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Aún hay tiempo para recapacitar

Especial para CLARIDAD

La defensa del Parque del Tercer Milenio es, en esencia, la defensa de un principio democrático que suele olvidarse cuando el poder se ejerce sin frenos: los espacios públicos no son activos transables ni terrenos disponibles para negociaciones privadas. Son patrimonio colectivo, y su administración exige transparencia, evidencia y respeto por la historia que los define. La controversia que hoy ocupa a la ciudadanía y a la Legislatura Municipal de San Juan no surgió de un capricho ni de una disputa menor. Es el resultado de años de vigilancia comunitaria, de un compromiso sostenido con la ciudad y de la convicción de que el litoral sanjuanero merece algo más que improvisación y cemento.

El Parque del Tercer Milenio nació de una visión urbanística clara. El arquitecto Thomas Frost concibió el espacio como un corredor ecológico y recreativo que integrara la costa, la vegetación nativa y el acceso ciudadano sin barreras. Su diseño respondía a una filosofía de ciudad abierta: un parque lineal que permitiera caminar, correr, observar el mar, practicar deportes y convivir sin la presión del tráfico ni la contaminación. Era, y sigue siendo, un proyecto que apostaba por la salud pública, la recreación y la protección ambiental. En ningún documento de su diseño original aparece la idea de un estacionamiento de varios niveles incrustado en el corazón del parque. Esa propuesta es una alteración sustantiva del concepto original y una ruptura con la intención fundacional del proyecto.

La lucha por proteger el parque incrementó cuando el Municipio de San Juan impulsó la construcción de un estacionamiento sin estudios, sin diseño, sin análisis de movilidad y sin un solo documento que justificara su necesidad. Antes, la organización Escambrón Unido daba la Batalla por proteger el litoral. La propuesta del alcalde Miguel Romero Lugo para la construcción de un estacionamiento multipisos llegó a la Legislatura Municipal como un borrador incompleto, carente de información técnica y sin evidencia que demostrara que el área —ya saturada de estacionamientos públicos y privados— requería otra estructura de aparcamiento.

A pesar de ello, la mayoría legislativa aprobó una enmienda que abría la puerta a la privatización del espacio. Lo hizo sin tener frente a sí un solo documento que sustentara la medida, sin estudios ambientales, sin proyecciones de demanda y sin análisis de impacto sobre la comunidad. La aprobación de la enmienda, en esas condiciones, no fue un acto de gobernanza responsable, fue una renuncia a la obligación de evaluar, cuestionar y exigir evidencia.

La insistencia del Ejecutivo Municipal en adelantar este proyecto, aun frente a la ausencia total de información, levantó dudas legítimas sobre sus motivaciones. No es un secreto que los empresarios vinculados al proyecto y beneficiarios directos de la concesión propuesta han mantenido relaciones cercanas con administraciones del PNP y con figuras políticas que hoy ocupan posiciones de poder y de los cuales han sido donantes generosos. La pregunta que surge, inevitable y necesaria, es por qué un alcalde insiste en construir lo que no ha podido justificar. ¿A quién sirve realmente esta obra? ¿Qué interés público se adelanta con la privatización de un parque costero? ¿Por qué se pretende alterar un espacio diseñado para la recreación y la salud comunitaria sin evidencia de necesidad?

La lucha ciudadana, acompañada por la minoría legislativa, culminó en una demanda contra el alcalde. No fue un acto de confrontación gratuita ni un gesto político vacío. Fue la consecuencia lógica de un proceso marcado por la opacidad, la falta de documentos y la negativa del Ejecutivo a someter el proyecto al escrutinio público. Cuando un gobierno se niega a proveer información, la ciudadanía tiene el deber —y el derecho— de exigirla por las vías que la ley dispone. La demanda es, en ese sentido, un mecanismo de defensa democrática: una herramienta para obligar al gobierno a rendir cuentas y a justificar sus decisiones.

Conviene recordar, en este contexto, cuál es el deber de un alcalde con su gente. No es proteger intereses privados, ni adelantar proyectos sin fundamento, ni convertir el patrimonio público en moneda de intercambio político. Su deber es gobernar con transparencia, escuchar a la comunidad, proteger los recursos naturales y garantizar que cada decisión responda al bienestar colectivo. La administración pública no es un ejercicio de terquedad, sino de responsabilidad. Un alcalde no está llamado a imponer, sino a justificar; no a ocultar, sino a explicar; no a persistir en el error, sino a corregirlo cuando la evidencia lo exige.

Por eso es importante afirmar que todavía está a tiempo para retroceder. La historia política está llena de momentos en los que líderes corrigieron el rumbo y fortalecieron su legitimidad al hacerlo. Cambiar de opinión no es un signo de debilidad, sino de madurez. Como escribió Séneca, “errar es humano; perseverar en el error es diabólico”. Y Marco Aurelio, en sus Meditaciones, recordaba que “si alguien me muestra que estoy equivocado, cambiaré; busco la verdad, y la verdad nunca ha dañado a nadie”. Rectificar no disminuye a un gobernante: lo engrandece.

San Juan no necesita otro estacionamiento en el Parque del Tercer Milenio. Lo que necesita es un alcalde dispuesto a escuchar, a rectificar y a reconocer que la ciudad se construye con la gente, no contra ella. La lucha continúa, y la puerta para corregir sigue abierta. Recapacitar, en este caso, sería un acto de valentía y un gesto de respeto hacia la ciudadanía que ha defendido este parque durante décadas.

 

Inteligencia Artificial, fuerzas productivas y relaciones de producción

 

Especial para CLARIDAD

La Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías relacionadas no deben analizarse como una amenaza abstracta, espiritual o existencial por sí mismas, sino como parte del desarrollo de las fuerzas productivas dentro del modo de producción capitalista. El modo de producción capitalista es un sistema socioeconómico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el uso del trabajo asalariado. El desarrollo de las fuerzas productivas es el proceso continuo mediante el cual la sociedad incrementa y mejora su capacidad para producir bienes materiales a través de la evolución de la tecnología, la ciencia, los medios de trabajo y la experiencia de los trabajadores.

La amenaza para la humanidad no radica en la tecnología en sí, sino en las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias— bajo las cuales esta se desarrolla. La búsqueda de ganancias puede colocar la rentabilidad por encima de las necesidades humanas y deshumanizar la producción, reduciendo a las personas a simples números, piezas de una máquina o recursos intercambiables en favor de la eficiencia y el lucro. Estas tecnologías no son herramientas neutrales, sino productos de las relaciones sociales de producción del capitalismo contemporáneo.

El desarrollo de las fuerzas productivas —la tecnología, la ciencia y el trabajo— está condicionado por las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias—. En el capitalismo actual, la IA funciona como una mercancía y como un mecanismo de extracción y procesamiento de datos. Su desarrollo está orientado, en gran medida, a maximizar la valorización del capital, reducir los costos de producción y reproducir determinadas normas e intereses ideológicos del sistema dominante.

La Inteligencia Artificial y las tecnologías relacionadas poseen el potencial material de reducir drásticamente el tiempo de trabajo necesario, liberar a la humanidad del trabajo precario y alienante y orientar la producción hacia la satisfacción de las necesidades sociales. Sin embargo, el capitalismo genera una contradicción en sí mismo, en lugar de eliminar el trabajo precario, la tecnología puede utilizarse para ejercer un control cada vez más estricto sobre los procesos laborales y precarizar el empleo, subordinándolo a la lógica de la ganancia y la obsolescencia. La opresión se agudiza cuando la IA se convierte en una herramienta de supervisión panóptica en los centros de trabajo, mediante algoritmos que pueden medir la productividad casi al segundo, intensificando así el control y la explotación laboral.

Para el capitalismo, la Inteligencia Artificial y las tecnologías relacionadas representan una forma de automatización extrema. Los capitalistas introducen maquinaria con el objetivo de reducir el costo del trabajo vivo, incluidos los salarios de los trabajadores. En esta nueva etapa, se busca automatizar no solo el trabajo físico, sino también determinadas tareas cognitivas. Esto plantea un nuevo problema, la posibilidad de que se prioricen la velocidad, la productividad y el rendimiento económico por encima del bienestar físico y emocional de los trabajadores. El esfuerzo humano puede llegar a ser tratado como una extensión mecánica de los sistemas tecnológicos, fomentando la autoexplotación y una concepción en la que el valor de una persona se mide únicamente por lo que produce. Al mismo tiempo, el conocimiento acumulado y la innovación que transforman la eficiencia de los procesos pueden ser apropiados de manera privada. El conocimiento colectivo de la humanidad —el código, el arte, la literatura, los datos médicos y otras formas de producción intelectual— es utilizado por las corporaciones tecnológicas para entrenar sistemas de IA.

En el capitalismo, el trabajador ya se encuentra alienado de su trabajo y del producto de su esfuerzo, y ahora esa alienación puede acelerarse. El trabajo muerto —la IA acumulada como capital constante— se vuelve contra el trabajo vivo, es decir, contra el trabajador y creador humano. El trabajador puede terminar siendo dominado por un algoritmo que, de manera colectiva, ayudó a construir y que posteriormente puede utilizarse para sustituirlo. Los sistemas de IA absorben datos, experiencias y patrones producidos por millones de seres humanos para aprender de ellos. De esta manera, el conocimiento y el saber hacer de los trabajadores pueden ser apropiados, transformados en capital y posteriormente utilizados para reorganizar o incluso sustituir determinadas formas de trabajo.

La contradicción de las fuerzas productivas —representadas en este caso por la IA y las tecnologías relacionadas— surge cuando estas chocan con las relaciones de producción existentes, particularmente con la propiedad privada de los medios de producción. Solo el trabajo humano genera nuevo valor y plusvalor, del cual se apropia el capitalista. Las máquinas, por avanzadas que sean, transfieren al producto el valor que ya contienen, pero no crean nuevo valor por sí mismas. Si se reemplaza masivamente el trabajo humano mediante la IA y las tecnologías relacionadas, la composición orgánica del capital puede modificarse, aumentando la proporción de capital constante respecto del capital variable. Desde esta perspectiva teórica, este proceso profundiza la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y puede contribuir a crisis económicas, una mayor concentración del capital, el fortalecimiento de monopolios y niveles crecientes de desigualdad.

A esto se suma el problema del consumo. Si la IA desplaza a millones de trabajadores y estos pierden capacidad de compra, surge una contradicción, ¿quién consumirá las mercancías producidas por sistemas cada vez más automatizados? Frente a esta situación, se plantea una disyuntiva entre una mayor concentración de la riqueza en manos de los propietarios de las plataformas y tecnologías, o una democratización del acceso y control sobre dichas tecnologías.

La democratización de la Inteligencia Artificiales posible, pero hay que lucharla. Reorientar la IA y las tecnologías relacionadas hacia el bienestar social exige, desde esta perspectiva, una transformación de la base económica y de la propiedad de los medios de producción, pasando del control privado hacia formas de control democrático y colectivo.

La democratización de la IA puede impulsarse mediante el desarrollo de tecnologías de código abierto (Open Source), la formación de capacidades y la construcción de soberanía digital. La formación de capacidades consiste en enseñar, entrenar y proporcionar herramientas a las personas y comunidades para que puedan realizar mejor su trabajo, resolver problemas de manera autónoma y alcanzar sus objetivos. La soberanía digital es la capacidad de un estado, organización o persona para controlar de forma independiente su propia infraestructura digital, programas, redes y datos para reducir la dependencia de grandes empresas extranjeras de tecnología.

Esto permitiría utilizar la tecnología en función del bienestar humano. La automatización de tareas cognitivas y físicas podría reducir drásticamente la jornada laboral y liberar al ser humano del trabajo tedioso y repetitivo, permitiendo dedicar más tiempo al desarrollo humano, el arte, la ciencia y el ocio creativo, en dirección hacia la emancipación del trabajo. A su vez, una producción automatizada orientada a satisfacer las necesidades humanas, y no exclusivamente a generar ganancias, permitiría aprovechar el potencial de estas tecnologías evitando su utilización exclusiva para la guerra o la destrucción humana. La IA puede entenderse como una herramienta para mejorar la productividad, impulsar la innovación y elevar la calidad de vida, siempre que su desarrollo y utilización estén orientados por criterios sociales, éticos y pacíficos.

La verdadera amenaza para la humanidad no radica en la tecnología en sí, sino en las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias— bajo las cuales esta se desarrolla. Quién controla la tecnología y cómo la define.

Desde esta perspectiva, las distopías que presentan escenarios en los que un enjambre de bots o robots podría actuar como una supercomputadora capaz de tomar el control de Internet se alejan del problema social fundamental. El objetivo debería ser impulsar esta tecnología de manera que beneficie a los seres humanos y contribuya a protegerlos frente a sus riesgos. La IA puede considerarse el equivalente contemporáneo de algunas de las grandes transformaciones tecnológicas de la Revolución Industrial, como lo fueron las máquinas de vapor en su momento. La humanidad posee hoy una capacidad técnica sin precedentes para incrementar la productividad y reducir determinadas formas de escasez. Sin embargo, para que ese potencial tenga un impacto social positivo, resulta indispensable transformar las relaciones de propiedad y las formas de control sobre los medios de producción.

La disputa geopolítica por la Inteligencia Artificial

Por último, en la lucha geopolítica por alcanzar la hegemonía tecnológica, la Inteligencia Artificial se ha convertido en un elemento estratégico. Donald Trump ha planteado la competencia por la IA como una disputa geopolítica, al afirmar que quien gane en IA “gana en todo”, destacando así la importancia estratégica de esta tecnología. Mientras tanto, los países del bloque BRICS han planteado la necesidad de una gobernanza global de la Inteligencia Artificial basada en la inclusión, el consenso y la cooperación internacional, con un papel central de las Naciones Unidas. Dentro de estas propuestas se encuentran el uso ético y sostenible de la IA, la cooperación tecnológica y el impulso de modelos de desarrollo que contemplen el acceso y la participación de distintos países en las nuevas tecnologías.

 

Todavia Lula puede ganar

 

 

Frei Betto    

 

Hay una diferencia entre estar al frente en una elección y tenerla ganada. Lula lo sabe. Sus adversarios también. Y las encuestas confirman que la disputa sigue en pie en la recta final.

El dato más elocuente es el equilibrio en la confrontación directa con Flavio Bolsonaro. Datafolha del 2 de octubre señaló que, en una eventual segunda vuelta, Lula contaba con 48% contra 45% de Flavio.

La encuesta de Atlas/Bloomberg, divulgada días antes, arrojó prácticamente un empate: 47,6% para Lula y 47,7% para Flavio. CNT/MDA arrojó 47,6% para Lula contra 43,1% para su adversario.

Por tanto, decir que Lula no tiene posibilidades sería tan errado como afirmar que su victoria está garantizada. Lo que existe es una elección sumamente cerrada, en la cual algunos factores todavía pueden favorecer al presidente.

El primero es el tamaño de su base electoral. Lula conserva una identificación política que ningún otro candidato de izquierda ha logrado construir a escala semejante.

Posee un electorado sólido entre los más pobres, en el Nordeste, entre los trabajadores de menos ingresos y entre partes importantes del electorado católico. Datafolha muestra que la aprobación de la gestión presidencial es mayor entre los electores de bajos ingresos, los nordestinos y los católicos.

Eso significa que Lula arranca hacia la segunda vuelta con un patrimonio electoral difícilmente despreciable. Su problema no es convencer a todos los brasileños. Es preservar su base y conquistar a una parte del electorado a la que no le gusta el PT, pero puede preferirlo a su adversario.

El segundo factor es el rechazo a Flavio Bolsonaro. La elección no es un mero plebiscito sobre Lula, sino también una opción por su adversario. Y, en la segunda vuelta, el elector que no desea votar por el presidente tendrá que decidir si le transfiere su voto a Flavio.

Esa es una cuestión decisiva. El bolsonarismo sigue movilizando a un electorado fiel, pero también carga con la herencia política de Jair Bolsonaro y un fuerte rechazo fuera de su campo. Flavio puede heredar el patrimonio electoral de su padre, pero ello no excluye sus limitaciones.

Las elecciones brasileñas suelen decidirse menos por el entusiasmo de los militantes que por la capacidad de un candidato de hacerse aceptable para quien no lo considera su primera opción.

El tercer factor es la economía. Aquí radica la mayor oportunidad y el mayor peligro para Lula. El gobierno llega a la elección enfrentando críticas sobre el costo de la vida, el precio de los alimentos, los impuestos y el endeudamiento. Datafolha registró en octubre una evaluación negativa del gobierno de 41% contra una positiva de 35%.

Pero la elección no se decide por indicadores económicos, sino por la percepción que el elector tiene de su propia vida. Si en las últimas semanas prevalece la sensación de que el empleo, las entradas y el consumo han mejorado, Lula podría transformar la campaña en una comparación entre gobiernos.

Si prevalece la sensación de ahogo financiero, será el candidato de la oposición quien explotará el descontento.

El elector puede perdonar muchas cosas cuando siente que su vida ha mejorado. Y rechazar casi todo cuando siente que ha empeorado.

¿Hacia dónde migrarán los votos de las candidaturas nanicas? Lula podrá atraer votos de electores que se identifican con el centro-izquierda y con sectores democráticos de centro. Flavio, por su parte, intentará reunir todo el campo antipetista. Es por eso que Lula precisa ser más candidato presidencial que candidato del PT.

A sus 80 años, Lula ya ha disputado y ganado elecciones en condiciones adversas. Tiene una extraordinaria capacidad de comunicación popular, conoce el país y domina como pocos el lenguaje de la política. Su experiencia le permite transformar una elección aparentemente desfavorable en una disputa entre proyectos.

No obstante, su desafío consiste en no imaginar que la memoria de sus dos primeros gobiernos basta para garantizar el futuro. Una parte significativa del electorado joven no vivió aquel período como adulto.

Para ese sector, Lula es una figura histórica. Por tanto, es necesario producir una razón actual para convencer al elector a votar por él. Puede ser la estabilidad contra la aventura, la democracia contra la radicalización, la protección social contra el retroceso y, sobretodo, la comparación entre lo que el gobierno da y lo que la oposición promete.

Lula todavía puede ganar porque la elección sigue abierta. Las encuestas arrojan una confrontación en el límite del margen de error, y la segunda vuelta tiende a reorganizar el campo político. Hay electores que todavía pueden cambiar su voto.

Por tanto, la cuestión no es saber si Lula tiene posibilidades matemáticas de ganar. Las tiene. La cuestión política es si logrará transformar su electorado fiel en una mayoría nacional. Si lo logra, ganará por cuarta vez una elección presidencial.

En 2026, Lula se debate contra el desgaste del poder, la inflación percibida en la bodega y el supermercado, el rechazo al PT y el cansancio de parte del electorado.

Y escribe un nuevo capítulo de su historia, que incluye una base social aún robusta y la posibilidad de que, en el momento decisivo, la mayoría prefiera la continuidad democrática a la aventura de un nuevo ciclo bolsonarista.

Es por eso que Lula todavía puede ganar.

 

Reproducido de www.cubadebate .cu

Legado de Albizu pervive en galería de arte

Fotos por Adrián Rodríguez Alicea/CLARIDAD

La exposición devela toda suerte de detalles de la vida del prócer

Pancartas, documentos oficiales del FBI, billetes satíricos y todo tipo de materiales darán forma, desde el 8 de octubre hasta el 7 de noviembre, a Un tributo a la memoria de Pedro Albizu Campos, exposición colaborativa que reúne obras de múltiples artistas y que retrata las distintas facetas del líder nacionalista en la galería La Lineal en Río Piedras. .

En colaboración con el proyecto cultural Salón Boricua, 19 artistas compusieron diversas piezas que ilustran la vida y el pensamiento político de Albizu Campos. Participan, entre otros artistas, Jancarlo Vega Gierbolini, Iván Alonso Acosta, Franz Rolón, Edgardo Martínez Román, Amanda Lacomba Berríos y Saritza Martínez. Más de una veintena de personas se dieron cita a la sede de la galería La Lineal, en Río Piedras, donde estará la exhibición hasta principios del mes que viene.

Boceto Peso Borincano, de Braulio Giovanetti, establece el tono general del resto de las obras: un billete que simula un dólar está lleno de referentes nacionalistas. Aparece la firma de Juan Antonio Corretjer como «secretario de la Tesorería» y, asimismo, el nombre de Luis F. Velázquez como «tesorero». Ambos nombres inscritos bajo la insignia de la República Soberana Puertorriqueña. Le remataban, en sus esquinas, amapolas, cadenas rotas y racimos de plátano.

«Ha muerto hoy, en el barrio Obrero de San Juan Bautista, para la vida física don Pedro Angleró. Ha muerto un prócer centenario en cuyas venas latía la redención de un pueblo sojuzgado por el poder de la fuerza», lee una de las paredes como parte de la exhibición. La cita corresponde a las palabras que ofreciera Albizu Campos, en 1931, tras la muerte del último sobreviviente del Grito de Lares.

Otras obras, como Llegó para quedarse, dibujaban, al estilo de las tiras cómicas, al prócer a lo largo de su vida. En Ponce, en Harvard, en San Juan; en cada una, aparece abogando por la independencia de Puerto Rico. Huelga en la caña, por otro lado, retrata el fervor de los discursos que Albizu Campos ofrecía, en la década de 1930, a los obreros del azúcar. Un grupo de tres jóvenes se detiene ante cada una con cierta solemnidad, ahorrando sus sonrisas para las fotos que se tomaban entre ellas.

Una pintura costumbrista, por otra parte, perfila a un Albizu rumiando ante un paisaje. Un pitirre descansa en su hombro izquierdo, develando, en el fondo de las paredes de la casa, una cruz de ramos y un cuadro de Ramón Emeterio Betances. Estelas anaranjadas– que parecen pertenecer al rosicler vespertino– enmarcan la parte superior del cuadro. … es la hora del silencio, del silencio que precede a las grandes tempestades intitula esta obra.

«… Y hasta que Puerto Rico no sea libre, soberano e independiente y confiera autoridad a alguien, nadie tiene ninguna autoridad en Puerto Rico. Ni jueces, ni políticos, ni gobernadores, ni ningún charlatán en Puerto Rico», leía otra pared como eco al discurso de Albizu Campos en la Plaza de Cabo Rojo, en 1950.

Las piezas están disponibles a precios que varían entre $65 y $1,000. La mayoría alude, de alguna forma u otra, a las efemérides que definieron la vida del prócer: su casa en la calle Cruz del Viejo San Juan, sus trabajos de organización desde el Partido Nacionalista de Puerto Rico; inclusive aluden a su etapa encarcelada como el Rey de las Toallas, mote que le dieran los guardias de La Princesa.

Medios como la serigrafía, gofrado, puntillismo, recorte y relieve; pintura en acrílico y tinta; posca y tinta sobre papel; medios mixtos sobre cedro y otros maderos; pintura gouache sobre papel; xilografía y collage; e impresiones digitales supusieron parte de las formas en que los artistas desarrollaron sus obras.

Abierta de lunes a sábado, desde las 10:00 a.m. hasta las 5:00 p.m., La Lineal expondrá estas y otras piezas para quienes acudan hasta el 7 de noviembre.

Un martirio que debería inquietarnos

 

Especial para En Rojo

 

En medio de estos días de tensión entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, las comunidades eclesiales de base y los movimientos populares recuerdan que, el 11 de octubre, conmemoramos los 50 años del martirio del padre João Bosco Penido Burnier en Ribeirão Bonito, prelatura de São Félix del Araguaia (MT) en el centro-oeste del país.

La tarde de aquel lunes 11 de octubre de 1976 era calurosa. Como suele ocurrir en el centro-oeste brasileño en octubre, el fuerte calor precedía a los chubascos. En ese ambiente, el padre João Bosco y monseñor Pedro Casaldáliga caminaban por un camino de tierra en Ribeirão Bonito, cuando escucharon gritos de mujeres venidos de la comisaría de policía, que se encontraba cerca de allí. De inmediato, sin dudarlo, ambos interrumpieron su camino y se dirigieron hacia allí. De hecho, vieron que un soldado de la policía militar torturaba a dos mujeres pobres.

El padre João Bosco, quien se adelantó, comenzó a discutir con el soldado para que se detuviera. Este reaccionó violentamente. Agredió al padre con un puñetazo, le dio un golpe con la culata del rifle y, cuando el padre comenzó a agacharse, recibió un disparo en la nuca.

El martirio del padre Juan Bosco fue solo uno de los más de 30 mil muertes violentas, sufridas por hermanos y hermanas, testigos del proyecto divino de la justicia ecosocial en América Latina, desde la década de 1960.

Lo que caracteriza el martirio del padre João Bosco es el hecho de que era un sacerdote de tipo tradicional. Pertenecía a una familia de renombre y no fue asesinado en la lucha por la tierra, ni por su relación con un grupo político opuesto a la dictadura brasileña de aquella época. João Bosco era coordinador del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) en Mato Grosso, pero no murió en la misión junto a los indígenas. Simplemente, estaba intercediendo, de manera pacífica, por los derechos humanos de dos mujeres pobres de la periferia. No fue mártir de la lucha política, ni de la militancia social, sino de un estilo de inserción pastoral que, gracias a Dios, sigue existiendo hasta hoy, aunque no sea tan común en nuestros tiempos.

Hoy en día, en Brasil y en otros países, los sacerdotes que tienen más éxito y reúnen a millones de seguidores parecen artistas de espectáculos, pero no se distinguen por su solidaridad con las víctimas de la violencia policial, ni se dedican a servir a los pueblos indígenas, para que sean respetados sus derechos a la tierra, a la vida y a la autonomía de sus culturas.

Hoy en día, hemos llegado al punto de ver en las redes sociales a sacerdotes que apoyan el regreso a la barbarie de la derecha en el país. El arzobispo de Brasilia muestra una fotografía de la visita que recibió del candidato contrario a la democracia. El arzobispo predica que la jerarquía eclesiástica y el clero no deben hacer política y considera que el hecho de haber publicado la foto junto a un candidato a la presidencia de la República y de proclamar además que le regaló una imagen de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, no fue gesto político. Fue solo una acción diplomática para manifestar la unión entre el poder eclesiástico que él detenta y el poder político que desea para aquel candidato.

 

Independientemente de esos delirios de volver a la antigua cristiandad imperial que aún existe en muchos sectores de la jerarquía eclesiástica y del clero, demos gracias a Dios por haber hecho del padre João Bosco Penido Burnier el patrón de los misioneros insertos y insertas en el camino por la liberación y de todos los hermanos y hermanas que pueden decir de sí mismos lo que fue la forma en la cual se presentó el profeta Juan al comienzo del Libro del Apocalipsis: «hermano y compañero (hermana y compañera) en la aflicción, en el reino y en la paciencia de Jesucristo» (Ap 1, 9).

El profeta del Apocalipsis estaba preso en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y por el testimonio de Jesucristo. El padre João Bosco, jesuita, maestro en Filosofía y Teología, se encontraba en una comisaría en la región más pobre de la Amazonia, defendiendo a dos mujeres pobres y marginadas.

Como explica el padre y teólogo José Comblin: «Dios quiere liberar a la humanidad del estado de injusticia y dominación en el que se encuentra. Por eso, forma un pueblo para llevar a cabo su designio. Sin embargo, ese pueblo olvida su misión y cae en los mismos vicios que afectan a otros pueblos. Entonces, Dios envía profetas y profetisas para recordar esa misión y provocar la conversión, el retorno a los orígenes».

Cuando hablamos de profecía y martirio en el camino de nuestras Iglesias, sin duda existe una disputa de términos, o como se dice hoy: de lugar de habla, pero de ninguna manera se trata solo de una disputa de términos. Realmente hay un desplazamiento de la profecía y del martirio: un desplazamiento pastoral y teológico. Hoy en día, el mayor desafío no es proclamar la fe en Jesús, sino vivir de acuerdo con lo que Jesús propuso y trabajar como él por el proyecto divino de paz y justicia ecosocial para el mundo.

Ya en 1986, en la ciudad de Trindade en el centro-oeste de Brasil, al final del VI Encuentro Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), el Mensaje Final al Pueblo de Dios afirmaba:

«Estos últimos tiempos han sido tiempos de martirio. Además del martirio cotidiano que todos sufrimos en el camino de las comunidades, hemos perdido a muchos hermanos y hermanas, asesinados por la causa del Evangelio. Su testimonio nos fortalece en el camino, pero debemos ser más cautelosos y protegernos mejor. Necesitamos a nuestros mártires vivos, no muertos».

En un antiguo monasterio integrado en la vida de la gente más pobre, en el momento en que un hermano o una hermana se disponía a comprometerse con la comunidad, el coordinador de la comunión le decía:

“Recuerda que este camino de la esperanza profética se opone a toda razón humana. Al igual que Abraham, solo puedes avanzar en él por la fe y no por lo que ves, confiando en que quien pierda su vida por causa de Cristo y del reino, la volverá a encontrar. No te preocupes por el mañana. Dios es fiel y en ti cumplirá su promesa».

Que la celebración del quincuagésimo aniversario del martirio del padre João Bosco reavive nuestra esperanza y nos fortalezca en este camino de testimonio del proyecto divino en el mundo.