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Crucigrama: Emilia Pardo Bazán

Horizontales

2. Emilia Pardo _______; escritora española. Se caracterizó por el naturalismo y más tarde por el estilo espiritualista.

5. Altar.

7. Río de Asia.

9. Río de Galicia.

10. Socorro.

11. Del verbo quitar.

13. Alimento cotidiano.

15. Pinchan.

17. Ventilará.

20. Escuchaba.

21. Relativo al duque.

22. Lirio.

23. _______ Pardo Bazán; autora de Los pazos de Ulloa; La madre naturaleza; y, La quimera.

25. Elevaba.

27. Existe.

28. Mostrase.

32. Apócope de suyo.

33. Preposición.

34. Isla inglesa.

35. Símbolo del osmio.

37. Faz.

38. Emilia _______ Bazán; autora de Cuentos de Marineda; La tribuna; y, El cisne de Vilamorta.

39. Escuela Latinoamericana de Medicina, siglas.

42. Título de dignidad.

45. Transforma metales en monedas.

47. Abatido.

48. Aderece.

49. Echad sal.

Verticales

1. Cada una de las gradaciones de un color.

2. Barandillas.

3. Frutos del níspero.

4. El _______ de Vilamorta; (1885) novela de Pardo.

6. Desafía.

8. Alabar.

11. La _______; (1905) novela de Pardo.

12. Del verbo unir.

14. La _______; (1882) novela de Pardo.

15. Edgar Allan _______; escritor norteamericano.

16. Lengua provenzal.

18. Leopoldo _______; escritor español.

19. Mango.

24. _______ Fleming; escritor británico.

26. Constelación.

29. Cavidad del estómago de los rumiantes.

30. Cuentos de _______; (1892) libro de relatos gallegos de Pardo.

31. _______ Gide; escritor francés. Nobel de Literatura 1947.

33. Interjección.

36. Conozco.

37. La _______; cuna de Pardo.

40. _____; ciudad donde murió Pardo en 1921.

41. La _______ naturaleza; (1887) novela de Pardo.

43. Los _______ de Ulloa; (1886) novela de Pardo.

44. Miré.

46. Infusión.

Una docena de preguntas a Freddie Marrero

Luego de doce años y un huracán (María) que impidió que se llevara a cabo la premiere el 23 de septiembre pasado, ¿qué piensas ahora de tu trabajo en este documental? ¿Por qué tanta dificultad?

Como productor, pienso que nos corresponde bregar con el Segundo Principio de Termodinámica. Todo Sistema dejado por sí solo, tiene a la entropía. Producir una película es luchar contra la tendencia al desorden natural de las cosas. Entiendo que las dificultades son intrínsecas a cualquier proyecto audiovisual, pero sí este documental enfrentó una serie de dificultades y obstáculos, hasta el mismo momento de su estreno. Por un lado, la dimensión política de Filiberto, en nuestro contexto colonial, es un símbolo amenazante para el status quo y eso levantó pasiones contra el proyecto. Por otro lado, surgieron cosas inconmensurables, de fuerza mayor. Ante esas dificultades se pudo, con tiempo, esfuerzo y paciencia, tener una respuesta para poder continuar y terminar el filme.

¿Cómo se documenta el clandestinaje?

El objetivo no fue documentar el clandestinaje. Pero como Filiberto vivió en el clandestinaje gran parte de su vida, el tema del clandestinaje impactó grandemente el proyecto. No solo a nivel narrativo, sino que la investigación tuvo que adaptarse a esa condición. También hay aspectos legales y éticos que surgían en distintos momentos, requiriendo toma de decisiones sobre la marcha. Documentar esas partes me fue posible desde un posicionamiento humilde y realista desde el cuál sabía de antemano que no podía saberlo todo y que eso estaba bien. El hecho que el proyecto tomara tanto tiempo, terminó ayudando ya que mucha información requirió de mucho tiempo en poder ser aprehendida.

Tu trabajo siempre ha asumido una perspectiva progresista, lo mismo ocurre con otro documentalista, Tito Román El Antillano (2014) y Ayotzinapa en mí (2016), ¿es una decisión política?

Yo soy formado en la Ciencias Sociales, en Sociología. Me pienso como un sociólogo que escribe con imágenes y sonido porque durante mis estudios graduados me di cuenta que a pesar de lo valioso, increíble y fascinante de la disciplina gran parte de su producción de saberes se queda en un mismo grupo. El documental me permite hilvanar un discurso social que va más allá de un saber gremial. La fascinación que las historias ejercen sobre nosotros los seres humanos, hace que el documental viaje más y tenga, generalmente, mas difusión que un ensayo sobre lo social. Sí es una decisión política por que para mí siempre la política siempre ha estado relacionada a la comunicación-política. Mi experiencia con Poder Estudiantil, ViequesLibre.org y IndyMediaPR así lo dejan claro. La producción de documentales surge en continuidad evidente con esos proyectos.

¿Cuáles son las diferencias en términos de preparación y producción entre un trabajo documental y uno de ficción?

Ambos la ficción y documental, tienen un guión previo al rodaje. Pero esos guiones son muy diferentes. En la ficción es por lo general bastante parecido a lo que será la película al final. En el documental, el guión es muy ficticio. Suena irónico, pero me parece así. El guión para documental está compuesto de escenarios probables, posibles y deseables, pero al final de cuenta ese guión tendrá su construcción final en la fase de montaje. Para mi es difícil concebir a un editor de documental que no sea también parte de sus guionistas. Eso hace que la edición sea considerablemente mucho más larga en el documental que en la ficción. Otra diferencia, es que el proceso de obtener licencias de imágenes y de música es mucho más complicado para el documental que para la ficción y eso tiene además implicaciones para el presupuesto.

¿Quienes son tus maestros, tus

modelos?

He tenido la dicha de tener maestras y maestros extraordinarios. Sería muy difícil mencionarles sin enredarme en aquellos que han influenciado contenidos de las ciencias sociales y quienes lo han hecho sobre saberes generales que le llaman “la vida”. En relación al cine, recuerdo que en un momento muy particular, ver los trabajos de Michael Moore (Roger and Me, TV Nation y Bowling For Columbine) tuvieron un gran impacto en mi, dejándome ver claramente la relación dialéctica del documental político con lo social. Luego, en Cuba, conocer los trabajos de Santiago Álvarez y Nicolás Guillén Landrían me hicieron pensar sobre la flexibilidad de las formas estéticas y narrativas a la vez que ejemplificaban la existencia de un cuerpo de documental político caribeño. El proceso de producción de Filiberto me permitió trabajar de cerca con Diego de la Texera, que considero un gran Maestro, y eso es un regalo que me dio el proyecto. He tenido, además, el privilegio de conocer a un Sabio, como Fernando Birri, y eso me impactó grandemente.

¿Cuales son tus próximos proyectos?

Actualmente trabajo en la fase de distribución de Nuyorican Básquet y Filiberto. Estoy colaborando con la realizadora nuyorican Beni Matías como parte del equipo de producción de su próximo documental sobre el Coquito.

A mí me interesa saber cómo un artista brega con sus poéticas. ¿Cuáles son sus proyectos de creación?

El documental es una forma en la que el artista potencia hechos reales con una mirada artística que permite general un relato que partiendo de lo real se convierte en una aproximación única. Yo trabajo esto desde el papel. Desde la escritura voy buscando metáforas, analogías, alegorías y símbolos desde los cuales estructurar la historia. En ese momento me gusta pensar los personajes desde su dimensión simbólica y pensar en el rol que ellos cumplen en el relato. Así va surgiendo una organización dramática de quienes se ayudan y quienes se oponen entre sí. Esa escritura es imprescindible tanto antes de ir a rodar como luego, revisada contra el material grabado, antes de ir al montaje. El elemento poético usualmente se va incorporando desde lo inconsciente. Cada realizador tiene sus obsesiones que van a apareciendo en la pieza en sus distintas etapas.

¿Cómo llegas a concebir proyectos? ¿Cómo llegas a la idea y su desarrollo?

En seleccionar una idea para desarrollara soy sumamente pragmático. Tengo listas de ideas y si surge el momento que de verdad me quiero comprometer con lo que implica a desarrollar una, tomo en consideración elementos de viabilidad. Pienso como productor. El esfuerzo es tal que no es posible comprometerse con todas las ideas. La mayoría debe ser descartada por razones puramente prácticas y de recursos. El desarrollo es el proceso de validación final. Un buen desarrollo puede tener como conclusión descartar un proyecto. Todavía es una buena etapa para no lanzarse si el desarrollo te deja ver que el proyecto es iluso, débil, irrelevante o irrealizable con los recursos a la mano. También un buen desarrollo puede darte la cartografía completa del proyecto tanto a nivel artístico, técnico y económico. El mapa no es el territorio y siempre hay muchos cambios y muchas contingencias, pero el desarrollo brinda buenas zapatas para armarlo todo.

¿Coinciden las películas con tus ideas?

Es raro ese momento porque es muy amplio el rango de cosas que puede producir. Creo que ya a esas alturas estamos más pendiente a la relación de la audiencia con la pieza acabada que con la pieza en si. Terminarla implica verlas tantas veces que ya termina agotando sensorial y emocionalmente a uno. Es mejor ya ni verla por que se le encuentran “errores”. Al verlo realizado solo pienso en todo el esfuerzo que tomó y en las decisiones que impactaron que una escena sea como es y no de otra forma.

Es muy raro que la pieza final sea fiel a las ideas iniciales. En un sentido bien general, usualmente sí lo es. Pero en su construcción. En su estética, su estructura, su relato la pieza se fue formando en base a todos los procesos que incluyen un sinnúmero de personas frente y detrás de la cámara y dialécticamente va emergiendo una cosa nueva en base a todos esos insumos y las decisiones del realizados que también van cambiando al calor del proceso. La película es un objeto de construcción emergente que termina siendo algo nuevo y diferente a las ideas que la gestaron.

¿Queda algo siempre que desearías continuar?

No siempre. He experimentado un buen sentimiento de cierre con la mayoría de los trabajos que he hecho. En el caso de Filiberto no es así por que el guión era casi el doble de extenso y en el montaje se me reveló algo que ya sospechaba que el proyecto era en realidad para una serie de 2 ó 3 capítulos. Salvando las múltiples diferencias, algo así como Carlos de Olivier Assayas. Entonces hay un arco dramático completo de Filiberto que se me quedó por hacer y sí, me gustaría, en algún momento continuarlo.

¿Tomas distancia de la ficción?

En sus inicios había solo películas y con el tiempo se ha diferenciado bastante entre uno y lo otro. Entre la ficción y el documental. Hay veces que todavía se pude ver una o otra película que no es ni ficción ni documental, sino todo a la vez. Sí pienso que como documentalista tomo distancia con la ficción principalmente en la forma de hacer. Hay prácticas sobre el trabajo con las personas que son muy distintas en cada campo. No me gusta trabajar con los personajes del documental dando muchas instrucciones y haciendo que repitan cosas. Hay toda una tradición documental que sí lo hace, pero prefiero que las personas que pongo frente a cámara se dirijan ellas mismas. Eso levanta toda una serie de incertidumbres y tensión de saber si lo que harán será cónsono con el guión, pero asumo el riesgo apostando que será más autentico y la audiencia así lo siente.

¿Quieres hacer ficción?

Como director estoy muy convencido en no querer hacer ficción. Como productor, no lo descarto, de llegar un proyecto interesante, sí podría asumir la empresa.

Para las mujeres, organizarse y luchar es el único camino

Estuve trabajando, junto a otras compañeras, en una investigación, recientemente publicada en un libro titulado Voces de Mujeres: Estrategias de Supervivencia y de Fortalecimiento Mutuo tras el paso de los huracanes Irma y María. La investigación tuvo el propósito de conocer los impactos diferenciados por razón de género luego de los huracanes. Para conocer de primera mano los relatos de las mujeres así como sus experiencias, acciones y estrategias, nos reunimos con decenas de mujeres de diferentes pueblos y ciudades, la mayoría provenientes de las zonas montañosas de nuestro país. Revisamos, además, literatura que había examinado otros devastadores fenómenos naturales desde una perspectiva de género, sobre todo luego del huracán Mitch en cuyas inundaciones perecieron sobre 11,000 personas en Honduras y Nicaragua en 1998 y, más recientemente, las experiencias luego del huracán Katrina en New Orleans en 2005.

En nuestra investigación encontramos muchas similitudes entre los hallazgos de estas investigaciones y la nuestra pero también algunas importantes diferencias. Están discutidas en el libro de referencia que se reparte sin costo alguno gracias al apoyo que recibimos de Oxfam, entidad internacional que apoya poblaciones devastadas por hambre, guerras o eventos naturales. También puede accesarse a través de inter-mujeres.org.

En estas líneas quiero destacar la importancia, para las poblaciones marginadas y en particular para las mujeres de nuestro país, del momento en que nos encontramos. Se inicia ya pronto el proceso llamado de reconstrucción, luego del periodo inicial llamado de respuesta de emergencia y rehabilitación. Aunque en Puerto Rico éste todavía no ha culminado (de hecho, está muy lejos de estarlo), ya se han asignado fondos, públicos (federales casi todos) y privados (como fundaciones) para iniciar la reconstrucción. Es un momento crucial porque si se repiten las políticas públicas y prioridades del pasado, aquellas que crearon precisamente las grandes inequidades, éstas se intensificarán en las próximas décadas. Los pobres serán más pobres, los ricos mucho más ricos controlando aún más el poder económico y políticos y en este escenario las mujeres quedarán mucho más marginadas.

Para aclarar el escenario del que hablo les comparto unos números que no se mencionan con frecuencia pero que reflejan con meridiana claridad la realidad de la mayoría de las mujeres en Puerto Rico.

La fuerza laboral, según los números oficiales, se estima en solo 1,107,000 personas de una población de alrededor de 3.6 millones de personas. Es una cifra muy baja que se discute por economistas con preocupación porque esa falta de empleo no permite desarrollo ni crecimiento y es la que ha provocado en gran medida el aumento de la emigración. La participación de las mujeres en ese 1.1millón que trabaja oficialmente es de 41.1%, es decir, 468,000 mujeres. (En consecuencia, antes del huracán María, el 46 % de la población subsistía con ingresos bajo los niveles de pobreza. De este grupo enorme, el 61% son mujeres jefas de familia y se estima que ese número ha incrementado luego de María).

Pero la cifra a la que quiero dirigir la atención es la de que muchas más mujeres se encuentran fuera del grupo trabajador que dentro del mismo pese al continuo crecimiento de las mujeres en las cifras oficiales laborales debido, entre otras razones, al incremento en sus niveles educativos.

Aclaro que en el idioma de los informes y estadísticas oficiales sobre el mercado del trabajo hay tres categorías: las personas que laboran, las personas desempleadas, y las que se encuentran “fuera del grupo trabajador”. Dentro de esa última categoría aparecen 1,589,000 personas. Esto implica que en nuestro país la mayoría de las personas no pertenece al grupo trabajador.

Esta última categoría esconde la verdadera tragedia, sobre todo para las mujeres, pues de ese 1.59 millones que no aparecen trabajando las mujeres suman 970,000, (casi un millón!) duplicando de esa forma las que se han sumado a la fuerza trabajadora.

De mayor preocupación resulta la cifra de que de estas 970,000 mujeres, sobre 500,000 son las categorizadas como amas de casa o dedicadas a labores domésticas, lo cual implica que no generan sus propios ingresos. Se hace necesario aclarar que en Puerto Rico no se contabiliza de manera oficial el trabajo informal, aunque se estima que ese número es elevado aunque muy difícil de cuantificar. Muchas mujeres realizan trabajos que no se contabilizan en las estadísticas oficiales, pero no podemos suponer que la mayoría de ese medio millón de “amas de casa” están trabajando por su cuenta.

La tragedia mayúscula de esas cifras es que esas mujeres amas de casa, al alcanzar la vejez, NO serán elegibles para recibir los beneficios del Programa de Seguro Social, principal programa de apoyo a la población envejecida. Por ello, la mayoría de las mujeres en nuestro país enfrentan una vejez de miseria como tan claramente ha quedado demostrado tras el desnude de María. Se hace necesario destacar además que hace décadas no existen en Puerto Rico políticas públicas propias del gobierno de Puerto Rico para proveerle esa necesaria “red de seguridad” a la población envejecida dependiendo exclusivamente de los programas federales. Por ello, las personas viejas dependen para subsistir en su vejez casi exclusivamente de Seguro Social, sus ahorros, planes de retiros privados o gubernamentales a los que no son elegibles evidentemente las mujeres que han permanecido en sus casas a cargo de sus hijos e hijas.

Un informe de la Oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada nos ofrece datos relevantes: la proporción de la población envejeciente ha crecido marcadamente en los últimos años (24% de la población tiene sobre 60 años) y el 56% está constituido por mujeres. La principal fuente de ingresos de ese grupo poblacional, el 80.9%, proviene del Programa de Seguro Social, seguido del Programa de Asistencia Nutricional (39.7%).

Ante esta realidad no debe sorprender a nadie que la tasa de fertilidad en Puerto Rico haya descendido en los últimos años y se encuentra en la actualidad en 1.24 hij@s por mujer. Ante la falta de políticas sociales que permitan balancear las responsabilidades familiares y el mundo laboral, no es de extrañar que las mujeres que quieren desarrollar sus capacidades y participar de los procesos sociales y económicos hayan establecido, como estrategia, limitar el número de hij@s.

La falta de centros para el cuidado de menores provistos por el Estado representa un obstáculo imposible de superar ya que los costos de estos centros privados son en extremo onerosos para quienes inician en la vida laboral. Igual situación aplica a los centros de cuidado de envejecientes o personas con condiciones crónicas de salud.

Entonces urge que las mujeres y las organizaciones que velan por sus intereses demanden que se abran y se garanticen espacios de participación en la elaboración de los planes de reconstrucción que actualmente se diseñan en las altas esferas gubernamentales, mediatizados por intereses privados malsanos que solo quieren incrementar sus ganancias y mantener sus opulentos estilos de vida. Si no actuamos ahora, se quedan con todo!

Les comparto una anécdota aleccionadora: Luego de Katrina, mientras miles de mujeres negras languidecían en refugios con sus hijos e hijas, se aprobaron fondos millonarios para esa etapa de reconstrucción. Los comités públicos/privados creados para diseñar los planes de uso de esos fondos recomendaron que estos fueran íntegros a la Cámara de Comercio. Enteradas de ese hecho, las mujeres se organizaron para demandar la asignación de fondos para centros de cuido que les permitieran ingresar a la fuerza laboral para proteger a sus familias y sus futuros. Tras mucho luchar lograron se les asignara el 10%. Organizarse y luchar, ese el único camino.

La autora ha trabajado en organizaciones de mujeres por muchos años.

Un acto de solidaridad y amor

Hay un pequeño lugar en las Antillas del Caribe, rodeado por el mar y sin ríos, con cerca de diez millones de almas que se ve obligada a vivir en la miseria. Muchas veces sin luz eléctrica, no hay no hay sistema de drenaje, y un gran porciento de las viviendas son construídas con palos, cartones y plástico. Este lugar caribeño que es afectado por terremotos, huracanes, cólera y las fuerzas de ocupación de la Minustah se llama Haití.

Dicen que el dolor verdadero duele por dentro. Hablar de Haití, pensar en la población y no sentir un profundo dolor en el interior es prácticamente imposible.

Hablar de Haití es entender que el capitalismo mata. Frente a la apatía, la indiferencia y el abandono de los ricos y poderosos, que incluso en una situación de extrema pobreza y desesperación siguen impulsando sus asuntos, debemos comprender que no están preocupados por Haití si no se trata de explotar a los trabajadores, incluso más; no les importa a menos que ganen más, compitiendo con los precios internacionales en detrimento de la salud y la vida de los pobres, trabajadores miserables que han perdido casi todo menos su dignidad y su rebeldía ancestral.

Pero los que sí sienten el dolor, los que lo comparten, tienen la obligación de la solidaridad internacional.

Es por eso que que este año la misión de ayuda fue llevar zapatos escolares a comunidades en Santo Domingo y Haití. Varios orfelinatos y los estudiantes de la Ecola Solarité en Leogane en Haití se beneficiaron de la aventura de pasar sobre 800 pares de zapatos por la frontera y pasar sobre 6 horas repartiendo y midiendo zapatos a niñ@s y jóvenes en edad escolar. Fueron 5 días agotadores pero satisfechos de haber completado la travesía. Nuestro agradecimiento a:

El periódico CLARIDAD y  Red de Esperanza y Solidaridad de la Diócesisde Caguas por promover la campaña y prestar sus facilidades para recibir los donativos. A decenas de boricuas en su carácter individual y a los siguientes grupos y organizaciones:

BL Investments, First Health Medical,  Humana, a las jóvenes de; Centro de Tratamiento de Ponce (Escuela Lila Mayoral), a las siguientes parroquias de la diócesis de Caguas: San José de Gurabo, San Pedro Apóstol, San Juan Apóstol y Evangelista y El Salvador de Caguas, Nuestra Señora de la Asunción de Cayey, Nuestra Señora del Carmen de Cidra, San Antonio de Padua de Barranquitas, San Miguel Arcángel de Naranjito, Santos Ángeles Custodios de Yabucoa y Nuestra Señora de las Mercedes de San Lorenzo.

Se recogieron más de 2,000.00 pares de zapatos, donativos económicos para comprar zapatos y llevarlos a Haiti.

Además de los 300 estudiantes de la escuela Solidarité en Leogane, se beneficiaron tres orfanatos Hogar Esperanza, Hogar Notre Dame y uno en la comunidad de Kenscoff, las escuelas de Fe y Alegría ( sacerdotes jesuitas), tres escuelas en Puerto Príncipe en Cite Soley y Blanchard y algunas escuelas en República Dominicana.

De la lectura

Y al igual que en un sueño no es posible

darle alcance a aquel que va huyendo:

justamente ni huir el uno puede

ni el otro, tampoco, darle alcance,

así ni con sus pies le alcanzó Aquiles

ni tampoco logró Héctor zafarse.

(La Ilíada: XXII, 199-202)

Hace unas cuantas semanas, como tantas otras veces, conversaba con mis estudiantes en Río Piedras sobre la célebre frase de Italo Calvino según la cual “clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. La transparencia de la frase es engañosa: ¿cuál es el acepción de ese “tener”? ¿Denota una posesión, lo que supondría que clásico es el libro que no revela del todo lo que contiene o guarda como cosa cumplida? ¿O ese “tiene” remite más bien a la forma de un deber, lo que equivaldría a afirmar que clásico es el libro que nunca cumple cabalmente con su cometido? La distinción no es ociosa: ella apunta a nociones antagónicas de lo literario, de la educación y de la cultura. Afirmar que un libro encierra un sentido único y discernible equivale a proclamar la autoridad de quien asegura comprenderlo; decir que un libro jamás otorga la totalidad de sus dones es salvar siquiera la posibilidad de que éste le depare a cada cual su dosis de sorpresa. Esta posibilidad remite al ámbito de la libertad, con la carga de inciertos deberes que ella implica; aquélla, al orden del dogma, para el cual la letra transparenta un carácter apodíctico que sólo unos pocos iniciados logran percibir.

Quien se gloría de comprender la clave que supuestamente encierra determinado libro no vindica sino su orgulloso privilegio de casta. Otra es la actitud de quien se acerca a un libro con la intención de procurar que la riqueza insospechada del mismo permee su docta ignorancia. Docta ignorancia porque jamás nos acercamos a un libro con las manos vacías. Para leer es preciso haber leído, aunque se trate del encuentro con nuestro primer libro. La lectura comienza en el momento que intuimos el contraste entre vocales y consonantes, que comenzamos a transitar por las rutas y los atrechos de ese laberinto en constante fase de expansión y remodelación que es una lengua. Nacemos a la lectura (y a la escritura) cuando la tiranía de una ley cuya existencia precede a la nuestra nos dicta que tal enigma se llama mamá, y tal otro papá. Quien dice mamá por vez primera identifica la piedra filosofal de un orden conjetural al que sólo se accede poco a poco, como un cuerpo que se adentra en la espesura del mar, sintiendo la fuerza sin par de su atracción, resistencia y rechazo. Si la lengua fuera un ámbito regido por leyes unívocas, cualquiera de sus eslabones debería llevarnos, por la ley rigurosa de su inmanencia, a la totalidad de la cadena significativa, como sucedía con aquellos lenguajes utópicos que Borges evocara en su magnífico ensayo “El idioma analítico de John Wilkins.” Sin embargo, quien dice mamá primero ha dicho ma y seguramente dirá mami, anunciando tan sólo un par de posibles desvíos en una ruta cambiante.

“Como un camino en otoño: no bien se lo ha limpiado, se vuelve a cubrir de hojas secas”: así reza uno de los aforismos con el que Kafka acuñara una imagen eficaz de nuestra forma de estar en el lenguaje. Todo lenguaje es más o menos arbitrario, por lo que rebasa a cada paso las leyes de causalidad con que procuramos defendernos de la abundancia desbordante de lo real. El lenguaje es hipótesis, esto es, respuesta provisional a una interrogación que nunca se cancela del todo. Conocer un lenguaje no implica poseerlo, como el limpio vidrio de un vaso contiene la inmóvil frescura del agua, sino adivinar en sus giros sorpresivos la riqueza sin igual de lo inacabado, que constantemente procura una renovación de nuestra pobre percepción de lo que nos rodea. Quien llama pan al pan y vino al vino olvida que ese pan y ese vino son sólo momentos transitorios de una ecuación cuya clausura nos elude o rechaza. Quien afirma que goza del privilegio de poseer la clave recóndita de un libro proclama con ello la enormidad de su renuncia, del rechazo autocomplaciente de todo aquello que dicho libro ha reservado para otros.

Entre las palabras y renglones de un libro se abre paso un llamado indescifrable al que sin embargo podemos, y debemos, responder. El mito del artista que pacientemente elabora una obra secreta encuentra su envés en la figura del solitario personaje que, arrancado por un rato a los vaivenes y acarreos cotidianos, se sumerge en las aguas maternales de la lectura. Porque qué es leer sino saberse, por un periodo breve o alargado, rodeado de uno mismo, circunstancia que la lectura apasionada se encarga de transformar en encuentro multitudinario. “Pues yo he sido ya” –como dijera antaño Empédocles de Agrigento– “muchacho y muchacha, y un arbusto y un pájaro y un pez escamoso en el mar.” Leer es someterse voluntaria y gozosamente a los avatares de la matamorfosis incesante: al leer, yo es otro.

La mitología griega soñó los personajes de Tántalo, Sísifo y Midas, empeñados en la agónica tarea de atrapar un objeto que siempre se les hurtaba. Hambriento y sediento, Tántalo se hallaba en medio de un estanque cuyas aguas desaparecían cada vez que éste se disponía a beberlas. Sobre el desdichado personaje en el estanque había unos arbustos frutales cuyas ramas apartaba el viento cada vez que aquél intentaba gozar del sabor de sus frutos. Sísifo corrió análoga suerte: había sido condenado a hacer rodar hasta la cima de una colina una enorme roca que siempre bajaba rodando tan pronto como alcanzaba la cumbre. A Midas, por su parte, se le había otorgado el estorboso don de que todo lo que tocara se transformara en oro. Su riqueza fue también su desgracia, viéndose privado de llevar a la boca nada que no tuviera la contundencia áurea del metal. Tántalo, Sísifo y Midas son emblemas del lector excesivamente confiado en su capacidad o ambición de deducir el sentido exacto de lo que lee; Tántalo, Sísifo y Midas son emblemas –al mismo tiempo– del lector que incesantemente constata su incapacidad para deducir, de forma unívoca y definitiva, el sentido exacto de lo que lee. En el hiato entre esas dos afirmaciones, que aparentan ser mutuamente excluyentes, se explaya la labor inacabable del lector, que al fin y al cabo es un releer, una segunda mirada, una insistencia tenaz o obsecada que sin embargo no garantiza que se llegará, de una vez y por todas, a la meta.

En un libro ciertamente inagotable, Jorge Luis Borges señalaba que eso que llamamos literatura se renueva constantemente porque ni siquiera un solo libro permanece idéntico a sí mismo más allá del momento y del lugar en los que se lo lee. El libro, un libro cualquiera, no es una realidad abstracta ni aislada, desconectada de lo que lo rodea, sino fundamentalmente un comercio con el lector y su contexto. Para Borges, “el libro es una relación, es un eje de innumerables relaciones.” Cada libro es, nos guste o no, lo sepamos o no, el encuentro entre una serie de signos espaciados sobre una superficie y una manera singular, particular, de leer. Dicha experiencia es dialogable, compartible, conversable, pero no unívoca o definitiva. Nunca leemos el mismo libro.

El objeto de la lectura debería ser librar el acto de leer de la tiranía del objeto.