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El gobierno de Puerto Rico no previno la mayoría de las muertes por el huracán María (final)

Por Jeniffer Wiscovitch y Omaya Sosa Pascual

Centro Periodismo Investigativo

¿36 millones después dónde está el plan?

El secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, rechazó responder la pregunta de si existía o existe algún tipo de plan de respuesta, ni proveyó la copia del documento solicitada por el CPI. Su portavoz, Peter Quiñones, respondió en su lugar diciendo que están “trabajando una posible conferencia de prensa sobre este tema”, luego de semanas de insistencia del CPI.

Un plan abarcador y real estaba supuesto a elaborarse a partir de unos planes regionales que quedaron a cargo de las Coaliciones de Servicios de Salud (HCC, por sus siglas en inglés) que la agencia estableció con fondos federales hace seis años. Esta iniciativa es parte del Programa para la Preparación de Hospitales de Salud federal que ha otorgado sobre $33 millones al Departamento de Salud de Puerto Rico desde 2009 hasta el año en curso.

Pero los planes no fueron desarrollados, según reconoció al CPI Liza Millán, planificadora de las Coaliciones del Departamento de Salud.

Millán sostuvo que cada hospital debe tener sus planes operacionales para atender emergencias, pero que a través de las Coaliciones se pretende que todas las instituciones y facilidades de salud de cada zona se rijan bajo el mismo plan.

“Si hay una emergencia en la región, se supone que se utilice un plan regional”, sostuvo en enero durante la primera reunión de la Coalición de la región Aguadilla-Mayagüez. Ahora, tras la tormenta, es que están desarrollando dichos planes, agregó.

La Oficina de Preparación y Coordinación de Respuesta de Salud Pública de Salud cuenta con una división de Coaliciones de Servicios de Salud (HCC), cuya misión es preparar a las siete regiones del Departamento de Salud, al igual que a toda facilidad que provea servicios de salud, ante una emergencia de salud pública. Estas Coaliciones llevan seis años reuniéndose, sin embargo, no fue hasta inicios de este año 2018 — cuatro meses después del huracán María — que las mismas comenzaron a trabajar con sus planes estratégicos y de preparación.

“(El objetivo es) desarrollar un plan regional porque no había, y se tuvieron que comunicar de manera informal [durante el huracán María]. Cuando digo informal es que no había nada escrito, no había responsabilidades asignadas”, explicó Millán.

La ausencia de un plan de respuesta coordinado de salud pública fue además uno de los hallazgos principales de la comisión que investigó las violaciones de derechos humanos tras los huracanes Irma y María, y que también documentó casos en otros hospitales del país.

“Claramente, con el paso del huracán se vio cómo hospitales privados aislados de prácticas y centros individuales no pudieron constituirse en las redes necesarias ni prevenir ni atender las necesidades de salud mediante servicios directos o poblacionales — ofrecer medicamentos necesarios ante la esperada crisis, educación en torno a la prevención de accidentes, enfermedades contagiosas, contaminación de las aguas y del ambiente y precauciones para su prevención o mitigación”, sostiene el informe de la comisión liderada por el Instituto Caribeño de Derechos Humanos y la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana.

“Evidentemente hubo monitoría inadecuada de las instituciones de modo que contaran con los equipos de emergencia necesarios, por ejemplo. La seriedad de muchos de estos ejemplos apunta a un sistema deshumanizado que ofrece un cheque en blanco para transgredir los derechos de forma ‘rutinaria’ y ‘normalizada’”, agrega.

El 60% murió en facilidades de salud

Una muestra de casos de las víctimas fatales del huracán María documentados y analizados preliminarmente por el CPI y qz.com, un medio especializado en periodismo de datos, apunta a que sobre el 60% de las muertes vinculadas al desastre ocurrieron en los hospitales, CDTs y asilos del país.

Estos casos, informados directamente por familiares y conocidos a través de un formulario desarrollado por ambos medios y expertos en salud pública, demuestran que la mayoría de estas muertes se produjeron durante las semanas que siguieron al huracán, no el día del evento, y según detallan familiares y amigos de los difuntos en los testimonios vertidos en los formularios y en entrevistas posteriores de seguimiento, se produjeron en circunstancias relacionadas a problemas con servicios básicos en estas facilidades u otras dependencias de servicios de salud como farmacias, oficinas de médicos, centros de tratamientos especializados como diálisis y quimioterapia, que no estaban prestando servicios vitales o que incluso tuvieron que cerrar sus puertas quedando los pacientes a la deriva. Entre los problemas denunciados figuran fallas en equipos médicos o imposibilidad de utilizarlos por falta de electricidad, condiciones insalubres por la humedad y el calor, falta de suplidos como oxígeno y medicamentos, y falta de facilidades para refrigerar medicamentos. Estas situaciones continuaron ocurriendo semanas y meses después del paso de María, según la muestra.

Tanto Millán como Ada Santiago, especialista de las Coaliciones del Departamento de Salud, coincidieron en que el problema mayor en los hospitales y demás facilidades de salud durante la emergencia, adicional a la falta de agua potable y electricidad, fue el suministro de oxígeno.

“El problema del oxígeno lo tuvieron todos los hospitales”, aseguró Santiago.

“El problema con el oxígeno, que a lo mejor la gente no lo entiende, es que son compañías privadas [quienes lo suplen]. El trabajo de los hospitales no es darte oxígeno, es atender emergencias. Una persona con necesidad de oxígeno, en una emergencia declarada, no es prioridad para un hospital, por eso no se estaban recibiendo. Eso es estándar; en una emergencia los hospitales van a limitar sus servicios, porque están limitados de personal, de recursos. Ellos se van a enfocar solamente en situaciones de emergencia”, indicó Millán.

Hay un sinnúmero de condiciones pulmonares y respiratorias que requieren que personas utilicen oxígeno como mecanismo de sostenimiento para vivir en sus residencias o en hogares de ancianos. Estos casos no constituyen una emergencia médica, pero si dejan de recibir oxígeno se pueden descompensar y convertirse en una emergencia o muerte. Regularmente estos pacientes reciben los suplidos de oxígeno en su lugar de vivienda, pero tras el desastre, las compañías dejaron de hacer las entregas y los pacientes acudieron a los hospitales en busca de su dosis vital. Pero los hospitales no están diseñados para dar este tipo de servicios de apoyo y no cuentan con reservas para ello. La cantidad de oxígeno que adquieren y almacenan es para sus servicios de emergencias y cirugías, que es mucho menor.

Gobierno dice que no hay recursos para inspeccionar

El estado real de todas las instituciones previo al desastre natural y si cumplían con los estándares de contingencia ante este tipo de emergencia, así como la magnitud de la dejadez del gobierno en fiscalizarlas, no puede determinarse porque el gobierno se niega a entregar al CPI los nombres de las facilidades inspeccionadas, las fechas de las visitas y los informes con los resultados, alegando que es información confidencial. Esto, pese al alto interés público y al aumento significativo de fallecimientos en estas instituciones las seis semanas que siguieron al huracán, cuando la tasa promedio de muertes en los hospitales se disparó en un 38% respecto a 2016 y en los asilos un 77%, según las estadísticas del Departamento de Salud.

La Secretaría Auxiliar para la Reglamentación y Acreditación de Facilidades de Salud (SARAFS), división de Salud a cargo de la tarea de inspección, no ha contado con los recursos para la encomienda al menos por los pasados 10 años. En 2009, la secretaria auxiliar Rosa Hernández declaró ante una investigación del Senado de Puerto Rico que, por causa de los despidos de la Ley 7 de Emergencia Fiscal de 2009, quedó con solo cuatro inspectores, lo cual les había impedido verificar si todos los hospitales y salas estabilizadoras de la isla cumplían con los requisitos de ley.

La funcionaria que ocupa el puesto actualmente, Verónica Núñez, reconoció en entrevista con el CPI que tampoco ha podido inspeccionar la totalidad de las instituciones cada dos años, como procede, porque aunque ahora cuenta con 10 inspectores, son insuficientes.

“Son muchísimas facilidades para los inspectores y claramente no se puede, se tiene que programar de forma tal para cubrir la mayor cantidad de facilidades distintas posibles. Por eso es que no se inspeccionan en total”, explicó.

“Se hace lo que se puede”, acotó.

No fue hasta el 27 de septiembre, una semana posterior al ciclón, el 27 de septiembre, que los inspectores de SARAFS se lanzaron a la calle a inspeccionar los hospitales para ver si estaban cumpliendo con los requerimientos mínimos para poder estar proveyendo servicios de salud, reconoció Núñez.

El 18 de octubre, un mes después del huracán y tras una investigación publicada por el CPI sobre el caos que imperaba en los hospitales proclamados por el gobierno como los centros regionales mejor preparados para atender a los pacientes, fue que el secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, emitió la Orden Administrativa 374 para que los inspectores de SARAFS inspeccionaran los hospitales cada 72 horas. Encontraron que los hospitales “no estaban cumpliendo al 100%” con la Ley 101 de Facilidades de Salud de Puerto Rico y el Reglamento 117 que rige el licenciamiento, operación y mantenimiento de hospitales en Puerto Rico, dijo la funcionaria, pero no quiso ofrecer detalles sobre los incumplimientos alegando que esa información es confidencial.

La funcionaria dijo que desde finales de septiembre hasta diciembre sus inspectores realizaron 359 inspecciones, pero no permitió al CPI obtener copia de los resultados de las inspecciones, ni detalles sobre los hallazgos. No hubo multas.

Sostuvo que SARAFS solo recomendó el cierre de un hospital, el Buen Samaritano en Aguadilla, que estuvo cerrado del 7 de octubre al 17 de noviembre de 2017, un día después que el CPI denunciara las condiciones en que se encontraba éste y otros dos hospitales que según el gobierno estaban operacionales. La recomendación surgió porque dicho hospital tenía pacientes entubados en la Unidad de Cuidado Intensivo y dependientes de ventilador, sin energía eléctrica y operando con un solo generador. La facilidad no contaba con un generador de resguardo.

Los dos otros cierres que hubo — según SARAFS — fueron del Healthsouth Rehabilitation Hospital de Manatí y el Centro de Salud familiar Susana Centeno de Vieques. El hospital de Manatí tuvo un cierre temporero y de manera voluntaria del 27 de septiembre al 6 de noviembre de 2017 por los daños sufridos por el huracán. En el caso del hospital de Vieques, fue cerrado luego de la evaluación y recomendación del Departamento de Salud, Department of Health and Human Services (HHS) y el Cuerpo de Ingenieros. Todavía se encuentra cerrado.

Núñez no mencionó el cierre de otros dos hospitales tras el huracán, constatado por el CPI: el Hospital Susoni de Arecibo y el Hospital Ryder de Humacao. A ocho meses del huracán, Ryder solo mantiene su sala de emergencias abierta, sus salas de operaciones, partos y algunos pisos continúan cerrados, confirmó la institución.

La omisión se suma a las incongruencias del gobierno en cuanto al cierre de hospitales y facilidades de salud justo después del ciclón. El 26 de septiembre, el secretario de Salud, Dr. Rafael Rodríguez Mercado, declaró al CPI que el 70% de los hospitales estaban cerrados y solo 18 permanecían abiertos. Rodríguez nunca volvió a conceder entrevista al CPI sobre el tema. Una semana más tarde, el gobernador Ricardo Rosselló anunciaba en conferencia de prensa que 63 de los 68 hospitales del País ya estaban “operacionales”, y la semana siguiente dijo que todos los hospitales estaban abiertos, sin explicar cómo logró reabrir los 56 hospitales que estaban cerrados dos semanas antes. Horas después de este último anuncio, Fortaleza tuvo que anunciar que cerraba Ryder de Humacao.

La misma semana que el Gobernador anunciaba que todos los hospitales estaban abiertos y “operacionales”, el CPI encontró que Susoni estaba cerrado, y otros no estaban en condiciones aptas para atender pacientes o tenían áreas cerradas como Pavía de Arecibo y el Buen Samaritano de Aguadilla.

La Fortaleza asignó al secretario de Asuntos Públicos, Ramón Rosario, en vez de al secretario de Salud, para responder las preguntas del CPI sobre el tema y explicar las incongruencias. Rosario dijo que la designación de “operacionales” lo único que significaba era que “estaban recibiendo pacientes”. Asimismo dijo que no había por qué ofrecer información adicional a los ciudadanos sobre las condiciones reales en los hospitales porque el sistema de salud del país estaba funcionando “como de costumbre”. Un día después de la publicación del CPI, el gobierno cerró el Buen Samaritano.

Finalmente, Núñez dijo desconocer si el reglamento de licenciamiento de hospitales y facilidades de salud de Puerto Rico, que administra su dependencia, contiene alguna disposición que exija a las instituciones tener un plan de respuesta a emergencias.

“Entiendo que hay un capítulo de emergencias, pero de estarlo, entiendo que es muy vago, tengo que corroborarlo nuevamente, porque no me parece que lo tenga”, sostuvo.

El CPI corroboró que en realidad dicho capítulo no existe. Lo único que existe es una referencia a que los hospitales tienen que tener abastos de agua listos en casos de emergencia.

Investigaban hospitales y CDT’s antes de María

Las condiciones en las que se encontraban los hospitales antes de María ya habían motivado el inicio de varias investigaciones legislativas.

Entre estas, una pesquisa iniciada en el 2017 por la Comisión de Salud de la Cámara de Representes para indagar en los servicios que ofrecen los hospitales y Centros de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) que pertenecen al gobierno. La medida, la Resolución de la Cámara 57, fue presentada por el representante Juan Oscar Morales.

La Comisión inició visitas a los CDTs y hospitales, encontrando, entre muchas deficiencias, plantas físicas deterioradas y no aptas para pacientes ni empleados. Asimismo, encontraron informes con señalamientos de problemas emitidos por SARAFS que tardaron más de dos años en atenderse. No hubo multas.

Según el representante Morales, SARAFS emitió un informe con unos señalamientos al CDT de Guayanilla en septiembre de 2016 y no fue hasta enero del 2018 que el administrador de esta institución hospitalaria sometió el plan correctivo a SARAFS.

El representante dijo desconocer cuáles fueron los señalamientos en detalle, porque el día de la vista ocular el representante de SARAFS que estuvo presente no lo llevó consigo.

En el caso de Manatí, el legislador dijo que la Comisión encontró que SARAFS no había visitado el CDT de dicho municipio hacía ocho años, desde el 2008, cuando por reglamento las visitas tienen que ser al menos una vez durante los dos años que está vigente su licencia.

Otro de los hospitales visitados fue el Centro Médico de Río Piedras. Fue una visita sorpresa para constatar las quejas de que los pacientes pasan semanas en los pasillos sin ser atendidos.

“Fuimos y constatamos que había personas que llevaban días sin ser atendidos”, aseguró el legislador, quien además mencionó que durante su visita encontraron gente esperando en el área de afuera, en lugar de en la sala de espera, ya que no había espacio.

En Vieques la situación encontrada en julio de 2017 era tétrica: un CDT con áreas sin aire acondicionado, los matress rotos a tal nivel que los pacientes manifestaban sentir el frío de los tubos de la parte de abajo de las camas.

El asunto del aire acondicionado será motivo de otra investigación adicional, puesto que durante la pasada administración se adquirieron unos aires a un costo de $400 mil, los que funcionaron solo cuatro a cinco meses, aproximadamente. Luego, adquirieron unas unidades móviles por las que pagaban unos $8 mil al mes, en lugar de reparar los costosos aires que se habían adquirido. Hoy día, el CDT sigue cerrado.

La Comisión regresó al Centro Médico después del huracán María, el 7 de noviembre de 2017, ante los rumores de que estaba inoperante. Encontraron que estaba funcionando, pero con generadores eléctricos y recibiendo a una cantidad excesiva de pacientes. “Estaba demasiado lleno”, sentenció.

Otra visita hecha después de María fue al Hospital Universitario Ramón Ruiz Arnau (antiguo Hospital Regional) de Bayamón. A pesar de que sufrió severos daños en el techo y no contaba con condiciones adecuadas para albergar pacientes y empleados, nunca dejó de operar. Por el contrario, se convirtió en un hospital regional que recibió personas de Naranjito, Barranquitas y Orocovis, canalizando el ataponamiento de pacientes en el Centro Médico.

En el Senado, también se comenzó en marzo de este año una investigación sobre los servicios que ofrecen los hospitales. La Comisión de Salud tendrá que presentar en 90 días un informe detallado sobre los hallazgos que encuentren, según un comunicado enviado por el senador Ángel “Chayanne” Martínez, autor de la Resolución del Senado 520 radicada en noviembre de 2017, pero aprobada en marzo de este año.

Según indicó el legislador, inicialmente, personal del Departamento de Salud Federal, junto a miembros de la Reserva del Ejército de los Estados Unidos se encargaron de realizar inspecciones para evaluar el funcionamiento de las instalaciones hospitalarias. Esa inspección arrojó que durante las primeras semanas, la mayoría de los hospitales solo brindó servicios de Sala de Emergencia, mientras que en otros estuvo disponible la Sala de Operaciones.

“En los pasados meses, muchas de las instalaciones hospitalarias públicas y privadas sufrieron daños. Por lo tanto, es indispensable investigar las condiciones actuales en las que operan los centros hospitalarios. De igual manera, resulta de gran importancia conocer el plan de rehabilitación para las áreas afectadas y el restablecimiento de los servicios interrumpidos”, destacó durante el mes de marzo el presidente de la Comisión de Ética en el Senado. Esto no ha ocurrido y la temporada de huracanes comienza nuevamente el 1 de junio.

En el 2016, la senadora Rossana López León, entonces presidenta de la Comisión de Derechos Civiles, Participación Ciudadana y Economía Social, también investigó los servicios que ofrecen los hospitales y las instituciones de salud mental. León envió cartas a todos los centros hospitalarios buscando conocer qué realmente estaba ocurriendo tras el huracán. Sin embargo, solo el hospital HIMA San Pablo de Caguas respondió a la misiva.

Nuestros muertos han hablado

Como para obligarnos a reivindicar su memoria y a nunca olvidarlos, nuestros muertos han hablado. Un estudio realizado y financiado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en alianza con otras prestigiosas instituciones de Estados Unidos y Puerto Rico, estimó en 4, 645 la cifra de muertes asociadas al paso del huracán María por nuestro país. Un saldo de vidas setenta veces más alto que los 64 fallecimientos promulgados y defendidos como cifra oficial por el gobierno de Ricardo Rosselló y el Partido Nuevo Progresista (PNP)-y en especial por el secretario del Departamento de Seguridad Pública, Héctor Pesquera.

Nunca sabremos las verdaderas razones que tuvieron Pesquera y Rosselló para insistir en una cifra tan baja de muertes a causa del huracán. El reclamo ciudadano para que se conociera el verdadero número se hizo desde el principio, porque ya el País intuía que, por la magnitud del desastre, y la destrucción y el aislamiento provocados por el mismo, 64 muertos era una cifra demasiado baja para ser real. Para aplacar el clamor, el Gobernador anunció en febrero que contrataría al Instituto Milken de la Universidad George Washington, para que investigara las muertes por María, investigación que no ha concluido y que ya es académica a la luz del estudio de Harvard.

Ya el Centro Investigativo de Prensa (CPI) había realizado y publicado su investigación que apuntaba a la ocurrencia de más de 1,000 muertes. De hecho, los datos de defunciones del Registro Demográfico de Puerto Rico entre septiembre y diciembre de 2017 –los meses más álgidos de la temporada post huracán– fueron celosamente guardados en estricta confidencialidad, siéndoles negados a los investigadores de Harvard. Solo ahora que, ante la contundencia del estudio de Harvard, se han hecho acusaciones de falta de transparencia al gobierno de Rosselló en la prensa estadounidense, se han publicado los datos del Registro Demográfico, los cuales expresan un aumento de cerca de 1,400 muertes en dicho período en comparación con el mismo período en 2016.

La tentación de maquillar los números es demasiado fuerte para los políticos y los gobernantes. A estos solo les gusta presentar aquello que les hace lucir bien. Y un número de muertos muy alto, en un desastre bajo su responsabilidad, no habla bien de un gobernante. El gobierno de Rosselló, el último y más inexperto en la larga lista de gobiernos coloniales incompetentes y corruptos que hemos sufrido, es particularmente alérgico a los números claros. Sí está estipulado que, al llegar el huracán María, nuestro país ya batallaba con el peso insostenible de un deterioro marcado en todos los órdenes y una deuda pública impagable. Rota la ilusión del gobierno propio por el Congreso de Estados Unidos, ya estábamos bajo la égida de su criatura, la Junta de Control Fiscal.

Tan abundante en recursos –y supuestamente tan rápido y eficiente– el gobierno de Estados Unidos también falló malamente. El mundo entero presenció cómo sus oficiales y funcionarios arrastraban los pies ante el desastre en su colonia, y cómo, a todos los niveles, justificaban su inacción en el supuesto reto logístico que les representa el que Puerto Rico sea una isla y tenga una topografía escarpada. Dieciséis muertos dijo que había el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando nos visitó a los pocos días del huracán. Obviamente, alguien de aquí le dio como cierta esa cifra que el mandatario usó para vanagloriarse de su grandeza y minimizar nuestra tragedia.

La guerra avisada en la que no iba a morir gente- a pesar de que por años se había advertido sobre el creciente deterioro de nuestra infraestructura eléctrica, de agua y de carreteras y su peligrosidad ante un posible desastre- llegó a Puerto Rico en forma huracanada y costó la vida de miles de nuestros compatriotas, gracias a la respuesta oficial más errática y displicente en una emergencia de que se tenga registro en Puerto Rico y Estados Unidos. Hasta ahora, el “premio” a la peor respuesta federal a una emergencia lo tenía la administración de George W. Bush tras el paso del huracán Katrina por Louisiana y Mississippi en 2005, el cual costó 1,803 vidas , y fue un desastre de negligencia y corrupción comentado y condenado en todo el mundo. Ahora, el notorio “premio” le pertenece a Donald Trump, con más de 4,000 muertos a su haber, en una administración federal sorda e insensible a la tragedia en su colonia.

Ante el colapso total del sistema eléctrico y de telecomunicaciones; ante la destrucción masiva de carreteras y puentes por los vientos y las lluvias; ante los enormes desafíos para lograr acceso a nuestras poblaciones más aisladas los funcionarios del gobierno de Puerto Rico y Estados Unidos se mostraron incapaces ante la tragedia, encapsulándose todos en las facilidades refrigeradas del mal llamado Centro de Operaciones de Emergencia (COE) en el Centro de Convenciones o en el Coliseo de Puerto Rico, y emitían comunicados de prensa continuos que alababan los esfuerzos titánicos que realizaban para salvar vidas. Aquello pareció una comedia de errores. Escasez general de combustible y alimentos; el escándalo del controversial contrato millonario con la empresa fantasma de Montana, Whitefish, para la restauración de la red eléctrica; disputas constantes entre el gobierno de Rosselló y el Cuerpo de Ingenieros por el calendario de restauración y otros proyectos de infraestructura; las cifras engañosas de generación eléctrica de la AEE; un Secretario de Salud invisible ante la crisis de salud pública; un barco hospital estadounidense flotando en nuestras costas sin pacientes suficientes, mientras tierra adentro nuestra gente se moría.

Fuera del confort y el aire acondicionado del COE, en el mundo duro de las familias, barrios y comunidades aisladas, miles se debatían en peligro inminente de muerte, ya por inundaciones como las de Levittown o las ocasionadas por ríos y quebradas crecidos en todo el País; o porque no había acceso terrestre a sus comunidades; o porque los centros de salud y hospitales estaban cerrados o no operaban a capacidad; o porque la total falta de energía eléctrica y de telecomunicaciones imposibilitaba ofrecerles a tiempo algún servicio vital.

Ahora que nuestros muertos por María han hablado, llegó la hora de actuar. Ya sabemos que el Gobernador y la Primera Dama visitaron la instalación memorial a nuestros muertos colocada en una plazoleta frente al Capitolio. Es necesario, entonces, que el Gobernador pase de lo simbólico a lo afirmativo, destituyendo a Héctor Pesquera como secretario del Departamento de Seguridad Pública. Este funcionario merece ser relevado de su cargo por haberle mentido sistemáticamente al pueblo sobre las muertes relacionadas al huracán y por mantener una actitud de claro menosprecio a la pérdida de vidas puertorriqueñas.

Sera otra cosa / Torre Norte: punto cardinal

Nunca he tenido mucha habilidad para saber ubicarme según los puntos cardinales. Puede ser por falta de ejercicio o práctica concreta, mientras viví en Puerto Rico –hasta mis veintes– conocía la isla con relación a las carreteras, autopistas, negocios y derechas e izquierdas. Las medidas cardinales se reducían a los siguientes binomios: el este y el oeste con Fajardo y Mayagüez; y el norte y el sur con San Juan y Ponce. Nunca me hizo mucha falta en la praxis, antes de mi veintena apenas viajé al extranjero y cuando hacía falta una dirección alguien más siempre orientaba el camino. Yo ni cuenta.

No fue hasta que comencé a viajar, a hacer mis estudios graduados fuera de Puerto Rico, que empecé a orientarme, con mucha dificultad, en la lectura de mapas y de planos con preguntas ontológicas profundas hechas a vuelo de pájaro: dónde estoy y para dónde voy. Cuál línea de metro, guagua, tren, monorriel, según el caso, me lleva hacia, hasta, para, por. Más adelante, me guie según las calles o avenidas conocidas que estaban cerca de mi centro de estudio, de trabajo o del apartamento. Y poco a poco, he ido sustituyendo las calles y avenidas con la combinación de las coordenadas cartesianas. Aun así, y ahora adaptada a mis alrededores, a grande escala sigo igual, pero con conciencia plena de mis deficiencias y cegueras, el oeste es California y el este es Boston; el norte es Canadá y el sur es Texas.

Hace unos días visité Londres por primera vez. En principio y como suele ser la práctica, me dejé llevar por el sistema de transportación subterránea que conecta esta inmensa y cosmopolita ciudad. Al cabo de unos días de mapas y trenes, quería visualizar la urbe desde arriba para ver vivir a distancia y también para ubicarme. Desde una de las torres de un museo al sur de Londres pude observar no solo el río Támesis –que divide la ciudad en norte y sur–, sino la historia misma de este imperio, de sus reconstrucciones, desastres, plagas y bombardeos. Desde el piso 24 se veía, más que para arriba y para abajo, el palimpsesto histórico del país, un siglo sobre otro, una catedral sobre muros romanos, palacios y torres modernas de cristal, juntas, encima o contiguas.

Esta vista de Londres me hizo recordar lo que sin darme cuenta ha pasado a ser un modus operandi y tal vez vivendi. Eso de intentar entender de abajo para arriba. Eso de buscar distancia y tal vez altura para pensar, para asombrarme y para ver. En Rio de Janeiro, subimos a pie la montaña del Corcovado con la finalidad, no de ver solo al Cristo Redentor, sino como una especie de peregrinación para ganarnos la fortuna de la vista fluminense. Para verla delimitada, difícil, hermosa y en su realidad (y la que yo imagino).

Pienso en Puerto Rico, en cuántas veces pude observar el paisaje humano, histórico y geográfico con distancia y a cierta elevación. Recuerdo pocos momentos, algún mirador o quizás desde los edificios altos de Hato Rey mientras hacía una diligencia. Ninguna vista ha sido tan privilegiada como aquella que veía desde la habitación de una amiga que se hospedaba, mientras culminaba su maestría, en la residencia de Torre Norte en la Universidad de Puerto Rico. A veces me invitaba a almorzar a su piso y desde la ventana, como plano de fondo, se percibía el noreste de Puerto Rico, la Universidad, el área metro, el mar y hasta el Yunque. Es irónico y triste. La vista provista por la altura, por la educación, por la Universidad, se encuentra en el mismo edificio que cierra en circunstancias dudosas y que bota a sus residentes hasta nuevo aviso… si acaso.

Sigo pensando en Puerto Rico, en cuánto me ha tomado ver a mi país y con ello a su historia, su contexto y sin duda, a mí misma y a mis circunstancias. Pienso en cuánta distancia y años me han hecho falta para divisar y distinguir… y en cómo se me ha pasado factura desde allí y desde acá.

Intérpretes de lenguaje de señas se unen a reclamo contra FEMA

Por Internews Service

El Registro de Intérpretes para Sordos de Puerto Rico (Rispri) se unió al reclamo efectuado ayer por la comunidad sorda a través del Movimiento Autónomo de Sordos (MAS), al denunciar que el viernes la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, siglas en inglés) canceló sus contratos.

“La decisión del pasado viernes de FEMA al dejar de renovar el contrato de servicio para la interpretación en lenguaje de señas representa una violación de varias leyes federales, como la sección 504 de la Ley de Rehabilitación Vocacional y la Ley sobre Estadounidenses con Discapacidades (ADA, siglas en inglés), entre otras”, señalan los intérpretes de señas.

Recordó que las leyes federales estipulan que los gobiernos locales y federales proporcionen acceso para comunicarse eficazmente con personas que tienen discapacidades auditivas.

“FEMA alega cumplir con el uso de vídeo-llamadas e intérpretes a distancia. Pero la influencia del español y la cultura puertorriqueña en la lengua de señas que usa una gran cantidad de personas sordas en Puerto Rico hacen del Video Remote Interpreting (VRI) una herramienta inefectiva para las necesidades singulares de nuestra comunidad”, afirmó Marina Martínez, presidenta de Rispri.

Añadió que “los intérpretes profesionales puertorriqueños son quienes tienen el peritaje en la equivalencia lingüística que proveerá un acceso justo, según también denunció ayer el Movimiento Autónomo de Sordos”.

FEMA contrató a intérpretes profesionales puertorriqueños desde finales de septiembre de 2017 en su fase de respuesta para atender a la comunidad de sordos durante la emergencia del huracán María. La comunidad de sordos quedó incomunicada por la falta de energía eléctrica y la falta de conexión de Internet en todo Puerto Rico.

El VRI es un servicio de interpretación a través de equipo audiovisual que también depende de una conexión de Internet estable y de alta velocidad y la interpretación puede ser provista por intérpretes en cualquier parte de los Estados Unidos con el uso de la lengua de señas americanas, ASL por sus siglas en inglés.

“Hay una diversidad de personas en la comunidad de sordos con diferentes grados de aprovechamiento académico por la desigualdad de servicios educativos que atiendan nuestras necesidades”, remarcó Martínez.

Esto -reclama- resulta en que muchas personas sordas no entenderán la difusión de información escrita y hay muchos que sólo tienen un lenguaje idiosincrático para comunicarse. El VRI también es un problema, porque si el servicio de Internet tiene un fallo mínimo, la imagen de las vídeo-llamadas se ve borrosa y ocasiona malentendidos.

“Muchos de nosotros exigimos que nos provean intérpretes profesionales en persona y de esa forma la clara comunicación no solo es eficaz sino también eficiente”, argumentó Eugenio Sastre, sordo y director de Relaciones con la Comunidad de Sordos en la junta de directores de Rispri.

Nina Droz sometida a abusos y violación de derechos

El Comité de Amigos y Familiares de Nina Droz, junto a portavoces otras diversas organizaciones denunciaron en conferencia de prensa que el encarcelamiento y el continuo patrón de violaciones a los derechos humanos de la joven activista sienta un precedente en la nueva actualidad puertorriqueña y es el caso más notorio de violaciones de derechos a una mujer en el sistema carcelario federal en Puerto Rico.

La portavoz del Comité, licenciada Nogales Molinelli pasó a relatar y denunciar una serie de sucesos de hostigamiento y castigos contra Droz Franco que constituyen violaciones a sus derechos humanos.

“Nuevos traslados al ‘hueco’ (solitaria) sin justificación y sin vista disciplinaria a tiempo, hostigamiento sexual, a su integridad física y a su intimidad, privación de alimentos y de condiciones de higiene, ausencia de atención médica, sometimiento a días de probatoria sin justificación adecuada, y sustracción y mutilación de documentos son solo algunas de las muestras de las circunstancias a las que cotidianamente se enfrenta la reclusa”, describió Nogales Molinelli, es el trato que ha estado recibiendo la joven Droz Franco.

Al presente la joven se le ha privado del derecho a visitas, incluyendo las de sus padres. El Comité trajo a la luz que en la prisión están incurriendo en tácticas con el objetivo de quebrantar a Nina Droz, sobre todo al enviarla al “hueco” o SHU y al impedirle o dificultarle las visitas de sus padres.

“Recordemos que estamos hablando de un caso de persecución y violaciones de derechos en prisión, del caso aislado (el único manejado por la fiscalía federal en torno al 1ro de mayo de 2017) de una joven que han convertido en un chivo expiatorio para que las autoridades federales en el país pretendan dar escarmiento a otros sectores e infundir miedo para que los puertorriqueños no reclamen derechos ni ejerzan su libertad de expresión”, agregó Nogales Molinelli.

Entre los participantes en la conferencia de prensa el sicólogo Jorge Montijo, señaló que la ONU ha declarado que toda persona que se encuentre en prisión debe ser tratada con el debido respeto basado en su dignidad inherente y valor como ser humano, “me parece que se está presentando evidencia fehaciente de que eso no se está llevando a cabo en el caso de Nina Droz y es razonable suponer que eso se debe a que es una prisionera de conciencia”. Añadió que la organización carcelaria por comúnmente se ensaña con las personas que están encarceladas no por delitos comunes, sino por seguir el llamado de su conciencia y que como bien dice el Comité en su comunicado tratan de quebrantarla. Reiteró que la ONU también ha declarado que el encarcelamiento en solitaria es una especie de tortura que puede provocar sentimientos de temor, invalidez, confusión, por lo qque la ONU ha pedido que se límite al mínimo.

Mientras el portavoz del Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico (CPDH) licenciado Eduardo Villanueva, expuso que en el Tribunal Federal en Puerto Rico, en estos momentos el juez presidente, Gustavo Gelpí, denegó una moción para desestimar un caso de discrimen contra un puertorriqueño de una pensión por mudarse a la isla. El juez le ha extendido una invitación al gobierno de Puerto Rico a que se una al pleito para que se plantee que ya la doctrina del territorio no incorporado, que es la que permite que se discrimine contra Puerto Rico sea declarada inconstitucional.

Según el licenciado Villanueva, esto tiene que ver con el caso de Droz Franco debido a que tanto los actos del 1 de mayo del 2017 como los de este año 2018, son una lucha del pueblo de Puerto Rico contra el sistema colonial y las personas que luchen contra esa condición colonial no deberían ser objeto de un castigo mas allá de estar en la cárcel, lo que ya es un castigo por si mismo aun si la persona estuviera en unas condiciones mínimamente aceptables.

“Si a eso se le suma lo que es estar más de 15 días en el hoyo es castigo cruel e inusitado y si a eso se le suma que hay una persona que lleva mas de un año sin que sepa que la recomendación de sentencia que sus abogados hicieron con la fiscalía en una transacción, si va a ser aceptada por el juez, o no es un castigo cruel también”, declaró Villanueva.

La lectura de sentencia contra Droz Franco se supone que sea este 31 de mayo, ante la juez Aida Delgado. Según se explicó la fiscalía ha recomendado una sentencia de 37 meses, mientras la recomendación de la defensa es una sentencia de 24 meses. Aunque según las guías de sentencia la pena podría ser hasta de cinco años de prisión.

Ante la incertidumbre que rodea cuál será la decisión de la juez, el expresidente del Colegio de Abogados, licenciado Arturo Hernández, también presente en la conferencia de prensa indicó que es discreción del juez decidir si son o no son los 37, o 24 meses además de que sean 12, los cuales incluso podría hacer la excepción de que los cumpla en Puerto Rico. Igual es discreción del juez decidir dar el tiempo que la joven lleva en prisión por tiempo cumplido.

Junto al Comité de Amigos y Familiares de Nina Droz, y los padres en la conferencia de prensa participaron representantes de la Comisión de la Mujer del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), la Red de Esperanza y Solidaridad (REDES), el Comité de Puerto Rico en la ONU, el Grupo Poetas en Marcha (PEM), el grupo Educamos, y la Orden de la Providencia. Todos exhortaron a acompañar a Nina el jueves 31 de mayo en un piquete frente al Tribunal Federal desde la 1:00 de la tarde.

Detalles de las violaciones de derechos a Nina Droz Franco

El 21 de marzo pasado, a 6 semanas de su llegada al MDC, se dio un incidente que evidencia con toda claridad el tipo de trato que recibe Nina Droz en esa prisión federal. Luego de bañarse, y mientras se cambiaba de ropa en su celda, Nina mira hacia el vidrio-ventana de la puerta y se percata, con asombro, de que el guardia Roberto Guzmán está pegado al vidrio observándola. Guzmán, al percatarse de que Nina se ha dado cuenta de lo que él ha estado haciendo, inmediatamente procede a acusarla de que tiene unas navaja tipo “yen”. Nina es sometida a registro. En el proceso, Guzmán cambia su versión y dice que eran “dos objetos verdes”. El registro a Nina, tanto en su cuerpo como en su celda, resulta negativo. No obstante, la mandan al “hueco” (solitaria o SHU, siglas en inglés de Special Housing Unit), donde la mantienen por 17 días sin jabón para asearse, sin ropa limpia y sin cortina de baño para proteger su intimidad. Al solicitar algo tan insignificante como un desodorante a un guardia de nombre Antonio Cesany—reconocido entre las reclusas por su patrón de burlas a las mujeres—, éste ignora la petición y no hace ninguna gestión para facilitárselo.

Para continuar el patrón de violación de derechos a Nina Droz, los oficiales del MDC volvieron a incurrir en una práctica ilegal: la celebración de la vista disciplinaria posterior a la aplicación del castigo por el incidente que la vista se supone que investiga. El alegado incidente de las navajas, ocurrido ese 21 de marzo, tuvo vista el 4 de abril a las 10:00 am y luego de los 17 días de la joven estar en solitaria. Esa vista se realiza mediante “speakerphone” con el DHO Víctor Santana, el mismo que, en agosto de 2017, la castigó a 6 meses sin visitas ni comisaría (además de 23 días en el SHU) por una “cosita plástica” que no era de la joven reclusa. En esta vista del 4 de abril, sin embargo, no se menciona lo de las navajas y se habla de un “search” que nunca se realizó, según testimonia la propia reclusa y los dos testigos de su parte: Giovanni González y su “case manager”, Vanessa Schoonewolf, quienes certificaron que Nina no tenía nada. Aún así, el DHO Santana la somete a los siguientes castigos: 3 meses sin visitas, 3 meses sin comisaría, 2 meses sin computadora y sin acceso a internet para comunicarse con sus padres o su familia y 90 días en probatoria; castigos que están todavía en vigor.

Luego de esa vista disciplinaria del 4 de abril, Roberto Guzmán entró a la celda de Droz y tomó todos los documentos de la joven, incluidos los documentos legales. Se trata de la segunda ocasión en que algún oficial de la prisión incurre en sustracción de los documentos de Droz Franco. Los documentos, en esta ocasión, fueron devueltos, aunque mutilados. Situaciones cotidianas evidencian otros matices de la persecución y el hostigamiento que sufre la reclusa Nina Droz Franco. A los besos y guiñadas del oficial de apellido Saavedra durante los primeros meses de su encarcelamiento y las acciones de ligón del guardia Roberto Guzmán más recientemente, se agrega el gesto del guardia M. Velázquez, quien en una ocasión le dijo que le daban ganas de escupirle la comida y que ella estaba allí “por pendeja”. Desde entonces, Droz Franco teme que su comida esté “alterada” de este modo tan accesible.