Inicio Blog Página 15

En Reserva-Revertir el zoológico,: prestar atención

 

 

 

Especial para En Rojo

 You can’t help it. An artist’s duty, as far as I’m concerned, is to reflect the times.

―Nina Simone

 En la V Cumbre Internacional de Afrodescendencia de Puerto Rico, sentada de manos entrelazadas con la electricidad sináptica que sólo suscita en nosotras la discusión y la inteligencia de otros, me senté y pensé en mi blancura. La ponencia en torno al libro ¿De qué color son los blancos? de Odome Angone, y el ambiente tanto alegre como apelmazado de la Cumbre siempre da pie, como dije hace dos años en ese mismo anfiteatro, al neologismo de «desaprender»; a embarazarse de conocimientos y entretejerse en temas interdisciplinarios. A revertir el zoológico para que nos miren y tomen fotos a nosotros en lugar de nosotros a ellos.

*

Ahí detengo el trajín de dedos. ¿Nosotros, quiénes? ¿Ellos, quiénes? Aborrezco las dicotomías. «Revertir el zoológico», murmuré durante la ponencia y anoté por el margen de la libreta seguida por la pregunta de quién soy yo para escribir sobre estos temas. Quién.

Soy aquella que debe responder a la pregunta que lanzó Odome cuando le pidieron, desde el público, que contestara ella. Soy quien transita la modernidad líquida, los espacios corporativos, las calles sanjuaneras de mis ancestros que alguna vez, sí, fueron dueños de haciendas, emigrados del Viejo Continente con caballos, sí, pero también con esclavos.

Odome lanzó la pregunta al público y rebobiné y adelanté una y otra vez una cinta mental: el viaje con mi mejor amiga de la universidad ―ella de Ghana, yo, de Guaynabo― al sur de España en 2013, ¿qué tal? ¿Acaso no le tomaron fotos? ¿Acaso no faltó la tira de colores para medir quién pasaba más veloz por Inmigración?

*

Tras ahondar sobre la academia, la justicia epistémica, los conocimientos ancestrales del matriarcado; el sentipensamiento (F. Borda), los constructos sociales y lo revolucionario de maternar a favor de nuestras hijas, una mujer del público afirmó que las blancas quieren ser negras. Con ese pensamiento aún en el aire, y sin tiempo para realmente responder dada la naturaleza efímera de la ponencia para tanta riqueza de tema, audiencia y sensación, Odome miró al público e invitó a los blancos a responder a la pregunta: «¿de qué color son?»

Él se volteó con una leve sonrisa en los labios y tamborileó sus dedos sobre los míos. «¿Contestas tú?». Con las mejillas algo rojas, y el bolígrafo en mano, respondí con la sinceridad de una niña que debía pensarlo. Debía revertir la mirada, «revertir el zoológico» que durante años se ha llevado a cabo a nivel global tanto en el mundo tangible ―pensé en la «Vénus noire» (Saartjie Baartman, 1789-1815)―, como en los mundos socioeconómicos y metafóricos.

La filósofa Simone Weil alguna vez dijo que prestar atención es la más profunda y la más difícil labor social. Prestar atención para dignificar. Prestar atención para amar. Prestar atención para liberarse de los presupuestos sociales, de la dominación de la oligarquía del gobierno y del hogar. Prestar atención desde un prisma decolonial. Prestar atención para conocer y sanar desde la duda, la vulnerabilidad y la curiosidad que nos llama a todo animal.

El desarrollo del capital sexual en el ciberespacio pornográfico

 

Especial para En Rojo

Según nos dicen las sociólogas Illouz & Kaplan (2020) “El sexo está vinculado a la acumulación de capital de otro modo, no solo configurando trabajadores asalariados dóciles, sino también consumidores individuales que compran productos y servicios de diversos estilos de vida” (p.45). Es decir, que la esfera del mercado económico- político no meramente atraviesa al entorno trabajador per se como parte del rol proactivo de producción, sino también al mismo consumidor el cual esta a su vez generando producción de deseos, emociones, etc. Eso sí, hay que subrayar, que en lo que concierne al campo sexual, la distribución, producción y acumulación debe apreciarse a nivel individual. Esto se debe a que como bien nos indica Illouz & Kaplan (2020) la competitividad sexual es una destreza y capacidad personal dado que es algo totalmente vivencial.

Quiérase decir, que la teoría del capital de Marx desde el enfoque bioeconómico[1] y político en cuanto al campo sexual se trata, logra ampliarse la noción del valor hacia otros modos de producción social capaces de capitalizar y apreciar al acto sexual como reproducción, tanto económica como no económica. Si seguimos la línea de pensamiento de Illouz & Kaplan (2020)

La perspectiva económica concibe al sexo y la sexualidad como productores de capital en forma de dinero. Basta pensar en la panoplia de productos, y especialmente <<servicios>> incorporados, como juguetes sexuales, novelas eróticas o pasarelas románticas que se venden a los consumidores en mercados de distintos estilos de vida.  (p.26)

La manera en que el capital sexual siempre se ha lucido e inclusive reconocido significativamente es a través del ámbito pornográfico y más aún en los entornos de entretenimiento o diversión. Sin embargo, si de algo puedo reafirmar es que, tanto el sexo como sexualidad producen un sobreexcedente en lo que respecta a los valores de uso, cambio y goce que el mismo trabajo no capitaliza. Y es ahí donde despierta la necesidad de incurrir al deseo como parte integral del análisis psicosociológico acerca de cómo se degrada e incluso desvirtúa a las ganancias que logra generar este en el mundo cibersexual hasta en general.

Dentro de la pluridimensionalidad de nociones y definiciones en cuanto a capital sexual se trata, podríamos definir al mismo en estos momentos histórico como un valor económico el cual se desarrolla a partir de intercambio que se efectuaría en una cualidad y capacidad psicosocial en particular. Dicha ejemplificación se hace más palpable hoy día en las nuevas dinámicas de remuneración que ofrece la amistosa y estruendosa cultura cibersexual. Esta categoría discrepa de la forma en cómo antes se solía visualizar, percibir e interpretar al capital sexual que era básicamente bajo una sola nomenclatura, que descansa en el entorno industrial de la pornografía.

Si nos adentramos bien a la cibercultura sexual, encontramos que, es precisamente el deseo no solo sexual sino en sí el que ha abierto nuevos senderos y caminos de reproductibilidad socioeconómica los cuales resignificaron el campo del capital. En efecto, diría que es gracias al mismo deseo que ese sentimiento de gozar puede proseguirse, que bien se logra solidificar e incluso adaptar a las circunstancias inmateriales (modos de subjetivación) y materiales (modos de producción), justamente como sucede en el juego de imágenes que evoca el mundo del cine según nos diría Gilles Deleuze (2000).

El cine resulta ser una imagen en movimiento ultrarrápido, que a su vez da la impresión de vida cuando dicha reeditación corre al tiempo y espacio adecuado para traspasar todos los medios entre el espectador versus cámara. Ahora bien, si partimos del entorno cinematográfico y cibersexual, puede hallarse ciertas mitologías que aún continúan arrastrándose y amenazando la frontera vida anímica. El filósofo y psicoanalista lacaniano Slavoj Zizek (2011) expone que

La informatización afecta a nuestra noción de lo real, imaginario y simbólico[2] bajo las siguientes líneas de separación: la vida “real” y su simulación mecánica, la realidad objetiva y nuestra falsa percepción (ilusión) de ella, entre los fugaces afectos, sentimientos, actitudes, etc. y el meollo remanente de nuestro Yo. (p.148)

Tales efectos, hacen posible desde la mirada lacaniana el reordenamiento simbólico y lógico-formal de resignificar al sexo como una esfera de valor socioeconómica irreductible ya que este campo en particular siempre cohabita el factor del intercambio interpersonal. De ahí el ¿Por qué?

el capital sexual hoy desplaza hacia un lado al deseo y todo lo que envuelve, precisamente porque este mas allá de desvirtuar al deseo vía el sentimiento de gozar, tampoco es trabajo activo según nos delinea Illouz & Kaplan (2020) puesto que opera más bien como un supuesto de que ciertos sujetos lo utilizan para exhibir y reactualizar los nuevos modos de subjetivación sexual contemporáneos. Lo característico de esta psíquica potencialidad libidinal es que llega a exteriorizar desde su condición psicosocial la necesidad de saciar su deseo que es gozar y maximizar el valor interpersonal por medio de la tecnología (magazines, producción de contenido independiente, cine, mensaje de textos, imágenes, etc.).

El ejemplo por excelencia que enmarca cómo el capital sexual hoy ha sido valorizado, remunerado, y utilizado es definido como el imperativo de satisfacción inmediata del siglo XXI. Este, aunque pudiera traducirse en el acto sexual en términos prácticos y funcionales no lo llega a ser, ya que aquí no estriba el efecto pornográfico per se de verlo todo como diría la pensadora Silvia Ons (2018), sino más bien a través de la búsqueda de ese principio de gozar. La capacidad de obtener algunos beneficios personales, económicos, y hasta culturales desde nuestras actividades rudimentarias hace que se degrade al deseo apasionadamente. Y este sentir, siguiendo la línea de pensamiento de la psicoanalista Georgina Vorano (2015) es generado por el mismo sistema neoliberal e incluso cibersexual, los cuales han convertido a la felicidad, el hiperconsumir, el tener éxito, relaciones sexuales “perfectas”, entre otros, en un claro paralelismo de la gesta sexual a nivel porno-ilusorio.

De esta forma es que actualmente la cultura del cibersexo reinventó el concepto del sexo cuyos refuerzos sociotécnicos y bio- económicos cobraron mayor empuje y robustecimiento durante el fenómeno pandémico del Covid-19, gracias a las políticas del autocuidado, distanciamiento social, “vacunación forzada” lock-down, etc. Dentro de este turbulento debate colmar frustraciones, angustias, miedos y hasta falsos imaginarios es que se sitúa el lapsus de olvido e inclusive desdén hacia lo que interpretamos como deseo versus capital sexual, puesto que la cibernética reapalabró resignificativamente los entendidos socioculturales …

 

Referencias

Chul-Han, B. (2014). La agonía de Eros. Madrid, España. Herder.
Chul-Han, B. (2015). Psicopolítica. Madrid, España. Herder.
Deleuze, G. & Guattari, F. (1972). El Anti-Edipo. Vol. I: Esquizofrenia y Capitalismo. Buenos Aires, Argentina. Paidos.
Deleuze, G. (1990). Posdata de las sociedades de control.
Illouz, E. & Kaplan, D. (2020). El capital sexual en la modernidad tardía. Madrid, España.    Herder.
Cabanas, E. & Illouz, E. (2021). Happycracia. Paidos. España
Lacan, J. (1976). El Seminario IV: La relación de Objeto. Paidos. Argentina.
Ons, S. (2018). El cuerpo pornográfico: marcas y adicciones. Buenos Aires, Argentina. Paidos.
Vorano, G. (2015). Dictadura del placer y pornoilusión. (video: TedX Córdova) (enlace:  https://youtu.be/4Up_-hPJMxc?si=nylxTDDdk-quh_KS )
Zizek, S. (2020). Pandemia: La Covid 19 estremece al mundo. Paidos. Argentina
[1]   El concepto de bioeconomía que utilizo se apoya más bien al enfoque central que tienen los recursos técnico- científicos sobre la base económica ya que es ahí donde se focaliza la producción del mercado de las emociones.
[2]   El nudo borromeo es una constitución de tres anillos o aros interconectados para ilustrar las estructuras que caracterizan a los seres hablantes en la experiencia analítica y estos son: lo Real, lo simbólico y lo imaginario. Sus alineamientos hacen definir al “objeto a” por causa del deseo.

La propaganda y narrativas falaces de la guerra

 

Especial para En Rojo

En medio de la guerra de Estados Unidos contra Irán —porque ya es una guerra y no un mero conflicto bélico— quedan evidenciadas las abrogaciones ilegales del presidente Donald Trump de poderes correspondientes constitucionalmente al Congreso, que es la instancia de poder estadounidense que puede declarar oficialmente una guerra contra otro país. Es bajo esta innegable realidad que se hace indispensable la capacidad de análisis crítico del ciudadano para filtrar las noticias difundidas y así poder estar correctamente y bien informado.

Las narrativas falaces y la propaganda son armas fundamentales en la guerra moderna, diseñadas para moldear la percepción, desmoralizar al enemigo y legitimar acciones violentas a través de la desinformación. En la actual era digital, estas tácticas utilizan las redes sociales, bots y trolls para difundir noticias falsas. Se crea un entorno de «guerra cognitiva» y la verdad es secundaria.

Así las cosas, se manipula la verdad, creando narrativas engañosas en la denominada «Manguera de Falsedades» (Firehose of Falsehood) que consiste en difundir múltiples narrativas contradictorias rápidamente para confundir y saturar la opinión pública.

El uso de memes con humor y sarcasmo son parte de las tácticas propagandísticas para atacar la narrativa oficial del adversario.

La desinformación se integra con ataques informáticos y acciones militares, deshumanizando el conflicto. Se insiste en que el enemigo inició la guerra y que se actúa en legítima defensa.

Las redes sociales permiten que la desinformación se propague más rápido que la verdad, priorizando las emociones sobre los hechos. Los medios de comunicación también pueden sesgar la información bajo presiones políticas o económicas, limitando la perspectiva del conflicto.

El uso de noticias falsas se convierte en un arma de guerra. Para ello se recurre a la guerra memética (el uso de memes). Un estudio sobre la desinformación y la guerra híbrida en «Comunicación y Hombre» analiza cómo los ejércitos usan la desinformación en el dominio informativo.

En los conflictos bélicos modernos, la información y las narrativas han dejado de ser solo complementos. Se convierten en un sexto dominio de guerra (junto al terrestre, marítimo, aéreo, espacial y ciberespacio). Esta «guerra cognitiva» no busca solo destruir infraestructuras, sino «hackear» la mente del adversario y de la población civil del país atacante para alterar su percepción de la realidad.

Las narrativas falaces suelen operar bajo estructuras repetitivas que buscan simplificar la complejidad del conflicto mediante sesgos informativos. Se procura instalar la idea de que «el enemigo empezó la guerra», y el atacante aparece como la víctima obligada a defenderse.

Hay la tendencia informativa persistente a deshumanizar al adversario, utilizando términos que presentan al otro como una «bestia» o criminal, eliminando matices morales para legitimar la violencia. Se recurre a la difusión de historias desgarradoras, a menudo falsas o exageradas, para movilizar emociones. Un ejemplo clásico es la historia de los bebés sacados de incubadoras en la Guerra del Golfo, que influyó decisivamente en la opinión pública. El relato falso creado fue que soldados iraquíes entraron a un hospital con sus armas de fuego, sacaron a los bebés de las incubadoras, se llevaron las incubadoras y dejaron a los bebés morir en el frío suelo.

La manipulación del lenguaje es una táctica informativa común en las guerras, mediante el uso de términos como «neutralización» o «daños colaterales» para que la percepción de la muerte sea algo inocuo.

En fin, los gobiernos y sus fuerzas armadas utilizan hoy los trolls, bots y algoritmos para diseminar noticias falsas a gran escala, actuando como un «multiplicador de fuerza» que no requiere soldados tradicionales. Los memes con humor, sarcasmo e ironía son utilizados para influir en la opinión pública y contrarrestar la narrativa enemiga. Se maximiza la emoción para que sustituya la racionalidad y el análisis crítico.

Es frecuente la sexualización de la guerra mediante imágenes y videos de mujeres bellas y sensuales pertenecientes a las fuerzas armadas para «humanizar» la guerra mediante la manipulación visual.

La verdad se convierte en otra más de las víctimas de la guerra. Creada una dependencia casi absoluta de las fuentes oficiales que sustituye las corresponsalías periodísticas de guerra, se hace casi inevitable que las redacciones repliquen narrativas gubernamentales sin el debido contraste.

 

El autor es periodista.

No hay Claridad sin Festival, ni Festival sin Claridad

Foto por Soam M.Morales Ortiz

 

 

“Una compañera dice: ‘se siente como el único pedacito libre del país’… esos cuatro días, tú piensas que estás viviendo la independencia”, narra Alida Millán Ferrer.

 El periódico CLARIDAD se fundó en 1959, y catorce años después en 1973, nace el Festival de Apoyo CLARIDAD. Este año se celebrará el 51 Festival de CLARIDAD del 16 al 19 de abril. 51 festivales en 53 años, “la gente se confunde, pero hubo dos años que no se hizo”, explica la directora del medio, Alida Millán Ferrer, con seguridad y una sonrisa.

Para el periódico CLARIDAD el Festival es la principal fuente de ingresos para su funcionamiento. Lo que en su momento les permitió seis meses de fondos ahora les rinde entre tres y cuatro meses de funcionamiento. Además del aspecto económico, el festival brinda un espacio para dar a conocer a Claridad y su labor diaria. De igual manera, hay personas que asisten al festival sin conocer su propósito, pero con un gran interés por la feria de artesanías y la programación de artistas. “La razón que sea, esa es su aportación a CLARIDAD o al Festival o a Puerto Rico… para eso es que sirve el Festival, para que nosotros sigamos dando la batalla por un Puerto Rico libre”, afirma Millán Ferrer.

Primer cartel del Festival en 1978. Héctor Escalante

El Festival surge luego de que Juan Mari Brás, cofundador de Claridad, regresa de un viaje político a Italia. Allá conoció las iniciativas de periódicos comunitarios que realizaban festivales para recaudar fondos para su funcionamiento y regresó a Puerto Rico con la idea de realizar, lo que hoy conocemos, como el gran Festival de Apoyo a CLARIDAD.  “Hay fotos del artista Rafael Rivera Rosa martillando un quiosco, de Jacobo Morales en una tarima que lo que tiene son luces blancas, y de Lucecita cantando sentá”, narra la directora. Ese primer festival se celebró en la calle al lado del periódico y lo montaron los mismos compañeros y compañeras del periódico y del Partido Socialista.

Tras más de cincuenta años, el Festival de Claridad mantiene la esencia de un espacio de reencuentro para amistades, familias y personas que creen en la misión de CLARIDAD y en su trayectoria. “Es un espacio seguro, familiar… Tú piensas: ‘Por fin llegamos. Llegamos a lo que estábamos buscando’”, explica Millán Ferrer.

Aunque todos los años el Festival ofrece cuatro días de cultura y política, hay momentos que no se olvidan. La primera vez que el cantante Gilberto Santa Rosa presentó en un Festival de CLARIDAD fue un domingo, cuando la canción ‘Vivir sin ella’ alcanzó gran popularidad. “…aquello no cabía un alma. Gilberto tiene una foto de él trepado en una bocina, mirando la gente”, cuenta Millán Ferrer. Aunque en ese momento el Festival no abría los domingos hasta despúes de las cinco de la tarde, los organizadores decidieron abrir ese día a las dos para cumplir con la disponibilidad del cantante.

Dylcia Pagán en su primer Festival 1999. Foto Archivo CLARIDAD

“Me acuerdo cuando fue Tego Calderón por primera vez y abarrotó aquello allí. Pero memorable, memorable fue cuando recibimos a los prisioneros políticos de la Frente Armado de Liberación Nacional (FALN)… ellos no se podían juntar, pero fueron subiendo  uno a uno  a la tarima ”, recuerda Millán Ferrer. “Ese tipo de cosa no se dan en ningún otro sitio, tú oir cantando el himno de La Borinqueña, si RaiNao lee esto puede ir a cantarlo que allí nadie le va a hacer nada”, añade.

El Festival de Apoyo a CLARIDAD de 1974 fue el primer Festival que Alida Millán Ferrer asistió y en 1975 participó como teatrera de Teatro Guerrilla, comenzó haciendo la tarima en 1986. “…de ahí saqué excelentes amigos(as) como es Andy Montañez, Héctor Rodríguez-Atabal que ya no está con nosotros, Roy Brown, Millie Gil, Tony Mapeyé, Gary Núñez (otro que se nos fue)…amigos que los conservo hasta el sol de hoy y que les agradezco que hayan seguido yendo al festival”, asegura la actual directora del periódico CLARIDAD.

El Festival sobrevive por el trabajo comprometido de personas como Alida Millán Ferrer, que han dedicado su vida a este proyecto. Y año a año seguirán construyendo cultura.

 

 

Del libro Andrógino

 

 

Palabra que se vuelve rosa,

rosa que se vuelve efebo

si miro en el poema su fragancia

brillar como el lucero;

palabra que entreteje enredaderas

desde el fondo del sueño

y sube a las arcadas milenarias

en donde Tiembla el templo;

cómo apaga su sed la carne estéril

mirada la palabra fuego,

cómo quema los bordes de la tierra

el juvenil riachuelo

que surge de tu pubis, indeleble

la ergástula del tiempo;

cuando cae el otoño en el poema

es verde el amarillo que leemos;

mirada la palabra se desnuda

la belleza voraz del agareno

que aporta a mis sonatas el prodigio

de carnales sonetos;

cómo luce la carne ambivalente

areolas de fuego,

aureolas de estatua seducida,

acerolas que tienden su veneno

al pájaro que envuelve en su plumaje

mi verde serventesio,

el que tiene sin ritmo y sin palabras

poéticos (d)efectos

de enhiesta, inevitable suculencia

que Te alarga mi verso.

 

 

Caer en el lenguaje,

terciopelo de encaje, tela oscura,

río que se forja en la caverna,

precipitada lluvia;

hoja del reloj del árbol,

amarilla diablura;

del péndulo que tensa en el espacio

la vesánica música;

en el óleo por fin picoteada

la venenosa fruta;

caballo que perfuma en el sendero

si vas sobre su grupa;

escala que remonta al cielo

si el ángel se desnuda

en medio de la estrofa resguardada,

─piel aterciopelada─

si el poeta pregunta

por todo lo que el hombre esconde

debajo de su túnica;

mi boca inoperante,

la única palabra que no usas,

el sagrado silencio

mirado en el espejo

y el doncel que denuncia

con la mano extendida en el vacío

de su sedosa luna,

en púbico perfume sedicioso

que en cálido menguante se acurruca;

victoria de la Muerte

hundida en tus nepentes

y que entre mis poemas eyacula.

 

Oír, en el silencio,

la caverna borrada,

la voz que nos escucha,

que no se escucha y teme acobardada

de Ti, de este decir

que creas en mi mente desolada

cuando tengo que ver que ya no existe

ni existo en este verso que restalla,

que azul relampaguea

cual látigo de Amor sobre tu espa(l)da;

yo voy por ese oscuro de tu adentro

contigo, pero estoy en mí, en mi casa;

Tú vas por este oscuro de mi adentro

conmigo, pero estás en Ti, sobre tu playa

desnudo como el mar que me atormenta

cuando soy esta isla atormentada,

cuando soy ave azul que se disgrega

en penacho y en alas

aterciopeladas;

oír lo que el perfume dice

si tienes en las manos las acacias,

aquellas que florecen en tu mente

y nunca flores ser en mis palabras;

la música del ojo sobre el piano

que solamente ve la Appassionata,

y el oído que palpa los minutos

cuando el reloj en ascuas

es metrónomo verde ─zumbador herido─

que no puede moverse en las mañanas;

poder que se deslumbra indiferente

ante la partitura amordazada

y oír en cada verso que me envías

desde tu parusía

es lanzarse al naufragio en la sonata.

 

Ver y no ver en Ti sino el secreto

del dios que Te perdió al lanzar el disco;

ver la esencia del sándalo cortado

y degustar la pulpa del zafiro;

en tétrica obsesión perder el mundo

detrás de tus hercúleos hemistiquios;

fuga de la gaviota perfumada

que fuga hacia la iglesia clausurada

desde el mar en que estalla blanco lirio;

ver de pulcro tritón entre esmeraldas

desnudo, verde trino

del verso que en tus labios de cenizas

eleva el fénix,

fuego en lo prohibido;

en lo que ve el lector una acrobacia

de la antigua Palabra

se puede ver el viejo precipicio

de Léucade en que Safo se lanzara

sabiendo que Faón se había perdido;

ver el ancla profunda

que detiene la luz del vellocino,

en tanto que Narciso ve en las aguas

lo que no nos demuestran las palabras

cansadas del poema de uno mismo.

 

Tocar en el espacio

el ritmo del poema,

tocar el espejismo

de Narciso muriendo en la Belleza;

el órgano tocar de lo ominoso

en esta Sinfonía enhiesta,

si me tocas el órgano maestoso

del Arcángel Miguel

sonará la trompeta;

la sombría pregunta en el espacio

que tiende la cadencia

de Saint-Saëns oscuro y luminoso

cuando me abres la puerta

hacia El Jardín en luto

donde la luna nueva

sonríe en el verdor de la laguna

que se muere de pena;

tocar la suavidad de tu epidermis

en el bikini verde en las arenas;

tocar ese misterio que se oculta

entre los requisitos de la métrica;

tocar el abalorio de zafiros

que ofrece el guacamayo en las palmeras;

en miedo del naufragio

otro naufragio suena

como Endimón dormido

en tu núbil caverna

y el áncora perdida en el silencio

que dejó la tormenta;

en medio de la abrupta melodía

tocar cada minuto

la imposible falena,

el hilo conductor de los oboes,

los chelos que lamentan

el paso de Jacinto por el bosque

y los celos del Viento en la floresta;

tocar el imposible plectro

la música adormida entre tus piernas,

el púbico y zafíreo plenilunio

de la estrofa irredenta.

Oler en el perfume los sonidos oscuros del grumete que sueña

con esas esmeraldas y amatistas que oculta en la caverna

por entre los uveros recelosos al pasar la tormenta

y el pirata que vuelve de Tortuga por la Isla desierta;

oler ese presagio, ese designio, de la carne sedienta,

arácnida la luna descolgada sobre las alamedas

y en el ritmo inusual del serventesio lo poético sueña

con saltar por el viejo precipicio de la mítica peña

y olvidar el perfume sedicioso de la rima obsoleta;

oler cada sonido del aroma de la oscura violeta

que tienes en la verde partitura de ominosa cadenza;

oler el verde fuego en los ramajes y las azules perlas

que suelen florecer en el ocaso cuando hacia mí Te acercas;

olor y suavidad de las espumas en la dulce marea,

olor en el Bukake que entreabre sus páginas sedientas;

oler esa pregunta en el espacio, presagio del Idea

que vuelve en el Andrógino agareno a completar la esfera;

oler las azucenas genitales que marcan la cadencia,

el pájaro oloroso en los jazmines, la Prosodia indefensa

y el metrónomo en fuego sobre el piano detrás de mis poemas.

 

Gustar de los racimos

que la Isla me ofrece en tus riberas,

en tus costas de piel aceitunada,

entre tus arrecifes

litoral de fieras;

en verde zumbador degusto el iris

de los dulces nepentes que descuelgan

su peligro ancestral y su destello

donde los moscardones tiemblan;

arrimado a la muerte el tierno efebo

disfruta de su imagen indefensa

que no podrá gustar sino en la sombra

de Caronte en esquife

de plúmbeas calaveras;

gustar el paraíso de agarenos olivos

y los dulces damascos de anaranjadas gemas;

en la silva el prefacio del durazno

y en la lira en perfume del poeta;

gusto de los enjambres azucarados

en las arcadas lúcidas del poema

que dulzor de la piña y de la poma

adquieren de tus gráciles caderas;

gusto de sibarita y de monarca

que entre las astromelias revolotea;

gusto de sagitario, de azul Centauro,

gusto de alejandrino en las hipomeas,

en la caverna oscura y en la espesura

del bosque, de tus zafíreas sombras etéreas

que forman el archipiélago de tu cuerpo

que cruzan mis piratas en la tormenta.