Inicio Blog Página 1586

Sesenta y contando

CLARIDAD va ganando nuevos lectores

Llevo más de 30 años leyendo Claridad y con tanta información que sale en los medios tradicionales y digitales, cuando lo leo –y siempre a sido así, aclara– me da la certeza de que estoy escuchando una historia real, no cargada, contrario a lo que sucede con otros medios. En las redes sociales sale muchísima información difícil de corroborar pero cuando leo la historia en CLARIDAD voy a la segura, de acuerdo con que estoy leyendo una información sin peso político-partidista. Me gusta leer una historia clara, a profundidad cuando no es investigativo y no me están tomando el pelo. Estas son las razones principales por las que leo el periódico CLARIDAD. 

Sé que CLARIDAD enfrenta situaciones económicas como muchos medios y es bien cuesta arriba, yo trabajo en Radio Universidad e igualmente tenemos que buscar el apoyo del público mediante ‘fundrising’. Aunque haya mucha gente que no simpatiza con su línea editorial, tengo la impresión de que año tras año CLARIDAD va ganando nuevos lectores cansados de lo mismo en los medios tradicionales y las redes sociales.

Roberto Morales 

Periodista de Radio Universidad

El periódico ofrece una perspectiva independentista

La principal contribución del periódico CLARIDAD, en sus 60 años de historia,  ha sido ofrecer una perspectiva independentista de los acontecimientos que han marcado la historia del país.  

Podría decirse también que la solidificación del periodismo de investigación en Puerto Rico, que alcanzó su época dorada  en la década de 1970 con el caso del Cerro Maravilla, estuvo marcada en parte por el trabajo que realizó Claridad desde la prensa marginal, de izquierda. 

Desde sus inicios, CLARIDAD se destacó por hacer un periodismo investigativo y de denuncia que empujó a la prensa comercial a investigar temas que, de ordinario, no aparecían en los diarios tradicionales.

En su larga trayectoria, CLARIDAD también se ha destacado  en la cobertura de temas culturales con un trabajo excepcional alejado de  los intereses mercantiles. Sus páginas han dado espacio a disciplinas y artistas que a veces  no encuentran espacio en los medios comerciales.

Israel Rodríguez Sánchez

Catedrático auxiliar Escuela de Comunicación

Universidad de Puerto Rico

Recinto de Río Piedras

Son muchas las voces que componen la conciencia de un pueblo

Recuerdo vívidamente cuando aun siendo un adolescente – creo que todavía estaba en la escuela intermedia- me detuve en un negocio aledaño al terminal de guaguas de la AMA en Capetillo (cuando Río Piedras era el centro de todo) y compré un ejemplar del periódico Claridad. A lo sumo sería el año 1977. Lo enrollé, nervioso, y caminé hacia la plataforma para tomar la # 43 hasta Carolina donde vivía junto a mis padres y hermanos en una urbanización de clase media-media baja. No teníamos ni carro, ni televisor a color, y se fomentaba la educación, el trabajo y el amor por la familia. 

Abrí aquel periodiquito enjuto cuya mera posesión era para entonces símbolo de radicalismo extremo y “violencia”. Eran los tiempos en que se propagaba aquel lema de : “!Claridad diario va”! como un grito de guerra en tinta y papel. No recuerdo exactamente lo que leí aquel día a hurtadillas sentado en el asiento de fiberglass con sus pasamanos fríos por el aire acondicionado pero sí que le dí lectura con gran aprenhensión de ser detectado. Quizás por un temor adolescente, derivado de las ideas promovidas por el sistema de la época y adoptadas en lo personal, pero ciertamente real en tiempos de gran división política. Se llegó a perseguir entonces, y a carpetear mediante esquemas clandestinos de “inteligencia” (pero oficiales) y hasta a cobrar con sangre a quienes osaran propulsar la emancipación de un Puerto Rico creciente dependiente e irremediablemente noble. 

Lo que sí tengo claro es lo que representó leer las páginas de CLARIDAD, artículos, ensayos, reportajes investigativos y opiniones cargados de perspectivas distintas al discurso oficialista. Germinó en mí la semilla del pensamiento crítico. Aprendí desde entonces que son muchas las voces que componen la conciencia de un pueblo. Que todas cuentan, Que todas vales.

Mas tarde, en mi devenir profesional tuve la oportunidad de entrevistar o conocer a algunos de los gestores de Claridad (de hecho, por un tiempo lo repartí cuando ya era diario en mi ruta del periódico El Mundo) y conocer de los ataques dirigidos a destruirlo. Supe también de los sacrificios para mantenerlo en la calle, contra todo pronóstico, contra toda prueba. Seguí leyendo Claridad desde aquella tarde en Capetillo, con menos temor cada vez, quizás alentado por el convencimiento de que el derecho a saber que me inculcaron mis padres no puede acallarse por razón alguna. 

Sé que al igual que yo, muchos colegas periodistas recibieron y reciben desde las páginas de CLARIDAD lecciones similares. Por seis décadas CLARIDAD ha resistido como órgano oficial del independentismo. Otros publican desde ópticas ideológicas distintas. Confiamos en que todos buscan lo mejor para Puerto Rico. Felicitaciones a CLARIDAD en sus 60 años.

Luis Guardiola

Periodista

Claridad cumple su deber con la memoria

¿Qué cuál ha sido la contribución de CLARIDAD al periodismo puertorriqueño? Memoria. El periodismo es un deber con la memoria y Claridad ha contribuido enormemente a que no la perdamos. Frente a la historia incompleta y manipulada por intereses económicos, siempre tienen que haber medios que prohiban olvidar los acontecimientos que se quieren ocultar o ignorar. Claridad ha sido el nuestro por sesenta años. 

En segundo lugar, diría que CLARIDAD ha sido una escuela del periodismo político comprometido, transparente en su visión y en su misión. El periodismo no es objetivo. Nunca lo ha sido y nunca lo será. Lo que tiene que ser es honesto. Sin duda, Claridad es ese periodismo. Y ese es el periodismo que hace imprescindibles a los que lo ejercen con pasión de historia. 

En tercer lugar, la valentía. Este es un país de muchos miedos fomentados adrede por un estado de represión pasiva y activa. No aparecen periodistas sin vida en cunetas y callejones, pero se asesinan reputaciones, sueños y planes todos los días. CLARIDAD ha sido la trinchera de muchos periodistas valientes que lo perdieron todo en el camino.

Hay algo más que no quiero pasar por alto.  Uno de mis mentores – el polaco Ryszard Kapuscinski – dijo que “para ser buen periodista hay que ser buena persona”. Puedo decir yo que entre mis colegas de CLARIDAD hay muchas de las mejores personas que conozco. 

Wilda Rodríguez

Periodista

Una oportunidad para rectificar

Por Rafael Bernabe/Especial para CLARIDAD

La memoria corta y la confusión son armas de los que nos quieren pasar gato por liebre. Con tanta noticia entrando cada día es fácil lograr lo primero. Con tanta información contradictoria, incompleta y mal digerida circulando es fácil generar lo segundo. Conviene recordar algunas cosas y poner un poco de orden en las ideas. 

El gobierno de Puerto Rico (el gobierno central, incluyendo mecanismos como COFINA y las corporaciones públicas) tiene una deuda insostenible. No se puede pagar sin someter al país a una pobreza extrema y sin perpetuar su parálisis económica durante muchas décadas. Y lo más probable es que aun así no pueda pagarse. 

En enero de 2018, hace año y medio, tres prestigiosos economistas, incluyendo a Joseph E. Stiglitz, ganador del llamado premio Nobel en economía, publicaron un estudio en el que demostraban que era necesario cancelar al menos 46% y quizás hasta 72% de la deuda de $51 mil millones que entra en los cálculos de la Junta de Control. De otro modo, Puerto Rico no tendría recursos para una mínima recuperación económica. Si se tomaba en cuenta la deuda total de $72 mil millones, la reducción debía ser al menos del 60% y podría tener que alcanzar el 80%. Es decir, habría que reducirla a $14 mil millones. Antes de que Mayra Montero o Gustavo Vélez salgan a denunciar que estas son locuras de vagos revoltosos o independentistas quedaos, es bueno aclarar que estos señores no son ni marxistas, ni revolucionarios. Son antiguos oficiales del Banco Mundial y profesores de la Universidad de Columbia. Pero tienen lo que carecen nuestros críticos de derecha: un poco de realismo.

Al publicar su estudio indicaron que lo habían completado antes del huracán María, cuyo impacto exigiría ajustar sus hallazgos. Como se sabe, los daños se estimaron en $90 mil millones. En abril de 2018, Martín Guzmán, uno de los tres autores, publicó una columna y envió una carta a la Junta de Control en las que planteaba su propuesta de ajuste: la deuda existente tendría que cancelarse en su totalidad. Nada más y nada menos. De hecho, un poco antes, en noviembre de 2017 el economista Juan Lara, igualmente libre de sospechas de vínculos con la extrema izquierda y los que “nos oponemos a todo”, también reconoció, que lo que entonces llamó “la vieja deuda” tendría que cancelarse. No permitamos que la memoria corta nos haga olvidar estos diagnósticos. Son tan válidos hoy como lo eran hace poco más de un año.

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que los acuerdos que se barajan con los bonistas son inaceptables: son injustos socialmente y contraproducentes económicamente. Prolongarán el estancamiento económico e, irónicamente, conducirán a una nueva quiebra, cuando el país no pueda cumplir con los nuevos acuerdos. ¿Será que la Junta es tonta? No, la Junta adopta el punto de vista de los bonistas. Los bonistas quieren cobrar lo más que puedan. Que haya que cancelar la deuda no les cabe en la cabeza. No lo pueden entender porque no les conviene entenderlo. Su perspectiva no tiene que ver con la realidad sino con sus intereses. Si de ellos depende, nos llevarán de la mano de la austeridad por décadas, sumidos en el estancamiento y el despoblamiento y dando tumbos de renegociación en renegociación de planes de pago con los que no se pudo cumplir. Los detalles son importantes, pero no hay que perderse en ellos: ese es el significado de los ajustes y acuerdos que se nos están imponiendo.

El acuerdo en la Autoridad de Energía Eléctrica es buen ejemplo. Los bonos actuales se pagan luego de cumplirse con los costos de la operación de la agencia. Los nuevos bonos tendrán prioridad de pago. Si los ingresos de la AEE no bastan, para seguir operando luego de pagar a los bonistas habrá que aumentar el costo de la electricidad y que aumentar el impuesto a iniciativas de energía renovable. Se golpea al consumidor, se golpea a las empresas, se golpea al ambiente. Se limita la posibilidad de recuperación económica. Por décadas. Todo para pagar a los bonistas.

Se podría extender este ejemplo con los planes de retiro, los presupuestos de las agencias de gobierno, el empleo público. En el caso de la UPR, la ruta es hacia la desacreditación por la Middle States Association. Si la pierde, perderá las aportaciones federales, incluyendo las becas. Se le condena a la casi desaparición. Y las becas federales emigrarán a instituciones privadas.

En un mundo lógico y racional, el gobierno de Puerto Rico estaría a la cabeza de la resistencia a todo esto. Esgrimiendo los estudios indicados y otros materiales estaría en el Congreso, en los tribunales, en la ONU exigiendo la revocación de PROMESA, objetando acuerdos abusivos y repudiando la deuda, que hace tiempo hubiese auditado para determinar qué parte es inconstitucional, ilegal, odiosa e ilegítima.

 

Pero el mundo en que vivimos no está regido por la lógica, ni la razón sino por los intereses de clase y nuestro gobierno está comprometido con las clases privilegiadas, que son incapaces de enfrentarse a sus hermanos mayores de Wall Street y los fondos buitres. Como buenos politiqueros, de vez en cuando hacen dos o tres maraqueos contra la Junta, pero luego se allanan a sus exigencias.

La resistencia depende de nosotros y nosotras. Aquí la autocrítica tiene que ser severa. Si nuestros enemigos actúan en defensa de sus intereses, nosotros y nosotras no actuamos efectivamente en defensa de los nuestros. Todos los sindicatos, todos los grupos de izquierda, todos los grupos ambientales y de mujeres, todas las organizaciones magisteriales, absolutamente todos nos vemos afectados negativamente por las políticas señaladas. Todos nos oponemos a esas políticas. Pero no hemos sido capaces de reunirnos para luchar juntos contra el enemigo común. Esa es la realidad. La Coordinadora contra la Junta no funcionó y murió. Pueblo Unido sobrevivió cojeando. No Mas Promesas agrupa a unos sectores, pero otros no se sienten convocados. Los sindicatos organizan Primeros de mayo paralelos, con básicamente las mismas consignas. ¿Quién puede sorprenderse de que nuestros enemigos sigan triunfando y avanzando e imponiéndose? ¿Dónde está nuestra mínima coordinación? ¿Dónde nuestro programa mínimo compartido? ¿Dónde nuestra agenda mínima de acciones conjuntas? No existe. No es agradable decirlo, pero hay que decirlo. 

Se muy bien que hay grandes diferencias entre nosotros sobre muchos temas, desde la ley 45 hasta el uso de las capuchas, desde la participación electoral hasta las estrategias legales, sobre cuando hacer un paro nacional o hasta las simpatías o antipatías por Carmen Yulín. Lejos estoy de negarlas. Yo tengo mis posiciones tomadas sobre muchos de esos temas. No voy a renunciar a ellas. Pero la pregunta es si podemos movilizarnos juntos a pesar de esas diferencias. Más vale que sí, o nuestros enemigos seguirán triunfando.

Lo grande empieza pequeño. La UTIER ha indicado que el acuerdo propuesto con los bonistas es un desastre para Puerto Rico: para los trabajadores, para los consumidores, para los empresarios, para el ambiente. Hay que movilizarse para detenerlo. En julio la jueza Taylor Swain tendrá el acuerdo ante su consideración. Vamos todos y todas a unirnos a las movilizaciones que se están convocando para detenerlo. Convirtamos esa jornada en una victoria y construyamos a partir de esa victoria.

En otros escritos hemos presentado algunos elementos generales de un posible programa mínimo, que resumo para concluir:

Auditoría y anulación de la deuda bajo la doctrina de cambio de circunstancia y estado de necesidad.

Aportación federal significativa para la reconstrucción. Sería justa compensación por una relación colonial de cuyo impacto (pobreza, desempleo masivo, sobreendeudamiento, etc.) el Congreso es responsable, y por medidas (como la reciente reforma contributiva federal) que nos afectan negativamente. Esto debe incluir fondos para la rápida transición a la energía renovable.

Reforma contributiva que recupere la riqueza que hoy se fuga y la que se acumula en pocas manos y se invierte especulativa o improductivamente.

Un plan de reconstrucción asentado en los fondos liberados por la anulación de la deuda, aportaciones federales, recuperación de ganancias que se fugan y nuevas inversiones externas sujetas a prioridades que convengan a nuestro desarrollo.

No a la privatización y reforma gubernamental con participación laboral y ciudadana. El problema no es la propiedad pública, es la mala y corrupta administración de lo público.

Fin a las injustas y contraproducentes medidas de austeridad, incluyendo la defensa de los planes de retiro y a la UPR.

 

La cuesta del colegio San José

Por Reinaldo Pérez Ramírez/Especial para CLARIDAD

“Cada uno [tiene] su pasado encerrado dentro de sí como las hojas de un libro aprendido de memoria; y sus amigos pueden solo leer el título”
El Cuento de Jacobo
Virginia Woolf
 

Circa, mayo de 1954. Día de graduación de la escuela superior del Colegio San José en Río Piedras, administrado por sacerdotes y monjas norteamericanos, representantes de un sector del clero que educaba a los hijos de la clase media–alta de profesionales, comerciantes, propietarios y terratenientes durante esos años de la posguerra. Le correspondía al valedictorian de la clase pronunciar el discurso del día. El Director del Colegio, un cura de la Orden de los Marianistas, le pidió al joven que le informara de antemano el contenido del discurso, anticipándose a los acontecimientos que intuía, más sabio por viejo el cura, que por diablo. El representante de San Pedro en la tierra (o San Pablo, no sé ya cuál) conocía al joven, díscolo –según su apreciación– pero brillante. La censura previa doctrinal era imperativa.

Algunos de ustedes recordarán la cuesta que conducía (todavía lo hace) a la entrada del Colegio, en lo alto de una loma, perpendicular a una de las calles del centro de Río Piedras. Los estudiantes, con pesados bultos, a quienes sus padres dejaban en el portón principal, debían remontar esa cuesta empinada.

El valedictorian compartió su discurso con el cura director del Colegio, según éste le había requerido. Éste incluía lugares comunes sobre el espíritu cristiano, un par de citas del Antiguo Testamento y la imprescindible invitación a mantenerse unidos luego de cosechar un futuro de éxitos individuales. 

Cuando hubo de concluir la ceremonia y el discurso del estudiante, el cura maldijo una y mil veces no haber anticipado el ingenio del joven. Aunque ustedes no lo crean, los curas, además de ejercer con rigor la censura, blasfeman constantemente. Acá en la soledad –lo digo con ánimo solidario– pienso que entre tanto rezo y liturgia, no sobrevivirían si no pudieran hacerlo. Y valga decirlo, su copita de vino de cuando en vez. 

Aquel día –memorable para los graduandos– con rotunda aceptación y aplausos, precedida de pompa y ceremonia oficiales, el valedictorian se salió con la suya. Luego de leer el texto que había entregado, haciendo alarde de dotes oratorias que le acompañarían en su futura profesión, el estudiante improvisó algo así como lo que cito de manera apócrifa más adelante. Eso me contó él mismo y no tengo razón alguna bajo el sol ni bajo la luna puertorriqueños para dudar de la veracidad de su recuerdo.

“Somos privilegiados, aunque nos dé trabajo subir la cuesta a la entrada de nuestro Colegio. Pero todos nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo y por eso estamos ahora aquí graduándonos. Es justo y necesario celebrar ese logro, lo que hacemos en el día de hoy. Pero también es justo y necesario pensar en los que ni siquiera tienen la oportunidad de subir la cuesta porque sus padres no pueden pagar lo que cuesta este Colegio. Esa cuesta es mucho más difícil de remontar. Nosotros pudimos hacerlo. Muchos otros no pueden. Les pido a todos que nunca olvidemos esto.”

Esa memoria del entonces joven es hoy rehén de tubos y máquinas. Nuestro amigo está en un lugar del que muy pocos vuelven, aunque todos deseamos y esperamos su regreso. Las más de las veces –triste es reconocerlo– nos quedamos esperando. El joven de quien les hablo se llama Gregorio Lima. Hoy tiene 81 años. Es uno de los mejores Abogados criminalistas de la historia de Puerto Rico. Como presagiaba su discurso, dedicó su vida a defender causas y personas justas, la mayor parte de las veces sin cobrar un centavo. Hoy se encuentra impedido de corroborar lo que aquí les cuento, por razones de salud. Su legendaria elocuencia argumentativa se difumina en un letargo del que dice la ciencia médica es improbable despierte. Es la misma ciencia que le permite a alguien, aun inconsciente, aferrarse al hálito de vida que le queda –si es que así puede llamarse– aunque nos duela de manera inenarrable a sus amigos y familiares que a donde quiera que vaya, el tránsito se ralentice mediante tubos y sustancias durante días sin tiempo.

Querría decirle a Goyo –si pudiese escucharme– a nombre de todos, lo siguiente:
“Querido amigo: Tu país –el mío, el nuestro– está en deuda contigo. Un mañana mejor será posible porque de joven intuiste que la cuesta del colegio San José era una metáfora de la injusticia. Viviste tu vida combatiéndola. Me duele casi como ajeno lo que no me corresponde ni quisiera tener la responsabilidad de decidir, con el corazón en la mano, imaginando el abrazo que no puedo darte.”

Tal vez no me escuche o tal vez sí. Nadie sabe. Por eso lo escribo; para que no olvidemos nunca la lección de la cuesta del Colegio San José y a su valedictorian más ilustre de todos los tiempos; el que nunca dejó de luchar contra la desigualdad, el discrimen y la injusticia.

Hace unas pocas semanas me dijo que nuestros días estaban contados. Qué lástima que no pude a tiempo donarle algunos de los míos, de los que me queden, en memoria de su discurso joven, lúcido, arrojado, en el año 1954, hoy –creo– más vigente que nunca.

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com 

El Quilombo brasileño

Por Emir Sader

Todavía no había terminado la reunión del Superior Tribunal Federal sobre habeas corpus para Lula, cuando surgió noticia de que un militar de la FAB (Fuerza Aérea Brasileña) había caído preso en Sevilla, en un vuelo presidencial para la reunión del G20, en Japón, con 39 kilogramos de cocaína.

Después de la sorpresa –a pesar de que aún este año había ocurrido un caso similar con militar brasileño en vuelo hacia París–, vinieron las preguntas: antes de todo, ¿cómo había salido dicho militar de Brasil con los paquetes de cocaína en su bolso de mano? ¿Qué significa que un miembro de la FAB estuviera envuelto en un caso de trafico de drogas?

Con los errores en la seguridad de la presidencia de Brasil llegaron especulaciones sobre lo extendido que está el narcotráfico hacia el interior de las fuerzas armadas brasileñas. Así, inmediatamente se asoció el decomiso en Sevilla con el uso de las FF.AA. en el combate al narcotráfico en Río de Janeiro y cómo ese contacto con el submundo narco puede haber contaminado a esa institución. La participación de un militar vinculado a la presidencia, viajando impunemente en un avión de comitiva presidencial, es síntoma de que hay otra gente involucrada dentro de la Fuerza Aérea o incluso en otros sectores de las FF.AA.

Otra preocupación es con la falta de seguridad de un vuelo presidencial, lo que refleja el desorden generalizado en el gobierno, que cambia de ministros y de secretarios semanalmente. En plena crisis por las denuncias de The Intercept, el presidente de Brasil abrió frentes con dos sectores fundamentales del gobierno.

Por un lado, cambió a cuatro importantes asesores militares, incluido el de más alto rango dentro del gobierno, a quien sustituyó por un miembro de la Policía Federal de muy bajo rango. El militar sustituido dio entrevista diciendo que el gobierno es un quilombo, que solo se concentra en lo que no es prioritario, generando crisis tras crisis.

Por otro lado, el mandatario despidió al presidente del BNDES, un gran banco público de financiamento, pero sin que se hayan encontrado las irregularidades en el funcionamiento del banco, conforme Bolsonaro siempre pregonó. Los empresarios han recibido de muy mala manera la forma abrupta y sin razones de la sustitución del presidente del banco.

En ese clima el presidente de Brasil cambió su itinerario para ir a la reunión del G20, cambiando Sevilla por Lisboa, como si eso resolviera los problemas. Partió molesto con las declaraciones de Angela Merkel, quien dijo que está muy preocupada por la situación grave que vive Brasil y que pretende tener una conversación seria con el presidente brasileño, especialmente sobre los temas vinculados a la desforestación de Amazonia. Incómodo, el presidente brasileño dijo que aceptaría consejos en la reunión del G20, en la cual no tendrá ninguna figuración significativa, en gran parte por mérito propio, ya que antes de la cumbre tuvo a bien publicar un documento con sus posiciones esdrújulas sobre la globalización y demás temas prioritarios de la reunión de Japón.

Mientras tanto, el STF (corte suprema) votaba dos requerimientos presentados por la defensa de Lula. Uno solicitaba la cancelación del juicio por el que Lula fue condenado por comportamiento parcial de parte del juez que lo presidió. El otro requerimiento pedía una declaración de parcialidad del juez Moro, el cual, en caso de ser aceptado, dadas las evidencias presentadas por The Intercept, haría que todos los procesos dirigidos por ese juez fueran cancelados, llevando a la libertad de Lula.

La presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffman, dijo que Lula está sometido a una verdadera tortura jurídica. Cada tanto se crea un clima alrededor de algún nuevo recurso de la defensa de Lula, tensión, expectativa, como si se tratara de un partido final de un campeonato. Previsiones, análisis, entrevistas con jueces, transmisión por el canal del Poder Judicial, expectativa, todo inunda los medios, los tradicionales y los alternativos.

Lula siempre recomienda tener los pies sobre la tierra y se mantiene sereno, sin grandes expectativas. Pero las decisiones actuales del STF se revisten de características especiales. Son las primeras desde la revelación de las conversaciones hechas por The Intercept, donde los datos reiterados confirman lo que la defensa de Lula siempre dijo: Moro y todos jueces de la Lava Jato no son imparciales, no actúan como jueces, sino como partido, coordinados, moviéndose como partido político, que tiene un objetivo: perseguir a Lula, impedirle ser candidato en las elecciones de 2018, cuando todas las encuestas apuntaban a su victoria en primera vuelta.

Entre las decisiones absurdas del STF está la declaración reiterada de que el juez Moro tiene la imparcialidad necesaria para juzgar a Lula. La revelación de las conversaciones entre el juez y los acusadores de Lula, en las que Moro los instruye directamente acerca de cómo actuar –lo cual está absolutamente prohibido– han replanteado esa decisión.

La primera demanda de la defensa de Lula fue rechazada, pero la segunda fue aplazada hasta agosto, a la vuelta de las vacaciones del Judiciario. Uno que otro juez se ha mostrado asustado con las revelaciones, uno que otro ya ha dicho que no ha cambiado su posición.

Lo cierto es que el clima político ha cambiado con esas revelaciones. A medida que son publicadas, la situación de Moro y de sus colegas queda más y más comprometida. Sospechosamente, Moro y su más cercano colaborador han viajado a EE.UU. para realizar visitas a órganos de seguridad del gobierno norteamericano. En el día mismo en que aparecía el escándalo de tráfico de drogas en el avión presidencial brasileño, Moro visitaba la DEA, órgano norteamericano encargado del combate al narcotráfico, para firmar un convenio en representación del gobierno brasileño.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

El autor es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Silencio de la comunidad internacional ante el terror en Sudán

Por Juventud Rebelde

Los militares que derrocaron al autócrata Omar al Bashir dispersan las masivas protestas con violencia extrema mientras la población, harta de la miseria y dictadura, reclama un Gobierno civil, reporta RT.

Decenas de miles de personas salieron a las calles de la capital y otras ciudades de Sudán el último domingo de junio en rechazo a la gobernante junta militar de Abdel Fattah al Burhan, que derrocó al autócrata Omar al Bashir a principios de abril. Las autoridades locales han confirmado que al menos siete personas murieron en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y 181 resultaron heridos, 21 de ellos por armas de fuego. 

Los manifestantes reclamaron un Gobierno civil de transición, corearon eslóganes a favor de la democracia, la paz y la justicia, y expresaron su desconfianza en el Consejo Militar de Transición (CMT) que orquestó el golpe bajo la promesa de unas elecciones democráticas y un Gobierno de transición con las Fuerzas por la Libertad y el Cambio. 

Las protestas, descritas desde Sudán como las más grandes en la historia del país, coincidieron con el 30.º aniversario del golpe de Estado islamista de 1989, que derrocó al último Gobierno electo y elevó al poder a Al Bashir. Se produjeron 27 días después del asesinato por los militares de decenas de manifestantes en una sentada pacífica en la capital, Jartum, el 3 de junio, el último día del Ramadán y del cese de las negociaciones con las Fuerzas para la Libertad. 

Los médicos denunciaron 118 muertes y afirmaron que 40 cadáveres habían sido arrojados al río Nilo en un intento de ocultar su muerte aquel día. Cientos resultaron heridos y también se reportaron como mínimo 70 casos de violaciones, tanto de mujeres, como de hombres. El Gobierno, por su parte, solo reconoció 61 muertes. 

Actualmente en Sudán falta agua potable, alimentos y medicamentos básicos. En la capital del país, así como en otras ciudades, tienen lugar asesinatos masivos, ejecuciones extrajudiciales, el saqueo de los bienes de la población civil, un drástico aumento de las violaciones, palizas en plena calles y otros actos de terror. 

Qué pasa, punto por punto

El agudo descontento social estalló en diciembre de 2018 a raíz de la mala situación económica y la política interna de Omar al Bashir que llevó al drástico crecimiento de los precios del combustible, el pan y la harina, el déficit de alimentos básicos y el aumento de la inflación, que aquel mes alcanzó el 70 %. En aquel entonces, cientos de sudaneses salieron a las calles. 

Con el derrocamiento de Al Bashir el 11 de abril, los militares anunciaron el inicio de un período transitorio de dos años y la euforia de los manifestantes dio lugar a la decepción y la amargura cuando se percataron de que el Consejo Militar de Transición no se apresuraba en darles las prometidas libertades y derechos. 

Los manifestantes decidieron continuar su protesta y organizaron una sentada pacífica frente al Comando General Militar en Jartum en  lucha por un país gobernado por civiles, con representantes de la oposición, y no por militares. Tras semanas de conversaciones para lograr un acuerdo de Gobierno compartido, las partes no solucionaron sus diferencias y con el fracaso de las negociaciones, el 3 de junio las fuerzas sudanesas atacaron el campamento, asesinando a decenas de personas. 

No se sabe con certeza qué tipo de fuerzas de seguridad sudanesas, que están fragmentadas, fueron responsables de lo sucedido. La Embajada de EE.UU. en el país africano atribuyó la responsabilidad al Consejo Militar de Transición, pero los testigos y videos desde el lugar de los hechos evidenciaron la presencia de los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), conocidas por sus abusos y represiones contra civiles, que en las últimas semanas quemaron comercios y cometieron violaciones y asesinatos.

Con el inicio de las represiones, la Junta Militar desconectó Internet, que a día de hoy está disponible solo en algunos hoteles y otros pocos puntos, mientras la mayor parte del territorio de Sudán permanece desconectada. La ausencia de Internet impide que la información sobre lo que está ocurriendo traspase las fronteras nacionales. 

Entretanto, la televisión local informa sobre el fracaso del movimiento opositor y desmoraliza a los manifestantes, mostrando a las mujeres con ropa de estilo occidental y hasta una confesión de un hombre, que afirmó haber participado en las protestas solo por alcohol y hachís. «No quieren que el mundo vea la verdad», comentó a The New York Times el dentista sudanés Ahmed Babikir. 

Los médicos, en peligro

El periódico mencionó la profesión de Ahmed no en vano: los médicos fueron la principal fuerza organizadora de las protestas de abril, cuando depusieron a Omar al Bashir, y lo hacían todo para que ninguna muerte ni lesión pasara desapercibida. Documentaban con detenimiento cada herida, hacían copias de los dictámenes médicos, ayudaban a los heridos y creaban movimientos clandestinos. 

Ahora los representantes de esta profesión no están a salvo en Sudán. La ONG Physicians for Human Rights, que documentó extensos ataques contra los médicos por las fuerzas del destituido Al Bashir, anunció el 26 de junio que presentó ante la sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU las evidencias de los numerosos casos de violaciones de los derechos humanos en Sudán y ataques contra la infraestructura médica y el personal. 

Mientras el poder está en manos del Consejo Militar de Transición, la comunidad internacional observa el desarrollo de los hechos desde fuera. La ONU condenó el uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes durante las protestas pacíficas e instó a facilitar una investigación independiente de las muertes, pero no se mostró favorable a intervenir en la situación, solo a reubicar a su personal en territorio sudanés. 

La Unión Africana suspendió la membresía de Sudán y le prohibió participar en las actividades del organismo hasta que en el país se establezca «una autoridad civil de transición», pero la Liga Árabe no siguió el camino de los países africanos. Los esfuerzos de la Unión Africana y Etiopía para que los generales y los líderes de las manifestaciones regresaran a la mesa de negociaciones no dieron frutos.  

Los acontecimientos de Sudán tampoco ocupan el centro de la atención mediática. Pese a la ausencia de una cobertura estable de Internet, la información desde las recientes protestas fue ampliamente compartida en redes sociales. El canal Al Jazeera también cubrió diferentes protestas pese al cierre de su oficina en Jartum. 

Shahd Khidir, «influencer» sudanesa residente en Nueva York, denunció en su cuenta de Instagram la masacre en su país, acompañada de «un apagón mediático y la censura de Internet». Compartió mensajes que indicaron que en Jartum disparaban contra las viviendas de los civiles, violando a las mujeres, torturando a los residentes locales, quemando sus cuerpos, impidiendo a los musulmanes rezar e instalando el terror. 

Uno de los mensajes fue de un testigo que narró un aterrador caso de violencia contra un grupo de manifestantes, a los que golpearon, ataron y e hicieron ver cómo violaban a una niña de seis años.

«No hay ningún medio de comunicación objetivo que comparta lo que está sucediendo, a excepción de Al Jazeera, cuyas oficinas fueron cerradas. Mi amigo Mattar fue asesinado por las Fuerzas de Apoyo Rápido. Mi mejor amigo se escondía el 2 de junio y fue la última vez que hablé con él. Estuvo desaparecido durante cuatro días y cuando me puse en contacto con él, dijo: “Me atraparon, me golpearon y abusaron de mí, me humillaron y arrestaron y confiscaron mi teléfono. En este momento estoy herido”. Y todo lo que pude hacer fue publicar esto», escribió Shahd Khidir.

Reproducido de www.juventudrebelde.cu