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Pablo Guardarrama: Posmodernidad y marxismo

Hablo con Carlos Rojas Osorio. Es filósofo, profesor, investigador. Ha vivido varias décadas en la isla y ha sido distinguido con la cátedra de honor Eugenio María de Hostos. Ha publicado varios libros. Entre ellos, Pensamiento filosófico puertorriqueño (2001) que es el primero y el único que de manera sistemática da cuenta del tema. ¿Será que no nos creemos capaces de filosofar? Es una pregunta retórica. Pero lo cierto es que esperamos que ese trabajo de historiar nuestro pensamiento espera un relevo.

De los otros libros de Rojas Osorio, recuerdo con agrado Foucault y el posmodernismo (2001) que logra exponer la obra del filósofo francés de modo que sirvió como modelo para “explicarlo” a quienes quieren alguna introducción a esa obra. Además, habría que añadir Foucault y la literatura donde expone el papel de los análisis literarios del filósofo cuyo hermoso Las palabras y las cosas, empieza, precisamente, con una evocación de Jorge Luis Borges.

También ha publicado La filosofía en el debate posmoderno, Filosofía de la educación: de los griegos a los tardomodernos, y Estética filosófica en Latinoamérica. Sin embargo, Rojas Osorio quiere hablarnos de la visita de Pablo Guadarrama, intelectual cubano, que nos visita por primera vez. No que no lo haya intentado antes. Es que, por fin, las autoridades norteamericanas se lo permiten.

Pablo Guadarrama González (Santa Clara, 1949). es profesor de Mérito de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (2013); Doctor en Filosofía Universidad de Leipzig (1980) y Doctor en Ciencias. (UCLV, 1995). Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba (1998-2012). Autor de varios libros sobre teoría de la cultura y el pensamiento filosófico latinoamericano. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas, de Estados Unidos, Japón, España, Rusia, Italia y Alemania. A partir de esta semana impartirá un curso que consiste en varias conferencias en torno al marxismo y la postmodernidad.

De Guadarrama he leído Antinomias en la crisis del socialismo, publicado en La Habana en 1992, en el contexto de “la caída del socialismo” en Europa del Este. En penas 26 páginas, Guadarrama expone, entre muchas otras cosas, las antinomias en la llamada “crisis del socialismo”. Concluye que la crisis de toda teoría científica es el momento alternativo para poner a prueba también la objetividad y la validez de sus tesis fundamentales; es el punto de decantación de lo transitorio y coyuntural, aunque también puede significar el momento agónico de la desaprobación de una teoría. Para un filosofo, un comprometido, un interesado, se tratará no de reivindicar la teoría por la teoría o el marxismo por el marxismo, “sino el hombre por su condición de humano que exige ser rehumanizado permanentemente “. Para ello hay una vía: la eliminación de las diversas formas de explotación de uno por el otro.

En aquellos años, 1988-1992, no era la primera vez que se ponía a prueba o entraba en fase de crisis la teoría marxista (y su práctica). “También la lógica formal aristotélica ha sido innumerables veces en la historia del pensamiento humano situada en la picota por las nuevas y superiores formas del pensamiento entre las que se encuentran la propia lógica dialéctica. Sin embargo, jamás se ha podido prescindir ni se podrá prescindir de ella. No porque sea aristotélica, sino porque es lógica. Del mismo modo, jamás se podrá prescindir del marxismo, no porque sea de Marx, porque la denominación gentilicia es secundaria cuando se trata de reivindicar una concepción dialéctica y, sobre todo, porque es profundamente humanista. La historia se encargará de demostrarlo mejor cuando lo que termine no sea la historia sino la prehistoria humana”.

Guadarrama desde entonces reflexiona sobre la posmodernidad. Para él ser moderno siempre exigió una actitud critica y renovadora del presente ante lo establecido y comúnmente aceptado en el pasado como normal o adecuado por eso toda educación auténtica en cierto modo fue siempre moderna. Una postura moderna es cuestionadora de lo existente por considerar que no ha cumplido con las exigencias de los tiempos nuevos. La postmodernidad se presentó como la insatisfacción con la presunta satisfacción de la modernidad. En tal sentido todos parece que somos algo posmodernos querramos o no, por lo que negar la existencia de la posmodernidad puede resultar superficial, tal como planteaba Fredric Jameson. El filosofo cubano no acepta esto sin asumirlo como un asunto problemático. Citando a Touraine, es imposible aceptar tranquilamente que la disociación de la sociedad y actores sea completa, como lo sugería a fines del siglo pasado y aún ahora,. Es decir, ta coexistencia del neoliberalismo y del postmodernismo resulta en un modo de entender el mundo describiendo, por un lado, una sociedad reducida a no ser otra cosa que un mercado sin actores y por el otro imaginar actores sin sistema, encerrados en su imaginación y en sus recuerdos.

El asunto es que el Dr. Pablo Guadarrama, como decíamos, está en la isla para impartir conferencias toda la semana. El Departamento de filosofía de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras lo invita a impartir este minicurso, America Latina: marxismo y posmodernidad en la sala Jorge Enjuto de la Facultad de humanidades. Las conferencias son en torno al marxismo latinoamericano, la democracia y los derechos humanos, Marx, doscientos años después y la presentación del libro Epistemología: cómo ayuda a los profesores e investigadores. Les dejamos una pequeña bibliografía accesible en línea.

Topografía / Fábula imposible: el gato y el ratón

“Nuestra política es como toda política de colonia: una asamblea de ratones donde ninguno se atreve a ponerle el cascabel al gato.” –Luis Palés Matos, 1926.

He querido escribir una fábula pero ha sido imposible.

Relean el epígrafe. El vate Palés hablaba desde la década del veinte. Por lo menos, tres veces, y de forma dramática, se le ha puesto el cascabel al gato: el 30 de octubre de 1950, el 1ero de noviembre del mismo año y el 1ero de marzo de 1954; la insurrección nacionalista y los ataques a la Casa Blair y al Congreso respectivamente. El gran animal ha sido identificado. Se le han puesto las banderillas. Falta deshacerse de él o ponerse a salvo. ¿Desunión permanente?

Es claro que la analogía de la asamblea ratonil no aplica con toda exactitud, lo cual comprueba que el tiempo histórico no pasa en vano. No obstante, me “obsede la remota visión” palesiana de un pueblo de ratones. Me interesa el recurso retórico empleado por el poeta. El guayamés, evocando la famosa fábula de Esopo, recurrió a la animalización para describir la política (colonial) del país. Esa técnica no pasa de moda (un misterio de nuestra especial especie). A los humanos nos gusta compararnos con los animales para burlarnos de nosotros mismos o para vernos mejor. ¿No es lo mismo?

Motivado, pues, por la senil y alucinante colonia, he intentado escribir una fábula irónica sobre los atropellos y ridiculeces del poder, pero no logro domesticar los animales símbolos. He consultado fábulas antiguas y modernas. Si bien me atrae la pareja de enemigos íntimos del gato y el ratón algo me aguanta. No me decido. Siento un gran respeto y aprecio por los gatos. Además, ni Bengala, la gata de casa, ni Tigri, su antecesora, desde su cielo, me perdonarían que representara a su especie bajo una luz negativa, pues, según el estereotipo, generalmente el felino es el malo de la antagónica pareja.

Otro artista puertorriqueño, Pedro Flores, en su conocida canción “Borracho no vale” emplea la misma oposición animal. Aquí la cantidad de roedores no es signo de su potencial de victoria, o sea, muchos pequeñines unidos le pueden ganar a un grandullón. Cosa que sería ejemplo de la (a veces) respetable lógica tradicional. No. Esta vez, el ratón supera al gato gracias a su astucia. Giro este afín al espíritu de ciertas fábulas de Esopo, y además, en clave simbólica, muy a tono con la creencia de que Puerto Rico puede con éxito pasarse de listo frente a EE UU. Podríase decir que cierto sector ha querido crear el mito de que el país, eludiendo toda lucha contra el Imperio, se puede salir con la suya gracias a su ingenio: no estábamos sobrios cuando hicimos un convenio, nada nos obliga con el gato, y este nos deja ir tranquilos. Como la colonia es alucinante, hay que tener cuidado con la tendencia a autoengañarnos.

Pero, a lo mejor todavía, a pesar de las dificultades, la enemistad entre ratones y gatos pueda ser útil como analogía de la lucha de un pueblo contra poderes imperiales. (Claro está, salvando las distancias y con el perdón de los animales, que no son humanamente malos.) Y tal vez sea precisamente el contenido humorístico de la tradición de ficciones populares, dibujos animados etc. –elemento que le resta rigidez al heroísmo– lo que hace atractiva a tan dispareja pareja para burlarse de los poderosos. ¿Habrá algo mejor que reírse de aquel que posee el poder de hacerte la vida imposible? Sí. La victoria, para, entre otras cosas, no tener que reírse nunca más de él. Pero en lo que el hacha va y viene, mientras tanto, todos los medios de lucha y resistencia siguen vigentes. (Esa sentencia también hay que tomarla con humor y cautela.) Aunque ¿me temo o celebro? que posiblemente el deseo o la necesidad de reírse sea otro rayo que nunca cesa (parafraseando a Miguel Hernández). (Como ven, todavía no escribo la fábula.)

Ahora acude socarronamente a las teclas la pareja de dibujos animados Tom y Jerry como objeción a todo simbolismo simple y didáctico. El ratón Jerry sí que era un pequeño y cruel demonio. Además, con ellos se complica el panorama porque también entra en juego un tercer jugador, una especie de padrino poderoso, el perro. En este minúsculo sistema de relaciones el astuto ratón siempre se las ingenia para hacerle algún mal al gato. Y lo que es mejor para él y peor para el felino: el roedor cuenta con la simpleza y cooperación del animal más grande y fuerte del triángulo y a quien manipula a su antojo para que termine dándole una paliza al pobre gato. Aquí, sin duda, el felino es digno de nuestra compasión.

Pero la figura del ratón, sin tener que ser cruel, tendrá una especie de apoteosis como poderoso héroe justiciero. Super Ratón, parodia de Supermán, representará el máximo poder al que adviene tan pequeño animal. Ya, con él, la nómina de sus rivales irá más allá del gato (“Oil Can Harry”), pues incluirá a otros enemigos (que varían según las circunstancias). Aquí cabe preguntarse por el posible sentido ¿remoto? de una casualidad biográfica. Curiosamente, en la década del ochenta, Ralph Bakshi (ya famoso por El gato Fritz) se hizo cargo de revivir otra vez para la televisión el personaje de Super Ratón. El cineasta y animador había nacido en Haifa, en 1938, tierra palestina –ahora de Israel– en aquel entonces bajo control británico. Me pregunto si habrá algún significado irónico, casi como un guiño de la historia a modo de acertijo, en el hecho de que aquel niño llegado a EEUU, con apenas un año, huyendo de la guerra con su familia y procedente de una tierra que sería ocupada y robada por otro país, haya sido el renovador de un pequeñín superhéroe que enfrenta a los grandotes abusadores. ¿Habrá habido alguna secreta identificación entre el animador y la imagen del ratoncito animado? Quién sabe.

Y retomando el tema de la relación entre cantidad, pequeñez y arrojo, ¿no serán los frecuentes choques de palestinos contra las fuerzas militares de Israel (apoyado por grandes potencias abusadoras) como una multitud de ratoncitos que enfrenta a poderosos gatos equipados con el armamento más moderno y mortífero de la tecnología bélica? No se ofendan los amigos palestinos con la analogía. Vernos como animales no es ofensa. Lo ofensivo y doloroso son los defectos de la conducta tan demasiado humana que se revela a través de ellos, como la injusticia. Además, es claro el significado de los enfrentamientos: más allá de ponerle el cascabel al gato, también hay que deshacerse de él, y eso intentan los palestinos.

En fin, que me ha sido imposible escribir la fábula irónica sobre el indignante dominio imperial norteamericano y la ridiculez de sus servidores coloniales puertorriqueños. El gato y el ratón se fueron por otros caminos. Quizás fue una estrategia de resistencia de su parte. Ellos, dignos y nobles, acaso no han querido prestarse para el juego. Mejor así. Cuando regrese a casa, podré mirar a los ojos a Bengala sin sentir ningún reproche.

Festival de Cine Europeo: Un éxito a pesar de los apagones

El éxito de este 9no Festival, organizado por la Alianza Francesa y que cuenta con una amplia selección de los mejores filmes producidos o co-producidos por países europeos en 2017, se mide por la diversidad y calidad de sus filmes. Pero además, como en años anteriores, su atención a las producciones fílmicas puertorriqueñas, lo convierten en una oportunidad única para el desarrollo de nuestro cine. Esta vez la competencia de cortometrajes se enfocó en documentales con tres finalistas: Oswaldo Colón, Llaima Sanfiorenzo y Gisela Rosario. El Festival además auspició la premiere en Puerto Rico del primer largometraje de Alvaro Aponte Centeno, El silencio del viento, con una función el sábado 14 en dos salas repletas seguidas por un intercambio con el director, productora, protagonista (Israel Lugo) y otros actores. En el mes de mayo comenzará su exhibición en las salas de cine de Puerto Rico y comentaré este logro del director del también premiado cortometraje, “Mi santa mirada”.

Este año el Festival le rinde homenaje a Jeanne Moreau, protagonista de Jules et Jim (1962) y de tantos otros filmes de François Truffaut, figura clave del movimiento Nouvelle Vague. Jules et Jim fue presentado en su versión restaurada y lo que sorprende es su tono experimental al dejar a un lado la narrativa y fotografía tradicional para contar una historia de un menage-a-trois de dos hombres y una mujer que buscan la felicidad con otros y con ellos mismos. Moreau muere en julio 2017 después de una extensa vida en el cine. Anteriormente el Festival había presentado Une Estonienne à Paris de 2012 con una hermosa Moreau a los 84 años. Sus dos parejas en Jules et Jim lo fueron el austriaco Oskar Werner destacado en la década de 1960 en Ship of Fools y Fahrenheit 451 y quien muere en 1984 y Henri Serre, muy destacado en cine y series para la TV francesa.

Destaco los filmes que pude ver porque todos sirvieron como ventanas a mundos poco conocidos o extraños por la distancia y el poco contacto que tenemos con sus culturas.

The Other Side of Hope del veterano director y escritor finlandés, Aki Kaurismäki (The Match Factory Girl 1990, The Man Without a Past 2002, Le Havre 2011) presenta el gran problema europeo (no de Estados Unidos porque sencillamente le cierra su entrada y punto): la movilización de miles de hombres, mujeres y niños de países en guerra que buscan asilo humanitario. Dentro de la aparente frialdad (no de clima naturalmente) de las culturas nórdicas se dan enlaces y relaciones casi por accidente. En este caso, un joven sirio pide asilo legalmente, es denegado y entonces se convierte en alguien sin nombre ni vivienda huyendo de los representantes de la legalidad. Pero cada persona tiene un lado benévolo aunque todavía no lo haya descubierto y por eso surgen nuevas oportunidades. La poesía visual de Kaurismäki es excepcional.

El cortometraje de ficción Les Misèrables de Ladj Ly desarrolla su historia al estilo de Training Day (Antoine Fuqua 2001): un día de patrullaje policíaco en Seine-Saint-Denis donde la gran mayoría de sus habitantes provienen de países de Africa y Medio Oriente. Lo que atestiguamos es cómo estos jóvenes policías intimidan a los que se supone que están protegiendo y creen que esa es la forma de conseguir que los adolescentes y niños los respeten. Crean sus propias leyes en la calle y luego pretenden representar la ley y el orden.

En el mismo programa se presentó Speak Up/A voix haute: La force de la parole de Stephane de Freitas y co-dirigido por Ladj Ly. La localización en este caso del documental es la misma pero esta vez los jóvenes logran apartarse de la cultura de la violencia y encaminarse hacia una carrera universitaria. 93 estudiantes, en su gran mayoría ellos y sus padres provenientes de Africa y Medio Oriente deciden participar del concurso de Eloquentia de L’Université de Saint-Denis. Allí pasarán por un entrenamiento muy riguroso para apoderarse de la palabra como un instrumento de comunicación directa, de explicación de ideas y de la elocuencia de su manejo. Serán apadrinados (sin paños tibios) por Bertrand Perier, abogado y el increíble poeta Loubaki Loussalat,. Al final quedarán cuatro finalistas: Eddy, Souleila, Leila, Elhadj a quien tendremos el placer de escuchar y ver para convencer al jurado de su “elocuencia”.

Razzia (redada/ataque en árabe), co-producción de Marruecos, Francia y Bélgica, dirigida por Nabil Ayouch, comienza en 1982 en las montañas para trasladarse 33 años después a la ciudad de Casablanca. Son cinco historias que apenas se tocan pero que se enlazan en las aspiraciones de cada uno de no conformarse con la vida que la sociedad y religión pretenden imponer. Su rebelión los hará marginados aunque parezca que siguen las normas pero poco a poco encontrarán la manera de reconocerse y ser ellxs: Yto expresará su amor por el maestro rural e irá en su búsqueda no importa el tiempo que le tome encontrarlo; Salima más y más dejará atrás el papel de mujer complaciente dentro de la no-religiosidad de la clase privilegiada y urbana; Josef debatirá sus emociones entre lo tradicional y sus deseos de liberarse de esas ataduras; Ines querrá crecer apresuradamente para encontrar su propio espacio; Hakim expresará su rebelión a través de la música occidental que escoge imitar y la búsqueda de su sexualidad.

Men Don’t Cry de Alen Drijevic revive las guerras yugoslavas entre serbios, croatas y bosnios de 1991 a 2001. Como un estudio psicológico con el propósito de sanar heridas, Ivan convoca y persuade  (compensación monetaria) a varios ex combatientes de estas guerras a pasar unos días hablando y compartiendo en un hotel vacío en las montañas. De inmediato crean un ambiente hostil hacia cada uno de ellos aunque sean de la misma religión. Además, despliegan toda su violencia verbal y depreciación hacia la mujer, ya que parece ser que la guerra no ha terminado y siguen en el campo de batalla y en los pueblos y ciudades saqueadas asesinando y violando a “las enemigas”. Poco a poco enfocarán en un solo incidente para recordar los detalles y, como les dice Iván, admitir que todos cometieron barbaridades.

Los apagones del jueves 12 y el miércoles 18 de abril sirvieron de marco del Festival de Cine Europeo y lograron seguir su programación transfiriendo las películas al Fine Arts de Hato Rey que gracias a su mega planta se convierte en un oásis cuando todas las luces se apagan.

Crucigrama: Sotero Figueroa Hernández

Horizontales

1. Farola.

3. Primera mujer.

6. _____; ciudad natal de Sotero Figueroa. Algunas fuentes opinan que nació en San Juan.

8. _____ María de Hostos; ensayo de Figueroa.

9. Reza.

11. Antes de Cristo.

13. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

14. _____ literarios; colección de cartas sobre literatura de Hispanoamérica de Figueroa.

15. Composición en verso, del género lírico.

19. En Chile, persona de talento, instruida, diestra.

22. Respuesta que una deidad daba a una consulta, a través de un intermediario y en un lugar sagrado.

24. Don _____; zarzuela de Figueroa con música de Morel Campos. Esta obra fue una sátira mordaz de aquellos que traicionan sus ideales a causa del oportunismo político.

25. Apócope de mamá.

26. 22 de _____ de 1851; nacimiento de Figueroa.

27. Sexta nota musical.

28. Partido Revolucionario _____; en Nueva York, Figueroa fue secretario de la Junta Ejecutiva del partido fundado por Martí.

29. _____ Figueroa Hernández; periodista, dramaturgo, orador y autor de ensayos biográficos. También fue impresor de libros y periódicos. En su imprenta se editaba todo tipo de publicación de contenido patriótico.

31. Tercer hijo de Adán y Eva.

33. De esta manera.

34. Sotero Figueroa _____; en Nueva York, su espíritu de solidaridad y devoción a la unidad del separatismo antillano le ganó el respeto y admiración de sus correligionarios cubanos y puertorriqueños.

37. Onomatopeya de la risa.

39. Lengua provenzal.

40. Señor, abrev.

41. Conozco.

42. Escuché.

43. Pájaros.

44. Símbolo del oxígeno.

45. Habitación principal de la casa.

Verticales

1. Sotero _____ Hernández; publicó en periódico Patria donde publicó su ensayo “La verdad de la historia”, donde resume las luchas y aspiraciones emancipadoras del pueblo puertorriqueño bajo el régimen colonial español. Autor de “Don Mamerto”, “Estudios biográficos” y “Reparos literarios”, entre otros escritos.

2. Recoger, arrancar y suspender el ancla que está fondeada.

3. Exceso de autoestima.

4. La _____ de la historia; ensayo de Figueroa.

5. _____ Belén Montes; puertorriqueña prisionera política.

6. Escasos.

7. _____ biográficos; colección de ensayos de Figueroa que fueron premiados en Ponce.

10. Negación.

12. Sri Lanka.

13. Húrtalo.

16. Asistir.

17. Especie de elefante que vivió en las regiones de clima frío.

18. Rey de Israel esposo de Jezabel.

19. Del verbo celar.

20. Labrará.

21. Símbolo del platino.

23. Jobo, en Ecuador.

24. Adjetivo posesivo plural.

28. Nombre de la letra c.

30. Forma de pronombre.

32. Periódico _____; órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano. Figueroa estuvo a cargo del trabajo editorial de ese periódico.

34. Conjunto de partículas o rayos luminosos de un mismo origen, pl.

35. Emperadores.

36. _____; país caribeño donde Figueroa murió y está sepultado.

37. _____ Martí; Figueroa y él entablaron una estrecha amistad.

38. Infusión.

40. Preposición.

Nuevo Cuento de María

El apartamento era una habitación sencilla con balcón y baño, que mi padre había adquirido para pasar los fines de semana en el pueblo de Isabela, donde vivía la mayoría de mis parientes. Nada me llamaba la atención del apartamento, excepto el hecho de que había que llenar una piscina poco profunda de agua dulce si no queríamos ir a la playa y que apenas había otros habitantes en el complejo, que no fueran la esposa de un ingeniero al que le gustaba bucear, con sus hijos. Por lo demás no había casi más nadie en todo aquel lugar. Sin embargo, no muy lejos de allí, había una especie de hotel constituído por una serie de cabañas de madera, muy bien hechas y con tratamiento contra la polilla, construídas por un alemán que vivía en el pueblo y que era famoso por tocar el violín. Durante un año nos quedamos en el apartamento recien comprado y caminamos hasta el hotel, donde se quedaban las muchachas. Cierta muchacha me dirigió la palabra y decidí visitarla en su casa. Me decía que vivía con un hermano que criaba palomas, pero cuando la fui a ver a una fiesta a la que el hermano me había invitado, no la encontré. Tener un apartamento en la playa no dio resultados, pues resulté ser más impopular de lo que se esperaba, y como mi padre en realidad estaba haciendo el esfuerzo de adquirir la propiedad, para hacerme conocer, decidió venderlo enseguida y prefirió comprar una finca de plátanos en la que se quedaba solo.

Obviamente, su deseo era darme a conocer. Lo logró en cierta medida, ya que en el próximo año, cuando mi padre alquiló una de las cabañas como lo hacía el resto de los muchachos, trajeron a una muchacha que me llamó la atención también. Ya la primera muchacha, la hermana del joven que criaba palomas, me había dicho que no, pero de cualquier modo seguimos yendo a Isabela. El único detalle era que María se quedaba en el hotel con una familia que no era la suya, como una invitada de mayor edad, y que yo estaba con mis padres, muy protegido. Ello me restó atractivo, como es natural, y el próximo año mi padre incluso dejó de alquilar una de las cabañas. Ya no fuimos más al pueblo de Isabela para darnos a conocer socialmente. Hablé con mi padre sobre María.

–María era una muchacha buena– le dije. –Aunque era algo mayor que yo, me dijeron que estaba en noveno grado. Pero se notaba que era más vieja.

–Eso con el agravante de que es tu pariente– me dijo mi padre. –Conoces el caso de tu abuela, que está mal vista porque sirvió de jurado en el Tribunal que apresó a su marido. Si puedes no casarte con una de tus parientes, no serías tan impopular.

–¿Cómo saberlo?– le pregunté. –A veces no usan sus nombres de pila. Se nos presentan con otros apellidos como si no tuvieran nada que ver con nosotros. Y cuando vienes a ver estás casado con una prima.

–Yo no voy a alquilar otra cabaña– dijo mi padre. –Te advierto que si te casas con ella, está la mala fama que tienen los parientes que apresaron a mi padre.

–Pero, ¿por qué lo apresaron?– le pregunté. –¿Cómo es que murió tan joven?

–Creo que no se casó con mi mamá– me dijo. –En realidad no tengo ni la menor idea de lo que sucedió antes de que yo naciera.

María, como es natural, era persona de cuidado, aunque se notaba que era buena. Algo ya era raro, y es el hecho de que me dijera que estaba en noveno grado cuando en realidad era mucho mayor que yo. Aunque no volvimos al complejo hotelero, me quise despedir de ella y el próximo año acampé con mi primo en una caseta, muy cerca de ella en el complejo hotelero. Cuando me vio de nuevo, se puso nerviosa y me presentó a una amiga más joven. Era cierto que no era menor, sino mayor que yo. Y que se puso tan preocupada cuando me vio de nuevo, que definitivamente comprendí que no estaba en noveno grado, como me decían. Cierto que por delicadeza, no se lo hice saber cuando encendió la fogata que siempre se hacía por las noches, cuando estábamos todos reunidos. María era morena y su amiga era rubia, como mi madre. Digo que me la presentó, pero en realidad no dijo nada. La rubia habló.

–Ven a verme a mi casa– me dijo.

Desmonté la caseta y no me quedé allí ni una noche más. Con cierto dejo de tristeza me alejé de la viejita María, que me pareció decididamente nebulosa, aunque por cumplir salí con la rubia. Claro, la llevé al cine con su hermano menor. Lo hice por amabilidad. No íbamos a vernos de nuevo, pero pasamos juntos una tarde en Ocean Park. Estaba claro que María, mi pariente, fue la que en realidad me interesó.

Varios años después, cuando ya era estudiante universitario, volví a ver a la rubia. No estaba ya en la Facultad de Ciencias porque tenía planificado mudarme a los Estados Unidos, buscar otra vida lejos del caso de mi abuelo, y dejar esos pueblos en donde nunca nos quisieron. Cuando la rubia se me acercó en la librería, seguí de largo sin hacerle mucho caso. Eso, aparentemente, tampoco estaba bien. Entonces se me acercó una mujer desconocida con el nombre de pila de mi pariente. Le dije a mi madre que la desconocida usaba el nombre de mi pariente.

–Yo diría que esa desconocida va a ser tu novia– me dijo.

No convenía estar de malas con nadie. Así que me mudé rápidamente con la desconocida. Compartimos la beca Pell, hicimos nuestras compras en Domingo Domínguez, estudiamos juntos todas las materias. Me llevaba bien con ella, aunque me celaba mucho porque no estaba usando su nombre verdadero, sino el de mi pariente. Me pidió que me casara con ella con el nombre de mi pariente y llegó a insinurme que estaba embarazada.

–No pienso procrear al bebé– me dijo. –Lo voy a dejar en el dispensario, que tu prima se las arregle como pueda.

–Eso no lo vamos a hacer– le dije. –Mi pariente es inocente. No quiero ser motivo de infelicidad para ella.

Nos casamos como ella me pidió, pero no hubo nada de hijos. Todo fue una borrasca.

II

La Historia muchas veces cuenta que mis parientes fueron personajes importantes alguna vez. Cuando era estudiante, quise leer algunos recortes de periódico para enterarme de los hechos que hicieron desaparecer a mi abuelo tan joven. La verdad es que nunca supe gran cosa. Mi alegría principal era saber que no había sido motivo de pena para María, mi pariente, pues terminé mi relación con aquella desconocida que aparentemente la quería condenar. Sin embargo, muchos años más tarde, alguien llamó a mi casa con la intención de visitarme.

–Soy tu amiga Nayda. Quiero verte en cuanto sea posible. Voy a tu casa esta tarde.

No sabía quién pudiera ser la famosa Nayda. Recordaba vagamente haber visto a una estudiante con ese nombre cuando pasaban la lista de asistencia en la Facultad de Ciencias, pero no era ni lejanamente la persona con la que me había casado en el Tribunal de Hato Rey. Le pregunté a mi padre si sabía quién era. No me supo decir tampoco y la que llegó en un pequeño compacto japonés fue María, mi pariente. La viejita me porfió mil veces que su nombre era Nayda, que María no era su nombre en realidad, aunque efectivamente estaba emparentada conmigo.

–Es mejor que te mudes conmigo– me dijo. –Recoje todos tus libros y tus discos y vente a Trujillo Alto, ya que allí si te puedo cuidar en lo que pasa el problema. Ignoro quién pueda ser la mujer que se casó contigo en la Universidad.

Me mudé con mi pariente en lo que se arreglaba el asunto. No podía graduarme de bachillerato, ni seguir estudios superiores debido a la irregularidad con la que había estudiado en la ciudad. No podía convalidarme nada y al parecer, los créditos buenos que tenía en la Facultad de Ciencias también iban a caducar. Iba a tener que empezar a estudiar de nuevo. Aunque mi padre me decía que no sería bueno casarme con mi pariente, no me quedó otra alternativa y allí mismo en el apartamento la reverenda del pueblo de mi abuela ofició la ceremonia.

–Nunca me has dicho quién era Nayda. Recuerdo haber visto a una estudiante con ese nombre, pero cuando se me apareció la muchacha que usaba tu apellido no la volví a ver. Sé que te quería inculpar por el pasado. Condenarte históricamente a tí y a los tuyos. Ya en realidad yo no sé quiénes son mis parientes. Mi papá decía que tú eras mi pariente, que no sería bueno casarme contigo. Pero, ¿quién era la muchacha que estudió conmigo en la Universidad? Lo hice todo con ella, las compras en el Cash and Carry, el matrimonio en la corte, la vida en común. Todo.

Mi esposa sonrió.

–Ni idea. No sé quién es.