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c.1989 (cuarta entrega)

Voy a tomarme una pausa de los sueños y los miedos y la memoria. Me interesan estos años no porque me acuerde. Es todo más o menos un invento. O algo sí me acuerdo, pero por eso mismo será banal, si es que el recuerdo es un barco que partió de puerto sin perspectiva de costas, algo así, una invención como todo viaje. Pero algo pasó allí en esos años, la fecha es imprecisa. Una vuelta de tuerca, un giro de esos que da la historia a diario y que a veces les da por ser de verdad históricos, sólo que no nos damos cuenta. Hasta después. Ahora, por ejemplo. O después se lo decide, se decide que fue importante. El 1989, por ejemplo, un año que habría que marcar en el calendario en retrospectiva, si los calendarios se llenaran al revés, una vez que ya pasaron, por eso de darles un poco de verdad.

Pasaron cosas en los años en los que yo crecía. Vico C, por ejemplo, tuvo su primer éxito comercial con la canción “La recta final.” Un éxito importante, porque su título apocalíptico recoge bien el tono de una era. También, menos apocalíptico, menos profundo, pero no menos sintomático, Rubén DJ sacó un tema notable, “La escuela”. Es curioso observar desde esta distancia esa mala manía por los mensajes edificantes, cómo pululaba. Cualquiera que viniera a decir que había que hacer deportes y combatir las drogas salía gobernador. Todavía no había pasado, pero se estaba preparando el terreno. En el 1992, Roselló ganó con la consigna “Duro contra el crimen”, vistiendo unos pantaloncitos cortos deportivos y cara de buenas intenciones. En su campaña decía que se nos estaba acabando el tiempo para salvar a Puerto Rico del crimen y las drogas. “Le escuela” bien puedo haber sido el tema de su carrera hacia la gobernación —quizás si Rubén DJ no hubiera sido negro y de caserío, porque Roselló claramente se presentaba como un padre de familia blanco de clase media, que venía a salvar a los hijos blancos de los otros padres blancos de clase media del peligro que constituían en las calles los negros de los caseríos.

Se me ocurre, pero será eso, sólo una ocurrencia, que hay una extraña familiaridad entre las canciones de Rubén DJ de finales de los ochenta y la campaña de Roselló del 1992. Ambas estaban preocupadas por la violencia y las drogas. Y es como si de repente nos hubiera saltado encima la cosa violenta que yo temía que me atacara al salir de la bañera, desprevenida. Ellos respondieron al problema con una ingenuidad que daría risa si no fuera tan triste ver ahora su despliegue de décadas.

En diciembre del 1989, yo sólo tenía cuatro años, y a Rubén DJ le dio con escribir otro éxito, “Feliz Navidad.” En ella decía, lo veo ahora en You Tube regresando a las imágenes de mi infancia que no recuerdo, que la gente de nuestro pueblo “ya no vive con amor sino con miedo,” que “qué pena que no estamos como hermanos,” que “nos estamos matando como gusanos,” y observa que “ya no existe la unión familiar, sino la envidia,” y —este es el gesto importante de la canción— le dice al oyente: “piensa que debemos corregir todos los errores para ser feliz; luchar, perseverar en los problemas que tenemos, y así en el futuro felices seremos.” Casi me enternece que, en una oración apenas compleja, alguien haya creído que podía encapsular la totalidad del problema nacional. Pero basta compararla con el texto de un anuncio de la campaña de Roselló para entender que Rubén no estaba tan lejos del nivel de análisis con el que nos cogió de pendejas quien salió gobernador: “Nos estamos acercando a un nuevo siglo y muchos creen que en Puerto Rico las cosas no pueden cambiar, yo creo que sí podemos, por eso decidí dedicar todo mi esfuerzo a lograr ese cambio, un cambio que tenemos que hacer ahora. Tenemos que enfrentar el futuro con confianza y entusiasmo, con ideas nuevas, y con el compromiso de hacer un mejor Puerto Rico.”

Entonces pienso que hay algo quizás sintomático, quizás incluso idiosincrático, en el imperativo con que Rubén DJ se dirigía a nosotros. La idea de que el que persevera gana, ese optimismo idiota. Es exactamente lo mismo que creer en el hada protectora de la canción de Pinocho (ver la parte 2 de esta serie), pero la canción de Rubén DJ es infinitamente más pobre e ingenua. La canción de Pinocho es perversa porque esconde un subtexto en el que siempre queda abierta la posibilidad de que el hada protectora no salve a Pinocho, de que el hada protectora no exista en absoluto y Pinocho muera a falta de un donante de corazón. La autoridad didáctica que asume el rapero, en cambio, no deja lugar a la sospecha, se basa en un racionalismo estúpido, mecánico, que establece que si pensamos correctamente encontraremos la solución, y tiene todavía la confianza pendeja de que incluso la pondremos en práctica como por magia silogística.

No me acordaba de que el rap de Rubén DJ era principalmente didáctico. Casi todas las canciones llevan por título el tema del que tratan, el problema a tratar: La escuela, El alcohol, Feliz Navidad, Ponte el sombrero. Las fallas a las que apunta la canción se perciben como asuntos individuales. El malestar social se debe a errores en el comportamiento de cada fulano de tal. A la decadencia en los valores, a la falta de unidad familiar, a los muchachitos que no escuchan consejos y no van a llegar a viejos, a los padres que no crían bien a los hijos. Esas son las causas detrás del problema de la violencia y el narcotráfico, según el rapero. Un problema tan profundo y de dimensiones transnacionales que la letra de la canción, incluso si pudiéramos reconocerle algún pequeño mérito de ingenio, no llega ni a penas rozar. En su lógica banal, bastaría con que fuéramos siempre a la escuela, no bebiéramos alcohol, nos amáramos en vez de matarnos, nos pusiéramos el condón, y ya, lista la receta para un país que se derrumba. Es casi fascista el programa: orden, control, y reducción de la población. Escucho estas canciones en mi computadora, veo los videos, tan lejanos, tan increíblemente lejanos en su simplicidad, en su tontería bien intencionada, y a penas puedo creer que yo ya estaba viva cuando eso pasó. Lo que es más, que incluso cabe la posibilidad de que yo haya visto ese Show de las 12 en el que aparecieron Rubén DJ y Jelly D, enviando un cándido mensaje de amor a las familias puertorriqueñas. Un gesto heroico de la ingenuidad que casi me conmueve pero al fin termina por encabronarme.

Ya después de que ganó Roselló y empezó a cumplir con su promesa de la guerrita esa contra las drogas, o ya para ponernos honestas, contra los pobres y los caseríos, los cantantes que le siguieron los pasos del ritmo a Rubén DJ se dieron cuenta bien rápido de que el rap y el didacticismo no iban de la mano. La ingenuidad imberbe de Rubén no iba para ningún lado. Ellos también estaban metidos, como todos nosotros, en esa violencia que Rubén y Jelly denunciaban el el 89, pero, cambio de síntoma notable, no les interesaba para nada mirar a esa violencia desde afuera, tomar distancia, mucho menos educar a la población para combatirla mano a mano. Había, por el contrario, algo de voluntad transgresora, algo de respuesta guerrera, algo de aquí vamos a hablar los que están siendo silenciados a mano dura, de vamos a hablar de lo que no nos dejan, de nosotros, de esta vida, lo vamos a poner en la radio y al final vamos a poner a todos a hablar de eso que se esfuerzan tanto por rechazar con su trazo urbano bien delimitado, con sus controles de acceso, con su colegios privados, con su racismo. Como una venganza brutal del indecoro. Y también había, claro, cuándo no, mucho de dinero. Nosotros los pobres ahora vamos a hacer dinero, algo así era lo que decían, digo yo, y lo vamos a hacer a partir del dinero de todos los que no nos querían escuchar. Y decían que la venganza era dulce y rítmica porque terminaron comprando sus CD’s o a lo mínimo meneando las nalgas en las fiestas con el dem bow. Nos vamos a llenar de chavos, y a los que se les ocurrió que era una buena idea meter a un montón de gente en casas de bajo costo a vivir hacinados, marginados y eternamente pobres, pues que se vaya enterando de que no, que queremos llevarnos una parte del bizcocho que se están comiendo quién sabe dónde. Vamos a tirarles a todos en la cara nuestra realidad indecorosa. Y no lo vamos a hacer con un mensaje fácil y bonito de que si esto está bien mal y hay que cambiarlo, no, a nosotros no nos tiene que venir a cambiar nadie, el mensaje es que aquí estamos, que mírennos, que brillamos, y que no nos vengan a joder. El mensaje es que nosotros nos hemos desarrollado al margen del estado, en el margen donde el estado nos puso, y que vamos a jugar la parodia del juego llenándonos los bolsillos con el dinero que sustenta al estado mismo. Y si los que están adentro se comieron la mierda y no fueron capaces de generar una cultura nacional efectiva porque se perdieron en planer para robar mejor o en discusiones sobre qué era lo nacional y qué era la cultura y se les olvidó que aquí estábamos, ah, pues si se les olvidó porque se volvieron quizás un poco abstractos desde la lejanía y cuando les dieron un puesto en el que podían hacer leyes y en el que podían decidir quién estaba dentro y quién estaba fuera se siguieron olvidando de nosotros, ah, pues ahora no se van a poder olvidar, y no necesitamos su permiso para poner a circular nuestro estado paralelo de las cosas, porque la tecnología ya está como para que cada cual se las agencie. Llegamos a la radio, llegamos a las casas disqueras, llegamos a los cuartos de tus hijos y a tu cuarto también, a los carros, a las marquesinas y a todas las fiestas. Tenemos armas con balas, pero también tenemos los cassettes. No nos cogen por ningún lado.

O al menos ese fue el mensaje que yo entendí que se iba desarrollando según yo iba creciendo, desde finales de los ochenta hasta que explotó Daddy Yanquee temprano en los 2000, y ya eso vino a ser otra cosa, otro síntoma de otra cosa más. Y se me ocurre que el reguetón ha sido la sublevación más exitosa que ha existido en Puerto Rico. Si hubiesen puesto todo el dinero que ganaron al servicio de algún proyecto común, en vez de vidas de magnates, se hubieran quedado con el país. Pero tomar este país, por los medios tradicionales de la política, no estaba en los planes de nadie. La vida, claramente, se estaba desarrollando en otra parte, en otras formas. Rubén DJ con su mensajito mongo no lo entendió. Roselló, sin embargo, ganó en el 1992 con el mismo mensaje.

#PUR Los nuestros lágrimas centroamericanas

Nota: Hace un año se fue Elliot Castro, hoy lo recordamos con la intensidad del primer día. Aquí dos notas desde perspectivas diferentes. Sus familiares invitan a una misa de recordación este jueves 26 a las 6:00p.m. en la Parroquia Episcopal, La Encarnación en la Urb. Roosevelt.

Por Sacha Acosta

Son tantas y tantas las historias que no habrá manera de escribirlas en estas dos semanas. Esas historias tienen las mismas cantidades de existencias que las lágrimas derramadas por mil emociones que provocan nuestra Delegación. Digo mil para ponerle un número, pero pueden ser infinitas.

Las lágrimas son significado de satisfacción. Otras, las menos que queremos, de frustración. Donde hacemos la tregua es en el dolor. Otras lágrimas se complementan coraje, alegría, frustración y de amor. No obstante, su resultado es siempre el mismo: sacar emociones del alma que hablan mejor que 10 mil palabras.

En estos días, desde el 19 de julio hasta el 3 de agosto, las lágrimas serán acompañante en estas justas Barranquilla 2018. Lloramos desde el primer día con desfilar con frente en alto, luego de ser sacudidos por María y la situación social que vivimos como país.

Lloramos desde la primera medalla en poomsae. Lloramos con las medallas que abren un nuevo capítulo en la historia con la plata de Andrea Maldonado, por su esfuerzo y dedicación. Andrea se entró entre las mujeres pioneras: primera mujer en Puerto Rico en ganar medalla, de plata, en “all around”. Una historia que sigue añadiendo valor a la nueva generación femenina de gimnasia artística.

También incluyo las lágrimas de dolor por el cuarto lugar de estas chicas el sábado en por equipos y el segundo lugar de tenis de mesa masculino. Estas lágrimas yo las transformo en satisfacción porque son un relevo generacional que van a seguir cosechando muchas historias.

Unas lágrimas especiales son las de vergüenza deportiva. El histórico oro y plata doble mixto de tenis de mesa derramó lágrimas de vergüenza deportiva, respeto deportivo y de emociones encontradas. Sí es cierto que fuimos oro y plata, pero el detalle es que estaban sangre de su sangre jugando en contra Adriana y Melanie Diaz. Estas chicas nos llevaron a trasladar ese sí y no quiero competitivo: el oro o la plata, la victoria o la derrota, la familia o la competición. Adriana y Melanie nos enseñaron que en el deporte también se viven la toma de decisiones difíciles. Lo mismo Brian Afanador con Daniel González, dos caballos tenimesistas que han vivido como familia por un país.

Otras lágrimas llegaron hoy… llegaron menos intensas que hace un año. Un 23 de julio de 2017 salió en falsa salida nuestro amigo, mentor, charlatán y comentarista favorito, Elliott Castro Tirado. El Facebook me recordó lo mucho que debo trabajar para no descompensarme en el recuerdo de su partida. Al mismo tiempo, recordarlo orgulloso de todos los que hemos cogido el relevo comunicador para informar con respeto, responsabilidad y pasión las ejecutorias de nuestros atletas. Solo me imagino texteando datos históricos, haciéndome observaciones a esas horas 3:00 o 4:00 de la mañana sobre nuestro #EquipoPUR y ya saben… su amor #LAI. Te extraño tanto. Te extraño mucho con demasiado Súper Elliott. ¡Eres único!  Se te extrañará infinito. Seguirás vivo por tu legado, tu amor y tu patriotismo.

En el deporte las lágrimas son parte de todo. Es una manifestación que no se puede ignorar. Nos hacen seres humanos con voluntad, deseo, éxito esperanza y valor. Tenemos lágrimas para todo. Las lágrimas que hoy son centroamericanas.

Reproducido del blog de la autora, laestocada.

Breves de cine Internacional en Nueva York -2018-

Alanis – Dirección Anahí Berneri 2017 Argentina. 82min. “La profesión más antigua del mundo.” Palabras textuales que se escuchan de la boca del varón o alguna que otra fémina. Ya sea del caballero de “buena familia” o el de baja ralea; o de alguno doctorado y perverso, al igual que del más exquisito de los artistas. El pesado silencio y la súbita seriedad de ella a partir de tal pronunciamiento significa para el varón acatamiento del supremo dictamen patriarcal. Continuando el razonamiento culto e ilustrado: hasta en la antigua Grecia la diosa Afrodita Pándemos “la de las mujeres públicas” tenía su altar y se le rendía honor sacrificándole cabras. Para que entendamos que su lugar en la escala social había sido decidido de antemano; santificado, y que no debe ser cuestionado. Tampoco los epítetos consagrados propios de tal profesión y negocio no desparecerían de los códigos de comunicación verbal o escritos en la piedra –hetairavestalcortesanagolfabusconacualquierabarraganamesalinacelestinaputana. prostitutafurciameretrizrameracabareterazorraputaperramujermalamujerdelavidacallgirlperdidacabrona..jineterahijadeputa– (es normal que no se cuestione), porque se les paga para que den servicio ¿de qué se quejan? Alanis, personaje central de un filme que podríamos titular “Venus y Cupido”, una joven provinciana madre soltera, abandonada a su suerte por el amante (tema bastante manoseado en el viejo cine mexicano), a quien encontramos en Buenos Aires ejerciendo la prostitución callejera, o lavando baños e inodoros por la ciudad. Es madre de un hermoso niño en plena lactancia. El infante de año y medio posee un limitado vocabulario pero sabe muy bien la clave de la supervivencia y el placer infantil: “Máa ¡Teta!” Ese es Dante, su bebé que camina tambaleándose con gracia conmovedora. El profundo terror de Alanis era y es, que le quiten su niño precioso, razón de su existencia, porque las autoridades invadieron el pisito que ocupaban arrestando a su compañera. Como consecuencia el casero la tiró literalmente a la calle al descubrir su ocupación, “el oficio más antiguo de la humanidad”. Ahora maneja el servicio por su teléfono móvil, y se mudó con una tía. Montada en el auto de algún cliente en parajes desolados debajo de los puentes le puede surgir un sujeto con señales de disfunción eréctil, que la insulte indignado, que le pague menos o nada, si su felación no le provoca siquiera una mínima erección. Puede ser que el próximo se queje porque no le susurre palabras tiernas o mejor, groseras, y de paso reprocharle que no ha aprendido a bailar procazmente en el tubo. ¿Y qué tal la paliza que le dieron las cariocas prietas del país vecino cuando la sorprendieron operando en su territorio de adopción? Le maceraron el rostro, y está viva de milagro porque tuvo que correr como una perra aterrorizada y maltratada a refugiarse bajo un camión hasta que la perdieron de vista en la oscuridad. Nada, nada, no pasa nada, ¡cosas de la profesión más antigua del mundo…!

La película Alanis recibió dos galardones máximos en el Festival de Cine de San Sebastián, España 2018, la Concha de Plata por Mejor Dirección, y otra por Mejor Actriz para la protagonista argentina Sofía Gala Castiglioni. La artista hizo su entrada con el actor infantil Dante Della Paonera, hijo suyo en la vida real quien hizo el papel de Dante. Además le fue otorgado al filme el Premio Cooperación Española. Sofía Gala fue seleccionada Mejor actriz en el Festival de La Habana 2017, y estaba postulada para otra serie de festivales.

La cinta nos presenta con objetividad las vicisitudes de la trabajadora sexual, sin adornar mucho el oficio, ni pasar juicio moralista. La única protección para estas mujeres es registrarse con los servicios de salubridad y de trabajo social con el fin de aspirar a ser recogidas en un albergue del gobierno. Dada la hipocresía del sistema que ha determinado que tal servicio es ilegal, y la ambivalencia que rige en la sociedad entera al respecto, están condenadas a convertirse en parias y operar en la clandestinidad como en un limbo legal. De ahí surge la intención de la realizadora de revelar las condiciones de la vida de estas mujeres, con la intención de involucrar a las autoridades concernientes, y al ser humano hombre en la búsqueda de una solución apropiada.

Es por esa razón que las organizaciones feministas radicales tanto argentinas como españolas aboguen por un lado, que se declare legal el trabajo sexual, ya que objetivamente somos seres sexuados, y de acuerdo a su criterio es una necesidad social, lo cual les daría a susodichas el derecho a utilizar su cuerpo ejerciendo en libertad tal oficio.

¿Y quién, y cómo se regula, vale preguntar? Porque la prostitución que se da en la actualidad dentro de la burguesía en el capitalismo muestra otras condiciones: puede ser relativamente recatada; las llamadas call girls o escoltas, operan desde la seguridad de sus apartamentos, o visitan, y en teoría pueden ganar bastante dinero. Ahora recuerdo las películas de la directora italiana Lina Wertmüller quien popularizó el término de putana industriale, aplicado también a las burguesas mujeres trofeo que se casan por interés y prestigio. En Alanis se nos muestra una joven de bajos recursos económicos, que podría estar expuesta al uso de substancias adictivas, cuando no al alcoholismo o al tabaquismo. Forzadas a romper noche… porque son pocas las mujeres que sobreviven saludables y lozanas el trajín de la profesión durante muchos años. Se les nota el desgaste: medio desdentadas, de aspecto famélico por la adicción a la cocaína. Terminan acabás como dice el vulgo.

Han surgido voces opuestas exponiendo que en las sociedades que no han resuelto la plena igualdad de derechos respecto al género sin haber adquirido poder real, la mujer seguirá siendo una vasalla, supeditada aún más al poder patriarcal. Es de conocimiento público que en Europa, al desmontarse el sistema socialista, y con la instauración de las oligarquías se desataron unas mafias que siguen operando a nivel internacional con el negocio de trata de blancas. Se comercia en el clandestinaje con las mujeres más pobres, por consiguiente menos educadas de la zona central oriental del viejo continente. Se les explota. Han ocurrido casos repugnantes de mujeres raptadas o engañadas que las mantienen incomunicadas, sujetas a la esclavitud sexual sin paga real, forzadas a operar durante una exagerada cantidad de horas atendiendo infinidad de clientes, bajo amenaza de violencia física. Es sabido que en Madrid, al turismo masculino se le dan tours por las zonas donde operan las mujeres extranjeras para que celebren su belleza y juventud, etc. porque después de todo es el oficio más antiguo del mundo…

Las libertades conquistadas por la mujer siguen teniendo un valor relativo a cada sociedad, porque entran en juego una cantidad de elementos como el factor económico, las relaciones de producción, en un contexto cultural más amplio como son las tradiciones y religiones de carácter patriarcal, que la misma mujer valida o se ve obligada a aceptar; la clase social y la etnia, el nivel de educación, y los derechos formales amparados en una constitución. Luego hay que velar si se cumplen o no. En este siglo hay lugares en la tierra donde nacer mujer es un riesgo. Quedamos horrorizadas cuando nos enteramos de la cantidad de jóvenes núbiles que morían desangradas al ser forzadas al procedimiento ritual del “corte” o infibulación del clítoris, en zonas de África y Asia donde se practica el Islam. El desaparecido director senegalés Oumane Sembène, como buen militante de izquierda (educado en la URSS) dejó su clara y contundente denuncia en su glorioso filme Mooulaadé 2004. El peso de la tradición ejerce tanto sobre la mujer como en el hombre, porque no todos los varones africanos aplauden la costumbre. Los gobiernos no ayudan, ni prestaron atención al pronunciamiento radical de Mandela sobre tal tradición. Hace apenas unas semanas murió por asfixia al aspirar humo tóxico de una hoguera una joven en la zona de las Himalayas que dormía en un pequeño cubículo a la intemperie, al acatar una costumbre ancestral que durante cada ciclo menstrual, la mujer no puede dormir en la casa por estar “impura.” Igualmente en el continente africano está generalizado el mismo tabú, no permitiéndole entrar a la casa, ni cocinar, o le sirva al varón ni un vaso de agua. Entiendo que hay que buscar soluciones inmediatas y aceleradas para problemas de carácter crítico, pero tengo la impresión y pregunto ¿es que se nos han ido olvidado las viejas propuestas del socialismo de democratizar la educación para todos y la insistencia en cultivar la personalidad a través de las artes para fomentar los valores y aspiraciones de un ser humano nuevo a tono con la época actual? Respuesta: ¡A mí no!

*La que suscribe es actriz de teatro, y fue profesora de Español y Estudios Puertorriqueños en CUNY, NY.

Aumentan recaudos para auditoría ciudadana luego de junte de artistas

Luego de que más de 140 artistas se unieran al esfuerzo de auditoría ciudadana que sostiene el Frente Ciudadano por la Auditoría de la Deuda, los recaudos que va obteniendo la campaña “Auditoría Ya” a través de la página electrónica www.auditoriaya.org ascendieron unos $8 mil, según indicó la portavoz Eva Prados Rodríguez. Al momento, han recolectado $28 mil mediante los cuatro formatos disponibles para realizar donativos.

Aunque los y las artistas están coordinando eventos para levantar fondos, los cuales piensan programar para los meses de agosto y septiembre, el miércoles 25 se manifestaron en las afueras del Tribunal Federal en la calle Chardón de Hato Rey, mientras se efectuó la vista de seguimiento al proceso de quiebra de Puerto Rico, tal como comentó Prados Rodríguez en una entrevista con CLARIDAD previo a la actividad simbólica.

Para los próximos meses, se esperan eventos como conciertos o exposiciones de artes plásticas, ya que los mismos artistas han estado donando piezas de su autoría a favor de la causa ciudadana.

El principal coordinador del junte de artistas fue el productor Pedro Muñiz, quien sugirió que a través de un vídeo se fuera convocando a la clase artística del país. A la iniciativa, que tuvo impacto mediático recientemente, se unieron artistas como Andy Montañez, Antonio Martorell, Aurea María Sotomayor, Choco Orta, Danny Rivera, Jacobo Morales, Magali Carrasquillo, Tere Marichal, Zoraida Santiago, entre otros(as).

Además del sector artístico, el Frente se ha reunido con el sector religioso y espera continuar creando uniones con otros grupos sociales como el cooperativista.

La campaña “Auditoría YA” busca una auditoría independiente e integral de la deuda de Puerto Rico, dirigida, financiada y ejecutada por la propia ciudadanía, como alternativa a la crisis fiscal. Esta auditoría integral y ciudadana, gestionada por la Comisión Ciudadana para la Auditoría Integral del Crédito Público, organización sin fines de lucro creada por el Frente Ciudadano por la Auditoría de la Deuda, tiene la finalidad de hacer una amplia auditoría de los 40 años de deuda pública a nombre del pueblo de Puerto Rico.

“Nos hermana la búsqueda de transparencia y justicia. Ante procesos político-económicos poco claros que redundan en el empobrecimiento de nuestro pueblo, nos mueve conocer la verdad detrás de este endeudamiento. El pueblo necesita saber la verdad, y también necesitamos que los responsables de esta crisis respondan por lo que pasó y evitar que esto vuelva a ocurrir. Tenemos que actuar y defender a nuestro pueblo y vamos a auditar esa deuda que nos exigen pagar”, expresó Antonio Martorell en un comunicado de prensa.

Por su parte, la portavoz del Frente,Prados Rodríguez indicó por escrito que esta campaña busca educar al pueblo sobre la necesidad y ventajas de una auditoría ciudadana y conseguir los recursos para cubrir los costos del equipo técnico e investigativo con la experiencia en auditorías de deudas públicas e independencia necesaria para llevar a cabo está histórica gestión, según los estándares de contabilidad y legales correspondientes.

Como indica el comunicado, la Comisión Ciudadana se propone completar los trabajos de auditoría iniciados bajo la Ley 97 de 2015 para conocer de manera detallada el proceso y las decisiones que llevaron al endeudamiento público de $72 mil millones, proceso eliminado bajo la actual administración.

Esta Comisión es multisectorial e incluye 17 personas expertas en derecho, economía, finanzas públicas, planificación como personas provenientes de distintos sectores de interés que aporten a una mayor diversidad de perspectivas al análisis. Quienes la integran realizarán su trabajo de manera totalmente voluntaria, sin salario, dietas, reembolso de gastos ni remuneración alguna.

Tanto organizaciones como la ciudadanía pueden hacer sus donativos con ATH móvil, tarjeta de crédito o PayPal en: www.auditoriaya.org. También mediante cheque o giro a nombre de Comisión Ciudadana para la Auditoria Integral del Crédito Público, enviar al PO Box 21054, San Juan, P.R. 00928-1054 o depositar directamente bajo el número de cuenta 010165791 de la Cooperativa Las Piedras.

Filosofía caribeña y creación literaria en el sureste de Puerto Rico

Según Hegel, las cosas son susceptibles de muchas definiciones. Todo depende del aspecto que se destaque. La labor de la filosofía consiste precisamente en servir de guía a quienes trabajan en la formulación de distinciones sobre lo real. Es decir, a los historiadores, escritores y poetas.

Pocas regiones de Puerto Rico han sido objeto de tanto esfuerzo de definición como el sureste. No es para menos. Entre 1898 y 1932, la comarca vivió un gran drama. Podríamos definirlo como el drama de la producción de azúcar en gran escala. Tal definición, si bien va al punto, deja de lado aspectos cruciales de lo vivido en la zona durante esos años. En primer lugar, podemos mencionar el aspecto cultural, resultante de la interacción entre la negritud caribeña y el criollismo de ciudades como Guayama. Las élites de esa región, gente de ascendencia europea variada, se enfrentaron siempre a una negritud expresamente antillana, también de ascendencia isleña diversa. Sí, sobrevivieron ambas tradiciones, pero al final la negritud fue la de mayor energía cultural. Los ricos del sureste eran de origen español, francés, anglo y hasta canadiense. Pero los negros del litoral, además de sus raíces africanas, mantuvieron viva la gran espiritualidad afroantillana de lugares como Haití y Martinica. El negro, por su bagaje cultural y su visión de mundo, fue quien mejor se adaptó a nuestra geografía y clima. La negritud es el polo definitorio de las relaciones raciales en el sureste de Puerto Rico.

Igualmente, importante fue el aspecto literario del drama regional de esos años. El sureste fue epicentro de la gran poesía escrita de Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XX, particularmente en las obras de Lloréns y Luis Palés Matos. Líricamente ciclópea, la obra de ambos fue temáticamente extensa. Esto fue importante, pues no hubo aspecto de nuestra identidad espiritual que el imperialismo no acorralara con intención genocida. Lloréns primero, y Palés después, cobijaron en sus versos y prosa los elementos básicos de nuestra identidad de pueblo antillano. ¿En qué consiste el ser boricua?, esa era la interrogante. En muchos sentidos, estos dos escritores fueron nuestros grandes filósofos de la primera mitad del siglo XX. La filosofía, por razones del imperialismo cultural anglosajón, se refugió en la literatura.

No se puede caer en la sordidez. La filosofía puertorriqueña, es decir, la interrogante acerca de quiénes somos espiritualmente, encontró en Lloréns y Palés dos intelectuales gigantes. No solo fueron pilares fundamentales de la creación literaria en el sureste, sino que dieron definición a la poesía nacional y a la temática de la identidad. El tema de la negritud, por ejemplo, está presente en la lírica y prosa de ambos. Con Llorens y Palés quedaron “puestos para el pensamiento” los momentos centrales de nuestro paradigma de pueblo antillano culturalmente enfrentado al imperialismo más poderoso del planeta. Estos autores hermanaron la literatura y la filosofía. Lloréns nos dio, en su metafísica, la idea de la puertorriqueñidad pura. Palés, en su visión dialéctica, nos legó la idea del Estar, como elemento de la identidad. Del criollismo crepuscular del juanadino, al Estar en boricua del guayamés, de la metafísica a la dialéctica.

Más recientemente, el sureste se ha posicionado a la vanguardia del renacer cultural y literario de la isla. Me atrevo a incluir en este proceso tanto a las nuevas expresiones de la bomba de la región, con su contenido francoantillano, como el reciente libro de Marta Aponte, PR-3 Aguirre. De nuevo, todas las cosas, incluyendo las experiencias humanas, son susceptibles de múltiples definiciones. En PR Aguirre, Aponte nos brinda una visión literariamente engalanada del diario vivir de los personajes que construyeron (y combatieron) la gran industria y sociedad del azúcar. El sustrato de lo que hemos llamado “el gran drama del sureste” es el azúcar, pero esto adquirió materialidad a través de la actividad pensada de seres humanos concretos.

Despojado de todo adorno social, es decir, en su expresión más básica, el drama del sureste implicaba la siempre mal comprendida geografía de la región. Nos referimos al capricho del capital monopolista estadounidense de transformar el litoral en una vulgar fábrica de azúcar para la exportación a gran escala. Ese proyecto chocó de inmediato con la topografía, hidrología y clima del sureste. Árida y seca en su exterior, la costa que va de Santa Isabel a Yabucoa es uno de los sistemas ecológicos más delicados del Caribe. Además, es parte integral de la cordillera de montañas que le quedan al norte, y de cuyas aguas se nutre gracias a las empinadas montañas. El gran drama del sureste fue, y sigue siendo, también el agua. Al fin y al cabo, para producir una libra de azúcar se requerían, en 1915, cuatrocientos galones de agua.

Tanto impresiona echar un vistazo al mar Caribe desde los elevados picos de la Cordillera Central, como observar la muralla de montes desde la costa. Llanos y montañas son aquí dos colindancias tajantes, sin miramientos y sin transiciones. El agua dulce las une. Poco se piensa en esto, o sea, en la geología y geografía del sureste. En la costa escasea el agua; en los montes, abunda. Por su configuración topográfica, los ríos de la región son secos y breves. Andan siempre con prisa. Tan pronto se crecen con una llovizna, como desaparecen en sus cauces llenos de piedras volcánicas. Derechito al mar se va el agua, con una prontitud que asusta. La sequedad, la aridez es lo que define el sureste; sí, pero no es una sequedad cualquiera. Es un truco de magia: “Basta un palmetazo de lluvia para que todo despierte a un mágico verdor. Es como una ilusión, como un espejismo vegetal y radiante que apenas dura un momento”, al menos eso dicen en Guayama. El sureste es la región de la literatura mágica de Puerto Rico. Uno de los componentes esenciales es el agua; el otro, la dialéctica de raza.

En su novela Litoral, Palés Matos nos da su noción de que “pueblo es acomodación básica entre raza y paisaje”. Durante siglos antes de la colonización no hubo en la región sureste otro elemento cultural que no fuera el susurro indígena de la “leyenda del Guamaní”. Incluso el negro, traído por la fuerza bruta de los conquistadores después del exterminio de los taínos, se adaptó a la fingida infecundidad de los suelos. Allí, todavía abiertas las heridas de los latigazos del mayoral, el negro encontró una forma de desenvolverse como en su propia casa. El europeo, sin embargo, nunca dejó de ser un extraño en las jóvenes tierras: “En el proceso original de nuestra formación psicológica, nos encontramos con dos fuerzas cardinales en lucha: una, la actitud hispánica, huidiza, inconforme, inadaptable; otra, la actitud negroide, firme y resueltamente afincada en el ambiente nuevo”.

A partir del 1898 y ante la perspectiva de enriquecimiento con la gran siembra de caña de azúcar para la exportación, lo que antes había sido una lucha contenida en los límites de un imperio decadente, devino una terrible tragedia. El sureste, con sus suelos áridos pero fértiles, sería en adelante tan solo un objeto, una cosa, una mercancía. Para el capital estadounidense, la naturaleza semidesértica del litoral no era más que otra oportunidad de doblegar las fuerzas del medio ambiente, de someterlas a la voluntad del hombre moderno y su ciencia objetiva. Había que traer agua a los llanos de la costa sur, por los medios que fuera.

Miradas con el corazón abierto y de frente, particularmente desde la bahía de Jobos, los topes de la Cordillera Central nos obsequian la imagen de un animal alargado en reposo. Lo que vemos es su espalda extendida, como ocurre al observar un caballo joven y fuerte reposando en el suelo. Entre 1900 y 1915, precisamente durante la época en que discurre el drama social de que nos habla Marta Aponte en su libro, el hombre blanco, con su tecnología y ciencia, perturbaría la paz milenaria de esos campos. Buscando el agua dulce, siempre necesaria para la producción de azúcar, los nuevos capitalistas invasores ascenderían el cauce del río Guamaní con la misma mentalidad violenta del antiguo conquistador español, sometiendo el majestuoso Carite a sus designios. No es que el agua no llegara nunca a la costa; es que la magia del río Guamaní no le encajaba a las necesidades regularizadas de la producción de azúcar.

Para hacer su voluntad, el nuevo invasor no tardó en revertir por la fuerza los cauces y riachuelos de toda la región montañosa de Guayama. Al río de la Plata, acostumbrado como estaba a desembocar en el norte, le puso un bozal en la boca y lo obligó a mirar al sur. Como si se tratara de domar a un joven alazán, le puso gríngolas, le amarró sus patas y su crin. No conforme con eso, apresó sus remolinos y creó lagos y represas en una región hasta entonces desprovista de aguas estancadas. Igual suerte correría, entre 1909 y 1929, toda la hidrología dulce en las altas montañas que van de Patillas a Villalba, casi una quinta parte del país. Había que mirar al sur, porque el sur ahora pertenecía al norte imperial.

La época de oro de la industria azucarera de Puerto Rico comprende los años 1915-1932. Durante ese periodo, las fuentes de agua dulce del sureste fueron expoliadas para alimentar las necesidades de las centrales estadounidenses. El proceso, en realidad, no tenía mucho de original. Algo análogo ocurrió en Estados Unidos, en las regiones semiáridas de las Grandes Llanuras. Eufemísticamente, se le bautizó con el término “reclamación” y se aprobaron leyes para reclamarle a la Madre Tierra los terrenos desprovistos naturalmente de humedad. ¡Casi como si la naturaleza hubiera incumplido un vulgar contrato! El agua es vida, decían los pobladores originales de las Grandes Llanuras, acostumbrados a sequías tan severas como las del sureste de Puerto Rico. Mas, de lo que se trataba a principios del siglo XX era de industrializar la agricultura sobre bases capitalistas. El campo habría de convertirse en una extensión de la fábrica urbana. Para ello, el capital contaba entre otras cosas con la máquina de vapor, invención que se aplicó tanto a los tractores de arado como a las operaciones de extracción de agua subterránea en las vastas extensiones de las Llanuras del Sur de Estados Unidos. En Puerto Rico, dada la configuración topográfica del sureste, con llanos contiguos a inclinadas pendientes de montes repletos de agua, se recurrió a la irrigación por gravedad.

El término irrigación por gravedad puede llevarnos a un error. Ciertamente, la irrigación no llegó al sureste de Puerto Rico con la invasión del 1898 y las compañías azucareras estadounidenses. Los españoles eran internacionalmente famosos por sus técnicas de diseño de riego y, como era de esperarse, en la isla se empleó la irrigación por canales desde principios del siglo XIX. Pero lo ocurrido entre 1906 y 1932 fue otro asunto, tanto en escala como en fundamento tecnológico. Aquí no se trataba ya de crear líneas de riego con métodos artesanales, bellamente diseñadas y respetando la tradición agrícola europea; sino de alterar la hidrología de una cuarta parte de la isla, o sea de su corazón montañoso, para suplir millones de galones de agua a los cultivos y modernas centrales azucareras estadounidenses. Esto solo se podía hacer sobre la base de la gran industria y con métodos industriales modernos.

Justamente entre 1909 y 1929 se utilizó en la isla la tecnología capitalista más avanzada para la remoción de tierra y creación de lagos y represas. En total se construyeron ocho grandes lagos artificiales, con sus lagunas secundarias, que vendrían a conformar el sistema de irrigación del sureste. A eso hay que añadir todo el sistema de canales, tuberías y túneles subterráneos para la conducción del agua. Realizar esa empresa gigantesca suponía el uso de las grandes máquinas de vapor de principios de siglo XX. Y así se hizo. En particular, el gran capital se las ingenió para subir, imaginamos que, por la fuerza bruta, poderosas locomotoras de vapor a los picos de las montañas más elevadas de nuestra Cordillera Central. Conocidas como “dinkey trains”, estas máquinas formidables transportaban la tierra extraída de los montes, para así hacer espacio a millones y millones de galones de agua represadas. Aún hoy, en pleno siglo XXI, estos montes solo son accesibles por carretas estrechas; de hecho, mal pavimentadas y a una altura de 3,000 pies sobre el mar. Miles y miles de trabajadores raquíticos y padeciendo de anemia fueron movilizados por contratistas estadounidenses y del patio que se subdividieron repartieron porciones específicas de las obras de construcción, incluyendo la transportación y abastecimiento de materiales de construcción. Dice la gente más supersticiosa del centro de la isla que los quejidos desgarradores de las mulas, arrastrando sus pesadas cargas por las empinadas montañas, aún pueden escucharse en las noches sin luna de Villalba.

En rigor, la edificación de la obra del riego del sureste se extendió por dos periodos, de 1909 a 1914 y de 1924 a 1929. Fue financiada mediante la emisión de bonos a nombre de la colonia, o sea, por el endeudamiento obligatorio de los súbditos del imperio, que quedaron empeñados por 46 años. El costo total, con intereses, no ha sido cuantificado, pero es probable que represente billones de dólares en precios actuales.

José Martí solía decir que “es ley que anuncia lo uno en lo alto, y lo eterno en lo análogo”, que todo organismo que invente el ser humano, y avasalle o fecunde la tierra, esté dispuesto a semejanza de los seres humanos. Efectivamente, el sistema de riego creado entre 1906 y 1929 en el sureste de Puerto Rico es una copia o imagen muy cercana del sistema sanguíneo de un hombre o una mujer. Las arterias y venas naturales del flujo hidrológico de nuestras fértiles montañas fueron sustituidas por venas y arterias de concreto y metal, muchas de ellas subterráneas, otras suspendidas en el aire a 1,000 pies de altura; a través de las cuales se logró forzar a presión el agua para que moviera las poderosas turbinas de generar electricidad, uno de los componentes esenciales de los modernos sistemas de riego. Del lago El Guineo, por ejemplo, a 900 metros de altura sobre el mar, sale todavía una tubería de 36 pulgadas de ancho que desciende rápidamente por 200 metros de distancia, en un proceso de progresivo achicamiento, hasta no tener más de 18 pulgadas. Esa caída forzada de agua genera 300 libras de presión y entra de cantazo en lo que se conoce como la planta hidroeléctrica Toro Negro II. Allí mueve los generadores de electricidad, que ya en 1937 producían 4,320 kilovatios. El azúcar era el principal consumidor de electricidad, tanto para el bombeo de agua a través de 40 millas de sembradíos, como para operaciones auxiliares en la central.

Más abajo, en lo que constituye una de las obras de ingeniería hidrológicas mejor pensadas en la historia de Puerto Rico, se encuentra lo que quizás sea la válvula más importante del sistema de irrigación del sureste. Se trata del “splitter” o caja de separación, en la que convergen tres grandes arterias de tuberías de metal y canales, que recogen el agua de tres municipios de la región montañosa del centro de Puerto Rico: Ciales, Villalba y Orocovis. Por el lado occidental del “splitter”, o cámara de cemento, entran las corrientes de dos represas secundarias (Las Delicias y la Mina) localizadas a 750 metros de altura sobre el mar. La caída es de 100 metros por una tubería de 24 pulgadas, formando, pocos metros antes de entrar, la antigua represa Toro Negro. Por el lado oriental, ingresa, a modo de chorro ruidoso, el agua de la represa Matrullas. Aquí también hay una caída de 100 metros por una tubería de 24 pulgadas. A Matrullas se unen, por el camino, las corrientes de tres represas secundarias, conocidas como La Torre, Molina y Navaja.

Sin embargo, la verdadera carga de presión llega por el centro del splitter; mediante un orificio por el cual penetra el agua proveniente del lago El Guineo, una vez ha movido las turbinas de la planta Toro Negro II. En el interior de la caja de convergencia, las corrientes se juntan en un remolino potente que, por virtud de la ley de gravedad, no tiene otro remedio que escaparse por la entrada de un tubo 42 pulgadas, para caer ahora 500 metros más. La imponente tubería se achiquita progresivamente, de 42 pulgadas a 30, hasta llegar a la planta hidroeléctrica Toro Negro I. De allí, y solo después de mover las turbinas poderosas de Toro Negro I, con sus tres generadores de miles de kilovatios, la corriente va a parar a los lagos Toa Vaca y Guayabal en la cuenca del río Jacaguas. El agua de esos dos embalses suple el canal de Juana Díaz, el embalse de Coamo y todo el sistema de regadío de Santa Isabel, la parte occidental del sistema del sureste. Carite y Patillas, en el extremo oriental de la región, hacen lo suyo para suplir la costa que va de Salinas a Arroyo. Así, por este medio, se completa el sistema de riego del sureste. Gravedad, remolinos, válvulas y presión, ¿qué son estos sino los mismos principios del sistema circulatorio de los seres humanos? Todo el sistema parece la obra de un cirujano que ha implantado, con precisión, venas, arterias y hasta un corazón monumental y mecanizado en el cuerpo de la Cordillera Central de Puerto Rico.

El pensamiento formalista, insistía Hegel, se aferra a las categorías del pensamiento y las toma como fijas, carentes de movimiento. Así, la sociología en nuestro país, incluyendo la progresista, adoptó la visión equivocada de que la producción de azúcar en el sureste era una actividad esencialmente agrícola. Por eso, el análisis de la conexión interna del sistema de riego con la moderna acumulación de capital no se estableció nunca. La verdad es otra. Entre 1898 y 1930, el sureste de Puerto Rico fue convertido en una gran fábrica, comprensible únicamente por el enlace entre sus partes. Las labores de siembra y cosecha, conducidas por métodos capitalistas de fundamento manufacturero, suplían la caña que era molida en una fábrica de alta tecnología casi automatizada. En la base de toda esa actividad estaba la “producción” de agua para usos de la agroindustria. No es que crearan artificialmente el agua; es que por medio de un complejo sistema de riego automatizado (la energía de la gravedad es tan poderosa como el vapor) suplían una de las materias primas fundamentales que entran en la producción de azúcar: el agua. Tan avanzado, o por así decirlo tan industrial, fue el sistema de riego creado entre 1909 y 1929 que aún hoy, casi un siglo después continúa funcionando, como si fuera un corazón artificial que bombea agua dulce y pura por todo el sureste. Un verdadero autómata.

Y es, precisamente, la base industrial de nuestro sistema de riego lo que explica que compañías como Monsanto y Dow Growers lo hayan integrado a sus gigantescas operaciones agroindustriales en la isla en pleno siglo XXI. Apenas tuvieron que reparar las viejas compuertas y lagunas de retención. El sureste de Puerto Rico sigue siendo objeto de codicia del gran capital que produce alimentos para el imperio. Toda la región es una gran fábrica que concentra la población más pobre y proletarizada de Puerto Rico.

¡Acompáñenos, lector o lectora, al lado sur de la represa El Guineo, en las colindancias de Ciales, Villalba y Orocovis, los montes más elevados de la Cordillera Central de Puerto Rico! Allí, al sur del hermoso y gigantesco lago, está la placa de 1929 que conmemora el trabajo de los ingenieros directores de la magna obra. Pero ¿y qué de los trabajadores, de las miles de vidas proletarias que trabajaron en ella? ¿No fueron estos acaso los verdaderos héroes? ¿Y qué de las mujeres que subían los empinados montes para llevar comida y trabajar en la construcción? ¿Es que acaso no importan? Ya lo decía José Martí, al hablar de las manos proletarias que crean las grandes obras de la modernidad, aun bajo la esclavitud capitalista: “Oh trabajadores desconocidos, oh mártires hermosos, entrañas de la grandeza, cimiento de la fábrica eterna, gusanos de la gloria”.

¿Qué filosofía y literatura podían surgir, entonces, en medio de tanta violencia económica y ecológica por parte del invasor en el sureste? ¿Qué podían hacer nuestros poetas y escritores sino producir una prosa y una poseía de amor al ser humano y a la naturaleza ultrajada? También, de identidad caribeña y afroantillana. Compungidos por el terrible drama que vivió la región en esos años, nuestros bardos fueron los filósofos de los montes y del mar Caribe. Sin la obra de Lloréns y, en particular, sin la obra gigantesca de Luis Palés Matos, no podríamos hablar en el siglo XXI de la lucha por nuestra identidad como pueblo antillano y subyugado por el imperio. Ambos poetas le cantaron al mar Caribe, desde una perspectiva universal. En ellos, el tema de la identidad boricua en el sureste era uno con la creación lírica y literaria nacional. ¡Filósofos fueron! ¡Y también poetas y prosistas!