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Las elecciones de noviembre miden el futuro de Trump

A mediados de 2016, cuando Donald Trump competía por la presidencia de Estados Unidos, escribí (no fui el único, tengo ese consuelo) que me parecía imposible que un país que apenas cuatro años antes había reelegido a un afronorteamericano a la presidencia –joven y liberal, además– pudiera seleccionar a un troglodita racista como su sustituto. La elección y reelección de Barack Obama, apuntaba mi análisis, tenía que haber sido producto de cambios importantes en el tejido social y no era pensable que ese mismo país eligiera como reemplazo a alguien como Trump.

La elección de Trump después de Obama ciertamente representaba un cambio demasiado grande y, más importante aún, sin que se hubiese producido alguna experiencia socialmente traumática capaz de trastocar los patrones de votación en poco tiempo. Alemania pasó de la República de Weimar, con su constitución moderna, a la oscuridad del régimen nazi de un año para otro, pero aquel cambio drástico estuvo enmarcado en el trauma de la guerra (y la humillación de Versalles), la inestabilidad política y una severa crisis económica. En Estados Unidos no había nada de eso, más bien lo contrario. Barack Obama había encontrado su país en medio de una gran crisis financiera, que llevó a millones de personas a perder sus viviendas, y lo dejaba con una economía recuperada. Además, el liderazgo que Estados Unidos tiene en el mundo capitalista, menguado durante los años de George W. Bush y como resultado de la crisis financiera, también lucía recuperado. La lucha contra el terrorismo de origen islamista se había estabilizado, sin que se produjera algún evento dramático durante los ocho años de Obama.

En momentos como ese, los países no apuestan por cambios drásticos y, de ordinario, optan por quedarse nadando en las aguas de la continuidad. Estudios del comportamiento electoral en Estados Unidos señalaban además que, en periodos de crecimiento económico, el partido gobernante tiende a mantenerse en el poder. En este caso, los análisis fracasaron y el país que en 2012 reeligió con una cómoda mayoría a un joven afroamericano, educado y cortés, optó cuatro años después por un individuo racista y abiertamente desvergonzado.

Sobre ese resultado se han intentado múltiples explicaciones. Una de ellas se centra en las debilidades de Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata. El poco atractivo de la candidata demócrata –vinculada a los excesos de su esposo y muy debilitada frente al casi victorioso Bernie Sanders– provocó una baja participación electoral del sector centrista y liberal, mientras que el afán por borrar el legado del presidente afroamericano impulsó un movimiento contrario en los sectores de derecha. En los llamados “swing states”, los que antes no votaban salieron en torrentes a votar en esta ocasión. Ese análisis concluye, por tanto, que Trump es un fenómeno circunstancial de difícil repetición si los liberales y sectores del centro político, que le dieron la espalda a Hillary Clinton, se deciden a participar de forma medianamente masiva en una nueva elección.

Otro análisis apunta que, según la experiencia electoral en Estados Unidos, la excepción realmente fue Obama, no Trump. El sistema político que surge de la Constitución estadounidense no privilegia, más bien desprotege, a los estados con gran población y diversidad étnica, frente a los pequeños donde los blancos de origen anglosajón siguen dominando. Esa realidad, unido al conservadurismo y el fundamentalismo religioso que domina en esos estados, es lo que ha producido que figuras como Reagan, Bush, padre y Bush, hijo, hayan dominado la política entre 1980 y 2008. La única excepción fue Bill Clinton quien, para ganar, hizo todo lo posible por proyectarse como un demócrata que se parecía los republicanos. Los cambios étnicos y el liberalismo modernista e inclusivo se manifiestan en las grandes ciudades, pero Estados Unidos sigue siendo un país de “pueblitos” donde predomina el exclusivismo racial, el rechazo a los inmigrantes y el fundamentalismo religioso.

Los que insisten que la excepcionalidad estuvo en Obama plantean que, de Reagan a Trump, las diferencias son de estilos y de moralidad personal, no ideológicas. Por tanto, no debe sorprender que haya ganado y que, a pesar de los escándalos que todos los días reseña la prensa, siga conservando el respaldo de los que votaron por él en 2016. Si se recrudecen los escándalos, tal vez ese electorado cambie pero, hasta ahora, ese no ha sido el caso.

A principios de noviembre de 2018 se producirá el primer evento electoral que pone a prueba los dos enfoques que antes resumí. Se trata de las elecciones legislativas de mitad de cuatrienio, donde se vuelve a elegir a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los senadores y, por tanto, todos los estadounidenses están llamados a participar. Las motivaciones para votar son muchas porque la futura composición del Congreso puede determinar si Trump termina su mandato o si es expulsado del cargo debido a los múltiples escándalos que su pasado y su presente produce.

Pequeñas experiencias electorales regionales han producido hasta ahora resultados mixtos, aunque sí indican una tendencia marcada hacia una mayor participación. Durante los últimos días el expresidente Obama ha estado participando en la campaña insistiendo, precisamente, en la movilización a votar. Su llamado puede impactar a dos sectores que tradicionalmente son de bajo envolvimiento electoral, como los jóvenes y los afronorteamericanos.

Por la importancia que tiene Estados Unidos, y por el impacto que el proteccionismo comercial y la política antinmigración de Trump están teniendo fuera de ese país, el mundo entero está pendiente a lo que pueda ocurrir el próximo 7 de noviembre. Ese día tendremos por primera vez un indicio claro de lo que puede ocurrir en Estados Unidos durante los próximos meses y años.

Agua vs. Gas, animales muertos y más en lo mejor del Fotoperiodismo

Hace cuarenta años se llevó a cabo en la Galería PL900, hoy Casa Aboy, una exhibición de fotografías de los reporteros gráficos, como se conocían a los fotógrafos que trabajaban para los periódicos nacionales. Unos 11 fotógrafos participaron exponiendo sus mejores trabajos. De las 150 fotografías en la exhibición se destacaban las del accidente que le costó la vida al equilibrista Karl Wallenda y las de las manifestaciones contra de la presencia de la Marina en Vieques. La actividad fue convocada por la Asociación de Fotógrafos de Puerto Rico.

En 1980, los fotógrafos de prensa, con Luis Castro entre otros, se organizan en la Asociación de Periodistas Gráficos de Puerto Rico y, como colectivo, todos los años exhibían sus trabajos en Casa Aboy. La 7ma Exposición se llevó a cabo en el 1986 y se le dedicó a la restauración de Casa Aboy. Debido al cierre para restaurar Casa Aboy, la exhibición anual se trasladó a otros espacios como la Casa de Los Contrafuertes y El Arsenal de la Puntilla, entre otros. A principios de la década de los 90, el grupo de fotógrafos, entre ellos Ismael Fernández, adoptan el nombre de Asociación de Fotoperiodistas y le añade un certamen a las ya tradicionales exhibiciones.

La Asociación de Fotoperiodistas celebró el pasado 25 de agosto su 28vo Certamen Exposición titulada Imágenes que hablan 2018. Todos los trabajos fueron realizados en el periodo de mayo del 2017 a mayo del 2018. En la actividad se premiaron los mejores trabajos en las categorías Vídeo Web, Vídeo Televisión y Fotografía. Un jurado integrado por los fotógrafos Javier Freytes, Francesca Von Rabenau y Miguel Maldonado, en Fotografía, Mary Jo Vizcarrondo, Gerardo Ortiz y Miguel Rosa, en Vídeo, estuvo a cargo de la selección de las imágenes que fueron expuestas y de otorgar los premios y menciones.

“Desde el primer certamen, nuestro objetivo ha sido presentar trabajos de calidad que ilustren el quehacer de los fotoperiodistas y su compromiso con el acontecer noticioso ”, aseguro José Rodríguez actual presidente de la Asociación de Fotoperiodistas.

La exhibición consta de 100 fotografías del trabajo de 24 fotógrafos que se desempeñan en los diferentes medios noticiosos y otros que trabajan como agentes libres. El desarrollo de los medios digitales y las exigencias laborares le ha impuesto al fotógrafo que realice el doble trabajo de fotógrafo y camarógrafo. La exhibición incluye unos 20 videos de 12 participantes producidos para televisión y para los periódicos digitales.

Los temas que dominan la muestra son los sucesos del Primero de Mayo y los efectos de los huracanes Irma y María. En la categoría de Foto Ensayo, el premio y las dos menciones tratan los temas mencionados. Ramón “Tonito” Zayas y Ricardo Arduengo son los autores de los tres magníficos ensayos exhibidos.

Brandon Cruz Gonzáles captó el momento en que un policía roció gas pimienta en la cara a una joven. La fotografía, titulada ‘Agua Vs Gas’, ganó el premio en la categoría Noticia del momento. Esta imagen fue difundida ampliamente en medios de prensa internacionales y en Internet.

La fotografía de un animal muerto sobre un colchón junto a otros escombros de una casa derrumbada, de Teresa Canino, obtuvo el primer premio de la categoría Ambiental. Eric Rojas fue premiado en la categoría de Retrato por su excelente fotografía de un joven sosteniendo un gallo.

En otras categorías, los galardonados fueron David Villafañe en Noticia General; Felipe Torres en Moda; Ramón “Tonito” Zayas en Interés Humano; y André Kang en Deporte. En la categoría de Espectáculo, Ricardo Alcaraz Díaz recibió una mención especial. En la categoría Moda, el fotógrafo Felipe Torres se ganó el reconocimiento del Jurado.

El jurado otorgó además los premios especiales de Fotógrafo del Año y Camarógrafo del Año a Ramón “Tonito” Zayas y Manuel Márquez respectivamente.

Para el público, amantes y aficionados de la Fotografía, esta exhibición es una magnífica oportunidad de disfrutar de una muestra del excelente y comprometido trabajo de nuestros fotoperiodistas. La exposición continuará en Casa Ashford en la calle Cervantes #69 en Condado y estará abierta al público hasta mediados de octubre en horario de lunes a viernes de 8:00am a 5:00pm y sábados y domingos de 12:00pm a 7:00pm.

UPR: ¿Qué quiere la Junta? Aumentar, despedir, eliminar

La Junta de Control Fiscal (JCF) exige más aumentos y recortes para la Universidad de Puerto Rico (UPR) y la Junta de Gobierno (JG) de la UPR parece no tener el valor suficiente para defender a los estudiantes y empleados de la voracidad de este monstruo de siete cabezas que deja en desamparo a la comunidad universitaria y a todo el País.

En una protesta que convocó la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) el pasado viernes 7 de septiembre en la Administración Central, Jannelle Santana, presidenta de la organización sindical, emplazó a la Junta de Gobierno de la UPR y su nuevo presidente, Jorge Haddock, a que no acaten las nuevas exigencias de la JCF porque con ello provocarán la desacreditación de la Middle States.

Allí, Santana habló también sobre las exigencias de la carta que emitió la JCF al gobernador Ricardo Rosselló el pasado jueves, 30 de agosto: aumentos de matrícula, despidos de personal, eliminación de recintos, del sistema de retiro, el bono de Navidad y las exenciones, reducción drástica del plan médico, de licencias, entre otros.

Ese mismo día, la JG debía entregar a la JCF un plan fiscal enmendado que se acomode a esas nuevas exigencias requeridas en la carta.

Dear Governor Rosselló Nevares

Según la carta, la JCF determina que el plan fiscal revisado de la UPR y aprobado por el ente federal el 30 de junio de 2018, “requiere ciertas revisiones antes de que la Junta pueda certificar que cumple con los requisitos de la ley PROMESA”.

“El plan propuesto debe adecuar aún más los niveles de matrícula de los graduados, para reflejar mejor el costo de programas comparables en universidades privadas en la Isla y el territorio continental de EEUU”.

Entre otras medidas de austeridad, la JCF exige aumentos adicionales en la matrícula a nivel graduado (doctorados, Juris Doctor, programa de Medicina y Medicina dental) alegando que el plan aprobado en junio no “se compromete con un aumento suficiente en la matrícula de los estudios graduados” como se establecía en el plan fiscal de junio certificado por la junta de control. Según la Junta, el plan promete entregar solo $52.4 millones entre los años fiscales 2019-2023, en comparación con los $93.9 millones delineados inicialmente.

“El crédito graduado se llevó este año hasta 200 dólares, que nos parece altísimo y ellos están pidiendo mayores aumentos para cumplir con los números que ellos establecieron unilateralmente que debían ser los ingresos que reciba la Universidad”, dijo Javier Córdova, presidente de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU).

Según Córdova, es posible que la intención de la JCF sea regresar a los aumentos originales, incluso con números más altos.

Por otra parte, Marcel Castro, profesor y portavoz de la Asociación de Profesores y Profesoras del Recinto Universitario de Mayagüez (APPRUM), dijo “que la Junta no menciona aquí aumentos de matrícula en programas sub-graduados porque ya hay un acuerdo con la UPR”. En cambio, añadió que los aumentos en la matricula de graduados representarían un golpe fuerte porque eso hace menos atractivo que los egresados de programas de bachillerato se queden para estudiar maestría y doctorado.

También, mencionó que cuando en la carta se habla de attrition no se refiere a aquellas personas que voluntariamente se van o se retiran, o personas temporeras que no renuevan el contrato y pierden el trabajo sino al despido de personas con permanencia. Partiendo de su definición en inglés, el concepto attrition se explica como “una reducción gradual en la fuerza laboral sin despido de personal, como cuando los trabajadores renuncian o se retiran y no son reemplazados”.

Castro sostuvo que, aunque en el documento no lo dice así, está implícito y, por ende, se está dejando la puerta abierta para eso. Además, criticó la austeridad como una doble vara que por una parte propone reducir gastos a la universidad con medidas que tienen efectos adversos para la mayoría, mientras que, por otro lado, mide a la minoría con una vara distinta, que beneficia al Presidente, personas del gabinete del Gobierno y empleados de la Junta, por ejemplo.

De la desacreditación a la privatización

Actualmente, menos Aguadilla, Mayagüez y Ciencias Médicas, los otros 8 recintos están en probatoria. Ahora en septiembre, los once recintos deben someter informes de progreso.

“Lo que se está especulando es que no solamente no van a quitar la probatoria de los ocho recintos sino que posiblemente pongan los otros tres en probatoria por la cuestión presupuestaria”, comentó Córdova.

El presidente de la Asociación de Puertorriqueña de Profesores Universitarios recordó que, el semestre pasado, la Middle States (MS) decidió mantener en probatoria los 8 recintos luego de la huelga y de que se completara el calendario académico por la razón de la reducción presupuestaria y porque no se sabía cómo la Universidad iba a poder mantener la calidad de los programas académicos con esa reducción.

“Con los recortes desproporcionados que propone la Junta, la acreditación se vería afectada, precisamente porque parte de la acreditación es demostrar que hay fondos y la estabilidad financiera para apoyar los programas acreditados”.

En mayo del 2019 se cumplen los 2 años en probatoria, límite que da la MS. Si no se remueve antes, la UPR perdería la acreditación pero, como el elemento de la reducción presupuestaria se sostiene, el peligro persiste.

Córdova también mencionó que hay un elemento adicional que la MS va a levantar y es que la gobernanza está recayendo en la JCF. Ahora además se quiere imponer una estructura administrativa que es básicamente la que va a estar dirigiendo la UPR, la llamada Oficina de Transformación Institucional, aparato al que la JCF quería asignarle $20 millones y la Universidad le asignó 10 por ahora.

Castro describió esto como un ejemplo de lo que es la doble vara en la austeridad, que pone $20 millones para una estructura de la Junta mientras recorta a los recintos acreditados. Añadió que al gobierno no le hace falta recortar a la Universidad como lo está haciendo y que se está haciendo por razones políticas e ideológicas, sobre cualquier otra cosa.

“No nos extrañaría que eso sea parte de lo que se quiere lograr, el cierre definitivo de la Universidad ya con unos aumentos en la matrícula extraordinarios que pueden fácilmente privatizarla. Una pérdida de la acreditación abre el camino perfecto para que eso ocurra a corto plazo”, sentenció Córdova.

El PPD rumbo al museo de los partidos olvidados De muertos, moribundos y resucitados

Los partidos políticos, como entes orgánicos, tienen un ciclo de vida inexorable: nacen, florecen, crecen, se desgastan y desaparecen del firmamento político de un país. Tanto en Europa como en América Latina, en varios países, los partidos políticos que una vez dominaron la escena política, los tradicionales, han dado paso a nuevos sistemas de partidos. Se ha visto en el proceso político de Venezuela, lo vimos en Colombia, donde nuevos sectores políticos han surgido y los partidos tradicionales han quedado a la vera del camino. Y se ha atestiguado tanto en Grecia y en Italia como en España. En esta última hay un nuevo sistema de cuatro partidos porque los tradicionales de la transición de 1978 están en crisis pero no han muerto todavía.

Nada ha significado más —como señal agorera de la situación moribunda del PPD y del PNP en Puerto Rico— que la abstención electoral elevadísima y sin precedentes acontecida en nuestro país en 2016. Un 45% del electorado inscrito, poco menos de la mitad, se abstuvo de votar. La mayoría de los abstenidos fueron obviamente personas que antes votaron reiteradamente por el PPD o por el PNP. A ello hay que sumar el hecho de que cerca de un 20% adicional de los electores de 2016 también abandonó los partidos tradicionales por la vía de votar por una candidata o candidato independiente a la gobernación: Alexandra Lúgaro, con cerca del 14% del electorado, o Manuel Cidre, quien obtuvo más de 5%. Si sumamos esas dos vías de acción política: la abstención y el voto por candidatos independientes para la gobernación, vemos claramente cómo esas dos conductas son representativas del abandono de los dos partidos tradicionales. Ese dato es contundente e irrebatible. Y es que, para un número sustancial de personas, esos partidos se han convertido ya en símbolo de mal gobierno, de beneficios a tutiplén para parientes y amigos, y de grandes sacrificios para nuestro pueblo. Ello explica que Rosselló haya llegado a Fortaleza en enero de 2017 sólo con el 42% de los sufragios de 2016 y que el PPD obtuviera menos del 40% de los votos.

Es lamentable que, hasta donde yo sé, nadie se haya ocupado todavía de investigar empíricamente por qué tanta gente asumió esas conductas ante las elecciones generales de 2016. Mi hipótesis es que no sólo se debe al disgusto con el desempeño de los partidos tradicionales, su violación destemplada de promesas de campaña, su responsabilidad impune por traernos a la crisis y a la gran deuda y sus permisividades ante la corrupción. Descontento con los partidos lo hubo por lo menos desde la década del 1980 en que el Estudio sobre cultura política de los puertorriqueños, dirigido por Ana Irma Seijo y este servidor desde el departamento de Ciencia Política de la UPR, corroboró empíricamente lo que se sabía. Era la gran paradoja: la mayoría de los 1,502 entrevistados decía estar disgustado con el PPD y el PNP pero seguían votando por ellos. La paradoja, sin embargo, llegó a su fin. Tanto da el agua en la piedra…

Sin duda, la conducta indeseable de muchos líderes de esos dos partidos les colmó la copa a muchos ciudadanos. Por los errores de mal gobierno, por el egoísmo ostensible de ciertos líderes, por sus omisiones y sus pecados proactivos y por traer al Gobierno y al Pueblo a la crisis económica y a la gran deuda, el disgusto con el PPD y el PNP —por parte de muchos de los propios ciudadanos que una vez les siguieron— explica en algo los resultados electorales nefastos de 2016. Pero, como señalé antes, mi hipótesis es que esos resultados electorales fueron producto, en mayor medida, de otro factor muy importante. Se trata del reconocimiento por parte de muchos electores de que no valdría la pena votar, o seguir apoyando al PPD y al PNP, porque ya se vislumbraba que el gobierno real interno en Puerto Rico estaría en manos directas del Congreso por medio de la Junta de Supervisión Fiscal. En consecuencia, daba lo mismo que ganara uno u otro partido.

En los tiempos de las “fake news” y de la “pos-verdad” teníamos unas elecciones espurias en Puerto Rico: unas elecciones que no decidirían mucho sobre las decisiones finales del gobierno en el País. Noten cómo los hechos de 2017 y 2018 han corroborado ampliamente esa expectativa. El gobierno PNP de Ricardo Rosselló ha hecho diversos intentos para demostrar que no es así: “que si protejo las pensiones y el bono de Navidad, que no siempre estoy de acuerdo con lo que exige la Junta Fiscal”. Hasta que la jueza Swain lo dejó en pañales frente todo el Pueblo al dictaminar que el Congreso puede imponer decisiones como poder de “gobierno interno” de Puerto Rico, mediante la Junta Fiscal, porque eso es lo que significa ser un territorio no incorporado de Estados Unidos: estar sujeto a los poderes plenarios del Congreso de ese país. ¡Más en ridículo todavía quedó Rosselló cuando el propio pueblo votante lo abandonó en 2017 ya que sólo el 22% de los electores acudió a su plebiscito pro estadidad!

La crisis de la colonia lanza a sus partidos sustentadores también a su propia debacle

Todo eso indica que la peor crisis en Puerto Rico, política y económica, es la crisis de la colonia estadounidense en Puerto Rico. Eso es lo que entró en crisis definitiva y ni siquiera en Wáshington tienen claro cómo extraer a la colonia de su doble problema: el económico y fiscal, y el político. Por supuesto, de la crisis de la colonia deriva obviamente la situación moribunda de los partidos que por tantos años sostuvieron la colonia. El PPD, por ser el principal auspiciador de la continuidad del territorio no incorporado con el nombre iluso de Estado Libre Asociado. Y el PNP, porque —mientras sus líderes se cantaban como anti-colonialistas y estadistas— en la prioridad real y práctica de sus acciones políticas siempre tuvieron el gobernar en la colonia para disfrutar de las prebendas que les pudieran caer debido a su control sobre el gobierno central interno. Hoy hay menos que exprimir en eso de “gobernar internamente al País” y hay mucho menos poder de decisión. No sólo se acabó la autonomía fiscal del territorio sino que también, con ella, terminó la autonomía para hacer por nosotros mismos las políticas públicas. Las que prevalecerán serán las que la Junta dicte, en representación del Congreso de Estados Unidos. Eso, por supuesto, mientras los puertorriqueños no se organicen para terminar la colonia.

Fue precisamente porque muchos puertorriqueños previeron lo que venía que ocurrieron las debacles electorales de 2016 y 2017. Los líderes del PPD y del PNP, por supuesto, no hablan de eso, silban al aire —como si tal cosa— y tratan de ignorarlo. Pero el Pueblo es más sabio que eso, y se da perfecta cuenta del papelón patético que ellos hacen con esa desatención ante la nueva realidad política del País.

Es cierto, sin embargo, que el paso del Huracán María dejó a muchos boricuas en diversos grados de depresión, en cierto atolondramiento e inacción, y hasta casi moribundos. Por eso decimos que hay muchos boricuas que, pese a las adversidades de María y pese a los atropellos de la Junta de Supervisión Fiscal y del colonialismo más descarnado y feroz, son “resucitables” o han resucitado ya. Lo han dejado saber al hacer aportes importantes al nuevo país que necesitamos crear, aunque no lo tenemos todavía. Cierto es también que muchas otras personas hasta se alegraron al saber que un ente federal controlaría nuestro gobierno. Ingenuamente pensaron que la Junta les haría pagar —a los politiqueros del patio— por sus despilfarros y castigaría de algún modo su incompetencia. No obstante, quedaron bastante decepcionados al ver que la Junta ha pedido austeridad para el Pueblo y para los más vulnerables del País pero no para los contratos del Gobierno con las empresas privadas, incluso muchas de ellas estadounidenses, que se enriquecen mientras desangran con lo que cobran las arcas de un gobierno que la Junta supuestamente tiene que supervisar por su mala fiscalidad.

Causa principal del estado moribundo del PPD

De los dos partidos tradicionales y principales, el que está más cerca de su propia tumba es el PPD. Y el sepulturero mayor —por selección propia de él y de la cúpula de ese partido— es Héctor Ferrer. La razón principal para ello no es que sea el partido más viejo, con unos 80 años en sus costillas. Los otros son menos viejos pero están bastante decrépitos: el PIP tiene ya 72 años y el PNP, que de nuevo no tiene un pelo, va por los 50. La razón primordial para ello es que el PPD fue el creador del embuste. El creador de un “Estado Libre Asociado” que nunca fue realmente nada más que un territorio no incorporado de EEUU con gobierno interno propio muy limitado por su condición territorial. Por supuesto, es ahora, de 2008 en adelante, cuando venimos a comprobar su caída libre en lo económico, su descenso espectacular en los niveles de vida de nuestra gente, y que el nuestro es, además, uno de los países más desiguales del mundo, junto a algunos del África. Y con ello hemos atestiguado también su colonialismo más descarnado, vergonzoso y extremo. ¡En pleno siglo XXI! La clase política de Puerto Rico está evidentemente muy desacreditada pero no sólo en el país sino hasta en el propio Washington.

Cuando las cosas fueron bien, muchos se creyeron la ficción de que Puerto Rico podría desarrollar una economía fuerte y una democracia vigorosa, vitrina de Estados Unidos en el Caribe, siendo aún una colonia. Cuando todo cayó en su sitio, las aguas bajaron a su nivel y el llamado ELA cayó en crisis económica y política, los dos partidos políticos que lo sostuvieron con vida por décadas, el PPD y el PNP, también entraron en graves problemas y contradicciones. El estado moribundo del PPD es peor, o por lo menos así lo percibimos muchos. No sólo por su pasado más liberal y reformista, y por los buenos gobiernos que propició al país bajo Muñoz y Sánchez Vilella sino porque ha sido un partido con potencial de sobreponerse a su propio fracaso, pero no lo ha hecho. Y ni siquiera lo ha intentado. Al contrario, cada día que pasa, el PPD se empantana más en divisiones internas, en peleas pequeñas entre sus líderes, en muestras palmarias de la inconsecuencia de la supuesta “oposición” al gobierno de Rosselló por parte de sus legisladores, y hasta en corrupciones al estilo del PNP, algunas perpetradas desde el cuatrienio pasado y ahora igualmente, con las últimas confesiones de su líder, Héctor Ferrer. Hasta una “popular” de toda la vida, la congresista Nydia Velázquez, tronó desde la diáspora para decir que ningún partido puede ser una alternativa si el Pueblo desconfía de sus líderes. Con ello hizo una clara alusión al escándalo provocado por la vinculación de Ferrer y Prats con la empresa de cabilderos DCI.

Aun cuando el PPD tiene una amplia base soberanista y libre asociacionista, confirmada en mis estudios realizados desde la UPR —y corroborada por el voto en el plebiscito de 2012— dicho partido ha reducido a los pocos líderes de esa corriente a ser puros alcahuetes de la cúpula conservadora. Pudiendo transformarse hacia algo pertinente ante los retos del siglo XXI, el PPD ha preferido empantanarse en el triste rol de ser la peor rémora del País ante un posible cambio y ante la necesidad de la descolonización. Esa es la razón primordial por la cual el PPD como partido está muriendo primero. Su pensamiento político no sólo se ha demostrado equivocado por el rumbo de los acontecimientos sino que, además, la propia estructura de gobierno interno autónomo que creó, cada vez gobierna menos. El PPD es cada vez más símbolo y seña del sueño con la vuelta a un pasado que no podrá volver. Cuando un partido político cae en el abismo de la impertinencia —y de la parálisis por miedo ante los retos que enfrenta su país— ello evidencia que ya está muerto. Su ELA ha quedado hecho añicos y ello ha ocurrido más temprano que el rechazo claro a la estadidad federada por parte del Congreso, que también habrá de venir. Pero es algo que explica en parte por qué el PPD está más cerca en el tiempo de su tumba y de pasar al cementerio de los partidos olvidados que su supuesto adversario: el PNP.

Al PPD no lo salva ni el llamado de Aníbal Acevedo a recapacitar, ni los cantos de sirena de Carmen Yulín Cruz con sus “alianzas externas”. Mal puede ser futuro para el libre asociacionismo soberanista y para el País una alcaldesa de San Juan que “celebrará” los casi 3,000 muertos puertorriqueños que causó la negligencia del gobierno de Trump, sumada a la negligencia y falta de preparación del de Ricardo Rosselló —en medio de un desastre natural como el huracán María y sus secuelas. Todavía demasiadas familias están de luto familiar y de vergüenza política como para que una llamada “líder” del PPD intente banalizar lo ocurrido.

Hacia donde quiera que miremos en el PPD, hasta en quien ha prometido ser líder de una ruptura con base en alianzas, les vemos los pies de barro, atestiguamos la falta de dirección certera y su insuperada superficialidad. ¿Alguien en su sano juicio político puede confiar en que el PPD dará un vuelco hacia el cambio? De ninguna manera. Y además, da lo mismo, porque mientras se viva en el territorio colonial, la autoridad máxima para determinar las políticas públicas estará en la Junta de Supervisión Fiscal.

Puerto Muerto y la ruptura

En un artículo reciente publicado en El Nuevo Día, el escritor Eduardo Lalo desbrozó su idea de cómo Puerto Rico se ha convertido en Puerto Muerto. Lo bueno del aporte de los escritores es que nos proveen imágenes contundentes de ciertas realidades. Y la imagen de mucha ciudadanía todavía seguidora del PPD y del PNP, yendo a votar por sus partidos muertos en 2020, como para celebrar un reiterado y mil veces escenificado funeral, estuvo genial. No obstante, Eduardo Lalo desconoció el hecho señalado al comienzo de este artículo: más de la mitad de los electores abandonaron al PPD y al PNP por vía de la abstención electoral o yendo a votar por candidatos independientes. Esto significa que no toda la ciudadanía está muerta o siquiera moribunda. Lo demuestran los muchos que reconstruyen al País desde el empresarismo, desde la autogestión en las comunidades, desde el periodismo investigativo, desde el retorno a la agricultura en busca de seguridad alimentaria para el país del futuro, desde su representación digna y orgullosa de un Puerto Rico vivo en los deportes centroamericanos, y desde los malabares de maestros y profesores para garantizarles educación de calidad a sus alumnos, aunque la institucionalidad de escuelas y universidades ande a la deriva.

No hay que esperar soluciones certeras tampoco de cierta izquierda que como último regalo nos concita a dividirnos en dos frentes: uno amplio y otro soberanista, como si el ser soberanista no le permitiera a un Frente político el ser amplio. Además, ¿quién dijo que se puede hacer un FRENTE para transformar a Puerto Rico de verdad sin que el mismo busque la soberanía propia que le corresponde a nuestro país por derecho? La sub-división en grupúsculo tras grupúsculo tampoco va para ningún lado. De modo que está bien visto que en VAMOS y otros de los llamados “grupos alternativos” hay bastantes muertos, o por lo menos moribundos, también.

Un verdadero futuro de cambio para el país, sólo puede provenir de los que se mantienen vivos, de los boricuas “resucitables”, no importa si una vez fueron del PPD, del PNP, del PIP, del PSP, del PPT, del PPR o No Afiliados. Y de los “resucitables” hay muchos más de los que públicamente salen a la superficie.

En cuanto a la base del PPD, sólo una ruptura sólida de ésta con su actual cúpula y con el anquilosamiento —para apoyar sin ambages una solución de soberanía propia para Puerto Rico acompañada de buen gobierno— podrá salvar su último aporte constructivo a la historia puertorriqueña. No es casual que el amigo y colega Néstor Duprey Salgado haya publicado en estos días un importante libro: El espejo de la ruptura: vida y obra política de Francisco M. Susoni.

Muchos puertorriqueños que se sienten vivos en cuerpo, alma y espíritu, añoran y esperan con ansias un nuevo partido o movimiento hacia la soberanía política y el buen gobierno. Tal conjunción de voluntades patrias sólo lo pueden dirigir a puerto seguro los “resucitables”… ya plenamente resucitados. Sólo entonces dejaremos de ser Puerto Muerto para ser un nuevo Puerto Rico, uno no sólo verdadero y vibrante sino esencialmente transformado. De que podemos, podemos, pero es requisito indispensable dejar a un lado los divisionismos y los fraccionamientos, para que el Pueblo, unido, marche con fuerte voluntad política hacia el nuevo derrotero.

El autor es profesor de Ciencia Política jubilado de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras luego de 39 años de servicio. Comentarios a: angelisrael.riveraortiz@gmail.com

Anotaciones sobre el Grito de Lares

A nuestros luchadores, de todos los tiempos.

El día 23 de septiembre de 1868 es un día glorioso en nuestra historia. Ese memorable día en el histórico pueblo de Lares, cientos de puertorriqueños dando muestra de valor y sacrificio defienden la libertad de nuestra Tierra. Por vez primera en nuestra historia, los puertorriqueños se levantan en armas para exigir su derecho a la independencia. Tres grandes aspiraciones dan vida a este movimiento… liberación política, independencia económica y la abolición de la esclavitud. Este fue el comienzo de una revolución política y social, que por diversas circunstancias históricas, no pudo realizarse.

No es fácil para un pueblo tomar el camino de la violencia revolucionaria. ¿Cuáles motivos y razones tuvieron aquellos hombres y mujeres para tomar tan difícil decisión? ¿Cuál era la situación de nuestro pueblo en aquella época? ¿Por qué fue un fracaso militar? ¿Cuáles fueron sus consecuencias? En forma breve trataré de contestar estas interrogantes.

Primero, examinaremos la situación política de la época. Desde el año 1508, que España comienza la colonización, y durante casi cuatro siglos nuestro país sufre de toda la problemática de su condición colonial. Quienes mandaban en nuestra tierra eran los españoles. Gobernantes y leyes impuestas para beneficio de ellos. Podemos afirmar que, con excepción de breves intervalos de liberalismo español, nuestro país estuvo regido por un gobierno absolutista de tipo colonial. Inútiles y frustrantes fueron las múltiples gestiones a favor de reformas que aliviaran nuestra situación. Igual suerte tuvo nuestra ejemplar campaña abolicionista. Los resultados siempre eran los mismos: promesas. Mientras tanto, ya en el siglo XIX, se agravaban los problemas del País. Crecía el descontento popular. Quien mejor nos ilustra esta situación es el Dr. Ramón E. Betances y Alacán cuando dice: “España no puede dar lo que no tiene”. Palabras que denotaban una plena conciencia de la naturaleza absolutista e imperialista del régimen español.

Eso no lo era todo. ¿Cuáles eran las condiciones económicas y sociales en que vivía nuestro pueblo? Consecuencia directa de nuestra situación colonial, fue el siempre ser objetos de explotación económica, a la vez que fortaleza militar para defender los intereses del imperio español. Era la época en que regía la economía mercantilista, orientada a obtener el mayor provecho posible de nuestra población y recursos naturales. Víctimas de esta situación de injusticia serán los jornaleros, los campesinos y los esclavos, que constituían la base de nuestra clase trabajadora. También los pequeños comerciantes y hacendados puertorriqueños estaban sometidos a continuas imposiciones de onerosas contribuciones. Eventualmente esto los llevaría a la ruina económica. Es precisamente en defensa de esa masa explotada por el sistema, que levantarán sus voces de protesta los líderes máximos del Grito de Lares, (y todos los que le siguieron) el licenciado Segundo Ruiz Belvis y el doctor Ramón E. Betances y Alacán. La reacción del gobierno español fue la esperada. Como siempre ha ocurrido en la historia; aquellos que se atreven a luchar por la justicia, terminan siendo víctimas de toda clase de injusticia. Nuestros próceres sufrirán todas las formas de opresión: campañas de descrédito, calumnias, amenazas y, por último, lo más doloroso para quien, como ellos amaban su patria, el destierro.

Esa era nuestra situación histórica para el año 1867, cuando el entonces gobernador Marchesi ordena el destierro del licenciado Ruiz Belvis, del doctor Betances y Alacán y de un grupo de patriotas identificados con la misma causa.

Salen rumbo al exilio; primero a Santo Domingo y luego a Nueva York, donde se reunirán con un grupo de revolucionarios (exiliados también) puertorriqueños y cubanos. Allí todos tomarán (después de profundo estudio) la decisión que haría historia: “Era inútil gastar tiempo, trabajo y dinero en esperar buena fe del gobierno español”. Sabias palabras del doctor Betances. Acuerdan organizar la revolución desde afuera ya que, de momento, no podían desde Puerto Rico. Ruiz Belvis marcha a Chile en busca de apoyo para el movimiento. Al poco tiempo de estar allí, aparece muerto de forma misteriosa en el cuarto de hotel donde se hospedaba. Él fue una de las primeras y más valiosas víctimas del imperialismo que ha sufrido nuestra lucha. Betances se conmueve con la dolorosa noticia. Ahora tendría una razón más para continuar luchando.

Estamos en el año 1868. Hasta ahora todo marcha bien. Tenemos una hermosa bandera ideada por el doctor Betances y bordada por Mariana Bracetti. Un himno revolucionario que es un llamado a la lucha por la libertad de nuestro pueblo, obra de nuestra gran poetiza Lola Rodríguez de Tió. En Puerto Rico se conspira, es decir, se organiza la revolución. Ya se han logrado establecer Juntas Revolucionarias en Lares, San Sebastián, Mayagüez, Camuy y Ponce. Además había siete Juntas en proceso de formación. Desde afuera, el doctor Betances aúna esfuerzos, hombres, armas y un barco, El Telégrafo. Como gran líder que es, mantiene contacto con su pueblo. Sus proclamas incendiarias mantienen un gran espíritu de lucha en los patriotas. “Los grandes sólo son grandes porque estamos de rodillas; levantémonos”. “Querer ser libre es comenzar a serlo”. Su histórica proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres expresa claramente la ideología democrática que motivaba la revolución. Así se expresaba ese gran hombre.

Llega el momento decisivo, nuestros patriotas se comprometen con un juramento: a “Trabajar por la independencia de Puerto Rico, mientras me quede un átomo de vida”. La fecha de la rebelión será el 29 de septiembre. Pero lo inesperado ocurre. Hay delaciones de agentes españoles que se habían infiltrado en el movimiento revolucionario. Comienzan los arrestos masivos de los nuestros. Mientras esto ocurría en Puerto Rico, el doctor Betances estaba incomunicado en Santo Domingo. El tiempo apremia. Ante tan difíciles circunstancias, se reúnen los revolucionarios y analizan la situación. Optaron por lo más valiente: seguir adelante con el compromiso, sólo que actuarían con más prudencia. Tendrían que adelantar la fecha para el golpe. La nueva fecha sería el 23 de septiembre.

Volvamos de nuevo a Santo Domingo. El entonces presidente de ese país Buenaventura Báez, bajo fuertes presiones del gobierno español, le prohíbe la salida a Puerto Rico al doctor Betances y a un gran contingente que ya estaba preparado para venir a pelear junto a los nuestros. En Santo Tomás, el barco El Telégrafo era decomisado. Todo el plan represivo del gobierno español se había ejecutado. En nuestro país, llega la madrugada del día esperado por todos, el 23 de septiembre de 1868. Transcurre el día organizando la insurrección. Todos reiteran su juramento. Nuestro ejército libertador es dirigido por don Manuel Rojas y formado en su mayoría por hombres y mujeres humildes, jornaleros y campesinos. También pequeños hacendados puertorriqueños. Cae la noche. Se dirigen desde el barrio Pezuelas hasta el pueblo de Lares. Pelearon y lograron sus primeras victorias. Ese fue un día de triunfo. ¡Viva Puerto Rico Libre! ¡Abajo los Impuestos!; serán gritos de lucha y combate de los patriotas. Tomaron el pueblo y con entusiasmo patriótico proclaman con orgullo nuestra independencia nacional. Constituyen el primer gobierno provisional de la República, que tendrá como presidente a don Francisco Ramírez Medina. Emiten decretos de gran importancia. Cabe mencionar dos. Primero, el que afirmaba que todo esclavo que se uniera a la revolución sería tratado como hombre libre. En la práctica, abolía la odiosa esclavitud. El otro, abolía el odiado sistema de libretas que mantenía en servidumbre a miles de puertorriqueños. La Revolución demostraba así su gran preocupación por los oprimidos. A media noche, terminados los actos oficiales del nuevo gobierno, marcharían todos a la iglesia a darle gracias a Dios por el triunfo alcanzado. Hermoso gesto.

Transcurre el tiempo y llega el 24 de septiembre. Se mueven a San Sebastián a continuar la lucha. Allí aconteció lo más doloroso. Los españoles, que hacía tiempo estaban enterados de los planes revolucionarios, los estaban esperando con el grueso de sus tropas. Fueron momentos difíciles. Los nuestros dieron una gran demostración de valor y heroísmo. Sin embargo, el combate era muy desigual. La ventaja numérica, la superioridad en la preparación militar y armamentos, además de la falta del elemento sorpresa en la rebelión, fueron factores que pesaron terriblemente en contra de los patriotas. Muchos murieron, otros resultaron heridos. Aquellos que sobrevivieron se van a las montañas y resisten como valientes. Sufrirán la represión brutal del gobierno español. El desenlace fue doloroso para los nuestros. Combatiendo en Lares, San Sebastián y pueblos cercanos mueren 20 patriotas. Resultan decenas de heridos. Muchos sufren torturas, entre ellos don Manuel Rojas, jefe del Ejército Libertador. Cientos que fueron encarcelados sufren las consecuencias de una epidemia que causaría la muerte de 80 de ellos. Entre los que mueren combatiendo estaban: Baldomero Bauren, Matías Brugman, Leopoldo Plumey, Manuel de León, Venancio Román, Casto Santiago, N. Santiago, Francisco Santana y Bautista Toledo. También recordemos al héroe Manuel Rosado, El Leñero, portador de la bandera de Lares y al mártir Joaquín Parrilla, el que nunca se rindió. Esta es una muestra mínima, ya que la lista es extensa. Todos mueren como héroes luchando por la independencia de nuestra patria. Tampoco olvidemos a los muchos patriotas que se vieron obligados a seguir el triste camino del exilio.

Sacerdotes comprometidos y mujeres sensibles logran promover en nuestro país un fuerte movimiento encaminado a exigir la libertad de los patriotas. Coincide este justo reclamo con el derrocamiento de la monarquía de la reina Isabel II en España. Transcurridos tres meses, el nuevo gobierno liberal español concede la libertad a los rebeldes.

A pesar de la derrota militar de la revolución, cabe preguntar: ¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas y posteriores del Grito de Lares de 1868? Nuestros historiadores reconocen que tuvo una repercusión política positiva sobre las relaciones de España con Puerto Rico. Irá cediendo la intransigencia del absolutismo. Se inicia la concesión de reformas tantas veces rechazadas. Citemos ejemplos: en 1870, por primera vez, se nos concede el derecho a organizar partidos políticos. Como era de esperarse, se prohibían los partidos que promovieran la independencia. En 1873 se otorgó lo que tanto sacrificio y luchas había costado: la Abolición de la Esclavitud. Ya para el 1897, tras largo batallar y bajo el recuerdo imborrable del Grito de Lares, España se ve obligada a concedernos la Carta Autonómica que nos concedía gobierno propio. Reconocía ciertos derechos y representación política en las Cortes Españolas. A la vez, permanecíamos dentro de la soberanía española. Fue un paso adelante pero no se lograba la gran aspiración de la Revolución de Lares: la independencia de nuestra Patria.

Hoy tenemos una poderosa razón más para peregrinar a Lares. Fue precisamente el 23 de septiembre de 2005, que los mercenarios agentes del FBI de Estados Unidos asesinaron vilmente a nuestro querido Filiberto Ojeda Ríos; otro mártir de nuestra centenaria lucha. Se repite la dolorosa historia. Ayer fue España, hoy es el imperio yanqui quien persigue, encarcela y mata a nuestros luchadores. Como siempre, cuando las víctimas son independentistas, los crímenes quedan impunes.

Y por último, ¿qué significación ha tenido el Grito de Lares en el siglo XX y XXI para Puerto Rico? Desde la década de los años 30, el Maestro Pedro Albizu Campos inició la honrosa tradición de peregrinar a Lares todos los días 23 de septiembre para honrar la memoria de los héroes y mártires que nos legaron nuestra Patria. He sido testigo, desde 1968 que conmemoramos el primer centenario, de cómo ese redescubrimiento de Lares ha calado hondo en el movimiento patriótico. Crece el entusiasmo y se aviva más nuestro espíritu de lucha. Se fortalece nuestra fe en el triunfo definitivo de los ideales que inspiraron el Grito de Lares: la independencia política y la justicia social para nuestra Patria; Puerto Rico.

El autor es maestro de historia de Puerto Rico.