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Consumo consciente y solidario

En todo el mundo, el actual modelo de desarrollo revive casi al pie de la letra un antiguo mito griego. El rey Midas transformaba en oro todo lo que tocaba. Hoy, los capitalistas transforman la tierra y el agua en mercancías. Los trabajadores son vistos como mano de obra o recursos humanos y hasta la guerra se hace fuente de lucro.

Grupos y movimientos cuestionan ese dogma del pensamiento único. Revelan que otro modo de organizar el mundo es posible y urgente. En Brasil, la Asociación Brasileña de las Organizaciones No Gubernamentales (ABONG) instituyó lo que llama “Banco de Prácticas Alternativas” (ver www.observatoriosc.org.br). Esa iniciativa reúne experiencias de comunidades que practican economía solidaria, agroecología o tienen energía alternativa. Diversas entidades buscan desarrollar en las personas el hábito del “consumo crítico”. Quién compra un producto o consume una marca debe verificar si la empresa que la produce respeta los derechos de los trabajadores, o se explota el trabajo infantil. Si gana dinero con venta de armas o depredan la naturaleza.

Misiles nucleares que, en segundos, pueden destruir la humanidad y la Tierra, son producidos por la misma empresa que fabrica nuestras lámparas caseras. El combustible para el ejército americano mata inocentes en los países que invade y es  producido por la misma multinacional que abastece los coches. Las empresas de minería que destruyen la Amazonia y, en diversos continentes envenenan ríos son las mismas que venden plata y joyas en los centros comerciales.

Como el aprendiz de hechicero de la antigua leyenda, las personas saben accionar computadoras, navegar por Internet, invertir sus ahorros, pero no saben cómo organizar la resistencia de las comunidades para priorizar la vida humana y salvar la naturaleza herida.

La mayoría de las religiones antiguas valora el ayuno y la abstinencia como instrumentos de purificación interior y educación del auto-dominio. Los antiguos padres de la Iglesia enseñaban: todo lo que sobra en nuestra mesa y en la casa pertenece de derecho a quien necesita de aquello para vivir. El año pasado, el papa Francisco propuso que,  cada año, el 19 de noviembre sea dedicado a intensificar la solidaridad con los pobres. En este año, el tema escogido fue: “No amemos solamente con palabras”. Es urgente fortalecer y movilizar, lo antes posible, la solidaridad no sólo en nuestras relaciones personales, sino con la  sociedad civil. De hecho, según el evangelio, Jesús nos dice: “Donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón” (Mt 6, 21).

CRUCIGRAMA: Isabel Rosado

Horizontales

1. _____ Rosado Morales; patriota puertorriqueña. Luchadora por la independencia Patria, educadora y defensora de los derechos humanos.

5. Pedro _____ Campos; fue arrestado en 1954 junto a Rosado Morales, Carmín Pérez, Doris Torresola y José Rivera Sotomayor, tras el ataque nacionalista al Congreso de EEUU.

9. Transporta en carro.

11. Gorro militar español.

12. Fluido que tiende a expandirse.

14. Nombre de la letra n.

17. Isabel Rosado _____; (doña Isabelita), el 8 de febrero de 1954 fue condenada a cumplir 17 años de cárcel tras el ataque nacionalista al Congreso de EEUU. Salió a los once años gracias a un recurso de habeas corpus redactado por ella.

18. Rememoro.

20. Alhelí.

23. _____ testimonios; libro escrito por Rosado.

24. Ciudad natal de doña Isabelita.

26. Forma de pronombre.

27. Medalla _____ Canales Torresola; le fue otorgado a Rosado por el Comité 30 de Octubre.

29. _____ Figueroa Hernández; héroe de la Patria puertorriqueña. Luchador por la independencia de Cuba y Puerto Rico. Sus restos descansan en Cuba.

31. Echó la red de pescar.

32. _____ Ana Livia Cordero; patriota puertorriqueña; representó al Movimiento Pro Independencia en la Tricontinental celebrada en Cuba en 1966.

34. Persia.

35. Esto.

36. Ciudad donde falleció doña Isabelita.

40. Se atreve.

41. Ralearía.

45. Nación caribeña donde en 1992 el Tribunal Antiimperialista de Nuestra América le otorgó a Rosado una medalla por su destaque internacional por la justicia y la libertad.

46. Cinco en números romanos.

47. Universidad de Puerto _____; Rosado estudió en esa institución.

Verticales

2. Cuaderno o tabla de cuentas ajustadas.

3. Reverberación.

4. Dispositivo electrónico que, basado en una emisión inducida, amplifica un haz de luz.

5. Capital de Argelia.

6. Pase la vista por lo escrito.

7. Manuel _____; miembro fundador de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano creada el 22 de diciembre de 1895.

8. 5 de _____ de 1907; nacimiento de doña Isabelita.

10. Hormona corticoide reguladora del metabolismo de los hidratos de carbono.

13. Dogma, credo.

15. Partido _____ de Puerto Rico; organización a la que doña Isabelita estuvo afiliada.

16. Isabel _____ Morales; fundó con Blanca Canales la Sociedad Insular de Trabajadores Sociales. Fue arrestada violentamente a los 70 años de edad por protestar contra la marina de EEUU en Vieques.

19. Despreciables.

21. 13 de _____ de 2015; fallecimiento de doña Isabelita.

22. Papagayas.

24. Quia.

25. Carta de la baraja.

28. Negación.

30. Forma tónica de tú.

32. Estruja.

33. Labra la tierra.

36. Símbolo del francio.

37. Terminación verbal.

38. Doctor, abrev.

39. Escuché.

41. Nombre taíno de la isla de Mona.

42. Caminar.

43. Tisana.

44. Miré, divisé,

Topografía: A partir de noviembre

Digamos que cada mes tiene su afán, su peso histórico y emotivo.

Estamos en noviembre de 2017. Si viajáramos a través del tiempo, gracias a la imaginación y a los documentos, hasta ubicarnos en 1950 y recorriéramos las cárceles de Puerto Rico, podríamos ver y oír cómo las celdas se van llenando de presos nacionalistas. Hace unos días ha ocurrido la Insurrección del 30 de octubre. Es, pues, a partir de noviembre, y por los años venideros, que comienza el encierro grande y crece la capacidad de resistencia. Durante las décadas siguientes, los insurrectos irán saliendo, con cicatrices, más viejos; pero victoriosos y ejemplares; los últimos vendrán de Estados Unidos en 1979.

Si viajáramos, veríamos acciones y actitudes heroicas, y otras que escapan a estas clasificaciones pero serían significativas. Veríamos la cotidianidad de líderes y combatientes anónimos y escucharíamos conversaciones de las que nadie ha tenido noticia. Para este viaje contamos con testimonios que alimentan la imaginación. Heriberto Marín, Francisco Matos Paoli, Blanca Canales e Isabel Freire, entre otros, han escrito de sus experiencias.

Al transportarnos escucharíamos, por ejemplo, los debates (“discusiones sobre ideologías y tácticas”) entre Tomás López de Victoria (Comandante General del Ejército Libertador y el responsable de la orden marchar el día de la Masacre de Ponce ) y Deusdedit Marrero, comunista, que no participó en la Insurrección. La esposa encinta de Marrero, muy afectada por la prisión de su compañero, se suicidó. Al salir, ya no sería el mismo. Según Marín, a Deusdedit “lo habían destruido”, “deambulaba por las calles”. (Eran Ellos, 107)

Podríamos escuchar las conversaciones entre Heriberto Marín (uno de los alzados en Jayuya) y Ramón Medina Ramírez cuando tenían “la oportunidad de salir a coger sol” y caminaban “por el pasillo de la sección”. Medina Ramírez fue presidente interino del Partido Nacionalista y autor del monumental libro El Movimiento libertador en la historia de Puerto Rico.

Veríamos a Corretjer, que había estado ya preso con Albizu, y fundaría después la Liga Socialista,  y a José Enamorado Cuesta, viejo comunista. (Ninguno participó de la Insurrección). Ambos escribirían poesía. Don José recitaría desde su celda. Marín nos dice: “Caminaba derechito, recordando que había sido miliciano en la Guerra Civil Española.” (35)

Más adelante seríamos testigos de los ayunos patrióticos de Matos Paoli y de su escritura en papel y en muros. Lo veríamos escribiendo “Somos el porvenir de las espadas. / Somos el sándalo de la noche ciega. / Somos, como nunca, una alegría secreta.” Versos que con otros saldrán clandestinamente de la prisión dentro de un saquito de azúcar. Podríamos presenciar, por ejemplo, la escritura de la nota que acompaña un poema dedicado a sus hijas pequeñas: “Les envío esta canción de un pajarito que viene a visitarme todos los días desde la rama de un árbol de quenepo cercano a La Princesa en donde me hallo. Dios me conceda el poderlas ver pronto como veo a este pajarito que se ha hecho muy amigo. Dios me las bendiga a las dos. Coman bien y duerman mucho y reciban saludos de mí y del pajarito que ya las conoce porque yo he hablado con él acerca de mis dos hijitas del alma.” (Luz de los héroes,13) Luego, también veríamos su “locura”. Y si tenemos suerte, veríamos ese sueño suyo en el que la Virgen María le promete curarlo de su demencia. Ya sabemos que la promesa se cumplió (con recaídas) siempre auxiliada por la solidaridad de otros, especialmente de la esposa, Isabel Freire, y de algunos médicos.

También seríamos testigos de pequeñas historias tiernas y tristes. Por ejemplo, la de la amistad de Heriberto Marín con un minúsculo visitante, que es digna de un cortometraje: “A mi celda del tercer piso entró por la ventana un lagartijo. Y entró para quedarse. Para entonces, estábamos incomunicados. Hice de él mi amigo y compañero. Le daba de comer migajas de pan y residuos de comida. Se paraba en mi mano y permanecía largos ratos. Dormía sobre mis libros. Se paraba en los barrotes de la ventana, pero nunca decidió irse. Caminaba por mi camastro como si tal cosa. No dejaba que araña alguna entrara a mi celda. Los compañeros me oían hablar y preguntaban qué me pasaba, cuando les decía que hablaba con mi amigo el lagartijo, me decían que estaba loco.  Una tarde después de almorzar, me acosté a leer y me quedé dormido. Tenía puestos los zapatos. Cuando desperté, que me tiré del camastro, sentí debajo del zapato el restrillar de unos huesitos. Lo presentí. No quería mirar.” (Eran ellos, 59).

Seríamos testigos del silencio y el dolor de Gregorio Hernández Rivera (Goyito) el único sobreviviente del ataque de 1950 a Fortaleza. Según Marín, en la primera visita que  Gregorio recibió de su esposa se enteró de la muerte de su niña de año y medio. La esposa le había escrito antes, pero en la prisión no le habían dado la carta. Guardó silencio por dos días. Al tercero estalló. Los compañeros sintieron “los barrotes de su celda que querían caerse.” (30) Entonces él estuvo dispuesto a hablar, y sus compañeros supieron de su dolor. Lo sabemos. Para sentir esa realidad habría que haber estado allí.

Veríamos a Doris Torresola, que fue herida de bala en la defensa de la sede del Partido Nacionalista en San Juan. Veríamos a Carmín Pérez que estuvo en el combate con Doris y la llevó al hospital, donde se negaron a atenderla. Carmín estaría 15 años en la cárcel de Vega Alta. Al salir en 1965 se uniría a La Liga Socialista. Veríamos también en la cárcel de Arecibo a la solidaria y pacifista norteamericana, Ruth Reynolds, nacida en Dakota del Sur.

Podríamos acercarnos a la emoción de Blanca Canales en la cárcel en Vega Alta al recordar los últimos momentos de Carlos Irizarry. Lo llevaban a Utuado, porque en Jayuya “el hospital lo habían cerrado y el médico luego de negarse a curarlo había huido con las enfermeras por la parte de atrás.” (41). Irizarry pidió agua, bebió y luego sus palabras fueron de reafirmación en su compromiso patriótico. Años después, Blanca escribiría,”Fueron las últimas palabras que le oímos pronunciar.” [. . .] En esos años en la cárcel siempre que recordaba este episodio sentía la misma emoción” (La constitución es la revolución, 43)

Veríamos tanto y tanto que sería demasiado para una página. Ya lo escribió Blanca Canales, “Todas estas cosas requieren volúmenes” (p. 13)

En estos días, luego del huracán María se oye mucho la frase “Puerto Rico se levanta”. Sin entrar en callejones metafóricos sin salida o en consignas vacías, se debe precisar que si de veras hay que levantarse es bueno saber por qué y contra qué. Recordemos la admonición última de Ramón Emeterio, “¿qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?” Con eso en mente, recordarnos e imaginarnos de pie también ayuda. Contamos con la historia y la imaginación. Por ejemplo, a partir de noviembre.

El autor es profesor de la UPR en Río Piedras.

El huracán del trópico y la poesía antillana de Luis Palés Matos

Después del tambor, el huracán del trópico es la figura lírica más importante de la poesía antillana de Luis Palés Matos. Decimos «antillana» porque el poeta guayamés siempre rechazó la idea de que su labor artística pudiera encerrarse dentro de la tradición exclusiva de una raza u otra, fuese esta la negra o la blanca o la mezcla, o sea, la mulata. Su interés explícito era forjar una poesía antillana, que expresara «nuestra realidad de pueblo en el sentido cultural de ese vocablo».1

En realidad, Palés Matos no tenía razón alguna para plantearse crear una poesía negra; esta, ya existía. No se trata solamente de que su maestro, Luis Lloréns Torres, hubiera tratado esta temática en su poesía «criollista crepuscular», sino que el escritor guayamés también conocía de primera mano la riqueza cultural de los barrios negros de la comarca sur de Puerto Rico. Para comprobar esto, basta con leer el capítulo 17 de su novela Litoral: Reseña de una vida inútil. En este, Palés nos brinda una muestra de la poesía negra puertorriqueña en su forma pura, sin destilar, o sea, sin estilizaciones ni ironías formales. Y es que, contrario al estadounidense Vachel Lindsay, autor del poema The Congo (A Study of the Negro Race), Palés no creó artificialmente una lírica que estereotipara la cultura y manera de expresarse de los negros. Tampoco hizo lo que, con toda justeza efectuó el cubano Nicolás Guillen: llevar magistralmente a la poesía escrita de Cuba la riqueza de las expresiones y manera de hablar de la población negra de ese país. En ese sentido, Luis Palés Matos no es un poeta negrista. Él era un guayamés de ascendencia blanca. Precisamente en ello radica la grandeza de la poesía palesiana: en afirmar que la cultura puertorriqueña (nuestro «ten con ten») brota de la interacción dialéctica de lo blanco y lo negro, que siempre preservan su relativa autonomía: «Estás en pirata y negro, / mi isla verde estilizada, / el negro te da la sombra / te da la línea el pirata. / Tambor y arcabuz a un tiempo / tu morena gloria exaltan, / con rojas flores de pólvora / y bravos ritmos de bámbula».

Al igual que sus contemporáneos, el cubano Nicolás Guillén y el martiniqués Aimé Césaire, Palés Matos le confirió al tambor africano un lugar privilegiado en la poesía antillana. Así, por ejemplo, en Tuntún de pasa y grifería el tambor no solo aparece un total de 21 ocasiones, sino que desempeña una función lírica distinta dependiendo de su lugar en el libro: En seis de las veintiuna, el tambor es un simple instrumento musical; en cinco, un ente mágico; en cuatro, un animal vivo; en tres, un animal vivo e instrumento musical, a la vez; en dos, un mero instrumento de guerra y, en una, desempeña todas esas funciones a la vez (animal vivo, ente mágico, instrumento musical y arma de guerra). ¿Se inventó esto Palés, mediante el uso del recurso de la «ironía» para efectuar una crítica severa del racismo en la isla? No lo creo. Lo que el poeta guayamés hizo aquí fue transportar a la poesía escrita todo un conjunto de imágenes visuales, sonoras y mitológicas que ya estaban presentes de manera expresa en la cultura de los negros de El Caribe y que daban al tambor africano un valor musical, lingüístico y social extraordinario. Ya en 1906, el prestigioso etnólogo y antropólogo cubano Fernando Ortiz, en su libro Hampa afrocubana: Los negros brujos, señaló que, de todos los instrumentos musicales africanos en Cuba, el tambor es el principal «porque lo es en todas las regiones de África que surtieron nuestro país de esclavos, en los cuales toma variadísimas formas según los no menos variados usos a que se dedica; así hay tambores para el culto, la guerra, el funeral, la boda, la danza, etc.» (Editorial Nuevo Mundo, pp. 202-203).

Palés, hay que insistir, nunca se propuso sustituir su visión de mundo por la de los negros de Guayama. Por eso, y precisamente por eso, el poeta guayamés nos brindó la poesía negra de Puerto Rico en la voz de «El Gran Ciempiés» de Guayama, y no en la suya propia. Rememorando su visita de niño a la hacienda la Esperanza a ver la ceremonia del baquiné junto a su nana Lupe, nos dice:

«Concluido el rosario comienzan las canciones del baquiné. Son canciones con aire y cadencia de villancicos navideños. En ellas se ponderan las virtudes del niño, los desvelos de la madre por curarlo, y se exorcizan a los espíritus malignos que embrujaron su cuerpo: Zape, zape, zape, / espíritu malo; / vuélvete a la sombra / de dónde has llegado […] El Gran Ciempiés, en modulado tono de barítono y con gestos y visajes de exorcista, dice la estrofa completa y la multitud le corea cantando los dos versos finales. A las voces agudas de las mujeres, opónese en armonía o contrapunto, el acento grave y viril de los hombres». (Litoral, capítulo 17)

¿En qué consiste pues, la poesía antillana de Luis Palés Matos? En esto hay buenas y malas noticias. Lo bueno es que el poeta guayamés se expresó al respecto en varias entrevistas que le hicieron entre 1926 y 1932. Lo malo es que estas datan de un período en que su poesía antillana estaba aún en proceso de germinación. Además, y esto es lo verdaderamente importante, las entrevistas de 1926-1932 intentaban dar respuesta a las críticas de orientación «criollista» que le había hecho púbicamente el poeta José de Diego Padró. Este no le veía valor alguno al intento de Palés de forjar una poesía antillana, que destacara la contribución del negro a la espiritualidad de los pueblos caribeños de habla castellana. Padró le reprochaba a Palés el haber abandonado la visión de Luis Lloréns Torres de que, en lugares como Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo, la cultura negra se había disuelto por completo en la hispanófila y que, por tanto, carecía de valor autónomo. El negro antillano, en la poseía del juanadino, era un «criollo crepuscular», o sea un mulato con corazón y alma española. Hablando de uno de sus temas favoritos, la mujer puertorriqueña, nos dice Lloréns: «El África fue tuya. / Fue tuya en las esclavas / que el surco roturaron, al sol canicular. / Tenían la piel negra y España les dio un beso / y las volvió criollas de luz crepuscular».2 El vocablo criollo se usaba entonces para referirse al que no era español puro. Palés invierte por completo la fórmula de Lloréns, y le responde a Padró: «El antillano es un español con manera de mulato y alma de negro. Esta definición sublevará, indudablemente, a muchos. Pero ni el español ni el negro protestarán».3

Palés nunca retomó el tema de los fundamentos de la poesía antillana, después de las entrevistas mencionadas. Lo que sí sabemos es que en 1949 él llevó a cabo un «arreglo» de Tuntún de pasa y grifería para insertar a Puerto Rico en el conjunto de las islas y naciones de El Caribe, independientemente de la cultura local, idioma o historia de dominación colonial. Pero en 1926-1932 se trataba todavía de distanciarse de la visión «criollista» e hispanófila que dominaba la lírica en nuestra isla. Para llegar al Caribe antillano, multicultural y multilinguístico, e insertarnos dialécticamente en él, Palés tenía primero que destacar lo mulato frente a lo negro y lo blanco, en el contexto de Puerto Rico y las Antillas de habla hispana.

Efectivamente, el ámbito antillano de que habla Palés en 1926-1932 se circunscribe a tres países de habla hispana de El Caribe: Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo. Estas tres islas, según él, exhiben un tipo espiritual común, es decir, están psicológicamente «afinadas» en una misma dirección y, por ello, se diferencian de la masa común de los pueblos hispánicos. Esto se debe, además del aspecto psicológico, a la unidad física (igual paisaje, idéntica flora y fauna, semejanza de grupos raciales) y económica (igual realidad social y análogo destino colonial). Por supuesto, el poeta guayamés no fue el primero en definir lo antillano en términos de las Antillas de habla hispana. Ya Lloréns lo había hecho en 1913 en su poema «Canción de las Antillas». Tampoco puede decirse que Palés fuera el primero en tratar el tema de la negritud en la poesía puertorriqueña. En su libro Alturas de América hay, al menos, dos poemas sobre esta temática. Nos referimos a los poemas «La mujer puertorriqueña» y «Copla mulata».

Lo que permite que Palés efectué una completa transformación de la lírica puertorriqueña es su rechazo de las nociones culturales «tradicionalistas», que conceptualizaban lo español y lo negrista en términos de una supuesta contraposición entre civilización y primitivismo. Estas nociones, que dieron vida a la imagen de Lloréns de una «criolla crepuscular» (o sea, una mulata de la cual irradiaba luz blanca), habían dominado también la antropología y etnología en El Caribe entero por mucho tiempo. Tal era, por ejemplo, el caso de la obra de 1906 del respetado intelectual cubano Fernando Ortiz, Hampa Afro-cubana: Los negros brujos, quien era seguidor de las teorías de la criminología cultural y biológica.4 Palés Matos, sin embargo, influenciado por las nuevas corrientes literarias cubanas de su época (especialmente por Roig de Leuchsering, Nicolás Guillén y Emilio Ballagas), descarta las visiones estereotipadas sobre las razas de El Caribe; y afirma que, contrario a lo que sostenían Lloréns y Padró, «el elemento afrohispánico constituye el verdadero móvil de la poesía antillana».5

Ahora bien, una lectura cuidadosa de lo que Margot Arce de Vázquez llama la «prosa crítica» de Palés, revela, además, que este último no buscaba reivindicar abstractamente el lugar de la negritud en nuestro arte. De lo que se trataba, para el poeta guayamés era de dos cosas. Primero, de rechazar toda visión de la cultura como algo «meramente externo y formativo». Segundo, de adoptar un concepto sustantivo en que esta se mostrara como el fruto de un «constante fluir, un perenne producirse del ser o de la raza en armonía con el paisaje que los rodea».6 Palés propuso, pues, un nuevo marco de referencia para la creación de la verdadera poesía antillana.

Resulta, entonces, que, aún en su forma inacabada, la propuesta de Palés puede catalogarse como una profunda revolución en la creación lírica de Puerto Rico. Atrás quedan para siempre las definiciones abstractas de cultura, pueblo y poesía antillana. Por pueblo, nos dice él, hay que entender «acomodación básica de raza y paisaje»,7 y no una entelequia abstracta acerca de la relación entre «civilización y primitivismo». La poesía antillana es, pues, el fruto primoroso de la dinámica de acomodación de las distintas razas al paisaje y medio ambiente natural del trópico. Y es aquí, precisamente en este espacio de lucha y acomodación, en que el «poderoso elemento» negrista se destaca, desde bien temprano, sobre lo blanco y lo español:

«Ese es, a mi juicio, el caso de las Antillas. Español y negro las pueblan. El blanco impone su ley y su cultura, el negro tolera y se adapta. El ambiente tropical en que se mueven proyecta sobre ambos influjos misteriosos, y a los pocos años de convivencia el español continúa siendo un extraño en las jóvenes tierras y el negro se expande y desenvuelve como en su propia casa».8

Además, con el pasar del tiempo, la mezcla de la sangre funde los valores de raza y crea el nuevo tipo de mulato, hacia el cual se ha desplazado, según él, el acento vital de las tres islas. Se cristaliza, así, la cultura antillana, que ya no es ni puede ser africana o hispana; sino que tiene los «rasgos, actitudes y características de una raza nueva».9 O sea, que es mulata y antillana.

Nada más equivocado, pues, que someter una obra como Tuntún de pasa y grifería a un análisis de tipo formalista.10 Para el poeta Guayamés lo fundamental en el análisis de la temática afroantillana es el aspecto substantivo de la cultura: «La forma poética carece de importancia. Lo esencial es que dentro de esa forma palpite la llama viva de un espíritu fuerte y expansivo».11  Por eso fue por lo que Palés nunca habló de una poesía blanca ni negra ni mulata, sino de una poesía antillana. Y por eso fue por lo que, desde bien temprano, se rehusó a circunscribir Tuntún de pasa y grifería a la experiencia racial en Puerto Rico:

«Nosotros, en las Antillas, como punto de partida, podríamos tomar a Lloréns Torres y a los poetas cubanos Guillén y Ballagas. Estos poetas, con manera personal y distinta, han levantado el andamiaje ideal de una poesía típicamente antillana y están llevando nuestro verso a sus cauces lógicos y naturales. Lloréns, sin embargo, se limita a la pintura del jíbaro, campesino de pura descendencia hispánica, adaptado al trópico, y hace abstracción del otro núcleo racial que con nosotros se ha mezclado noblemente y que, por lo fecundo, lo fuerte y vivo de su naturaleza, ha impreso rasgos inconfundibles en nuestra psicología, dándole precisamente, su verdadero carácter antillano. Me refiero al negro. Una poesía antillana que excluya ese poderoso elemento me parece casi imposible».12

La poesía antillana de Palés Matos, como todo en la vida, es susceptible múltiples definiciones, dependiendo del aspecto substantivo que se destaque. Es afroantillana, en la medida en que el «asunto del arte» es aquí la rica cultura de los barrios negros de Guayama.  Pero es hispana, en la medida en que Palés, con un gusto exquisito, la pone en unidad dialéctica con el elemento español: «Podrías ir de mantilla, / si tu ardiente sangre ñáñiga / no trocara por madrás / la leve espuma de España».

¿Cómo queda, sin embargo, expresado el «elemento del paisaje» o medio ambiente en la poesía antillana de mi pueblo? Naturalmente, el trasfondo general de Tuntún de pasa y grifería es el mar Caribe. Pero, la realidad es que no fue hasta la segunda edición del libro, en 1950, que Palés le brindó un poema al mar, como tal. Nos referimos a «Canción de mar», en que el poeta nos obsequia una lírica de carácter épico, casi homérica, con el mar como personaje heroico. Hasta entonces, el lado activo del «paisaje» lo desempeña la figura del huracán del trópico, con sus nombres alternativos de ciclón y tormenta.

Así, en Tuntún de pasa y grifería, nos encontramos con que Palés incorpora la figura del huracán del trópico en siete poemas. Al igual que ocurre con el tambor africano, el huracán desempeña un papel distinto dependiendo de su lugar en el libro. En algunas ocasiones es un mero fenómeno atmosférico; en otras, un ente vivo; en otras, un instrumento musical y en otras, una combinación de todas esas cualidades. Veamos:

Preludio en boricua: En este poema introductorio, el huracán aparece mencionado en una sola ocasión y solo como una «peste» o fenómeno natural: «Las Antillas barloventeras / pasan tremendas desazones, / espantándose los ciclones / con matamoscas de palmeras» [Estrofa 7: Verso 12].

Canción festiva para ser llorada: En este poema el huracán aparece mencionado dos veces. Primero, como fenómeno atmosférico. «Las antillitas menores / titís inocentes bailan / sobre el ovillo de un viento / que el ancho golfo huracana» [Estrofa 6: Verso 4]. Luego aparece como un ente con cualidades sensibles: «Aquí está San Kitts el nene / el bobo de la comarca. / Pescando tiernos ciclones / entretiene su ignorancia» [Estrofa 7: Verso 3].

Ten con ten: Este es el poema en que Palés define la esencia de la cultura puertorriqueña, o sea, nuestra espiritualidad. Aquí el huracán aparece mencionado una vez. Su función es la de ser el instrumento musical que acompaña en el baile de la isla verde estilizada: «Cuando el huracán desdobla / su fiero acordeón de ráfagas / en la punta de los pies / –ágil bayadera–danzas / sobre la alfombra de mar / con fina pierna de palmas» [Estrofa 2: Verso 1].

Mulata-Antilla: Aquí el huracán aparece tres veces. Primero, es el animal que imitan los ciclones en las curvas de Mulata-Antilla: «En ti ahora, mulata, / cruzo el mar de las islas. Eléctricos mininos de ciclones / en tus curvas se alargan y ovillan, / mientras sobre mi barca va cayendo / la noche de tus ojos, pensativa». [Estrofa 2: Verso 3]. Segundo, es el animal en que viaja Mulata-Antilla al cantar su criolla canción: «En potro de huracán pasas cantando / tu criolla canción, prieta walkiria, / con centelleante espuela de relámpagos / rumbo al verde Walhalla de las islas» [Estrofa 5: Verso 5]. Finalmente, regresa a su condición de fenómeno natural.

Ahora bien, la tercera mención del huracán en «Mulata-Antilla» requiere de una consideración especial. En la versión de 1937 de Tuntún de pasa y grifería, el ámbito antillano del poeta guayamés no pasa de Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Pero en 1949, probablemente en respuesta al abandono del ideal independentista por su amigo Luis Muñoz Marín, Palés lleva a cabo un «arreglo» del poema «Mulata-Antilla» para incluir todas las islas del Caribe, independientemente del idioma o pasado colonial. Además, se autoproclama un poeta culturalmente «antillano», más allá del legado de las Antillas de habla hispana. Es un salto enorme en el proceso de universalizar su lírica antillana: «Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, / fogosas y sensuales tierras mías. / ¡Oh los rones calientes de Jamaica! / Oh noche fermentada de tambores / del Haití impenetrable y voduista! / Dominica, Tortola, Guadalupe, / ¡Antillas, mis Antillas!»[Estrofa 7: Versos 1-8]. Este abandono de la noción geográficamente estrecha del mundo antillano, postulada en la primera versión del poema «Mulata-Antilla», hace que Palés revise su definición de El Caribe entero. Si este era antes meramente el contexto geográfico o «paisaje» que hizo posible el despertar de lo afroantillano o mulato, culturalmente hablando; ahora es, asimismo, el espacio crucial en que se libra la batalla, aún inconclusa, entre el coloniaje y la aspiración de libertad de todas las islas de El Caribe, igualmente situadas. El huracán es una de las fuerzas poderosas con que se enfrenta el mundo antillano. Pero también lo es la codicia extranjera. Ante eso, lo más importante es nuestra cultura común: « ¡Antillas, mis Antillas! / Sobre el mar de Colón, aupadas todas, / sobre el Caribe mar, todas unidas, / soñando y padeciendo y forcejeando / contra pestes, ciclones y codicias, / y muriéndose un poco por la noche, / y otra vez a la aurora, redivivas, / porque eres tú, mulata de los trópicos, / la libertad cantando en mis Antillas» [Estrofa 7: Verso12].

Menú: Aquí se repite la función del huracán como un ente vivo, que confiere vida al paisaje y energía a la espiritualidad negra de El Caribe. Las expresiones líricas en este poema son de un gusto exquisito y recogen la nueva visión dilatada del entorno antillano: «Sopa de Martinica, caldo fiero / que el volcán Mont Pelée cuece y engorda; / los huracanes soplan el brasero, / y el caldo hierve, y sube, y se desborda, / en rebullente espuma de luceros» [Estrofa 6: Verso 3].

Aires bucaneros: En este poema el huracán reviste de nuevo la forma de un animal: «Al bucanero las tierras vírgenes, / el agua indómita, la mar inédita; / los horizontes donde aúlla / la agria jauría de la tormenta» [Parte IV, Estrofa 1: Verso 4].

Canción de mar: Quizás el único poema épico escrito por un poeta en El Caribe, «Canción de Mar» universaliza nuestra experiencia de gente de mar, al modo como Homero universalizó la lírica de mar de los griegos. En la historia del continente americano, este poema hace pensar en la cosmogonía de los pueblos originarios de las Praderas del Norte; cuya rica imaginación les permitió soñar con dioses y héroes acuáticos, aunque nunca conocieron ni el mar ni los océanos ni los lagos inmensos. Aquí, Palés nos muestra al huracán como un ente vivo, y como un pariente cercano de los demás fenómenos atmosféricos violentos en los mares y océanos del mundo: «Le sigue el huracán loco del trópico / recién fugado de su celda de islas, / rasgándose con uñas de ráfagas cortantes / las camisas de fuerza que le ponen las nubes; / y detrás, el ciclón caliente y verde, / y sus desmelenadas mujeres de palmeras / al plátano y al coco» [Estrofa 4: Versos 14 y 18].

Plena del menéalo: En este poema, que cierra el edificio de la lírica antillana de Palés, el huracán es mostrado en su relación esencial con los principales bailes afroantillanos. La primera estrofa, por ejemplo, nos lo describe como el baile mismo que ejecuta la Antilla en el mar. El huracán es ahora una danza avivada, distinta a la bayadera: «Bochinche de viento y agua…/ sobre el mar / está la Antilla bailando / –de aquí payá, de ayá pacá, / menéalo, menéalo– / en el huracán» [Verso 6].

Dos estrofas más adelante, el huracán es unidad indisoluble con el cuerpo de la bailarina afroantillana (de cuerpo ancho y grueso, voluptuosa y rítmica) que se entrega anímica y sagradamente en todos los bailes y ritmos caribeños. Aquí domina la sonoridad de los versos negristas, pues el huracán da vida misma al paso de Tembandumba: «Fija la popa en el rumbo / guachinango de la rumba. / ¡Ay, cómo zumba tu zumbo / –huracanada balumba– / cuando vas de tumbo en tumbo, / bomba, candombe, macumba, / si el changó de Mombo-Jumbo / te pone lela y tarumba! / ¡Como zumba!» [Estrofa 3: verso 4]. Además del retorno a la imagen de Tembandumba en el poema «Majestad negra», Palés hace referencia los influjos de las deidades africanas, específicamente a Santa Bárbara o Shangó.

En la sexta estrofa, el huracán retorna a su función de animal salvaje, pero ahora en una contienda en que la Antilla busca amaestrarlo mediante el despliegue de sus ritmos y bailes negros que, sin dejar de ser extenuantes en lo físico, son sensuales y de variaciones cadenciosas: «En el raudo movimiento / se despliega tu faldón / como una vela en el viento; / tus nalgas son el timón / y tu pecho el tajamar; / vamos, velera del mar, / a correr este ciclón, / que de tu diestro marear / depende tu salvación. / ¡A bailar!» [Estrofa 6: Verso 7].

Llegamos así a la estrofa novena del poema «Plena del menéalo». Con ella, Palés cesa para siempre de escribir poesía antillana; esta es, pues, su última referencia al tema amado y determinante de su labor como poeta. En estos versos están condensadas, alrededor de las temáticas de la negritud y los huracanes, todas sus aspiraciones y anhelos de una crear lírica de valor universal, partiendo del modesto ambiente en que pasó su infancia y juventud: Guayama, Puerto Rico. Cada palabra está bien aquilatada para acentuar la unidad de la cultura y la lucha política, en la aspiración perenne a la libertad de su querida «isla verde». Más aún, Palés siempre exaltó, con mucha humildad, el significado universal de la rica cultura negra que conoció de niño en los barrios pobres y marginados de mi pueblo. En el «tumbo» de las caderas de Mulata-Antilla, Luis Palés Matos no vio ni «primitivismo» ni estrechez regional, sino una ráfaga del huracán del trópico proyectándose al infinito: «Mientras bailes, no hay quien pueda / cambiarte el alma y la sal. / Ni agapitos por aquí ni místeres por allá. / Dale a la popa, mulata, / proyecta en la eternidad / ese tumbo de caderas / que es ráfaga de huracán, / y menéalo, menéalo, / de aquí payá, de ayá pacá, / menéalo, menéalo, / ¡para que rabie el Tío Sam!» [Estrofa 9: Verso 8].

1 Arce de Vázquez, M. (1978). Luis Palés Matos: Poesía completa y prosa selecta. Biblioteca Ayacucho, p. 219.

2 Lloréns Torres, L. (1968). Obras completas. San Juan de Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, Tomo II, p, 150.

3 Arce de Vázquez, M. (1978), p. 216.

4 Ortiz, F. (2011). Hampa afro-cubana: Los negros brujos. San Juan: Editorial Nuevo Mundo.

5 Arce de Vázquez, M. (1978), p. 219.

6 Ibid., p. 222.

7 Ibid., p. 215.

8 Ibid., p. 221.

9 Ibid., p, 215.

10 Ver, por ejemplo: López-Baralt, M. (1997). El barco en la botella: La poesía de Luis Palés Matos.  San Juan: Editorial Plaza Mayor.

11 Arce de Vázquez, M. (1978), p. 218.

12 Arce de Vázquez, M. (1978), pp. 215-216.

¿Puerto Rico se levanta?

La  clase empresarial  a través de sus anuncios ha impuesto la consigna “Puerto Rico se  Levanta” como respuesta a la crisis que se ha profundizado en el país con el azote del huracán María. La consigna, como era de esperarse de la clase dominante, es una  hueca, sin contenido alguno, ni definición de cuál es el Puerto Rico que debemos levantar. ¿O es que lo único que vamos a levantar son las casas o techos destruidos por el huracán? ¿O los puentes y carreteras?.

La pregunta que nos debemos hacer es que Puerto Rico queremos levantar. Solo así podemos unirnos como pueblo y darle contenido a un trabajo de futuro. Ese proyecto de futuro no está en la mente de  la clase empresarial, beneficiaria del Puerto Rico que hemos tenido.

¿Qué Puerto Rico queremos levantar?

Definitivamente para nada queremos levantar el Puerto Rico que  hemos vivido  hasta ahora. La gran mayoría de nuestro pueblo rechaza:

1) El Puerto Rico colonial gobernado por una Junta impuesta por el Congreso.

2) El Puerto Rico donde la mitad de la población vive en la pobreza y la miseria y depende de los cupones de alimento para su sustento.

3) El Puerto Rico de decenas de miles de desempleados donde trabaja menos de la mitad  de la fuerza obrera.

4)  El Puerto Rico que expulsa de su tierra a miles de compatriotas.

5) El Puerto Rico de una enorme injusticia en la distribución de la riqueza donde el 20% mas rico obtiene el 60% de los ingresos que produce el país y el 20% mas pobre solo recibe el 1.7%.

6) El Puerto Rico donde  el capital extranjero se lleva anualmente del país  $35,000 millones libre de impuestos.

7) El Puerto Rico donde el sistema de salud es un desastre,  controlado por unas aseguradoras que atentan contra la salud del pueblo negando cubierta a tratamientos y medicinas para acumular  ganancias millonarias.

8) El Puerto Rico donde 6.000 mil familias son lanzadas  anualmente de sus hogares por los bancos cuando no pueden pagar sus hipotecas.

9) El Puerto Rico de la clase política corrupta y traidora que ha administrado el país durante las últimas décadas y que nos ha llevado al colapso.

Ese Puerto Rico no es el que quiere y necesita nuestra gente.

Por eso hay que estar alerta para distinguir entre izar la bandera para afirmar y defender los intereses nacionales y el uso de la bandera para promover un patriotismo falso bajo el cual se protejan unos intereses económicos. No hay que ser  un genio para saber que cuando Walgreens coloca en la entrada de sus farmacias una gran bandera puertorriqueña es porque beneficia los intereses comerciales de esa  empresa norteamericana, no del país.

El capital extranjero y el de aquí no tienen vergüenza alguna de presentarse con los símbolos nacionales nuestros si ello es bueno para sus estados financieros. Como nos dijera hace tiempo el viejo Marx, “el capital no tiene patria”, por lo que debemos estar alerta para no ser víctimas de sus manipulaciones propagandistas. Especialmente, en momentos de desesperanza como los que vive el pueblo puertorriqueño.

Puerto Rico se levanta cuando los puertorriqueños y las puertorriqueñas logremos acumular una fuerza política honesta y comprometida con los intereses de la gran mayoría de los puertorriqueños. Cuándo termine la injerencia extranjera y podamos recobrar nuestras libertades para actuar y decidir el presente y futuro de la nación puertorriqueña.

Cualquier proyecto de “levantar” a Puerto Rico que no incluya como su primera prioridad el rescate de la soberanía y la terminación del coloniaje está destinado al fracaso y a repetir el Puerto Rico que rechazamos.

Levantar a Puerto Rico tiene que ser además de un proyecto descolonizador un proyecto de justicia social dirigido a sacar de la  pobreza a la mitad de nuestra gente.

Estemos alerta a la publicidad y consignas del capital empresarial en su llamado a la unidad para levantar a Puerto Rico. Con sus campañas pretenden proyectar que todos somos una gran familia con intereses comunes y por lo tanto todos compartimos los problemas del país. Con ese discurso falso persiguen presentarse como defensores del país y del pueblo y apagar la voluntad de lucha de los de abajo.