Inicio Blog Página 1833

“Spanish” NO, boricua

«Are you Spanish?” Esa pregunta, cuya traducción literal es “¿eres español?”, es una de las que más aborrezco desde que vivo en el norte anglo.

Además de que es un disparate, ya que técnicamente te preguntan si eres el idioma español, la utilizan los gringos para toda aquella persona que habla esta lengua. Más bien se usa para referirse a los latinos y latinas.

Siempre respondo que “no, soy puertorriqueña’, a lo que me contestan, “eso mismo”. Dependiendo de la persona que haga el comentario, y de la circunstancia, le refuto, que no es lo mismo y le explico porqué. En otras instancias, simplemente doy una falsa sonrisa, de esas que solemos brindar cuando queremos decir jódete, pero no es “politically correct” pronunciar una palabra soez.

Entonces, una se pregunta: ¿por qué todo el tiempo se tiene que clasificar y categorizar ‘al otro’? ¿Por qué se les hace tan difícil decir latinos o hispanos?

En la mayoría de los casos es parte del racismo que está calado en la psiquis de los estadounidenses, que a veces es adrede, hiriente, y en otras es inconsciente, pero siempre igual de ofensivo.

Y no es que una quiera ser más papista que el Papa, pero hay que tener las cosas claras.

Es una vagancia insultante. Porque es el reducir a las millones de personas pertenecientes a 20 países diferentes del mundo, y a su descendencia, a una sola característica: que hablamos español. Es decir que todos somos lo mismo, que la cultura, las costumbres, los orígenes étnicos, la idiosincrasia de toda esta gente es igual. Que un ecuatoriano es igual que un chileno, que una guatemalteca es igual que una dominicana; incluso que un colombiano es igual que un brasileño, aunque el último ni siquiera hable la lengua de Cervantes. Pero ni hablar de si alguien tiene la osadía de confundir a un estadounidense con un canadiense, porque rápido se les pone el falso patriotismo americano ‘born in the USA’ a flor de piel.

A veces hasta lo dicen creyendo que te brindan un cumplido y que una le agradecerá el comentario. “Wao, eres tan sigilosa que pareces una ‘Spanish Ninja’”, me dijo un compañero de trabajo. “Quiero que me enseñes a hacer habichuelas como una ‘real Spanish girl’”, me dijo una amiga gringa un día.

Cuando el comentario viene de un afroamericano, es diferente. Me choca porque lo hace una persona que pertenece a un grupo que sufre a diario injusticias en su contra, solo por el color de su piel. Una pensaría que serían más solidarios y no que repetirían el disparate de los blancos.

Esta nefasta manía no es nueva. Allá para cuando mi santa madre estudiaba su bachillerato en los 1960, en una universidad de Indiana, una amiga le regaló un magneto que leía “Kiss me, I’m Spanish” (Bésame que soy español). Cuando mi mamá llegó a Puerto Rico con su colorido magneto, mi abuelo (QEPD), prácticamente le arrebató dicho objeto y lo botó furioso, por la gran ofensa.

Pero la cosa se pone peor. En estos momentos la sociedad estadounidense adoptó la palabra con tal naturalidad que quiere obligar a que los hispanos y latinos nos identifiquemos y asimilemos dicho término.

Claro, sin tener que entrar en teorías de conspiración, me reafirmo que todo esto se debe al racismo desmedido, que ahora es validado por el presidente de turno. Porque desde noviembre de 2017, en el que por desgracia el millonario empresario Donald John Trump se convirtió en el presidente número 45 de los Estados Unidos, he sentido un cambio dramático en las miradas incómodas de la gente cuando voy al supermercado o a la farmacia y hablo español con mi crío.

Y es que en tiempos en que una de las promesas de campaña del gobernante es construir un muro entre los Estados Unidos y México, y para colmo, que lo paguen los vecinos del sur, es difícil no pensar en los atropellos contra los hispanos.

En momentos en que las autoridades federales dividen las familias de inmigrantes y le arrebatan a los niños y niñas a sus padres, para encerrar a los pequeñines en cárceles, que asemejan jaulas, y relocalizarlos lejos de sus progenitores, es duro no llorar de frustración.

En días en los que un hombre, identificado por medios estadounidenses como el abogado neoyorquino Aaron Schlossberg, amenaza con llamar a ICE (el Servicio de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos) porque había unos empleados hablando español y asumió que los trabajadores eran indocumentados, es imposible no sentir ira.

“Tus empleados están hablando español a los clientes, cuando deberían estar hablando inglés. Esto es Estados Unidos”, dijo Schlossberg en el video al gerente del restaurante. “Si tienen los huevos de venir aquí y vivir de mi dinero, yo pago por su bienestar, yo pago para que puedan estar aquí, lo menos que pueden hacer es hablar inglés”, continuó diciendo visiblemente alterado.

El incidente fue grabado con un teléfono celular y ampliamente difundido. El video generó una avalancha de reacciones en las redes sociales y muchos usuarios calificaron de “racista” e “intolerante” al protagonista del mismo. Hasta el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, escribió en Twitter que la fuerza de la ciudad es “su diversidad”, agregando que era el hogar de personas que comparten más de 200 idiomas.

Y para mi gran sorpresa, no son solo los latinos y latinas los que sufren atropellos por hablar castellano. Ingenuamente pensaba que los españoles por ser europeos no eran tratados así. Varias personas de mi familia me corrigieron y me explicaron que los oriundos de la península ibérica también son maltratados, pero claro, porque cuando hablan español, la gente ignorante piensa que son inmigrantes latinoamericanos.

Por eso creo en la lucha, en el activismo y en educar a la gente. Hay demasiada ignorancia atrevida, que anda realenga y sin encomendarse a nadie.

Cuando les confirmo a los gringos que sí hablo español, pero que soy de Puerto Rico, muchos me responden que “me encantaría hablar otro idioma. Tomé clases de español en ‘high school’, pero no me acuerdo de nada; solo sé decir ‘hola’”. A lo que respondo “nunca es tarde para aprender. Hazlo, y así podrías practicar conmigo”, con una sonrisa altiva.

En los Estados Unidos viven actualmente 56.5 millones de hispanos, según el Pew Research Centre y de acuerdo con los cálculos del Instituto Cervantes, el 18% de los habitantes de Estados Unidos habla español.

Hablar español en los Estados Unidos en estos momentos es un ejercicio de afirmación, de orgullo. Es un acto de rebeldía que continuaré con temeridad.

Puerto Rico: ¿Estado de emergencia?

No es arriesgado decir que la crisis política, social y económica que vive la sociedad puertorriqueña es la más compleja de su historia. Pero tampoco es arriesgado decir que las posibilidades que tiene el país debido a sus niveles educativos, a las capacidades productivas de su población y a la riqueza extraordinaria de su cultura, son también únicas en su historia. Al deterioro económico de la mayoría de la población se añade la caída total de los disfraces que la dominación imperial colgó sobre la sociedad durante décadas con la colaboración efectiva de los políticos locales de los dos partidos de gobierno. Hoy al imperio se le ve su verdadero rostro a través de su propia división de poderes: judicial, legislativo y ejecutivo. Por consiguiente, la crisis en Puerto Rico pone en tensión la fragmentación y la desmoralización, por un lado, y la indignación y la urgencia de buscar alternativas, por otro lado. No resulta nada fácil endulzar la colonia, aun después del huracán y con la expectativa de decenas de miles de millones de ayuda federal, mientras sobre la cabeza de un movimiento anexionista mediocre y sin imaginación, se sienta el poder arbitrario de la Junta de Control Fiscal.

Una mirada sobre lo que ha sucedido con el empleo en Puerto Rico resulta aterradora por donde quiera que se lleve a cabo. Recientemente el Departamento del Trabajo ofreció datos sobre el empleo total no agrícola, que ha disminuido consistentemente desde 2006 hasta 2017. En 2006 la cifra ofrecida es de 1,045,200 personas, mientras en 2017 el total fue de 871,400. Según estos números, entre 2006-2017 se han perdido 173,000 empleos. Sin embargo, otras fuentes, como los informes económicos al gobernador, nos dicen que el grupo trabajador, que incluye empleados y desempleados, bajó de 1,415,000 en 2007 hasta 1,120,000 en 2017. Es decir, 295,000 personas menos formaron parte del grupo trabajador entre 2007-2017. Una reducción escandalosa como la anterior se dio mientras la población de la isla perdió 400,000 personas entre 2008-2017. Pero tenemos un gobernador que rebosa optimismo. Recientemente apareció ante la prensa con el director del Departamento del Trabajo anunciando una reducción histórica del desempleo en Puerto Rico por debajo del 10%.

Lo único escandaloso en Puerto Rico no es la dimensión de la crisis y sus efectos en una población mayoritaria empobrecida. Al mismo tiempo que grandes sectores del país ven amenazado su bono de navidad, los días de vacaciones, los días de enfermedad, sus pensiones, hasta los mismos derechos a tener un sindicato, una minoría de ejecutivos obtiene salarios en el sector público nunca antes visto en Puerto Rico. Una Natalie Jaresko con más de $600,000 al año, un Walter Higgins con $490,000, un Joel Zamot con más de $300,000, y otros como Héctor Pesquera, Julia Keleher, Jorge Haddock, etc., con más de $200,000. La espuma de los salarios desorbitantes ascendió recientemente hasta provocar un asomo de dignidad en la Legislatura cuando el flamante Díaz Granados fue nombrado director de la AEE con un sueldo de $750,000 al año. Al fin y al cabo era bastante menos que el casi millón de dólares que una vergonzosa Junta de Gobierno de la AEE negoció con Walter Higgins otorgándole unos bonos de productividad que doblaban su salario. Con la salida súbita de Díaz Granados y la llegada de José Ortiz a la dirección de la AEE, parecería que reinó la vergüenza. Sin embargo, José Ortiz, con su salario de $250,000 al año se está ganando $80,000 más que Justo González, el director interino de la AEE antes de llegar Walter Higgins.

Todo este baile indecoroso de privilegios ejecutivos contrasta con el implacable empobrecimiento de decenas de miles de personas. En cierta medida, se trata de un síntoma que pone al descubierto algo que pasa con menos visibilidad en la economía: la intensa polarización de la riqueza que se ha fortalecido de forma alarmante durante las últimas tres décadas de política económica neoliberal. Desde el punto de vista del bienestar del país, de las condiciones de vida de su población, y de los índices principales del crecimiento económico, el neoliberalismo ha sido un fracaso estruendoso en Puerto Rico. Algo que no debe sorprender debido al marco colonial específico en que ha operado esta política irreflexiva e irresponsable que se ha impuesto en la isla. No todo es amargura, claro está, una minoría local y extranjera ha tenido su fiesta. Aun cuando la llamada manufactura ha perdido más de 50,000 empleos entre 2007-2017, ha podido exportar más de $350,000 millones en ganancias.

Hemos repetido durante años que esta política neoliberal desembocaría en un proceso de recolonización de Puerto Rico. Incluso caractericé la política anexionista de Luis Fortuño (2009-2013) como la caja vacía de la estadidad. El descalabro económico de Puerto Rico no puede disociarse de su condición colonial ni de los efectos violentos del neoliberalismo con sus privatizaciones y desreglamentaciones. La presencia de la Junta de Control Fiscal y la intervención colonial directa, ya sin disfraces, del Congreso estadounidense es consecuencia de la política de los dos partidos de gobierno de la isla. El resultado tiene aspectos grotescos que recuerdan el gobierno militar estadounidense de fines del siglo XIX y principios del XX. La privatización de la AEE, una propiedad pública principal, incluye ya gestiones directas del Congreso, la Comisión Federal de Energía, FEMA, y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos. ¿Cuánta voluntad le queda a los políticos domesticados de la colonia? La entrega local no basta, sin embargo, para esconder totalmente lo que ha adquirido una dimensión de expropiación de una riqueza pública. Claro, al no haber resistencia en el gobierno, la expropiación se hace con la oscura tinta de la ley, de la misma forma que se expropiaron las tierras agrícolas a principios del siglo XX: bajo las sagradas normas del mercado.

Hay otro síntoma de la crisis que es necesario destacar. El presupuesto consolidado del gobierno para el año fiscal 2018 fue de $25,569 millones. El presupuesto consolidado para este nuevo año fiscal ha descendido a $20,663 millones. Nunca antes se había visto una reducción de esta magnitud: $4,906 millones menos. El presupuesto consolidado será 19% más pequeño. La violencia económica y política de estos movimientos de enorme magnitud se sentirán con mayor agudeza en los sectores asalariados del país y en las comunidades pobres que verán nuevas limitaciones en los servicios del gobierno: educación, salud, transportación, entre otros. ¿Qué hacer ante una crisis que sigue profundizándose?

Un aspecto imprescindible es salir del aislamiento. La fragmentación y el individualismo son efectos del mercado y de la política que lo favorece. Hay que construir espacios públicos de diálogo, espacios de solidaridad comunitaria. La ilusión y la esperanza no se construyen en la soledad, necesitan de la imantación del espacio público. Se alimentan de la solidaridad. Débiles como están, los sindicatos podrían cumplir una función destacada si abren sus puertas al pulso comunitario y captan que el diálogo abierto y franco, sobre el terreno de una crisis común, podría debilitar los viejos sectarismos. La debilidad sindical se podría transformar si los sindicatos se convierten en un espacio de convergencia para el pueblo golpeado. No se trata ya de retórica: es una cuestión de vida o muerte, un asunto serio que tiene que ver con la sobrevivencia de nuestro pueblo.

Vivir es cuidar

Somos todos hijos e hijas del cuidado. Nadie sobrevive sin tener, al menos en los primeros días, a una persona que le garantice los cuidados necesarios. En la India del siglo V antes de nuestra era, Sidharta Guatama, el Buda, afirmaba: “Todos / as estamos llamados a mirar a otra persona como una madre cariñosa mira al hijo que está en su útero”.

Filósofos de tiempos antiguos hasta los del siglo XX, como Heidegger, comprendieron que lo que más define al ser humano no es la capacidad de pensar, sino la vocación de cuidar. Lo que nos hace ser personas es la relación del cuidado, recibido y compartido.

Es urgente recordar eso para comprender mejor las raíces de la crisis social y política en que estamos sumidos. La sociedad contemporánea se desarrolló mucho en el plano técnico y científico. Aunque ha mejorado la comunicación virtual, ni la comodidad ni las facilidades de la tecnología llenan el inmenso vacío que las personas sienten.

En el siglo IV, San Agustín oraba a Dios: “El corazón humano nunca se saciará mientras no reposa en Ti”. Sin embargo, actualmente, parece que la mayoría de la gente no se muestra tan interesada en esa relación. A lo largo de la historia, muchas veces las religiones presentaron a Dios como un ser distante de nuestra vida, todopoderoso, amigo de sus amigos y cruel con los que no lo conocen. Esas imágenes mezquinas de Dios alejaron de él a gran parte de la humanidad. Y eso continúa con hambre y sed de amor. Todo el mundo quiere ser feliz, pero busca la felicidad en el consumo y la ambición del poseer.

El sistema dominante exiló la ética de las discusiones sobre la vida social. Al hacer eso, la sociedad humana desertó su vocación fundamental de cuidar la vida y las relaciones sociales y amenaza la continuidad de la vida en el planeta.

Quien cree en Dios sabe que su Espíritu se manifiesta en todo acto de cuidado y solidaridad. Muchas veces, las Iglesias tienen la pretensión de decirles a los cristianos y al mundo cómo deben comportarse en la totalidad de sus vidas. Sin embargo, lo hacen en el plano de la moral personal. En el ámbito social y político, los que se dicen creyentes se preocupan más por la moralidad de las relaciones personales que por la ética de la justicia y de la paz. Actualmente, el papa Francisco ha insistido: la ética de Jesús se fundamenta en el amor y la misericordia.

Las sociedades indígenas de América Latina proponen como criterio de nuevas relaciones sociales el Bien-vivir. Es un camino de cuidado con todo ser vivo y en él podemos contemplar el Espíritu, presente en todo el universo.

Crucigrama: Nancy Morejón

Horizontales

1. Nancy Morejón _____; poeta, ensayista, periodista, crítica literaria, y traductora cubana. Miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua.

7. Pez teleósteo cuya carne se consume fresca o en conserva.

9. _____, ciudad atribuida; poemario de Morejón.

11. Pone huevos.

15. Avalancha.

17. Nancy _____ Hernández; se desempeñó como Asesora de Casa de las Américas, y como Presidenta de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

19. Inflas.

21. _____ y mestizaje en Nicolás Guillén; Morejón obtuvo el Premio Nacional de Ensayo “Enrique José Varona” de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba por este libro.

24. Antonio _____; pintor, periodista, profesor, narrador y poeta puertorriqueño.

25. Del verbo leer.

27. Tablar de huerta.

28. Provincia de la región de Piamonte, Italia, célebre por su vino.

30. _____ Morejón; autora de Elogio y paisaje, La quinta de los molinos, Mutismos, Amor, ciudad atribuida, Richard trajo su flauta y otros argumentos, Lengua de pájaro, comentarios reales, Nación y mestizaje en Nicolás Guillén, Fundación de la imagen y Octubre imprescindible. Tradujo Las armas cotidianas.

31. Adjetivo demostrativo, fem. Pl.

32. Mugido.

33. Raspa.

34. Botella _____ mar; poemario de Morejón.

35. Elogio _____ paisaje; poemario de Morejón galardonado por el Premio de la Crítica en 1997.

36. Símbolo del barrio.

39. Vivienda esquimal.

41. _____ Zag; libro de J. Zahonero.

42. Nombre de la letra b.43. La _____ de los molinos; poemario de Morejón que obtuvo en Cuba el Premio de la Crítica en 2000.

44. 7 de _____ de 1944; nacimiento de Morejón.

Verticales

1. La _____; ciudad natal de Morejón.

2. Las _____ cotidianas; traducción de Morejón del libro de Paul Laraque.

3. Arrojad.

4. Richard trajo _____ flauta y otros argumentos; poemario de Morejón de 1967.

5. _____; poemario de Morejón de 1962.

6. Lengua _____ pájaro, comentarios reales; libro de ensayos de Morejón de 1971.

8. Conjunto de células u organismos genéticamente idénticos.

10. En otro tiempo, en un tiempo pasado.

12. Sultanato de _____: país cuya capital es Mascate.

13. Forma de pronombre.

14. Símbolo del argon.

15. Achaque.

16. Reúnas.

18. _____ Poniatowska Amor; escritora, activista y periodista mexicana.

19. Me dirigía.

20. Papaya en México.

22. Plural de la letra i.

23. _____; barrio de la ciudad de San Bernardo en Chile.

25. Hogar.

26. Elevé la bandera.

29. Fundación de la _____; libro de Morejón de 1988 que recoge diversos estudios sobre figuras cubanas, antillanas e hispanoamericanas de los siglos XIX, XIX y XX.

31. _____ de la danza; poemario de Morejón publicado por la UNAM.

36. Biberón.

37. Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de _____; fue presidida por Morejón.

38. Félix de _____ Comella; escritor catalán miembro de la Real Academia Española.

40. Cuaderno _____ Granada; poemario de Morejón de 1984.

Estación a la deriva (VIII)

AHORA QUE SE ABREN LAS FRONTERAS y los ríos se desbordan por el mundo; ahora que los muros se rompen desde adentro y un temblor estremece los pilares de la tierra; ahora que todo está tan cerca y tan lejos como para no tocarlo; ahora que todo es una máscara sin rostro y que nada es de nadie, y que las palabras se pierden sin sonidos y las voces se disipan sin sus ecos; ahora que todo es del otro y de los otros; ahora que no hay sujetos discernibles sino sólo predicados revoloteando en el vacío, ¿qué resta? Pues los nombres, no más: las palabras. Pero acaso la pregunta sea otra: ¿hubo alguna vez algo más que las palabras? Decir que no implica un sí indudable, inescapable.

*

LAS LLAMAS NO LO SABEN: son el fuego, / el fuego que arde y quema y no fatiga / su rostro indefinido. Nos intriga / por su calor antiguo. Yo me entrego / a su simplicidad con gesto ciego / pero algo se desborda: es la enemiga / corriente de agua. A golpes la fustiga / y se le va la vida en ese juego. / El fuego no se deja, el fuego sabe / que es nuevo y es eterno. Cuando acabe / se acabará la sal que llena al mundo / y en cada soledad, envuelta en hielo, / se perderá otro infierno y otro cielo / y otro sueño, acaso el más profundo.

*

ESCRIBIR UN SONETO SOBRE EL FUEGO en Estocolmo es muy difícil. Hay un viento frío, terrible, que nos cala en los huesos y en el centro mismo de la soledad. La sangre añora el calor. La carne se muere de tristeza en ausencia de las llamas. La llama de cada día –la poesía– se siente perdida en este lado del mundo, y hasta el agua tiembla de miedo y de frío. El agua que nos recobra y nos devuelve teme hacerse hielo y no encontrar las rutas del regreso. No lanzo mensajes en botellas porque el agua endurecida rompe el vidrio, y los versos no me salen. No encuentro las palabras, el tono, la forma. Estoy perdido en algún lugar de este cuaderno, sobrevivo en él y nado entre sus páginas.

*

QUE NO PASE UN DÍA sin que hayamos conocido tu misterio. Que cada instante te diga desde siempre. Que no pequemos sin ti ni exista contrición sin ti. Que blasfememos en tu nombre y en cada maldición te sintamos. Que no haya prisa en nuestros miembros cuando osen tocarte. Que no se acaben las preguntas que en la noche guardamos para ti. Que fatiguemos los caminos en tu busca y que cada sendero sea un encuentro y un extravío. Que seamos sin ti sólo para ti, y que en cada momento arda tu ausencia, y que así te añoremos desde el fondo mismo de tu inmenso vacío. Que nos pierdan los locos en la calle cada vez que preguntemos por tu morada. Que se borren los mapas y los nombres de los pueblos. Que cada señal sea lo inverso o lo otro y que nos lleve a ningún lado. Que te pierdas, al fin, que no aparezcas, para que cuando sintamos estar solos estemos verdaderamente solos, y lo sepamos y lo aceptemos sin reproches. Que la historia se borre. Que no hayas existido, y tu nombre sea nunca jamás. Que cada marca que pudiste dejar se borre, y sólo quede un sueño, una vaga imagen del alba que con la luz se esfume, y al final podamos despertar. Así sea.

*

LOS DÍAS VAN MURIENDO de lado o bocarriba. El frío se los traga, la luz a medianoche de Estocolmo los esconde, y las calles, que falsamente los prometen, los ocultan. No hay nada que hacer. Si es cierto que a cada día corresponde su propio afán, pues nunca acabo. Si la noche no existe, sólo creeré por fe que hoy no es ayer, y que mañana nunca llegará porque sólo estaré en otro día extraño y semejante al de hoy. ¿Pero acaso lo sé? ¿Quién soy yo para saber qué día es éste? ¿Quién soy yo para morirme sin saber? Los días van muriendo arrodillados, de pie, haciendo sombra al filo de la luz, y las sombras se desbordan, y la luz nunca acaba, porque acaso los días así lo quieren y en el fondo se resisten a morir. No sé. ¿Quién soy yo para saber o no saber?

*

UNA CASA DE CATORCE TABLAS donde quepan tantas preguntas que reviente. Un “ubi sunt” perpetuo que nos lleve a desechar toda respuesta. Un soneto, al fin, que nos ocupe por siempre, y que su forma proteica sea nuestra forma, para que en cada verso nos perdamos, para que en cada pausa preguntemos sin voz y sin aire, y así morirnos, sin haber encontrado dónde: ¿En dónde arde mi voz desecha? ¿En dónde / arden mis manos sus dedos roídos? / ¿En dónde arden los cuerpos, derretidos, / y en dónde la mirada que se esconde? / ¿En dónde el vago gesto de la tarde / y el eco ya sin voz que me perdiera / al borde de otro mar, otra ribera? / ¿En dónde la guitarra suena y arde? / ¿En dónde te he perdido? ¿En dónde muero? / ¿En dónde corro? ¿En dónde está el acero / que acechara mi carne? ¿En dónde el río? / ¿En dónde el viento? ¿En dónde la ventana / en que asomé mi rostro una mañana? / ¿En dónde aquel sendero que extravío?

*

EL MÁS PRECIADO DE LOS ELEMENTOS, el fuego, no cabe en un soneto. Sobre todo cuando hace frío, cuando todo esconde el rostro proteico de las llamas, y entonces algo falta o algo sobra. Las líneas se resisten. Los puntos y las comas no están a sus anchas, no llegan a la naturalidad de la prosa. Los acentos extravían posiciones. El ritmo es sordo. Las voces se confunden en un torbellino. Proliferan los puntos de vista. Convergen perspectivas. No se alcanza el soneto. No se colma la horma cambiante. Como un incendio, parece devorarse, parece levantarse sólo para caer, para que el golpe sea más fuerte, y al final sólo queda la vaga sensación de haberlo visto todo en otra parte.

*

LA HISTORIA DE NUESTRA VIDA podría ser la historia de un poema, su secreta cronología. De cada una de esas palabras una y otra vez repetidas podríamos levantar un inventario donde quepan las mañanas, las tardes y las noches. En la sintaxis podríamos encontrar las claves, las causas y los efectos. En la conjugación podríamos encontrar las preeminencias, los grados de heroísmo, las señas de egoísmo. En los tiempos de cada verbo podríamos construir leyes de proyección. En el ritmo, de haberlo, podríamos hallar las evidencias del hastío, del alboroto o de la serenidad. En la colocación de los signos y en la corrección podríamos adivinar secretas intenciones. La secuencia de nuestra vida fácilmente podría ser contada desde esas minucias, desde esos detalles. Si el poema es bueno, nada sobrará. Y si en la cronología cada fecha es una parte insustituible, pues entonces, bien hecho. A escribir y a vivir.

*

SE ACABA ESTOCOLMO ENTRE LAS MANOS. Se acaba el silencio y la luz de medianoche, la luz pálida y tenue que me acompañó el otro día por las calles desiertas a las dos de la mañana. Se muere esta calma y esta ausencia tranquila, que va cediendo su lugar a otra ausencia. Una caja de mapas me despierta en la mañana, una caja repleta de rutas y papeles sin dueño, y se acaban las piernas y se esfuma el dinero. Entonces el círculo se va cerrando, los números se vuelven periódicos, y todo es un latido idéntico, sin nombre, sin rostro ni cuerpo, sin señas más allá de la sangre que fluye y fluye sin reposo. El ciclo es ya casi completo. Sólo nos quedan en las manos las marcas del retorno, que es un vértigo y una huida. Sólo nos quedan canciones tristes de un uruguayo –Alfredo Zitarrosa–, y el duro rasgar de su guitarra. Nos vamos escapando de este frío Estocolmo y nos llevamos un frío aún más intenso en el alma, y una ganas terribles de un pronto regreso. ¿Pero qué nos sucede, que lloramos? ¿Qué nos pasa, si apenas hemos llegado, por las aguas de este archipiélago hermoso? Este frío nos llegó a besar los huesos, y ahora, prestos al calor de otras latitudes, sollozamos como niños, y nos hacemos un paquetito de guardadas tristezas, y al fin, sabiéndolo o sin saberlo, nos vamos tan desnudos como nos fuimos de Londres y París, con un pedazo de tierra en las manos, y el corazón repleto, ya casi reventando, por lo que dejamos, por lo que habremos de seguir dejando. Estocolmo se derrama lentamente, paso a paso, y en la boca queda su hueco, y la voz ya no quiere decir lo que ella dice.

*

EL TREN ACABA DE SALIR DE ESTOCOLMO rumbo a Copenhague. Otra despedida en la estación. Se va uno acercando a las cosas para luego acumular distancias. Ya no hace frío. Las fronteras de sal vuelven a abrirse. Las murallas se quiebran y la voz se duplica. Estoy aquí o allá. Me desplazo del borde hasta la orilla, recorriendo cada parte de nada. Este tren no lo sabe. Este tren se resiste a saberlo, a decirlo, a gritarlo. Corre y corre. Me ignora. Cree avanzar por los rieles hacia una estación futura. No sé, no quiero saber a dónde voy. Ámsterdam, San Juan, Princeton, New York, Chicago o Boston son sólo nombres. Los senderos se derraman como el agua o la arena. Me voy a todas partes. (1995)