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El Cristo Guerrillero en Guadalupe

A comienzos de 1969 fui abordado por varios compañeros del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico quienes me invitaban a ser parte de una delegación de jóvenes independentistas que viajarían a Cuba durante el verano de ese año para conocer las transformaciones sociales y económicas que se llevaban a cabo en nuestra hermana isla de las Antillas a diez años del inicio de su Revolución.

Éramos dieciocho jóvenes entusiasmados por conocer el país que, habiendo derrotada un a dictadura y enfrentado al imperialismo estadounidense, se proponía instaurar la primera sociedad igualitaria del continente. La mayoría de ellos eran miembros de la Federación de Universitarios Pro Independencia. Hilcia Montañez y yo éramos parte del Movimiento Estudiantil Cristiano, organización desde la cual se comenzaba a repensar el papel del cristianismo en el mundo colonial nuestro al calor de las preocupaciones teológicas de la naciente teología de la liberación. También realizaron el viaje dos bisoños en la triste faena de coartar ideales que la Policía de Puerto Rico había logrado infiltrar en el grupo.

Cuba atravesaba por un período económico difícil y su gobierno había iniciado una campaña dirigida a alcanzar diez millones de toneladas de azúcar, con lo cual se esperaba lograr las divisas para sostener el magno plan de desarrollo social puesto en marcha. Permaneceríamos varias semanas en ese país conociendo el proyecto de desarrollo que el gobierno de Estados Unidos pretendía arruinar. De modo que se trataba de un recorrido por Cuba en un momento clave de su historia.

Nos preparamos para viajar en un barco que saldría del puerto de Halifax, en la provincia canadiense de Nova Scotia. Partimos de San Juan hacia Nueva York y luego nos dirigimos hacia el puerto de Halifax, donde nos esperaba un barco que nos llevaría a Cuba. Sin embargo, fuimos informados que iniciaríamos el viaje en un navío que saldría de Montreal. Recorrimos pues cerca de 1,200 kilómetros de ese país antes de llegar al puerto de la mayor ciudad de la provincia francófona canadiense. Allí nos esperaba la tripulación del Combate de Palma Mocha, cargado de reses adquiridas por el Gobierno de Cuba como parte del proyecto agrícola para cruzar diferentes razas de ganado bovino a fin de producir vacas de alta productividad lechera que fueran asimismo capaces de resistir los embates del trópico.

Casi dos semanas más tarde llegamos al puerto de Mariel, en la provincia de Pinar del Río, a unos 60 kilómetros de La Habana. Desde nuestra residencia en el barrio Miramar de la Habana visitamos innumerables lugares de la capital al inicio de un itinerario que luego nos llevaría a conocer proyectos agrícolas, instituciones educativas y localidades importantes de la historia de Cuba en las diversas provincias a lo largo del extenso territorio de la mayor de las Antillas.

De vuelta a la capital al cabo de un mes en Cuba concluimos nuestro viaje. Nos preparamos para retornar a Puerto Rico partiendo de la ciudad oriental de Santiago en un buque que nos llevaría a la isla de Guadalupe, desde donde abordaríamos el avión de regreso a casa.

Abordamos la nave cargada de cemento que Cuba le vendía a empresas de esa isla para saciar la demanda generada durante el auge de la industria del turismo en las Antillas francesas. En el barco nos acompañaban dos figuras destacadas del movimiento antirracista estadounidense quienes visitaban Cuba con el interés de conocer de cerca la condición de la población afrodescendiente en ese país: Angela Davis y Kendra Alexander.

Durante los días finales de nuestra estancia en Cuba fuimos preparando nuestro equipaje de regreso, que incluía un buen número de cajas repletas de artesanías adquiridas en diversos puntos del país, discos y obsequios que recibimos de muchos cubanos a lo largo del recorrido. También llevábamos ejemplares de la revista Tricontinental, que contenía en su interior un afiche realizado por el artista cubano Alfredo González Rostgaard que representaba a un Jesucristo con halo, y portando un fusil.

El Cristo Guerrillero de Rostgaard

La primera década de la Revolución Cubana vio el nacimiento de una nueva estética revolucionaria que impugnaba el orden vigente en el continente. Alfredo Rostgaard fue uno de sus máximos exponentes de la cartelística cubana que se fue construyendo durante aquellos tiempos, pues fue integrante del equipo de producción gráfica del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) de mediados de los años sesenta y director artístico de dos importantes publicaciones cubanas: la revista Pensamiento Crítico, publicada desde la Universidad de La Habana y la revista Tricontinental, que fue una de las voces centrales de Cuba hacia el mundo. Rostgaard creó buena parte de sus obras más conocidas durante su período en la Tricontinental, como fueron Black Power, en 1968, y Che Radiante en 1969. Ese año también creó la obra Cristo Guerrillero, que recorrería el mundo con su mensaje de repudio a un cristianismo en contubernio con las elites controladoras del poder en los países del continente americano.

Los años sesenta del siglo veinte estuvieron marcados por intensos debates en el seno del cristianismo latinoamericano, estimulados por el Concilio Vaticano II y catapultados por el surgimiento de la teología de la liberación en América Latina. La Revolución Cubana no estuvo ajena a estos eventos, puesto que la institucionalidad cristiana, históricamente enlazada a las esferas del poder desde la colonización, ahora se veía bamboleada por las tensiones teológicas al interior del mundo religioso. En la teología de la liberación se cuajó el mayor desafío, a través de la propuesta de una misión volcada hacia los pobres, con una fuerte crítica al colonialismo y a la explotación capitalista.

El cuadro Rostgaard que traíamos en nuestro equipaje era un homenaje al sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo, quien fue asesinado en 1966, poco después de integrarse al Ejército de Liberación Nacional colombiano. El cartel, de 12×32 pulgadas, fue inspirado en las palabras de Camilo Torres, que resonaron con fuerza en el universo eclesiástico latinoamericano de finales de esos años, “si Cristo viviera hoy, sería guerrillero”.

En Basse Terre, Guadalupe

Luego de varios días en alta mar tocamos las costas de Guadalupe en horas de la mañana. El capitán nos advirtió que los muelles del puerto estaban ocupados, por lo que resultaba necesario adelantar las gestiones de la delegación en la aduana de Basse Terre a fin de garantizar la conexión con los vuelos internacionales que partían desde el aeropuerto de Pointe-à-Pitre. Fuimos descendiendo del barco en pequeños grupos para abordar un pequeño botecillo que nos llevaría al puerto. En la aduana, un oficial francés y blanco abrió una de las cajas y se topó con los números de la revista con la imagen del Cristo Guerrillero. Desencajado, comenzó a repetir frases que mostraban su coraje ante la imagen del Jesucristo combatiente. Nos acusó de violentar las leyes de Francia al introducir una revista de contenido revolucionario. Confiscó nuestros pasaportes y nos llevó a un cuarto cerrado y vacío donde permanecimos intranquilos por varias horas.

Cuando fue informado del suceso, el capitán del buque se comunicó con La Habana. Poco después se presentó en la oficina de aduanas una mujer afrodescendiente, abogada, en elegante traje de hilo y de firme porte, quien de modo pausado nos ofreció disculpas por el inconveniente y nos aseguró que habría de resolver el problema. Horas más tarde nos anunció que había logrado que los oficiales aduaneros autorizaran la salida del país hacia nuestros respectivos destinos. Nos dijo también que realizaba gestiones para que pudiéramos llevar las cajas con nosotros.

Esa tarde la abogada, Madame Gerty Archimède, nos invitó a su casa ubicada en las cercanías del puerto para la despedida. Conversamos y agradecimos su gestión. Antes de nuestra partida, la abogada nos comunicó su argumento central en la controversia con el oficial francés. Era irrazonable, le dijo, que una revista con texto en español, colocada en cajas dirigidas a un destino ulterior, pudiera servir cualquier objetivo político en un país que desconocía esa lengua. Esa noche viajamos hacia el aeropuerto en Pointe-à-Pitre con nuestro equipaje y nuestras cajas. Intentamos dormir en los asientos del aeropuerto hasta el día siguiente, cuando por fin tomamos el vuelo de regreso a San Juan.

Madame Archimède

Hace algunos años, al inicio de una charla que ofrecía en Guadalupe, quise reconocer la hospitalidad de los anfitriones diciéndoles que estaba muy contento por el caluroso recibimiento que me habían brindado, en contraste con el penoso incidente del cual había sido parte durante mi primera visita a su país a finales de los años sesenta. Cuando finalicé mi presentación, varias personas se acercaron a mi para inquirir sobre el suceso que había mencionado al comienzo de mi alocución. Al conocer los pormenores quedaron gratamente sorprendidos porque yo había sido parte de una historia que involucraba a Madame Gerty Archimède, una de las hijas más ilustres de ese país.

Gerty Archimède nació en el poblado de Morne-a-l’eau en 1909. Hija del alcalde del poblado, se interesó en la vida política desde niña, impactada por las desigualdades sociales en la colonia francesa. Militante del Partido Comunista desde muy temprano en su vida, luchó a favor de las comunidades pobres de su país, el respeto y los derechos de las mujeres, los niños y las familias de su tierra. Fue la primer afrodescendiente de Francia en convertirse en abogada, en 1939. En 1946, dos años después de que las mujeres tuvieran el derecho al voto, fue elegida diputada a la Asamblea Nacional francesa, conviertiéndose en la segunda mujer afrodescendiente en ser parte de ese cuerpo.

Michel Bangou, quien fue su compañero de luchas, me invitó a visitar el museo erigido en su memoria, localizado en la casa donde ella residió desde 1952 hasta su fallecimiento en 1980. Fue en esta casa, en la calle Maurice Marie-Claire 25, en el centro de Basse-Terre, donde celebramos el final de nuestra detención en el puerto y agradecimos su labor. Viajámos junto con mi esposa y la socióloga Sophié Brudey, quien había escrito su tesis doctoral sobre las relaciones entre Guadalupe y Cuba, en uno de cuyos capítulos discutía el episodio ocurrido en la aduana en 1969.

En el Museo conversamos con su director, Guy Bernos, quien era también presidente del Círculo Gerty Archimède, organización desde la cual se llevaban a cabo actividades relacionadas con los temas centrales en la agenda de vida de esta distinguida hija del Caribe. Junto a él recorrimos la sala deteniéndonos en sus módulos para conocer los pormenores de la vida de una mujer consagrada a los objetivos más elevados del ser humano, quien ha sido catalogada en su país de “abogada de los desheredados”. No hay imágenes del suceso de 1969; solo una foto de Angela Davis, quien mantuvo el vinculo con Madame Archimède a lo largo de los años. En nuestra conversación intenté llenar algunos vacíos que me parecían importantes, entre ellos el motivo de nuestro viaje a Cuba y el trasfondo histórico de la imagen de Rostgaard, que había encrespado al personero del colonialismo francés en el Caribe.

De regreso a Puerto Rico escarbé en el caudal de documentos que guardo de aquellos años, hasta encontrar varios documentos valiosos, entre ellos una fotografía del momento en el que conversan Madame Archimède, Angela Davis y Kendra Alexander. Les envié mensajes a Michel y a Sophie informando mi descubrimiento con una nota que lee, “Pienso que esta es la única foto que existe de ese suceso histórico”

Topografía: Vanessa Droz / haijin boricua

En 2016, Vanessa Droz añadió a su trayectoria poética un libro inspirado en la tradición del haikú. Publicado por el ICP, bajo la dirección editorial de Ángel Antonio Ruiz Laboy, edición de Carmen Rodríguez Marín y diseño de Edder González Palacios, Bambú y otros horizontes es un libro único en nuestra poesía por tres razones. La primera: la poeta se inspira en la cultura japonesa (de fundamentos no judeocristianos), la segunda, que se arriesga en la práctica de una composición muy particular y difícil que une la sencillez y la profundidad. La tercera es una consecuencia de lo anterior: la poeta le recuerda a la tradición puertorriqueña lo poético-esencial que solo se revela en la brevedad.

Como es sabido, el haikú, de origen japonés, es un texto breve de 17 sílabas que trabaja, entre otros, los temas del encuentro con la naturaleza, el tiempo, las estaciones, la fugacidad y, a la vez, la concentración o sensación de lo eterno en el instante pasajero. Aunque su composición consta de tres versos de 5-7-5 sílabas respectivamente, no siempre es así. Su verdad puede aparecer en un solo verso. Tampoco la rima es obligatoria, en la lengua japonesa se prescinde de ella.

Vicente Haya, traductor y exégeta, nos confirma que el haikú no es solo una experiencia estética, es un encuentro con la realidad: “El haiku es un modo extraordinario de entrar en la realidad que nos soporta; de vivir la existencia por dentro.” (El haiku como camino espiritual, 2007). ¿Es necesario añadir que tal encuentro también es una forma de “espiritualidad”?

¿Pero cómo es o debe ser ese encuentro?

Sin descartar los otros sentidos, la mirada y la atención a la naturaleza son esenciales para el haikú. Mirar es un estado de alerta y de comunión con lo real inmediato.

Entonces, ¿qué mira Droz y cuáles son las consecuencias?

Examinemos cuatro composiciones de la sección “Del bambú” donde la voz del haikú contempla el mundo con conciencia de sí misma a través de los temas del arte, el tiempo y la fe.

Concepto:

“Es japonesa / la espiga del bambú / en mi cabeza.”

La voz está consciente del origen lejano de su empresa poética, sabe que su medio de expresión proviene de remotas regiones y que ha sido transplantado a suelo o a mente boricua. La espiga es inflorescencia japonesa, no así la poeta. Sobre esa primera espiga o haikú, sobre esa cabeza o de ella, fructificarán los siguientes.

Aquí ya identificamos dos actos de autoafirmación de la poeta con respecto a la tradición japonesa: 1. El poema declara que es invención mental del sujeto que habla; 2. el hablante no se esconde, su presencia se manifiesta en la gramática a través del adjetivo posesivo “mi”.

La voz toma posesión de la lejana espiga, la hace suya. La espiga podría equipararse con el poema mismo. La composición del haikú se supone que sea horizonte ajeno a la poeta, sin embargo, la autora parece sugerirnos que le asiste el derecho a la verdad de la experiencia poética que deberá ser universal si ha de ser válida.

Es decir, si bien el haikú es japonés, aquí sale de la cabeza de una puertorriqueña. A partir de ese comienzo los lectores deberán leer no solo con atención sino con la conciencia de la libertad de la poeta.

Reloj I

“Tiemblan las hojas / del borroso bambú. / Marcan las horas.”

La imagen visual nace de una experiencia única, exclusiva del yo o haijin que mira. El viento mueve las hojas del bambú. Luego, (ese efecto visual) produce la idea, la interpretación en la mente del observador. El temblor de las hojas del bambú le sugiere al yo la idea del paso del tiempo. Pero ese tiempo es borroso, es decir, indefinido, impreciso. ¿No será acaso la negación del transcurso del tiempo? ¿O su desaceleración, ralentización en virtud, justamente, de una especie de “éxtasis” de la mirada? ¿Cómo se pueden marcar “horas” que son “borrosas”? ¿Qué tiempo es ese? ¿En qué tiempo estamos? La concentración en el instante efímero nos hace sentir o intensificar nuestra conciencia del tiempo y, a la vez, de una especie de no-tiempo.

Cerca del cielo II

La arista gris / funda la catedral / en la que yazgo.

El adjetivo “gris” le resta color, verdor, vida al sustantivo “arista”. Las nociones de fe, espiritualidad etc. se manifiestan en la palabra “catedral” y se hace presente el yo de forma explícita. Justa e irónicamente, esa arista gris, color ceniza, es el fundamento de la catedral donde está o yace el hablante.

El lugar que por tradición del lenguaje cristiano es la “casa de Dios” aquí, en el haikú, se transforma. Independientemente de la existencia de una imagen con la estructura de una catedral, la asociación con la idea de lo sagrado o de la religión es evidente.

Tal vez se trate o de la pérdida de la fe tradicional o de la propuesta de otro tipo de fe o trascendencia. ¿Una catedral fundada en la arista gris? ¿Una “catedral de ceniza”? ¿La experiencia del instante en toda su impermanencia, fragilidad, belleza e intensidad? La haijin (persona que escribe haikús) siente que está en su sitio al estar en ese instante-lugar tan único.

Templadura

El bambú tiembla / Por los haikús que escribo. / Piensa que finjo.

Parece que la reacción del bambú ante los haikús es temblar de indignación o insatisfacción. La posibilidad de engaño por parte de la voz provocaría tal reacción en el bambú. La voz dice que el bambú cree que ella finge. ¿Pero qué significa aquí el fingir y qué consecuencias acarrea? La “ficción” o “falsedad” de la voz podría ser un acto censurable por parte del bambú. ¿La exigencia ética y estética del bambú sería la sinceridad, la transparencia entre él y la palabra que lo nombra?¿Es decir, la retórica, la voluntad de estilo o de un efecto estético más allá de lo que ofrece el objeto mismo de la palabra, en este caso el bambú, sería un proceder incorrecto? En esta composición, la haijin, se expone al veredicto de los lectores. Nos muestra con ironía la autoconciencia de su arte. Está consciente de escribir poesía (género artístico) utilizando una forma que tiene una relación conflictiva con “lo estético” pues el haikú también propone una relación espiritual con la realidad. No es casualidad que este sea el último poema de la sección. Es un gesto de entrega a la audiencia y de espera por su veredicto.

El haikú es experiencia espiritual y, a la vez, forma artística. La reflexión sobre las correspondencias o fricciones entre ambas dimensiones es legítima.

Droz, conocedora de la literatura puertorriqueña, nos recuerda que si bien los poemas están hechos de lenguaje, la poesía es mucho más y, que, por lo tanto, se precisan otros caminos ante el “retoricismo” o el exceso de palabras y pseudo experiencias poéticas de nuestra tradición. Ella nos propone la vía del haijin que es el haikú (y, acaso, otras prácticas análogas). Es un sendero fecundo que vale la pena recorrer, y ella lo hace con gracia.

Repito: Bambú y otros horizontes es un libro único. Lo bueno si breve . . . Arigato, Vanessa Droz.

Les dejo una pregunta

Cómo serían de snobs en Cambridge que se jactaban de que sus premios Nobel en ciencias (físicos, químicos, biólogos, médicos) practicaran también la excelencia en una actividad paralela, amateur: el químico Haldane escribía con más sapiencia inigualada sobre religiones comparadas, el físico Bronowski era una autoridad en poetas románticos, el legendario JD Bernal sabía más que nadie en el mundo sobre arte iraní. El bioquímico Joseph Needham parecía calzar justo en el perfil: tenía futuro de Nobel a los 36 años, había logrado darle a su campo de investigación (la embriología) una importancia cada vez más central en el concierto de las ciencias, junto a su esposa y compañera de investigación Dorothy, con la que formaba el único matrimonio en el que ambos cónyuges eran miembros de la Real Sociedad de Ciencias. Needham había huido de chico del explosivo matrimonio de sus padres, que lo usaban a él como campo de batalla. Hasta se cambió el nombre cuando empezó su vida en Cambridge (lo habían bautizado Noel Joseph Terence, el padre le decía Terence, la madre le decía Noel, él eligió llamarse Joseph cuando logró huir de ellos). Cambridge podía tolerar bien las aficiones del joven Needham por el nudismo, el marxismo, el acordeón y las danzas medievales, pero quedó boquiabierto cuando él decidió abandonar la bioquímica para dedicar los cincuenta años que le quedaban de vida al estudio de la China.

Todo empezó con un grupo de tres estudiantes chinos que se incorporó a sus clases, antes del comienzo de la Segunda Guerra. Asombrado por la manera en que entendían mucho más claramente que sus pares occidentales lo que él explicaba, Needham le pidió a una de ellos, llamada Lu Gwei-Djen, que le enseñara la suficiente caligrafía para poder leer en chino. “Pasar de las fórmulas químicas a los cristalinos caligramas chinos fue como sumergirse en un río de montaña en un día de mucho calor”, escribió años después. En medio de la guerra, Needham logró viajar con una delegación de científicos europeos en misión de buena voluntad a China. Los invasores japoneses estaban destruyendo las bibliotecas de cada ciudad china que tomaban; había que salvar como fuera aquellos tesoros de saber ancestral. El resto de la comitiva estuvo tres meses y se volvió; él se quedó seis años recorriendo a lomo de burro el país entero, internándose en sus bibliotecas y escuelas y templos, desde las junglas de Birmania al desierto de Gobi. Volvió al final de la Segunda Guerra, con una montaña de libros y testimonios, que se centuplicó en los años siguientes, a través de la correspondencia que estableció con estudiosos chinos y extranjeros de todo el mundo enamorados como él de la China.

El ingenuo propósito inicial de Needham era “escribir a mi regreso un breve opúsculo que explicara por qué la ciencia moderna no se originó en China sino en Europa, habiendo los chinos inventado todo antes”. El breve opúsculo se convirtió, para la consternación y luego para el orgullo de Cambridge, en una obra de dieciocho volúmenes de mil páginas cada uno, que Needham fue escribiendo a lo largo de los cuarenta años siguientes, los primeros veinte solo, luego con un equipo de ayudantes y por fin con una institución entera: el Instituto Needham de Sinología, creado especialmente para él por Cambridge cuando resultó evidente (según palabras de uno de los popes del claustro universitario que no le tenía la menor simpatía) que “la historia de la ciencia y la civilización que está haciendo Needham es seguramente el más imponente trabajo de síntesis histórica y comunicación intercultural jamás intentado por un solo hombre”.

Puestos uno al lado del otro, los tomos de Ciencia y Civilización en China ocupan un estante de seis metros de longitud. La demencial obra de Needham reúne, explica e interpreta todos los logros que, a lo largo de tres mil años, alcanzaron los chinos en la matemática, la astronomía, la física, la química, la geología, la zoología, la botánica, la hidráulica, la metalurgia, la ciencia marítima y textil, la higiene y la medicina. Lo fascinante del asunto (por si las demenciales proporciones del asunto no fueran suficientes) es que Needham inventó una manera única de usar las notas al pie de página, para compartir las perlas que descubría como lector. “Era un virtuoso de la cita”, dijo de él Eric Hobsbawm. Según Simon Leys, la sola lectura de las notas a pie de página de Needham ofrecen una educación integral completa. Sus derivas y asociaciones son asombrosas, iluminatorias. Borges y Bioy lo definieron como un Mil y Una Noches chino y saquearon sin empacho sus páginas para inventar escritores orientales imaginarios, en las antologías de literatura fantástica que hacían para “distraerse del oprobio” en los años peronistas (¿estarían contentos hoy?). George Steiner lo compara con Proust: según él, Needham no sólo rescató del pasado y reconstruyó un mundo entero ante nuestros ojos sino que, como Proust, lo hizo por amor a una persona. En el caso de Proust, el Albert camuflado de Albertine en su libro. En el caso de Needham, aquella joven llamada Lu Gwei-Djen que le enseñó los seis mil caracteres de mandarín que hacían falta para comprender un texto en chino.

Needham conformó un ménage-à-trois increíblemente armónico con su esposa y con Lu Gwei-Djen, que se prolongó hasta la muerte de Dorothy en 1987 (durante todo ese tiempo, Dorothy continuó las investigaciones de Needham en bioquímica y Lu Gwei-Djen fue su mano derecha en la monumental obra sobre China). El secreto de tan asombroso logro suele adjudicarse a la empatía de Needham con el concepto chino de ying y yang, pero Dorothy decía que su marido ya entendía la cuestión no sólo desde sus días como científico, cuando buscó en la embriología el punto de encuentro, el fin de las disputas, entre biólogos y químicos, sino desde mucho antes: en aquellos turbulentos años iniciales en que era prenda y víctima de la polaridad entre sus padres. Según Dorothy, Needham buscó toda su vida eso que los chinos bautizaron “la democrática dualidad de la vida”.

El rechazo a los opuestos, la fascinación con los complementarios, puede verse en casi todas las facetas de Needham. Mantuvo hasta el fin su credo marxista, y volvió comunistas a muchos de sus colegas, pero él no se afilió nunca al partido. Al mismo tiempo asistió a la iglesia anglicana todos los domingos de su vida, pero desde aquel viaje a China prefirió evitar el oficio religioso e ir cuando la iglesia estaba vacía. Llevaba años ya sumergido en su libro sobre China cuando aceptó escribir la introducción a una magna obra científica conjunta titulada La Química de la Vida, y allí les recordó a sus colegas que el atávico concepto de aliento vital era a fin de cuentas una manifestación de protofisiología neumática y que la invención del Benedictine y otros licores monásticos habían sido consecuencia de los afanes alquimistas por llegar a la esencia a través de la destilación.

Dorothy murió en 1987. Luego de dos años, Needham se casó con Lu Gwei-Djen. La novia tenía ochenta y cinco el día de la boda y murió dos años más tarde. Pero Needham, asombrosamente, siguió trabajando. Creía que, si llegaba hasta los ciento siete, podría terminar la tarea. Dos días antes de su muerte, a los noventa y cinco, estaba trabajando en el escritorio de su instituto. Cuando le cuestionaban haberse pasado cincuenta años escribiendo un libro que superaba los tres millones de palabras sin haber logrado nunca contestar aquella pregunta inicial, hoy conocida como La Pregunta Needham (“¿Por qué se estancó China, después de inventar todo antes que Occidente?”), él se limitaba a mostrar los dientes en una sonrisa amarilla de viejo chino y contestaba, con impecable pronunciación cambridgeana: “No me disgustaría ser recordado por una pregunta”

El autor es escritor, tradcutor y fundador del suplemento Radar de Pagina 12. Ahora escribe cuando puede y quiere. Reproducido de www.pagina12.com.ar

Crucigrama: Eusebio Leal

Horizontales

1. Ropajes.

5. La _____ sobre el espejo; libro de Leal sobre la historia y la cultura cubana publicado en 2004.

7. _____; libro de Leal publicado en 1994 en el recuerda su niñez, reconstruyendo toda una época de la vida cubana.

9. Querencia.

10. Mugido.

11. Licor antillano.

12. Veinticuatro horas.

14. Hijo _____ mi tiempo; libro de Leal en el que recoge sus discursos, intervenciones, conferencias, entrevistas y prólogos, fechados entre los años 2009 y 2013.

15. De esta manera.

16. Símbolo del indio, elemento químico.

17. Que no se aparta de lo tradicional, fem.

19. Saludo hecho mediante disparo con armas de fuego.

22. Nasa.

23. Utensilio pequeño que protege el dedo al coser.

26. Ante Meridiano.

27. Convenir, acordar, determinar.

28. Conozco.

29. A nivel.

31. Especie de lechuza grande.

32. _____ I; faraón de la dinastía XIII de Egipto.

33. Engaño, fraude, simulación.

35. Eusebio _____ Spengler; Doctor en Ciencias Históricas y Maestro en Ciencias Arqueológicas, Historiador de la Ciudad de La Habana y director del Programa de Restauración del Patrimonio de la Humanidad. Autor de Fiñes, Carlos Manuel de Céspedes: El diario perdido, Aeterna Sapientia, Poesía y palabra (I y II), Fundada esperanza y Patria amada.

37. Detén el _____, caminante… La Habana Vieja; libro de Leal publicado en 1986.

40. _____ Santamaría; héroe cubano que participó en el asalto al cuartel Moncada donde fue hecho prisionero, torturado y asesinado.

42. Olla de metal, con tapadera ajustada y una o dos asas.

44. Quiere.

45. Forma de pronombre.

46. Antes de Cristo.

47. Impar.

48. Reza.

50. Agarradera.

52. _____ Leal Spengler; autor de Regresar en el tiempo, La luz sobre el espejo y Para no olvidar. Ha recibido innumerables distinciones y premios, entre ellos, Premio “Reina Sofía 2007” de Restauración y Conservación del Patrimonio Cultural, Premio “Sebetia Ter 2007” en la categoría de arquitectura, galardón que otorga el Instituto de Cultura y Artes de Nápoles, Italia y el Premio Olaguíbel 2008, otorgado por la Delegación en Álava del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

55. _____ Sapientia; libro de Leal publicado en 2015.

56. Perteneciente o relativo a la aorta.

Verticales

1. _____ en el tiempo; libro de Leal publicado en 1986 y reeditado en 1995.

2. _____ no olvidar; de Eusebio Leal Spengler, Ediciones Boloña, La Habana, Libro Primero publicado en 2001, y Libro Segundo, 2006.

3. Dueños.

4. Perteneciente o relativo al sonido, fem. pl.

6. Junté.

7. _____ esperanza; libro de Leal publicado en 2003.

8. Eusebio Leal _____; debido a su conocimiento ha recorrido el mundo brindando conferencias en universidades u organizaciones y realizando trabajos en países, por ejemplo: Puerto Rico, Austria, Alemania, España, Argentina, EE. UU., República Checa, Italia e Inglaterra.

12. Carlos Manuel de Céspedes: El _____ perdido; libro de Leal de 1998, quinta edición, corregida y aumentada con documentos inéditos y nuevos textos de referencia, de una obra aparecida por vez primera, en España, en 1992.

13. Frecuente, puntual, perseverante.

14. Doné.

18. 11 de _____ de 1942; nacimiento en La Habana de Eusebio Leal.

20. Patria _____; libro de Leal publicado en 2005.

21. Mira, observa.

24. Terminación verbal.

25. Del verbo asolar.

30. Socorro, siglas en Morse.

32. Andar… La _____; libro de Leal de 1996 que reúne fascinantes imágenes del Centro Histórico de la capital cubana.

34. Artículo neutro.

36. Interjección.

37. _____ y palabra (tomos I y II); obra de Leal.

38. Pero.

39. Amarra.

41. Que tiene pelusa o vello.

42. Triturar.

43. Intérprete, artista.

48. Se atreve.

49. Ciudad de Nigeria.

51. Símbolo del platino.

53. Algún.

54. Luna del planeta Júpiter, descubierta por Galileo.

Desde los pobres, Iglesia para todos

En diversos países de América Latina, el gobierno imperial de Estados Unidos continúa financiando los golpes nuestros de cada día.

Hace 50 años, varios países del continente sufrían dictaduras militares. La novedad fue que en aquel 68, los obispos católicos de América Latina y el Caribe se reunieron en Medellín (Colombia) para su segunda conferencia general. La conferencia de Medellín ocurrió del 24 de agosto al 6 de septiembre de 1968. El papa Pablo VI abrió la conferencia que tuvo como tema: “La misión de la Iglesia en el proceso de transformación social y política de América Latina”. Dos obispos brasileños, Helder Camara y Pedro Casaldáliga afirmaron: “Para América Latina, Medellín fue un verdadero Pentecostés”. Significó el nacimiento de una Iglesia Católica con cara latinoamericana. El propio tema dejaba claro: la misión de la Iglesia no es sólo religiosa, ni principalmente cultual. Es testimoniar y ensayar en el mundo el reino de Dios, eso es, el proyecto divino de justicia y de paz.

Entre afirmaciones y propuestas importantes, en Medellín, los obispos concluyeron que la Iglesia debe ser pobre, misionera y pascual, es decir, como dice el papa Francisco “en salida”. Su misión es servir como liberadora “de toda la humanidad y de cada ser humano “ (Cf. Conclusiones de Medellín, 5, 15). Desde Medellín, surgió un nuevo modo de ser Iglesia, que se expresó en las comunidades eclesiales de base, pastorales sociales y en la inserción de las Iglesias en los procesos de liberación.

De 1968 para acá, el mundo cambió mucho. El imperio norteamericano logró invadir varios países. Provocó varias guerras, vendió y usó sus armas. Mató muchos pobres, africanos, asiáticos y latinoamericanos. En cuanto a la Iglesia Católica, ella sobrevive a crisis y escándalos de diversos tipos. Sin embargo, la traición más seria de muchos eclesiásticos no es en materia de moral sexual. Es cuestión de humanidad. Es el autoritarismo que está por detrás del corporativismo que oculta crímenes. Ese problema del poder revela una desviación más profunda y radical: el alejamiento del camino del evangelio. Ahora, en ese aniversario de 50 años de Medellín y en medio de las crisis por las cuales pasa la Iglesia, los cristianos y cristianas son llamados a “oír lo que el Espíritu dice hoy a las Iglesias” y “volver a su primer amor” (Ap 2) 5-7). En la Biblia, el primer amor del pueblo fue el Éxodo, donde Dios si dio a conocer íntimamente. El hizo su alianza con la humanidad, en medio del camino de la liberación de los oprimidos. Es necesario volver a esa mística liberadora.