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Será otra cosa: Volver a casa

1. Miro por la ventana

Casi todo el vuelo de Nueva York a San Juan, es sobre el mar. A los pocos minutos del despegue, después de pasar sobre los pantanales de los suburbios, el avión sobrevuela un mar plateado y calmo, entre nubes idénticas a las nuestras, las del otro lado. Si me concentro solamente en esa sección del paisaje, es como si ya estuviera llegando a casa.

He cruzado de un lado a otro, abrigándome y desabrigándome, adivinando la lengua en la que debo dirigirme a la gente, ampliando mi conocimiento sobre líneas aéreas, puertas de salida, estrategias de sobrevivencia y de calma; y esto es lo que presiento como posible rutina en mi futuro. Entonces, ¿dónde estará la gente más querida? ¿A dónde los tendré que ir a buscar? ¿Tendré salud y dinero suficiente para llegar hasta ellos?

Me imagino con un pie allí y otro acá, despatarrada.

2. Miro la gente

Me conmueven las ancianas despistadas que suelo encontrarme en el gate de salida. No falta ese personaje que permanece inalterable en la memoria de mis frecuentes viajes entre Hartford y San Juan.

–¿Qué dijo? ¿Grupo A o grupo E?

La mujer busca desesperadamente una respuesta entre quienes la rodeamos en la multitud, segura de que alguien la comprende y le responderá. El bilingüismo tiende estas trampas.

– Group A.

– Eh, grupo A.

La señora se deshace aliviada, los músculos se le aflojan y se acomoda en la fila. Me fijo en lo mucho que se parece la doña a mis primos del Pepino –sus pómulos altos, su piel cobriza, su larga trenza canosa sobre la espalda. Parece una mujer como de otro tiempo, de esas que salen en las imágenes de principios del siglo pasado: delgada, cariacontecida, cejijunta y medrosa. ¿Será real, alguien más la ve? ¿La estaré imaginando? La pierdo de vista tan pronto entramos al avión y no la volveré a encontrar hasta que lleguemos a Isla Verde. Allá la está esperando una barahúnda de parientes igualitos a ella, el parentesco es evidente.

3. Islas

Nueva York, mira, también es una isla: isla levantada sobre la explotación, el clasismo, el impulso feroz de los esforzados caníbales del progreso y mucha fantasmagoría. Hace casi cien años Federico García Lorca ya describía esta ciudad así:

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

En eso pienso cuando veo su línea del cielo como un bastidor de cartón más allá de la pista de aterrizaje; es la última imagen que me ofrece la ciudad, con coquetería. Por un momento no parece lo que es, una ciudad, y podría ser simplemente un montón de construcciones que se alinean frente a frente sin mirarse, con rencor. Repaso las visiones desde dentro de ese laberinto. Sé muy bien que dentro de poco, a la distancia, será tan irreal como cualquier ciudad en la memoria.

Pronto salgo de mi alelamiento porque han llegado mis compañeros de asiento: una mujer con sus dos niños.

4. Los que regresan

Por el pasillo hacia dentro del avión, iba atenta a mi alrededor: es mayormente gente que regresa. En esta ocasión, enero de 2018, algunos concluyen unas vacaciones de los apagones, dicen. Disfrutemos del aire acondicionado, los baños con agua, las comidas calientes. Dentro de poco se incorporarán a la rutina pos-María, a los esfuerzos por cumplir cada jornada a tropezones: precariedad, incomodidad, desconcierto. Tienen aspecto cansado, como si en lugar de vacaciones hubieran viajado para cumplir una misión.

Vuelven, me confiesa mi compañera de asiento, porque no se animan a dejar su barrio, su escuela, su gente, porque no aguantan ese frío pelú. Se sienten en la obligación de excusarse, como si regresar a la isla en ruinas fuera un demérito, como si haberse ido por un ratito al confort de la casa de los primos hubiera sido una traición. Me cuenta con aire cansado que las nenas jugaron en Central Park con la nieve, vieron los dinosaurios del Museo y patinaron sobre hielo. El chiquito se revuelve en el asiento, la hala por el brazo, tiene morriña. Ahora van de vuelta a la escuelita en Maunabo. Ya tienen luz, qué bueno. La mujer está agotada y le saca al nene dos muñecos, un Hulk y un SpiderMan. Son juguetes nuevos. Yo había olvidado que era enero y los Reyes habían llegado hacía poco. El nene se tranquiliza, aunque no deja de rasparme las piernas con los bracitos de su Hulk. Spiderman parece mucho más tranquilo aunque su dueño lo blande como si fuera una espada. Despegamos.

Pienso en mis sobrinos del norte, de la misma edad. Mi hermana me dijo que el día del huracán lloraron desconsolados frente al televisor cuando apareció el informe del tiempo para el Caribe en la televisión local. Habrá quedado para siempre grabada en sus memorias el dibujito del ciclón en la pantalla, un tirabuzón ancho y colorado que prometía arremeter contra la islita donde viven (¿agonizan?) los abuelos, una silueta monstruosa y amenazante, como los efectos especiales de las películas de desastres, incompatible con las aburridísimas visitas a la familia. Esta tarde, sin embargo, esos niños deben dormir plácidamente en sus camitas, sin pensar en la isla maltratada, ni en los abuelos, ni en los primos, ni en nadie. Estamos muy lejos, somos tan reales para ellos como personajes de un cuento.

5. Una legión de tristes

Los viajeros de este avión piensan que algo ha cambiado en sus vidas después del huracán, y van bien tristes, pero se alegran cuando anuncian que estamos llegando. Como es de día, desde esta altura no sabemos dónde ha llegado la luz y dónde no, pero sí podemos ver los toldos azules de las casas sin techo.

Dentro de poco todo esto estará en el olvido y será un trauma lejano. Puede que sí, puede que no. Puede que esto sea el principio de otra cosa que no tiene nombre todavía, una cosa que a los más viejos nos costará reconocer y apreciar.

Me consuela pensar que aún no tengo miedo a volar, que casi lo disfruto. Todo parece indicar que tampoco yo me quedaré quieta, que seré parte de esa bandada que va y viene constantemente, importunando a los oficiales de inmigración y a los políticos de turno. Pienso en que tanto ir y venir debe llevar a los del censo por el camino de la amargura. Esta gente no se queda quieta, dirán. Cuenten los que van, cuenten los que regresan, inconstantes, impertinentes, impredecibles. Somos legión.

Vázquez Maccarini pide oportunidad para jugar en la final del campeonato nacional absoluto 2018

La ajedrecista puertorriqueña Danitza Vázquez Maccarini hizo un llamado a la Federación de Ajedrez de Puerto Rico (FAPR) a que le permita participar en la Final del Campeonato Nacional Absoluto de 2018, a celebrarse a principios de junio, mediante una preclasificación.

Vázquez Maccarini no ha sido preclasificada porque no cumplió con el requisito de jugar por lo menos diez partidas en torneos “abiertos” en Puerto Rico, lo que considera una interpretación injusta y restrictiva del reglamento del organismo porque se ha mantenido activa dentro y fuera de Puerto Rico representando al país.

Varios de los torneos “abiertos” que celebra la FAPR anualmente no fueron celebrados o fueron celebrados fuera de fechas debido a los huracanes Irma y María. Además, para dos de los torneos, William Bermúdez Memorial y Clasificatorio para Campeonato Nacional, Vázquez Maccarini estaba representando al país en torneos internacionales, para los cuales contaba con el aval de la FAPR.

Otro de los torneos, Narciso Rabell Memorial de 2018, fue cancelado solo unos días antes de su celebración y luego fue jugado cuando Vázquez Maccarini, ante la cancelación, se había comprometido a jugar en dos torneos fuera de Puerto Rico.

El propósito de requerir la participación en torneos “abiertos” en Puerto Rico es que el jugador se envuelva y participe en competencias en suelo boricua para que aporte al ajedrez puertorriqueño.

Además, si a toda la ejecutoria antes mencionada, se añade que por lo menos dos o tres veces al año Vázquez Maccarini ofreció exhibiciones de partidas simultáneas “abiertas”, lo más justo es que se le preclasifique para la Final del Campeonato Nacional Absoluto de 2018.

“Es una injusticia que la federación me diga que no voy a ser sembrada (preclasificada) en el Campeonato Absoluto de Puerto Rico. Casi todo mi tiempo libre lo invierto en practicar y en irme a distintos países a jugar, y cuando regreso, al momento de la verdad -que es para escoger al equipo olímpico, del cual he sido miembro desde los 10 años- me dicen ‘no, vas a tener que jugar el clasificatorio (para poder jugar la final) porque supuestamente no tienes las partidas abiertas necesarias’. Yo entiendo que eso no es justo porque yo he traído muchos logros para la Federación de Ajedrez y para Puerto Rico y creo que me merezco esta oportunidad”, dijo Vázquez Maccarini.

Entre abril de 2017 y abril de 2018 (periodo relevante bajo el Reglamento de la FAPR), la adolescente jugó cerca de 70 partidas oficiales, en y fuera de Puerto Rico (el doble de las 35 requeridas), que afectaron su clasificación en el sistema de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), y resultaron en que al finalizar el 2017 tenía más de los 2200 puntos requeridos para ser preclasificada para la Final del Campeonato Absoluto (tenía 2217 puntos).

Para la jugadora, la alternativa para solucionar la controversia no solo es permitirle jugar en la final sin necesidad del clasificatorio (al cual decidió no participar por conciencia), sino también evaluar el actual reglamento de la FAPR para contemplar enmiendas que beneficien a las mujeres y a los jóvenes, además de no penalizar a jugadores que han salido fuera de Puerto Rico para participar en competencias y procurar la evolución de su juego.

“No podemos encajonar a nuestros jugadores solamente en Puerto Rico porque así no vamos a lograr ningún tipo de progreso”, dijo la jugadora.

Con tan solo 15 años de edad, la adolescente se coronó como la jugadora más joven en ganar el Campeonato Nacional de Ajedrez de Puerto Rico, que incluye tanto a hombres como mujeres. Actualmente, a sus 18 años, la jugadora es finalista en el Campeonato Mundial de Ajedrez Femenino, que se celebrara en noviembre en Khanty-Mansiysk, Rusia.

El COPUR necesita nuestra ayuda

Estoy consciente que escribo esta columna en un momento de extrema estrechez económica donde al día de hoy existen personas que siguen sin servicios básicos tras el huracán María. Sin embargo siento la responsabilidad de escribirla porque creo en aportar mi granito para que toda persona que pueda coopere con la campaña de recaudación de fondos del Comité Olímpico de Puerto Rico que necesita conseguir dos millones de dólares para poder sufragar los gastos necesarios de los venideros Juegos Centroamericanos y del Caribe que comienzan el 19 de julio en Barranquilla Colombia.

Cuando pienso en mis recuerdos de niñez y de temprana vida adulta, hay momentos deportivos que reforzaron mi convicción de ser puertorriqueño y fortalecieron mi sentido de patriotismo.

El desempeño de nuestros atletas siempre ha sido un bálsamo en momentos difíciles del país. Entre algunos de los momentos que me vienen a la mente es ver a toda mi familia reunida para ver las victorias de Tito Trinidad sobre Oscar De La Hoya o Fernando Vargas, o ver a un equipo B de baloncesto alzarse con el oro en Argentina contra los locales tras haber perdido por 35 con ellos en primera ronda y clasificarse a las olimpiadas de Atlanta 96, ver a Puerto Rico darle un palo al Dream Team de EUA de Baloncesto en el 2004 o ver a Mónica ganarse a las dos tenistas mejores del mundo y escuchar la Borinqueña en unas Olimpiadas en Rio 2016. Todos esos momentos de alegría (y me faltaron miles) hace que valga la pena donar esos dos pesitos por persona (el que quiera donar más, mejor) que esta tratando de conseguir el COPUR para poder sufragar los gastos de la delegación boricua.

Estoy seguro que como yo muchos de nuestros lectores y lectoras tienen anécdotas y momentos que nunca olvidarán con el olimpismo puertorriqueño y ha llegado el momento de darle la mano a los que han sido nuestros mejores representantes a nivel mundial por cerca de los últimos 100 anos.

A continuación, la manera en que se puede donar:

1)Envía un texto con la palabra donar al 276787

2)Entra a la página donar.copur.pr

3)Llama al 1844-99 (COPUR 26787)

4)Con Ath móvil vas a Pay Business y le pones COPUR

5)Envía cheque o giro al apartado 9020008, San Juan, PR 00901

O ve directamente a la Casa Olímpica en el Viejo San Juan

Estoy seguro de que nuestros atletas y nuestro País te lo agradecerán.

El gobierno de Puerto Rico no previno la mayoría de las muertes por el huracán María (1)

Por Jeniffer Wiscovitch y Omaya Sosa Pascual

Centro Periodismo Investigativo

Jazmín Cruz Corporán nadie le tiene que probar que el gobierno de Puerto Rico no tenía un plan de respuesta para una emergencia de salud pública masiva como el huracán María. Tiene la certeza de que había serios problemas en los hospitales y facilidades de salud antes de que el fenómeno devastara la isla.

La mujer vivió su propia pesadilla en el hospital Ryder de Humacao donde su padre comenzó el lento y doloroso camino hacia la muerte. Gaspar Cruz Agosto fue ingresado en la institución el 30 de agosto por diverticulitis. Luego, un estudio mostró una masa en el pulmón, pero no pudieron dar con su diagnóstico porque tras el paso del huracán Irma el 6 de septiembre, el hospital se quedó sin electricidad. Mientras tanto, Cruz Agosto seguía deteriorándose.

El 15 de septiembre, cinco días antes del paso de María, Jazmín llegó una mañana a visitar a su padre al hospital y lo encontró con el rostro virado, por lo que asegura que era evidente que había sufrido un derrame cerebral. Nadie en el hospital le supo decir qué ocurría y no fue hasta horas de la tarde que pasaron a su progenitor a la unidad de cuidado intensivo.

En ese momento, una doctora le dijo que al parecer su padre tenía cáncer, pero que no lo podían confirmar sin una biopsia. Nunca le hicieron ese estudio.

Su salud siguió empeorando al punto que dos semanas después del huracán María, le tuvieron que amputar una pierna por mala circulación. La desinformación continuaba y no le permitían verlo. Lo único que supo Jazmín fue que la planta eléctrica del hospital dejó de funcionar luego de la cirugía.

El panorama en el hospital era de terror. El Centro de Periodismo Investigativo (CPI) ha documentado decenas de testimonios similares de este y otros hospitales y facilidades de salud tras el huracán.

En el área de emergencias del Ryder, había camillas por todos los pasillos. A los pacientes de la unidad de cuidado intensivo los habían movido para el área de sala de emergencias porque la infraestructura de intensivo había sido afectada por el huracán. Llegaban nuevos pacientes a sala de emergencias y no los atendían porque allí estaban los pacientes de intensivo, relató.

“De momento, como si yo hubiera estado en una película, empezamos a escuchar helicópteros y ambulancias que venían. Salimos del hospital para ver cuál era el caos, y había helicópteros transportando algunos pacientes para llevarlos al barco (hospital). Estaban sacando pacientes a las millas en ambulancias para el hospital de Caguas y HIMA de Humacao”, recordó Cruz.

A las afueras del hospital, un conocido de Jazmín le advirtió que no se fuera del lugar, ya que existía la posibilidad de que trasladaran a su papá a otra facilidad de salud. Y así ocurrió: montaron al hombre de 73 años, residente de Las Piedras, en una ambulancia para trasladarlo a otro hospital a solo una hora de haberlo operado. Su hija ni siquiera sabía a dónde lo llevaban porque nunca le dijeron. Ella se montó en su vehículo y se fue detrás de la ambulancia para poder saber a dónde llevaban a su padre.

Llegó al hospital HIMA de Humacao y allí la situación estaba igual de terrible. Los médicos ni siquiera tenían el expediente de su papá. Al otro día, Ryder envió una parte de la información médica por medio de una foto.

“Todo se complicó, él nunca recibió el trato, las terapias. Todo lo que necesitaba, no se hizo”, lamentó Jazmín.

Solo recibió medicamento para el dolor y suero. El 19 de octubre, Gaspar falleció en HIMA de Humacao. Su causa de muerte, según el certificado de defunción, fue malignant neoplasm of prostate (cáncer). Su hija asegura que nunca se le diagnosticó tal enfermedad a su padre.

Al cierre de esta edición, el director ejecutivo de Ryder, José Feliciano, a quien se le pidió reacción, no respondió llamadas.

Un viejo problema sistémico, que empeoró con el huracán

Hace al menos una década el gobierno de Puerto Rico había abandonado su responsabilidad de asegurar el funcionamiento adecuado de las facilidades de salud en la isla y de tener un plan de respuesta de servicios médicos en caso de una catástrofe, encontró una investigación realizada por el CPI durante los pasados seis meses.

Documentos y entrevistas realizadas revelaron que al menos desde el 2009 el Departamento de Salud (DS) no inspecciona con regularidad buena parte de estas 400 instituciones, que incluyen hospitales, centros de diagnóstico y tratamiento y asilos. Incluso, detectó un caso, el del CDT de Manatí, que no había sido evaluado en más de ocho años.

La cantidad exacta y los nombres de todas las facilidades que no habían sido inspeccionadas previo al huracán por más de los dos años que dicta la reglamentación no pudo ser precisada porque el Departamento de Salud se negó a dar la información al CPI. Sin embargo, la agencia reconoció que no tiene la capacidad de inspeccionar alrededor del 40% de los 68 hospitales que ha licenciado. Dos fuentes conocedoras del sistema, que hablaron bajo condición de anonimato, indicaron que Salud concentra los pocos inspectores que tiene en los hospitales, por lo que la desatención a las demás facilidades es aún mayor.

Salud es la agencia obligada por ley a licenciar los hospitales y facilidades de salud en Puerto Rico. Los hospitales también pueden ser evaluados por la Comisión Conjunta para la Acreditación de Hospitales de Estados Unidos, una organización sin fines de lucro dedicada a promover la calidad en los servicios que es financiada por las cuotas que pagan los propios hospitales evaluados. Esta acreditación es de carácter voluntario, la organización normalmente no retira acreditaciones porque su filosofía es trabajar con los hospitales para que mejoren, y declinó proveer copia de los informes de sus inspecciones.

La seriedad de muchos de estos ejemplos apunta a un sistema deshumanizado que ofrece un cheque en blanco para transgredir los derechos de forma ‘rutinaria’ y ‘normalizada’”, agrega.

$36 millones más tarde, ¿dónde está el plan?

Además, la investigación del CPI reveló que Salud no contaba, ni cuenta aún, con un plan integral de respuesta a emergencias o catástrofes masivas en Puerto Rico para garantizar el manejo responsable de los pacientes y minimizar las muertes. Este documento es lo que el Departamento de Salud federal denomina Capacidades de Preparación y Respuesta de Salud (Health Care Preparedness and Response Capabilities) y que la agencia recomienda desarrollar a los estados y territorios. Este plan contiene lo que el sistema completo de salud de la jurisdicción -incluyendo sus facilidades públicas y privadas- tiene que hacer para prepararse para responder efectivamente a emergencias que afecten la salud pública.

El presidente ejecutivo de la Asociación de Hospitales de Puerto Rico, Jaime Plá, sostuvo en entrevista con el CPI que nunca ha visto un documento de esta naturaleza.

“No, no había plan. En muchas áreas lo que había era planes de respuesta básica”, indicó cuando se le preguntó si el gobierno le había compartido a los hospitales algún tipo de documento con guías sobre cómo responder a una emergencia previo al huracán María.

Dijo que cada hospital tiene un plan de respuesta a emergencias interno y entregan copia del mismo a Salud.

Después del desastre, el gobierno ha organizado reuniones en las que la Asociación ha participado al igual que la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias y otras agencias para discutir cómo atender el área de la respuesta de salud en un próximo desastre natural a raíz de la experiencia de María. Plá dijo que cree que el gobierno debería de estar presentando un plan en las próximas semanas, pero que él aún no ha visto un documento, a una semana del inicio de la nueva temporada de huracanes. “Si hay algo redactado para eso, yo lo desconozco. Yo no le he visto”, dijo.

Señaló que donde los hospitales necesitan ayuda del gobierno es en la coordinación de servicios, guías sobre qué ocurre si tiene que cerrar alguna facilidad, a dónde deben enviar esos pacientes y cómo.

“Si existe (un plan) sería bueno que nos lo hicieran llegar a nosotros para revisarlo y asegurarnos que sea funcional. El problema es que los planes sean funcionales, que no sean planes de escritorio… No es importante lo que el Gobernador piense, es importante lo que comunica a todos nosotros para poder actuar”, sentenció.

Lo que existe, según dos fuentes consultadas, es un plan de respuesta que abarca solo las facilidades de salud del gobierno las cuales, tras la privatización de los años 90, son escasas y solo incluyen hospitales secundarios y terciarios en el Área Metropolitana.

Continuará…

Un héroe de sangre y de risa Reseña de Deadpool 2

Deadpool es uno de los personajes más interesantes del mundo de los comics de Marvel. Su poder le permite regenerarse y por esto es casi imposible matarlo con un ataque físico. Sin embargo, su cualidad distintiva es mirar más allá de un mundo circunscrito a los paneles de las páginas de un cómic. Deadpool nos ve leyéndolo, nos habla directamente y amenaza nuestra realidad con su burla. En una de sus mejores historias, Deadpool Kills the Marvel Universe (escrita por Cullen Bunn e ilustrada por Dalibor Talajic, 2012), el personaje arremete en contra de todos los superhéroes y villanos del universo de Marvel. Al matarlos a todos, decide seguir su masacre más allá del espacio ilustrado y logra accesar nuestra realidad donde eliminará a cada uno de los escritores del cómic. Justo antes de entrar a la oficina donde están reunidos los artistas, se vira y le hace una seña al lector para que mantenga silencio. Su gesto atenta contra las paredes que nos separan de un mundo construído dentro de paneles. Al igual que los androides en el parque de la serie Westworld, Deadpool está consciente que cada una de sus heridas sicológicas y físicas ha sido dada para nuestro gozo. El escritor y el ilustrador, tanto como cada uno de sus lectores, son dioses sádicos que gozan de su sufrimiento. Y esto es imperdonable para él.

Deadpool 2 (dir. David Leitch, EEUU, 2018) captura de manera fantástica el humor del cómic y el desafío a las historias de superhéroes. En esta secuela, Deadpool (Ryan Reynolds) vive con su adorada Vanessa (Morena Baccarin) mientras trabaja como mercenario asesinando a todo poderoso depredador. Pero sus acciones tienen consecuencias. Por una serie de incidentes que no revelaré para no dañarles los giros sorpresivos de la película, Deadpool se encuentra defendiendo a un joven mutante que se hace llamar Firefist (Julian Dennison) de un matón llamado Cable (Josh Brolin) que ha venido a buscarlo desde el futuro. Tanto como en la primera película, donde Deadpool es torturado de maneras horribles por aquéllos que le prometieron una cura para el cáncer, Firefist sufre el abuso de un sistema resuelto a curarlo de sus poderes. En este sentido, las películas han establecido el tipo de justicia por la que Deadpool lucha. El no enfrenta villanos cuyas amenazas de proporciones épicas ponen en peligro nuestra existencia, como lo son Thanos (curiosamente también actuado por Brolin) de Avengers: Infinity War (dirs. Anthony y Joe Russon, 2018) o Erik Killmonger (Michael B. Jordan) de Black Panther (dir. Ryan Coogler, 2018). Sus antagonistas son depredadores que gozan infligiendo dolor a los que no se pueden defender y que consideran inferiores. Este es precisamente el sadismo que castiga Deadpool.

Deadpool 2 es una película necesaria para cuestionar la seriedad del mundo de superhéroes. El humor de los escritores, Rhett Reese y Paul Wernick, que también escribieron la primera película, tiene la irreverencia apropiada para reírse de estos personajes míticos. Ryan Reynolds es el actor perfecto para darle vida a un personaje que se escuda detrás de una máscara y cuya cara casi no vemos (y cuando lo hacemos, lleva otra máscara ya que Deadpool fue desfigurado por las torturas que sufrió en la primera película). Su actuación magistral crea un balance entre la inocencia rara de Deadpool y su sangrienta batalla contra todo depredador, que él asesina con un comentario jocoso. El mundo cinematográfico de Deadpool está poblado por personajes que están en los márgenes de la sociedad, dándole así un color muy único. Entre sus aliados cuenta con la ciega e indomable Blind Al (Leslie Uggams), el mutante metálico Colossus (al que le da voz Stefan Kapicic) y la muy seria Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand). A pesar de que los últimos dos son parte de los X-Men, éstos no son los miembros más populares del grupo. Hasta el taxista hindú, Dopinder (Karan Soni), que peca de ser un estereotipo bastante tonto, resalta la artificialidad opaca e imperfecta de la ciudad de Deadpool. Este personaje no se rodea de los superhéroes más poderosos o de aquéllos cuyos nombres identificamos de inmediato, sino de personajes que comparten sus espacios con criminales de poca monta o que se pierden entre los paneles de cada historia.

Al igual que la primera película, Deadpool 2 carece del presupuesto desorbitante de la mayoría de las películas de superhéroes. A pesar de que sus efectos especiales no son los mejores, éstos le añaden personalidad precisamente porque carecen de la terminación detallada de otras obras del género. Deadpool 2 es tan interesante como Logan (dir. James Mangold, EEUU, 2017), que cierra la saga del personaje de Wolverine en una especie de Western sucio y polvoriento donde el invencible personaje ya cansado finalmente enfrenta la muerte. Ambas películas rechazan el brillo del mundo privilegiado de Iron Man o del reino de Asgard en Thor, para enfocarse en héroes caídos que no pelean limpio y cuyos uniformes se manchan de sangre. Pero cuya nobleza permanece intacta. Deadpool 2 no tiene las dimensiones filosóficas de las mejores historias del personaje en los comics. No obstante, su humor arma la película con un filo que la hace sobresalir entre las megaproducciones del género.