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Deuda temporal:  Antología de narradoras cubanas de ciencia ficción

 

Por Rafael Acevedo / En Rojo

Raúl Aguiar, selección y prólogo. Colección Sur. La Habana. 2015.

De regreso de Camagüey, la escritora Dorothy Bell Ferrer me trae un libro. Ella sabe que organizamos un Congreso de Ciencia Ficción en Río Piedras. No solo le agradecemos el regalo, sino que lo leímos en un fin de semana.

La selección está hecha por Raúl Aguiar. Aguiar es un escritor, ensayista, profesor e investigador cubano. Es profesor de técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”de La Habana. Ha ganado numerosas menciones y premios literarios, entre los que se encuentran: Premio “Pinos Nuevos” 1994; Premio “Luis Rogelio Nogueras” 1993; Premio “Abril” 1994, y el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2003. Entre sus libros publicados se encuentran: La hora fantasma de cada cual, Ediciones Unión, 1995; Mata, en la colección Pinos Nuevos de la Editorial Letras Cubanas, 1995; Realidad Virtual y Cultura Ciberpunk, por la Editorial Abril, 1995. También, Daleth, en Ediciones Extramuros, 1996; La estrella bocarriba, (novela) en Letras Cubanas, 1999;  y Qubit: antología de la nueva ciencia ficción latinoamericana, Editorial Casa de las Américas, 2011. Nosha visitado en el Congreso en Río Piedras donde disertó sobre la influencia del cine soviético en la ciencia ficción cubana.

En este libro, Deuda temporal, compone la historia de la ciencia ficción escrita por mujeres en Cuba y traza el comienzo en 1979, cuando Daína Chaviano gana la primera convocatoria del Premio David para autores inéditos, en el género de ciencia-ficción, con su libro Los Mundos que amo. 

Para Aguiar, con este libro se vislumbraba “una nueva manera de enfocar el género, desde una perspectiva mucho más intimista y cercana a lo mitológico, un lenguaje de alto vuelo poético y con claras influencias de H. R. Tolkien, Ray Bradbuy y los escritores del boom latinoamericano”.

A pesar de la premiación, la aceptación de esta literatura no fue fácil. “(…) muchos (entre los cuales me incluyo, debe reconocerlo) clasificaron despectivamente esta manera de hacer como Ciencia ficción rosada en contrapartida con la llamada por esta misma época Ciencia ficción metálica que practicaban otros narradores de los 80, centrados en la faceta tecno-especulativa de sus temáticas, y en algunos casos, los menos felices, también influidos por el realismo socialista de los escritores soviéticos”. 

Sin embargo, consistentemente, se amplió la producción de textos de ciencia ficción femenina. “(…) se desarrollan los cuentos de Chely Lima quien, en coautoría con Alberto Serret, publicaron en 1983 el libro Espacio abierto, donde se nota también un cuidado y madurez en el lenguaje para relatar historias muy cercanas a la escritura realista, pero con la dosis mínima de extrañamiento requerido, casi en el límite del género”.

Aguiar incluye 31 escritoras en la antología. Desde Olga Fernández (1943) a Claudia Alejandra Damiani (1991) se demuestra la vitalidad del género en Cuba. Acá, en la otra Antilla hermana, esperamos esa antología que quizás empiece con Gretchen López, Pabsi Livmar, Alexandra Pagán.

La intimidad expresada a través del baile: Yuli y The White Crow

 

 Por María Cristina/En Rojo

Hemos tenido la suerte de ver en la cartelera de Fine Arts dos filmes de bailarines sobresalientes de ballet clásico: Rudolf Nureyev y Carlos Acosta. Ambos filmes intentan presentar momentos claves en las vidas de estos dos bailarines, especialmente cómo entran a este mundo tan exclusivo y competitivo. Solo uno de ellos logra presentar el espíritu, la entereza, los desafíos y la profundidad de su persona.  

Yuli 

(directora Icíar Bollaín; guionista Paul Laverty; autor Carlos Acosta; cinematógrafo Alex Catalán; elenco Carlos Acosta, Keyvin Martínez, Edlison Manuel Olbera Núñez, Santiago Alfonso, Laura de la Uz, Yerlín Pérez, Mario Elías, Andrea Doimeadios, César Domínguez)

Aunque la historia de Yuli/Carlos Acosta está sin duda enraizada en todo lo que significa ser cubano en la Cuba Revolucionaria—con todos los desafíos económicos que esto significa—su guion es del conocido y afamado escritor británico, Paul Laverty—quien desde 1996 es el colaborador más estrecho del maravilloso director Ken Loach—y su dirección es de la talentosa española Icíar Bollaín (También la lluvia, El olivo, Te doy mis ojos). Lo que este filme prueba es que escritores y directores conocedores de la lucha de clases, el capitalismo rampante, el liberalismo caníbal y los movimientos revolucionarios a través de la historia pueden contar historias tan profundas como la de Yuli y, en este caso, darnos un hermoso filme donde la vida íntima se expresa a través de una coreografía excepcional.

El filme abre como un documental ya que Carlos Acosta mira a distancia la sede de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba para entonces recordar sus primeros días ahí, obligado por su padre a ser parte de un grupo que le era totalmente ajeno. Esos recuerdos son interrumpidos por un presente donde es el propio Acosta el que dirige la coreografía de la danza que ofrece capítulos muy dolorosos de su vida. Es precisamente la relación con su padre, Pedro Acosta, la que ha marcado su vida desde pequeño hasta la adultez. Es una danza hermosísima con una fuerza que se balancea entre la destrucción y el saneamiento. Pero a ese chico que hacía breakdancing en las calles de su vecindario no le interesaba para nada ser otro, diferente, apartado de su familia y todo lo conocido que le daba un sentido de protección y seguridad. Así seguimos al niño Yuli desde sus primeras lecciones de ese baile de “maricones”, como él le expresa a todos, a través de su exitosa carrera que ya a los 18 años había ganado los premios más prestigiosos a través del mundo. La historia profundiza en el dolor de sentirse alejado de todo lo familiar, de nunca sentirse enraizado, de ser un extraño en tierras ajenas. 

Todas las actuaciones—incluyendo la del propio Carlos Acosta en el presente—son muy hermosas por la intensidad y entrega a lo íntimo y público a través de los años. Pero es el personaje real que desarrolla Santiago Alfonso—quien no es actor profesional—como el padre de Yuri, quien puede no entender ese mundo del arte y la danza, pero que sabe que es el camino para que su hijo tenga una vida diferente a la de él, sus muchos hijos, y sus antecesores esclavos y cimarrones. 

The White Crow 

(director Ralph Fiennes; guionista David Hare; autora Julie Kavanagh; cinematógrafo Mike Eley; elenco Oleg Ivenko, Ralph Fiennes, Louis Hofmann, Adèle Exarchopoulos, Sergei Polunin, Olivier Rabourdin, Raphael Personnaz, Chulpan Khamatova)

Ralph Fiennes (el insigne actor de The Grand Budapest Hotel, The English Patient, The Reader, The Constant Gardener, Oscar and Lucinda, Quiz Show y Lord Voldemort en la serie de Harry Potter) dirige su tercer filme y escoge presentar momentos cumbres de la vida del bailarín ruso Rudolf Nureyev antes del occidente convertirlo en leyenda. Es muy difícil escoger estos momentos de una persona tan privada y hostil hacia el público que lo aplaudió y celebró por tantos años. El punto culminante (muy bien coreografiado), hacia donde toda la historia se dirige, es su deserción en el aeropuerto de París en 1961, a los 23 años, cuando pide asilo para no tener que regresar a la Unión Soviética (URSS), donde sentía que no podría desarrollarse como primer bailarín de una compañía de ballet de prestigio como él entendía que merecía. Enfatizo esto aunque los que vean el filme interpreten su deserción como un acto político, algo que Nureyev nunca expresó; quería la libertad de desarrollarse en lo que siempre estuvo seguro de ser, el mejor bailarín de su época. 

A través de este acercamiento biográfico, el joven Nureyev es disciplinado (lo contrario de Yuli), exigente consigo mismo y los que le rodean, soberbio, egoísta y siempre dispuesto a criticar a otros al nivel de insulto y humillación. Poco importa si este es un retrato fiel del bailarín, pues para cautivar al espectador tiene que haber otros matices de este ser humano. Fiennes intenta incluir esa otra mirada al darnos estampas visuales en blanco y negro de su niñez de pobreza, ausencia y negligencia del padre y acercamiento de la madre al buscarle otra salida a su hijo (algo similar entre Yuli y su padre). Esas escenas en blanco y negro son excelentes, especialmente en el primer intento del niño Rudolf de demostrar su habilidad de mover sus pies y piernas al ritmo de bailes tradicionales. Pero la línea que predomina es el Rudolf adolescente y joven adulto que despliega su dominio sobre sus compañeros de la escuela de baile, los administradores culturales y de agencias políticas y hasta el mejor profesor de ballet escogido por él, Alexander Pushkin (no el poeta). 

Lo que no tiene The White Crow y que sí resplandece en Yuli, es la actuación y el movimiento corporal de sus protagonistas. Oleg Ivenko puede ser un muy buen bailarín ruso, pero no puede dramatizar a su personaje sin exagerar gestos y sin tener modalidad de voz para hacerlo creíble y humano en momentos de crisis, aún con sus alardes de grandeza. Tener la cámara casi todo el tiempo en close-up requiere dominar el arte dramático que Ivenko no logra. Su actuación consta de poses y movimientos bruscos. No hay suficiente baile en escena para reforzar su personalidad, excepto el maquillaje y vestuario de sus personajes. Para apreciar el Rudolf Nureyev que cambió el papel del bailarín en el ballet clásico, pueden acceder a una gran variedad de documentales en YouTube, pero también este año acaba de estrenar Nureyev de Jacqui y David Morris que esperamos Fine Arts pueda exhibirlo este verano. 

La sirenita afroamericana

 

Por Maielis González Fernández*

¿Se acuerdan del Capitán Planeta y los planetarios? 

Cuando era niña jugaba a menudo a los planetarios con mis amiguitos del barrio. Sucedía que yo era la única que sabía imitar a la perfección el acento ruso de Lynca cuando decía “viento”. Sin embargo, no podía pedir ser Lynca porque mis amiguitos me refutaban que yo no era rubia. Lynca se la pedía otra niña que tenía el pelo de su mismo color, a pesar de que decía “viento” como la mierda. A mí me dejaban una versión femenina de Cuami, que era africano, o tal vez Gi, la asiática, pero tampoco les parecía muy convincente. Yo, como ocurría con la mayoría de animados, especialmente los de Disney, no tenía representación.

Descubro que hoy viene siendo trending la noticia de que el próximo live-action que Disney piensa refreír es “La Sirenita” y todos andan entre alarmados y sarcásticos compartiendo memes y comentarios sobre cómo ya van a echar a perder la película “original”, porque la actriz que escogieron para el papel de Ariel es (hold your breath!) afroamericana. Y allá van todos a ofenderse con la corrección política. Por favor, no se rasguen las vestiduras. Si fueran a “respetar el original”, la película tendría que ser rodada en danés y la sirenita debería morir al final. ¿Cuál es la pureza que estamos defendiendo aquí? ¿La pureza de un Disney que recién ha venido a diversificarse? ¿Un Disney que enseñaba a las niñas que lo más importante era ser bella para conseguir que un príncipe las quisiera? 

Luego habría que ver quiénes son los ofendidos con esto. Los que vieron de niños la película de 1989, que sienten que les están destruyendo su infancia. Eh, pípoles, ¿se acuerdan de cómo siempre nos estamos burlando de las tonterías de los millenials? Esta es una de ellas. Y de manual: “millenials ofendidos con que la nueva sirenita sea negra”… Es que nos merecemos todo el bullying del mundo. 

Y fíjense qué les digo, si ya Disney, por ser lo mainstream, es una cosa de la que no podemos escapar, de la que no podrán hacerlo los niños de hoy; pues prefiero el Disney de la Fiona que eligió convertirse en ogro a quedarse princesa y desdichada; el de Mérida que se rehusó a casarse y entrar por el aro y el de Elsa, la lesbiana. Prefiero un Disney que, aun si lo hace por hipocresía y por aumentar sus ventas, abogue por la representación de la diversidad; uno en el que las niñas negras y mestizas puedan pedirse ser sirenas sin sentirse incómodas. 

Y, ya. Que he gastado muchas energías en una película que no voy a ver ni aunque me paguen. (Y sí, Disney ha comprado hasta a los creadores de Fiona).

*Maielis (La Habana, 1989) fue profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Ha participado en varios eventos sobre los géneros fantástico y de ciencia ficción  en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y en la Casa de las Américas.

Obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuentos de ciencia ficción Juventud Técnica, 2015. Obtuvo el Premio de Narrativa Breve Eduardo Kovalivker en 2016, a raíz del cual se publicó su  primer libro de relatos Los días de la histeria por la Colección Sur. Su relato «Seudo» fue incluido en la antología española Alucinadas II: Antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres, Sportula, Barcelona, 2016. Ha publicado además Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas,  por la editorial española Samarcanda en la colección Guantanamera en 2017.

Actualmente vive en Barcelona, Cataluña.

30 años del Movimiento Fe y Política

 

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

En Brasil, el Movimiento Fe y Política completa 30 años. Fue creado por cristianos de diversas Iglesias para organizarse como un foro de discusión y de ayuda a las personas que, por su fe, sea cual sea la tradición religiosa, entra en la arena política para intentar cambiar la realidad desde la actuación político-partidaria. En 1989, las izquierdas en Brasil se sentían vencidas después que habían perdido las elecciones presidenciales. También fue muy duro en Brasil ver la derrota de los sandinistas en Nicaragua. Después vino la caída del muro de Berlín y dos años después el fin de la Unión Soviética. Era necesario ayudar las personas a mirar todo eso a la luz de la fe y retomar la utopía de un nuevo Socialismo, democrático y desde las culturas y realidades de nuestro continente. 

En Brasil, el movimiento Fe y Política es laico e independiente de Iglesias. Y tiene generado grupos de reflexiones, sea en el ambiente de comunidades de base, sea de movimientos políticos que buscan la transformación del mundo. Lo más extraordinario es que durante eses 30 años, hemos hecho todo eso (encuentros, reflexiones, retiros ecuménicos y grandes congresos0, casi sin dinero y sin estructuras sólidas. Y el movimiento está organizado en grupos regionales en Brasil y en otros países del continente. 

Ese cumpleaños es ocasión de renovarse y adecuarse a una realidad política que hoy es más compleja y difícil que en 1989. También el ambiente de las Iglesias, católicas y evangélicas, parece menos abierto hoy que cuando el movimiento tuvo su inicio. En la Iglesia Católica, tenemos el papa Francisco como obispo de Roma. El propone una Iglesia en salida que ve como su misión la Ecología integral y comprende el evangelio como mensaje de vida y libertad para todos/as. Eso ahora aparece muy claro en el documento de trabajo preparatorio al próximo Sínodo de los Obispos que se realizará en Roma, sobre la Amazonia (octubre 2019). 

El sabe que Jesús no fundó una religión. Reveló a Dios como Amor y transformador de todas las estructuras tradicionales de la humanidad. El nos enseña que sagrada es la vida humana y la de todos los seres vivos. Revela que Dios está en nosotros. No para que vivamos una espiritualidad individualista, sino para abrirnos a los otros y a la comunión con el universo. Esa presencia del Espíritu en nosotros nos conduce a la lucha para cambiar el mundo y cuidar de la naturaleza. Es lo que en el siglo XVII el filósofo judío evangélico Baruch Spinoza llamaba “comunismo del Espíritu”. (Cf. Donati Caleri, Spinoza e Zen Budismo, Ed. 7 Letras, 2019, p. 125).  

Jardines Ajenos:Nueva York de día y de noche

Por José Juan Tablada*

Voz del pasado y clamor del futuro

Dos hechos de inconmensurable trascendencia acaban de producirse; uno aquí; en Francia el otro y ambos son una vehemente condenación de esa plaga que trae consigo todas las demás: ¡la Guerra!

La elocuente coincidencia es que tal condenación es que tal condenación proviene por una parte, de un grupo de estudiantes universitarios y por la otra de un respetable veterano, un viejo General francés lleno de méritos.

La humanidad futura olvidará, si no execra el nombre de Napoleón y en cambio venerará y escribirá con áureas letras en los fastos de la era de armonía por venir, el nombre de este General contemporáneo que reaccionando contra el espíritu gregario, los convencionalismos oficiales y la opresora disciplina militar, osó condenar a la Guerra. Ese francés ilustre y magnánimo se llama el General Percin.

El grupo de estudiantes que condenó generosa y virilmente a la actividad siniestra, azote de los humanos, forma parte de una universidad del “Middle West”, así los designa la prensa con intencionada vaguedad, la prensa que no pudiendo o no queriendo discernir lo que puede haber de sublime en ese impulso, prefiere condenarlo, acumulando todo el caudal del clisés seudo éticos y todos los recursos de retórica emocional que so del caso.

Un viejo general lleno de autoridad y un grupo juvenil e inspirado. El pasado y el futuro. La fría experiencia y la intuición ¡iluminada!.

La biología de la guerra

La verdad es que después de escrito ese libro portentoso que se llama “La Biología de la Guerra” esta resulta indefendible. Biológicamente y socialmente no tiene razón ni disculpa, es un instinto descarriado, redundante y anacrónico; es un fracaso económico y siendo todo eso es un factor contrario a la evolución natural.

El autor de ese libro irrefutable pulverizó muchas frases de la retórica científica como aquella famosa de “la lucha por la vida”… No hay tal lucha; en ninguna especie zoológica combaten entre sí los individuos que la integran y los pocos casos contrarios son la excepción. En la especie humana los duelos colectivos nada resuelven de la tal lucha por la vida. Prueba: La Guerra Mundial. —No hay un fracaso económico semejante en la historia del mundo. La lucha por la vida entre los hombres no es destructora, sino constructiva; no implicó exterminio sino creación y multiplicación; consiste en captar la energía solar yacente y potencial en todas partes, en los minerales, en los vegetales, en el electrón. No es problema de sangre, de muerte y de tinieblas, sino de radio actividad y de iluminación.

El billón y medio de hombres que viven sobre el planeta en apenas la quinta parte de los que la tierra puede sustentar si una ínfima parte de la energía solar latente, se libera y se pone al Servicio de la Humanidad.

Las reacciones del odio…

Así pues, nada tiene de extraño que entre los hombres contemporáneos se esté generalizando y haciendo cada vez más enérgico, un estado de alma adverso a la guerra.

Lo que el Doctor Nikolai demostró con fórmulas y estadísticas, por inducción y deducción está penetrando a la humanidad por la vía intuicional. Toda la historia del mundo es integración sucesiva: familia, clán, tribu, municipio, nación. El próximo estado es la federación continental y el definitivo la confederación humana. Más allá del plano terrestre la gran integración continúa y todas las religiones os lo dicen.

Bolshevismo y comunismo son intentos ciegos y frustráneos para alcanzar el estado superior y si han fracasado ha sido por la misma violencia de sus métodos, pues la violencia no es factor evolutivo y la “Naturaleza no da saltos”.

Pero de esa inquietud democrática, de ese torbellino caótico, surgirá la futura condición del mundo la que tendrá por característica cooperación y no competencia, distribución y no centralización.

Jamás se llegará a esa etapa de los caminos del Odio y de la Guerra. Esa honda convicción movió sin duda al benemérito General Percin a declarar:

“La Guerra de 1914-1918 me demostró el error de creer que la guerra es un mal inevitable y el único método para zanjar disputas internacionales. Ahora veo que la guerra no sólo remedia nada y ni aun la paz consigue, sino que incuba a la inmoralidad y abre la puerta a la reacción política.”

Ya es tiempo pues de que la historia política de la humanidad deje de ser lo que ha sido hasta ahora: una larga serie de reacciones de odio…

Guerra a la guerra

Casi al mismo tiempo que el general Percin asombra al mundo con sus declaraciones (el asombro proviene de que sea un general francés quien las vierte) en esta nación los estudiantes universitarios se coaligan contra la guerra y la desintegración social que acarrea y en una conferencia general los obispos metodistas acuerdan emprender una cruzada, una verdadera Guerra Santa, la más santa de todas contra las actividades militares y bélicas. —Para lograr tan noble fin pondrán en juego todos sus recursos desde los meramente espirituales hasta los materiales y prácticos. De las resoluciones adoptadas las siguientes palabras elocuentísimas:

“Millones de hermanos nuestros murieron heroicamente en una ‘guerra para acabar con la guerra’. Lo que ellos intentaron debemos concluirlo nosotros por métodos de paz. La guerra no es inevitable. Es el enemigo supremo de la humanidad su futileza está ya fuera de discusión y su continuación en el suicidio de la civilización. Estamos resueltos a proscribir el sistema todo de la guerra”.

Se ve pues que un mismo estado de consciencia totalmente contrario a la guerra está estabilizándose en los más diversos medios sociales. El gran mensaje de integración humana, de fraternidad universal está siendo tomado, como por torres inalámbricas culminantes y poderosas, por los espíritus próceres y las máximas inteligencias. Desde Budha y Jesús —por no citar sino los más grandes luminados— el mensaje evangélico está vibrando en las regiones mentales más altas. El dolor producido por la Gran Guerra “atonó” a muchos seres para recibirlo y aceptarlo pues el dolor quebranta el orgullo que aisla al hombre de los contactos divinos y el sufrimiento es el mejor conductor de las electricidades espirituales. 

Tolstoi, Anatole France, Romain Rolland, Edward Carpenter, han vuelto a promulgar el mensaje y Nikolai en su “Biología de la Guerra” le dio la forma adecuada para que fuese asimilado por el racionalismo positivista del hombre contemporáneo de la gran mayoría rezagada a la filosofía experimental.

Lamentable escuela que tiene por base los cinco sentidos, que son como la imagen de un astro en un charco reflejo interior de los cinco rayos de la estrella de las iniciaciones cósmicas.

Aberraciones militaristas

Lo que hay que hacer para conseguir esos supremos fines de concordia está sintetizado por el ilustre General Percin en las siguientes palabras:

“Se logrará la destrucción de una mentalidad guerrera enseñando al pueblo la mentira de las viejas tradiciones referentes a la prendida gloria militar, y a la supremacía de los llamados intereses nacionales; inculcando a los niños la idea de que en la profesión de las armas nada existe más noble que el oficio de barrendero rehaciendo la enseñanza de la historia; prohibiendo que los soldaditos y las armas sean juguetes infantiles; rehusándose a perpetrar en las calles nombres de soldados y de batallas y reemplazando esos nombres por los verdaderos benefactores de la humanidad y, en una palabra, haciendo que lo pacífico ocupe el lugar preponderante que tuvo lo bélico un día.”

Algo semejante desean los obispos metodistas cuando en sus “resoluciones” piden: “Que se considere a quienes favorecen la guerra y de ella se aprovechan (“profiteers”) con el mismo desprecio y odio con que antes se consideraba a quienes evadían la guerra, “slackers” o emboscados.

El espíritu bélico y sus crímenes

Aunque sucedió en Los Ángeles, conmueve en estos instantes a toda la nación la serie de crímenes perpetuados por Norman Shelby cuyo alias pugilístico es Kid Mae Key.

Ya saben los lectores que tal “Kid”, poseído de un verdadero frenesí homicida y criminal, mató a una mujer, hirió a dos hombres y atacó, revólver en mano a quien sabe cuántos más.

Pocos días antes un niño, impresionado por el cinematógrafo ahorcó a su hermanito parodiando alguna escena de “cow boy”. 

¿Habrá quien crea que los culpables de esos homicidios sean el pugilista y el niño?… Yo creo que ambos son inocentes y tan irresponsables como el revólver y la soga de que se sirvieron…

El culpable verdadero es ese espíritu bélico y combativo que se dedica a criar pugilistas “fighters” como en España y Méjico se crían gallos de pelea y toros de lidia, es ese mismo espíritu que en la novela y el cine admira y glorifica a los valientes profesionales y a sus proezas homicidas.

Espíritu bélico que se manifiesta por diversos modos no sólo aquí sino en todo el mundo inclusive en nuestros países latino americanos, donde el culto al valor descarriado y antisocial es un máximo culto.

Ese espíritu bélico, regresivo y bárbaro, cuyas manifestaciones van desde las balaceras del pugilista idolizado por la multitud y engreído con fu fama de valiente, hasta las hecatombes de la Gran Guerra, es el gran agente de la separatividad que es egoísmo antisocial en el individuo y nacionalismo anti humano en los grupos sociales.

Y el progreso se realiza no por separación sino por reunión, no desintegrándose, sino integrándose. Desde el átomo hasta el súper hombre. Lo mismo en la evolución física, que en la evolución espiritualista según la cual el hombre no podrá llegar a los planos superiores solo y aislado, sino reunido e identificado con los demás hombres. 

Nueva York. Agosto de 1924. Publicado en el Puerto Rico Ilustrado el 4 de octubre de ese año. 

*José Juan Tablada Acuña fue un poeta, periodista y diplomático mexicano. Fue el mejor representante del modernismo en México y se le atribuye la introducción del haikú en la literatura hispaoamericana. Su poesía visual (caligramas) lo convierte en un vanguardista paradigmático.