrompido, cientos de miles de ciudadanos cuyas vidas quedan constreñidas desde la cuna en una de las sociedades de mayor desigualdad del planeta. Más de un siglo después de 1898 somos totalmente diferentes y, a la vez, los mismos. Sin los zapatos y la ropa comprada en una venta de pasillo, seríamos indistinguibles de las masas de natives que los reporteros estadounidenses fotografiaron cuando acompañaron a sus tropas en 1898. En Puerto Rico nunca ha dejado de juntarse el hambre y las ganas de comer. Nuestros deseos nunca han fructificado políticamente. La colonia produce un hambre vieja.