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Será otra cosa: San Juan Mall

Los nuevos vientos son fuertes

y las hojas secas en el aire no nos dejan ver bien

los tiempos irán cambiando

fíjate.

(José L. Gil De Lamadrid, Antillano)

Mi madre, Teté, llegó a la jipería en los sesenta como llegaba a cualquier otra cosa: siguiendo a su hermano José.  José, por su parte, también llegó a la jipería como llegaba a cualquier otra cosa: siguiendo a la música.

Cuando Teté era adolescente, odiaba su vida y su casa, y se sentía cómoda y hasta (casi) feliz solamente en la compañía y bajo la protección de su hermano. José era el más joven de los dos, pero era el líder en todo. Ambos cantaban y tocaban la guitarra, pero para Teté la música era un pasatiempo, mientras que para José fue, desde muy temprano, una vocación. Además de tocar la guitarra muy bien, componía canciones y tocaba otros instrumentos. Teté era tímida, mientras que José era simpático, risueño, gregario, algo egoísta, firme creyente en su derecho a la libertad y en la música.  En todo caso, Teté seguía a José y en su compañía desaparecía su timidez: Cuando andaba con él y sus amigos, dice,  me sentía libre y segura, podía esnuarme, podía cantar, podía tirarme peos, podía coquetear, no me importaba nada porque estaba con José y nada iba a pasarme.

Mi tío agarró la guitarra muy pequeño y aprendió a tocarla sin ayuda. A los diez años comenzó a componer sus propias canciones.

Teté me describe esta escena en una llamada telefónica:

—Fue la primera vez que cantó para toda la familia…Nos sentamos en la sala a escucharlo. La canción decía así:

Hey young sailor

Pick up your bags and go

Hey young sailor

Time to say goodbye to love

Cuando termina de cantar la estrofa, Teté está llorando.

—–

Yo estaba ya viviendo lejos de mi madre, en otra parte, con otra gente, cuando José murió.  Poco después, Teté estaba viviendo en la calle, ahora no simplemente pobre, sino homeless, “deambulante”. La muerte de José la afectó mucho, me contaron sus primos. Fue a partir de ahí que empezó a vivir, dicen, “debajo de los puentes.”

Me contaron también que José sufrió, que tuvo una agonía horrible antes de morir. Estaba visitando a alguien en un edificio casi completamente abandonado, de esos edificios semi-desahuciados tan comunes en nuestra isla, y cayó en el agujero vacío donde alguna vez hubo un elevador. No había aviso, cordel, o letrero: sí había un botón flechado que se encendió, anaranjado, al apretarlo, y una puerta que se abrió, así convocada. José entró, distraído, desprevenido, sin mirar. Pasó mucho rato esperando ayuda, tratando de agarrarse del cable, antes de caer al vacío.

Ya en el hospital, pasó otro buen rato desangrándose en la sala de emergencia: los empleados esperando evidencia de seguro o capacidad de pago (no los había); José esperando atención médica (no la recibió).

Hoy el edificio del elevador hueco ha sido derruido, y en su lugar se erige el nuevo Mall of San Juan, un centro comercial de lujo con tiendas como Sacks Fifth Avenue y Jimmy Choo.  Un centro comercial pensado no para los puertorriqueños (la mitad de la isla vive bajo el nivel de pobreza), sino para los turistas ricos que nos visitan (a las tiendas, no a nosotros) desde los cruceros.

Mall of San Juan. Hace poco me compré allí un par de zapatos, en un Nordstrom con más empleados que clientes, y pensé en José.

Los pocos visitantes paseaban por los pasillos lentamente, admirando los escaparates como quien admira a Flaming June o El Velorio en un museo. Había ascensores –enormes, blancos, vacíos, como el mall mismo– pero tomé, tomamos, las escaleras. No vi turistas ricos comprando. Una sola mujer, cincuentona, vestida de hilo color melocotón, malhumorada, compraba zapatos cerca de mí. Trataba groseramente, en un español afectado pero puertorriqueño, a los tres empleados, muy jóvenes, que se afanaban por complacerla.

Hay algo ahí, en esto del Mall of San Juan borrando, encubriendo, el paisaje donde mi tío agonizó. Hay algo ahí de horrenda poesía, pero no sé lo que es.

El oro encabezó una gran semana del deporte boricua

La victoria de la medalla de oro del equipo femenino de baloncesto en el torneo Centrobasket realizado la semana pasada en la cuidad de Manatí fue sin duda el momento de mayor satisfacción para el deporte puertorriqueño, en una semana donde un número significativo de boricuas se destacaron en diferentes disciplinas. Además del baloncesto, la semana incluyó un nuevo campeón de boxeo, actuaciones de gran nivel de nuestro equipo de Pequeñas Ligas en el béisbol, también del Equipo Femenino de Béisbol y grandes actuaciones de nuestras primeras raquetas Mónica Puig y Adriana Díaz, en el tenis de campo y de mesa, respectivamente.

Imbatible el Femenino en Manatí

El Equipo de Baloncesto Femenino de Puerto Rico se presentó en el pueblo de Manatí con el propósito de sacarse la espinita de la medalla de bronce de Barranquilla e intentando ganar su primera medalla a nivel de Centrobasket desde el 2010. El equipo, que se prepara para su primera participación en un Mundial de baloncesto, fue mejorando con cada juego y, tras un apretado partido contra México, en la primera ronda le pasaron la aplanadora a los equipos de República Dominicana y Cuba para alzarse con el oro. En el caso de Cuba (a quien le ganaron por 29 puntos) las boricuas nunca las habían vencido a nivel de Centrobasket y la contundente victoria es la primera derrota de las cubanas en esta competencia desde 1991.

Determinante Jennifer O’Neill

La llegada al equipo de la armadora boricua Jennifer O’Neill parece haberle dado una estabilidad al equipo que se ha ido acoplando con el pasar de las semanas. O’Neill, quien fue la jugadora más valiosa del torneo, fue determinante tanto en las victorias sobre México, como ante las cubanas, a quienes les echó 34 puntos en el juego final. Aunque están en un grupo sumamente duro, no me cabe duda que este grupo dará candela en el Mundial de septiembre en Tenerife (que comienza el 22 de septiembre y será transmitido por WAPA 2). El baloncesto femenino pasa por un gran momento.

Pedraza se coronó campeón mundial

Otro momento que llenó de júbilo a la fanaticada boricua ocurrió el sábado cuando el puertorriqueño José Pedraza se convirtió en campeón de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) de las 135 libras al vencer al mexicano Raymundo Beltrán en un gran combate realizado en Arizona. Pedraza demostró su superioridad, y en una pelea cerrada tuvo unos dos últimos asaltos espectaculares, enviando a la lona a Beltrán en el 11 y dándole una golpiza en el 12, para no dejar dudas del ganador del combate y obtener la victoria por decisión unánime de 117-110 en dos tarjetas y 115-112 en la otra. Esto lo convirtió en campeón en una segunda división, pues ya había sido monarca de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) en las 130 libras.

Se espera que con este resultado, Pedraza regrese el 1ro. de diciembre en un combate unificador contra el mejor libra por libra, el ucraniano Vasyl Lomanchencho en Los Ángeles.

Impresionan Mónica y Adriana

En la disciplina de tenis de campo, la puertorriqueña Mónica Puig obtuvo su mejor semana del 2018 al adelantar a las semifinales del abierto de Connecticut (mejor conocido como Pilot Penn Open).

Mónica ganó seis encuentros (tres de cualificación y tres de Main Draw) y logró subir 17 espacios en el ranking mundial, de la 72 a la 55, pero desgraciadamente tuvo que retirarse de su partido semifinal con una lesión abdominal.

Al momento en que este escrito sale publicado, se espera que Mónica esté lo suficientemente recuperada para estar participando en el US Open último torneo de Grand Slam de la temporada que comenzó el pasado lunes.

Adriana Díaz, demostró que su juego sigue en ascenso, al llegar entre las últimas 8 del abierto de República Checa, obteniendo victoria sobre las europeas Sofía Polancova (#17 del mundo) y la sueca Matilde Elhkhom (#28 del mundo). Cabe destacar que este era un torneo de nivel olímpico y que la boricua vendió caro su derrota de cuartos de final cuando cayó en seis sets contra la japonesa Kasumi Ishikawa, 4ta. del mundo y primera clasificada del torneo.

También lucimos bien en béisbol

Por último, no podemos cerrar este escrito sin mencionar la destacada actuación del equipo de Pequeñas Ligas boricua y el femenino adulto de esa disciplina, que se encuentran actualmente en su campeonato mundial en Florida.

En cuanto al equipo de Pequeñas Ligas, los boricuas jugaron para tres victorias y dos derrotas, obteniendo triunfos sobre Canadá, Australia y Panamá. Mientras tanto, cayeron derrotados frente a los poderosos equipos de Corea y Japón en juegos dramáticos y se agenciaron la tercera posición de la división internacional, lo que representa nuestro mejor desempeño en la historia del torneo.

Mientras, el Equipo Femenino de Béisbol Adulto, al momento de este escrito marcha con marca de 3-1, pues tras ser vapuleados por Estados Unidos ha obtenido victorias sobre China, Taipéi, Holanda y Corea, colocándose a una victoria sobre Venezuela para pasar a una segunda ronda, donde estarán los mejores 6 equipos del mundo.

Víctor Pellot Power: Recordando una hazaña del 1958, hace 60 años atrás…

Por David Karpinski

El 14 de agosto del 1958, Victor Pellot Power se convirtió en el undécimo jugador en la historia de las Grandes Ligas en robarse el plato (home) dos veces en un juego. Esa hazaña no se ha logrado desde entonces. Sorprendentemente, esos dos robos representaron el 67 por ciento de su total de bases robadas para la temporada.

Como ocurrió ese logro. Aquí está la historia.
En un juego en que los Tigres del Detroit visitaban a los Indios del Cleveland, el partido de encontraba 7-4 en favor del Detroit. En esa octava entrada, los Indios anotaron 5 carreras para asumir la delantera. Rocky Colavito (RF) comenzó la entrada con su segundo jonrón del juego (su 26 ° de la temporada). Luego, el bateador emergente Gary Geiger, bateando por Woodie Held (SS) logró envasarse por base por bolas.  El siguiente bateador fue otro emergente, Vic Wertz, quien bateaba por el lanzador Morrie Martin. Wertz empató el juego a 7 con un cuadrangular de dos carreras.
El dirigente de los Tigres decidió traer a Bill Fischer en sustitución del lanzador Tom Morgan. Bobby Ávila de los Indios se embasó por error de Gail Harris (1B) de los Tigres. Entonces Mickey Vernon se sacrificó, adelantando Ávila a la segunda base desde donde anotó por sencillo de Pellot Power. Una pifia del receptor de Detroit, Charlie Lau, permitió a Pellot adelantar a la 2nda base y rápidamente, el astuto Pellot, llegó a la 3ra base aprovechando un lanzamiento descontrolado del lanzador Fischer. Victor Pellot no permaneció mucho tiempo en la 3ra y luego de un corto bombo al jardín central del receptor Russ Nixon para el 2ndo out, se robó el plato para ampliar la ventaja a 9-7. Luego, Minnie Minoso (LF) fue golpeado por un lanzamiento y se robó la 2nda base antes de que Larry Doby (CF) fuera el 3er out con un bombo para finalizar la angustiosa entrada para los Tigres.

El bullpen de los Indios, sin embargo, no pudo mantener la ventaja de dos carreras, y los Tigres empataron en la parte alta de la novena entrada. Eso abrió la puerta al histórico segundo robo del “home” de Víctor Pellot Power, que llegó al final de la décima entrada, con las bases llenas, dos outs y con uno de los bateadores más confiables de la Liga Americana, Rocky Colavito, con 74 carreras impulsadas en la temporada, en el plato.
Así fue como transcurrió la décima entrada. Mickey Vernon, con una rola al cuadro, fue el 1er out. Luego, Pellot conectó un sencillo a la derecha (su tercer hit del día, elevando su promedio a .319). Nixon siguió con otro sencillo, llegando Pellot a segunda. Miñoso bateó por el campo corto en lo que parecía una fácil doble jugada, pero Miñoso llegó quieto a la 1ra después de que Nixon fue out forzado en la 2nda base. Con  Pellot en la tercera base y Miñoso en la primera, Larry Doby fue embasado intencionalmente, llenándose las bases. Entonces vino a batear Rocky Colavito. En los primeros 3 lanzamientos a Colavito, Pellot amenazaba con robarse el “home” adelantando peligrosamente entre la 3ra y el plato, regresando rápidamente a la 3ra para evitar ser puesto out. En el cuarto lanzamiento al extraordinario bateador Colavito, Pellot una vez más salió rápidamente hacia el “home” pero esta vez no se detuvo, deslizándose y llegando quieto. De esa manera llevó su nombre a la historia del Beisbol y permitió a su equipo ganar, tan dramáticamente  un juego de tantas alternativas.

Pellot Power, dicho sea de paso, no era un candidato probable para robarse el “home”  dos veces en un juego. Al entrar en esa fecha del 14 de agosto, el tenía exactamente una base robada en toda la temporada, y no volvió a robarse ni una sola base (después de los dos robos del “home”) en esa campaña.
El hecho es, que era mucho más probable que Pellot pudiera derrotar al equipo contrario con su guante (siete Guantes de Oro) o con su bate (promedio de carrera de .284) que con sus piernas. En doce temporadas de Grandes Ligas, Power se robó solo 45 bases (y fue atrapado 35 veces). 

Fue un cuatro veces All Star, que acumuló 1.716 hits, anotó 765 carreras y empujó  658.

Nota: 
Tuve la suerte de ver al extravagante Pellot Power a menudo durante sus dos temporadas con los Minnesota Twins (1962-63), cuando bateó .280, con 26 jonrones y 115 carreras impulsadas, e impresionó con su característico estilo  suave y llamativo donde, con su mascota, lograba capturar, elegantemente, todo los lances de sus compañeros y todas las bolas bateadas cerca de él, con una sola mano y la forma única de mover el bate en forma de péndulo (con una mano) mientras esperaba que el lanzador.
Otras notas:

Ty Cobb se robó el plato 54 veces lo que constituye un récord de Grandes Ligas. Ademas, posee el récord de ambas ligas con ocho robos del “home”  en una temporada (Tigers, 1912).

Pete Reiser tiene el récord de la Liga Nacional en siete (Dodgers, 1946).
Ha habido 35 robos del “home” para decidir el ganador de un partido. El más reciente fue Marquis Grissom (Indios) en el juego número 3 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana (11 de octubre de 1997).

Una rareza: 

Tanto Lou Gehrig como Babe Ruth tienen marcas en los robos del plato de dos dígitos en sus carreras MLB (15 y 10, respectivamente). 

Los veloces Rickey Henderson, Lou Brock y Maury Wills nunca lo hicieron.

Traducido del Baseball Roundtable por Elio Torresola.

Breves de agosto: Leave No Trace, Mamma Mia! Here We Go again, Sorry to Bother You

Aunque dos títulos me parecen atractivos en la cartelera de las salas de cine—Christopher Robin y Alpha—el resto de la oferta sigue siendo las megaproducciones (Mission Impossible, Ant-Man and the Wasp, The Meg, Mile 22, A.X.L.). Así que esta semana comento un filme que lleva tiempo exhibiéndose y dos que hacen su recorrido en los cines de Fine Arts.

Leave No Trace

(directora Debra Granik; guionistas Debra Granik y Anne Rosellini; cinematógrafo Michael McDonough; elenco Thomasin McKenzie, Ben Foster, Dana Millican Dale Dickey, Susan Chernik, Art Hickman, Jeff Kober, Alyssa Lynn, Ryan Joiner)

Este es el tercer largometraje de la directora Debra Granik quien tiende a espaciar su realización de cine independiente a casi seis años entre cada producción. Pero los resultados son extraordinarios: Down to the Bone de 2004 conquistó el Festival de Sundance y Winter’s Bone de 2010—con una Jennifer Lawrence entonces desconocida—fue ganador nuevamente en Sundance y nominado para el Oscar en cuatro categorías. Leave No Trace debe recibir la misma atención pues está en la misma (y mejor) categoría que las anteriores y del extraordinario Wind River de Taylor Sheridan del año pasado. Y no es tan solo que las historias—relatos mínimos por su encerramiento y soledad—tengan como medio ambiente geográfico lugares apartados, poco poblados o deshabitados y donde (para mi) hace un frío insoportable, sino que con mínimo de diálogo logran captar la esencia de estas mujeres, hombres y adolescentes.

Lo imponente de principio a fin es la grandeza y tupidez de la naturaleza que puede ofrecer protección, proveer los elementos básicos de supervivencia y, a la misma, hacer desaparecer a aquellos que intentan destruirla. Esto es algo que Will reconoce de inmediato cuando decide abandonar los espacios civilizados y adentrarse en el bosque con Tom, su hija de 13 años. Le enseñará los secretos de vivir en espacios abiertos sin ser vistos ni tener necesidad de contacto humano. Pero como seres humanos adaptados a otro medio ambiente, sí habrá libros y conocimiento de todo lo que les rodea y cómo subsistir en cualquier ocasión que se presente. Y quiéralo o no, habrá que conseguir dinero para provisiones a las que los humanos están acostumbrados y que la naturaleza no provee.

En dos momentos serán forzados a compartir en sociedad, aceptar reglas estipuladas por otros a cambio de un techo y comida asegurados y establecer lazos afectivos con extraños. Pero Will ya ha renunciado a lo que su sociedad insiste en ofrecerle como si fuera progreso: ser soldado, herir, matar, bombardear a un enemigo desconocido; regresar a lo conocido para darse cuenta que ya no tiene vínculos con ello; aceptar ser medicado como una manera de reintegrarse a lo familiar; aislarse con la esperanza de encontrar quién es y por qué todavía sigue con vida. Las actuaciones son de primera tanto de los protagonistas, Ben Foster (Hostiles, Hell or High Water) y Thomasin McKenzie (la joven zelandesa) como de los que intervienen con ellos (trabajadora social, proveedor de empleo, educador) o sencillamente los que ya se han convertido en mediadores de la naturaleza.

Mamma Mia! Here We Go again

(director y guionista Ol Parker; autores Richard Curtis, Ol Parker, Catherine Johnson, Judy Cramer; cinematógrafo Robert D. Yeoman; elenco Amanda Seyfried, Lily James, Alexa Davies, Jessica Keenan Wynn, Julie Waters, Christine Baranski, Pierce Brosnan, Colin Firth, Stellan Skarsgård, Andy García, Jeremy Irvine, Hugh Skinner, Josh Dylan, Dominic Cooper, Cher, Meryl Streep)

Aunque al principio pensé que esta secuela tenía muy poco que decir/cantar que no hubiera pasado en la original de 2008, sí me sorprendió que a pesar de llevar más de un mes en cartelera en los cines comerciales, las salas siguen llenas de un público intergeneracional que ríe, canta e interactúa con los personajes y, por supuesto, con las canciones de ABBA. Ol Parker, el director y guionista, no intenta seguir los pasos de la anterior directora, Phyllida Lloyd (The Iron Lady de 2011) que supo adaptar el musical al cine sin problemas pero que no estaba dispuesta a crear una nueva historia con los mismos personajes. El lugar de encuentro sigue siendo el mismo, la isla griega de Kalokairi, varios años después y ahora Sophie preparando una gran fiesta para celebrar el éxito de su restaurante. Aunque vienen las dos mejores amigas de Donna, Rossie y Tanya, sus otros dos padres, Harry y Bill, ya han avisado que estarán ausentes. Sky, el esposo de Sophie, se encuentra en Nueva York, quizá con miras a establecer negocios.

Como esto no es suficiente tela para un largometraje, el presente se entrecruza con el pasado de Donna en 1979, su graduación, sus grandes y fieles amigas, su iniciativa de ver mundo, su recorrido por grandes ciudades europeas y su llegada a Kalokairi y, por supuesto, su encuentro con los tres hombres que cambiarían su vida. Y, a pesar de que uno de los personajes principales no es parte de la trama, el filme sigue vibrando haciéndonos reír y cantar a pesar del presente absurdo que nos ha tocado vivir.

Sorry to Bother You

(director y guionista Boots Riley; cinematógrafo Doug Emmett; elenco Lakeith Stanfield, Tessa Thompson, Jermaine Fowler, Omari Hardwick, Terry Crews, Kate Berlant, Michael X. Sommers, Danny Glover, Steven Yeun, Armie Hammer, Robert Longstreet)

Esta comedia negra (“dark comedy”) está siendo comparada a Get Out (2017) de Jordan Peele por ser una producción independiente, dirigida y escrita por un afroamericano, e integrar elementos conocidos para crear un estilo propio. Me parece que este tipo de mercadeo no le hace justicia a Sorry to Bother You ya que lo que pretende contar Get Out es totalmente diferente. Peele usa la comedia y las situaciones absurdas para crear un ambiente de terror para cualquier individuo que se encuentre en una encerrona como la narrada. El filme de Boots Riley va en otra dirección donde las escenas son estampas acartonadas, diálogos que mezclan temas mixtos que pueden o no conectarse, fantasías muy difíciles de aceptar ya que no hay desarrollo de personajes o situaciones.

El filme tiene sus aciertos como stand-up comedy, uso y desuso de la cinematografía tradicional y experimental con ángulos sorprendentes—casi todo en close-ups—juego de colores, velocidades. Los personajes se reducen a caricatura (excepto Squeeze, interpretado por el actor surcoreano Steven Yeun) para así resaltar sus discursos y crear un mundo alterno a la realidad. Por eso el vestuario del protagonista, Cassius Green, y de su novia, Detroit, se presenta como otro tema para que los personajes comenten y entiendan lo absurdo de sus acciones. Considero que la premisa y los chistes fáciles se extienden demasiado y el enlace que se busca llega bastante tarde y resulta anticlimático. La repetición de escenas, diálogos y encuadres también detienen el ritmo del filme y le quita el dinamismo que pudo haber tenido con un buen guión como—“sorry” por comparar—Jordan Peele y Spike Lee.

¿Quéslaque?… que los muertos cuentan

El fenómeno atmosférico María rebosó la copa de un país que ya se encontraba sumergido en un caos político, económico y social. Aunque, más cierto es decir que la incapacidad del gobierno de manejar la crisis causada por el huracán agravó aún más la debacle causada por la naturaleza.

La desinformación y ocultamiento de miles de difuntos(as) por parte del gobierno es la evidencia más crasa del caos político que impera en Puerto Rico.

De la misma forma que un grupo de artistas ideó un performance para que las personas homenajearan a sus muertos y muertas dejando un par de zapatos frente al Capitolio, el artista Antonio Martorell se adentró en un proceso creativo que resultó en la exposición “¿Quéslaque?” “Es que la”, inaugurada el pasado jueves 23 en la sala del Taller de Fotoperiodismo en Puerta de Tierra.

En ambas expresiones artísticas, la celebrada en el Capitolio del 1 al 3 de junio y la muestra de Martorell, están de fondo las ganas de aludir al intento del gobierno de negar las muertes y los deseos de, muy a pesar de eso, traer a la luz todas las vidas perdidas y ausentes porque “esos muertos son nuestra memoria. Si negamos la memoria aceptamos el olvido”, como dijo el propio Martorell.

Precisamente, la exhibición de 20 piezas de arte lleva el título como “una burla lingüística a la explicación tartamudeante y fallida del gobierno” sobre esta realidad, tal y como expone Graciela Rodríguez Martinó en el catálogo.

En su deseo de manifestarse artísticamente sobre la desgracia del momento histórico que enfrenta el país, Martorell viajó a París con la imagen fresca en su mente del performance frente al Capitolio, en el que el pueblo puertorriqueño volcó su solidaridad y humanidad al llevar hasta allí más de 2 mil pares de zapatos durante ese fin de semana.

A juzgar por lo que explica Rodríguez Martinó en el catálogo, el viaje que hizo el artista a la capital francesa fue a raíz de conocerse el estudio de la Universidad de Harvard sobre la cifra de muertes por María que evidenciaba la falsedad de los informes del gobierno que minimizaban la pérdida de vidas. Otros estímulos que le sirvieron de trasfondo a Martorell para “¿Quéslaque?” “Es que la” fueron las innumerables anécdotas sobre los muertos negados y su propia trayectoria artística, en la que el tema de la muerte ha aparecido constantemente.

De Francia, regresó con la idea de exponer su parecer ante la inexactitud de las cifras de los muertos que mantiene la administración actual utilizando como pie forzado la esquela con nombres tachados. La palabra esquela es clave en esta exposición: “primero me vino a la mente la coincidencia con las respuestas vagas del gobierno… es-que-la…después note que podía jugar también con el status… es-que-ela. Entonces lo comenté con el maestro Humberto Figueroa y su reacción inmediata fue la frase de saludo e indagación de la calle: ¿Quéslaque?”, comenta Martorell.

Tinta y pintura negra sobre una esquela impresa en papel blanco, borrones que insinúan tachaduras de nombres y fechas, un mapa de la isla cubierto de esquelas tachadas de punta a punta, secuencias numéricas que provocan fatiga, muestras visuales del proceso creativo, una esquela inmensa fragmentada en partículas menores que se configuran como constelaciones y juegos de estrellas contra un plano negro que simula la noche…

Lo anterior está regado por la veintena de obras que componen la muestra. Todas esas están precedidas por el autorretrato del artista que da la bienvenida desdoblado, como queriendo significar la atención consciente y minuciosa que requiere la situación actual del país.

A través de toda la exposición, están presentes las preguntas “cuántas muertes”, “cuántas vidas”: 16. 64. 1,427. 4,645. Quizás son más porque, como explica Martorell, muerte también es ausencia, la de la emigración de cientos de puertorriqueños y puertorriqueñas forzados “por los mismos miserables que negaron a los difuntos” a abandonar Puerto Rico.

Allí en Puerta de Tierra, en el Taller de Fotoperiodismo, sede ideal para de paso destacar la gesta del “periodismo puertorriqueño para no permitir la impunidad del engaño gubernamental”, permanecerá “¿Quéslaque?” “Es que la” hasta el 23 de septiembre. La exposición estará abierta al público general de lunes a sábado de 10:00am a 3:00pm.