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Anarquía, drogas y esperanza en una Siria en transición

Fotos suministradas por el autor

 

Especial para CLARIDAD

El ocho de diciembre pasado, grupos rebeldes consiguieron destituir al dictador Basher al Assad, que se exilió en Moscú, concluyendo una guerra civil de 14 años y 54 de sangrienta tiranía familiar en Siria que había convertido el país en un narco estado.

Basher había sucedido en el año 2000 a su padre, Háfez, quien había sido primer ministro en 1970 y en 1971 se convirtió en presidente, y secretario general del Partido Baaz Árabe Socialista, hasta su muerte.

La guerra civil destruyó barrios y ciudades enteras, a menudo con la ayuda y las bombas de la Aviación rusa; se cobró cientos de miles de vidas, y en las cárceles del régimen se torturó hasta la muerte a un número incalculable de opositores. Muchos que sobrevivieron a las torturas se volvieron locos y hoy se les puede ver con la mirada y los pasos perdidos por las calles de Damasco. Algunos olvidaron sus nombres y solo recuerdan su número de preso de cárceles como la infame Saydnaya, conocida como “el matadero humano”.

El grupo islamista Hayat Tahrir al Shams (HTS), que se hizo con el control del país en una ofensiva relámpago de 13 días, se propuso como primer objetivo vaciar esas cárceles, donde se perpetraban ahorcamientos masivos periódicos y cientos de asesinatos por tortura a diario.

Utopía en Damasco

Llegué a Damasco un mes después de la caída del régimen carnicero de los Al Assad, el día después de Reyes, cuando los rebeldes empezaban a controlar poco a poco las instituciones del Gobierno y todavía no tenían suficiente gente como para tener presencia en las calles.

Pasé tres días en Damasco hasta que me tropecé con el primer kalashnikov. Se veían soldados rebeldes subir y bajar a vehículos de camino a alguna parte más importante que el centro de la ciudad o el casco antiguo.

Los hombres de Ahmad Al-Shar’a, presidente de la Siria en transición, estaban más preocupados de tomarle el pulso al aparato burocrático del Estado que a la seguridad en las calles. Solo los más altos funcionarios han caído en desgracia, los demás están siendo reciclados ante la falta de recursos humanos de los rebeldes.

Lejos de sentirme amenazado, disfruté las calles bulliciosas, los mercados abarrotados de productos y clientes y de la gente haciendo su vida sin autoridad a la que temer, aunque fueran unas semanas de breve utopía anarquista. Una anarquía feliz y pacífica sin turistas pero con muchos periodistas.

El entusiasmo por el nuevo Gobierno, que se ha mostrado moderado hasta el momento, hizo acercarse a cuarteles y comisarías a miles de jóvenes para presentarse como voluntarios. Poco a poco esos jóvenes van siendo distribuidos en lugares urbanos susceptibles de necesidad de seguridad. Visten relucientes uniformes negros con pasamontañas, no llevan más consignas que brazaletes improvisados y van armados con viejos kalashnikovs.

Como los rebeldes necesitan buena prensa, las armas no intimidan a los periodistas, que nos movemos líbremente por el maravilloso enjambre de mercados y mercadillos, bazares y zocos que no se acaban, con calles dedicadas a productos u oficios concretos. Hay intrincados callejones donde los herreros copian llaves o sueldan calentadores; pasadizos de alfombras persas; otros de hokaahs, que en Siria, donde se inventaron, se llaman shisha; otros de perfumes, otros de ebanistería, otros de frutos secos, otros de especies y hay hasta una calle donde se fabrican y reparan futbolines.

Hay puestos de comida a cada pocos pasos y cafeterías escondidas al final de cada oscuro callejón. En el centro del mercado principal del viejo Damasco se encuentra la majestuosa Mezquita de los Omeyas, construida sobre mármoles romanos y una catedral cristiana y junto a la cual descansan los restos del sultán Saladino, que fue el terror de los Cruzados y un hombre sabio y respetado que unificó la región bajo el Islam.

El temor porque el gobierno islamista se torne extremista, no sea inclusivo y se cebe con los derechos de las mujeres y la comunidad LGBT+ es minimizado ante la máxima repetida por todos los consultados para este reportaje: “nada puede ser más malo que el régimen de Al Assad”.

Por ahora, las mujeres sirias deciden si usan burka, velo o llevan el pelo al aire. Algunas visten una coqueta boina francesa ladeada sobre el pañuelo.

Mientras los rebeldes se acomodan en el poder, en enero todavía no funcionaban las tarjetas bancarias ni las gasolineras. En las aceras y arcenes de calles y carreteras se venden bidones de agua rellenos de benzina para hacer funcionar los vehículos, que respostan en cualquier parte ayudados por embudos improvisados.

Las sanciones internacionales y el narco estado

Ahora, la principal preocupación de los sirios son las sanciones internacionales impuestas al régimen de Al Assad que todavía siguen efectivas dificultando el progreso de Siria.

Basher, con la ayuda de su hermano Maher, el carnicero de la División 4 Blindada del Ejército, responsable de numerosas masacres en campos de refugiados y barrios opositores, convirtió Siria en un narco estado para financiar su regimen bajo las sanciones internacionales.

La periodista de La Vanguardia Helena Pelicano visitó, los primeros días tras la caída de Basher, uno de los centro de producción de captagón incautados por los rebeldes.

A las afueras de Damasco, oculto en la cima de una montaña al  noroeste donde no se encontraría nada si no se sabe que está allí, los rebeldes mostraban los millones de pastillas que se producían allí. Se calcula que Al Assad conseguía unos cuatro mil millones de dólares al año produciendo captagón, una droga sintética conocida como el “éxtasis barato” del Medio Oriente.

El captagón era utilizado en fiestas y discotecas de toda la región y por los soldados para soportar las largas guardias y el hambre del frente. Los rebeldes custodios de los restos de la producción enseñaban las miles de pastillas escondidas en bovinas o en frutas de plástico para centro de mesa de casa de la abuela.

“Los rebeldes estaban encantadísimos de ayudar para exponer al antiguo régimen”, asegura la periodista.

“Tienes que considerar también que antes de la guerra, Siria era el mayor productor farmacéutico de la región. Teníamos un gran número de fábricas farmacéuticas, hasta teníamos cuatro universidades públicas de Farmacia y varias del sector privado. Teníamos a mucha gente trabajando en este campo”, explica Antoine George Makdis en Alepo.

Tony es un arameo siríaco, “pero soy católico latino”, apostilla con una cruz franciscana colgada al cuello, sirio de Alepo, rubio de ojos azules que se parece al cantante de REM, Michael Stipe.

Fotos suministradas por el autor

Explica que cuando se fueron imponiendo sanciones al sector, toda los profesionales de ese campo empezó a encontrar dificultades, sobretodo a partir de 2014, para alimentar a sus familias en medio del caos.

Tony asegura que “el régimen invirtió en las drogas porque ya había una infraestructura y teníamos mucha gente preparada en ese campo”.

Explica que ya desde los 50 y 60 del siglo pasado muchos sirios habían ido a Rusia a formarse como farmacéuticos y ya hubo una gran inversión del gobierno de entonces en el campo farmacéutico y químico.

“La situación es más profunda que acusar a quienes han estado ahora relacionados con la producción de captagón. Cuando tienes hambre, cuando tienes que alimentar a tus hijos y vives en un caos como el de esta guerra, a veces tienes que hacer cosas que no te gustaría hacer o que no harías en otras circunstancias”, defiende el fundador del colectivo Warsha.

Compleja esperanza

A Tony el falta el dedo índice de la mano izquierda. Lo perdió el 2 de enero de 2019 cuando le explotó una mina mientras realizaba un proyecto fotográfico en un cementerio del antiguo Alepo.

Por la oficina taller de Warsha ha pasado todo joven en Alepo con inquietudes artísticas. A Tony lo conocen en toda la ciudad. Es el típico tipo que vaya donde vaya se para a hablar con un amigo. Algunos de los actuales miembros del colectivo, que principalmente trabajan en la elaboración de documentales, son antiguos niños soldado rescatados por el arte audiovisual.

Tony trabaja de fixer profesional, pero también ayuda como puede a los periodistas de bajo presupuesto como yo. A una periodista alemana le consiguió una habitación para que pernoctara en su parroquia. A mí me dejó quedarme una semana en un colchón en el suelo de una habitación del taller. Me protegía del frío con esas mantas grises de la ONU, ásperas pero efectivas.

Me iba a conseguir algo de cannabis para disfrutar de la belleza bombardeada de Alepo y su impresionante ciudadela fumándome un porrillo, pero siempre siempre tenía algo más importante que hacer. También me habló mucho de la rica historia del cannabis en Siria, de los Assassins (fumadores de hachís), de los bálsamos elaborados con la hierba sagrada para dormir a los niños, de los productos textiles que se han confeccionado con cáñamo a lo largo de la historia Siria.

“El cannabis es una parte importante de nuestro patrimonio”, subraya.

A pesar de comportarse como un genio despistado que habla a borbotones saltando de un tema a otro y volviendo a recuperar el hilo frenéticamente, gracias a Tony pude acercarme a comprender un poco mejor la realidad siria más allá de la superficie.

Que no se trata de que unos son buenos y otros son malos. Se trata de que hay mucha gente de orígenes, culturas, etnias y religiones diferentes. Que todos han sufrido mucho y que todos están armados.

“Los sirios necesitamos un drama para vivir. Si pasan dos semanas sin un drama nos aburrimos y empezamos a pensar a quien matamos ahora”, bromea con su humor negro franciscano.

“Los sirios no somos racistas. Odiamos a todo el mundo por igual”, me troncho.

Tony me recuerda el genocio Armenio que lleva más de un siglo perpetrándose de manera silenciosa. Me contó el peligro que corren ahora los alauitas, facción del Islam que superficialmente procesaban los Al Assad, que nunca se preocuparon por ellos pero que ahora tienen que enfrentar la ira de las víctimas de los tiranos.

Que en Siria hay chiís y suníes, que se llevan a matar, los cristianos católicos y los ortodoxos, que también están los kurdos y los drusos, que hay pueblos o áreas dominadas por unas minorías que abusan de las mayorias. Que la gente se suele llevar bien, hasta que alguien se quiere pasar de listo o aparece una intervención externa. Que está Al Qaeda, pero también el Estado Islámico, los Hermanos Musulmanes y grupos rebeldes que aparecen y desaparecen con la velocidad de las balas. Que a veces Turquía apoya a unos u otros, como Irán, o Rusia, siempre con la amenaza de Israel, pero que ahora todos están a la espectativa de lo que haga Donald Trump.

Entretanto, la gente esperanzada en las calles consume como si la prosperidad prometida hubiera llegado ya, y el gobierno rebelde de transición va dando muestras de moderación según pasan los días.

En su discurso del pasado 30 de enero, el líder rebelde y presidente de transición, Ahmad Al-Shar’a, reafirmó su vocación inclusiva en un proceso de transición que  es “parte de un proceso político que requiere la participación genuina de todos los sirios, tanto dentro como fuera del país, para moldear su futuro con libertad y dignidad, sin exclusión ni marginación”.

“Trabajaremos para formar un gobierno de transición inclusivo que refleje la diversidad de Siria, con hombres, mujeres y jóvenes trabajando juntos para construir nuevas instituciones nacionales que conduzcan a elecciones libres y justas. Una Siria que extienda su mano en paz y respeto mutuo”, expresó el presidente interino sirio.

 

 

¿Fuerzas productivas o destructivas?

 

Por Frei Betto

En 1974, Hans Magnus Enzensberger publicó un artículo titulado “Para una crítica de la ecología política” en el que cuestionaba el paradigma marxista de que el desarrollo de las fuerzas productivas erradicaría la miseria. Aliado a Marcuse, el intelectual alemán enfatizó que “las fuerzas productivas se revelan como fuerzas destructivas y amenazan toda la base natural de la vida humana”.
La creciente industrialización, la expansión del consumismo, la “sociedad de la superabundancia”, destruyen el equilibrio ambiental, sacrifican a los más pobres y comprometen el futuro de las próximas generaciones. Es una paradoja: la riqueza genera pobreza, como advierte el papa Francisco en la encíclica Laudato si (Alabado seas: sobre el cuidado de la casa común).

En Ecología, una ética de la liberación, el filósofo André Gorz señala que la ecología solo alcanza su carácter político y ético cuando se comprende que la devastación de la Tierra es resultado de un modo de producción centrado en la maximización de las ganancias y el uso de tecnologías y recursos que violentan el equilibrio biológico, como los combustibles fósiles,

En Tesis sobre la filosofía de la historia, Walter Benjamin cuestionó el concepto tecnocrático y positivista de la historia derivado del desarrollo de las fuerzas productivas. Soñó con un tipo de trabajo que “lejos de explotar la naturaleza, sea capaz de sacar a la luz a sus criaturas adormecidas en su vientre como promesas”.

En 1964, hace sesenta años, Murray Bookchin escribió: “Desde la revolución industrial, la masa atmosférica total de dióxido de carbono aumentó 13% con respecto a los niveles anteriores, que eran más estables. A partir de bases teóricas sólidas se puede afirmar que ese creciente manto de dióxido de carbono, al interceptar el calor irradiado por la Tierra hacia el espacio sideral, conducirá al aumento de las temperaturas atmosféricas, a una circulación de aire más violenta, a patrones más destructivos de tempestades y, finalmente, al derretimiento de los casquetes polares (…), al aumento del nivel del mar y a la inundación de vastos territorios”. Más claro, el agua.

En 1972 Marcuse descubrió a la naturaleza como aliada de los que luchan contra las sociedades depredadoras, como la capitalista. En Contrarrevolución y revuelta, afirmó: “El descubrimiento de fuerzas liberadoras de la naturaleza y de su papel vital en la construcción de una sociedad libre se convierte en una nueva fuerza de cambio social”.

Ese debate sobre la ecología política dio origen al ecosocialismo, en el que se destaca la obra de Michael Löwy. Cuanto más avanzan las fuerzas productivas sin parámetros ecológicos, más se degrada la naturaleza, su única fuente de recursos. Se destruyen las bases de sostenibilidad de la especie humana. La ambición tecnoeconómica predomina sobre las condiciones de la vida en la Tierra.

La racionalidad moderna comete otro grave error al excluir del pensamiento ecológico prácticas tradicionales indígenas y campesinas. A fin de dominar territorios de los países emergentes y subdesarrollados, impone el pensamiento tecnocrático y promueve la colonización del conocimiento. Por eso las luchas de los pueblos originarios son políticas y epistemológicas, dado que tienen como objetivo la descolonización del conocimiento para alcanzar la emancipación cultural y política y el surgimiento de territorios sostenibles de vida. Es necesario descolonizar el saber, lo que significa promover el reconocimiento y la revalorización de los saberes tradicionales y otros, denominados “sabiduría popular” o “saber local”.

Como señaló Milton Santos, la visión eurocéntrica de la cultura, impuesta como valor universal, tildó de retrógrada la cultura de los pueblos originarios, silenció culturas o saberes con su razón instrumental.

En la encíclica Laudato si, el papa Francisco resalta que “los efectos más graves de todas las agresiones ambientales recaen sobre los más pobres. Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero abordaje ecológico siempre se convierte en un abordaje social, que debe integrar la justicia en los debates sobre el medioambiente, para oír tanto el clamor de la Tierra como el clamor de los pobres.

“Todo el Universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su cariño sin medida por nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es una caricia de Dios.

“Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en peligro de extinción, pero permanece completamente indiferente ante el tráfico de personas, no se interesa por los pobres o procura destruir a otro ser humano que no le gusta.

“Todo el abordaje ecológico debe integrar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más desfavorecidos”.

Como decía Chico Mendes, separar la cuestión ambiental de la política no es ecología, sino jardinería.

Frei Betto es autor, entre otros libros, de Uala, o amor (FTD).

Rwpeoducido de www.cubadebate.cu

Reunión de Alto Nivel: “OpeRAcióN Salva la EcoNoMía”

Especial para En Rojo

Escena: Una sala de conferencias con banderas multi-estrelladas y gráficos sin números en las paredes, y una fuente de nachos sobre la mesa.

Líder Supremo: [frunciendo el ceño con la intensidad de (imagina) un genio de la política] Bueno, el pueblo me adora, puedo hasta pegarles un tiro y ni se ofended, ja ja ja…Pero tienen inquietudes. Que si la gasolina, que si la compra, bla bla bla…¡Que los huevos están más caros que nunca, dicen! ¡Que la economía está mala! [pausa dramáticamente] Pero yo tengo la solución:  ¡Deportación masiva! ¡Vamos a deportar a todos los inmigrantes!

Asesor 1: [asintiendo rápidamente, con una sonrisa tensa] Brillante, señor. Una idea… ¡única, original, revolucionaria!

Asesor 2: [con cautela, eligiendo sus palabras como si su vida dependiera de ello… porque quizás sí] Eh… disculpe, señor. Los libros de historia dicen que eso nunca ha funcionado. De hecho, aparentemente, digo, según los expertos, no yo, las deportaciones masivas suelen empeorar la economía, así que quizá…

Líder Supremo: [lo interrumpe con un gesto dramático, como si estuviera a punto de descubrir la fórmula del éxito… otra vez] Mmm… ¡ya sé! ¡Prohibimos los libros de historia!

Asesor 3: [aplaudiendo con entusiasmo forzado] ¡Por supuesto, señor! Un golpe maestro contra… eh… 

Asesor 2: [intentando no parecer demasiado listo] Sí, aunque… algunos profesores podrían seguir hablando del tema.

Líder Supremo: [riendo con desdén] ¿Profesores? ¡Esos sabelotodos arrogantes que creen que saber cosas los hace mejores! ¡Pues botemos a los profesores también! Es más, ¡los deportamos!

Asesor 1: [tomando notas frenéticamente] ¡Brillante, señor! Sin libros ni profesores, nadie podrá contradecirlo jamás!

Asesor 3: [murmurando en voz baja] …ni entender por qué la economía colapsó.

(Pausa incómoda mientras el Líder Supremo reflexiona «profundamente” e intenta poner cara de «Maquiavelo» sin saber a ciencia cierta quién es.)

Líder Supremo: Esperen… Qué expertos ni expertos…Si la economía sigue empeorando, es porque seguimos pensando demasiado en el problema. ¡El pensamiento es el enemigo de la economía!!

Asesor 2: [parpadeando rápidamente] ¿Señor… quiere decir que deberíamos… prohibir el pensamiento?

Líder Supremo: [asintindo con una sonrisa mánica] ¡Y mejor aún! ¡Prohibimos la academia también! ¿Todo ese revolú de gente que lee, pregunta y jeringa? ¡Fuera! De todos modos no harán falta, Elon dice que ya tenemos un IA que puede hacer toda esa vaina, y también el nuevo y mejorado TikTok, con eso resolvemos dos problemas, los profesores y los maestros, de un plumazo! ¡Eficiencia!

Asesor 1: [aplaudiendo con devoción] ¡Usted es un genio! ¡Un genio! Señor, debería nombrarse Ministro de Educación de usted mismo.

Líder Supremo: ¡Y además! Vamos a cerrar relaciones comerciales con cualquier país que insista en pensar o que tenga el descaro de enseñarle a la gente común cosas como historia, o cómo funciona la economía.

Asesor 1: [parando la mano] ¡Sí, eso, eso, eso!

Líder Supremo: [sonriendo satisfecho] Tú. [lo señala] Tú eres el nuevo Ministro de Política Exterior.

Asesor 1: [con la mano en el pecho y lágrimas en los ojos] Gracias, señor. Es un honor representar su infalible IQ y talento ante el mundo.

Asesor 2: [con un hilo de voz] Señor, pero si cerramos relaciones comerciales, podríamos enfrentar…no sé, ¿escasez de algunos productos básicos, por ejemplo?

Líder Supremo: ¡Perfecto! Así la gente dejará de quejarse por los precios de los huevos porque… ¡no habrá huevos! ¡Já!

Asesor 3: [murmurando y tomando notas rápidamente] «Solución final: deportar, cerrar, cortar.» Anotado.

Líder Supremo: Y para asegurar el orden, reduciremos el presupuesto de las escuelas y lo pasaremos a la policía y al ejército. O mejor aún: ¡los juntamos! Las dos en un solo ejército. Ya saben lo que dice Elon de las burocracias. 

Asesor 1: [con una sonrisa deslumbrante] Un plan perfecto, señor. ¿Quién necesita una economía cuando tenemos su liderazgo? [lee sus notas, carraspea con ceremonia] Órdenes ejecutivas salen hoy…..ya está: No inmigrantes, No libros, No historia, No profesores, No pensamiento, No comercio con países rebeldes…

Asesor 2: [murmurando en voz baja] …y pronto, NO comida.

(Corte final dramático.)

Epílogo: “Dónde están ahora”

Líder Supremo: Sigue convencido de que salvó la economía, aunque el país está en ruinas. Se dedica a discursos triunfales frente a audiencias hambrientas obligadas a aplaudir y lucir gorros colorados en público.

Asesor 1: Ahora Ministro de Política Exterior y Embajador Mundial, actualmente tiene un cuarto de juguetes en el Kremlin, una hamaca exclusiva con su nombre bordado en las Filipinas, Happy Meals ilimitadas y un pasaporte diplomático que solo funciona con un visor de realidad virtual marca Tesla.

Asesor 2: Desaparecido misteriosamente tras sugerir que «quizás pensar no es tan malo si se hace en moderación.»

Asesor 3: Escribió un libro titulado «Crónica de un Colapso Anunciado», pero fue inmediatamente prohibido. Ahora está en el clandestinaje full, enseña historia y literatura en la dark web, y cría gallinas en un patio sin jaulas.

La Economía: No sobrevivió.

Los Huevos: Convertidos en artefactos de lujo y delicatessen exóticas, ahora se exhiben en museos flotando en inexplicables jarros de agua y vinagre con una etiqueta misteriosa y raída: #DtMF. Su valor en el mercado negro de lujo, bajo el nombre “HuEVOs de ElOn” es incalculable.

El jíbaro, campesinado puertorriqueño[1]

 

 

El jíbaro y su pava ha irrumpido recientemente en nuestro entorno de la mano de Benito Martínez Ocasio/Bad Bunny, con el lanzamiento de su producción Tenía que haber sacado más fotos. Llama la atención lo viva que está en la siquis isleña la afirmación de la puertorriqueñidad, especialmente entre los más jóvenes: una muestra más de la fortaleza y resiliencia de nuestra identidad como pueblo. El uso por parte de Bad Bunny de elementos culturalmente definitorios como el cuatro, panderos y el güicharo, música campesina y ritmos autóctonos como la plena y la bomba, han sido tierra fértil para la eclosión reciente de nuestra cultura jíbara. Benito y su equipo creativo y de producción también han sabido tocar las teclas de lo intergeneracional, la memoria y la naturaleza, resortes poderosos de lo identitario boricua.

Llevo tiempo estudiando y reflexionando sobre lo jíbaro, más allá del legado cultural cuajado en folklore por parte del Instituto de Cultura y muchas otras instituciones puertorriqueñas como museos, y expresiones en la música, el baile, la literatura, las artesanías y las artes plásticas. Mientras tanto, durante mis años de trabajo internacional en temas de agricultura, ecología y desarrollo, con frecuencia me preguntaba cual era el campesinado puertorriqueño, algo que en casi todos los países forma parte del ethos nacional. Estoy convencido de que los jíbaros, esas puertorriqueñas y puertorriqueños campesinos -aquellos que se dedican a la agricultura familiar- que nos han alimentado durante un proceso formativo durante siglos, son la expresión de un campesinado en nuestro país. La agricultura en pequeña y mediana escala que produce para la familia, la comunidad y el mercado local.

La existencia y relevancia del campesinado puertorriqueño están profundamente enraizados en la historia del archipiélago y en su evolución cultural, social y ecológica. Los habitantes originarios del archipiélago, durante milenios establecieron sistemas agrícolas resilientes, que integraban prácticas sostenibles y una visión holística de la naturaleza. Aquella agricultura fue llevada por los taínos a niveles superiores en eficiencia, diversidad y uso inteligente de los recursos. Sembraban en los conucos, usaban los montones de tierra para el cultivo, integraban y rotaban las siembras, como la yuca, el maíz y otros tubérculos, vegetales, plantas medicinales y frutales. Demostraron una profunda comprensión de los ecosistemas locales. Estas técnicas no solo garantizaban la seguridad alimentaria, sino que también fomentaban la regeneración del suelo y la biodiversidad.

Los españoles sobrevivieron durante la temprana colonización gracias a la agricultura taína y la esclavitud de los indios.[3] El casabe hecho de yuca sustituyó al pan de trigo y permitió continuar para la conquista de tierra firme. Con el tiempo, las prácticas taínas, con influencias europeas y africanas, dieron lugar a una agricultura campesina autóctona. Pero los que tenían las semillas, conocimientos sobre los suelos y técnicas para sembrar en los llanos y laderas de una isla tropical lluviosa fueron los taínos, pobladores originales.

Contrario al relato dominante de que, una vez agotado el oro y supuestamente exterminados los taínos, Puerto Rico entró en un largo periodo de abandono y aislamiento, los estudios recientes describen a un archipiélago boricua integrado en los intercambios comerciales entre Europa y el Caribe.[4] Pasamos a formar parte de la producción y comercio, muchas veces ilegal para la oficialidad española, de cueros, jengibre, azúcar, tabaco, tinturas, sal y plantas medicinales. En las costas se reparaban las naves y hasta se construían algunas, en astilleros informales al margen de las autoridades españolas. La capacidad de reponer de alimentos las bodegas de los barcos, además de alimentar a la población que vivía en Puerto Rico, evidencia la existencia de una robusta actividad agrícola y ganadera, así como de campesinos dedicados a las tareas productivas del campo.

Se documenta que para los taínos la palabra jíbaro, vocablo arahuaco, quería decir gente del bosque y que así se llamaban a si mismos. Se utilizó para designar a las poblaciones indígenas que se adentraron a las montañas de la Isla en defensa ante el genocidio español. Con el tiempo, se fue cuajando un campesinado: los jíbaros serían los descendientes de los taínos en un mestizaje con españoles escapados de la oficialidad metropolitana y esclavos africanos cimarrones. Son los tiempos de las guácaras (cuevas) en el interior de la Isla. El nombre jíbaro se utilizó para designar en Puerto Rico a los habitantes de las montañas y su cultura, diferenciada de los españoles.

Las familias jíbaras supieron ocupar y abrir fincas en los montes. Junto a la pesca, caza y recolección, producían para el autoabastecimiento y, en muchos casos, vendían o intercambiaban productos en sus comunidades. Sin embargo, en la medida en que durante el s.19 avanza la colonización de la Cordillera Central, aquellos campesinos son desplazados y obligados a convertirse en mano de obra empobrecida. En nuestra Isla, tanto los hacendados en las montañas como los ingenios azucareros en las costas, mantuvieron a las familias de peones agrícolas en servidumbre semi feudal hasta entrado el s.20. Esas familias, condenadas a malvivir como arrimados en los peores terrenos, sufrieron hambre, enfermedad, ausencia de educación y maltrato.

 

Desde el s.19 conviven en nuestro entorno dos tendencias sobre lo jíbaro: por un lado muchos sectores de las montañas adoptan con orgullo ese gentilicio para reafirmar su identidad criolla y distinguirse de los españoles y europeos; por el otro, desde una intelectualidad costera y urbana se le ridiculiza y menosprecia. Sin embargo, ese campesinado jíbaro supo alimentar a nuestro pueblo desde los montes y conucos. Aún a finales de los años cuarenta del s.20, mientras Puerto Rico exportaba azúcar, café y tabaco producidos en las mejores tierras, nuestro campesinado produce la mayor parte de los alimentos para una población de casi dos millones.

Durante el proceso de rápida industrialización a partir de los años cincuenta se generaliza el uso de la palabra jíbaro como sinónimo de persona culturalmente rezagada o ignorante. Mientras se construye la estatua que idealiza al jíbaro en la autopista que cruza las montañas, en aquellos montes aún vivían comunidades jíbaras campesinas.

El auge de la industrialización a mediados del s.20 trajo consigo una desvalorización de la agricultura tradicional, un cambio de modelo urbanístico y una migración masiva hacia las ciudades y Estados Unidos. No tengo duda de lo que llamo la Gran Traición Jíbara: aquel electorado campesino, explotado por diversas oligarquías en las décadas de los cuarenta y cincuenta, creyó en las consignas de pan tierra libertad y apoyó con su voto al Partido Popular Democrático y el Estado Libre Asociado.

Cuando, en un giro estratégico que aún se está estudiando, se decidió industrializar la economía fue necesario desprestigiar al campesino jíbaro y su cultura, para fomentar en nuestra gente campesina el abandono de los montes y suplir mano de obra a las nuevas fábricas norteamericanas del programa Manos a la obra de Fomento. Sospecho que el giro radical dejando atrás a la agricultura como eje estratégico para el desarrollo de Puerto Rico tuvo que ver con las negociaciones durante la creación del Estado Libre Asociado (1952), pues coincide con la adopción de un modelo de desarrollo tipo suburbial norteamericano, basado en la construcción horizontal de urbanizaciones sobre terrenos agrícolas, el uso intensivo del automóvil como transportación y los nuevos supermercados para vender comida mayormente importada, distinta a nuestras dieta histórica, procesada y con frecuencia de mala calidad.[5]

Se rechaza, por un lado, al conocimiento tradicional y manejo a nivel familiar de la producción de alimentos para dar paso al entramado agroalimentario industrial nacional y mundial. Mientras, el ser humano, en la medida que se aleja de la naturaleza y sus ciclos, pierde sensibilidad ante los desastres que en la actualidad destrozan los recursos naturales y alteran los ciclos esenciales para sostener nuestra vida en este planeta, como venimos viviendo el cambio climático

El campesinado jíbaro puertorriqueño es más que un vestigio del pasado; es un componente vivo de la identidad y sostenibilidad del archipiélago. Históricamente ha sido el principal sector agrícola productor de la alimentación en el archipiélago puertorriqueño. Al valorar y fortalecer las comunidades campesinas aún existentes, Puerto Rico puede construir un futuro que honre su historia, conserve su biodiversidad y garantice el bienestar de sus habitantes. Los nuevos agricultores, con frecuencia jóvenes, son hoy los nuevos campesinos jíbaros. Rescatan conocimientos, tecnologías y cultura del pasado, los integran en prácticas modernas agroecológicas,[6] y abren paso a un futuro de seguridad y soberanía alimentaria. La supervivencia y prosperidad de nuestro campesinado jíbaro es una cuestión de justicia social y resiliencia ecológica.

Notas

[1] Este artículo se nutre de una investigación en curso: Taínos, jíbaros y agroecología: un campesinado en el imaginario social puertorriqueño.
[2] El autor es ecólogo social, especializado en agroecología. alvareznelson@hotmail.com
[3]  Nelson Alvarez Febles. 2018. Los españoles esclavizaron a los taínos para su producción agrícola.  https://www.80grados.net/los-espanoles-esclavizaron-a-los-tainos-para-su-produccion-agricola/
[4] Jeniffer Wolf. 2022. “Isla Atlántica: Puerto Rico. Circuitos antillanos de contrabando y la formación del mundo antillano, 1580-1636.” Doce Calles.
[5] Cruz Miguel Ortiz Cuadra. 2020. De los plátanos de Oller a los Food Trucks: comida, alimentación y cocina puertorriqueña en ensayos y textos. Isla Negra Editores.
[6] Nelson Alvarez Febles. 2014. https://www.80grados.net/lo-jibaro-como-metafora-del-futuro-agroecologico/

Breves comentarios 2024 (mujeres directoras)-Parte 2

 

En Rojo

En esta 2nda parte comento los + recientes filmes de tres directoras que proclaman tener una nueva “mirada” de la mujer en el cine. Próximamente (#3), destaco tres filmes puertorriqueños estrenados en 2024 y hago un breve resumen de algunos filmes que, sin ostentación, contaron historias conmovedoras.

Filmes exhibidos en 2024 por mujeres directoras/escritoras/guionistas han tenido una gran acogida con público y críticxs. Han sabido escoger muy bien a sus protagonistas e intérpretes y se han arriesgado a contar historias que mezclan el ‘soft porno’ con el ‘body horror’ y la violencia desenfrenada. Esto hace que estos filmes apelen a un público diverso en género y edad. Mi pregunta al ver cada filme es si ¿verdaderamente estas directoras presentan una mirada diferente donde la mujer no es objeto de deseo según lo concibe la mirada masculina con todo lo que esto todavía implica? En 1973, la inglesa Laura Mulvey, en su ensayo “Visual Pleasure and Narrative Cinema” trajo a la discusión teórica el aspecto + relevante de la imagen en el cine: ¿Quién mira? ¿Cómo se construye esa mirada? ¿Se puede cambiar esa mirada? Y ¿Cómo cambiarla?

Su análisis explora el rol de la cámara como ojo observador del/a espectador/a y la imagen proyectada que refuerza esa mirada. Tanto Halina Reijn como Coralie Fargeat aseguran con sus proyectos, Babygirl y The Substance, respectivamente, que han logrado cambiar esa mirada de contemplación masculina al cambiar los roles asignados a la mujer. Desde mi mirilla, lo veo diferente. Ambos filmes, y anteriormente Emerald Fennell en Promising Young Woman (2020) y Saltburn (2023), utilizan el cuerpo de la mujer como un instrumento de venganza hacia las restricciones sociales impuestas, pero ese cuerpo sigue viéndose estático y objeto de observación de ella y los hombres que la rodean. En todos estos filmes, se impone la mirada masculina para satisfacción del/a espectador/a que puede verlo como un acto erótico (Babygirl), o de crítica social (The Substance). ¿Pero dónde está la mirada que cambia esta objetivación? Mientras el personaje de Harvey (Dennis Quaid) es una sátira de la imposición y defensa de esa mirada en el cine, los medios televisivos y anuncios—“lo que se vende es el cuerpo joven y sexual”—los personajes de Elisabeth (Demi Moore) y Sue (Margaret Qualley) presentan una sola dimensión que sostiene esa premisa. El destruir ese cuerpo con “body horror” en escenas que parecen interminables, no resulta en un cambio de mirada. En el caso de Babygirl, la mirada presentada es todavía + masculina cuando hasta en la discusión entre el marido de Romy (Nicole Kidman), Jacob (Antonio Banderas), y el joven amante, Samuel (Harris Dickinson), son ellos los que “disertan” el por qué a ella le atrae tanto ser un objeto dominado. No niego que en la intimidad de cuerpos todos estos juegos, serios o no, causen orgasmos verdaderos y no los que supuestamente simulan las mujeres que parece nunca estar satisfechas con el libreto conocido. Pero, nuevamente, ¿dónde está la mirada desafiante que le indica al/a espectador/a que es la mujer la que establece aperturas para su propio beneficio/satisfacción?

Todos estos filmes contrastan con proyectos de otras mujeres directoras como Jane Campion, Chloé Zhao, Sofia Coppola, Ava Du Vernay, Greta Gerwig, Celine Song, Sarah Polley, Dee Rees—por mencionar tan solo las de habla inglesa—entre otras que han tenido la oportunidad, negada a la gran mayoría de las mujeres, de poder contar con guiones que atraen el presupuesto necesario para hacer el filme y distribuirlo.

Lo que nos trae al último filme que comento en esta sección: The Last Showgirl de Gia Coppola. Es precisamente en este filme donde sí se desafía la mirada establecida al forzar al espectador/a mirar un cuerpo en movimiento que no es joven ni ‘sexy’, como señala el director que recluta para un nuevo ‘show’ en Las Vegas. En ningún momento Shelly (Pamela Anderson) cuestiona su papel de objeto en movimiento en un show donde ha sido aplaudida—aunque en el presente apenas hay público en las funciones—por mover su cuerpo y ‘bailar’ eróticamente. Es la mayor del grupo de mujeres y le encanta contar cómo el público la ama, cuán importante es el vestuario y el maquillaje, y cómo se puede mover el cuerpo sin tener que ser ‘gross’ y rebajarse ante un público que posiblemente no puede apreciar el aspecto artístico de su “número”. Las bailarinas + jóvenes la escuchan, pero saben que ella vive en un pasado inexistente y cuando se anuncia que estas serán las últimas funciones, Jodie (Kiernan Shipka) y Mary-Anne (Brenda Song) van a cualquier audición que les pague una nueva temporada. La generación de Shelly se compone de Eddie (Dave Bautista), el director/manager/encargado del show y Annette (Jamie Lee Curtis), un poco mayor que ella y que en Las Vegas, como xshowgirl, solamente puede conseguir trabajo de mesera. Hannah (Billie Lourd) es la hija que Shelly le cedió a su hermana para poder alcanzar su sueño de ser una showgirl y esto se cuestiona desde la visión de la hija abandonada/rechazada y la madre que nunca se vio interpretando ese papel. Todas las miradas de lxs personajes desafían lo que se ve y se dice, sin volver a cosificar a esas mujeres que buscan un espejo de un sueño inexistente.