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Viaje a otra dimensión junto a Otto: Reseña de Ant-Man and the Wasp y Fanny y Alexander

Las mañanas dominicales en la ciudad de Nueva York asumen olores y sonidos que combinan con la luz tenue y los matices grises de los edificios. Entre las siete de la mañana y el mediodía de cada domingo, mi calle en el Bronx toma otras dimensiones. En contraste al bullicio de la semana, se ven familias dominicanas vestidas de punta en blanco saliendo a la iglesia, se puede oír el sonido del viento en los árboles por encima de las bocinas de los carros y hasta se puede confundir el sonido lejano del tren con el mar. Estos son los momentos en los que prefiero salir al cine. No es que me refugio en una sala oscura para cerrar los ojos ante la maravilla urbana, sino que mi experiencia de una buena película comienza desde que tomo las llaves y salgo por la puerta con Otto (mi hijo de doce años que siempre me acompaña al cine). Una realidad “contamina” la otra, la del cine, y mi experiencia de ambos lugares (el tangible de la ciudad y el virtual cinematográfico) se vuelve un tercer espacio. Es el proceso de transformación que ocurre en Annihilation (dir. Alex Garland, 2018), donde la presencia extraterrestre mezcla las estructuras genéticas de toda criatura convirtiéndolas en seres nuevos. Mis domingos transforman una buena película en una experiencia memorable, independientemente de su calidad artística.

El domingo pasado, Otto y yo salimos a ver Ant-Man and the Wasp (dir. Peyton Reed, 2018), la nueva película de los Estudios Marvel y la secuela de Ant-Man (dir. Peyton Reed, 2015). Ambas películas son de lo más liviano del universo cinematográfico de Marvel ya que dependen más de la comedia. Paul Rudd en el papel de Scott Lang/Ant-Man, maneja bastante bien el humor y las situaciones más serias de la historia. El personaje transita entre tres familias. La primera incluye a su hija, su ex-esposa (Judy Greer) y su nuevo esposo (Bobby Cannavale), que en la secuela acepta a Lang como parte de su círculo. El segundo grupo está formado por la graciosa pandilla de ex-criminales, que incluye a Luis (Michael Peña). La tercera unidad, que es el enfoque principal de la secuela, cuenta con Hank Pym (Michael Douglas) y su hija, Hope Van Dyne/Wasp (Evangeline Lilly). Pym es el científico que diseñó los trajes que le dan el poder a Ant-Man y a Wasp para reducir o agrandarse en tamaño. Los primeros diez minutos de la película plantean claramente el conflicto. Hank y su esposa, Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer), eran originalmente Ant-Man y Wasp. Tratando de desarmar un cohete, Wasp se redujo tanto que quedó atrapada en la Dimensión Cuántica (the Quantum Realm). Décadas después, padre e hija luchan junto a Scott por entrar a la Dimensión Cuántica para salvar a Janet. Pero tendrán que enfrentar los desafíos de un poderoso oponente, Ghost (Hannah John-Kamen); de la mafia y de las autoridades, ya que Scott está bajo arresto domiciliario.

Ant-Man and the Wasp tiene elementos muy efectivos. Las escenas de peleas son sumamente entretenidas ya que el director logra incorporar los rápidos cambios de tamaño de los héroes. Al mismo tiempo, Evangeline Lilly hace de Wasp un personaje fuerte y mucho más hábil que Ant-Man. Por esto, gran parte de la comedia depende del contraste entre una Hope en pleno control de su traje y las torpezas de Scott. Aunque bien logrado, estos contrastes no son nada nuevo y apuntan de manera predecible a un futuro romance entre Scott y Hope. Me parece más problemático el estereotipado personaje de Luis, el latino que existe en función de las necesidades de Scott y que no añade nada interesante a la historia.

Sin embargo, uno de los problemas mayores que presenta la película es el no explorar la Dimensión Cuántica. Este es un espacio salvaje y peligroso al estilo del Skull Island de King Kong (dir. Peter Jackson, 2005), donde la tripulación enfrenta una fauna diversa y fantástica que lucha por engullir a todo invasor humano. Los pocos atisbos que tenemos de la Dimensión Cuántica me hacen cuestionar cuán interesante hubiese sido la película si hubiesen adentrado más en este plano, dándole a la trama unos giros inesperados. El enfoque de la película en nuestra realidad hace de Ant-Man and the Wasp una película más, algo divertida, pero que no recordaremos después de unos meses.

Por otro lado, un domingo frío de marzo, salí con Otto a ver Fanny y Alexander (dir. Ingmar Bergman, Suecia, 1983). Aunque la versión que exhibieron en las salas de cine durante los ochenta dura alrededor de tres horas, la película que se pasó como miniserie televisiva en Suecia dura un poco más de cinco horas. El Film Forum de Nueva York exhibió esta última dividida en tres partes. Algo nervioso por la duración de la película ya que no sabía si Otto podría aguantar las cinco horas completas, compré taquillas para las dos primeras partes y decidí esperar a ver su reacción. La película cuenta la historia de los Ekhdal, una familia adinerada en la cual cada miembro es una explosión de presencia. El espectador conoce todo lo necesario de cada personaje en la gloriosa fiesta de Navidad que ocupa la primera parte de la serie. Entre el color y la música, se mezclan las fantasías del joven Alexander (Bertil Guve); la íntima relación de la matriarca, Helena (Gunn Wålgren), con su mejor amigo, Isak (Erland Josephson); y la relación extramarital entre el apasionado Gustav Adolf Ekdahl (Jarl Kulle) y una joven sirvienta. Los miembros de la familia y allegados no representan una moralidad tradicional y algunos son sumamente problemáticos. Pero el gozo y la teatralidad de este ambiente nutre la visión de Alexander y su hermana Fanny.

De momento, Bergman nos cambia el rumbo de la historia cuando Oscar Ekdahl (Allan Edwall), el padre de Fanny y Alexander, muere repentinamente. La joven viuda, Emilie (Ewa Fröling), no quiere estar sola y decide casarse con Edvard Vergerus (Jan Malmsjö), un obispo muy estricto y obsesionado con someter al rebelde Alexander con palizas y castigos. Los rojos brillantes de los Ekdahl son reemplazados por los grises de la nueva realidad de la familia Vergerus. De esta manera, la trama se divide entre tres dimensiones, la colorida casa Ekhdal, la fría casa Vergerus y la mágica casa de Isak. Esta última es el lugar donde esconden a Fanny y Alexander cuando los rescatan del aposento del obispo. La casa de Isak es una aventura de por sí ya que está repleta de oscuros recovecos poblados por títeres y hasta una figura andrógina que combina un iluminado cuerpo celestial y la sexualidad amenazante del infierno.

Bergman lleva al espectador a transitar diferentes planos demostrando como cada uno marca a Fanny y Alexander Ekdahl. La visión de Alexander y la pasión por el teatro de Bergman, le dan una belleza táctil a cada dimensión ocupada por los personajes. Las historias de Ant-Man and the Wasp y Fanny y Alexander giran alrededor de una familia luchando contra todo para rescatar a una figura madre de una dimensión peligrosa. Así como Janet Van Dyne está atrapada en la Dimensión Cuántica, Emilie y sus hijos son prisioneros en la casa del obispo, donde se acusa de sacrilegio toda chispa creativa. Al igual que los Pym-Van Dyne, los Ekdahl añoran salvar la viuda de su hermano y a sus sobrinos de la muerte en vida a la que han sido condenados. Sin embargo, el conflicto de los personajes de Ant-Man and the Wasp pierde urgencia ya que nunca vemos los peligros a los que es expuesta Janet y el director perdió una oportunidad para expandir en un nuevo mundo nunca antes visto en el universo fílmico de Marvel.

Ese domingo, no pudimos ver la tercera parte de Fanny y Alexander porque estaba totalmente vendida. Pero el martes después saqué a Otto temprano de la escuela porque era la última función de la tercera parte de la serie. Ant-Man and the Wasp es una película entretenida para un domingo aburrido. Pero Fanny y Alexander es la belleza misma y la perfecta justificación para cortar la clase de matemáticas.

Sobre Versión del viaje de Claudia Becerra

a Viviana, por los continuos naufragios

“Tú, lobo de mar,

hacia dónde esta nave haz de llevar”

–Nave sin rumbo, Sylvia Rexach

La metáfora: el viaje. Dicho de otro modo: el sin-rumbo, o quizás la búsqueda. Una metáfora tan antigua que se encuentra en los inicios mismos de la literatura. En la tradición puertorriqueña ha sido también privilegiada por los escritores, y quizás la imagen cumbre elaborada por Antonio S. Pedreira en Insularismo, la del país como un barco a la deriva, sea la más reiterada, polemizada y dialogada en torno a la isla.

Pero en “Versión del viaje” (Folium, 2018), la primera parte del poemario homónimo de Claudia Becerra, lo que tenemos es una renovación de la metáfora. O, lo que es lo mismo, un retorno a como se empleaba en la literatura puertorriqueña en momentos previos, lejanos, por un lado, a la institucionalización de la cultura y, por el otro, a la politización pedreireña de la metáfora (aunque siempre se tenga un mismo punto de partida: el estar embarcado). En “Versión del viaje” todavía prevalece la connotación existencial, amorosa, escurridiza del viaje, que encontramos en “Insomnio” de Santiago Vidarte (“Boguemos, boguemos / al son de los remos; / la noche convida”) o en La peregrinación de Bayoán de Eugenio María de Hostos (“A BORDO. ¡Otra vez, otra vez!”).

Inicia así:

1

No alcanzaste la sabia adivinación de los embarques.

Como ellos, no aprendiste la lección de la cumbre

y del leve hundir de la proa entre oleajes.

Tampoco la rápida adaptación de los mástiles,

el sano juicio y la trabajada ojera haciendo guardia

a la noche desprendida. Oyes crujir la madera

como una fractura de huesos en desuso.

Arriba la estrella. El ojo en su submundo.

Presientes que no impedirías el naufragio.

El primer poema ya sienta las bases del tono que dominará “Versión del viaje”. El sujeto poético (y con esto nos referimos a quien se encuentra a bordo de la embarcación) está ante un punto de partida movedizo, pasando de las alturas (“la cumbre”) al disimulado abismo (“leve hundir”). Nos encontramos, además, con un sujeto poético inseguro de sí mismo y de su viaje (“Presientes que no impedirías el naufragio”), con poca experiencia para la travesía que tiene de frente (“no aprendiste… Tampoco la rápida adaptación de los mástiles…”) y que quizás se emprendió de manera apresurada por alguna pulsión vital.

Pero en estos primeros versos también se evidencia una de las fortalezas de estos poemas líricos: la ambigüedad del destinatario. ¿Quién es el yo-lírico que habla, y cuál su relación con el sujeto poético a bordo? ¿Quién es ese “tú” que se empieza, sino a perfilar, sí a ‘acusar’ en este primer texto? ¿Será que el yo-lírico y el sujeto poético son uno mismo, que la propia voz poética se dirige a un “tú” interno? ¿O es que este yo-lírico que habla observa a un sujeto poético como se observan a los protagonistas de una novela: bajo un mundo sin Dios, desamparado?

La primera pieza interpretativa de “Versión del viaje” es, pues, el destinatario. El “tú”, después de todo, se podría leer como la palabra inicial del poemario, pero como sujeto omitido, suprimido (“Tú No alcanzaste la sabia adivinación…”). ¿Será este viaje un proceso de borradura de este sujeto poético? ¿O, por el contrario, de un redescubrimiento?

Mientras se progresa en “Versión del viaje” se va intuyendo cierto hilo narrativo que guía la lectura, que incluso va aclarando o complicando algunas de las interrogantes mencionadas anteriormente. Esta narrativa no se da por falta de peso lírico sino que, al contrario, es propiciada por él. Es casi una advertencia: durante la lectura de estos textos, siempre habrá que conjugar o balancear este hilo narrativo y sus lecturas más metafóricas o sugestivas. Si el primer poema marca la partida del sujeto poético hacia un viaje marítimo, el segundo señala el momento en el que, desde la embarcación, todo horizonte visible se convierte en mar. El tercero, en el que se juega con la idea de la libertad dentro del desvarío. El cuarto, la consciencia de los efectos de la travesía en el cuerpo, y el haberse entregado por completo al movimiento marítimo.

4

Sobre el labio superior, un sudor.

Saboreas la sal y acrecienta la sed.

Sin duda el deseo, pero ¿cuál su puerto?

… eres

la entrega irrestricta a la composición

de la ola. Brava conquista para quien

señale el deseo en el entretanto

de las aguas…

La soledad, el cansancio, la sed y el sudor. El cuerpo y el alma son uno en esta peregrinación sin destino, sin continente, y el efecto del viaje se intensifica con su progresión. El viaje inició de noche, pero continuamente se nos hace referencia al cambio de día, como para señalar el paso del tiempo. El cambio de días, sin embargo, resulta incapaz de dar muestra de transición entre estaciones del año, añadiendo a la ambientación (¿geográfica?) y a la ambigüedad de este viaje en lo que parece un mundo detenido.

11

Aquí la luz no anuncia los cambios

de estación. No hay luz de otoño,

de invierno o primaveral. Sólo luz

que acota la noche, la más temprana

una linterna que no enciende y golpeamos

dos y tres veces, desperezándola. Una

luz de primera mirada abierta al rocío,

verifiquen el pétalo – porque allá

yace el sol como si únicamente

fuera un efecto visual, aún tan bajo

y alejado de su centro, que nada

toca, apenas tibia. Sólo sale.

Poco a poco el sujeto poético se transforma a bordo a partir de este nuevo desarrollo sensorial (particularmente de la vista y el tacto) y de las reflexiones que surgen a partir del propio proceso peregrino, a la vez íntimo y corporal. La experiencia, pues, es la clave para entender la transformación.

***

La búsqueda es constante, y si se entra al mar es para, eventualmente, regresar a tierra. Primero solo se intuye el regreso a través de la desesperación del sujeto poético, como se expresa en el poema 5:

… Deliras una tierra y cubres el oleaje

con un sosiego vegetal, más verde quizás

por la dilación del día y tu pupila.

A lo que ahora buscas como una vuelta

al hogar de las palpitaciones:

acaso encuentres una versión de ti

que no incluya el miedo oriundo

o la consecución de nombres.

Acaso halles allí una versión del viaje

que finalmente te excluya.

Pero en el último tercio del poemario, las señales de la cercanía a la tierra empiezan a aparecer – como es de costumbre en diarios de viaje y de descubrimiento – hasta finalmente avistar y arribar a la isla que, luego nos enteramos, resultó ser también el punto de partida. A veces hay que darle media vuelta al mundo para cerrar el círculo.

12

Avistamiento de una isla.

Desembarcas el corazón,

tus acordes bruñidos por la inesperada

adversidad de cada uno de los puntos

cardinales. Tus ojos, dos brújulas…

… Qué será una isla

si no un bastión de seguridades simuladas,

donde caminar continuo es maniobrar giros,

toparse en la arena con la huella anterior,

ligeramente cambiada

por todo lo que compromete el paso

de un minuto sobre las cosas. Por eso,

puede que una isla sea comprender

la comedia del rodeo, la sorpresa

del círculo que no encuentra

otro círculo que se le parezca.

Fíjate ya, cómo vas de vuelta a tus pasos.

La isla parece también haber sufrido una transformación durante el transcurso del viaje a bordo del sujeto poético. Hay dos maneras de interpretar este hecho: o se lee una identificación y, por lo tanto, una transformación mutua entre sujeto poético e isla, que afectó la sensibilidad de ambos (“Nadie te preparó para el color de las amapolas”; “La incomprensión, se te ocurre, / es tu ceño arribando calmo sobre la arena”; “Todo nublado como si te acabaras / de frotar la mirada”); o se piensa que la transformación es un elemento inherente a la constitución de la isla, continuo como el movimiento de las olas y totalmente indiferente al destino del sujeto poético (“Olvida la permanencia / donde el tránsito es sitial. Hazte / sede prologada por los adioses… porque nunca despedimos aquello / cuyo timbre fue fragancia / de amapola sin visión de amapola”).

Quizá el recurso final de “Versión del viaje” sea acercar el poemario a la experiencia real de sus lectores isleños y diaspóricos, tan acostumbrados al ir y venir. Ahora se abre una tercera vía (que, por supuesto, no cancela las anteriores) a la interrogante inicial sobre el destinatario. El “tú” que inicia el poemario cobra un tono distinto en la medida en que, en estos últimos poemas, parecería que se dirige a los propios lectores, y que, sin haberse dado cuenta, quizás fueron los lectores quienes atravesaban una transformación durante el propio proceso de lectura, una lírica Fenomenología del espíritu isleño donde el lector, al final del texto, no es el mismo que lo inició. Porque, ¿cómo no identificarse con el regreso, casi siempre agridulce, al país natal?

Llegaste justo cuando todos se iban.

Vuelve, pues, a tus motivaciones.

… Cuán simpática la isla cuando no es

sino puerta que abre hacia fuera.

Y tú que finalmente comenzabas

el arribo, con tu flota necia, pasiva,

sin consigna. Tú, tan dado de repente

a la orilla como un desenlace.

***

Versión del viaje es el primer poemario que publica Claudia Becerra. Con 18 poemas, “Versión del viaje” es la parte más extensa del libro. Solo a esta parte se ha hecho referencia en este escrito. Las otras dos son “ínsulas de invisible”, con 10 poemas, y “Otra vez el mar”, con 7. Algunos de los hilos temáticos aquí señalados se continúan a lo largo del poemario. Se puede decir que, si el inicio del poemario está compuesto de textos que provienen del mar, los restantes ya parecen ser poemas producidos desde la isla.

Esta primera parte del libro, “Versión del viaje”, podría considerarse como un “poema largo” – aunque no pase de las 30 páginas. Se une a una importante sucesión de poemas-largos-breves publicados en los últimos años en la isla (Entre tanto amarillo de Amanda Hernández; Larga jornada en el trópico de Amarilis Tavárez Vales; Adentro crían pájaros de Cristina Pérez Díaz). Como si se conjugara de manera dialéctica la tendencia del mercado escritural hacia lo breve y la contratendencia hacia lo extenso.

Comentaba con un amigo que el peor destino que pudiera tener Versión del viaje es que se considere como un texto primerizo, aunque el dato sea, en sentido estrecho, certero. Pero soy optimista – siempre hay que ser optimista –, y creo que, aunque ocurriera este pronóstico, a la larga se volverá a descubrir el poemario, y entonces se ubicará en su lugar apropiado: allá en aquella colección de textos clásicos y entrañables que, a la vez que nos conducen a un lirismo marítimo, se despliegan para dialogar con lo mejor de la literatura de los continentes. Siempre, siempre, desde la orilla inestable de una isla, de la que a veces se escapa y a la que a veces se regresa.

1968: Año emblemático y puerta al futuro

Hay años que se convierten en emblemas históricos. Por ejemplo, decimos 1898 y ya enunciamos mucho para muchos. Piénsese en la carga histórica que esa fecha tiene para españoles, boricuas, cubanos, filipinos y estadounidenses: es el final de un imperio y el comienzo de otro, comienzo y final que sacuden y alteran mundos. Creo que algo parecido ocurre con 1968 en otros contextos nacionales: Francia, México, Estados Unidos, Vietnam, por ejemplo. Aclaro de inmediato que esa fecha tiene particular significado y repercusiones muy concretas para mí como individuo. Las tiene porque mis experiencias vitales de ese momento fueron muy fuertes y sirvieron para modelar mi visión de mundo.

Me gradué de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras en mayo de 1968. Mis años universitarios fueron marcados por un nuevo auge en el activismo estudiantil, en el ámbito específico de la universidad, en el de la política nacional y en el amplio contexto internacional. Participé en el movimiento estudiantil de mis días, nunca de manera protagonista, sólo como soldado de filas, pero siempre fiel y constante. Esa participación me marcó para siempre. Por ello mismo, en mayo de 1968 ya de regreso a mi pueblo, al oír las noticias sobre las protestas estudiantiles en la Sorbona –el locutor de la emisora radial aguadillana, creo que por ignorancia y no por maldad, empleaba una metátesis y llamaba a la universidad parisina la Soborna– me sentía identificado con esos otros universitarios que por unas cuantas semanas pusieron en jaque al gobierno de su país. Cuando oía esas noticias sobre Francia pensaba en nuestra propia lucha contra la presencia del ROTC en el campus, lucha que reflejaba, entre otras cosas, nuestra oposición a la Guerra de Vietnam. Desde la remota y periférica Aguadilla –sí, llamé al locutor para señalarle su error ya que me parecía ofensivo y degradante– me sentía unido a los universitarios parisinos, aunque estuviera lejísimo del centro de sus acciones, las que marcaron la historia de su país y tuvieron repercusión alrededor del mundo, inclusive en mí, insertado de nuevo en mi provinciano pueblo tras mis años universitarios.

Por ello, cuando hace unos días me topé por casualidad y por suerte con un libro que parecía estudiar ese emblemático y hasta simbólico año (Antonio Elorza, Utopías del 68: de París y Praga a China y México, Barcelona, Pasado & Presente, 2018) no titubeé un segundo en comprarlo. Unos cuantos días más tarde lo leí con interés; lo devoré con ansiedad. Descubrí que el libro no era lo que buscaba o lo que este parecía ofrecer desde el título, pero, no por ello, dejó de ser de interés y digno de comentario. Por ello mismo y, sobre todo, por las posibilidades que me sugiere, por las puertas que nos puede abrir, decidí escribir estas líneas sobre un texto que parece estar más allá de mi campo. Aclaro que me acerco al mismo, como en tantas otras ocasiones y como con tantos otros libros, esencialmente como lector interesado y crítico, no como especialista, pues, en gran medida eso es lo que soy y lo que siempre he sido: un lector interesado y crítico. Desde esa perspectiva y con esas salvedades, comparto los siguientes apuntes sobre este libro.

Antonio Elorza, de origen vasco como lo evidencia su apellido, en 1968 era un joven profesor universitario en Madrid. Se había formado con distinguidos catedráticos españoles que trataban de mantener un cierto nivel de altura moral, rigor intelectual y libertad académica en el doloroso contexto de la universidad española del final del Franquismo. Elorza, como él mismo nos relata en el apéndice autobiográfico con que cierra el libro, también participó en las luchas estudiantiles de ese momento y quedó impactado por ellas. Durante sus años de estudiante fue marcado por José Antonio Maravall, especialista en el barroco y cultivador de la historia cultural, y por José Luis Sampedro, economista y politólogo de larga vida quien hasta hace relativamente poco, justo antes de morir, impactó al mundo español con comentarios políticos que repercutieron en la formación de nuevos partidos que tratan de distanciarse de la corrupción de los viejos. Pienso, por ejemplo, en su iluminadora introducción al librito de Stèphane Hessel, Indignés vous (2010), traducido al español como ¡Indignaos! (2011), libro e introducción que tanta repercusión han tenido o tuvieron en España, especialmente entre los jóvenes. Fue esta experiencia personal lo que llevó a Elorza a escribir Utopías del 68…, texto que aparece a los cincuenta años del movimiento estudiantil. ¿Es un homenaje a esos acontecimientos tan importantes y representativos de su momento? Para responder a esa pregunta y otras hay que examinar el contenido de su texto.

Tras una página donde presenta un diagrama que trata de resumir gráficamente la historia de ese año ejemplar y los movimientos que generó, el libro comienza con una introducción donde se discuten algunos de los pensadores que impactaron a los actores del 68. Apunto dos comentarios sobre este capítulo. Primero, no presenta las corrientes que impactaron a los activistas de todos los países que estudia ya que se centra, muy particularmente, en los que influyeron a los universitarios franceses. Segundo, presta mucha o demasiada atención a uno de esos pensadores, Herbert Marcuse (1898-1979). Más tarde, en el apéndice autobiográfico que cierra el libro, nos enteramos que Elorza hizo una de las primeras traducciones de este importante pensador al español, lo que puede ayudar a entender su marcado interés en apuntar su impacto sobre el 68, especialmente el francés y el estadounidense. En general el capítulo introductorio es muy vago y se centra desmedidamente en el ámbito intelectual francés, a pesar de que el libro promete una visión mucho más amplia, casi global, del 68.

El cuerpo del libro lo componen sendos capítulos donde se estudian los movimientos políticos contemporáneos en Francia, Italia, Checoslovaquia, China, Camboya y México. Como apéndice del capítulo sobre China se estudia en caso peruano, dado el impacto del maoísmo en Perú, impacto que se concretiza en el movimiento de Sendero Luminoso. Elorza nos ofrece una muy buena visión panorámica de la actividad política en cada uno de estos países, pero la selección de los mismos como focos de atención no crea un texto coherente o con objetivos claramente definidos. Los casos de Francia, donde se dio el movimiento estudiantil que ha marcado más que otros ese momento emblemático –sólo hay que decir París 1968 para evocar una imagen del fenómeno histórico–, y el de México –2 de octubre de 1968, día de la Masacre de Tlatelolco, suceso que, en cierta medida, se podría ver como un trágico cierre de ese emblemático año– son los hechos que mejor definen el momento, con sus logros, contradicciones y fracasos. Los casos de los otros países no se pueden colocar en el mismo contexto si lo definimos, como en los otros dos, ideológicamente por el impacto de los movimientos universitarios y cronológicamente por darse en la fecha concreta del 1968. Es innegable que en todos los otros casos, especialmente en los de China e Italia, la participación de los universitarios fue muy importante, hasta central, pero no fue la mecha que encendió el movimiento político del 68 en esos países. Esto es particularmente cierto en el caso de Checoslovaquia y Camboya donde las acciones políticas del momento se iniciaron desde la posición central de los gobiernos entonces dominantes y no desde la periferia de su mundo estudiantil. En el caso de China el movimiento de la Revolución Cultural, hecho que marca la década que Elorza emplea como marco histórico, sí tuvo como protagonistas a los universitarios, pero fue planificado, iniciado y ultimado por el poder central, por Mao mismo. En otras palabras, los casos que Elorza toma como paradigmáticos no forman una unidad coherente, definida por los movimientos estudiantiles, como en el caso mexicano y el francés, ni están delimitados por el marco temporal del 1968, como hito inicial ni final.

Además y sobre todo, al libro le falta un capítulo sobre los Estados Unidos, país que impactó a todos los otros estudiados y ámbito donde los movimientos estudiantiles fueron trascendentales en la política nacional del momento, especialmente en cuanto a la oposición a la Guerra de Vietnam, hecho que marca profundamente los movimientos universitarios en todos los demás países estudiados y que produce manifestaciones culturales e ideológicas que definen los llamados “Sixties”. ¿Cómo estudiar los movimientos estudiantiles a nivel internacional en esa década e ignorar las protestas en Berkeley, en Kent State, en Columbia, entre muchísimos otros casos de activismo universitario estadounidense?

Sorprende además la ausencia de una mera mención del movimiento de liberación homosexual iniciado en el caso de los Estados Unidos por la revuelta de Stonewall (1969), aunque en varios momentos se menciona de pasada esta corriente, aunque no este hecho, y aunque se reconoce la gran importancia que tuvo la liberación sexual dentro de ese contexto ideológico en Europa y en los Estados Unidos. Elorza destaca el fenómeno de la liberación sexual en general y en el contexto de pensadores como Marcuse quienes la apoyaban y la proponían como necesaria. Este es uno de los rasgos de importancia en la nueva ideología del 68 europeo y estadounidense, pero una que no se desarrolla debidamente en el libro.

Tras leer el cuerpo del libro esperaba que en su breve conclusión se atarían todos los hilos sueltos que iba el autor presentando en los capítulos centrales; esperaba que aquí Elorza nos ofreciera una justificación de la selección de los países que estudia y, sobre todo, que nos diera un cuadro coherente que explicara su visión englobante del 68 que parece ser nueva porque va más allá del fenómeno francés y porque excluye a los Estados Unidos. Pero así no fue: en las conclusiones no se ofrece esa visión de conjunto ni se da una imagen concreta y coherente del año 68 y su repercusiones. En verdad, aquí esencialmente se vuelve a los planteamientos del capítulo introductorio.

A pesar de estas graves fallas, Utopías del 68… es un libro que vale la pena leer por su repaso de la historia del momento y por su intento de definir y redefinir una década tan importante en el desarrollo político mundial. Fue para repasar y para escrutar lo que ocurrió en ese año emblemático que tanto me marcó que leí este libro. Es que, más que un homenaje al 68 –lo que se hace de manera muy indirecta pero efectiva–, el libro de Elorza intenta ver las repercusiones que los movimientos políticos de ese momento tienen aún sobre nuestros días. Por ello y por ejemplo, en el capítulo sobre México se enlaza la masacre de Tlatelolco de 1968 con el movimiento zapatista que estalla en 1994 y que aún sobrevive, aunque muy de capa caída.

Pero también leí Utopías del 68… pensando en nuestro 1968, en el mayo del 68 en nuestra universidad. Vietnam, la lucha por la independencia, la liberación sexual, las reformas universitarias, los grandes esquemas políticos estaban presentes entre nosotros, los universitarios boricuas de ese momento. Lo recuerdo todo muy vivamente. La lectura de este libro y lo que el mismo evoca en mí me hacían volver a ver, según pasaba sus páginas, la entrada de las fuerzas de la policía en el campus de Río Piedras, me hacían volver a oír los gritos de los estudiantes y los macanazos de los agentes policiacos. Es que al leer estas páginas vuelvo a nuestro 68, a nuestro pequeño pero también importante mayo del 68. Y es por ello mismo que pienso en la necesidad muy urgente de estudiar ese momento, por menor e insignificante que parezca y que en realidad sea en comparación con los grandes movimientos que Elorza estudia.

Quizás más que nuestro mayo del 68 específicamente, lo que debíamos estudiar sería el desarrollo de los movimientos estudiantiles en nuestra historia, comenzando por la huelga del 1948. Del 48 al 68 a nuestros días: ese estudio nos llevaría a colocar nuestro mayo del 68 en ese gran contexto que Elorza estudia y que parece revisar y revalorar. Por ello, entre otras razones, para mí valió mucho la pena leer este libro que parecerá fallido pero es de importancia.

13 de junio de 2018

Murillo del Río Leza, La Rioja

La espera que desespera

No te preocupes… Mañana viene el correo.

(El coronel no tiene quien le escriba,

García Márquez, 1958)

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

Como en El coronel, que no tiene quien le escriba, los empleados de la Universidad de Puerto Rico, en Utuado (UPRU), experimentan un aura de incertidumbre y desesperanza al no obtener repuestas concretas sobre el futuro que le espera al recinto montañés.

Esa pesadumbre se ha intensificado cuando la matrícula del recinto se redujo sustancialmente en los últimos meses y cuando en las pasadas semanas se firmaron los traslados de tres profesores a las unidades de Ponce y Mayagüez. También, porque las condiciones de trabajo para los empleados y estudiantes son cada vez peores a causa de los recortes progresivos que viene sufriendo la UPR desde 2013, año en que se congeló la fórmula presupuestaria de la Universidad en $833 millones.

En mi búsqueda por personal administrativo para una entrevista sobre los efectos que puedan tener los recortes al presupuesto de la UPR para el año fiscal 2018-19, conocí a Mercedes Rivera, representante de la Hermandad de Empleados Exentos no Docentes (HEEND) en el recinto de Utuado.

Estando en su oficina, Rivera, evaluadora de expedientes académicos en Registraduría, me cede un asiento junto a su escritorio, agarra un paquete de papel sanitario y me dice: “Hasta papel de baño hay que traer aquí; que a veces uno va y no hay”. El Huracán María y la Junta de Control Fiscal (JCF) han sido eventos catastróficos para Puerto Rico y la UPR. “Las decisiones tomadas por la Junta, más el plan fiscal de la UPR, desde el primero hasta el último enmendado que llegó la semana pasada, todos son catastróficos”, expresó Rivera.

La Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) Capítulo de Río Piedras, publicó en su cuenta oficial de Facebook:

El doble discurso del nuevo presupuesto: dinero para la gerencia y crisis para la docencia

5 de julio de 2018

El pasado 30 de junio de 2018 la Junta de Supervisión Fiscal aprobó el presupuesto de la UPR para el año fiscal 2018-19. La JSF rechazó el plan fiscal sometido por la Junta de Gobierno, que a su vez había rechazado el que sometió el Presidente y que se discutió en la Junta Universitaria. El ente federal no solo determina la cantidad de dinero que recibirá la UPR del Fondo General del Gobierno, sino que pretende determinar en qué se gastará cada partida…

Rivera no pudo ofrecer datos sobre la reducción al presupuesto del recinto, pues es la Oficina de Presupuesto la que tiene esa información.

“No tengo conocimiento de cuánto es la reducción; sí sé que si te reducen presupuesto, son menos los servicios que vamos a poder dar, pero afecta en todo. Materiales de oficina e incluso el papel de baño. Yo compro mi papel, tape, bolígrafos, lápices, porque materiales no están comprando… Todo esto afecta, y nos afecta emocionalmente a nosotros”.

Aunque el rector interino de la UPR en Utuado, José Heredia Rodríguez, no estuvo disponible para una entrevista sobre la reducción al presupuesto del recinto y el efecto que esto tendría en los servicios administrativos, la información general es que para el año fiscal 2018-19, la Junta de Control determinó que la UPR operará con un presupuesto consolidado de $1,364 millones. Esto luego que el ente federal rechazara los $1,397 millones aprobados por la Junta de Gobierno Universitaria.

La APPU explica en la misma publicación citada que:

Algunos elementos contenidos en este presupuesto, y que son cónsonos con lo aprobado previamente en el plan fiscal para la UPR, son: aumento de $115 el crédito subgraduado y aumentos a créditos graduados; aumento en casi todos los servicios a los estudiantes; disminución a la aportación patronal al plan médico; aportación al Sistema de Retiro menor a la establecida para cumplir con la amortización de la deuda actuarial a 40 años, lo cual debilitaría el sistema [UPR]; eliminación de exenciones de matrículas, entre ellas a cónyuges e hijos de empleados; eliminación del bono de Navidad y, además, el cierre de programas académicos a través de los once recintos.

“Todos saben a nivel isla que el recinto de Utuado es el más vulnerable porque es lo que está en la boca de todo el mundo”, dijo Rivera quien cuenta con 23 años de servicio y, ante el panorama actual, no sabe qué va a suceder con su trabajo.

“Las consolidaciones es parte de lo que está sonando. En el mes de abril, el rector nos reunió para dejarnos saber que el recinto de Utuado se va fusionar con Mayagüez y que [por ende] los recintos [consolidados] van a perder algunos de sus programas. En Utuado se quedarán los de agricultura, según él”, añadió.

El Rector aseguró en dicha reunión que nadie se iba a quedar sin trabajo; que Mayagüez tiene espacio y los va a absorber. A esto Rivera le expresó que no era solo cuestión de que se quedaran sin trabajo. Que si a ella y a otros empleados [en su mayoría vecinos de Utuado y pueblos limítrofes] los van a absorber en Mayaguez, cómo van a hacer para llegar allá de lunes a viernes a las ocho de la mañana.

Según el plan fiscal, Utuado, Arecibo y Aguadilla van a pasar a Mayagüez. O sea, desaparecerán, y mucha gente se va a quedar sin trabajo.

“No me van a dar hospedaje y yo no puedo pagarlo cuando tengo una hipoteca acá. Es humanamente imposible. No hay ni cuerpo, ni carro que aguante eso… eso se llama despido tácito; me están obligando a renunciar. Eso de que hay cabida en Mayagüez… después yo me reúno con la Decana Académica y me dice que eso no es verdad. No hay espacio”.

A los cuestionamientos de Rivera, el rector respondió: “A mí también me va tocar viajar”.

Sabandijas y ratones

El recinto de Utuado –o bueno, la biblioteca–, enfrenta un problema de alimañas molestosas. Esto, como consecuencia de la falta de aire acondicionado desde antes de María. Ya se pidió un aire, pero no ha llegado.

Regina Oquendo, Directora Interina del Centro de Recursos para Aprendizaje, reconoció que el personal de la biblioteca ha dado cátedra a pesar de los inconvenientes y añadió: “Aquí hemos tratado todo, entendiendo que somos pocos y que nuestra matricula también se ha limitado”.

Oquendo, explicó que aunque los recortes en la UPR no son algo nuevo, en el caso específico de las bibliotecas, han sufrido serias disminuciones en los últimos tres años.

“Este año sí me limitaron el presupuesto, afectando la compra de recursos bibliográficos. Los electrónicos no se afectaron, excepto por las bases de datos de tecnología agrícola que llevaban con nosotros apenas un año”.

La biblioteca se vio limitada a adquirir las bases de datos que compra en conjunto con otras 14 bibliotecas de la UPR a través de un consorcio. En cambio, a pesar de que la biblioteca no pudo comprar las bases de dato de tecnología agrícola se le permitió tener acceso gratuito hasta el mes de septiembre…

Las clases empiezan el 13 de agosto y la matrícula ha bajado

A pesar de que las últimas noticias han sido que la UPR en Utuado no va a cerrar, circunstancias como los traslados, la reducción de matrícula, las condiciones de trabajo y el despido tácito, entre otras, ponen en duda este dato que ha lanzado un rayo de esperanza para quienes queremos ver el recinto abierto y en servicio, no solo de la comunidad estudiantil, si no del pueblo de Utuado.

Entonces, ¿a qué se refieren cuando dicen que el recinto no va a cerrar..?

Nueva Procuradora de la Mujer sin trayectoria de lucha

ccotto@claridadpuertorico.com

Para el movimiento feminista, la Oficina de la Procuradora de la Mujer (OPM) se ha convertido en una parte de los partidos políticos, al punto de que, desde la administración de Luis Fortuño, el primer ejecutivo no consulta su nominación con los grupos feministas como lo estipula la ley de creación de la citada oficina.

En apenas semana y media, el Gobernador nominó y el Senado confirmó a la licenciada Lersy Boria, como la nueva procuradora en propiedad de esa oficina. La nominación de Boria se dio luego de que el gobernador se negó a renominar a la licenciada Carmen Lebrón, quien ocupaba el puesto como interina. La acción del gobernador se produjo después de que Lebrón refiriera al Departamento de Justicia (DJ) la investigación sobre hostigamiento sexual en la Compañía de Turismo, que involucra a varios de sus allegados.

“No tenemos mucha información, excepto la que ha salido en los medios. Ciertamente entendemos que esta es una posición que debe venir a ocuparla una persona que esté capacitada sobre lo que son los derechos humanos de las mujeres. No es simplemente por ser mujer, no es simplemente por haber vivido la violencia que vivimos nosotras a diario en este país, es necesario conocimiento, es necesario una trayectoria”, declaró la profesora Sara Benítez, miembro del Movimiento Amplio de Mujeres (MAM) a preguntas de la prensa sobre la posición de las feministas al nombramiento de Boria.

Las declaraciones fueron dadas en medio de una conferencia de prensa en la que la Coordinadora Paz para la Mujer (CPM) denunció que las mujeres en Puerto Rico se encuentran en una crisis nacional ante la violencia de género. Benítez señaló que la Ley 20, recomienda que la persona designada al puesto sea recomendada por los grupos que trabajan con las mujeres. “Así que conocemos la Ley y sabemos que la función de la persona que ocupa esa oficina es una sumamente importante porque es una de defensa. No debe estar casada con ningún partido político”.

La licenciada Josefina Pantoja, de la Organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora (OPMT), agregó que desde hace mucho tiempo, el proceso de nombramiento no ha sido consultado con los grupos feministas. Denunció que la última vez que el movimiento de mujeres fue consultado —o mejor dicho se les permitió hacer una recomendación—, fue bajo la administración de Luis Fortuño. En esa ocasión se recomendó a las compañeras Joan Vélez y Linda Lara, de ideología estadista, aunque identificadas como feministas. Las recomendaciones no fueron consideradas. Más aun, se descarriló el nombramiento de Vélez. “Desde entonces, prácticamente no hay vínculos en términos de la Ley y tampoco en términos de la Coordinadora y, sobre todo, con las organizaciones activistas”. Reconoció que con las organizaciones de servicios se mantiene cierta relación.

Aun cuando Benítez expuso que por años las organizaciones han venido compartiendo la agenda de las mujeres del País con las personas que han ocupado la Oficina, que han señalado en innumerables ocasiones la importancia de tener una educación con perspectiva de género y que se atiendan los problemas de las mujeres de forma integrada, reparó en que las funciones de la OPM no se limitan solo a la violencia doméstica. Pese a que Benítez expresó que desde la CPM están en disposición de compartir su agenda, aclaró que en estos momentos esa oficina “es parte de los partidos políticos, y nosotras no estamos participando, no nos parece pertinente en estos momentos participar”.

Frente a estas circunstancias reclamó que es importante que los grupos feministas sigan con su agenda, que es la de luchar por los derechos de las mujeres, de exigir la justicia para las mujeres como lo hicieron en el caso de O’neil, y en particular, exigir que la perspectiva de género sea transversal a todo el gobierno.

Abogadas y Abogados rechazan el nombramiento

El Colegio de Abogadas y Abogados (CAPR) también se expresó en contra de la nominación. En comunicado de prensa, la presidenta de la Comisión de la Mujer de ese colegio, Mariana Nogales Molinelli, y su presidente, Alejandro Torres Rivera, manifestaron su gran preocupación ante el nombramiento y confirmación de Boria.

“Llamamos la atención al hecho de que la nominada es una completa desconocida por las organizaciones de mujeres. No cuenta con un historial de luchas y compromiso con la equidad de género y la reivindicación de los derechos de las mujeres, como establece la Ley 20 que crea la Oficina de la Procuradora”.

Al igual que el movimiento feminista, los representantes del CAPR señalaron que el gobernador no hizo caso a la recomendación del estatuto para que las organizaciones sean consultadas, precisamente para evitar la intromisión del partidismo político en la designación. También denunciaron el hecho de que el nombramiento se hizo justo después de que la entonces procuradora interina, licenciada Lebrón, hiciera el referido al Departamento de Justicia sobre los incidentes de hostigamiento sexual en la Oficina de turismo, que culminaron con la destitución de su entonces director, José Izquierdo II. Sabido es que la inclusión en dicho referido de los licenciados Christian Sobrino y Alfonso Orona, funcionarios de alto rango muy vinculados al gobernador Rosselló, trajo como consecuencia la desafortunada expresión de la secretaria de Justicia Lic. Wanda Vázquez Garcés, de declararse sin jurisdicción, sin que hubiera dado inicio la investigación respecto a ellos y que, además, criticara la gestión de Lebrón. Lo próximo fue que el ejecutivo le relevara de sus funciones y nominara a la exdirectora de ACAA.

“El mensaje que está enviando el gobernador es uno de falta de transparencia y de que se toman represalias contra quien se atreve a denunciar la violación de derechos. En la OPM no solo fue relevada de su puesto la procuradora interina, sino otras empleadas que, aunque de confianza, pudieron tener responsabilidad en la investigación de hostigamiento sexual en Turismo. Sobre ellas, todavía la Procuraduría tiene gestiones pendientes, lo que puede poner en peligro el curso de la investigación y el apoyo que algunas de las víctimas están recibiendo”, denunció Nogales.

Ambos confirmaron que, desde la gobernación de Fortuño, el propósito de la ley que creó la OPM ha sido violentado y la entidad gubernamental se ha contaminado con el partidismo político, creándose una gran brecha entre la agencia y las mujeres. Tampoco se atienden con prontitud los problemas que estas enfrentan. Además, los procedimientos para la asignación de propuestas y fondos se han tornado más burocráticos, lentos y perjudiciales.