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Pugna ante cambios a la Ley de Productores de Espectáculos

Por Damaris Suárez

Centro de Periodismo Investigativo

Tres días antes de terminar su mandato, el exgobernador Alejandro García Padilla enmendó la ley para hacer obligatoria la colegiación para toda corporación privada, incluyendo a las sin fines de lucro, como requisito para realizar cualquier evento público o privado. Si el productor no está colegiado, pagará $10,000.00 de multa por todo espectáculo en el que se cobre o no la entrada, con o sin fines de lucro, sea en un lugar al aire libre o cerrado, según esta Ley 205 de 2016.

Gestores culturales y organizaciones, como los Centros Sor Isolina Ferré, Teatro Coribantes y el Proyecto Verde Luz anticiparon el efecto adverso del nuevo estatuto que aumentaría el costo de sus operaciones y cuestionaron la necesidad de pagar cuotas para realizar eventos culturales o de recaudación al Colegio de Productores, una organización privada fundada en 2005 y que preside desde 2012 el productor Tony Mojena, que maneja cantantes como Luis Fonsi.

Los cambios a la Ley del Colegio de Productores de Espectáculos Públicos de Puerto Rico que entraban en vigor en julio, con la aprobación de un reglamento, se aplazaron por tres meses a petición del Departamento de Hacienda. El gobernador Ricardo Rosselló firmó la medida el 6 de agosto otorgando el plazo adicional. La agencia aún trabaja en la redacción del reglamento que permitirá la implantación, mientras la incertidumbre y los cuestionamientos aumentan entre la comunidad cultural.

El Colegio de Productores de Espectáculos ha realizado una intensa campaña para dar a conocer la aprobación de la Ley 205, que dispone también que todo productor colegiado tendrá que cumplir con un mínimo de seis créditos durante la vigencia de dos años de colegiación mediante cursos, seminarios o talleres. El Colegio se supone que desarrolle los cursos y talleres, por los que cobrará, o que realice alianzas con instituciones educativas para que estén disponibles, y es el responsable de certificar el cumplimiento de los colegiados.

El presidente de la Comisión Senatorial para el Desarrollo de Iniciativas Comunitarias, José Vargas Vidot, trabaja en un proyecto legislativo para derogar la ley ya que, de entrar en vigor, provocaría mayores costos a las OSFL y una sobreregulación a los gestores culturales y otros proyectos educativos del país en momentos en que se reduce la inyección pública a este sector debido a la crisis fiscal del gobierno.

La medida de Vargas Vidot propone enmendar un sinnúmero de leyes, incluyendo la Ley de Nuestra Música Autóctona, para liberar a los grupos dedicados a la gestión cultural de la carga contributiva que se les impone.

Según el senador, no se visualiza el efecto de los proyectos legislativos de forma integral, por lo que leyes como esta terminan afectando adversamente a un sector importante y que rinde beneficios al país como la OSFL. “Estas medidas están matando a este sector”, puntualizó Vargas Vidot.

Hablan trabajadores de la cultura

Los cambios a la legislación afectan principalmente a los pequeños productores o los artistas y gestores culturales que por su limitación económica, hacen las funciones de promotores, directores, productores y todo tipo de gestión para poder trabajar.

Para el cantautor Mikie Rivera, incluir las entidades sin fines de lucro y las actividades libre de costo provocará más cortapisas a la realización de eventos culturales.

“Si el asunto es un problema de monitoreo y fiscalización para evitar el fraude, entonces hay alguien que no está haciendo su labor y una vez más, aquellos que hacen las cosas como es debido, pagarán las delincuencias de unos y las ineptitudes de otros”, cuestionó.

En respuesta a la excesiva reglamentación y su impacto a la gestoría cultural, un grupo de artistas y ciudadanos vinculados a la promoción de las artes formaron el Proyecto Verde Luz. El actor Ángel Vázquez, portavoz del colectivo, criticó que el gobierno se haya convertido en obstructor de la gestión cultural.

“Lo que tenemos es una serie de impedimentos y dificultades que no facilitan, sino que entorpecen la manera en que los gestores culturales realizamos nuestro trabajo. Nos hemos conformado en el colectivo Verde Luz para buscar alternativas que nos ayuden a subsistir en medio de esta crisis y esta ley es una que afecta aún más”, aseguró.

Por su parte, la Alianza de OSFL para la Cultura Puertorriqueña y Artistas Independientes, formada en febrero a consecuencia de la divulgación del nuevo estatuto, exige la derogación de esta ley y la del COPEP, por considerarlas discriminatorias, violatorias de derechos fundamentales, y muy difícil de implementar y reglamentar debido a sus contradicciones. El grupo está compuesto por cerca de 500 compañías de teatro, danza, música, artistas independientes, académicos, escritores y editores.

“Pedimos que se someta un nuevo proyecto y realicen vistas públicas para permitir la discusión y análisis, ya que esta ley 205 encarece y dificulta la libertad intrínseca de hacer arte”, dijo al Centro de Periodismo Investigativo José Luis Figueroa, portavoz del grupo.

La Alianza alertó que la legislación afectará a las entidades sin fines de lucro dedicadas a la cultura, al deporte, la recreación, el entretenimiento, así como a los municipios, escuelas, universidades y artistas independientes que organizan eventos.

“Desvirtúa y corrompe la naturaleza de las entidades sin fines de lucro al tener que utilizar recursos económicos y humanos para llevar a cabo actividades ajenas a la misión y objetivos programáticos de las entidades. Aumenta los costos de producción de las entidades sin fines de lucro en el pago de expedición de licencias, cuotas y fianzas. Fomentará la emigración de nuestros artistas jóvenes al limitar y achicar la oferta de trabajo y autogestión”, insistió Figueroa.

Los eventos de recaudación de fondos son una parte esencial del plan de sostenibilidad financiera de los Centros Sor Isolina Ferré, dijo Yadira Valdivia, directora de comunicaciones de la organización.

“Estamos evaluando el impacto económico que pueda tener esta ley y entendemos que se debería incluir una excepción para los eventos de recaudación que son organizados por las entidades sin fines de lucro. No obstante, una vez entre en vigor, tomaremos las acciones correspondientes para seguir en cumplimiento con los requisitos que se establezcan para poder organizar este tipo de eventos, aunque ello implique costos adicionales como cuotas de colegiación o tomar cursos de educación continuada”, expresó Valdivia.

¿Quién tendría que colegiarse?

El lenguaje de la medida no es claro sobre cuáles entidades sin fines de lucro deberán colegiarse para realizar espectáculos públicos. Aunque se crea la categoría de “productores de eventos sin fines lucrativos”, que incluye a cualquier entidad sin fines de lucro que posea exención contributiva y exclusión de licencia de promotor, la definición de “espectáculos públicos” de la ley excluye los eventos organizados por entidades sin fines de lucro.

Todo tiende a indicar que el Departamento de Hacienda parte de la premisa que le aplica a todas las sin fines de lucro. Varios portavoces de OSFL que no se dedican a la producción de espectáculos confirmaron que funcionarios de esa agencia le han indicado que tendrán que colegiarse cuando han ido a hacer gestiones para eventos de recaudación de fondos en la Oficina de Servicios al Promotor de Espectáculos. Aunque el Centro de Periodismo Investigativo solicitó confirmar la versión ofrecida por las OSFL, el Departamento de Hacienda no quiso aclararlo.

Para el Colegio de Productores de Espectáculos Públicos, el incluir a las entidades sin fines de lucro en la legislación significa que todas tendrán que colegiarse para poder realizar eventos de recaudación, aunque no se dediquen a la producción de eventos culturales. El Centro de Periodismo Investigativo tuvo acceso a los formularios y documentos de orientación que ha divulgado el Colegio entre entidades sin fines de lucro en los que le indican que tendrán que colegiarse y tomar los cursos como dispone la ley para realizar eventos de recaudación.

“Eso no surge de la Ley. Todos los elementos y herramientas que se utilizan para interpretar una ley llevan a la conclusión contraria”, analizó el Catedrático Auxiliar de la Facultad de Derecho de Universidad Interamericana, Jorge Farinacci Fernós.

El profesor de derecho administrativo y derecho público dijo que la intención legislativa de la ley hace referencia a los profesionales que se dedican a la industria de la producción y expresamente excluye a los que no se dedican a la producción, por lo que es incorrecta la interpretación que hace el Colegio de Productores de Espectáculos. Según su análisis, la Ley va dirigida a las corporaciones con o sin fines de lucro que se dedican a la producción de espectáculos.

“En la definición de espectáculo público, la ley excluye actos organizados por grupos cívicos, sin fines lucro, religiosos, partidos políticos, etcétera. Estamos hablando de entidades que pueden organizar eventos pero no se dedican a eso”, aseguró Farinacci Fernós. Mencionó que si una OSFL va a contratar a un profesional para organizar un evento, entonces tendrá que contratar a un productor colegiado.

“Aun así, la medida es mala. Los gestores culturales y las entidades sin fines de lucro dedicadas al quehacer cultural no somos grandes productores ni generamos ingresos para lucrarnos. Pareamos chavo a chavo para llevar un mensaje y para enaltecer nuestra cultura y las artes”, subrayó el portavoz de la Alianza de OSFL para la Cultura Puertorriqueña y Artistas Independientes.

Según el Estudio de las Organizaciones Sin Fines de Lucro en Puerto Rico (2015), hecho por la firma Estudios Técnicos, en Puerto Rico existen unas 11,570 organizaciones sin fines de lucro dedicadas a ofrecer servicios a sectores de escasos recursos, personas con discapacidad o comunidades. Aunque reciban subvención del gobierno o entidades y fundaciones privadas, la mayoría también realiza actividades de recaudación de fondos para poder ofrecer sus servicios.

Entidades como la Compañía de Ballet Teatro de Puerto Rico, Teatro Cundiamor, el Teatro de Jóvenes Sordos Puertorriqueños, Taller La Camándula, Folklore Nacional de Puerto Rico, Teatro para Personas de la Tercera Edad y la Filarmónica de Bayamón, son algunas de las OSFL que tendrían que colegiarse para poder efectuar sus espectáculos, pues se dedican a eso.

Para Rafael Rojas, de Coribantes, y el actor Ángel Vázquez, del Colectivo Verde Luz, la nueva ley pone más trabas a las entidades para realizar su trabajo, lo que confirma que el estado minimiza la aportación que hace la cultura -con poca o ninguna ayuda del gobierno- al desarrollo económico del país.

Varias posturas dentro del Colegio de Productores

El Colegio de Productores de Espectáculos Públicos (COPEP) ha invitado a través de su página web y en las redes sociales a todas las OSFL a colegiarse para “cumplir con la ley”. Oficialmente, el Colegio “ofrece orientación” a las OSFL diciéndoles que tienen que colegiarse aunque no sean entidades dedicadas a la producción de eventos, pudo constatar el CPI en documentos enviados a organizaciones.

Sin embargo, el vicepresidente del COPEP, Nelson Castro, dijo al ser cuestionado que la determinación final la tendrá el Departamento de Hacienda con la interpretación que dé a la Ley en el reglamento que apruebe.

“Nosotros no entramos en quién debe colegiarse o no… El reglamento sería el mecanismo en que se clasificaría. Basado en lo que contempla la ley y de acuerdo a cómo se redacte el reglamento, quedaría atendido“, dijo al Castro al CPI. El presidente, Tony Mojena, no estuvo disponible para entrevista.

El Colegio fue creado en el 2005 tras la aprobación de la ley 113, como una entidad privada bajo la jurisdicción de la Oficina de Servicios al Promotor de Espectáculos Públicos (OSPEP) adscrita al Departamento de Hacienda cuyo fin es reglamentar y crear cánones de ética para los productores de espectáculos con fines comerciales. Al establecer la colegiación, alegadamente se pretendió proteger la industria local de espectáculos de productores extranjeros, así como del surgimiento de “promotores” que sin estar diestros en la organización de eventos producían espectáculos sin los mecanismos de seguridad adecuados, afectando la confianza en las producciones locales. La legislación establecida en el 2005 era solo para los promotores comerciales de espectáculos públicos; no incluía a las organizaciones sin fines de lucro que realizan eventos culturales o musicales ni eventos libre de costo.

El director ejecutivo del Colegio, Juan Carlos Zapata, favoreció la inclusión de todas las entidades sin fines de lucro ya que entiende que propenderá a mejorar la producción de sus eventos de la mano de la entidad que dirige. Para Zapata, la ley le aplica a todas las OSFL, aunque no se dediquen a realizar espectáculos públicos.

“Aunque esa organización pueda hacer un evento una vez al año, nosotros lo vemos como una oportunidad para que el Colegio pueda servirle de apoyo en la realización de ese evento, como puede ser el pago de la cuota a través de la fundación y que puedan tener más de un evento” , sostuvo por su parte el director ejecutivo de COPEP.

En una comunicación mediante correo electrónico revisada por el Centro de Periodismo Investigativo, Zapata explica a una entidad sin fines de lucro que para realizar un evento de recaudación vendrá obligada a colegiarse y tomar los seis créditos de educación continua, aunque no se dedique a hacer espectáculos.

Alegadamente, la Legislatura decidió incluir a las OSFL en la Ley de Espectáculos Públicos debido a que entidades sin fines de lucro que no tenían el certificado de exención contributiva estaban impedidas de organizar eventos.

Pero en las vistas públicas, artistas independientes como Omar Silva de Cultura Profética, rechazaron la colegiación compulsoria por entender que restringía la labor de los artistas independientes que ejercen su profesión desde una perspectiva multifacética que en muchas ocasiones los lleva a asumir funciones típicas de un productor.

Al ser cuestionado por el Centro de Periodismo Investigativo sobre los escollos que representa la nueva medida para los gestores culturales, el director ejecutivo de COPEP dijo que la entidad se propone dar trato especial a los gestores culturales y los proyectos de autogestión que pudiera incluir el pago de la cuota a través de una fundación que tiene el Colegio para evitar que la legislación le suponga trabas para realizar eventos. La ley 113 que creó el Colegio autorizó la creación de la Fundación de Productores de Espectáculos Públicos, una corporación sin fines de lucro, con el propósito de proveer servicios educativos, culturales, artísticos y deportivos. La Fundación administra un fideicomiso, que según la ley “se nutre de parte de los fondos del Colegio”, para viabilizar la celebración de espectáculos accesibles a personas de escasos recursos, propiciar la organización de espectáculos en escuelas públicas y organizar espectáculos a las OSFL.

Aunque el COPEP entiende que para algunos, la colegiación compulsoria puede representar otra piedra en el camino, su vicepresidente está convencido que el saldo es beneficioso porque es una oportunidad para trabajar como una sola industria y facilitará la operación de productores sin fines lucrativos que no cuentan con el certificado de exención contributiva del Departamento de Hacienda.

La nueva medida hace referencia a las críticas que ha recibido el Colegio de Productores por “la imposibilidad de algunos productores pequeños de pagar la cuota anual” y denuncias de entidades sin fines de lucro “que han tratado de formar parte del cuerpo colegiado, pero no han podido por las propias imposiciones de la industria”. Desde su creación, el Colegio de Productores había exigido una cuota ascendente a $1,000.

Con la nueva ley, para colegiarse, cualquier persona o entidad jurídica tendrá que pagar cuotas que se ajustan dependiendo de si realiza eventos con o sin fines de lucro. En ambas categorías se utiliza como parámetro la capacidad del recinto mayor en que el colegiado produce espectáculos públicos.

“Oscilará entre los $100 y $600 para los productores de eventos con fines pecuniarios, y desde $25 a $150 para las organizaciones sin fines de lucro, que tienen exención contributiva, esto último, en apoyo y considerando que mayoritariamente se trata del sector que atiende aspectos culturales y educativos”, explicó Juan Carlos Zapata, director ejecutivo del Colegio de Productores de Espectáculos de Puerto Rico.

El representante del Colegio defendió los servicios que ofrece a su matrícula de cerca de 400 colegiados que gozan de beneficios como plan médico, pólizas, y la representación de los intereses de la industria ante las agencias del gobierno, la Asamblea Legislativa, compañías de venta de boletos, administradores de facilidades y suplidores, entre otros.

Según un estimado de la Alianza de OSFL, la legislación crea un monopolio donde el Colegio de Productores de Espectáculos Públicos recaudaría entre tres y cinco millones de dólares por concepto de cuotas y cursos en su primer año de implantación.

Cuestionan que el Estado delegue en una empresa “cuasi pública, cuasi privada”, la potestad “de autorizar, permitir o vetar la presentación de todo espectáculo público”, por lo que suponen que la medida solo beneficia al Colegio en detrimento de las organizaciones sin fines de lucro.

Violan otra vez ley de Corredor Ecológico

La Coalición Pro Corredor Ecológico del Noreste (CEN) denunció que la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe), autorizó la operación de un estacionamiento para uso exclusivo del hotel El Conquistador & Las Casitas Resorts (en adelante, “Hotel El Conquistador) en violación a la Ley de la Reserva Natural del CEN. El permiso fue emitido a la empresa Colonial Parking, Corp., cuyo dueño es Miguel A. Cabral Veras. Este empresario fue uno de los implicados en el esquema de soborno y extorsión por el cual fue convicto el exsenador Jorge De Castro Font, según declaraciones de testigos reseñadas por la prensa durante el juicio contra el exlegislador.

“Exigimos al Ing. Ian Carlo Serna, Director Ejecutivo de la OGPe, a que declare nulo y de inmediato, el permiso aprobado a favor de Colonial Parking, Corp., por violar la Ley de la Reserva Natural del CEN, y su Plan Sectorial. Es sencillamente increíble que tras tantos años de discusión y consenso público sobre el valor del Corredor, la existencia de una ley especial, y hasta de un plan de usos de terrenos y manejo específico para esta área, esta agencia haya sido tan irresponsable y decidiera aprobar un permiso claramente contrario a los fines de esta reserva natural,” reclamó Cristóbal Jiménez, presidente de la Coalición Pro CEN.

Según la denuncia el permiso emitido por OGPe y objeto de la controversia fue aprobado el 5 de junio pasado, con vigencia hasta el 30 de noviembre de 2017, para “uso exclusivo de estacionamiento temporero para las actividades del Hotel Conquistador”.

El Presidente de la Coalición expuso que la Ley de la Reserva Natural del CEN (Ley Núm. 126 de 25 de junio de 2012, según enmendada) establece como política pública del Gobierno de Puerto Rico la designación como reserva natural, del área denominada Corredor Ecológico del Noreste, disponiendo que cualquier actividad o uso propuesto en sus terrenos, “estará supeditado y dará prioridad a su preservación, restauración y conservación.”

De acuerdo al Plan Sectorial, los únicos usos permitidos en este distrito de zonificación son aquellos dirigidos a mejorar las condiciones naturales y paisajísticas de estos espacios, o bien a facilitar la realización de actividades científicas, didácticas y recreativas basadas en la apreciación de la naturaleza. El planificador calificó de “pasmoso” que la OGPe haya emitido un permiso para un estacionamiento con el fin de viabilizar o facilitar las operaciones del Hotel El Conquistador, máxime cuando es una actividad externa y ajena a los propósitos de la designación del CEN como un área natural protegida.

Para ambos miembros de la Coalición la única explicación razonable a la otorgación del permiso pudiese ser la falta de conocimiento o experiencia que puedan tener los funcionarios y técnicos particulares que tuvieron a su cargo la evaluación y otorgación del permiso, si es que éstos llevan poco tiempo ocupando sus cargos tras haber sido nombrados recientemente por la administración entrante del gobernador Ricardo Rosselló Nevares.

“Si el Director Ejecutivo de OGPe no atiende esta situación de inmediato, según solicitamos públicamente, estaríamos hablando entonces de un acto de negligencia crasa en contra de la política pública dirigida a proteger los recursos naturales del Corredor, en menosprecio y violación también a la responsabilidad ministerial que tienen los funcionarios de ésta y otras agencias de velar por el fiel cumplimiento de nuestras leyes y reglamentos.”

La Coalición aprovechó para instar de manera pública a la gerencia del Hotel El Conquistador y a la empresa Waldorf Astoria – Hilton, operadores de esta hospedería, a no utilizar más los terrenos de la Reserva Natural del CEN como un estacionamiento, comprometiéndose públicamente a no fomentar dicha práctica entre sus empleados y huéspedes en el futuro.

Soy una boricua bestial

El primer paso es admitirlo. Soy una boricua bestial.

Hace mucho tiempo me asumí. Fui al Día Nacional de la Salsa y me puse una camisa que decía ‘Para ti motherflower’.

Sin embargo, ahora, en este momento de mi vida, es que realmente puedo decir, orgullosa, sin tapujos ni complejos, que sí, soy una boricua bestial.

Hace varios días, fui con el crío al Festival Puertorriqueño de New Haven. Viviendo en el exilio, una aprovecha todas las oportunidades para darle cultura y afianzar mi lección constante de que “vivimos en Connecticut, pero somos de Puerto Rico”.

‘Jalamos maví’ para el sur. Quería que el chiquito viera la boricuada y se sintiera pleno. Desde unas cuadras antes de llegar al ‘Green’, la gran plaza donde celebran la actividad, se observaba a los boricuas caminando en peregrinación divina. Armados de sillas, neveritas, mesitas plegables y camisetas de la monoestrellada, familias de padres, madres, abuelitas y abuelitos, niños y hasta los perros, desfilaban con vuvuzelas y todo lo necesario para pasar un buen rato de sábado en la tarde. Mi mochila, ingenuamente empacada, sólo tenía algunas meriendas y agua. Tendría que ser suficiente.

Un mar rojo, azul y blanco, con reggaetón en el fondo nos recibió al llegar al Green, en el que ondeaba no sólo la pecosa, sino también nuestra hermosa monoestrellada. Navegando entre la multitud, dimos una vuelta de reconocimiento para ver qué ofrecían en los ‘food trucks’ y en las carpas de los vendedores. El ambiente olía a cuchifritos, pinchos y fritanga. La manteca nos llamaba, pero las kilométricas filas hicieron que me conformara con una carísima piña colada ‘con’, código boricua clandestino que significaba que estaba bautizada.

El chiquito se quiso montar en un jeep pintado como nuestra bandera nacional y yo con temor a que fuese a tocar algo delicado. De repente se aparece el dueño y me dice con una sonrisa que “sí se puede montar, pero, Papi no toques los cambios”, dándole la mirada de todo padre, tío o abuelo que conoce los estragos que pueden causar esas manitas curiosas. Luego de tomarle una foto en la máquina, que estaba de lo más ‘aniquelá’, mi nene se fijó en un carrito que vendía calcomanías. Se empeñó en una del Hombre Araña y otra del ratón de Disney. “Wao, un Spiderman y un Mickey boricua, eso sí que es grande”, dije en voz alta, para el deleite del señor que estaba a mi lado que se soltó una gran carcajada.

Nos ubicamos al lado de una familia que tenía varios niños cercanos en edad a mi chico para que pudiera jugar con ellos. Conversé con la madre sobre las filas para la comida y la bebida y me explicó que debería haber llevado mis propias cosas: neverita con cositas para el nene y para mí, sillas y una mesita plegable y juegos o pelotas para entretenerlo. Luego bailamos al son de Héctor Tricoche y su “Lobo domesticado”. Recordé cómo fue que aprendí a perfeccionar mis pasos de baile de salsa y merengue con otros boricuas bestiales en Jimmy’s Bronx Café, en Nueva York, allá para finales de los noventa.

Allí, en familia, bailamos, sudamos, nos reímos y gozamos hasta que el cansancio nos venció. Agradecí a mi nueva amiga, su abuelita y sus demás parientes, sus atenciones y marchamos de regreso a nuestro pueblo, contenta de haber pasado una tarde maravillosa.

Anteriormente, para las décadas de los sesenta y los setenta, los profesionales de clase media y alta, entendían que estos comportamientos típicos de los boricuas bestiales eran una cafrería. Más aún, si formaban parte de los boricuas que vivían en los Estados Unidos o niuyoricans. Eso de usar la bandera para todo y en todo, de hablar “spanglish” o no saber español, de hablar “esplayao” y ser cocolo, era considerado una soberana cafrería.

Existía una división entre los puertorriqueños que se consideraban cultos y veían con desdén este tipo de costumbre de los boricuas cafres de “Niuyol”. Y así crecía ese abismo entre lo que ahora se conoce como la diáspora y los puertorriqueños “de la Isla”.

No obstante, esos boricuas bestiales, de Nueva York, de Chicago, de Connecticut son los que tienen que reafirmar su puertorriqueñidad desde las fauces del imperio… a diario. Estas personas son bravas porque defienden con orgullo su bandera, su gastronomía y música sin importarles lo que puedan pensar o decir los gringos. Porque ésos, los que llevan con el pecho inflao’ la camisilla de la monoestrellada, son los que sienten a Puerto Rico su patria, aunque nunca hayan visitado la Isla y no sepan mucho español. Y eso es válido y hay que reconocerlo.

Ahora, en tiempos en que las cifras de los puertorriqueños que se exilian crecen a pasos agigantados y aceptamos que somos un país dividido (como bien lo llamó el Partido Socialista Puertorriqueño en la década de los setenta), hay que acoger y aceptar a los boricuas bestiales tal como son, en particular porque ellos y ellas están en resistencia todos los días.

Los boricuas bestiales pueden parecer cafres para algunas personas, pero son los que desde principios del siglo XX han acogido con afecto y solidaridad a cada pariente recién llegado de Coamo, Arecibo, Ciales o cualquier otro pueblo. Estos boricuas bestiales son los que hacen festivales anuales, como el que visité, para que la gente tenga su fiesta patronal y que aunque sea por unas horas rodearse de los suyos y sentirse mayoría.

La realidad es que pocas veces me he sentido más cómoda que entre esa multitud, con jevas apretás, tipos marcando la clave y niños correteando y gritando en spanglish. Era como estar entre gente de confianza. Porque se sentía familiar. Porque se sentía bien boricua, bien boricua bestial.

Entender el poder para actuar con fuerza

Uno de los peores enemigos en momentos de crisis es la desesperación. Desde que comenzó en Puerto Rico la política neoliberal como acción abarcadora de gobierno, en 1989, hasta el día de hoy, la clase trabajadora y las comunidades han recibido golpes muy duros. Pero también pudieron poner en marcha movilizaciones impresionantes. Basta mencionar algunas: los paros nacionales de los trabajadores del sector público contra la venta de La Telefónica en marzo de 1989 y octubre de 1997, la contundente huelga del pueblo, y la lucha contra la presencia de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques. El éxito de la enorme movilización contra la Marina puso sobre la mesa de la historia una formidable ironía: la energía popular salió victoriosa contra el enemigo de mayor fuerza. Sobre eso hay que reflexionar hoy más que nunca. ¿Cómo es posible derrotar al más poderoso y ser derrotado ante fuerzas menos formidables? La contestación solo puede ir encaminada hacia un aspecto fundamental: la unidad del movimiento, la tenacidad y el sacrificio de los luchadores y su diversidad concertada. Ahí está la figura de la victoria.

Ahora bien, es evidente que el Puerto Rico existente entre 1989-2006 no es el mismo de hoy. Una debilidad crónica parece asediarnos por todos los costados. Es imposible esconder los aspectos depresivos y desmoralizadores: 1) la pérdida masiva de empleos industriales como resultado de la desaparición de la Sección 936; 2) la eliminación de decenas de miles de empleos del gobierno a partir de la Ley 7 de 2009; 3) el aumento de la dependencia de fondos federales; 4) la emigración masiva de sectores productivos hacia los Estados Unidos; 5) los ataques sistemáticos a los sectores laborales por vía de privatizaciones y reformas de las leyes que regulan el trabajo: 6) la voracidad de sectores empresariales en combinación con políticos inescrupulosos de nuevo cuño en un festival de contratos que han esquilmado la riqueza pública; 7) y la corrupción rampante que ha devorado fondos públicos en una estructura de robo legal e ilegal que incluye al sector financiero. Una verdad se desprende de esta política neoliberal de expoliación: ha sido un movimiento capitaneado por los dos partidos de turno en el gobierno. Por consiguiente, el llamado reciente del gobernador Ricardo Rosselló para formar un frente unido por Puerto Rico no es otra cosa que una combinación de los defensores de la política neoliberal para capear la tempestad que ellos mismos han creado. Al proponer la misma política, no tiene ninguna credibilidad.

Sin embargo, ese llamado hace visible varias cosas. La política neoliberal, si bien ha enriquecido a un grupo reducido de intereses locales, ha debilitado al conjunto de la economía, con repercusiones políticas desconocidas en nuestra historia. Los dos partidos responsables de la crisis que agobia al país se han debilitado de una forma que parece irreversible. Viven chapoteando en el charco podrido del neoliberalismo. La llamada de apariencia unitaria que hace el gobernador es hipócrita y está cruzada por la mentira. Mientras sus socios demenciales, como Dávila Colón y los participantes de su programa radial, le echan toda la culpa de la crisis a la ineficiencia – innegable, por cierto – del gobierno de García Padilla, Ricardo Rosselló, quien fuera parte del mismo programa radial durante largos meses antes de las últimas elecciones, llama a la unidad. Ante la dificultad de gobernar bajo el poder de la Junta de Control Fiscal, con el barco lleno de agua, el maltrecho gobernador se exhibe en ropas menores. Llama porque está débil, no porque camina con fuerza hacia la estadidad. Llama porque la estadidad es una caja que se ha quedado vacía desde que el PNP se convirtió en el más eficiente promotor del neoliberalismo y sus consecuencias: el robo y la insensibilidad. Una caja donde no cabe hoy una sola ilusión de futuro. De la misma forma, los políticos que recurren a su llamado son políticos derrotados, desmoralizados, tan vacíos como el gobierno en su capacidad de presentar un nuevo proyecto de autosuficiencia económica para Puerto Rico.

Si alguien tiene dudas sobre la debilidad del partido de gobierno, piense en lo siguiente: el año 2017 pudo haber sido uno de grandes celebraciones anexionistas después de la raquítica victoria electoral del pasado noviembre. Con una gran fanfarria, desde el año pasado, pusieron pasquines en cuanto muro encontraron, con el anuncio de los cien años de ciudadanía. Este año también se cumple el medio siglo de vida del PNP y el centenario del Senado de Puerto Rico, dirigido por el flamante Rivera Schatz. Pues bien, no han podido hacer ni un cumpleaños en una plaza pública. El día del natalicio de Barbosa pasó sin una movilización de masas como en años pasados, con un silencio más fuerte que los grititos que se oyen de la boca del gobernador y de la comisionada residente anunciando la supuesta cercanía de la estadidad. La realidad es que con una economía quebrada, con todos los sectores debilitados, sin fuerza, como resultado del elitismo neoliberal y las medidas que empobrecen a la población, no hay camino posible hacia la estadidad. El país en su conjunto está débil. El gobierno es un gobierno inevitablemente débil. Y la Junta, que no tiene ninguna fuerza interna , se regodea y se arregla el pelo en el espejismo de un poder vacuo. Hoy más que nunca brilla el pensamiento de Betances: los grandes parecen grandes porque estamos arrodillados.

Una verdad brilla en esta crisis. La burguesía local es un ente deforme y raquítico que ha manifestado consistentemente su incapacidad de elaborar un proyecto económico-político propio. El movimiento obrero está debilitado y presenta una figura que propicia la inmovilidad. Su debilidad mayor es la falta de unidad de propósito y de acción. Tampoco ha demostrado que tiene un proyecto de país. Pero lo peor de todo es que no da muestra de sentarse en una mesa colectiva a construirlo. Predomina en su dirección el individualismo y la urgencia de proyección y liderato. Es triste ver hombres viejos que se comportan como niños y no acuden a la acción común o se alejan descontentos por pequeñeces y minucias. Es triste porque el país se derrumba y ellos pueden ayudar a que se levante la esperanza. A pesar de la debilidad de la economía, a pesar de la pérdida de cientos de miles de empleos públicos y privados, la clase trabajadora tiene potencialmente mucho más fuerza que el sector empresarial que está a la cabeza de la crisis.

La indignación está en la calle. Pero camina sin rumbo y en silencio. Hace falta salir a organizarla de forma concertada, cada cual con su instrumento, para hacer que poco a poco se oiga una orquestación de pueblo. ¿No hay base para tanto optimismo? ¿Se olvidaron que hace solo unos meses, inspirado por un movimiento estudiantil ejemplar, se dio en Puerto Rico el primero de mayo más grande en la historia de esta isla? No se puede negar la desmoralización, pero se puede trabajar contra ella y abonar con buena fe la imaginación colectiva. La comunidad de Peñuelas lo reclama, la Universidad de Puerto Rico lo reclama, los que ven su sistema de retiro en peligro lo reclaman, los trabajadores públicos y privados lo reclaman. El pasado viernes se dio una nutrida protesta laboral frente al local de la Junta. El próximo miércoles 30 de agosto hay otra actividad. Cada actividad debe ser un escalón en el ascenso de la movilización. Puerto Rico entero necesita que sus fuerzas inspiradas por la igualdad y la justicia se organicen y comiencen a moverse con su propio ritmo, en combinación.

Breves de septiembre-1

No siempre podemos predecir qué películas quedan en cartelera por más de dos semanas pero siempre pensamos que si fue un filme especial—esos que nos hacen pensar y vibrar—permanecerá en los cines, especialmente los Fine Arts, hasta que el público deje de asistir. Detroit fue uno de esos filmes que por ser muy especial—temática, cuadro histórico-político, directora premiada—estábamos seguras que tendría una buena temporada. Nada más lejos de la realidad: solo duró dos semanas en una sola sala de Fine Arts de Miramar y me la perdí. Así que los tres que comento pueden seguir en cartelera o haber desaparecido, pero todos son excepcionales por la temática, su presentación y su alejamiento de los elementos hollywoodenses.

Maudie

(directora Aisling Walsh; guionista Sherry White; cinematógrafo Guy Godfree; elenco Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett, Zachary Bennett, Gabrielle Rose, Billy MacLellan, Marthe Bernard, David Feehan)

Lo que destaca este hermoso y emotivo cuadro de una mujer que poco a poco y a pesar del ambiente y circunstancias que le han tocado vivir sobrevive y florece como artista es su sencillez. Comienza en la década de 1930 en el pueblo de Marshalltown en Nova Scotia, Canadá. Al perder a sus padres, Maud Dowley también perdió su casa ya que su hermano la hereda y la vende sin consultarla. Le toca entonces vivir con una tía que no entendía cómo una mujer soltera y en sus treinta no podía quedarse en su casa y ser parte de su congregación religiosa. No importa si Maudie caminaba medio tullida por una condición artrítica severa, a ella le gustaba ir al pueblo en las noches cuando había música y baile y podía beber alcohol. Ya se imaginarán como esto le caía a su tía Ida. Su único entretenimiento en esta casa donde le recordaban a cada momento que no pertenecía era dibujar y pintar con juegos de colores que su madre le había dejado.

En una de sus caminatas al pueblo —pues no importaba si se le hacía difícil la travesía ya que era una manera de liberarse del encierro en que vivía— encuentra un anuncio de trabajo como sirvienta de un campesino que vivía solo y responde presentándose y convenciéndolo de que podía hacer el trabajo de limpieza a pesar de ser pequeña de estatura y caminar raro. Así convencerá a Everett Lewis de dejarla transformar su vivienda, una casita de una sola habitación y buhardilla, y llenarla de pájaros, hojas, flores pintadas en colores brillantes. Poco a poco tanto la gente a su alrededor como extraños de muy lejos conocerán su arte y pasarán por su pequeña casa a comprar sus postales y pinturas.

Sally Hawkins como Maudie es una obra maestra e Ethan Hawke nos sorprende por su interpretación de un personaje tan diferente a lo que nos tiene acostumbradxs. Todos los elementos de producción hacen de este cine minimalista un ejemplo de cómo se puede contar una historia con mínimo de diálogo, gestos casi congelados, cámara contemplativa pero también en movimiento para seguir a sus personajes y el relato de una vida relevante como son todos los que nos rodean.

The Big Sick

(director Michael Showalter; productor Judd Apatow; guionistas Emily Gordon y Kumail Nanjiani; cinematógrafo Brian Burgoyne; elenco Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Anupam Kher, Zenobia Shroff, Adeel Akhtar, Bo Burnham, Aidy Bryant, Kurt Braunohler)

Puede que los comediantes ‘stand-up’ sean muy exitosos en sus presentaciones ante un público en vivo o en programas diseñados por ellos en Comedy Central, pero eso no traduce a un largometraje de ficción con una historia que vaya más allá del chiste fácil o de montaje difícil. Aunque con diferentes experiencias pero todos con la base de reírse de la vida, sí lo lograron en Funny People (2009), dirigida por Judd Apatow y protagonizada por Adam Sandler, 50/50 (2011), escrita casi como autobiografía por Will Reiser y Trainwreck (2015), escrita y protagonizada por Amy Schumer y dirigida también por Apatow. En The Big Stick, Kumail Nanjiani es co-guionista y protagonista de una historia que recoge lo que pareciera ser algo inventado en vez de una experiencia de vida.

Prácticamente toda la historia se desarrolla en interiores comenzando con el club donde Kumail hace su rutina junto a sus amigos y compañero de cuarto: Mary, CJ y Chris. Esas improvisaciones ensayadas de los comediantes se miden por la aceptación (muchas risas y especialmente carcajadas) del material presentado. En este caso, alguien del público decide volverse participante: así conoce a Emily. Lo que parece un romance muy interesante y con potencial de desarrollo se torna complicado por las familias de ambos. Kumail es pakistani y musulmán y si quiere continuar con el lazo familiar tiene que seguir las normas culturales, no importa dónde residan. Enamorarse de alguien diferente es un insulto a la familia. A través de la historia Kumail aprende a cómo establecer prioridades y balancear el amor y respeto hacia su familia y la mujer que ama a pesar de su negación. Todo esto sucede en medio de una crisis de salud cuando Emily se enferma seriamente y tienen que inducirle un estado de coma para salvar su vida. Todo esto parece un drama pero lo fabuloso del filme es que la audiencia/espectador estamos riéndonos a carcajadas. Muy de ‘stand-up’ los personajes entran y salen de escena con ‘one-liners’ pero tener a Holly Hunter y Ray Romano como los padres de Emily es darle otra dimensión a esta comedia romántica.

A Ghost Story

(director y guionista David Lowery; cinematógrafo Andrew Droz Palermo; elenco Casey Affleck, Rooney Mara, McColm Cephas, Kenneisha Thompson, Grover Coulson, Liz Franke, Barlow Jacobs, Richard Krause, Dagger Salazar, Sonia Acevedo, Carlos Bermúdez, Yasmina Gutiérrez)

Nuevamente en un estilo minimalista, este filme apenas tiene diálogo y depende casi en su totalidad de la cinematografía: las tomas de los personajes, la presencia del fantasma en su cubierta reconocida, los colores en interiores y exteriores, la escenografía casi desnuda, la distancia establecida entre lugares y presencias. Pero ante todo es una historia de cómo se apropian o no los espacios que ocupamos ya sea por corto o largo tiempo. Cuando conocemos a la pareja que habita la casa, C y M, reconocemos su intimidad pero a la misma vez la distancia que parece rodearles. Las pocas palabras que escuchamos tienen que ver con la casa que habitan y las que habitaron y quedan en su memoria. Cuando la pareja se separa, la casa ya es ajena y observamos cómo se vende o alquila, los nuevos inquilinos y su manera de llenar los espacios tan distinto a sus anteriores moradores. También el tiempo dejará de ser consecutivo y dará saltos hacia el pasado reciente y lejano para luego lanzarse a toda prisa a un futuro donde la casa ya sea irrelevante y sus fantasmas no tengan razón para requedarse.

La narración sin palabras, con imágenes y música, es como un poema silente que sentimos porque nos hace recordar casas no enteramente olvidadas, imaginar el pasado del presente que habitamos y las historias que quedaron flotando entre paredes.