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El PSP a través de una década

JUAN MARI BRAS

Por Vilma Ramos,Especial para Claridad

El 28 de noviembre se celebra el Décimo Aniversario del Partido Socialista Puertorriqueño, antes Movimiento Pro Independencia. Recopilar en forma sintetizada, si se puede, los eventos que impactaron la vida del puertorriqueño, que fueron al menos influenciados significativamente por el PSP, no es tarea fácil.

En cambio si fue fácil compartir por espacio de dos horas con el secretario general del PSP, Juan Mari Brás, que es la persona que mejor puede evaluar al Partido en esta década pasada y también hablar de la próxima, por ser su máximo dirigente y uno de los principales de la lucha por la liberación nacional de Puerto Rico.

El dirigente Socialista destaca los siguientes eventos como los que más impactaron en el país, donde el PSP tuvo una participación activa e influyente:

  •  La lucha contra la explotación de las minas de cobre;
  •  La marcha contra la Conferencia de los Gobernadores yanquis en Puerto Rico;
  •  La campaña contra el superpuerto;
  •  Las luchas obreras y el nuevo sindicalismo;
  •  La discusión del caso colonial de Puerto Rico en la ONU;
  •  La campaña por la liberación de los presos Nacionalistas;
  •  La labor desde la legislatura colonial mediante un representante Socialista;
  •  El surgimiento de CLARIDAD diario; portavoz de la Independencia y el Socialismo;
  •  La celebración de las dos Conferencias Internacionales en Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico;
  •  La lucha contra la Marina yanqui en Culebra y Vieques;
  •  La divulgación masiva de la alternativa socialista en la campaña electoral del 1976;
  •  Las actividades de reafirmación nacional en torno a los Juegos Panamericanos;
  •  El respaldo masivo a las candidaturas socialistas de Juan Mari Brás y Carlos Gallisá durante la campaña electoral del 1980 y
  •  La campaña por la unidad de la Izquierda.

Comenzamos nuestra entrevista con Juan Mari Brás preguntándole cuáles de estos eventos destacaría como los más significativos.

Juan Mari Brás: “Si se fuera a hacer una evaluación del cumplimiento de metas a base de la realización de unos objetivos, podríamos destacar aquellos que están en la lista que tuvieron esa realización plena como fue la campaña contra el superpuerto que indudablemente no se estableció. Te imaginas el desastre que sería tener esos superpuertos de hondo calado con toda la parafernalia para ahora convertirlos en elefantes blancos como las petroquímicas.

“Pues eso se logró, como se logró la realización de las dos Conferencias Internacionales y se ha logrado el avance, incluso más allá de lo planificado en el caso de Puerto Rico en la ONU. Se logró la libertad de los presos Nacionalistas, en la que se envolvieron eventualmente los sectores más amplios de Puerto Rico y que fue campaña motorizada por este Partido desde los tiempos del  MPI  pero acentuada desde 1973, ya fundado el PSP.

“Sin embargo, no es el único criterio que debe prevalecer al evaluar el cumplimiento de metas porque digamos, metas como la campaña de unidad, que ciertamente, no se ha logrado una unidad orgánica del independentismo en Puerto Rico, pero se ha sembrado suficientemente la idea para que prevalezca en este instante una inquietud unitaria que siente las bases para lograrse a mediano plazo. Esa inquietud se manifiesta no sólo en las expresiones sino en las actuaciones de diferentes líderes y grupos dentro del independentismo en Puerto Rico y a pesar de que el principal agrupamiento independentista, desde el punto de vista cuantitativo, que es el PIP, se manifiesta, formalmente contrario a la idea de la Unidad, en el seno de ese Partido, sin embargo, ha surgido un espíritu unitario que obtuvo concreción en este momento en la participación de sectores pipiolos en las actividades unitarias que promueven los expresos nacionalistas.

“Pero más que todo eso se puede señalar como ha avanzado el convencimiento de que la unidad es necesaria, de que sin la unidad el independentismo no está en condiciones de avanzar hacia sus objetivos fundamentales.

“ Y lo mismo puede indicarse en relación a puntos tales como el movimiento sindical. Si bien es cierto que el movimiento sindical está en un momento de dispersión y debilidad porque se ha reducido la tasa de sindicalización, se ha dispersado más aún la acción de los sindicatos y se ha reducido, por tanto, el poder de regateo frente a los patronos, también es cierto que se está cobrando conciencia de estas debilidades y de la urgencia que hay de coordinar el esfuerzo de los diferentes sindicatos y uniones, de presentar un frente común a la ofensiva patronal, que nosotros  hemos sostenido siempre como principio cardinal. Como cuestión de hecho, entre los cuatro pilares básicos de la estrategia que plantea la tesis del Partido, uno de ellos es la unidad sindical de los trabajadores.”

¿Estos eventos reflejan la visión que en aquel entonces la dirección del MPI tenía sobre la necesidad del cambio, de MPI a PSP?

JMB: “El conjunto refleja lo que es a mi juicio el logro principal, que es insertar el socialismo como una alternativa en el espectro político puertorriqueño, cosa que indudablemente se ha logrado, ya que la gente en este país reconoce en términos generales que nosotros formamos parte de ese espectro político.”

¿Y ese, socialismo “insertado” se tenía que lograr mediante la transformación a Partido?

JMB: “Eso fue coyuntural, pero si no lo hubiéramos hecho entonces, perdíamos espacio político el MPI, porque el PIP ya había invadido el espacio del MPI, el PIP de entonces. Bajo el PIP se volcó todo el pueblo independentista en 1972. El PIP que venía renovándose desde el ’68, obtuvo su impulso mayor en el ’70 con la elección de Rubén Berríos a la presidencia y la creación de una nueva dirección, que recogió elementos progresistas, que por diferentes circunstancias, estuvieron en el MPI y se fueron, como César Andreu Iglesias y Norman Prieti, entre otros. El PIP estaba, más o menos, cumpliendo el espacio que en la década de los sesenta había tenido el MPI. Nosotros teníamos que movernos a la izquierda para crear un nuevo espacio político en este país, que es la creación de un partido marxista-leninista.”

¿Destacaría errores o críticas que junto a los eventos positivos que enumeramos anteriormente se puedan traducir en adelantos para el futuro?

JMB: “Lo más negativo ha sido la dificultad en definir con toda claridad un proyecto socialista ajustado a las necesidades y posibilidades de Puerto Rico.”

¿Por qué ha sido tan difícil?

JMB: “En primer lugar, la apabullante campaña anticomunista que se da en todos los medios de penetración y comunicación ideológica. Ese es el problema principal. No podemos perder perspectiva de eso. No son nuestros errores, sino la deformación de opinión pública que crea el sistema. Pero conociendo eso, nosotros debimos ser más creativos en ajustar nuestras miras a una transición ideológica mediante la cual el pueblo pueda absorber una dosis que resulta sumamente fuerte, que es la ideología marxista. Tendíamos o hemos tendido en diferentes ocasiones a asumir posiciones seguidistas y transmitir etiquetas y la visión esquemática del comunismo. Esa visión es lo que conforma lo que ahora se llama estalinismo, pero que no se reduce a eso, porque depende de cual sea la moda. En un momento, puede ser la revolución cubana, en otro puede ser el eurocomunismo, en otro momento puede ser la vía electoral, la Unidad Popular de Chile, etc.

“Cada acontecimiento que ocurre, cada fenómeno que se da más cerca, más lejos, va abriendo expectativas de que por esa vía es que se puede romper el cerco. Nosotros lo que tenemos que hacer es crear nuestra propia vía, cogiendo de la Revolución Cubana, lo que sea asimilable, de la Bolchevique lo que sea asimilable, del eurocomunismo, de la chilena, de los Sandinistas de Nicaragua, de todo eso, pero pasándolo por un filtro, que es la comprensión de la realidad puertorriqueña y transformándola con nuestra propia creatividad en una doctrina del socialismo puertorriqueño. Eso es lo que es difícil.”

¿Cuándo usted dice “nosotros”, se refiere al PSP  o lo ubica como problema de la izquierda, con sus crisis internas como, por ejemplo, el problema de la unidad?

JMB: “Ahora hablamos de la  izquierda.  La izquierda puertorriqueña fue creación nuestra. Aquí no había izquierda. La izquierda surgió del MPI, pero hoy hay una izquierda dispersa, hay catorce microgrupos y un contingente de gente no-afiliada. Estamos hablando de todo eso.

“Ya aquí se está reproduciendo el espectro de la izquierda mundial. Aquí hay trotkistas, foquistas, todo lo que hay por todos lados tiene su reproducción equivalente aquí en Puerto Rico.”

¿Refleja esto que muchos “vieron” los ejemplos externos como alternativas nuestras, adoptándolos?

JMB: “Claro, y se quedan ahí estancados.”

¿En términos del PSP, de su desarrollo interno, qué pasa con esa capacidad creativa?

JMB: “La militancia nuestra es muy desigual en formación, en educación  política, en comprensión, porque con la excepción de una pequeña minoría, la mayor parte de nuestra militancia tiene una vida activa en nuestra Partido de dos o tres años. El “turn-over” de que hablaba César Andreu de que la gente, al cabo de dos o tres años, se agota.

“Entra, hombre o mujer, y se consagra al trabajo del Partido y se “funde” en poco tiempo. Se margina normalmente, busca un diferendo ideológico para racionalizar su mantiene un elemento de continuidad sustancial, que para uno que va cambiando de año en año.”

Usted y otros compañeros militantes se dedican 24 horas a la lucha. ¿Está conciente de que otros militantes no están en situaciones similares, que son trabajadores con otras condiciones objetivas?

JMB: “Ese es el problema principal, que nosotros organizamos este Partido con una base esencialmente estudiantil y de desempleados, que dio margen a una especie de coraza de funcionarios que fue el centro principal de la actividad partidaria. 

“Aquí en el 1976 llegó a haber más o menos 300 funcionarios en todas las áreas del Partido. Cuando eso se desmanteló, entonces llegamos a la conclusión política de que había que proletarizar al Partido en el sentido de convertirlo en un Partido de gente que trabaje, que se meta en el tapón por la mañana, que tenga su trabajo en el oficio, profesión, lo que sea y que le de sus horas extras al Partido. El acoplamiento de funcionar desde esa perspectiva ha sido lento. Hoy es así en el sentido de que casi todos los organismos del Partido, de dirección y de base, están compuestos por gente que trabaja, pero todavía no se ha podido acoplar el ritmo de vida de la militancia para mantener una actividad partidaria mínimamente eficiente dentro de esas limitaciones.

“Eso no se logra si no es ampliando la base, porque dos trabajando 24 horas no pueden ser sustituidos por diez que sólo pueden trabajar dos horas. Todavía no estas compensando. Tienes que meter más gente para compensar la actividad anterior.”

Antes la gente decía que no entraba al Partido porque había que fajarse demasiado y no había tiempo para compartir otras actividades. ¿Por qué no ha crecido la organización se ha mejorado en ese sentido?

JMB: “Porque la gente no cree que ha habido una reducción en la actividad. Nosotros no hemos proyectado eso. No hemos proyectado cambio en actitud suficientemente. Todavía es un misterio entrar al Partido. ¿Por dónde entro? La mayor parte no sabe como se ingresa aquí y todavía es muy difícil. Aparte de que no hay  masas ávidas de entrar, por razones obvias. Independientemente de los ajustes que hagamos, ser militante socialista en la principal colonia de Estados Unidos, es un reto muy grande; es un desafíos descomunal que no todo el mundo está preparado para enfrentar, pero así son los procesos.”

¿La gente en los demás partidos, populares y penepés, se sienten que están organizados políticamente?

JMB: “Yo creo que el PNP ha creado un espíritu de cuerpo con una base que le sirve de coraza, activistas. Ese es el problema, que el fascismo está insertado en nuestro país. No ya en la base de los votos que saca el PNP, que no son fascistas, sino de esa militancia penepeísta, esos terroristas que tienen a cargo la organización, Freddie Valentín, Misla Aldarondo, ese Gonzalo de Jesús, que dice que se debe hacer “carne al pincho” con los estudiantes. Eso refleja una actitud militante de derecha, fascista, que se está organizando aceleradamente en este país.”

HACIA LA RUTA DEL SOCIALISMO

¿Qué han sido para usted estos diez años en su visión y función como dirigente?

JMB: “Para mí han significado los diez años más traumáticos de mi vida en varios aspectos. Han sido un cambio acelerado de visión de mundo. Enfrentarse a los retos de haber fundado el primer partido revolucionario a escala nacional en este país, indudablemente, eso no lo perdona el imperialismo.”

¿Entiendo a lo que se refiere, pero yo quería tocar el peso político que está teniendo el Partido en la opinión pública, el cambio que se percibe en la gente, en la calle, esas pautas que van abriendo? ¿Cómo brega usted con todo eso?

JMB: “Se va transformando uno. Es la dialéctica del liderato. Los líderes influyen a las masas y las masas influyen a los líderes y el líder que quiera estar inmune a las influencias de las masas de su época y de su unidad, no tiene sentido.”

¿Pero reconoce usted el rol que cada vez más tiene como dirigente máximo de la izquierda dentro de la colonia más importante del imperio yanqui? ¿Ese rol internacional que parte de ese pueblo no reconoce todavía, pero que el enemigo sí?

JMB: “Desgraciadamente el rol del liderato siempre se exagera por los pueblos. Yo no creo que esto se va a resolver por la proyección de uno o varios líderes. Es de verdad insertar orgánicamente en el seno de la clase obrera la ideología socialista y que surjan una red de cuadros, militantes, miembros del PSP y de otras organizaciones que hagan irreversible esta realidad. Si eso se logra, se logró hacer irreversible la ruta hacia el socialismo. Si no se logra, los líderes de ahora pueden diluirse como ha pasado con tantos otros.”

¿Usted usó anteriormente la palabra de moda y en la calle de lo que se habla es que somos colonia? ¿Cómo definiría usted los rasgos fundamentales del puertorriqueño fuera de esquemas encajonados económicamente?

JMB: “La característica negativa peor del colonizado en el caso nuestro es su sentido de impotencia, “que no puedo”. Eso pesa como un lastre tremendo sobre cada puertorriqueño en alguna medida. Los puertorriqueños todos están concientes que este es un país distinto a los Estados Unidos. Los más pitiyanquis están concientes de eso. Aquí la gente es puertorriqueña.

“La identidad puertorriqueña de la gente no es intelectiva sino intuitiva. La gente es puertorriqueña porque sí, no tiene que hacerse largas explicaciones sobre eso. Cuando se van para Estados Unidos, dicen “voy para Estados Unidos”. Ese es otro país, allá. Hablan de los americanos. Esa es otra gente.

“Luego, la identidad nunca ha sido erodada masivamente. El problema es ese, ese sentido de impotencia y el que no podemos ser libres, porque nos morimos de hambre, no podemos hacer esto porque somos débiles. Y eso se manifiesta en la vida de la gente y en las posiciones que se asumen en la vida colectiva”

¿Considera la militancia del PSP está equipada para desmembrar toda esa realidad del puertorriqueño y transformarla en un trabajo organizado?

JMB: “Preparados estamos para intentarlo. Lo que tenemos es que superar deficiencias, reconocer mejor los problemas que hay que superar en la comunicación, en la tarea de incorporar en forma diversa los diferentes medios, recursos. Combatir ese sentido de impotencia. Pero eso no se combate con argumentos, discursos, artículos y razonamientos. Se combate en la práctica, demostrando la posibilidad que tiene Puerto Rico como pueblo y cada puertorriqueño como ser humano de enfrentarse a situaciones y de resolver problemas. Cuando los pescadores de Vieques interrumpen a la Marina en unas yolitas, les hace paralizar unos ejercicios navales por unas horas, unos días, la gente aprende con eso a ver que no hay abismo de poderío que no se puede superar y eso es más elocuente que mil discursos y quinientos artículos. Eso descoloniza más. Cuando los Macheteros tumban a la Guardia Nacional en un  operativo nítido, eso descoloniza a los que son y no son, que leen en el periódico que una gente —que como dijo Romero Barceló— ‘lo que tienen son machetes’—, ¿cómo pudieron haber tumbad eso?”

“Esa es la manera más directa de combatir lo que a nuestro juicio es lo peor que ha dejado el coloniaje aquí, esa sensación de la indefensión, de debilidad cuyo ideólogo mayor fue Muñoz Marín.”

¿Cómo parte del proceso de educación, de ubicar al pueblo en ese proceso histórico, se entiende la necesidad de desmistificar esa imagen gloriosa que el pueblo tiene de Muñoz Marín?

JMB: “Más que acelerar el intento de desmistificar a Muñoz es transformar la mentalidad a la gente para que no sea víctima de ese complejo que llevó a Muñoz a ser lo que fue.”

¿Se monta Muñoz sobre ese sentido de impotencia y miedo?

JMB: “Muñoz es una víctima. Muñoz decía que este país estaba destinado por la fatalidad, a ser mendigo y que no tenía más remedio; que según dependimos del situado mexicano en los primeros años de la colonización, ahora era de la ayuda americana y que ese es nuestro destino inevitable.

“De ahí es que parte toda la teoría del ELA, de los cuatro pilares aquellos de la unión, del mercado común, de la moneda común, ciudadanía común, defensa común y de ahí es que parte la infame campaña contra la independencia que Muñoz hizo en el 1948, que fue la siembra más fructífera del anexionismo que se ha hecho en Puerto Rico.

“Muñoz le metió miedo a la gente de este país con la independencia. Llevaban diapositivas a los mítines sobre los haitianos hambrientos y se las enseñaban a la gente. Yo me acuerdo. Y le decían “esa es la independencia; el hambre y la miseria”. Muñoz le cogió tanto miedo a que el PIP pudiera prender como una fuerza en el 1948, que decidió meter todo su poder, su capacidad persuasiva contra la independencia. Fue tan torpe, que para combatir a un enemigo táctico en unas elecciones, sentó las bases de la propia destrucción de su ideología autonomista. Eso no es más que sentido común. Si a la gente le meten miedo con la independencia, se tiene que acercar más a los americanos y ¿cómo es que se acercan más a los americanos?, pues haciéndoles estadistas. Y lo que era un movimiento exiguamente minoritario, se ha convertido en un movimiento fuerte, que no es mayoritario el anexionismo, pero es mucho más fuerte de lo que era antes.”

Usted hablaba sobre el problema de la comunicación, el coloniaje, la falta de creatividad…. ¿cómo ve que se pueda romper con el llamado “consenso de las masas” sobre la presencia yanqui aquí?

JMB: “Se han hecho unos avances en esa dirección. Por ejemplo, nosotros hemos logrado romper el cerco que se nos excluyera de los  medios de comunicación, al empujar el reconocimiento del Partido por las masas, en los periódicos, canales de televisión y radio. Han tenido que reconocer esa realidad y en alguna medida participamos de todos esos foros de los programas de servicio público.

“Eso es una gota de agua en un océano todavía. Pero, se va abriendo brecha. Uno de los instrumentos más poderosos en el proceso de mantener la hegemonía es el sistema de instrucción pública. Los vehículos más directos de transmisión de esa ideología son los maestros. ¿Cuántos maestros socialistas e independentistas hay en Puerto Rico? Hay millares, incluso están organizados en un sindicato progresista, que es la Federación de Maestros, que agrupa a más de 13,000, que representa más de la mitad de los maestros. Pero todavía no se tiene conciencia de la relación que hay entre la defensa de sus intereses como maestros y la defensa de la posición independentista y por lo tanto, ese sindicato no puede ser instrumento para desarrollar una contraofensiva a nivel del salón de clase contra la ofensiva ideológica que nos sigue bombardeando el sistema de día a día, de semana en semana.

“Uno se pone a pensar restrospectivamente, cada uno de nosotros, los que hemos llegado a ser independentistas y socialistas, la inmensa mayoría tuvimos un maestro que en alguna etapa de nuestras vidas nos aguijoneó nuestra conciencia, un maestro de historia o de español. Ese ha sido una especie de legado que se ha transmitido de generación en generación por acción y combustión espontánea. Nunca ha habido una acción colectiva del esfuerzo de los maestros para transmitir la ideología independentista. ¿Y si se hiciera? ¿Por qué no se puede hacer?

“Por ahí se le puede quebrar buena parte de la hegemonía al imperio. La escuela no puede sostenerse con maestros americanos. Eso lo probaron las primeras décadas del siglo y tuvieron que renunciar a eso. Tuvieron que usar los de aquí para maestros. Y así cada aspecto de esa hegemonía está fundado en la utilización de los propios puertorriqueños; los medios de comunicación, la televisión, la radio, las agencias de publicidad, es talento puertorriqueño que se canaliza y a veces talento independentista y socialista.”

Los diez años terminan con los comienzos de una nueva crisis económica. Después de las elecciones en Puerto Rico y los recortes de Reagan, ese es el tema en la calle. ¿Qué se plantea el puertorriqueño para salir de la crisis? ¿Qué se plantea el Partido? ¿Qué se plantea usted?

JMB: “Yo creo que una crisis económica, no necesariamente conlleva una crisis política. Eso depende del grado de conciencia que se tome en las masas para transformar esa crisis en una de índole político, en donde se buscan las soluciones. Pero queda el elemento material básico para desarrollar una estrategia de liberación. El hecho que se profundice la crisis económica, cada vez se van cerrando las soluciones parciales, de reforma, de programa, se va abriendo la posibilidad de una transformación completa. Pero eso necesita un vehículo y una acción concertada y organizada y ese es el punto débil, del socialismo y el independentismo.”

Cuando quiten los cupones en este país, ¿hacia dónde va a mirar la gente?

JMB: “Hacer la independencia y reclamar por vía de indemnización a los Estados Unidos por todo lo que nos deben. Nosotros por ejemplo, estamos viendo el inicio del desmantelamiento de la industria petrolera y petroquímica en Puerto Rico. Hemos dicho en nuestras tesis, que eran industrias estratégicas, que tienen una inversión de miles de millones de dólares. Eso no tiene más solución que la independencia. Eso le pueden seguir dando vueltas a la noria y van a cerrar aquí y van a desmantelar allá, porque el problema es que Estados Unidos no tiene acceso al petróleo barato en el mundo, que fue la base sobre la cual se instaló la industria petroquímica aquí. Eso se le acabó a Estados Unidos, se acabó. Los países productores de petróleo decidieron que ya bastaba de comprar maquinaria cara producida por los americanos y venderle petróleo barato. Nosotros le compramos más de $1,000 millones de petróleo a Venezuela al precio que Venezuela le d a los americanos y le compramos petróleo a Arabia Saudita, Libia, y Argelia. En la república, podemos salvar la industria petrolera porque Venezuela, Libia, y Argelia e Iraq, estarían dispuestos a concertar tratados comerciales con Puerto Rico para darnos el descuento que le dan a otros países en desarrollo, el recio que no le dan a los americanos. Eso la gente no lo ve, pero cuando se cierren las petroleras, sí,, pues no hay cosa más convincente que la realidad. La realidad lleva a que se abran las perspectivas de alternativas que resuelvan y cuando quiten los cupones la gente pensará con mayor seriedad el concepto de indemnización que plantean los independentistas.”

¿Qué va a hacer Estados Unidos para mantener la situación en Puerto Rico?

JMB: “Ellos van a pasar parte de su industria de guerra a Puerto Rico. El problema aquí tampoco resolverá con la emigración a Estados Unidos porque el desempleo allí está creciendo y el puertorriqueño es la primera víctima del desempleo de Estados Unidos. Antes era relativamente fácil para un puertorriqueño que quedaba desempleado aquí trasladarse a Nueva York, Chicago, Boston y el pariente lo llevaba a una agencia de empleos y en una semana conseguía empleo. Ahora no, la alternativa de la emigración también se va cerrando.”

EL REAGRUPAMIENTO DEL SOCIALISMO

Hablemos un poco sobre la actividad de celebración del Décimo Aniversario.

JMB: “La idea nuestra es que eso sea embocadura de un diálogo al interior del socialismo, del PSP con las otras fuerzas socialistas organizadas y no-organizadas, que conduzca a lo que podríamos llamar al reagrupamiento del socialismo. Es buscar un nivel de consenso nuevo que reagrupe en lo posible a las fuerzas positivas que están en disposición de buscar esos consensos y que el Partido esté a su vez en disposición de abrirse a eso, con miras a su congreso del año que viene, de transformarse para convertirse en instrumento de ese reagrupamiento de los socialistas.”

Para las elecciones se llamó la “alianza PPD-PSP” por unas convergencias tácticas positivas. Ahora estamos en las de bregar con la izquierda, ¿cómo se compagina esto, implica unos pasos a seguir?

JMB: “Se interrelaciona esa actividad en distintas escalas. Son tres escalas de unidad socialistas, independentistas, puertorriqueñistas, que tienen que darse simultáneamente y sólo en la medida que se logre van a motorizar a escala superior. Un socialismo disperso no puede influir decisivamente en el movimiento independentista y un independentismo disperso no puede influir decisivamente en el movimiento general de afirmación puertorriqueña. Por eso, nosotros insistimos en la unidad de los socialistas y en la unidad de los socialistas y en la unidad de los independentistas. Uno de los problemas de la izquierda en Puerto Rico es que es demasiado joven. Tiene que pasar muchos traumas todavía, aprender mucho. Tenemos esperanzas de que esta actividad sea el inicio de un diálogo fecundo.”

Usted ha cambiado en su relación con los militares y en su proyección nacional, ¿a qué se debe?

JMB: “Ha sido el producto del resultado saludable de asimilar críticas, eso es lo más difícil que hay como revolucionario. Uno siempre habla de crítica, autocrítica, todo el mundo está dispuesto a teorizar sobre eso, pero todavía no he encontrado un solo caso, incluyéndome a mí, desde luego, donde desde primera instancia se acepten planteamientos de críticas. Uno tiene los mecanismos de autodefensa de la personalidad, que inmediatamente racionaliza unos argumentos para rechazar la crítica. Sin embargo, eso es como una gota sobre el cántaro. Va cayendo tanto que va haciendo hueco. Entonces, si un día uno va a hacer una crítica, ese mecanismo funciona y uno reacciona violentamente, sobre todo, si uno tiene un carácter irrascible determinado genéticamente como es mi caso. Pero eso va repitiéndose, mentalemtne las defensas que crea un mecanismo sicológico, se va debilitando. El proceso de autocrítica es lo más trabajoso que hay y angustioso en la mayor parte de los casos. La gente verdaderamente resiste la autocrítica porque eso va vinculado a todo lo que tiene que ver con el ego. Después de todo, el ego es lo que le da aliento a la vida. Toda la problemática filosófica de la muerte, por ejemplo, ¿por qué hay tanto vehemencia con eso?, si lo que se disuelve es el ego. Lo demás sigue, uno se integra a otros niveles. Pero, porqué esa vehemencia con que le  hombre ha tratado el problema de la muerte, que ha dado curso a tantas religiones y filosofías. Por qué no hay nada a lo que los seres humanos se aferren más que al ego. El que diga que no tiene ego está falsificando la realidad. Eso hace que el proceso de autocrítica sea tan difícil. Pero se da y sobre todo cuando es justa una crítica que se haga. Eventualmente se asimila a menos que el individuo sea tan insensible que la pase por alto. Todo el mundo tiene la capacidad de superarse, pero ésta tenemos que desarrollarla muy trabajosamente, en lucha interna con uno mismo.”

¿Cómo usted combina su intensa vida política con su vida privada? Me refiero a ratos de esparcimiento, vida familiar, etc.

JMB: “Trato de mantenerlo. Es esencial para el equilibrio de la personalidad que mantenga a uno en niveles productivos. Incluso como necesidad política, hay que resguardar una cierta expansión de la vida individual. Siempre he tratado de mantener eso. No se puede mantener la rutina ordinaria de la vida familiar, sobre todo, cuando como  en mi caso pertenezco a dos familias muy extensas  y muy cerradas al mismo tiempo. Parte de lo que he tenido que hacer como resultado de la lucha es separarme de la rutina de esas familias.  Pasan los años y no veo a mis tíos, primos, que antes no era así cuando no estaba envuelto en la intensidad de la lucha presente.

“Por lo menos, con la familia inmediata y en el círculo de amistades constantes llevo una vida personal lo más equilibrada posible, pero eso no es fácil.”

Hablemos sobre su actitud antes la juventud actual, sus valores y cómo los visualiza políticamente.

JMB: “Ha habido unos cambios radicales en las concepciones básicas sociológicas del puertorriqueño, que son bien difíciles de asimilar para los que nos formamos en otra época, pero sólo en la medida en que se tenga una apertura para comprender y asimilar en parte, es que se puede hacer la transición para vivir en esta sociedad como está.

“Yo no creo que todo ha sido positivo, hay signos preocupantes. Hay una erosión de ciertos valores que si se dejan desarrollar en la forma en que se están dando, podrían determinar incluso un colapso de Puerto Rico como pueblo. Eso es una de las cosas más inquietantes sobre el futuro de Puerto Rico, que tiene su origen en el colonialismo.

“Pero hay que distinguir entre lo que es positivo a la larga, de una transmutación de valores y de instituciones y lo que es de verdad deterioro. Hay que puntualizar la diferencia. Uno no puede asumir una posición conservadora, reaccionaria, pero  tampoco caer en la glorificación del desmantelamiento de todos los valores. Porque eso puede llevar a un cinismo colectivo y a una brutalización del espíritu general de las masas, que sería desastroso. Los hijos míos no se han criado como yo me crié y a mí me resulta extraño en muchos aspectos, el comportamiento de ellos, pero tengo que cruzar el puente yo y no pretender que ellos lo crucen, para poder entender su sensibilidad, sus valorizaciones, sus principios.”

¿Con qué elementos brega usted para mantenerse vinculado, percibiendo la realidad y el sentir de este pueblo, a pesar de su condición de líder político y no de ciudadano común?

JMB: “Trato de mantener una cierta normalidad de funcionamiento. Nunca he renunciado a ejercer la profesión de abogado. Siempre he llevado casos dependiendo de a intensidad del trabajo político. Eso es una manera de comunicarse; en las cortes, en los problemas de la profesión, no con la intensidad de cuando era abogado de asistencia legal que veía 200 casos en un mes y bregaba con miles de gente.

“Por otro lado, yo tengo una especie de muestra personal hecha a lo largo de años para tratar de percibir el pálpito del pueblo. No pretendo que sea una muestra científica. Tengo círculos de gente, amigos míos, unos viejos, otros jóvenes, familiares, vecinos, gente que no tiene nada que ver con el Partido. Les oigo. Algunos son populares, pipiolos, religiosos, etc. Es muy importante aprender a oír y sacarle provecho.”

En un artículo reciente de Monseñor Antulio Parrilla sobre usted, se destacaba su capacidad para escuchar, que es la base para cualquier diálogo. ¿Existe algún paralelismo entre eso y el espíritu que guiará la actividad de aniversario del PSP?

JMB: “Es un esfuerzo nuestro para promover que todos los que dentro del socialismo tienen cosas que opinar y decir, nosotros escucharlos y ellos tienen que escucharnos a nosotros. Que no sea un diálogo de sordos. Eso es lo que generalmente ocurre en los llamados debates ideológicos. Que cuando uno está escuchando al otro, uno no está escuchándolo, con el espíritu de aquilatar o ponderar ecuánimemente lo que está diciendo el individuo, sino que ya tú estás buscando como es que le vas a contestar y pasas por alto muchas cosas que dice porque lo que no está dentro de lo que tú quieres caricaturizar de lo que la personaestá diciendo, lo eliminas enseguida en la cabeza. Ni siquiera lo registras.”

Como dijera al principio, fue fácil hablar con Juan de tantas cosas ocurridas en 10 años. Lo mejor de todo sería si esas dos horas de charla y ahora escritas cumplieron su propósito de recoger en forma sencilla diez años de lucha del Partido Socialista Puertorriqueño, tarea no tan fácil realizada con el esfuerzo conciente de muchos militantes y afiliados de esa colectividad.

También habla este artículo sobre los próximos diez años enmarcándolos en la actividad que conmemora el Décimo Aniversario, el Encuentro Nacional sobre el Socialismo en Puerto Rico, que se llevará a cabo los días 19, 20, 21 y 22 de noviembre en el Colegio de Abogados, donde los paneles organizados nos ayudarán a crear las condiciones para la arrancada de los próximos diez años. ¡Asiste!

Así empezó Albizu

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

Cuando Don Pedro Albizu Campos regresó a Puerto Rico de sus estudios en Estados Unidos, a principios de los años veinte, ingresó al Partido Unionista. En ese Partido  habían coexistido desde su fundación en 1904 distintas tendencias que reflejaban la precariedad ideológica de la incipiente, y casi natimuerta, burguesía criolla.

La voz más alta y firme del sector patriota de esa burguesía criolla, en la segunda década del siglo, fue José de Diego. Los últimos tres años de su vida –prematuramente truncada por una cruel enfermedad- fueron el inicio de una dedicación creciente a la promoción y organización del sentimiento independentista de nuestro pueblo. La muerte del poeta aguadillano presagia el fin de una clase social en la que se empezaba a asentar débilmente el patriotismo boricua: La burguesía agraria, que fue suplantada por los latifundios cañeros.

Pero aún dentro de ese proceso triturador sobrevivió el independentismo en el discipulado de De Diego, que fundó el Partido Unionista hacia posiciones autonomistas. Recuérdese que fue en 1922 que los Unionistas acordaron eliminar la aspiración independentista de su programa y sustituirla por el establecimiento de un “libre estado asociado”.

Albizu Campos militó en el Partido Unionista aún bajo la nueva plataforma autonomista. Pero su palabra representaba una modalidad nueva en la política puertorriqueña. Llena de autenticidad, desprovista de todo oportunismo, se puede detectar en sus escritos de esos dos años –del 1922 al 1924- el desarrollo de un pensamiento vigoroso, las bases de su contundencia futura y la magnitud de un dirigente de gran envergadura.

En 1924 José Tous Soto y Antonio R. Barceló –dirigentes máximos de los partidos Republicano y Unionista, respectivamente, abordaron un barco en Nueva York con destino a San Juan y a su llegada anunciaron los planes para crear la Alianza Puertorriqueña. Es evidente que Wáshington había presionado a los dos políticos para formar esa alianza con unos fines muy específicos: 1) eliminar la aspiración independentista del seno del principal partido del país, 2) reducir el pronunciamiento autonomista de la Unión a una mera ratificación del coloniaje con alguna que otra concesión insustancial, y 3) aislar “el peligro socialista” del que se hablaba insistentemente en el país en vista del crecimiento que iba alcanzando el viejo Partido Socialista dirigido por Santiago Iglesias.

Albizu advirtió todos estos objetivos malsanos de la propuesta Alianza.

En carta dirigida a Don Antonio R. Barceló el 24 de abril de 1924 propone en un plan para la formación de una verdadera Alianza Puertorriqueña. El mismo planteaba la inclusión del Partido Socialista en dicha alianza. En cuanto a definición sobre status político proponía un “compromiso formal entre todos los partidos actuales para que nuestra legislatura apruebe una Resolución Conjunta solicitando del Congreso de Estados Unidos que convoque al pueblo de Puerto Rico a convención constituyente.

Las propuestas albizuistas no fueron aceptadas, desde luego. Iban en abierto conflicto con el objetivo colonialista del plan de la Alianza. La “frase mágica” con la que Tous Soto y Barceló pretendían fundir la contradicción entre anexionistas y autonomistas era la de buscar “la soberanía dentro de la soberanía”, Albizu Campos la combatió así:

“La debatida frase ‘soberanía dentro de la soberanía’ nos dicen unos que quiere decir el ‘estado’ federal y otros de que quiere decir estado  libre asociado. Los autores de ella ofrecen interpretaciones que constituyen una antítesis, lleva en sí la muerte. Por supuesto, no puede referirse al ‘estado federal’, porque este no es ni estado ni soberano. Es una mera provincia de la nación americana. Como la otra interpretación es tan contraria a ésta, llegamos a la conclusión que la frase no quiere decir nada. Es un velo para encubrir el coloniaje que quiere implantarse con el consentimiento de los hombres en quienes depositamos nuestra confianza.”

Cuando finalmente el Partido Unionista acordó integrarse conel Republicano en la alianza colonialista, Albizu Campos abandonó ese partido, ingresó al Partido Nacionalista _____ inició la consagración patriótica que le condujo a la cima de nuestra historia.

De aquella componenda burda –que en la práctica resultó inoperante- nació uno de los movimientos políticos más decisivos en nuestra historia, el Partido Nacionalista albizuista, y ciertamente el más grande dirigente revolucionario puertorriqueño en lo que va de este siglo.

Los imperialistas quisieron matar al independentismo vacilante del Partido Unionista y lo que lograron fue impulsar el vigoroso nacionalismo que con su paso le cambió el cauce a la historia patria.

Cada intento posterior de aplastar al independentismo y al socialismo en Puerto Rico ha producido una radicalización, ampliación y profundización de la lucha, como veremos cuando analicemos otros momentos importantes en futuros artículos.

Es importante tomar nota de esto, ahora que los imperialistas conspiran para juntar a “populares” y PNP en un nuevo intento de convalidar el coloniaje y matar la nueva lucha de independencia.

Las citas de Albizu Campos fueron tomadas del libro “Pedro Albizu Campos. Otras Escogidas, Tomo I”, por Benjamín Torres, Editorial Jelofe, San Juan, Puerto Rico, 1975. 

Habló el poeta

Discurso en Jayuya 30 de octubre de 1977

Por Juan Mari Brás

Juan Antonio Corretjer es el poeta nacional de Puerto Rico. Esta afirmación me ha costado no pocas discusiones, a veces agrias, con estudiosos y diletantes de nuestro quehacer literario que no comparten mi apreciación. Confieso que mi juicio es resultado fundamentalmente de una gran afinidad subjetiva que tengo como lector de cuanto escribe Corretjer, en verso y prosa, desde los días de mi juventud.

Ningún poeta, vivo o muerto, ha podido elevar a dimensiones tan altas la expresión estética de Puerto Rico como punto de la partida de la universidad de los puertorriqueños. Para mí, por los menos, la Alabanza en la Torre de Ciales y Distancias, más que cualquier otra lectura en este mundo, son capaces de recargar la voluntad y hacer aflorar la alegría de la lucha ante las situaciones más adversas y los peores reveses.

Y es que el poeta es aquel que logra comunicarse con su pueblo y la humanidad a un nivel de belleza capaz de poner en sintonía con su idea las fibras más creadoras de la condición humana. Por eso los mejores poetas son los que transmiten una idea de superación. En esos casos el poeta es expresión suprema de las mejores querencias de su pueblo y pasa a ser parte  importantísima del proceso revolucionario.

Ese tipo de poeta, como Juan Antonio, le da a los suyos una antevisión del futuro. Alcanzar ver la luz desde la oscuridad, atisbar a la distancia los desencademientos de la historia, va siendo cada vez más fruto del estudio objetivo de la realidad, a la luz de los grandes hallazgos de la sabiduría. Esa formidable articulación de la visión de conjunto de la vida del hombre en la Tierra que representa el materialismo histórico, en vea de reducir la magnitud de la poesía como necesidad del desarrollo social, lo oque hace es elevar la perspectiva del poeta e imprimirle mayor exactitud a su antevisión.

Corretjer tiene esa notable cualidad de poeta revolucionario que le permite acertar cuando describe la realidad en su movimiento y visualiza sus desenlaces en el plano gran estratégico. Esa mirada perenne a la distancia le obstaculiza, sin embargo, el manejo acertado del plano táctico, la ponderación precisa de condiciones y rumbos alternos en la inmediatez. Son raros, rarísimos, los poetas revolucionarios que son capaces de moverse con igual lucidez en los dos planos, el táctico y el estratégico. Es entonces cuando se dan los grandes poetas que son a su vez conductores políticos revolucionarios, como fueron Martí, Ho Chi Minh y Mao Tse Tung.

Por eso a Juan Antonio Corretjer no puede despachársele por sus fracasos organizativos. Es cierto que si se le juzga por su obsesión de insertar la grandiosidad de su visión a la distancia en el marco de lo inmediato se le ve como un moderno Quijote del marxismo, que embiste con igual furia contra el PSP y el PIP, en el plano nacional, y contra Moscú y Pekín, en el internacional, constriñendo su práctica política al marco estrecho del mundillo grupuscular.

Pero en Corretjer, como en la generalidad de los seres humanos, hay que separar la paja del grano para que la Revolución Puertorriqueña pueda aprovechar todo lo de gran valía que hay en su obra. La praxis más valiosa de este jíbaro de Frontón, amasada en el sacrificio de una vida dedicada a su pueblo y su causa, es su obra escrita, en verso y en prosa.

Ahora en la plenitud de su madurez, Corretjer ha iniciado la publicación de una serie de artículos de gran envergadura en El Nuevo Día. El último de éstos. “Puerto Rico hacía un porvenir de enormes sufrimientos”, del lunes 13 de octubre, es a mi juicio un trabajo de gran enjundia y muy acertado sobre  las proyecciones del futuro patrio.

El poeta, cuya visión cataclísmica tiene amplia base material, plantea la perspectiva de un Puerto Rico sometido a los sufrimientos máximos y la devastación de la guerra total, inevitable. Y advierte, con razón, que “esa plusvalía de dolor tendrá fundamentalmente por razón la irresponsabilidad en la toma de decisiones”.

En un mundo en convulsión, apunta Juan Antonio, Puerto Rico está irremediablemente abocado a la guerra, sea ésta la guerra de devastación entre las grandes potencias o la guerra revolucionaria con la que ganaremos la liberación. En base a ese análisis, señala que hay que advertirle a nuestro pueblo que “jugarse la carta con los imperialistas yanquis en decadencia es ligar nuestro destino a la derrota. Ya tenemos bastante con un noventa y ocho. Es de tontos confiar en los vencedores cuando los vencedores no seamos nosotros mismos. ¡Ah viejo querido Betances, cuánto le debemos!”

La preocupación por la destrucción física de la Patria ha sido una constante en los últimos escritos de Correter. Los múltiples planes de saqueo de nuestra tierra y su patrimonio que proyectan los imperialistas y sus títeres en estos momentos justifican la aprehensión del poeta que con estas palabras hace un vehemente llamado a su pueblo para que se ponga en guardia:

“Dejemos que los explotadores yanquis nos conviertan en once ‘parques industriales’ y veremos en lo que esas mismas brisas interiores, ese maravilloso abanico interior de nuestra Isla, convierte a nuestra patria: En un desierto habitado por plagios marcianos enmascarados para sobrevivir la asfixia del coloniaje, que ya en este caso habrá sobrepasado toda hipérbole propagandista. Distribuidores de veneno, las brisas interiores habrán saltado poética y contrariamente, del paraíso del Virgilio Dávila al ‘infierno’ que en su lógica del terrorismo medieval hizo Dante antecederlo en su poema.”

La juventud puertorriqueña, nuestros luchadores por la independencia y el socialismo, todos ganarán mucho en su comprensión de nuestra realidad si aprenden a leer a Juan Antonio Corretjer, que es ciertamente uno de los grandes ideólogos del independentismo puertorriqueño. 

Lorenzo Piñeiro Rivera

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El Domingo de Ramos de 1937, cuando ocurre la Masacre de Ponce, Lorenzo Piñeiro Rivera, con rebosante juventud a los 28 años, había ingresado a la tierra amada luego de más de una década de duro exilio en Nueva York. Había emigrado hacia el norte desde la temprana adolescencia. La emigración es el exilio de los trabajadores. Lorenzo conoció ese exilio proletario en sus variadas vertientes. Cuando llegó al muelle neoyorquino por primera vez, con equipaje menudo y esperanzas inflamadas por la imaginación juvenil, apenas había cursado el octavo grado en su Ponce natal.

Trabajó en múltiples faenas por aquellos años veinte y treinta. Cursó la escuela superior a golpes de cansancio y sueño, tras la jornada cotidiana que la sociedad yanqui reclama a su moderno esclavo, el obrero migrante.

El trasiego extenuante de vender su fuerza de trabajo diaria más allá de lo que se puede recuperar normalmente, no impidió que empezaran a aflorar inquietudes sociales en su conciencia. Así se acercó a los círculos de actividad literaria y política en el Barrio. Empezó a desarrollar una de las virtudes características que  más definen su personalidad: la inmensa capacidad, de hacer amigos y mantener una lealtad sin límites al valor de la amistad, sin confundirlo con la deformación del amiguismo. De aquellos primeros contactos con el forcejeo social de los boricuas en Nueva York viene su amistad con Bernardo Vega, otro de los grandes pilares de la emigración puertorriqueña en Estados Unidos.

“Pero el gran acontecimiento de mi vida,” diría siempre Lorenzo en sus frecuentes incursiones retrospectivas, “fue conocer a Don Pedro Albizu Campos,” Como a tantos otros jóvenes de la época, la eclosión patriótica del Nacionalismo, conducida por la prédica y el ejemplo Albizuista, moldeó en forma definitiva la consagración de Lorenzo a la causa de la independencia de su patria.

A lo largo de los años treinta trabajaba intensamente en la Junta Nacionalista de Nueva York. Cuando se realiza conjura de Winship y encarcelan a Don Pedro junto al principal liderato nacional del partido, Lorenzo regresa a la Isla para reforzar  la dirección sustituida que asumiría las riendas de la colectividad. Lleva muy poco tiempo en Puerto Rico cuando le toca enfrentarse junto a sus compañeros a una de las manifestaciones más brutales de la barbarie imperialista, la matanza del Domingo de Ramos en Ponce.

Sobreviviente de la Masacre, Lorenzo es uno del grupo de dirigentes Nacionalistas al que el régimen acusa de asesinato, en burdo intento de inculpar a las víctimas por el horrendo atropello cometido por la Policía. Dos largos juicios, en el primero de los cuales no hubo veredicto, culminan en la absolución de todos los acusados, como resultado de la presión decisiva de la opinión pública que se vuelca casi unánimemente contra la irracional teoría de los fiscales. En esos meses, Lorenzo recorrió el país por todos sus contornos y obtuvo un conocimiento de su pueblo y una sintonía con su pálpito que ensancharon su perspectiva y abrieron cauce a una visión mucho más profunda del forcejeo patriótico.

Cuando regresa a Nueva York, su conciencia política renovada al calor de su pueblo no encuadra en los parámetros estrechos que constriñen al Nacionalismo huérfano de liderato por los sucesivos encarcelamientos de sus principales cuadros de dirección. Junto a Gilberto Concepción de Gracia –uno de los grandes amigos y compañeros de su vida- y a muchos otros compatriotas, funda la Asociación Pro Independencia de Puerto Rico, precursora en Nueva York del Congreso Pro Independencia y del Partido Independentista Puertorriqueño, al que se afilia desde su fundación en 1946.

En la tribuna y en las columnas de los periódicos boricuas de la época en Nueva York, Lorenzo va definiendo un pensamiento político cada vez más progresista, humanista e internacionalista. Colabora activamente con las campañas reivindicativas que libra el American Labor Party bajo la dirección de Vito Marcantonio a favor de los trabajadores puertorriqueños.

Trabaja intensamente. Tiene que rendir una jornada tiene que rendir una jornada diaria de ocho horas como redactor o traductor en periódicos y agencias de prensa y en ocasiones trabajar los fines de semana en otras chiripas que le suplementen el ingreso. Ya se ha casado y a sus dos hijos, Carlos y Lorenzo –“la luz de sus ojos”- no puede faltarles nada. Al mismo tiempo estudia de noche, con miras a terminar la carrera de abogado. Tuvo que estudiar leyes en tres épocas distintas para finalmente graduarse en 1953. En una ocasión, después de terminar todos los requisitos de graduación en Fordham University, en 1949, la Universidad lo expulsó porque alegadamente se enteró entonces de que él había sido enjuiciado por asesinato, y aunque salió absuelto, eso era suficiente para que no pudieran graduarlo. Por eso tuvo que empezar otra vez el primer año de Derecho en el Colegio Brooklyn. Y mientras hacía todo eso, presidía las organizaciones patrióticas sucesivas que existieron en Nueva York desde 1939 hasta 1953, cuando regresó a Puerto Rico definitivamente, redactaba periódicos patrióticas y participaba en toda clase de actividades de combate y lucha de la comunidad boricua.

En el seno del Partido Independentista, Lorenzo Piñeiro Rivera fue uno de los dirigentes más queridos y respetados por toda la base partidaria, en el periodo de 1953 a 1958 en que militó activamente en el mismo aquí en la Isla. Sus posiciones de avanzada chocaron en muchas ocasiones con la línea oficial de la dirección. Siendo Secretario General y Senador por acumulación del PIP, se une al grupo de dirigentes pipiolos que impulsamos la necesidad de renovar la lucha de independencia tras los comicios de 1956 y finalmente funda con todos nosotros el Movimiento Pro Independencia en 1959.

En muchas ocasiones me comenzó que “en el MPI me he reencontrado con mi verdadero ser como puertorriqueño”. Fue un admirador de la juventud luchadora que insufló al independentismo el espíritu combativo de la nueva lucha. Uno de los pocos “viejos” que se sentía plenamente identificado con los jóvenes que iban asumiendo el mando de la organización, se mantuvo en la línea ascendente del MPI hasta sus últimos momentos de lucidez. Por eso llegó a ser fundador y militante, así como miembro del Comité Central, del Partido Socialista Puertorriqueño. Sus últimas gestiones antes de caer postrado para siempre por una larga enfermedad fueron como notario para la inscripción del PSP.

Por una de esas casualidades de la vida, Lorenzo murió el Domingo de Ramos, cuarenta años después de aquel histórico Domingo de Ramos en que se selló para siempre su compromiso con la patria. Para sus compañeros y amigos su recuerdo vivirá siempre su compromiso con la patria. Para sus compañeros y amigos su recuerdo vivirá siempre como ejemplo de humanidad en su escala más alta. Para mí. Lorenzo, uno de los grandes amigos de mi vida, brillará siempre entre los recuerdos más queridos que hilvanan la esperanza de una humanidad plena. 

Luis Muñoz Marín

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El martes, mientras la atención del país se concentraba en los boletines médicos sobre  la gravedad de Don Luis Muñoz Marín, escuchaba esporádicamente por la radio las expresiones de angustia de gente a quienes entrevistaban al azar. Todos elogiaban al hoy difunto líder como el hombre que sacó a Puerto Rico de la pobreza extrema, el “padre de los pobres” y el que hizo posible que “tuviéramos educación y nos pusiéramos zapatos”.

Más tarde, mirando el noticiero de televisión, alcancé a ver en la pantalla a un amigo de la infancia. René Sanfiorenzo, haciendo guardia en la antesala de la habitación del enfermo en el Hospital Mimiya. René es uno de ocho hermanos, hijos de un pequeño agricultor y una maestra de escuela en el poblado del Rosario. Vino a mi mente el recuerdo de la primera vez que ví y escuché hablar al fundador del Partido Popular Democrático. Fue allí en el Rosario y debió ser entre el año 37 ó 38. Yo era un muchacho de nueve o diez años y había llegado hasta la pintoresca aldea de mis antepasados en ancas del caballo de mi padre, bajando por el camino vecinal desde el Carro de Las Mesas. No había una sola carretera pavimentada que condujera al Rosario. Allí todo era desolación y miseria, la iglesia y tres callejones de salida hacia San Germán, Las Mesas y El Limón, poblados a ambos lados por casuchas en condiciones de mucho mayor deterioro, formaban el pequeño poblado, junto a la “Jornalería” en la que se apretujaban entre veredas unos bohíos de yaguas y cartones, casi chocando unos con los otros, que eran los albergues de la mayor parte de la población rozareña.

Las palabras de Muñoz fueron precisas y sencillas. Habló de la injusticia social que mantenía en la pobreza de nuestro pueblo, se refirió a los grandes columillús que acaparan la riqueza e instó a que los humildes no se dejaran engañar para mantener encaramados a los que trafican  con el sudor ajeno. Habló también de la independencia de Puerto Rico. Dijo que sin libertad política no podía haber libertad económica y sin libertad económica no pidía haber libertad política. A mí me impactó mucho aquel discurso y la explicación  posterior que me dio mi padre de cómo ese hombre se proponía hacer la libertad de la patria con los humildes y al mismo tiempo hacer la justicia social. Cuando le pregunté a mi padre qué significaba eso de justicia social, recuerdo muy vívidamente que me dijo que era que no hubiera gente que tuviera que vivir  como vivían los de “la jornalería” del Rosario mientras otros vivían en grandes mansiones y con todos los lujos. Ese mensaje dejó una huella permanente en mi conciencia. Antes que Marx y Engels, fue Munoz  quien me abrió el entendimiento y la sensibilidad para transitar al cabo de los años por los caminos del socialismo. El fue el primero que sembró en mí conciencia de niño la idea  de la independencia y la justicia social como una sola causa. Tuve oportunidad de decírselo –ya en conflicto con sus posiciones- casi una década después de  ese primer encuentro, cuando iniciábamos los primeros pasos hacia la fundación del Partido Independentista Puertorriqueño.

Por eso, tengo el mayor respeto y la más cabal comprensión por el sentimiento de admiración y casi veneración que manifiestan centenares de miles de puertorriqueños ante la figura de Muñoz Marín. En la lógica elemental de las masas, condicionada por la idea cristiana de la encarnación, es natural que el progreso de Puerto Rico se identifique sobre todo con la persona de Muñoz. Sencillamente porque fue el iniciador  del movimiento social que condujo a una impresionante transformación de la sociedad puertorriqueña, de una rural a una esencialmente urbana, de la pobreza extrema al semi-desarrollo, a la masificación de la educación, las oportunidades de ascenso en la escala social y el consumo. No culpo, por tanto, a los René Sanfiorenzo y los millares de los hijos de campesinos empobrecidos de antaño que hoy tienen profesiones y oficios, y viven en casas modernas y alternan en una sociedad consumerista, por ser admiradores de Muñoz Marín.

Muñoz no fue un trepador político ni un servidor conciente de  los grandes intereses económicos que objetivamente se enriquecieron bajo su régimen. Bernardo Vega y Lorenzo Piñeiro, que le conocieron desde sus primeros tanteos políticos en Nueva York, decían que él era un socialista intuitivo para aquellos años. Casi todos los Socialistas empezamos siéndolo más por intuición que por comprensión intelectual. El problema es que si uno  se queda en esa fase, y no alimenta la intuición suficientemente con el estudio y la disciplina conscientes, se arriesga a que se lo lleve de frente la corriente del sistema vigente y sus valores falsos. Cuando se tienen responsabilidades de dirigente, ese peligro conlleva consecuencias muy graves. Porque si bien los líderes no son los que forjan la historia, sino que son los pueblos sus protagonistas y aquellos no son más que reflejo de éstos, también es cierto que hay una interacción dialéctica entre pueblo y líderes que hace que el dirigente, en la medida de su influencia, se convierta en factor importante, a veces decisivo, en el desarrollo o estancamiento de la conciencia colectiva.

Esa fue, posiblemente, la gran deficiencia que desvió a Muñoz por los tortuosos caminos de un zigzagueo político que culminó en grandes virajes regresivos. Del socialismo intuitivo, Muñoz cayó en el populismo, luego de transitar por el independentismo liberal y en ocasiones coquetear con el nacionalismo revolucionario de Albizu Campos durante los años treinta. Su pragmatismo le llevó a considerar los hechos concretos del momento como barrera infranqueable que imponía el repliegue y la reculada. No alcanzó la comprensión materialista y dialéctica que le permitiera ver el presente y sus limitaciones en su movimiento para impulsar el seguimiento y profundización de los cambios sociales que su propio genio creador impulsó en el Puerto Rico de los años treinta y los primeros años cuarenta. Su arsenal ideológico se quedó limitado a unas ideas reformistas que en vez de transformarse cualitativamente en revolucionarias ante el embate de la reacción, se fueron disipando hasta revertir por completo a su negación. De ahí, la renuncia a la independencia como primera concesió, que le llevó a negar la premisa básica de su planteamiento original en el sentido de que sin libertad política no puede haber libertad económica. Y como esta premisa era la correcta, y no su contrario, muy pronto el abandono de la independencia condujo al viraje esencial que sustituyó el programa de justicia social del cuarenta  por la Operación Manos a la Obra. Esta fue la base material del auge del anexionismo que trajo como consecuencia, entre otras, el desplazamiento del Partido Popular por el llamado Partido Nuevo Progresista en el gobierno de Puerto Rico. 

No es éste el momento de intentar siquiera hacer un juicio histórico de Luis Muñoz Marín. En gran medida, el balance final que se haga de su obra dependerá del desenlace que tenga el drama puertorriqueño durante la presente década. En Muñoz se amalgamaban en una sola angustia existencial, durante sus últimos años, el sentimiento puertorriqueñista y su incesante preocupación por la justicia social con el fatalismo pragmático que frenó hasta el último momento la expresión plena de sus preocupaciones. Esto quedó dramatizado en las primarias Demócratas celebradas en marzo pasado. Mientras íntimamente, Muñoz manifestaba su aversión a todo el proceso primarista y su repudio a las consecuencias asimilistas del mismo, públicamente recibía al candidato presidencial Edward Kennedy en su casa y declaraba que los Populares debían ir a votar en las primarias.

Tocará a sus discípulos mejores superar las ambivalencias del maestro para recoger todo lo positivo que hubo en su obra, descartar lo negativo, y ayudar al país a salir de la encerrona en que está al momento de la muerte de Muñoz. Al morir, Muñoz deja a su pueblo en una encrucijada. Si sus seguidores juntan fuerzas con todas las corrientes progresistas y puertorriqueñistas en los próximos años para encaminar nuestro destino a la soberanía plena y enfilarnos hacia transformaciones sociales de avanzada; por encima y a pesar de todas sus deficiencias y sus peores acciones, a la larga se le recordará como precursor de libertades. Si, por el contrario, éstos se pliegan por el camino de la asimilación y la carrera enajenante de la dependencia y la desigualdad social y económica, la historia señalará a Muñoz como iniciador de ese sendero desquiciante en la época moderna. Ojalá que sea lo primero y no lo último. El sincero deseo de que así sea es el mejor tributo que podemos rendir a su memoria en el momento solemne que su desaparición representa para el pueblo puertorriqueño. Respetuosos del sentimiento de muchísimos compatriotas, los Socialistas nos unimos al duelo del pueblo.

Publicado en CLARIDAD, Comentario Político Edición 1422 Del 2 al 8 de mayo de 1980.